Da BNT Perspectiva de Genero
Da BNT Perspectiva de Genero
VS.
VS.
Por medio del presente escrito y con fundamento en lo dispuesto en los artículos 1°, 103 fracción I y
107 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos,1º, 2º, 170, fracción I, 171, 174,
175, 176, y demás aplicables de la Ley de Amparo, y 38, fracción I, inciso c) de la Ley Orgánica del
Poder Judicial de la Federación, ocurro en tiempo y forma legales a promover JUICIO DE
AMPARO DIRECTO en contra de la resolución de fecha 07 de octubre de 2022 dictada por este
H. Tribunal y que fue notificada a la suscrita el día 10 del mismo mes y año.
En consecuencia, solicito a sus Señorías que ordene remitir el expediente que nos ocupa al Tribunal
Colegiado en Materia Civil del Primer Circuito que corresponda por razón de turno, para la
substanciación del juicio de amparo interpuesto.
Asimismo, en términos de lo dispuesto por los artículos 190 y 191 de la Ley de Amparo, se solicita
la SUSPENSIÓN DEL ACTO RECLAMADO para los efectos de que no se ejecute la Sentencia
dictada en la presente toca hasta en tanto no sea resuelto en definitiva el amparo directo.
En vista de que dicho juicio de amparo será resuelto por el Tribunal Colegiado de Circuito en
Materia Civil del Primer Circuito en turno desde este momento me dirijo respetuosamente a sus
Señorías en los siguientes términos:
Que por medio del presente escrito y con fundamento en lo dispuesto por los artículos 1°, 103
fracción I y 107 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, 1°, fracción I, 2º, 17,
18, 77, 170, fracción I, 175 y demás aplicables de la Ley de Amparo, así como por el artículo 38,
fracción I, inciso c) de la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación, vengo en tiempo y
forma legales a solicitar el Amparo y Protección de la Justicia Federal, en contra del acto que más
adelante se precisa, por ser violatorio de los derechos fundamentales de debido proceso y tutela
judicial efectiva consagrados en los artículos 14, 16 y 17 de la Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos.
BERTHA NELLY TREVIÑO MAS con el domicilio que ha quedado precisado en el proemio de
este escrito, promoviendo por propio derecho.
Terceros interesados, cuyo domicilio para ser notificados obra en autos tanto del recurso tramitado
ante la H. Segunda Sala del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México, como en los
procesos previos al mismo.
La H. Segunda Sala Colegiada Civil del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México (en
lo sucesivo (“Sala Responsable”)
El Acto Reclamado fue notificado a la quejosa por medio de listas publicadas en el boletín judicial
el día 10 de octubre de 2022.
Sobre el particular y de manera previa a la exposición puntual de los argumentos y razones por
virtud de los cuales esta parte quejosa sostiene la inconstitucionalidad de la Sentencia,
primeramente, debe de hacerse debido hincapié en el hecho de que toda labor hermenéutica
realizada por los jueces, en la que aparezcan de manera notoria hechos o cuestiones jurídicas
vinculadas con la perpetuación o persistencia de estereotipos de género, deben de ser abordadas con
dicha perspectiva.
A modo introductorio, debe decirse, en primer lugar, que la igualdad jurídica consignada en el
artículo 1º de la Constitución, en tratándose de cuestiones de género, adopta una dimensión
diferente a la tradicional. Así se advierte de la correcta lectura del citado artículo con el diverso
artículo 4º de la Carta Magna. En cuestión de género, la igualdad jurídica es el derecho a la
diferencia. En cuestión de género, la igualdad entre hombres y mujeres exige no sólo la igualdad
formal, expresada en la limitada fórmula “todos son iguales ante la ley”, sino que exige
simultáneamente el reconocimiento de identidades (igualdad orientada por cuestiones de género o
diferenciación de género) y la redistribución (igualdad orientada en criterios socioeconómicos que
permitan un real y efectivo acceso de las mujeres a los recursos y oportunidades de realización
personal).
En México, la igualdad de género se reconoció, como derecho fundamental, por primera vez en
1974, mediante reforma del artículo 4o. de la Constitución federal de 1917, que a partir de esa fecha
dispone la frase: “El varón y la mujer son iguales ante la ley”. Otra mención sobre paridad entre los
géneros ocurre en 1986, con la reforma del artículo 123 constitucional, el cual en su fracción VII
señala: “Para trabajo igual debe corresponder salario igual, sin tener en cuenta sexo ni
nacionalidad”. De ahí, es hasta el 2001, cuando se hace una nueva mención constitucional en
relación con la equidad de género, al reformarse el artículo 1o. para señalar, en su párrafo segundo,
lo siguiente: “Queda prohibida toda discriminación motivada por origen (…) (de) género”. Estos
artículos son las únicas referencias constitucionales, a nivel federal, que hacen algún señalamiento
sobre la igualdad entre hombres y mujeres.
A lo largo del agravio primero del recurso de apelación la ahora quejosa, entre otras cuestiones, se
dolió de la indebida fundamentación y motivación de la sentencia de primera instancia, derivado de
que contrariamente a lo concluido por la Sala, con las pruebas documentales ofrecidas y
desahogadas en el proceso debió de llegarse a la conclusión de que los instrumentos cuya nulidad se
demandó en el juicio natural no cumplieron con los requisitos de ley necesarios por la legislación
entonces vigente para que la ahora quejosa gravara sus derechos de propiedad sobre el Inmueble
objeto de la controversia.
Máxime que en el caso concreto se requería de previa autorización judicial para que la consorte,
ahora promovente de la presente acción constitucional, gravara en hipoteca el 50% de los derechos
de propiedad que le correspondían sobre el bien cuestionado.
En su parte conducente, dicho agravio fue al tenor de las manifestaciones expresas contenidos en el
mismo, a cuyo contenido remitimos en obvio de evitar repeticiones innecesarias.
La Sala Responsable dio contestación a los agravios de mérito a partir de la foja 15 de la Sentencia,
aduciendo, por lo que aquí interesa:
(…) se desprende que la actora acudió como acreditada así como fideicomitente y
fideicomisaria en primer lugar.
En tal virtud es inconcuso que la actora apelante acudió a celebrar los actos
jurídicos señalados en el párrafo anterior, con el ánimo de ser la titular de los
derechos que se indican sin que se haya comprometido como obligada solidaria de
cónyuge el señor (…), razón por la cual no se ajusta el supuesto normativo del
artículo 174 del Código Civil de esta Ciudad, el cual se encontraba vigente al
momento de celebrar las convencionalidades señaladas, es decir, la necesidad de
que fuera necesaria la autorización judicial, porque no contrató en favor de su
cónyuge (…)
(….)
De las consideraciones esgrimidas por la autoridad responsable, se advierte a grandes rasgos que
determinó desestimar los argumentos mediante los cuales la suscrita pretendió demostrar la
ilegalidad de la sentencia dictada por el juez natural y la consecuente nulidad de los instrumentos
jurídicos ahí referidos.
Las razones esgrimidas por la Sala, además de escuetas, desatienden la ratio legis del numeral en
comento, además de reflejar una violación manifiesta a la obligación de juzgar con perspectiva de
género que debe prevalecer en toda resolución judicial cuando lo que está en juego son los derechos
de las mujeres, como es el caso.
Como lo habrán notado ya sus Señorías, la cuestión jurídica argumentativa sobre la cual se
circunscribirá la demostración de inconstitucionalidad expuesta en el presente concepto de
violación, versa sobre la interpretación jurídica y alcances que deben de fijarse respecto a los
derogados artículos 174 y 175 del Código Civil del Distrito Federal, aplicables al momento de la
celebración de los actos cuya nulidad se demandó.
La segunda cuestión a dilucidar, consiste en determinar si fue correcta o no la conclusión del Juez
natural respecto a la procedencia o aplicabilidad de dichos artículos en los casos concretos
argumentados por la ahora quejosa y si como lo sostuvo en su demanda y lo reiteró en su recurso de
apelación, existió en la celebración de los actos jurídicos tildados de nulidad una transgresión al
contenido de los numerales en cita y por vía de consecuencia, si dicha contravención generó, en el
caso, un vicio invalidante que afectó los instrumentos de inexistencia.
En ese tenor, si bien es verdad que los citados artículos 174 y 175 del Código, ahora reformados,
pero aplicables al caso que nos ocupa, efectivamente, respondían a la voluntad proteccionista del
legislador ante las circunstancias apuntadas en el párrafo anterior, lo es también que las razones que
informan su vocación legislativa o espíritu auténtico no han sido superadas en sociedad y por lo
visto, tampoco en los Tribunales.
La necesidad de autorización judicial en los términos precisados en los numerales en comento está
inicialmente inspirada en razones y circunstancias de otra época, pero lo cierto es que el partir de
esa premisa y asumir, como lo hizo la Sala, que estas no se encuentran vigentes, es tanto como
ignorar conscientemente las circunstancias de hecho que en sociedad aún aquejan día a día el
género femenino. De ahí que si bien dichos numerales se inspiraron en condiciones que en la
actualidad no necesariamente son las mismas que imperaban al momento en el que fueron
legisladas, lo cierto que su vocación y vigencia se mantienen idénticas.
Dicha circunstancia no ha sido superada por nuestros tribunales como si hubiese dejado de existir
cotidianamente, muy por el contrario, existen múltiples precedentes actuales que la han reconocido
e inclusive catalogado como una forma de violencia, entre los cuales se encuentra el citado a
continuación:
En consonancia con lo anterior, informes recientes generados por las autoridades nacionales 1 han
identificado la contratación de créditos y específicamente, la circunstancia de estos sea adquiridos
“en común” y posteriormente incumplidos por el varón como una forma de abuso que deben de ser
atendida y debidamente justipreciada por las autoridades como parte integral de su obligación
constitucional de juzgar con perspectiva de género.
La relevancia de lo anteriormente apuntado es grande. Pues debió de tener una incidencia inmediata
en la manera en la que la Sala abordó la cuestión que le fue efectivamente planteada en el recurso y
los efectos y consecuencias de la labor interpretativa realizada sobre los argumentos que ahí fueron
planteados. Situación a la que además se encontraba obligada y dejó de hacer. Así lo informa la
tesis de jurisprudencia de la Primera Sala del Máximo Tribunal cuyo rubro y texto son los
siguientes:
1
Esta hipótesis se refleja en el estudio realizado por la Unidad de Género de la de Procuraduría
General de la República. “Violencia patrimonial y económica contra las mujeres”, 10 de enero de 2019.
Véase en el sitio web:
https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/242427/6__Enterate_Violencia_economica_y_patrimonial_
contra_las_mujeres_junio_170617.pdf
Fuente: Gaceta del Semanario Judicial de la Federación. Libro 29, Abril de 2016,
Tomo II, página 836
Tipo: Jurisprudencia
Tesis de jurisprudencia 22/2016 (10a.). Aprobada por la Primera Sala de este Alto
Tribunal, en sesión de fecha treinta de marzo de dos mil dieciséis.
Esta tesis se publicó el viernes 15 de abril de 2016 a las 10:30 horas en el
Semanario Judicial de la Federación y, por ende, se considera de aplicación
obligatoria a partir del lunes 18 de abril de 2016, para los efectos previstos en el
punto séptimo del Acuerdo General Plenario 19/2013.
En ese tenor, se estima que la valoración realizada por la Sala respecto de los antecedentes mediatos
y circunstancias de hecho que originaron la ilegal celebración de los actos jurídicos cuya nulidad
fue demandada, se efectuó en desapego a la naturaleza jurídica y alcances de los numerales en
comento, cuya interpretación debió de realizarse, ante las circunstancias, con base y en ejercicio de
la perspectiva de género.
Para acreditar lo anterior y con fines exclusivamente expositivos, se procede a demostrar cómo es
que una actuación apegada al mandato jurisprudencial antecitado habría cambiado radicalmente la
conclusión de la Sala; y a su vez, el por qué el hecho de que la responsable desatendió dicho
mandamiento resultó en la emisión de una sentencia inconstitucional.
Para efectos de lo anterior nos valdremos del mismo proceder metodológico diseñado por la
Primera Sala del Máximo Tribunal que si bien no resulta por ninguna razón obligatorio en cuanto a
sus reglas, si lo es en su contenido. Además de ser útil e ilustrativo como instrumento
argumentativo.
(i) La Sala fue omisa en identificar primeramente si existen situaciones de poder que por
cuestiones de género den cuenta de un desequilibrio entre las partes de la controversia.
La Sala Responsable ignoró las circunstancias mediatas y hechos probados en la demanda, a través
de los cuales se acreditó que la ahora quejosa se encontraba en una situación de desventaja y
desequilibrio al comparecer a la celebración de los instrumentos cuya ineficacia se demandó por no
haber contado con la autorización judicial requerida por la legislación entonces vigente.
La enorme relevancia del anterior hecho descansa sobre la premisa comprobada de que al suscribir
dicho instrumento jurídico, la ahora quejosa, se encontraba en una situación de desequilibrio ante
mi cónyuge y las demás partes contratantes, pues los motivos que indujeron mi voluntad no fueron
provechos personales, muy por el contrario, se redujeron a una suerte de obligación moral que
consideré, tenía con mi marido y sus negocios.
De autos se advierte con meridiana claridad que no existe un solo elemento de prueba a través del
cual pudiera llegarse a concluir que la afectación que realicé de mi patrimonio, derivada de una
decisión consciente que haya atendido a provechos o beneficios personales. Por el contrario, basta
dar lectura a los documentos que dieron pie a dicha operación y sus posteriores, para concluir que
no obtuve ningún beneficio por haber gravado mi patrimonio, sino que dicha situación atendió a que
mi marido así me lo dispuso.
De ahí que resultara no solo relevante, sino vital, que la Sala hubiere realizado la debida valoración
de las circunstancias de modo, tiempo, y lugar que condujeron a la celebración del citado
instrumento jurídico, y más aún, al contenido obligacional que ahí se estipuló, del que se advierte
con meridiana claridad que los provechos derivados de la celebración del citado instrumento, fueron
exclusivamente obtenidos por mi marido, quien me indujo a gravar mi patrimonio con el propósito
de obtener ciertos financiamientos en favor suyo y de sus empresas, de las cuales yo no tengo ni
tuve el carácter de accionista.
(ii) La Sala fue omisa en cuestionar los hechos y valorar las pruebas desechando cualquier
estereotipo o prejuicio de género, a fin de visualizar las situaciones de desventaja
provocadas por condiciones de sexo o género.
De la misma manera, de autos se advierte que la Sala evidentemente dejó de cuestionar los hechos y
valorar las pruebas de las que evidentemente se advertía que en la celebración de la totalidad de los
actos jurídicos cuya nulidad se demandó, existieron en mi perjuicio situaciones de desventaja
provocadas por mi género.
Pues como se señaló, otorgué los instrumentos de mérito por instrucciones de mi marido, sin
comprender los alcances que conllevó el gravar mi patrimonio y más aún, de otorgar un mandato
para los efectos de que un tercero ajeno a mí, quien, además, es pariente por consanguinidad de mi
cónyuge, pudiera disponer libremente de él.
Estas circunstancias pasaron desapercibidas a la Sala, órgano que debió valorar, cuando menos, que
la suscrita, a pesar de haber comparecido a la escritura pública 13,422, no fue llamada a los
procedimientos 748/89 y 749/892.
Tampoco valoró que en la celebración de los convenios judiciales en los que fue comprometido mi
patrimonio, no comparecí yo en lo personal, sino a través del apoderado que mi marido me designó.
En la especie, la Sala Responsable, lejos de cuestionar los hechos y valorar las pruebas desechando
cualquier estereotipo o prejuicio de género, se limitó a ignorar tales circunstancias, procediendo a
emitir una resolución que únicamente perpetúa dichas circunstancias, al concluir que comparecí por
cuenta propia a dichos actos.
2
Referidos en los hechos quinto y sexto de la demanda reconvencional.
Las consideraciones anteriores son inconstitucionales, en tanto que la actuación de la Sala contrarió
sus obligaciones al amparo de la impartición de justicia con perspectiva de género, particularmente
por lo que hace a la identificación de situaciones de vulnerabilidad y la valoración de pruebas que
debe realizarse en estos casos. Al efecto, resulta ilustrativa la siguiente tesis:
Pues de haber hecho lo anterior, se reitera, habría tenido que concluir necesariamente que la
celebración de los actos jurídicos cuya nulidad he demandado, se encontraba íntimamente vinculada
con la situación de desigualdad y desinformación frente a mi marido, quien me indujo a la
suscripción de dichos actos jurídicos en mi perjuicio y en su exclusivo beneficio.
(iii) Habiendo advertido que el material probatorio pudiera ser insuficiente, la Sala fue
omisa en ordenar las pruebas necesarias para visibilizar dichas situaciones;
Ante dichas circunstancias era evidente que en el caso concreto existía la necesidad de que la Sala
en ejercicio de sus atribuciones, ordenara la reposición del procedimiento al efecto de que el juez
natural ordenara las diligencias para mejor proveer que resultaran necesarias para esclarecer los
hechos controvertidos y sobre todo, para contar con los elementos necesarios para superar la
cuestión de género que debió de ser atendida en el caso concreto.
Más aun tomando en consideración que en el caso concreto, tanto el juez natural como la sala
responsable, pasaron por alto la configuración de un litisconsorcio pasivo necesario que de haberse
integrado correctamente, me pudiera haber traído algún beneficio en el procedimiento.
En tanto que se demandó la nulidad de diversas escrituras públicas y a pesar de tal circunstancia y
del valor que dichos fedatarios pudieran haber traído en términos probatorios a mi juicio, no se les
llamó, a pesar de actualizarse un claro litisconsorcio,
(iv) La Sala fue omisa en cuestionar la neutralidad del derecho aplicable, así como evaluar
el impacto diferenciado de la solución propuesta para buscar una resolución justa e
igualitaria de acuerdo con el contexto de desigualdad por condiciones de género.
Sobre el particular, es claro que la Sala dejó de juzgar con perspectiva de género al aplicar un
estándar interpretativo limitado y restrictivo de los artículos 174 y 175 del Código Civil vigente, al
concluir lo que concluyó.
De lo anteriormente transcrito y la propia sentencia en su totalidad se advierte que a consideración
de la Sala, dichos numerales eran inaplicables a la nulidad denunciada en el caso concreto, en virtud
de que la obligación contraída en beneficio de su cónyuge no fue solidaria y por otra parte, porque
el beneficiado en última instancia con la celebración de dicho instrumento fue una persona moral y
no su marido en lo personal.
Violaciones de legalidad
En el caso concreto, la Sala indebidamente sostiene que los artículos 174 y 175 derogados del
Código Civil, resultaban inaplicables en el caso concreto en función de que no se advierte que la
suscrita y su cónyuge se hayan obligado de manera solidaria.
(desarrollar)
Es incorrecto que la Sala haya dado una interpretación estricta y letrista al precepto en cuestión,
pues en la especie, debió de haber procedido conforme a una interpretación auténtica de los citados
preceptos, es decir, acorde a la verdadera intención del legislador.
Como se verá, acudir a dicha interpretación era válido conforme a los estándares fijados por el
Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y necesaria conforme a los mandatos
constitucionales apuntados en párrafos anteriores:
Si en el caso concreto ha quedado asentado que el objeto de dicha autorización el proteger los
intereses de la familia o de uno de los cónyuges, esencialmente de la esposa, quien tradicionalmente
ha conservado una situación de dependencia económica y moral frente al esposo, que la hace
vulnerable a posibles actos lesivos a sus intereses personales o de los hijos, resulta válido afirmar
que el legislador, al emplear la fórmula: obligarse solidariamente, se refería, en realidad, a la
prohibición de contratación de cualquier deuda de la cónyuge que estuviese ligada o amparara la de
su marido o de algún negocio de su exclusivo interés.
En efecto, la correcta interpretación del citado artículo refiere realmente a cualquier obligación
contraída por la cónyuge respecto de un crédito o deuda de su marido o en su exclusivo beneficio,
de manera independiente a la naturaleza o forma jurídica que este pudiera tomar. Esta interpretación
es la correcta y la que debe de imperar en el caso concreto, pues además de atender a la vocación
legislativa del precepto, es la que protege en mayor medida el derecho a la equidad consagrado en el
artículo 4º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Pensar lo contrario e interpretar los artículos de mérito como lo hizo el juez, es decir, de manera
limitativa, plantea además preocupaciones relevantes respecto de su constitucionalidad desde la
óptica del artículo 1º, pues la validez de una disposición normativa resultaría inconstitucional por
infraincluyente, es decir, por excluir de su cobertura ciertas situaciones que guarden una relación de
analogía o proporcionalidad respecto de las que sí estén comprendidas en su contenido.
Además es falso que la suscrita no se haya contratado y obligo solidariamente, con y para con mi
cónyuge, puesto que contrariamente a lo aducido por el Juez, pues en dicho instrumento el señor
FRANCISCO LOBEIRA PÉREZ se constituyó como obligado solidario de CONSTRUCTORA
LOBEIRA incluyendo a la ahora quejosa en dicha solidaridad respecto de un asunto de exclusive
interés de mi consorte.
Por otra parte, la Sala es omisa en valorar las pruebas documentales que obran dentro del
expediente de las que claramente se advierte que los negocios en los cuales mi cónyuge me solicitó
obligarme eran de su exclusivo interés y beneficio, tanto personal como de sus negocios. Los
contratos de crédito, reestructuras de deuda, convenios judiciales y contratos de fideicomiso no me
trajeron ningún beneficio, muy por el contrario, me han hecho perder años de mi vida en litigios y
ahora estoy por perder el único patrimonio que tengo.
“Bajo ese contexto, el poder mediante el cual actora delegó las facultades al
Ingeniero Eduardo Lobeira Pérez, cumple con todos los requisitos de eficacia y
validez jurídica que la ley establece, razón por la cual a pesar de que se reclame
que debía autorizarse judicialmente, es inconcuso que no puede desconocerse los
actos jurídicos celebrados a través de otra persona, máxime porque se acudió ante
un notario que goza de fe pública”
En efecto, la Sala pierde de vista dos cuestiones que resultaban de interés y relevancia fundamental
para el análisis de la validez del asunto, pues es falso, como lo sostuvo, que bastaba con que haber
acreditado que en su forma cumplía con los requisitos legales. Para ello, es menester tener presentes
algunos de los aspectos tratados en la siguiente tesis:
Tiene que aceptarse que el mandato se constituye en interés del mandante, para ser ejercido
en asuntos propios de éste, y no en los del mandatario, porque cuidar prudentemente del
negocio como propio, y hacerlo propio, son cosas diferentes que no puede el mandatario
confundir sin desnaturalizar el objeto del contrato
En ese orden de ideas y a la luz de ambas apreciaciones, es claro que el mandato otorgado y las
actuaciones del mandatario conforme a la celebración de dicho contrato, debía de ajustarse a los
requisitos de ley, incluyendo, por supuesto, la de la autorización de judicial a la que se ha aludido.
Pensar de cualquier otra manera y validar las premisas de la Sala, que sustancialmente sostienen que
la actuación de una persona a través de su mandatario valida o supera las incapacidades legales que
pueda tener el mandante en términos de ley, se llama fraude a la ley.
En ese orden de ideas, es claro que si el mandato fue otorgado con el propósito específico de que el
mandatario realizara por mi cuenta, ciertos actos para los cuales yo era incapaz, es evidente que
contrariamente a lo sostenido por la Sala, dicho mandatario se encontraba impedido para realizar los
actos jurídicos en cuestión por mi cuenta, pues se reitera, la responsable pierde de vista que dicho
contrato es una ficción jurídica, extensión de mi personalidad.
Más aún, al tratarse de un mandato de propósito específico, si yo era incapaz para realizar los actos
tendientes a dicho propósito, por no contar con autorización judicial para ellos, es evidente que
opuestamente a lo resuelto por la responsable, el instrumento de mérito es ineficaz.
A esto se suma el hecho de que la Sala ignoró los argumentos tendientes a demostrar que en el caso
concreto, por la naturaleza del negocio objeto del mandato, al mandatario le eran imponibles los
mismos del ley que a mi para, situación que debió de haber advertido el notario, pues esto constituía
una elemento de incapacidad legal que por ley, se encontraba obligado a conocer.
Por otra parte y continuando con la celebración del contrato de fideicomiso, es evidente que dicho
acto es inválido por las mismas razones apuntadas en párrafos anteriores, aún cuando la Sala haya
concluido:
Lo anterior es falso, pues al tratarse de un fideicomiso en garantía, por su naturaleza, era obvio que
en el caso, de haberlo celebrado yo, por la naturaleza del contrato y la afectación que ello significó a
mi patrimonio, habría necesitado de autorización judicial; por consiguiente, era necesario también
que mi mandatario la tuviere o lo hubiere obtenido por mi cuenta, pues como se dijo, el mandato es
una extensión de la personalidad.
Por lo que validar las conclusiones de la Sala sería tanto como validar y dotar de legalidad a una
actuación en fraude a la ley:
A lo largo del presente concepto de violación se demostrará que la sentencia recurrida resulta ilegal
al ser contraria a los principios de legalidad, congruencia y exhaustividad establecidos en los
artículos 14, 16 y 17 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, toda vez que la
Sala arbitrariamente determinó confirmar lo planteado por la sentencia emitida en el juicio de
origen, sin pronunciarse de fondo respecto de los argumentos planteados, siendo omisa en señalar
las razones, argumentos y causas que justifiquen dicha determinación.
Para poder considerar que una resolución y/o acuerdo emitido dentro de un juicio cumple de manera
cabal con la exigencia legal (y constitucional) de fundamentación y motivación, es requisito
indispensable que al momento de la emisión del mismo, el juez: (i) señale las circunstancias de
hecho, causas inmediatas y razones particulares que fueron tomadas en cuenta para proceder en
contra del particular –motivación– y (ii) los fundamentos legales aplicables al caso concreto que
justifiquen dicha actuación –fundamentación–, en la inteligencia de que deberá existir una
adecuación real y lógica entre los fundamentos invocados y los motivos y/o razonamientos
expresados por dicha autoridad.
Es decir, en un primer momento resulta indispensable que la autoridad cumpla de forma cabal con
los requisitos tanto de señalar los fundamentos de derecho en que base su actuación, y que precise
de forma clara las circunstancias de hecho, causas inmediatas y razones particulares tomadas en
cuenta para emitir un acto en un sentido determinado, debiendo existir en relación con estos
requisitos, una adecuación real y lógica entre los fundamentos invocados y los motivos y/o
razonamientos expresados por la autoridad.
Y a su vez, las sentencias deben resolver respecto de todos y cada uno de los puntos controvertidos
materia de litigio, por lo que la autoridad responsable de dictar una resolución, no podrá tomar en
cuenta únicamente de manera parcial o insuficiente los argumentos formulados por las partes.
En resumidas cuentas, toda resolución debe dictarse en atención a lo expuesto por las partes y a
la integración misma de la litis, mientras que la congruencia interna refiere a que no deben existir
contradicciones con el procedimiento judicial y con la propia resolución.
Expediente 730/2010:
o Ilegalidad en los razonamientos respecto del artículo 175 del Código Civil para
el Distrito Federal.
3
Sirve de sustento, la jurisprudencia de rubro: “FUNDAMENTACIÓN Y MOTIVACIÓN DE LAS
RESOLUCIONES JURISDICCIONALES, DEBEN ANALIZARSE A LA LUZ DE LOS ARTÍCULOS
14 Y 16 DE LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS,
RESPECTIVAMENTE.” Y la tesis aislada de rubro: “CONGRUENCIA Y EXHAUSTIVIDAD EN LAS
SENTENCIAS. PRINCIPIOS DE”.
En atención a lo anterior, y tomando en cuenta los principios constitucionales referidos
previamente, es que podemos comenzar a analizar la Resolución Reclamada, y así señalar la clara
ilegalidad que se actualiza.
Para lograr lo anterior, resulta pertinente destacar ante este H. Tribunal que el análisis de los
documentos base y pruebas exhibidas por la aquí quejosa en previas instancias adolecen de un
análisis congruente y exhaustivo en razón de los siguientes argumentos.
“Artículo 174.- Los cónyuges requieren autorización judicial para contratar entre
ellos, excepto cuando el contrato sea el de mandato para pleitos y cobranzas o
para actos de administración.
Artículo 175.- También se requiere autorización judicial para que el cónyuge sea
fiador de su consorte o se obligue solidariamente con él, en asuntos que sean de
interés exclusivo de éste, salvo cuando se trate de otorgar caución para que el otro
obtenga su libertad. “
Ahora bien, de los artículos transcritos anteriormente se desprenden varias cuestiones que a
continuación se muestran de forma más grafica para mejor desarrollo del presente escrito
de Amparo Directo:
Aunado a lo anterior, resulta de importancia advertir que las autorizaciones judiciales que aducen
los artículos transcritos previamente se deben de trasmitir por la vía de jurisdicción voluntaria –que
comprende aquellos actos que ya sea por disposición de ley o por mera voluntad de las partes se
requiere la intervención de un Juez-.
Incluso, el Capitulo VII, de las “Disposiciones Relativas a los Actos de Jurisdicción Voluntaria” en
su artículo 938, establece lo siguiente:
II. El permiso para que los cónyuges celebren contratos entre ellos o para
obligarse solidariamente o ser fiador uno del otro en los casos del artículo 175
del Código Civil;
(…)”
A saber, para que el cónyuge pueda llegar a ser fiador de su consorte o se obligue solidariamente
con él, en asuntos que sean exclusivos de este, no solamente necesitara la autorización de un Juez -
bajo el supuesto de que no se están viendo afectados de forma negativa los intereses de la familia o
de uno de los cónyuges, sino que el ordenamiento adjetivo de la materia establece una serie de
requisitos más, que son I) la tramitación del procedimiento en forma de incidente, y II) la
intervención del Ministerio Público para velar por los intereses del cónyuge contratante.
El catedrático del derecho civil Francisco Rivero Hernández en su estudio “De nuevo sobre la
autorización en Derecho Privado” dice que de inicio se tiene que entender a la autorización como
una declaración de la voluntad de una persona por la que permite y legitima conforme a derecho la
actuación fáctica o jurídica de otra, que en otro caso no le estaría permitida. De forma sencilla, en el
ámbito jurídico nos encontramos múltiples veces con casos o normas que emplean un requisito de
autorización judicial, como requisito para la eficacia de otros actos o en la sustitución de un
consentimiento necesario negado por quien debía darlo, como medio de protección de
determinados intereses.
En el caso en concreto, si bien se pretendía gravar el 100% del bien inmueble ubicado en la calle de
Montaña número 264, colonia Lomas del Pedregal de San Ángel, Código Postal número 01900,
Delegación Álvaro Obregón, antes lote 29 de la manzana II del Fraccionamiento Insurgentes
Cuicuilco, Delegación Álvaro Obregón, en esta Ciudad de México (en lo sucesivo “el inmueble”).
La intervención de la suscrita en los actos jurídicos tendientes a gravar el bien inmueble materia de
controversia, es a todas luces insuficiente de acuerdo con lo previsto por la ley aplicable ya que
dentro de las constancias que obran en los juicios de origen, de ninguna se desprende que en algún
momento, previo a acudir a la celebración de los actos tendientes a gravar el inmueble, se acudió
ante un órgano jurisdiccional a ejercitar vía jurisdicción voluntaria un procedimiento seguido en
forma de incidente en el cual se analizara la finalidad de la celebración de dichos actos, las
implicaciones, consecuencias y repercusiones en la esfera de la aquí suscrita.
Por lo que al no haber intervenido ninguna persona u órgano envestido de jurisdicción, únicamente
deberá tenerse por gravado el 50% de los derechos de propiedad, parte pro indivisa perteneciente a
FRANCISCO LOBEIRA PEREZ (en lo sucesivo “el cónyuge”).
No es óbice, mencionar de nueva cuenta, como se ha hizo en el recurso de apelación interpuesto por
la aquí suscrita, que la celebración de dichos contratos tendientes a gravar el inmueble, no tenían, en
lo absoluto, consecuencias benéficas en la esfera jurídica de la quejosa, si no que de forma
totalmente opuesta, solo podían llegar a parar perjuicio en la esfera de la quejosa -situación en la
que me encuentro en este momento-, en total contravención a lo dispuesto por el multicitado
artículo 175 del Código Civil del Distrito Federal donde se instaura el requisito de la autorización
judicial para obligarse de forma solidaria en asuntos exclusivos del cónyuge, con la finalidad de que
no se perjudique tanto el interés de la familia como el del otro cónyuge, ya que como se ha dejado
claro en las diversas instancias de la controversia frente a la que me encuentro, la única razón por la
cual se pretendía gravar la totalidad del bien inmueble, era para poder celebrar el contrato de
apertura de crédito con BANCO NACIONAL DE MÉXICO S.A. (en lo sucesivo “Banamex”) en
su carácter de acreditante a favor de CONSTRUCTORA LOBEIRA S.A. DE C.V. (en lo sucesivo
“la Constructora”) en su carácter de acreditada, de la que es accionista el cónyuge.
Inclusive, de la simple lectura del artículo 175 del Código Civil se debe de entender en razón de una
cadena de condiciones que llevadas de cierta forma dejan a la persona supeditada por dicha norma
en un supuesto inamovible.
Me explico, si un cónyuge quiere constituirse como fiador u obligado solidario con su consorte,
necesita autorización judicial, condición únicamente impuesta a asuntos exclusivos del otro
cónyuge (cuestión en la que me encuentro). No obstante, la propia ley ya condiciona dicha
autorización a ser denegada (sin dejarlo al arbitrio del Juzgador) en los casos en los que se vean
perjudicados los intereses ya sea de la familia o del cónyuge que se pretende constituir como
fiador u obligado solidario.
Luego entonces, bajo esa premisa, resulta inconcuso que en el caso que nos atañe, ni si quiera
hubiera sido pertinente acudir ante un órgano jurisdiccional a solicitar la autorización
judicial, toda vez que el mismo, atendiendo correctamente a la ley, tendría la obligación de no
concederla, en razón de los perjuicios que implicaba hacerlo, y los nulos beneficios derivados
de dichos actos. Cuyo razonamiento lógico jurídico descansa en una incapacidad (protección) legal
impuesta al cónyuge a responder de las deudas contraídas por su consorte en asuntos exclusivos.
Sirven de sustento los siguientes criterios:
El artículo 175 del Código Civil para el Distrito Federal en lo conducente dice:
"También se requiere autorización judicial para que el cónyuge sea fiador de su
consorte o se obligue solidariamente con él, en asuntos que sean de interés
exclusivo de éste, salvo cuando se trate de otorgar caución para que el otro
obtenga su libertad. La autorización, en los casos a que se refieren éste y los dos
artículos anteriores, no se concederá cuando resulten perjudicados los intereses
de la familia o de uno de los cónyuges". Del numeral transcrito se desprende que
un cónyuge requerirá autorización judicial para responder con uno de sus bienes
mediante hipoteca o para ser fiador de su consorte en los asuntos de interés
exclusivo de éste, entendiéndose esa exclusividad en relación con el otro consorte,
no a terceros con los que pudiera contratar; es decir el interés exclusivo de uno de
los cónyuges significa que sólo a él atañe el negocio y no al otro consorte, por
carecer de interés directo en el mismo.
Amparo directo 5552/80. Isabel Ramos viuda de Villela. 6 de junio de 1983. Cinco
votos. Ponente: Ernesto Díaz Infante. Secretario: Leonardo Rodríguez Bastar.
De conformidad con lo dispuesto por el artículo 175 del Código Civil del Estado
de Coahuila, que en lo conducente dice: "También se requiere autorización
judicial para que el cónyuge sea fiador de su consorte o se obligue solidariamente
con él, en asuntos que sean de interés exclusivo de éste, salvo cuando se trate de
otorgar caución para que el otro obtenga su libertad", la mujer casada se
encuentra incapacitada legalmente para responder de las deudas contraídas por
su cónyuge en lo particular, pero este impedimento se elimina si se recaba
autorización del órgano jurisdiccional. Ahora bien, si no existe constancia alguna
que demuestre que la demandada cumplió con tal requisito para responder con
uno de sus bienes de la deuda contraída por su consorte con el acreedor, resulta
evidente que el contrato de hipoteca que celebró para garantizar el
incumplimiento de esa obligación se encuentra afectado de nulidad, de
conformidad con lo dispuesto por el artículo 2122 del Código Civil en consulta,
toda vez que la incapacidad de cualquiera de las partes que celebran un contrato,
produce la nulidad del mismo.
Señalado lo anterior, podemos entrar al indolente análisis que realiza la Sala, respecto de las
cuestiones planteadas por la suscrita, el cual, en su parte conducente señala:
En tal virtud, es inconcuso que la actora apelante, acudió a celebrar los actos
jurídicos señalados en el párrafo anterior, con el ánimo de ser titular de los
derechos que en cada uno se indican, sin que se haya comprometido como
obligado solidario a su cónyuge el señor Francisco Lobeira Pérez, razón por la
cual no se ajusta el supuesto normativo del artículo 234 del código civil de esta
ciudad, el cual se encontraba vigente al momento de celebrar las convenciones
señaladas, es decir, la necesidad de qué fue necesaria la autorización judicial,
porque no contrato a favor de su cónyuge.
(…)
Bajo ese contexto, el poder mediante el cual la actora apelante delegó facultades
al ingeniero Eduardo Lobeira Pérez, cumple con todos los requisitos de eficacia y
validez jurídica que la ley establece, razón por la cual a pesar que se reclame que
debía autorizarse judicialmente, es inconcuso que no puede desconocerse los actos
jurídicos celebrados otra vez otra persona, máximo porque el otorgarlos acudió
ante un notario público que goza este pública sin que haya advertido ningún vicio
o transgresión de los derechos hacia la actora apelante.
Por lo tanto, fue correcto que el juzgador considera que los actos jurídicos que
aparece en las escrituras públicas 13,422 (trece mil cuatrocientos veintidós) y
13,642 (trece mil seiscientos cuarenta y dos) consistentes en el contrato de
promesa hipoteca y el mandato otorgado por la parte actora favor del ingeniero
Eduardo lo voy a ir a Pérez, surtirán plenamente sus efectos por un adolescente
ningún vicio que produjera su invalidez, todo lo cual genera que los argumentos
de inconformidad son carentes de sustento jurídico.”
Como podrá observar este H. Tribunal, la Sala Responsable, de forma lamentablemente negligente,
se limitó a hacer mención de forma reiterada a los instrumentos notariales 13,422, 13,642 y 25,931,
argumentando de forma descabellada e ilógica frente a lo planteado por la aquí suscrita y a
cualquier lógica jurídica, que acudí a la celebración de dichos actos, “con el ánimo de ser titular de
los derechos que en cada uno se indican”. Cuando no sería titular de ningún derecho, ya que
constituyen únicamente obligaciones perjudiciales en un plano mediato, como es el caso.
A su vez, menciona que no quede comprometida como obligada solidaria de mi cónyuge, y por eso
no se ajusta al supuesto del artículo 174 del respectivo ordenamiento. Cuando literalmente en todos
los actos referidos quedaba como obligada solidaria para responder por la Constructora de la que
mi cónyuge es accionista y de la cual yo nunca he sido parte, adecuándome de forma clara y
exacta en el supuesto jurídico del artículo 175 planteado y expuesto.
De nuevo, no solo se limitó a hacer mención únicamente al artículo 174, decidiendo no valorar, ni
entrar al análisis de los argumentos realizados respecto del artículo 175, si no de forma
indiscutiblemente equivocada, me pretende encuadrar en supuesto normativo del artículo 174.
Por otra parte, menciona de forma incomprensible, en relación a dicho artículo 174 -suponiendo
incurrió en un error involuntario queriendo referirse al artículo 175- que toda vez que la sociedad,
entiéndase la Constructora, beneficiada es una persona jurídica distinta con atributos de la
personalidad distintos a los de mi cónyuge, no puede aplicar el supuesto jurídico argumentado.
Cuando volvemos a lo mismo, el artículo 175 menciona, “en asuntos que sean exclusivos de este”,
claramente, si mi cónyuge es accionista de dicha sociedad, evidentemente es un asunto exclusivo
de el por ser beneficiado de los resultados de la misma.
Por último, el la Sala, aduce, que al actuar mi cónyuge en el fideicomiso irrevocable de garantía
traslativo de dominio mediante “poder general amplísimo para pleitos y cobranzas, así como actos
de administración”, se cumplen con todos los requisitos de eficacia y validez jurídica que la ley
establece.
Cuestión a todas luces contrario a lo planteado por el ordenamiento, toda vez que, en un
supuesto utópico, pudieron llevarse a cabo dichos actos mediante el poder referido, siempre y
cuando constare en el mismo la AUTORIZACIÓN JUDICIAL.
Otra vez, la ley en ningún momento abre el camino a la celebración de dichos actos siempre y
cuando sea mediante un poder. El poder, como es de explorado derecho, simplemente es un
instrumento de representación para superar cuestiones materiales de capacidad de
determinadas personas frente a sus bienes y derechos, no obstante, no es un instrumento para
superar reglas específicas, ni mucho menos para eludir requisitos jurídicos determinados,
como los planteados por el artículo 175.
Además, suponiendo sin conceder, y contrario a cualquier lógica jurídica, que dicho poder pudiera
otorgar la supuesta prerrogativa de brincar disposiciones y requisitos legales esenciales para la
celebración de determinados actos, el poder idóneo para constituir una garantía sobre un bien
inmueble sería uno para actos de dominio, contrario al descrito para pleitos y cobranzas, así como
para actos de administración. Sirve de sustento el siguiente criterio:
(Énfasis Añadido)
Todo lo anterior demuestra que la Resolución Recurrida carece de un adecuado y profundo análisis
respecto de los argumentos hechos valer por la suscrita, tanto por cuestiones de indebida
fundamentación y motivación. Como por cuestiones de congruencia y exhaustividad, ya que
además de la falta de organización en los puntos a resolver, no se resuelve de forma exhaustiva
conforme a lo planteado en el recurso de apelación interpuesto.
Por otra parte, la sentencia dictada el 26 de octubre de 2021, combatida por la aquí suscrita
mediante recurso de apelación con número de toca 1406/2010/2 sostiene un nuevo razonamiento
mediante el cual refiere que toda vez que el inmueble en cuestión, no se encontraba inscrito ante el
Registro Público de la Propiedad con la estipulación de que el mismo forma parte de una
comunidad de bienes, “solo producirá efectos entre las partes y no en perjuicio de terceros, (…) ni
le puede parar perjuicio al fideicomiso celebrado a mayor razón” , razonamiento totalmente
contrario a derecho, como quedara demostrado en el presente apartado.
Resulta realmente irrelevante la falta de estipulación en el asiento registral de que dicho inmueble
forma parte de la sociedad conyugal, en razón de que al estar la suscrita casada con el señor
Francisco Lobeira Pérez bajo dicho régimen, y aunque no obre en las capitulaciones matrimoniales,
es de conocimiento público que el dominio y la administración de los bienes que forman parte de
la comunidad de bienes recae en ambos cónyuges, en tanto subsista el matrimonio, luego entonces
ambos tienen intereses jurídicos propios e independientes respecto de su parte proindivisa.
Por consiguiente, las obligaciones que contraiga cada uno de los cónyuges respecto de su porción
de los bienes que forman parte de la comunidad de bienes, no podrán tener injerencia en la
proporción de los bienes del cónyuge, en atención a que cada quien se obliga y responde
únicamente respecto de su parte proindivisa, dígase su 50% de los bienes parte de la sociedad.
Sirve de sustento el siguiente criterio jurisprudencial:
Tesis de Jurisprudencia 7/93. Aprobada por la Tercera Sala de este alto Tribunal,
en sesión de diecisiete de mayo de mil novecientos noventa y tres, por unanimidad
de cuatro votos de los señores Ministros: Presidente José Trinidad Lanz Cárdenas,
Mariano Azuela Güitrón, Sergio Hugo Chapital Gutiérrez y Miguel Montes
García.
Nota: Por ejecutoria del once de mayo de dos mil once, la Primera Sala declaró
infundada la solicitud de modificación de jurisprudencia 7/2011 derivada de la
solicitud de la que fue objeto el criterio contenido en esta tesis, toda vez que
estimó innecesario modificar la presente tesis jurisprudencial al tenor de las
razones expuestas en la solicitud respectiva.
Resumiendo lo planteado por el criterio, al ser meramente declarativos los efectos que derivan de la
inscripción de un bien inmueble de la sociedad conyugal, la falta de estipulación de que
determinados bienes forman o no parte de la comunidad de bienes de una sociedad, no obstaculiza
la legitimación que el consorte perjudicado tiene frente al bien materia de contrato y/o controversia.
Tan es así, que el criterio antes transcrito, le otorga facultades a dicho cónyuge de interponer una
tercería excluyente de dominio respecto de su parte alícuota de un bien embargado, en virtud de
que el derecho real del que es titular lo dota de plena legitimación frente al derecho personal o de
crédito que le corresponda al embargante.
Siendo incuestionable que el dominio del bien recae en igualdad de condiciones en ambos
cónyuges, de modo que al obligarse uno de ellos respecto del derecho real respectivo, puede
disponer únicamente de la parte pro indivisa que le corresponde.
Maxime que incluso, en el contexto en el que nos encontrábamos a la fecha de la celebración de los
actos materia de la presente controversia, la propia ley obligaba a los cónyuges a cumplir el
requisito de autorización judicial como una protección adicional en beneficio del cónyuge
contratante ajeno al acto a celebrar.
Entonces, el incorrecto razonamiento al que llega el C. Juez Trigésimo Tercero en Materia Civil del
Tribunal Superior de la Ciudad de México confirmada después por la Sala al momento de dictar
sentencia referente a que toda vez que no hay dicha estipulación en el asiento registral, por lo que
no surte efectos frente a terceros y que por ende no le puede parar perjuicio ni a terceros
(entiéndase la aquí suscrita) ni al fideicomiso celebrado, deviene de ilegal. Pues es evidente que las
garantías que se pretendían constituir sobre el inmueble le paran perjuicio a la suscrita, derivando
en el requisito adicional de la autorización judicial.
Dejándome en un completo estado de inseguridad jurídica frente a los actos tendientes a privarme
de mi propiedad, e incurriendo en una evidente y nula atención a los principios constitucionales de
congruencia y exhaustividad de la sentencia. Por lo que se solicita a este H. Tribunal declare la
ilegalidad de la Resolución Recurrida.
En diverso sentido, la sentencia dictada por el C. Juez Trigésimo Tercero, menciona que la prueba
confesional desahogada en audiencia de 06 de febrero de 2018, a cargo del codemandado
Francisco, Lobeira Pérez, no causa convicción alguna frente a la litis planteada y por ende no se le
concede valor probatorio.
Desahogo que se limitó a posiciones únicamente respecto de la celebración del acto jurídico
contenido en la escritura número 13,422, de sus consecuencias legales y a que supuestamente se
reunía la totalidad de requisitos legales exigidos por ley.
Resultando en una indebida interpretación de los multicitados artículos 174 y 175 del Código Civil
del Distrito Federal, a razón de que la C. Juez infiere que únicamente es necesaria la autorización
judicial para contratar entre los consortes, requisito previsto en el artículo 174, no obstante, en el
caso que nos atañe y como se ha explicado a lo largo del presente escrito, también es necesaria la
autorización judicial para la intervención de uno de los consortes cuando se pretenda intervenir en
asuntos que sean de interés exclusivo del otro.
Esto es, de una correcta valoración de la prueba confesional a cargo de mi cónyuge, se podría
concluir que no se cumple el requisito sine cua non de la autorización judicial toda vez que
efectivamente nos encontramos frente a un acto celebrado en beneficio exclusivo del cónyuge
Francisco.
Por consiguiente, la Sala determina como infundado este argumento ya que toma como correcta la
valoración de la referida prueba confesional, por simplemente considerar que la misma no servía
para decidir sobre la nulidad ejercitada en virtud de que “se trata de documentos públicos
otorgados ante Notarios Públicos, que no pueden dejar de surtir efectos con la confesión ficta” .
Tal como ha quedado acreditado a lo largo del presente escrito de Amparo Directo, dentro de la
totalidad de los documentos que forman parte del acervo probatorio exhibido por las partes, no obra
constancia alguna en la que efectivamente se haya acudido ante un órgano jurisdiccional por la vía
de jurisdicción voluntaria a solicitar que conforme a la ley adjetiva aplicable, se inicie el
procedimiento seguido en forma de incidente para la autorización judicial necesaria conforme a la
ley sustantiva de la materia.
De ahí que, como ha quedado demostrado, al momento de celebrar los actos materia del presente
litigio, la suscrita se encontraba, al momento de contratar, imposibilitada para gravar su
correspondiente 50% de los derechos de propiedad que le corresponden sobre el inmueble
controvertido para garantizar las obligaciones contraídas por la Constructora.
En ese sentido resulta claro, que por lo que hace a la parte proindivisa perteneciente a la aquí
suscrita, las obligaciones contraídas -en contravención a la ley- se encuentran afectas de nulidad
absoluta. Resulta importante exponer el siguiente criterio:
De conformidad con lo dispuesto por el artículo 175 del Código Civil del Estado
de Coahuila, que en lo conducente dice: "También se requiere autorización
judicial para que el cónyuge sea fiador de su consorte o se obligue solidariamente
con él, en asuntos que sean de interés exclusivo de éste, salvo cuando se trate de
otorgar caución para que el otro obtenga su libertad", la mujer casada se
encuentra incapacitada legalmente para responder de las deudas contraídas por
su cónyuge en lo particular, pero este impedimento se elimina si se recaba
autorización del órgano jurisdiccional. Ahora bien, si no existe constancia alguna
que demuestre que la demandada cumplió con tal requisito para responder con
uno de sus bienes de la deuda contraída por su consorte con el acreedor, resulta
evidente que el contrato de hipoteca que celebró para garantizar el
incumplimiento de esa obligación se encuentra afectado de nulidad, de
conformidad con lo dispuesto por el artículo 2122 del Código Civil en consulta,
toda vez que la incapacidad de cualquiera de las partes que celebran un contrato,
produce la nulidad del mismo.
En bastante claro, al existir una ley de carácter prohibitivo para contratar los conyuges, bajo el
carácter de fiador o de obligado solidario, en asuntos que sean de interés exclusivo de uno de ellos,
no hay forma de celebrar actos en ese sentido sin autorización judicial, por lo que la contravención
a la disposición referida, dotara de nulidad el o los actos celebrados, tal y como se desprende del
artículo 8 del Código Civil que se transcribe a continuación:
“ARTICULO 8o. Los actos ejecutados contra el tenor de las leyes prohibitivas o
de interés público serán nulos, excepto en los casos en que la ley ordene lo
contrario”
Bajo lo que sostiene tanto el C. Juez Trigésimo Tercero, como la Sala al momento de dictar sus
respectivas sentencias, no hay motivo alguno de la existencia de normas de carácter prohibitivo,
toda vez que, bajo la lógica planteada, cualquiera puede ir en contravención de las misma, siempre
y cuando conste en escritura pública, contrario a cualquier lógica jurídica. Sirve de sustento el
siguiente criterio:
Se desprende de la sentencia previamente recurrida, dictada por el Juez Trigésimo Tercero, que
deviene de improcedente decretar la nulidad del instrumento público 13,422, bajo el razonamiento
de que supuestamente cumple a cabalidad con los requisitos que impone el artículo 106 fracción
XI, de la Ley del Notariado del Estado de Nuevo León que a continuación se transcribe.
En consecuencia, como se puede apreciar del artículo transcrito previamente, dicho instrumento
público -y me parece razonable la adecuación no solo a dicho instrumento, sino que también a los
instrumentos 13,642 y 25,931 por encontrarse en igualdad de condiciones, el notario público hará
constar bajo su fe, que a su juicio los comparecientes gozan de plena capacidad legal o que en caso
de ser representados, que los comparecientes declararon sobre la capacidad de aquellos
representados.
Totalmente contraria en la especie, ya que, si bien, conforme al artículo 15 de la ley del notariado
del estado de Nuevo León, Notario es la persona investida por el Estado, de fe pública para hacer
constar la autenticidad de actos, no me parece congruente que por el simple hecho de comparecer
ante el se puedan autentificar actos evidentemente contrarios a derecho y al orden público, como
sucede en el caso que nos atañe.
Expediente 71/2014:
Por lo que hace al expediente 71/2014 llevado de forma conexa al 730/2010, se combate, bajo la
premisa de lo argumentado a lo largo del presente escrito, la contravención I) a los principios de
legalidad, congruencia y exhaustividad, y II) a los artículos 174 y 175 del Código Civil. Se solicita a
este H. Tribunal, a fin de evitar repeticiones innecesarias, se tengan por aquí reproducidos los
argumentos planteados en los puntos anteriores referentes a contravención de los artículos 174 y
175 del Código Civil del Distrito Federal.
La falta de valoración de pruebas necesarias para determinar por parte de un juzgador, las
pretensiones aducidas por las partes en un juicio, cobra gran importancia al momento de dictar
sentencia, toda vez que la indebida valoración de ellas, implica una contraposición al derecho de
audiencia, congruencia y exhaustividad. Sirve de sustento el siguiente criterio:
Jurisprudencia de la cual se desprende que el juzgador no tiene únicamente que admitir o desechar
las pruebas ofrecidas por las partes, sino que contrario a eso se tiene expresar de forma clara tanto la
admisión de estas, como de las razones por las cuales se consideran ineficaces en su caso.
En ese sentido, si al momento de dictarse sentencia, no se hace referencia a una de las pruebas
ofrecidas por una de las partes, resulta evidente la contravención a la garantía de audiencia
consagrada en el artículo 14 constitucional.
Tanto el C. Juez Trigésimo Tercero omitió tomar en cuenta las cuestiones relacionadas con el
desahogo de la prueba pericial en materia contable. Si bien, con dicha prueba pericial se pretendía
acreditar por parte de la demandada aquí suscrita:
a) Que el Estado de Cuenta exhibido por la parte actora en el escrito inicial de
demanda como anexo 11, adolece de requisitos legales que permiten tener
certeza de la persona que laboró, ya que la parte accionante omitió exhibir
documentos para acreditar que el señor Rubén Velásquez Martínez está
legalmente autorizado para ejercer la profesión de contador público, con lo
que existe incertidumbre de qué si en realidad esta persona tiene
conocimientos necesarios para ejercer la profesión de contador público.
Teniendo importantes repercusiones en perjuicio de la aquí suscrita, puesto que entonces, el estado
de cuenta que adjuntó la parte actora a su escrito inicial de demanda como ANEXO 11, carece de
validez jurídica, perdiendo cualquier valor probatorio que pudiese haber llegado a tener.
A pesar de ello, la C. Juez Trigésima Tercera, omitió declarar la validez de dichas pruebas,
consideración que fue ilegal y dogmáticamente reiterada por la Sala, dejándome en un completo
estado de indefensión frente a la parte actora, en razón de que de haber entrado de forma correcta al
estudio de la falta de validez de dicho estado de cuenta, se hubiese percatado de que el mismo no
fue exhibido en la forma debida, cuestión que pudo llegar a tener repercusiones importantes en la
exigibilidad del contrato de fideicomiso.
Luego entonces, resulta claro que, al hacerse una incorrecta valoración de pruebas, el adeudo carece
de validez en razón de que no se tiene certeza tanto del cálculo como de la existencia del miso, hay
incertidumbre respecto del monto respecto de las obligaciones correspondientes a los
fideicomitentes, el estado de adeudo adolece tanto de claridad, como de requisitos exigidos por ley
para poder decretar la validez del mismo.
Bajo este orden de ideas, la Sala determina que no le causa perjuicio alguno a la aquí suscrita la
falta de valoración de las pruebas referidas, en razón de que no se puede dejar de atender a la
eficacia jurídica de los convenios judiciales celebrados en los expedientes 747/89 y 748/89 suscritos
por Banamex en contra de los acreditados.
Lo anterior es falso, pues la acreditación de dicho elemento, es decir, la existencia del crédito,
debió de hacerse a la luz del Contrato Base de la Acción de los terceros interesados, es decir,
del fideicomiso en garantía, siendo esto un elemento sine qua non para la procedencia de su
acción.
En conclusión, se solicita a sus Señorías declaren fundado el presente concepto de violación por
violar los principios constitucionales argumentados, revoquen la Sentencia Reclamada y emitan otra
en la que atienda a dichos principios.
Por último, no es óbice, que como ha quedado evidenciado, la Sala, en la Sentencia Recurrida,
es realmente negligente en atender a los principios constitucionales a los que tiene que atender
al momento de dictar sentencia, pues I) refiere a preceptos legales inadecuados conforme a lo
argumentado tanto en el recurso interpuesto por la suscrita, como en los juicios de origen, II)
no entra al análisis de la adecuación fáctica de sus determinaciones -en lo absoluto-, III) en
cuanto a la congruencia, la sentencia es totalmente deficiente, ya que no atiende
correctamente a lo argumentado por la suscrita, hace referencia a cuestiones diversas y no
hay un orden en la exposición de sus determinaciones, haciéndola realmente difícil de
comprender y IV) no se es exhaustiva conforme a lo argumentado por la suscrita o conforme
al razonamiento de sus pretensiones.
A lo largo del presente concepto de violación se acreditará que la Resolución Reclamda resulta
inconstitucional ya que la Sala Responsable omite estudiar la totalidad de los argumentos hechos
valer vía agravio por la quejosa al impugnar la sentencia de primer grado, incumpliendo así con la
obligación de dirimir la controversia puesta a su conocimiento.
“Artículo 14. …
Nadie podrá ser privado de la libertad o de sus propiedades, posesiones o
derechos, sino mediante juicio seguido ante los tribunales previamente
establecidos, en el que se cumplan las formalidades esenciales del procedimiento y
conforme a las Leyes expedidas con anterioridad al hecho…”
Los preceptos citados establecen, en sentido estricto, la protección universal frente a los actos
privativos y de molestia pero, constituyendo además el fundamento constitucional de respeto a las
formalidades esenciales del procedimiento y de seguridad jurídica (dentro de los cuales se
encuentran contemplados los principios de legalidad, congruencia y exhaustividad).
Cabe señalar que estos derechos guardan una estrecha relación con el concepto de Estado de
derecho en sentido formal, que constituye uno de los fines últimos de todo ordenamiento jurídico y
que puede entenderse como “el conjunto de “reglas del juego” -de carácter fundamentalmente
procedimental- que los órganos públicos deben respetar en su organización y funcionamiento
interno y, lo que quizá sea todavía más importante para la materia de los derechos fundamentales,
en su relación con los ciudadanos. Se trata del concepto formal de Estado de derecho como Estado
en el que las autoridades se encuentran sujetas a la ley (o, más en general, a las normas jurídicas).
Derivado de lo anterior, es posible afirmar lo siguiente: (i) los artículos 14 y 16 constitucionales
representan una concreción legislativa del Estado de derecho como concepto orientador de nuestro
sistema jurídico; y (ii) la sujeción de los poderes públicos (incluyendo en estos poderes a los
Órganos Constitucionales Autónomos) a la ley (Estado de derecho) está implícita en las garantías de
respeto a las formalidades esenciales del procedimiento y seguridad jurídica tuteladas por nuestra
norma fundamental.
Bajo ese orden de ideas, a efecto de abundar sobre el contenido y alcance de las garantías de
seguridad jurídica, resulta de enorme utilidad citar al Maestro Ignacio Burgoa, quien sobre éstas
afirma que implican “el conjunto general de condiciones, requisitos, elementos o circunstancias
previas a que debe sujetarse una cierta actividad estatal autoritaria para generar una afectación
válida de diferente índole en la esfera del gobernado, integrada por el summum de sus derechos
subjetivos”.
Y, en ese mismo sentido, continúa diciendo: “Por ende, un acto de autoridad que afecte el ámbito
jurídico particular de un individuo como gobernado, sin observar dichos requisitos, condiciones,
elementos o circunstancias previos, no será válido a la luz del Derecho”.
Sirve de apoyo a lo anteriormente expuesto, los siguientes precedentes judiciales emitidos por
nuestros más altos Tribunales:
Revista Justicia Electoral 2000, Tercera Época, suplemento 3, página 44, Sala
Superior, tesis S3EL 024/99.”
Novena Época:
Bajo esta línea de pensamiento, resulta válido afirmar que la garantía de respeto a las formalidades
esenciales del procedimiento implica la obligación de resolver todas las cuestiones sometidas a la
jurisdicción de los jueces, claro que ello no implica que se deba dar contestación renglón por
renglón a los escritos de las partes, pero sí a los argumentos individualizados.
En el caso concreto y tal y como quedará demostrado, la Sala Responsable, al emitir la Resolución
Reclamada, omito estudiar y analizar la totalidad de las consideraciones interpuestas por la suscrita
en contra de la Resolución de Primera instancia, en especial el hecho de que el acto jurídico
resultado de las escrituras viciadas de nulidad absoluta de ninguna manera favorece los intereses de
la quejosa, motivo por cual, era necesario obtener la previa autorización judicial de la misma para la
celebración de este.
Lo anterior, se afirma así, pues tal y como fue señalado en la apelación de mérito, el crédito
concedido a favor de la empresa acreditada “Constructora Lobeira S.A. de C.V.”, en ningún
momento favoreció a mis intereses, ya que no tengo relación alguna con dicha empresa, ni soy
accionista de la misma, de modo que es dable concluir que el acto jurídico que se hizo constar en
los instrumentos notariales cuya nulidad se reclama, es un asunto de interés exclusivo de mi
consorte el C. Francisco Lobeira Pérez, lo que tiene como consecuencia, tal y como fue señalado en
la apelación de mérito, y de conformidad con los artículos 174 y 175 del Código Civil para la
Ciudad de México, que se requería de autorización judicial para que la suscrita gravara el 50% de
los derechos de propiedad que me corresponden sobre el inmueble controvertido.
Sin embargo, y a pesar de haber expuesto lo anterior ante la Sala Responsable, y tal y como podrán
observarlo sus Señorías, las mismas fueron omisas en atender a lo planteado, pues sobre el
particular, señalan que al haberse otorgado poder, y en virtud de ese poder haberse celebrado el acto
jurídico a anular, el mismo queda convalidado, lo que de si, no tiene relación alguna con el hecho
de que la suscrita no tiene interés alguno en el acto jurídico de mérito, lo que hace necesario, de
conformidad con los artículos 174 y 175 del Código Civil para el Distrito Federal, hoy Ciudad de
México, que se requería de autorización judicial para gravar el 50% del bien inmueble cuya
propiedad corresponde tanto a mi cónyuge como a mí, en un 50% en partes alícuotas.
Ello, deja de manifiesto que la Sala Responsable fue totalmente omisa en atender lo planteado por
la suscrita, pues dejo de considerar uno de los argumentos torales hechos valer en la apelación, lo
que hace que la Resolución Reclamada resulte inconstitucional por violar mis derechos
fundamentales de seguridad jurídica.
Aunado a lo anterior, también destaque, en mi escrito de apelación, el hecho de que soy una persona
adulta mayor, con escolaridad cursada hasta la secundaria, y que siempre se ha dedicado al hogar,
motivo que acredita aún más el hecho de que el acto jurídico contendió en las actas cuya nulidad se
solicita, involucra exclusivamente los intereses de mi cónyuge, y el hecho de que el patrimonio de
la sociedad conyugal que he formado con el mismo pueda verse disminuido, podría ocasionar un
perjuicio en mi persona, sin que el acto que lleve a dicha disminución, sea de mi interés, motivo por
el cual se hace más evidente la necesidad de la autorización judicial, la cual, como ha sido señalado
en varias ocasiones, no fue otorgada en el caso en concreto.
Sobre el particular, y partiendo del hecho de que soy una persona adulta mayor, cabe hacer especial
mención de que de conformidad con los artículos 25, numeral 1, de la Declaración Universal de los
derechos Humanos y 17 del Protocolo Adicional a la Convención Americana sobre Derechos
Humanos en Materia de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, los adultos mayores
constituyen un grupo vulnerable que merece especial protección por los Órganos del Estado, ya que
su avanzada edad los coloca con frecuencia en un situación de dependencia familiar,
discriminación, e incluso, abandono. De modo tal que se ha considerado que los adultos mayores
somos vulnerables porque en un alto porcentaje somos sujetos de desempleo o de condiciones
precarias de trabajo y sufrimos, muy frecuentemente, carencias económicas y de seguridad social, lo
que nos convierte en personas dependientes y víctimas de un comportamiento adverso social.
Lo anterior, fortalece aún más las consideraciones hasta ahora realizadas, pues el hecho de que el
acto jurídico de mérito me perjudique en mi condición de cónyuge que se ha dedicado al hogar, y
ahora en mi carácter de personal adulta mayor, sin que el mismo haya sido de mi interés en el
momento de su celebración, hace evidente la necesidad que existió de obtener una autorización
judicial, sobre la cual, se hace hincapié, NÚNCA SE SOLICITO.
Lo anterior, tiene como consecuencia que el acto jurídico de mérito, así como las escrituras que
fueron otorgadas para la celebración del miso, deben ser declaradas como absolutamente nulas,
pues las mismas, resultan contrarias a las normas de orden público, en especial, a las normas
reguladoras de la familia, ello, pues como ya se señaló en diversas ocasiones, no se obtuvo una
autorización judicial que me autorizara gravar el 50% del bien inmueble afectado, lo que resulta
contrario a lo dispuesto por los artículos 174 y 175 del Código Civil para la Ciudad de México,
motivo por el cual, dicho acto, así como las actas celebradas para su celebración, resultan nulas.
Cabe hacer hincapié en que todas las consideraciones anteriores fueron vertidas en el escrito de
apelación, pero tal y como ya se había adelantado, la Sala Responsable fue completamente omisa en
atenderlas, lo que de si, genera un perjuicio en el derecho de seguridad jurídica la suscrita, pero aún
más, y como consecuencia de dicha omisión, la sala llego a una conclusión imprecisa, pues como ha
quedado demostrado en demasía, y añadido a lo demás expuesto en el escrito de apelación, es
evidente que el acto jurídico de mérito se encuentra viciado de nulidad absoluta, pues al no haberse
concedido una autorización judicial para su celebración por mi parte, tomando en cuenta que el
mismo no era de mi interés, y que soy una persona que se encuentra en un estado de vulnerabilidad,
tiene como consecuencia que el mismo resulte nulo.
Por lo anterior, y al haber quedado acreditado el hecho de que la Sala Responsable fue omisa en
atender todas las condenaciones hechas valer por la suscrita en la Resolución Reclamada, solicito a
su Señoría me conceda el Amparo y Protección de la Justicia de la Unión para el efecto de que: i)
las mismas sean consideradas; ii) a la luz de ellas, se declare la nulidad del acto viciado.
En el agravio segundo del recurso de apelación, la aquí quejosa se dolió medularmente del hecho
de que la juez de primera instancia actuó de manera dogmática al momento de abocarse al estudio
del cumplimiento de los elementos de la acción, consistentes en a) la existencia de la obligación b)
la exigibilidad de la misma y por último, c) el incumplimiento del deudor.
En el agravio de referencia, la suscrita manifestó, entre otras cuestiones, que: a juicio de la
recurrente, en la sentencia recurrida no se atendió al planteamiento que se hizo dentro de la
secuela procesal, sino que la juzgadora se limitó a analizar la factibilidad de poder acudir al
procedimiento judicial de ejecución de garantías otorgadas mediante fideicomiso en garantía que
por resolución judicial se pongan a disposición de la fiduciaria los bienes fideicomitidos, sin
determinar antes su exigibilidad.
Concretamente, la entonces recurrente alegó que en la especie, la sentencia del juicio natural
inobservó el principio de legalidad, en la medida en que la Juez dejó de valorar que el ahora tercero
interesado no acreditó con documento idóneo la existencia de un documento en el que se
determinara el saldo actual, líquido y exigible derivado del contrato de fideicomiso, junto con los
demás requisitos de procedencia de su acción, pues en la especie estos constituían los elementos
mínimos previstos por las leyes adjetivas para acreditar los elementos constitutivos de su acción.
En efecto, a pesar de que las ahora tercero interesadas ejercieron la vía ordinaria mercantil, lo cierto
es que para acreditar la procedencia de su acción y las validez de las prestaciones exigidas, tenían
la obligación, mínima de haber acreditado que los montos y exigibilidad del crédito garantizado por
el fideicomiso, situación que en la especie no sucedió y que en el caso concreto, fue denunciado
ante la Sala.
En efecto, la parte actora no acreditó ninguno de los anteriores extremos, ni siquiera que las
supuestas deudas contraídas en el contrato de fideicomiso eran líquidas o exigibles, de acuerdo a lo
que ya se sostuvo en párrafos anteriores.
En ese tenor, es claro que tal y como se argumentó en el recurso y dejó de ser atendido por la Sala
Responsable se violo el principio de igualdad procesal en la medida en la que la responsable,
validando la ilegal actuación de la Juez natural, fue completamente omisa en atender los
planteamientos realizados por la actora en el sentido de que el tercero interesado fue omiso en
acreditar los elementos mínimos de su acción
Por último, no es óbice, que como ha quedado evidenciado, la Sala, en la Sentencia Recurrida,
es realmente negligente en atender a los principios constitucionales a los que tiene que atender
al momento de dictar sentencia, pues I) refiere a preceptos legales inadecuados conforme a lo
argumentado tanto en el recurso interpuesto por la suscrita, como en los juicios de origen, II)
no entra al análisis de la adecuación fáctica de sus determinaciones -en lo absoluto-, III) en
cuanto a la congruencia, la sentencia es totalmente deficiente, ya que no atiende
correctamente a lo argumentado por la suscrita,
hace referencia a cuestiones diversas y no hay un orden en la exposición de sus
determinaciones, haciéndola realmente difícil de comprender y IV) no se es exhaustiva
conforme a lo argumentado por la suscrita o conforme al razonamiento de sus pretensiones.
SEGUNDO. Tener por señalado domicilio procesal y por autorizadas a las personas que se
mencionan en el proemio del presente escrito para los efectos precisados.
TERCERO. Tener por autorizados para consultar el expediente electrónico que se forme con
motivo de la presente demanda a los usuarios registrados en el Portal de Servicios en Línea del
Poder Judicial de la Federación que se precisan en el proemio del presente escrito.
CUARTO. Previos los trámites de ley, conceder a BERTHA NELLY TREVIÑO MAS DE
LOBEIRA el Amparo y Protección de la Justicia de la Unión en contra del Acto Reclamado.
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BERTHA NELLY TREVIÑO MAS DE LOBEIRA
QUEJOSA