Es cierto que el vigor de la hermenéutica durante el siglo XX puede ser calibrado
simplemente a partir de la influencia, por otra parte muy problemática, de Martin
Heidegger y su discípulo Hans-Georg Gadamer (Verdad y método), pero ambos son tan
importantes como discutibles. La hermenéutica emergió como teoría de la comprensión
humana a finales del siglo XVIII e inicios del siglo XIX a través sobre todo de la
obra del teólogo y traductólogo Friedrich Schleiermacher[7] y Wilhelm Dilthey.[8]
La hermenéutica moderna se constituye, siguiendo la tradición filológica y
filosófica, como interpretación de los grandes textos, en particular la Biblia
(hermenéutica bíblica) y Platón, pero en general se ha referido a los textos
particularmente difíciles e importantes y, de manera natural, ha funcionado como
respaldo de la filología, la crítica literaria y la filosofía. Asimismo, se ha
hecho extensiva a cualquier tipo de objeto humanístico.
Tras Dilthey, en el ámbito de la filología ha sido heredada por la escuela
idealista, en particular Leo Spitzer y la escuela Estilística, si bien esta se
bifurcó adoptando en parte una visión neopositivista o formalista refractaria al
saber hermenéutico. En el ámbito de la filosofía ha tenido un eje alemán definido
por el ya referido Martin Heidegger de Ser y tiempo (1927), recontinuado
particularmente por su discípulo Hans-Georg Gadamer en su muy influyente, y hoy
discutido por invasivo (Verdad y método), donde la hermenéutica representa una
teoría de la verdad y el método que expresa la universalización del fenómeno
interpretativo desde la historicidad concreta y personal.[9] Sea como fuere, la
Hermenéutica pasó a desempeñar en el último cuarto del siglo XX una posición
filosófica general que ha sido designada a menudo como koiné, especialmente
asociada a la escuela de Vattimo y otros sectores europeos y americanos, donde las
derivaciones son múltiples.[10]
Origen y evolución de la hermenéutica
El término hermenéutica proviene del verbo griego ἑρμηνεύειν (hermenéuein) que
significa interpretar, declarar, anunciar, esclarecer y, por último, traducir.
Significa que alguna cosa se vuelve comprensible o se lleva a la comprensión. Se
considera que el término deriva del nombre del dios griego Hermes, el mensajero, al
que los griegos atribuían el origen del lenguaje y la escritura y al que
consideraban patrono de la comunicación y el entendimiento humano. El término
originalmente expresaba la comprensión y explicación de una sentencia oscura y
enigmática de los dioses u oráculo, que precisaba una interpretación correcta.
El término hermenéutica deriva directamente del adjetivo griego ἑρμηνευτικἡ, que
significa saber explicativo o interpretativo, especialmente de las Sagradas
Escrituras, y del sentido de las palabras de los textos, así como el análisis de la
propia teoría o ciencia volcada en la exégesis de los signos y de su valor
simbólico.
El término técnico ἑρμηνεία (hermeneia, 'interpretación, explicación') se introdujo
en la filosofía principalmente a través del título de la obra de Aristóteles Περὶ
Ἑρμηνείας (Peri Hermeneias), comúnmente conocida por su título en latín De
Interpretatione y traducida al español como Sobre la interpretación. Es una de las
obras filosóficas más antiguas (c. 360 a. C.) existentes en la tradición occidental
que trata la relación entre el lenguaje y la lógica de una manera integral,
explícita y formal:
El uso primitivo de 'hermenéutica' lo sitúa dentro de los límites de lo
sagrado.[11] Un mensaje divino debe recibirse con una incertidumbre implícita en
cuanto a su verdad. Esta ambigüedad es una irracionalidad; es una especie de locura
que se inflige al receptor del mensaje. Solo quien posea un método racional de
interpretación (es decir, una hermenéutica) podría determinar la verdad o falsedad
del mensaje.[11]