Título: “El sillón del rincón”
Escenografía: Una casa sencilla: sala, mesa del comedor, un viejo sillón en un rincón
(donde se sienta el abuelo).
Personajes:
Don Ernesto: Hombre mayor, viudo, vive con su hija y su familia.
Mariana: Hija de Don Ernesto, madre de familia, trabajadora, algo impaciente.
Daniel: Esposo de Mariana, más crítico y distante.
Sofi: Nieta de 13 años, cercana al abuelo, curiosa y sensible.
Lucía: Nieta de 8 años, alegre y juguetona.
Narrador/a: Puede hablar al público al principio y final.
ESCENA ÚNICA
(Luz tenue. Se escucha el tictac de un reloj. Un sillón viejo está iluminado con una luz
suave. Don Ernesto está sentado con una mantita sobre las piernas, mirando al vacío. Se
oyen risas de niños y el bullicio de la casa al fondo.)
NARRADOR/A (al público):
Don Ernesto llegó a vivir con su hija hace ya un año. Desde que su esposa partió, el silencio
de su casa le pesaba más que la soledad. Pensó que aquí, rodeado de familia, todo sería
más cálido… Pero a veces, la presencia no basta cuando el corazón está ausente.
(Luz se expande. Mariana entra apurada con el celular en la mano, Daniel toma café y
revisa unos papeles. Sofi y Lucía corren por la sala. Don Ernesto los observa en silencio
desde su sillón.)
MARIANA (sin mirar a Ernesto):
Papá, ¿comiste? Te dejé el plato en el microondas hace rato.
DON ERNESTO (calmado):
Lo calenté, pero no tenía mucha hambre.
DANIEL (sin levantar la vista):
Cómo no va a tener hambre si no hace nada en todo el día…
MARIANA (molesta):
¡Daniel, por favor! Papá ayuda como puede…
DANIEL:
¿Ayuda? ¿En qué? Solo ocupa espacio. No puede cuidar a las chicas, ni cocinar, ni salir
solo. ¿Hasta cuándo va a estar así?
SOFI (interviene):
¡El abuelo me ayuda con las tareas! ¡Y me cuenta historias!
LUCÍA (corriendo hacia el abuelo):
¡Sí! ¡Y me enseñó a jugar a la payana como en su escuela!
(Don Ernesto sonríe, les acaricia la cabeza. Mariana suspira, agotada.)
MARIANA:
Chicas, ya déjenlo tranquilo. Papá necesita descansar.
DON ERNESTO (en voz baja):
No estoy cansado… solo estoy quieto.
(Silencio incómodo. Mariana se va a la cocina. Daniel niega con la cabeza.)
ESCENA SIGUIENTE – MÁS TARDE
(Sofi entra a escondidas. Le da al abuelo una libreta.)
SOFI:
Abuelo, escribí esto para vos. Es un poema. ¿Querés que te lo lea?
DON ERNESTO (emocionado):
Claro, mi niña.
SOFI (lee):
“En el sillón del rincón hay un sabio que espera,
Con manos arrugadas y la voz sincera.
Lo miran sin verlo, lo oyen sin querer,
Pero en su silencio hay tanto por aprender…”
(Don Ernesto está conmovido. La abraza. Entra Lucía corriendo.)
LUCÍA:
¡Abuelo! ¡Se cayó mamá en la cocina!
(Todos corren. Don Ernesto se queda solo, preocupado. Apaga su luz. Transición rápida.)
—
ESCENA SIGUIENTE – UN DÍA DESPUÉS
(Mariana está sentada, con un brazo enyesado. Daniel, fastidiado, prepara comida.)
MARIANA:
No puedo con todo esto, Daniel… Y papá… ni siquiera puede ayudarme a levantarme.
DANIEL:
¿Y si hablamos con una residencia? Seguro ahí lo cuidan bien…
(Sofi, que escucha desde una esquina, entra furiosa.)
SOFI:
¡¿Una residencia?! ¡Es su casa también!
DANIEL (se defiende):
¡Sofi, no te metas en lo que no entendés!
SOFI:
¡Entiendo más que ustedes! ¡Al abuelo lo tratan como un mueble viejo! ¡Solo Lucía y yo lo
escuchamos!
(Silencio tenso. Mariana la mira con dolor. Entra Don Ernesto, despacio, con su abrigo
puesto y una bolsita en la mano.)
DON ERNESTO (sereno):
Salgo a caminar. Solo una vuelta. No se preocupen, dejo la puerta abierta.
MARIANA (débil):
Papá, esperá… ¿Salís solo?
DON ERNESTO (sin resentimiento):
A veces uno necesita recordar que todavía tiene piernas… y alma.
(Don Ernesto sale. Mariana se queda en silencio, algo rota por dentro. Daniel no dice nada.
Sofi toma la mano de su mamá.)
SOFI (suave):
¿Sabías que el abuelo construyó una escuela con sus manos cuando tenía 20 años? ¿Que
una vez salvó a un amigo en un incendio?
MARIANA (llorando en silencio):
No… No me lo contó.
SOFI:
Porque no preguntás. Porque pensás que ya no tiene nada que dar. Pero sí tiene.
ESCENA FINAL – MÁS TARDE ESE DÍA
(Don Ernesto vuelve. Mariana y Daniel lo esperan. Lucía le prepara una limonada.)
MARIANA (con lágrimas):
Perdoname, papá. Me encerré tanto en mi rutina… que te volví invisible. ¿Podés
enseñarme esas historias que nunca contaste?
DANIEL (avergonzado):
Yo también. Quiero… escucharte más. No prometo ser perfecto. Pero quiero empezar.
DON ERNESTO (sonriendo):
El silencio enseña… pero qué lindo es romperlo con amor.
(Sofi y Lucía lo abrazan. Mariana se sienta en el piso junto a su padre. Daniel se suma.
Todos se acomodan en torno al sillón.)
NARRADOR/A (al público):
No hay edad para amar. No hay edad para aprender. Y nunca, nunca, hay edad para dejar
de ser valorado.
Los abuelos no son del pasado. Son el puente que nos lleva al futuro con raíces. Que el
sillón del rincón… nunca esté vacío de amor.
(Luz cálida. Fin.)