Cap 3
Cap 3
1. El sistema electoral
El largo proceso de construcción del Estado nacional en Argentina se aceleró desde la sanción
de la Constitución, en 1853, consolidándose con la federalización de la ciudad de Buenos Aires, en
1880. Desde entonces, las autoridades nacionales ejercieron su dominación sobre todo el territorio
de un país, que se modernizaba rápidamente, integrándose a la economía mundial como proveedor
de materias primas e importador de bienes y servicios. Durante esa etapa primario-exportadora, se
desarrolló con capital británico la infraestructura ferroviaria y portuaria, se expandió la superficie
cultivable, y se enriqueció la cultura nacional a través de la gran inmigración europea
(mayoritariamente italiana), protagonista de una rápida urbanización, que dinamizó la búsqueda de
movilidad social de los sectores populares. Pero aún le faltaba transparencia electoral. Si bien se
renovaban periódicamente las autoridades (nacionales, provinciales y municipales), mediante
comicios con sufragio universal masculino, estos eran distorsionados por el fraude, perpetuando en
el poder a una élite ilustrada, encargada de proteger los intereses de la oligarquía ganadera. Hasta
1912 el voto no fue obligatorio ni secreto, debiendo los ciudadanos empadronarse para poder
ejercer el derecho a sufragar y la imposibilidad de identificar al votante, facilitaba las prácticas de
los electores volantes golondrinas, que votaban varias veces. A su vez, en cada provincia, el
gobernador cumplía funciones de gran elector presidencial y distribuidor de empleos públicos
locales, reservándose para el fin de su mandato, una banca de senador nacional, con el propósito de
organizar su retorno al poder ejecutivo provincial. (1)
En las elecciones de diputados nacionales, se usaba el sistema plurinominal de lista completa
por simple mayoría, por el cual, resultaban electos solo los candidatos de la agrupación más votada,
sin reconocimiento de representación por minoría. Por lo expuesto, no era extraño que el Congreso
se comportase como un apéndice del Poder Ejecutivo Nacional. Por ello, la Unión Cívica Radical,
cuestionaba la legalidad de los comicios y proclamaba la abstención revolucionaria por falta de
garantías electorales. (2)
La UCR es el partido orgánico más antiguo del país. Su documento fundacional es la Carta
Orgánica de 1891. Entre sus firmantes predominan destacados francmasones (como Leandro Alem),
la mayoría miembros del Club Liberal de Buenos Aires y de la Sociedad Científica Argentina
(instituciones que reunían a los intelectuales más progresistas de la época). Esta dirigencia, en
buena medida, fue un desprendimiento de la élite gobernante, que se formó en el Partido
Autonomista de Buenos Aires (alsinismo), sobre todo durante la presidencia de Sarmiento, y que en
1880 se opuso a la elección presidencial de Roca. Desde un primer momento, la UCR contó con el
apoyo del estudiantado universitario, productores primarios del litoral, (en particular los
arrendatarios), las colonias agrícolas integradas por inmigrantes europeos (como La Esperanza en
Santa Fe) y sectores asalariado urbanos, con predominio de los trabajadores de cuello blanco. Hubo
tres revoluciones radicales (1893, 1895 y 1905), que intentaron desalojar del Poder Ejecutivo
Nacional al Régimen (gobiernos conservadores fraudulentos), pero fracasaron. Mientras tanto, la
UCR se abstuvo de participar en las elecciones hasta que se terminará con el fraude electoral. (3)
El expresidente Carlos Pellegrini en la Cámara de Diputados de la Nación, en uno de sus últimos
actos políticos defendió y votó a favor de la Ley de Amnistía para los revolucionarios de 1905, que
reclamaban la pureza del sufragio. Ese alegato de Pellegrini, durante el que pidió disculpas por su
pasado fraudulento, se convirtió en un verdadero testamento político a favor del líder radical, Dr.
Hipólito Yrigoyen con quien se entrevistaron los sucesores de Quintana (doctores José Figueroa
Alcorta y Roque Sáenz Peña), ofreciéndole infructuosamente que integrara el gabinete ministerial.
El propósito de estos gobernantes era terminar con la abstención electoral de la UCR y de ese
modo, también con sus intentos revolucionarios. (4)
La reforma electoral impulsada por Sáenz Peña se compone de tres normas sancionadas entre
1910 y 1912, la tercera de las cuales, fue su homónima Ley 8871. En adelante, el fraude mermó
considerablemente, debido a la depuración de padrones, la creación de la Justicia Electoral, y el
establecimiento del voto secreto y obligatorio. Sin embargo, las mayores discusiones en el Congreso,
al debatirse el proyecto de ley, se centraron en la representación de las minorías: la Ley Sáenz Peña
puso en vigencia la lista incompleta, acordada por el presidente con Yrigoyen. (5)
Yrigoyen, no solo había solventado los gastos de la estructura partidaria de la UCR con sus
propios recursos, obtenidos principalmente como productor agrícola-ganadero en estancias
bonaerenses (como Santa María, Santa Isabel, El Trigo), puntanas (La Seña, Fraga) e incluso
cordobesas, sino que, además, una vez proclamado candidato a la primera magistratura de la
República, decidió no percibir el sueldo correspondiente y dirigió una carta a la presidenta de la
Sociedad de Beneficencia Nacional, Elena Napp de Green, manifestándole que:
si llegase al ejercicio de tales funciones desde ahora renuncio los emolumentos correspondientes en
todo el período gubernativo, en favor de las instituciones de misericordia que más lo requieran”
(Yrigoyen, 1986: 117).
En los comicios generales del 20 de abril de 1916 Yrigoyen obtuvo el 45% de los votos, ganando
en seis de los quince distritos electorales del país con trescientos mil sufragios sobre setecientos mil
votantes. Triunfó en el colegio electoral, pero el oficialismo se encontraba en minoría en el Congreso
y era oposición en la mayoría de las provincias. Su gobierno estaba limitado por la necesidad de no
enfrentarse con los sectores beneficiarios del modelo agroexportador, proteger a los consumidores
urbanos y mantener la lealtad de los caudillos electorales radicales. Esto quedó reflejado en su
primer gabinete ministerial. Cinco de los ocho ministros eran ganaderos de la provincia de Buenos
Aires, destacándose entre ellos el dirigente mitrista Dr. Honorio Pueyrredón, quien mantuvo la
neutralidad argentina durante la Gran Guerra, a pesar de que ambas cámaras del Congreso exigían
la ruptura con Alemania. Los tres restantes miembros del gabinete manejaban la estructura
electoral partidaria en sus provincias:
la República ha reconquistado sus poderes para conjurar los males, extinguir las anormalidades,
corregir los errores y destruir el régimen falaz y descreído de que haya mención en los anales de las
naciones. (…) El problema no consiste en saber quiénes han de gobernar a la Nación, sino en la
recuperación de sus facultades para instaurar la legitimidad de sus representaciones públicas, tal como
lo ha impreso en sus estatutos, como lo ha grabado en su historia, y como lo reclaman, la civilización y
la cultura. Ni la solución benéfica está en el triunfo de determinadas fuerzas, sino en que sea la que
fuere, la obtenga justa y legalmente” (Yrigoyen, 1986: 181-182). (6)
Recién en 1918 la UCR obtuvo la mayoría en la Cámara de Diputados de la Nación, mientras los
conservadores dominaron el Senado durante todo el período. En consecuencia, Yrigoyen era tan solo
el jefe de la administración nacional, y como tal, recurrió al uso del patronazgo del Estado, es decir,
al reparto de cargos públicos con fines electorales, para afianzar su poder. Mantuvo en sus puestos
a los empleados de la administración anterior, a los que agregó desde 1918, otros de origen radical,
con el consecuente aumento del gasto público. No obstante, a diferencia del gobierno nacional, en
las provincias y municipalidades gobernadas por el radicalismo eran frecuentes los desplazamientos
de empleados opositores. Por ello, la mayoría de los nombramientos del gobierno fueron en el
Consejo Nacional de Educación, correo, aduana y la Defensa Agrícola, por tratarse de reparticiones
que distribuían personal en todo el país. Era para que colaboraran con los candidatos partidarios en
la elecciones locales (Persello, 2000). (7)
Para mí es terrible comprometer a mi pueblo en la Gran Guerra. No puedo hacerlo dejándome guiar
nada más que por razones de afinidad. Es preciso que tengamos un agravio concreto, un casus belli.
Alemania no ha quebrantado ninguna promesa contraída con nosotros (Peterson, 1985: 15). (10)
La República Argentina soporta como Estado neutral, las consecuencias mediatas de la guerra; pero,
no puede consentir como legítimo el daño directo, a base de convenciones que le son extrañas, o por
imposiciones de una lucha en que no participa. (...) El Gobierno Argentino no puede reconocer que el
intercambio de la producción neutral del país sea motivo de una clasificación bélica, restrictiva de su
legítima libertad de acción y de evidente menoscabo a su soberanía” (Yrigoyen, 1986: 222). (11)
Mientras en la Tercera República Francesa, desde la década de 1890, una creciente bancada
socialista venía promoviendo el comienzo de la legislación laboral, en el Reino Unido las reformas
sociales las iniciaron los gobiernos liberales a principios del siglo XX, destacándose, entre otras, las
siguientes medidas:
Si el radicalismo parecía, durante su etapa abstencionista inclinarse por las medidas revolucionarias,
una vez en el poder se mostró más inclinado a oficiar de integrador entre intereses contrapuestos
(Gorostegui de Torres, 1980: 201).
El país atravesaba una etapa de contracción económica, que fue generada por la Primera
Guerra Mundial, época en la que aumentaron los precios mundiales de los cereales y de los fletes
marítimos. Por ello, las naciones europeas disminuyeron las importaciones de granos, se dificultó la
importación de insumos industriales y se agudizó la inestabilidad laboral. En consecuencia, en 1917,
había en Argentina unos cuatrocientos sesenta mil desocupados, que equivalían a casi el 20% de la
población económicamente activa. Durante la gran huelga obrera de ese año en dos frigoríficos
estadounidenses reprimió la marina de guerra. En febrero de 1918 los obreros retornaron al trabajo
sin lograr la jornada de ocho horas reclamada, ni el pago de las horas extras y otras demandas. (14)
Para atender al problema de la desocupación, Yrigoyen propuso varias medidas, que la
oposición conservadora se negó a tratarlas en el Congreso. Ellas se referían, entre otras cosas, al
desarrollo de un plan de obras públicas y la compra de barcos mercantes para abaratar fletes. El
gobierno, a su vez, dispuso de créditos hipotecarios para los arrendatarios. (15)
Con la guerra, el aumento en los ingresos del sector agroexportador y un cierto afianzamiento
de la industria no alcanzaron a paliar el rápido deterioro de los salarios frente a la inflación
creciente. Como resultado del incremento del costo de vida se sucedieron movimientos huelguistas,
estimulados a principios de 1918 por las noticias sobre la triunfante Revolución Rusa y las continuas
huelgas en Alemania, Italia, el Reino Unido y otros países europeos.
El gobierno, ante la inestabilidad social, impuso el arbitraje obligatorio del Estado en las
huelgas. Si bien, generalmente, fallaba a favor de los trabajadores, hubo algunos casos de
descontrol reprimidos violentamente, como ocurrió durante la llamada Semana trágica de 1919, que
tuvo origen en una huelga sectorial de obreros de los Talleres Metalúrgicos de Pedro Vasena, en
Barracas. Los huelguistas exigían la reducción de la jornada de trabajo de once a ocho horas,
aumentos escalonados de jornales, la vigencia del descanso dominical y la reposición de los
delegados obreros cesanteados al iniciarse el conflicto, que se extendió entre el 7 y el 13 de enero
del citado año. (16)
El 7 de enero, los huelguistas arrojaron piedras a trabajadores que no habían adherido a la
medida de fuerza y se dirigían hacia los depósitos custodiados por policías, que dispararon sus
fusiles matando a cuatro obreros y dejando una treintena de heridos. Inmediatamente declaró la
huelga la Sociedad de Resistencia Metalúrgica y se sumaron entre otras entidades, la FORA del V
Congreso y la FORA del IX Congreso, convocando a la huelga general, para el 9 de enero, día del
sepelio de las víctimas. En esa fecha la actividad en la Capital Federal quedó paralizada por el paro
de los obreros y tranviarios y del subterráneo, la destrucción de tranvías y del cableado eléctrico. A
su vez, los obreros que acompañaban el cortejo fúnebre hasta el cementerio de la Chacarita, al
pasar por Yatay y Corrientes ingresaron al convento del Sagrado Corazón de Jesús gritando
consignas anticlericales, resultando ametrallados por la policía. Otros grupos asaltaron armerías. En
Retiro y Palermo fueron baleados algunos trenes. (17)
Yrigoyen designó al general Luis Dellepiane comandante de la Capital. Para terminar con el
conflicto, el jefe de policía, Elpidio González, negoció sin éxito con la FORA IX Congreso, sobre la
base de presionar a la empresa Vasena para que accediese al petitorio obrero y se liberasen los
detenidos solicitados por los dirigentes gremiales. (18)
Pero, el peso de la Federación Obrera Ferroviaria influyó en la decisión de la FORA IX Congreso
a declarar la huelga general. Varios de sus sindicatos consideraban que era el momento de lograr
reivindicaciones específicas. También continuó la huelga general la FORA V Congreso por razones
revolucionarias. La Capital amaneció el 10 de enero totalmente paralizada. Dellepiane distribuyó
treinta mil efectivos, la mayoría de ejército, aunque incluían a más de dos mil marinos y policías.
Ese día murieron medio centenar de huelguistas y un bombero. Finalmente, la empresa Vasena
concedió a sus trabajadores la jornada de ocho horas y aumentos salariales. Pero al día siguiente
hubo tiroteos en varios barrios de la ciudad y un intento de toma del Depósito de Aguas Corrientes.
La respuesta gubernamental fue una gran redada de dirigentes sindicales con casi cinco mil
detenidos.
Cuatro meses después de la Semana Trágica, Yrigoyen envió al Congreso el proyecto de ley
sobre contrato colectivo de trabajo, al que definió como “una convención celebrada entre patrones y
obreros sobre las condiciones de trabajo y del salario”. En julio el presidente puso a consideración
del Congreso la extensión a los obreros de los territorios nacionales de la legislación obrera
nacional. También impulsó la creación del juzgado de trabajo de la Capital Federal (Yrigoyen, 1986:
267-271).
Mientras tanto, el sector ganadero productor de animales de calidad intermedia e inferior,
comenzó a sentir, desde 1920, la caída de la demanda externa, debido a que, el Reino Unido empezó
a comercializar los excedentes de carne congelada acumulados durante la guerra y a importar para
su consumo preferentemente carne enfriada. Ese año, el PEN vetó una ley promovida por senadores
conservadores, que proponía crear una empresa ferroviaria mixta, denominada Ferrocarriles
Nacionales, que incluiría a las líneas Central Norte Argentino, Formosa a Embarcación y Metán a
Barranqueras, fusionadas con la red de los ferrocarriles Central Córdoba, Córdoba y Rosario, y
Central Extensión a Buenos Aires. Según Yrigoyen:
el Poder Ejecutivo juzga que la ley sancionada por V. H., entraña un verdadero despojo de uno de los
primordiales factores de prosperidad del país, como son los ferrocarriles, e implica el retardo y acaso
el malogramiento del propósito determinante del gobierno en el sentido de llevar lo más rápido posible,
todos los beneficios de los ferrocarriles a los pueblos y zonas de la República donde sus riquezas
permanecen estancadas sin perspectiva de que se las incorpore al desenvolvimiento general de la
Nación (Yrigoyen, 1986: 177-179).
Desde la presidencia de Mitre, los colegios nacionales (bachilleratos) estaban reservados casi
exclusivamente a la élite. Durante las primeras décadas del siglo XX, fueron incluyendo a nuevos
sectores sociales con preparación y aspiraciones hacia el ejercicio de funciones políticas dentro de
un sistema oligárquico. En un país que se modernizó de manera muy rápida, con una veloz
urbanización, sin desarrollo industrial, la creciente clase media, al no encontrar en las ocupaciones
privadas la movilidad social deseada, se fue burocratizando y buscando progresar a través del
Estado. La ampliación del gasto público, fue así, abriéndole el acceso a la educación superior y a la
administración pública. En ese sentido, la crisis de 1890 había puesto de manifiesto que el sistema
educativo formaba recursos humanos para trabajar en el aparato estatal, que la administración
gubernamental no llegaba a absorber. La alternativa que un sector de la oligarquía encontró como
solución fue la diversificación de los estudios hacia modalidades técnicas que apartaran del camino
político a un sector importante de los que accedían a la escuela media, fraccionando el sistema en
escuelas profesionales especializadas, para alejar de la élite directiva a otros núcleos sociales en
ascenso. El producto inmediato fue la creación de las primeras escuelas comerciales en Buenos
Aires y Rosario, y el Colegio Industrial.
Cuando Yrigoyen asumió la presidencia, se estaba implementando en el país la reforma
educativa propuesta por el ministro de Justicia e Instrucción Pública del gobierno anterior, Dr.
Carlos Saavedra Lamas, que incluía una escuela intermedia de tres años, con el propósito de
capacitar personal para trabajar en la industria, procurando contemporizar con la Unión Industrial
Argentina, que se había opuesto a la creación de nuevos colegios industriales, proponiendo en su
lugar, la instalación de escuelas de artes y oficios, debido a que, según la UIA:
los alumnos de los colegios nacionales y de las escuelas normales e industriales, aun de los de la
Escuela Intermedia recientemente creada, pertenecen en general a la clase media, y una vez que han
cursado las materias que allí se enseñan difícilmente se someten a la vida de taller como simples
obreros (Tedesco, 1980: 74). (20)
Colegio Nacional 14 5 16 18 34 87
Escuela de Comercio - 3 6 10 23 42
Período Porcentaje
1900-1905 8,8
1905-1910 12,0
1910-1915 12,9
1915-1920 7,9
1920-1925 4,7
1925-1930 7,0
1930-1935 4,1
1935-1940 8,0
1940-1945 5,5
1945-1950 10,0
1950-1955 7,8
1955-1960 3,6
1960-1965 6,9
1965-1970 4,3
Cuando asumí el Poder Ejecutivo… entre las reglas de conducta que fijamos, fué una de ellas, que
desde los estrados del poder pasaríamos directa y únicamente a nuestras casas y de allí a las filas de la
opinión pública que ha de cimentar y custodiar los esplendores alcanzados por nuestra patria para
hacerla cada vez más eminente y grandiosa (Yrigoyen, 1986: 150). (22)
3. La presidencia de Alvear (1922-1928)
1º) Ley 11.205 de creación del frigorífico nacional de la Capital Federal y de los depósitos
distribuidores de carne: no se cumplió.
2º) Ley 11. 210 Antitrusts: no se cumplió.
3º) Ley 11.226 de contralor del comercio de carnes: se suspendió porque los frigoríficos cuestionaron
su constitucionalidad.
4º) Ley 11.227 de precios mínimos del ganado y máximos de la carne: tuvo corta vigencia con
respecto al ganado, no se aplicó para la carne.
5º) Ley 11.228 de venta por peso vivo: fue la única de cumplimiento efectivo.
De tal modo presionó la sobreproducción que las exportaciones de carne pasaron de unas
416.000 toneladas en 1920 a 976.000 t en 1925. Al año siguiente empezaron a bajar los precios
internacionales del trigo (Giberti, 1985). Mientras tanto, en 1927, la UCRA publicó un manifiesto
condenando el personalismo de Yrigoyen. La UCRA se separó de la UCR y formó con los
conservadores el Frente Único, que para las elecciones de 1928 impulsó la fórmula Leopoldo Melo y
Vicente Gallo, derrotada por Yrigoyen en la elección presidencial. Por entonces ya habían empezado
a bajar los precios internacionales del maíz, complicando el Balance Comercial argentino, que en la
década del veinte se había vuelto negativo. (24)
Las leyes mineras nacionales (…) fueron dictadas en una época en que no podía sospecharse el valor
económico y la importancia social que adquirirían en lo futuro los aceites minerales o hidrocarburos
industrializados y puestos en el comercio. De ahí que no introdujera una excepción dentro del régimen
legal adoptado a las substancias naturales existentes en el subsuelo, distribuyendo su dominio entre la
Nación y las provincias (…) lo que significa entregar la dirección de los enormes intereses de todo
orden relacionados con el petróleo, al criterio administrativo múltiple, cambiante y frecuentemente
contradictorio de catorce jurisdicciones, además de la jurisdicción federal. (…) A fin de… conservar los
beneficios del petróleo para el pueblo de la República, es menester organizar un régimen legal que
consulte las exigencias del interés de la Nación, poniendo en manos del Estado el dominio efectivo de
los Yacimientos Petrolíferos y confiriéndoles el monopolio de su explotación y comercialización
(Yrigoyen, 1986: 172-174). (29)
En 1930, podían identificarse dentro del ejército argentino tres sectores bien definidos:
1. Los liberales (justistas): liderados por el general Agustín Pedro Justo (ministro de Guerra del
presidente Alvear), representaban a la mayoría de los oficiales de la fuerza. No estaban
dispuestos a dar un golpe de Estado porque no querían aparecer ante la opinión pública
como rupturistas del orden constitucional, pero tampoco defenderían al gobierno radical.
Justo aspiraba a llegar a la presidencia por la vía electoral.
2. Los nacionalistas (uriburistas): conducidos por el general José Félix Uriburu (antiguo oficial
mitrista, miembro de una familia tradicional del norte del país), eran clericales,
antimasónicos, antiliberales, antidemocráticos, partidarios de la instauración de un orden
oligárquico corporativo dirigido por la élite ganadera. Integraban grupos minoritarios dentro
de la institución militar, aunque durante la década del treinta fueron creciendo
numéricamente.
3. Los radicales: eran oficiales alineados con referentes políticos de la UCR por razones
ideológicas o personales. Esperaban instrucciones que no llegaron de los dirigentes a
quienes eran leales.
Durante la gestión del ministro de Guerra Dellepiane se aprobó un aumento de los sueldos
militares y se tomaron medidas para equiparar las pensiones del personal retirado con los salarios
del que se encontraba en servicio activo, sin exigencia de contribuciones de los beneficiarios. Se
autorizó el aumento de oficiales en todos los grados, desde subteniente hasta teniente coronel, por
encima de los niveles previstos en el presupuesto. Por entonces, también eran comunes las
reincorporaciones de personal y cadetes. Se redujo la edad requerida para poder gozar del retiro
con sueldo íntegro. Se regularizó el status de los profesionales asimilados. Se estableció un
procedimiento de ascenso para los suboficiales destacados. Las medidas, en general, se orientaron
más hacia los beneficios de los individuos que a la operatividad de las fuerzas. Sin embargo, no se
elevó al Senado listas de ascensos a los grados superiores (desde coronel o equivalente en adelante)
durante 1929. Se interrumpió el programa de Alvear sobre mejora de las instalaciones militares y
reequipamiento, deteniéndose la construcción de instalaciones castrenses, incluida la fábrica de
aviones militares de Córdoba. También se redujo el programa de adquisición de armamento en el
exterior y se postergó el pago de contratos por materiales entregados. A raíz de ello, en julio de
1929, el personal naval enviado para recibir dos destructores de un astillero británico se vio
obligado a esperar porque los constructores resolvieron no entregar las naves por falta de pago de
varias facturas pendientes. Los periódicos de Buenos Aires publicaron extensos artículos acerca de
la situación, describiendo a los marinos argentinos errando sin dinero por las calles inglesas. La
tripulación tomó posesión de los barcos a principios de septiembre. (34)
Lo expuesto contribuyó a desgastar las relaciones entre el gobierno y las [Link]. No obstante,
solo la facción uriburista conspiraba contra las autoridades constitucionales. Dellepiane propuso a
Yrigoyen frustrar el golpe arrestando a los oficiales implicados, y reorganizar su gobierno mediante
la expulsión de varios ministros y funcionarios. La negativa de Yrigoyen precipitó su renuncia el 2
de septiembre de 1930, que allanó el camino para el cuartelazo del día 6. En ese momento, Yrigoyen
se encontraba en uso de licencia por razones de salud. Fue el vicepresidente en ejercicio, Dr.
Enrique Martinez, quien dimitió ante Uriburu en la Casa Rosada. Más tarde, Yrigoyen, que se había
trasladado a La Plata, procurando obtener el apoyo de su guarnición, también renunció (Potash,
1985).
A modo de síntesis, es menester reconocer la cuota de responsabilidad de los primeros
gobiernos radicales en la ampliación del gasto público, la profundización del déficit fiscal y el
aumento del personal en la administración pública, con su consecuente presión tributaria, en un
contexto de ampliación de la participación popular. Sin embargo, la endémica corrupción política,
claramente observable antes de 1916, en los años 30, en décadas posteriores y en años recientes,
contrastan con la austeridad de Yrigoyen, quien llegó a la función pública siendo estanciero y se fue
de ella sin estancias. También de Alvear, el hombre más rico de Sudamérica, que tras su paso por el
gobierno no era tan acaudalado. Pero especialmente de Elpidio González, quien no aceptó cobrar el
sueldo de vicepresidente, considerando que no correspondía percibir ingresos por desempeñar un
cargo electo con el que el pueblo lo había honrado. Luego, en los años treinta, endeudado, viviendo
en la pensión de Av. de Mayo y Av. 9 de Julio, cuando vendía anilinas Colibrí a los zapateros, no solo
obligaba en los tranvías a que le cobraran el boleto, sino que, además, rechazó el dinero que le hizo
llegar el presidente Justo y por carta al presidente Dr. Roberto Ortíz manifestó su “decisión
irrevocable” de no acogerse a la ley por la que se concedió una asignación vitalicia a los
expresidentes y vicepresidentes de la Nación. Ese fue el legado de la Reparación radical.
En los años treinta, el retorno a las prácticas fraudulentas en los comicios, los negociados de los
gobiernos conservadores y la represión policial harán un fuerte contraste con la notable
participación popular que había caracterizado a los gobiernos radicales.
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1. La Constitución de la Nación Argentina hacía referencia al sistema electoral, quedando este a criterio de las
leyes reglamentarias. Recién la Reforma de 1994 estableció en el art. 37º que el sufragio es universal, secreto
y obligatorio, garantizando a través del art. 38º la representación de las minorías. Generalmente se realizaban
las elecciones en los atrios de iglesia, las intendencias y los juzgados de paz. Era común que el número de
votantes superara al de inscriptos en el padrón de cada mesa receptora de votos. Incluso, a comienzos del siglo
XX ya era de estilo el comercio de libretas de inscripción y la compra de sufragios. Las juntas escrutadoras
abrían las urnas y reemplazaban las boletas depositadas, alterando el resultado.
2. En Europa, la ampliación de la participación electoral fue una respuesta de los gobiernos a las tensiones
sociales, procurando regular el conflicto social, a través del reconocimiento de las minorías. En el viejo
continente, a fines del siglo XIX, las reformas electorales habían permitido la difusión de la lista incompleta,
que reconocía solo a la mayoría y a la primera minoría en una relación de 2×1. Menos conocidos eran los
sistemas proporcional (que permite tantas minorías como listas alcancen el mínimo de sufragios necesarios
para obtener un legislador) y uninominal por circunscripciones (un solo candidato por sección electoral).
3. La UCR es un partido policlasista que se define por la defensa del estado de derecho, la independencia de
poderes, la transparencia institucional (y obviamente electoral), y la libertad de expresión, fiel al radicalismo
francés de 1789, razón por la cual su heterogeneidad y pluralismo son tanto social como ideológico, mientras
se sustenten los principios mencionados.
4. En 1901, los políticos más influyentes del país, el general Julio Argentino Roca (presidente de la Nación) y su
ministro del Interior Pellegrini, rompieron su alianza por desinteligencias en torno a la negociación de la deuda
soberana. Pellegrini pasó a la oposición y comenzó a reclamarle al gobierno el reconocimiento de las minorías.
En respuesta, su sucesor en el Ministerio del Interior, Dr. Joaquín Víctor González promovió la sanción de su