Turismo Rural Comunitario Mexico
Turismo Rural Comunitario Mexico
2018
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Maxime Kieffer
Resumen: Este artículo analiza, con un enfoque comparativo, los procesos ocurridos en la construcción de
iniciativas de Turismo Rural Comunitario (TRC), así como en el manejo actual de las mismas, a través de
la percepción de los actores involucrados, consolidada por observaciones y resultados obtenidos en trabajo
de campo. La investigación se centró en cuatro iniciativas de TRC en México y utilizó una metodología
cualitativa y participativa. Pudimos identificar elementos claves, algunos similares, otros propios a cada
proceso, que influyeron de manera positiva y negativa en las iniciativas. Así mismo, la investigación mostró
las relaciones existentes entre los procesos de construcción de las iniciativas y su fase actual, resaltando
la importancia de la participación local, de la cohesión social y del capital social comunitario como factores
claves del éxito de las iniciativas de TRC.
Palabras Clave: Turismo rural comunitario; Cooperativa; Organización colectiva; Enfoque comparativo; México.
1. Introducción
“Aquel tipo de turismo desarrollado en zonas rurales en el que la población local, a través de distintas
estructuras organizativas de carácter colectivo, ejerce un papel protagónico en su desarrollo, gestión y
control, ofreciendo actividades respetuosas con el medio natural, cultural y social, y con los valores de una
comunidad, que permite disfrutar de un positivo intercambio de experiencias entre residentes y visitantes,
donde la relación entre el turista y la comunidad es justa y los beneficios de la actividad son repartidos
de forma equitativa”.
*
E-mail: mkieffer@[Link]
2. Enfoque metodológico
2.1. Metodología
Para coincidir con un análisis micro-social, la investigación, de corte cualitativa, participativa y
comparativa, constó de varias etapas en su implementación metodológica.
La primera etapa consistió en seleccionar estudios de casos relevantes para el análisis comparativo.
Dos estados se pre-establecieron para la búsqueda: Chiapas, por ser un estado pionero en México en
cuanto a implementación de iniciativas turísticas comunitarias y por contar con un número importante
de iniciativas; el estado de Michoacán, por contar con experiencias interesantes de desarrollo comunitario
a través del turismo y con la finalidad de comparar contextos diferentes. Los criterios elegidos para
dicha selección fueron los siguientes:
––Iniciativas que cumplan con los elementos clave de las definiciones del TRC, es decir, respaldadas por
una organización colectiva, que ofrezcan actividades respetuosas de la cultura y del medioambiente
y que tengan una política de desarrollo comunitario a través de una repartición de beneficios a
nivel local, de una participación en proyectos sociales y ecológicos y del empleo de miembros de la
comunidad (Cañada y Gascón, 2007; García, Jouault y Romero, 2015; Gascón, 2009);
––Iniciativas con al menos diez años de existencia y reconocidas a nivel nacional, con el propósito de
contar con experiencias con una trayectoria de mediano plazo y un proceso amplio en términos de
organización colectiva, tomas de decisiones, manejo de la actividad turística, etc.;
––Iniciativas cuyos actores hayan mostrado interés en participar en un trabajo de reflexión sobre
su experiencia turística comunitaria.
La segunda etapa consistió en identificar los elementos claves valorados desde la perspectiva local
así como la experiencia subjetiva de los socios de las cuatro iniciativas en su fase de construcción del
proyecto turístico. Para ello se realizaron talleres colectivos, así como entrevistas semi-abiertas colectivas
e individuales a los socios para, de un lado, generar un consenso y una historia colectiva acerca de la
experiencia de construcción de la actividad turística, y por otro lado identificar los elementos claves
de dicha experiencia.
En la tercera fase, se procedió al mismo trabajo que en la fase anterior, enfocando los talleres y las
entrevistas no en la fase de construcción de la iniciativa turística, sino en la fase de gestión actual del
turismo. Ese enfoque, separando las dos grandes etapas de un proceso global de implementación de
una actividad turística en comunidades rurales, permite no solamente comparar las iniciativas entre
sí, sino también hacer una comparación de los sucesos del proceso de construcción de la iniciativa con
sus resultados actuales.
Finalmente, en la última etapa, se analizaron y compararon de un lado los resultados entre los
distintos estudios de caso, y de otro lado los procesos pasados y actuales de cada iniciativa, para poder
construir nuevos conocimientos sobre el turismo en comunidades rurales.
principal del pueblo es la pesca tradicional así como el turismo. La comunidad del Faro está ubicada en
una zona de fuertes conflictos socio-ambientales por el control y explotación de los recursos naturales,
a causa de la existencia de minerales y maderas preciosas. La actividad turística empezó a finales de
los años 70 con el impulso de los Gobernadores del estado de aquel entonces, Carlos Torres Manson,
seguido de Cuauhtémoc Lázaro Cárdenas Solórzano, a través de programas de la Comisión Nacional
para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI). Se organizó una cooperativa con 6 socios, familiares,
que siguen siendo los mismos hoy en día.
En Chiapas, se eligió trabajar con el Centro Ecoturístico Causas Verdes Las Nubes, ubicado en la
comunidad de Las Nubes, en el municipio de Maravilla Tenejapa, que cuenta con 326 habitantes (INEGI,
2010). La comunidad inició su actividad turística a mediados de los años 90 mediante una organización
en la que participaron los 47 ejidatarios de la comunidad. La organización inicial se formalizó a través de
una cooperativa formada por 30 personas (ejidatarios y no ejidatarios), misma que cuenta actualmente
con 21 socios. Las actividades tradicionales de Las Nubes son la agricultura tradicional y la ganadería
extensiva. Recientemente, han surgido nuevas iniciativas turísticas colectivas, aprovechando los
distintos apoyos gubernamentales disponibles para la creación de empresas comunitarias de turismo.
Finalmente, el cuarto caso elegido fue el Centro Ecoturístico Ara Macao Las Guacamayas, ubicado
en la comunidad de Reforma Agraria, del municipio de Marqués de Comillas, que cuenta con 145
habitantes (INEGI, 2010). Este centro inició también su actividad turística a mediados de los 90’s, en
1996. Años anteriores, la comunidad había empezado a involucrarse en proyectos de conservación de
las Guacamayas. De los 40 ejidatarios que iniciaron la actividad turística, tres se quedaron al frente
durante cuatro años, por los pocos ingresos generados y la dificultad de seguir trabajando. A través de
nuevos apoyos gubernamentales, el Centro se recuperó a partir del 2000 y algunas personas regresaron
a ser socios de la cooperativa, para llegar hoy en día a ser 20 socios, entre ejidatarios y no ejidatarios.
La actividad principal de la comunidad es la ganadería extensiva, seguido de la agricultura de auto
subsistencia, y ahora el turismo.
Tuvimos un grave problema, con la secretaría de turismo antes, en el 2003 o 2004 mas o menos. Nos apoyó
con seis suites. Eso también lo diseñaron allá ellos, no fue gestión de nosotros. Lamentablemente no estuvo
bien diseñado. Allí hubo una problemática muy grave con los arquitectos que ellos contrataron para hacer el
diseño. [...] Lo vimos muy raro nosotros y dijimos que no estábamos de acuerdo, contradecíamos esa parte.
Nosotros decíamos que ellos estaban medio mal de la mente porque cómo iban a quedar así. Empezamos
a pelear con ellos. Finalmente no funcionaron, funcionaron un tiempo. Y ahí hubo una inversión de 4
millones 600 mil pesos.
La participación de los actores locales durante la fase de construcción de las iniciativas turísticas
estudiadas ha sido bastante limitada, aunque a medida que avanzaba el proceso, los grupos han intentado
poco a poco influir en las tomas de decisiones de los programas y en los rubros a financiar a través del
análisis de sus necesidades. Esa conceptualización de la participación como herramienta fundamental
del discurso y la praxis del desarrollo concibe a las comunidades como simples beneficiarios de una
política pública asistencialista, en este caso, de TRC, sin buscar fomentar niveles de participación más
avanzados (Arévalo-Robles y Rico-Falla, 2008). Las Guacamayas fue el único grupo que mencionó que sí
tuvo un papel más activo en las tomas de decisiones sobre la iniciativa turística; los demás admitieron
una actitud pasiva, no por no querer sino por falta de capacitación en el tema, porque los proyectos ya
venían diseñados, y porque los financiamientos tenían partidas pre establecidas por las dependencias
a cargo. Así que, tal como lo comenta en entrevista un socio1 de una de las iniciativas, “prácticamente
hacíamos lo que nos decían que debíamos hacer”. Los socios de las cuatro iniciativas participaron con mano
de obra en la construcción de los centros ecoturísticos, además de otros miembros de las comunidades.
Un primer elemento clave identificado por los socios en el proceso de construcción de las iniciativas
fue el apoyo financiero de las distintas dependencias ya mencionadas que permitió empezar con
la creación de infraestructura. Los socios de las cuatro iniciativas coinciden en considerar que los
financiamientos gubernamentales recibidos fueron el detonador de las iniciativas sin el cual hubiera
sido imposible iniciar. Además de aquel impulso gubernamental, la presencia de una persona externa
a la comunidad, generalmente un asesor de la CDI, una persona vinculada a un organismo de la
cooperación internacional, o bien una personalidad política, que impulsara y animara a la comunidad
a ofrecer servicios turísticos se mencionó como otro factor clave en el proceso de creación turística. Así,
un socio de El Faro comentó: “Ya el CDI vino a darnos la idea porque el turismo está pidiendo donde
hospedarse. Entonces ya nos echó la mano el CDI” (socio de la cooperativa de El Faro, en entrevista el
31/10/15). La figura del elemento externo se reconoció explícitamente en tres de las cuatro iniciativas,
siendo en Las Guacamayas un agente de desarrollo al inicio, y posteriormente el ex-Gobernador del
estado, Pablo Salazar (2000-2006) y el mismo ex-Presidente de la República Vicente Fox quienes
promocionaron con mucho énfasis a dicha comunidad; en las Nubes, un antropólogo de la CDI fue quien
introdujo el tema del turismo en la comunidad y que tuvo un papel de puente entre la comunidad y el
Gobierno: “el que nos ayudó mucho fue uno de la CDI. El venía, daba pláticas, daba cursos, mandaba a
comprar refrescos, compraba gallinas, invitaba a todos a comer. Eso nos animaba. Estamos hablando
del 2001” (socio de la cooperativa de Las Nubes en entrevista el 27/07/15); en El Faro, el ex-Gobernador
del estado Carlos Torres Manzo (1975-1980) fue quien llevó por primera vez a la comunidad la idea del
turismo, seguido por Cuauhtémoc Cárdenas (1980-1986) quien impulsó fuertemente el turismo en la
localidad e inauguró, junto con el ex-Presidente de la República Miguel de la Madrid (1982-1988), un
restaurante y tres palapas, que constituyeron las primeras piedras del centro ecoturístico que habrá
de nacer a principio del 2000.
En términos organizativos, los resultados también mostraron coincidencias entre las cuatro iniciativas.
La figura jurídica elegida para sostener el turismo ha sido la cooperativa, cuyo socios son miembros de
las comunidades. En las cuatro iniciativas, un proceso similar de baja de socios ocurrió a los pocos años
de la creación de la sociedad cooperativa, los beneficios económicos tardando en llegar y el compromiso e
inversión en tiempo de cada socio siendo importante. Uno de los factores que las cooperativas detectaron
como el principal elemento clave para desarrollar la actividad turística fue el haber sostenido una
organización colectiva durante varios años. Los socios mencionaron que esa organización colectiva
fue basada en una cohesión social fuerte del grupo aunque, como se acaba de mencionar, varios socios
abandonaron la aventura en el camino. Sin embargo, cada cooperativa ubicó distintos elementos que
favorecieron esa cohesión social como base para la organización colectiva: en Las Nubes, la religión, con
más del 75% de los socios que son Testigos de Jehová, ha sido el elemento, según los propios socios de
la cooperativa (en entrevista el 27/07/15), que permitió mantener el grupo unido y que ha sido fuente
de buen manejo de recursos.
Lo que nos ha ayudado a organizar es que nosotros pertenecemos a una organización de testigos de
Jehová y eso nos ayuda, a trabajar más que nada, a ser trabajadores. [...] Hemos visto que a veces otras
organizaciones se van con el problema de que al rato no se aplica todo el recurso o que al rato ya se compró
un carro nuevo el representante. Eso lo hemos visto en otras organizaciones aquí cercanas.
En Las Guacamayas, los socios comentaron que el ser originarios del estado de Oaxaca, cuya región
tiene fuertes mecanismos de organización colectiva como lo es el tequio 2 por ejemplo, y por haber
migrado hacia Chiapas y vivido fuertes experiencias de vida, les permitió mantener una cohesión social
fuerte, basada en mecanismos colectivos tradicionales; en El Faro, la cohesión social se basó en los lazos
familiares que unen a los socios y por ser una cooperativa reducida, contando solamente con seis socios.
Además de la cohesión social como rasgo importante de la organización colectiva, los socios de
Las Guacamayas mencionaron el hecho de haber llevado a cabo otros proyectos colectivos como el de
conservación ambiental del ara macao previamente a la actividad turística. La buena relación con
la comunidad, en los cuatro casos, también resultó ser un elemento importante de la organización
colectiva. Finalmente, las cuatro iniciativas admiten que han cometido muchos errores en la etapa de
desarrollo del turismo debido a la falta de conocimientos sobre el tema y a la poca capacitación para
tomar buenas decisiones.
entonces no necesariamente existe una política clara de distribución o transferencia de ingresos entre
la actividad turística y el resto de la comunidad.
Aparte de esa relación entre el centro ecoturístico y la comunidad, es interesante notar que en los
cuatro casos estudiados, los centros ecoturísticos se encuentran separados físicamente de la comunidad,
sea a través de la ubicación del centro o mediante una reja que delimita el espacio turístico. Si bien esa
separación permite a la comunidad preservar su integridad, también hace que el vínculo comunidad‑
-turista sea difícil, aún cuando este elemento aparezca como uno de los principales atractivos, o incluso
razón de ser del TRC.
Otros de los elementos claves en la gestión turística que, si bien no son propios de las iniciativas de
TRC, también influyen mucho en ellas, tienen que ver con la capacitación del personal de los centros
turísticos, la promoción y la comercialización y los servicios ofrecidos.
Las Guacamayas y Las Nubes han manifestado una política muy clara de capacitación de sus
empleados y socios que, aunque no siempre haya dado muy buenos resultados, permite elevar la calidad
del servicio. En Angahuan y en El Faro las capacitaciones del personal han sido más limitadas, lo que se
traduce por una atención más informal y menos organizada. En cuanto a promoción y comercialización,
Las Guacamayas se distingue por tener una página internet activa en la cual se puede reservar y pagar
directamente en línea5. Las Nubes, aunque no tiene como tal su propia página Internet, se encuentra
fácilmente en la red a través de páginas web de viajeros tal como [Link], lo que fomenta la
promoción turística. En cuanto a Angahuan y El Faro, su presencia en Internet es baja y sus políticas
de promoción son incipientes, situación que afecta la tasa de ocupación de sus centros.
Tal como se ilustró en los resultados, el proceso de construcción de las iniciativas de TRC ha sido
largo y difícil para las comunidades rurales que no estaban preparadas a incursionar en la industria
turística. La aparición de estas iniciativas coinciden todas en fechas (finales de los 90’s – principios de
los 2000’s) y responde claramente a la política internacional de lucha contra la pobreza encabezada
por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a través de los Objetivos de Desarrollo del Milenio
(ODM) e implementada en México. Las áreas rurales constituyen escenarios con gran diversidad de
recursos culturales y naturales que han sido consideradas como una oportunidad para fomentar las
iniciativas de TRC. Es por ello que se ha generalizado en estos territorios la implementación de dichas
iniciativas por parte de administraciones públicas y organizaciones no gubernamentales tanto nacionales
como internacionales.
Estos cuatro Centros ecoturísticos constituyen ejemplos de iniciativas turísticas comunitarias con
similitudes tanto en sus procesos de construcción como en sus fases actuales de gestión. Sin embargo,
como lo acabamos de analizar, los resultados han sido disparejos, aún cuando los programas, proyectos
y formas de operar fueran iguales. Esta situación contrastante nos demuestra el papel clave de las
comunidades rurales en la apropiación de las iniciativas turísticas. Los resultados recabados en la
presente investigación tienden a confirmar la importancia del empoderamiento (Sofield, 2003) y de la
generación de capital social y humano (Barbini, 2008; Durston, 2000) por los actores durante el proceso
de construcción de las iniciativas turísticas para la gestión actual. En efecto, a lo largo del proceso de
construcción y consolidación de la iniciativa turística, los socios participaron en talleres, algunos se
capacitaron en aspectos específicos de la cadena turística (cocina, recepción, primeros auxilios, guía, etc.).
De esa manera fueron adquiriendo capital humano, entendido como “el conocimiento y las habilidades
adquiridas que el individuo lleva a una actividad” (Ostrom y Ahn, 2003: 170). Por un lado fueron
acumulando conocimiento y práctica sobre la actividad turística, generando así una mejor relación
con los turistas y tomando confianza en relación al manejo de la iniciativa. Por otro lado tuvieron que
pasar por varios procesos de organización colectiva, revisión crítica del proyecto, resolución de conflictos
internos que terminaron consolidando su capacidad a enfrentar retos como grupo. Aparte de consolidar
los lazos en el grupo, este capital social que se generó permite a los socios ser más eficientes en la gestión
de sus otros capitales (humano, físico, etc.). La noción de capital social tiene muchas interpretaciones
e implicaciones, sin embargo podemos retomar el concepto desarrollado por Ostrom y Ahn en el marco
de la acción colectiva y las cuestiones de gobernanza: “consideramos que el capital social abarca los
conceptos de confianza, normas de reciprocidad, redes de participación civil, reglas y leyes” (Ostrom
y Ahn, 2003:170). Ahondar en este concepto resulta particularmente útil cuando se trata de analizar
procesos sociales en una comunidad ya que, como lo estudió John Durston, el capital social comunitario
permite conformar relaciones complejas de cooperación y gestión en un grupo, más allá de las redes sobres
las cuales se apoya el capital social individual. De esa manera el capital social colectivo o comunitario
es el fundamento de instituciones socioculturales, “sistemas complejos adaptativos” que rigen la vida
social de la comunidad. Durston (2000) menciona al respecto:
Las instituciones, entonces, son sistemas de normas y de relaciones sociales estables que resultan de las
interacciones en un grupo de personas, y que tienden a producir la satisfacción de necesidades de algunos
o de todos ellos (beneficios para) a un costo menor que en forma individual, o que sería imposible producir
de otra manera. El capital social individual es propiedad de quien puede beneficiarse de ello; el capital
social comunitario no es propiedad de nadie, pero contribuye al beneficio del grupo. (p. 22)
Así, la participación de los actores en la implementación de estas iniciativas de TRC, remite a una
conceptualización de la participación bastante limitada por parte de los impulsores de estas iniciativas,
sean aquellos instituciones gubernamentales, Organizaciones No Gubernamentales o agencias de
cooperación internacional. La participación, en estos casos, ha sido vista como una herramienta técnica,
una bondad indiscutible, un requerimiento que garantizaría en sí el éxito del Programa y legitimaría
las acciones implementadas, un paso indispensable en la aplicación de las políticas públicas, es decir
una herramienta de desarrollo. Esta situación ha sido analizada por Arévalo-Robles y Rico-Falla (2008):
La participación, sea cual sea su aproximación, tiene un estatus establecido dentro de la articulación de
los procesos de desarrollo y comienza a verse como una característica sine qua non, como un requisito más
a cumplir que valida la actuación en los procesos. (p.10)
El regreso del actor en los estudios contemporáneos sigue siendo poco explorado en el campo del turismo
y los presentes resultados demuestran la importancia del papel del sujeto de la práctica turística, no sólo
el turista o la persona usuario, sino también el prestador de servicio turístico (Kieffer, 2014; Sacareau,
2006). Este desplazamiento de enfoque conlleva una visión menos estructuralista o, tal como lo menciona
Hiernaux (2006: 424), en donde el “actor es el centro antes que la institución o la estructura”. Implica
igualmente tomar en cuenta una visión alternativa de los factores humanos, sociales e institucionales
necesarios para construir propuestas de desarrollo con el turismo (Muñoz Mazón, Fuentes Moraleda y
Fayos-Solà (2012). En Las Guacamayas, iniciativa en la que los actores locales han tenido un papel más
preponderante en la implementación del turismo y en la que los mismos socios son los gerentes, se ha
logrado fomentar un capital social fuerte entre los socios de la cooperativa, situación propicia a mejores
resultados actualmente en cuanto a organización interna, gestión del personal, desarrollo comunitario,
conservación ambiental, servicio turístico, etc. En Angahuan, Las Nubes y el Faro, la participación
local durante la fase de construcción turística ha sido más esporádica, dando resultados, en términos
organizativos por lo menos, menos favorables, tal como lo han reportado en otro contexto Garduño et
al. (2009). El caso de Angahuan, con los conflictos generados por la definición confusa de las reglas de
renta de caballos, remite a una falla en el capital social comunitario: se puede perder el control colectivo,
dejando los “free riders” o “gorrón”, definidos por Olson (1965) como personas que están motivadas a
no contribuir en un esfuerzo común del que se beneficia y a “gorronear”, la posibilidad de beneficiarse
del capital social sin aportar esfuerzos o recursos propios a su fortalecimiento (Durston, 2003). Esa
organización interna no tan bien consolidada tiene repercusiones sobre la gestión turística en sí y, a
su vez, en la autosuficiencia financiera de las cooperativas que, como lo hemos visto, es la que permite
generar autoestima y lazos de confianza entre los actores locales. Esa ausencia de capital social se debe
también, además de la poca participación en la fase de construcción de las iniciativas, a los criterios
del autor, en la forma de administración de estas iniciativas que confían la gestión a alguien exterior al
grupo de socios. Las condiciones de trabajo poco valoradas así como el aislamiento de las comunidades
rurales hacen que se produzca un turn over de los gerentes bastante importante, lo que no permite una
continuidad en el trabajo del centro. En Las Guacamayas, el involucramiento de los socios en la gestión
hace que no exista esa separación entre el socio y el administrador, generándose así un compromiso
más efectivo del socio y un aprendizaje que se va acumulando para generar capital social. Al estar en
contacto directo con las actividades del Centro, los socios de Las Guacamayas lograron tener una visión
más clara de las necesidades, de la atención que se le da al cliente, de lo que hace falta, etc. En los otros
casos, los socios administran el lugar, toman decisiones, se reúnen, pero el rumbo general no lo tienen
claro, no hay visión a futuro, y siguen muy dependientes de las decisiones de la CDI, quien orienta los
proyectos, decide qué financiar, pone la infraestructura, el diseño, etc.. La situación actual es que estas
iniciativas reciben cada vez menos financiamientos, por considerarse como iniciativas ya consolidadas,
pero como no han logrado consolidarse del todo, su destino sigue vinculado a una especie de suerte. En
cambio en Las Guacamayas, parece ser que existe un rumbo claro de los socios, una reflexión sobre el
tipo de turismo que se quiere implementar.
El origen de la llegada de los turistas, como parte del proceso de construcción de las iniciativas
turísticas comunitarias también es interesante de resaltar. En los casos en donde existe un atractivo
turístico fuerte, un flag ship (Angahuan, Las Nubes, El Faro), es donde encontramos el nivel de orga‑
nización el menos consolidado, con un involucramiento más pasivo de los socios en la gestión turística.
En estos lugares en donde los turistas llegan de por sí porque existe un atractivo peculiar, los actores
locales no necesitan de mecanismos de organización fuerte o bien de un esfuerzo grande para atraer al
turismo, pues va a llegar de todos modos. En cambio, en Las Guacamayas, lugar en donde en realidad
no existe como tal un gran atractivo turístico, los socios han tenido que esforzarse para atraer turistas
y crear una oferta turística. Y es allí donde encontramos niveles de organización superiores a los otros
centros, una reflexión más profunda sobre el rumbo de la actividad turística, una relación más sólida
con la comunidad, etc. Sin querer llegar a una relación de causa-efecto entre el origen de la llegada de
los turistas y los niveles de organización, aparece que este elemento sí es un factor que influye en cómo
se maneja la actividad turística comunitaria.
5. Conclusiones
En numerosas comunidades rurales de México sigue prevaleciendo una organización colectiva del
territorio, respaldada por la figura institucional del ejido. La actividad turística, en la mayoría de los
casos, se vincula con estos procesos de organización colectiva y además, los atractivos turísticos, sean
éstos naturales o culturales, son generalmente considerados como recursos colectivos, perteneciendo a
la comunidad, en donde los ejidatarios y comuneros ejercen control, gestión y aprovechamiento. El TRC
hace énfasis en una mejor participación de los actores locales en las diferentes fases de elaboración de
las iniciativas turísticas, un mayor control sobre los recursos, una repartición equitativa de los beneficios
entre otros objetivos a través de tomas de decisiones consensadas a nivel comunitario (Campbell,
1999 ; Stronza y Gordillo, 2008). El TRC busca entonces que el capital generado por las familias que
trabajan en la actividad turística se distribuya en la comunidad, a través de formas de organización
que posibiliten la integración de sus miembros a los beneficios que aporta el turismo (Zizumbo, 2013).
Los resultados aquí presentados invitan a centrar los estudios vinculados al turismo, y en particular
al TRC, en el papel de los actores, que son claves en estos procesos colectivos. La generación de un
capital social comunitario fuerte, para lograr que las iniciativas turísticas existan en el largo plazo y se
conviertan en verdaderos instrumentos de desarrollo comunitario, es todo un reto para las comunidades
rurales. Más allá de las diferencias entre los centros ecoturísticos estudiados, las situaciones similares
encontradas nos permiten confirmar la importancia de la cohesión social de las comunidades rurales
como uno de los factores preponderantes que sostiene la organización colectiva con fines de desarrollo
comunitario y de conservación ambiental. En este sentido, aunque sea importante mencionar que
muchos otros factores pueden influir en el desarrollo de las iniciativas turísticas comunitarias, una de
las explicaciones de los fracasos de algunas de ellas podría residir en esa falta de cohesión social. Otra
de las situaciones encontradas en los cuatro casos es la relación asimétrica existente entre las instancias
gubernamentales y las comunidades rurales, resultado de la implementación de políticas públicas
verticales, en las que la participación de los actores locales es mínima y las necesidades se tienen que
adaptar a los programas de financiamiento. El papel de las comunidades rurales en la implementación
del TRC necesita superar la visión de la participación como simple condición o requerimiento técnico
de los Programas gubernamentales, que garantizaría en sí el éxito de la propuesta de desarrollo. Las
iniciativas turísticas comunitarias no han podido salir (o con mucha dificultad) de este rol de beneficiario
de un programa social que responde a una política nacional e internacional de lucha contra la pobreza
y/o de un programa ambiental que responde a una política de conservación y aprovechamiento de los
recursos naturales, aunque, tal como lo analizamos, Las Guacamayas se adaptó un poco mejor a esta
situación y logró tener un papel más fuerte durante el proceso de construcción que las otras iniciativas.
Para la investigación en turismo, y particularmente sobre el TRC, es fundamental identificar la
manera en que las comunidades locales se involucran en el manejo de la actividad turística, fomentando
tomas de decisiones consensuadas que permitan generar instituciones confiables que hagan posible el
autogobierno. Para ello, es necesario el compromiso de distintos tipos de actores para conocer, analizar
y apoyar a las comunidades en busca de estrategias de vida sostenibles a largo plazo.
Agradecimientos
Los resultados aquí presentados son derivados del proyecto de investigación “Sistematización
participativa de experiencias de turismo alternativo”, realizado gracias al Programa UNAM-DGAPA‑
-PAPIIT IA301415. Agradezco de igual manera a todos(as) los(las) socios(as) de las iniciativas turísticas
comunitarias de estudio por su valioso apoyo y tiempo. Espero que los resultados aquí presentados
sirvan para mejorar las tomas de decisiones de nuevas iniciativas.
Bibliografía
Sharpley, Richard
2007. “Flagship Attractions and Sustainable Rural Tourism Development: The Case of the Alnwick
Garden, England”. Journal of Sustainable Tourism, 15: 125-143.
Stronza, Amanda y Gordillo, Javier
2008. “Community views of ecotourism”. Annals of Tourism Research, 35: 448-468.
Sofield, T.H.B.
2003. Empowerment for sustainable tourism development. Amsterdam: Pergamon.
Spenceley, Anna. y Seif, Jennifer
2003. Strategies, Impacts and Costs of Pro-Poor Tourism Approaches in South Africa. Londres: Overseas
Development Institute.
Zizumbo Villareal, Lilia
2013. Las paradojas del desarrollo local y del turismo. Ciudad de México: Universidad Autónoma del
Estado de México, Miguel Ángel Porrúa.
Notas
1
No se menciona el nombre del socio por respeto al anonimato y confidencialidad de las entrevistas.
2
El tequio, tal como se conoce en el estado de Oaxaca, o bien faena en otras partes de México, es una tarea colectiva, no
remunerada, sin o con reciprocidad, que hacen los miembros de las comunidades indígenas y las y los campesinos, con
el objetivo de cumplir con un compromiso colectivo hacía su comunidad, atendiendo así diferentes asuntos tales como
construir obras, realizar servicios comunitarios de limpieza, entre otros.
3
Datos obtenidos en entrevista con los socios de las cooperativas de estudio para el año 2015.
4
En el marco de la Tesis de Licenciatura de la Lic. Laura Pérez Muñoz “Organización colectiva y turismo rural: un diagnóstico
participativo en la comunidad indígena Purépecha de Angahuan, Michoacán”, se realizaron diferentes talleres en la
comunidad de Angahuan para identificar los problemas reportados por los actores turísticos. Las actividades conducidas
fueron el árbol de problemas y la adaptación de un juego de rol, Dubinda, que consiste en la llegada de un grupo de
inversionistas privados que, apoyados por el gobierno de la comunidad, quieren implementar un desarrollo turístico
convencional.
5
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Recibido: 10/03/2016
Reenviado: 31/08/2017
Aceptado: 01/09/2017
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