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Bosquejo Hebreos 3

El libro de Hebreos destaca la superioridad de Jesucristo sobre los ángeles y la importancia de vivir por fe en tiempos difíciles. Se exhorta a los creyentes a evaluar su fe y a no descuidar la Palabra de Dios, mientras se les recuerda que Jesucristo es el eterno Sumo Sacerdote que sostiene a los fieles. Además, se enfatiza que la salvación y el dominio sobre todas las cosas son restaurados a través del sacrificio de Jesús.
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Bosquejo Hebreos 3

El libro de Hebreos destaca la superioridad de Jesucristo sobre los ángeles y la importancia de vivir por fe en tiempos difíciles. Se exhorta a los creyentes a evaluar su fe y a no descuidar la Palabra de Dios, mientras se les recuerda que Jesucristo es el eterno Sumo Sacerdote que sostiene a los fieles. Además, se enfatiza que la salvación y el dominio sobre todas las cosas son restaurados a través del sacrificio de Jesús.
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SESIÓN 1: CONFIADOS EN CRISTO

Hebreos 1

Jesucristo: una persona superior


Uno de los principales mensajes de Hebreos, es que el creyente puede estar confiado. Dios
altera las cosas a fin de que aprendamos a vivir por fe y no por vista. Él quiere que edifiquemos
nuestra vida sobre la permanencia de lo eterno, y no en la inestabilidad de lo temporal.

Nuestro eterno Sumo Sacerdote en el cielo nos sostendrá en medio de los días difíciles por los
que atravesamos. “El justo vivirá por fe”.

Al poner la mirada en Jesucristo, podemos estar confiados en él. 1

Características de este libro, que nos ayudan a comprender mejor su mensaje

1. Es un libro de evaluación
¿Por qué el escritor les pide a sus lectores que evalúen su fe y lo que Cristo les ofrece? Porque
estaban pasando por tiempos difíciles y estaban tentados a volver a la religión de los judíos.

Estos hermanos eran la segunda generación de creyentes, puesto que habían sido ganados para
Cristo por los que conocieron al Señor durante su ministerio terrenal (2:3). Eran verdaderos
creyentes (3:1), y no meros profesantes. Habían sido perseguidos por causa de su fe y a pesar
de ello, habían ayudado a otros que sufrían (6:10). Pero los que enseñaban doctrina falsa los
estaban seduciendo (13:9), y corrían el peligro de olvidar la Palabra verdadera que sus primeros
líderes, ahora muertos, les habían enseñado (13:7).

Lo lamentable acerca de estos creyentes es que se habían estancado espiritualmente y estaban


a punto de retroceder (5:12). Algunos aun habían descuidado los servicios regulares de
adoración (10:25).

El libro de Hebreos exalta la persona y la obra de Jesucristo, el Hijo de Dios. Cuando el creyente
comprenda lo que tiene en él, y por medio de él, no deseará a nadie más ni nada más.

1 Wiersbe, W. W. (2003). Confiados en Cristo: Estudio Expositivo de la Epístola a los Hebreos (p. v). Sebring, FL: Editorial Bautista
Independiente.
2. Es un libro de exhortación
El escritor dice que esta carta es «la palabra de exhortación» (13:22). La palabra griega
traducida «exhortación» significa ánimo.

Se nos llama a poner atención a la Palabra de Dios a través de cinco advertencias.


1. Deslizarse de la Palabra — 2:1–4 (Descuido)
2. Dudar de la Palabra — 3:7–4:13 (Dureza de Corazón)
3. Desoír la Palabra — 5:11–6:20 (Pesadez)
4. Despreciar la Palabra — 10:26–39 (Obstinación)
5. Desafiar la Palabra — 12:14–29 (Rehusar oír)

3. Es un libro de examen
Al estudiar este libro tal vez tú te preguntes, ¿en qué estoy realmente confiando? ¿Estoy
confiando en la Palabra de Dios? ¿o en las cosas inestables de este mundo que están a punto de
caer? 2

Los creyentes vivían un momento de cambio en donde el sistema anterior era sacudido y Dios
los llamaba a una nueva fe.

La carta es un llamado a encontrar seguridad verdadera en:


• «un reino inconmovible» 12:28
• «La firma palabra de Dios» 2:2
• «la esperanza que tenemos» 6:19

4. Es un libro de exaltación
Es una carta que exalta la persona y la obra de nuestro Señor Jesucristo.

Veremos 3 grandes secciones durante este estudio:


I. Una persona superior: Cristo. Capítulos 1-6
II. Un sacerdocio superior: Melquisedec. Capítulos 7-10
III. Un principio superior: la fe. Capítulos 11:13

2 Wiersbe, W. W. (2003). Confiados en Cristo: Estudio Expositivo de la Epístola a los Hebreos (p. 7). Sebring, FL: Editorial Bautista
Independiente.
Hace mucho tiempo, Dios habló muchas veces y de diversas maneras a nuestros antepasados
por medio de los profetas. Y ahora, en estos últimos días, nos ha hablado por medio de su Hijo.
Dios le prometió todo al Hijo como herencia y, mediante el Hijo, creó el universo. El Hijo irradia
la gloria de Dios y expresa el carácter mismo de Dios, y sostiene todo con el gran poder de su
palabra. Después de habernos limpiado de nuestros pecados, se sentó en el lugar de honor, a la
derecha del majestuoso Dios en el cielo. Esto demuestra que el Hijo es muy superior a los
ángeles, así como el nombre que Dios le dio es superior al nombre de ellos (Hebreos 1:1-4, NTV).

Los ángeles eran muy importantes en la religión hebrea porque fue por intermedio de ellos que
recibieron la ley en el monte Sinaí.

El Señor vino desde el monte Sinaí y se nos apareció en el monte Seir; resplandeció desde el
monte Parán y llegó desde Meriba-cades con llamas de fuego en la mano derecha
(Deuteronomio 33:2, NTV).

Era necesario presentar a Cristo como superior a ellos, quienes eran mensajeros de Dios.
Jesucristo no solo es «un mensajero», sino que es «el» mensajero.

Afirmación: Cristo es superior a los ángeles


Esta sección comprende siete citas del Antiguo Testamento, las cuales demuestran la
superioridad de Cristo sobre los ángeles.

Cristo es el Hijo de Dios


Esto demuestra que el Hijo es muy superior a los ángeles, así como el nombre que Dios le dio es
superior al nombre de ellos. El Hijo es superior a los ángeles. Pues Dios nunca le dijo a ningún
ángel lo que le dijo a Jesús: «Tú eres mi Hijo. Hoy he llegado a ser tu Padre». Dios también dijo:
«Yo seré su Padre, y él será mi Hijo» (Hebreos 1:4-5, NTV).

Aunque a los ángeles se les llama en conjunto «los hijos de Dios» en el libro de Job, solo de
Jesús se dice individualmente que es «el» Hijo de Dios.

El rey proclama el decreto del SEÑOR: «El SEÑOR me dijo: “Tú eres mi hijo. Hoy he llegado a ser tu
Padre (Salmo 2:7, NTV).

Y ese día en que te engendré, se refiere al día de la resurrección, porque la resurrección declara
y valida que Jesús es el Hijo de Dios. Es decir, que aunque Jesús existió eternamente, una vez
que se hizo hombre y glorificó a Dios con su vida y en su muerte, fue la resurrección la que lo
estableció delante del mundo, como el Hijo de Dios.
Yo seré su padre, y él será mi hijo. Si peca, lo corregiré y lo disciplinaré con vara, como lo haría
cualquier padre (2 Samuel 7:14, NTV).

En esta cita, David se refiere a Salomón a quien Dios va a guiar y corregir para que gobierne
bien. Pero el cumplimiento, se refiere a Jesucristo quien viviría como hijo guiado por Su Padre.

Cristo es el primogénito que recibe adoración (v. 6)


Primogénito, es un título de honor y rango, porque es el hijo que recibe la herencia y bendición
especial. Por ejemplo, David hizo a Salomón el primogénito, aunque era el décimo de sus hijos.

Jesucristo es el primogénito de toda la creación. Col. 1:15 porque creó todas las cosas.
También es el primogénito de entre los muertos Col. 1:18 porque es quien resucitó y abre esa
posibilidad para todos los creyentes.

Así que, por tener esa posición, los ángeles lo adoraron al venir al mundo.

Alégrense con él, oh cielos, y que lo adoren todos los ángeles de Dios (Deuteronomio 32:43,
NTV).

Cristo es servido por los ángeles


Pero con respecto a los ángeles, Dios dice: «Él envía a sus ángeles como los vientos y a sus
sirvientes como llamas de fuego» (Hebreos 1:7, NTV).

Este verso se refiere a un texto del A.T.

Los vientos son tus mensajeros; las llamas de fuego, tus sirvientes (Salmos 104:4).

Sus sirvientes le sirvieron en varias ocasiones (Mateo 4:11, Lucas 22:4).

Cristo es Dios entronizado y ungido


Pero al Hijo le dice: «Tu trono, oh Dios, permanece por siempre y para siempre. Tú gobiernas
con un cetro de justicia. Amas la justicia y odias la maldad. Por eso, oh Dios, tu Dios te ha ungido
derramando el aceite de alegría sobre ti más que sobre cualquier otro» (Hebreos 1:8-9, NTV).

Los ángeles sirven delante del trono de Dios, pero el Hijo se sienta y gobierna en él. Una vez
resucitado, Jesucristo se sentó en el trono de la Majestad de Dios, como Dios y como hombre.
Al sentarse allí, fue ungido para gobernar.

Algunos creen que estos versos se refieren a este texto de Salmos:


Me mostrarás el camino de la vida, me concederás la alegría de tu presencia y el placer de vivir
contigo para siempre (Salmos 16:11, NTV).

Cristo es el creador eterno


También le dice al Hijo: «Señor, en el principio echaste los cimientos de la tierra y con tus manos
formaste los cielos. Ellos dejarán de existir, pero tú permaneces para siempre. Ellos se
desgastarán como ropa vieja. Los doblarás como un manto y los desecharás como ropa usada.
Pero tú siempre eres el mismo; tú vivirás para siempre» (Hebreos 1: 10-12, NTV).

Esta cita, es del Salmo 102:25-27.

Cristo es el soberano; los ángeles son sus siervos


Además, Dios nunca le dijo a ninguno de los ángeles: «Siéntate en el lugar de honor a mi
derecha, hasta que humille a tus enemigos y los ponga por debajo de tus pies». Por lo tanto, los
ángeles solo son sirvientes, espíritus enviados para cuidar a quienes heredarán la salvación
Hebreos 1:13-14 (NTV).

El Señor le dijo a mi Señor: «Siéntate en el lugar de honor a mi derecha, hasta que humille a tus
enemigos y los ponga por debajo de tus pies» (Salmos 110:1, NTV).

Para los creyentes hebreos, como para nosotros, la evidencia bíblica es clara: Jesucristo es
superior a los ángeles, y por ende, es mayor que la ley entregada a Israel por medio de ellos.
SESIÓN 1: CONFIADOS EN CRISTO

Preguntas para dialogar


Hebreos 1: 3-4 dice lo siguiente, refiriéndose a Jesucristo: El Hijo irradia la gloria de Dios
y expresa el carácter mismo de Dios, y sostiene todo con el gran poder de su palabra.
Después de habernos limpiado de nuestros pecados, se sentó en el lugar de honor, a la
derecha del majestuoso Dios en el cielo. Esto demuestra que el Hijo es muy superior a los
ángeles, así como el nombre que Dios le dio es superior al nombre de ellos..

• ¿Qué piensas acerca de la siguiente afirmación?


Jesucristo no solo es «un mensajero», sino que es «El» mensajero de Dios.

Para orar:
Jesucristo, no hay nadie como Tú, nadie puede hacer lo que hiciste y haces
tú. Al conocerte, conozco a Dios. Reconozco y creo que eres el Hijo de Dios.
En el nombre de Jesús. Amén.

Para hacer:
Memoriza Hebreos [Link]
El Hijo irradia la gloria de Dios y expresa el carácter mismo de Dios, y sostiene
todo con el gran poder de su palabra.
SESIÓN 2: CUIDADO CON EL DESCUIDO
Hebreos 2

Así que debemos prestar mucha atención a las verdades que hemos oído, no sea que nos
desviemos de ellas (Hebreos 2:1, NTV).

Los problemas espirituales quizá son ocasionados por el descuido más que por cualquier otra
falta de nuestra parte. Descuidamos la Palabra de Dios, la oración, la adoración con el pueblo
de Dios y otras oportunidades de crecimiento espiritual, y como resultado, empezamos a
deslizarnos.

Pues el mensaje que Dios transmitió mediante los ángeles se ha mantenido siempre firme, y
toda infracción de la ley y todo acto de desobediencia recibió el castigo que merecía (Hebreos
2:2, NTV).

En varias ocasiones, el mensaje que Dios daba antes de Cristo, era traído por ángeles y a los que
no creían se les castigaba.

Jesús el hombre
Es más, no son los ángeles quienes gobernarán el mundo futuro del cual hablamos, porque en
cierto lugar las Escrituras dicen: ¿Qué son los simples mortales para que pienses en ellos, o un
hijo de hombre para que de él te ocupes? Sin embargo, por un poco de tiempo los hiciste un
poco menor que los ángeles y los coronaste de gloria y honor. Les diste autoridad sobre todas
las cosas. Ahora bien, cuando dice «todas las cosas», significa que nada queda afuera; pero
todavía no vemos que todas las cosas sean puestas bajo la autoridad de ellos. No obstante, lo
que sí vemos es a Jesús, a quien por un poco de tiempo se le dio una posición «un poco menor
que los ángeles»; y debido a que sufrió la muerte por nosotros, ahora está «coronado de gloria y
honor». Efectivamente, por la gracia de Dios, Jesús conoció la muerte por todos. Dios, para
quien y por medio de quien todo fue hecho, eligió llevar a muchos hijos a la gloria. Convenía a
Dios que, mediante el sufrimiento, hiciera a Jesús un líder perfecto, apto para llevarlos a la
salvación. Por lo tanto, Jesús y los que él hace santos tienen el mismo Padre. Por esa razón,
Jesús no se avergüenza de llamarlos sus hermanos (Hebreos 2:5-11, NTV).

Al hacerse hombre, Jesús recuperó el dominio perdido. Aunque los ángeles tienen superioridad,
no tienen el mismo privilegio que Dios le dio a los primeros humanos.
Los versículos del 6 al 8, hacen referencia al Salmo 8, donde David se sorprende de cómo Dios
creó al hombre y le da un lugar de honor y dominio. En el principio, aunque el hombre era
inferior que los ángeles, se le dio un cargo mayor al dominar la tierra. Al entrar el pecado, el
dominio se perdió, pues claramente «no están todas las cosas bajo su autoridad». Aunque a
Jesús se le dio una posición menor momentánea (al hacerse humano y morir), se le dio el
premio más alto ¡Pues su muerte nos dio vida a todos!

Por lo tanto, Jesús y los que él hace santos tienen el mismo Padre. Por esa razón, Jesús no se
avergüenza de llamarlos sus hermanos, pues le dijo a Dios: Anunciaré tu nombre a mis
hermanos. Entre tu pueblo reunido te alabaré. También dijo: Pondré mi confianza en él, es decir,
yo y los hijos que Dios me ha dado. Debido a que los hijos de Dios son seres humanos, hechos de
carne y sangre, el Hijo también se hizo de carne y sangre. Pues solo como ser humano podía
morir y solo mediante la muerte podía quebrantar el poder del diablo, quien tenía el poder
sobre la muerte. Únicamente de esa manera el Hijo podía libertar a todos los que vivían
esclavizados por temor a la muerte. También sabemos que el Hijo no vino para ayudar a los
ángeles, sino que vino para ayudar a los descendientes de Abraham. Por lo tanto, era necesario
que en todo sentido él se hiciera semejante a nosotros, sus hermanos, para que fuera nuestro
Sumo Sacerdote fiel y misericordioso, delante de Dios. Entonces podría ofrecer un sacrificio que
quitaría los pecados del pueblo. Debido a que él mismo ha pasado por sufrimientos y pruebas,
puede ayudarnos cuando pasamos por pruebas (Hebreos 2:11-18, NTV).

Jesucristo se hizo hombre, no se hizo inferior a los ángeles, ya que en su cuerpo humano realizó
algo que nunca podrían haber hecho los ángeles: salvarnos.

A la vez, hizo posible que participásemos de su gloria. Él no se avergüenza de llamarnos


hermanos. ¿Te da a ti vergüenza llamarlo Señor?
SESIÓN 2: CUIDADO CON EL DESCUIDO

Preguntas para dialogar


Hebreos 2:3-4 dice lo siguiente lo siguiente: Entonces, ¿qué nos hace pensar que
podemos escapar si descuidamos esta salvación tan grande, que primeramente fue
anunciada por el mismo Señor Jesús y luego nos fue transmitida por quienes lo oyeron
hablar? Además, Dios confirmó el mensaje mediante señales, maravillas, diversos
milagros y dones del Espíritu Santo según su voluntad.

¿De qué manera piensas que se puede «descuidar la salvación»?

Para orar:
Jesús, gracias por la salvación y la nueva vida en ti. Eres real, Tu obra es real.
Lo confirmas, obrando en maneras que solo Tú puedes hacerlo. Quiero vivir
cada día valorando y cuidando este regalo que me has dado. En el nombre
de Jesús. Amén.

Para hacer:
Piensa: ¿qué hiciste, o puedes hacer hoy, para no descuidar la salvación que
Jesús te da?
SESIÓN 3: ¿PODEMOS CONFIAR EN CRISTO?
Hebreos 3

La carta a los Hebreos describe en detalle cómo Jesucristo no solo cumple las promesas y las
profecías del Antiguo Testamento, sino también cómo Jesucristo es mejor que todo el sistema
de pensamiento judío. Los judíos aceptaron el Antiguo Testamento, pero muchos de ellos
rechazaron a Jesús como el Mesías por tanto tiempo anhelado. Los destinatarios de esta carta
dan la impresión de haber sido judíos cristianos. Tenían un buen conocimiento de las Escrituras
y habían profesado su fe en Cristo. Ya sea debido a la duda, a la persecución o a la falsa
enseñanza, pudieron haber estado en peligro de abandonar su fe cristiana y regresar al
judaísmo.

Por esto el escritor de Hebreos enfatiza desde el principio que Jesús es superior a los ángeles y
en el capítulo 3 se enfoca en que Jesús es superior a Moisés.

Por lo tanto, hermanos, ustedes que han sido santificados y que tienen parte en el mismo
llamamiento celestial, consideren a Jesús, apóstol y sumo sacerdote de la fe que profesamos. 2
Él fue fiel al que lo nombró, como lo fue también Moisés en toda la casa de Dios (Hebreos 3:1-2,
NVI).

La manera en que el escritor se refiere a los lectores demuestra que eran convertidos.
«Hermanos» podía aplicarse sólo a personas de la familia de Dios, los que habían sido
apartados por la gracia de Dios. Es claro que el escritor se refería a personas de la iglesia, el
cuerpo de Cristo, por el uso de la frase «partícipes del llamamiento celestial». Ningún judío ni
gentil sin convertirse, podía reclamar esa bendición.

Puesto que eran santos hermanos y partícipes del llamamiento celestial, podían profesar o
confesar su fe en Jesucristo. La palabra profesar simplemente significa decir la misma cosa.
Todos los verdaderos creyentes dicen lo mismo cuando se trata de su experiencia de salvación.

El escritor los exhorta a considerar no a Moisés, sino a Jesucristo. La palabra significa considerar
cuidadosamente, entender completamente. Esta no es una mirada rápida a Jesucristo, sino una
consideración cuidadosa de quien es él y de lo que él ha hecho.

Que Cristo es superior a Moisés en su persona es un hecho obvio. Moisés era sólo un hombre,
llamado a ser profeta y líder, mientras que Jesucristo es el Hijo de Dios enviado por el Padre al
mundo. El título «apóstol» significa uno enviado con una comisión. Moisés fue llamado y
comisionado por Dios, pero Jesucristo fue enviado como la palabra final para el hombre
pecador.

Jesucristo no es sólo el Apóstol, sino que también es el Sumo Sacerdote. Moisés era profeta que
en ocasiones sirvió como sacerdote, pero nunca fue sumo sacerdote. Ese título pertenecía a su
hermano Aarón. Sólo Jesucristo tiene el título «gran sumo sacerdote» (Hebreos 4:14).

Como apóstol, Jesucristo representó a Dios ante los hombres; y como Sumo Sacerdote ahora
representa a los hombres ante Dios en el cielo. Moisés, por supuesto, cumplió ministerios
semejantes; le enseñó a Israel la verdad de Dios, y oró por Israel cuando se reunió con Dios en
el monte (ve Éxodo 32:30–32). Moisés era principalmente el profeta de la ley, mientras que
Jesucristo es el mensajero de la gracia de Dios (ve Juan 1:17). Moisés ayudó a preparar el
camino para la venida del Salvador a la tierra.

De hecho, Jesús ha sido estimado digno de mayor honor que Moisés, así como el constructor de
una casa recibe mayor honor que la casa misma. 4 Porque toda casa tiene su constructor, pero
el constructor de todo es Dios. 5 Moisés fue fiel como siervo en toda la casa de Dios, para dar
testimonio de lo que Dios diría en el futuro. 6 Cristo, en cambio, es fiel como Hijo al frente de la
casa de Dios. Y esa casa somos nosotros, con tal que mantengamos nuestra confianza y la
esperanza que nos enorgullece (Hebreos 3:3-6, NVI).

La palabra «casa» se usa cinco veces en estos versículos.

Se refiere al pueblo de Dios, no al edificio material. Moisés fue líder de Israel, el pueblo de Dios
bajo el antiguo pacto, con la ley en donde Dios moraba en la nube o en el tabernáculo. Hoy
Cristo es el líder de la iglesia, el pueblo de Dios, bajo el nuevo pacto «la cual casa somos
nosotros» (v. 6).

En la escritura vemos dos usos de la palabra «casa». David quería edificar un templo a Dios, una
casa en la cual Dios pudiera morar. Pero Dios le dijo que él le edificaría casa (familia) a David, y
que haría pacto con sus descendientes (2 Samuel 7).

El contraste entre Moisés y Cristo es claro: Moisés era siervo en la casa, mientras que Jesucristo
es Hijo sobre la casa. Moisés era un miembro de la casa, mientras que Jesús edificó la casa. A
propósito, la verdad de estos versículos es un argumento poderoso en favor de la deidad de
Jesucristo. Si Dios edificó todas las cosas, y Cristo edificó la casa de Dios, entonces Jesucristo
tiene que ser Dios.
La palabra griega traducida «siervo» en el verso 5, tiene el sentido de un siervo voluntario que
actúa por afecto. En el Nuevo Testamento sólo se usa con relación a Moisés. Al principio de su
ministerio, fue un poco titubeante y resistió el llamamiento de Dios. Pero una vez que se rindió,
obedeció con un corazón de amor y devoción.

Hay otro factor en cuanto a la superioridad de Cristo sobre Moisés: El profeta Moisés habló de
cosas por venir, pero Cristo las cumplió (v. 6). Moisés ministró a sombras (ve 8:5 y 10:1),
mientras que Jesús trajo la luz completa y final del evangelio de la gracia de Dios.

La frase «con tal que» del versículo 6 nos debe recordar que el tema principal del libro de
Hebreos, es que la obra consumada de Cristo y su ministerio celestial nos garantizan nuestra
salvación eterna (7:14–28). El escritor está afirmando que los que retienen su confianza y
esperanza prueban que son verdaderamente nacidos de nuevo.

La palabra «confianza» significa libertad de expresión, franqueza, valentía, osadía. Cuando hay
libertad para hablar, entonces no hay temor, sino confianza. El creyente puede acercarse
«confiadamente al trono de la gracia» (4:16), con franqueza y libertad, sin tener temor.
Tenemos esta confianza por causa de la sangre derramada de Cristo (10:19). Por lo tanto, no
debemos perder nuestra confianza, no importa cuáles sean las circunstancias (10:35). Debemos
tener confianza no en nosotros mismos, porque estamos propensos a fallar; antes bien
debemos confiar en Jesucristo, aquel que nunca falla.

Por esta confianza en Cristo y por nuestra profesión de fe en él, tenemos gozo y esperanza (v.
6). A estos creyentes que sufrían, el escritor les exhorta a gozar de la experiencia espiritual y no
simplemente a soportarla. Jesucristo es el Hijo amado sobre su casa y él cuidará de cada
miembro de la familia. Es el fiel Sumo Sacerdote que provee toda la gracia que necesitamos
para cada exigencia de la vida. Como el gran Pastor de las ovejas (13:19–20), Jesucristo usa las
experiencias de la vida de los suyos para prepararlos para el servicio que glorificará su nombre.

En otras palabras, los que han confiado en Cristo demuestran esta profesión por su firmeza,
confianza y esperanza gozosa. No están oprimidos por el pasado, ni amenazados por el
presente, sino que viven en el tiempo futuro mientras esperan «la esperanza» bienaventurada
del regreso del Señor. Es este llamamiento celestial lo que anima al creyente a vivir para el
Salvador aun cuando las circunstancias sean adversas.

La peregrinación de Israel en el desierto es un tema principal en esta sección. Dos hombres de


esa nación—Caleb y Josué—ilustran la actitud descrita en el 3:6. Todos los demás israelitas que
tenían más de 20 años habían de morir en el desierto y nunca entrarían en la tierra prometida
(ver Números 14:26–38). Pero Caleb y Josué creyeron a Dios y él honró su fe. Por cuarenta años
Caleb y Josué vieron morir a sus amigos y familiares; pero aquellos dos hombres de fe confiaron
en la palabra de Dios de que un día entrarían en Canaán. Mientras que otros sufrían tristeza y
muerte, Caleb y Josué se regocijaban en una firme esperanza. Como creyentes, sabemos que
Dios nos llevará al cielo, y debemos mostrar la misma confianza y esperanza gozosa.

Por eso, como dice el Espíritu Santo: «Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan el corazón
como sucedió en la rebelión, en aquel día de prueba en el desierto. Allí sus antepasados me
tentaron y me pusieron a prueba, a pesar de haber visto mis obras cuarenta años.10 Por eso me
enojé con aquella generación, y dije: “Siempre se descarría su corazón, y no han reconocido mis
caminos”. Así que, en mi enojo, hice este juramento: “Jamás entrarán en mi reposo”» (Hebreos
3:7-11, NVI).

La esclavitud de la nación en Egipto ilustra la esclavitud del pecador en este mundo. Como
Israel fue libertado de Egipto por la sangre de los corderos y por el poder de Dios, así el pecador
que cree en Cristo es librado de la esclavitud del pecado (Colosenses 1:13, 14). Jesucristo es «el
cordero de Dios» cuya muerte y resurrección ha hecho realidad nuestra liberación del pecado.

No era la voluntad de Dios que Israel permaneciera ni en Egipto ni en el desierto. Su deseo era
que el pueblo entrara a su gloriosa herencia en la tierra de Canaán. Pero cuando Israel llegó a la
frontera de su heredad, se demoró porque dudó de la promesa de Dios (Números 13–14). —No
podemos— lamentaron los 10 espías y todo el pueblo.

—Podemos, con la ayuda de Dios— dijeron Moisés, Caleb y Josué.

Como el pueblo se echó para atrás por su incredulidad, en vez de seguir adelante con fe, perdió
su herencia y murió en el desierto. Fue la nueva generación la que poseyó la tierra y entró a su
reposo.

¿Qué representa Canaán para nosotros? Representa nuestra herencia espiritual en Cristo
(Efesios 1:3, 11, 15–23).

Ahora podemos entender lo que representan las peregrinaciones en el desierto: las


experiencias de los creyentes que no se apropian de su herencia espiritual en Cristo, que dudan
de la Palabra de Dios y viven intranquilos en su incredulidad.

El reposo de Canaán es un cuadro de nuestro reposo actual cuando echamos mano de nuestra
herencia en Cristo (Hebreos 4:11–13; nota el énfasis en la palabra de Dios).
Cuídense, hermanos, de que ninguno de ustedes tenga un corazón pecaminoso e incrédulo que
los haga apartarse del Dios vivo. 13 Más bien, mientras dure ese «hoy», anímense unos a otros
cada día, para que ninguno de ustedes se endurezca por el engaño del pecado. Hemos llegado a
tener parte con Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin la confianza que tuvimos al
principio. Como se acaba de decir: «Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan el corazón como
sucedió en la rebelión».16 Ahora bien, ¿quiénes fueron los que oyeron y se rebelaron? ¿No
fueron acaso todos los que salieron de Egipto guiados por Moisés? ¿Y con quiénes se enojó Dios
durante cuarenta años? ¿No fue acaso con los que pecaron, los cuales cayeron muertos en el
desierto? ¿Y a quiénes juró Dios que jamás entrarían en su reposo, sino a los que
desobedecieron? Como podemos ver, no pudieron entrar por causa de su incredulidad (Hebreos
3:12-19, NVI).

Israel le causó dolor a Dios durante los cuarenta años de peregrinación en el desierto. Los judíos
apenas habían salido de Egipto cuando comenzaron a provocar a Dios (Éxodo 16:1–13).
Después que Dios les suplió pan, se quejaron por falta de agua (Éxodo 17:1–7). Moisés llamó el
nombre de ese lugar «Masah y Meriba» que significa provocación y tentación, las cuales se usan
en Hebreos 3:8.

El pecado de Israel se menciona en el versículo 12—«apartarse del Dios vivo». De la palabra


griega traducida «apartarse» proviene el vocablo apostasía. Este es el único lugar en Hebreos
donde dicha palabra se emplea. ¿Significa apostasía aquí abandonar la fe y ser condenado para
siempre? Eso no concuerda con el contexto. Israel se apartó del Dios vivo al rechazar la
voluntad divina para su vida, y al querer obstinadamente volver a Egipto. Dios no les permitió
volver; más bien, los disciplinó en el desierto. Dios no permitió que su pueblo regresara a la
esclavitud.

El énfasis en Hebreos es que los verdaderos creyentes tienen una salvación eterna porque
confían en un Salvador quien vive y continuamente intercede por ellos. Pero el escritor hace
hincapié en que esta confianza no es excusa para pecar y apartarnos de Dios. Dios disciplina a
sus hijos. Los creyentes pueden apostar, dudar de la Palabra de Dios y rebelarse contra Dios, y
eso puede costarnos perder sino las bendiciones y sufrir el castigo de Dios.

Mucho a causa de incredulidad. En estos tiempos donde vemos oposición, dolor, sufrimiento
podríamos ser tentados a dejar a Dios.... Es tiempo de no permitir al enemigo que nos robe la
fe, es tiempo de decir creo en ti a pesar de los pesares y a pesar de que no vea respuesta o que
no tenga lo que quiero. Hoy es tiempo de decir Jesucristo tu eres Dios y puedo confiar en ti.
SESIÓN 3: ¿PODEMOS CONFIAR EN CRISTO?

Preguntas para dialogar


De hecho, Jesús ha sido estimado digno de mayor honor que Moisés, así como el
constructor de una casa recibe mayor honor que la casa misma. Porque toda casa tiene
su constructor, pero el constructor de todo es Dios. Moisés fue fiel como siervo en toda
la casa de Dios, para dar testimonio de lo que Dios diría en el futuro. Cristo, en cambio,
es fiel como Hijo al frente de la casa de Dios. Y esa casa somos nosotros, con tal que
mantengamos nuestra confianza y la esperanza que nos enorgullece (Hebreos 4:3-6, NVI).

En estos versículos, ¿qué diferencias menciona entre Moisés y Jesús?

Para orar:
Dios, gracias por enviar a profetas que nos hablan acerca de tu plan de
redención, gracias Jesús, por venir a morir por nosotros y darnos vida
eterna. Tu plan Dios, se sigue desplegando, gracias por lo que estás
haciendo hoy. En el nombre de Jesús. Amén.

Para hacer:
Si tuvieras que explicar a otra persona, por qué Jesús es superior a Moisés
¿cómo se lo dirías?

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