UNIVERSIDAD
NACIONAL
PEDRO RUIZ
GALLO
FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIA POLÍTICA
ESCUELA PROFESIONAL DE CIENCIA POLÍTICA
2DO ENTREGABLE
CURSO: TEORÍA DEL PODER
DOCENTE: COLINA MORENO MARY
ALUMNO: BALLENA CAICEDO CRISTHIAN DAVID
LAMBAYEQUE – PERÚ
AÑO: 2025
TIPOLOGÍA DEL PODER Y TIPOS DE ESTADO SEGÚN EL PODER QUE
EJERCEN
1. Introducción
El concepto de poder constituye una categoría analítica fundamental en las ciencias
sociales y políticas, cuya comprensión resulta indispensable para entender las
dinámicas de organización, legitimación y funcionamiento del Estado moderno.
Desde las conceptualizaciones weberianas sobre la dominación legítima (Weber,
1922/2014) hasta los análisis foucaultianos sobre las tecnologías del poder
(Foucault, 1982), la literatura académica ha desarrollado diversas tipologías que
permiten categorizar las formas en que se ejerce y estructura el poder político. Esta
diversidad tipológica no solo refleja la complejidad inherente al fenómeno del poder,
sino que además determina de manera sustancial la configuración institucional, los
mecanismos de toma de decisiones y las relaciones Estado-sociedad que
caracterizan a diferentes sistemas políticos (Dahl, 1957; Lukes, 2005).
En el contexto contemporáneo, marcado por crecientes procesos de polarización
política, erosión de la confianza institucional y reconfiguración de los sistemas
democráticos a nivel global, el estudio de las tipologías del poder adquiere particular
relevancia (Levitsky & Ziblatt, 2018). Las transformaciones en las formas de ejercicio
del poder estatal, evidenciadas en fenómenos como el autoritarismo competitivo, la
democracia iliberal o la tecnocracia emergente, requieren marcos analíticos
actualizados que permitan comprender estas nuevas modalidades de organización
política (Diamond, 2015).
2. Concepto de Poder
En términos generales, el poder puede definirse como una relación social asimétrica
caracterizada por la capacidad de un actor —individual o colectivo— para influir,
controlar o dirigir las conductas, decisiones o recursos de otros actores, ya sea
mediante el ejercicio de la autoridad, la coerción, la persuasión o la manipulación de
incentivos estructurales (Giddens, 1984).
2.1. Perspectivas teóricas clásicas
La conceptualización más influyente en la tradición sociológica clásica proviene de
Max Weber, quien define el poder como "la probabilidad de imponer la propia
voluntad, dentro de una relación social, aun contra toda resistencia y cualquiera que
sea el fundamento de esa probabilidad" (Weber, 1922/2014, p. 43). Esta definición
weberiana enfatiza el carácter relacional del poder y su capacidad de superar
resistencias, estableciendo una distinción fundamental entre poder y dominación,
donde esta última implica la existencia de legitimidad en el ejercicio del poder.
Desde una perspectiva contemporánea, Michel Foucault revolucionó la comprensión
del poder al conceptualizarlo no como una posesión o atributo individual, sino como
"una red productiva que atraviesa todo el cuerpo social, mucho más que como una
instancia negativa que tiene por función reprimir" (Foucault, 1979, p. 182). Para
Foucault, el poder moderno opera fundamentalmente a través de mecanismos
disciplinarios y tecnologías de control que producen conocimientos, subjetividades y
prácticas sociales, manifestándose en instituciones como escuelas, hospitales,
prisiones y sistemas de vigilancia que moldean la conducta individual y colectiva.
Hannah Arendt, por su parte, propone una concepción distintiva del poder como
fenómeno inherentemente colectivo, argumentando que "el poder corresponde a la
capacidad humana, no simplemente para actuar, sino para actuar concertadamente"
(Arendt, 1970, p. 44). Esta perspectiva establece una diferenciación crucial entre
poder, violencia y fuerza, sosteniendo que el poder legítimo emerge del consenso y
la acción coordinada de los ciudadanos, mientras que la violencia representa la
antítesis del poder político auténtico.
2.2. Manifestaciones contemporáneas del poder
En las sociedades contemporáneas, el poder se manifiesta a través de múltiples
dimensiones y mecanismos institucionales. En el ámbito político-institucional, el
poder estatal se ejerce mediante la promulgación de leyes, la implementación de
políticas públicas y el monopolio legítimo de la violencia, como evidencian los
sistemas de justicia penal o las fuerzas armadas (Mann, 1986). En el campo
económico, el poder se materializa en la capacidad de controlar recursos, medios de
producción y mercados, tal como se observa en la influencia que ejercen las
corporaciones multinacionales sobre las decisiones gubernamentales o en las
políticas de organismos financieros internacionales como el Fondo Monetario
Internacional.
El poder simbólico y discursivo, conceptualizado por Pierre Bourdieu como la
capacidad de "hacer ver y hacer creer" (Bourdieu, 1991, p. 166), se manifiesta
contemporáneamente en el control de medios de comunicación, la producción de
narrativas hegemónicas y la configuración del sentido común social. Este tipo de
poder resulta particularmente evidente en fenómenos como la construcción de
agendas mediáticas, la propaganda política o los procesos de legitimación
ideológica que sustentan determinados órdenes sociales.
3. Tipología del Poder
El análisis tipológico del poder constituye una herramienta analítica fundamental
para comprender las diversas formas en que se estructura, legitima y ejerce la
dominación política en las sociedades humanas. La clasificación más influyente en
las ciencias sociales proviene de la obra de Max Weber, quien desarrolló una
tipología tripartita de la dominación legítima que ha servido como marco de
referencia para posteriores desarrollos teóricos (Weber, 1922/2014). No obstante,
las transformaciones sociales y políticas contemporáneas han requerido la
incorporación de categorías adicionales que permitan captar la complejidad de las
relaciones de poder en las sociedades modernas, incluyendo dimensiones
coercitivas, económicas y simbólicas del ejercicio del poder.
3.1. Poder Legal-Racional
El poder legal-racional constituye la forma paradigmática de dominación en las
sociedades modernas, fundamentándose en "la creencia en la legalidad de las
ordenaciones estatuidas y de los derechos de mando de los llamados por esas
ordenaciones a ejercer la autoridad" (Weber, 1922/2014, p. 172). Este tipo de poder
se caracteriza por su base normativa e institucional, donde la obediencia se dirige
no hacia la persona del gobernante, sino hacia las reglas formalmente establecidas
y los procedimientos legalmente sancionados.
La legitimidad del poder legal-racional deriva de su carácter impersonal, previsible y
sujeto a control institucional, manifestándose típicamente en las burocracias
estatales modernas y los sistemas democráticos constitucionales. Un ejemplo
paradigmático de este tipo de poder se encuentra en el sistema político
estadounidense, donde la autoridad presidencial está delimitada por la Constitución,
sujeta a controles legislativos y judiciales, y opera mediante procedimientos
administrativos estandarizados (Lipset, 1963). La efectividad de este tipo de poder
radica en su capacidad para generar predictibilidad y estabilidad en las relaciones
políticas, aunque puede enfrentar crisis de legitimidad cuando los procedimientos
formales se perciben como inadecuados para resolver problemas sociales
complejos.
3.2. Poder Tradicional
El poder tradicional se fundamenta en "la creencia cotidiana en la santidad de las
tradiciones que rigieron desde lejanos tiempos y en la legitimidad de los señalados
por esa tradición para ejercer la autoridad" (Weber, 1922/2014, p. 172). Esta forma
de dominación se basa en la sacralización del pasado y en la continuidad histórica
de determinadas estructuras de autoridad, donde la obediencia se justifica por
costumbres ancestrales y vínculos personales de lealtad.
Las monarquías absolutas europeas del Antiguo Régimen ejemplifican este tipo de
poder, donde la autoridad real se legitimaba a través de la doctrina del derecho
divino y tradiciones dinásticas milenarias (Anderson, 1974). En contextos
contemporáneos, elementos de poder tradicional persisten en sistemas políticos
como las monarquías constitucionales o en estructuras de autoridad basadas en
jerarquías tribales o religiosas. La Arabia Saudí contemporánea ilustra la pervivencia
de formas tradicionales de legitimación, donde la autoridad de la familia real se
sustenta en tradiciones tribales, religiosas y dinásticas que se remontan a la
fundación del reino (Commins, 2012).
3.3. Poder Carismático
El poder carismático se origina en "la entrega extracotidiana a la santidad, heroísmo
o ejemplaridad de una persona y a las ordenaciones por ella creadas o reveladas"
(Weber, 1922/2014, p. 172). Este tipo de dominación se caracteriza por su
naturaleza personalizada, emocional y revolucionaria, donde la legitimidad deriva de
las cualidades excepcionales atribuidas al líder por sus seguidores.
El carisma político se manifiesta típicamente en períodos de crisis social o
transformación histórica, cuando las formas tradicionales o legales de autoridad
resultan inadecuadas. El liderazgo de Nelson Mandela en la transición sudafricana
hacia la democracia multirracial exemplifica el poder carismático contemporáneo,
donde su autoridad moral y simbolismo personal trascendieron las estructuras
institucionales formales para catalizar transformaciones políticas fundamentales
(Lodge, 2006). Sin embargo, el poder carismático enfrenta el desafío inherente de la
rutinización, ya que debe institucionalizarse o transformarse en formas legal-
racionales o tradicionales para asegurar su continuidad más allá de la figura del líder
fundacional.
3.4. Poder Coercitivo
El poder coercitivo, aunque implícito en las tipologías weberianas, ha sido
desarrollado más extensamente por teóricos críticos como Michel Foucault y
representa la capacidad de imposición mediante la amenaza o aplicación efectiva de
sanciones físicas, económicas o sociales. Foucault conceptualiza esta dimensión a
través de sus análisis sobre el poder disciplinario y los mecanismos de vigilancia y
castigo que caracterizan a las sociedades modernas (Foucault, 1975/1995).
Los regímenes autoritarios contemporáneos ilustran el ejercicio sistemático del
poder coercitivo, como evidencia el caso de Myanmar tras el golpe militar de 2021,
donde la junta militar ha empleado la represión violenta, detenciones masivas y
estados de emergencia para mantener el control político contra la resistencia civil
(Maung, 2022). No obstante, el poder puramente coercitivo tiende a ser insostenible
a largo plazo sin elementos de legitimación adicionales, ya que requiere recursos
considerables para su mantenimiento y genera resistencias sistemáticas.
3.5. Poder Simbólico
Pierre Bourdieu desarrolló el concepto de poder simbólico como "ese poder invisible
que no puede ejercerse sino con la complicidad de los que no quieren saber que lo
sufren o incluso que lo ejercen" (Bourdieu, 1991, p. 164). Este tipo de poder opera a
través de la imposición de sistemas de significado, clasificaciones sociales y
esquemas de percepción que naturalizan relaciones de dominación y desigualdad.
El poder simbólico se manifiesta contemporáneamente en fenómenos como la
hegemonía cultural, los discursos mediáticos dominantes y los sistemas educativos
que reproducen estructuras de clase y estatus social. La influencia de las élites
intelectuales y mediáticas en la configuración del debate público sobre temas como
la globalización económica o las políticas ambientales ejemplifica este tipo de poder,
donde la capacidad de definir marcos interpretativos y agendas temáticas constituye
una forma fundamental de dominación (Thompson, 1991).
4. Tipos de Estado según el poder que ejercen
La clasificación de los Estados según la modalidad predominante de ejercicio del
poder constituye una dimensión analítica fundamental para comprender las
variaciones en los sistemas políticos contemporáneos y sus respectivas
configuraciones institucionales. Esta tipología estatal se encuentra íntimamente
vinculada con las formas de legitimación del poder previamente analizadas, ya que
cada tipo de Estado desarrolla mecanismos específicos de dominación, control
social y relación con la ciudadanía que reflejan concepciones particulares sobre la
autoridad política y la organización social (O'Donnell, 1973). El análisis de estas
configuraciones estatales permite identificar no solo las características estructurales
de diferentes sistemas políticos, sino también sus dinámicas de funcionamiento,
capacidades de respuesta ante crisis y patrones de evolución histórica.
4.1. Estado Democrático
El Estado democrático se caracteriza por el ejercicio del poder político
fundamentado en principios de soberanía popular, pluralismo político y respeto a los
derechos fundamentales, operando mediante instituciones representativas que
garantizan la participación ciudadana en los procesos de toma de decisiones. Según
la conceptualización de Robert Dahl, la democracia implica la existencia de
contestación pública y participación inclusiva, donde los ciudadanos poseen
igualdad de oportunidades para expresar preferencias, influir en la agenda política y
acceder a información diversa (Dahl, 1971).
Las características estructurales del Estado democrático incluyen la separación de
poderes, elecciones libres y competitivas, protección de derechos civiles y políticos,
estado de derecho y mecanismos de control horizontal y vertical sobre el ejercicio
del poder público. Los sistemas democráticos contemporáneos varían
significativamente en sus configuraciones institucionales, desde democracias
parlamentarias como la alemana hasta sistemas presidenciales como el
costarricense, pero mantienen como elementos comunes la competencia electoral,
la alternancia en el poder y la responsabilidad política (Lijphart, 1999).
El Estado democrático enfrenta desafíos contemporáneos relacionados con la
polarización política, la desconfianza institucional y la influencia del poder
económico en los procesos políticos. No obstante, su fortaleza radica en la
capacidad de adaptación institucional, la resolución pacífica de conflictos y la
legitimidad derivada del consenso ciudadano, elementos que le proporcionan
estabilidad y capacidad de respuesta ante transformaciones sociales.
4.2. Estado Autoritario
El Estado autoritario se define por la concentración del poder político en una élite
reducida o un líder individual, caracterizándose por la limitación de la competencia
política, la restricción de derechos civiles y la ausencia de mecanismos efectivos de
control institucional sobre el ejercicio del poder. Juan Linz establece que los
regímenes autoritarios presentan "pluralismo político limitado, sin una ideología
elaborada y directriz, pero con mentalidades distintivas, ausencia de movilización
política intensiva o extensa, y un líder que ejerce el poder dentro de límites
formalmente mal definidos, pero en realidad bastante predecibles" (Linz, 1975, p.
264).
Las características institucionales del Estado autoritario incluyen la supresión o
manipulación de procesos electorales competitivos, el control de medios de
comunicación, la represión selectiva de la oposición política y la cooptación de
sectores sociales estratégicos. Ejemplos contemporáneos incluyen regímenes como
el de Singapur, donde se mantiene crecimiento económico y estabilidad social
mediante un sistema de partido dominante que limita la competencia política, o el
sistema político de Rusia bajo Vladimir Putin, caracterizado por elecciones formales
pero con restricciones sistemáticas a la oposición (Freedom House, 2023).
El Estado autoritario puede demostrar eficiencia en la implementación de políticas
públicas y mantener estabilidad en contextos de crisis, pero enfrenta limitaciones
estructurales relacionadas con la falta de legitimidad democrática, la tendencia hacia
la corrupción y la dificultad para procesar demandas sociales diversas sin recurrir a
la represión.
4.3. Estado Totalitario
El Estado totalitario representa la forma más extrema de concentración del poder
político, caracterizándose por el control total de la vida social, económica, cultural e
incluso privada de los ciudadanos mediante una ideología oficial obligatoria y un
aparato represivo omnipresente. Hannah Arendt define el totalitarismo como un
sistema que busca "la dominación total del hombre", eliminando la distinción entre
las esferas pública y privada y sometiendo todos los aspectos de la existencia
humana al control estatal (Arendt, 1951/2006).
Las características estructurales del Estado totalitario incluyen un partido único con
ideología totalizadora, liderazgo personalizado, uso sistemático del terror como
instrumento de control, movilización permanente de las masas, control total de la
información y eliminación de toda forma de organización social autónoma. Los
casos paradigmáticos incluyen la Alemania nazi bajo Adolf Hitler, la Unión Soviética
bajo Stalin y la Cambodia de los Jemeres Rojos, sistemas que implementaron
políticas de exterminio masivo y transformación radical de las estructuras sociales
(Kershaw, 2008).
El Estado totalitario presenta capacidades excepcionales de movilización social y
transformación estructural, pero su sostenibilidad está limitada por los enormes
costos humanos, económicos y sociales que implica el mantenimiento del control
total, así como por su tendencia hacia la autodestrucción derivada de la lógica
paranoica del poder absoluto.
4.4. Estado Teocrático
El Estado teocrático se fundamenta en la legitimación religiosa del poder político,
donde la autoridad estatal deriva de principios doctrinales sagrados y es ejercida por
líderes religiosos o por autoridades seculares que actúan en nombre de la divinidad.
En los sistemas teocráticos, las leyes religiosas constituyen la fuente primaria o
exclusiva del derecho positivo, y las instituciones políticas están subordinadas a las
autoridades eclesiásticas (Norris & Inglehart, 2004).
Las características institucionales del Estado teocrático incluyen la fusión entre
autoridad religiosa y política, la aplicación de códigos legales basados en textos
sagrados, la restricción de libertades religiosas y la subordinación de las decisiones
políticas a interpretaciones doctrinales. La República Islámica de Irán ejemplifica
este tipo de Estado, donde el sistema político combina instituciones republicanas
con la supremacía del Líder Supremo como autoridad religiosa máxima, y donde la
Constitución establece que todas las leyes deben conformarse con los preceptos
islámicos (Buchta, 2000).
El Estado teocrático puede proporcionar cohesión social y legitimidad en sociedades
profundamente religiosas, pero enfrenta limitaciones significativas relacionadas con
la pluralidad religiosa, los derechos de las minorías y la adaptación a
transformaciones sociales que cuestionen los fundamentos doctrinales del sistema
político.
5. Comparación entre Tipologías del Poder y Tipos de Estado
La vinculación conceptual entre las tipologías del poder y los tipos de Estado
constituye un elemento analítico fundamental para comprender las dinámicas de
configuración, legitimación y funcionamiento de los sistemas políticos
contemporáneos. La teoría política ha demostrado que existe una correspondencia
sistemática, aunque no mecánica, entre las formas predominantes de ejercicio del
poder y las configuraciones institucionales específicas que adoptan los Estados,
generando patrones recurrentes que permiten identificar afinidades electivas entre
determinadas modalidades de dominación y estructuras estatales particulares
(Beetham, 1991). Esta relación no implica un determinismo absoluto, sino la
existencia de tendencias estructurales que reflejan las lógicas internas de
legitimación y operación de cada tipo de poder político.
5.1. Poder Legal-Racional y Estado Democrático
La correspondencia más evidente se establece entre el poder legal-racional
weberiano y el Estado democrático, donde la legitimidad deriva del cumplimiento de
procedimientos formalmente establecidos y del respeto a marcos normativos
constitucionales. Esta afinidad se manifiesta en características institucionales
específicas como la separación de poderes, el estado de derecho, la competencia
electoral regulada y los mecanismos de control institucional horizontal y vertical
(Lijphart, 1999).
El sistema político alemán ejemplifica esta correspondencia, donde la autoridad
estatal se fundamenta en la Ley Fundamental de 1949, opera mediante instituciones
burocráticas profesionalizadas y garantiza la alternancia democrática a través de
elecciones competitivas. La legitimidad del poder se sustenta en la adhesión
ciudadana a procedimientos democráticos y en la efectividad de las instituciones
para procesar demandas sociales dentro del marco constitucional.
5.2. Poder Tradicional y Estado Teocrático
El poder tradicional presenta afinidades estructurales con configuraciones estatales
teocráticas o monárquicas, donde la legitimidad deriva de la sacralización de
tradiciones ancestrales, vínculos dinásticos o autoridad religiosa. Esta
correspondencia se refleja en instituciones que preservan continuidades históricas,
jerarquías sociales estamentales y sistemas normativos basados en precedentes
tradicionales o textos sagrados.
El Reino de Arabia Saudí ilustra esta vinculación, donde la autoridad de la familia
real se fundamenta en tradiciones tribales, legitimación religiosa wahabí y vínculos
históricos con la fundación del reino. Las instituciones estatales reflejan esta base
tradicional mediante el Consejo de Ulemas, la aplicación de la sharia como ley
fundamental y la preservación de estructuras patriarcales de autoridad (Commins,
2012).
5.3. Poder Carismático y Estados Revolucionarios
El poder carismático tiende a manifestarse en Estados emergentes de procesos
revolucionarios, movimientos de liberación nacional o transiciones políticas
fundacionales, donde la legitimidad deriva de las cualidades excepcionales
atribuidas al líder y de su capacidad para articular transformaciones sociales
radicales. Esta correspondencia se caracteriza por la personalización extrema de la
autoridad, la movilización emocional de masas y la subordinación de instituciones
formales al liderazgo carismático.
La Cuba revolucionaria bajo Fidel Castro ejemplifica esta relación, donde la
legitimidad del sistema político se fundamentó inicialmente en el carisma del líder
revolucionario, en la ruptura con el orden anterior y en la promesa de transformación
social integral. No obstante, este tipo de configuración enfrenta el desafío estructural
de la rutinización del carisma y la necesidad de institucionalización para asegurar la
continuidad del sistema más allá de la figura fundacional (Huntington, 1968).
5.4. Poder Coercitivo y Estados Autoritarios-Totalitarios
El poder coercitivo presenta correspondencias con estados autoritarios y totalitarios,
donde la dominación se sustenta fundamentalmente en la capacidad de aplicar
sanciones físicas, económicas o sociales contra la resistencia o disidencia. Esta
relación se manifiesta en el desarrollo de aparatos represivos hipertrofiados, la
limitación sistemática de derechos civiles y políticos, y la ausencia de mecanismos
efectivos de control institucional sobre el ejercicio del poder.
El régimen de Augusto Pinochet en Chile (1973-1990) ilustra esta correspondencia,
donde la legitimidad militar se fundamentó en la capacidad coercitiva del aparato
castrense, la represión sistemática de la oposición política y la suspensión de
garantías constitucionales. Sin embargo, la dependencia excesiva del poder
coercitivo genera límites estructurales para la sostenibilidad a largo plazo,
requiriendo complementos de legitimación adicionales.
5.5. Hibridación y Complejidad Contemporánea
El análisis de casos contemporáneos revela que las correspondencias entre
tipologías del poder y tipos de Estado raramente se presentan en formas puras, sino
que tienden hacia configuraciones híbridas que combinan elementos de diferentes
modalidades según contextos específicos y estrategias de legitimación. Los
regímenes de "autoritarismo competitivo" descritos por Levitsky y Way (2010)
ejemplifican esta complejidad, integrando elementos legal-racionales (elecciones
formales) con componentes coercitivos (represión selectiva) y dimensiones
carismáticas (liderazgo personalizado).
Las transiciones de poder también evidencian la fluidez de estas categorías, como
ilustra el proceso de rutinización del carisma revolucionario en sistemas como el
venezolano, donde el liderazgo carismático de Hugo Chávez evolucionó hacia
formas autoritarias que combinan legitimación electoral, control coercitivo y
elementos tradicionales de caudillismo latinoamericano.
6. Conclusión
La revisión de las tipologías clásicas weberianas —poder legal-racional, tradicional y
carismático— junto con las conceptualizaciones contemporáneas sobre el poder
coercitivo y simbólico, ha permitido establecer correspondencias sistemáticas con
las formas específicas de organización estatal, evidenciando que cada modalidad de
dominación genera patrones institucionales distintivos que reflejan sus lógicas
internas de legitimación y control social.
La matriz comparativa desarrollada ha revelado que, si bien existen afinidades
electivas entre determinadas tipologías del poder y configuraciones estatales
específicas, los sistemas políticos contemporáneos se caracterizan crecientemente
por su naturaleza híbrida, donde elementos de diferentes modalidades de poder
coexisten y se articulan de maneras complejas. Esta hibridación refleja tanto las
transformaciones estructurales de las sociedades modernas como las estrategias
adaptativas que desarrollan los sistemas políticos para mantener su legitimidad y
efectividad en contextos de cambio acelerado.
En el contexto político contemporáneo, caracterizado por fenómenos como la
erosión democrática, el surgimiento de autoritarismos competitivos y la
reconfiguración de las relaciones estado-sociedad en la era digital, la capacidad
para identificar correctamente las modalidades predominantes de ejercicio del poder
adquiere relevancia crítica para el análisis político y la formulación de respuestas
institucionales adecuadas. La identificación errónea del tipo de poder que domina
una configuración estatal puede generar diagnósticos inadecuados sobre la
naturaleza del régimen, sus vulnerabilidades y sus capacidades de transformación,
con consecuencias significativas para el diseño de estrategias de fortalecimiento
democrático o resistencia autoritaria.
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