La autoestima
Lic. Mónica Monetti
Definición
La autoestima es el juicio más importante en el desarrollo psicológico de la
persona e influye directamente en su motivación y su tendencia a la acción.
A veces las personas no son conscientes de estos juicios respecto de sí
mismos. Estos se ponen de manifiesto en nuestras conversaciones internas y
es en estos diálogos internos donde se puede observar el sentimiento de
autoestima. En tanto seres lingüísticos, seres parlantes, podríamos decir que
la autoestima es una conversación que el sujeto tiene consigo mismo. Es
una conversación interna de posibilidad o de no posibilidad y nos indica
cómo la persona se proyecta en el futuro a partir de lo que juzga que es, o
que está siendo.
Según Nathaniel Branden, “la autoestima es la disposición a considerarse a
uno mismo como alguien competente para enfrentarse a los desafíos básicos
de la vida y ser merecedor de felicidad. Tiene dos componentes: la
autoeficacia y el autorrespeto.” La autoeficacia es la confianza en la eficacia
de su mente, en su capacidad de pensar. Por extensión, es la confianza en
capacidad de aprender, de tomar decisiones y hacerlas elecciones adecuadas
y de responder de manera eficaz a los cambios. El autorrespeto es la
conciencia de que el éxito, los logros, la satisfacción y la felicidad son algo
bueno, y natural para usted. La capacidad de supervivencia que confiere esta
confianza es evidente, como lo es el peligro de su ausencia”. (“La autoestima
en el trabajo).
La autoestima es la convicción de que uno es competente para pensar,
juzgar, saber, aunque se equivoque en la elección. El hombre necesita
confianza en sí mismo porque si no está condenado a no estar capacitado
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para vivir. Sin confianza en uno mismo no se pueden enfrentar los desafíos
permanentes de la vida.
Este sentimiento puede variar y tener fluctuaciones. La persona que está bien
centrada en sí misma y con equilibrio emocional, podrá asumir los retos de la
vida, conservando el sentimiento de autoestima. En cambio, en la persona
que no tenga madurez emocional ese sentimiento se va a ver
frecuentemente afectado.
Branden afirma que para un hombre no hay nada que produzca más miedo
que el propio miedo y no hay un miedo más terrorífico que aquél que no
logra explicar. La ansiedad patológica es un estado de miedo que se
experimenta en ausencia de cualquier amenaza presente o inminente, que se
pueda percibir objetivamente. La persona ansiosa siente una profunda
sensación de indefensión de impotencia. ¿Qué se encuentra amenazado
detrás de una crisis de ansiedad? Él Yo, su autoestima. La creencia de que no
puede.
¿Cómo se forma?
La autoestima es un constructo que se ha venido formando durante toda la
vida a partir de las interacciones con otros. Primero nuestros padres o las
personas que nos han educado y después con los otros significativos que han
atravesado nuestra existencia.
De alguna manera es una programación. Cuando el sujeto va creciendo y
cuestionando sus identificaciones primarias, primordiales, es cuando puede
hacer un quiebre y cambiar esa mirada respecto de sí mismo. Sus
experiencias de éxito o fracaso, y las interpretaciones de ellas, son las que
serán el alimento para la formación de la autoestima.
Se experimenta como un sentimiento, como una experiencia. Se emite, no
como un juicio consciente, sino como sentimiento y está presente en toda la
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psicología humana. Nos acompaña siempre. Está presente en nuestra manera
de observar y de actuar. Es el sustento de nuestro comportamiento.
¿Dónde impacta?
Afecta nuestros procesos de pensamiento, nuestras emociones, nuestros
deseos, nuestros valores, nuestros objetivos, y maneras de interpretar el
significado de nuestras experiencias.
Existe una estrecha relación entre la autoestima y los motivos de nuestra
conducta, la motivación para impulsarnos a determinadas acciones y no
otras.
Autoestima y autoimagen
A veces se utiliza el vocablo autoestima como sinónimo de autoimagen. En
realidad la autoimagen es una parte, la autoestima es más abarcativa.
“La autoimagen (conocida en inglés como self-image) es la imagen o
representación mental que se tiene de uno mismo, generalmente resistente
al cambio, y que no representa solamente los detalles que pueden estar
disponibles a la investigación u observación objetiva de otros (como la altura,
peso, color del cabello, género, IQ, etc.), sino también los elementos propios
que se han aprendido acerca de sí mismo, ya sea por experiencias personales
o por la internalización de los juicios de los demás. Una definición simple de
lo que representa la auto-imagen de una persona es la respuesta a esta
pregunta: "¿Qué es lo que cree o piensa la gente de usted?".
La autoimagen se puede clasificar en tres tipos:
Autoimagen resultante de cómo el individuo se ve a sí mismo.
Autoimagen resultante de la forma en que otros ven a la persona.
Autoimagen resultante de la forma en que el individuo percibe lo que
ven los demás de sí mismo.
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Estos tres tipos pueden, o no, configurar una representación exacta de la
persona. Aunque todos, algunos o ninguno de ellos puede ser cierto.
Un término más técnico que la autoimagen, utilizado comúnmente por los
psicólogos sociales y cognitivos, es el llamado autoesquema. Como cualquier
esquema, éstos almacenan información e influyen en la forma de pensar y
recordar. Por ejemplo, la investigación indica que la información que se
refiere a sí mismo es preferentemente codificada y evocada en las pruebas y
tests de memoria, un fenómeno que se conoce como codificación
autorreferencial.” (Wikipedia).
Diríamos que la autoimagen corresponde a cómo la persona siente que la ven
los demás, y la autoestima, es el valor que le damos a nuestra persona.
Tiene componentes cognitivos, evaluativos y emocionales, cómo se ve a
usted mismo, cómo se evalúa usted a usted mismo, cómo se siente consigo
mismo. Siempre conlleva ciertas disposiciones a la acción. De acuerdo a como
usted se juzgue a sí mismo, de allí se desprenderán sus posibilidades de
acción.
Cuando la persona tiene una autoestima alta, la tendencia es moverse hacia
adelante, ir por lo que desea. Generalmente tiene más capacidad de hacerse
cargo y responsable porque siente que tiene las fortalezas para llevar a cabo
el desafío. En cambio cuando la autoestima es baja, hay una tendencia a
retroceder, a no enfrentar los desafíos por creer que no existen los recursos
internos necesarios para enfrentar esa situación. La autoestima baja siempre
presenta sentimientos de inadecuación, de culpa, tristeza concomitante y la
sensación de no tener lugar en el mundo o “no tener derecho a”. Impacta en
la autoafirmación del individuo, en su manera de relacionarse y de funcionar
en el mundo.
No necesariamente la imagen o auto concepto que tenemos de nosotros
mismos concuerda con la realidad. A veces puede ser alta, y no concordar
con nuestras verdaderas fortalezas. A veces puede ser baja y la persona tiene
cualidades que no puede reconocer en sí misma. Hay personas que se
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defienden de sus aspectos inmaduros o negativos y niegan estos aspectos, lo
cual hace que no los puedan superar. Sólo aquellas personas que están
abiertas a enfrentar sus problemas, a aprender, son capaces de crear
posibilidades para que el cambio y el desarrollo se produzcan en su vida.
La actitud que tenemos frente a lo que interpretamos como incompletudes,
es vital para el aprendizaje de nuevas maneras de enfrentar el mundo. A
veces las personas saben que necesitan ayuda pero no se atreven a pedirla. A
veces una autoimagen deformada, desmedida, hace que aparezca la
vergüenza frente a la posibilidad de pedir ayuda o consejo profesional.
De nuestras actitudes basadas en nuestra filosofía de vida, depende nuestro
crecimiento interior.
Hay personas que se quejan de que no son respetadas por otros o que no son
tenidas en cuenta. Les cuesta darse cuenta es que los otros nos espejan
nuestra propia autoestima, y responden de acuerdo a la imagen que nosotros
ofrecemos de nosotros mismos.
Las personas con alta autoestima tienden a inspirar respeto en los demás.
La tendencia a incursionar en relaciones negativas, destructivas, violentas,
que provocan sufrimiento está relacionada con la baja autoestima, con la
falta de merecimiento, sentirse indigno de amor y no valorarse a uno mismo.
¿Por qué la autoestima es importante?
Una alta autoestima es vital para desempeñarse en la vida. Ya que nos
proyectamos hacia el mundo desde ella.
Si bien esta autoestima tiene partes inconscientes y viene de fuentes
primarias, como todos los aprendizajes sistemáticos y asistemáticos, también
aprender a pensar de otra manera, elegir pararse en otros juicios puede ser
una elección consciente y algo podemos hacer para cambiar los juicios que
tenemos acerca de nosotros mismos. No estamos determinados para toda la
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vida, podemos elegir cambiar, podemos elegir crecer, podemos elegir
completarnos y hacer cosas por nuestro desarrollo personal.
Esto requiere de un trabajo interno, de auto observación y de reflexión
consciente. Requiere identificar nuestras fortalezas para poder pararnos allí,
ya que si nos paramos en nuestras debilidades no podemos construir desde
allí. Las debilidades desaparecen cuando crecen nuestras fortalezas. Por ello
es importante enfocarse en lo que tenemos y no en lo que nos falta.
Tenemos autorregulación cognitiva, tenemos libre albedrío y podemos elegir
qué hacer con nosotros mismos. Podemos evadir o podemos enfrentar,
podemos huir o accionar positivamente.
La baja autoestima está relacionada con sentimientos de culpa, de
vergüenza, a veces de envidia, forjados en la infancia. Es una respuesta a lo
que nos hicieron sentir nuestras figuras significativas. Los mensajes positivos
de nuestros padres alientan la seguridad en nosotros mismos y forman el
mandato de VOS PODES. Mientras que los mensajes negativos, la exigencia
extrema, la desvalorización o desprecio sumen al sujeto en la depresión,
porque tiene la vivencia de NO SER SUFICIENTE, y no ser digno de amor de
los padres. Esto hace que muchas personas con autoestima baja tengan
respuestas de complacencia porque buscan permanentemente ser queridos,
ser aprobados y aceptados. El eje entonces de su vida no pasa por su centro
sino por buscar la mirada del otro. Pierden energía porque su vida gira
alrededor de los demás, y su energía está puesta al servicio de recibir una
mirada de aliento y aprobación del otro. Cuando no lo logran se deprimen,
se sienten insuficientes, y en ocasiones aparecen sentimientos de enojo, de
resentimiento o de resignación. En otras ocasiones se sienten víctimas, y se
quejan de no ser suficientemente apreciados, valorados, aceptados, queridos
sin registrar lo que ellos mismos hacen para recibir esa valoración externa.
El respeto por sí mismo es la base del respeto de los otros hacia nosotros.
La autoestima es parte de la inteligencia emocional y social ya que nos
relacionamos con los demás desde el auto concepto que tenemos de
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nosotros mismos. Por ello forma parte de las competencias y habilidades
para funcionar en la vida privada y pública, como por ejemplo en el trabajo.
Para poder cooperar con otros, trabajar en equipo, liderar personas,
comunicarse adecuadamente hace falta poder autorizarse a sí mismo.
Cuando no existe una adecuada autoestima las personas tienen dificultades
en trabajar con otros, formar equipos efectivos y funcionar adecuadamente.
La autoestima baja lleva a conductas inhibitorias, donde se observa timidez,
miedo a mostrarse, miedo a hablar, temor a cometer errores, a equivocarse,
a quedar desubicado, a funcionar de manera inadecuada. Entonces la
persona se protege y se resguarda, teniendo conductas evitativas. En
ocasiones la persona con baja autoestima tiende también a ampararse en
otros, baja el nivel de autonomía y necesita soportes o bastones para
funcionar. No se atreve solo porque aparece la duda o el sentimiento de
inadecuación permanente.
En general el ser humano busca relacionarse con personas con autoestima
parecida. Es una manera de no sentirse en falta, resguardado muchas veces
por una relación que encubre el déficit de autoestima. Pero también las
personas con autoestima baja, por la tendencia a la idealización, busca
personas a quienes emular, con alta autoestima.
Las personas con una autoestima alta tienden a reunirse con personas con
autoestima alta.
Para lograr la felicidad es preciso pensar que la merecemos. Si existe un
sentimiento de no merecimiento, seguramente haremos cosas para
boicotearnos o para no llegar al éxito. Hace muchos años Freud escribió un
artículo que lo tituló “Los que fracasan al triunfar”, donde desarrolla el
concepto de que para poder llegar al éxito, nuestro superyó tiene que
autorizarlo. Si el éxito inconscientemente está prohibido por algo en el orden
de la culpa, algún sentimiento de traición a la familia, o deslealtad a los
mandatos familiares, seguramente la persona hará cosas para perder y no
ganar, para sufrir en vez de ser feliz. Vemos a lo largo de la historia, personas
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que cuando llegan al máximo de su carrera se boicotean el éxito: por
ejemplo, Diego Maradona, Ringo Bonavena, Carlos Monzón.
La persona con autoestima baja tiende a exagerar los problemas de la vida y
convertirlos en un drama. Por el contrario, una persona con alta autoestima
puede enfrentar los problemas con vitalidad, con energía y con
determinación. También en el hablar se nota esta diferencia. Las personas
con alta autoestima no se sienten víctimas, por tanto no se quejan, sino que
cuando algo no les agrada, lo pueden plantear, expresar sus sentimientos y
emociones, y operar con asertividad. Los problemas se convierten en
desafíos, no los desequilibran y ven las situaciones como oportunidades de
crecimiento, o parte de la vida misma, sin dramatizar. Las personas con baja
autoestima, a veces se guardan lo que piensan, tienden a implosionar o a
explotar, y se ubican en lugar de víctimas de los demás recurriendo a la
queja, no pudiendo hacerse cargo del lugar en el que se ubican frente a los
otros. Son hipersensibles y cualquier problema los desequilibra
emocionalmente, porque su conversación interna está fundada en la
impotencia. A veces producen reacciones automáticas, desde el juicio de que
el otro los agrede, que no los comprende, que es injusto, y reaccionan con
enojo, furia intentando defenderse de la escena que ellos mismos crearon
primero en su mente y luego en la acción. Profecía autocumplidora.
Autoestima en el trabajo
Frecuentemente la baja autoestima en el trabajo genera conflictos. Si un jefe
tiene baja autoestima, e internamente juzga no estar preparado para ese
desafío seguramente implementará sistemas de trabajo basados en el control
y la poca delegación. Desarrollará sentimientos paranoides por miedo a
perder su puesto o ser superado por algún subordinado o colaborador. En
este sentido, tendrá un manejo particular de la información y establecerá un
tipo de liderazgo más radial que participativo. Esta actitud subyacente de
miedo muchas veces lo llevan al autosabotaje.
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Las personas con alta autoestima en un lugar de dirección pueden compartir,
delegar y controlar no desde un lugar de desconfianza, sino apuntado a la
mejora de procesos y procedimientos y no de persecución de las personas.
La mirada está puesta en el desempeño y alto rendimiento de sus
colaboradores, y podrá funcionar como coach y mentor de los mismos,
apuntando al desarrollo del equipo.
El miedo es lo contrario del amor. Por lo tanto el jefe que tiene miedo no
puede estar al servicio de su equipo y desarrollo del mismo, sino está a la
defensiva, controlando que no haya ninguna variable que se le escape. Su
conducta está motivada por su inseguridad y la desconfianza puesta afuera.
Por el contrario, el que se ama a sí mismo, puede amar al otro, puede
conducir sin miedo. Ve las relaciones como complementarias y no como
peligrosas. La generosidad es parte de la conducta de una persona que se
valora y se ama, y puede compartir ese amor con otros en todos los ámbitos.
La baja autoestima afecta nuestro desempeño laboral y es eficaz. Siempre
tiene efectos en contra del sujeto que la padece. Lo que busca la mente es lo
que encuentra. Si tiene miedo al rechazo, seguramente encontrará y generar
inconscientemente desaprobación.
Las personas con baja autoestima tienden a anularse en el trabajo o a
competir con otros en vez de construir. La autoestima baja a veces conduce a
la envidia destructiva, cuando el sujeto siente que nunca va a poder ser como
el otro o tener lo que el otro tiene. Esto lo lleva a veces a tener conductas
agresivas hacia otro, o de lo contrario entrar en depresión, abulia, falta de
rendimiento, autoboicot.
Sanar la baja autoestima
Para sanar la baja autoestima es necesario recurrir a las heridas de la infancia
y trabajar sobre ellas. El niño ha recibido durante muchos años, palabras,
gestos, actitudes, conductas que lo han marcado.
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Algunas actitudes negativas de los padres como la desvalorización, los
insultos, gritos, comparaciones, ausencias, indiferencia o extrema exigencia
generan baja autoestima. La extrema autoexigencia puede ser sentida
muchas veces como falta de aceptación, ya que el niño no es amado por sí
mismo, sino en virtud de cuánto complace las exigencias de los padres. Freud
señala que el yo infantil frente a la extrema exigencia de los padres o las
injusticias no puede hacer el juicio de que son los padres quienes están
equivocados. Entonces se autoinculpa, y concluye que seguramente él no
está suficientemente provisto como para obtener el amor de los padres.
Entra en una posición melancólica por no ser aceptado, y vive de allí en más
con la creencia de que no es lo suficientemente bueno o valioso para ser
aceptado o querido por los padres. Esto afecta la constitución del yo infantil,
dejando huellas profundas y un déficit en la narcisización positiva que deben
hacer los padres para que el niño se sienta fuerte y pueda enfrentar la vida.
El amor, en cualquiera de sus formas, sana las heridas narcisistas del pasado.
Pero es importante que el propio sujeto que padece la baja autoestima tenga
una actitud proactiva frente a su propia sanación, no esperando que
provenga de afuera, sino tomando conciencia como adulto que su propio
accionar responsable y libre puede conducirlo a reparar el pasado. Por suerte
el ser humano tiene una enorme capacidad de resiliencia y puede al igual que
el cuerpo físico poner en marcha procesos de restauración. Si bien la
influencia del pasado es importante, es aún más la actitud de la persona
frente a lo que le sucede, haciéndose cargo de su propio desarrollo.
Seis pilares básicos de la construcción de la autoestima según Branden
Branden señala seis pilares básicos en la construcción de la autoestima.
1. La práctica de vivir conscientemente:
Branden señala que es importante poder estar presentes en cada cosa
que hacemos. Estar presentes significa tener la mirada puesta en
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nosotros mismos, estar conectados y no estar pendientes todo el
tiempo del afuera, sino registrar, qué pienso, qué siento, qué me pasa
en el cuerpo con lo que el otro dice o hace.
La conciencia se desarrolla mediante la práctica de la auto observación
y estar atento en cada momento de lo que hacemos. Es necesario
parar el automático y prestar atención. Asimismo la práctica de la
respiración nos lleva a ser conscientes de nuestro cuerpo y nuestra
propia energía. La mente puede ser gobernada mediante la respiración
y la observación. Cuando la mente se va al pasado o al futuro no está
en el presente. Por lo tanto se pierde el momento presente. La mente
puede ser educada y disciplinada, ya que es fruto de una
programación. Así como fue programada puede enriquecerse con
nuevos programas. Cambiar es posible si existe el deseo.
2. La práctica de la auto aceptación:
El primer paso para el cambio es la auto aceptación. Es necesario
aprender a observar los pensamientos sin juicio. El juicio negativo
sobre nosotros mismos revela una falta de aceptación. También es
necesario tomar en cuenta que si nos juzgamos estamos haciendo
resistencia sobre nosotros mismos. Y todo lo que insiste resiste. Por lo
tanto es preciso soltar los juicios y aprender a observar los
pensamientos como si fueran una película. La auto indagación, el
poder reflexionar nos abren nuevos panoramas al desarrollo
psicológico y espiritual. Freud recomendaba a sus pacientes cuando
comenzaba la terapia, a hablar sin juzgar, y no omitir nada que viniera
a la mente, porque allí estaba encerrado ese saber no sabido: el
inconsciente. Por ello utilizaba la técnica de la asociación libre,
entrenando a los pacientes que dijeran todo sin omisión-lo que viniera
a la mente sin censura, sin hacer juicios al respecto.
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La auto aceptación es respeto por uno mismo. Es respetar nuestra
propia diversidad. Es darse cuenta que cada uno de nosotros está en
un punto evolutivo único y que por lo tanto las comparaciones no
tienen sentido. Cada uno de nosotros tiene una historia diferente,
experiencias diferentes, visiones diferentes, desarrollo de habilidades
diferentes, y allí radica nuestro tesoro. En que somos únicos, con
nuestras fortalezas y debilidades o dicho de otro modo, con aquellas
partes de nosotros mismos que aún necesitan ser alimentadas y
desarrolladas.
3. La práctica de la autorresponsabilidad:
Esta práctica implica darse cuenta que nosotros somos artífices de
nuestro propio destino, que somos creadores, que consciente o
inconscientemente hemos creado lo que nos gusta o lo que no nos
gusta de nuestra vida, que tenemos capacidad de elegir.
Hacerse cargo de la propia existencia no es fácil porque implica
ponerle el cuerpo a todas las circunstancias. Es más fácil poner la culpa
afuera, expulsar hacia afuera lo desagradable, en vez de hacernos
cargo de la parte que nos toca. Es interesante recordar la famosa frase
de Freud cuando el paciente contaba su problema: “¿Cuál es la parte
que le toca en la construcción de esta escena?”
Por ende, es importante trabajar nuestros pensamientos y emociones
para poder hacernos cargo de ellas y observar cuál es el efecto que
producen en nuestras vidas. Nuestras acciones y resultados comienzan
en nuestros pensamientos y emociones. Por lo tanto si queremos
cambiar los resultados que tenemos en la vida, es necesario revisar
nuestros pensamientos, emociones y acciones.
Cada uno de nosotros construye diariamente su presente y su futuro.
Elige las acciones cotidianas, construye su vida. Podemos elegir ser
víctimas o protagonistas de nuestra propia vida.
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Por ello también es importante revisar nuestra forma de hablar. El
hablar puede ser responsable o no serlo. El hablar responsable implica
hacerse cargo de lo que se dice y actuar en consecuencia. Implica
trabajar nuestras contradicciones, que son parte de nuestra naturaleza
humana.
4. La práctica de la autoafirmación:
La autoafirmación responde a la auto aceptación. Si me auto acepto
soy verdadero. Me respeto en mi ser único e irrepetible. Sólo puede
tener una conducta auto afirmativa, una persona que se enfoca en sí
misma y no en la aprobación o en la desaprobación de otro.
Tener la mirada puesta afuera, nos quita energía. Nos hace ser
complacientes y olvidarnos de nuestras necesidades. En el fondo el
buscar la aprobación del otro, es falta de amor a uno mismo.
La autoafirmación no implica agresión. Implica firmeza y asertividad.
Poder tener disponible la energía de la determinación. Pero para ello
tengo que estar centrado en mí y no esperando permanentemente el
aplauso del otro.
Implica también tener el coraje de vivir según nuestra filosofía de vida
y nuestros valores, jugándonos por lo que creemos y
comprometiéndonos con nosotros mismos. Cuando no lo hacemos es
porque una parte nuestra aún se encuentra fusionada con las miradas
de otros. Aún estamos identificados con discursos ajenos que nos
confunden, nos bloquean, nos tironean y no nos permiten darnos
cuenta de quiénes somos verdaderamente, de hacernos cargo de
nuestro deseo. La sensación de incertidumbre, de no saber quiénes
somos, habla de una fusión aún activa con el otro y de falta de
diferenciación en la construcción subjetiva.
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5. La práctica de vivir con determinación:
Para poder vivir con determinación hace falta tener claro nuestro
norte, nuestra visión, qué queremos ser y hacer en la vida, cuál es
nuestra misión, nuestros objetivos a largo, mediano y largo plazo.
Hace falta poder conversarnos que podemos, no que no podemos. Si
estamos parados en los juicios de no posibilidad, de impotencia, no
tenemos la fuerza para acercarnos con decisión hacia nuestras metas.
Las personas que van a la deriva como hojas al viento o barco sin timón
son las que viven reactivamente, esperando que las soluciones vengan
de afuera, porque no creen en su poder creador. Aún no pueden
reconocer sus fortalezas y a partir de allí poder crear lo que desean.
Es necesario tener nuestros proyectos claros para poder darle un
sentido a nuestra existencia y enfocar nuestra energía.
Nuestra autoestima puede estar basada en nuestros logros y en el
juicio de nuestras posibilidades internas. El que a veces no consigamos
lo deseado en el tiempo que queremos, no nos convierte en
fracasados. Por ello es importante hacer la acción y soltar el resultado,
ya que este depende de muchas variables. Pero si tenemos disciplina y
perseverancia los resultados llegan. Como decía Einstein, 95% de
trabajo, 5% de genialidad. Para ello es preciso poder confiar en
nuestras capacidades y sólo ponerlas en funcionamiento. Como decía
Andrew Carneguie, el poder no está en la riqueza sino en la fuente de
la riqueza.
6. La práctica de la integridad personal:
La práctica de la coherencia entre lo que se piensa, siente y hace es la
base para generar confianza y tener buenos resultados en la vida.
Respetar los compromisos y hacernos cargo de la parte que nos toca,
no traicionarnos a nosotros mismos, aumenta la autoestima.
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¿Cómo construir autoestima positiva?
La práctica de estos pilares refuerza la autoestima, y a la vez de
manera autorreproductora, la autoestima alimenta estas seis
conductas.
Es preciso tener conciencia que es necesario trabajar con nuestros
mandatos y juicios maestros, que constituyen los pilares de nuestra
personalidad y nuestra conducta. Por ello el trabajo de auto
observación no se termina nunca, y es necesario adoptarla como una
disciplina de vida.
En definitiva, la práctica de estas disciplinas confiere poder al yo
porque afianza el sentimiento de dominio interior.
La autoestima puede crecer dependiendo de nuestras elecciones.
La autoestima y el lenguaje
Nuestra autoestima, en tanto seres lingüísticos, está atravesada por el
lenguaje, por la forma como otros nos marcaron con sus deseos y sus
palabras. Se expresa en nuestros diálogos internos y en la forma que
conversamos de nosotros mismos con otros, así como también en la
forma en cómo actuamos. El yo observador juzga a otra parte del yo.
Hay un desdoblamiento del yo observador y del yo observado. El
superyó o conciencia moral y juez de la personalidad tiene mucha
influencia en la conformación del auto concepto. Pero esas
conclusiones fueron elaboradas a partir de los juicios de los padres
sobre nosotros y de la elaboración secundaria y posterior que el sujeto
hace de su infancia y adolescencia. Al comienzo el niño “compra” estos
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juicios que los padres tienen sobre él, y se identifica con ellos. Muy
posteriormente hace, con algunos de estos juicios, e incluso con la
relaciones con los padres, un quiebre donde se pone como opositor
desarrollando comportamientos de rebeldía en un intento de
desidentificarse de ellos para completar su proceso de individuación.
Esto ocurre porque el ser humano lucha por apropiarse de su propia
identidad y seguir fabricando él su propia persona. No todos lo logran y
algunas personas quedan atrapados en los juicos de los padres y
sometidos a juicios maestros, que a veces determinan y atraviesan
toda su vida, siendo prisioneros de complacer el deseo de sus padres,
anulando sus propios deseos.
Este sentimiento de autoestima se revela en las conversaciones
internas de posibilidad o no posibilidad que tenga el sujeto. Si su
autoestima es alta predominarán conversaciones internas positivas,
que abran posibilidades. Si la autoestima está dañada, es débil, se verá
reflejada en conversaciones de no posibilidad, que cierren
posibilidades en su vida. Cuando una persona se instala en
conversaciones de no posibilidad, generalmente se observa que ha
elegido inconscientemente instalarse en un lugar de víctima, donde se
cree desprovisto de poder y de competencias para enfrentar la vida o
determinadas circunstancias, a veces sólo pudiendo verse a través de
la mirada de otros, y no pudiendo desarrollar su propia mirada y
criterio sobre sí mismo.
La tarea tanto del psicólogo como de un coach, es desafiar esas
conversaciones internas, no comprando dichos juicios, es decir no
identificándose con el discurso del paciente o coacheado, sino
ayudando a que la persona revise los juicios sobre sí mismo y
analizando las argumentaciones correspondientes a dichos juicios.
Muchas veces cuando se analizan esas argumentaciones éstas caen por
falta de sustento. Por ello, primero hay que trabajar con las
significaciones de estos juicios y profundizarlos lo más posible para
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entender cómo fueron creados: quién los dijo, en qué circuntancias, y
por qué y para qué la persona adhirió a ellos. Y en un segundo
momento, trabajar en la dirección de las fortalezas para que la persona
pueda apreciar otros juicios sobre sí mismo con sus respectivas
argumentaciones basadas en experiencias positivas. Se alienta así la
resiliencia y la capacidad del ser humano de reinventarse a partir de
descubrir sus fortalezas. De esta manera se equilibra la balanza, y la
persona puede abandonar los juicios distorsionados, las emociones
tóxicas que se desprenden de estas conversaciones internas negativas,
y puede pasar a enfocarse en sus posibilidades apoyándose en sus
puntos fuertes. De todas maneras no podemos ser ingenuos de pensar
que instalarse en conversaciones negativas no tiene ningún beneficio.
Freud hablaba del “beneficio secundario de la enfermedad” y la
pregunta del coaching apuntaría a entender PARA QUÉ el sujeto
necesita mantener esta posición de víctima, donde le cuenta un relato
al mundo acerca de su pobreza interior. Generalmente estas
cuestiones son inconscientes, pero las buenas preguntas tanto de un
psicólogo como de un coach, las ponen sobre el tapete para ser
descubiertas y movilizadas. En este sentido, el coach colabora en que
el coacheado salga de su zona de comodidad, de miedo, para hacerse
cargo y responsable, aunque con cierta angustia, y pueda instalar su
vida y su acción en un terreno más fértil.
El coach opera entonces, como facilitador de la posibilidad de advenir
al reconocimiento de aspectos no descubiertos, o no reconocidos
previamente. Ayuda a pasar de un lugar a otro, como un cochero que
lleva a un pasajero de un lugar a otro. Las preguntas poderosas son la
herramienta para ese proceso de reflexión que conlleva a la posibilidad
de pasar a otros juicios y emociones más favorables y acciones
alineadas con el resultado que se quiere alcanzar, colaborando en la
tarea de liberar el potencial que está presente en ese ser humano.
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Bibliografía:
Branden, Nathaniel: La autoestima en el trabajo. Paidós. 1999. Buenos Aires.
Branden, Nathaniel: El arte de vivir conscientemente. Paidós. 2013. Buenos
Aires.
Echeverría, Rafael: Ontología del lenguaje. Granica. 1998. Chile.
Freud, Sigmund: Obras Completas. Amorrortu.
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