Dolo, culpa, ánimo específico
El dolo es la conducta (antijurídica, culpable y punible) de realizar u omitir
una acción con conocimiento y plena voluntad de realizarlo u omitirlo,
aunque sepamos que al realizar ese hecho estamos infringiendo la ley
penal.
Culpa
El tipo culposo individualiza una conducta, la diferencia consiste en que
esta conducta culposa no está individualizada en razón de la finalidad del
autor, sino porque en la forma en que se llega al resultado típico es
mediante la infracción de un deber de cuidado, ya que en este tipo de
delitos, no se trata de verificar el conocimiento del autor, sino de
determinar lo que este debía conocer en función de determinadas
exigencias normativas (Almanza y Peña, 2014, p. 184).
La particularidad de la culpa radica en que, para configurarla, no requiere
imputarle un conocimiento pleno al autor, sino un conocimiento en menor
grado que, unido a deberes de cuidado objetivamente establecidos, habría
llevado a evitar la realización del tipo penal.
1. Dolo: El dolo es la intención consciente de causar un daño o de
cometer un delito. Implica voluntad y conocimiento de lo que se
hace y sus consecuencias.
Ejemplo: Si alguien envenena a otra persona sabiendo que el veneno puede
matarla, actúa con dolo.
2. Culpa: La culpa ocurre cuando se causa un daño sin intención, pero por
negligencia, imprudencia o impericia. La persona no quiso causar el daño,
pero pudo haberlo evitado.
Ejemplo: Un conductor que atropella a alguien porque iba a exceso de
velocidad, sin querer hacerlo, actúa con culpa.
3. Ánimo específico: El ánimo específico es la intención particular con la
que se comete una acción delictiva. No basta con cometer el hecho, sino
que debe hacerse con una finalidad concreta establecida por la ley.
Ejemplo: El delito de hurto requiere ánimo de lucrarse con lo ajeno. Si
alguien toma algo sin intención de quedárselo (por ejemplo, para hacer una
broma), podría no configurarse el delito porque faltaría el ánimo de lucro.
Ejemplo del lavado de activos (Ley 155-17
La Ley 155-17, sobre Lavado de Activos y Financiamiento del Terrorismo
en la República Dominicana, establece un marco legal para prevenir y
combatir estas actividades ilícitas. Un ejemplo de lavado de activos bajo
esta ley sería cuando una persona o empresa recibe dinero proveniente de
actividades ilegales, como el narcotráfico, y luego lo invierte en un negocio
legítimo, como una empresa constructora, para darle apariencia de
legalidad.
Caso:
Juan recibe en su cuenta bancaria una gran suma de dinero proveniente del
narcotráfico. Luego, transfiere ese dinero a varias cuentas a nombre de
terceros y lo invierte en la compra de una plaza comercial, con el fin de
“legalizar” el origen de los fondos.
Dolo
Juan actúa con dolo porque sabe que el dinero proviene de actividades
ilícitas y quiere ocultar su origen, simulando que proviene de actividades
legales.
Acción dolosa: Juan voluntariamente realiza maniobras para ocultar el
origen ilícito del dinero.
Culpa
Ahora imaginemos a Pedro, quien trabaja en un banco y aprueba una
transacción sospechosa de gran monto sin realizar el debido proceso de
verificación que exige la ley.
Pedro no quería colaborar con el lavado de activos, pero actuó con
negligencia al no cumplir los protocolos.
Culpa: Aunque Pedro no quiso participar en el delito, su imprudencia o
negligencia puede acarrearle responsabilidad administrativa o penal si se
prueba su falta de diligencia debida.
Ánimo específico
Para que Juan sea condenado por lavado de activos bajo la Ley 155-17, se
debe probar que actuó con ánimo específico de:
Ocultar o disimular el origen ilícito del dinero,
Integrarlo al sistema financiero como si fuera legal,
Beneficiarse económicamente del mismo.
El ánimo específico en este delito es la intención de legitimar bienes
provenientes de actividades criminales.