HISTORIA DE POTOSI
En tiempos
prehispánicos, esta
región estaba habitada
por los aborígenes
Charcas y Chullpas, así
como por grupos mas
pequeños de Quechuas
y Aymaras. Estos
pueblos eran pacíficos,
hábiles artesanos en
cerámica y platería, que
como las demás etnias
del occidente boliviano,
sufrieron la colonización
Inca. Conscientes de
que los cerros de la zona poseían minerales valiosos, los quechuas establecieron
la explotación de las minas de plata en Porco, para lo cual crearon el sistema de
trabajo llamado “mita”, es decir, trabajo obligatorio en las minas para los pueblos
vasallos. De esta manera se proveían de los metales que los enriquecieron y, a la
larga, también contribuyó a pagar el rescate del último emperador del
Tawantinsuyo, Atahualpa, cuando fue apresado por los castellanos.
Estas minas ya tenían amplia fama a la llegada de los españoles, quienes al
terminar de desbaratar el Imperio Inca, no tardaron en llegar a Potosí en busca de
oro y plata. Las de Porco fueron las primeras en caer en sus manos, puesto que
las riquezas del Sumaj Orco (el célebre Cerro Rico) aun no habían sido extraídas;
no por falta de intentos, puesto que la leyenda afirma que el Inca Huayna Kapac,
descendiente de Pachacutec, el que primero sometió a la región andina, tenia
intenciones de explotar la plata del cerro, y para ello envió a sus mineros. Al
empezar a abrir los hoyos, se asegura que escucharon una voz sobrenatural
desde las entrañas de la montaña, que les ordenó dejarla intacta.
El honor de ser el fundador le habría correspondido a Gonzalo Pizarro, el
ambicioso hermano pequeño de Francisco Pizarro, el porquerizo que llegó a
marqués y conquistador de un imperio, si no le
hubiera fallado la intuición. El Pizarro menor,
aburrido en su cargo de Corregidor de Charcas, se
largó a explorar el Sumaj Orco allá por el año 1541,
pero como no tenia mucha paciencia para hacerlo
en detalle, y si muchas prisas por forrarse de plata,
decidió que allá no había nada. No hallo ni la más
mísera veta argentífera, sólo montones de altares
de piedra para ofrendas, que él, español católico al
fin, declaró paganos, y se marchó.
Seria el indio Diego Huallpa quien daría con el
metal, tres años después. Y acá es donde la
leyenda se vuelve a partir en dos versiones: la
primera afirma que Huallpa, buscando unas llamas
extraviadas de su rebaño en la cima del cerro, encontró una veta al arrancar haces
de paja brava. La segunda versión afirma que el descubrimiento se dio cuando
Diego, helado de frío, encendió una fogata para calentarse, derritiendo de paso
una veta de plata. Al ver correr en liquido el precioso mineral, Huallpa decidió
explotar esa riqueza en secreto, haciendo participe del hallazgo solamente a un
compadre suyo, de nombre Chalco, quien, como es de suponer, le fue con el
cuento a un conquistador.
El español, Juan de Villarroel, era uno de los que explotaban las minas de Porco.
Al oír del Sumaj Orco, decidió mandarse mudar para allí, pese a ser una ciénaga
insalubre, muy elevada y con vientos de los mil demonios. Se juntó con otros
compañeros de aventura, Diego de Centeno, Juan de Cotamito y los hombres que
éstos arrastraron consigo, llegando a Potosí en abril de 1545 y reclamándola como
suya en nombre del emperador Carlos I de España y V de Alemania. Las riquezas
del cerro no los defraudaron: parecían inagotables; a la primera mina que abrieron
le dieron el nombre de La Descubridora. Era tanta la cantidad de lingotes de plata
que aportaba a la Corona, que en 1553, Carlos V le concedió a la ciudad un
escudo de armas con un lema que alababa su riqueza, y el titulo de Villa Imperial.
Su nombre pasó a la inmortalidad de la pluma de Miguel de Cervantes, quien hizo
que su Don Quijote de la Mancha pronunciara la frase “vale un Potosí”, para
significar que algo es costosísimo.
Más interesados en la minería que en fundar pueblos, los pioneros se asentaron
como pudieron en las casas de los nativos y en chozas improvisadas en las partes
más secas de la ciénaga potosina. Tuvieron que pasar años de despelote
urbanístico para que por fin el Virrey del Perú, Francisco de Toledo, se diera a la
tarea de organizar la colonia. Declaró oficialmente la fundación de la Villa Imperial
de Potosí en 1572, porque en el entusiasmo de hallar plata a los primeros
pobladores se les olvidó el ritual fundacional de rigor.
Fue también el Virrey de Toledo quien mando construir en 1575, las lagunas
artificiales que proveían de agua a la ciudad. Potosí necesitaba mucha agua tanto
para consumo de su siempre creciente población, como para el trabajo en los
ingenios mineros, pero el líquido no abundaba. Entonces, se concibió aprovechar
los manantiales originados por el deshielo de las cumbres de la serranía de Qari-
Qari, que rodea la ciudad, construyéndose enormes embalses que derivaban las
vertientes y el agua de lluvia hacia cinco lagunas artificiales.
Estas sumaron treinta y dos con el tiempo, y algunas aun existen y son conocidas
con el nombre colectivo de Las Lagunas de Qari-Qari. En ese tiempo, la ciudad
era ya enorme para los parámetros de la época, mayor que muchas capitales
europeas. El que no se dedicaba a buscar fortuna en las minas, lo hacia en
proveer de servicios y bienes de consumo a los que si lo hacían. También la
Iglesia recibió su parte correspondiente de la bonanza, pues a un par de años de
asentarse los españoles, ya se habían empezado a levantar dos iglesias, La
Anunciación y Santa Bárbara, a las que siguieron muchas otras, llegando a haber
alrededor de treinta y seis templos suntuosamente adornados con retablos y
altares de plata pura y oro, de sencillo estilo Neoclásico, o del más ornado estilo
Barroco Mestizo. Es curioso que la división de clases también se diera a la hora
del culto religioso, pues las iglesias se dividían en “de indios” y “de españoles y
criollos”, muchas de ambas categorías están aun de pie o tienen una porción de la
fachada derruida como testimonio residual de su esplendor.
La construcción más notable de
aquel periodo es la Casa de la
Moneda, de las apenas tres que
había hasta entonces en América.
Francisco de Toledo la ordenó
construir en 1572, por la necesidad
de acuñar moneda allí donde se
tenia los metales al alcance, en vez
de mandarlo fundido en lingotes para
que fuesen acuñadas en la
Península, si es que antes no eran
pescados por los corsarios ingleses
y holandeses, aficionados a dejarse
caer sobre los galeones hispanos.
Esta obra estuvo a cargo del arquitecto Salvador de Vila, el mismo que construyó
la Casa de la Moneda de Lima y la Casa de la Moneda de México. Con el aumento
de la producción de plata, les quedó pequeña y pobretona, por lo que el rey de
España mandó que se erigiese una nueva con los impuestos que aportaban los
mineros para ese fin.
La Nueva Casa de la Moneda se construyó a partir de 1751 y acabó en 1773, bajo
supervisión de los arquitectos José de Rivero y Tomás Camberos, quienes
diseñaron un enorme complejo de estilo Barroco Mestizo, con doscientos
ambientes repartidos en quince mil metros cuadrados de terreno. El edificio si que
costó un Potosí, pues se invirtió en él una suma que en moneda actual pasaría de
los diez millones de dólares. En esta casa se acuñó moneda durante siglos, hasta
1953, pasando luego a ser un museo.
El siglo XVI fue el tiempo de mayor esplendor de la urbe, creciendo hasta superar
en población a las metrópolis del Viejo Mundo, y sin nada que envidiarles cultural y
arquitectónicamente hablando. Sus habitantes tenían reputación de derrochadores
y amantes de la ostentación; entre otras excentricidades, se cuenta que para la
procesión de Corpus Christi en 1658 se quitó el empedrado de las calles del
centro hasta la Iglesia de los Recoletos, sustituyéndolo por barras de plata.
Semejante despliegue de lujo creó la leyenda de la ciudad americana cuyas calles
eran todas empedradas con plata y no con guijarros, y que con todo ese metal
alcanzaba y sobraba para construir un puente de plata desde Potosí a Madrid.
A mediados del siglo XVIII, Potosí vivió su segundo auge de la plata, erigiéndose,
como ya se ha mencionado, una nueva casa de acuñación monetaria. Después de
esta breve pitanza, la minería entró en decadencia, agravada por la Guerra de la
Independencia, durante la cual Potosí fue la plaza más disputada, cambiando de
manos todo el tiempo, pues España no pensaba dejar ir a la gallina de los huevos
de oro sin dar dura pelea. Y pelea hubo por quince años, desde que el 10 de
noviembre de 1810 se rebelaron los patriotas, echando del cargo de gobernador a
Francisco de Paula Sanz, de quien se chismeaba era hijo ilegitimo del rey Carlos
III de España. Alentados por las victorias de los patriotas de la vecina Argentina,
los guerrilleros del pueblo de Tupiza entraron también en el combate contra los
realistas de Sanz, a quien no le costó vencerlos, para marchar luego a Charcas a
hacer lo mismo con los sublevados de allá. La larga guerra se saldó finalmente en
1825 con la intervención de los venezolanos Bolívar y Sucre. El segundo fue quien
decretó la creación del Departamento de Potosí el 23 de enero de 1826.
La guerra por la independencia dejó a Potosí en ruinas, con la población rondando
a duras penas la cifra de nueve mil almas, expoliada de sus riquezas, que fueron o
saqueadas o trasladadas a España u otros lugares, y su industria minera
paralizada. Tardaría décadas en reponerse, gracias al repunte internacional del
estaño, metal hasta entonces despreciado. En 1850, se reactivaron las minas,
dándose preferencia a la extracción de estaño. Con los altos precios que tenia
este metal a nivel mundial, Potosí pudo volver a ser el centro de la economía
boliviana hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, durante la cual Estados
Unidos obligó al país a venderle metales a precios de ganga.
De las guerras que libró Bolivia con sus vecinos, la que afectó en mayor grado a
Potosí fue la del Pacifico, en 1879. Con parte de la costa marítima que pertenecía
a Potosí, se había creado un nuevo departamento (Mejillones, o Litoral como se le
llama popularmente), el que se perdió en esta contienda, y con ello la salida al
Océano Pacifico. Esto obviamente le quitó competitividad a la exportación minera
potosina, que ahora tenia que sacar su producción por puertos extranjeros,
pagando aranceles.
En la Guerra del Chaco, la mano de obra de las minas se destinó a las tropas, con
desastrosos resultados. No solo se perdió más territorio, si bien no de Potosí, si no
que también se acabó de rematar la producción ya alicaída. La Potosí, que
empedraba sus calles con plata unos siglos atrás, sigue siendo uno de los tres
departamento más pobres de Bolivia. Culturalmente, sin embargo, es rico. Posee
reliquias materiales e intangibles de mucho valor histórico, que ha intentado
preservar. Por este motivo, la UNESCO la nombró Patrimonio Cultural de la
Humanidad el 7 de diciembre de 1987. Conserva buena parte de su arquitectura
colonial, de calles estrechas que se pueden recorrer a pie, muchos templos
suntuosos, museos con objetos únicos e invaluables, la Casa de la Moneda, con
su maquinaria de acuñación bien conservada y su burlón mascarón en la entrada;
y, por supuesto, el Cerro Rico, que tras cinco siglos de explotación y convertido en
un colmenar de miles de socavones, aun produce plata, y se puede visitar algunas
de sus bocaminas con guía. Sus atractivos naturales tampoco se quedan atrás,
con especial mención del bellísimo Salar de Uyuni, así como Las Lagunas, las
termas de Tarapaya, la Laguna Colorada de aguas rojizas, los complejos mineros
de Llallagua y Porco, el pueblo colonial de Tupiza, y varias cumbres elevadas para
practicar montañismo.
FUNDACION
La ciudad de Potosí fue
fundada el 1 de abril de 1545
como asiento de trabajadores
mineros bajo la dependencia
administrativa del Virreinato
del Perú, pero no hubo una
planificación. Para
septiembre ya se
encontraban más de 170
españoles y miles de
trabajadores indios. Las
vastas riquezas que se
produjeron en Potosí pronto
causaron una explosión
demográfica, con una población que llegó a exceder los 200 mil habitantes durante
la época colonial.
Se estima que Cerro Rico en Potosí llegó a producir el 60% de toda la plata
minada a nivel mundial durante la segunda mitad del siglo XVI, que sumado a los
bajos costos de producción del Nuevo Mundo y la alta demanda desde China, trajo
grandes beneficios al Imperio español.
Según una leyenda popular se deriva de la palabra «Potocsí» que
significaría «gran estruendo», habiéndose perdido una letra en el habla. Se
considera que «Potosí» es una palabra quechua, pero el fonema p’otoj no se
refiere a un «gran estruendo» como se ha descrito, aunque es posible que esta
hipótesis tome sentido aplicando la lengua aimara. Otra explicación dada por
hablantes de la lengua quechua es que potoq es una onomatopeya que imita el
sonido del martillo contra la mina, y la tradición oral habría provocado la aplicación
del nombre al poblado.
El 10 de noviembre de 1810 estalla la Revolución de Potosí, influenciada por otras
insurrecciones que habían ocurrido como la Revolución de Mayo (1809) en
Argentina; así como la Revolución de Chuquisaca (1809), la Revolución de La Paz
(1809), y la Revolución de Santa Cruz (septiembre 1810), siendo las tres últimas
ocurridas en la propia Bolivia. Sin embargo, la revuelta fue derrotada en 1812 y los
revolucionarios sentenciados a morir en la horca en la plaza principal. Entre 1809
y 1825 el poblado de Potosí alternó frecuentemente bajo el control realista o
patriota, hasta que finalmente el 6 de agosto de 1825 fue declarada la
independencia de Bolivia en la Asamblea General de Diputados de las Provincias
del Alto Perú.
En la actualidad la ciudad de Potosí preserva la minería como principal fuente de
ingresos, pero ya explotadas en demasía sus recursos de plata en siglos previos,
sus niveles de producción no se comparan con el apogeo alcanzado durante la
época colonial. Sin embargo, la ciudad de Potosí sigue siendo una importante
productora de plata, estaño y otros metales en Bolivia.
GEOGRAFIA
El departamento de Potosí está ubicado en el sudoeste de la República de Bolivia.
Población: cuenta con 828 093(INE, Censo 2012).
Superficie: Su extensión es de 118.218 Km2. División política: El departamento
de Potosí cuenta con 16 provincias y 301 cantones.
Capital: La capital es la ciudad de Potosí, con una población de 132.966
habitantes. Fundada el 1º de abril con el nombre de Villa Imperial ; está a una
altura promedio de 3936 m s.n.m.
Límites: Al norte, con los departamentos de Oruro y Cochabamba; al sur, con la
república Argentina; al este con los departamentos de Chuquisaca y Tarija y al
oeste con la República de Chile. La ciudad de Potosí se halla el las faldas de la
cordillera oriental de los Andes.
Hidrografía: En una zona rica en lagunas y manatiales que pertencen a la cuenca
altiplánica; sin embargo ríos como el Tupiza, El tumusla y el pilcomayo
desembocan sus afluentes en la cuenca del Plata.
Clima: El clima del departamento de Potosí es frío, con excepción de los valles
enclavados entre las montañas cuyo clima es templado. Una de las zonas más
frías de Bolivia es la del salar de Uyuni, donde la temperatura desciende en el
invierno a -20°C bajo cero.
Grupos Étnicos: El departamento fue poblado originariamente por Charcas,
Chullpas y por comunidades quechua y aymara hablantes. Los grupos de
campesinos que aún conservan su forma de vida a través de los siglos, son
artesanos expertos dedicados al tejido, platería y cerámica. Los grupos actuales
son la muestra viviente de sus ancestros que transmitieron sus conocimientos
generación tras generación.
Provincias:
Provincia Alonzo de Ibanez Provincia Nor Lipez
Provincia Charcas Provincia Quijarro
Provincia Chayanta Provincia Rafael Bustillos
Provincia Daniel Campos Provincia Saavedra
Provincia General Bilbao Provincia Sud Chichas
Provincia Linares Provincia Sud Lipez
Provincia Modesto Omiste Provincia Tomas Frias
Provincia Nor Chichas
DEPARTAMENTO
DE
POTOSI
MATERIA:
COCINA NACIONAL
DOCENTE:
INTEGRANTES:
MARIA RENE PEREIRA VACA
FERNANDA NICOLE MONTAÑO CORONADO
JHOSTIN MICHEL NUÑEZ