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Diálogos

El documento detalla las normas de puntuación y formato para diálogos en la literatura española, destacando el uso de rayas en lugar de comillas y la correcta colocación de acotaciones. También se comparan las diferencias con el formato anglosajón y se ofrecen consejos para mejorar la fluidez y dinamismo de los diálogos. Además, se explican las formas de narrar pensamientos, tanto en estilo directo como indirecto, y se presentan ejemplos ilustrativos.

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Diálogos

El documento detalla las normas de puntuación y formato para diálogos en la literatura española, destacando el uso de rayas en lugar de comillas y la correcta colocación de acotaciones. También se comparan las diferencias con el formato anglosajón y se ofrecen consejos para mejorar la fluidez y dinamismo de los diálogos. Además, se explican las formas de narrar pensamientos, tanto en estilo directo como indirecto, y se presentan ejemplos ilustrativos.

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Diálogo – Literatura española

El estándar español es similar al anglosajón en cuanto a puntuación se refiere, pero


usamos guiones en lugar de comillas. Además, en nuestro formato, los signos de puntuación se
complican un poquito más. Aquí va el ejemplo (extraído de Una muñeca rusa, de Bioy Casares
(1994)):

— ¡Es una lástima! –exclamó la hotelera, sinceramente apenada–. Se va el día antes del gran
baile.
— ¿Qué baile?
— En el Hotel de los Duques de Saboya, un verdadero palace de Chambéry.
— Es una lástima –murmuró Maceira, para contestar algo.

En el formato español, que es el que debemos usar siempre, cada línea del diálogo
empieza con un guion y las acotaciones se colocan también entre guiones. La verdad es que
resulta un poco complicado, así que vamos a repasarlo mejor. Al comenzar el diálogo, no hay
separación entre la raya y el comienzo de la frase. Además, los incisos o intervenciones del
narrador van siempre entre rayas y sin espacios, ya que funcionan como si fueran paréntesis.
Según el “Diccionario panhispánico de dudas” de la RAE, lo primero que hay que aclarar
es que los diálogos en un texto narrativo no van precedidos de guiones, sino de una raya, que
es ligeramente más larga que un guion. Esta raya antecede a los diálogos, tras una sangría, y
sin dejar espacio entre la raya y el comienzo del parlamento. La raya también enmarca las
acotaciones del narrador, y debe cerrarse sólo si el diálogo continúa tras el comentario del
narrador. Ejemplo:
—Hola, ¿cómo estás? —dijo ella tras verle entrar—. ¿Vas a salir?
—No, no saldré —dijo él sin mirarla.

Se coloca raya/guión antes del comentario del narrador (es decir, la acotación que
indica quién habla o qué hace mientras habla). Se coloca espacio después de la ACOTACIÓN.
El comentario del narrador (la acotación) se cierra con punto.

Cuando se utiliza un verbo de habla para el comentario del narrador (decir, exclamar,
afirmar, responder, etc.), éste va en minúscula, aunque el diálogo haya terminado con un signo
de puntuación del mismo valor que un punto, como en el caso de un signo de exclamación o de
interrogación. Los signos de puntuación se ponen después del inciso y tras el guion. Ejemplo:
—¿Eso es todo? —preguntó ella.

Si el diálogo del personaje continúa tras la acotación, y la primera parte termina con
coma, punto, punto y coma o dos puntos, este signo de puntuación se coloca tras la raya del
cierre. Ejemplo:
—Todo —respondió él—. Y tanto que es todo.

Cuando el comentario del narrador no lleva un verbo de habla, la primera parte del
diálogo se cierra con un punto, y la acotación comienza con mayúscula. Si el diálogo continúa
después, se escribe un punto tras la raya de cierre. Ejemplo:
—Muy bien. —Ella se volvió para que no viera su sonrisa—. Me llevo la llave –añadió-. Y
que conste que la llave es mía y no tuya. ¿Te enteras? –De nuevo se digirió a la puerta-. Óyeme
–dijo-, no vuelvas a llamarme. ¿De acuerdo?

Reparad aquí en la diferencia entre los verbos de decir -exclamó, contestó, añadió, rio,
se burló, comentó-, y los verbos que expresan una acción, como “ella se volvió”, o “ella cogió
un rifle y se apuntó en la cabeza” (bueno, a lo mejor la pobre estaba intentando escribir un
diálogo respetando las normas de puntuación).

Consejos para el dinamismo de los diálogos. Utiliza, en general, frases cortas, omite los
verbos en algún caso, sé conciso, ágil, no pierdas el ritmo y el diálogo fluirá mejor. Esto no
quiere decir que no puedas añadir intervenciones de diálogo más largas o complejas, pero
mejor que no sea la tónica habitual. Un ejemplo de diálogos con ritmo:
—¡No estoy asustado!
—Sí, lo estás.
—Muy bien, estoy asustado, ¿qué otra cosa puedo hacer?
—Nada más que venir conmigo y pasarlo bien. La Galaxia es un sitio muy divertido.
Para dar dinamismo a los diálogos, es conveniente INTRODUCIR ACCIÓN. Detener en
ocasiones el diálogo para explicar lo que ocurre también aporta realismo a la escena, además
de que nos ayuda a hacerla avanzar. Hay que evitar diálogos que den demasiada información,
es mejor aligerar el diálogo con un intercambio de frases.

—Pásame la sal. /DIÁLOGOS/


—Toma, papá.
La madre evitó la mirada del padre y miró a su hija, que disfrutaba de la comida ajena a
la tensión que flotaba en el aire. /ACCIÓN/
—¿Qué tal hoy en la escuela?
—¡Ha venido un escritor a darnos una charla!

Otra duda frecuente es cómo escribir un diálogo dentro de un diálogo. Es decir, ¿qué
pasa si un personaje imita la voz de otro? Extraído del libro “Pedro Páramo”, de Juan Rulfo:
—Estás segura de que él fue, ¿verdad?
—Segura no, tío. No le vi la cara. Me agarró de noche y en lo oscuro.
—¿Entonces cómo supiste que era Miguel Páramo?
—Porque él me lo dijo: «Soy Miguel Páramo, Ana. No te asustes». Eso
me dijo.

Diálogo – literatura inglesa

En las novelas y relatos anglosajones, cada intervención de un diálogo ocupa un nuevo


párrafo y se entrecomilla. Aquí tenemos un ejemplo tomado de Las olas, de Virginia Woolf
(1995):
"Mira la telaraña, en el ángulo del balcón", dijo Bernard. "Tiene cuentas de
agus, gotas blancas de luz."
"Las hojas se amontonan alrededor de la ventana, como orejas puntiagudas",
dijo Susan.

Como veis, cuando se va a realizar una acotación, se coloca una coma después de las
comillas y el punto va tras dicha acotación. La acotación es la frase que no pertenece al
diálogo y que describe quién habla en cada momento o qué acción está realizando la persona
que habla o que interviene en el diálogo.

Diálogo indirecto

Menos usado que los anteriores, el diálogo indirecto es aquel en el que el narrador no
reproduce literalmente lo que dicen los personajes, sino que lo convierte en una frase
subordinada detrás de “dice”, “dijo”, “contó”, etc. Esta forma es difícil de escribir,
especialmente si hay muchos diálogos, y se corre el riesgo de abusar demasiado de la
conjunción “que”. Como ejemplo, un fragmento de El beso de la mujer araña, de Manuel Puig
(2003). Pero, si se usa bien, da mucho juego y crea efectos interesantes:
Él le dice que ésa es la última pieza, que va a tocar la orquesta, que ya es hora de
quitarse el antifaz. Ella le dice que no, la noche debe terminar sin que él sepa quién es ella, y
sin que ella sepa quién es él. Porque nunca más se volverán a ver; ése ha sido el encuentro
perfecto de un baile de carnaval y nada más. [Fragmento de "El beso de la mujer araña", de
Manuel Puig].
La bruja, desde dentro de la casa, preguntó que quién andaba por ahí. Laura, que
estaba en compañía de sus amigos, respondió que eran ellos y que una amiga
tenía problemas.

Narrar pensamientos

Estilo directo e indirecto


El estilo directo es aquel que muestra las palabras del personaje tal cual éste las ha
pronunciado, ya sea verbalmente, ya sea en su cabeza. En el estilo indirecto, en cambio, es el
narrador el que nos dice qué ha pensado el personaje.
- Estilo directo: Estuvieron caminando más de dos horas y todos comenzaban a
inquietarse. «El pueblo está más lejos de lo que habíamos previsto», pensó Maite.
- Estilo indirecto: Estuvieron caminando más de dos horas y todos comenzaban a
inquietarse. Maite comenzó a pensar que el pueblo estaba más lejos de lo que habían previsto.

El estilo directo va siempre entre comillas. Al contrario que el diálogo normal, el


pensamiento del personaje, cuando va en estilo directo, lleva siempre comillas,
preferiblemente latinas:
• MAL: Todas las luces de la mansión estaban apagadas. —¿No estarán en casa?—, se
preguntó Jaime.
• BIEN: Todas las luces de la mansión estaban apagadas. “¿No estarán en casa?”, se preguntó
Jaime.

Fórmula “pensó”
Si la conversación está escrita con rayas de diálogo, el pensamiento se escribe entre
comillas:
—¿Y qué pasó después, abuelo? —preguntó el niño.
—Después, los tres chicos se acercaron sigilosamente a la mansión, pero vieron que
las luces estaban apagadas. «No debe de haber nadie en casa», pensó Jaime, pero no
se atrevió a decirlo en voz alta.

Frase con inciso narrativo intermedio


Cuando las construcciones son más largas y necesitan un inciso narrativo, lo
recomendable es escribir la frase completa entre comillas y el inciso entre guiones, siguiendo
las mismas reglas que en los diálogos corrientes:
«No entiendo qué ha querido decir —pensó María, preocupada—. La próxima vez que lo
vea, se lo preguntaré».
«¿Por qué me habrá sacado otra vez el dichoso tema? —María se limpió las lágrimas con
el dorso de la mano—. Habíamos quedado en que no hablaríamos más sobre eso».

Diálogo interno – pensamientos personajes

1ª persona
Usando el DIÁLOGO INTERIOR podemos SIMPLIFICAR LA FORMA DE
REPRESENTAR PENSAMIENTOS. El pensé se puede suprimir y dejamos simplemente la pregunta
que se hace el personaje.
• Me quedé de piedra cuando oí al dragón y pensé: «¿Cómo iba a imaginar que una criatura así
podría hablarme?». Dudé sobre si responderle o marcharme, pero, ya que estaba allí, tampoco
tenía mucho que perder.
- Me quedé de piedra cuando oí al dragón. ¿Cómo iba a imaginar que una criatura así
podría hablarme? Dudé sobre si responderle o marcharme, pero, ya que estaba allí, tampoco
tenía mucho que perder.

• Sobre la mesa que me indicó encontré un montón de telas, vi un bote con lapiceros y unas
tijeras melladas, pero no vi las fotos que mi jefa me pedía. “¿Dónde se han metido las fotos?”,
pensé. /Uso de comillas y del verbo “pensar”. El pensamiento se reproduce tal como sucede,
en presente.
- Sobre la mesa que me indicó encontré un montón de telas, vi un bote con lapiceros y
unas tijeras melladas, pero no vi las fotos que mi jefa me pedía. ¿Dónde se habían metido? /El
pensamiento está insertado en la narración y por tanto se expresa en el mismo tiempo
verbal (pasado).
- Sobre la mesa que me indicó encontré un montón de telas, vi un bote con lapiceros y
unas tijeras melladas, pero no vi las fotos que mi jefa me pedía. Me pregunté dónde se habrían
metido. /Uso del condicional/

3ª persona

• Pedro miró a su gato Napoleón, que maullaba desesperado. Pedro pensó: “¿Qué le pasa a mi
gato?” → Reproduce el pensamiento en presente, tal como imaginamos que ocurren los
pensamientos.
- Pedro se preguntó qué le pasaba a su gato → Se pregunta en pasado, usando el mismo
tiempo verbal de la narración. Este narrador que reproduce los pensamientos sigue mirando a
Pedro desde fuera. Tiene que usar comillas para reproducir los pensamientos como si fueran
frases.
- Pedro miró a Napoleón, que maullaba desesperado. ¿Qué diablos le pasaba a aquel
gato estúpido? ¿Por qué lo estaba molestando? ¿Tendría hambre? ¿Estaría enfermo? → Este
narrador no se sitúa fuera de Pedro, sino que se adentra en su mente y retrata el enfado de
Pedro por la actitud quejumbrosa de Napaleón. Este narrador no es frío y neutro, sino que
detecta las oscilaciones anímicas del personaje (de un solo personaje, Pedro).

Este es el narrador focalizado de 3ª persona o libre indirecto. El pensamiento no es una


cápsula independiente que se reproduce aparte, sino que está integrado en la narración. Este
narrador convierte los pensamientos en preguntas que se hace a sí mismo el protagonista.

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