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Trabajo #2

El documento analiza el modelo peruano de regulación de servicios públicos, destacando su enfoque de economía social de mercado con participación privada y supervisión estatal. Se comparan modelos similares en países como Uruguay, Argentina, Brasil y Francia, y se detalla el procedimiento tarifario en Perú, que incluye regulación basada en costos e incentivos. Además, se reflexiona sobre las lecciones jurídicas y económicas del apagón en España y se proponen cinco temas de investigación relacionados con la regulación de servicios públicos.
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Trabajo #2

El documento analiza el modelo peruano de regulación de servicios públicos, destacando su enfoque de economía social de mercado con participación privada y supervisión estatal. Se comparan modelos similares en países como Uruguay, Argentina, Brasil y Francia, y se detalla el procedimiento tarifario en Perú, que incluye regulación basada en costos e incentivos. Además, se reflexiona sobre las lecciones jurídicas y económicas del apagón en España y se proponen cinco temas de investigación relacionados con la regulación de servicios públicos.
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UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN ANTONIO ABAD DEL CUSCO

FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS POLÍTICAS

ESCUELA PROFESIONAL DE DERECHO

TRABAJO #2

ASIGNATURA : s

DOCENTE :

ALUMNO :

SEMESTRE ACADÉMICO 2025- I

CUSCO, PERÚ

2025
1. ¿Qué países han seguido el modelo de peruano de regulación de servicios
públicos?
El modelo que sigue el Perú con los servicios públicos es el de economía social de
mercado, con participación privada con respecto a la prestación de servicios públicos y
con organismos autónomos que fiscalizan, norman y supervisan los servicios públicos.

Coexisten la participación del sector privado y la supervisión activa del Estado. Este
modelo se consolidó principalmente a partir de la década de 1990, en un contexto de
reformas estructurales que promovieron la liberalización de la economía, la privatización
de empresas estatales y la apertura a la inversión privada en sectores estratégicos.

Los servicios públicos esenciales como la electricidad, el agua, las telecomunicaciones y


el transporte son gestionados mayoritariamente por empresas privadas bajo contratos de
concesión, licencias o asociaciones público-privadas (APPs). Sin embargo, el Estado no
ha abandonado su rol: mantiene la regulación, supervisión y planificación a través de
organismos especializados como OSIPTEL (telecomunicaciones), OSINERGMIN
(energía y minería), SUNASS (saneamiento) y la ATU (transporte urbano en Lima y
Callao).

Existen algunos países que comparten similares características que el modelo peruano,
tales son los ejemplos como Uruguay, Argentina, Brasil, México, Colombia y Francia.

Uruguay

Uruguay es reconocido por mantener un modelo de servicios públicos donde predomina


la gestión estatal directa, aunque con elementos de participación privada en áreas
complementarias. Empresas públicas como OSE (agua y saneamiento), UTE (energía
eléctrica), ANTEL (telecomunicaciones) y ANCAP (energía y combustibles) son los
principales proveedores de servicios esenciales. La población ha respaldado en varias
ocasiones este modelo, incluso bloqueando privatizaciones mediante referendos. A pesar
de su carácter estatal, las empresas públicas uruguayas han incorporado prácticas
modernas de gestión y eficiencia, manteniendo altos niveles de cobertura y calidad. El
Estado también promueve la inclusión social mediante tarifas subsidiadas y una
regulación orientada al acceso universal, convirtiendo a Uruguay en un referente en
América Latina en materia de servicios públicos.

Argentina

En Argentina, los servicios públicos se gestionan bajo un modelo mixto, resultado de


vaivenes políticos y económicos. Durante los años 90, se privatizaron muchos servicios
como energía, telecomunicaciones, transporte y agua. No obstante, a partir de los años
2000, el Estado volvió a tomar control de varias empresas estratégicas como YPF,
Aerolíneas Argentinas, y AYSA, generando una combinación entre gestión estatal y
privada. El sistema está fuertemente regulado, con tarifas subsidiadas en sectores
sensibles como la electricidad, el gas y el transporte público. Esta estructura busca
garantizar el acceso a los servicios, pero también ha generado tensiones fiscales y desafíos
de sostenibilidad. A pesar de estos retos, el modelo argentino refleja una clara voluntad
política de combinar la eficiencia del sector privado con la responsabilidad social del
Estado.
Brasil

Brasil adopta un modelo mixto y descentralizado para la provisión de servicios públicos.


La gestión varía según el sector y el nivel de gobierno (federal, estatal o municipal). En
energía, empresas como Eletrobras han sido parcialmente privatizadas, pero el Estado
mantiene una presencia importante en la generación y transmisión eléctrica. En
saneamiento y agua potable, existen tanto empresas estatales como concesionarias
privadas, especialmente tras la aprobación del nuevo marco legal del saneamiento en
2020, que promueve la inversión privada con metas de cobertura universal. En
telecomunicaciones y transporte, la presencia del sector privado es mayor, aunque con
fuerte regulación estatal. Brasil se apoya en agencias reguladoras independientes para
supervisar calidad, tarifas y cumplimiento de contratos, buscando un equilibrio entre
eficiencia económica y derechos sociales.

Francia

Francia presenta un modelo de servicios públicos profundamente ligado a la tradición del


Estado de bienestar y del servicio público como derecho ciudadano. Históricamente, el
Estado fue el principal proveedor de servicios esenciales como educación, salud, energía,
agua y transporte. A partir de las décadas de 1980 y 1990, se introdujo una apertura hacia
el sector privado, bajo un modelo mixto con fuerte regulación estatal. Por ejemplo, en el
sector del agua, muchas comunas delegan la gestión a empresas privadas como Veolia o
Suez, pero el servicio sigue siendo considerado de interés general y está estrictamente
regulado. En energía, EDF (Électricité de France), aunque parcialmente privatizada, sigue
siendo un actor dominante. En transporte, SNCF gestiona los ferrocarriles con apoyo
público, mientras que existen concesiones privadas en otros ámbitos. El modelo francés
equilibra la participación privada con un compromiso firme del Estado como garante de
la continuidad, accesibilidad y calidad del servicio público.

2. Explique cual es el procedimiento tarifario de los servicios públicos en el Peru


(formulas, costos, operativos, etc.)
En el Perú, los organismos reguladores autónomos como OSIPTEL
(telecomunicaciones), OSINERG (energía) y OSITRAN (transporte) son los encargados
de establecer las tarifas de los servicios públicos esenciales. Para tomar estas decisiones,
se apoyan en tres pilares fundamentales:
1. Los contratos de concesión, que establecen los términos acordados entre el
Estado y las empresas operadoras.
2. Las normas sectoriales, que incluyen leyes y decretos supremos que rigen cada
industria.
3. Las disposiciones internas, emitidas por los consejos directivos de cada
organismo regulador.
Métodos de regulación tarifaria
Existen dos enfoques principales para determinar las tarifas:
1. Regulación basada en costos (incentivos limitados):
o Las empresas recuperan sus gastos operativos y obtienen una rentabilidad
fija.
o Ejemplo: Regulación por tasa de retorno (rate of return), donde los precios
se ajustan según los costos reales de la empresa, sin mayor presión para
mejorar la eficiencia.
2. Regulación basada en incentivos (mayor eficiencia):
o Las tarifas no están directamente ligadas a los costos, lo que motiva a las
empresas a optimizar sus operaciones.
o Incluye métodos como:
▪ Precios tope (price cap): Fija límites máximos de aumento según
la inflación.
▪ Competencia por comparación (yardstick competition):
Evalúa el desempeño frente a empresas similares.
▪ Regulación por desempeño: Vincula las tarifas a indicadores de
calidad y eficiencia.
¿Por qué es necesaria la regulación?
La intervención del Estado en estos mercados se justifica por tres razones:
1. Economías de escala: En industrias como el agua o la electricidad, los costos
disminuyen a mayor producción, lo que favorece la existencia de monopolios
naturales.
2. Costos hundidos: Las altas inversiones iniciales (ej. redes de distribución) son
difíciles de recuperar si hay competencia.
3. Consumo masivo: Al tratarse de servicios esenciales, su acceso debe ser
equitativo y asequible para toda la población.
Discriminación de precios y planes tarifarios
Las empresas reguladas suelen aplicar estrategias de precios diferenciados para distintos
segmentos de usuarios:
• Discriminación de tercer grado: Tarifas especiales para grupos específicos (ej.
descuentos para adultos mayores o estudiantes).
• Discriminación de segundo grado: Planes con estructuras de precios variables
(ej. tarifas en dos partes: un costo fijo más un cargo por consumo).
Un caso concreto es el de la telefonía fija en el Perú, donde las tarifas se organizan en
"canastas" (como la Canasta D, que combina una cuota mensual con el costo por llamadas
locales). Esto permite ofrecer opciones accesibles sin comprometer la viabilidad
financiera del servicio.
TASA DE RETORNO O RATE OF RETURN
La regulación por tasa de retorno en los servicios públicos esenciales como electricidad,
agua y telecomunicaciones representa un delicado equilibrio entre dos necesidades
fundamentales: por un lado, asegurar que las empresas recuperen sus costos operativos y
obtengan un retorno razonable sobre sus inversiones; y por otro, proteger a los
consumidores de tarifas excesivas. Este modelo, con raíces en la experiencia regulatoria
estadounidense y aplicado en sectores peruanos como la transmisión eléctrica, opera bajo
una lógica aparentemente simple: las tarifas deben cubrir los costos fijos (estructura
administrativa, mantenimiento básico) y variables (insumos, combustibles), más un
porcentaje calculado sobre el capital invertido que sirva de incentivo a los inversionistas.
El corazón del sistema late en su fórmula fundamental, donde los ingresos autorizados
equivalen a la suma de los costos operativos más un retorno porcentual sobre la base de
inversión reconocida. Precisamente en esta última variable -la valorización de los activos-
reside una de las mayores complejidades. Mientras el método de costo histórico (basado
en valores contables) puede volverse obsoleto rápidamente en contextos inflacionarios o
de avance tecnológico, el valor de reemplazo (que considera precios y tecnología
actuales) emerge como alternativa más dinámica, aunque no exenta de desafíos en su
cálculo.
Ingresos = Costos operativos + (Tasa de retorno × Base de inversión)
El principio de no confiscatoriedad actúa como faro orientador: las tasas deben ser
suficientes para que los inversionistas recuperen y rentabilicen sus aportes, pero sin
convertirse en un subsidio encubierto que distorsione el mercado. Sin embargo, como
bien señala la experiencia regulatoria, ninguna tasa puede garantizar rentabilidad "justa"
en sentido absoluto, pues factores como la inflación, la volatilidad cambiaria o cambios
regulatorios imprevistos pueden alterar drásticamente los escenarios proyectados.
Este modelo muestra su mejor cara al fomentar inversiones en infraestructura crítica -
particularmente valioso en países en desarrollo que necesitan expandir cobertura de
servicios-, pero arrastra una sombra importante: el llamado Efecto Averch-Johnson,
donde las empresas encuentran incentivos perversos para inflar artificialmente su base de
capital con el fin de aumentar sus ingresos regulados, incluso cuando existen alternativas
más eficientes. Esta distorsión, sumada a los altos costos de regulación (auditorías
complejas, disputas técnicas sobre valoración de activos) y a la inherente asimetría
informativa que favorece a las empresas reguladas, plantea desafíos significativos.
En el caso peruano, el sector de transmisión eléctrica ofrece un ejemplo concreto de
aplicación. Bajo la Ley de Concesiones Eléctricas, las empresas reciben compensaciones
calculadas sobre el Valor Nuevo de Reemplazo de sus activos, aplicando una tasa fija del
12% anual. Este enfoque busca simplificar el proceso regulatorio, aunque no está exento
de debates sobre su adecuación a realidades tecnológicas y económicas en constante
evolución. La tensión entre atraer inversiones y garantizar eficiencia sigue siendo, en
última instancia, el gran desafío que este modelo de regulación debe resolver.
3. ¿Que elección en el ámbito jurídico y económico, de lo sucedido en el apagón
de España?
La crisis energética que vivió España no fue un mero contratiempo aislado, sino una
experiencia que dejó ver lecciones profundas en lo jurídico y lo económico, mostrando lo
difícil que resulta gobernar un sector estratégico en medio de la inestabilidad global.
Desde la óptica regulatoria, quedó claro que los marcos legales pensados para mercados
tranquilos se resquebrajan ante choques externos, sobre todo cuando descansan en
mecanismos como el marginalismo eléctrico: al vincular el precio final a la tecnología
más costosa normalmente el gas, generan distorsiones insostenibles cuando los precios se
vuelven volátiles. Esta rigidez normativa obligó al Gobierno a adoptar medidas
excepcionales, como el controvertido “tope al gas”, que si bien alivió la factura de los
consumidores de forma provisional, abrió un intenso debate constitucional sobre los
límites del intervencionismo y la seguridad jurídica de las empresas.
En el plano económico, la emergencia dejó al descubierto las contradicciones de una
transición energética mal sincronizada: el entusiasmo por las renovables se topó con la
realidad de una infraestructura que aún depende de combustibles fósiles. El cierre
acelerado de centrales convencionales nucleares y de carbón sin haber implantado fuentes
de respaldo sólidas convirtió al gas en un cuello de botella crítico, agravado por la
geopolítica tras la invasión de Ucrania. Este desajuste entre la ambición climática y las
limitaciones técnicas trasladó costes desorbitados a hogares y empresas, demostrando que
la política energética exige algo más que buenas intenciones: requiere planificación a
largo plazo, evaluación rigurosa de riesgos y, sobre todo, mecanismos de transición que
mantengan la estabilidad del sistema.
Así, el caso español pone de relieve una paradoja de la era de la descarbonización:
mientras el derecho avanza hacia mercados supuestamente eficientes, la economía real
sigue sujeta a factores geopolíticos e infraestructurales que escapan a los esquemas
regulatorios clásicos. La gran enseñanza es que ni la fe ciega en el mercado ni la
intervención estatal unilateral aportan soluciones milagrosas; se impone rediseñar las
instituciones con reguladores técnicamente sólidos, normas que anticipen escenarios de
crisis y políticas industriales que conjuguen sostenibilidad y seguridad de suministro. Un
aprendizaje costoso, pero esencial, para cualquier país que afronte los dilemas de la
transición energética en un mundo volátil.

4. Establezca según hasta ahora lo aprendido en este curso: 5 temas de investigación


(en regulación de servicios públicos)

1. La transformación del rol del Estado en la prestación de servicios públicos en el


Perú
2. El impacto de los principios de acceso universal, continuidad y calidad en los
servicios públicos
3. Relación entre servicios públicos y derechos fundamentales en el marco
constitucional peruano
4. Inversión privada en servicios públicos: asociaciones público-privadas y su
regulación legal
5. Responsabilidad social y sostenibilidad en la prestación de servicios públicos

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