IRAK
Irak: Las mujeres representan la mitad de la población de Irak, pero son casi invisibles en la esfera
pública. En esta sociedad ultraconservadora, el lugar de una mujer no es ni en la escuela ni en el
trabajo, sino fuera de la vista, encerrada en su casa. Sin embargo, algunas valientes han decidido
luchar contra estas tradiciones a pesar del peligro. Nuestros reporteros acompañaron a tres de estas
mujeres en Bagdad.
En Irak, el feminismo es un concepto marginal con poca tracción en la sociedad. Pero las mujeres del
país se encuentran entre las más desamparadas del mundo y la desigualdad de género se extiende
a todos los niveles de la sociedad iraquí.
Las tasas de analfabetismo entre las adolescentes son el doble que las de los niños. Mientras tanto,
solo el 14% de las mujeres están empleadas, en comparación con el 73% de los hombres, según
cifras de la ONU.
En lugar de buscar una educación superior y una carrera, se espera que las mujeres iraquíes se casen
jóvenes y sean esposas y madres obedientes. Incluso dentro de estos roles domésticos, las mujeres
pueden enfrentar un terrible maltrato por parte de sus parejas. Casi la mitad de las mujeres casadas
se han enfrentado a alguna forma de violencia doméstica, ya sea emocional, física o sexual.
Desde la violencia doméstica hasta el matrimonio forzado, los crímenes de "honor" y la violación,
las mujeres iraquíes enfrentan diversas amenazas. Pero a pesar de los riesgos, una valiente minoría
está desafiando este patriarcado profundamente arraigado. Nuestros reporteros en Bagdad, Jack
Hewson y Lucile Wassermann, conocieron a tres pioneras que están tratando de promover la causa
del empoderamiento de las mujeres.
Las mujeres iraquíes, sobre las que recae fundamentalmente la responsabilidad de satisfacer las
necesidades básicas de la población, se han visto obligadas a intensificar su trabajo, hirviendo agua,
preparando comida y cuidando a los niños traumatizados por los bombardeos, las enfermedades y
la malnutrición.
irak tiene una brecha de género del 53.5%. Con ese porcentaje Irak es uno de los países con mayor
brecha de género. Deben disminuir las diferencias entre hombres y mujeres que mejore la situación
de éstas, lo que a su vez redundaría en una mejora en la competitividad del pais.
Teeba Saad analiza los impactos tras décadas de guerra y los desafíos a la igualdad
Desde principios del siglo XX y hasta hoy, el mundo árabe se ha visto expuesto a numerosas guerras,
conflictos armados y colonialismo directo e indirecto. Estas guerras han dejado las peores
devastaciones humanas, morales y psicológicas en todos nuestros países, a las que tienen que
enfrentarse todas las clases sociales, especialmente las mujeres. Las mujeres tienen un doble papel
en el hogar: criar y cuidar a los hijos y suplir la ausencia de los padres, que están en los campos de
batalla, en cautiverio, en el martirio o detenidos. Las mujeres trabajan fuera de casa y se enfrentan
a los problemas de la discriminación de género.
Las mujeres también se enfrentan al destino de defender su patria. Las vemos estar codo a codo con
los hombres en los campos de batalla y luchar ferozmente para proteger su tierra, e incluso ser
sometidas a la detención, el encarcelamiento, la tortura y la privación de sus derechos humanos más
básicos. Las luchas de las mujeres palestinas son emblemáticas en este sentido. Sufren la ocupación
sionista y el despojo de sus tierras desde hace más de 70 años. Durante generaciones, las mujeres
palestinas han sacrificado y entregado sus bienes más preciados para lograr la independencia y
recuperar sus tierras robadas por los sionistas. Son tratadas por la ocupación con los métodos de
tortura más atroces en las cárceles cuando son detenidas e incluso en su vida cotidiana. Se cometen
discriminaciones, separaciones, marginaciones y tratos inhumanos contra ellas, y siguen luchando y
haciendo dobles esfuerzos para vivir una vida justa.
Este mismo escenario se repite con las mujeres del Líbano, Yemen, Libia, Siria e Irak. Las mujeres de
estos países sufren con el conflicto armado entre elementos terroristas y grupos islámicos
extremistas, lo que las deja vulnerables a la migración forzada y al desplazamiento a las regiones
fronterizas de sus países. Huyen para protegerse de los asesinatos, los matrimonios infantiles, las
violaciones y la imposición de normas religiosas extremistas por parte de los jeques de partidos
religiosos, el control del gobierno y las leyes.
Décadas de conflictos militares en Irak
El acceso a la explotación de los territorios es el principal motivo de las guerras en nuestra región,
que siempre tuvo una gran riqueza en recursos naturales como el petróleo.
Desde hace décadas, la política de acceso y control de estos recursos es la misma: impedir los
procesos y movimientos de liberación de las mujeres y de los pueblos de la región.
Desde la independencia de los países del mundo árabe, y en Irak especialmente desde 1977, los
Estados Unidos pasaron a aplicar una estrategia política de injerencia indirecta para ocupar el país y
acceder a nuestros recursos. La manipulación económica ocupa un lugar destacado en esta política.
Desde entonces, están los conflictos de los países entre sí, y nuevos conflictos a través de grupos
extremistas: primero los talibanes, luego el Estado Islámico. Otra dimensión de la injerencia indirecta
es la propagación de las drogas, que genera nuevos problemas, especialmente entre las y los
jóvenes.
La guerra entre Irak e Irán (1980-1988) nos dejó muchos muertos y afectó mucho a la vida de las
mujeres. Se calcula que casi una cuarta parte (25%) del pueblo iraquí murió en esa guerra. Las
mujeres siguen sufriendo las consecuencias hasta el día de hoy, ya que muchas se quedaron viudas
y tuvieron que reconstruir la vida de sus familias.
En la Guerra del Golfo (1990-1991), los Estados Unidos lideraron la coalición de 33 países contra Irak.
En dos años, toda la infraestructura del país fue destruida: fábricas, escuelas, calles. Y, entre 2003 y
2011, la invasión y ocupación directas, otra vez protagonizadas por Estados Unidos, devastaron el
país en nombre de la “liberación del pueblo iraquí”.
Desafíos políticos para la paz y la justicia
Para combatir esta realidad imbricada, son muchos los desafíos para quienes luchamos por la paz y
la justicia. Las fuerzas democráticas y laicas no tienen una estrategia clara para hacer frente a estos
escenarios de conflicto. Tienen un papel débil y poca influencia en los sucesos y conflictos que
ocurren en nuestros países y en la relación con la sociedad, especialmente con la clase trabajadora
y los grupos marginalizados. Hay una falta de compatibilidad y armonía entre las estrategias de las
fuerzas democráticas árabes y las de las fuerzas de la Alianza del Kurdistán, y hay puntos de vista
diferentes en muchos temas, lo que impide una visión común y una cooperación efectiva entre estos
grupos. Se produce una exacerbación de los comportamientos políticos sectarios, lo que a su vez da
lugar a más conflictos políticos.
En Irak, uno de los retos es la ausencia de un papel efectivo, influyente y cotidiano de las mujeres
intelectuales y el papel de los políticos frente a esta ausencia y el aislamiento de este grupo ilustrado
con respecto a otros grupos de la sociedad, lo que lleva a nuevos problemas.
En este escenario, además de las organizaciones y partidos de izquierda y nacionalistas, surgieron
nuevas organizaciones, especialmente desde la Primavera Árabe. Con la presencia de jóvenes y en
nombre del feminismo, estas organizaciones se constituyen como ONG y establecen dinámicas de
proyectos. Consiguen fondos externos, pero sin un proceso de organización popular. Por ejemplo,
en las zonas periféricas, donde el 70% de las mujeres son analfabetas, establecen proyectos con
otras prioridades, centrados en el emprendedurismo, con valores y datos poco transparentes. No se
proponen a resolver los problemas desde la raíz.
La participación de las mujeres también tiene lugar en los partidos políticos y en el parlamento, pero
su participación en el proceso político general es escasa. Un gran número de mujeres que participan
en la política y en el parlamento están vinculadas a fuerzas políticas islámicas muy conservadoras, y
es difícil que representen los intereses de las mujeres en los tiempos que vivimos, porque
representan una época pasada que no tiene cabida en la actualidad, y no abordan problemas
actuales como la ignorancia, la pobreza y el desempleo.
En Irak se reducen las diferencias entre sexos
Irak tiene una brecha de género del 53.5%. Con ese porcentaje Irak es uno de los países con mayor
brecha de género. Deben disminuir las diferencias entre hombres y mujeres que mejore la situación
de éstas, lo que a su vez redundaría en una mejora en la competitividad del pais.
En Irak han disminuído las diferencias entre hombres y mujeres respecto al pasado año, como puede
verse en la tabla de la parte inferior de la página.
El índice de la brecha de género analiza la división de los recursos y las oportunidades entre hombres
y mujeres en 156 países. Mide el tamaño de la brecha de dicha desigualdad de género en la
participación en la economía y el mundo laboral cualificado, en política, acceso a la educación y
esperanza de vida.
Las mujeres representan la mitad de la población de Irak, pero son casi invisibles en la esfera pública.
En esta sociedad ultraconservadora, el lugar de una mujer no es ni en la escuela ni en el trabajo, sino
fuera de la vista, encerrada en su casa. Sin embargo, algunas valientes han decidido luchar contra
estas tradiciones a pesar del peligro. Nuestros reporteros acompañaron a tres de estas mujeres en
Bagdad.
En Irak, el feminismo es un concepto marginal con poca tracción en la sociedad. Pero las mujeres del
país se encuentran entre las más desamparadas del mundo y la desigualdad de género se extiende
a todos los niveles de la sociedad iraquí.
Las tasas de analfabetismo entre las adolescentes son el doble que las de los niños. Mientras tanto,
solo el 14% de las mujeres están empleadas, en comparación con el 73% de los hombres, según
cifras de la ONU.
En lugar de buscar una educación superior y una carrera, se espera que las mujeres iraquíes se casen
jóvenes y sean esposas y madres obedientes. Incluso dentro de estos roles domésticos, las mujeres
pueden enfrentar un terrible maltrato por parte de sus parejas. Casi la mitad de las mujeres casadas
se han enfrentado a alguna forma de violencia doméstica, ya sea emocional, física o sexual.
Desde la violencia doméstica hasta el matrimonio forzado, los crímenes de "honor" y la violación,
las mujeres iraquíes enfrentan diversas amenazas. Pero a pesar de los riesgos, una valiente minoría
está desafiando este patriarcado profundamente arraigado.
Nuestros reporteros en Bagdad, Jack Hewson y Lucile Wassermann, conocieron a tres pioneras que
están tratando de promover la causa del empoderamiento de las mujeres.
Lamentablemente no puedo hablar de logros en cuanto a los derechos de las mujeres en Irak. Más
bien tengo que hablar de retrocesos sistemáticos que comenzaron en 2003 con la ocupación
americana hasta la actualidad y que han desembocado en la fragmentación del país entre varias
fuerzas locales, radicales y sectarias, con un intervencionismo flagrante de las fuerzas regionales e
internacionales.
Los interlocutores de los ocupantes, que hoy en día acaparan el escenario político y social, en su
mayoría son fuerzas reaccionarias, sectarias y tribales, que no son precisamente las más amigas o
defensoras de los derechos de las mujeres. Estos interlocutores las han sometido a todo tipo de
vejaciones, persecuciones, asesinatos, cárceles y merma de derechos civiles y políticos. Ellas sufren
la violencia de todos los grupos beligerantes de un islam político sectario manipulado por las fuerzas
regionales. En este contexto no puedo hablar de logros colectivos.
Durante el 2014, las mujeres iraquíes han sufrido con sus familias dos olas colosales de
desplazamiento masivo. La primera, a manos del ejército del ex jefe de gobierno Al-Maliki que
bombardeó la población civil en la zona de Al-Anbar, causando la huida masiva de decenas de miles
de familias cuyos miembros aún siguen dispersos y a la intemperie.
La segunda huida masiva de la población civil tuvo lugar en verano, en Nineve, donde yazidíes,
cristianos y musulmanes chiíes y suníes, huyeron a raíz de la caída de esta zona y de otras provincias
en manos de los radicales del Estado Islámico (EI). Las atrocidades cometidas por parte de estos,
contra las mujeres en especial, llegaron a convertirlas en víctimas esclavizadas, como fue el caso de
las mujeres yazidíes. Mujeres médicas, periodistas, abogadas o profesoras, de entre las mismas
musulmanas suníes de Mosul, fueron intimidadas o incluso ejecutadas por el mero hecho de negarse
a acatar las oscuras pautas de los elementos terroristas del EI.
A este macabro panorama se puede añadir las nefastas prácticas de decenas de milicias sectarias,
apoyadas por el gobierno, que están haciendo estragos en la población civil. Por todo esto, miles de
mujeres de toda condición social se ven desarraigadas y atrapadas en campamentos de refugiados
esperando un milagro que las devuelva a sus casas junto a sus familias. Otras muchas siguen
encarceladas o sencillamente recluidas en sus hogares por miedo.
Revisando los sucesos del año 2014, el único logro para las mujeres fue la congelación de la ley
yaafarí –o chií– que permitía a las familias casar a sus niñas a partir de los 9 años con el marido que
estimasen oportuno. Esta congelación pone fin, de momento, a los matrimonios pactados, cuyas
víctimas principales suelen ser las niñas menores de edad, especialmente aquellas pertenecientes a
familias con menores recursos económicos. Esta victoria momentánea se debe a las campañas de
protesta organizadas por asociaciones de mujeres y de derechos humanos, dentro y fuera de Irak –
entre ellas Amnistía Internacional–. Pero la ley sigue vigente –solo está aplazada su aprobación en
el Parlamento por las circunstancias bélicas actuales y la caída de varias provincias bajo control de
rebeldes y fuerzas radicales–, por lo que hay que seguir luchando.
Las mujeres de Irak, a pesar de la descomposición del Estado, de la corrupción y la ausencia de un
gobierno central que garantice los derechos de los ciudadanos, y en concreto de las mujeres, no han
perdido la esperanza. Siguen estudiando, trabajando y luchando por superarse para recuperar unos
derechos que, en gran parte, ya los habían conquistados hace más de medio siglo.
Ellas siguen denunciando injusticias a través de todos los foros y las redes de comunicación,
exigiendo el derecho a una igualdad plena, al tiempo que reivindican libertad, democracia y justicia
social en un sistema laico, lejos de ocupaciones e intervencionismos, de militarismo y milicias, de
sistemas teocráticos autoritarios y arcaicos que instrumentalizan la religión para someterlas.
Ante el terrible asesinato de la bloguera Tiba Ali que, según informes, fue estrangulada por su padre
en una discusión familiar, Aya Majzoub, directora adjunta de Amnistía Internacional para Oriente
Medio y el Norte de África, ha declarado:
“Hasta que las autoridades iraquíes adopten una legislación firme para proteger a las mujeres y las
niñas de la violencia de género, seguiremos siendo testigos inevitablemente de asesinatos tan
terribles como el que ha sufrido Tiba Ali a manos de su propio padre.
“A pesar de que han aumentado los informes de ONG nacionales sobre casos de violencia de género
intrafamiliar, Irak no penaliza este tipo de violencia. Lo escandaloso es que el Código Penal iraquí
aún trata con benevolencia los homicidios en nombre del ‘honor’, que abarcan actos violentos como
la agresión e incluso el asesinato. Tampoco existe un sistema efectivo para denunciar la violencia de
género intrafamiliar ni albergues adecuados para proteger a las mujeres y las niñas.
“El asesinato de Tiba Ali debe ser investigado, el perpetrador debe responder ante la justicia y la
condena debe ser proporcional a la gravedad de este terrible crimen, sin recurso a la pena de
muerte.”
Medios de comunicación locales informaron de que Tiba Ali, que vivía en Turquía y estaba
amenazada por su familia, había regresado no obstante a Irak de visita sólo para ser asesinada el 1
de febrero de 2023. Según informes, su padre se entregó a las autoridades. La noticia de su asesinato
se conoció el miércoles por la noche y usuarios y usuarias de las redes sociales empezaron a
condenarlo y a pedir responsabilidades con la etiqueta “We Demand Tiba’s Rights” (Reclamamos los
derechos de Tiba).
El Parlamento iraquí recibió un proyecto de ley sobre violencia de género intrafamiliar que debatió
en 2019 y 2020, pero que está paralizado desde entonces. En 2020, agencias de la ONU en Irak
expresaron su preocupación por el aumento de los casos de violencia de género intrafamiliar
durante la pandemia de COVID-19.
Una mujer transexual dijo que varios hombres la golpearon, la arrojaron a un contenedor de basura,
le hicieron cortes y le prendieron fuego antes de ser rescatada. Un hombre homosexual contó que
su novio fue asesinado ante sus ojos. Una mujer lesbiana fue apuñalada en la pierna y se le advirtió
que dejase su “comportamiento inmoral”.
Estos relatos forman parte de un reporte de Human Rights Watch que acusa a grupos armados de
Irak de secuestrar, violar, torturar y matar con impunidad a lesbianas, gays, bisexuales y transexuales.
El gobierno iraquí, añadió, no ha llevado a los responsables ante la justicia.
Publicado el miércoles, el reporte del grupo con sede en Nueva York en colaboración con la
organización proderechos LGBT iraquí IraQueer, acusa también a la policía y a las fuerzas de
seguridad de ser a menudo cómplices de agravar la violencia contra la comunidad y de arrestar a
gente “debido a su apariencia no normativa”.
El informe presenta un panorama donde las personas LGBT están acosadas desde varios frentes,
incluyendo la “violencia extrema” por parte de familiares, el acoso callejero y la persecución y acoso
digital por parte de grupos armados en redes sociales y en aplicaciones de citas, añadió. “Los ataques
contra iraquíes LGBT se han vuelto multifrontales y los métodos de ataque se han ampliado”, dijo
Rasha Younes, investigadora de derechos LGBT en Oriente Medio y el norte de África para HRW y
una de las autoras del reporte, en respuesta a preguntas enviadas por email.
Según el reporte, “mucha gente LGBT dice que se sienten obligados a ocultar quienes son para seguir
vivos”.
En gran parte de Oriente Medio y el norte de África, las personas LGBT y los grupos que defienden
sus derechos enfrentan violencia y discriminación, y la mayoría de los países de la región tienen leyes
que criminalizan las relaciones entre personas del mismo sexo, apuntó Younes, añadiendo que
donde no ocurre, se emplean otras leyes para atacar a la comunidad.
Concretamente en Irak, “la cultura de la impunidad y la relativa ausencia del Estado de derecho (...)
permite a los grupos armados evitar el castigo por la violencia ejercida contra los iraquíes de a pie,
incluyendo la gente LGBT”, afirmó.
Los grupos armados sospechosos de abusos contra la comunidad, de acuerdo con el reporte, están
en su mayoría dentro de las Fuerzas de Movilización Popular, un conjunto de milicias sancionado por
el gobierno de las cuales las más poderosas son chiíes respaldadas por Irán. El vocero del Ministerio
del Interior, el general de división Khaled al-Muhanna, negó los ataques de las fuerzas de seguridad
a las personas homosexuales. Un comandante de nivel medio de una poderosa facción de las FMP
contactado por The Associated Press rechazó también las acusaciones y apuntó que la violencia
procedía probablemente de sus familias.
El grupo extremista Estado Islámico, que en el apogeo de su poder controlaba grandes partes de
Siria e Irak, reservaba uno de sus métodos más brutales de asesinato para los sospechosos de ser
homosexuales: arrojarlos al vacío desde azoteas.
El informe se basó en parte en 54 entrevistas con iraquís LGBT. Human Rights Watch realizó su
investigación entre junio y noviembre de 2021.