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Religión

El documento aborda la relación entre la razón humana y la fe católica, defendiendo la capacidad de conocer a Dios a través de las criaturas y sus perfecciones. Se refuta el ateísmo y se argumenta que es imposible explicar el origen del mundo sin recurrir a un Creador, destacando la insuficiencia de teorías como el materialismo y el darwinismo. La Iglesia enseña que el conocimiento de Dios es accesible a través de la razón, aunque siempre limitado por nuestra comprensión humana.

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El documento aborda la relación entre la razón humana y la fe católica, defendiendo la capacidad de conocer a Dios a través de las criaturas y sus perfecciones. Se refuta el ateísmo y se argumenta que es imposible explicar el origen del mundo sin recurrir a un Creador, destacando la insuficiencia de teorías como el materialismo y el darwinismo. La Iglesia enseña que el conocimiento de Dios es accesible a través de la razón, aunque siempre limitado por nuestra comprensión humana.

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P. A.

HILLAIRE
Ex profesor del Seminario Mayor de Mende Superior de los Misioneros del S.C.

LA RELIGIÓN DEMOSTRADA
LOS FUNDAMENTOS DE LA FE CATÓLICA ANTE LA RAZÓN Y
LA CIENCIA

IV ¿CÓMO HABLAR DE DIOS? Al defender la capacidad de la razón humana para conocer a


Dios, la Iglesia expresa su confianza en la posibilidad de hablar de Dios a todos los hombres y
con todos los hombres. Esta convicción está en la base de su diálogo con las otras religiones,
con la filosofía y las ciencias, y también con los no creyentes y los ateos. Puesto que nuestro
conocimiento de Dios es limitado, nuestro lenguaje sobre Dios lo es también. No podemos
nombrar a Dios sino a partir de las criaturas, y según nuestro modo humano limitado de
conocer y de pensar. Todas las criaturas poseen una cierta semejanza con Dios, muy
especialmente el hombre creado a imagen y semejanza de Dios. Las múltiples perfecciones de
las criaturas (su verdad, su bondad, su belleza) reflejan, por tanto, la perfección infinita de
Dios. Por ello, podemos nombrar a Dios a partir de las perfecciones de sus criaturas, pues de la
grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor (Sb 13,
5). Dios trasciende toda criatura. Es preciso, pues, purificar sin cesar nuestro lenguaje de todo
lo que tiene de limitado, de expresión por medio de imágenes, de imperfecto, para no
confundir al Dios inefable, incomprensible, invisible, inalcanzable (Anáfora de la Liturgia de San
Juan Crisóstomo) con nuestras representaciones 36 humanas. Nuestras palabras humanas
quedan siempre más acá del Misterio de Dios. Al hablar así de Dios, nuestro lenguaje se
expresa ciertamente de modo humano, pero capta realmente a Dios mismo, sin poder, no
obstante, expresarlo en su infinita simplicidad. Es preciso recordar, en efecto, que entre el
Creador y la criatura no se puede señalar una semejanza tal que la diferencia entre ellos no sea
mayor todavía (Cc. Letrán IV DS 806), y que nosotros no podemos captar de Dios lo que El es,
sino solamente lo que no es y cómo los otros seres se sitúan con relación a El (S. Tomás de A.,
s. gent. 1, 30). RESUMEN. El hombre es por naturaleza y por vocación un ser religioso. Viniendo
de Dios y yendo hacia Dios, el hombre no vive una vida plenamente humana si no vive
libremente su vínculo con Dios. El hombre está hecho para vivir en comunión con Dios, en
quien encuentra su dicha. Cuando yo me adhiera a ti con todo mi ser, no habrá ya para mí
penas ni pruebas, y mi vida, toda llena de ti, será plena (S. Agustín, conf. 10, 28, 39). Cuando el
hombre escucha el mensaje de las criaturas y la voz de su conciencia, entonces puede alcanzar
la certeza de la existencia de Dios, causa y fin de todo. La Iglesia enseña que el Dios único y
verdadero, nuestro Creador y Señor, puede ser conocido con certeza por sus obras, gracias a la
luz natural de la razón humana (cf Cc. Vaticano I DS 3026). Nosotros podemos realmente
nombrar a Dios partiendo de las múltiples perfecciones de las criaturas, semejanzas del Dios
infinitamente perfecto, aunque nuestro lenguaje limitado no agote su misterio. Sin el Creador
la criatura se diluye (GS 36). He aquí por qué los creyentes saben que son impulsados por el
amor de Cristo a llevar la luz del Dios vivo a los que no le conocen o le rechazan. II.
REFUTACIÓN DEL ATEÍSMO. Materialismo - Panteísmo - Positivismo - Darwinismo 16. P. -
¿Puede explicarse, prescindiendo de Dios, el origen del mundo y de los seres que lo
componen? 37 R. -No; es imposible. Todos los sistemas inventados para explicar el origen de
los seres, el movimiento y el orden que reinan en el mundo, la vida de las plantas y de los
animales, la vida intelectual del hombre, son absurdos, imposibles. Es necesario recurrir a Dios
todopoderoso, creador del mundo y de todo lo existente. Hemos de decir con la Iglesia “Creo
en Dios, Creador del cielo y de la tierra”. Es fácil afirmar Dios no existe; basta ser un necio Dixit
insipiens. Pero no termina todo en este aserto hay que explicar el mundo, el mundo existe...
Cabe deslumbrar con las palabras rimbombantes de inmanencia, períodos atómicos, gases en
combustión, cantidades puras, etc., pero estas palabras nada explican. Las pruebas de la
existencia de Dios refutan el ateísmo; quédanos por demostrar lo absurdo de los sistemas
imaginados para explicar 1º, la existencia de la materia; 2º, la organización del mundo; 3º, el
origen de los seres vivientes. Estos sistemas pueden reducirse a cuatro 1º, el materialismo; 2º,
el panteísmo; 3º, el positivismo, y 4º, el transformismo o darwinismo. MATERIALISMO 17. P. -
¿Qué es el materialismo? R. -El materialismo es el grosero error que no admite más que una
cosa la materia, cuyos átomos, primitivamente separados, se han reunido y han formado el
mundo. Según este sistema, la materia es eterna, y existe por sí sola, con sus fuerzas y sus
leyes. Semejante sistema es imposible; y es baldón de nuestra época haber renovado estos
errores paganos. Los incrédulos modernos, al negar a Dios, no pueden librarse de admitir las
perfecciones que este Nombre augusto representa. Las atribuyen a la materia, cuya existencia
única proclaman haciendo de ella un ídolo. Dicen que es necesaria, eterna, increada y creadora
del orden y de la vida. Pero, nada más falso, ni más imposible 1º El Ser necesario no puede
menos que existir; y es evidentísimo que la materia podría no existir. ¿Cuál es el ser, tomado
individualmente, que sea necesario en este mundo? ¿Qué importan una piedra, un árbol, una
montaña más o menos? Lo que es verdadero hablando de las diversas partes, es
necesariamente verdadero hablando del todo; luego, la materia no es el Ser necesario. 38 2º El
Ser necesario es infinito. ¿Puede decirse, por ventura, que la materia es infinita? Toda la
materia ¿no es limitada? La materia no posee ni vida ni inteligencia; no es, pues, infinitamente
perfecta; luego, la materia no es el Ser necesario. 3º El Ser necesario es inmutable; y al
contrario, la materia está sometida a toda clase de mudanzas las combinaciones físicas y
químicas modifican diariamente su forma y manera de ser. Luego, una vez más, la materia no
puede ser necesaria. El ateo es en realidad digno de lástima por los absurdos que está obligado
a admitir. Y así a) Admite una materia, por naturaleza propia soberanamente imperfecta, y
que, sin embargo, tendría una perfección infinita, la eternidad. b) Admite una materia
absolutamente inerte, que se daría a sí misma un movimiento que no tiene. c) Admite una
materia desprovista de inteligencia y que produce obras maestras de inteligencia, como lo es
la organización del universo, ese reloj inmenso y complicado que no se rompe, que no se
detiene, que no se gasta, que no se descompone nunca. d) Admite una materia que no tiene
vida y que produce seres vivientes como la planta, el animal, el hombre. e) Admite una materia
que no piensa, que no raciocina, que no es libre, y que produce seres capaces de pensar, de
raciocinar, de querer libremente, como el hombre. Los impíos modernos capitaneados por
Renán, han renovado el sistema de Epicuro. Suponen un número infinito de átomos que se
mueven en el vacío. Un día, estos átomos se encontraron por casualidad, se unieron y
formaron masas de las que resultaron tierra, sol, luna, estrellas, es decir, el mundo. Su sistema
es pueril y absurdo. Suponen átomos innumerables, mas no dice de dónde salen. Los suponen
en movimiento, pero se olvidan de decir quién los mueve. Suponen que su encuentro fortuito
ha producido el mundo, pero no dicen quién es el autor del orden admirable que reina en el
mundo. Estos incrédulos fundan su sistema sobre tres imposibles 1º Es imposible que existan
átomos sin un creador; 2º Es imposible que los átomos se muevan sin un motor; 39 3º Es
imposible que el encuentro de los átomos haya producido el orden sin un ordenador
inteligente. Se necesita un Dios para crear estos famosos átomos, un Dios para ponerlos en
movimiento, un Dios para formar esos globos admirables que ruedan sobre nuestras cabezas
con orden y armonía sublimes. Lo que se dice de los átomos puede aplicarse igualmente a las
substancias gaseosas o líquidas, a la materia primera que ha servido para construir el mundo.

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