7
Estrategias de generación de valor
en las cadenas de valor globales
frente a los desafíos ambientales
• Romina Ordoñez
• Yoanna Kraus
• Lilia Stubrin
Según estimaciones recientes, la población mundial En este capítulo se
crecerá de los 7800 millones de habitantes actuales revisan las estrategias
a 9700 millones en 2050 (Naciones Unidas, 2019). de inserción
Además, las proyecciones demográficas muestran internacional de varias
una tendencia al alza en el ingreso promedio y la empresas de América
intensidad de uso de los recursos naturales per Latina y el Caribe
cápita (FAO, 2020). El sector agroalimentario ha para hacer frente a los
respondido a estos retos en los últimos 50 años desafíos ambientales y
triplicando la productividad.1 Sin embargo, a pesar aprovechar, al mismo
de los beneficios para la seguridad alimentaria de tiempo, los nichos
millones de personas, en particular en las regiones de mercado que
más pobres del mundo, este incremento de la pro- valoran la producción
ductividad ha tenido consecuencias negativas para ambientalmente
el medioambiente. Entre ellas, destacan la erosión responsable y que están
y la degradación del suelo, la sobreexplotación y la dispuestos a pagar
contaminación de cuerpos de agua, la pérdida de la primas por ella.
biodiversidad, la deforestación y el incremento de
las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Los efectos del cambio climático,
como la irregularidad de las precipitaciones, el incremento de las temperaturas y la
mayor frecuencia de eventos climáticos extremos, agravan aún más estos impactos.
1 Según la FAO (2017a), entre 1960 y 2015 la producción agrícola global ha crecido más de un 300%. Este
incremento ha sido posible gracias a la llamada “revolución verde” (Pingali, 2012).
145
COMPETIR EN LA AGROINDUSTRIA
De acuerdo con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas,
los impactos del sector agropecuario sobre el medioambiente requieren de un cambio
hacia nuevos modelos de producción que prioricen la eficiencia en el uso y la conserva-
ción de los recursos naturales. Estos modelos deben ajustarse a la menor disponibilidad
de agua y de suelo arable, y permitir no solo la producción de alimentos, sino también
revertir los impactos negativos creados por el modelo utilizado hasta ahora, que es-
taba enfocado principalmente en incrementar la productividad (Vos y Bellu, 2019). Tal
como señalan Giovannucci et al. (2012), en vez de producir más, debemos considerar
producir mejor y crear mejores sistemas alimentarios. 2
Este capítulo analiza cómo los desafíos ambientales impactan en la inserción
internacional de algunas empresas agropecuarias de América Latina y el Caribe. Estas
empresas implementan diversas estrategias para enfrentar los desafíos ambientales y
poder aprovechar los nichos de mercado que estos desafíos han creado a nivel global.
Se trata de nichos que valoran fuertemente los modelos de producción ambientalmente
responsables, que usualmente exigen certificaciones ambientales y que, en algunos casos,
están dispuestos a pagar por los servicios ambientales que estos modelos generan. En
la búsqueda de transformar los desafíos en oportunidades, estas empresas interactúan
con otros actores del sistema agroalimentario, como los gobiernos, los sistemas de
innovación y los propios consumidores. Si bien los temas ambientales y sociales están
intrínsecamente relacionados, este capítulo se enfoca exclusivamente en los primeros.
En la primera sección de este capítulo se describen los principales desafíos am-
bientales que enfrenta el sistema agroalimentario. En la segunda sección se presenta
un marco conceptual que describe a los actores principales que conforman los sistemas
agroalimentarios y sus interrelaciones. Este punto resulta fundamental para el análisis de
las estrategias empresariales para enfrentar los desafíos ambientales y las oportunidades
que estos generan, que es el eje del análisis. En la tercera sección se describen cuatro
tipos de modelos de producción adoptados por empresas y productores de alimentos
orientados a la exportación en los estudios de caso del proyecto, que buscan —en dis-
tintos grados— incrementar la adaptación del sector a los efectos del cambio climático
y reducir su huella ambiental. Asimismo, se describen algunos de los mecanismos que
implementan estos productores y empresas para poner en valor dichos modelos de
producción, como las certificaciones y los pagos por servicios ambientales. En la cuarta
sección se ilustran estos elementos analizados a partir de algunos casos de estudio del
proyecto. Por último, se presentan las reflexiones finales del capítulo.
2 Un sistema alimentario abarca todos los elementos (medioambiente, personas, insumos, procesos, infraes-
tructura, instituciones, mercados y comercio) y actividades que se relacionan con la producción, procesamiento,
distribución, comercialización, preparación y consumo de alimentos, así como los resultados de estas actividades,
incluidos los resultados socioeconómicos y ambientales. Un sistema alimentario sostenible es aquel que brinda
seguridad alimentaria y nutricional para todos de tal manera que las bases económicas, sociales y ambientales para
generar seguridad alimentaria y nutrición para las generaciones futuras no se vean comprometidas (ONU, 2015).
146
DESAFÍOS AMBIENTALES
7.1. Desafíos ambientales y la producción agroalimentaria
Las empresas agroexportadoras insertadas en ca- Las empresas
denas de valor globales, así como los pequeños y agroexportadoras
medianos productores agropecuarios que son parte insertadas en cadenas
de sus cadenas de suministro, enfrentan desafíos am- de valor globales, así
bientales directos, como la degradación y escasez de como los pequeños y
los recursos naturales necesarios para la producción medianos productores
primaria, al tiempo que deben mantener altos niveles agropecuarios que son
de productividad y competitividad, y responder a parte de sus cadenas
las mayores exigencias en cantidad y calidad de los de suministro, enfrentan
mercados compradores. Además de ello, el sector desafíos ambientales
debe cuidar el impacto de su actividad en la dispo- directos, al tiempo que
nibilidad futura de recursos naturales para garantizar deben mantener altos
la viabilidad de su actividad a mediano y largo plazo. niveles de productividad
A continuación, se describen los principales desafíos y competitividad, y
ambientales que afectan al sector y que implican pro- responder a las mayores
ducir con recursos degradados e impredecibles, a la exigencias en cantidad
vez que exigen buscar formas de reducir el impacto y calidad de los
de la actividad sobre ellos. mercados compradores.
7.1.1 Alteraciones en la cantidad y la calidad de agua
El sector agroalimentario no solo es un usuario principal que depende de manera vital
del agua, sino que también tiene un impacto directo en la disponibilidad y la calidad
del agua para otros sectores y usuarios a través del uso de sistemas de irrigación, la
aplicación de fertilizantes, cambios de uso del suelo y el uso de agroquímicos. La agri-
cultura es el mayor consumidor de agua, con más del 70% de las extracciones de agua
a nivel global (FAO, 2020).
Según la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la
Agricultura (2020), aproximadamente una sexta parte de la población mundial vive
en zonas agrícolas con severas limitaciones con respecto al agua. 3 La cantidad de re-
cursos de agua dulce disponible por persona al año ha disminuido más de un 20% en
los dos últimos decenios y, si no se toman medidas de forma inmediata, muchas más
personas se verán afectadas. Las alteraciones en el caudal y la calidad de agua han
causado impactos negativos en la productividad de los sistemas agroalimentarios y en
3 FAO (2020) utiliza el estrés hídrico (extracción de agua dulce como proporción de los recursos de agua dulce
disponibles) para medir la gravedad de la escasez de agua que afecta a la agricultura de regadío.
147
COMPETIR EN LA AGROINDUSTRIA
la capacidad de algunos ecosistemas de proveer servicios y bienes ambientales, tales
como pesquerías, productos forestales maderables y no maderables, retención de nu-
trientes, biodiversidad, y valores culturales y recreativos (Mateo-Sagasta y Jacob, 2011).
La escasez mundial de agua se debe también al deterioro progresivo de su calidad
en muchos países, lo que reduce la cantidad de agua segura para su uso (Mateo-Sagasta
et al., 2017). La agricultura desempeña un papel importante en su contaminación porque
descarga grandes cantidades de agroquímicos, materia orgánica, residuos de medi-
camentos, sedimentos y drenaje salino a los cuerpos de agua. La contaminación del
agua resultante plantea riesgos demostrados para los ecosistemas acuáticos, la salud
humana y las actividades productivas mismas (PNUMA, 2016). El desafío para el sector
agropecuario es, entonces, no solo seguir aumentando la productividad con recursos
hídricos más escasos e inestables, sino además satisfacer las necesidades presentes
y futuras de caudal para sustentar las funciones de los ecosistemas y otros usuarios
dependientes del agua.4
7.1.2 Degradación de suelos y ecosistemas
La degradación y contaminación del suelo tienen un efecto directo sobre la produc-
tividad de la tierra y sobre la capacidad de los sistemas agropecuarios de producir
alimentos y otras materias primas. El suelo es un elemento esencial en la agricultura y
su adecuado manejo no solo ayuda a preservar su biodiversidad y la provisión de otros
bienes y servicios ambientales, sino que, además, un suelo sano es una de las mejores
estrategias de adaptación al cambio climático (FAO e ITPS, 2015).
Por otro lado, la tierra destinada a la producción agrícola ocupa más del 10% de la
superficie del planeta. Tan solo en los últimos 50 años, la superficie agrícola ha crecido
un 12%. Durante este período, los avances tecnológicos permitieron que se triplique la
producción. Sin embargo, el uso intensivo de insumos como fertilizantes y pesticidas,
así como la expansión de la frontera agrícola sobre áreas no aptas para la actividad
(por ejemplo, pendientes), bosques y zonas de conservación han generado impactos
negativos en el suelo que limitan su capacidad productiva, así como su provisión de
bienes y servicios ecosistémicos tales como la captura y el almacenamiento de carbono,
la salud del suelo, la captura y reserva de agua, y la preservación de biodiversidad (FAO,
2020). El desafío para el sector agroalimentario es producir más alimentos con suelos
cada vez más degradados y, al mismo tiempo, evitar la deforestación y el avance sobre
áreas con vocación de conservación, adoptando prácticas que reduzcan la erosión y
la contaminación de los suelos.
4 FAO (2020) utiliza el estrés hídrico (extracción de agua dulce como proporción de los recursos de agua dulce
disponibles) para medir la gravedad de la escasez de agua que afecta a la agricultura de regadío.
148
DESAFÍOS AMBIENTALES
7.1.3 Eventos extremos y temperatura
El sector agropecuario tiene un doble papel frente al cambio climático, pues es al tiem-
po causante y víctima de sus efectos. Por un lado, el sector es uno de los principales
responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero, ya que genera entre el
10% y el 12% de las emisiones globales (Smith et al., 2014). Si a las emisiones directa-
mente ligadas a la agricultura sumamos las asociadas al cambio de uso del suelo y la
deforestación, en total, la actividad es responsable de más del 25% de las emisiones de
gases de efecto invernadero. Más aún, el sector es responsable de emisiones de alto
impacto climático como el metano (CH4) y el óxido nitroso (N2O). 5 Se estima que el
sector agropecuario es responsable del 45% de las emisiones de CH4 y el 80% de ellas
son atribuibles a la ganadería. Por otra parte, el sector agropecuario es responsable
del 80% del total de las emisiones globales de N2O, principalmente debido al uso de
fertilizantes.
Por otra parte, la variabilidad climática, así como la intensidad y frecuencia adicional
que el cambio climático trae a eventos extremos como sequías y huracanes, agregan
gran incertidumbre a la producción agrícola. A su vez, esto contribuye a la volatilidad
de precios, incrementando los riesgos a los que está expuesta la actividad. El cambio
climático ha reducido la productividad total de los factores agrícolas a nivel mundial
en aproximadamente un 21% desde 1961. Este efecto es más grave en regiones más
cálidas de América Latina y el Caribe, donde la reducción ha estado entre un 26% y un
34%. Además, existe evidencia de que la agricultura global se ha vuelto más vulnerable
al cambio climático con el paso del tiempo (Ortiz-Bobea et al., 2021).
De hecho, el cambio climático, junto a los cambios de uso de suelo, la deforesta-
ción y los efectos adversos asociados como la erosión, la degradación del suelo y los
procesos de desertificación, pueden contribuir a una mayor propagación de plagas y
enfermedades que afectan, a su vez, la productividad agropecuaria, en detrimento de
la disponibilidad de alimentos (FAO, 2017a). Esta mayor prevalencia de plagas puede
llevar a una sobreutilización de agroquímicos en los cultivos, lo cual no solo contribu-
ye a una mayor contaminación de fuentes de agua y suelos, sino que atenta contra la
salud del personal de campo y de los consumidores de los alimentos sobreexpuestos
a agroquímicos. El desafío para el sector es, por tanto, aumentar su resiliencia a los
impactos del cambio climático y, al mismo tiempo, reducir su aporte al cambio climá-
tico, en consonancia con el objetivo del Acuerdo de París de limitar el aumento de la
temperatura global en 1,5 °C en comparación con los niveles preindustriales para finales
del siglo XXI.
5 El metano puede tener hasta 25 veces más impacto sobre el calentamiento global que el dióxido de carbono
(CO2) (EPA, 2021). El óxido nitroso puede tener casi 300 veces más impacto sobre el calentamiento global
que el CO2 (Skiba y Rees, 2014).
149
COMPETIR EN LA AGROINDUSTRIA
7.1.4 Pérdidas de alimentos y contaminación
Aunque otros desafíos, como el cambio climático y la escasez de agua, generan un
mayor sentido de urgencia en el sector agropecuario, las pérdidas y desperdicios que
se generan en torno a la producción de alimentos también tienen efectos ambientales
importantes. Cuando se pierden y desperdician alimentos, también se desperdicia la
tierra, el agua, la mano de obra, la energía y otros insumos que se utilizan para produ-
cir, procesar, transportar, preparar, almacenar y eliminar los alimentos desechados. De
acuerdo con una reciente metodología desarrollada por la FAO (2019), se estima que
en América Latina y el Caribe se pierde un 11,6% de los alimentos producidos entre la
fase de poscosecha y la distribución (sin incluir esta última).
Adicionalmente, según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos
(EPA, por sus siglas en inglés), los alimentos son la categoría más grande de material
que se coloca en los vertederos sólidos (USDA, 2021). Los residuos orgánicos, tanto en
aguas como en vertederos, emiten el 3,2% de los gases de efecto invernadero a nivel
mundial debido a que al descomponerse producen metano y óxido nitroso (Ritchie y
Roser, 2020), contribuyendo al cambio climático. El desafío para los productores es
buscar formas innovadoras para transformar las pérdidas en subproductos con valor
comercial y así mejorar la eficiencia en la utilización de los recursos naturales y disminuir
la contaminación y el calentamiento global.
7.2. L
os actores del sistema agroalimentario y sus interrelaciones
frente a los desafíos ambientales
Los desafíos ambientales descritos en la sección anterior impactan en los actores que
conforman el sistema agroalimentario: el sector privado, el gobierno, los sistemas de
ciencia y tecnología, y los consumidores (véase el gráfico 7.1). Estos actores juegan di-
ferentes papeles en un medioambiente cambiante y con una disponibilidad de recursos
variable y cada vez menos predecible.
El sector privado, actor principal en la producción de alimentos, no solo abarca
a productores y comercializadores de productos agropecuarios (desde pequeños
productores individuales hasta grandes empresas ancla con importantes cadenas de
abastecimiento), sino también a empresas proveedoras de insumos, como los comer-
cializadores de agroinsumos, las empresas proveedoras de soluciones digitales para
el sector y las empresas certificadoras, entre otros. Muchos de estos proveedores de
insumos se enfocan en la producción de soluciones que contribuyan a una producción
agropecuaria más resiliente y con menor huella ambiental, apalancándose en nuevo
conocimiento científico-técnico. El propio sector productor de agroalimentos es tam-
bién un importante motor de innovación que genera, pilotea y adopta tecnología que
se adapta a los desafíos generados por el medioambiente.
150
DESAFÍOS AMBIENTALES
Gráfico 7.1 • Desafíos ambientales y actores en el sector agroalimentario
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Fuente: Elaboración propia.
El sector privado, sin embargo, no está solo, sino que actúa en interrelación con
otros actores: los consumidores, que cada vez más tienden a preferir a productores con
mayor conciencia ambiental; el gobierno, que impone regulaciones en temas ambienta-
les que generan restricciones adicionales a las biofísicas y provee otros bienes públicos
fundamentales para su actividad; y el sistema de ciencia y tecnología, que busca proveer
soluciones a los desafíos generados por el medioambiente.
Muchos consumidores, principalmente en países desarrollados, entienden el impacto
que sus decisiones de consumo pueden tener a lo largo de la cadena de producción y buscan
productos que respondan a sus preocupaciones o valores ambientales. Como los procesos
de producción de los alimentos son inobservables para la mayoría de los consumidores,
recurren a certificaciones de terceros que validen ciertos atributos de dichos procesos
productivos y están dispuestos a pagar primas de precio por esos atributos diferenciadores.
El Gobierno, por su parte, tiene un papel clave como encargado de mantener el
bienestar de la sociedad en términos ambientales, a través de una provisión equitativa
y sostenible de los recursos naturales. Para ello, diseña e implementa políticas, leyes y
regulaciones, y provee otros bienes públicos que influyen tanto en productores como
en comercializadores y consumidores, cambiando sus posibilidades de consumo y
151
COMPETIR EN LA AGROINDUSTRIA
producción. En el capítulo 9 se describe en profundidad el papel del sector público en
el desarrollo de las cadenas agroexportadoras exitosas en la región.
Por otro lado, el sistema de ciencia y tecnología produce nuevo conocimiento que
permite comprender mejor la magnitud de los desafíos ambientales y desarrollar posibles
soluciones. El conocimiento generado en forma de bien público puede ser utilizado por
el sector privado para desarrollar innovaciones de proceso o producto, y también por
el sector público para establecer regulaciones. Como se mencionó, esto no quita que
parte de la innovación y el cambio tecnológico los introduce el propio sector privado.
De esta manera, las respuestas de cada actor a los efectos del cambio climático y
otros desafíos ambientales a su vez impactan en las decisiones y acciones del resto de
los actores y en el propio ecosistema. De ahí que las estrategias que sigue cada uno de
ellos se vean influenciadas por múltiples factores que operan simultáneamente y que
van cambiando en el tiempo, a medida que los desafíos ambientales se agudizan y au-
menta la conciencia social sobre la urgencia de atenderlos. Esta mayor conciencia social
se refleja en los patrones de consumo y en las medidas regulatorias de los gobiernos.
Un ejemplo ilustrativo de la interacción entre los actores y sus respuestas surge
de los desafíos ambientales causados por el incremento de la deforestación de los
bosques tropicales y subtropicales, que ha llevado a regulaciones gubernamentales
más estrictas en algunos países y a la expansión del uso de sistemas de trazabilidad y
monitoreo. Las altas tasas de deforestación también preocupan a los consumidores de
países desarrollados, que fomentan programas y proyectos de reducción de la defores-
tación o de fortalecimiento de cadenas productivas libres de esta, y están dispuestos
a pagar primas de precio por alimentos cuyos métodos de producción garanticen la
ausencia de deforestación en la cadena. Este proceso impacta especialmente al sector
de ganado bovino, identificado como el factor más importante de la deforestación en
esas zonas, y afecta de distintas maneras a los diversos actores de esta cadena de valor.
Por ejemplo, los productores ganaderos pueden verse obligados a adoptar mejores
prácticas, como sistemas silvopastoriles o pasturas mejoradas, y a probar que no han
talado bosque en sus parcelas para poder vender a frigoríficos que deban demostrar
el control de origen de los animales que faenan. A su vez, dentro del sector privado
surgen proveedores de soluciones como, por ejemplo, sistemas de trazabilidad de la
producción bovina y maderera, que permiten monitorear los impactos del sector sobre
los bosques. En muchos casos, el incentivo de las empresas anclas para producir de
manera más ambientalmente responsable surge del aprovechamiento de esos nichos de
mercado internacional que lo valoran y están dispuestos a pagar por ello (por ejemplo,
por carne de res certificada como baja en carbono o carbono neutro).6
6 Este es el caso del frigorífico brasilero Marfrig, uno de los más grandes del mundo, que recientemente lanzó una
nueva marca de carne carbono neutro al mercado, avalada por el instituto de investigación agropecuaria de Brasil,
Embrapa. Ver: https://www.bioeconomia.info/2020/09/01/marfrig-lanza-una-linea-de-carne-carbono-neutro/.
152
DESAFÍOS AMBIENTALES
7.3. M
odelos de producción resiliente y con menor huella ambiental
de empresas agroexportadoras
En esta sección se detallan, con base en los estudios En esta sección se
de caso del proyecto, los principales modelos de estilizan, con base
producción que implementan algunas empresas ex- en los estudios de
portadoras de agroalimentos en América Latina para caso del proyecto, los
enfrentar los desafíos ambientales y aprovechar las principales modelos
oportunidades que estos crean. de producción que
Las motivaciones detrás de la implementación de implementan algunas
modelos de producción resilientes y con menor huella empresas exportadoras
ambiental se pueden clasificar en cuatro tipos: (1) el de agroalimentos
fortalecimiento de la resiliencia climática de su actividad en América Latina
para asegurar la viabilidad futura de la producción (por para enfrentar los
ejemplo, a través de cambios en la localización de los desafíos ambientales
cultivos o el uso de semillas mejoradas); (2) la búsqueda y aprovechar las
de mayor rentabilidad accediendo a nichos de mercado oportunidades que
especializados y de alto precio, mayoritariamente fuera estos crean.
de la región, que valoran estos modelos; (3) el cumpli-
miento de exigencias regulatorias que surgen del objetivo del sector público de garantizar
la provisión de bienes públicos (por ejemplo, la salud de la población o la conservación del
medioambiente y los recursos naturales); y (4) la conciencia ambiental que se da cuando el
productor reconoce la inminencia de los desafíos ambientales y sus interrelaciones con la
actividad productiva, y toma la decisión de cambiar su modelo de producción por razones
de equidad —a veces intergeneracional— o altruismo. Estos cuatro tipos de motivaciones
no son excluyentes, ya que, en general, se dan de manera combinada en las empresas.
7.3.1 Tipos de modelos de producción
En los casos de estudio del proyecto identificamos modelos de producción que surgen a
partir de los desafíos ambientales y que clasificamos como orgánico, más allá de lo orgánico
(beyond organic), agroforestal y aprovechamiento de pérdidas del proceso productivo.
Los modelos productivos analizados son, en general, voluntarios. Es decir, no surgen
por la necesidad de cumplir con exigencias regulatorias, sino más bien como respuesta
directa a los desafíos ambientales o a la demanda de los consumidores que generan ni-
chos para productos diferenciados. Sin embargo, a mediano o largo plazo, a medida que
los gobiernos aprueben regulaciones más estrictas en temas ambientales y los recursos
naturales se hagan aún más escasos e impredecibles, puede que ciertas prácticas que
hoy son voluntarias terminen siendo obligatorias para poder ingresar a ciertos mercados.
153
COMPETIR EN LA AGROINDUSTRIA
A continuación, se caracterizan de manera estilizada los elementos salientes de
cada tipo de modelo de producción, sabiendo que no son excluyentes, ya que las em-
presas pueden tener múltiples objetivos que los lleven a tomar elementos de más de
uno de ellos, como se observa en los casos de estudio desarrollados más abajo.
Producción orgánica
A diferencia de la producción convencional, la agricultura orgánica es un sistema de
producción que busca reducir su impacto sobre el medioambiente al tiempo que gene-
rar productos con menos residuos tóxicos. Este sistema de producción se enfoca en la
utilización de prácticas de manejo de los recursos naturales y productivos sin agroquí-
micos y dando prioridad a la conservación del agua limpia, el suelo y la biodiversidad.
Aunque los estándares de este modelo productivo pueden variar de un país a otro,
generalmente involucran un conjunto de prácticas a lo largo de la cadena que incluyen:
• Evitar sustancias químicas, tales como fertilizantes sintéticos, pesticidas, antibió-
ticos y aditivos.
• Evitar organismos genéticamente modificados.
• Cultivar en suelos en los que no se hayan empleado productos químicos durante
al menos tres años.
• Mantener una separación física estricta entre productos convencionales y orgánicos.
La agricultura orgánica es uno de los sistemas de producción con más rápido
crecimiento dentro del sector agropecuario. En 2019, 72,3 millones de hectáreas
en el mundo fueron cultivadas bajo prácticas consideradas como agricultura orgá-
nica, lo cual representa un incremento de casi el 100% desde el 2009.7 Australia,
Argentina y España son los países con más hectáreas de agricultura orgánica en el
mundo. Por otro lado, el mercado minorista global de productos orgánicos alcanzó
un total de 119 000 millones de dólares en 2019, un incremento de más del 100% en
comparación con los casi 55 000 millones en 2009 (Willer y Lernoud, 2021; Willer
y Kilcher, 2011).
En América Latina y el Caribe, la demanda de alimentos orgánicos es aún inci-
piente y tiene un gran potencial de crecimiento. En la región, donde hay alrededor
de 225 000 productores orgánicos, el área orgánica cultivada creció solo un 8% en
los últimos 10 años (en comparación con un 100% a nivel global), y el valor del mer-
cado minorista orgánico representa menos del 1% del mercado global. 8 Argentina
7 La estimación incluye áreas certificadas como orgánicas y en proceso de conversión.
8 Algunos países reportan el número de productores, mientras que otros, el número de compañías o coope-
rativas, por lo que es posible que el número de productores orgánicos esté subestimado.
154
DESAFÍOS AMBIENTALES
representa el 44% del total del área de agricultura orgánica de la región, seguida
por Uruguay (26%) y Brasil (16%). Las exportaciones de productos orgánicos de
la región se destinan principalmente a Europa, Estados Unidos y Japón (Willer y
Lernoud, 2019).
Modelos de producción que van más allá de lo orgánico (beyond organic)
Los desafíos ambientales que enfrenta el sector, así como la mayor conciencia que
hoy tienen los productores sobre la contribución del sector agropecuario al cambio
climático y a la degradación del medioambiente, han llevado a muchos produc-
tores y empresas agropecuarias a encarar estrategias para manejar el riesgo que
esto implica en términos productivos, no solo para las actividades agropecuarias
presentes, sino también para las que desarrollarán las generaciones futuras. Estas
motivaciones los han llevado a adoptar modelos de producción que reducen signifi-
cativamente sus impactos sobre el ambiente y que contribuyen a mejorar el estado
de los recursos para su propio beneficio, el de otros ecosistemas y la sociedad en
general. Este proceso de recuperación y mantenimiento de los recursos naturales
lo entendemos en este capítulo como “creación de valor ambiental” que va más allá
de la agricultura orgánica.
Existe evidencia que muestra cómo diferentes modelos agrícolas y ganaderos (por
ejemplo, regenerativos o biodinámicos) pueden recuperar y mantener el ecosistema y
los servicios ecosistémicos relacionados.9 Estos modelos productivos hacen parte de
la agricultura agroecológica.10 A pesar de que en algunos casos puede bajar el rendi-
miento a corto plazo al adoptarlos, hay evidencia de que las prácticas responsables
con el medioambiente tienen el potencial de conducir a largo plazo a rendimientos más
altos y más estables (Rosa-Schleich et al., 2019).
El objetivo de la agricultura biodinámica es contribuir a la protección del am-
biente y los recursos naturales, conservar la biodiversidad y mejorar la calidad de vida
de las comunidades rurales a través de prácticas como la utilización de composta,
sistemas agropecuarios mixtos, abono animal y sistemas de distribución local, entre
otras (Turinek et al., 2009). A diferencia de la producción orgánica, incluye prácticas
de aplicación de múltiples preparaciones para estimular el ciclo de nutrientes del
suelo, el desarrollo de la composta y la fotosíntesis. Estas preparaciones con base
9 Los servicios ecosistémicos o ambientales son recursos o procesos de los ecosistemas naturales que bene-
fician a los seres humanos. El concepto incluye productos como agua potable limpia y procesos tales como
la descomposición de desechos.
10 “La agroecología es un enfoque holístico e integrado que aplica simultáneamente conceptos y principios
ecológicos y sociales al diseño y gestión de sistemas agrícolas y alimentarios sostenibles. Busca optimizar las
interacciones entre las plantas, los animales, los seres humanos y el medioambiente y, al mismo tiempo, abordar
la necesidad de sistemas alimentarios socialmente equitativos” (FAO, 2021).
155
COMPETIR EN LA AGROINDUSTRIA
en flores, cortezas y ortigas se deben procesar y aplicar de formas muy específicas,
siguiendo un calendario de aplicación basado en los astros (Paull y Henning, 2020;
Ponzio et al., 2013).
Según Paull y Henning (2020), en 2020 existían 251 842 hectáreas bajo producción
biodinámica en 55 países. Alemania, con el 34% del total, es el país con más hectáreas
biodinámicas, y le siguen Australia (20%) y Francia (6%). Por otro lado, se estima que
entre 2000 y 2018 el número de operaciones agropecuarios certificadas biodinámicas
creció en más del 47% (Beluhova-Uzunova y Atanasov, 2019).
El término agricultura regenerativa, por su parte, comenzó a usarse en Estados
Unidos en la década de 1980, a partir de las publicaciones del Instituto Rodale, un think
tank que ha sido por varias décadas uno de los bastiones teóricos de la agricultura
orgánica. Durante las últimas dos décadas, la agricultura regenerativa ha despertado
mucho interés, tanto en el público general como entre investigadores y académicos.
Sin embargo, aún no existe una definición consensuada sobre lo que es la agricultura
regenerativa (Giller et al., 2021). El Instituto Rodale señala que la agricultura orgánica
regenerativa “mejora los recursos que utiliza, en vez de destruirlos o consumirlos; es
un sistema holístico que promueve la innovación continua para el bienestar ambiental,
social, económico y espiritual”. Según esta idea, la agricultura orgánica regenerativa
se enfoca en mantener los nutrientes del suelo, promover la biodiversidad, optar por
menos cultivos anuales y más perennes, y tener una mayor dependencia de recursos
internos en vez de externos (Rodale Institute, 2014).
De esta manera, el espíritu de las prácticas regenerativas es cuidar la calidad del
suelo bajo la lógica de que los múltiples cultivos (en oposición al monocultivo), junto
con otras prácticas regenerativas, ayudan a alimentar la biodiversidad microscópica
del suelo que, a su vez, aumenta su capacidad de absorción de agua y carbono. Ello
fortalece la resistencia a inundaciones y sequías, e incrementa la capacidad de absorber
gases de efecto invernadero.
Modelos agroforestales
Estos modelos se denominan agroforestales porque combinan la presencia de árboles
junto con la producción agropecuaria, independientemente de si son orgánicos, regene-
rativos o con otra práctica responsable con el medioambiente. Dentro de ellos pueden
resaltarse los modelos silvopastoriles, que combinan árboles y producción ganadera.
En estos modelos, la cobertura forestal es útil por su producción maderable, de leña
y productos no maderables (para consumo humano o animal), o simplemente como
sombra y protección para la producción pecuaria. Sin embargo, de forma importan-
te, a la cobertura forestal también se le atribuyen otros servicios ambientales, como
la regulación del agua, el mantenimiento de la fertilidad del suelo, la reducción de la
erosión y la prevención de desplomes o derrumbes. En particular, los árboles son un
156
DESAFÍOS AMBIENTALES
elemento de importancia crucial para captura y secuestro de gases de efecto inverna-
dero (Beer et al., 2003).
Marais et al. (2019) evidencian que las prácticas agroforestales, además de mejorar
la provisión de servicios ecosistémicos, pueden mejorar la productividad agrícola. Rosati
et al. (2021) también encuentran que la adopción de prácticas agroforestales contribuye
a aumentar el beneficio ambiental de la agricultura orgánica. Por ejemplo, el modelo
de café bajo sombra, que ha sido ampliamente adoptado en México, Centroamérica y
Colombia, se reconoce por su potencial de recuperación productiva de las laderas con
suelos degradados (Cessa-Reyes et al., 2020; Farfán, 2014). Este modelo se combina
con el modelo orgánico de producción, como por ejemplo para la producción de café
orgánico agroforestal en los estados de Chiapas y Veracruz en México (Farfán, 2010).
Aprovechamiento de pérdidas del proceso productivo
La lógica económica de este modelo de producción se basa en la utilización de residuos
de los procesos de producción de alimentos para transformarlos en productos merca-
deables, diversificando la producción. Así, se reducen los residuos que potencialmente
contaminan suelos y fuentes de agua o alimentan rellenos sanitarios, y contribuyen a
la producción de gases de efecto invernadero. De esta manera se crea una situación
ganar-ganar, donde una empresa evita tener que pagar el costo de disposición de los
residuos (por ejemplo, transporte al relleno sanitario, permiso y tratamiento de desagüe)
o se evita el daño ambiental que estos residuos generan y, en cambio, estos residuos
son utilizados por la misma u otra empresa de forma redituable.
Este modelo productivo adopta elementos de la economía circular, un modelo de
producción y consumo basado en el reconocimiento de los límites del recurso planetario
y en la importancia de entender el mundo como un “sistema” donde la contaminación
y los desechos se consideran indeseables. Se trata de un paradigma promisorio para
reducir las presiones sobre la sostenibilidad global. Este enfoque se contrapone al
tradicional modelo de producción “tomar-hacer-usar-desechar”, ya que el modelo de
economía circular busca formas económicamente viables de reutilizar productos y
materiales de manera continua (Bocken et al., 2016; Korhonen et al., 2018).
7.3.2 Mecanismos para la puesta en valor de los modelos
Como vimos antes, en muchos casos las empresas y los productores agroalimentarios
adoptan modelos ambientalmente más responsables para aprovechar oportunidades
de mercado y obtener una mayor rentabilidad o para responder a las exigencias de
compradores. En estos casos es importante mostrar a otros actores (como consumi-
dores, clientes, u otros eslabones de la cadena) que ciertos procesos o actividades
productivas cumplen con determinados estándares que garantizan que no se produce
157
COMPETIR EN LA AGROINDUSTRIA
un daño ambiental o que existe un compromiso o contribución ambiental. Adoptar o no
un estándar es una decisión de cada actor en la cadena de valor y, aunque su ausencia
no implica una limitación para entrar a un mercado, puede afectar a su nivel de parti-
cipación en un nicho de mercado específico, dependiendo de las preferencias de los
consumidores por ciertas características (OMC, 2013). Curiosamente, un estudio reciente
del BID, utilizando datos de empresas chilenas, muestra que, como los consumidores
en países de altos ingresos valoran más los ambientes limpios que los consumidores
en países en desarrollo, los exportadores que apuntan a países de altos ingresos tienen
mayor probabilidad de mejorar sus resultados ambientales que los exportadores que
apuntan a destinos con menor valoración del medioambiente (Blyde y Ramírez, 2022).
Certificaciones con componente ambiental
Habitualmente, los consumidores no pueden observar de qué forma han sido produci-
dos o de dónde vienen los alimentos que consumen. Al mismo tiempo, existe un nicho
creciente de consumidores, en particular de países desarrollados, que tienen cada vez
más información sobre los impactos que el sector agropecuario puede tener sobre los
ecosistemas, el bienestar de las comunidades rurales y su salud derivados de consumir
productos con exceso de sustancias químicas. Estos consumidores son cada vez más
conscientes de los impactos de sus decisiones de consumo sobre el medioambiente
y el cambio climático (y la sostenibilidad en general) y están dispuestos a pagar un
diferencial o prima de precio por atributos inobservables relacionados con la sosteni-
bilidad del modelo de producción de los alimentos que consumen (Mosser et al., 2011;
Katt y Meixner, 2020).11 De hecho, existe abundante literatura sobre la disposición de
los consumidores a pagar una prima de precio por alimentos con atributos orgánicos
y con bajo impacto ambiental y social (Li y Kallas, et al., 2021 y Codron et al., 2006).12
Ante la necesidad de mostrar a los consumidores el origen y ciertas características
del proceso productivo de los alimentos, surge la necesidad de certificar el proceso
o, utilizando el concepto presentado en el capítulo 2, de obtener credenciales para
ciertos atributos. De este modo, las empresas y los productores tienen acceso a esta
prima al certificar algunas de las prácticas productivas con menor impacto ambiental.
Este proceso explica en gran medida la aparición y el desarrollo de un gran número de
estándares y certificaciones en el mundo agropecuario (Liu, 2007).
11 Las estimaciones de disponibilidad a pagar (DAP) representan el sobreprecio o la cantidad máxima que un
consumidor actual o potencial está dispuesto a pagar por un producto (Tully y Winer, 2014). Se ha estimado
también DAP por atributos de otros tipos como, por ejemplo, comercio justo y bienestar animal.
12 En un metaanálisis reciente de 80 estudios a nivel global, centrado en productos alimenticios sostenibles, se
encontró que la prima implícita en la disponibilidad a pagar (DAP) por sostenibilidad es del 29,5% en promedio
(Li y Kallas, 2021). Los autores encuentran que las estimaciones de DAP son independientes de las categorías
de alimentos, la región o los métodos de producción. Dentro de las categorías de sostenibilidad analizadas,
los productos orgánicos obtuvieron la mayor prima de mercado (38,1%).
158
DESAFÍOS AMBIENTALES
Los estándares voluntarios son reglas, principios o recomendaciones sobre un
producto o proceso. A diferencia de las regulaciones de entes nacionales o internacio-
nales, su adopción no es obligatoria (FAO, 2014). Por su parte, las certificaciones son
documentos que proveen entidades acreditadas, después de un proceso de auditoría.
El proceso de certificación por terceros es la forma más común de certificación: se
trata de contratar a entidades acreditadas para auditar los procesos de producción y
transformación agroalimentarios y compararlos con los estándares escritos o acordados
en alguna norma que puede ser de origen gubernamental o privado (Pons y Sivardière,
2002). Los procesos de acreditación son costosos y, por ello, suponen una barrera de
ingreso a mercados de nicho con estándares ambientales, sobre todo para los pequeños
productores (FAO, 2014). Como se desarrolló en el capítulo 4, una solución para esto
son las certificaciones grupales, que pueden obtener las empresas ancla para su red
de proveedores, afrontando ellas mismas el costo de la certificación, que está fuera
del alcance de los pequeños productores de manera individual.
Internalizando externalidades a través del pago o cobro por servicios
ambientales
Otra forma de valorizar las actividades o prácticas productivas que contribuyen de
alguna manera con el medioambiente es participar del mercado de un servicio o pro-
ducto ambiental de interés, independiente del mercado del producto principal de la
actividad agroalimentaria. De esta manera, el productor o empresa busca internalizar los
beneficios o costos ambientales generados por sus procesos de producción agrícola y
para los cuales no existe un mercado establecido (externalidades). Estas transacciones
se denominan pagos por servicios ambientales.
Los pagos por servicios ambientales sirven como recompensa por las externalidades
positivas que generan los productores agroalimentarios como, por ejemplo, la captura
de carbono, la provisión de agua y la conservación de la biodiversidad. Organizaciones
internacionales de desarrollo, fondos de inversión y ONG, entre otros, surgen como fa-
cilitadores y dinamizadores de estos procesos de transacción de servicios ambientales
en mercados que aún son incipientes en la mayoría de los casos.
Un ejemplo de este proceso son las prácticas de reducción de emisiones o
captura y secuestro de gases de efecto invernadero en cadenas agroforestales y su
integración al mercado voluntario de carbono, que es, tal vez, el mercado de servi-
cios ambientales mejor desarrollado hasta ahora. El costo de reducción de emisiones
a través de reforestación es bajo comparado con el de otros sectores (por ejemplo,
transporte), por lo que existen oportunidades de beneficio tanto para compradores
como vendedores de bonos de carbono (Gillingham et al., 2018). Los productores
agropecuarios que desarrollan actividades certificables de captura y secuestro de
gases de efecto invernadero (como la reducción de la deforestación o la restauración
159
COMPETIR EN LA AGROINDUSTRIA
forestal) pueden beneficiarse de la venta de bonos de carbono. Estos certificados
se pueden vender o comprar, generando un pago por servicios ambientales. Así, el
productor obtiene un beneficio financiero adicional a la comercialización del alimento
que produce, diversificando sus fuentes de ingresos. El servicio ambiental —en este
caso, la captura y el secuestro de gases de efecto invernadero— se convierte en un
subproducto certificable y mercadeable.
Por otro lado, aunque la venta de servicios ambientales es una posibilidad cuando
se está incurriendo en prácticas que generan estos servicios, la compra de servicios
ambientales es muchas veces también una estrategia para garantizar la provisión
de recursos naturales a futuro. Por ejemplo, existen casos de empresas productoras
de cerveza y sodas carbonatadas que pagan por la conservación de los ecosistemas
alrededor de sus fuentes de agua (Calvache et al., 2012).
Además del ingreso por los subproductos ambientales y de la seguridad de acceso
futuro a estos servicios ambientales, las empresas que participan en estos mercados
ambientales también obtienen en muchos casos beneficios de marca (branding, en in-
glés), ya que envían una señal importante a clientes y otros actores de la cadena sobre
su nivel de compromiso ambiental. Las actividades de compra o venta de servicios
ambientales están relacionadas con la transparencia y el monitoreo de las actividades
productivas, así como con la responsabilidad social. Esto genera un potencial posiciona-
miento de marca con elementos diferenciadores como en el caso de las certificaciones.
7.4. Casos de estudio
7.4.1 Casos de modelos de producción orgánica
En este apartado presentamos casos de firmas agroexportadoras de la región que
implementan modelos de producción orgánica en distintos tipos de mercados: pro-
ductos alimenticios sin diferenciación o comoditizados, como el maní (Asociación de
Productores de Maní Mizque); productos de alto valor y diferenciación, como el cacao
fino de aroma (Corporación Fortaleza del Valle); y productos industrializados como el
puré de fruta (Fénix. S.A.).13
Maní orgánico boliviano en Alemania: el caso de la Asociación de
Productores de Maní Mizque (Apromam)
La Fundación para el Desarrollo Tecnológico y Agropecuario de los Valles (Fundación
Valles), localizada en Bolivia, creó en 2004 el Proyecto Maní con el fin de apoyar a pequeños
13El cacao fino de aroma es un tipo de cacao de alta calidad muy demandado para la producción de chocolate
prémium o gourmet.
160
DESAFÍOS AMBIENTALES
productores de los valles bolivianos a tecnificar el cultivo y crear capacidades para ingresar
al nicho de producción orgánica (Zeballos, 2021). El proyecto proveyó asistencia técnica
a los productores en todo el ciclo productivo (por ejemplo, para la selección de semillas,
manejo de suelos, buenas prácticas de fertilización y manejo de plagas, almacenamiento,
etcétera) y ayudó a identificar oportunidades de mercado y desarrollar una estrategia
comercial. En el marco del proyecto, la Fundación Valles dio apoyo para el surgimiento en
el año 2012 de la empresa Apromam S.R.L., dedicada a la producción de maní orgánico
para la exportación y conformada por 380 pequeños productores de maní ubicados en
los municipios de Mizque (Cochabamba) y Villa Serrano (Chuquisaca).14
Apromam ha creado capacidades propias de producción y comercialización que
le han permitido insertarse en el mercado externo a través de la exportación de maní
orgánico certificado. La asociación vende desde 2013 a Alemania, país al que exporta
aproximadamente 40 toneladas al año. El vínculo con la Fundación Valles ha sido cen-
tral en la construcción de capacidades en todo el proceso productivo (desde el acopio
del maní, la selección y clasificación, hasta su transformación, envasado, empacado y
exportación), así como en el control de las prácticas orgánicas de los productores. Doce
miembros de Apromam capacitados para monitorear los cultivos y emitir las recomen-
daciones necesarias asumen el rol de inspectores de control interno, asegurando que
la producción se realice libre de químicos, tanto en la fertilización como en el control
de plagas, y se aplique la rotación de cultivos para no degradar los suelos. Asimismo,
fiscalizan el manejo de residuos y del agua de riego. Apromam paga a los producto-
res un 15% adicional por su producción orgánica. Este diferencial de precio funciona
como incentivo para que los productores empiecen a producir de manera orgánica,
se certifiquen y comercialicen a través de la cooperativa. La estrategia implementada
ha permitido construir un modelo exitoso para insertar a productores de baja escala
productiva en el mercado orgánico internacional.
Cacao ecuatoriano en mercados de alto valor: el caso de Corporación
Fortaleza del Valle (CFV)
CFV es una cooperativa ecuatoriana compuesta por 1000 socios que producen y ex-
portan unas 600 toneladas anuales de cacao orgánico fino de aroma a mercados de
alto valor (el 80% se comercializa a Suiza para la elaboración de productos gourmet con
base de cacao) (Villacis et al., 2022). Producir bajo un sistema orgánico certificado le da
a CFV una ventaja competitiva en los mercados al poder comercializar su producción
de cacao como responsable con el medioambiente y alineada con la conservación de
14 El mercado de maní orgánico tiene una importante demanda en el mercado internacional, que consume al
menos 21 000 toneladas al año, particularmente en Europa. Alemania se destaca como principal mercado de
destino, con un consumo de 17 000 toneladas al año.
161
COMPETIR EN LA AGROINDUSTRIA
la biodiversidad. El modelo de CFV en el mercado de producción orgánica de cacao se
basa en la provisión de apoyo financiero, capacitación y estrictos controles de calidad
a los productores asociados. Los costos de estas certificaciones son pagados por la
propia corporación y luego los productores reembolsan estos gastos. CFV cuenta con
inspectores de campo que visitan regularmente las plantaciones de cacao y brindan
asistencia técnica a sus miembros en temas que incluyen prácticas de poda, control
de plagas y enfermedades, manejo de estiércol, compostaje, rotaciones de cultivos y
manejo de cultivos en sistemas agroforestales. La capacitación se enfoca en la produc-
ción orgánica usando estándares de calidad impuestos por el gobierno a través de la
Agencia de Regulación y Control de Sanidad Vegetal y Animal (Agrocalidad).
Purés de fruta desde Argentina a los cinco continentes: el caso de Fénix S.A.
Fénix S.A. es una pyme argentina de 150 empleados que nació vendiendo a Brasil puré
de fruta como insumo industrial para la elaboración de comidas para bebés y jugos. La
firma elabora purés convencionales y orgánicos de diferentes tipos de fruta (manzana,
pera, damasco, ciruela, durazno, membrillo y zapallo). La empresa es hoy uno de los
jugadores más importantes en el mercado de puré de fruta en el mundo. Este insumo
se utiliza cada vez más como sustituto de ingredientes sintéticos para dar sabor y color
a los alimentos procesados, ante el aumento de la demanda por productos naturales y
saludables.15 Sus clientes más importantes son grandes empresas alimenticias multina-
cionales (Danone, Coca Cola, etcétera). Actualmente, Fénix S.A. exporta el 90% de su
producción a 38 países en los cinco continentes. El 40% de su producción es orgánica.
El crecimiento de Fénix S.A. dentro del mercado global de puré de fruta, que
se refleja en un incremento de la producción anual de 1000 toneladas en sus inicios a
30 000 toneladas en la actualidad, se debe a que la empresa posee capacidad instalada
con tecnología de frontera, trabaja con las mejores prácticas internacionales y realiza
mejoras continuas de proceso a fin de ser competitivo en un mercado muy comoditiza-
do. Uno de los hitos en su crecimiento fue la decisión de producir y certificar orgánico,
para así abastecer con los más altos estándares de calidad este nicho de mercado en
expansión dentro de la industria alimenticia (Stubrin et al., 2022).
Fénix S.A. fue ganando clientes y mercados a partir de las certificaciones para la
elaboración de purés orgánicos tanto para la Unión Europea (Federación Internacional
de Movimientos de Agricultura Orgánica, IFOAM, por sus siglas en inglés) como para
Estados Unidos (Programa Orgánico Nacional, NOP, por sus siglas en inglés), entre
otras certificaciones (kosher, halal, certificación de calidad FSSC 22000). La firma
no solo adoptó y certificó prácticas orgánicas, sino que también desarrolló agentes
15 Se estima que entre 2004 y 2018 el mercado de puré de fruta se expandió 2,7 veces (de 1112 millones a 2992
millones de dólares), mientras que se proyecta una tasa de crecimiento promedio anual mayor al 6% entre 2019
y 2025 (https://www.gminsights.com/industry-analysis/fruit-concentrate-puree-market).
162
DESAFÍOS AMBIENTALES
microbiológicos (controladores biológicos) junto con el Instituto Nacional de Tecnología
Agropecuaria (INTA) para el control de plagas. Esto le permite producir de manera
orgánica, con base en los requerimientos que le exigen sus clientes.
7.4.2 Casos de modelos de producción que van más allá de lo orgánico
En este apartado examinamos tres casos de firmas que han implementado modelos de
producción que crean un valor ambiental que va más allá de lo orgánico, como mode-
los de producción biodinámica (Patagonian Fruits Trade) y regenerativa (Sol Orgánica
y Guayakí Yerba Mate). Las tres empresas cuentan con certificaciones ambientales y
una de ellas (Guayakí Yerba Mate), además, está comenzando a implementar iniciativas
innovadoras asociadas al pago por servicios ambientales.
Patagonian Fruits Trade: pioneros en la exportación de fruta orgánica y
biodinámica
Patagonian Fruits Trade (PFT) es una empresa argentina líder en la exportación de man-
zanas y peras convencionales, orgánicas y biodinámicas, que exporta el 80% de sus ven-
tas. PFT ha sido pionera en la producción y exportación de manzanas y peras orgánicas,
iniciándose tempranamente en la década de los noventa (Stubrin et al., 2022). La zona
de localización de PFT y sus proveedores, el Alto Valle de Río Negro, posee condiciones
agroecológicas excepcionales para este tipo de producción, dadas por un bajo régimen
de lluvias y una gran exposición al sol y el frío. La empresa entró al mercado orgánico
buscando aprovechar las condiciones favorables de producción de su entorno y la captura
del diferencial de precio que ofrece este mercado. PFT es hoy la mayor exportadora del
hemisferio sur de manzanas y peras orgánicas obteniendo una prima de entre el 30% y
el 40% respecto a la producción convencional. La empresa ha podido sacar ventaja de la
capacidad de producir fruta orgánica de manera competitiva para ganar mercados interna-
cionales. Hoy, el 52% de la exportación total de manzanas y el 22% de la exportación total
de peras de la empresa es orgánica. El 100% de las manzanas orgánicas y el 70% de las
peras orgánicas que se exportan de Argentina a Estados Unidos son producidas por PFT.
Cinco años atrás, PFT decidió incursionar en el mercado de productos biodinámicos
respondiendo a una demanda de consumidores más exigentes y buscando también lo-
grar una prima de precio en el mercado. PFT es la única empresa argentina que produce
con métodos biodinámicos y está certificada (certificación Demeter), convirtiéndose en
uno de los productores certificados más grandes del mundo. Actualmente, el 5% de su
producción es biodinámica. Dada la mayor complejidad tecnológica que requiere cumplir
con la certificación biodinámica, la empresa ha decidido asegurar el control total del
proceso productivo y realiza toda su producción de manera interna (así no depende de
la fruta que compra a sus 100 proveedores). Esta producción es exportada a Estados
163
COMPETIR EN LA AGROINDUSTRIA
Unidos, Europa (fundamentalmente a los países nórdicos) y Medio Oriente. PFT saca
ventaja de sus certificaciones orgánica y biodinámica en combinación con su acceso a
las variedades de manzanas con regalías más exclusivas del mundo para posicionarse
con una oferta prémium para los mercados de nicho desde el hemisferio sur.
El camino hacia la certificación regenerativa: el caso de Sol Orgánica
Sol Orgánica, presentada en el capítulo 4, es una empresa tractora que conecta a 1079
pequeños productores nicaragüenses de frutas tropicales (mango, pitahaya, coco,
banano y piña) con el mercado internacional. La empresa, nacida en 2007, tiene su
origen en la iniciativa de su dueño Will Burke, de origen estadounidense, para crear un
emprendimiento social que permitiera insertar en los mercados internacionales a los
pequeños productores de fruta nicaragüenses (Ordoñez y Stein, 2022). Desde el inicio,
el fundador de la empresa también estuvo motivado por fomentar la adopción de un
modelo de producción climáticamente inteligente, que permitiera mejorar la resiliencia
de los productores a los efectos del cambio climático y que redujera la huella ambiental
del sector. En la región donde se emplaza su empresa, los productores sufren el impacto
del cambio climático con una mayor frecuencia de huracanes, sequías y lluvias intensas.
La falta de buenas prácticas agrícolas contribuye a disminuir aún más la calidad de los
suelos y la cantidad y calidad del agua. La observación del fenómeno llamado migra-
ción climática, por la cual los campesinos o sus hijos abandonan sus tierras y migran a
la ciudad en búsqueda de mejores condiciones de vida, contribuyó a motivar a Burke
a llevar adelante una empresa que combinara lo económico, lo social y lo ambiental.
Sol Orgánica promovió desde un principio la adopción y certificación de prácti-
cas orgánicas de sus proveedores a través de un proceso que incluyó capacitación a
productores, asistencia técnica a través de sus propios agrónomos, y gestión y pago
de certificaciones orgánicas grupales. La empresa también asiste financieramente en
el proceso de reconversión de los productores a las prácticas orgánicas. Actualmente,
más del 70% de la producción de la empresa es orgánica certificada. Esta certificación
les permite a los productores obtener una prima de entre el 30% y el 50% respecto a la
producción convencional, aunque esta fluctúa según el producto y el momento del año.
Esta atractiva oportunidad de mercado llevó a que se multiplicara por cinco el número
de agricultores certificados orgánicos entre sus proveedores entre 2013 y 2019. Guiada
por su impronta de sostenibilidad ambiental, en 2016 Sol Orgánica dio el paso desde la
producción orgánica a la regenerativa. La incorporación de esta última fue alentada por
su cliente Patagonia Provisions, quien encontró en Sol Orgánica, no solo un proveedor,
sino un socio confiable en el desarrollo de sus propios proyectos sostenibles, que incluyen
la promoción de la agricultura regenerativa a partir de la selección de sus proveedores.16
16 Ver https://www.patagoniaprovisions.com/pages/inside-provisions.
164
DESAFÍOS AMBIENTALES
Sol Orgánica decidió emprender el camino hacia la certificación regenerativa en
2019 a través de un proyecto piloto organizado por Regenerative Organic Certification
(ROC) en el que participaron 22 empresas agropecuarias. El objetivo del proceso piloto
era desarrollar una mayor comprensión sobre cómo implementar los estándares ROC
en la granja y la hacienda, además de ayudar a la creación de materiales de capacita-
ción, herramientas de auditoría y documentos de orientación. Sol Orgánica eligió a sus
proveedores de banano y mango —que ya producían en sistemas agroforestales— para
obtener la certificación regenerativa en el programa piloto, convirtiéndose en una de
las primeras empresas en el mundo con esa certificación. En términos monetarios, el
mayor costo de obtener la certificación ROC fue la capacitación de productores. En
la actualidad, Sol Orgánica cuenta con alrededor de 450 productores certificados
regenerativos, y en el año 2020 llevó a cabo la primera exportación con certificación
regenerativa de banano y mango deshidratado y en puré, obteniendo una prima de un
15% superior al precio de los mismos productos orgánicos.
Yerba mate bajo sombra y orgánica: el caso de Guayakí Yerba Mate
Guayakí Yerba Mate es una firma creada en 1997 para ofrecer infusiones y bebidas con
base en la producción de yerba mate bajo sombra y orgánica. La producción, que realizan
los pueblos indígenas de la Selva Paranaense en Argentina, Brasil y Paraguay, se exporta
a Norteamérica para su industrialización y comercialización como bebidas gaseosas a
base de yerba. El éxito de la empresa, en continuo crecimiento desde su creación, se
basa en dos elementos: por un lado, haber identificado de manera temprana un nicho de
mercado para productos energizantes alternativos al café con potencial de crecimiento
en mercados del norte, como es la yerba mate; y, por otro lado, haber podido combinar
de una manera novedosa y pionera objetivos económicos con sociales y medioambien-
tales (Alwang et al., 2022). La motivación de la empresa ha sido desde sus inicios llevar
a cabo un sistema de producción que contribuya con la restauración del ecosistema y
que, a su vez, sea económicamente rentable. En la visión de sus fundadores, el sistema
productivo convencional genera un impacto negativo sobre el ambiente y debe evo-
lucionar hacia una forma de producción agroecológica. Con esta visión desarrollaron
un modelo productivo que incluye el pago por servicios ambientales y que busca ser
inspirador para que otras empresas migren hacia modelos más sostenibles.
El modelo de producción de Guayakí Yerba Mate se basa en la producción de yerba
mate orgánica dentro del sotobosque, lo cual permite tener un impacto ambiental menor
y contribuir a la salud de los ecosistemas frente a la yerba mate que se obtiene a través
de monocultivos. Cuando la yerba mate crece bajo sombra no es necesario talar otras
especies de la selva, contribuyendo a prevenir la deforestación y preservar el equilibrio
del ecosistema. Además, la producción bajo sombra otorga una mayor protección ante
sequías, lluvias torrenciales o granizo, y también provee la humedad ideal para que
165
COMPETIR EN LA AGROINDUSTRIA
los microorganismos desprendan elementos del suelo que alimentan a la planta. Sin
embargo, la menor exposición al sol hace que las plantas de yerba mate crezcan más
lentamente que en las plantaciones a gran escala en campos deforestados. Esta caída
inicial en la productividad provoca resistencias a migrar desde sistemas de producción
convencionales a este modelo alternativo de producción bajo sombra. Para hacer frente
a esta barrera para la difusión de su modelo regenerativo, Guayakí Yerba Mate ofrece a
los productores un precio que compensa el cuidado del medioambiente y les brinda un
medio de vida saludable y digno. Esta prima constituye una herramienta valiosa para
generar conciencia ambiental y comunicar que salvaguardar la selva es primordial.
Guayakí posee la certificación orgánica de yerba mate bajo sombra desde 1997,
y más recientemente ha obtenido la certificación orgánica regenerativa (ROC).17 Esta
última se obtuvo a través de un proyecto piloto —el mismo en el que participó Sol
Orgánica— donde la empresa fue galardonada con la mención de oro por haber obte-
nido el nivel más alto demostrado en agricultura regenerativa. Según la empresa, los
impactos de la adopción de este modelo de producción son notables. En 2019, Guayakí
mostró resultados positivos asociados a la adquisición de yerba mate producida por
comunidades indígenas y pequeños productores certificados con comercio justo y orgá-
nico en Argentina, Brasil y Paraguay. En concreto, 174 000 acres de bosque protegidos
mediante su sistema de producción (un incremento del 20% en un año), 43 000 árboles
cultivados y 48 000 árboles nativos plantados; más de 400 especies de flora y fauna
monitoreadas en los bosques de cultivos; y 4,6 veces más capacidad de conservación
de agua respecto a los sistemas tradicionales bajo sol (Guayakí, 2020).
Guayakí es, además, pionera en el diseño de un mecanismo para el pago por
servicios ambientales. La empresa entiende que debe realizar una compensación eco-
nómica que reconozca el servicio ambiental que proporciona el agua que necesita para
su producción. Con este pago busca proteger el corredor norte del Amazonas donde
se originan las lluvias que luego se trasladan a través de los ríos hacia la zona sur del
continente, donde se encuentran sus plantaciones. Con ese objetivo, Guayakí firmó en
abril de 2020 un acuerdo con una ONG colombiana, la Fundación Gaia, para realizar una
compensación económica por el uso del agua. La Fundación Gaia utilizará estos recursos
para financiar su Iniciativa de Liderazgo e Innovación Indígena Amazónica, que busca
ayudar a las comunidades indígenas en el manejo de los recursos hídricos y terrestres
amazónicos en una extensión de 25 millones de hectáreas, ya reconocidas como su
territorio por el gobierno colombiano. Con este acuerdo, la firma busca gestionar y
mitigar los riesgos del cambio climático, así como utilizarlo por su valor simbólico para
17 Otras certificaciones obtenidas por la empresa han sido la certificación como empresa B en 2007, la acre-
ditación por Non-GMO Project por no utilizar organismos genéticamente modificados y la certificación de
comercio justo en 2009.
166
DESAFÍOS AMBIENTALES
atraer la atención acerca de la interdependencia sistémica con el ecosistema y lograr
un efecto demostrativo sobre otros actores. El acuerdo se encuentra en fase piloto, a
la espera de definir cómo calcular esa compensación económica.
7.4.3 Modelos agroforestales
En la región, existen muchos sistemas productivos agroforestales. Entre los casos de
estudio, además del caso de Guayakí Yerba Mate, encontramos el de Mercon, cuyos
proveedores en Centroamérica producen café bajo sombra. Debido a la contribución
de estos modelos a la mitigación del cambio climático, pueden contribuir a la compen-
sación de emisiones de gases de efecto invernadero de jugadores globales clave en el
sector del café.
El Grupo Mercon y su apoyo a la producción de café sostenible
La firma nicaragüense Grupo Mercon es la mayor comercializadora de café verde
de América Latina. Es una empresa que participa en todas las fases de la cadena
del café: producción, comercialización, mercadeo, logística y manejo de riesgo en
la industria. La mayor parte del café que comercializa lo compra a pequeños pro-
ductores con los que ha establecido relaciones a largo plazo y a los que apoya con
asistencia técnica, financiamiento y ayuda para la renovación de cafetales, entre
otros (Cornick y Ordoñez, 2022). El grupo se ha internacionalizado como estrategia
de diversificación con el fin de brindar cafés de distintos orígenes a sus clientes, las
principales tostadoras mundiales (como Starbucks, Nestlé y Lavazza). Actualmente,
la firma posee sede corporativa en Países Bajos, y subsidiarias productivas y de ex-
portación en Brasil, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Etiopía y Vietnam,
además de viveros y plantaciones propias en Nicaragua.
El Grupo Mercon promueve cambios en las prácticas agrícolas de los productores,
buscando mejoras en sus rendimientos a través de su programa de apoyo a pequeños
productores (LIFT) en Centroamérica, creado en 2016, con el que busca mejorar la
cobertura arbórea y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en las fincas.
La conservación forestal, la reforestación y la reducción del uso de fertilizantes han
estado en el centro de sus estrategias para aumentar la captura de carbono y reducir
emisiones. En una nueva iniciativa dentro del programa LIFT, Mercon busca cuantificar
el ahorro de carbono llevado a cabo en cada finca y crear créditos que permitan que
los agricultores reciban pagos por el carbono adicional almacenado o mitigado. De esta
forma, pretende que se reconozca el valor ambiental creado por sus productores de
café agroforestales y, al mismo tiempo, busca colaborar con los objetivos de carbono
neutralidad de muchos de sus clientes, que están impulsando importantes transforma-
ciones en los mercados de agroalimentos.
167
COMPETIR EN LA AGROINDUSTRIA
En el sector cafetero, las metas de neutralidad de carbono a mediano plazo esta-
blecidas por las principales tostadoras del mundo han impulsado estrategias de mitiga-
ción del cambio climático al interior de la cadena productiva. Por ejemplo, Nespresso
se ha comprometido a convertirse en carbono neutral para 2022 a través de iniciativas
de reducción de emisiones, promoviendo la agroforestería en las fincas cafetaleras e
invirtiendo en proyectos de compensación de alta calidad.18
Para llevar a cabo este proyecto, Mercon acudió a la organización ambiental esta-
dounidense Conservation International en búsqueda de asesoramiento acerca de cómo
estimar el almacenamiento de carbono y las emisiones de gases de efecto invernadero
en las fincas cafeteras que participan de su programa LIFT. Además, Mercon busca
identificar y promover mejores prácticas de almacenamiento de carbono o reducción
de gases de efecto invernadero y diseñar incentivos económicos para los agricultores
participantes del programa.19 Se espera que las lecciones aprendidas de esta iniciativa,
que se encuentra en fase de implementación, se compartan con el Sustainable Coffee
Challenge, una alianza de empresas cafeteras con objetivos de sostenibilidad amplia-
mente compartidos, liderada por Conservation International.
7.4.4 Modelos de aprovechamiento de pérdidas del proceso productivo
En esta subsección examinamos casos de empresas que han implementado modelos de
aprovechamiento de subproductos del proceso productivo que en su descarte generan
importante impacto ambiental, y que les permitieron ingresar a mercados alimenticios
de alto valor. Gihon Laboratorios Químicos produce alimentos funcionales y nutracéu-
ticos con base en descartes de pescado y Biofortune ha desarrollado una estrategia
para aprovechar los subproductos del café.
El valor de los descartes de la producción pesquera: el caso de Gihon
Laboratorios Químicos
Gihon es una empresa argentina de base tecnológica creada en 1990 y especializada
en la producción y desarrollo de compuestos químicos para la industria farmacéutica.
Recientemente, se ha diversificado hacia el mercado alimenticio desarrollando produc-
tos basados en aceite de pescado concentrado de omega 3. El ingreso a este nuevo
mercado, en 2010, es parte de una incursión deliberada de la empresa en la economía
circular (Stubrin et al., 2022). La empresa buscaba nichos de mercado vinculados a la
18 Véase https://www.larepublica.co/responsabilidad-social/nespresso-apuesta-a-ser-carbono-neutral-en-toda-
su-cadena-de-suministro-para-2022-3081389.
19 Este programa está siendo apoyado a través de una asistencia técnica de 85 000 dólares de BID Invest, el
ala de inversión privada del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), como parte de un préstamo otorgado
a Mercon en 2021.
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DESAFÍOS AMBIENTALES
valorización de desechos de la producción pesquera en la zona de Mar del Plata (la
ciudad costera más grande de Argentina), donde los desperdicios de la industrializa-
ción del pescado en altamar (en buques factoría) y en tierra constituyen un problema
ambiental considerable. Previo a la entrada de Gihon a este mercado, los desperdicios
de la industrialización del pescado en tierra se vendían a las harineras que, mediante un
sistema de cocción de los desperdicios, obtenían dos productos de bajo precio y valor
agregado: harina de pescado y aceite de pescado concentrado bruto. Gihon se ha in-
sertado en esta cadena de valor revalorizando el aceite de pescado bruto a través de su
utilización como insumo principal para el desarrollo de productos ricos en ácidos grasos
de omega 3 que se venden en la categoría de alimentos funcionales20 y nutracéuticos. 21
El mercado de omega 3 está creciendo en el mundo debido a una mayor con-
cientización social sobre los beneficios de su consumo para la salud (en el sistema
cardiovascular y en la función cerebral). En los últimos 20 años, el valor comerciado
internacionalmente se incrementó en un 400% y el volumen en un 65%. Ello refleja un
importante aumento del valor por kilo del aceite de pescado en el período, el cual pasó
0,73 dólares en 2002 a 2,2 dólares en 2019. Este aumento en la demanda impulsó el
interés de empresas en el mundo por refinar aceite de pescado bruto y producir ali-
mentos funcionales y suplementos dietarios basados en este componente. Actualmente
Gihon exporta alrededor del 60% de su facturación total, el 5% de la cual corresponde
a la línea de productos de omega 3. Sin embargo, la empresa espera que la unidad de
negocios centrada en este componente sea la que más crezca a futuro, dado el espe-
rado crecimiento del mercado global de nutracéuticos.
Innovar con los desechos de la producción de café: el caso de Biofortune
Biofortune es una empresa cafetalera hondureña que innovó en la utilización de dese-
chos de la producción de café, como la pulpa de la fruta y las hojas del cafeto, para el
desarrollo de productos de alto valor agregado para la exportación (Cornick y Ordoñez,
2022). El beneficiado de café utiliza solamente el grano, generando como descartes
tanto la pulpa como la cáscara. Estas últimas representan el 45% de la biomasa de la
cereza del café de la cual se utiliza menos del 0,5%, a pesar de ser una fuente rica en
antioxidantes, vitaminas y otros bioactivos con amplias posibilidades de uso en distintas
industrias (bebidas, cosméticos, farmacéuticos o nutracéuticos). Este descarte, además,
tiene un impacto nocivo para el ambiente. La pulpa de café desechada contamina las
20 Los alimentos funcionales son alimentos naturales o procesados a los que se ha añadido, quitado o modifi-
cado alguno de sus componentes mediante medios tecnológicos o biológicos.
21 Los nutracéuticos son suplementos dietarios en forma de píldoras, cápsulas, polvo, etcétera, de una sustancia
natural bioactiva concentrada, presente usualmente en los alimentos y que, tomada en una dosis superior a
la existente en esos alimentos, puede tener un efecto favorable sobre la salud mayor que el que podría tener
el alimento normal.
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COMPETIR EN LA AGROINDUSTRIA
fuentes de agua al descomponerse y reduce sus niveles de oxígeno debido al proceso
de oxidación que sufre al entrar en contacto con el agua (Montoya et al., 2020). Como
alternativa, se puede utilizar como abono o alimento animal. Biofortune, sin embargo,
exploró mediante investigaciones científicas y de mercado la oportunidad de aprovechar
este desecho de la producción de bebidas ricas en nutrientes para entrar en mercados
globales de alto valor.
Así fue que la empresa se embarcó en la producción de pulpa de café deshidrata-
da, que tiene un valor al menos cuatro veces mayor que el café hondureño, y realizó su
primera exportación en el año 2020. Esto requirió una inversión de más de 2 millones de
dólares en equipamiento. La utilización del descarte del café para producir un producto
de mayor valor es un primer paso en un proceso de diversificación de Biofortune, que
hace parte de una estrategia fundada sobre la idea de la economía circular. En primer
lugar, la deshidratación es solo una opción en la transformación de la pulpa del café.
Cuando se pulveriza, por ejemplo, su valor de mercado se vuelve a multiplicar por
cuatro (de 5 dólares a 20 dólares por libra). Luego, la utilización de la pulpa pulveri-
zada para producir un líquido de alto nivel de concentración puede llegar a cotizar a
un precio aún mayor (60 dólares por libra). Potenciales clientes de otros países, como
Estados Unidos, visitaron la planta de Biofortune comprometiéndose a comprar toda
la producción de concentrado que pueda obtener. En segundo lugar, el equipamiento
de deshidratado, pulverizado y concentrado —parte del cual la empresa aún proyecta
instalar— le permitirá realizar esos mismos procesos para otros cultivos y sus descartes.
7.5. Reflexiones finales
En un contexto en el que el cambio climático se vuelve acuciante, los consumidores
demandan productos con menor impacto ambiental y las regulaciones en este ámbito
son cada vez más estrictas, los modelos de producción de alimentos que buscan for-
talecer la resiliencia del sector al cambio climático y reducir su huella ambiental están
cada vez más extendidos en la región. Encontramos estos modelos en distintos tipos
de mercados y de empresas (cooperativas de pequeños productores, pymes, empre-
sas tractoras y verticalmente integradas) y en diversos países. Esto muestra que no se
trata de estrategias asociadas a un tipo de mercado o actor particular, sino que están
permeando y difundiéndose en el aparato productivo exportador a lo largo de la región.
A partir de los múltiples casos de estudio analizados, observamos que las empresas
agroexportadoras en América Latina y el Caribe tienen el potencial de ser un agente
de cambio relevante en una transición a modelos productivos con menor impacto
ambiental. Las motivaciones que llevan a la adopción de estos modelos son diversas.
El objetivo de acceder a nichos de mercado que pagan un diferencial de precio por
ciertas características ambientales de los procesos productivos es, sin duda, un gran
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DESAFÍOS AMBIENTALES
incentivo para las firmas. Actualmente, la certificación orgánica, ampliamente exten-
dida entre los productores agropecuarios de la región, permite acceder a una prima
de precio clara, pero también volátil y que en algunos casos puede no compensar los
costos de la transición. Los modelos de producción que van más allá de lo orgánico
aún no están tan extendidos, ni está tan claro cuánto están dispuestos a pagar por
ellos los consumidores.
La transición a modelos de producción más sostenible suele implicar un costo
inicial que no todos los productores pueden ni quieren afrontar sin la seguridad de que
serán recompensados por los beneficios ambientales que sus prácticas e inversiones
generen, tanto a través de una prima de precio o de ingresos adicionales por la venta
de servicios ambientales como bonos de carbono. Aquí es donde se evidencia el papel
importante de la política pública y los organismos internacionales de desarrollo, que
puede manifestarse a través de múltiples formas de apoyo a la transición hacia mode-
los productivos con menor huella ambiental, como acceso a financiamiento, asistencia
técnica a productores, educación ambiental, divulgación de la importancia de una
producción más sostenible, y un amplio abanico de otras políticas productivas y de
innovación. Los grandes procesadores de alimentos globales con importantes cadenas
de abastecimiento también tienen la oportunidad de incidir en la adopción de estos
modelos a través del pago de primas o facilitando asistencia técnica y financiamiento
a los proveedores elegidos siguiendo criterios ambientales.
Como mostraron los casos estudiados, el desarrollo de modelos productivos con
menor impacto ambiental promueve la innovación a nivel de la firma y del mercado,
generando nuevas capacidades internas y favoreciendo la diversificación de la oferta
exportadora hacia bienes diferenciados que apuntan a nichos de alto valor. Se trata de
innovaciones en productos y procesos productivos y organizacionales. En el caso de
las empresas que están ingresando en el mundo del pago por servicios ambientales,
la innovación pasa directamente por estar contribuyendo a la creación de un mercado
casi inexistente, pieza importante para la proliferación de estos modelos productivos
que buscan mitigar los impactos del cambio climático.
A futuro, será interesante entender más a fondo las motivaciones de distintos
tipos de productores que les impulsan a adoptar modelos de producción ambiental-
mente responsables para, de esta manera, identificar barreras y oportunidades para el
fomento de estos modelos productivos. También es importante que el sector reconozca
la importancia de estimar y monitorear sus propios impactos ambientales para así co-
municarlos a consumidores, comercializadores y financiadores de manera transparente,
apalancándose en plataformas innovadoras que agreguen información estandarizada.
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