Kogoneun To Sonseng/코고는토선생
El villano omega que regresa al pasado busca escapar
Titulo original: 회귀한 악당 오메가는 도망을 꿈꾼다
코고는토선생 Kogoneun To Sonseng, 2024
Traducción: Mina Usagi-san
Editor digital: Mina Usagi-san
ePub creado sin fines de lucro
Sinopsis.
Durante todo su tiempo en la academia imperial, Joel siguió de cerca
al príncipe heredero Carlyle, siendo su sombra constante. El día de la
graduación, Joel encuentra al príncipe en medio de su celo, y termina
teniendo sexo con él. Al enterarse el padre adoptivo de Joel,
aprovechando la situación, lo convence para que finja un embarazo,
instigándolo a seducir al príncipe durante el tiempo que dure el
compromiso y así quedar realmente encinta, sin embargo, Carlyle nunca
lo toca, y pronto el falso embarazo es descubierto por el emperador.
Como castigo, el príncipe, en un gesto de piedad, le perdona la vida,
pero lo condena a un matrimonio indeseado con un alfa treinta y cinco
años mayor.
Durante el viaje hacia su nueva vida, el carruaje de Joel sufre un
accidente, y él muere solo, sepultado bajo la nieve. En sus últimos
momentos, Joel clama por una segunda oportunidad, ansiando redimirse
de sus errores si alguna vez la vida se lo permitiera.
Entonces, inexplicablemente despierta en el pasado, cuatro meses
antes de su trágica muerte.
—No te preocupes. Esta vez no tengo ninguna mala intención.
—Hmm...
—Ah, cierto, se me olvidó mencionarlo antes, pero quiero aprovechar
esta oportunidad para decirte que ya no te seguiré más.
—¿Por qué de repente?
—Porque, en realidad, no me agrada mucho su Alteza.
Con un plan de escape en mente, Joel intenta distanciarse del príncipe.
Sin embargo, el día de la graduación vuelve a pasar su celo con Carlyle
por error, pero a diferencia de su primera vida, esta vez sí queda
embarazado.
Aterrorizado por lo que podría suceder y queriendo proteger al bebé
que lleva en su vientre, Joel decide huir. No obstante, Carlyle, aunque
Joel le repite una y otra vez que no está embarazado y que no es
necesario que se responsabilice, comienza a acercarse de todas las
maneras posibles.
—Aunque no quedaste embarazado por lo que pasó la última vez, mi
decisión de hacerme responsable sigue en pie.
—De verdad, no tiene que responsabilizarse. ¿No sabe que soy una
persona promiscua?
—Aunque todos esos rumores fueran ciertos, no me importaría. La
razón por la que te pedí que te casaras conmigo no es solo por lo que
sucedió en el bosque.
—…De ninguna manera.
—Desde hace un rato no dejas de desconfiar de mí. ¿Qué más tengo
que hacer aquí para que creas en mi sinceridad?
Pero Joel no puede olvidar las últimas palabras que el príncipe le dijo
en su vida pasada: —Ya sabía qué clase de persona eras desde el
principio, pero jamás pensé que caerías tan bajo.
Atrapado por el peso de ese recuerdo, Joel sigue decidido a huir del
reino y desaparecer para siempre.
Personajes
Carlyle (Alfa Dominante) - Príncipe heredero. Inicialmente, Carlyle
veía a Joel como una molestia persistente. Sin embargo, a medida que el
interés de Joel se desvanecía, Carlyle comenzó a experimentar una
extraña sensación de pérdida, dejando al príncipe sumido en una
confusión que no sabe cómo explicar.
Joel (Omega Dominante) - Omega dominante, una rareza en el
imperio, cuya vida ha sido marcada por una obsesión intensa y un
profundo arrepentimiento. En su vida pasada, su amor por el príncipe
heredero lo consumió, llevándolo a cometer actos que mancharon su
nombre. Ahora, de vuelta al pasado, busca redimirse, queriendo limpiar
su honor y reputación como el malvado omega del imperio.
Personajes secundarios
Benjamín (Hijo del Duque de Melphis)
Conde Lucas (Padre adoptivo de Joel)
Sir Bennet (Padre biológico de Joel)
Anna (Madre biológico de Joel)
Robert (Médico imperial)
Wickham (Mayordomo personal de Joel)
Abe (Capitán del cuarto escuadrón de la guardia personal del príncipe
heredero)
Becky (Sirviente)
Robert (Sirviente)
Capítulo 1
1. Joel, el villano omega
En la espera ansiosa, Joel y Robert finalmente obtuvieron el resultado
del test de embarazo. Al ver el mismo resultado por cuarta vez, Robert,
un renombrado médico, permanecía en silencio, mordiéndose los labios
con nerviosismo.
Cuando la prolongada mudez de Robert mostró signos de no terminar
pronto, Joel, sentado en el sofá frente a él, estalló impaciente: —Robby,
¿hasta cuándo debemos esperar?
Conociendo bien la sensibilidad de Joel gracias a su larga amistad,
Robert se vio obligado a abrir la boca.
Sin embargo, por más que intentara hablar, las palabras no salían,
limitándose a balbucear un —bueno...— o —yo...— antes de cerrar la
boca frustrado.
Pasado un rato, Joel, finalmente al límite de su paciencia, exclamó con
furia: —¡Si ese maldito príncipe heredero se queja de que llegamos tarde,
tú te harás cargo!
Robert no pudo evitar mirar a Joel con una expresión de asombro.
Aunque era cierto que había aguantado bastante tiempo ese carácter tan
horrible, lo que había dicho hacía un momento era demasiado.
Joel era el hijo menor del antiguo Conde Lucas. Aunque había sido
adoptado, seguía siendo, en cualquier caso, miembro de la familia Lucas,
lo que lo convertía en una persona de noble cuna. Sin embargo, no estaba
en su posición el llamar —maldito— o usar términos como —mierda—
refiriéndose al príncipe heredero. Existía una clara diferencia de estatus
entre Joel, adoptado en la familia del conde, y el príncipe heredero. Solo
alguien de la talla del emperador o la emperatriz podía permitirse usar
ese tipo de lenguaje.
Robert dudó por un momento, considerando si debía señalar la falta de
respeto de su amigo.
—¿Tienes algo que decir?
—Bueno, en realidad...
Sin embargo, cuando Joel lo atacó con esas palabras, se sintió
acorralado y no pudo evitar bajar la mirada.
Robert se sintió herido en su orgullo. ¿Acaso había dicho algo mal?
Con algo de valentía —de hecho, la mayor que había sentido en su vida
— decidió decir algo a Joel.
—Solo pensé que, tal vez, deberías tener cuidado con tus palabras en
el palacio real para no ofender al príncipe, ya sabes, por si acaso quedas
en desgracia.
—¿Y qué? ¿Por qué debería importarme ofender a un desgraciado
como él?
—Tú... uh...
Robert contuvo un falso carraspeo, resistiendo el impulso de protestar.
En realidad, Joel estaba en una situación en la que se sentiría bastante
decepcionado si caía en desgracia ante los ojos del príncipe heredero.
Llevaba nada menos que tres años siguiéndolo como una sombra.
Durante todo el tiempo que estuvo en la academia imperial, Joel siguió
al príncipe heredero como una sombra, vigilando con ojos de águila a
cualquiera que se le acercara o le lanzara una mirada coqueta. Era como
si él fuera la pareja del príncipe heredero.
Gracias a esto, el príncipe llegó al punto de fruncir el ceño ante
cualquier rubio similar a Joel. Objetivamente, Joel no era una mala
elección como pareja para el príncipe. Joel era un raro omega dominante,
con una posición decente como protegido del famoso Conde Lucas, y su
apariencia era realmente destacada.
La razón por la cual Joel, a pesar de tres años de esfuerzos, no logró
captar la atención del príncipe era simple. El príncipe despreciaba a
omegas como Joel, que solo eran hermosos por fuera pero vacíos por
dentro.
Bueno, criticar a Joel por su apariencia no era más que una evaluación
superficial. Joel poseía una belleza tan notable en el imperio que quienes
pasaban junto a él no podían evitar admirar su aspecto.
Aunque tenía una apariencia excepcional, la reputación de Joel estaba
destrozada debido a su comportamiento arrogante y falta de educación.
Se rumoreaba que Joel, utilizando solo su estatus como omega
dominante, se comportaba de manera grosera sin respeto alguno. La
etiqueta y el decoro apenas existían en su mente. Solo alguien de la
realeza, como un miembro de la familia imperial, podría esperar que él
les devolviera un saludo, aunque fuera un simple gesto con la cabeza.
Aquellos nobles que se sentían atraídos por su encantadora apariencia
pronto se retiraban horrorizados por la despiadada personalidad y su
lamentable falta de conocimientos básicos. En resumen, aunque tenía ese
rostro, Joel fue despreciado por el príncipe debido a su carácter
deficiente.
—¿Cuándo obtendremos los resultados de esta maldita cosa? ¿Todavía
tenemos que esperar?
—Bueno, es que...
Con un corazón inquieto, Robert miró el frasco en su mano.
Apenas dos horas antes, Robert estaba sentado en su estudio
disfrutando de un día de absoluta paz. Incluso la princesa Elizabeth, a
quien él servía, no lo había llamado hoy.
Normalmente, ella me llamaba cada hora quejándose de indigestión o
de dolor de hombros, pero hoy, después de enviarle a un sirviente por un
analgésico por la mañana, no me ha vuelto a molestar.
Robert, sin muchas tareas aparte de atender a la princesa, estaba
seguro de que podía tomarse el día como si fuera un descanso. Sin
embargo, hace solo dos horas atrás...
—Robby, mira si estoy embarazado.
En el instante en que Joel irrumpió en su oficina en el ala médica del
palacio, descargando una noticia tan sorprendente como un rayo cayendo
del cielo.
—¿Qué? ¡¿Qué broma es esa?!
—No es momento de bromas. Pronto debo encontrarme con el
príncipe heredero, así que date prisa y compruébalo —apremió Joel.
La paz que había llegado de repente se desvaneció en un instante.
Un embarazo prematrimonial de un hijo de alta nobleza era un
escándalo que sacudiría a toda la sociedad. Mejor dicho, la noticia que
realmente dejaría helado al conde Lucas, quien había hecho todo lo
posible para convertir a Joel en el consorte del príncipe heredero.
Robert abrió la boca de asombro. Nunca se hubiera imaginado que
Joel, capaz de meterse en peleas o estafas, fuera capaz de cometer un
error tan grave como un embarazo fuera del matrimonio.
Además, para confirmar un embarazo con reactivos, era necesario
esperar al menos un mes desde la última relación. Si estaba embarazado,
su vientre comenzaría a crecer pronto, y una boda para un noble de alto
rango como Joel, incluso apresurado, tomaba más de dos meses de
preparación. Era un problema enorme.
Un novio embarazado era, sin duda, un escándalo que llenaría de
susurros cualquier salón de bodas, por más abierta que fuera la sociedad.
A diferencia de Robert, que estaba completamente desorientado, Joel
se mostró extrañamente tranquilo. Esquivaba las preguntas de Robert con
una evidente irritación, limitándose a repetir como un loro que quería que
lo examinaran con un medicamento.
Finalmente, Robert tuvo que sacar el frasco de la prueba sin entender
en absoluto cómo Joel había quedado embarazado.
Y después de esperar 30 minutos, el líquido amarillo se convirtió en
rosa.
Significaba embarazo.
Aunque era difícil determinar con exactitud en esta etapa inicial, por el
cambio de color, se estimaba que Joel tenía entre uno y dos meses de
embarazo. Robert, incapaz de articular palabra, repitió el examen con el
reactivo tres veces, alegando que debía haber algún error.
Sin embargo, el reactivo mostraba el mismo resultado cada vez. Así
que, al recibir por cuarta vez el mismo resultado, Robert finalmente tuvo
que admitir que Joel estaba embarazado. Aunque era necesario admitirlo,
no fue un golpe suave. ¿Cómo podía comunicar esta trágica historia a
Joel sin causar un gran impacto?
Robert reflexionó sobre esto y vaciló durante diez minutos más.
(Después de ver los resultados, sinceramente, le daba un poco de miedo
qué tipo de locuras Joel podría hacer). Mientras tanto, Joel, ajeno a los
tumultos internos de Robert, expresaba su irritación de manera
despreocupada.
—Robby, ¿acaso eres ciego para no saber leer resultados?
La insolencia de Joel disparó la presión arterial de Robert, pero
decidió contener su ira. Acostumbrado a tolerar la grosería de Joel a lo
largo de su larga amistad, Robert optó por pasar por alto su insolencia.
El verdadero dilema era cómo hacer que Joel aceptara estos resultados.
Robert decidió contar la historia de la manera más esperanzadora
posible.
—Joel, piensa en positivo. Hoy en día, un embarazo prematrimonial
no es motivo de vergüenza. Si te casas rápidamente, las cosas pueden
arreglarse.
A pesar de que incluso con la mejor gestión, no se podía evitar el
estigma de un embarazo prematrimonial. De todos modos, la reputación
de Joel no podía descender más. Hablando con calma, Robert lanzó la
bomba.
—Joel, mira aquí. ¿Ves el cambio en el color del reactivo?
—Por supuesto que veo. ¿Y qué significa?
—Significa que estás embarazado.
—Ah, ya veo.
Joel se encogió de hombros con indiferencia, una calma sorprendente
en su tono.
Robert se quedó perplejo por un momento. ¿Habré entendido mal? ¿O
es que acaso Joel no sabe qué es un embarazo?
Mientras observaba a Joel levantarse diciendo —Me largo— con una
expresión estúpida en su rostro, Robert finalmente se levantó también.
—¡Joel! ¡Este tipo está loco! ¿A dónde crees que vas? ¡Estás
embarazado!
—Oh dios.
—¿Qué vamos a hacer ahora? Te dije que debías cuidarte
adecuadamente.
—Habla en voz baja. ¿Vas a difundir rumores de que estoy
embarazado por todo el lugar? ¿Y si alguien escucha y piensa que soy un
revoltoso?
Joel puso una pose casi coqueta, como si no comprendiera sobre la
gravedad de la situación. Desde la perspectiva de Robert, que lo
consideraba como a un hermano menor, la situación no podía ser más
exasperante.
Capítulo 2
Robert giró rápidamente alrededor de la mesa de café, tomó la mano
de Joel y volvió a sentarse.
—Joel, escucha atentamente. Este no es el momento para estar tan
relajado. Parece que estás en las primeras etapas del embarazo, y si no
quieres que tu reputación se vea manchada, debes subir la guardia de
inmediato. ¿Conoces lo que es capaz el Conde Lucas?
—No tengo intenciones de casarme —murmuró Joel, bostezando.
Al principio, Robert no entendió el significado de las palabras de Joel,
pero pronto lo captó y su expresión se endureció fríamente.
—B-bueno... ¿entonces?
Si está embarazado y no piensa casarse, la única salida es interrumpir
el embarazo.
Desde que Joel era joven, Robert siempre estuvo de su lado, pase lo
que pase. Si Joel decidía deshacerse del niño...
A pesar de que el aborto era ilegal en el país, si uno decidía hacerlo, no
era difícil de hacer realidad. Todo lo que necesitaban era encontrar un
médico dispuesto a realizar la operación en secreto.
Dado que los procedimientos ilegales generaban una gran suma de
dinero, incluso algunos graduados de la prestigiosa facultad de medicina
Huang Li optaban por llevarlos a cabo.
Al ver a Robert buscando un médico para Joel, sonrió con desdén,
como si entendiera perfectamente lo que estaba pasando por la cabeza de
su amigo.
—Déjalo. No tengo intenciones de deshacerme de él.
—¿Qué? ¿Entonces qué harás?
—Hey, no grites. Podrías asustar al niño.
—¿Estás bromeando?
—¿Lo crees?
Joel se encogió de hombros.
Al ver esa despreocupación en Joel, era evidente que ya sabía de su
embarazo desde mucho antes, y parecía tener incluso un plan para el
futuro.
Si no quiere abortar ni casarse, ¿acaso planea fugarse con el hombre en
cuestión?
Fugarse... eso sería un problema mucho mayor.
Cualquier hombre en su sano juicio no abandonaría su posición y
fortuna para fugarse. Eso solo significa que el padre del bebé debe ser un
criminal o un individuo de baja calaña.
Joel, estás metido en un lío.
Robert agarró su cuello.
—¡Estás loco!
—¿Y quién dijo que estaba cuerdo?
—¿Estas mostrando orgullo ahora? Bah. Olvídalo. Joel, ¿quién es el
padre?
—No lo sé.
—¡Joel!
—En serio, no lo sé. Tú también sabes que soy un desastre.
Joel respondió sarcásticamente y se levantó de su asiento. ¿Crear un
hijo sin saber quién es el padre? ¿Cómo manejar esta situación?
Robert, atónito, sintió cómo toda la fuerza que le quedaba se escapaba
de su cuerpo. Lo único que podía hacer era mirar a Joel, camino a la
puerta, con asombro.
—Bien.
De repente, Joel se detuvo y se volvió hacia Robert con un giro ágil.
Fue un gesto tan ligero que costaba creer que estuviera embarazado.
—Si se lo dices a alguien más, te arrancaré la lengua.
Entre esos —alguien más— incluía al Conde Lucas.
—¿Entiendes? —Joel añadió con elegancia.
***
Aaron, el leal sirviente del príncipe heredero, miró a Joel con
desagrado. Pensaba que era casi imposible que alguien fuera tan
desagradable.
Joel se comportó de manera especialmente insolente hoy. A pesar de
haber sido invitado por el príncipe heredero al palacio, se entretuvo
conversando con su viejo amigo médico y llegó al salón de recepción con
diez minutos de retraso.
¡Debería estar esperando con tiempo de sobra!
Hace poco que Joel empezó a comportarse de manera tan insolente
frente al príncipe heredero.
Durante los tres años que estuvo en la academia imperial, siempre
estuvo obsesionado con el príncipe heredero. Sin embargo, cuando se
acercó su graduación, de repente actuó como si hubiera perdido todo
interés en él, como si hubiera sido alcanzado por un rayo.
Y así, durante más de dos meses, había mantenido esta actitud
indiferente.
Algunos comentaban que Joel finalmente había renunciado al príncipe,
pero Aaron, pensaba que Joel, terco como una mula, nunca lo haría.
Quizás habría aprendido trucos de citas inútiles en algún lugar. Esos
consejos ridículos sobre actuar indiferente al principio de una relación
para volver loco a la otra persona.
El príncipe heredero se encontró envuelto en una reunión mientras
estuvo esperando a Joel en su aposento. Como ya había previsto la
tardanza de este último, no tuvo más opción que unirse a una reunión a
espera de la llegada de Joel.
Aunque podría decirse que Joel había recibido un buen golpe, Aaron,
el sirviente del príncipe heredero, no podía ocultar su desagrado. No
podía soportar la idea de que Joel se atreviera a hacer esperar al príncipe.
Además, como si hubiera olvidado que él mismo llegó 10 minutos
tarde, Joel estaba regañando a Aaron por no hacer que el príncipe
heredero apareciera.
—Hey, el té se ha enfriado.
Joel hizo un gesto como si estuviera señalando el té a Aaron.
Fue un gesto grosero, propio de un amo hacia su sirviente, y para
Aaron, que había nacido y crecido como el hijo mayor de la prestigiosa
familia Scott gracias a sus excepcionales cualidades, fue una humillación
insoportable.
Aaron se esforzó por contener el impulso de darle un bofetón y forzó
una sonrisa.
—Voy a preparar otro.
Sin esperar la respuesta de Joel, salió apresuradamente de la sala de
recepción. Puso como excusa que iría a buscar un buen té, pero en
realidad, no podía soportar seguir aguantando la estupidez de Joel.
Si pudiera decirle unas cuantas cosas a Joel en este momento, creo que
me sentiría mucho mejor. Pero lamentablemente, no puedo tratarlo mal
porque es un omega dominante.
En el imperio, la mayoría de la nobleza pertenecía a los Alfas. Sin
embargo, los Omega dominantes eran raros, por ende, los Omega
dominantes como Joel recibían un trato especial.
Por ejemplo, dentro del imperio, era costumbre que los miembros de la
familia imperial se casaran entre ellos (incluyendo la realeza extranjera),
y los nobles se casaran entre nobles. Por lo tanto, aunque los
matrimonios entre la familia imperial y la nobleza se consideraban
mezclanzas de clases, si el noble era un omega superior, las objeciones
desaparecían por completo.
Aaron, cuyo complejo de inferioridad se debía a su condición de
omega recesivo, sentía una profunda aversión por la arrogancia de Joel,
quien confiaba plenamente en su estatus de omega dominante.
Si Joel se hubiera comportado con humildad, acorde con su humilde
origen, es probable que no lo hubiera detestado tanto. Sin embargo, Joel
conocía el poder inherente a su linaje y no se molestaba en ocultarlo.
Por ejemplo, la cantidad de veces que Joel había humillado a sus
compañeros con su feromona Omega era incontable.
Durante su tiempo en la academia imperial, Joel incluso había
mostrado un interés descarado hacia el príncipe heredero. En cada fiesta
y baile, manipulaba a su entorno para asegurarse de ser el compañero del
príncipe heredero, y si el príncipe mostraba interés en otro Omega, Joel
se veía agobiado por la envidia.
Si Aaron hubiese sido adoptado por la familia del Conde gracias a sus
cualidades genéticas, no cometería semejantes actos.
Ya era suficientemente malo que yo, sin conocer mi lugar, me atreviera
a mirar al príncipe heredero. Pero Joel fue aún más lejos. Cegado por los
celos, comenzó a menospreciar y molestar al amable Benjamín.
Benjamín era el hijo mayor del Duque de Melphis y había sido
mencionado desde hacía mucho tiempo como un posible candidato para
casarse con el príncipe heredero.
Benjamín, aunque lamentablemente no era un Omega dominante,
poseía una apariencia, una familia y una personalidad impecables. Si
tenía algún defecto, era simplemente su excesiva bondad, y eso solo
atraía una atracción protectora, por lo que en realidad, no se podía
considerar un defecto.
En definitiva, Benjamín era un individuo que encarnaba las cualidades
que merecían ser admiradas y valoradas por todos, mientras que Joel
Lucas era la antítesis, un individuo que merecía el rechazo y la
desaprobación colectiva.
La mayoría de los compañeros de Aaron apoyaban la relación entre el
joven y atractivo príncipe heredero y el amable y gentil Benjamín. Aaron
también estaba entre los que apoyaban a Benjamín.
Aunque no se puede negar que una de las razones por las que
Benjamín era más apreciado que Joel era su linaje noble y puro, es
innegable que Benjamín poseía un encanto personal que atraía a las
personas, independientemente de su sangre.
Aaron había presenciado durante toda su época en la academia
imperial cómo Benjamín era acosado por Joel. A pesar de los malos
tratos, el amable Benjamín siempre protegía a Joel.
Quizás pensase que Joel no quería ser así, o que en el fondo, él era un
buen chico.
Sin embargo, Joel nunca mostró gratitud hacia Benjamín, quien lo
envolvía con cuidado. Más que agradecer, se esforzó por reprimir a
Benjamín al punto de impedirle siquiera intercambiar saludos con el
príncipe. Aaron, observando desde cerca, estaba completamente
enfurecido.
No es de extrañar que Aaron sienta tanto desagrado por Joel; de hecho,
es una reacción completamente justificada y esperada no solo por Aaron,
sino por todos en el imperio. Aaron podía afirmar con certeza que no
había ni una sola persona en el imperio que tuviera simpatía por Joel.
Capítulo 3
Cuando Aaron regresó al salón con las hojas de té más antiguas y de
calidad dudosa, Joel ya estaba listo para salir de la habitación.
Es cierto que el príncipe heredero llevaba una hora de retraso, pero
Aaron consideraba que Joel no tenía la autoridad para cancelar una cita
con él. Además, si dejaba ir a Joel, las consecuencias recaerían sobre él
por no haberlo retenido.
Aaron, forzando una sonrisa, se acercó a Joel. —Señor Joel, por favor,
siéntese. He traído un buen té para usted.
—Está bien, me iré ahora.
—Parece que Su Alteza el príncipe se está retrasando al ocuparse de
asuntos de estado. Le ruego que espere un poco más. Señor Joel, ¿no cree
que sería una pena desperdiciar todo este tiempo de espera?
—¿Acaso crees que estoy reaccionando de forma exagerada? Si Su
Alteza, el Príncipe Heredero, estuviera ocupado con los asuntos de la
nación, no tendría ningún problema. Pero resulta que está pasando un
rato agradable con Ben, ¡y para colmo ha tenido la desconsideración de
hacerme esperar!
—No, no está...
Ante las palabras abruptas de Joel, Aaron abrió los ojos sorprendido.
—Ben— era el apodo de Benjamín. Aunque Benjamín nunca permitió
que Joel lo llamara así de manera cariñosa, Joel siempre se dirigía a él de
esa manera.
Aaron, no pudiendo contenerse, señaló astutamente a favor de
Benjamín.
—Parece que hay un malentendido. Se reunieron para discutir el
aumento de impuestos en las tierras de Melphis del próximo año. No es
un encuentro personal.
—Qué ridículo. ¿Discutir eso con un Omega sin posición? Debería
haber venido el Duque en persona. ¿Crees que soy un tonto?
En ese momento, Joel respondió con un tono grosero.
¡Vaya, así que no era un tonto después de todo! Sin nada que decir ante
las críticas de Joel, Aaron prefirió guardar silencio.
Obviamente, no quería tolerar la grosería de Joel, pero tampoco estaba
dispuesto a lidiar con las consecuencias si el idiota de Joel armaba un
escándalo. Además, la familia Lucas, que respaldaba a Joel, me daba un
poco de miedo.
Aaron, un hábil mediador, ocultó sus verdaderos sentimientos con una
sonrisa suave y le pidió a Joel:
—Aun así, si Su Alteza el príncipe te ha llamado personalmente,
dejarlo esperando así seguramente lo ofenderá. Este té raro es importado
del extranjero, déjame que te lo sirva adecuadamente, por favor, tómatelo
con calma y espera un poco más.
Cuando Aaron se retiró, Joel mostró una expresión desafiante.
—De acuerdo. Como te esfuerzas tanto, esperaré un poco más.
Wickham, tráeme la carta que Sir Bennet me envió esta mañana.
En la lujosa mesa de té de madera noble en la sala de recepción, Joel
descansaba sus pies con arrogancia, dirigiéndose a su sirviente con tono
desdeñoso.
Aaron miró a Joel con incredulidad. Con —Sir Bennet— se refería al
padre biológico de Joel. Su descarada pretensión de querer utilizar el
salón de recepción del palacio como si fuera su propio estudio me ha
puesto los nervios a flor de piel.
¿Debería decirle algo? O quizás debería ser generoso y tolerarlo una
vez más.
Sin siquiera mirar a Aaron, cuyo rostro se ponía cada vez más rojo,
Joel abrió el sobre y le ordenó con indiferencia.
—Sal. Y bebe tú mismo ese té barato.
Como si estuviera ahuyentando una molesta mosca, agitó las manos
con desprecio. Al ver que se atrevía a echarme del palacio del príncipe
heredero, como si yo ya fuera el príncipe consorte, me di cuenta de que
Joel se creía con ese derecho.
El noble orgullo de Aaron se desmoronó por completo.
Aun así…
—…Si necesita algo, por favor llámeme.
¿Cómo supo que era barato? Aaron tuvo que responder
educadamente, reprimiendo la humillación.
***
Al observar la rápida desaparición de Aarón, Joel sonrió irónicamente.
Lo dije a modo de prueba, pero al ver su precipitada huida mientras
salvaguardaba las hojas de té, confirmé mis sospechas sobre lo barato de
aquellas hojas de té. A pesar de haber dejado atrás los años escolares y
alcanzado la madurez, este tipo de acoso infantil seguía acechándome
sutilmente.
¿Cómo es posible que siga usando los mismos trucos?
Joel se burló con malicia.
Ya se había acostumbrado a recibir este tipo de trato, pero... no era
algo que pudiera ignorar fácilmente.
Desde el momento en que fue adoptado por el Conde Lucas, Joel había
sido atormentado con la etiqueta de —plebeyo de buenas cualidades
naturales—. A pesar de no ser un plebeyo en absoluto, era injusto ser
tratado de esa manera.
Originalmente, su familia biológica, los Bennet, tenía un lejano
parentesco con una familia de vizcondes. Su padre biológico, Bennet,
poseía un título de caballero y una pequeña propiedad.
Sin embargo, según los estándares de los hijos de la alta nobleza, los
orígenes de Joel eran insignificantes. Sin importar si eran alfas u omegas,
envidiaban que Joel, un simple plebeyo, hubiera sido bendecido con un
rasgo dominante.
Joel, que hasta su adopción en la familia del conde Lucas había sido
feliz sin igual, pronto descubrió que su vida no era un cuento de hadas.
Joel podía afirmar con certeza que el primer mes en la academia
imperial había sido el más difícil de toda su vida.
Días en los que nadie le hablaba y era descaradamente ignorado. Tanto
los nobles como sus criados le dirigían miradas desdeñosas a Joel
constantemente. Hasta los profesores de la academia observaban cómo lo
excluían.
Hasta ese momento, Joel, a pesar de su ingenuidad (pero con un buen
corazón), se había culpado a sí mismo. Había intentado acercarse a
quienes lo observaban como un espectáculo y hasta había organizado una
gran fiesta a petición de su padre adoptivo, el conde Lucas.
Cada vez que alguien requería ayuda, él era el primero en ofrecerse.
Pero a cambio, sufrió un acoso aún más intenso.
Al darse cuenta de la naturaleza dócil de Joel, los otros niños
comenzaron a aprovecharse de él. En particular, un grupo de individuos
con rasgos recesivos lo acosaban constantemente.
Al principio, temerosos del conde Lucas, se contenían. Sin embargo, al
darse cuenta de que Joel no podía quejarse a su padre adoptivo,
comenzaron a acosarlo abiertamente frente a él.
Observaban detenidamente cada comida de Joel, señalando cada
pequeño defecto en sus modales, comentando en voz alta sobre su ropa
cada vez que pasaba y burlándose de su gusto estético.
Además de los celos del grupo de individuos con rasgos recesivos,
Joel también tenía que lidiar con los avances inapropiados de los alfas.
Algunos alfas, subestimando a Joel debido a su origen humilde, se le
insinuaban, y al ser rechazados, desarrollaban un profundo odio hacia él.
A pesar de que Joel rechazaba sus avances de manera amable y
respetuosa, ellos, en su arrogancia, reaccionaban con desprecio,
diciéndole cosas como: —¿Quién te crees que eres para rechazarme?
Ante la actitud persistente y exigente de los alfa, Joel, por lo general,
optaba por disculparse, incluso cuando no tenía ninguna culpa. No
obstante, en una ocasión, el rechazo había herido tanto el ego del alfa que
cualquier disculpa resultaba insuficiente.
Los alfas, después de insinuarse y ser rechazados, comenzaron a
difundir rumores maliciosos acusando a Joel de ser promiscuo. Gracias a
ellos, Joel tuvo que cargar con la infame acusación de inmoralidad.
El acoso había durado un mes entero. Una mañana, mientras se
preparaba para su clase de bienes raíces y escuchaba las burlas del grupo
de rasgos recesivos, Joel finalmente explotó.
Esa misma mañana, discutían acaloradamente sobre la repentina
desaparición de Joel de la cena de la noche anterior. Lo que era
simplemente una retirada por no soportar sus sutiles bromas la noche
anterior, fue transformado en un caso de infidelidad con un joven alfa.
Joel se acercó al grupo de alfas enojado. Aunque se encontraron con su
mirada furiosa, lo ignoraron y continuaron su alboroto como si nada. La
determinación tranquila de Joel durante todo un mes no les daba miedo,
ni siquiera cuando se enfrentó a ellos con ira.
Incluso un alfa que se atrevió a insinuar un encuentro íntimo con Joel
se burló abiertamente de él.
—Oye Joel, ¿estás bien? Debes haberte lastimado ayer en el suelo.
Las risas llenaron el aire mientras los alfas coreaban, insistiendo en
que Joel cometió un acto indecoroso al aire libre.
Joel, en lugar de replicar, decidió llevar a cabo lo que había imaginado
cientos de veces mientras era acosado. Se trataba de someter a alguien
utilizando feromonas. Al liberar sus feromonas, el fascinante aroma a
rosas llenó rápidamente el aula. Las feromonas de Omega dominante
poseían un poder abrumador sobre los rasgos genéticos, especialmente
dominando a los Alfa.
El alfa que estaba acosando a Joel se desplomó al suelo, temblando
incontrolablemente como si lo hubiera electrocutado.
Mientras se burlaba diciendo que si ni siquiera podía soportar su
feromona, ¿cómo podría ser su pareja?, él jadeaba miserablemente,
tratando de ocultar la parte que se había puesto rígida.
—¿Qué está pasando aquí? —exclamó sorprendido un profesor, que
entró tardíamente en el aula con la cabeza descubierta. Siendo un Beta,
no estaba siendo controlado por las feromonas de Joel.
El profesor miró a Joel con expresión severa, pero Joel, que solía
tratarlo con respeto, esta vez lo enfrentó con una mirada fría, causando
que se tambaleara y retrocediera desconcertado.
Ese día Joel descubrió por primera vez el poder de la familia Lucas.
Capítulo 4
A pesar de lo ocurrido, el grupo de alfas seguían siendo irrespetuoso
con Joel, por lo que terminó siendo castigado varias veces. Aunque no
eran completamente tontos, al final decidieron rendirse.
Por supuesto, bajaron la cola solo frente a Joel. Detrás de él, todavía lo
rechazaban y odiaban.
Además, su venganza abierta tuvo consecuencias negativas para Joel,
ya que incluso aquellos que no le guardaban ningún rencor se sintieron
ofendidos por su comportamiento imprudente.
Después de ingresar a la academia imperial y solo dos meses más
tarde, la reputación de Joel se desplomó. A medida que empeoraba su
reputación, Joel se volvía más cruel. Si alguien siquiera se atrevía a
mostrar la menor falta de respeto, él respondía con fiereza de inmediato.
Se había propuesto no permitir que lo trataran con desprecio, al menos en
su presencia.
Después de tres años en la academia imperial, lidiando con toda clase
de maldades, la amable personalidad de Joel se convirtió en algo tosco y
áspero, como una tela áspera y dura. Sin embargo, no había ni rastro de
arrepentimiento en Joel por sus acciones pasadas. Si hubiera seguido
acumulando esa ira en su interior, habría enloquecido por ira y
resentimiento. Es decir, en la encrucijada entre destruir su identidad o su
moralidad, él simplemente eligió lo segundo.
Al recordar los momentos dolorosos del pasado, Joel apretó
instintivamente el sobre que tenía en la mano. El mayordomo Wickham,
que estaba de pie a su lado visiblemente incómodo, finalmente abrió la
boca.
—Mi señor, si Su Alteza Real ve esto, podría enfadarse. Por favor,
entrégueme la carta. La guardaré adecuadamente y se la entregaré
cuando esté disponible. Por favor, calme su espíritu.
Wickham había sido un sirviente leal de Joel desde los tiempos en que
era Joel Bennet, no Joel Lucas. Para Joel, era como un abuelo.
La verdad es que, dado que el príncipe heredero no estaba presente y
nadie los estaba viendo, no habría inconveniente en comportarse de
manera más informal, pero si fue Joel quien actuó de esa manera, la
situación cambia radicalmente.
En la mirada ávida de quienes pretendían encontrar defectos en la
conducta de Joel, se extendía un velo incansable en todas direcciones.
Consciente de esta realidad, Wickham, temeroso de que su amo pudiera
caer en gracia al príncipe, vigilaba atentamente su entorno.
Joel frunció el ceño al instante. A pesar de haberle dicho claramente
que había renunciado a sus sentimientos por el príncipe heredero, parecía
que Wickham no le creía.
A pesar de la incomodidad, Joel, conocedor más que nadie de su
lealtad, entregó la carta mansamente.
El mayordomo suspiró aliviado solo después de tomar la carta de las
manos de Joel y guardarla en su pecho.
De hecho, no solo Wickham, sino todos desconfiaban de las palabras
de Joel. Todos se limitaban a reírse de las palabras de Joel, que decía que
ya no molestaría más al príncipe heredero.
Algunos incluso se burlaban de Joel en público, diciéndole que el
príncipe heredero nunca se fijaría en él, sin importar lo que hiciera.
Pero Joel realmente había abandonado sus sentimientos por el príncipe
heredero. Aunque una vez había anhelado el afecto del príncipe heredero,
ya no era así.
Ahora, en lugar de amor, cada vez que pensaba en el príncipe
heredero, sus dientes rechinaban. El príncipe heredero, que llevaba una
máscara de un monarca benévolo, en realidad...
[—Es un matrimonio arreglado por el propio príncipe heredero. ¡Vete
al feudo del Duque Julián inmediatamente!]
Porque él era la responsable de haberlo vendido a un viejo duque que
le llevaba treinta y cinco años.
2. Primer invierno
Joel siempre se había preguntado por qué el príncipe heredero, tan
amable con todos, era tan cruel solo con él.
¿Sería porque había tirado té en la cara de Benjamín, el viejo amigo
del príncipe heredero y un fuerte candidato a convertirse en su esposo?
¿O sería porque, cada vez que había un baile o una fiesta, se había
aprovechado de su familia para ocupar a la fuerza el puesto de su pareja?
¿O quizá fue porque, durante la fiesta de graduación, lo encontró
sufriendo un celo y se aprovechó de él?
¿O sería porque, tras atacarlo así y fingir un embarazo para obligarlo a
casarse con él, su mentira fue descubierta?
… Pensándolo bien, quizá debería agradecerle que no lo haya matado
antes.
En cualquier caso.
Joel decidió dejar de obsesionarse con la razón por la que el príncipe
heredero lo odiaba. Preocuparse por eso significaba que todavía tenía
sentimientos por el príncipe heredero.
Como había decidido olvidar ese amor imposible, era hora de dejar
atrás esos sentimientos tontos.
Desde el momento en que abría los ojos por la mañana hasta el
momento en que cerraba los ojos para dormir, y quizás incluso en sus
sueños, su mente estaba llena de pensamientos sobre el príncipe
heredero. El hecho de que él, que había estado tan obsesionado, pudiera
ahora desprenderse de esa obsesión como un monje iluminado, se debía a
una 'experiencia especial'.
Era una historia que nadie creería, así que la guardó como un secreto.
De hecho, Joel había experimentado un viaje en el tiempo.
Ahora, en su vigésimo invierno, estaba repitiendo por segunda vez el
invierno de sus veinte años.
Cuando estaba pasando su primer invierno, Joel estaba completamente
enamorado del príncipe heredero (como todos sabían). Que él, en la
noche de la fiesta de graduación, no llamara a la guardia cuando encontró
al príncipe heredero desmayado en un bosque solitario sufriendo un celo,
era algo esperable.
Joel estaba muy borracho ese día. Y como si no estuviera lo
suficientemente cuerdo, al oler el feromona del príncipe heredero a quien
había amado durante mucho tiempo, era imposible que mantuviera la
razón.
Impulsado por el deseo, Joel se acercó al príncipe heredero y pasaron
juntos una noche intensa en el bosque.
Al día siguiente, cuando Joel regresó a la mansión del conde
tambaleándose, su padrastro, el conde Lucas, se enfureció porque Joel
había salido sin permiso. Sin embargo, cuando se enteró de que Joel
había pasado la noche con el príncipe heredero, su actitud cambió de
manera escalofriante a una muy suave.
El conde Lucas, que deseaba convertirse en el suegro del príncipe
heredero para obtener más poder, hizo una sugerencia absurda a Joel: que
fingiera estar embarazada para comprometerse con el príncipe heredero,
incluso si no lo estaba.
—Padre, pero eso sería un crimen.
—¿Crimen? ¡Ja, qué gracioso! Está bien vivir una vida justa y honesta.
Pero, Joel, ¿tienes la confianza de vencer al señor Benjamín en una
competencia justa?
—...No.
La pregunta de su padrastro hizo que Joel se sintiera completamente
desanimado. Benjamín era un noble de nacimiento, tenía una excelente
educación, tal como quería el príncipe heredero, y además era amable y
gentil.
Él era, en efecto, la encarnación del ideal del príncipe heredero. Lo
único en lo que Joel podía vencer a Benjamín era en apariencia física y
características." (En cuanto a la apariencia, no sabía lo que otros
pensaban, pero al menos en su opinión, era así).
—Sin embargo, si me descubren mintiendo...
—No hay necesidad de preocuparse tanto. Haré lo que sea necesario
para que te quedes en el palacio del príncipe heredero, así que solo tienes
que seducir al príncipe heredero y quedar embarazado lo antes posible. Si
no quedas embarazado de verdad, ¿no puedes simplemente mentir y
decir que has tenido un aborto?
Joel no quería engañar al príncipe heredero al que amaba, pero
tampoco podía desafiar la voluntad de su padrastro. Y honestamente,
sentía que si perdía esta oportunidad, nunca más podría convertirse en un
candidato para ser el príncipe consorte.
El príncipe heredero siempre había despreciado a Joel por ser vulgar y
estúpido.
Joel, que no quería perder al príncipe heredero bajo ninguna
circunstancia, finalmente decidió seguir la voluntad de su padrastro.
Un mes después de pasar la noche con el príncipe heredero en el
bosque, se confirmó que Joel no estaba embarazado, pero el padrastro de
Joel, según lo planeado, hizo que pareciera que Joel estaba embarazado y
exigió un compromiso a la familia del príncipe heredero.
Ya que había sobornado al médico principal de la familia real, tanto el
príncipe heredero como el emperador no tuvieron más remedio que creer
que Joel realmente estaba embarazado.
Al enterarse de todo el asunto, el príncipe heredero parecía desear ir a
la cárcel, pero al final aceptó la propuesta de matrimonio.
Joel comenzó así la vida matrimonial con el príncipe heredero que
siempre había soñado, aunque estrictamente hablando, todavía estaban en
la etapa de compromiso.
No es exagerado decir que el mes que pasó en el palacio del príncipe
heredero fue el período más feliz de toda su vida.
El príncipe heredero trató a Joel con una actitud más respetuosa y
amable que antes. Ya no lo miraba con desprecio y escuchaba
atentamente incluso las tonterías que decía Joel.
Debido a que constantemente le regalaba a Joel joyas preciosas y ropa
cara, se generó una opinión pública que criticaba que el tesoro nacional
se estaba vaciando.
Joel sintió un poco de culpa, pero al ver al príncipe heredero tan
amable, pensó que había hecho bien en seguir el consejo de su padrastro.
Sin embargo, nunca intentó tener relaciones sexuales directas. Debido
a que Joel estaba embarazado al principio, evitó cuidadosamente
cualquier acto peligroso que pudiera causar un aborto.
Al principio, Joel estaba simplemente feliz con la actitud del príncipe
heredero, pero pronto comenzó a sentirse ansioso.
Si realmente no quedaba embarazado, tendría que fingir un aborto. Sin
embargo, el problema era que si decía que había tenido un aborto, el
emperador intentaría anular el compromiso.
Capítulo 5
El emperador, aunque a regañadientes, podía aceptar que Joel fuera el
amante de su hijo, a pesar de su baja posición social. Pero nunca
permitiría que se casara con el príncipe heredero y se convirtiera en rey
consorte.
Él, que era cruel y despiadado, de hecho, ya había preparado todo para
provocar un aborto en Joel. Si el príncipe heredero no se hubiera opuesto
firmemente, diciendo que no podía matar a su propio hijo, Joel ya habría
tomado una pastilla abortiva.
Joel y su padrastro, sabiendo esto, no podían hacer nada.
Dado que el príncipe heredero se negaba a hacer nada que pudiera
lastimar al bebé, quedar embarazado de verdad era imposible. Y si fingía
un aborto, perdería al príncipe heredero.
Mientras Joel, que no podía comer ni dormir debido a la ansiedad,
estaba a punto de volverse loco, finalmente su problema se resolvió. Se
descubrió que el embarazo era falso y el emperador se enteró.
Joel nunca fue bueno para mentir. El emperador, que era muy
perspicaz, notó la actitud sospechosa de Joel, como si estuviera
ocultando algo, y ordenó una investigación secreta.
El investigador enviado por el emperador terminó descubriendo que
Joel y su padrastro habían planeado juntos una gran mentira sobre el
embarazo.
—¡Dios mío, Joel! No importa cuánto ames al príncipe heredero,
¿cómo pudiste usar una estratagema tan vil?
Cuando se reveló la verdad, el padrastro de Joel culpó a Joel por todo
y se apresuró a salvar su propio pellejo.
Joel sintió traición y resentimiento, pero no podía permitir que la ira se
extendiera a las familias Lucas y Bennet, por lo que no tuvo más remedio
que asumir toda la culpa.
Así, Joel confesó todos los cargos ante el investigador y, de la noche a
la mañana, pasó de ser el prometido del príncipe heredero a ser un
criminal.
El emperador, furioso, intentó decapitar a Joel y colgar su cabeza en la
muralla como castigo por jugar con el príncipe heredero.
Afortunadamente, gracias a la ferviente súplica del príncipe heredero,
Joel pudo salvar su vida.
Sin embargo, el príncipe no perdonó a Joel.
—Ya sabía qué clase de persona eras desde el principio, pero nunca
imaginé que llegarías tan bajo.
El príncipe, profundamente decepcionado por la despreciable
humanidad de Joel, juró no volver a verlo. Joel se quedó sin palabras al
ver al príncipe darle la espalda fríamente con esa única declaración.
Así, Joel fue expulsado del palacio, desterrado a la propiedad del
Conde Lucas, a la espera de su destino.
Y así sucedió.
—Es un matrimonio arreglado por el propio príncipe heredero. ¡Vete al
feudo del Duque Julián inmediatamente!
La última decisión del príncipe hacia Joel fue que desapareciera para
siempre, lejos de la capital.
—¡Pero padre, el duque Julián es treinta y cinco años mayor que yo!
—¿Qué importa si es un hombre mayor o un anciano? Y sé agradecido
de poder casarte. Con los rumores que circulan por toda la capital, ¿crees
que habrá algún otro noble que quiera casarse contigo?
Joel, incapaz de rebatir las burlas y consejos sarcásticos de su
padrastro, bajó la cabeza sin encontrar respuesta. Se encontraba en la
posición ridícula de ser objeto de burla entre la nobleza, tal como su
padrastro había mencionado.
Si no fuera por el deseo desesperado de ver al príncipe heredero una
vez más, él también habría querido suicidarse por la vergüenza.
—Y no te desanimes tanto. Aunque te hayan expulsado por ahora, eso
no significa que no habrá oportunidades en el futuro.
—¿Oportunidades, dices? No me digas que...
Joel, desconcertado, pronto entendió la intención de su padrastro.
***
Aunque el imperio seguía el sistema de monogamia, la alta nobleza y
la familia imperial tenían abiertamente amantes además de sus cónyuges.
El emperador actual, que había tenido un matrimonio muy feliz,
llevaba 10 años viudo y había decidido no volver a casarse, lo cual era
muy inusual.
El emperador anterior tenía una amante oficial además de la
emperatriz, y el emperador anterior a ese había cambiado de amante
cinco veces durante su reinado.
Una amante no era más que una amante, no una esposa legalmente
reconocida. Por lo tanto, incluso una persona casada podía convertirse en
una amante.
Al convertirse en amante del emperador, uno era colmado de riquezas
y privilegios. Varios nobles, cegados por la avaricia, ofrecían a sus
propias esposas con tal de obtener esos beneficios. Eran actos de una
locura sin límites.
El padre adoptivo de Joel ahora proponía que, dado que el puesto de
príncipe consorte se había desvanecido, al menos intentaran conseguir
para él la posición de amante del príncipe heredero. Pero, ¿quién no sabía
que detrás de ese título se escondía una realidad sórdida? Todas las
concubinas eran vistas como mercaderes de su cuerpo, esclavizadas por
la ambición.
Joel se preguntaba, con un profundo sentimiento de tristeza, si su
padre adoptivo sería capaz de pedirle a su propio hijo Isaac que se
sometiera a semejante humillación.
—¿Quiere decir que me propone que ocupe el puesto de concubino del
príncipe heredero?
—Eres rápido para captar las indirectas. Sí, en cuanto la situación se
calme, te llamaré a la capital de nuevo. Espera hasta entonces.
Su padre adoptivo tenía la intención de aprovechar al máximo a Joel
hasta que dejara de serle útil. Joel se sentía como un simple peón en un
tablero de ajedrez, y aunque la situación lo entristecía, no podía
desobedecer las órdenes de su padre adoptivo como siempre había hecho.
Así, en un día de invierno nevado, Joel partió hacia un lejano territorio
en una carroza, mirando melancólicamente por la ventana.
En apenas unos días, todo había cambiado drásticamente. Los eventos
inesperados habían sido tan repentinos que aún no parecían parte de la
realidad.
La sonrisa cariñosa del príncipe heredero todavía brillaba en sus
recuerdos, ¿tal vez era un sueño? Si cerraba los ojos, parecía que estaría
de nuevo en sus cálidos brazos.
La visión del príncipe heredero se desdibujaba al recordarlo.
Pero Joel decidió no llorar. Aunque se sentía un tonto desesperado, al
menos quería preservar algo de su dignidad.
Sería patético aferrarse a su pena más allá de ser expulsado. Por eso,
controló con esfuerzo las lágrimas que pugnaban por brotar.
Era una situación absurda para Joel, pero incluso en ese momento, no
podía dejar de lado su amor por el príncipe heredero. Desde el primer
momento en que lo vio, lo amó con todo su corazón, y todavía lo amaba
apasionadamente.
Pero precisamente por eso, Joel no quería convertirse en el amante del
príncipe heredero. Si hubiera deseado los bienes o el poder del príncipe,
como su padre, habría aceptado fácilmente el cargo de amante.
Sin embargo, Joel había jurado ante Dios que nunca había codiciado la
riqueza o el poder del príncipe. Él solo deseaba al príncipe como
persona, por lo que rechazó de antemano la idea de compartir el asiento
de amante.
Además, Joel nunca tendría la oportunidad de ser el amante de todos
modos…
Como al final dijo que no volveríamos a vernos, a menos que se
cayera de un caballo y se golpeara gravemente la cabeza, era imposible
que el decidido príncipe heredero quisiera tener a Joel como amante.
Joel, que conocía esa realidad mejor que nadie, ya no podía soñar con
estar cerca del príncipe heredero. Solo esperaba tener una oportunidad
para renovar su imagen, que había quedado manchada como la de un
villano patético y estúpido.
Pensando en cómo obtener esa oportunidad, Joel reflexionaba
serenamente dentro de la carroza que se dirigía al Palacio de Julián. El
príncipe siempre rodeó a personas astutas, sabias y bondadosas de cerca.
Sin embargo, Joel dudaba de su propia capacidad para volverse astuto o
sabio, parecía imposible incluso si renaciera.
Desde su nacimiento, siempre pareció ser estúpido. No obstante, la
posibilidad de convertirse en una persona bondadosa parecía alcanzable
con esfuerzo. Hasta la época en que era Joel Bennet, había escuchado el
elogio de ser amable en repetidas ocasiones.
Mientras Joe tenía pensamientos esperanzadores como ayudar a los
demás durante toda su vida, como establecer refugios para los pobres,
cuidar a los niños abandonados en orfanatos, algo sorprendente ocurrió.
Un ruido sordo lo sacudió y el carruaje en el que viajaba volcó de repente
en un camino solitario en el bosque.
Joel, al estrellar su cabeza con fuerza contra la pared, perdió la
conciencia de inmediato. Habría sido un final aceptable si hubiera
muerto de inmediato... Desafortunadamente, solo había sido un desmayo
temporal.
Despertó poco después sintiendo un dolor agudo, y al darse cuenta de
que no podía mover la parte inferior de su cuerpo, entró en pánico.
Llamó desesperadamente al cochero en voz alta en busca de ayuda, pero
no recibió respuesta. Al notar la extraña quietud afuera, Joel se sintió
lleno de temor.
No podía quedarse quieto en esa situación. Manteniendo la calma, se
esforzó por salir del carruaje destrozado, usando todas sus fuerzas
restantes.
Capítulo 6
Y así, escapando a duras penas del carruaje, lo primero que Joel vio al
salir fue el cuerpo sin vida del cochero y su caballo. En ese instante, Joel
presentía su propia muerte. Herido de gravedad, sin posibilidad de
resistir mucho más, con la ventisca ocultando hasta la última pisada en el
camino, la esperanza de ser rescatado se desvanecía. Después de
considerar calmadamente todas las posibilidades, Joel aceptó su destino
y se tendió sobre el manto de nieve.
Al acercarse su final, lo primero que vino a su mente fue el último mes
que había pasado con el príncipe heredero. Un mes de una felicidad
desbordante. Cada día, el príncipe se vestía con gusto con la ropa
seleccionada por Joel, comenzando la jornada, y cada noche, recibía las
palabras de elogio de Joel como cierre del día. Cuando Joel iba a la sala
de estudio con el anhelo de verlo, el príncipe lo recibía con una sonrisa,
sin mostrar jamás el más mínimo signo de molestia. A veces, incluso
llegaba con joyas preciosas o dulces deliciosos para Joel.
¿Qué inmenso gozo era poder ver a la persona amada tanto como se
deseaba y abrazarla todo lo que se anhelaba? Recordando aquel mes de
felicidad, a pesar del frío y el dolor, una tenue sonrisa se dibujó en los
labios de Joel. Sin embargo, esa felicidad efímera pronto se esfumó.
—Ya sabía qué clase de persona eras desde el principio, pero nunca
imaginé que llegarías tan bajo.
Joel recordó las últimas palabras del príncipe, cómo lo miraba en su
último instante. No hubo una sola palabra de desprecio en ese último
mensaje, pero dejó una herida en Joel imposible de olvidar. Al recordar la
mirada desdeñosa dirigida hacia él, Joel sintió un dolor tan intenso que le
quitó la respiración. ¿Al enterarse de que había encontrado la muerte en
ese campo de nieve, consideraría que había recibido su merecido?
Quizás todo esto de ser condenado a morir en este mar de nieve fue
parte del plan del príncipe heredero. ¿Acaso quería silenciar
discretamente al estafador que engañaba a la corte real?
Si fue así, entonces era un plan perfecto. La acumulación de nieve
aseguraría que su muerte fuera impredecible, sin testigos hasta mucho
después que encontraran el cadáver.
Sin duda, una ejecución más tranquila y elegante que la decapitación.
Joel aún no quería morir. No podía permitirse morir.
Pues morir así significaría ser recordado para siempre como el villano
tonto que manchó la honorabilidad de la corte real, algo que el príncipe
heredero preferiría no tener en su memoria. Aunque sabía en su cabeza
que su fin estaba próximo, ansiaba la oportunidad de redimirse de sus
errores si se le presentaba.
Pero si esta muerte era su condena, entonces debía aceptarlo.
Se preguntaba, mientras se acercaba a la muerte, cómo reaccionaría el
príncipe al ver su cuerpo. ¿Se reiría, sentiría alivio, quizás incluso
lástima?
No esperaba que se entristeciera.
Considerando la naturaleza taciturna del príncipe heredero, no parecía
ser del tipo que expresara su alegría de manera tan abierta. Más bien,
pensaría con frialdad que era una suerte que el problemático omega
hubiera sido eliminado en silencio, según lo planeado.
Al igual que lo había hecho en el último momento.
Al imaginar al príncipe heredero sintiéndose aliviado al ver su cadáver,
Joel sintió un dolor tan intenso como si le arrancaran el corazón.
Sabía que no tenía derecho a lamentarse, ya que esta tragedia era fruto
de sus propias acciones, pero aun así, sufría terriblemente.
Aunque no se sintiera aliviado al ver su cadáver, si el príncipe
heredero sintiera al menos un poco de lástima por él, podría irse al otro
mundo sin ningún arrepentimiento. Sin embargo, había cometido un
crimen demasiado grande contra él, así que era una esperanza que no
podía permitirse tener.
Quisiera desear tu felicidad por última vez... Pero... Imagino que ni
siquiera valorarías que te desee felicidad a ti.
Así que Joel decidió dejar de lado todas esas reflexiones sobre el
príncipe heredero y aceptar la muerte con un corazón tranquilo y
resignado. Su cuerpo ya no sentía el frío dolor.
Quizás su espíritu estaba tan abrumado por el dolor que la sensación
física de su agonía quedó sepultada.
Justo antes de que la oscuridad lo envolviera por completo, Joel sintió
una lágrima cálida deslizarse por su fría mejilla. Fue una lágrima
reprimida por mucho tiempo.
Aquello fue el último instante del primer invierno que Joel recordaría.
3. Segundo invierno.
Al despertar, Joel se encontraba justo un mes antes de la fiesta de
graduación.
Regresar un mes antes de la fiesta de graduación era como retroceder
cuatro meses antes del momento de su muerte. Joel pasó varios días
confundido, incapaz de aceptar la realidad.
¿Estaba soñando mientras moría, o estaba volviéndose loco? ¿O tal
vez era una jugarreta divina?
Sin embargo, después de pasar unos días extremadamente realistas, —
era obvio, era la realidad—, tuvo que aceptar que había viajado en el
tiempo.
Una vez que aceptó la realidad, lo primero que Joel decidió hacer fue
olvidar al príncipe.
Por supuesto, no fue una decisión fácil de tomar. En realidad, Joel
todavía amaba al príncipe.
Habiendo regresado antes de engañar al príncipe con un falso
embarazo, la tentación de acercarse al príncipe una vez más seguía
surgiendo.
Pero…
—Ya sabía qué clase de persona eras desde el principio, pero nunca
imaginé que llegarías tan bajo.
Joel no quería volver a enfrentarse con la mirada gélida del príncipe.
Aunque el príncipe solía mirar a Joel con desdén, su mirada en ese
último momento fue cruel y despiadada como nunca antes.
Si algo similar volviera a suceder, Joel no sabía si su corazón dejaría
de latir en ese momento.
Sin embargo, como era un tonto y perverso, sin importar lo que
hiciera, al final siempre decepcionaba al príncipe heredero. Por lo tanto,
decidió renunciar al príncipe heredero en lugar de repetir una tragedia
similar.
Pero sabía que si se quedaba en la capital, no podría olvidarlo. Así que
tomó una segunda decisión: escapar a una tierra lejana.
Escapar también era una elección para protegerse a sí mismo. En su
vida pasada, su padre adoptivo lo había explotado hasta la médula.
Cuando Joel había pasado una noche con el príncipe heredero, su
padre adoptivo había urdido un engaño de embarazo falso para
convertirse en el suegro del príncipe. Y cuando el engaño fue
descubierto, había echado toda la culpa a Joel y se había salvado él solo.
Y eso no fue todo. En lugar de consolar a Joel, que ahora era señalado
por todos, lo presionó aún más para que se convirtiera en amante cuando
las cosas se calmaran.
Antes de que se descubriera el engaño del embarazo falso, Joel sentía
al menos un poco de afecto y confianza hacia su padre adoptivo.
Sin embargo, después de que el engaño salió a la luz, en lugar de
proteger a Joel, lo usó como escudo humano. Gracias a eso, Joel se dio
cuenta cruelmente de que su padre adoptivo lo había adoptado con la
intención de explotarlo por completo.
Su padre adoptivo quería conectarse más estrechamente con la familia
real. Pero como su hijo biológico era un omega recesivo, adoptó a Joel,
un omega dominante, con la esperanza de emparejarlo con el príncipe
heredero.
A menos que las características de Joel dejaran de ser dominantes o se
volviera infértil, tendría que seguir insinuándose al príncipe heredero
bajo las órdenes de su padre adoptivo.
Sin embargo, no quería volver a vivir como un simple peón en un
tablero de ajedrez. Estaba harto de ser utilizado.
Joel pensó que una vez había sido suficiente vivir una vida tan tonta.
Ahora que había vuelto a la vida, quería vivir libremente.
Así que, usando su pequeña y astuta cabeza, elaboró un plan de escape
bastante plausible y comenzó a ponerlo en práctica paso a paso.
Elegir un lugar al que escapar no fue difícil. Esto se debía a que
cualquier reino que compartiera frontera con el imperio valoraba mucho
el dominio del idioma imperial.
Joel envió en secreto a alguien a buscar un trabajo como tutor y recibió
respuestas positivas de varios nobles extranjeros. Entre ellos, eligió al
señor de un feudo lo más alejado posible del imperio y logró firmar un
contrato para recibir un salario considerable.
A continuación, envió a su padre biológico, el caballero Bennet, a un
largo viaje al extranjero. Esto se debía a que sabía que si el conde Lucas
se enteraba de su escape, seguramente tomaría a Bennet como rehén.
Sir Bennet se sorprendió por la repentina necesidad de viajar, pero Joel
no le explicó los motivos en detalle y simplemente lo empujó a que se
fuera.
Sabía que si mi padre se enteraba del trato que había recibido en la
familia Lucas, con su estupidez, seguro que arruinaría todo por impulso.
Por ejemplo, podría ir corriendo hacia el condado de Lucas con un
cuchillo en la mano.
Sir Bennet, conocido por su frugalidad, se resistió a irse, pero cuando
Joel, que siempre había sido amable y dócil frente a él, mostró un
carácter felino, no supo qué hacer y terminó subiendo al carruaje.
Capítulo 7
No recibió ninguna carta de su padre biológico después de que este se
marchara al extranjero, así que no tenía forma de saber si había llegado
bien. Sin embargo, Joel decidió asumir que todo iría bien. Era común que
el correo desde el extranjero tardara meses en llegar y, además, Joel
estaba tan ocupado que no tenía tiempo para preocuparse por esos
detalles.
Ahora, el mayor obstáculo para Joel era conseguir dinero para escapar.
Su padre adoptivo nunca le había dado ni un solo centavo.
Su papá había asignado a un sirviente para que cuidara de sus
documentos de identidad y su billetera, por lo que Joel no podía ni
siquiera comprar una pluma. Incluso la ropa y las joyas caras que llevaba
puestas eran propiedad de su padre adoptivo.
Así que no tuvo más opción que vender las propiedades y tierras de su
padre para asegurar el dinero necesario para escapar. (De hecho, incluso
el viaje al extranjero de Bennet era un plan financiado con los fondos de
emergencia de Bennet).
Aunque sabía que su padre se enteraría de la verdad más tarde, Joel
confiaba en poder persuadirlo. Bennet amaba profundamente a Joel y
siempre ponía la seguridad de Joel en primer lugar. Cuando descubriera
la verdad, probablemente se sentiría enormemente arrepentido por no
haber sacado a Joel de ese infierno mucho antes.
Joel estaba a punto de graduarse de la academia imperial y casi había
terminado de prepararse a duras penas. Solo faltaba recibir el dinero de la
venta de las propiedades de su padre para poder cambiarlo todo por
lingotes de oro y escapar. Esperaba ansiosamente noticias del contacto
que había enviado a la finca de Bennet.
Mientras Joel se volvía más cauteloso, el príncipe heredero al principio
parecía indiferente. Sin embargo, pronto empezó a sospechar y a
inquietarse por las intenciones de Joel.
Un día, mientras Joel caminaba por el pasillo, el príncipe heredero
detuvo a Joel con un gesto elegante.
—Oye.
Joel intentó pasar de largo, pero uno de los sirvientes que rodeaban al
príncipe heredero agarró su brazo, obligándolo a detenerse en ese lugar.
—¡Ay! —gritó Joel de dolor, haciendo que el agarre en su brazo se
aflojara por un momento, pero pronto el desconocido seguidor del
príncipe heredero, un Alfa, apretó con más fuerza el brazo de Joel.
—¿Qué estás haciendo? ¿Estás loco? ¡Suéltame de inmediato!
—Yo no soy el loco, probablemente seas tú. ¿Cómo te atreves a
ignorar la llamada del príncipe heredero?
Joel miró fijamente al tipo que lo sujetaba del brazo, con los ojos
llenos de ira. Joel era valiente en palabras, pero físicamente débil y no
tenía la fuerza para deshacer el agarre del desconocido.
Además, su padre adoptivo lo había estado poniendo a dieta durante
mucho tiempo, bajo el pretexto de controlar su peso.
El príncipe heredero, que se había acercado a Joel, ordenó: —Suéltalo.
Joel frotó su brazo adolorido y miró al príncipe heredero con
resentimiento.
—Tú, últimamente estás muy tranquilo.
—¿Y a ti qué te importa? —respondió Joel con desdén.
La respuesta insolente de Joel heló el ambiente en un instante. Las
únicas personas que permanecieron impasibles en ese momento fueron
Joel, quien siempre había sido descarado, y el príncipe heredero, quien
conocía muy bien el carácter descarado de Joel.
—Bueno, en realidad no me importa... Pero como me has estado
fastidiando de formas tan extrañas durante tanto tiempo, tengo un poco
de miedo.
—No te preocupes. Esta vez no tengo ninguna mala intención.
—Hmm...
—Ah, cierto, se me olvidó mencionarlo antes, pero quiero aprovechar
esta oportunidad para decirte que ya no te seguiré más.
—¿Por qué de repente?
—Porque, en realidad, no me agrada mucho su Alteza.
Joel resopló con desdén y se dio la vuelta para irse. Podía sentir la
mirada atónita del príncipe heredero clavada en él, pero se negó a mirar
atrás.
Esa misma noche, el conde Lucas, al enterarse de lo sucedido,
irrumpió en la habitación de Joel. Lo increpó furiosamente,
preguntándole si estaba en sus cabales. Sin embargo, Joel ya había
preparado sus excusas.
—Padre, todo esto es gracias a las técnicas de seducción que aprendí
de Penélope
—¿Penélope? ¿Estás hablando de esa famosa prostituta de la ciudad?
Cuando el nombre de la prostituta de más alto rango de la ciudad salió
de los labios de Joel, el ardoroso espíritu de Lucas el conde se apaciguó
por un breve instante.
—Sí. Penny me lo dijo. El problema es que acoso demasiado a su
Alteza. Según ella, incluso el más poderoso alfa se cansaría si uno se le
pega como una lapa. A veces es necesario fingir desinterés para atraer la
atención de un alfa.
—Hmm...
—Padre, durante los últimos tres años, me esforcé mucho por su
Alteza sin obtener ningún beneficio. Ha llegado el momento de cambiar
de estrategia.
—Eso me tranquiliza… Pero Joel, realmente no estás dispuesto a
renunciar al príncipe heredero, ¿verdad?
— ¡Ay, padre, ¿cómo puede no reconocerme? ¡Soy Joel! ¿Cree que
voy a renunciar al príncipe heredero?
—Bueno, no, supongo.
El conde Lucas, tras escuchar la explicación de Joel, se retiró con una
expresión perpleja. Las palabras de Joel parecían bastante convincentes,
y como de todos modos no creía que Joel, tan pegajoso como una lapa,
renunciara al príncipe heredero, pensó que no perdería nada dejándolo
hacer lo que quisiera.
Desde entonces, el cauteloso príncipe heredero siguió vigilando de
cerca a Joel. Viendo que Joel permanecía tranquilo a pesar de que la
fiesta de graduación estaba a solo una semana, (con la intención de poner
a prueba a Joel en cierta medida), le pidió a Benjamín que lo acompañara
a la fiesta de graduación.
Pero lo que hizo Joel después de escuchar la noticia fue impactante.
Joel fue a ver a Benjamín y lo felicitó.
Era más probable que el sol saliera por el oeste que eso sucediera. El
príncipe heredero, ya de por sí nervioso y preocupado por las locuras que
podría cometer Joel, no pudo contenerse más y fue a confrontarlo.
—Joel, ¿qué estás tramando? ¿Acaso planeas matar a Benjamín?
—¡Qué tonterías! Estoy ocupado, ¿podrías irte? ¡Fuera, fuera!
Sin embargo, Joel simplemente echó al príncipe heredero de su sala de
estar. En realidad, estaba tan ocupado poniendo en marcha su plan de
escape a escondidas de su padre adoptivo que estaba al borde del
colapso.
Todo parecía estar saliendo según lo planeado por Joel, hasta que
ocurrió un incidente inesperado el día de la fiesta de graduación.
***
La graduación de la Academia Imperial se acercaba rápidamente.
Finalmente, se confirmó que el compañero de baile del príncipe heredero
en la fiesta de graduación sería Benjamín.
Entre los omegas del imperio, nadie más que Joel podía competir con
Benjamín por el puesto de compañero de baile del príncipe heredero, y
como Joel no presentó ninguna queja al respecto, así se decidió.
Los curiosos, que esperaban que Joel causara un gran alboroto, se
mostraron mitad sorprendidos y mitad decepcionados, y comenzaron a
especular sobre las verdaderas intenciones de Joel. Sin embargo, esa
curiosidad pronto se desvaneció.
La atención de los curiosos se centró rápidamente en la fiesta de
graduación, que sería mucho más grandiosa de lo habitual debido a la
presencia del príncipe heredero como graduado.
Joel, por fuera, parecía tranquilo. Pero por dentro, no podía deshacerse
de una sensación de amargura.
Porque originalmente, ese lugar a lado del príncipe heredero debió
haber sido mío. Además, después de haberme esforzado tanto durante los
últimos tres años para evitar que Benjamín se convirtiera en el
compañero del príncipe heredero, el puesto simplemente regresó a
Benjamín —como si fuera lo más natural del mundo— una vez que dejé
de interferir. La sensación de vacío era insoportable.
Así que, al final, en la historia de amor del príncipe heredero, yo no
era más que un molesto insecto efímero, y el protagonista siempre había
sido Benjamín. Aunque había decidido renunciar a mi amor por el
príncipe heredero, la verdad era demasiado triste para soportarla.
Y llegó el día de la fiesta. Joel quería faltar, no quería ver a otra
persona al lado del príncipe heredero, pero como esta era prácticamente
su última oportunidad de ver al príncipe, no tuvo más remedio que ir a la
fiesta a regañadientes.
Ver al príncipe heredero coqueteando con otro omega fue algo mucho
más difícil de soportar de lo que Joel había imaginado. Durante la fiesta,
apenas pudo contener el impulso de beber hasta emborracharse.
Tenía unas ganas terribles de beber, pero por alguna razón sentía que
no debía hacerlo hoy. ¿No había cometido un gran error en su vida
pasada al emborracharse y tratar de seducir al príncipe heredero?
No podía repetir el mismo error. Joel trató de ignorar al príncipe
heredero y a Benjamín, concentrándose en comer los manjares que le
traía el sirviente. (De hecho, llevaba dos horas mirando fijamente a
Benjamín con una expresión asesina, como si quisiera atacarlo con el
tenedor, pero lamentablemente no se daba cuenta de que estaba actuando
de esa manera.)
El sirviente de Joel, temeroso de que el conde Lucas lo regañara por
engordar a su señor, pero sin atreverse a desobedecer sus órdenes, se
dedicó a servirle comida sin parar.
Normalmente, el conde Lucas casi mataba de hambre a Joel con la
excusa de que tenía que controlar su peso. La única comida que Joel
tenía permitida era media patata y media manzana al día.
En su vida pasada, Joel no quería decepcionar a su padre adoptivo, así
que seguía estrictamente la dieta que le había impuesto. Pero ahora que
conocía la verdadera naturaleza de su padre adoptivo, ya no quería ser
tan tonto.
Ya no le importaba si ese malvado proxeneta, que era peor que un
proxeneta, se sentía decepcionado.
Capítulo 8
Joel devoró casi solo un solomillo de ternera perfectamente asado y
varias porciones de pastel de frutas. (Y mientras tanto, no se olvidó de
lanzar miradas asesinas a Benjamín).
Antes de darse cuenta, la fiesta estaba a punto de terminar.
Mientras se acariciaba la barriga llena y pensaba en irse, Joel se dio
cuenta de que no veía al príncipe heredero.
¿Habría sido un error haber apartado la vista por un momento para
disfrutar del delicioso pastel de frutas con muchas frutas frescas? Por
más que buscara, no veía ni la sombra del príncipe heredero.
Sin embargo, parecía que nadie más se daba cuenta. Todos estaban
demasiado borrachos como para preocuparse.
Incluso los sirvientes del príncipe heredero, y hasta su pareja,
Benjamín, estaban completamente borrachos y siendo sostenidos por sus
caballeros.
Parecía que Joel era el único en todo ese gran salón de banquetes que
se preocupaba por la seguridad del príncipe heredero. ¿Cómo era posible
que nadie se diera cuenta de que el príncipe había desaparecido? Joel se
levantó de su asiento, nervioso.
Aunque había decidido dejar de preocuparse por el príncipe heredero,
no podía evitar sentirse inquieto. Preocuparse por la seguridad del
príncipe era un viejo hábito de Joel.
Además, ¿y si se hubiera caído en el bosque en estado de celo, como
había hecho en su vida pasada...? ¿Y si algún omega lo encontrara?
En ese momento, sin darse cuenta, Joel salió corriendo del salón de
banquetes.
El primer lugar al que corrió Joel fue la guardia de la Academia
Imperial. Pero, para su sorpresa, los guardias estaban completamente
borrachos a pesar de estar de servicio.
Como la fiesta era una de las más grandes en la historia de la
Academia Imperial, incluso aquellos que debían proteger el castillo se
habían dejado llevar por el ambiente festivo.
Los guardias, con las caras completamente rojas, se limitaron a
continuar con su fiesta, ignorando a Joel que exigía frenéticamente que
buscaran al príncipe heredero en el bosque. Incluso se burlaron de él.
—¡Oiga, joven conde! ¿Cree que el príncipe heredero es tan idiota
como usted? ¿Que no sabe ni cuándo es su celo y podría caer en pleno
celo en cualquier calle?
El capitán de la guardia se atrevió a burlarse así de Joel, gracias a que
estaba demasiado borracho y se sentía invencible. En su borrachera, se le
escapó el desprecio que sentía por Joel en el fondo.
—Ya verán todos ustedes mañana cuando se les pase la borrachera—,
pensó Joel con enojo mientras regresaba al salón de banquetes. Sabía que
los guardias no harían caso a las órdenes de un plebeyo adoptado como
él, pero tal vez escucharían a sus compañeros nobles.
Sin embargo, sus compañeros tampoco estaban dispuestos a ayudar a
Joel. Despreciaron la petición de Joel de que lo ayudaran a encontrar al
príncipe heredero, considerándola una tontería de borracho.
En esta situación, la única persona que podía ayudar a Joel era el
amable Benjamín. Pero en ese momento, Benjamín ya se había ido a su
mansión, y Joel no tuvo más remedio que ir a buscar al príncipe heredero
él mismo.
Joel corrió desesperadamente hacia el bosque, apretando con fuerza el
frasco de inhibidores que siempre llevaba consigo. —Su Alteza, esta vez
seré yo quien lo salve—, murmuró varias veces.
No recordaba exactamente dónde había encontrado al príncipe
heredero en su vida anterior. De hecho, como estaba tan borracho en ese
entonces, casi no recordaba nada.
Ni siquiera recordaba bien nuestra primera noche juntos, así que no
había mucho más que decir.
Lo único que recordaba de aquella noche era que mientras caminaba
por el bosque había seguido un aroma de feromonas irresistible y había
encontrado al príncipe heredero tirado en el suelo. Y lo único que
recordaba después de eso era haberme abalanzado sobre el príncipe,
cegado por sus feromonas.
Ah, y también recordaba que había sido increíble, aunque no recordaba
exactamente qué había hecho.
Joel trató de recordar lo más que pudo de su vida pasada para volver
sobre sus pasos. Si el príncipe estaba en celo como la última vez, sus
feromonas podrían ser una pista, así que al menos había esperanza.
Los alfas en celo tienden a liberar feromonas mucho más fuertes de lo
normal, y como Joel era un omega dominante, podía detectar las
feromonas de los alfas con mucha sensibilidad.
Después de vagar por el bosque invernal durante lo que pareció una
eternidad, de repente, un embriagador aroma a bergamota acarició la
nariz de Joel.
No podía equivocarse sobre a quién pertenecía ese aroma. En su vida
pasada, había estado cautivado por ese mismo aroma durante todo un
mes cuando fingió estar embarazado.
Con el rostro iluminado por la alegría, Joel miró hacia donde sentía las
feromonas del príncipe heredero.
Las intensas feromonas emanaban un claro indicio de celo. Al final, el
príncipe heredero había caído en celo mientras paseaba por el bosque, tal
como había sucedido en su vida anterior.
Cuando un omega se expone a las feromonas de un alfa en celo, entra
en calor y se convierte en una bestia en celo igual de desenfrenada que el
alfa.
La razón por la que Joel se había abalanzado sobre el príncipe en su
vida anterior no solo se debía a la bebida, sino principalmente a que
había entrado en calor de repente al ser estimulado por las feromonas del
príncipe.
Si se acercaba al príncipe sin ninguna preparación esta vez, era muy
probable que terminaran enredados como animales. Como precaución,
Joel se metió tres pastillas de inhibidor en la boca y luego continuó
caminando.
Tras abrirse paso entre las agudas ramas, Joel se acercó a la fuente de
las feromonas y, como esperaba, allí estaba el príncipe heredero, tendido
en la nieve y jadeando.
El príncipe yacía boca abajo, exhalando respiraciones agitadas. Sus
manos, que arañaban la nieve acumulada como garras, revelaban el
intenso sufrimiento que estaba experimentando.
Al sentir la presencia de alguien, el príncipe, que se revolcaba en la
nieve, giró su rostro enrojecido hacia Joel. Sin embargo, sus ojos,
vidriosos y desenfocados, carecían de cualquier foco.
—¡Su Alteza!
Joel corrió inmediatamente hacia el príncipe.
Joel se arrodilló frente al príncipe y rápidamente le acarició la cara. No
podía soportar ver ese rostro tan hermoso cubierto de tierra y polvo.
Decían que cuanto más dominante era el rasgo, más intenso era el celo,
y efectivamente, a pesar de estar rodando por esta fría nieve, el cuerpo
del príncipe estaba ardiendo de fiebre.
La sensación de alivio por haberlo encontrado duró poco. La ira se
apoderó de Joel y, sujetando las mejillas del príncipe, lo regañó:
—¡Su Alteza, es usted un verdadero idiota! ¿Un alfa dominante que no
conoce su propio ciclo de celo, en serio? ¡Aunque le moleste, debería
llevar consigo un inhibidor! ¡Cuánto, cuánto...!
Cuánto me preocupé…
Pero Joel no pudo terminar la frase. De repente, el príncipe, que había
estado caído, se levantó como un rayo y se abalanzó sobre él.
—¡Espera, Su Alteza!
—¡Quédate quieto!
El príncipe, abalanzándose sobre Joel, desabrochó con impaciencia los
botones de su camisa. Más que desabrocharlos, casi los arrancó.
Con los ojos completamente vidriosos, era evidente que había perdido
el control de sí mismo.
Las feromonas del alfa dominante inundaban agresivamente a Joel.
Atrapado bajo el príncipe, Joel luchó por reprimir la sensación
vertiginosa. Aunque ya había pasado por esto una vez y se había
preparado mentalmente, resistirse a las feromonas de un alfa dominante
en celo era más difícil de lo que había anticipado.
Su cuerpo ardía como si hubiera bebido un cóctel de alcohol y un
potente afrodisíaco, y su respiración se aceleró. Para su gran
consternación, Joel se dio cuenta de que ya estaba completamente
mojado.
Si seguía así, repetiría los mismos errores del pasado. Con un esfuerzo
supremo, Joel trató de abrir el frasco de inhibidor con sus manos
temblorosas.
—¡Maldita sea, por qué no se abre!
Pero algo andaba mal. Por más que lo intentara, no podía sacar el
corcho. Estaba seguro de que hace un momento estaba bien. ¿Habría
cerrado la tapa con demasiada fuerza después de tomar el inhibidor?
¡Esto era el colmo!
En realidad, Joel ni siquiera quería estar aquí. Si sus compañeros de la
guardia no lo hubieran subestimado, nunca se habría encontrado en esta
situación, debajo del príncipe heredero, con su virginidad en peligro.
Y como si no fuera suficiente que lo obligaran a venir aquí, ahora ni
siquiera podía abrir el inhibidor. ¿Cómo podía tener tan mala suerte? Joel
sintió que las lágrimas amenazaban con brotar de sus ojos por la
injusticia.
Mientras tanto, la ropa de Joel estaba siendo prácticamente desgarrada
por las manos del príncipe. La camisa ya estaba completamente abierta
por los lados. Al sentir cómo le arrancaban los pantalones, desesperado,
Joel comenzó a morder y tirar del corcho del frasco de inhibidor para
sacarlo.
—¿Qué es eso?
El príncipe, que hasta entonces había estado ocupado desvistiendo a
Joel, de repente se enfureció y agarró el frasco de inhibidor de las manos
de Joel. No podía soportar que el omega bajo él se concentrara en otra
cosa.
El príncipe le arrebató el frasco a Joel, que luchaba por mantenerlo, y
lo lanzó lo más lejos que pudo.
—No, ¡no...!
Joel extendió la mano en vano hacia la botella de supresor que había
salido volando muy lejos.
Capítulo 9
Apenas desvió la mirada, el príncipe heredero lo agarró del mentón
con un gruñido y lo obligó a mirarlo nuevamente. Le advirtió en voz
baja:
—Concéntrate en mí.
¡Qué tontería! ¿Concentrarse en él en este momento? Joel estaba a
punto de volverse loco. La única forma de hacer que el príncipe heredero
entrara en razón era con ese inhibidor.
Tenía que recuperarlo a toda costa. Joel empujó al príncipe heredero
con todas sus fuerzas, se giró y trató de arrastrarse hacia adelante.
—¿A dónde vas?
—¡Ah! ¡Aléjate de mí!
Pero inmediatamente, el príncipe heredero se pegó a su espalda como
un perro rabioso. Ya no llevaba ropa, estaba prácticamente desnudo.
Joel sintió el calor de la piel desnuda del príncipe heredero contra su
espalda y, solo entonces, se dio cuenta de que básicamente le había
ofrecido su cuerpo al príncipe. El príncipe, enloquecido por el rut, no
permitió que Joel volviera a escapar. Lo atrapó bajo su cuerpo y, a pesar
de los intentos de Joel por resistirse, lo siguió hasta el final, lamiendo y
acariciando su lóbulo de la oreja.
No era de extrañar que el príncipe liberara una cantidad abrumadora de
feromonas sobre Joel.
Las feromonas de un alfa tenían el poder de inducir el celo en un
omega. Y, además, el príncipe era un alfa dominante.
Joel, con lágrimas brotando, intentó escapar avanzando, pero estaba
inmovilizado por la firmeza del príncipe. Este lo abrazó, inhalando su
fragancia mientras saboreaba su piel.
Su miembro ya estaba tan erecto que dolía. Aunque intentaba escapar,
Joel sabía que ya era demasiado tarde.
—Ah… ah…
Hasta ese momento, Joel había resistido gracias a tres pastillas
inhibidoras. Pero ya no podía más.
Joel sintió el aliento caliente pegado a su oído, lo que lo llevó a un
estado de exaltación ligera. Desde entonces, fue inevitable. Los suspiros
de Joel se intensificaban con fuerza, anhelando verdaderamente al
príncipe heredero.
Todo detrás ya estaba empapado. Era solo cuestión de tiempo antes de
que ocurriera un encuentro fogoso.
El príncipe heredero colocó sus dedos enguantados en las manos de
Joel y lo sujetó con fuerza. Al mismo tiempo, algo contundente como un
puño empezó a acariciar entre las nalgas de Joel.
¿Por qué estaba frotando ese puño entre mis glúteos? Mientras
adoptaba una postura sumisa, Joel giraba su cabeza, intoxicada por las
feromonas, que obstinadamente nublaban su juicio.
Un momento…
La mano izquierda del Príncipe Heredero está entrelazada con mi
mano izquierda y su mano derecha está entrelazada con mi mano
derecha.
¿Entonces, ese puño deslizándose entre mis nalgas…?
—Relájate, Joel.
De repente, la mano del príncipe heredero tomó firmemente las nalgas
de Joel y las abrió de par en par. Repentinamente, la masa que había
estado acariciando encima del agujero, de repente se abrió paso a través
del ano de Joel, perforando hacia su interior.
Un terrible dolor lo golpeó, y Joel se dio cuenta de que era el miembro
viril del príncipe heredero.
—No, no, no. ¡Oh, no! ¡Ahg!
Un grito agudo resonó en el tranquilo bosque. El imponente órgano del
príncipe heredero se adentró en Joel, dándole una sensación de infinita
penetración, mientras Joel suplicaba que lo sacaran.
Pero el príncipe heredero, impidiendo que Joel escapara, simplemente
empujaba sin piedad su miembro en su interior. Incluso, no solo lo
empujaba con fuerza, sino que, explotando de rabia, el príncipe heredero
vertía sus intensas feromonas en Joel cada vez que lo hostigaba.
Entonces, el cuerpo de Joel se debilitó por completo, y sin poder
evitarlo, su ano se relajó. A pesar de que un pene rígido estaba
invadiendo su interior, no podía apretar el orificio. No había tortura más
grande que esa.
Finalmente, cuando Joel había recibido por completo el largo y grueso
miembro del príncipe heredero, de su boca entreabierta fluía saliva.
—Esto es… terrible....
—Shh, todo estará bien.
Joel apenas podía resistir, sintiendo como todo su ser parecía
desvanecer en medio de ese torbellino. Realmente, nada de esto estaba
bien.
Su ano, extendido hasta su límite, parecía que nunca volvería a
cerrarse, y su vientre abrazaba un miembro de proporciones insensatas
que amenazaba con estallar hasta las últimas raíces.
Detente, por favor.
Joel murmuraba con dificultad, apenas dejando escapar un susurro,
pero el príncipe, como deseaba Joel, comenzó lentamente a retirar su
miembro.
—¡Aah!
Joel gritó con una extraña mezcla de dolor y placer al sentir cómo algo
salía de su cuerpo. Sin embargo, poco después, el pene del príncipe
cambió de dirección y comenzó a invadirlo de nuevo.
Joel intentó desesperadamente moverse hacia adelante para evitar ser
completamente invadido, pero el príncipe lo agarró fuertemente por la
cintura y lo penetró profundamente hasta lo más hondo.
Con ese inmenso miembro totalmente dentro de él, Joel estaba
aterrorizado. Cada movimiento mal calculado parecía amenazar con
destrozar lo que llevaba dentro.
No podía ni siquiera respirar adecuadamente, y aun así pensar que le
había gustado lo que le estaban haciendo... Sin duda, en su vida pasada,
algo andaba mal en su cabeza.
Después de haber introducido todo dentro de Joel, el príncipe heredero
disfrutó por un momento de la sensación de las contracciones internas
antes de empezar a mover lentamente su cintura. No importaba cuánto
Joel suplicara que se detuviera, no tenía ningún efecto.
—¡Ugh, ugh!
Al principio la penetración fue suave, pero pronto se volvió más
profunda y rápida. El tranquilo bosque se llenó rápidamente con sonidos
de carne chocando entre sí.
—¡Ah! ¡Ah!
Después de apuñalarlo desde varios ángulos, el príncipe empujaba con
fuerza y rapidez. Su excitación lo llevó a dividir las nalgas de Joel sin
piedad.
Joel gritaba desconsoladamente mientras intentaba soportar la cruel
embestida. Pero parece que el poder de los feromonas era inmenso
después de todo, ya que, de resistirse inicialmente con desesperación,
pronto comenzó a sentir placer debido a la intensidad de las sensaciones.
—¡Uhh, uhh! ¡Ah, ah, sí!
El ondulante cabello rubio de Joel se dispersaba como plumas en la
nieve, como si todo su interior se hubiera convertido en un órgano
sensorial gigante.
Era tan vertiginoso que apenas podía ver. Joel temía que su ano se
rompiera, pero no podía negar el placer extremo inducido por el intenso
calor.
Cada vez que la virilidad del príncipe golpeaba su próstata, el semen
de Joel trazaba senderos tortuosos sobre la nieve, marcando el terreno
con su paso. Su ano aceptaba sin dificultad la dura embestida.
Y así, en medio de las embestidas implacables, en un momento que
parecía eterno,
—¡Ah, ah, ah-!
Joel apretó con fuerza el miembro del príncipe y llegó al clímax antes
que él.
Joel sintió un intenso placer convulsionando todo su ser antes de
desplomarse en el suelo. En ese instante, el falo robusto del príncipe
todavía estaba clavado en su espalda.
Joel, con la respiración entrecortada mientras sostenía el miembro del
príncipe heredero, rezaba desesperadamente para que todo aquello fuera
solo un sueño.
En medio de eso, no se dio cuenta de cómo el príncipe lo estaba
observando.
El príncipe heredero contemplaba cada uno de los movimientos torpes
de Joel al intentar recibirlo, y también su imagen lasciva al llegar al
clímax. Esa escena era tan obscena que resultaba impactante.
De repente, el príncipe sintió un intenso deseo de posesión que nunca
antes había experimentado.
No le bastaba con simplemente seguir empujando hasta destrozar a
Joel. Un impulso mucho más primitivo lo incitaba.
Quería llenar con su semen el lugar más profundo del vientre de ese
omega lascivo y adorable. El príncipe heredero, sin una pizca de razón y
guiado únicamente por su deseo instintivo, decidió llevar a cabo ese
pensamiento.
Agarró con fuerza la delgada cintura de Joel, como si fuera a
aplastarla, y con la punta de su pene firmemente erecto comenzó a frotar
la pared interna de Joel, buscando la entrada de su útero.
—No, no puede ser...
Ante ese movimiento amenazante, Joel, detectando el peligro
instintivamente, abrió los ojos de golpe.
—Alteza... ¿Qué...?
—Maldita sea, es tan bueno. Joel, ah... Joel...
—No, por favor. Alteza, no sería capaz… ¿verdad?
—Joel, Joel...
Sin escuchar las súplicas desesperadas de Joel, el príncipe cerró los
ojos con fuerza y se apresuró hacia la entrada del útero de Joel.
Sujeto firmemente a la cintura de Joel, que intentaba
desesperadamente liberarse, frotaba lentamente lo más profundo de sus
paredes internas con su grueso glande.
Finalmente, sintió algo que rozaba contra la punta roma de su glande.
Al mismo tiempo, Joel, que se había estado retorciendo frenéticamente,
se quedó completamente rígido de terror.
El tiempo del nudo fue terriblemente largo. Para cuando el rostro de
Joel estaba empapado en lágrimas y mocos, el príncipe, respirando con
dificultad, finalmente retiró su pene de golpe.
Capítulo 10
—Aquí es —pensó el príncipe heredero, que había encontrado
instintivamente la entrada en la que debía entrar. Sin ninguna duda,
insertó su glande en ese lugar.
—No, no... Ah, Alteza, por favor, al menos no el nudo... ¡Ah!
Las súplicas y la resistencia fueron inútiles. Finalmente, el glande duro
forzó su entrada, abriendo a la fuerza el firmemente cerrado cuello
uterino.
Un inmenso impacto recorrió el abdomen inferior de Joel. En un
instante, sus ojos se dieron la vuelta.
Incapaz de soportar el shock infligido a su útero, Joel se desmayó en el
acto
Y cuando Joel volvió en sí, ya estaba siendo inundado con una enorme
cantidad de semen en su útero. El príncipe heredero había logrado, de
alguna manera, hacerle el nudo.
El estrecho cuello del útero se ajustaba firmemente al glande, haciendo
imposible cualquier resistencia. Incluso el menor movimiento de un dedo
causaba un dolor insoportable.
—¡Carlyle, hijo de puta!
Sintiendo su abdomen hinchado, Joel gritó el nombre del príncipe con
rabia. Era un nombre que nunca se había atrevido a mencionar en
ninguna de sus vidas anteriores.
Incluso el príncipe, que normalmente se habría enfadado por semejante
impertinencia, estaba tan atrapado en su estado de celo que ahora solo
estaba ocupado besando los hombros de Joel con ternura.
En realidad, en ese momento, él no podía pensar en nada más que
poner su semen en el vientre de Joel.
Impulsado por su instinto alfa de asegurar que el marcaje se hubiera
completado con éxito, él recostó a Joel y comenzó a besar su vientre
distendido.
Joel, estupefacto, solo podía mirar fijamente al cielo nocturno. Estaba
tan agotado que no tenía fuerzas para moverse.
Cuando el príncipe heredero giró y lo acostó, el vientre lleno de semen
se movió de manera inquietante. Esa sensación era tan aterradora que
parecía que iba a morir.
En la vida pasada, no había tenido ningún tipo de nudo, por lo que esto
sin duda confirmaba un embarazo.
En su vida pasada, Joel deseaba con desesperación quedar embarazado
del príncipe heredero debido a su anhelo de tenerlo. De hecho, en ese
momento, tenía la vaga esperanza de que si quedaba embarazado, tendría
un final feliz eterno con el príncipe heredero.
Sin embargo, Joel pudo madurar gracias al trágico evento de su propia
muerte. Gracias a eso, se dio cuenta de lo infantil que había sido su
pensamiento.
En primer lugar, Joel nunca había pensado en la felicidad del niño que
iba a nacer. Pero, ¿acaso el príncipe heredero querría tener como madre
de su hijo a un omega tan tonto como Joel?
Seguramente, el emperador lo odiaría profundamente por llevar la
sangre de Joel. De hecho, en su vida anterior, el emperador había
intentado matar a su propio nieto.
En segundo lugar, no había garantía de que el príncipe heredero fuera
feliz al casarse con Joel. Por supuesto, habían sido felices juntos en su
vida anterior, pero eso fue solo un período muy corto de un mes.
El príncipe heredero tenía un gusto muy elevado y apreciaba a
personas con conocimientos y cultura con las que pudiera tener
conversaciones intelectuales.
Para él, un omega como Joel no habría sido más que una simple
curiosidad pasajera. Las únicas virtudes de Joel eran sus características
físicas y su apariencia, por lo que, a largo plazo, elegir a Joel como
compañero habría sido una mancha permanente.
...Ahora, ya no estaba seguro de si el príncipe heredero había sido
realmente feliz en ese entonces.
Al recordar la imagen del príncipe heredero abandonándolo y dándose
la vuelta, los ojos almendrados de Joel se llenaron de lágrimas. En ese
momento, el príncipe heredero no volvió a preguntarle a Joel por qué
había hecho eso.
En cambio, tenía una expresión que decía —lo sabía—. Es decir, a
pesar de tratarlo bien en la superficie, en el fondo no confiaba en Joel.
Joel ya no estaba seguro de poder amar para siempre a un cónyuge tan
indiferente.
Tal vez sería mejor para este niño no nacer. Joel cerró los ojos con
resignación, pensando así.
—Joel...?
En ese instante, Joel se dio cuenta de que no debía revelar que estaba
embarazado. Sabía que el príncipe heredero probablemente se opondría
al aborto.
Si eso sucedía, Joel sería llevado de nuevo al palacio, destinado a
repetir una vida de desprecio y manipulación.
Sin dudarlo y sin pensarlo mucho, Joel tomó una decisión fulminante:
agarró piedras cercanas y golpeó la cabeza del príncipe heredero.
El príncipe heredero se derrumbó sobre el cuerpo de Joel con un bajo
gemido. Joel, recién entonces, se dio cuenta de lo que había hecho y se
asustó.
Pero ya era demasiado tarde, y lo único que le quedaba era huir. Joel
apartó el cuerpo rocoso y, recogiendo las ropas casi hechas jirones, huyó
a toda prisa.
El cochero de la familia Lucas, que lo esperaba en el bosque, se
sorprendió al ver a Joel en un estado tan lamentable, como si hubiera
sido violado. Sin embargo, cuando Joel le ordenó fríamente que
partieran, no tuvo más remedio que obedecer.
Antes de abandonar la academia, Joel no olvidó enviar a su criado a
informar a la guardia real de que el príncipe heredero había sido atacado.
(Por supuesto, se hizo pasar por testigo ocular).
Como le había enviado la piedra manchada con la sangre del príncipe
heredero, no podrían ignorar más sus órdenes, aunque fueran de Joel.
Dentro del carruaje que regresaba al condado, Joel abrazó su vientre
hinchado por el semen del príncipe y lloró un poco. Ya había sido
marcado, así que no tenía más remedio que esperar a que su vientre se
desinflara. Por lo menos, como era invierno y los mantos eran gruesos,
afortunadamente no se notaba por fuera.
Su vientre hinchado apenas disminuyó para cuando Joel llegó al
condado, despidió a todos los sirvientes y entró solo al baño. Joel sintió
cómo las lágrimas que había estado conteniendo volvían a brotar.
No podía creer que Carlyle fuera tan loco. ¡Y por qué demonios no
pudo abrir ese maldito inhibidor! ¡Qué desastre!
Joel maldijo varias veces mientras se relajaba en el agua caliente.
Después de bañarse, Joel gritó para que nadie entrara a la habitación y
se metió debajo de las sábanas hasta la cabeza.
Por suerte, el conde Lucas había decidido irse de viaje con su hijo y
esposa por las fiestas de fin de año. De lo contrario, todos se habrían
enterado de que Joel estaba embarazado.
Joel se lamentó amargamente de su desafortunada situación y lloró
durante mucho tiempo debajo de las sábanas. De repente, la puerta de la
habitación se abrió de golpe.
—No dije que no entrara… ¿Su Alteza?
Joel, que había bajado las sábanas hasta la punta de la nariz y estaba
enfadado, se quedó petrificado con la boca abierta. El que había entrado
abruptamente por la puerta no era otro que el príncipe heredero.
Detrás de la puerta abierta por el príncipe heredero, se podía ver al
personal de la mansión observando a este lado con gran tensión.
—Cierra la puerta.
Inmediatamente, la puerta se cerró ante la fría orden del príncipe
heredero.
El príncipe heredero, con la cabeza envuelta en vendas, tenía el
aspecto desaliñado de alguien que hubiera estado rodando por el bosque.
Con los rastros de la administración aún visibles, era evidente que solo
había recibido primeros auxilios y había corrido hacia aquí.
Tan pronto como la puerta se cerró, el príncipe heredero, que hasta
entonces había mantenido una expresión rígida, se acercó a toda prisa y
agarró la mano de Joel.
—Joel, lo siento mucho. Cometí un error contigo...
—¿Un error? ¿Qué tipo de error?
Joel decidió fingir que nada había pasado. (Afortunadamente, las
gruesas sábanas ocultaban su vientre hinchado).
Como un alfa en celo pierde la memoria, no era una apuesta tan
descabellada. El príncipe heredero, al escuchar las palabras de Joel, no
pudo ocultar su sorpresa.
Después de dudar un momento, cuando llegó a decir —te violé en el
bosque—, Joel interrumpió bruscamente.
—¿Qué tontería dice? No hicimos nada.
Aunque inesperadamente había quedado embarazado del hijo del
príncipe heredero, su decisión de irse no había cambiado.
Si lo llevaban al palacio imperial, no podría escapar de ser despreciado
por todos y utilizado por su padre adoptivo por el resto de su vida. Joel
ya no quería ser el villano.
Vivir buscando afecto al lado de alguien que nunca lo valoraría ya no
tenía atractivo alguno. Ya sea criar o abortar al niño, Joel sentía la
urgencia de alejarse lo más posible.
—Pero… así como estás ahora…
—Ah, sí, el príncipe heredero intentó forzarme, pero justo antes de que
me quitara los pantalones, le rompí la cabeza con una piedra y escapé.
No pasó nada en realidad, así que no se preocupe.
El príncipe heredero inclinó la cabeza, parecía que no estaba muy
seguro, aunque había pruebas claras de que le habían golpeado con una
piedra, así que estaba en duda.
Joel no perdió la oportunidad mientras el príncipe heredero estaba
confundido.
—Salga de inmediato. No quiero volver a enfrentarme a un hipócrita
como usted.
—Joel, espera un momento.
—Esto realmente ha terminado. Hoy, lo poco que quedaba de respeto
por Su Alteza se ha ido. ¿Pretendía tocarme después de actuar tan
superior? ¡Ja! No vuelvas a hablarme.
Joel apartó con fuerza la gran mano que lo sujetaba. Al amenazar con
llamar al periódico y gritar a los cuatro vientos que él había intentado
violarlo si no se iba, el príncipe se levantó a regañadientes.
En realidad, esa amenaza de Joel no tuvo ningún efecto, pero al ver las
lágrimas de resentimiento en los ojos de Joel, el príncipe no tuvo más
remedio que retroceder. Susurró: —Lo siento, volveré más tarde. Volveré
para explicarlo todo—, y luego, como Joel le había ordenado,
desapareció por la puerta.
Joel finalmente exhaló un suspiro de alivio.
Capítulo 11
Pensé que no volvería a buscarme, pero el príncipe fue
sorprendentemente persistente. De hecho, venía a llamar a la puerta del
palacio del conde todas las mañanas.
Por aquel entonces, el conde Lucas, que acababa de regresar de su
viaje, con una sonrisa de oreja a oreja, me empujaba para que saliera. Sin
embargo, me negué firmemente cada vez.
El conde Lucas estaba inquieto, temiendo que el príncipe perdiera
interés, pero cuando Joel dijo con firmeza: —Ves. Como hago lo que
quiero, Su Alteza Imperial me está rogando. Pero esto es solo el
comienzo. Tenemos que hacerlo sufrir un poco más para que caiga
completamente rendido a mis pies, —el conde, pensando que tenía razón,
se calmó por el momento.
El conde Lucas informó a Joel que se había extendido por todo el
palacio imperial un rumor de que el príncipe había sido atacado por un
asesino a sueldo ese día.
Al parecer, al príncipe le habían golpeado severamente la cabeza con
una especie de maza, y como resultado, había sufrido amnesia parcial.
El emperador estaba furioso y juró matar al culpable de intentar
asesinar a su único hijo, pero el príncipe ordenó personalmente que se
detuviera la investigación, por lo que no pudieron continuar.
Joel finalmente se dio cuenta de lo que estaba pasando. No podía ser
más afortunado de que el príncipe hubiera perdido la memoria.
Viendo a Joel aliviado, el conde Lucas le preguntó con cautela: —Joel,
tú también estabas allí, ¿recuerdas algo sobre el asesino?
Parecía querer atribuirse el mérito de alguna manera. Por supuesto,
Joel, con la conciencia culpable, hizo todo lo posible por hacerse el
desentendido.
Al ver que Joel no quería verlo durante un mes, finalmente, como si se
hubiera rendido, el príncipe dejó de visitar el palacio del conde.
Y así pasó otro mes, haciendo un total de dos meses desde la fiesta de
graduación del palacio imperial. Cuando el incidente del ataque al
príncipe se había calmado.
Hoy, Joel fue llamado de repente al palacio del príncipe por una
emergencia.
¿Por qué todo se ha complicado tanto? Joel pensó con frustración.
Después de tanto esfuerzo por superar mis sentimientos por el príncipe
y marcharme a una tierra lejana, ¿por qué ahora esto? Si fuera así, bien
podría haberme embarazado en mi vida pasada. ¿Por qué...?
Ahora ya no tengo fuerzas para enfrentarme a la gente del palacio ni a
mi padre adoptivo. Lo único que quiero es agarrar al príncipe y a Dios
por el cuello y sacudirlos mientras los regaño.
—¿Por qué me habrá llamado...?
Sentado en la sala de recepción del palacio del príncipe, Joel recordaba
el pasado y murmuraba para sí mismo.
Nunca había querido ir a un lugar como el palacio del príncipe, pero el
conde Lucas me había estado presionando desde la madrugada para que
fuera, así que no tuve más remedio que ir.
Tenía cierta curiosidad por saber por qué el príncipe me había llamado,
y también necesitaba confirmar si estaba embarazado. Si no hubiera
tenido nada que hacer, Joel nunca hubiera venido por su propia voluntad.
La razón por la que llegó al palacio antes de la hora acordada fue para
encontrarse en secreto con Robert, el médico de la familia real y su viejo
amigo. No conocía a ningún otro médico tan discreto como Robert.
Y como Robert, aunque un poco impaciente, era muy inteligente, su
diagnóstico nunca estaría equivocado.
A pesar de la larga espera y de finalmente recibir la noticia de su
embarazo, Joel no se inmutó. Por aquel entonces, ya estaba
completamente preparado para aceptar al niño.
Y nunca había sentido ningún resentimiento hacia el niño. Si el niño se
parecía al príncipe, seguramente sería adorable.
Lo que hizo que Joel considerara el aborto fue únicamente la
preocupación de que el niño, en el fondo, deseara no haber nacido.
En realidad, Joel quería hacer feliz a este niño, que llevaba la mitad de
su sangre y la de la persona que más había amado.
Por eso, Joel decidió huir y dar a luz al niño solo. Se sentía mal con el
bebé, pero tenía la intención de guardar el secreto sobre el padre del niño
para siempre.
Pensaba que sería mejor para el niño crecer como un plebeyo en una
tierra lejana, recibiendo todo el amor de su abuelo, que crecer como un
nieto del emperador y ser tratado como un patito feo en el palacio.
Aunque no podría llevar una vida tan lujosa como en el palacio
imperial, el salario que Joel recibiría en la finca extranjera era suficiente
para mantener a su padre, a él y al bebé.
No te preocupes, pequeño, te haré muy feliz.
Joel acarició suavemente su vientre aún plano.
Hablando de eso, la respuesta del administrador de la propiedad de
mi padre está tardando demasiado.
Un nuevo motivo de preocupación le hizo doler la cabeza. Ya habían
pasado dos meses y medio y no había recibido ni una sola carta del
administrador.
Aunque al principio me advirtió que podría tardar uno o dos meses,
creo que esto está durando demasiado.
No creo que haya algún problema con la propiedad de mi padre,
¿verdad? Joel pensó con inquietud y bostezó ruidosamente.
Desde que quedé embarazado, me siento increíblemente cansado con
cualquier cosa.
Mi cabeza seguía cayendo hacia adelante. Al apoyar la cabeza en el
sofá y cerrar los ojos, Wickham dijo desde atrás: —Señor, si Su Alteza el
Príncipe lo viera... —y volvió a preocuparse por algo inútil.
No quería preocupar a Wickham, pero Joel cerró lentamente los ojos.
Sus párpados estaban demasiado pesados.
***
Cuando Joel despertó de un sueño profundo, el príncipe estaba sentado
frente a él, bebiendo té en silencio.
Solo estaban Joel y el príncipe en la amplia sala de estar. Al ver que
Joel se despertaba, el príncipe dejó su taza de té con elegancia.
—Ya estás despierto.
Joel se arregló rápidamente el cabello despeinado y se enderezó. Se
sintió incómodo; hubiera preferido que lo despertaran directamente en
lugar de hacerlo de esa manera tan extraña.
…A decir verdad, me preocupaba haberte mostrado un aspecto poco
favorecedor mientras dormía profundamente.
—¿Cómo puede hacer que alguien espere así después de llamarlo?
—Lo siento. Quería venir antes, pero el duque de Melphis no me
dejaba ir. ¿Esperaste mucho?
—¿Crees que esperé solo un momento?
—Lo siento.
A pesar de que deliberadamente elegía las palabras más desagradables,
él se disculpó sin dudarlo. Y eso que era nada más y nada menos que el
príncipe heredero.
Era un maestro en dejar a la gente sin palabras. A Joel le desagradaba
especialmente esa cualidad del príncipe heredero.
Ah…
…En realidad, le gustaba. En su vida pasada, cuando ambos vivían en
el palacio imperial, el príncipe heredero siempre aceptaba las molestias y
los caprichos de Joel de esa manera.
Por eso, en ese entonces, Joel llegó a creer erróneamente que quizás
era alguien muy valioso para el príncipe heredero.
Bueno, después de ser abandonado por el príncipe heredero, ya no
tenía esas ilusiones. El príncipe heredero simplemente era muy educado.
Pensé que solo vendría Benjamín, pero parece que el duque de
Melphis también lo acompañaba. El duque de Melphis pronto se
convertiría en el suegro del príncipe heredero.
¿De qué habrán hablado el príncipe heredero y él hasta tan tarde?
¿Habrán hablado de cuándo sería la fecha para la boda, o qué tipo de
traje sería el adecuado?
¿Habrán estado riendo y bromeando con Benjamín, su futuro esposo, y
el duque de Melphis, su futuro suegro, y por eso me hicieron esperar
tanto?
Al pensar en eso, el humor de Joel empeoró considerablemente.
Al ver a Joel con los labios fruncidos, el príncipe heredero,
malinterpretando la razón de su enojo, comenzó a hablar con un tono
suave y conciliador.
—Parece que estás enojado porque te hice esperar tanto. Pero como
muestra de arrepentimiento, también te esperé hasta que despertases, así
que me gustaría que lo dejaras pasar.
—¿Cuándo llegaste?
—A las 4:15.
Joel echó un vistazo al reloj en la pared.
El príncipe y Joel acordaron encontrarse a las 3, pero Joel llegó diez
minutos tarde. Ahora eran las 7. Si el príncipe llegó a las 4:15, había
esperado más del doble de ese retraso poco común. Joel sintió cómo se
calmaba un poco su enojo.
—¿Quién te pidió que esperaras?
—Buen punto. Entonces, ¿cómo puedo calmarte?
El príncipe se inclinó hacia Joel, con un tono fresco como si estuviera
dispuesto a abrazar cualquier deseo que expresara.
Una sonrisa juguetona adornaba sus labios, al parecer encontrando a
Joel adorable. Solía apaciguar a Joel cuando este estaba enojado,
prometiendo cumplir un deseo si se calmaba. Normalmente, Joel optaba
por un beso en la mejilla.
Joel, que solía revivir los recuerdos que solo él guardaba, sintió de
repente un fuerte impulso de hacer lo mismo esta vez.
—Ya está bien. Dígame cuál es el motivo por el que me llamó.
Sin embargo, ya no podía hacerlo. Ya no era un candidato a príncipe
consorte y no estaba en posición de exigir un beso al príncipe heredero.
Joel respondió bruscamente, evitando su mirada. Era un intento
desesperado de mantener una distancia emocional del príncipe heredero,
que de repente se mostraba tan afectuoso.
Al ver que Joel seguía sin abrir la boca a pesar de sus intentos de
calmarlo, el príncipe heredero finalmente renunció a tratar de apaciguarlo
y se enderezó.
Capítulo 12
—La fiesta de graduación fue hace dos meses ya, —comenzó a hablar
con voz tranquila—. Te lo pregunto una vez más, Joel. ¿Estás seguro de
que no pasó nada entre nosotros ese día?
Ja.
Joel reprimió una risa de resignación en su interior. Ahora parecía
entender por qué el príncipe lo había llamado al palacio.
Así que él quería escuchar una respuesta clara de que no había tenido
ningún encuentro con un omega tan desastroso como él.
¿Tanto le desagradaba? ¿Tanto que ni siquiera podía soportar haber
compartido una noche, por error, durante su celo?
Joel pospuso su respuesta y vertió una gran cantidad de azúcar en su té
helado. Necesitaba algo dulce para soportar este estrés.
—Sí. Así que no se preocupe.
—…¿En serio?
—Ay, ¿cuántas veces tengo que decírselo para que me crea? Y además,
¿por qué le preocupa tanto eso?
Joel llevó la taza a sus labios, esforzándose por contener las lágrimas.
Justo cuando el dulce sabor comenzaba a extenderse por su pequeña
lengua...
—Pero yo recuerdo haberte marcado.
El príncipe heredero soltó una declaración que fue como un rayo
cayendo del cielo.
Fue demasiado repentino. Joel se quedó paralizado, con la taza en la
mano.
Un silencio momentáneo se apoderó del ambiente, y luego de un
segundo, o más bien, de tres segundos, Joel respondió con voz
temblorosa: —¿Qué, qué estás diciendo?— Sin embargo, debido a su
naturaleza incapaz de mentir, la voz de Joel temblaba cada vez más.
Al ver que incluso la mano que sostenía la taza temblaba, el príncipe
heredero entrecerró los ojos.
—Hmm.
—De verdad, no pasó nada entre nosotros, ¿verdad?
—Bien, entiendo tu punto.
Entonces, él fijó su mirada en Joel. Joel, a su vez, lo miró fijamente a
los ojos.
No podía permitir que su vida se arruinara por ser descubierto de esta
manera tan ridícula, así que decidió mantener la calma el mayor tiempo
posible.
El príncipe heredero esbozó una sonrisa enigmática y, de repente,
exclamó a voz en cuello:
—¡Llamen al médico!
—Sí, Su Alteza.
La puerta del salón se abrió y, como si lo estuvieran esperando, un
médico de la corte, vestido con uniforme, entró en la habitación. En su
mano llevaba un frasco de prueba de embarazo.
El rostro de Joel se puso azul al reconocer la identidad del frasco en la
mano del médico.
—No quería recurrir a un método tan bajo, pero como veo que no me
dirás la verdad ni bajo tortura, no me queda otra opción. Espero que me
comprendas.
El príncipe heredero le sonrió a Joel y añadió.
Casi el cien por ciento de los omegas quedaban embarazados después
de ser marcados por un alfa dominante. Así que el príncipe heredero
tenía la intención de comprobar con sus propios ojos si Joel estaba
embarazado.
Había intentado ocultar su embarazo, pero ahora que las cosas habían
llegado a este punto, no podía negarlo. ¿Qué iba a hacer? ¿Qué iba a
hacer? Joel estaba al borde del colapso y se esforzaba desesperadamente
por encontrar una solución.
—Dicen que después de dos meses, la probabilidad de que el resultado
sea erroneo es muy baja.
El príncipe heredero añadió con una sonrisa burlona. Lo miraba con la
misma despreocupación que un gato a un ratón acorralado en un callejón
sin salida.
Por otro lado, Joel, aterrorizado, no podía protestar adecuadamente y
se limitaba a mirar alternativamente al príncipe heredero y al médico que
se acercaba a él.
El médico, que ya estaba al lado de Joel, lo apresuró: —Entonces,
señor, solo tomaré unas gotas de sangre. Extienda la mano, por favor.
La mente de Joel estaba completamente en blanco. ¿Qué iba a hacer?
Si descubrían que estaba embarazado, tendría que volver a ese palacio
infernal. Estaba tan nervioso que sentía que su corazón se saldría de su
pecho.
De repente, el recuerdo de su vida pasada, muriendo miserablemente
en la nieve, cruzó por la mente de Joel.
Y como por arte de magia, Joel sintió que su corazón se calmaba de
manera sorprendente. No podría haber nada más aterrador que eso, sin
importar lo que experimentara en el futuro.
No solo por sí mismo, sino también por el bebé que llevaba en su
vientre, no podía permitir que el príncipe heredero descubriera su
embarazo. Joel apartó la mano del médico que intentaba tomarle sangre
sin permiso.
—¿Cómo te llamas?
—D, Dale.
—Bien, Dale. Salga de aquí. Y traiga a Robert en su lugar.
—P, pero señor...
—Tengo algo muy importante que decirle a Su Alteza, así que por
favor, retírese.
El médico, desconcertado, miró al príncipe heredero. Como Joel no
tenía escapatoria, el príncipe heredero, generosamente, le concedió
permiso: —Sal un momento.
El médico, sin más remedio, salió cohibido. Antes de que el médico
saliera de la habitación, Joel no olvidó advertirle: —Oye, Darren. Si
cuentas lo que pasó hoy, tu vida se volverá bastante difícil.
El médico quería protestar diciendo que su nombre era Dale, no
Darren, pero no quería provocar a Joel, que era como un lince, así que
decidió guardar silencio y desaparecer. Pronto, solo quedaron el príncipe
heredero y Joel en la amplia sala de recepción.
El príncipe heredero parecía esperar con anticipación qué tontería diría
Joel. Joel, por su parte, respiró profundamente para calmarse.
—¿Así que finalmente tienes la intención de ser honesto?
—¿Llamas a un médico de la corte que conoce a todos los miembros
de la familia real y que va y viene del palacio para confirmar un
embarazo? ¿Por qué no simplemente anuncias abiertamente que estoy
embarazado antes del matrimonio?
—Ah.
La expresión del príncipe heredero se suavizó. Parecía pensar que con
esas palabras, Joel había admitido su embarazo.
Pero desafortunadamente, Joel no tenía intención de caer en las
trampas del príncipe heredero tan fácilmente.
—Me encargaré de proteger tu honor. Lo más urgente ahora es
anunciar nuestro compromiso lo antes posible, para que nadie pueda
hablar mal de ti.
—¿Compromiso...?
—¿Acaso crees que voy a matar a mi propio hijo?
Joel se sorprendió tanto que hasta olvidó respirar. Nunca se hubiera
imaginado que el príncipe heredero sería el primero en mencionar el
compromiso. En su vida pasada, ¿no había dicho que preferiría ir a la
cárcel antes que comprometerse con Joel?
Joel miró al príncipe heredero con ojos atónitos mientras este
aseguraba: —Te compensaré por todo lo que has sufrido por mi culpa en
la nieve y por todo el dolor que has soportado hasta ahora. Nuestra boda
será la más grandiosa de todas.
Miré al príncipe heredero que decía esto con ojos perplejos.
—¿Por qué pones esa cara? ¿No estás feliz?
¿Feliz?
Si hubiera escuchado esas palabras en su vida pasada, habría estado
muy feliz. Pero ahora era diferente.
No sabía por qué el príncipe heredero, de repente, quería
comprometerse con él, pero Joel sabía por experiencia que el afecto del
príncipe hacia él se debía únicamente al bebé que llevaba en su vientre y
no era profundo.
Lo único que quería ahora era la libertad. Ya no quería al príncipe
heredero. (Al menos, eso era lo que intentaba convencerse). Joel soltó
una amarga risa.
—Al escuchar sus palabras, Su Alteza, desearía haber sido marcado
por usted ese día.
—¿Todavía intentas negar que pasó algo? Aunque no recuerdo
claramente lo que sucedió ese día, sí recuerdo vívidamente el momento
en que te marqué. Definitivamente me dijiste: ‘¡Carlyle, hijo de puta!’
—Mmm, mmm. No es cierto.
Cuando Joel puso una expresión amarga, preguntándose por qué
recordaba cosas tan innecesarias.
El príncipe heredero soltó una risita al ver la expresión de sorpresa de
Joel.
Quizás no debería haber dicho ‘hijo de puta’. Joel se arrepintió de
inmediato. La situación estaba tomando un rumbo inesperado.
Tanto los alfas como los omegas parecen experimentar el placer más
intenso en el momento del nudo. Pero por supuesto, los omegas también
sentían dolor.
De todos modos, a menudo se dice que aunque se pierda la memoria,
se suele recordar el momento exacto del nudo. Al parecer, eso fue lo que
le sucedió al príncipe heredero esta vez.
Sin embargo, como no recuerda todo lo que sucedió antes y después,
no puede estar completamente seguro de haber realizado el nudo. El
hecho de que haya llamado a un médico para confirmar el embarazo es
una prueba de ello.
Joel decidió arriesgarse.
—No puedo mentir más. Sí, Su Alteza, me atacaste esa noche. Pero no
hubo nudo. ¿Podría ser que hayas confundido algo?
—¿Qué?
Por primera vez, el príncipe heredero no pudo ocultar su sorpresa.
Como esperaba, el príncipe solo recordaba vagamente el placer del
momento del nudo, y no recordaba claramente lo que había sucedido esa
noche.
Joel se sintió aliviado, seguro de que aún le quedaba una escapatoria.
—Dormimos juntos, pero no me marcó. Afortunadamente, no estoy
embarazado. De hecho, antes de venir aquí hoy, fui al médico de la corte
y me confirmó que no estaba embarazado.
Al escuchar la mentira que Joel contó sin dudarlo ni un segundo, el
príncipe heredero murmuró con una expresión de confusión: —Pero
estoy seguro de que te anudé...
Joel, volviendo a su actitud descarada, respondió con descaro: —Debe
ser que Su Alteza tiene un mal recuerdo.
Capítulo 13
—Joel, ¿me has llamado?
Robert entró en la sala de recepción a tiempo. Joel miró con actitud de
indiferencia a Robert, que se acercaba titubeante.
—Sí, llegaste más temprano de lo que pensaba. Robert, transmite
claramente el mensaje al rey. ¿Estoy embarazado?
—¿Eh? No, ¿sí…?
Robert, momentáneamente desconcertado, estuvo a punto de hablar
informalmente a Joel olvidando que estaba frente al príncipe.
Afortunadamente, era bastante astuto y rápidamente borró cualquier
señal de confusión para mirar al príncipe.
—Oh, sí. Ciertamente, Su Alteza. A petición de Joel, he verificado y
puedo confirmar que no está embarazado.
Ante la afirmación de Robert, Joel se sintió aliviado y el príncipe
mostraba claramente una expresión decepcionada. Joel percibió en esa
actitud del príncipe mezcla de desilusión y recelo, pero no olvidó su
objetivo.
—Sinceramente, incluso yo me sentí decepcionado y realicé varias
pruebas nuevamente, pero seguía dando negativo.
—¿Te decepcionaste?
El príncipe heredero imitó las palabras de Joel con un tono sarcástico.
¿Después de que te persiguiera hasta tu mansión inmediatamente después
de lo que sucedió en el bosque, me echaras de la puerta y te negaras a
verme durante un mes entero, ahora dices que te decepciona?
Joel trató de ignorar la acusación que sentía en la mirada del príncipe
heredero.
—Sí, ¿por qué no iba a decepcionarme? Era la oportunidad de
conseguir el puesto de príncipe consorte que tanto había soñado. Pero
como Su Alteza sabe, a estas alturas, la probabilidad de que los
resultados de la prueba estén equivocados es muy baja. Además, no se ha
realizado una sola prueba, sino varias, así que ¿por qué molestarse en
hacer otra?
—¿Cuántas veces te has hecho esa prueba exactamente?
A pesar de todo, el príncipe no pudo dejar de albergar dudas y se
volvió hacia Robert con la pregunta. Joel y Robert respondieron casi al
unísono.
—Cuatro veces.
—Cuatro veces, sí.
A esas alturas, el príncipe no tuvo más remedio que dejar de lado sus
remordimientos. Hizo un gesto a Robert para que se retirara.
Robert hizo un gesto con los ojos hacia Joel antes de abandonar su
asiento, indicando su deseo de explicarse más tarde, pero el príncipe se
encontraba absorto en sus pensamientos, sin darse cuenta de los
intercambios de miradas entre Joel y Robert.
Después de reflexionar en solitario por un tiempo, el príncipe
murmuró palabras desconcertantes.
—Qué lástima.
—Deberías decir que es una suerte.
—De ninguna manera.
El príncipe sonrió como si estuviera sinceramente lamentando algo.
Aunque Joel no entendía en absoluto qué pensaba, decidió levantarse sin
perder tiempo. Escapar en este momento en que el príncipe había dejado
de dudar sería garantía de seguridad.
—¿Entonces, ¿ha terminado el asunto relacionado conmigo? Me
pondré en pie entonces.
Joel, que ya estaba a punto de levantarse, hizo esa pregunta. Sin
embargo, el príncipe heredero le ordenó que se sentara. No podía ser que
realmente quisiera hacerle otra prueba, ¿verdad? Joel se sentó
deliberadamente como si le molestara, tratando de ocultar su inquietud.
—En realidad, confirmar si estás embarazado era algo secundario. Lo
principal es lo que viene ahora.
Así comenzó el príncipe heredero.
Joel, que quería irse lo antes posible, respondió simplemente mirando
su reloj. Era una protesta silenciosa para que la dejara ir a casa.
Sin embargo, cuando el príncipe heredero dijo con un tono serio: —
Esto también está relacionado con tu padre, Sir Bennet—, Joel, sin darse
cuenta, tuvo que enderezarse, sintiendo que algo no andaba bien.
—Desde hace varios años, se han detectado movimientos de un grupo
religioso sospechoso en las tierras de Sir Bennet. Aunque este grupo
religioso afirma que su religión es la religión oficial del imperio, en
realidad es una herejía, ya que adoran a su líder como la encarnación de
Dios.
Mientras escuchaba al príncipe heredero, Joel recordó su infancia en
las tierras de Sir Bennet. La propiedad de su padre biológico, donde Joel
nació y se crió, era muy pequeña y estaba ubicada en lo profundo del
bosque, rodeada de pantanos, lo que la hacía un lugar poco accesible para
los extraños.
Tal vez por eso, los habitantes de la propiedad eran mucho más
amables e ingenuos que los de otros lugares.
Sir Bennet, el padre biológico de Joel, había hecho todo lo posible por
administrar su pequeña propiedad, y los habitantes, que conocían bien
este hecho, confiaban y seguían sinceramente al padre de Joel.
¿Y ahora dicen que engañó a esas personas tan inocentes?
Joel sintió una ira repentina.
—¿Entonces por qué no los arrestaron de inmediato? Dijiste que lo
sabían desde hace varios años.
El príncipe heredero miró fijamente a Joel, que estaba furioso, durante
un breve momento.
La responsabilidad de gobernar un feudo recaía fundamentalmente en
el señor feudal, y el señor feudal del feudo en cuestión era el padre
biológico de Joel. Por lo tanto, Joel, en última instancia, estaba culpando
a su propio padre, pero el problema era que Joel no era consciente de ese
hecho.
El príncipe heredero pensó en recordarle esto a Joel, pero finalmente
decidió rendirse. Francamente, no estaba seguro de poder hacer que Joel
entendiera esa relación de causa y efecto.
—Sir Bennet ha estado administrando el feudo durante más de 20
años, así que confié en que manejaría bien esta situación también. Por
norma, los señores feudales no aprecian la intromisión del gobierno
central... Además, el líder religioso de esa comunidad no había explotado
a los fieles como lo hacen otros líderes religiosos sectarios. Y, además,
dada su pequeña escala, no sentía la necesidad de intervenir. Pero
últimamente, se ha visto arrastrado por influencias más allá de su control.
—¿Sir Bennet ha sido arrastrado? ¿Qué quieres decir con eso?
—Según el informe confidencial, Sir Bennet donó su feudo y toda su
propiedad a la iglesia de esa religión.
—¿Qué? ¿Mi padre?
Sorprendido, Joel se levantó de su asiento sin darse cuenta. Pero ese
parecía ser el caso. ¿Cómo podría su padre, que debería estar en el Reino
de Palein en este momento, ceder toda su propiedad a una secta?
—¡No puede ser! —murmuró Joel para sí mismo, y luego le preguntó
apresuradamente al príncipe heredero: —¿Dónde está mi mayordomo?
—Si te refieres al mayordomo que trajiste, probablemente esté
esperando afuera.
—Entonces, un momento, tengo que comprobar algo.
Joel corrió hacia la puerta de la sala de estar. Tal como había dicho el
príncipe heredero, Wickham estaba sentado en el sofá de la antesala,
esperando a que Joel saliera.
Joel le pidió que le mostrara la carta que su padre le había enviado esa
misma mañana.
Wickham dudó en dársela, preocupado de que Joel cometiera alguna
falta de respeto frente al príncipe heredero. Sin embargo, al ver la
expresión pálida de Joel, le entregó la carta que llevaba consigo. Joel
arrebató la carta y volvió a su asiento.
—¿Qué es eso? —preguntó el príncipe al ver la carta en la mano de
Joel.
—Es una carta que recibí esta mañana de Sir Bennet. No he podido
revisarlo en todo el día, ¿puedo leerlo ahora?
—Sí, tómate tu tiempo para revisarlo.
Con el permiso otorgado, Joel abrió apresuradamente la carta con
manos temblorosas. Mientras el príncipe observaba con interés, Joel leyó
el contenido escrito en la carta con ojos ansiosos.
[Querido Joel,
En este instante, quizás esperas que esté cruzando las fronteras del
Reino de Palein. Lo siento por decepcionar tus expectativas. Pero hijo
mío, este padre no podía permitirse el lujo de desperdiciar dinero en
viajes a tierras extranjeras.
Como tu padre ha mencionado antes, hay varias formas de gastar
dinero. Puede servir para la familia querida, para uno mismo, pero su
verdadero valor se manifiesta cuando se usa para ayudar a aquellos que
más lo necesitan. Especialmente para alguien en la posición de un noble,
se debe ser aún más cuidadoso con los gastos. Porque las decisiones de
uno pueden cambiar el destino de un territorio.
Si tengo dinero para un viaje al extranjero, podría usarlo para
reconstruir nuestros muros frente a las inundaciones del próximo año,
reparar los embalses o proveer alimentos a nuestros súbditos para el
próximo invierno. ¿Cómo puede uno gastar dinero en un viaje al
extranjero en tales circunstancias?
¿Te aburro con mis sermones? Está bien, lo siento. Pero como bien
sabes, he pasado toda mi vida pensando en cómo manejar nuestro
territorio. Por eso, no podía permitirme el lujo de malgastar dinero en
cosas como viajes al extranjero. Por favor, entiéndelo.
Y para ser sincero, con la llegada de una oportunidad tan sabiamente
utilizada del dinero, era impensable gastar dinero en exceso. Al recibir
esta oportunidad, parece que finalmente Dios reconoce mis esfuerzos
para liderar nuestra tierra. Estoy verdaderamente emocionado.
Quizás no entiendas de qué estoy hablando de repente. Lo entiendo. Es
una pena no poder expresar mi experiencia espiritual en esta carta.
Después de despedir a mi amada esposa y enviarte a ti también lejos,
me sentí profundamente solo. Desde entonces, el único que me ha dado
fuerzas inquebrantables ha sido el Abad John. Gracias a él, he
aprendido mucho. Y puedo decir que esta bendita oportunidad es, en
parte, gracias a él.
Puede que esto no tenga sentido para ti ahora, pero creo que algún
día, si experimentas lo mismo en sus brazos, entenderás mis intenciones.
Así que querido hijo, me he comprometido a vivir el resto de mis días
como un fiel seguidor del Abad John. Le he prometido entregar toda mi
fortuna a la iglesia, y me complace saber que el Abad está contento. Esta
modesta riqueza de mi padre se usará completamente para sus nobles
obras.
Lamento haber entregado incluso la parte prometida de tu herencia
sin consultarte. Pero Joel, si los deseos mundanos te nublan la vista, no
podrás ver el camino espiritual que Dios te guía a seguir. Simplemente,
no podemos permitirnos despreciar los bienes dedicados a la obra
divina.
La carta se ha alargado. Te dejo ahora, ya que sé que estás ocupado.
Y antes de que pase el invierno, por favor, habla con el Conde Lucas y
ven aquí una vez más. Me gustaría organizar un encuentro entre ustedes
y el Abad John. Seguramente será una oportunidad valiosa para ti.
Con amor, tu padre.
P. S. ¿Por cierto, realmente fuiste tú quien envió a Paul? Lo he
arrestado bajo cargos de fraude por decir tonterías sobre la disposición
de los bienes de Bennet. No parece estar mintiendo, pero tiene que haber
una explicación. No creo que intentes robar el dinero de tu padre, pero,
por favor, aclara este asunto. Es confuso].
Capítulo 14
En medio del misterio del contenido del sobre, Joel estaba tan absorto
en la carta que ni siquiera notó la mirada fija del príncipe. Su rostro
reflejaba un arcoíris de emociones al leer, pasando de un tono azulado a
un palidecer gradual para finalmente resplandecer con un fulgor especial.
El príncipe finalmente se aventuró con cuidado a preguntar, —¿Estás
bien?
Pero en ese momento, Joel estaba tan atónito que se encontraba en un
estado de ensordecedor silencio. Intentó ordenar mentalmente el
contenido de la carta calmadamente.
Así que resulta que mi padre, engañado por un falso profeta, ha
perdido toda nuestra fortuna. No solo ha malgastado dinero en ese
estafador, sino que también ha perdido la oportunidad de huir al
extranjero.
¿Acaso todos mis meticulosos planes de escape se desvanecen en la
nada?
Con una comprensión clara, Joel agarró un cuchillo mantecoso a la
vista y se puso de pie de inmediato.
—¡Los eliminaré a todos!
—¡Espera, espera! Tranquilízate.
El príncipe, apresuradamente levantándose, detuvo a Joel, quien
intentaba salir corriendo.
—Joel. Entiendo tu enojo, pero dejarse llevar por la emoción no
solucionará nada. Calma tus sentimientos. Y no puedes matar a nadie con
un cuchillo mantecoso —dijo tratando de calmar a Joel y lo volvió a
sentar.
Joel había estado preocupado durante más de dos meses por no recibir
noticias del administrador de la fortuna de Bennet. Aunque había
sospechado lo peor, nunca imaginó que su padre se involucraría en algo
tan grave.
Para apaciguar a un Joel excitado, el príncipe ordenó que prepararan
un refrigerio fresco. Joel devoró tres pedazos de pastel de fresas, luego
bebió dos tazas de té con leche generosamente endulzado con azúcar y
leche, finalmente logrando calmar su ira.
—Dado que también tienes una culpa en esto, me dirigiré
personalmente allí para resolver el asunto. Prometo recuperar tanto a tu
padre como su fortuna. Tomará al menos un mes, Joel, para hacerlo. ¿Por
qué no vienes conmigo, considerando que está relacionado con tu padre,
Bennet?
—¿Yo también? —Joel, con la boca llena de crema del pastel que
comía con furia, preguntó en respuesta.
En los suaves ojos azules de Joel se reflejaba una luz vacilante. Un
asunto que involucraba la seguridad de su amado padre, Joel deseaba
acompañarlo de corazón. Sin embargo, el problema radicaba en que no
era solo. Además, con su padre derrochando toda su fortuna, necesitaba
reunir fondos de escape pronto. Aunque empezara los preparativos de
inmediato, no estaba seguro si podría partir antes de que la situación
empeorara. No había tiempo para acompañar al príncipe en su
inspección.
En medio de su conflicto, Joel finalmente decidió no intervenir en los
asuntos de su padre. Pero esta decisión no fue tomada a la ligera. ¿Cómo
podría ser simple elegir entre su amado padre y su amado hijo? De
hecho, Joel estaba luchando por contener sus lágrimas en ese momento.
Sin embargo, confiaba en que el príncipe cumpliría su promesa sin
falta y rescataría a su padre. Si su propia huida tuviera éxito, siempre
habría oportunidad de reconciliarse con su padre más adelante. Así que,
lo primordial era escapar sin revelar que llevaba en su seno al hijo del
príncipe.
En este momento, su prioridad era escapar. Aunque le angustiaba la
preocupación por su padre, Joel decidió actuar con sensatez para proteger
al niño en su vientre.
—No iré.
—¿Incluso si tiene que ver con tu padre biológico?
Sin notar la angustia de Joel, el príncipe le preguntó de nuevo. Joel
sintió las lágrimas a punto de brotar, pero se contuvo y respondió con
voz firme.
—Sí. No iré. Sería más sensato que su Alteza se ocupara de eso, ¿Por
qué habría de ir yo? Además, de todos modos, solo sería una carga si te
sigo.
—Pero tú también debes ir.
De repente, el príncipe sacó un papel doblado cuidadosamente de su
pecho y lo desplegó frente a Joel. Joel leyó las palabras escritas en la
parte superior del papel.
—¿Qué es esto... un contrato de esclavitud?
El misterioso papel que sostenía el príncipe era nada menos que un
contrato de esclavitud.
—Esto me lo envió tu padrastro hace un mes. Según el contrato,
deberás atenderme por las noches durante el próximo medio año. Así que
también tendrás que acompañarme en las inspecciones.
—¿Qué?
—¿Por qué te sorprendes tanto? El conde Lucas dijo que tú mismo
pusiste tu sello en este contrato.
Y efectivamente, en la parte inferior del papel que el príncipe heredero
señalaba con el dedo había una marca roja brillante. Sin embargo, un
contrato de sirvienta era algo que Joel nunca había oído hablar.
Mientras se sentía aturdido, un recuerdo repentino cruzó por la mente
de Joel.
Fue hace aproximadamente un mes. Mi padrastro preparó una cena
muy elaborada y me invitó solo a mí. Normalmente, me vigilaba con
ojos de águila para que no me atreviera a comer ni siquiera un pedazo de
pan, pero ese día, por alguna razón, me permitió comer todo lo que
quisiera.
El conde Lucas solía hacerme pasar hambre, bajo el pretexto de que
tenía que controlar mi peso. Mientras tanto, a su propio hijo le servía
cada comida con los platos más exquisitos, como solomillo de ternera a
la plancha, pollo relleno de champiñones salteados con mantequilla, y
todo tipo de manjares.
Antes de regresar en el tiempo, cuando todavía conservaba una
mínima fe humana en mi padrastro, creí sus palabras de que todo esto era
un entrenamiento para ganarme el favor del príncipe heredero. Pero
ahora me doy cuenta de que mi padrastro me maltrataba para
convertirme en una herramienta fácil de manipular.
La forma en que mi padrastro me controlaba psicológicamente era
muy sutil y exhaustiva. Por eso, me dejé manipular para llevar a cabo la
farsa del embarazo y, más tarde, asumir solo toda la culpa.
Así que, después de regresar, Joel no tenía ninguna intención de pasar
hambre como su padre adoptivo le ordenaba. Sin embargo, todos los
sirvientes del condado eran prácticamente las manos y los pies del conde
Lucas, por lo que Joel tuvo que seguir pasando hambre como antes de
regresar.
Aún así, antes de graduarse de la Academia Imperial, podía llenar su
estómago hambriento en bailes o banquetes grandes y pequeños, pero
después de graduarse y quedarse solo en el condado, no tenía ninguna
oportunidad de probar comida que no fuera manzanas o papas. Gracias a
eso, Joel se estaba volviendo cada vez más delgado.
Ante la comida decente que veía por primera vez en casi un mes, Joel
solo pudo tragar saliva. Entonces, su padre adoptivo sonrió amablemente
y puso un trozo de barbacoa de cerdo entera a la parrilla en el plato de
Joel.
Era la comida favorita de Joel, y él simplemente perdió el control y se
abalanzó sobre la carne.
No sé qué viento le habrá soplado, pero como si servirle una bandeja
llena no fuera suficiente, su padre adoptivo fue más allá y le ofreció
tierras a Joel. Al mismo tiempo, le tendió un papel y le pidió que pusiera
su sello, pero como Joel estaba tan concentrado en comer, él mismo le
manchó el dedo izquierdo con tinta y estampó el sello.
Joel intuyó de inmediato que ese era el contrato que había firmado a la
fuerza. ¿No era un contrato de transferencia de tierras?
Pensé que me lo había dado para que quedara bien con el príncipe
heredero, ¿pero me estaba estafando de esta manera? Ya sabía desde
hacía tiempo que mi padre adoptivo era una basura, pero aun así, no
podía creerlo.
Joel trató de agarrar el contrato que el príncipe heredero sostenía y
romperlo, pero el príncipe heredero fue más rápido y lo guardó. Joel se
levantó de inmediato y lo confrontó.
—¡Esto es un fraude! ¡Una estafa!
—Un engaño dices, cuando tú mismo lo firmaste.
—Pero no estaba en mi juicio cuando lo firmé —murmuró Joel sin
confianza.
—¿No estabas en tus cabales? ¿Estabas borracho o algo así?
—…Algo así.
Joel respondió con una voz insegura. Aunque en ese momento estaba
comiendo, si consideramos su estado mental, estaba tan fuera de sí como
si estuviera borracho, así que al final era lo mismo que estar borracho.
El príncipe heredero, al escuchar la respuesta de Joel, afortunadamente
asintió diciendo: —Hmm, entonces no puedo obligarte. Después de todo,
este contrato no tendrá efecto.
Estuve de acuerdo.
—Entonces, ¿no irás?
Pensándolo un momento, volvió a preguntar. Joel respondió con un
tono muy firme y claro.
—Sí. No, no iré.
—Entiendo. Entonces, supongo que no irás.
El príncipe heredero asintió con la cabeza sin mayor vacilación.
Al retirarse más fácilmente de lo que había esperado, Joel sintió una
cierta inquietud. El príncipe heredero tenía un lado obstinado y nunca
cedía una vez que tomaba una decisión.
Mientras Joel intentaba evaluar las intenciones del príncipe heredero
con una mirada sospechosa, el príncipe heredero murmuró
deliberadamente para que lo escuchara.
—Entonces, tendré que decirle que devuelvan las cosas que tu padre
adoptivo envió al condado. Qué lástima, parece que Benjamín estaba
bastante contento con la noticia de que tú también nos acompañarías…
—Espere un momento. ¿Dice que Benjamín también irá?
—Sí.
Durante los últimos tres años, el nombre ‘Benjamín’ que salía de la
boca del príncipe heredero había funcionado maravillosamente bien
como una palabra mágica que revolvía las entrañas de Joel. Y esta vez no
fue diferente.
Capítulo 15
Joel, sin darse cuenta, preguntó con aspereza: —¿Qué? ¿Por qué tiene
que ir Benjamín? No es como si fuera un picnic—. Pero el príncipe
heredero solo sonrió.
Al pensar que iría con Benjamín durante un mes entero, todo tipo de
fantasías comenzaron a girar dentro de la pequeña y bonita cabeza de
Joel.
Un mes no era un período corto. Y esta misión podría ser peligrosa.
Era obvio como el fuego que después de pasar un mes juntos y superar
juntos una misión difícil, su relación se volvería más cercana que antes.
Y tal vez, con la excusa de que no había habitaciones suficientes en el
castillo de Sir Bennet, podrían compartir la misma habitación. Cuando la
imagen del príncipe heredero y Benjamín durmiendo juntos en una cama
cruzó por la mente de Joel, sintió un intenso sentimiento de celos.
Pero tenía que pensar con claridad. Después de todo, ¿no había
decidido renunciar al príncipe?
Ya no era de su incumbencia si el príncipe salía con Benjamín, con
Robert o incluso con ese diputado llamado Dustin o algo así. Además, si
la inspección duraba un mes, cuando regresara, él tendría tres meses de
embarazo.
Aunque no lo sabía con certeza, seguramente para entonces tendría
una barriga. A finales de marzo, con la primavera en pleno apogeo, sería
difícil ocultar su vientre con la ropa, y sobre todo, Joel necesitaba
conseguir un nuevo fondo para escapar.
El reino de Palein, el lugar al que Joel planeaba escapar, estaba a más
de dos semanas de viaje desde la capital, incluso si viajaba día y noche
sin parar. La distancia era larga y, para evitar los controles, tenían que
tomar solo caminos secundarios. Para Joel, que no conocía bien el
camino, llevaría al menos un mes, pero si su cuerpo se volvía demasiado
pesado, sería difícil permanecer mucho tiempo en el carruaje.
Después de pensarlo mucho, llegó a la única conclusión posible, no
tenía tiempo suficiente para ir a la inspección. Aunque lo sabía en su
cabeza.
—Entonces, yo también iré.
La boca de Joel ya estaba pronunciando las palabras de aceptación.
Joel se dio cuenta de su error un poco tarde y puso una expresión de
sorpresa. Sin embargo, no retiró su decisión de ir.
Sabía que no debería hacerlo, pero Joel no podía permitir que el
príncipe y Benjamín estuvieran solos. Solo un mes, así que estará bien.
¿Cuánto puede crecer la barriga en tres meses de embarazo? Joel
decidió ser optimista sobre la situación sin pensarlo mucho.
Cuando Joel cambió repentinamente de opinión al escuchar el nombre
—Benjamín—, el príncipe sonrió como si hubiera esperado eso. Joel
sintió herido su orgullo.
—Bien, entonces como nos vamos mañana, duerme en mi habitación y
nos iremos juntos mañana.
—S-sí... ¿Espera, qué? —Joel preguntó atónito. El príncipe habló de
manera tan natural y común que casi no entendió la sugerencia de dormir
juntos.
—¿Por qué iría a dormir contigo?
—Aunque no quedaste embarazado por lo que pasó la última vez, mi
decisión de hacerme responsable sigue en pie. ¿Por qué piensas que me
involucré directamente en el asunto de tu padre?
Joel entendió el significado implícito en la pregunta del príncipe. Es
decir, estaba diciendo indirectamente algo como: 'No es un asunto tan
importante, pero como es tu asunto, lo resolveré personalmente por ti,
porque me interesas'.
De hecho, objetivamente hablando, el caso del padre de Joel no era un
asunto lo suficientemente importante como para que el príncipe se
involucrara personalmente. La tierra de Sir Bennet era muy pequeña y
estaba ubicada en un lugar remoto.
La aparición de sectas en lugares remotos donde el poder central y la
administración no llegaban era un evento que ocurría con frecuencia.
Y, por lo general, cuando ocurría algo tan molesto en un pequeño
feudo como el de Sir Bennet, antes de que el emperador o el príncipe
intervinieran, era común que el feudo de esa región, que gobernaba esos
pequeños feudos, es decir, el administrador superior, interviniera
primero.
En el caso de Sir Bennet, era el conde Grey, un viejo conde con una
barriga, quien debería haberse encargado de resolverlo.
—Después de resolver el asunto de tu padre, volveré y pediré
formalmente tu mano en matrimonio.
El príncipe agarró las dos manos de Joel sobre la mesa y habló
seriamente.
¿Pedir mi mano en matrimonio? ¿Dijo pedir mi mano en matrimonio?
¡Ni siquiera estoy embarazado!
Joel preguntó incrédulo. Parecía que el príncipe se había golpeado la
cabeza y se había vuelto loco. Con el rostro pálido, Joel trató de retirar
sus manos, pero el príncipe las agarró con más fuerza.
—¿Quién te crees que eres para pedir mi mano en matrimonio? ¡No lo
necesito!
—¿Que no lo necesitas? No hay necesidad de decir algo que no
sientes. Y dado que el médico de la familia real ya te examinó y pronto
se esparcirá por toda la capital el rumor de que casi quedas embarazado
de mi hijo, como caballero, debo asumir mis responsabilidades. Me
disculparé contigo una vez más por lo que sucedió en el bosque.
Joel pensó que era injusto. Había sido él quien le había pedido al
médico del palacio que lo examinara. Si se hubiera quedado callado,
nadie se habría enterado y todo habría pasado desapercibido. Pero el
príncipe lo había revuelto todo y ahora se esparcirían rumores
innecesarios.
Aunque le había pedido al doctor Dexter o Derek, no importaba cuál,
que guardara silencio, era cuestión de tiempo que la historia se
difundiera.
Joel no lo sabía, pero el rumor de que había estado encerrada en el
castillo durante dos meses, de que el príncipe había entrado en celo en el
bosque y de que él había ido a buscarlo y había vuelto con la ropa hecha
jirones ya se había extendido por toda la sociedad.
En realidad, en la capital se había dado por hecho que Joel había
asaltado al príncipe cuando este estaba en celo, y que después de que el
príncipe luchara con todas sus fuerzas, él lo había golpeado en la cabeza
con una piedra para dejarlo inconsciente y lo había violado a la fuerza.
(Si Joel lo supiera, se desmayaría agarrándose el cuello).
—De verdad, no tiene que responsabilizarse. ¿No sabe que soy una
persona promiscua?
Joel finalmente tomó la peor decisión. Por supuesto, decirle a alguien a
quien había amado durante mucho tiempo que, de hecho, no era la
primera vez que tenía relaciones sexuales con un hombre y que no
debería preocuparse era algo bastante vergonzoso y frustrante.
Pero no tenía otra opción si quería deshacerse del príncipe que insistía
en responsabilizarse. Mientras decía eso, Joel sintió revivir los
sentimientos de dolor del pasado y apretó los puños bajo la mano del
príncipe.
El príncipe se rió ante las palabras de Joel y respondió:
—¿Tú? ¿Promiscuo?
Su tono de voz expresaba incredulidad.
—Lo sabes, ¿no? Los rumores que circularon sobre mí cuando ingresé
a la academia imperial...
Al principio de sus estudios, Joel se había vuelto famoso en todo el
país por haber desarrollado su condición de omega dominante.
Un grupo de personas con características recesivas que subestimaron a
Joel en ese entonces difundieron maliciosos rumores de que él era
promiscuo y que seducía a este y aquel alfa. Esos rumores, alimentados
por la fama de Joel, se propagaron como un reguero de pólvora.
Incluso Robert, que en ese momento no tenía conexiones con la
nobleza de la capital, conocía ese rumor, así que no había nada más que
decir.
Joel, después de admitir por sí mismo ser promiscuo, enrojeció de ira.
Cuando agachó la cabeza para ocultar las lágrimas que se acumulaban en
sus ojos, el príncipe apretó con más fuerza la pequeña mano que tenía
agarrada.
—Joel, no te preocupes tanto, todo son rumores falsos.
—¿Cómo puede estar tan seguro?
—¿Crees que alguien que se haya aprovechado de ti se quedaría
impune? Lo partirías por la mitad o lo apuñalarías con un hacha.
Pero como no ha matado a nadie en los últimos tres años, significa
que nada de eso sucedió. Ante la mordaz broma del príncipe, Joel sonrió
irónicamente.
Sé que no es una situación para estar feliz porque mi mentira no
funcionó, pero honestamente me sentí bien al saber que alguien, y menos
aún el príncipe, se dio cuenta de que la acusación de ser promiscuo era
falso. Estaba tan feliz que casi quería abrazarlo en ese momento.
—Y aunque todos esos rumores fueran ciertos, no me importaría. La
razón por la que te pedí que te casaras conmigo no es solo por lo que
sucedió en el bosque.
Ante esas inesperadas palabras, Joel levantó inmediatamente la cabeza.
¿Qué otra razón podría haber si no era por la necesidad de asumir la
responsabilidad de lo ocurrido?
Al mirarlo con esa duda, el príncipe asintió con la cabeza francamente.
—Así es, me interesas.
—…De ninguna manera.
—Desde hace un rato no dejas de desconfiar de mí. ¿Qué más tengo
que hacer aquí para que creas en mi sinceridad?
El príncipe preguntó seriamente qué más podía hacer, ya que se había
involucrado personalmente en los asuntos de un pequeño feudo
insignificante por estar relacionado con el padre de Joel e incluso había
confesado su intención de proponerle matrimonio.
Ante el príncipe, que mencionaba el compromiso con una expresión
tan seria, Joel no pudo ocultar su sorpresa.
¿Por qué?
¿No había sido el príncipe quien lo había rechazado cuando él se le
había entregado? ¿Acaso le había gustado tanto aquella noche?
Como nadie más que Joel sabía que su interior nunca podría estar a la
altura de los estándares del príncipe, no podía más que suponer que al
príncipe le había gustado su cuerpo.
A pesar de todo, Joel se sintió feliz. Durante los últimos tres años,
había soñado fervientemente con que al príncipe le gustara al menos su
cuerpo.
Cuando amaba ardientemente al príncipe, Joel no tenía ni siquiera
orgullo. Por un breve instante, sintió una fuerte tentación de abandonar
su plan de escape y aceptar la propuesta de matrimonio del príncipe.
Capítulo 16
Al recordar su feliz vida matrimonial en su vida pasada, su deseo se
hizo aún más fuerte. Esta vez, como realmente estaba embarazado, no
tenía por qué preocuparse de ser expulsado como en su vida anterior.
Además, el niño que llevaba en su vientre también podría crecer como
un noble heredero al trono, como era su destino original.
Aunque se emocionó por un momento al imaginar su matrimonio con
el príncipe, el corazón acelerado de Joel pronto se enfrió.
Joel no estaba seguro de poder mantener el interés del príncipe por
mucho tiempo. Y sabía muy bien que con sus habilidades, no podría
hacerlo.
Aunque por casualidad el príncipe se había interesado en su cuerpo, la
belleza no podía durar para siempre.
Si envejecía o enfermaba y el príncipe dejaba de sentirse atraído por
él, podría desecharlo a él, un omega estúpido y vulgar, y elegir como
nuevo rey consorte a un omega como Benjamín, con educación y cultura.
Por lo tanto, no podía aceptar a la ligera la propuesta de matrimonio del
príncipe.
O tal vez no era necesario pensar tanto en el futuro, pensó Joel con
escepticismo. La atracción basada solo en la apariencia solía
desvanecerse rápidamente. Joel lo sabía mejor que nadie.
Desde su debut en la sociedad, innumerables alfas se habían acercado
a Joel solo por su apariencia. Sin embargo, pronto se cansaban de su mal
carácter y terminaban odiándolo.
Por supuesto, eso se debía en parte a que Joel, completamente
enamorado del príncipe, los rechazaba deliberadamente de manera
grosera, pero el hecho de que se separaran tan rápido era una prueba de
que la atracción basada en la apariencia no duraba mucho.
Joel retiró bruscamente su mano de la del príncipe. Después de tanto
tiempo anhelando su confesión, ahora que finalmente la había escuchado,
se sentía tan enojado y resentido que casi lloraba.
De hecho, había lágrimas en los ojos de Joel.
Sin embargo, no podía aceptar la confesión del príncipe. Después de
todo, el lado del príncipe no era para él.
Ya había tenido suficiente de experimentar el final de obtener lo que
no le correspondía. No podía repetir el mismo error estúpido hasta morir.
—Ya basta. No necesita responsabilizarse. Me iré de vuelta al
condado.
Joel rechazó la propuesta con el mejor tono frío que pudo.
—Hmm, creo que el conde no te dejará entrar.
—Entonces, simplemente dormiré en el carruaje.
—¿Vas a dormir en el carruaje antes de un largo viaje a la finca de tu
padre mañana?
—¿Por qué no podría?
—Como si fueras algún caballero fornido, no creo que tu cuerpo pueda
soportarlo. Deja de ser tan terco y ven conmigo.
—De verdad que estoy bien. Y hablando de eso, también cancelaré mi
participación en la inspección. Por favor, cuida bien los asuntos de mi
padre. Y sé amable con Ben también.
Cuando Joel comenzó a poner objeciones tan extrañas, el príncipe
suspiró intencionalmente como si estuviera cansado. En el pasado, Joel
siempre cedía cuando él actuaba de esa manera.
Por ejemplo, cuando Joel le ofrecía alcohol en un baile, si suspiraba
así, Joel se asustaba pensando que el príncipe podría abandonarlo y dejar
el salón de baile, así que rápidamente retiraba la copa.
Sin embargo, esta vez Joel solo se estremeció levemente y no cedió. Al
llegar a ese punto, el príncipe no pudo evitar admitir que Joel nunca
retrocedería.
Pero al príncipe le quedaba una herramienta para someter fácilmente a
Joel: las feromonas. Y tenía toda la intención de usar esa herramienta sin
dudarlo.
Cuando el príncipe inundó a Joel con feromonas, Joel, que había
mantenido la cabeza en alto y hablado con fluidez, de repente se quedó
callado. Y pronto, el brillo inteligente comenzó a desaparecer de los ojos
de Joel.
—Ah... Ah.
Joel, quien de repente fue bañada en feromonas, sintió cómo toda la
fuerza se escapaba de su cuerpo. A duras penas logró evitar caer boca
abajo sobre la mesa, pero sentía que se desmayaría en cualquier
momento.
Joel se aferró al borde de la mesa y comenzó a jadear con dificultad.
Un alfa podía usar las feromonas para excitar a un omega, pero
también podía dejarlo en un estado casi de coma, como le estaba
sucediendo a Joel.
El estado en el que quedaba el omega dependía completamente de la
voluntad del alfa, y por más omega dominante que fuera, era imposible
resistir las feromonas de un alfa. Como las heridas irreversibles en el
útero podían causar convulsiones en los omegas durante el apareamiento,
la especie había evolucionado de esa manera.
El príncipe levantó fácilmente a Joel, que estaba completamente
abatido y luchando por mantenerse consciente.
—Ya es tarde. Debes estar cansado, vamos a la habitación.
—¿Estás loco? ¿Qué estás haciendo...? Estás... ¿en tus cabales?
Joel masculló débilmente como si fuera a desvanecerse en cualquier
momento. A causa de su embarazo, su cuerpo absorbía las feromonas del
príncipe como si estuviera absorbiendo agua con una esponja seca,
volviéndose loco.
Ya de por sí era difícil resistirse a las feromonas de un Alfa dominante,
y Joel sentía que sus ojos se cerraban constantemente.
A pesar de las súplicas de Joel, el príncipe simplemente le dio un
suave beso en la frente sin atender sus ruegos.
Con una voz tierna y fluida, susurró:
—Todavía tengo asuntos pendientes. Así que, por favor, ve a dormir
primero.
Entonces se alejó paso a paso hacia algún lugar.
En su vida pasada, Joel habitó en el Palacio del Príncipe durante un
mes. Al mirar hacia el pasadizo secreto conectado a su dormitorio, supo
de inmediato que se dirigía hacia allí. Aunque sintió que no debía caer
preso del príncipe, embriagado por sus feromonas, Joel se dejó llevar y
perdió por completo la compostura.
***
A medida que se acercaba la medianoche, Abe, el líder del cuarto
escuadrón de la guardia personal del príncipe heredero, acababa de
terminar de informar brevemente sobre el incidente ocurrido en las
tierras de Bennet. El cuarto escuadrón, formado por un pequeño grupo de
personas, era perfecto para resolver el caso del grupo religioso herético,
que requería discreción.
Mientras Abe organizaba la información que había recopilado de sus
informantes, el príncipe heredero parecía escuchar sin prestar demasiada
atención. A pesar de que Abe había estado liderando el escuadrón del
príncipe durante cinco años, nunca antes lo había visto tan
desconcentrado.
Después de terminar su informe, Abe aguardó pacientemente a que el
príncipe heredero hiciera preguntas sobre el contenido del reporte y
finalmente le preguntó con cautela: —Su semblante no luce muy bien,
¿acaso las cosas no van bien con el señor Joel?
—…Dijo que no estaba embarazado.
—Ah, entonces es una buena noticia.
El príncipe, que había respondido con un tono un tanto insatisfecho, se
acarició la barbilla y se sumergió en sus propios pensamientos. Abe lo
miró con curiosidad.
Ya fuera hace dos meses cuando marcaba asistencia en la casa del
Conde Lucas desde la madrugada todos los días, o ahora, no tenía ni idea
de lo que el príncipe estaba pensando.
—Luce decepcionado.
En las palabras de Abe, se insinuaba la idea de que debería estar
agradecido de que no estuviera embarazado.
Después de todo, Joel, el hijo adoptivo del Conde Lucas, no era una
persona adecuada para ser príncipe y futuro rey consorte. En el mejor de
los casos, podría decirse que era adecuado para ser un concubino del
príncipe.
A menos que fuese estéril, Joel estaba destinado a un destino en el que
ni siquiera podría convertirse en concubino —o más bien, no debería
convertirse en concubino—.
Joel en sí mismo era un problema, pero el hecho de que el Conde
Lucas estuviera detrás de él era un problema aún mayor. El Conde Lucas,
hábil en la política, era un oponente formidable incluso para el
emperador.
Si Joel llegara a tener un hijo, el astuto Conde Lucas seguramente
tramaría todo tipo de intrigas para colocar a su nieto por encima del
príncipe heredero, por lo que era absolutamente necesario evitar que Joel
diera a luz a un descendiente del emperador.
El príncipe heredero no podía ignorar las ambiciones de Lucas, algo
que Abe también conocía. Además, ¿no había sido el último deseo de la
emperatriz, que había fallecido hacía mucho tiempo, que el príncipe se
casara con una esposa sabia para gobernar bien el imperio? Joel estaba
muy lejos de ser una persona sabia.
Pero decir que está decepcionado porque Joel no está embarazado,
¡eso es absurdo!
El príncipe heredero inclinó la cabeza y preguntó, confundido.
—¿Decepcionado? ¿Yo?
—Sí, no es como que vaya a poner realmente al señor Joel en el trono
del príncipe consorte, ¿verdad?
Ante la pregunta de Abe, el príncipe heredero no pudo negarlo. Abe,
atónito, preguntó: —¿Qué está pensando usted?— pero el príncipe
heredero tampoco pudo responder a esa pregunta.
La verdad era que el propio príncipe heredero no sabía qué quería
hacer con Joel. Entonces, ¿por qué había sacado el tema de la propuesta
de matrimonio?
El príncipe heredero ahora estaba preocupado por el problema de
haberle propuesto matrimonio a Joel de repente.
Una cosa era segura: Joel le preocupaba. Y aunque la noche que pasó
con Joel había sido lo suficientemente memorable como para recordarlo,
no era necesariamente por eso que se sentía interesado.
Capítulo 17
La verdad es que me interesé en Joel desde el principio. Con esos ojos
brillantes siguiéndome a todas partes, era imposible no sentir interés.
El príncipe heredero también sabía muy bien que Joel no era material
para ser su consorte. Joel era tonto, patético, malvado y codicioso.
Podría decirse que Joel reunía todas las cualidades que él odiaba. Sin
embargo, a pesar de todo, Joel tenía una única virtud que superaba todos
sus defectos: era adorable.
El príncipe heredero, honestamente, había pensado que Joel era
bastante lindo desde hacía mucho tiempo...
Incluso justo ahora, había sido así. Él se había negado rotundamente a
acompañarlo en la inspección, pero tan pronto como mencionó el nombre
de Benjamín, cambió de opinión y dijo que iría.
Así de transparente no había nadie en el palacio. Bueno, más bien, no
existía alguien así.
Quizás por eso Joel, que era tan fácil de manipular como un cachorro,
se sentía más novedoso. En cualquier caso, gracias a él, el príncipe
heredero tuvo que agregar a Benjamín a la lista de inspectores, algo que
no estaba en sus planes, y tuvo que comunicarse con el ducado de
Melphis en plena noche para obtener su consentimiento.
Afortunadamente, Benjamín aceptó de buen grado la repentina
solicitud de acompañarlo.
Como iba a llevarse al hijo mayor del duque de Melphis, a quien este
adoraba, en una misión peligrosa, tendría que recompensarlo en el futuro.
Aunque le molestaba la idea de tener que lidiar con el duque de Melphis,
tan meticuloso y calculador, el príncipe heredero estaba bastante
satisfecho de que, según lo planeado, Joel pudiera unirse a la inspección.
Si se iba de inspección, podría pasar mucho tiempo a solas con Joel. El
príncipe heredero no sabía exactamente por qué, pero desde algún
momento, había deseado pasar tiempo a solas y en silencio con Joel.
O mejor dicho... desde esa noche en el bosque, aquella noche ardiente.
El príncipe heredero recordó de repente aquel intenso recuerdo.
Desde que se golpeó la cabeza contra una piedra aquel día, el príncipe
heredero a menudo se veía atrapado por estas visiones de Joel. Al
recordar su cabello rubio limón ondeando bajo él, o sus gemidos
sensuales de —Ah, ah! ¡Ah!— su entrepierna se tensaba de forma
natural.
Era tan vívido recordar cómo se quejaba con dificultad, con el vientre
hinchado por las eyaculaciones, que le parecía extraño que fuera solo su
imaginación. El príncipe heredero lamió sus labios con pesar.
Sin duda, mencionar el matrimonio en nuestra conversación fue un
impulso del momento. Prometer algo así de manera impulsiva, sin
pensarlo bien, no era propio de mí.
Pero lo que menos entendía era que, a pesar de haber hecho una
propuesta tan impulsiva, no me arrepentía en absoluto. En vez de
arrepentimiento, sentía alivio.
Entonces, ¿realmente quería que Joel fuera mi consorte? El príncipe
heredero se aferró a la cabeza, pensando profundamente.
También sabía que Joel no era el tipo de persona adecuada para ser un
consorte. Pero no podía negar que quería que Joel ocupara el puesto de
príncipe consorte.
Sabía muy bien que estos eran pensamientos descabellados, pero aún
así no podía evitar pensar así.
Quizás me había golpeado la cabeza con demasiada fuerza aquel día y
había contraído alguna enfermedad, pensó el príncipe heredero por un
momento.
—Y a propósito, Su Alteza, ese tal líder de la secta John. ¿Cree que
realmente tiene superpoderes?
—Después de tantos años en este negocio, ¿todavía te crees esas
tonterías?
Justo cuando tenía un dolor de cabeza terrible, Abe empezó a decir
tonterías. El príncipe heredero no se molestó en ocultar su expresión de
desdén.
El cuarto escuadrón, del cual Abe era capitán, se había encargado de
todo tipo de tareas extrañas y habían resuelto casos de sectas mucho más
grandes que el incidente en la tierra de Sir Bennet.
Abe, quien había realizado una hazaña al infiltrarse en la base de la
secta y arrestar al líder en ese entonces, estaba siendo sacudido por
simples rumores. El príncipe heredero sintió un poco de decepción.
—Pero, Su Alteza, dicen que ese líder de la secta John hizo que un
cojo se levantara frente a más de cien aldeanos...
—¿Y tú te crees eso? Así acabarás dándolo todo como Sir Bennet.
Al ser burlado así por el príncipe heredero, Abe decidió callarse.
Incluso él mismo se sentía tonto por haberse dejado llevar por esas
tonterías.
—Este asunto no es más que otro alboroto causado por una secta.
Simplemente tenemos que infiltrarnos en silencio, encontrar algunas
pruebas claras de que el líder está engañando y explotando a los
aldeanos, y arrestarlo. No te compliques la vida con ideas innecesarias.
—Sí.
Después de advertir así a Abe, el príncipe heredero se levantó de su
asiento. Ahora que había terminado con este molesto asunto, era hora de
regresar a su dormitorio. Más específicamente, a su dormitorio donde lo
esperaba su pequeño, lindo y malhumorado gato.
***
Joel, que había estado durmiendo profundamente, despertó en los
brazos del príncipe heredero.
Para entonces, el tiempo se acercaba al amanecer. Era mucho más
temprano de lo habitual para levantarse, pero extrañamente se sentía muy
lúcido.
Joel intuyó instantáneamente que la razón por la que se había
despertado tan refrescante era gracias a las feromonas del príncipe
heredero.
Los omegas necesitaban las feromonas de su pareja durante el
embarazo. Si no se exponían lo suficiente a las feromonas de su pareja,
se volvían nerviosos y ansiosos. (Por eso, en su vida pasada, el príncipe
heredero nunca dejó a Joel dormir solo ni un solo día cuando este estaba
fingiendo estar embarazado).
De hecho, Joel tampoco había podido dormir bien mientras estaba en
el condado porque necesitaba las feromonas del príncipe heredero, pero
como no tenía forma de obtenerlas, no tuvo más remedio que vivir con el
cansancio.
En esa situación, al recibir una verdadera ducha de feromonas, todas
las carencias que había tenido hasta entonces se resolvieron de una vez.
Gracias a eso, toda la fatiga acumulada hasta el límite desapareció por
completo.
Disfrutando de la frescura que sentía por primera vez en casi dos
meses, Joel miró al príncipe heredero que estaba dormido con su cabeza
apoyada en su brazo.
Lo primero que pensó al ver su rostro fue que era realmente guapo, y
lo segundo fue que no quería perderlo nunca.
Cuando el príncipe heredero le propuso matrimonio de repente, Joel se
sintió sinceramente feliz. Pensó que había superado sus sentimientos por
el príncipe heredero.
A pesar de haber pensado que había ordenado sus sentimientos hacia el
príncipe, al recibir su repentina propuesta de matrimonio, se dio cuenta
de que no era así en absoluto. Si hubiera terminado de organizar sus
sentimientos, entonces no habría sentido un deseo tan urgente de aceptar
la propuesta.
Por el bien del príncipe, del bebé en su vientre y, sobre todo, por sí
mismo, Joel decidió que partir era la elección más adecuada. Sentía
remordimientos por imponer a un niño destinado a ser príncipe la vida de
un plebeyo, pero creía firmemente que huir era lo mejor para el niño.
Independientemente de si revelaba la verdad a la corte real y el niño
era reconocido como hijo del príncipe, o si permanecía como un
bastardo, Joel estaba seguro de que el niño tendría una vida plena hasta el
día de su muerte.
Sin embargo, ¿puede considerarse verdaderamente feliz una vida llena
de comodidades materiales?
En la vida de Joel, experimentó tanto la vida en la sencillez del campo
como la vida espléndida de la nobleza en la capital. Antes de ser
adoptado por el conde Lucas, Joel vivía como el hijo de un pobre
terrateniente en el campo.
En aquel entonces, no tenía joyas valiosas, ni ropas caras, ni siervos a
su disposición como lo hace ahora. Aunque no era tan desfavorecido
como un niño campesino cubierto de polvo, seguramente llevaba una
vida bastante pobre según los estándares de la nobleza capitalina.
Sin embargo, Joel nunca sintió carencias en ese entonces. En lugar de
ser un patito feo, fue amado por todos como el preciado hijo del señor
Bennet.
Por supuesto, a veces era reprendido. Huía de estudiar, era capturado y
regañado por maestros del hogar o tutores, o recibía sermón de su padre.
Sin embargo, incluso en esos momentos de reprimenda, nadie lo
consideraba despreciable.
Incluso al cometer errores tontos como fallar en la gramática básica, su
padre, Sir Bennet, solo le decía que creciera feliz y saludable, mostrando
su ternura hacia Joel.
Por aquel entonces, cuando salía corriendo al aire libre al comienzo del
día y jugaba con los niños campesinos hasta la puesta del sol, nadie le
prohibía divertirse. A veces, cuando anhelaba a su difunta madre de la
infancia, Joel iba a visitar su tumba.
Pasaba el día entero bajo el sol, jugando con la tierra, y cuando se
cansaba, se acostaba a tomar la siesta. A pesar de sus travesuras y juegos,
nadie juzgaba a Joel como grosero o sin modales. De hecho, cuando Joel
regresaba de la tumba de su madre tras una siesta, todos lo miraban con
simpatía.
El chef preparaba la cena con los platos favoritos de Joel, Sir Bennet
jugaba con él durante toda la tarde después de haber terminado temprano
sus deberes de caballero. El mayordomo, Wickham, también consoló a
Joel leyéndole cuentos hasta que se durmió
Comparado con eso, ¿cómo fue la vida en la capital?
Capítulo 18
Como hijo adoptivo del conde Lucas, Joel vivía cada día como si
estuviera caminando por una cuerda floja. La aristocracia de la capital
buscaba constantemente cualquier defecto en Joel, y no solo ellos, sino
también sus sirvientes se atrevían a menospreciarlo.
En lugar de proteger a Joel, su padre adoptivo, el conde Lucas, solo
estaba ocupado pensando en cómo utilizarlo. A pesar de vestir ropa cara
y joyas valiosas, el corazón de Joel estaba vacío.
Al final de su difícil vida en la capital, lo único que le quedaba a Joel
era estrés, un complejo de inferioridad y un carácter más agudo.
En realidad, Joel nunca había tenido ambiciones de poder. Nunca
había ansiado ser tratado como un miembro de la familia del conde
Lucas. Había aceptado la propuesta de adopción porque su padre
biológico estaba muy feliz con ese gran honor, y había soportado la
infernal vida en la capital solo por el deseo de estar cerca del príncipe
heredero.
Sin embargo, era evidente que las dificultades que tendría que
enfrentar el hijo de un príncipe heredero serían incomparablemente
mayores a las que había sufrido Joel. Después de todo, quien quiera
llevar una corona debe soportar su peso.
Si por suerte el bebé se pareciera al príncipe heredero y fuera
inteligente, podría superar las dificultades y los sufrimientos que se le
presentaran. Pero si, por el contrario, se pareciera a Joel y fuera tonto,
podría ser incapaz de cuidarse a sí mismo y terminar siendo una víctima
de las intrigas políticas, con un final trágico.
Joel solo deseaba que su hijo no tuviera que sufrir una vida difícil.
Por esa razón, Joel estaba tratando de escapar con el bebé a toda costa.
Se sentía culpable por cambiar el destino de su hijo sin consultarlo, pero
para Joel, escapar era la mejor opción.
Las ideas de Joel eran muy firmes y no tenía ninguna intención de
cambiar de opinión.
El problema era que el príncipe heredero no parecía dispuesto a
rendirse fácilmente.
Era una persona muy seria y nunca se retractaba de sus palabras, así
que no podía haber tomado una decisión tan importante como una
propuesta de matrimonio sin pensarlo bien. (En realidad, el príncipe
heredero había hecho la propuesta de forma impulsiva, pero Joel, que
nunca lo había visto actuar impulsivamente, pensaba de esa manera).
Así que parecía que sería una pelea difícil. No solo había tenido que
dormir con la persona de la que estaba enamorado sin querer y quedar
embarazado de él, sino que ahora también tenía que rechazarlo.
Joel pensó que su destino era muy cruel. Parecía que Dios le había
dado una segunda oportunidad solo para castigarlo.
Justo cuando Joel se sonó la nariz sin darse cuenta, el príncipe
heredero abrió los ojos de repente, como si nada hubiera pasado.
—¿Estás bien, Joel?
El príncipe, con voz suave como susurros, acarició la mejilla de Joel.
Joel desvió la mirada y murmuró: —No.
—Está bien llorar —dijo el príncipe con precaución mientras secaba
las lágrimas de Joel.
Pero Joel, terco, insistió: —No estoy llorando—, manteniendo su
orgullo hasta el final.
Al reconocer sus lágrimas, sintió como si estuviera perdiendo ante un
dios que lo observaba desde arriba.
Cuando Joel siguió terco, el príncipe lo abrazó y acarició suavemente
su cabeza redonda. Era un gesto cariñoso sin fin. Sin darse cuenta, Joel
rodeó la cintura del príncipe con fuerza.
4. Viaje
En cuanto a Benjamín, Joel albergaba emociones sutiles.
Joel, en realidad, no solo despreciaba a Benjamín como era
ampliamente conocido. Si bien había limitado su ascenso debido a que
Benjamín era el candidato más fuerte para el príncipe consorte, Joel
había ayudado a Benjamín en ciertos momentos y había recibido ayuda
de él también.
Por encima de todo, habían forjado una amistad cercana en secreto.
Aunque existía un intercambio de emociones positivas con Benjamín,
Joel consideraba que la pieza más grande entre las emociones que
albergaba hacia él era, sin lugar a dudas, la inferioridad.
Incluso la primera emoción que Joel tuvo hacia Benjamín fue la de
inferioridad.
Desde joven, era ampliamente conocido que Benjamín había crecido
en el Palacio Real y había cultivado amistad con el Príncipe Heredero.
Antes de manifestarse, se podía especular sobre la categoría alfa de una
persona a través de rasgos físicos y Benjamín, indudablemente, tenía
todos los rasgos de un omega.
Con una estatura ligeramente inferior al promedio de los varones beta
imperiales, su estructura ósea era mucho más delgada que la de un beta y
sus labios eran gruesos y rojizos.
Proveniente de una familia noble de Duques, desde joven había estado
cerca del Príncipe Heredero y se preveía que se manifestaría como un
omega. Además, entre los ancestros de Benjamín, había la rara presencia
de la categoría dominante.
Así que, mucho antes de manifestarse, Benjamín ya estaba en boca de
todos como candidato a príncipe consorte.
Contrariamente a las expectativas, Benjamín se manifestó como un
omega convencional en lugar de un omega dominante y, dado que un
matrimonio entre nobles y la realeza solo se consideraba apropiado si
ambos manifestaban dominantes, la idea de un compromiso con el
Príncipe Heredero se desvaneció.
Sin embargo, al ser Joel la única persona que se manifestó como un
omega dominante en la misma franja de edad que el Príncipe Heredero,
la gente, alimentada por el resentimiento hacia el inculto Joel de origen
humilde, comenzó a apoyar nuevamente a Benjamín.
Joel sabía desde el principio que, si Benjamín se hubiera manifestado
como un omega dominante, el titulo de príncipe consorte habría vuelto
naturalmente a él y que él no habría tenido ninguna oportunidad. Así que,
como alguien que amaba fervientemente al Príncipe Heredero, Joel no
pudo evitar despreciar y vigilar a Benjamín.
(Y, de hecho, la actitud ambivalente del Príncipe Heredero también
tuvo un papel importante en este asunto. Al principio, ignoró a Joel
mientras trató a Benjamín con una cortesía impecable).
En definitiva, el odio de Joel hacia Benjamín se originaba en una
profunda inferioridad, y esa inferioridad aumentó aún más cuando se dio
cuenta de que Benjamín, a diferencia de él mismo, un hombre mezquino,
también tenía un corazón noble.
Si tuviéramos que señalar el momento en que la personalidad de Joel
tocó fondo, sería durante su primer semestre en la Academia Imperial. El
príncipe heredero, debido a asuntos relacionados con la historia nacional,
no pudo ingresar a la academia hasta dos meses después de su
inauguración, y Joel, desde su primer encuentro con el príncipe heredero
en mayo, ya había causado una pésima impresión.
Por eso, durante toda esa primavera, Joel no dudó en buscar pelea para
desahogarse, y el pobre Benjamín tuvo la mala suerte de cruzarse en su
camino en ese momento, por lo que terminó empapado de té.
El incidente del té ocurrió durante una merienda en la mansión de
Benjamín un fin de semana. Normalmente, Joel no habría podido asistir a
ese tipo de eventos sociales sin el apoyo de su padre adoptivo, pero ese
día fue invitado especialmente por Benjamín.
En ese momento, era la primera vez que Joel recibía una invitación a
una reunión social de otros nobles, así que fue a la mansión de Benjamín
con cierta expectativa.
Sin embargo, lo que le esperaba allí fueron sutiles insultos y burlas
'típicas de la nobleza'. Rodeado y acosado, el resentimiento de Joel se
dirigió hacia Benjamín.
Joel asumió erróneamente que Benjamín lo había invitado con la
intención de humillarlo, así que le tiró el té y se marchó. Sin embargo, no
pasó mucho tiempo antes de que Joel se diera cuenta de que Benjamín
simplemente lo había invitado porque le preocupaba que estuviera
aislado durante meses.
Incluso después de haber sido empapado de té, Benjamín continuó
tratando a Joel con amabilidad. No importa cuánto Joel lo insultara o lo
provocara, su actitud amable y gentil no cambió en lo más mínimo. Eso
demostraba lo bondadoso que era Benjamín por naturaleza.
Como dice el refrán, —la verdad siempre sale a la luz—, y Joel, que
había malinterpretado la bondad de Benjamín debido a su inferioridad,
finalmente reconoció la verdadera naturaleza de Benjamín. Joel admitió
su error y dejó de molestar a Benjamín.
En realidad, los conflictos entre Benjamín y Joel habían sido iniciados
unilateralmente por Joel, así que cuando Joel dejó de molestar a
Benjamín, se distanciaron. Y la razón por la que Joel y Benjamín, que se
habían vuelto tan incómodos el uno con el otro, comenzaron a acercarse
fue la siguiente.
Era una cálida noche de verano cuando se celebró un baile en el
palacio. A medida que la primavera daba paso al verano, el carácter
salvaje de Joel se había suavizado considerablemente.
Sin embargo, en ese momento, Benjamín era la única persona en toda
la Academia Imperial que se dirigía a Joel con buenas intenciones.
En el baile de esa noche, Joel, gracias a su padre adoptivo, pudo
conseguir el lugar de pareja de baile del príncipe heredero, pero el
príncipe heredero solo bailó con Joel una vez por cortesía y luego se fue
del salón de baile diciendo que estaba cansado. Debido a eso, Joel quedó
en una situación muy ridícula.
Joel no quería quedarse en el salón de baile y escuchar más chismes
sobre cómo el arrogante hijo adoptivo de la familia Lucas había sido
rechazado por Su Alteza el Príncipe Heredero, así que decidió abandonar
el salón de baile y pasear solo por el bosque.
Capítulo 19
—¿Eh? Ben. Tampoco te caigo tan mal, ¿verdad? Por eso sabes mi
nombre, ¿no?
En medio de su caminata por el bosque, Joel se topó con Benjamín
siendo acosado por un extraño alfa, un hecho que no pasó desapercibido
para él.
—Brett, parece que ha habido algún malentendido...
Benjamín estaba nervioso y no podía deshacerse del alfa que se le
acercaba insistentemente. Normalmente, su guardaespaldas lo protegería,
pero ese día, por alguna razón, Benjamín estaba solo.
El alfa llamado Brett, que estaba coqueteando con Benjamín, le
resultaba vagamente familiar, como si fuera un compañero de la
Academia Imperial, pero Joel no pudo reconocerlo al final. El hecho de
que Joel no pudiera reconocerlo significaba que el alfa era de una familia
humilde.
Siendo Benjamín el primogénito de un ducado, podría ahuyentar a un
alfa como ese con una sola palabra, pero no podía decir una sola palabra
directa y estaba sufriendo esa humillación.
Sinceramente, Joel pensó que Benjamín era un tonto. Si él estuviera en
la posición de Benjamín, no habría escuchado mucho y simplemente le
habría dado una patada en las partes bajas.
Si el omega que estaba siendo acosado en ese momento hubiera sido
alguien más, Joel habría pasado de largo sin dudarlo. Pero Joel se sentía
culpable por haberle tirado el té a Benjamín, así que decidió ayudarlo.
Joel se abrió paso entre los arbustos y apareció.
—¿Cómo no va a saber tu nombre si lo estás molestando tanto? No
eres un pez dorado.
—¿Quién eres? ¿Joel?
Cuando un extraño se interpuso de repente entre ellos dos, el alfa, que
se había desconcertado por un momento, recuperó su actitud arrogante al
darse cuenta de que el extraño era Joel.
Así como hay hombres cobardes que se enorgullecen de vencer a las
mujeres con la fuerza, entre los nobles hay alfas cobardes y despreciables
que se enorgullecen de vencer a los omegas con la fuerza. Y el alfa que
estaba coqueteando con Benjamín era precisamente de ese tipo.
Lo miró con una expresión de desprecio. Pensaba que, aunque Joel
tuviera un carácter terrible, al final era un omega, así que podría
dominarlo con fuerza o con sus feromonas si fuera necesario.
—Aléjate, adoptado.
Joel sonrió irónicamente al escuchar esa insolente declaración.
Normalmente, habría usado su lengua afilada para desahogarse, pero ese
día estaba cansado porque el príncipe heredero lo había rechazado. No
tenía energía que desperdiciar en tonterías, así que Joel liberó
inmediatamente sus feromonas.
Gracias a la jugada de Joel, el alfa terminó rodando por el suelo sin
poder hacer nada. En realidad, usar feromonas para someter a un noble
era considerado un delito de asalto, y cometer ese tipo de acto no solo te
hacía objeto de burlas, sino que también podías recibir un castigo severo.
Sin embargo, con el conde Lucas respaldándolo, pocas personas en el
imperio se atreverían a llevar a Joel a los tribunales. De hecho, Joel ya
había cometido un acto similar al principio de su ingreso a la academia,
pero no recibió ningún castigo.
Como si no pudiera creer que Joel usaría un método tan brutal, el alfa
protestó con una expresión de injusticia.
—¿Qué clase de acto bárbaro es este? Ugh.
—¿Y tú, que has estudiado tanto, te atreves a acosar a un omega que te
rechaza?
Joel ganó fácilmente con esa reprimenda. Fue tan fácil que casi se
sintió desinflado.
—¡Vamos!
Dejando atrás al alfa caído, Joel se cruzó de brazos con Benjamín y
caminaron alegremente.
A pesar de haber sido acosado, Benjamín, que era tan ingenuo, parecía
preocupado por el alfa que había quedado solo en el bosque y murmuró:
—¿No deberíamos llamar a los guardias? —Pero cuando Joel se enfadó y
le dijo que por qué se preocupaba tanto, se calló.
—Con esto doy por saldada la deuda de haberte tirado el té.
Benjamín, con su generosidad, aceptó la disculpa, más bien la excusa,
de Joel. Incluso le permitió llamarlo Ben como un apodo.
Joel no quería hacerse amigo de Benjamín, su rival por el afecto del
príncipe heredero, y trató de rechazar la oferta. Sin embargo, Benjamín
de repente comenzó a convencer a Joel con una falacia, diciendo: —Solo
porque somos rivales no significa que tengamos que llevarnos mal. Los
rivales también pueden ser amigos. ¿No sabes lo que es una competencia
sana?
Era una lógica absurda, pero para el tonto Joel, sonaba bastante
razonable, y así fue como Joel finalmente accedió a hacerse amigo de
Benjamín como él quería.
En realidad, Joel tal vez se sintió solo en ese momento. Años más
tarde, al recordar el incidente, Joel pensó en eso de esa manera.
Desde entonces, Benjamín ayudó a Joel en todo momento. Cuando
Joel estaba a punto de hacer el ridículo en una fiesta por no conocer el
código de vestimenta, Benjamín secretamente le informó. Incluso cuando
Joel cometió un error delante del príncipe, Benjamín también lo ayudó.
Fue un asunto de vidas pasadas, pero Benjamín fue la única persona
que consoló a Joel cuando fue expuesto por un engaño de embarazo falso
y desterrado como un conde, esperando su castigo.
Después de recibir una propuesta de matrimonio sorpresiva del
príncipe, Joel decidió unir al príncipe y a Benjamín. Si Benjamín tomaba
la iniciativa, sería más fácil alejar al príncipe. Aunque no le gustaba que
el príncipe mostrara interés en otro omega, si el interés era en el buen
Benjamín, podría tolerarlo.
Se sentía un poco culpable por haber molestado a Benjamín durante
tanto tiempo. Además, francamente, Benjamín encajaba bastante bien
con el príncipe. Aunque quizás no fuera tan atractivo o refinado como
Joel, Benjamín tenía un carisma excepcional, lo que podría convertirlo en
un buen cónyuge para el príncipe.
Aunque me metí en la inspección solo porque no quería ver a
Benjamín y al príncipe heredero irse solos, tomé esa decisión.
***
Los miembros de la expedición seleccionados por el príncipe heredero
se reunieron en el jardín del palacio del príncipe heredero temprano en la
mañana. El número era bastante pequeño para ser una expedición
liderada por el príncipe heredero, ya que él deseaba partir con un mínimo
de personas.
En realidad, el caso del señor Bennet no era un asunto tan grave, por lo
que el príncipe heredero ordenó minimizar tanto el equipaje como el
personal. Por lo tanto, además de Joel y Benjamín, solo había ocho
personas en total: el capitán Abe y tres caballeros de la Cuarta Compañía,
y un médico de la corte.
El príncipe heredero quería llevar a Dale como médico de la corte,
pero escuchó la súplica de Joel de cambiarlo por Robert y accedió a
cambiar al médico.
El conde Lucas tampoco le proporcionó a Joel un carruaje ni un
sirviente. Aunque el príncipe heredero había dado la orden de simplificar
al máximo los preparativos, al final, eso no era más que una presión
tácita para que Joel se sentara a su lado a toda costa.
Por otro lado, el duque de Melphis le proporcionó a Benjamín un
carruaje y el caballero que siempre lo acompañaba. A pesar de que podría
disgustar al príncipe heredero, se opuso a la voluntad del príncipe
heredero por el bienestar de su hijo.
Al ver a Benjamín que había llegado en un carruaje separado, Joel
pensó amargamente para sí mismo: ¿Será esta la diferencia entre un hijo
biológico y un hijo adoptivo?
Antes de partir, mientras revisaban el equipaje, Benjamín se acercó a
Joel. Tan pronto como vio a Joel, sonrió ampliamente y lo saludó: —Han
pasado dos meses. ¿Por qué no me has contactado?
Joel, que había decidido ceder al príncipe heredero por completo,
sintió que ya no podría tratar a Benjamín con la misma familiaridad que
antes, pero aun así trató de no odiarlo demasiado.
Finalmente, cuando terminó la verificación final y Benjamín estaba a
punto de subir a su carruaje para partir...
—Ben, espera un momento.
Joel lo detuvo de repente.
Entonces, Félix, el caballero de guardia de Benjamín, a quien le
desagradaba abiertamente Joel, dijo en voz alta: —¿Quién se cree que es
para mandarle a uno que vaya y venga? —Joel pensó en pelear por un
momento, pero no quería pelear desde temprano en la mañana, y sobre
todo, como Benjamín lo regañó apresuradamente y se disculpó con él,
decidió simplemente soportarlo.
—Joel, ¿por qué me llamaste?
—Tengo algo que pedirte.
—¿Un favor?
Joel nunca le pedía favores a nadie a menos que estuviera relacionado
con el príncipe heredero. Benjamín, que conocía muy bien ese hecho,
miró a Joel con una expresión curiosa.
Joel sonrió levemente y tomó su mano.
***
El interior del carruaje, completamente preparado para partir hacia la
hacienda del señor Bennet, estaba lleno de un calor que no correspondía
al clima de principios de primavera.
La razón era que el príncipe heredero, Robert y Benjamín estaban
sentados uno al lado del otro en un asiento estrecho. Aunque Benjamín
era delgado, el príncipe heredero era mucho más corpulento que el
promedio, y Robert, con su altura de 180 cm, tampoco era de complexión
pequeña.
Gracias a eso, los tres estaban sentados uno al lado del otro, tocándose.
En esta inspección se utilizaron un total de tres carruajes, e incluso los
caballeros de la Cuarta Compañía conducirían los carruajes sin ningún
cochero, por lo que no había ninguna necesidad de estar tan juntos.
Sin embargo, como Joel los estaba observando desde el otro lado con
los ojos brillantes como un tigre, el príncipe heredero, Robert y
Benjamín se vieron obligados a apretujarse en el estrecho asiento.
Capítulo 20
¡Así que, ¿por qué diablos...!
Robert, el médico de la corte, en particular, no pudo ocultar su
resentimiento.
Originalmente, se suponía que Robert viajaría en un carruaje de
equipaje. Aunque los carruajes de equipaje suelen oler a comida y son
estrechos, Robert estaba muy satisfecho con la idea de viajar solo en su
carruaje.
Sin embargo, Joel lo detuvo justo cuando estaba a punto de subir al
carruaje de equipaje, y poco después, Robert terminó sentado en el
carruaje de esta manera.
Ya se sentía agraviado por haber sido arrastrado a una misión secreta
de repente, dejando atrás su cómodo puesto de trabajo, pero ahora tenía
que pasar cinco días incómodamente sentado entre dos superiores de
rango mucho más alto. Estaba tan triste que casi le daban ganas de llorar.
Como la causa de toda su desgracia era Joel, Robert miró con
resentimiento a su amigo, que ocupaba todo un asiento cómodamente
sentado frente a él.
Mientras tanto, Benjamín, que estaba a punto de ser aplastado en el
extremo derecho, miró a Joel a escondidas y abrió la boca con cautela.
—Joel, yo simplemente quería tomar el carruaje que mi padre
preparó...
Pero antes de que pudiera terminar de hablar, Joel lo interrumpió
bruscamente: —¡No! ¡Tienes que ir así! —Benjamín, que por naturaleza
tenía un carácter débil, no tuvo más remedio que callarse
inmediatamente.
Mientras todos los demás estaban a punto de morir de incomodidad,
Joel se sentía satisfecho.
Joel, que había decidido unir al príncipe heredero y a Benjamín,
inicialmente había pensado en hacer que ambos subieran al mismo
carruaje. En opinión de Joel, no había mejor manera de acercar a dos
personas que hacer que pasaran un tiempo a solas en un carruaje.
Sin embargo, cuando llegó el momento de dejar al príncipe heredero y
a Benjamín solos en un espacio tan reducido, me sentí tan consumido por
los celos que sentí que mi cabello se iba a incendiar. Al final, decidí
subirme al carruaje también.
Pero entonces surgió otro problema. Tenía que sentar al príncipe
heredero y a Benjamín uno al lado del otro, pero no podía soportar verlos
así.
Así que hice girar mi pequeña cabeza y se me ocurrió un plan
brillante: colocar a Robert entre el príncipe heredero y Benjamín.
—Señor Joel, tenemos que viajar durante al menos cinco días, ¿cómo
vamos a hacer esto?
Robert, que hasta entonces solo había estado observando, finalmente
expresó su opinión con cautela. En realidad, lo que quería decirle a Joel
era: —¿Estás loco?
—¿Por qué no podemos ir así? Su Alteza, ordene que el carruaje se
ponga en marcha.
Sin embargo, Joel era obstinado, y como si fuera alguien importante,
incluso le ordenó al príncipe heredero que iniciara el viaje.
Al final, fue el príncipe heredero quien resolvió esta absurda situación
causada por Joel.
—Benjamín, regresa al carruaje que te proporcionó el duque de
Melphis. Robert, tú también regresa al carruaje de equipaje.
—¡Pero Su Alteza!
Por supuesto, Joel se opuso de inmediato, pero el príncipe heredero lo
persuadió diciendo: —Joel, tengo algo importante que discutir contigo,
así que hagamos esto solo por hoy.
Joel no tuvo más remedio que ceder.
(Por supuesto, decir —solo por hoy— era una mentira descarada. El
príncipe heredero no quería estar rodeado de gente ni siquiera por un solo
día de los cinco).
Gracias a la valiente decisión del príncipe heredero, Benjamín y
Robert pudieron escapar del estrecho carruaje. Después de que ellos
bajaron con caras de alegría, el príncipe heredero se movió naturalmente
al lado de Joel.
—¿Qué está haciendo?
—Te dije que tenía algo importante que decirte. Como es algo que
nadie debe escuchar, no tengo más remedio. Así que ten paciencia.
Cuando el príncipe heredero susurró en voz baja, Joel asintió con la
cabeza a regañadientes.
Cuando el carruaje comenzó a moverse, el príncipe heredero puso
suavemente su brazo alrededor de la cintura de Joel. Joel, que hasta ese
momento había estado esperando que el príncipe heredero hablara,
comenzó a sospechar: '¿Me está engañando?'
Al darse cuenta de que Joel estaba alerta, el príncipe heredero
rápidamente procedió con el siguiente paso de su plan.
—Acerca tu oreja.
—¿Por qué?
—Porque lo que debo decir es muy confidencial.
Aunque Joel frunció el ceño con desconfianza, siguió obedientemente
las instrucciones del príncipe acercando su oreja.
Entonces, el príncipe heredero hizo una seña para que Joel se acercara
un poco más, y siguiendo sus órdenes, Joel se acercó un poco más. Un
poco más, un poco más, y tras varias repeticiones de —un poco más—,
Joel casi estaba abrazado por el príncipe heredero.
Finalmente, el príncipe heredero besó la mejilla de Joel, quien hasta
ese momento no había percibido nada.
—Ah, Su Alteza…
Finalmente, al darse cuenta de que había sido engañado, Joel se
enfureció. Cuando Joel protestó, gritando como un lince enfurecido: —
¡Quiero bajarme! ¡Detengan el carruaje! —el príncipe heredero soltó sus
feromonas con una sonrisa burlona.
Para Joel, que estaba embarazado, no había sedante más efectivo que
las feromonas del príncipe heredero. Aunque Joel refunfuñó, exigiendo
que retirara inmediatamente las feromonas, pronto se calmó. Joel se
apoyó en el príncipe heredero con expresión somnolienta.
—¿Tienes sueño?
—Sí, me levanté un poco temprano y estoy cansado.
Joel murmuró así, acercando suavemente su mejilla al pecho del
príncipe heredero. Rodeado de las feromonas con aroma a bergamota, no
pudo evitar sentirse bien.
No queriendo mostrar que le gustaba demasiado, Joel murmuró con un
tono brusco.
—Entonces, ¿cuál es esa cosa tan importante que querías decirme?
¿Por qué tienes que estar tan cerca?
—Mmm...
—Por favor, dímelo rápido.
—Bueno, entonces, ¿este cabello rubio lo heredaste de tu madre?
La pregunta que hizo el príncipe heredero después de una pausa fue
completamente inesperada.
***
—Oh, ¿cómo lo sabe?
Joel preguntó, sorprendido, olvidando por completo su actitud
gruñona. Su madre había fallecido hacía mucho tiempo, y su padre era
solo un simple señor feudal en el campo, así que le pareció extraño cómo
el príncipe heredero podía saber cómo eran sus humildes padres.
—En una de mis inspecciones, me encontré casualmente con el
caballero Bennet. Puede que te ofenda esto, pero no creo que te parezcas
a tu padre biológico.
Joel se sorprendió al saber que el príncipe heredero recordaba a su
padre, que era solo un simple caballero. En su vida pasada, habría ido un
paso más allá y se habría preguntado si el príncipe heredero estaba
interesado en él, pero el Joel actual no era tan tonto.
Joel simplemente pensó que el príncipe heredero debe tener una buena
memoria.
Pero cuando se mencionó a su padre biológico, de repente me sentí
muy mal. Después de todo, la causa de todo este problema era mi padre.
—Si hubiera ido cuando le dije que se fuera de viaje, ¡cuánto mejor
hubiera sido! —murmuró Joel para sí mismo.
El dinero se podía volver a ganar, pero a Joel le preocupaba más que
su tonto y amable padre estuviera siendo explotado por algún grupo
religioso. Ahora que su padre estaba viejo, si se rompía un hueso, no se
recuperaría fácilmente. Y si se lastimaba haciendo trabajos duros...
Después de haber recibido cartas de su padre llenas de una fe fanática,
Joel no podía dejar de preocuparse.
Papá, si te lastimas haciendo alguna estupidez, juro que te mataré. Así
murmurando, Joel miró al príncipe heredero.
—Te equivocas. Me parezco en algo.
—¿En qué?
—Ser estúpido.
Al escuchar la mordaz crítica de Joel hacia su propio padre, el príncipe
heredero dudó por un momento sobre cómo responder.
Pensó: —Después de todo, es su padre, ¿cómo puede hablar así? No
está bien—. Pero también pensó: —En realidad, tú no eres tan tonto—,
tampoco le parecía correcto. —De hecho, ¿tu padre es tan tonto como tú?
—...Definitivamente ese no era correcto.
Mientras pensaba, el príncipe heredero notó de repente una nube de
tristeza y preocupación en el rostro de Joel.
Joel tendía a hablar sin pensar cuando estaba triste o preocupado. El
príncipe heredero, que había penetrado en el corazón de Joel, susurró a
Joel en voz baja.
—Parece que estás ansioso. ¿Te preocupa mucho tu padre?
—... No mucho, solo un poco.
Joel respondió con un tono melancólico. En realidad, no era un poco,
sino mucho, muchísimo lo que se preocupaba.
Y era cierto que su padre era un tonto. Por ejemplo, cuando Joel era
pequeño, un amigo de su padre lo visitó en el feudo.
Intentó enseñarle a su padre las reglas de un juego de cartas que estaba
de moda en ese momento, pero lamentablemente, el padre de Joel no
pudo entender las reglas hasta casi la medianoche.
Finalmente, se enojó tanto esa noche que se fue, y para demostrar lo
enojado que estaba, antes de salir del castillo, le suplicó a Joel con un
tono suplicante: —Joel, por favor, no te parezcas a tu padre, en especial
en su cabeza.
Sin embargo, a Joel no le tomó mucho tiempo darse cuenta de que
había heredado solo la cabeza de su robusto padre.
El príncipe heredero liberó un poco más de sus feromonas como si
quisiera consolar a Joel, que estaba sumido en la tristeza. Debido a su
embarazo, las feromonas del príncipe heredero tuvieron un efecto aún
más poderoso en Joel.
Joel suavemente hundió su nariz en el sólido pecho del príncipe
heredero.
Capítulo 21
En un instante, el carruaje que había abandonado la capital se adentró
por un sendero boscoso. Aunque recorrieron ese solitario sendero durante
un buen trecho, no vislumbraban el final del bosque. Finalmente, el
grupo de Joel decidió detener el carruaje por un momento y disfrutar de
un tardío almuerzo en el bosque.
Al partir del palacio, habían traído agua, patatas y pan blanco como
provisión, pero parecía insuficiente para preparar una comida adecuada.
El capitán de la guardia, Abe, se marchó con sus hombres a cazar en el
bosque.
Mientras los caballeros cazaban, el resto del grupo decidió recolectar
leña para encender un fuego. Aunque nadie esperaba que Joel, conocido
por ser altivo y egoísta, se uniera a la tediosa tarea de recoger leña,
sorprendentemente lo hizo con ahínco. Y después de juntar un buen
manojo de ramas, Joel se las ofreció a Robert.
—Joel, o mejor dicho, señor Joel. Esta es una rama de adelfa.
—¿Qué es adelfa?
—En sí, bueno… es una planta toxica.
—¿Entonces no se puede usar?
—Por supuesto que no se puede usar...
Por supuesto, el hecho de que se esforzara no significaba que fuera de
ayuda. Cuando estuvimos juntos, le expliqué claramente qué árboles no
debían usarse como leña. Entonces, ¿cómo es posible que todavía no
sepa qué es una adelfa?
Robert, sintiéndose perplejo, continuó con su tarea sin mostrar su
sorpresa. Primero desechó las ramas que Joel había reunido, después
verificó si Joel mostraba síntomas de envenenamiento y lo llevó a un
arroyo cercano para lavarle las manos.
Mientras el Príncipe y su séquito tenían éxito encendiendo el fuego y
se sentaban juntos para relajarse, los caballeros regresaron jubilosos con
las presas de su caza. Llevaban cuatro palomas gordas y listas para
cocinar. Los caballeros habituados al campamento prepararon y asaron
las palomas con destreza.
A cada persona le correspondía una patata cocida y media paloma
asada. Para Robert y los caballeros, las palomas asadas eran comestibles,
pero para Benjamín, que nunca había acampado en su vida, le resultaba
bastante difícil de tragar.
Al notar la repulsión de Benjamín hacia el olor fuerte emanado por las
palomas asadas, el caballero Félix, preocupado, le ofreció una
alternativa.
—Señor Benjamín, si le resulta difícil comer la paloma, está bien que
coma solo la patata. ¿Gustaría probarla?
—Sí, gracias. Entonces, ¿podrías comer la paloma por mí?
Benjamín, temeroso de que los caballeros, que se habían esforzado en
preparar la paloma asada, se sintieran ofendidos, respondió con voz baja.
Por otro lado, Joel también se quedó quieto con la paloma en la mano.
El príncipe heredero, al verlo, lo tranquilizó diciéndole que pronto
llegarían al castillo del conde Spencer, donde podrían comer algo más
decente.
Sin embargo, Joel, con una expresión malhumorada, terminó
llevándose a Robert consigo y desapareció en el bosque.
—Joel, ¿por qué no te lo comes? Si la gente se entera de que eres tan
quisquilloso... ¿Joel?
Robert, sentado en una gran roca y tratando de razonar con Joel, abrió
los ojos como platos, interrumpiendo su frase. Joel, de repente, como si
llevara días sin comer, había mordido el muslo de la paloma con fuerza.
En realidad, Joel estaba a punto de morir de hambre desde el momento
en que comenzaron a asar la paloma. Si no hubiera sido por el estricto
entrenamiento del conde Lucas, Joel probablemente se habría abalanzado
sobre la paloma antes de que estuviera completamente cocida.
El conde Lucas, bajo el pretexto de que Joel debía controlar su peso, lo
mantenía hambriento al tiempo que lo entrenaba rigurosamente para que
no perdiera la compostura frente a la comida. Ese entrenamiento, desde
el punto de vista de Joel, era extremadamente cruel. El conde Lucas solía
sentar a Joel en una mesa repleta de comida y solo permitirle comer una
pequeña porción de papas y una manzana.
Según la educación del conde Lucas, tener apetito era una conducta
indigna de un noble. Si Joel mostraba el más mínimo interés en el plato
principal colocado en el centro de la mesa, el conde lo reprendía
severamente.
Mientras su hijo, Isaac, devoraba todo tipo de manjares al otro lado de
la mesa, Joel tenía que aprender a mantener una actitud indiferente a los
platos exquisitos como si no le interesaran en absoluto.
Después de alimentarse durante tres años solo de papas y manzanas,
Joel encontraba el asado de paloma tan delicioso como un plato de
primera clase preparado por el chef imperial. Dado que solía cazar aves
salvajes para el almuerzo cuando estaba en la finca de Sir Bennet, no
sentía ninguna aversión especial por limpiar y comer presas.
Sin embargo, no podía permitirse ser grosero con las palomas frente al
príncipe heredero, así que se vio obligado a contener su hambre y
alejarse.
Robert observó absorto cómo Joel, que había devorado sus palomas,
las desgarraba hasta dejar solo los huesos en un instante.
Después de terminar su porción de paloma asada, Joel miró fijamente
la porción de Robert con ojos brillantes. Sin darse cuenta, Robert le
ofreció su paloma a Joel.
—Joel, ¿quieres comer mi paloma?
—Gracias.
Joel aceptó sin dudarlo la paloma fría que le ofrecía Robert. Al ver a
Joel devorando ansiosamente la carne, Robert no pudo ocultar su
asombro.
—¿Acaso has estado pasando hambre?
—Algo así.
—¿El Conde te hizo pasar hambre? ¿Por qué?
—No debo engordar.
—Y qué más da si engordas un poco. Pero teniendo en cuenta que has
estado pasando hambre, ni siquiera tocas las papas. ¿No te gustaban
mucho las papas asadas?
Robert era el amigo de la infancia de Joel, habían sido muy cercanos
desde pequeños. A pesar de no tener ningún linaje noble, Robert pudo
convertirse en un asistente de la corte imperial gracias a la influencia y el
favor de Joel.
En los días de esplendor en la tierra de Bennet, Joel y Robert solían
aventurarse juntos por las montañas día tras día. Tras largas horas de
diversión, a la hora del almuerzo encendían una fogata para asar y
devorar patatas como ahora.
Según recuerda Robert, Joel enloquecía especialmente con las patatas
asadas, llegando a devorar más de diez sentado en su lugar. Observando
fijamente una patata que había dejado caer al suelo por un instante, Joel
murmuró con una mirada perdida durante mucho tiempo.
—… Así es. Pero ya no. Esta patata es para ti.
—¿Eh? ¿Pero por qué de repente has empezado a odiar las patatas?
—Fue solo algo que sucedió.
Aunque Robert seguía intrigado, la expresión de Joel al hablar así
lucía tan melancólica que no se atrevió a preguntar más.
***
En lo profundo del bosque, Joel y su grupo terminaron su tardío
almuerzo y se apresuraron a subir al carruaje. A pesar de cabalgar a toda
velocidad, apenas alcanzaron la medianoche al llegar al castillo del
conde Spencer, su destino del primer día.
Aunque el castillo del conde Spencer no estaba tan lejos de la capital,
se encontraba en un lugar remoto que exigía adentrarse profundamente
en los senderos del bosque para llegar a su dominio.
El conde Spencer, que había heredado un título y recibía la visita de un
miembro de la familia real por primera vez en su vida, recibió al príncipe
heredero y a su séquito con gran honor.
Dado que el castillo no era muy grande y recibía pocos visitantes, solo
había tres habitaciones para invitados. Naturalmente, los caballeros, el
guardia de Benjamín, Félix, y Robert decidieron compartir una
habitación, Benjamín tuvo una habitación individual, y el príncipe
heredero y Joel compartieron otra.
Si Joel hubiera estado despierto durante la distribución de las
habitaciones, probablemente habría causado otro escándalo. Tal vez
habría insistido en que el príncipe heredero, Robert y Benjamín
durmieran en la estrecha cama en ese orden.
Sin embargo, afortunadamente, el príncipe heredero había previsto
esto y no se había olvidado de usar feromonas para mantener a Joel
profundamente dormido.
Cargando a Joel en brazos, el príncipe heredero se bajó del carruaje e
indicó con un gesto la distribución de las habitaciones, y todos
entendieron. Con cuidado de no despertar a Joel, cada uno se dirigió a su
propia habitación.
El príncipe heredero llevó a Joel, que dormía profundamente, a la
habitación asignada a él en el último piso.
Después de dejar a Joel en la cama, el príncipe heredero dudó un
momento sobre si debía bañarlo o no. En realidad, no era necesario
bañarlo, ya que había estado todo el día dentro del carruaje, pero no
quería perder la oportunidad de ver el cuerpo desnudo de Joel.
Por supuesto, tener esos pensamientos no era para nada caballeroso y
no encajaba en absoluto con la noble naturaleza del príncipe heredero.
Sin embargo, la mirada del príncipe heredero mientras observaba a Joel
dormir inocentemente comenzó a tomar un aire siniestro, como el de un
matón de callejón.
Finalmente, el príncipe heredero, justificándose a sí mismo diciendo
que Joel también querría bañarse, comenzó a quitarle la ropa a Joel con
cuidado.
Cuando había desabrochado unos cinco botones de la camisa, Joel
abrió los ojos lentamente.
—…Su Alteza?
Joel miró a su alrededor con una expresión aturdida. Claramente había
estado en un carruaje que se movía y había estado durmiendo
profundamente, pero se preguntaba por qué todo estaba tan tranquilo a su
alrededor.
Al ver la expresión de Joel, el príncipe sonrió como si tuviera un
secreto escondido en alguna parte.
—¡Oh, ya estás despierto!
—¿Dónde estamos?
—Es el castillo de Spencer. Pasaremos la noche aquí y saldremos
mañana por la mañana.
Joel asintió con una mirada perdida. Parecía que habían llegado
finalmente a su destino en el castillo del conde Spencer.
Capítulo 22
Había escuchado al capitán de la guardia, Abe, decir cosas como —
Encontrar el camino es más difícil de lo que pensaba— o —Es cierto, no
sé si podremos llegar hoy...— mientras almorzábamos en el bosque. Por
eso, no esperaba llegar hoy, así que fue una suerte.
Al parpadear con fuerza, Joel escuchó al príncipe susurrar con tono
bajo y calmado: —Has sufrido bastante. Ahora descansa.
Cumpliendo la orden del príncipe, Joel cerró gentilmente los ojos. El
príncipe, con una sonrisa sutil en los labios, esperó a que Joel volviera a
dormirse. Sin embargo, al instante, Joel abrió los ojos de nuevo.
—Pero, ¿por qué estás quitándome la ropa?
—Ah.
Normalmente era muy despistado, pero hoy, por alguna razón, Joel
había logrado detectar el peligro inminente. A pesar de las súplicas del
príncipe heredero, Joel se sentó por sí mismo.
Aferró con fuerza el cuello de su camisa desabrochada con sus
pequeñas manos. El príncipe heredero no tuvo más remedio que retirarse,
aunque a regañadientes.
—¡Pero qué cosa más pervertida es esta! Incluso si mi cuerpo está
bien, esto es demasiado.
Joel miró al príncipe heredero con desprecio y se dirigió al baño, que
estaba justo al lado del dormitorio.
Joel se sumergió en la bañera de agua caliente y se quedó pensando.
Al final, nada de lo que había planeado para hoy había salido bien.
Tenía que unir al príncipe heredero con Benjamín lo antes posible para
poder escapar más fácilmente, pero al final, había estado pegado al
príncipe heredero todo el día.
No debería haberlo hecho. Por mucho que odiara que el príncipe
heredero pusiera los ojos en otros omegas, debería haberlo soportado por
el bien de él mismo y de su bebé. Joel se reprendió severamente por
haber actuado así.
Hoy había cometido ese error por no poder reprimir sus celos, pero
mañana definitivamente uniría a Benjamín y al príncipe heredero.
Con esa determinación, Joel terminó de bañarse y regresó al
dormitorio. Allí, el príncipe heredero ya estaba sentado en la cama, listo
para dormir.
—¿Esta no es mi habitación?
Joel se sentó en la cama y le preguntó al príncipe heredero, que lo
miraba con una expresión tranquila, con un tono de voz desconcertado.
—Sí.
—Entonces, ¿por qué estás aquí?
Ante la pregunta de Joel lleno de cautela, el príncipe respondió con
una sonrisa perezosa.
Joel tragó saliva nerviosamente. El príncipe heredero, con la mente
quien sabe dónde, desabrochaba todos los botones de su camisa de
dormir.
Aunque tenía puesta la camisa, se asomaban apenas sus musculosos
hombros entreabiertos por la camisa ligeramente suelta.
—¿Por qué exactamente estás desabrochando tu camisa en mi
habitación? —preguntó Joel, atónito.
—Pero si no la he desabrochado del todo —respondió el príncipe
heredero con un aire de naturalidad, sonriente.
Aunque llevaba puesta la camisa, en realidad no había abrochado
ningún botón, es decir, más bien estaba —colgando— la camisa. ¡Qué
ridículo! Exclamó Joel, indignado.
—Casi desvestido es casi igual, es acoso. Si no te largas ahora mismo,
cuando vuelvas después de la inspección, te demandaré formalmente en
el tribunal —amenazó Joel.
Mientras hablaba, Joel no se dio cuenta de que estaba mirando
furtivamente los músculos del príncipe heredero que se insinuaban
ligeramente. El príncipe heredero, sintiendo la mirada perversa de Joel,
se alejó lentamente.
Entonces, la camisa que apenas había desabrochado se abrió a los
lados, revelando sus pronunciados músculos pectorales y abdominales
bien definidos. La piel del príncipe era tan elástica y suave que recordaba
a una belleza de otra época, lo que realzaba su atractivo físico.
Joel, con expresión ardiente en sus ojos, murmuró para sí mismo: —
Este hombre me va a matar—. (Sin embargo, el príncipe no notó en
absoluto ese comentario.)
—De verdad, te voy a demandar... —Joel intentó una amenaza poco
convincente.
Una ligera sonrisa de diversión asomó en los labios del príncipe
heredero. De hecho, si se observaba su mirada persistente, claramente
llena de intenciones sugerentes, resultaba más adecuado que él fuera
quien presentara la demanda.
Tras disfrutar la mirada obsesiva de Joel, el príncipe se levantó de la
cama.
Mirando a Joel, con calma, se despojó de su camisa como si lo
estuviera exhibiendo. Joel siguió con la mirada su camisa caer al suelo
con un ruido sordo. El físico musculoso y amenazador del príncipe ahora
estaba completamente expuesto.
Joel sentía que realmente iba a morir. Aquella noche en el bosque
había sido un torbellino de emociones, con la mente tan agitada por el
miedo que nunca había experimentado una visión tan intensa estando
sobrio.
De repente, aquel imponente pecho musculoso se acercó. Joel pensó
por un instante que tal vez estaba cediendo a un impulso incontrolable
acercándose al príncipe. Pero, en realidad, era el príncipe quien se
acercaba a él.
Sin darse cuenta, el príncipe llegó justo enfrente de Joel y rodeó su
delgada cintura con sus brazos. Nuevamente, el corazón de Joel dio un
vuelco.
—¿Qu-qué está haciendo usted…?
—Vas a denunciarme. Si voy a ser denunciado, ¿por qué no hacer algo
que realmente lo merezca?
Luego, levantó a Joel en brazos. El príncipe tenía un cuerpo entrenado
en las artes marciales y, acorde a su imponente postura, su fuerza era
impresionante.
Pero, en realidad, levantar a Joel no era tan difícil, su cuerpo era
sorprendentemente ligero. Joel, con la mente nublada, intentó pensar en
lo que el príncipe quería decir con eso de —algo que realmente lo
merezca.
Pero antes de que pudiera seguir pensando, sintió la fría tela de la
sábana sobre su espalda. El príncipe acostó a Joel en la cama, abrió sus
piernas y se sentó entre ellas. Con delicados movimientos, comenzó a
desabotonar la camisa de dormir de Joel.
—Su… alteza.
—Llámame por mi nombre.
La camisa de Joel se abrió de par en par, revelando su piel tan blanca
como la leche y sus pezones rojos como ciruelas maduras. Al ver los ojos
del príncipe brillar con deseo, Joel sintió una inquietante sensación de
peligro.
—Pero, ¿cómo me atrevería…?
—Está bien. Te lo permito. Llámame Carlyle.
Cuando Joel titubeó en llamarlo por su nombre, el príncipe añadió en
un susurro: —Si Carlyle no te agrada, puedes llamarme ‘Carlyle, hijo de
puta’.
Aunque intentaba hacer una broma, su voz era tan sensual que Joel,
lejos de reír, solo podía sentir cómo la tensión sexual aumentaba.
Después de dudar por un largo rato, al final, Joel susurró en voz muy
baja, —... Sir Carlyle.
El príncipe, como aprobando la decisión de Joel, le besó la mano con
sus ojos brillantes.
—Alteza, pero esto no está bien...
—Te dije que me llamaras Carlyle.
El príncipe ahora despojaba a Joel de sus pantalones. Joel,
desconcertado, intentó sostenerlos, pero enseguida el príncipe advirtió:
—No tienes permiso— apartando las manos de Joel.
Aunque no había tanta fuerza en sus manos en aquel momento, Joel
sintió una intensa opresión y se vio obligado a seguir las indicaciones del
príncipe y colocarlas tranquilamente en la cama.
Los pantalones de tela deslizándose por las caderas, la sensación de
ellos pasando por los muslos y las pantorrillas provocó un escalofrío
terrible. El príncipe retiró los pantalones de Joel con facilidad y los
arrojó detrás de él, preparándose para quitarse la ropa.
Joel temblaba sin saber qué hacer mientras el príncipe, entre sus
piernas, quedaba completamente desnudo. De hecho, estaba tan nervioso
que ni siquiera podía pensar en abrocharse la camisa, que estaba abierta a
ambos lados. Enseguida, el príncipe tomó ambos tobillos de Joel y los
levantó en alto. Ahora, lo único que cubría las partes íntimas de Joel era
una delgada prenda interior.
Joel sintió el grueso músculo presionando entre sus glúteos.
¿Qué hacer, realmente qué hacer? Joel luchaba con su mente confusa
por la excitación.
El príncipe parecía estar decidido a pasar otra noche con él. ¿Pero
estaría bien rendirse de esta manera?
Mientras Joel, aterrorizado, se hacía la misma pregunta, el príncipe,
que lo cubría, tomó de un solo bocado el pequeño y rojo pezón de Joel.
Era un pezón encantador que no salía de la cabeza del príncipe. Lo
lamió y lo acarició con su lengua, comenzando una intensa adoración. Su
lengua era increíblemente cálida y suave.
Una sensación vertiginosa envolvió a Joel. Entre gemidos extraños,
recordó la noche en el bosque cuando se unió al príncipe por primera
vez.
El peso abrumador que sintió al aceptar por completo al príncipe
seguía siendo vívido. Sin mencionar que el príncipe, además de colmar
su vientre con su enorme hombría, apretaba la cintura con fuerza y
penetraba a Joel desde diferentes ángulos para asegurarse de que no
escapara.
A una velocidad que desgarraba por completo a Joel. Si no fuera por
las feromonas del príncipe que actuaban como un afrodisíaco, Joel tal
vez hubiera perdido el conocimiento del dolor.
Esta vez tampoco podía garantizar que el príncipe heredero no lo
violaría de esa manera.
Capítulo 23
Por supuesto, no tenía miedo del dolor. Sería doloroso y difícil, pero
seguramente se sentiría bien. Ya que era una sensación que provenía de
alguien a quien amaba tanto, incluso el dolor sería bienvenido. Joel
estaba preparado para aceptar con gusto incluso el dolor del nudo que
invadiría la entrada de su útero si eso significaba convertirse en uno con
el príncipe.
El problema era que tenía un bebé en su vientre. Si mantenía ese tipo
de sexo rudo y salvaje estando embarazado, el bebé dentro de su vientre
podría estar en peligro.
Este bebé era prácticamente la única felicidad y esperanza que le
quedaba a Joel. Cuando escuchó que su padre había sido capturado por
una secta, de alguna manera logró aguantar, pero si algo le sucediera al
bebé, no sabía si podría soportarlo más.
Joel cerró los ojos con fuerza y los volvió a abrir, intentando sacudirse
el mareo, y apartó a la fuerza la cabeza del príncipe que estaba pegada a
su pecho.
—No, no quiero —dijo temblando.
El príncipe frunció el ceño, como si no entendiera lo que estaba
diciendo. Intentó nuevamente hundir su rostro en el pecho de Joel, por lo
que Joel tuvo que sujetar su nuca con más fuerza.
Mirando directamente a los ojos del príncipe, Joel rechazó con
firmeza: —No lo haré.
Entonces, el príncipe liberó sus feromonas con más intensidad.
Las feromonas de un alfa tienen el poder de poner en celo a un omega.
Si Joel no fuera dominante, no habría podido resistir más y habría
sucumbido al deseo. Joel sintió cómo un fluido espeso y cálido brotaba
de su entrada.
Al gemir un —¡Ah!— el príncipe le mostró una sonrisa seductora,
como si estuviera preguntando si aún lo rechazaría.
Joel, por supuesto, deseaba atacar al príncipe en ese mismo momento.
Su entrada, empapada y húmeda, se contraía desesperadamente,
anhelando al príncipe.
Si no fuera por el bebé en su vientre, probablemente habría montado al
príncipe y movido las caderas él mismo. Sin embargo, Joel tenía un
apego profundo por el bebé en su interior, y por eso, con todas sus
fuerzas, gritó: —¡No, no quiero, no!
Cuando el rechazo de Joel resultó ser más fuerte de lo que el príncipe
había esperado, este retiró sus feromonas.
Joel abrió la boca y respiró profundamente. Al disiparse el aroma a
bergamota que parecía ahogar su garganta, su mente finalmente se
despejó. Se sentía como si pudiera respirar de nuevo.
Mientras Joel se aferraba a la manta y exhalaba con dificultad, el
príncipe le acarició suavemente la mejilla y le dijo: —Está bien. Si
realmente no lo quieres, lo prometo. No haré nada.
Joel sintió alivio. Con el alivio llegó la siguiente oleada de lágrimas.
Solo por no poder controlar el deseo sexual, casi puso en peligro a su
bebé. La culpa le oprimía tanto que no podía soportarlo. Al principio,
Joel sollozó suavemente, pero pronto comenzó a llorar a lágrima viva.
Por su parte, el príncipe heredero se sorprendió mucho al ver a Joel
llorar. Como no tenía ni idea de que Joel estaba embarazado, no podía
entender por qué estaba llorando de repente.
Desconcertado, comenzó a consolar a Joel sin saber qué hacer.
En realidad, el príncipe heredero daba por sentado que Joel también lo
deseaba. Y no era para menos, pues Joel lo había seguido y cortejado
durante tres años. (Aunque al final fracasó, incluso había intentado
atacarlo a la fuerza queriendo averiguar su ciclo de celo).
Aunque Joel lo evitó durante dos meses después del incidente en la
fiesta de graduación, cuando se volvieron a encontrar, todavía estaba
enamorado del príncipe heredero. La prueba era que estaba tan alerta
como un perro guardián para asegurarse de que Benjamín nunca se
acercara a él.
Por mucho que lo pensara, en la mente del príncipe heredero solo
había una razón por la cual Joel lo estaba rechazando.
—¿Te… te asusté mucho esa noche?
El príncipe heredero preguntó a Joel con una voz llena de culpa. En su
mente, una hipótesis comenzaba a tomar forma.
¿Sería que Joel lo había evitado durante dos meses de repente, y
aunque no podía ocultar su mirada de afecto después de reunirse, había
rechazado su toque debido al shock de aquella noche?
Joel solo sollozaba sin responder. Viéndolo llorar tan desconsolado,
parecía que había sufrido un gran trauma esa noche.
Al ver cómo las lágrimas brotaban de los hermosos ojos de Joel, se
sintió muy culpable y su corazón se partió.
Sin embargo, aunque era natural sentirse culpable, nunca había
imaginado que pudiera sentir dolor por Joel. El príncipe heredero se
sentía confundido.
A pesar de eso, no olvidó acariciar el cabello de Joel y besar el dorso
de su mano para calmarlo.
—Lo siento, Joel. En serio lo siento.
Joel cerró los ojos y apartó la cabeza. Cuanto más amable era, más
resentimiento y disgusto sentía.
¿Cómo es que ahora, después de que me dejaste morir en la nieve,
vienes a pedirme que...?
Preferiría que me miraras con el mismo desprecio que antes. Así,
podría irme sin arrepentimientos.
Para Joel, el príncipe seguía siendo una persona en la que no podía
confiar. ¿Cómo podría confiar en alguien que lo había matado? Joel
estaba convencido de que el príncipe había tenido algo que ver con su
primera muerte.
Aunque no había pruebas, la fuerte impresión que me causó su última
mirada, tan fría e indiferente, me hacía pensar que así había sido.
—No volveré a hacerte daño. Y asumiré toda la responsabilidad y te
compensaré por todo el dolor que has sufrido. Si quieres, puedes
golpearme o insultarme. Haré todo lo que me pidas, así que por favor, no
llores más, ¿sí?
Sin embargo, al ver al príncipe heredero tan perdido, el tonto que era
en su interior quería volver a creer en él. Joel se sentía avergonzado de sí
mismo.
A pesar de creer que se había vuelto más astuto después de morir una
vez, seguía siendo el mismo Joel tonto y obstinado del pasado.
Joel se limpió las lágrimas con su puño apretado. Con la nariz
sonando, aún cubriéndose los ojos con el brazo, miró al príncipe.
—¿En serio, estarás dispuesto a concederme cualquier deseo que te
haga?
—Sí.
El príncipe asintió de inmediato. De hecho, sinceramente sentía que si
podía hacer que la triste llorera de Joel se detuviera, podría cederle no
solo el asiento del príncipe, sino el propio trono.
Esperaba ansioso que los labios de Joel, tan expresivos como una
almendra, se abrieran con cualquier petición.
Según el conde Lucas, a Joel le encantaban las joyas y los lingotes de
oro.
Así que cuando firmó el contrato de emancipación, el príncipe le envió
a Joel un collar incrustado con 108 diamantes como pago. (Ninguno de
los dos tenía idea, pero obviamente, el collar acabó en la bolsa del conde
Lucas. Desde el principio, contar la historia así era solo una artimaña del
conde Lucas para sacarle dinero al príncipe).
Si Joel pedía de nuevo joyas o dinero, el príncipe estaba listo para
entregarle incluso una mina de diamantes.
Pero la solicitud de Joel fue muy diferente a lo que el príncipe
esperaba.
—Entonces, lárgate. Ve y duerme al lado de Benjamín.
El príncipe heredero se desconcertó, frunciendo el ceño. Había solo
dos cosas en este mundo que Joel jamás le pediría, una era que lo
abandonara y la otra era que se acercara a otro omega, especialmente a
Benjamín.
Y ahora Joel le estaba haciendo ambos ruegos al mismo tiempo.
—¿Qué? —preguntó el príncipe desconfiando de sus oídos, mientras
Joel finalmente quitaba el brazo que cubría sus ojos. Sus felinos ojos
brillaban con un destello purpúreo.
Joel observó fijamente al príncipe.
—Es mi pedido. Dijiste que estarías dispuesto a concederme cualquier
cosa.
El príncipe heredero levantó la mirada para observar los ojos
enrojecidos de Joel. Quería adivinar qué pensaba. Sin embargo, esa
pequeña cabeza, que normalmente era tan transparente, ahora era un
enigma completo.
Con cuidado, acarició la mejilla de Joel y preguntó: —Joel, antes de
que me vaya, déjame hacerte una pregunta. ¿Por qué quieres entregarme
a Benjamín? Si me acerco un poco a Benjamín, te enfadas tanto que no
sabes qué hacer.
El príncipe heredero no entendía realmente eso. No sabía cuáles eran
las intenciones de Joel, pero sí sabía con certeza que no quería que él
estuviera cerca de Benjamín. Entonces, ¿por qué...?
Al escuchar la pregunta del príncipe heredero, Joel sintió herido su
orgullo. Porque, a decir verdad, tampoco quería enviar al príncipe
heredero a Benjamín.
Sin embargo, estaba haciendo todo lo posible por actuar, así que
¿cómo lo había sabido...? Joel estaba muy molesto al darse cuenta de que
era tan transparente que sus pensamientos se reflejaban en su rostro.
—Te lo digo claramente, no me interesa Benjamín.
El príncipe heredero susurró como si estuviera confesando que solo se
preocupaba por él. Pero Joel no podía creerle.
Entonces, ¿por qué había traído a Benjamín en esta inspección? No me
había dado ninguna razón cuando le pregunté por primera vez por qué lo
traería, así que ¿cómo podía creerle ahora?
En realidad, el príncipe había traído a Benjamín solo para provocar a
Joel, pero Joel no tenía idea de tal hecho.
Capítulo 24
Joel, de repente, sospechó que el príncipe heredero había asumido el
trabajo de su padre con la intención de encontrar una excusa para viajar
con Benjamín. (Era una suposición completamente opuesta a la realidad).
Pensó que tal vez lo había incluido a él solo para evitar dañar la
reputación de Benjamín si viajaban a solas.
—Dije que pediría tu mano en matrimonio.
—No te creo. Y te dije que no aceptaría.
Joel comenzó a odiar al príncipe heredero con todas sus fuerzas.
Si el príncipe heredero supiera que Joel estaba teniendo esas sospechas
tan absurdas, se sorprendería mucho. Pero Joel era muy celoso y, a pesar
de estar (casi) desnudo en una cama con el príncipe heredero y tenerlo
atrapado entre sus piernas, podía tener esas sospechas.
Cegada por los celos y el odio hacia el príncipe heredero, Joel lo
empujó y le ordenó: —Vete, vete—. Ese cuerpo musculoso era tan
pesado que comenzó a preocuparse de que su bebé se sintiera incómodo.
El príncipe heredero se dio cuenta de que no podría cambiar de
opinión a Joel. Murmuró: —Está bien, una promesa es una promesa— y
se levantó lentamente de encima de él.
Abotonó cuidadosamente la camisa de Joel, la cubrió bien con una
gruesa manta y se bajó de la cama. Mientras el príncipe heredero se daba
la vuelta para ponerse la camisa, Joel sacó la nariz de debajo de las
sábanas y echó un vistazo furtivo a sus músculos cubiertos por la ropa,
con una mirada de pesar.
—Buenas noches. Vendré a despertarte mañana.
Dicho esto, el príncipe salió de la habitación.
Había expulsado al príncipe heredero por su propia voluntad y, tan
pronto como la puerta se cerró, Joel se arrepintió.
Dado que había prometido cumplir su palabra, él seguramente habría
ido a buscar a Benjamín. Nunca había imaginado que él misma estaría
empujando al príncipe heredero hacia otra omega, y menos hacia
Benjamín.
Debería haberle dicho que no fuera a buscar a Benjamín...
Era demasiado tarde para darse cuenta de su tonta equivocación. Los
pesados pasos del príncipe heredero se alejaron rápidamente, hasta que
dejaron de ser audibles para Joel.
Joel quiso correr tras él y detenerlo, pero se obligó a sí misma a
quedarse en la cama. Se cubrió la cabeza con las sábanas.
Todavía podía sentir el aroma de las feromonas del príncipe heredero
en la habitación, ese cautivador perfume de bergamota. Las lágrimas
volvieron a brotar de sus ojos.
Preferiría dormir y no pensar en nada, pero a pesar de su estupidez,
Joel no podía dejar de imaginar al príncipe heredero al que había
expulsado.
¿Habría entrado ya en la habitación de Benjamín?
Joel recordó la gran mano del príncipe heredero explorando su cuerpo
hacía solo unos momentos. Y recordó sus ojos ardiendo de deseo.
¿Estaría tocando a Benjamín de esa manera esta noche? ¿Estaría
mirando a Benjamín con esos ojos? Si Benjamín tuviera miedo, ¿lo
consolaría con un beso en el dorso de la mano, como lo había hecho con
él?
Al imaginar esa escena, Joel sintió que se volvería loco.
Pero quizás tuviera que enfrentar cosas aún peores en el futuro.
Después de todo, había decidido unir al príncipe heredero con Benjamín
con sus propias manos.
Tenía que escapar pronto, así que necesitaba cortar el interés del
príncipe heredero por él, y la mejor manera de hacerlo era usando a
Benjamín.
—Está bien, está bien... —murmuró, acariciando su vientre, sin saber a
quién se dirigía—. Está bien, porque tengo a mi bebé. —A pesar de amar
tanto al príncipe heredero, si tuviera que elegir entre él y su bebé, elegiría
al bebé. Solo su bebé podría llenar el vacío que dejaría el príncipe
heredero.
Joel se arrepentía sinceramente de haber venido en esta inspección.
Debería haber dejado que el príncipe heredero se encargara del problema
de su padre y haberse escapado al extranjero.
Así no tendría que sentirme tan mal. Aunque me sentía culpable hacia
mi padre, en realidad no había venido en esta inspección porque
estuviera preocupado por él.
Joel hundió la nariz en las sábanas. El aroma de la feromona del
príncipe heredero que emanaba de ellas era demasiado agradable.
Era indescriptiblemente bueno. Quería irrumpir en la habitación de
Benjamín en ese mismo instante, pedirle perdón al príncipe heredero y
recuperarlo.
***
Joel no pudo conciliar el sueño hasta casi el amanecer, después de dar
vueltas y vueltas en la cama toda la noche. Por eso, aunque una mano
suave acariciaba suavemente su frente, no pudo despertar durante mucho
tiempo.
Cuando Joel finalmente pudo levantar sus pesados párpados, lo
primero que vio fue el rostro del príncipe heredero.
El príncipe heredero estaba acostado a su lado, apoyando la barbilla en
una mano y observando a Joel mientras dormía. A nadie le gusta que
alguien los mire mientras duermen sin defensa, y a Joel tampoco. Joel se
cubrió la cara con la mano.
—¿Por qué solo me estás mirando dormir? Debes despertarme.
Aunque antes hizo lo mismo en la sala de recepción, ¿por qué seguía
haciéndolo? Observar a alguien dormir no es un pasatiempo común.
Si fuera un pasatiempo, sería algo realmente perverso. Al quejarse así,
sintió la risa burlona del príncipe.
Con cuidado, el príncipe retiró la mano de Joel que cubría su rostro.
—Simplemente... eres como un ángel durmiendo.
El príncipe susurró halagos que podrían derribar la resistencia de
cualquiera, —Duermes tan dulce y con pureza.
Sintiendo cómo su rostro ardía de vergüenza, Joel se liberó de la mano
del príncipe.
—¿Qué hora es?
—Son las siete. Si ya te levantaste, empecemos a prepararnos.
Preferiría dejarte dormir un poco más, pero como no sabemos en qué
situación se encuentra tu padre, creo que es mejor que nos apresuremos.
Dado que, como había dicho el príncipe heredero, tenía que ir a ver a
su padre lo antes posible, Joel se estiró y se levantó. Como apenas había
podido dormir un par de horas, se tambaleaba al levantarse, así que el
príncipe heredero, que también se había levantado, lo sostuvo.
Gracias a eso, Joel terminó casi abrazando al príncipe heredero.
Inconscientemente, comprobó si quedaba algo de las feromonas de
Benjamín en el cuerpo del príncipe heredero, y una vez más se sintió
patético por sí mismo.
Joel agarró el brazo del príncipe heredero por un momento y lo miró.
Quería preguntarle dónde había dormido la noche anterior.
Por orgullo, no formuló la pregunta, pero el príncipe, como si supiera
que Joel estaba curioso, susurró que había dormido en el carruaje.
El príncipe no era de los que mentían en tales asuntos, y Joel no podía
sentir el perfume de Benjamín en él.
Joel, sintiéndose extremadamente incómodo, giró la cabeza para
ocultar su sonrisa que se elevaba hacia el cielo.
5. Historia paralela 1. Un sueño
La noche en que Joel lo había expulsado, el príncipe heredero se
dirigió al carruaje.
En realidad, podría haber dormido en el castillo sin problemas. Podría
haber ido a la habitación de los caballeros, a una habitación vacía del
castillo o incluso a la habitación del conde.
De hecho, el conde se había ofrecido a cederle su propia habitación.
Esto se debía a que tanto el príncipe heredero, como Benjamín y como
Joel tenían un estatus social y un poder mucho mayores que el conde
Spencer.
Sin embargo, el hecho de que el príncipe heredero hubiera decidido
dormir en el incómodo carruaje era su propia forma de intentar calmar a
Joel.
En realidad, el príncipe heredero sentía culpa por lo que había ocurrido
en el bosque después de ver la reacción de Joel. Un alfa en celo podía
volverse violento, y él no era una excepción.
La noche del incidente en el bosque, cuando recuperó la conciencia, el
príncipe heredero se sorprendió al ver su miembro cubierto de sangre.
Normalmente, que hubiera tanta sangre luego de haber tenido relaciones
sexuales con un omega significaba que había ocurrido un nudo.
Tenía recuerdos vagos del momento del nudo, y además, la evidencia
más clara del nudo —su miembro cubierto de sangre— lo hacía pensar
que definitivamente había anudado a Joel. Sin embargo, al final, se dio
cuenta de que había sido una ilusión suya.
Eso significaba que solo había sido violento con Joel y lo había dejado
lleno de sangre.
Hasta ahora había pensado que Joel estaba haciendo todo esto para
ponerlo a prueba, pero ahora parecía que Joel había quedado
traumatizado por lo sucedido aquella noche. En realidad, a pesar de
desearlo, no podía aceptarlo.
El príncipe heredero decidió que a partir de ahora trataría a Joel con
suavidad y cariño.
(Fue realmente inconcebible, pero dejar ir a Joel no era una de sus
opciones).
El príncipe heredero, con la esperanza de que Joel se sintiera un poco
mejor por su incomodidad, se acurrucó en el carruaje y trató de dormir.
Quizás porque había estado pensando mucho en Joel, esa noche el
príncipe heredero tuvo un sueño extraño.
En el sueño, estaba cenando con Joel. El lugar era el palacio del
príncipe heredero.
—¿Te gusta?
Mientras cortaba la carne, le preguntó a Joel, que estaba sentado frente
a él, por cortesía. Queriendo romper el silencio, le hizo la pregunta, y
Joel sonrió radiante como el sol.
—Sí, está delicioso. Me gusta todo.
El príncipe heredero entendió por qué Joel estaba tan feliz. Estaba
emocionado porque él se había interesado en él.
Capítulo 25
Contemplando a Joel en esa imagen, él experimentó emociones
complejas y sutiles en su sueño.
Se sintió enternecido y apenado al ver lo feliz que se ponía con una
simple palabra lanzada sin pensar. Al mismo tiempo, se disculpó
interiormente por no poder corresponder a ese amor tan sincero.
De alguna manera, le pareció encantador verle sonreír de forma tan
pura y radiante. Pero de repente, sintió fastidio consigo mismo al admitir
que también encontraba a ese —Joel— ligeramente adorable.
—Entonces, ¿qué comida te gusta? Ahora que no estás solo, ordenaré
al chef que preste más atención a tus preferencias en el futuro.
En ese momento, en el sueño, el príncipe heredero estaba preocupado
por el bebé que llevaba Joel en su vientre. En realidad, Joel no estaba
embarazado, pero por alguna razón, en el sueño, él sabía que Joel lo
estaba.
Entonces, Joel comenzó a enumerar los alimentos que le gustaban:
ensaladas, papas horneadas, frutas frescas...
El príncipe heredero no pudo evitar levantar una ceja al escuchar a
Joel. Esto se debía a que la sencilla comida que Joel estaba describiendo
era, en general, la que él solía disfrutar.
—Eso parece ser más de mi gusto que del tuyo.
Después de soportar durante tres años la insistencia pegajosa de Joel,
el príncipe no tuvo más remedio que familiarizarse un poco con sus
gustos y disgustos. Joel detestaba las papas asadas y prefería la comida
picante y grasosa.
Especialmente, se volvía loco por el cerdo a la barbacoa goteando
grasa. (El príncipe se había preguntado durante mucho tiempo cómo
podía gustarle algo así y, a la vez, aparentar ser indiferente).
—Me gusta lo que le gusta a Su Alteza el príncipe.
Joel continuó sin tapujos, rodeando el tema. Sin embargo, en su plato
delante de él, se apilaban gruesos trozos de pollo, en lugar de lo que
mencionaba.
¿Y esto? ¿Acaso es una ensalada?
El príncipe no pudo evitar soltar una risita resignada. En cierto modo,
la insolencia de Joel le resultaba un poco encantadora.
Solo había sacado el tema para tener algo de qué hablar durante la
cena, pero debido a la respuesta entusiasta de Joel, se encontró
sorprendentemente interesado en la conversación.
—Entonces, ¿cuál es la comida que no te gusta?
—La comida que no le gusta a Su Alteza el príncipe.
Con estas palabras, Joel empezó a mencionar una tras otra golosinas
dulces como pastel de frutas, pudín de vainilla, tarta de nueces. El
príncipe esta vez abrió los ojos ligeramente sorprendido.
En verdad, aquel que detestaba esos postres dulces era precisamente él.
Observó claramente con sus propios ojos cómo Joel devoraba con
entusiasmo pasteles y galletas en cada hora del té, y se preguntaba hasta
cuándo planeaba seguir mintiendo. El príncipe se maravilló
momentáneamente de cómo Joel conocía tan bien sus gustos. Pero pronto
pensó: —No, es algo que Joel haría —y lo aceptó. Joel seguía al príncipe
como un patito siguiendo a su madre.
—¿No tienes gustos, acaso? —dijo el príncipe algo cansado de la
obsesión de Joel. Aunque se preocupó de herir los sentimientos de Joel
después de hablar, por suerte, él no se mostró ofendido.
Abrió los ojos sorprendido y respondió: —¿Por qué no tendría gustos?
Son los gustos de Su Alteza el príncipe.
Mientras decía eso, Joel rió y, aunque no se debería pensar así sobre
alguien que podría ser su pareja en el futuro, realmente parecía no tener
orgullo alguno. De repente, el príncipe sintió el deseo malicioso de
burlarse de Joel.
—¿Y si te digo que me gusta Benjamín?
Joel odiaba a Benjamín con una pasión enfermiza. Aunque después de
tres años en la academia imperial, se habían hecho algo cercanos gracias
a la admirable personalidad de Benjamín, ser amigo de Benjamín y
odiarlo eran dos cosas distintas para Joel.
En otras palabras, Joel era amigo de Benjamín al mismo tiempo que lo
odiaba.
Mencionar el nombre de Benjamín frente a Joel había sido una broma
pesada, pero definitivamente no había sido con mala intención. Sin
embargo, de repente, grandes lágrimas comenzaron a formarse en los
ojos de Joel.
Las lágrimas colgaban como gotas de rocío y pronto comenzaron a
deslizarse por sus mejillas. El príncipe heredero se sorprendió ante las
lágrimas repentinas de Joel.
No había dicho nada tan grave, y nunca se imaginó que Joel estallara
en llanto por una simple broma.
Además, por lo que sabía el príncipe heredero, cuando Joel estaba de
mal humor, lo más probable era que volcara la mesa, pero nunca se
imaginó que mostraría lágrimas frente a alguien.
El príncipe heredero admitió su error. Rápidamente dejó el tenedor y
se acercó a Joel.
Incluso se arrodilló y la miró desde abajo, una posición humillante,
pero Joel simplemente apartó la mirada.
—Joel, solo era una broma. Si te ofendí, te pido disculpas.
Sin embargo, a pesar de sus disculpas, Joel solo podía sollozar y sorber
por la nariz. El príncipe heredero, aunque él mismo no lo entendía, se
sentía inquieto y nervioso por las lágrimas de Joel.
—Ya sabes que solo tú, Joel, eres importante para mí.
Joel seguía sin responder. Ni siquiera quería mirarlo. Al darse cuenta
de que Joel estaba embarazado, el príncipe heredero se puso aún más
nervioso.
Tomó el brazo de Joel y le mostró su mano izquierda con el anillo de
compromiso, suplicando: —Tenemos un bebé en tu vientre y estamos
comprometidos, ¿por qué no me crees?
—...¿Me amas?
Después de ignorar al príncipe heredero durante un rato y llorar en
silencio, Joel preguntó con una voz suave.
A pesar de tener un hijo y estar comprometidos, el príncipe heredero
en el sueño no pudo responder que sí a esa pregunta.
En el fondo, encontraba a Joel encantadora. A veces, incluso lo
consideraba adorable. Estar con Joel lo hacía sentir bien.
Sin embargo, eso no significaba que la amara.
Siendo honesto consigo mismo, a veces sentía un cosquilleo en el
corazón por culpa de Joel, muy raramente. Sin embargo, nunca disfrutó
de ese sentimiento. Sentía un fuerte rechazo hacia sentir ese tipo de
emociones por —ese— Joel.
A decir verdad, no quería que Joel se convirtiera en su esposo. Este
compromiso fue el resultado trágico de un error que cometí durante mi
celo, una mancha que me acompañaría por el resto de mi vida.
Después de despertar de aquel celo, rogué fervientemente que el
omega al que había atacado no fuera Joel. (No es que estuviera
enamorado de otra persona. Simplemente, no quería que fuera Joel. Ni
siquiera él mismo sabía por qué no quería que fuera él, pero así era.)
Sin embargo, el omega resultó ser Joel, y debido a que había perdido
el control y lo había anudado, terminé comprometiéndome con él.
Para mí, que siempre he sentido una gran responsabilidad por el trono,
la idea de que Joel pudiera convertirse en su consorte era un gran estrés.
Además de que Joel no era de mi agrado, tenía al molesto conde Lucas
a sus espaldas. A pesar de que solo estábamos comprometidos, el conde
Lucas ya estaba tratando de interferir en los asuntos del estado como si
fuera familia.
Lo peor de todo era que, a pesar de saber que no debería, a veces
sentía el deseo de que Joel se convirtiera en su esposo.
En público, se decía que Joel estaba embarazado y que habíamos
decidido comprometernos debido a las fuertes protestas del conde
Lucas...
Pero en realidad, si yo no lo hubiera permitido, nunca nos habríamos
comprometido.
El príncipe heredero creía firmemente que no sentía nada por Joel. Y
pensaba que así debía ser.
Por eso, intentaba posponer la boda al máximo, buscando una
oportunidad para anular el compromiso, pero cada vez que veía el rostro
inocente de Joel, sentía un impulso irresistible de tratarlo bien.
El príncipe heredero estaba inmerso en una larga lucha por negar los
sentimientos positivos que sentía por Joel. Por eso, no pudo responder a
su pregunta sobre si lo amaba, y Joel terminó con una expresión de
profundo dolor.
Lleno de arrepentimiento, el príncipe heredero llamó a Joel, pero ya
era demasiado tarde. No podía deshacer el daño que había causado.
***
Despertando de ese extraño sueño, el Príncipe Heredero se sintió
extrañamente perturbado por un tiempo. Nunca había compartido una
cena con Joel como en el sueño, y en la realidad, Joel no estaba
embarazado. Aunque el sueño tenía un tono de realismo, la diferencia
con la realidad era tan marcada que el Príncipe Heredero simplemente
decidió desecharlo como un simple sueño.
Sin embargo, la imagen de Joel llorando con desconsuelo, con
lágrimas rodando por su rostro, parecía imposible de olvidar. La
desgarradora y afligida figura de Joel le provocaba un doloroso impacto.
A pesar de ser solo un sueño, resultaba extraño cómo esa escena se había
grabado tan profundamente en su mente.
Capítulo 26
—Mmm...uhg.
En el carruaje que se dirigía hacia las tierras de Sir Bennet, Joel
mezclaba apasionadamente su lengua con el príncipe, pensando
sinceramente que había tomado la decisión correcta al cambiar de planes.
Joel llevaba un buen rato explorando la boca del Príncipe con su
pequeña lengua. Estaba sentado en el regazo del otro, abrazándolo con
fuerza como un mono aferrado a un árbol.
El repentino contacto de la gran mano del príncipe deslizándose bajo
la camisa de Joel para rodear su cintura lo hizo sentir un vértigo
emocionante.
Queriendo transmitirle esa misma sensación al Príncipe, acarició la
ancha espalda del otro con entusiasmo, pero sus caricias parecían torpes.
Joel se sentía frustrado consigo mismo.
Hasta esa mañana, Joel había estado rechazando fríamente al príncipe
heredero... pero, en menos de medio día, de repente cambió de actitud
por esta razón.
De hecho, hasta el momento de partir en el carruaje, Joel no había
cambiado su decisión de unir al príncipe heredero con Benjamín. Al
enterarse de que el príncipe no había pasado la noche anterior en la
misma cama que Benjamín, se sintió mucho más generoso y pensó que
podía cederle el asiento en el carruaje a Benjamín.
Así que, echó a Benjamín, quien estaba a punto de subir al carruaje, y
se subió él mismo al carruaje de Benjamín.
El caballero guardián de Benjamín, Félix, protestó, como era de
esperarse, pero para un simple caballero era imposible ganar contra Joel,
cuyo carácter era insoportable y arrogante.
Finalmente, el carruaje de Benjamín quedó bajo posesión de Joel, que
esperaba impaciente a que el carruaje partiera. De repente, se abrió la
puerta del carruaje.
Quien había osado abrir la puerta del carruaje en el que se encontraba
Joel era, naturalmente, el príncipe.
El Príncipe, ignorando el rechazo de Joel, lo levantó en brazos y se
dirigió al carruaje que habían utilizado el día anterior. (El rechazo de Joel
se desvaneció tan pronto como el Príncipe liberó sus feromonas.)
Benjamín, aprovechando la oportunidad, subió rápidamente a su
carruaje con una expresión aliviada.
De esta manera, Joel se encontró una vez más en el carruaje con el
príncipe en el segundo día.
Subido al carruaje, el Príncipe hizo que Joel, completamente relajado
por las feromonas, se recargara en él.
—Di mi nombre.
—No quiero.
La figura desgarbada de Joel levantó la cabeza lentamente. El príncipe
sintió una leve irritación.
Intentaba ser paciente con Joel, pero la constante resistencia de él
dificultaba mantener la calma.
—¿Por qué? Ayer me llamaste por mi nombre sin problemas.
—Bueno, es que no quiero ser tan cercano como para llamarlo así, Su
Alteza.
Era como decir directamente que no quería acercarse al príncipe. Ante
el rechazo de Joel, el príncipe se quedó petrificado por un momento.
No entendía por qué Joel insistía en una actitud tan extraña: ni lo
rechazaba del todo ni tampoco parecía gustarle.
—Antes, cuando escuché lo que decía Benjamín, parece que querías
que yo y Benjamín fuéramos en el mismo carruaje.
Al escuchar las palabras del príncipe, Joel hizo un puchero. De
repente, la terquedad de Benjamín le molestaba mucho.
¡Qué tonto! Si yo le daba una oportunidad, debería aprovecharlo. Me
había esforzado mucho en cederle mi lugar en el carruaje, pero debido a
la timidez de Benjamín, mi gran plan de hacer que el príncipe y
Benjamín viajaran juntos en el mismo carruaje había fracasado una vez
más.
—¿Joel, quieres que salga con Benjamín?
—…Sí.
Joel dudó unos tres segundos antes de responder. El príncipe heredero,
con tono burlón, replicó: —No parece que sea así—, insinuando. Joel
sintió que su ánimo se deterioraba.
—Si te he dicho que no estoy interesado en Benjamín, ¿por qué
insistes? En este momento, solo me interesas tú. Y Joel, tú también me
deseas.
Cuando dijo —tú también me deseas—, el tono del príncipe heredero
era más seguro que nunca. Y no es para menos, porque sin darse cuenta,
Joel había agarrado con fuerza la mano del príncipe heredero.
Joel se sobresaltó y trató de soltar su mano, pero el príncipe heredero
lo apretó con fuerza para evitar que se soltara.
—¿Por qué sigues rechazándome? Si me deseas tanto.
—Bueno, es que...
—Yo de todos modos me iré —pensó Joel para sí mismo, tragando las
palabras que tenía en la punta de su lengua.
Aunque se había dejado llevar por los celos y se había unido a la
inspección, tenía planeado huir a un lugar lejano una vez que esta
terminara. Sin embargo, la fuga solo sería posible después de la
inspección, así que sería bueno poder mantener una buena relación con
Su Alteza el Príncipe Heredero al menos durante el tiempo que durara la
inspección.
Mientras pensaba para sí mismo, de repente se le ocurrió una idea
brillante.
¿Por qué no intentarlo con esta persona durante un mes?
De todos modos, hasta que terminara la inspección, estaría atado al
príncipe heredero, le gustara o no. Entonces, ¿por qué no dejar de
rechazarlo durante la inspección?
Reflexionando paso a paso, Joel se dio cuenta de que el punto de
partida para rechazar al príncipe heredero había sido su atrevida
afirmación de haber superado sus sentimientos por él.
Recordó que al principio había creído sinceramente haber renunciado a
su amor por el príncipe heredero. Por eso había rechazado la propuesta
en el salón de recepción y había estado dispuesto a unir al príncipe
heredero con Benjamín.
Sin embargo, honestamente, Joel todavía estaba enamorado del
príncipe heredero. Negar sus sentimientos por él no había sido más que
una autojustificación.
Para ser más directo, Joel había intentado renunciar al príncipe
heredero después de experimentar la trágica vida de su vida pasada y
comprender su lugar. No era que hubiera dejado de quererlo, sino que
había intentado hacerlo.
Joel decidió aceptar que todavía no había podido olvidar sus
sentimientos por el príncipe heredero. Y aunque tuviera que huir más
tarde, quería tener una buena relación con el príncipe heredero al menos
durante el mes que durara la inspección.
Si hubiera la garantía de que su relación con el príncipe heredero
durara solo el tiempo de la inspección y terminara definitivamente al
regresar a la capital, no habría ningún problema.
—Su Alteza, ¿quizás podríamos tener una buena relación solo por un
mes...?
—¿Qué?
Al preguntarle eso, el príncipe respondió de inmediato con una
expresión de disgusto. Joel, que acababa de pensar que su idea era genial,
se sintió desconcertado.
—No, es que... a decir verdad, admito que siento algo por Su Alteza.
Pero en este momento no quiero aceptar su propuesta de matrimonio. Ya
que tendremos que estar juntos durante la inspección, podríamos salir
durante un mes y luego decidir...
—Pero tú desde hace tres años has querido casarte conmigo.
Ante la negativa a aceptar la propuesta, el príncipe heredero preguntó
incrédulo.
En realidad, a Joel también le gustaría aceptar la propuesta. Pero no se
sentía digno de ser el príncipe consorte y no quería volver a vivir esa
vida tan difícil en el palacio. Joel comenzó a inventar excusas sin
dudarlo.
—Eso fue cuando era joven e ignorante. En ese entonces, no sabía la
enorme responsabilidad que conlleva ser el consorte del futuro rey.
Sinceramente, ¿soy lo suficientemente inteligente como para ser el
príncipe consorte?
—…
El príncipe heredero no dijo nada amable como —Eres inteligente—,
ni siquiera como un cumplido. Joel se sintió un poco herido, pero como
no era la primera vez que lo llamaban tonto, continuó expresando su
opinión.
—¿Y cree que Su Majestad el Emperador aceptaría que alguien como
yo se case contigo?
Ante la aguda pregunta de Joel, la expresión del príncipe heredero se
oscureció ligeramente. Sin embargo, Joel no se sintió herido por el hecho
de que el emperador no quisiera aceptarlo.
Ya había recibido demasiadas heridas en su vida pasada, así que ahora
simplemente lo aceptaba.
—Cuando quedes embarazado, mi padre no podrá oponerse más.
Joel quedó sin palabras ante la solución que el príncipe heredero
propuso como respuesta a su preocupación.
Actuaba de manera arrogante y descarada, como si Joel también
hubiera aceptado tener un hijo. Cuando Joel lo miró con incredulidad, el
príncipe heredero respondió con un tono aún más descarado: —Después
de todo, como el príncipe consorte, producir un heredero es tu deber.
—¿Quién dijo que quiero tener un bebé? ¡No quiero!
Lo siento, bebé, pero sabes que no me refiero a ti. Todo esto es para
protegerte.
Joel se disculpó con el bebé que llevaba en su vientre y le mintió al
príncipe heredero.
—Y como Su Alteza el Príncipe Heredero y yo somos tan diferentes,
no estoy seguro de cuánto tiempo durarán los buenos sentimientos entre
nosotros... Por eso, me gustaría que primero nos viéramos durante un
mes y luego decidiéramos.
Solo un mes, hasta que termine la inspección.
Joel levantó un dedo y se lo puso en la mejilla, tratando de poner una
expresión lo más encantadora posible. Sin embargo, el rostro del príncipe
heredero se puso rígido.
No funcionaría, pensó Joel, en el instante en que la sonrisa forzada en
sus labios se desvaneció.
Capítulo 27
—Está bien, hagámoslo así.
Hasta hace un segundo, con una expresión de desagrado, el príncipe de
repente cambió de actitud y aceptó de buena gana la propuesta de Joel.
Su rostro frío y rígido había vuelto a su habitual suavidad.
—¿De verdad? ¿En serio?
Joel se sorprendió tanto con el repentino cambio de actitud del
príncipe que apenas podía articular palabras.
—Sí.
—¿De verdad? ¿Si volvemos y decido no volver a verte, realmente
dejarás de buscarme?
—Así es.
El príncipe incluso sonreía ahora. Sin embargo, esa sonrisa no parecía
tan amable y suave como de costumbre, sino más bien arrogante y
condescendiente.
—Pero, ¿por qué?
—Dije que haría lo que pidieras, ¿por qué sigues cuestionándolo?
¿Acaso no estás contento?
Mientras Joel seguía desconfiado, el príncipe finalmente explicó en un
tono suave por qué cambió su actitud.
—Tu opinión parece tener sentido. Podemos tomarnos este tiempo de
evaluación para conocernos y, si no funciona, separarnos limpiamente.
No hay problema en ser cauteloso, ¿verdad?
Hablando así, el príncipe parecía convencido por las palabras de Joel.
Sin embargo, Joel detectó cierta astucia en su tono aparentemente
inocente.
A pesar de todo, dado que el príncipe prometió separarse
inmediatamente si así lo deseaba, Joel sintió que no tenía motivos para
resistirse. Lo miró con ojos suspicaces, debatiendo si indagar más.
El príncipe heredero miró a Joel y volvió a sonreír con arrogancia.
En realidad, la propuesta de Joel no le agradó en absoluto. Más bien,
se sintió ofendido.
Después de haberle pedido matrimonio varias veces y de haber
expresado su deseo de iniciar una relación seria con la intención de
casarse, la respuesta de —Primero salgamos un mes y luego decidimos—
era una falta de respeto a sus sentimientos sinceros.
Además, ¿no había estado Joel persiguiéndolo durante los últimos tres
años? Durante los últimos tres años, la ventaja en esta relación siempre
había estado del lado del príncipe heredero. Pero ahora, de repente, la
situación se había invertido y parecía que él era quien estaba detrás de
Joel, lo que hirió el orgullo del príncipe heredero.
Sin embargo, rápidamente recuperó su arrogante sonrisa. Se dio cuenta
de que Joel nunca lo dejaría.
Pensándolo bien, era tan obvio que Joel nunca lo dejaría, así como el
sol nunca dejaría de salir cada mañana. Podía imaginarlo volviendo de la
inspección y, aunque dijera que romperían, se instalaría en los aposentos
del príncipe heredero.
Y aunque el pasado fuera diferente, en realidad, en este momento, era
el propio príncipe heredero quien estaba más excitado. No era momento
de sentirse herido por la actitud de Joel de —Está bien, te daré una
oportunidad durante un mes—.
Por lo tanto, el príncipe heredero decidió aceptar gustosamente la
propuesta de Joel.
Para aclarar algo, el príncipe heredero no tenía intención de separarse
de Joel, incluso si él le pedía que lo hiciera. Tenía la intención de retener
a Joel usando todo tipo de excusas y pretextos, como culparlo por romper
su voto de castidad antes del matrimonio o decir que aún no estaba listo
para separarse de él.
Y, de hecho, considerando la obsesión que Joel había mostrado hasta
ahora, parecía obvio que ni siquiera era necesario hacer tanto esfuerzo.
Cuando volvieran de la inspección a la capital, vería si él lo dejaba o
no. El príncipe heredero pensaba así mientras miraba el bonito rostro de
Joel.
Con todas sus dudas disipadas, Joel se sentó rápidamente en el regazo
del príncipe heredero.
El príncipe heredero, que no esperaba que Joel fuera tan atrevido, se
sorprendió por un momento. Sin embargo, pronto sonrió y envolvió su
brazo alrededor de la cintura de Joel.
Afortunadamente, esta vez, el gato de mal genio que lo había
rechazado durante los últimos dos meses no rechazó su beso. El beso
después de dos meses fue increíblemente dulce.
Y así comenzó un largo beso.
Mientras abrazaba el cuello del príncipe heredero y entrelazaba sus
lenguas con las de él, Joel estaba tan feliz que casi se desmaya. Se sentía
frustrado por no haber tenido esa idea antes.
Agarrando fuertemente el robusto cuerpo del príncipe, presionó con
impaciencia y desesperación sus labios. Mordió los labios carnosos del
príncipe y enlazó su lengua caliente con la suya, sin poder creer que le
estaba permitido hacer tales cosas al príncipe.
Nunca antes se había entregado a algo con tanta intensidad en su vida.
Joel estaba completamente absorto en los besos con el príncipe.
—Mmm…
Mientras besaba al príncipe con alegría extrema, Joel se dio cuenta de
repente de que se había olvidado de hacer lo más importante, y cubrió
con sus feromonas al príncipe. Era su forma de afirmar que él era suyo.
Como si estuviera inmerso en un baile de labios al igual que Joel, el
príncipe apretó sus brazos que rodeaban su cintura en un intento de
recostar a Joel en el asiento en un momento dado.
—Espera un momento, por favor —Joel se apresuró a separar sus
labios y lo detuvo.
Joel estaba temblando de miedo. El príncipe, malinterpretando el
miedo de Joel como temor a sus acciones, también se puso serio.
—Lo siento —Joel se disculpó reflexivamente al ver la expresión
severa del príncipe. Para Joel, era un hábito.
Durante los últimos tres años, en eventos sociales, Joel se había
disculpado repetidamente por causar molestias al príncipe.
—No tienes que disculparte. Debería ser yo quien pida perdón. Lo
siento, Joel —murmuró el príncipe con tristeza. Joel se dio cuenta de que
el príncipe estaba hablando de la noche en la que se encontraron en el
bosque.
—Lo que sucedió esa noche...
Joel sintió una incomodidad mayor que nunca al ver que el príncipe no
podía terminar su frase debido a la culpa.
El príncipe pensaba erróneamente que Joel estaba asustado por lo
ocurrido aquella noche. Pero lo cierto es que Joel no había sufrido
ningún trauma a causa de esa noche.
La razón por la que rechazaba los avances del príncipe era solo el bebé
en su vientre. Pero para negar las suposiciones del príncipe, tendría que
dar una razón creíble para rechazar sus avances.
Por supuesto, no se le ocurría ninguna excusa plausible.
Incómodo y culpable por no poder revelar la verdad sobre su
embarazo, Joel observó al príncipe antes de finalmente abrir la boca.
—Su Alteza, yo... simplemente, me gustaría seguir besándonos como
antes.
A pesar de ser su intento de manejar la situación, la declaración no
ayudó en absoluto. El príncipe, en cambio, se cubrió la cara con las
manos, preguntándose qué había hecho para que él actuara así.
Por suerte, el carruaje se detuvo en ese preciso momento. Dirigiéndose
al líder de la guardia que conducía el carruaje, el príncipe preguntó en
voz alta:
—¿Qué está sucediendo?
—Alteza, estamos llegando casi al borde del Bosque Shafrief.
Deberíamos considerar detenernos para almorzar pronto —respondió
Abe a través del muro del carruaje, haciendo que Joel abriera los ojos
sorprendido.
Salieron temprano por la mañana, pero ¿ya es hora de almorzar?
¿Acaso se besaron tanto tiempo? Sin embargo, apenas parecía haber
pasado nada. Joel realmente lo pensó de esa manera. Para él, solo habían
pasado unos 30 o 40 minutos, nada más.
Con una mirada sorprendida, Joel volvió la cabeza hacia el príncipe,
quien también parecía igualmente aturdido. Mirándolo con incredulidad,
el príncipe le preguntó a Abe: —¿Ya es tan tarde?
—¿Tarde? De hecho, nos demoramos mucho debido al difícil camino
del bosque. Son las 2 de la tarde ahora. De todos modos, baje con calma.
Nosotros prepararemos el almuerzo —respondió Abe.
—De acuerdo, lo entiendo —respondió el príncipe a Abe, luego se
volvió hacia Joel y dijo: —Vamos a bajar—. Sin embargo, su expresión
seria aún persistía, y Joel notó que estaba atrapado en un sentimiento de
culpa.
Tomando su brazo, Joel le dijo: —Hey, no te preocupes tanto.
A pesar de sus palabras tranquilizadoras, la expresión seria del
príncipe apenas se desvaneció. Después de pensarlo un poco más, Joel
besó la mejilla del príncipe.
Finalmente, el príncipe sonrió débilmente, indicando que Joel había
logrado calmarlo. Joel bajó del carruaje con el príncipe y se acercó a
Benjamín después de dejar al príncipe.
—Oye, Ben.
—¿Sí? ¿Qué pasa, qué sucede?
La cara de Benjamín se puso pálida al escuchar la llamada de Joel. Y
no es de extrañar, ya que nunca antes había tenido buenas experiencias
después de ser llamado por Joel.
La primera vez que Joel lo llamó, casi sintió un desmayo, y la segunda
vez estuvo a punto de perder el carruaje que había traído sin previo aviso.
Esta vez, Ben estaba temblando de miedo ante qué extraña petición
podría hacerle Joel.
—¿Me puedes dar un momento? Tengo algo que decirte —murmuró
Joel mientras ponía su mano en el oído de Benjamín. A pesar de querer
huir, Ben se vio obligado a asentir con la cabeza, no queriendo desafiar
los sentimientos de Joel.
Capítulo 28
Benjamín fue arrastrado detrás de un árbol solitario por la mano de
Joel. Temiendo qué otro pedido extravagante haría Joel, estaba muy
nervioso y esperaba que Joel abriera la boca.
—Lo siento.
Afortunadamente, las palabras que Joel dijo no fueron una petición
extraña, y Benjamín pudo relajarse un poco.
Sin embargo, el hecho de que Joel se disculpara también era
igualmente inquietante. Durante todo este tiempo, Joel había hecho cosas
como poner somníferos en su té o romper las ruedas del carruaje para
quitarle el puesto de pareja del príncipe heredero, pero nunca se había
disculpado ni una sola vez.
Benjamín todavía estaba inquieto y preguntó.
—Joel, ¿por qué estás tan arrepentido de repente?
—Es solo... todo —respondió vagamente Joel.
Benjamín se asustó con la ambigua respuesta de Joel, casi llegando a
preguntar abiertamente —¿Has puesto algo en mi comida?—, pero logró
contenerse justo a tiempo. Manteniendo su actitud noble, Benjamín
solicitó una explicación más clara a Joel.
—Lo siento, ¿podrías ser más directo al hablar? Me pongo nervioso.
—Por haberte molestado tanto en el pasado. Por eso lo siento.
Joel decidió pasar un mes como la pareja del príncipe heredero para no
entorpecer más el camino de Benjamín y, en lugar de revelarlo todo, optó
por disculparse de esa manera. Aunque originalmente pretendía ser
directo, frente a Benjamín no lograba expresarse con claridad.
Dudaba si era correcto ser honesto con Benjamín. Según Joel, el lugar
al lado del príncipe heredero originalmente pertenecía a Benjamín.
Recordando cómo no intervino en la fiesta de graduación resultando en
que el lugar de la pareja del príncipe heredero volviera —como si fuera
natural— a Benjamín, era evidente.
Considerando la voluntad del emperador, a menos que surgiera un
omega dominante de una familia noble extranjera o al menos equivalente
a Benjamín, la posición del príncipe consorte estaba prácticamente
asegurado para Benjamín. Joel sabía que Benjamín también lo sabía, así
que estaba seguro de que Benjamín consideraba la posición como suya.
Es comprensible que Benjamín no se sintiera feliz al enterarse de que
él y el príncipe heredero iban a encontrarse. Aunque se hubiera
establecido un mes como límite, un día o un mes, una traición seguía
siendo una traición.
En el mundo, no hay persona cuerda que tolere que su amante ande
traicionándolo.
Así que, dado que él y el príncipe heredero se reunirían solo por un
momento, no había necesidad de molestar a Benjamín y arruinar su
estado de ánimo. Joel, después de pensarlo un momento, decidió
simplemente mantener la boca cerrada.
En realidad, desde que nos pusimos en camino para el viaje, había
estado prácticamente pegado al príncipe heredero todo el tiempo, y hace
unos minutos incluso le había impregnado mi feromona, pero aun así,
Joel pensaba que si no admitía su relación con el príncipe heredero, nadie
se daría cuenta. Realmente era una idea estúpida, típica de él.
—Ah, eso. Está bien, no te preocupes. ¿Por qué actúas tan fuera de
lugar?
Mientras tanto, Benjamín se rió sin preocupaciones al escuchar las
palabras de Joel. Al ver su rostro tan inocente, Joel sintió realmente pena
esta vez. Porque era cierto que había atormentado a Benjamín
innumerables veces.
De hecho, Joel no había sido seleccionado como pareja del príncipe
heredero en todas las fiestas anteriores. En algunas ocasiones, Benjamín
había sido elegido como pareja del príncipe heredero.
Sin embargo, Joel hizo todo lo posible para sabotear a Benjamín y
evitar que asistiera a esas fiestas. Por ejemplo, arruinaba su traje de gala,
le echaba secretamente somníferos en su té, o saboteaba las ruedas del
carruaje en el que iba a llegar...
Gracias a eso, aunque al principio Benjamín había sido seleccionado
como pareja del príncipe heredero, al final el puesto terminaba con Joel.
Aun así, en esta historia el protagonista era finalmente Benjamín, y él
mismo, Joel, no era más que un obstáculo que impedía el éxito del
protagonista. Ahora el príncipe estaba diciendo tonterías debido a que le
había golpeado la cabeza con una piedra y por eso no le interesaba
Benjamín, pero en cuanto él se fuera, el príncipe volvería a interesarse en
Benjamín.
Joel creía firmemente que si él desaparecía, todo volvería a su lugar.
Joel, frente a su amigo que sonreía ingenuamente sin saber nada, se
disculpó una vez más en su interior.
Ben, lo siento mucho. Solo seré un poco más codicioso con el príncipe
heredero durante un mes más. Pero después de eso me iré lejos, así que
no me odies demasiado.
—Aun así, Ben. Al final, la posición de consorte será tuyo.
—¿Eh?
Con un corazón arrepentido, había hecho un gran esfuerzo por decir
algo amable, pero al escuchar sus palabras, Benjamín instantáneamente
se puso rígido con una expresión incómoda.
Joel se sintió extraño por dentro. Para Benjamín, quien había sido
mencionado como el futuro esposo del príncipe desde los siete años, el
mayor problema era el propio Joel. Habiendo saboteado sus planes en
todo momento, era de esperar que al decirle —La posición de consorte
será tuyo —, él se alegrara... Sin embargo, Benjamín no parecía feliz en
absoluto.
¿Por qué no se alegra?
Justo cuando esa duda se estaba transformando en una sospechosa
conjetura, alguien se acercó gritando: —¡Joven maestro!
Era Félix, el caballero protector de Benjamín. En sus manos llevaba un
manto que parecía ser de Benjamín. Robert, que seguía a Félix, también
se acercó a Joel y dijo: —¡Señor Joel! Lo hemos estado buscando por
todas partes. Debería ir a cenar.
Joel observó cómo Félix envolvía a Benjamín en su manto.
—Joven maestro, ¿cómo puede estar en un lugar tan peligroso?
El —peligro— al que Félix se refería era Joel. Ante la descortesía de
Félix, Benjamín lo llamó por su nombre con un tono severo, con la
intención de reprenderlo.
—Félix.
Ante la reprimenda de Benjamín, Félix dejó de provocar a Joel, pero
eso no significaba que se disculpara con él.
Félix, encargado de la protección de Benjamín, siempre había
desconfiado de Joel y no veía con buenos ojos que Benjamín se
relacionara con él.
De hecho, habiendo visto de cerca cómo Benjamín había sufrido todo
tipo de humillaciones por culpa de Joel durante su tiempo en la academia
imperial, era comprensible que Félix actuara así. Consciente de eso, Joel
solía tolerar la descortesía de Félix, al menos en la mayoría de las
ocasiones.
—Señor, todavía hace frío. Abríguense bien.
—Oh, gracias...
Benjamín superpuso su mano sobre la de Félix, quien estaba
abrochando su manto. Sus manos se tocaron brevemente y luego se
separaron, pero Joel sintió una punzada de incomodidad en ese instante.
No podía explicarlo exactamente, pero en ese instante, la relación entre
ellos... parecía demasiado cercana.
Sin darse cuenta, Joel llamó a Benjamín.
—Ben.
—¿Sí?
Mientras se alejaba con Félix, Benjamín se giró para mirar a Joel con
una expresión extraña.
Al ver su rostro despreocupado, Joel luchó internamente. ¿Debería
preguntarle a Benjamín sobre su relación con Félix?
Pero eso parecía ser una reacción exagerada. Que Benjamín estuviera
teniendo una relación con su propio guardaespaldas, era algo impensable.
Solo el hecho de tener esa sospecha sería una enorme humillación para
Benjamín. Joel no pudo continuar hablando y solo movió los labios.
Benjamín lo miró extrañado.
—Joel, ¿qué pasa?
—Ah, no es nada.
Joel negó con la cabeza, asustado por su propia reacción. Pensándolo
bien, se dio cuenta de lo absurdo que había sido su malentendido. No los
había visto abrazados ni nada por el estilo, solo se habían tocado las
manos. Qué ridículo haber tenido esas sospechas.
Se dice que Félix, siete años mayor que Benjamín, lo ha acompañado
desde su nacimiento. Con tanto tiempo juntos, era natural que su vínculo
fuera tan estrecho como el de hermanos.
Joel, apresurado, sacudió las dudas y estiró la mano para despedir a
Benjamín, quien se levantaba. Mientras intentaba marcharse acompañado
por Robert, este último lo detuvo agarrando su brazo.
—Espera un momento, Joel. Necesito hablar contigo.
—¿Sí?
—Durante todo este tiempo no he tenido la oportunidad de preguntarte
sobre eso.
Robert miró nervioso alrededor antes de susurrar la pregunta.
—¿Por qué el príncipe intentaba confirmar tu embarazo?
—¿Qué?
—¿Acaso... ese bebé es del príncipe?
La repentina revelación dejó a Joel desconcertado. Recordó la mirada
de Robert en la sala de audiencias, llena de intenciones de hablar más
tarde. Parecía que este era el momento.
—Por favor, dime la verdad. La falsa afirmación a la corte real es
pasible de pena de muerte. ¿Entiendes que podríamos terminar en la
horca si algo sale mal?
—Lo sé.
Aunque Joel no era el más listo, sabía esa verdad. De hecho, lo sabía
mejor que nadie. Porque en su vida anterior, cometió ese error.
El emperador había planeado cortar la cabeza a Joel, quien se había
atrevido a orquestar una farsa con un miembro de la familia imperial, y
colgarla de la muralla durante un mes. No importaba cuán poderosa fuera
la familia Lucas, que respaldaba a Joel, no podría evitar un castigo tan
humillante.
El imperio estaba bajo un régimen de monarquía absoluta, y el poder
de la familia imperial era inmenso.
Capítulo 29
—Sí, es el hijo del príncipe heredero.
Joel lo aceptó sin reservas. Aunque podría fingir que se trataba del hijo
de otra persona, la mentira nunca encajó bien con su naturaleza.
Y Robert era muy astuto. Si negaba rotundamente, y Robert,
sospechando, corría a contarle al príncipe heredero que estaba
embarazado, las cosas se complicarían. Así que en lugar de engañar a
Robert, era mejor ser honesto con él y pedirle ayuda.
Robert se puso pálido al escuchar la respuesta de Joel.
—¿Qué? ¿Pero por qué dijiste que no estabas embarazado? ¿Estás
loco?
—Robert, piensa en ello. ¿El emperador querría que un tonto como yo
fuera el príncipe consorte? Más bien me mataría, o haría que abortara.
—Ay, no, aunque sea así, teniendo a su propio nieto en tu vientre,
¿cómo podría...?
Joel simplemente miró a Robert, quien seguía diciendo esas cosas tan
ingenuas.
Él también había creído eso alguna vez. Que todo estaría bien con solo
casarse con el príncipe heredero, que el emperador, quien no lo veía con
buenos ojos, lo aceptaría como parte de la familia una vez que tuviera un
hijo.
Fue en su vida anterior, cuando Joel mintió sobre estar embarazado y
se quedó en el palacio del príncipe heredero. En ese entonces, el príncipe
heredero no permitía que Joel saliera ni un paso del palacio.
A pesar de no explicar el motivo, Joel ingenuamente creía ser
apreciado y consentido. No obstante, pronto descubrió por qué el
príncipe heredero lo protegía tanto.
Unos siete días después de permanecer en el palacio del príncipe
heredero, Joel fue llamado por el emperador para tomar el té juntos. Era
la primera vez que el emperador le mostraba un destello de consideración
desde que se enteró de su embarazo.
Decidido a abrirle el corazón al emperador en esta ocasión, Joel corrió
hacia él con determinación.
Y así, sentado frente al emperador, a punto de tomar una taza de té
servida por un sirviente real, ocurrió.
—¡¿Qué estás haciendo?!
El príncipe heredero irrumpió de repente, gritando, y se abalanzó hacia
la sala de audiencias. Derribó la taza de té de las manos de Joel.
En un instante de desconcierto, Joel observaba con incredulidad la taza
rota contra la pared.
—Por favor, Su Majestad... ¿Qué diablos...?
Solo Joel se sorprendió en ese lugar. El emperador, con una sonrisa
repentina, miraba al príncipe heredero con frialdad.
El príncipe levantó con cuidado a Joel, que estaba avergonzado y no
sabía qué hacer, y lo escondió detrás de él.
—El hijo en el vientre de Joel también es mi hijo. Padre, por favor,
recuerda eso.
Al escuchar las palabras del príncipe heredero, Joel finalmente se dio
cuenta de los planes del emperador.
Quiere decir que no puede aceptar a alguien como yo como pareja
para su hijo. En realidad, si yo fuera el emperador, probablemente
habría hecho lo mismo, así que no tengo nada de qué quejarme...
Una amarga sonrisa se dibujó en los labios de Joel mientras recordaba
los momentos de su vida pasada. Gracias a que el príncipe heredero le
había asignado guardaespaldas, había podido mantenerse a salvo, pero
incluso así, había estado a punto de morir o de perder al bebé en varias
ocasiones.
Pensándolo bien ahora, parecía que la razón por la que el príncipe
heredero —a pesar de detestarlo tanto— le había permitido quedarse en
el palacio era para proteger al bebé que llevaba en su vientre.
A fin de cuentas, la razón por la que el emperador había sido tan cruel
se debía en gran medida a su propia conducta, así que no tenía a quién
culpar. De todos modos, el emperador siempre había sido frío y
calculador, y en esta vida no sería diferente.
Joel quería proteger a este pobre bebé a toda costa.
Sin embargo, Robert también era muy firme en su decisión. Aunque
quería ayudar a Joel en lo posible, esta situación era demasiado
arriesgada y podía costarle la vida, así que no podía evitar sentirse
reticente.
Y siendo honesto, la afirmación de Joel de que el emperador lo mataría
por estar embarazado parecía casi una fantasía, al menos desde un punto
de vista lógico.
Robert apartó la mirada de Joel, quien lo miraba con súplica, y habló:
—Lo siento, Joel. Pero creo que debo decirle la verdad al príncipe
heredero. Sé que es injusto para ti, ya que tu padre pagó mi educación y
tú me ayudaste a convertirme en médico de la corte, pero... ¡maldita sea,
no quiero morir!
—Robby.
Aunque lo llamara suplicando, Robert seguía mirando hacia otro lado.
Joel se sentía desesperado. Si él no lo ayudaba, su plan de escape nunca
tendría éxito.
—… Hermano.
Al escuchar que Joel finalmente lo llamaba —Hermano—, Robert,
quien tenía el rostro endurecido, mostró una expresión de incredulidad.
—¿Eh? ¿Después de tratarme como a un sirviente, ahora me llamas
Hermano?
Robert se quedó perplejo
—¡Vaya, antes incluso decía que se arrancaría la lengua antes de
llamarme así! —Robert murmuró para sí mismo, sin poder creerlo.
Aunque la descarada actitud de Joel lo dejaba sin palabras, Robert no
pudo evitar sentir algo de debilidad al escucharlo llamarlo hermano.
Habían crecido juntos en la mansión de los Bennet desde pequeños, casi
como hermanos de sangre.
Joel ya era adulto y había sido adoptado por una poderosa familia,
adquiriendo un estatus social mucho más elevado. Sin embargo, a los
ojos de Robert, quien había cuidado de Joel desde su infancia, seguía
siendo ese niño con la nariz mocosa.
Para aclarar, Robert era tres años mayor que Joel.
—Estoy volviéndome loco.
—Hermano, por favor, te lo ruego. De verdad no estoy mintiendo. No
es solo una tontería sin fundamento. Si el emperador se entera de que
estoy embarazado, definitivamente intentará matarme.
—Ah... Joel, de acuerdo, supongamos que logras que el Príncipe
Heredero no se entere de tu embarazo. Pero ¿qué pasa luego? ¿Cuál es tu
plan?
—Tengo todo planeado.
Robert miró a Joel con ojos desconfiados. El día que se realizó el
examen en el palacio, Joel había dicho que no tenía intención de abortar
al bebé.
Si no le contaba al príncipe heredero y tampoco iba a abortar, ¿acaso
planeaba escapar solo? ¿Con esa cabeza tan tonta?
—Me escaparé. Cuando termine la inspección me iré. No dañaré tu
reputación y tampoco te meteré en problemas, te lo prometo.
—¡Joel!
—Ya encontré un lugar donde esconderme. No puedo darte muchos
detalles, pero el señor de ese lugar me prometió un trabajo como tutor.
Así que todo se resolverá si solo me escapo.
Robert seguía pensando que Joel estaba tramando algo absurdo, pero
cuando él, con voz entrecortada, le dijo: —Hermano, ya no quiero seguir
siendo menospreciado en la capital. Tú sabes muy bien cómo ha sido mi
vida aquí... —sintió una punzada de incomodidad.
Aunque no conocía todos los sufrimientos que Joel había
experimentado, como médico en el palacio, Robert había escuchado
algunos rumores sobre él en los círculos sociales.
Los nobles de la capital veían a Joel como alguien a quien podían
insultar sin problemas. No era exagerado decir que cualquier noble de la
capital consideraba a Joel promiscuo, arrogante y un tonto más tonto que
un niño de cinco años.
Cada uno de los movimientos de Joel se convertía en objeto de
chismes y burlas, y había sido el blanco de las burlas casi a diario
durante los últimos tres años.
No sería fácil para nadie vivir una vida tan despreciada. Tal vez Joel
hubiera querido irse desde hace mucho tiempo, pero el embarazo, en un
momento tan inoportuno, la había atado.
Aunque seguía siendo difícil de creer que el emperador quisiera
matarlo, como decía Joel, Robert podía entender que él no quisiera seguir
siendo ridiculizado en la capital.
—Uf... Está bien, lo entiendo. Pero te advierto que esta es la única vez.
No puedo ayudarte otra vez. Si el príncipe heredero me interroga una vez
más, diré toda la verdad. Así que ten cuidado a partir de ahora.
—Gracias.
Cuando Robert accedió a regañadientes, Joel lo abrazó con alegría.
Sinceramente, la amenaza de delatar todo si lo interrogaban una vez más
era un poco mezquina, pero aun así, se sentía algo aliviado.
—Robert, entonces, ¿vamos a comer?
—No hace falta. Como creo que no puedes comer tranquilamente
estando al lado del príncipe heredero, me ofrecí a llevarte la comida y
traje una canasta con provisiones.
Robert respondió mientras levantaba la canasta.
Robert eligió una roca adecuada para usar como mesa y comenzó a
sacar el contenido de la canasta. Sándwiches de carne de res en conserva,
un gran muslo de pavo ahumado y otro de pollo marinado, delicioso
jamón con sirope, varios tipos de pan blanco bien tostado, ciruelas
frescas y un pastel de calabaza dulce...
Joel abrió los ojos con asombro.
—No traje platos de patata a propósito, parecía que no te gustaban
mucho.
—Gracias. Pero, ¿por qué trajiste tantas cosas? Si me como todo esto,
¿qué va a comer el príncipe?
—Son obsequios del príncipe, y he tomado la mitad. No te preocupes
por la escasez de comida. El conde Spencer preparó muchísimo. Dijo
que, como tenemos cuatro caballeros, debemos comer bien.
Por supuesto, lo mejor y más apetitoso fue a parar a las manos de Joel.
El príncipe heredero, quien pensaba que Joel comía muy poco como
cualquier otro noble, esperaba que él al menos probara un bocado de pan
y personalmente seleccionó de las provisiones del conde los alimentos
que pensó que podrían gustarle a Joel, poniéndolos en una canasta para
que Robert se la llevara.
Capítulo 30
Al ver la comida tan ricamente preparada, Joel sintió un repentino
hambre. Se dio cuenta de que había salido tan deprisa que ni siquiera
había desayunado bien.
Joel se sentó y comenzó a atiborrarse de comida sin parar.
Fue solo después de un rato de comer frenéticamente que se dio cuenta
de que Robert lo estaba sirviendo.
Había sido Robert quien había cortado el gran jamón en trozos más
pequeños y lo había puesto entre pan, también fue quien había
deshuesado la pierna de pavo ahumado y quien le había ofrecido jugo
frío en el momento adecuado. Mientras Joel devoraba casi la mitad de
toda esa comida, Robert parecía no haber comido casi nada mientras lo
atendía.
—¿Tú no vas a comer? —preguntó Joel con timidez, a lo que Robert
respondió riendo de forma burlona.
—¿Acaso parezco alguien que le quitaría la comida a un embarazado?
A pesar de mi apariencia, soy médico. Ya no comes solo para ti, así que
cuida bien de tu salud.
Joel sintió cómo la vergüenza lo invadía tardíamente. No era como si
llevara días sin comer, y no entendía por qué perdía los modales cada vez
que veía comida.
En su vida pasada, a pesar de pasar hambre, nunca había hecho el
ridículo de esta manera. Pero desde que regresó, de repente, cada vez que
veía comida, se le nublaba la vista. Joel se sentía tan avergonzado de sí
mismo que incluso sintió que se le iban a salir las lágrimas.
—No sé por qué me cuesta tanto controlar mi apetito.
—Probablemente sean nauseas. Después de dos meses, es normal que
comiences a tener problemas con tu apetito.
—¿Nauseas? ¿Eso no es solo sentir asco al ver comida?
—Los síntomas varían según el cuerpo de cada persona. Algunas
personas, como tú dices, sienten náuseas y no pueden comer bien, pero
otras pueden tener antojos incontrolables al ver comida. Incluso pueden
anhelar ciertos alimentos en particular.
Al escuchar la calmada explicación de Robert, Joel sintió cómo las
lágrimas que se le acumulaban se retraían.
Pensó que era porque llevaba mucho tiempo sin comer, pero al saber
que era algo normal debido al bebé, se sintió aliviado. Justo cuando Joel
iba a tomar el sándwich con tranquilidad, Robert de repente se lo quitó.
—Ya deja de comer y levántate.
—¿Por qué? ¡Todavía puedo comer más!
—Ya has comido más que suficiente para tres personas. Tenemos que
viajar bastante en el carruaje, ¿qué haremos si te enfermas en el camino?
Aunque puedas disfrutar de muchas delicias, detente por ahora y deja de
comer.
Robert habló con firmeza mientras retiraba incluso los utensilios de
plata colocados delante de Joel. A pesar de querer comenzar con
compostura, al ver a Joel triste a su lado, le devolvió a regañadientes el
tenedor diciendo, —... entonces, come solo un trozo más de jamón. Solo
un trozo más.
***
Tras finalizar el almuerzo, el séquito del príncipe heredero se dirigía
rápidamente hacia la finca de Sir Bennet. Dentro del carruaje recién
iniciado, el príncipe heredero hizo que Joel se reclinara contra el respaldo
y comenzó a masajearle los pies.
Joel, que al principio se resistía y retiraba el pie, pronto se quedó a
medio camino entre la vigilia y el sueño al sentir cómo el príncipe le
presionaba los puntos de acupuntura con insistencia.
—Me siento bien, ¿por qué sigue haciendo esto...? —murmuró Joel
con voz somnolienta y un tono de fastidio. Sin embargo, su expresión no
reflejaba del todo desagrado al recibir el masaje.
El príncipe heredero simplemente sonrió. Aunque no quería incomodar
a Joel, había sido Robert quien le había advertido que Joel había comido
un poco más de la cuenta y que debía tener cuidado para que no le
sentara pesado.
Masajearle las manos y los pies también había sido una sugerencia de
Robert.
El príncipe heredero estaba satisfecho de que la elección cuidadosa de
sus comidas hubiera complacido el paladar de Joel, que parecía
pertenecer a la categoría de los más exigentes.
Aunque le gustaba la comida grasosa y picante, la cantidad que comía
Joel era anormalmente pequeña. En los banquetes, con dos o tres
bocados de carne ya se consideraba que había comido mucho.
Había rechazado la carne de paloma el primer día, así que estaba
preocupado de que la comida no le gustara, por lo que fue una suerte que
hubiera comido tan bien.
Mientras masajeaba los pies de Joel, el príncipe heredero se dio cuenta
de lo delgado que estaba Joel. Los huesos de su empeine sobresalían
tanto que era difícil apretar con fuerza.
Temía que si apretaba demasiado, podría romperle el pie.
El príncipe heredero pensó que tendría que prestar más atención a
alimentar a Joel en el futuro, y masajeó con entusiasmo sus manos y pies
tan delgados. Su masaje continuó incluso después de que Joel se quedara
dormido.
***
Mientras el séquito del príncipe heredero cruzaba el bosque, en el
estudio de la mansión del señor Bennet se estaba llevando a cabo una
conversación secreta.
—Puedes retirarte y haz que traigan a Tom.
—Sí, señor maestro John.
Una vez que el espía, que había terminado de informar sobre los
movimientos del príncipe heredero, se retiró cortésmente, el hombre de
mediana edad al que llamaban maestro John esbozó una sonrisa
significativa. Ocupaba el escritorio de trabajo como si fuera el dueño del
estudio.
El humilde estudio, que una vez perteneció al señor Bennet, en
realidad no era para nada acorde con su gusto exquisito. En realidad, él
solía disfrutar de una vida más lujosa. Sin embargo, por ahora,
contentarse con lo que tenía era suficiente. Sabía que pronto podría
disfrutar de los lujos y placeres que antes disfrutaba bajo tierra, también
en la superficie.
Poco después de que el espía se fuera, un hombre pequeño y débil
entró en el estudio y se paró frente al maestro John con una postura
respetuosa. El maestro John lo miró con una sonrisa amable.
—Tom, ¿qué está haciendo el señor Bennet?
—Mi señor, no, quiero decir, el señor Bennet está agradecido por la
gracia del maestro y está trabajando diligentemente con los habitantes de
la finca para preparar el festival. La preparación del festival que ordenó
está casi terminada, así que no tiene que preocuparse, maestro.
Aunque había pasado mucho tiempo desde que el señor Bennet había
renunciado a su posición de señor y se había convertido en un fiel
subordinado del maestro John, Tom, por costumbre, lo llamó señor y
miró con temor a John para ver su reacción.
Había experimentado una vez el poder trascendental del maestro John
y no podía evitar sentir un profundo respeto hacia él.
Afortunadamente para Tom, el maestro John no parecía molesto.
—Sí. No podemos descuidar el trato al príncipe heredero, ya que él
mismo vendrá en persona.
El maestro John asintió con satisfacción al escuchar la respuesta de
Tom. Se acarició la barba gris y pareció pensar en algo, luego hizo un
gesto con la mano para que Tom se acercara.
Tom se acercó a él con una expresión de miedo evidente en su rostro.
—Oye, Tom. ¿Recuerdas que curé tu pierna?
El maestro John preguntó en voz baja y con un tono confidencial.
—Por supuesto. ¿Cómo podría olvidar la gracia del maestro?
Tom se inclinó profundamente, mostrando sumisión. Un destello de
desprecio cruzó brevemente por el rostro del maestro John, pero Tom,
con la cabeza gacha, no lo notó.
—Entonces, como te dije antes, tendrás que ir a recibir a los invitados.
—¿Sí? Pero maestro…
Tom dudó en responder, con una expresión en su rostro que parecía
preguntar si era realmente necesario hacer eso. Ante eso, el maestro John
frunció el ceño fríamente.
—¿Vas a desafiarme ahora? Si es así, parece que tus lágrimas de
alegría y gratitud, prometiendo lealtad inquebrantable en el futuro, eran
solo mentiras. Si deseas regresar a ser un simple sirviente, haz lo que
quieras.
—Oh, no, no. Haré como me ha dicho.
—Hmm. Entonces, sal pronto para recibir al príncipe.
—Sí...
Tom retrocedió vacilante, y un silencio pesado descendió en la
habitación. El reverendo John, absorto en sus pensamientos, miró el reloj
de arena en una esquina de su escritorio.
Hace seis meses, había llenado el reloj de arena con alegría, y ahora el
oro remanente era escaso. ¿Solo quedaba una cucharadita de arena en la
parte superior? El reverendo murmuró para sí mismo con tono alegre.
—Un mes, solo un mes...
Según los informantes, el príncipe había fijado la inspección para un
mes. Una sonrisa irónica se dibujó en los labios del reverendo John al
recordar el informe.
La arrogancia del príncipe al confiar en que seguiría existiendo incluso
un mes después en este mundo tan incierto, provocó burla en el
reverendo.
¿Sabrá el príncipe Carlyle que no me queda mucho tiempo?
Habiendo cumplido su promesa, ahora era su turno. El reverendo
ansiaba ese momento en el que el tiempo del reloj de arena se agotara, y
el príncipe tendría que pagar el precio.
El reverendo ansiaba ese momento intensamente.
Sentado en su silla, el reverendo John cerró los ojos con fuerza,
comenzando a imaginar el día en que recibiría su recompensa. Revisar la
fantasía que había repetido miles de veces en los últimos seis meses no le
producía ninguna fatiga.
Tan emocionado que le resultaba difícil esperar hasta que todo el
tiempo del reloj de arena se agotara.
Capítulo 31
El séquito del príncipe heredero continuó atravesando el vasto bosque
de Shafrief. A medida que se adentraban más en el bosque, el camino se
volvía cada vez más difícil y lo único que se veía a su alrededor eran
altas coníferas.
Se guiaron únicamente por la brújula para abrirse camino a través del
profundo y peligroso bosque.
Al caer la noche, el caballero líder, Abe, decidió que sería peligroso
continuar avanzando por el accidentado camino del bosque y detuvo el
carruaje. Mientras cruzaban el territorio del barón Spencer, al menos
habían podido viajar durante la noche gracias a los caminos que el barón
había construido, pero ahora que el bosque se había vuelto más denso,
viajar de noche sin la luz del sol podría resultar en un accidente.
Según el mapa, tendrían que viajar dos días más para llegar a un
alojamiento para viajeros. Hasta entonces, no tendrían más remedio que
acampar.
El caballero comandante Abe informó brevemente al príncipe heredero
de la situación y, buscando una —afirmación— adecuada, comenzó a
instalar las tiendas de campaña que habían traído para acampar junto con
los caballeros.
En un abrir y cerrar de ojos, se levantaron tres tiendas de campaña en
el claro del bosque. Joel, pensando que naturalmente pasaría la noche
con Benjamín, entró en la primera tienda, pero para su sorpresa, quien
entró en la tienda donde estaba descansando fue el príncipe heredero.
—¿Qué, qué está pasando? ¿Por qué entra aquí?
Cuando Joel se sobresaltó y saltó, el príncipe heredero le devolvió la
pregunta con una mirada de asombro.
—¿No deberíamos dormir juntos, ya que estamos oficialmente
saliendo?
Las palabras del príncipe heredero no eran convincentes en absoluto.
En primer lugar, Joel estaba saliendo con él —en secreto—, no —
oficialmente—, y en segundo lugar, dormir juntos era algo que
normalmente hacían los esposos.
Pensando que Benjamín estaría descansando en la tienda de al lado,
Joel, preocupado de que Benjamín descubriera su relación con el
príncipe heredero, empujó el hombro del príncipe heredero para que se
fuera rápidamente.
—No estamos saliendo oficialmente. Acordamos conocernos durante
un mes, a modo de prueba. ¿Qué pasa si otras personas se dan cuenta de
nuestra relación?
—A quién le importa.
—Quizás a Su Alteza no le importe, pero ¿y mi reputación? Salga. Si
Su Alteza no sale, me iré a dormir al carruaje.
La negativa de Joel fue más obstinada de lo que el príncipe heredero
había anticipado. Sin embargo, el príncipe heredero ya se había
preparado para esta reacción de Joel. —Entonces hagamos esto —
susurró, y luego, en voz alta, exclamó—, Joel, dormiré en el carruaje. —
Y dio varios pasos en el mismo lugar.
—¿Qué está haciendo...?
—Así todos pensarán que me voy a dormir al carruaje.
Joel miró al príncipe heredero con una expresión de estupor, mientras
este sonreía con satisfacción.
—Como si eso fuera a funcionar...
Joel, pensando que era absurdo, iba a protestar, pero cuando el
príncipe heredero le devolvió una sonrisa lánguida, cerró la boca sin
darse cuenta.
Era una sonrisa tan hermosa que le quitaba el aliento. Joel miró al
príncipe heredero con la boca abierta.
Era muy débil ante el hermoso rostro del príncipe heredero, y
especialmente cuando el príncipe heredero actuaba de manera tan dulce,
como si estuviera disolviendo azúcar, no tenía ninguna voluntad de
resistirse.
Joel había visto innumerables veces una expresión fría con un sutil
desprecio por parte del príncipe heredero durante los últimos tres años.
¡Cuánto había anhelado ver una vez su rostro sonriendo!
Aunque el príncipe heredero había estado mostrando una actitud
favorable hacia Joel en los últimos días, Joel aún encontraba muy extraño
ver al príncipe heredero sonriendo hacia él.
El astuto príncipe heredero no perdió la oportunidad de notar la
distracción de Joel. Murmuró: —Debe ser por el largo viaje en carruaje,
hoy estoy especialmente cansado—, y rápidamente desabrochó unos tres
botones de su camisa.
Cuando su sensual pecho quedó expuesto a través de la camisa, la
mirada de Joel, que había estado fija en el hermoso rostro del príncipe
heredero, también se deslizó hacia abajo, como atraído por un imán.
—Wow... —se detuvo Joel, perdiendo la oportunidad de cuestionar lo
que veía mientras miraba fijamente el atlético pecho.
El príncipe se acercó a Joel y rodeó su cintura con naturalidad. Sus
labios rojos se acercaron en un instante.
Un ligero roce como una pluma descendió a sus labios, y Joel se dio
cuenta un poco tarde de que él también estaba recibiendo un beso.
Al tensarse de nervios, la mano que acariciaba su espalda empezó a
apretar suavemente su hombro. Lentamente, la gran mano rígida empezó
a relajar los hombros tensos.
Suavizando los músculos tensos con dulzura, el príncipe prometió en
un susurro tranquilizador: —No haré más que besarte. Así que relájate,
no hay necesidad de estar tan nervioso.
Joel vaciló un momento antes de relajarse.
Entonces, sin detener los labios, una lengua cálida se abrió paso en su
boca.
Bailando con el príncipe en un beso profundo, Joel luchaba
interiormente. En su mente sabía que debía apartar al príncipe. Sin
embargo, el problema residía en lo mucho que le gustaba. En los últimos
3 años, Joel solo había tenido ojos para el príncipe. Había rezado
incontables veces para que ese improbable amor se hiciera realidad como
un milagro.
Probablemente, si hubiera existido el diablo, habría vendido mi alma
con tal de obtener el corazón del príncipe heredero. Yo, que era tan ciego
y obstinado, no podía rechazar el beso del príncipe heredero ahora.
Cuando la mirada de Joel, perdido en la confusión, vagaba de un lado
a otro, el príncipe heredero extendió su mano y cerró suavemente los
ojos de Joel.
Al bloquearse su visión, su sentido del tacto se volvió más agudo. Joel
podía escuchar los latidos de su corazón, que parecían a punto de estallar.
La sensación de sus labios tocándose era tan emocionante que sentía
que se quedaba sin aliento. ¿Por qué era tan hábil? Casi quería llorar.
Cuando Joel recuperó la conciencia, ya estaba acostado en la cama, en
los brazos del príncipe heredero. Para entonces, sus propios brazos ya
estaban envueltos firmemente alrededor de la cintura del príncipe
heredero, y su cabeza estaba hundida en el pecho del este.
Joel simplemente estaba feliz. Se sentía increíblemente bien gracias a
las feromonas cautivadoras del príncipe heredero. A pesar de la
incómoda cama, que era solo unas cuantas capas de gruesa tela de cuero,
se sentía como si estuviera flotando en una nube suave, solo por estar en
los brazos del príncipe heredero.
Lo que antes había sido una sensación de —siento que esto no está
bien— se había convertido en un —bueno, supongo que está bien—. Al
embriagarse con las feromonas del príncipe heredero, al pensarlo bien, lo
que el príncipe heredero había dicho sobre que todos pensarían que se
había ido al carruaje parecía tener mucho sentido.
De hecho, no podía pensar en nada más. Simplemente se sentía
infinitamente feliz.
Joel incluso llegó a desear que el tiempo se detuviera para siempre. A
pesar de estar en medio de una misión para rescatar a su padre, que había
sido engañado por una secta.
***
—Ayer Su Alteza el Príncipe durmió en el carruaje, así que hoy
dormiré yo en el carruaje.
Y en la segunda noche del campamento, Joel, frente a los caballeros
que se preparaban para levantar las tiendas de campaña, le habló al
príncipe heredero a propósito.
El problema era que el tono era tan artificial, como si fuera un actor
subiendo al escenario por primera vez. Sin embargo, Joel parecía
bastante satisfecho con su torpe actuación, y desapareció dentro del
carruaje con pasos torpes como un títere roto.
No solo Joel, sino también el príncipe heredero (por alguna razón hoy)
era igual de tonto. Mientras se desarrollaba una comedia de enredos, él
simplemente sonreía tontamente con una expresión boba.
Estaba disfrutando del hecho de que Joel había propuesto compartir
cama primero.
Sin embargo, dado que todos sabían que en los últimos dos días Joel
había compartido cama con el príncipe, entre los miembros restantes del
grupo se creó inevitablemente un ambiente de perplejidad. En
representación de todos ellos, el capitán de la guardia, Abe, formuló una
pregunta al príncipe.
—... ¿Qué está pasando exactamente ahora?
—Joel es muy tímido, ¿no es así? Quiere que empecemos a salir en
secreto por el momento. Me gustaría que todos fingieran no saber nada
sobre nuestra relación por ahora.
Las reacciones de los acompañantes a la sorprendente respuesta del
príncipe heredero fueron variadas.
El capitán de la caballería, Abe, parecía estar conteniendo el impulso
de preguntar si no habían estado demasiado juntos para ser solo eso. Los
miembros de la cuarta unidad de caballería intercambiaron miradas que
decían: —¿Tímido? ¿Ese Joel tan astuto? —Robert y Félix tenían
expresiones que parecían decir: —En serio, esto es demasiado.
Solo Benjamín asintió con la cabeza obedientemente y dijo: —Sí, Su
Alteza.
Mientras tanto, Joel, que había subido al carruaje, estaba esperando
ansiosamente a que se calmara todo.
Este teatro era totalmente idea de Joel. Después de disfrutar
plenamente su tercera noche con el príncipe, eliminó por completo de su
mente la idea de dormir separados.
Ahora, solo pensaba en cómo poder compartir nuevamente la cama
con el príncipe sin que Benjamín se diera cuenta.
—Alteza, ¿qué le parece si hacemos esto? Dado que todos creen que
Su Alteza durmió en el carruaje ayer, hoy simularé estar durmiendo en el
carruaje.
—Eso es una idea brillante. Entonces, cuando el entorno esté
tranquilo, vendré a buscarte y tú simularás estar descansando en el
carruaje.
Joel recordaba la conversación que tuvo con el príncipe en la carroza
durante el día. Aunque al ver la reacción del príncipe parecía que su plan
no era tan malo, no podía estar seguro de si su estratagema había sido
bien recibida. Benjamín, siempre perspicaz, hacía que Joel no pudiera
relajarse en absoluto. Dicho eso, Joel estaba firmemente convencido de
que había ideado un plan brillante.
Capítulo 32
En el asiento del carruaje, Joel, que no podía contenerse, decidió entrar
en la tienda de Benjamín una vez más y afirmar que esta noche dormiría
en el carruaje. Cualquier cosa segura sería mejor. Decidido, Joel abrió
ligeramente la puerta del carruaje y asomó la cabeza hacia afuera.
En ese momento, una densa oscuridad había caído sobre el
campamento. Las tres tiendas también estaban en silencio.
Uno de los miembros de la cuarta unidad de caballería estaba de
guardia, pero no era necesario preocuparse por ellos, ya que el príncipe
heredero había encargado a la caballería que mantuviera la boca cerrada.
Solo era necesario que Benjamín y su guardia personal no supieran que
él se acostaría con el príncipe heredero.
Joel se bajó del carruaje y se acercó silenciosamente a la tienda donde
se alojaba Benjamín.
—Ben? ¿Estás despierto?
Al abrir la tienda, Joel se encontró con una vista impactante y
sorprendente.
—Joel, ¿cómo... de repente estás aquí?
Benjamín empujó a Félix, que estaba cubriéndolo, para levantarse
rápidamente. Ambos estaban vestidos, pero la postura de ambos indicaba
claramente que Félix, el guardia, había atacado a Benjamín. Joel sintió
cómo la ira brotaba al ver a ese arrogante Félix atreviéndose a insultar a
Benjamín.
Avanzó hacia Félix con paso furioso y abofeteó con fuerza la mejilla
del guardia indignante.
—Estás loco.
—¡Joel!
Benjamín, temeroso de que la gente se acercara, no levantó la voz,
pero gritó en voz baja.
Félix, que solía responder de manera educada a Joel, permaneció en
silencio y con la mirada baja después de recibir la bofetada. No parecía
darse cuenta de su error. Antes de que Joel pudiera abofetearlo
nuevamente enojado, Benjamín se levantó de golpe y se interpuso entre
ellos.
—Joel, por favor, para.
—Ben, ¿estás bien? ¿Qué te hizo este desgraciado? Debería informar
inmediatamente al duque Melphis...
—No es así. —Benjamín negó firmemente las palabras de Joel de
inmediato. Mirando a un desconcertado Joel, Benjamín agregó con un
tono tembloroso, —Lo hice porque quise. Así que, por favor, no lo
insultes.
Joel miró a Benjamín con una expresión perpleja. Aunque sus pupilas
parecían temblorosas, Benjamín no apartó la mirada de Joel en ningún
momento. Ante esa actitud firme, Joel finalmente comprendió el
significado detrás de las palabras de Benjamín y se quedó asombrado.
***
Benjamín nunca olvidó ni por un instante que era el hijo mayor de la
influyente familia noble Melphis. Cargaba con un peso abrumador como
primogénito y quería estar a la altura de las expectativas de su padre.
Desde el momento en que mostró señales de manifestar su destino como
omega, nunca cuestionó el tedioso destino que se le había impuesto.
Aunque llevaba una máscara cortés y cariñosa, Benjamín nunca
consideró desafiar el abrumador peso de la posición de príncipe consorte,
aunque por dentro no se sentía digno de ser amado ni siquiera por un
príncipe. Nunca pensó en desafiar su destino encerrándose a sí mismo
dentro de las barreras predestinadas.
No, en realidad no fue solo por esa razón que no se apartó del camino
correcto. Benjamín honestamente temía el escrutinio de la gente.
Amaba a Félix, pero no se sentía capaz de soportar las burlas sobre su
relación con un caballero de la corte.
Así que, al ser tan débil y desdichado, posiblemente no supiera que
admiraba aún más a Joel, que estaba dispuesto a renunciar sin dudarlo a
cualquier resto de dignidad por amor.
Joel era completamente diferente a Benjamín, el cobarde. A pesar de
que la gente señalaba que estaba por encima de su origen humilde al
aspirar al noble título de príncipe consorte, a Joel no le importaba en lo
más mínimo.
Ya fuera objeto de críticas o burlas, lo único importante para él era el
príncipe. Benjamín, envidia genuinamente las cualidades francas y
valientes de Joel, y de alguna manera comenzó a proyectar su propia
imagen en él.
Por ello, lo apoyaba con sinceridad. Aunque él mismo no pudo ser
honesto frente al amor debido al temor a las miradas a su alrededor,
deseaba que Joel, que había renunciado sin reservas a su dignidad por
amor, recibiera la recompensa que merecía.
Después de todo, nunca guardó en su corazón al príncipe heredero, y...
—Y si yo me convierto en el príncipe consorte, ¿te vas a quedar
encerrado con él en algún castillo rural para el resto de tu vida?
Rechazando de vez en cuando propuestas de matrimonio con la excusa
de que el golpe de haber sido rechazado fue demasiado fuerte.
Joel interrumpió abruptamente a Benjamín mientras escuchaba su
confesión, y Benjamín se sorprendió.
Era demasiado directo como para asentir, pero honestamente se sintió
golpeado en el punto exacto. De hecho, después de la boda de Joel con el
príncipe heredero, había estado planeando irse a una villa rural con Félix
en una oportunidad adecuada.
Joel, viendo a Benjamín desconcertado, sonrió irónicamente y agregó:
—¿Qué? ¿Te sorprendes porque no soy tan tonto como pensabas?
—Ah, no, no es eso. Joel, yo, nunca pensé que fueras tonto...
Joel se rascó la barbilla y se quedó pensando, viendo a Benjamín
balbucear.
Se sentía bien saber que Benjamín, su competidor más fuerte, en
realidad no estaba interesado en el príncipe heredero, pero esto era
problemático. Si las cosas seguían así, ¿a quién le tocaría el puesto de
consorte del príncipe heredero después de que él se fuera?
Tenía que irse en un mes. Pero estaba muy preocupado por quién se
convertiría en el consorte del príncipe heredero.
Al menos debería ver qué omega de qué familia era el principal
candidato a consorte antes de irse... Mientras pensaba seriamente, una
idea cruzó por su mente.
—Por cierto, Ben, ¿tu padre sabe de tu relación con ese chico?
Señaló a Félix, quien se encontraba en un rincón encogido.
—¿Eh? Claro que no lo sabe...
—¿De verdad? Hm. Entonces, amigo, lamento decirte que tu plan
tiene una seria falla.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Piénsalo. Si el Duque Melphis descubre la verdad, probablemente
pensará que este tipo te ha enredado. ¿Crees que el Duque lo dejará
vivir? Lo mataría sin pensarlo dos veces.
La observación afilada de Joel dejó a Benjamín congelado por un
momento. No había considerado esa posibilidad, y la especulación de
Joel tenía sentido.
—¿Qué tal si simplemente escapan juntos?
—No podemos hacer eso. Nuestros padres podrían enfermarse
gravemente si hacemos algo así.
—Esa no es una opción. No puedo permitir que mi noble señor
renuncie a todo por un simple como yo.
Ante la tranquila pregunta de Joel, Benjamín asintió de inmediato, y
Félix, que había estado observando en silencio desde su rincón después
de recibir una bofetada, intervino.
Joel miró a estos jóvenes tan ingenuos con desdén. Su mirada gélida se
intensificó cuando Félix declaró: —Si el Duque descubre la verdad y
viene por mí con una espada, estaré listo para recibirla. ¿Con qué cara le
suplicaría por mi vida a alguien que tiene potestad sobre el honor de mi
señor?
—Primero, Ben, no puedes ganar el amor sin decepcionar a tus padres.
Y tú, idiota, ¿por qué decir que escapar es renunciar a todo? Al menos
puedes tener a Ben.
Joel ya sabía desde hacía tiempo que Benjamín era tonto, pero no sabía
que Félix, que ya tenía cierta edad, también fuera tan estúpido. Pensé que
era inteligente porque discutía bien, pero Joel atacó a Félix con un tono
mordaz.
—Y no digas que morirás tan fácilmente. Tú puedes morir y acabar
con todo, pero ¿cómo vivirá entonces Ben?
Félix se volvió hacia Benjamín y se dio cuenta del error de sus
palabras. Mientras se disculpaba con Benjamín, Joel, sin piedad, agregó:
—¿Cómo puedes decir algo así sobre morir fácilmente dejando a tu
amante atrás? Patético. ¿Realmente eres un hombre?
Honestamente, no se podía decir que no tuviera la intención de
vengarse de Félix por haberlo estado molestando constantemente.
Dejando de molestar a Félix, Joel comenzó a discutir con Benjamín
sobre qué hacer a continuación. Como Benjamín era prácticamente su
único amigo, aparte de Robert, Joel realmente quería ayudar a Benjamín.
Pero por más que pensara, no se le ocurría una buena solución. Joel,
con dolor de cabeza, estaba a punto de sugerirle a Benjamín una vez más
que simplemente escaparan, cuando de repente, el exterior de la tienda se
volvió ruidoso y alguien abrió de golpe la puerta de la tienda.
Capítulo 33
—Joel, ¿estás aquí?
La persona que entró corriendo a la tienda de Benjamín gritando así
era, inesperadamente, el príncipe heredero.
—Yo, Su Alteza…
Por alguna razón, tenía un aspecto muy desaliñado. Su cabello negro,
siempre bien peinado, estaba desordenado, y su camisa y pantalones
estaban arrugados.
Era extremadamente raro que el príncipe heredero perdiera la calma,
así que Joel, pensando que algo debía haber pasado, se levantó
lentamente de su asiento.
El príncipe heredero, que se acercó a toda prisa, abrazó a Joel de
repente.
—¡Joel! Dijiste que te quedarías en el carruaje, ¿por qué estás aquí? Te
he estado buscando por todas partes.
En esa voz insistente se sentía un profundo alivio. Por encima del
hombro del príncipe heredero, vio al líder de la cuarta unidad de
caballería ordenando a alguien: —Hemos encontrado a Joel. Diles a los
miembros de la unidad que fueron a buscar en el bosque que regresen.
Abrazado por el príncipe heredero, Joel frunció el ceño con confusión.
¿Acaso el príncipe heredero había estado tan preocupado por él? No
podía creerlo.
Porque, según Joel, él no era tan importante o significativo para el
príncipe heredero.
Aunque él le había propuesto matrimonio, después de la propuesta, el
príncipe heredero solo se había vuelto un poco más amable, pero nunca
había mostrado signos de estar completamente enamorado de él.
Sin embargo, no entendía por qué estaba actuando así de repente. La
imagen del príncipe heredero nervioso por él era extraña. Aunque lo
estaba viendo con sus propios ojos, le resultaba difícil de creer.
El príncipe heredero envolvió los hombros de Joel con su brazo y
susurró: —Vámonos.
Incluso entonces, los ojos del príncipe heredero seguían temblando de
inquietud, y su brazo que rodeaba los hombros de Joel estaba lleno de
fuerza. Aunque todavía no había encontrado una buena manera de ayudar
a Benjamín, Joel solo pudo intercambiar una mirada con Benjamín y
dejarse llevar.
***
El príncipe, incluso después de recuperar a Joel, no lograba encontrar
la paz. Temía que Joel, como un gato ladronzuelo, se escabullera
furtivamente mientras dormía, por lo que abrazaba a Joel fuertemente y
trataba de conciliar el sueño.
Al abrir la puerta del carruaje y darse cuenta de la ausencia de Joel,
experimentó una sensación de vacío desgarrador. El príncipe, con Joel en
sus brazos, se esforzó aún más. Aunque sabía que su comportamiento era
extraño, no podía contener su ansiedad.
Al darse cuenta de que Joel había desaparecido, el príncipe sintió
como si el suelo se desvaneciera bajo sus pies. Desde entonces,
obsesionado con la posibilidad de no recuperar jamás a Joel, se sumió en
la desesperanza.
Buscando frenéticamente alrededor del carruaje, despertando a los
guardias dormidos para iniciar una búsqueda en el bosque, el príncipe no
estaba en sus cabales. Si el guardia que había desaparecido
momentáneamente no hubiera regresado informando que Joel se había
ido a la tienda de Benjamín, el príncipe habría buscado incansablemente
en el bosque hasta el amanecer.
¿Por qué actuó así? No podía encontrar una razón para sentirse tan
impactado por la desaparición de Joel. El príncipe pensó, apoyando su
nariz en el hombro de Joel.
¿No había sido él quien había rechazado despiadadamente durante tres
años los constantes coqueteos de Joel? Después de pasar una noche con
Joel en el bosque y, por un sentido del deber y un poco de atracción, le
había propuesto matrimonio, pero sus sentimientos, que originalmente
eran indiferentes, no se habían vuelto tan intensos solo por esa noche.
Aunque este pequeño cuerpo era adorable, la existencia de Joel no era
insustituible. Además, siendo honesto, el aspecto de Joel, que era
prácticamente su única virtud, estaba lejos de ser su tipo ideal.
El príncipe heredero volvió a reflexionar sobre la duda que había
tenido alguna vez: ¿acaso fue realmente grave el golpe que recibió en la
cabeza por la piedra que Joel lanzó en aquel entonces?
—Yo, Su Alteza. Esto es un poco...
Mientras pensaba, Joel, que había estado tranquilamente en sus brazos,
comenzó a moverse y a quejarse. El príncipe heredero se dio cuenta de
que había puesto su diente en el cuello de Joel.
Como si quisiera marcarlo.
Podría retractarse de una propuesta de matrimonio, pero un vínculo de
marca era irreversible. Y sin embargo, estaba a punto de marcar a Joel.
Era algo que no podía hacer en su sano juicio. Sin embargo, mientras
pensaba así, el príncipe heredero sintió que esa opción se volvía cada vez
más atractiva.
¿Debería simplemente hacerlo? ¿Debería hundir sus dientes en este
cuello blanco y largo como un ciervo e inyectarle sus feromonas?
La marca nunca desaparecería con el paso del tiempo, así que todos
sabrían a quién pertenecía Joel. Y Joel, que constantemente rechazaba
sus caricias, ya no podría alejarlo. Mordiendo este cuello, podría
convertirse en uno con Joel por completo.
—Si sigue así, me iré a dormir a la tienda de Ben.
Al sentir cada vez más los dientes del príncipe en su cuello, Joel
cubrió su cuello con su mano y se quejó. Temeroso de perder el cálido
cuerpo que tenía en sus brazos, el príncipe se disculpó apresuradamente:
—Está bien, lo siento—. Luego, cambió su atención a otra parte.
Joel se sintió incómodo al sentir la pesada masa carnosa que
comenzaba a presionar su muslo interior.
Ya estaba lo suficientemente incómodo con el príncipe pegado a él
como una sanguijuela. Había decidido quedarse quieto porque él parecía
tan ansioso, pero si continuaba así, tendría que reconsiderar compartir la
cama con él.
—No lo hagas. En serio, te estoy advirtiendo por última vez...
A pesar de la advertencia, la mano del príncipe se deslizó
sigilosamente por debajo de la ropa.
—Joel...
—Alteza, por favor. No, en serio se lo he dicho. No deberíamos hacer
esto...
Joel reprimió un gemido, bajando la voz para evitar que los sonidos
salieran al exterior.
A pesar de su excitación, el príncipe susurró en el oído de Joel,
consciente de no exponerse.
—Así es. Pero si alguien comete un error, merece una oportunidad
para redimirse.
—¡Oportunidad, qué oportunidad!
—Si me das una última oportunidad, no te decepcionaré.
Su aliento cálido le cosquilleaba el oído. Al mismo tiempo, su pecho
era manoseado sin control.
Asustado, intentó apartar la mano del príncipe heredero, pero sus
dedos impertinentes no se despegaban de sus pezones.
—Te digo que no me gusta. No me toques… ¡Ah! ¡Aaah! Si me tocas
así…
Un estremecedor placer lo invadió. En lugar de discutir en voz baja,
Joel se calló, aplacando su gemido con la mano.
Por otro lado, cuando de la boca de Joel comenzaron a salir gemidos
lascivos, las manos que le acariciaban el pecho se volvieron aún más
atrevidas. El príncipe heredero, mientras pellizcaba y amasaba
dolorosamente los pezones de Joel con una mano, con la otra mano que
rodeaba su cintura, le acariciaba las costillas de manera lasciva.
Era una caricia pegajosa y lujuriosa. Joel sentía su cuerpo encenderse
de forma vertiginosa. Intentó liberarse de los brazos del príncipe,
surcando debajo de él como un río, pero terminó acurrucándose debajo
del príncipe en cambio.
En un parpadeo, sus pantalones cayeron al suelo, sus nalgas fueron
agarradas y separadas suavemente hacia los lados.
El príncipe comenzó a explorar abiertamente el ano de Joel. Joel
apretó fuertemente las sábanas, tratando de reprimir la creciente
sensación de placer y desesperadamente intentando detener al príncipe de
alguna manera.
Pero incluso cuando dijo: —¡Espera! ¡Por favor, alto!— el príncipe
estaba completamente desenfrenado.
Con un tono descarado, el príncipe le respondió, acariciando
enérgicamente el ano de Joel: —Sinceramente, no parece que te disguste
tanto.
De hecho, la parte trasera de Joel, que ya estaba empapada receptiva a
las feromonas del alfa dominante y a las caricias persistentes, temblaba
totalmente abrumado.
Cuando un dedo finalmente forzó la entrada, Joel se retorció: —¡Ah!
— y torció su cintura.
Joel, asustado, miró a su alrededor en pánico. El sonido había sido
demasiado fuerte. ¿Podrían escucharlo afuera?
A fuerza, los guardias estaban en su puesto y había otras personas
durmiendo en tiendas de campaña. Joel soltó las sábanas que había
estado apretando y tapó su boca con fuerza.
Esto realmente no estaba bien en absoluto, Joel pensó con su mente
turbia. Apenas estaba en el inicio de su embarazo, y no podía tener
relaciones con el príncipe sin que él supiera que estaba embarazado.
Si el miembro del príncipe no fuera tan grande... aunque nunca había
visto realmente su miembro, dado cómo presionaba contra su muslo
interior con tanto entusiasmo, no era difícil adivinar su tamaño.
Ahora que lo pensaba, parecía que el hecho de que el miembro del
príncipe fuera grande no tenía nada bueno para él. Cada vez que estaban
juntos, era doloroso y difícil. Mientras gruñía con estos pensamientos,
Joel repentinamente volvió en sí.
No era el momento de tener fantasías. El príncipe ya estaba intentando
empujar un segundo dedo dentro.
Capítulo 34
Joel resistió con todas sus fuerzas, rechazando la intrusión mientras
gritaba en voz baja con ira.
—¡Maldito bastardo! ¡Alto, basta!
—Está bien, Joel. Me siento tan excitado como tú. Quiero entrar en ti
ahora mismo. Así que suéltame un poco...
No, eso no es lo que quería decir. Parecía que realmente terminarían
pasando una segunda noche. Al ver que no entendía ni siquiera los
insultos, el príncipe ya no parecía estar en sus cabales.
Joel no tuvo más opción que retroceder.
—No... ¡No hagas eso! No me gusta en absoluto.
—Entonces solo los dedos.
—No... oh... no, eso tampoco. Por favor, quita esos dedos ahora
mismo.
Después de amenazar con no volver a verlo si no lo sacaba de
inmediato, el dedo que lo acosaba finalmente se fue. Joel pudo respirar
un poco más tranquilo.
Sintiéndose algo decepcionado, el príncipe, explorando más arriba,
extendió la mano y agarró a Joel. Por un lado manoseaba lascivamente su
pene, por otro frotaba con fuerza su propio miembro entre las nalgas de
Joel.
—Oh... ¿qué estás haciendo ahora?
—No es un problema si no entro, ¿verdad?
—No... ¿cómo puedes hacer esto? ¡Ah, ah, ah!
—Joel...
De rodillas, Joel no sabía qué hacer mientras se retorcía. Los estímulos
simultáneos parecían volverlo loco.
La saliva goteaba de su boca abierta y tonta. De repente, Joel se
encontró enterrando su rostro en las sábanas, levantando sus nalgas
voluntariamente. Había olvidado completamente la vergüenza desde
hacía mucho tiempo.
Para ser honesto, la sensación de roce del miembro del príncipe detrás,
rozando, resultaba maravillosamente placentera. A pesar de que quería
olvidarlo todo y sumergirse en ese placer, la incertidumbre de cuándo ese
miembro se desviaría hacia su ano y penetraría —y el miedo de que se
escucharan gemidos que no quería que otros escucharan— le impedían
relajarse por completo.
Esa parte parecía particularmente desquiciante para Joel.
El príncipe coloca su miembro cada vez más cerca de la entrada de
Joel, presionando con firmeza mientras empieza a gemir suavemente,
indicando el inicio del clímax. Al mismo tiempo, acariciaba el lóbulo de
la oreja de Joel con su pulgar, estimulándolo. Con sus persistentes
caricias, Joel se estremeció, llegando al clímax mientras apretaba su ano.
Tras la culminación, exhausto, Joel se dejó caer sin fuerzas.
—Ah, ah, ah...
Si el príncipe no lo hubiera rodeado firmemente con un brazo, Joel se
habría derrumbado de inmediato. Sintiendo que todo había terminado,
Joel relajó su tensión corporal, solo para sorprenderse ante el intrépido
toque que acariciaba su ano en ese momento.
—Por favor, ¿no me permitirías esto?
El príncipe heredero, con un tono desesperado, comenzó a presionar
con los dedos sobre el ano de Joel como si estuviera a punto de
perforarlo de inmediato.
—No, no puedo. Eso realmente no está bien.
—Por favor, solo una vez. Solo un minuto.
—No, no... Ah.
—Entonces solo lo dejaré dentro.
—No puedes hacer eso, lo he dicho varias veces... Ah, ¡no, no me
toques así!
A pesar de que Joel sacudía la cabeza, el príncipe heredero persistía
obstinadamente. Esta vez, parecía decidido a proceder con la inserción,
frotando el glande directamente sobre el ano.
Al darse cuenta de que no podía persuadir a alguien cuyo rostro estaba
enrojecido de excitación, Joel finalmente sugirió ofrecerle gemidos para
liberarse de la amenaza de la penetración.
Aceptando la propuesta, el príncipe heredero finalmente retiró su
mano. Cuando las manos que atormentaban persistentemente el ano se
apartaron, Joel pudo relajarse por fin.
...Pero en el siguiente momento, no entendía por qué se encontraba en
una posición invertida sobre el cuerpo de él.
Con el trasero expuesto directamente frente a la cara del príncipe
heredero, Joel contuvo las lágrimas. Sentía que iba a morir de vergüenza.
De manera sumamente justa, justo frente a Joel estaba el miembro
erecto del príncipe heredero.
Aunque ambos estaban exhibiendo sus partes íntimas, ¿era solo una
sensación suya o realmente era él quien se sentía más avergonzado? Joel
miró con tristeza el miembro del príncipe heredero.
Era la primera vez que veía el pene del príncipe heredero en detalle. A
la luz de las velas, lo que se revelaba era mucho más grande y
majestuoso de lo que había imaginado.
Era tan imponente que, si alguien hubiera dicho que era el miembro de
un animal cortado y colocado sobre el príncipe, Joel podría haberlo
aceptado sin dudarlo.
Jamás había visto algo así tan de cerca en su propia piel, y ahora,
observando detenidamente el miembro de otro, experimentaba una
extraña mezcla de temor y vergüenza. Joel extendió la mano temblorosa
para acariciar ligeramente ese vigoroso cuerpo.
Cuando la mano de Joel tocó el miembro, la ya rígida estructura se
tensó aún más. Al ver las gruesas venas erizadas en él, Joel se sintió aún
más aterrorizado.
Pensar que algo así iba a penetrar en su cuerpo lo tenía tan asustado
que sentía que sus piernas estaban a punto de ceder.
Justo cuando Joel cerró los ojos y se preparaba para morder el glande,
el príncipe heredero lamió desde los testículos colgantes de Joel hasta el
ano, pasando por el perineo.
—¡Ahhh!
En ese momento, Joel gimió mientras caía sobre el miembro del
príncipe, pero ni siquiera fue consciente de tener su rostro enterrado allí.
Luego, una sustancia cálida y húmeda como una tela empapada
comenzó a frotar suavemente sobre su ano. No pasó mucho tiempo hasta
que Joel identificó que la sustancia caliente era la lengua del príncipe.
—¿Estás loco? ¡Ugh, esto es tan desagradable! ¡No, por favor! ¡Ah,
para!
Joel se contuvo mientras luchaba contra los gritos que brotaban, pero
el príncipe permanecía en silencio.
Sujetando sus nalgas con fuerza y abriéndolas de par en par, el
príncipe continuó lamiendo apasionadamente la parte trasera de Joel.
La sensación de cada pliegue del ano lambido con persistencia era
escalofriante. Joel se dio cuenta de que la única forma de recuperar la
cordura del príncipe era permitirle alcanzar su clímax una vez, por lo
que, con lágrimas en los ojos, chupó firmemente la punta de su miembro
visible frente a él.
—Ah...
No sé si fue afortunado o desafortunado, pero en un instante, el
príncipe retiró su boca de las nalgas y dejó escapar un gemido. Con la
esperanza de escapar de ese acto perturbador al permitir que el príncipe
alcanzara su clímax rápidamente, Joel comenzó a chupar con fervor el
glande, como si fuera un dulce para niños.
Sin embargo, no pudo contenerlo en su boca por mucho tiempo y tuvo
que sacarlo. El príncipe, aún más excitado, empujó su lengua dura hacia
adentro de su ano.
—¡Ugh, no...!
En medio de la sorpresa, Joel intentó apartarse llorando, pero su
trasero fue detenido por un toque brusco y fue tirado hacia atrás
nuevamente. No pudo resistirse al poder que lo apretaba por detrás. Una
lengua ardiente entró sin piedad, rozando y lamiendo obstinadamente sus
paredes. En medio de la incomodidad fisiológica, contrajo el ano, pero al
sentir más claramente las protuberancias de la lengua, se sorprendió y
aflojó la fuerza, permitiendo que la lengua se adentrara más
profundamente.
Joel podía sentir que su espalda se retorcía de forma espasmódica.
Aunque el shock de que tal acto existiera lo sacudió, la intensa sensación
de placer que le proporcionaba era tan eléctrica que su mente daba
vueltas.
Sin darse cuenta, su ano se relajó. La intensa excitación llevó a que su
agujero se abriera ligeramente.
Ante los movimientos lujuriosos de la lengua que estimulaban sus
paredes, Joel no pudo contenerse y eyaculó.
Pero mientras estaba en éxtasis, el príncipe no mostraba signos de
retirarse, y Joel apenas logró contenerse en medio de la locura extática.
Se encontró llorando mientras su rostro estaba enterrado en los genitales
del príncipe.
En ese momento, todo se volvió blanco a su alrededor. —Carlyle,
maldito hijo de puta, bastardo… —Pronunció maldiciones mientras el
príncipe seguía en silencio. Su movimiento incontrolado y ardiente
exploraba sus profundidades desde el interior de sus nalgas.
Su caricia era tan despiadadamente persistente y larga. Joel sintió la
lengua lamiendo apasionadamente su trasero y, después de un último
acto, se desmayó.
***
Al día siguiente, el príncipe heredero logró detener a Joel, quien
intentaba huir en el carruaje de Benjamín sintiéndose avergonzado, y lo
obligó a subir al carruaje contra su voluntad.
Dentro de los brazos del príncipe, Joel sollozaba. No había pasado ni
un día desde que cometieron tal acto, pero enfrentarse a él a plena luz del
día le hizo sentir una vergüenza tan grande que parecía que moriría.
Lo que una vez había anhelado incluso en sus sueños, ahora sentir el
abrazo del príncipe parecía un infierno.
Para ser sincero, Joel no había tenido solo pensamientos ingenuos
acerca del príncipe heredero. Había tenido diversas fantasías, a veces con
un sentimiento de culpabilidad, así que en términos de perversión,
también tenía sus inclinaciones. Sin embargo, la promiscuidad del
príncipe heredero superaba con creces los límites del sentido común de
Joel, y al llegar la mañana, con la mente despejada, Joel no podía evitar
sonrojarse intensamente, como si estuviera a punto de estallar.
Capítulo 35
Nunca en sus sueños habría imaginado que el príncipe tuviera una
naturaleza tan extraña. Habían compartido cama, a lo sumo, dos veces en
toda su vida, y en ambas ocasiones, el príncipe había sido un poco más
intenso de lo normal, pero nunca había intentado nada tan extraño, así
que Joel no podía más que sorprenderse.
Por otro lado, el príncipe, creyendo que podía ser más descarado
después de la noche anterior (durante la cual Joel casi se desmayó), sentó
a Joel sobre sus rodillas, metió la mano dentro de su ropa y comenzó a
tocarlo descaradamente por todas partes. Parecía que la vergüenza era un
sentimiento completamente ajeno a él.
Joel, estimulado por sensaciones eróticas, temía que los guardias
pudieran escuchar y, al tratar de callar sus gemidos, el príncipe soltó una
risa traviesa.
—Ah, por favor, no...
Incapaz de soportar las insistentes manos, Joel agarró la muñeca del
príncipe heredero y suplicó. Se sentía avergonzado y, aunque no estaba
seguro si era solo una sensación, últimamente parecía que su abdomen
inferior estaba ligeramente, muy ligeramente, abultado, y le preocupaba
si el príncipe heredero lo notaría.
—¿Por qué? Honestamente, anoche a ti también te gustó, ¿verdad? Así
que no estaría mal si me sigues dando oportunidades.
Sin embargo, el príncipe heredero respondió con una actitud
descarada, y Joel, atónito, no pudo presentar una defensa adecuada y se
limitó a mantener el silencio. Para ser sincero, en su estado de excesiva
excitación hasta el punto de casi desmayarse, no tenía mucho más que
decir.
—Joel...
[—¿Estás loco? ¡Ugh, esto es tan desagradable! ¡No, por favor! ¡Ah,
para!]
La voz del príncipe, ronca y suave, evocó la noche anterior. Joel,
repasando mentalmente dónde estuvo la lengua del príncipe, sintió el
impulso de saltar del carruaje en marcha.
Mientras Joel, en la vergonzosa situación, no pudo siquiera levantar la
cabeza de los brazos del príncipe, este no pudo contener su risa tonta al
verlo. Ya sabía que Joel era lindo, pero no imaginaba que lo sería tanto.
Después de haber pasado tres largos años persiguiéndolo
desesperadamente, e incluso tratando de atraparlo sabiendo su ciclo de
celo, ahora el aspecto de Joel era completamente inocente.
Con esto en mente, incluso si el plan de Joel hubiera tenido éxito,
dudaba de si realmente habría podido superarlo. Tal vez Joel había
pensado que, al pasar una noche en la misma cama, podrían concebir un
bebé.
—¿Todavía me temes? Entonces, en arrepentimiento, intentaré
esforzarme más.
El príncipe, antes de besar el oído de Joel, murmuró tonterías en voz
baja. Al hacerlo, mantuvo un agarre pegajoso en los pezones de Joel,
girándolos con lascivia.
La piel de Joel, con el pezón atrapado, sentía el frío sudor deslizarse
por su espalda. Mirando de reojo, Joel dijo: —Creo que debería irme
ahora—. Intentó deslizarse discretamente desde la rodilla del príncipe,
pero fue detenido bruscamente.
—No entiendo por qué te comportas así. ¿No hemos mostrado nuestras
partes íntimas el uno al otro ya?
—No, por favor...!
Las palabras del príncipe eran ambiguas pero sugerían algo sutil. Joel,
con la cara enrojecida, pensaba que este humano era audaz incluso en
pleno día. Los hechos de la noche anterior eran claramente inapropiados.
Aunque podría haber actuado de manera desviada debido a la lujuria, ¿no
debería sentirse avergonzado al recuperar el juicio?
Cualquier persona culta y sensata debería.
¿Por dónde empezar a corregir esas tonterías sin sentido? Joel
balbuceaba como un pez, cuando el príncipe se acercó y le besó de
repente.
—Es sorprendente cómo alguien puede ser tan encantador. Realmente
asombroso.
El príncipe, sin sentido de vergüenza, pronunció tales palabras. Desde
el momento en que desapareció en silencio en la tienda de Benjamín la
noche anterior, el príncipe se comportaba como una persona averiada.
Finalmente, Joel decidió que era imposible tener una conversación
normal con él.
—Está bien... Me iré con Benjamín. Por favor, detén el carruaje.
También regresaré con Benjamín en el mismo carruaje. Si necesito un
compañero de cama en el futuro, será Benjamín, sin duda.
—¿Benjamín? ¿Por qué de repente estás buscando a Benjamín?
—¡Porque Su Alteza continúa molestándome todo el tiempo!
—No tiene sentido. ¿Qué he hecho yo? Solo quería alegrarte.
Joel extendió su mano y cubrió la boca del príncipe, que seguía
quejándose de que su servicio de la noche anterior no había sido
satisfactorio y preguntando en detalle qué había faltado y cómo. Si
seguía escuchando sus obscenidades, creía que podría morir de
vergüenza.
—Está bien, Su Alteza, supongamos que no me ha atormentado. De
todos modos, quiero ir al carruaje de Benjamín. Simplemente quiero
estar con Benjamín.
—Entonces, ¿cuál es la razón por la que no quieres estar conmigo pero
sí con Benjamín?
El príncipe quitó la mano de Joel de su boca y preguntó con
resentimiento.
—Por supuesto, dada mi situación actual, no tengo más opción que
tomar el carruaje de Benjamín. ¿Acaso espera que tome el carruaje de los
miembros del cuarto escuadrón?
—No, no es eso. El problema es que estás mostrando un interés
extraño en Benjamín. Como cuando fuiste a escondidas a la tienda de
Benjamín anoche sin decirme nada.
—¿Qué? ¿Está insinuando que sospecha de algo entre Ben y yo?
El príncipe no respondió, pero su silencio era una afirmación más que
suficiente. Con los ojos ardiendo de celos, le ordenó a Joel:
—No te quedes solo con Benjamín a partir de ahora. No lo mires a los
ojos, no hables con él. Y no lo llames por su apodo ‘Ben’. Si tienes algo
realmente importante que decirle, algo que sea absolutamente necesario,
tienes que decírmelo a mí primero.
Al ver al príncipe heredero insistir en algo tan absurdo, Joel se sintió
atónito y, al mismo tiempo, un poco extraño.
Originalmente, era siempre Joel quien estaba en una posición ansiosa y
exigente. Hasta hace unos meses, al príncipe no le habría importado si él
se acostaba con Benjamín o con alguien más; pero ahora, no era así.
Si realmente se hubiera acostado con Benjamín, el príncipe habría
encontrado desagradable que algo tan impuro como él se hubiera
atrevido a acercarse a Benjamín. La imagen del príncipe heredero
mostrando tanta celosía hacia él era completamente desconocida para
Joel.
—...¿Por qué debería hacerlo?
—Somos pareja oficialmente, así que puedo pedirte eso. Oh, y tú
también puedes pedirme lo que quieras.
Una vez más, para dejarlo claro, Joel había acordado tener una
relación —secreta— con el príncipe heredero, no una relación oficial.
Sin embargo, Joel no pudo replicarle fácilmente al príncipe.
Los recuerdos de ser despreciado por el príncipe en el pasado lo habían
dejado debilitado. No podía aceptar el hecho de que el príncipe, quien
siempre lo había ignorado y molestado, de repente se estuviera
obsesionando con él.
Cuánto había anhelado recibir incluso una décima parte, o incluso una
centésima parte, de la atención que ahora le mostraba. Para Joel, el
príncipe siempre había sido un árbol inalcanzable, una fruta fuera de su
alcance.
—Su alteza, ¿acaso...?
¿Me amas?
Joel quería preguntarle al príncipe, pero no pudo articular las palabras
y simplemente dejó su frase inconclusa.
En cuanto a eso, vacilé en hacer la misma pregunta porque ya había
escuchado una respuesta cruel en su vida pasada. A pesar de notar un
cambio en la actitud del príncipe hacia mí, me resistí a indagar más.
Si él volvía a evitar la pregunta como lo había hecho antes, su corazón
se rompería una vez más, y no tenía fuerzas para enfrentar ese terrible
dolor otra vez.
Pensando así, Joel se dio cuenta de repente de que el príncipe nunca le
había dicho —te amo— en esta ni en la otra vida.
El príncipe siempre había dicho que simplemente había desarrollado
un interés en él. Joel recordó que los sentimientos que el príncipe tenía
por él eran solo responsabilidad y una ligera atracción, una atracción
puramente física.
—Joel, ¿qué quieres preguntar? ¿Por qué te detienes así?
—...No es nada. No es importante.
Joel se recordó a sí mismo que no debía alimentar sueños vanos.
Simplemente porque la actitud del príncipe, que normalmente lo
ignoraba, había cambiado un poco, no había razón para interpretar cada
uno de sus pequeños actos como significativos, ni para comportarse de
manera forzada.
No había necesidad alguna de comportarse de manera pegajosa,
interrogándose si podría estar ganando su amor.
El vano deseo de querer ser el compañero del príncipe, dejó de existir
en el momento en que Joel se despedía de su vida en la nevada. Ya no
quería albergar esperanzas vacías.
Capítulo 36
Había acordado tener una relación casual con el príncipe heredero
mientras él estaba de inspección, pero eso era solo para dejar atrás los
últimos vestigios de apego. Su plan de irse a un lugar lejano y comenzar
una nueva vida no había cambiado.
Por lo tanto, no tenía por qué sentirse decepcionado de que el amor del
príncipe no fuera tan profundo como el suyo, pero aun así, Joel se sentía
triste.
Por otro lado, el príncipe, notando el repentino cambio de humor de
Joel, se equivocaba al pensar que a él le molestaba tanto tener que
distanciarse de Benjamín.
El príncipe sabía que Benjamín era el único al que Joel podía
considerar un amigo. Pero, ¿podría realmente asegurar que su relación
era puramente amistosa?
Curiosamente, Benjamín había demostrado un interés inusualmente
amable hacia Joel últimamente. Joel parecía desolado con solo la idea de
mantenerse alejado de Benjamín, además, había ciertos aspectos
sospechosos que no podía pasar por alto.
Aunque Benjamín fuera un omega, no podía dejar de preocuparse
porque Joel era tan adorable. Sin darse cuenta de que estaba cayendo en
una línea de razonamiento propia de un tonto, el príncipe heredero volvió
a jurarse que vigilaría a Benjamín de cerca.
Eliminar al único amigo que le quedaba a Joel solo por sospechas
parecía un poco cruel. Pero no podía evitarlo, ya que no le gustaba que
Joel se interesara en alguien más que no fuera él.
Si Joel necesitaba un amigo, ¿por qué no podía ser él su amigo? Pensó
el príncipe con arrogancia, abrazando a Joel con más fuerza.
Estaba más que seguro de que podía ser tanto un buen amante como el
único amigo de Joel.
De repente, el príncipe se dio cuenta de que su actitud pegajosa se
asemejaba al antigua Joel y soltó una pequeña risa.
—¿Por qué de repente te ríes?
—No es nada.
Respondiendo con indiferencia, el príncipe abrazó a Joel con cariño.
Sin saberlo, estaba recordando al antiguo Joel, tan tierno y lleno de celos.
Durante los últimos 3 años, Joel se enfadaba cada vez que alguien se
atrevía a cruzar incluso un simple saludo con él en la sala de
convivencia. Observaba con recelo tanto las breves conversaciones con
Omega como los apretones de manos con Betas o Alfas.
(Por supuesto, aunque estuviera enojado, nunca se atrevió a
mostrárselo al príncipe heredero, y solo podía fulminar con la mirada al
otro.)
En aquel entonces, Joel simplemente lo aburría y lo cansaba, pero
ahora que pensaba que Joel también podría haber sentido lo mismo, se
sentía un poco arrepentido.
Pero espera. Entonces, ¿quizás ahora Joel también se siente aburrido y
cansado, como él se sintió en ese entonces?
Ante esa posibilidad repentina, la sonrisa satisfecha que había en los
labios del príncipe heredero desapareció.
Honestamente, él también había encontrado a Joel molesto en aquel
entonces, así que no podía garantizar que Joel no sintiera lo mismo
ahora. Al imaginar a Joel mirándolo con desprecio, sintió un dolor
punzante en el pecho.
No sabía que recibir la mirada fría de la persona amada causaría un
daño tan profundo. Al darse cuenta de qué tipo de heridas le había
infligido a Joel, el príncipe lamentó no haber sido más cariñoso en el
pasado.
Al ser imposible retroceder en el tiempo, no podía deshacer los errores
cometidos. La única forma de redimirse con Joel era amarlo y valorarlo
aún más en adelante.
El príncipe se prometió firmemente no herir a Joel nunca más. De
ahora en adelante, trataría a Joel con más cuidado y aprecio que a las
joyas que pasaban de generación en generación en la realeza,
manejándolo con delicadeza como si fuera una planta frágil.
Sin saber qué futuro imaginaba Joel en su interior, el príncipe comenzó
a visualizar paso a paso los días que pasarían juntos en su mente.
***
Y cuando el grupo del príncipe heredero detuvo el carruaje por un
momento para almorzar, Benjamín, sin saber nada, se acercó a Joel con
su habitual sonrisa cálida.
—¡Joel! ¿Cómo te sientes? Después de viajar en carruaje durante
cuatro días, ¿no estás cansado?
Pero justo cuando Benjamín iba a tomar del brazo a Joel, el príncipe
heredero, que apareció de repente, se interpuso entre ellos.
El príncipe heredero, que siempre había tratado a Benjamín con
buenos modales, de alguna manera parecía detestarlo ahora. Escondió a
Joel detrás de él y respondió al saludo de Benjamín en su lugar.
—Joel dice que está bien. Tú también has trabajado duro.
—¿Eh? Um, sí. Gracias...— tartamudeó Benjamín.
—Si no hay nada más que decir, vámonos a comer cada uno por su
lado.
Habiendo terminado la conversación de esa manera arbitraria, el
príncipe heredero se llevó a Joel y se marchó, dejando a Benjamín
completamente desconcertado. Benjamín miró fijamente la espalda del
príncipe heredero, o más bien, a Joel, quien iba detrás del príncipe con
una mirada de disculpa.
Mientras era arrastrado por el príncipe heredero, Joel le reprochó con
un tono avergonzado:
—Su Alteza, ¿tiene que ser así? Ben, quiero decir, Benjamín es tan
bueno, ¿por qué tiene que ser tan cruel...?
—Hay muchas cosas sospechosas en la actitud de Benjamín, así que
no puedo hacer nada al respecto. Espero que lo entiendas.
Por más que Joel protestara, el príncipe heredero no quería deshacerse
de su extraña sospecha sobre la relación entre Joel y Benjamín. Lejos de
abandonar sus sospechas sobre Benjamín, incluso llegó a detener a Joel
cuando intentaba levantarse de la mesa para ir a comer con Robert.
El príncipe heredero insistió en que, en adelante, no solo en la cama,
sino también en las comidas, debería estar con él. Joel, que al menos
quería disfrutar de las comidas en paz, se enfrentó al príncipe heredero.
Sin embargo, cuando el príncipe, con una mirada ardiente, empezó a
interrogarlo con preguntas como si no había solicitado cambiar al médico
designado para esta inspección, si había recibido confirmaciones de
embarazo del médico en cuatro ocasiones, qué relación tenía realmente
con el médico, y por qué a veces parecía llamarlo por un apodo, Joel no
tuvo más remedio que llevarse las manos a la frente.
—¡Por favor, ¿cuántas veces debo repetirlo?! ¿Robert es solo un
simple amigo?
—No puedo creerlo.
El príncipe heredero, negando obstinadamente con la cabeza, parecía
alguien completamente diferente al que él conocía. Joel estaba tan
molesto que sentía un dolor punzante en la nuca.
Era como si un niño de cinco años se hubiera puesto la máscara de
príncipe heredero y estuviera imitándolo.
—¿Qué quiere decir? ¿Quiere que deje de ver a mis amigos para
siempre? —preguntó, golpeándose el pecho con frustración, como si
hubiera tragado un bocado de galletas.
El príncipe heredero respondió con una expresión extraña.
—Bueno... ‘Para siempre’ no, quizás cuando te marque, te permita un
poco más de libertad.
En un instante, Joel sintió la mirada persistente del príncipe en su
cuello. Aunque era una broma que el príncipe intentara marcar a un
omega tan tonto como él, la mirada era tan insistente que lo hizo sentir
incómodo. Joel levantó la mano y se cubrió el cuello disimuladamente.
—Haces bromas extrañas.
—¿Cómo puedes estar tan seguro de que solo es una broma?
—Está bien, dejemos de hablar de eso. En cualquier caso, disfrutemos
de nuestra comida de forma más relajada.
—¿Estás incómodo a mi lado? No entiendo. Deberías sentirte más
incómodo con Robert que conmigo. ¿Qué más hay entre nosotros que no
puedas mostrarme?
¡Este tipo otra vez!
Joel sintió su rostro arder de rabia. Desde luego, el príncipe estaba
llevando la conversación a un tema incómodo una y otra vez. ¿Por qué
no le importaba si alguien escuchaba?
Quería decirle que dejara de ser tan cobarde y mezquino, pero si la
conversación continuaba en esa dirección, él sería el perdedor. Al final,
Joel, con las manos levantadas en señal de rendición, decidió aceptar a
regañadientes la voluntad del príncipe heredero.
Finalmente, arrastrado por el príncipe heredero, Joel terminó
sentándose en una zona soleada de hierba, y puso una cara de tristeza.
Sin exagerar, sentía que realmente iba a llorar. El tiempo que pasaba
comiendo a solas con Robert era una de las pocas oportunidades que
tenía para disfrutar de una comida abundante.
Estaba emocionado ante la idea de comer mucha comida deliciosa,
pero esa oportunidad se había desvanecido de manera tan vana... Y más
aún, considerando que ya me resultaba difícil controlar mi apetito debido
al bebé que llevaba en mi vientre.
No podía comer como un glotón frente al príncipe heredero, así que
Joel comenzó a prepararse mentalmente para fingir que no tenía hambre
y reprimir su tristeza.
El príncipe heredero, con una expresión contenta, abrió la cesta de
almuerzo que había traído, sin parecer saber si Joel estaba consciente de
lo que estaba pasando o no.
Joel observó con tristeza cómo el príncipe heredero sacaba y extendía
sobre la hierba el pan de trigo bien horneado, un gran trozo de queso,
jamón, carne salada, galletas con bordes de azúcar y una tarta rellena de
frambuesas.
Capítulo 37
¿Por qué justo todas las cosas que más le gustaban? Durante los 3 años
que vivió como hijo adoptivo del Conde Lucas, no había probado un
alimento decente.
A pesar de haber asistido a innumerables banquetes, incluso allí, el
sirviente que su padre adoptivo había asignado lo vigilaba con ojos de
águila, por lo que solo podía probar una pequeña cantidad de los
alimentos que quería.
Joel, que estaba considerando probar solo un poco de jamón, decidió al
final no tocar nada de la comida que el príncipe heredero había puesto.
Debido a su embarazo, su apetito era tan feroz que no podía controlarse,
y si probaba algo delicioso, perdería el control de sí mismo y comería
hasta reventar como lo había hecho frente a Robert.
Por mucho que ya le hubiera mostrado al príncipe heredero lo peor de
sí mismo, no quería mostrarle algo tan feo como eso. Tristemente,
parecía mejor que siguiera comiendo patatas como siempre.
— No tengo mucho apetito... creo que con unas papas sería suficiente.
¿No hay patatas?
—¿Hm? Pero si a ti realmente no te gustan las patatas.
El príncipe heredero preguntó con extrañeza.
Recordaba claramente cómo Joel siempre ponía una expresión de
disgusto cada vez que veía patatas en el salón de banquetes. Aunque lo
máximo que Joel comía en una comida pública era media patata hervida,
eso era solo una farsa típica de las omegas en situaciones sociales.
Siempre que Joel comía patatas, su mirada estaba fija en el plato de
carne en el centro de la mesa, por lo que era evidente, como si fuera algo
seguro, que en una comida privada ni siquiera se molestaría en mirar las
patatas.
Durante todo este tiempo, nunca se había sentido feliz comiendo
patatas, y ni siquiera había probado el estofado o las guarniciones que
llevaban patatas. ¿Será que de repente a Joel le ha apetecido un plato con
patatas?
— No, no es así.
Ante la brusca respuesta de Joel, el príncipe heredero, que había
asumido que a Joel no le gustaban los platos de patatas y por eso no
había traído ninguno, se levantó rápidamente de su asiento.
—Espera un momento. Creo que Abe estaba horneando patatas. Iré a
buscar algunas.
Sin dar tiempo a que lo detuvieran, el príncipe heredero terminó de
hablar y salió corriendo hacia algún lugar. Joel, que de repente se quedó
solo en el bosque, puso una expresión de desconcierto.
Se preguntaba por qué el príncipe heredero era tan bueno con él, pero
cuando sintió un gruñido en el estómago, dejó de pensar en las
intenciones del príncipe.
Aunque quería reprimir su apetito, sus ojos se dirigían constantemente
a la pila de finas lonchas de jamón que estaban amontonadas en el plato
de plata. El jamón, hecho con pierna de cerdo, tenía un brillo que lo
hacía parecer muy apetitoso.
Solo con mirarlo, podía sentir el sabor salado en la punta de la lengua.
¡Qué rico tenía que estar!, pensó Joel tragando saliva. El pan blanco
que tenía al lado seguramente también estaría crujiente y sabroso.
Si cortara un trozo grande de ese queso con todos esos agujeros y lo
pusiera junto al jamón entre el pan, sería simplemente delicioso. Podría
atiborrarme de un sándwich bien relleno y, si se me atragantara, me
bebería todo el jugo de manzana de un trago, con su dulce aroma...
Los ojos brillantes de Joel recorrían rápidamente la bandeja de plata.
El pan y el queso se veían deliciosos, pero la superficie rojiza y brillante
del jamón, con su grasa, era especialmente tentadora.
No creía que el príncipe heredero se diera cuenta si se comía un
pequeño trozo de jamón de la pila. Joel pensó con ansiedad.
¿No estaría bien comer solo un trozo de jamón antes de que el príncipe
heredero volviera? Ni más ni menos, solo un trozo.
Finalmente, Joel extendió su mano temblorosa. De hecho, fue un acto
instintivo que surgió sin pensarlo.
***
El príncipe heredero, que había regresado con dos de las patatas más
grandes que había tomado prestadas a Abe mientras las horneaba, se
detuvo en seco al presenciar la pequeña obra de teatro que se había
representado en su ausencia.
Hace apenas un momento había dicho que no tenía apetito, pero Joel
estaba ahora mismo con las manos llenas de pan, metiéndolo en su boca
hasta reventar. El jamón, la carne salada y los huevos duros que había en
el plato, amontonados en gran cantidad, habían desaparecido sin dejar
rastro.
Había sido suficiente comida para tres personas, ¡y mucho más!
Incapaz de creer lo que veía, el príncipe heredero se frotó los ojos y
volvió a mirar. Le resultaba chocante que Joel hubiera devorado tanta
comida solo, pero lo que más le desconcertaba era la extraña apariencia
de Joel en ese momento.
La forma en que metía a la fuerza el enorme trozo de pan en su boca
parecía tan desesperada. Joel parecía alguien que no hubiera comido en
meses, o incluso un animal salvaje hambriento.
Tan pronto como se comió todo el gran trozo de pan, Joel tomó una
granada con manos temblorosas. Después de quitarle la dura cáscara con
los dientes, comenzó a tragarse las semillas de granada sin siquiera
escupirlas.
Parecía increíble que una persona pudiera llegar a ese estado solo por
tener un poco de hambre. El príncipe heredero intentó acercarse a Joel
para detenerlo, pero no pudo dar ni un paso.
Fue porque las palabras de Joel de hace un momento, quejándose de
que quería comer cómodamente, resonaron en sus oídos.
En ese momento, Joel devoraba la comida con un rostro desesperado.
¿Acaso la ‘cómoda comida’ de la que hablaba antes se refería a una
comida abundante?
Pensando que quizás estaba metiendo demasiada comida en ese
pequeño cuerpo, también quería que comiera todo lo que quisiera.
Indeciso sobre si debía detener a Joel o no, el príncipe heredero
finalmente se quedó allí, mirando cómo Joel devoraba la comida con
avidez. En un abrir y cerrar de ojos, la espléndida cena que se había
servido en el césped desapareció por completo en el estómago de Joel, y
finalmente se sentó con un rostro aliviado.
Joel, quien antes no podía contener su satisfacción y se había quedado
sin aliento, de repente recobró consciente. Al sentir una mirada intensa,
giró la cabeza para encontrarse con la mirada sombría del príncipe. Joel
se quedó inmóvil, petrificado.
¿Será que el príncipe se siente desolado por haber sentido simpatía,
aunque fuera por un momento, hacia alguien tan despreciable como yo?
Joel sintió que el príncipe heredero lo miraba como si fuera un insecto
repugnante, y no pudo evitar agachar la cabeza.
Entonces, notó los platos de plata que había desordenado. La comida
que había estado amontonada en los platos había desaparecido por
completo.
Pedazos de col cocida, cáscaras de granada y otros restos estaban
esparcidos por todas partes, y sus manos y boca estaban llenas de grasa.
Al darse cuenta de lo horrible que se veía, Joel deseó estar muerto.
—Un oso... un oso apareció de repente y se comió toda la comida...
A pesar de intentar justificarse entre sollozos, cerrar la boca habría
sido una opción mucho más sensata, pero era algo tan obvio como ver
fuego. Con cada paso más próximo, el príncipe se sentó a su lado con
cautela. Joel, inclinando la cabeza, se encogió aún más.
Al ver a Joel temblar como un niño culpable, el príncipe sintió una
extraña ternura. No tenía intenciones de reprochar a Joel por su evidente
falta de educación. Lo único que le resultaba lamentable era el rostro
impecable de Joel, manchado ahora de autodesprecio y miedo.
—Bueno, ¿el oso no te ha hecho daño?
Al preguntar esto mientras besaba el dorso de su mano, Joel trató de
apartar la mano que había sido atrapada, escondiendo aún más su rostro.
Sin embargo, el príncipe heredero no soltó su mano, y Joel sollozó
suavemente.
El príncipe heredero miró a Joel con lástima. Hasta ahora, había
pensado que Joel solo comía patatas en los eventos públicos para
mantener las apariencias y que en el condado disfrutaba de comidas
lujosas como cualquier otro noble. Sin embargo, parecía que Joel había
estado siguiendo una dieta muy estricta sin importar dónde estuviera.
La moderación en la comida era una virtud básica para un noble,
especialmente exigida con más rigor a los príncipes y eruditos. Estaba
consciente de ello. Pero incluso así, ¿era necesario pasar hambre hasta tal
punto?
La persistente melancolía de Joel lo agobiaba una vez más.
El príncipe sacó un paño limpio de una cesta y empezó a limpiar el
aceitoso rostro y manos de Joel. Mientras tanto, Joel permanecía
resignado en silencio.
Encogiéndose de hombros de manera sombría, parecía no tener fuerzas
ni para justificarse. Ante esta actitud desanimada, el príncipe,
compadeciéndose, continuó: —Dado que devoraste toda esa comida, ese
oso debe estar lleno hasta el tope ahora. Seguro que está adorablemente
abultado.
—No es divertido...
Aunque su intento de animar a Joel con una broma falló, la expresión
ceñuda de Joel resultaba en cierto modo entrañable.
—Si el oso devoró toda la comida, todavía debes tener hambre. ¿Te
apetece una patata?
Al recordar de repente que Joel buscaba una patata, el príncipe ofreció
una con el paño desplegado. Al desenvolverlo, el cálido aroma de la
patata recién horneada se dispersó por el aire.
Capítulo 38
—Urgh…
El aroma de la patata hizo que Joel empezara a sentir náuseas de
repente. El príncipe, desconcertado, rápidamente arrojó la patata lejos. Al
hacerlo, las náuseas de Joel finalmente cesaron. Aunque Abe, quien
cocinaba las patatas con esmero, se entristecería al enterarse, no era
momento para preocuparse por eso.
Aunque se aliviaron las náuseas, Joel ahora se quedó rígido con una
expresión desconcertada en el rostro. Parecía avergonzado por haber
tenido náuseas tan de repente.
Así que al final sí que odiaba las patatas. Entonces, ¿por qué Joel se
había obsesionado tanto con ellas durante todo este tiempo? El príncipe
heredero acarició a Joel para calmarlo y reflexionó sobre ello con dudas.
No entendía por qué alguien que odiaba tanto las patatas, hasta el
punto de sentir náuseas solo con su olor, las hubiera convertido en su
alimento principal. Por supuesto, podría ser que en ese momento Joel
simplemente estuviera lleno y que el olor a papa le resultara
desagradable por eso, y que normalmente no las odiara tanto...
Pero había algo extraño en pasar por alto las cosas de esa manera.
Si Joel realmente había estado pasando hambre todo este tiempo,
¿habría sido por propia voluntad?
De repente, una idea le surgió: la punta de la flecha de la sospecha
parecía dirigirse al Conde Lucas. Era un hecho bien conocido que Lucas
había adoptado a Joel con la intención de sacar provecho de su inocencia.
El Conde Lucas era astuto y codicioso, y el inocente Joel fácilmente
podría haber caído víctima de sus malas intenciones. Si ese viejo zorro
había llevado a Joel a esta situación deplorable, el príncipe no se
quedaría de brazos cruzados. Decidió que al regresar a la capital,
investigaría minuciosamente las acciones de Joel hasta ahora.
***
El recuerdo de su primer encuentro con el príncipe heredero seguía
atormentando a Joel, incluso tres años después.
Fue unos dos meses después de entrar en la Academia Imperial. En ese
momento, Joel estaba en guerra con un grupo de estudiantes, y como no
era muy listo para lidiar con sus provocaciones, las peleas continuaban,
resaltando su propia impulsividad.
Cuando confrontaba a los otros estudiantes por sus burlas, en lugar de
una respuesta, recibía acusaciones de ser grosero. Los estudiantes,
celosos de Joel, lo menospreciaban, diciendo que su comportamiento
mostraba sus orígenes bajos, y los otros estudiantes nobles, en silencio,
estaban de acuerdo y observaban la situación con superioridad.
En realidad, para ellos, la reacción de Joel de discutir por un simple
susurro en una reunión social era demasiado violenta y exagerada.
Sin embargo, era imposible que Joel, que había vivido libremente entre
los plebeyos durante 17 años, pudiera entender la mentalidad de esos
nobles de alto rango. Aunque no rechazaba las provocaciones, juraba que
nunca había sido el primero en iniciarlas. Joel estaba furioso e indignado.
¿Acaso querían que simplemente ignorara sus susurros y risas? Sabía
perfectamente qué tipo de rumores malvados estaban difundiendo a sus
espaldas.
La situación de Joel empeoró rápidamente porque el maestro de
etiqueta que su padre adoptivo le había asignado no corrigió su
comportamiento impulsivo, sino que, por el contrario, parecía alentarlo
sutilmente.
La razón por la que se atrevía a hacer eso era porque el conde Lucas,
su padre adoptivo, estaba de acuerdo.
En su vida pasada, Joel había creído sinceramente que su padre
adoptivo lo defendía y se había consolado con la presencia de su querido
padre adoptivo. Sin embargo, si realmente hubiera estado del lado de su
hijo adoptivo, en lugar de incitar a Joel a comportarse de manera
imprudente, le habría enseñado a lidiar correctamente con las críticas de
la sociedad y habría tratado de restaurar la dañada reputación de Joel.
Después de regresar al pasado, con una perspectiva más objetiva, Joel
finalmente pudo ver a través de las oscuras y siniestras intenciones de su
padre adoptivo. Su padre adoptivo quería que él se quedara solo.
Así, él creería que su padre adoptivo era su único aliado y se volvería
aún más dependiente de él, y también se aferraría más al príncipe
heredero.
De hecho, en su vida pasada, Joel se convirtió en un títere tal como su
padre adoptivo había planeado. Sediento de afecto, siguió ciegamente a
su padre adoptivo y, aunque fue utilizado como una pieza de ajedrez, no
quería creer que su padre adoptivo lo estaba usando hasta que ya no fuera
útil.
De todos modos, aunque su padre adoptivo había permitido que Joel
actuara de forma impulsiva, no pudo evitar castigarlo con arresto
domiciliario cuando Joel, en un arranque de ira, agarró del cabello a uno
de los estudiantes alfa. Cuando regresó a la academia después de una
semana de arresto, Joel se sintió profundamente frustrado al
experimentar el rechazo de los demás.
Si antes la actitud de la sociedad hacia Joel había sido neutral, casi
negativa, ahora se había vuelto claramente hostil hacia él. Las
invitaciones a los eventos sociales, que antes llegaban ocasionalmente
por cortesía hacia su padre adoptivo, se habían cortado por completo, y
nadie se dirigía a Joel primero.
No solo eso, sino que incluso ignoraban por completo cualquier
intento de Joel por iniciar una conversación.
Este ambiente hostil era una prueba demasiado grande para Joel, quien
era de naturaleza ingenua. Habiendo vivido 17 años rodeado del inmenso
afecto de su padre, los sirvientes y los habitantes de su feudo, Joel nunca
había imaginado que alguien pudiera odiarlo.
De hecho, incluso devolver el odio que recibía era más una carga que
una satisfacción para Joel.
La vida en la capital, tan precaria como caminar sobre hielo delgado,
agotaba cada vez más a Joel. Cada mañana al despertar, lo primero que
quería era dejarlo todo y regresar a la finca de los Bennet, pero se
obligaba a levantarse de la cama solo por la idea de no poder tomar una
decisión irresponsable y decepcionar a su padre adoptivo y a su padre
biológico.
Sin embargo, la presión extrema aumentaba día a día, y Joel lloraba a
solas cada vez más a menudo, no solo por la noche, sino también durante
el día en lugares solitarios.
Y así fue como sucedió ese día, cuando Joel estaba llorando solo en la
entrada de la biblioteca del ala este, un lugar poco frecuentado.
—Parece que algo te ha molestado.
Alguien, con una voz amable, lo interrumpió de repente.
Joel, tan absorto en su llanto que no había notado la presencia ajena,
sintió una mezcla de vergüenza, fastidio y una pizca de curiosidad.
Después de todo, hacía casi dos meses que no escuchaba una voz que no
contuviera desprecio u hostilidad hacia él.
Se sintió un poco más tranquilo al notar que la voz era desconocida. Al
menos, no parecía ser uno de esos malditos alfas, y eso era algo bueno.
Si los alfas hubieran visto su patética figura llorando, habrían tenido
un motivo más para burlarse de él.
Después de calmarse, Joel seguía con la cabeza baja, avergonzado.
Entonces, el hombre le tendió un pañuelo blanco, impecablemente
doblado.
Joel se había deshecho de su propio pañuelo, empapado de lágrimas y
mocos, y lo había tirado al bosque. Aceptó el pañuelo que el hombre le
ofrecía.
Y cuando levantó la cabeza para expresar su gratitud…
—Wow…
Al cruzar la mirada con el dueño del pañuelo, Joel se quedó
paralizado, petrificado por la sorpresa. El hombre que le había ofrecido
el pañuelo era nada menos que el príncipe heredero, Carlyle.
Aunque aún no se habían presentado, Joel lo reconoció al instante.
Después de todo, su padrastro, el conde Lucas, lo arrastraba tres veces al
día frente al retrato del príncipe heredero, insistiendo en que, por todos
los medios posibles, debía llamar su atención.
—¿Hay algún problema?
Ante la pregunta ligeramente desconcertada del príncipe heredero, Joel
solo pudo quedarse ahí, como tonto. Estaba tan sorprendido y aturdido
que ni siquiera podía respirar. Según su padrastro, el príncipe heredero
había sido enviado como embajador a un país extranjero para realizar
tareas diplomáticas.
Claramente, su padrastro le había dicho que no podría conocer al
príncipe heredero hasta el verano. Entonces, ¿cómo era posible que
estuviera frente a él?
Se sentía como si el aire se hubiera detenido de repente. Joel
permaneció así, como un tonto, durante un largo rato.
Si se había quedado paralizado de esa manera tan tonta, además de la
sorpresa por el encuentro repentino con el príncipe heredero, también se
debía, en gran medida, a que se sintió abrumado por la belleza del
príncipe. Hasta ese momento, Joel nunca había imaginado que el príncipe
heredero fuera tan guapo.
Sinceramente, cada vez que veía el retrato del príncipe heredero, Joel
se reía por lo bajo, pensando que el adulador del pintor de la corte había
ido demasiado lejos. En realidad, no era de extrañar que Joel pensara así.
Los pintores de retratos suelen embellecer al máximo la apariencia de
sus clientes, y el aspecto del príncipe heredero en el retrato era casi
irreal.
Capítulo 39
Solo con su propia experiencia, Joel podía darse cuenta. Incluso su
padre biológico, que en realidad tenía una barba desaliñada y parecía más
un bandido que un leñador, aparecía en su retrato como un gentil
caballero de mediana edad con un aire intelectual.
Por lo tanto, era lógico que Joel, hijo de un pequeño noble de
provincia que nunca había visto al príncipe heredero en persona,
asumiera que el retrato estaba muy idealizado.
Sin embargo, en el caso del príncipe heredero Carlyle, era todo lo
contrario. Incluso un pintor de la corte, que sin duda tenía mucha
habilidad, había fallado en capturar completamente la belleza del
príncipe en el lienzo.
El príncipe heredero tenía una apariencia tan excepcional que parecía
la obra maestra más elaborada de Dios. Su nariz recta y elegante, sus
ojos serenos y profundos, y cada aspecto de su apariencia eran tan
perfectos que resultaban impactantes.
La apariencia del príncipe, con su cabellera negra pulcramente
peinada, vestido con ropas conquistadoras, combinado con su sólida
complexión, hacía que pareciera increíblemente maduro para sus 17
años.
Que la belleza deslumbrante del príncipe heredero llenara
repentinamente su visión fue una reacción completamente natural para
Joel, quien se quedó boquiabierto. Sin siquiera darse cuenta de su propia
falta de modales, Joel miró fijamente los brillantes ojos verdes del
príncipe y pensó rápidamente:
¿Se supone que uno se arrodilla ante un miembro de la realeza? No,
eso lo hacen los betas, creo que los omegas solo tienen que hacer una
pequeña reverencia. ¿Cuál es la forma correcta? ¿Qué se supone que
debo hacer?
Pero por más que intentara recordar, no podía traer a la mente ninguna
de las reglas que le había enseñado su maestro de etiqueta. Con la boca
abierta, admirando el rostro del príncipe durante un largo rato, Joel
finalmente pudo emitir una palabra con una voz forzada:
—Su- Su Alteza.
El príncipe heredero sonrió levemente, revelando una fila de dientes
blancos y perfectos.
Besando el dorso de la mano de Joel, preguntó: —He estado fuera del
país por mucho tiempo, así que no estoy al tanto de las noticias de la
sociedad. Nunca te he visto antes, ¿puedo escuchar tu nombre, belleza?
Joel, tartamudeando, le dijo su nombre.
—¿Así que tú eres... el que el conde Lucas adoptó?
El rostro del príncipe heredero se endureció al escuchar el nombre de
Joel.
La suave sonrisa que había adornado sus labios se había desvanecido
por completo. Joel se dio cuenta de que lo que había desaparecido en los
fríos ojos del príncipe heredero no era solo la amabilidad, sino también el
mínimo respeto hacia él.
La mirada fría del príncipe heredero se parecía a la de otros jóvenes
nobles que solían criticar su comportamiento presuntuoso. Fue una
comprensión casi instintiva.
—Entonces, hasta luego. No tienes que devolverme el pañuelo.
El príncipe heredero se dio la vuelta, sin ocultar su expresión de
arrepentimiento por haber entablado conversación.
En ese breve instante en que su mirada amable se volvió fría, Joel
sintió que había leído todos los pensamientos del príncipe. El príncipe,
como los otros nobles, lo había juzgado en pocos segundos basándose
únicamente en los rumores. Justo en ese momento en que Joel se había
enamorado de él a primera vista.
Se sentía indignado y frustrado por ser humillado de esa manera solo
por ser un hijo adoptivo y tener una mala reputación. Había
experimentado situaciones similares innumerables veces en los últimos
dos meses, pero esta vez no podía soportarlo.
Quería recuperar esa amabilidad que había desaparecido tan rápido.
Así que Joel corrió tras el príncipe heredero y agarró el borde de su
manga.
—No, no puedes irte así.
Los ojos heridos de Joel brillaron con una mirada feroz. Desafiando
sin titubeos la mirada despectiva del príncipe, éste no pudo ocultar su
sorpresa.
No sabía si llamarlo tonto o valiente. Con una expresión de disgusto,
como si estuviera deshaciéndose de un mendigo que le suplicaba
agarrando su manga, él sacudió el brazo, pero Joel se aferró aún más
fuerte a su manga, como una sanguijuela.
—¿Qué clase de insolencia es esta? ¡Suéltame inmediatamente!
—No, no puedo. Y si hablamos de insolencia, Su Alteza no se queda
atrás. ¿Cuál es el problema de que sea un hijo adoptivo del conde Lucas
para que me trate así?
—¿Insolente? Vaya, eres exactamente como decían los rumores.
Una esquina de la boca del príncipe heredero se curvó en una burla
elegante. Al ver esa expresión, Joel sintió un dolor agudo en el corazón.
Era una burla descarada. Su impulso de protestar y agarrarlo de
inmediato había reforzado los prejuicios que el príncipe tenía sobre él.
Había sido una rabieta que podría haber funcionado en la finca de Sir
Bennet, pero no frente a un miembro de la realeza. Y cuando Joel se dio
cuenta de su error, ya era demasiado tarde.
Aprovechando que los dedos de Joel se habían aflojado, el príncipe
heredero apartó bruscamente su brazo.
—Espero no volver a encontrarte aquí. Esta es mi biblioteca privada,
no es un lugar al que un simple noble pueda acceder. No me gusta que
me interrumpan durante mi tiempo libre.
Mientras alisaba la manga arrugada, el príncipe añadió: —Por
supuesto, estoy seguro de que tú también lo sabes—. Era como si Joel
hubiera estado fingiendo llorar para llamar su atención.
Pero juraría por Dios que Joel simplemente había entrado allí
buscando un lugar tranquilo. Ni siquiera sabía que el príncipe había
regresado.
Aunque ya había causado una pésima impresión al príncipe heredero
desde el primer encuentro, Joel se apresuró a explicar, sin poder permitir
que lo malinterpretara aún más.
—Lo siento. No sabía que este era el estudio de Su Alteza. Solo estaba
buscando un lugar tranquilo y...
Sin embargo, el príncipe heredero ya se estaba alejando. No quería
perder ni un segundo más con Joel. Solo en el bosque, Joel se sintió no
solo frustrado, sino también humillado.
Si no hubiera amado al príncipe heredero, después de ese día, el
príncipe habría sido solo uno más de las muchas personas desagradables
que lo rodeaban. Se habría sentido tan herido por su crueldad, pero
desafortunadamente, Joel ya se había enamorado del príncipe.
Joel nunca olvidó la primera impresión amable y cariñosa del príncipe.
Sin embargo, cruelmente, el príncipe nunca volvió a mostrar esa faceta
de nuevo después de eso. Su amabilidad y ternura eran mostradas solo
frente a Benjamín.
Frente a Benjamín, el príncipe siempre mantenía una actitud gentil y
cortés, pero hacia Joel, mantuvo su indiferencia. No mostraba
abiertamente desdén hacia él como lo hacía con otros nobles, pero
tampoco se molestaba en ofrecerle ayuda.
Durante años, en medio del acoso, él simplemente había adoptado una
actitud de completo espectador.
Joel siempre pensó que la importancia que tenía en la mente del
príncipe heredero no era diferente a la de un simple adorno en el pasillo.
Siempre presente pero sin llamar la atención, algo que un día podría ser
desechado por el mayordomo con un simple —Ah, sí, había algo ahí—,
sin ningún tipo de arrepentimiento.
Por eso, cuando fue descubierto comiendo a manos llenas, Joel
esperaba que el príncipe lo reprendiera. Incluso si el príncipe volteara la
cabeza y se tapara la boca para contener las náuseas, una reacción de
desprecio tan evidente no lo habría sorprendido en absoluto.
Sin embargo, la reacción del príncipe en ese momento fue
completamente inesperada.
—Bueno, ¿el oso no te ha hecho daño?
En lugar de burlarse de él, el príncipe heredero respondió
amablemente a sus obvias mentiras. Incluso se puso nervioso, como si
temiera que se enfermara, y le trajo un pañuelo y le masajeó las manos y
los pies.
Joel no podía acostumbrarse a la actitud afectuosa e inmutable del
príncipe heredero, a pesar de haber hecho algo tan despreciable.
Definitivamente, algo andaba muy mal después de haberlo golpeado
en la cabeza con esa piedra. Joel pensó que, al regresar al palacio,
debería comprobar el estado mental del príncipe heredero y, apresurando
al príncipe, que intentaba retrasar la partida, subió al carruaje.
Después de que el carruaje partió, Joel miró por la ventana con un
rostro triste. Como si quisiera distraer a Joel, el príncipe heredero habló.
—Para alguien a quien le gustan tanto las joyas, tu vestimenta es
bastante sencilla.
En realidad, el príncipe heredero sentía celos de que la atención de
Joel no estuviera en él. Pero además de los celos, también sentía
curiosidad, ya que según su padre adoptivo, a Joel le encantaban las
joyas, pero nunca llevaba ninguna.
Capítulo 40
Como había estado atendiendo personalmente a Joel durante el viaje,
el príncipe heredero se dio cuenta involuntariamente de que Joel no tenía
ninguna joya valiosa. Lo único que llevaba era un anillo de zafiro que se
parecía a sus ojos azules, y además era una imitación.
Aunque era una imitación bastante bien hecha, el príncipe heredero,
que era un experto en la evaluación de joyas, pudo reconocer al instante
que era una piedra falsa.
—¿Qué? ¿Que me gustan las joyas? ¿Quién te dijo eso?
Joel preguntó inmediatamente, desconcertado.
—Mmm, simplemente lo escuché por casualidad...
—¿Quién demonios lo dijo? ¿Fueron los murmuradores en la corte?
Joel interrogó al príncipe heredero con un tono áspero.
Era algo que podía resultar desagradable para Joel, quien solo se
preocupaba por la comida y no tenía ningún interés en las riquezas, pero
incluso teniendo eso en cuenta, la reacción de Joel era excesivamente
aguda.
Joel era consciente de que estaba actuando de manera demasiado
sensible, pero no podía evitar que sus palabras salieran de forma
punzante.
Joel conocía bien los muchos prejuicios que lo rodeaban. Los
chismosos de la capital disfrutaban difundiendo rumores sobre lo
estúpido, arrogante, codicioso y vulgar que era. Aunque siempre se había
sentido muy agraviado por eso, desde que el príncipe heredero lo había
mirado con desprecio en su primer encuentro, se había vuelto
extremadamente sensible, casi patológico, a cualquier comentario
negativo sobre él.
—No me juzgue basándose solo en los rumores. Sé perfectamente lo
que dicen de mí. ¿También crees en los rumores de que soy promiscuo?
Al escuchar esta pregunta, lanzada sin pensarlo, y ver a Joel enfadado
y reclamándole, el príncipe heredero se sintió desconcertado.
Sin embargo, antes de enfadarse o sentirse agraviado, lo primero que
sintió fue un vuelco en el corazón, al ver los ojos claros de Joel
temblando con inquietud. Aunque no entendía completamente la
psicología de Joel, el príncipe se dio cuenta de que había tocado una
herida profunda en él.
—Joel, por supuesto que no es así. Confío en ti. Pensé que te gustaban
las joyas porque, por lo general, a los nobles les gustan, así que asumí
que tú también. Si te ofendí, te pido disculpas —dijo apresuradamente
para calmar a Joel.
—Antes de juzgarme, por favor, pregúntame directamente.
—Sí, lo tendré en cuenta. De verdad lo siento.
Incluso después de recibir una disculpa nuevamente del príncipe
heredero, los sentimientos de disgusto e inquietud de Joel no solo no
desaparecieron, sino que empeoraron. Tenía miedo de que el príncipe
heredero se cansara de él y se fuera.
Tratando de calmar su ansiedad, Joel inconscientemente acarició
suavemente su bajo vientre.
Fue un acto inconsciente. Joel ni siquiera se dio cuenta de que estaba
haciéndolo mientras acariciaba su vientre.
Sin embargo, el príncipe heredero, que lo observaba, entrecerró los
ojos de inmediato.
Los elegantes ojos del príncipe brillaron con un frío repentino. Incluso
después de que Joel retiró su mano de su vientre, la mirada de duda en
sus ojos no desapareció.
***
Al caer la tarde, los miembros del Cuarto Escuadrón liderados por Abe
se preparaban para su última noche de campamento antes de dirigirse al
dominio de Bennet. Cuando las camas estuvieron listas, el príncipe
envolvió los hombros de Joel con naturalidad y lo condujo hacia la
tienda más grande, como si fuera lo más esperado. Para Joel, no parecía
existir la opción de no compartir tienda con el príncipe.
Por otro lado, Joel no se atrevió a mencionar su deseo de dormir en
otro lugar. Desde que había mostrado un comportamiento inusual con el
príncipe, se había dedicado a observar cada movimiento de este último.
¿Podría mostrar abiertamente su cercanía con Ben antes de entrar a la
tienda?
Antes de adentrarse en la tienda, Joel miró de reojo hacia donde estaba
Benjamín. Benjamín parecía estar ocupado charlando animadamente con
otros caballeros, sin prestar atención si el príncipe y Joel dormían juntos
o no.
No sé si debería decir que es suerte.
Como Joel estaba parado torpemente, el príncipe heredero apretó
suavemente su hombro.
—¿Joel, qué te pasa?
—Ah, nada, nada.
Joel negó con la cabeza, evitando la pregunta.
Le preocupaba tener que encontrar una nueva pareja para el príncipe
heredero, pero pensándolo bien, era mejor que Benjamín estuviera
enamorado de otra persona. Aunque había envidiado y odiado a
Benjamín por el respeto que recibía del príncipe heredero, después de
todo, era su único amigo.
Sinceramente, Joel no quería que su único amigo lo odiara. De repente
se dio cuenta de que quería mucho más a Ben de lo que había pensado.
—Tú, todo el día has tenido mal aspecto. ¿Te preocupa mucho tu
padre?
—No, no es eso...
—Entonces, ¿es por lo que hice mal esta tarde?
El príncipe heredero cerró la entrada de la tienda y preguntó con voz
cautelosa. De hecho, el príncipe heredero también estaba nervioso,
observando la reacción del otro.
A Joel le molestaba haberle gritado al príncipe heredero por una razón
tan trivial, así que rápidamente negó con la cabeza y dijo: —No estoy
molesto. No hay necesidad de que te preocupes tanto.
—¿En serio no lo estas? Tienes los ojos decaídos. ¿Te sientes mal del
estómago? ¿Quizás tienes indigestión?
El príncipe heredero extendió su mano de repente para tocar el vientre
de Joel. Sorprendido, Joel inmediatamente apartó su mano y retrocedió.
—¿Por qué… por qué de repente me toca?
—¿Por qué quieres que haya tanta formalidad entre nosotros?
El príncipe heredero frunció el ceño, como si no entendiera la reacción
exagerada de Joel, pero este último mantuvo firmemente la distancia.
Aunque aún no era evidente el embarazo, no podía bajar la guardia.
—Iré a lavarme.
—Abe traerá agua caliente para bañarnos, así que no te molestes.
—Ah, yo simplemente puedo lavarme en el arroyo cercano...
—El hielo aún no se habrá derretido. ¿Cómo piensas bañarte en esa
agua fría?
El príncipe heredero comenzó a prepararse para el baño, quitándose el
chaleco. Por su actitud, parecía que tenía la intención de bañarse con Joel
una vez que el agua estuviera lista.
Joel, pálido, intentó decirle que quería bañarse solo, pero antes de que
pudiera abrir la boca, el príncipe heredero lo interrumpió con descaro: —
Después de todo, fui yo quien te ayudó a bañarte anoche.
Joel recordó la noche anterior cuando el príncipe heredero lo había
molestado hasta que se desmayó. De hecho, se sentía renovado al
despertar por la mañana, pero hasta ahora se dio cuenta de que el
príncipe heredero lo había bañado.
Joel intentó con todas sus fuerzas abrirse paso entre el príncipe
heredero que bloqueaba la entrada de la tienda, pero este último se
levantó lentamente las mangas de la camisa y se interpuso en su camino.
—Déjame ir.
—No.
—Su Alteza, realmente no quiero acusarlo de esta manera... ¿pero es
un pervertido? ¿Por qué quiere desnudarme así…?
No pudo terminar la frase, avergonzado por decir algo tan directo.
Mientras Joel se sonrojaba y tartamudeaba, el príncipe heredero protestó
con un tono educado: —Pervertido dices. Solo estoy tratando de ayudarte
porque me preocupa que todavía te sientas débil después de anoche. No
deberías malinterpretar la buena voluntad de alguien de esa manera.
Quítate la camisa.
Sin embargo, para alguien que se sentía tan agraviado por ser
malinterpretado, el príncipe heredero ya tenía los botones de su camisa
completamente desabrochados. Joel estaba estupefacto, pero era
demasiado formal para señalar tal incongruencia.
Justo a tiempo, Abe anunció desde afuera de la tienda que había traído
una bañera portátil. Con la bañera llena de agua caliente, el príncipe
heredero atrapó a Joel, que intentaba escapar, y finalmente logró quitarle
toda la ropa y sumergirlo en el agua.
En la bañera, Joel se acurrucó y puso una cara de tristeza. Se sentía
terriblemente avergonzado de estar desnudo frente al príncipe heredero,
quien estaba completamente vestido.
En contraste con Joel, que no podía respirar con normalidad debido a
la vergüenza, el príncipe heredero tarareaba una canción alegre mientras
se subía las mangas.
Comenzó a verter pétalos de rosas secos y varios aceites aromáticos en
la bañera.
Cuando los pétalos de rosa cubrieron generosamente la superficie del
agua, Joel pudo relajarse un poco. Con un gesto suave, el príncipe
heredero comenzó a masajear los hombros de Joel, que empezaba a
mostrar signos de relajación.
Con una voz suave, susurró: —Aunque no pueden compararse con tus
feromonas, estos son pétalos de rosa de bastante buena calidad. Espero
que te gusten.
De hecho, después de viajar en carruaje todo el día, Joel tenía dolor de
espalda y de trasero, pero sumergirse en el agua tibia lo estaba relajando.
El príncipe heredero resultó ser un masajista bastante bueno.
—Ya no sé qué hacer. Que pase lo que tenga que pasar—, pensó Joel,
cerrando los ojos con fuerza y entregándose al cuidado del príncipe
heredero.
Después de un baño placentero y envuelto en una suave toalla, Joel ya
estaba empezando a quedarse dormido. El príncipe heredero, quien había
dicho que era demasiado pronto para bañarse en el río debido al hielo, en
realidad había ido con sus caballeros a bañarse allí.
Joel se habría sentido bastante agraviado si lo hubiera sabido.
Sin embargo, en ese momento, Joel estaba profundamente dormido en
una cama mullida rellena de lana. El príncipe heredero sonrió con
satisfacción y se acostó junto a Joel, que respiraba profundamente.
Capítulo 41
Sin embargo, la tranquilidad no duró mucho. El príncipe heredero, que
dormía plácidamente junto a Joel, de repente abrió los ojos al percibir
una sensación extraña afuera.
—Cof cof.
Alguien tosió varias veces fuera de la tienda. Era una señal de peligro
enviado por el capitán de la guardia, Abe.
El príncipe heredero se levantó. Cuando Joel se despertó y trató de
preguntar qué ocurría, el príncipe heredero rápidamente tapó su boca.
¿Acaso una banda de ladrones estaba atacando la tienda? Aunque los
caballeros armados los estaban protegiendo, no sería difícil lidiar con una
banda de ladrones desorganizada, pero si a los que estaban enfrentando
eran asesinos enviados por algún noble o rey extranjero, la situación
podría complicarse.
El príncipe heredero se levantó y tomó su espada.
—No te vaya...
Finalmente, Joel se dio cuenta de que algo andaba mal afuera y agarró
la manga de la camisa del príncipe heredero. Habiendo visto al príncipe
heredero demostrar sus habilidades en varias ocasiones durante las clases
de esgrima, Joel sabía que era hábil tanto con la espada como en combate
cuerpo a cuerpo, pero no podía estar seguro de que la realidad fuera igual
que la práctica.
No podía dejar que saliera sin protección, sin armadura, a un lugar
donde no sabía qué peligros lo acechaban.
—No salgas hasta que te llame, y si me pasa algo, ve a la finca del
señor Bennet y pide ayuda. La finca está a medio día de camino hacia el
suroeste. La brújula está en esa bolsa, así que llévala contigo ahora.
—Su Alteza...
—Estaré bien.
El príncipe heredero besó el dorso de la mano de Joel y se apresuró a
salir de la tienda. Esta vez, Joel no pudo detenerlo.
Joel, temblando de miedo, se sobresaltó cuando algo afilado voló y
perforó la tienda. Con la luz de la luna, pudo distinguir apenas que era
una punta de flecha.
—¡Quién demonios anda ahí! —gritó el capitán de la guardia, Abe, y
el alboroto comenzó.
Sombras se movían frenéticamente fuera de la tienda, y se escuchaban
voces airadas que gritaban: —¡Ese es él! ¡Ese es el príncipe heredero!
Se escuchaban choques de espadas y gritos por todas partes.
Quería salir corriendo y comprobar si el príncipe heredero estaba a
salvo, pero como él le había dicho que no saliera bajo ninguna
circunstancia, no tuvo más remedio que esperar a que se calmara todo.
Además, como no sabía esgrimir, no serviría de nada salir.
Acurrucado en su cama de lana, Joel temblaba incontrolablemente,
repitiéndose una y otra vez que si el príncipe heredero moría, él también
moriría. Se arrepentía amargamente de no haber intentado disuadir al
príncipe heredero cuando se ofreció a resolver el caso de su padre.
Y...
Después de una espera que pareció eterna, alguien agarró bruscamente
la entrada de la tienda y la abrió de par en par.
***
—¡Joel!
Por suerte, quien abrió la tienda fue el príncipe heredero. Joel quería
correr hacia él inmediatamente, pero sus piernas estaban tan débiles por
el alivio que no podía levantarse.
Con dificultad, se levantó con la ayuda del príncipe heredero que se
acercó.
—Su Alteza...
—Ya está bien. Todo ha terminado.
El príncipe heredero sostuvo a Joel, quien estaba a punto de
desmayarse. Un fuerte olor a sangre emanaba de él.
Fue entonces cuando Joel se dio cuenta de que el cuerpo del príncipe
heredero estaba empapado de sangre. Rápidamente examinó su estado.
—Su Alteza, ¿de dónde viene toda esta sangre? ¿Está herido?
—No, durante la batalla, simplemente me manché con la sangre de los
atacantes. No hay de qué preocuparse.
Mientras el príncipe intentaba tranquilizar al asustado Joel, el
comandante Abe entró en la tienda.
—Señor Joel, disculpe, pero, ¿me acompañaría por un momento?
—¿Qué está pasando?
Fue el príncipe heredero quien respondió a la pregunta de Abe. Ante el
príncipe heredero, con una expresión de desagrado por la interrupción,
Abe inclinó la cabeza y dijo: —Sí, bueno... es que... la finca del señor
Bennet, el padre del señor Joel, está cerca de aquí. Quería pedirle al
señor Joel que confirmara la identidad de los atacantes.
—¿Por qué diablos quieres que Joel se involucre en eso?
—¿Eh? Bueno, es que...
Abe se quedó sin palabras, confundido. Dado que la finca del señor
Bennet era la vivienda más cercana en este vasto bosque, para él era
natural pedirle a Joel que confirmara las identidades.
Además, ¿acaso el príncipe heredero no había estado de acuerdo hace
un momento cuando, después de examinar los cadáveres de los atacantes,
todos concluyeron que parecían más campesinos que un grupo de
asesinos entrenados o bandidos?
—No lo permito. No puedo mostrarle los cadáveres a Joel. ¿Cómo
podría un niño como Joel soportar ver algo tan horrible? Si sufre un
shock severo, ¿te harás responsable?
—Su Alteza, a mí no me importa...
Al ver que el príncipe heredero reaccionaba de manera excesivamente
sensible, Joel, que había estado observando cautelosamente, intervino.
—Aunque tú estés bien, yo no lo estoy. Oye, Abe. Deja de decir
tonterías y ve a prepararte para partir.
—Pero, Su Alteza...
Era muy importante confirmar si los atacantes tenían alguna relación
con la finca del señor Bennet. Si realmente eran habitantes de la finca del
señor Bennet, podría haber ocurrido una rebelión en la finca del señor
Bennet.
Quizás la situación requiera que desviemos la carreta hacia el castillo
del Conde Grey para solicitar apoyo adicional de tropas, pero Abe estaba
totalmente desconcertado por el hecho de que el príncipe insistiera en
que no podía mostrarle los cadáveres a Joel.
—Su Alteza, de verdad estoy bien. Volveré enseguida.
Cuando Joel, que había entendido más o menos la gravedad de la
situación, intentó seguir a Abe, el príncipe heredero lo detuvo.
Abrazando a El príncipe le ordenó a Abe en un tono severo que se
retirara.
Sin embargo, no podían irse sin identificar a los atacantes.
Afortunadamente, Robert, que había estado observando la situación
desde fuera de la tienda, intervino: —Disculpe, señor Abe. Yo también
soy del mismo pueblo que el señor Joel. Como he vivido en la finca del
señor Bennet durante más tiempo que el señor Joel, creo que puedo ser
de más ayuda en la identificación.
Abe finalmente pudo salir de la tienda con un suspiro de alivio.
—Estoy bien de verdad...
Joel murmuró con un deje de tristeza. De hecho, no le asustaba tanto
ver cadáveres. Había visto el cuerpo de su mayordomo en su vida
anterior, e incluso había experimentado su propia muerte, por lo que era
algo natural para él.
—Joel, sé que no está bien. No hay necesidad de forzarte. De todas
formas, debo echar un vistazo a la situación. Llamaré a Benjamín, así
que espera aquí con él y los guardias.
El príncipe heredero insistió en que llamaran a Benjamín, aunque Joel
se negara rotundamente. Solo se fue después de que Benjamín,
acompañado de sus guardias, llegara a la tienda donde estaba Joel. Actuó
como si Joel fuera un niño de cinco años asustadizo. Benjamín, con una
expresión preocupada, le preguntó a Joel, que solo se rascaba la mejilla
de la vergüenza.
—¡Joel! ¿Te lastimaste en alguna parte?
—No, he estado aquí todo el tiempo... ¿Y tú? ¿Estás bien?
—Yo estoy bien, pero Félix se quemó por el fuego que provocaron los
atacantes.
Al escuchar las palabras de Benjamín, Joel rápidamente examinó a
Félix.
Félix tenía algunas quemaduras en la espalda y el codo por haber
rescatado a Benjamín de la tienda en llamas. A pesar de que Joel solía
sentir cierto resentimiento hacia Félix, quien siempre tenía comentarios
desagradables, no podía evitar sentirse muy culpable por la herida de
Félix.
Si su padre no hubiera caído en las garras de una secta, ellos nunca se
habrían visto envueltos en este ataque.
—Siento mucho que te hayas lastimado. Asegúrate de mostrarle tu
herida a Robert más tarde.
Joel agregó seriamente —A pesar de su reputación de ser un poco
tonto, ese chico es muy bueno en medicina.
Al escuchar la recomendación de Joel, Benjamín, de repente, comenzó
a dudar de las habilidades médicas de Robert e intercambió miradas de
preocupación con Félix.
Sin embargo, cuando Joel lo presionó preguntando —¿Qué? ¿No me
crees? —se sintió acorralado y no tuvo más remedio que responder con
fuerza: —¡Qué dices, Joel! ¡Por supuesto que lo haré!
—Ben, por cierto, ¿cómo está la situación afuera?
—Ni te lo imaginas. Es un infierno de fuego y sangre. Dicen que había
casi veinte atacantes.
—¿Tantos? ¿Quiénes eran esos tipos? ¿Por qué nos atacaron de
repente? ¿Tendrá algo que ver con mi padre?
Joel preguntó con desesperación, pero Benjamín tampoco sabía nada.
Joel se acercó a la entrada de la tienda, dejando atrás a Benjamín, quien
se encogió de hombros con una expresión de desconcierto.
Capítulo 42
—Pero, ¿cómo es posible esto...?
Justo en ese momento, escucharon la voz de Robert murmurando
desde afuera. Sintiendo curiosidad, Joel le hizo un gesto de silencio a
Benjamín, quien se acercaba murmurando: —Joel, Su Alteza dijo que no
salieras...
Joel abrió ligeramente la entrada de la tienda y miró hacia afuera. En
medio del campamento en ruinas, junto a una fogata, había una fila de
cadáveres que parecían ser los de los atacantes.
Y junto a ellos, el príncipe heredero estaba teniendo una reunión seria
con los caballeros.
Robert continuó su informe con un tono de evidente desconcierto.
—Su Alteza, este hombre sufrió una terrible enfermedad cuando era
niño que lo dejó paralizado, y ha vivido como un lisiado desde entonces.
Mire, ¿no son sus piernas inusualmente delgadas en comparación con las
de un hombre adulto promedio? Esta es una señal de que no ha podido
caminar durante mucho tiempo.
—Si en el pasado sufrió una terrible enfermedad que lo dejó
paralizado, ¿no es posible que se haya curado con los avances de la
medicina?
—Como médico, le aseguro que la enfermedad que sufrió este hombre
no se puede curar. Señor Abe, ¿está seguro de que vio a este hombre
caminar?
—Sí, lo vi con mis propios ojos. Incluso lideró el ataque. Estaba a la
cabeza del grupo de atacantes y gritó que era el príncipe heredero
mientras corría hacia Su Alteza.
Robert actuaba como si conociera la identidad del atacante. Intrigado,
Joel acercó aún más su rostro a la abertura de la tienda.
Justo cuando la luna se iluminó, Joel abrió los ojos como platos al ver
el rostro del lisiado, señalado por Robert, entre los cadáveres.
—¿El señor Tom, el lisiado...?
¿Habría visto mal?
Se frotó los ojos con fuerza pero, sin duda, aquel era el rostro del señor
Tom, el lisiado.
—¿Joel? ¿Lo conoces?
Benjamín, que lo seguía de cerca, susurró, pero Joel, petrificado, no
pudo asentir. Estaba demasiado impactado.
El señor Tom era el único que tenía una tienda de abarrotes en la finca
del señor Bennet y, como le gustaban los niños, a menudo les daba frutas
secas o dulces a los niños del pueblo. Como Joel también había recibido
muchos bocadillos, recordaba su rostro con claridad.
—¿Dijo que esa persona caminó? Pero, ¿cómo...?
Joel murmuró para sí mismo aturdido. Todavía tenía en mente la
imagen del señor Tom mirando envidiosamente a los niños que jugaban.
El hecho de que pudiera caminar ya era un shock, pero lo que le
sorprendió aún más fue que él fuera el líder de ese ataque.
El señor Tom, el lisiado, siempre había sido un hombre amable y
generoso que sonreía. Siempre compartía bocadillos con los niños y, a
veces, ni siquiera cobraba a sus vecinos necesitados. No podía creer que
él hubiera intentado cometer un asesinato.
Joel pensó que tenía que comprobar con sus propios ojos si realmente
era el señor Tom, el lisiado, y salió corriendo de la tienda. Benjamín, a
quien el príncipe heredero había ordenado que lo vigilara, no pudo
detenerlo.
—¡Joel!
Benjamín salió de la tienda detrás de Joel y lo llamó a gritos. Joel, que
se volvió sin darse cuenta, se encontró de repente con los ojos de uno de
los atacantes que estaba escondido detrás de la tienda con un garfio.
No pudo estar seguro de si realmente habían cruzado miradas, ya que
llevaba una máscara, pero Joel pensó que sí lo habían hecho.
El cuerpo del atacante, que había cruzado la mirada con Joel, se quedó
rígido por la sorpresa por un momento, pero luego gritó —¡Aaah!— y se
abalanzó con el garfio en alto. La punta del garfio se dirigía hacia
Benjamín, y desde el momento en que se dio cuenta, el tiempo de Joel
comenzó a transcurrir muy lentamente.
En el siguiente instante, Joel eligió empujar a Benjamín y caer junto a
él. Fue una acción refleja que surgió sin tiempo para pensar.
La razón por la que había intentado proteger a Benjamín, incluso sin
pensarlo, era porque creía que el príncipe heredero preferiría que él
resultara herido en lugar de que Benjamín sufriera algún daño. Joel sentía
una profunda inferioridad hacia Benjamín e incluso después de que el
príncipe heredero comenzara a tratarlo bien, nunca pudo deshacerse de la
idea de que Benjamín, y no él, era el compañero adecuado para el
príncipe.
Solo después de empujar a Benjamín recordó que Benjamín no sentía
ningún sentimiento romántico hacia el príncipe. Y lo último que se le
ocurrió fue el hecho de que llevaba otra vida dentro de sí.
¡Ahg, qué tonto soy!
Joel pensó con frustración en ese lento transcurrir del tiempo.
Afortunadamente había esquivado la punta del garfio, pero una roca
afilada se acercaba cada vez más.
Antes de que pudiera girar el cuerpo para esquivarla, sintió un fuerte
impacto en la cabeza y, justo antes de que sus párpados se cerraran,
escuchó la voz del príncipe heredero gritando: —¡Joel!
Quiso asegurarle que estaba bien, pero lamentablemente, a partir de
ese momento, todo se oscureció.
***
6. En la finca del Sir Bennet
El príncipe heredero, al ver a Joel caído, se levantó de inmediato y
corrió hacia él. Completamente fuera de sí, parecía no darse cuenta de la
presencia del atacante que se interponía entre ellos.
El extraño, con otro grito salvaje, intentó golpear al príncipe heredero
con el garfio, pero justo antes de que pudiera bajar el garfio que había
levantado, Félix, el guardia de Benjamín, lo derribó.
—Joel, oh dios...
El príncipe levantó a Joel con manos temblorosas. Al ver cómo el
cuerpo de Joel caía sin fuerzas, parecía haber perdido el conocimiento.
La sangre brotaba de su sien golpeada contra la roca. Al contemplar a
Joel inconsciente, el príncipe sintió un angustioso dolor que parecía
detener su corazón.
[—...Si se me da una oportunidad una vez más, entonces
definitivamente...]
Por un instante, una voz pasó fugazmente por la mente del príncipe.
La voz triste y llena de arrepentimiento era claramente la suya propia,
aunque no podía comprender su significado. En ese momento de
reflexión, una fuerte migraña se apoderó de él.
Sintiendo el dolor, se quejó al tocarse la sien.
Robert corrió para apartar a Joel de los brazos del príncipe y lo tendió
en el suelo. Incapaz de lidiar con el intenso dolor de cabeza, el príncipe
no pudo evitar que el calor corporal de Joel se alejara de él.
—Su Alteza, ¿se encuentra bien?
—No te preocupes por eso. ¡Rápido, comprueba el estado de Joel!
Aunque el príncipe tampoco se veía en buena forma debido al fuerte
dolor de cabeza, Robert, sabiendo que Joel todavía estaba vivo, empezó a
inspeccionar su estado tal como el príncipe lo ordenó.
Mientras Robert aplicaba un coagulante en las heridas de Joel, el
capitán de la guardia, Abe, se acercó al príncipe para informarle.
—Su Alteza, la reparación del carruaje en el que viajaba el señor
Benjamín está listo. Sin embargo, como no había herramientas ni piezas
adecuadas, se ha hecho una reparación provisional que solo permitirá un
desplazamiento a corta distancia. ¿Qué debemos hacer?
Debido al ataque, los caballos estaban a salvo, pero los tres carruajes
en los que viajaba el grupo del príncipe heredero estaban completamente
destrozados. Solo el carruaje de Benjamín, que estaba menos dañado, se
había reparado a duras penas. El príncipe heredero, que finalmente había
logrado controlar su dolor de cabeza, preguntó apresuradamente a
Robert.
—Robert, ¿cómo está Joel?
—En este momento, no puedo garantizar la salud de Joel. He detenido
la hemorragia más grave, pero ya ha perdido demasiada sangre... Creo
que debemos llevarlo a un lugar con instalaciones médicas lo antes
posible.
No solo Joel estaba gravemente herido, sino que tampoco podía
garantizar la seguridad del bebé que llevaba en su vientre. Para recibir un
tratamiento más adecuado, tenía que llegar rápidamente a un lugar con
suministros médicos y facilidades. Robert continuó hablando
apresuradamente:
—Su Alteza, parece que es demasiado arriesgado llegar al castillo del
Conde Grey en carruaje, así que llevaré a Joel a la finca de Sir Bennet.
¿Qué le parece si Su Alteza va al castillo del Conde Grey para traer
tropas adicionales?
La sugerencia de Robert era la mejor opción realista, pero el príncipe
heredero negó con la cabeza de inmediato.
Señalando a uno de los caballeros de la Cuarta Compañía, ordenó: —
Cedric, ve lo más rápido posible al castillo del Conde Grey y solicita
refuerzos. El resto de nosotros iremos a las tierras de Sir Bennet.
—¡Su Alteza!
Ante la absurda orden del príncipe, el comandante de los caballeros,
Abe, protestó de inmediato. Robert había confirmado que los atacantes
eran súbditos de Sir Bennet, y ahora no se podía asegurar la seguridad en
las tierras de este último.
Aunque la situación de Joel era crítica, no podían arriesgarse llevando
al príncipe a un lugar tan peligroso. Con solo cinco caballeros armados,
incluido el escolta de Benjamín, estaba claro que no podían garantizar la
seguridad, especialmente cuando el príncipe mismo no llevaba armas.
Capítulo 43
—Eso no es posible. Es demasiado peligroso. ¿Por qué no llevamos al
señor Joel al castillo del conde Grey?
—El estado de Joel es crítico y no podemos garantizar que el carruaje
aguante hasta llegar allí. Eso no es posible.
—Pero si vamos a la finca de Sir Bennet, ¿cómo podemos estar
seguros de que allí estaremos a salvo?
—Tiene razón, señor Abe. Su Alteza, no hay razón para que Su Alteza
corra ese riesgo. Permítame llevar al señor Joel a la finca de Sir Bennet.
Si permite que me acompañe uno de los caballeros del cuarto
escuadrón…
—¿Que no hay razón para que yo corra ese riesgo? ¿De verdad puedes
asegurarlo?
Cuando Robert estuvo de acuerdo con lo que dijo Abe, el príncipe
heredero miró fijamente a los ojos de Robert y preguntó.
Esa mirada penetrante...
En ese momento, el príncipe heredero actuaba como si supiera
perfectamente que Joel estaba embarazado.
Sin embargo, como no estaba seguro de si el príncipe heredero conocía
el embarazo de Joel, Robert no sabía qué decir. Engañar a un miembro de
la realeza era un crimen capital, así que si no hubieran mentido desde el
principio, no habría problema, pero una vez que habían engañado al
príncipe heredero, tenían que seguir mintiendo.
Abe y los miembros del cuarto escuadrón intercambiaron miradas
incómodas. Si solo consideraban el problema de salvar a Joel
inmediatamente, ir a la finca de Sir Bennet parecía lo mejor, pero el
problema era que no podían garantizar que ese lugar fuera seguro.
Si como ellos temen, Sir Bennet ha sido víctima de una revuelta
religiosa, entonces sería mejor dirigirse al castillo del conde Grey.
Tal como decía Robert, sería la mejor opción para el príncipe heredero
y para todos, incluso para el propio Joel, que Robert y Joel solos fueran
donde Sir Bennet o que, sacrificando a Joel, todos juntos fueran al
castillo del conde Grey...
Sin embargo, el problema era que el príncipe heredero, que tenía el
poder de decisión, se había vuelto loco al ver la sangre de Joel.
—Todos obedezcan mis órdenes. Los habitantes de la tierra de Sir
Bennet no llegan a 150 personas, ni siquiera contando a los ancianos y
niños. Los atacantes eran veinte hombres adultos y todos murieron, así
que podemos considerar que no quedan muchos hombres sanos en sus
tierras. Incluso si hubiera algún problema en la finca como ustedes
temen, cinco caballeros armados serían suficientes para controlarlo.
—Eso es cierto, pero, Su Alteza...
—Y vamos a encerrar este ataque aquí. Si se revela que el señor
Bennet, el padre biológico de Joel, está involucrado en este asunto,
también perjudicará el futuro de Joel.
El capitán de la caballería, Abe, que no podía aceptar la orden del
príncipe heredero, intentó hacer otra súplica, pero el príncipe heredero lo
interrumpió diciendo: —¡Basta!—. Parecía dispuesto a desenvainar su
espada si la discusión continuaba.
Ni los caballeros, ni siquiera Benjamín y Félix, podían entender por
qué el príncipe heredero se negaba rotundamente a separarse de Joel,
pero al ver que estaba tan decidido, no tuvieron más remedio que seguir
su orden.
—Su Alteza, entonces, ya que los caballos son mucho más rápidos que
el carruaje, nosotros iremos primero a la finca de Sir Bennet para
verificar el estado de sus tierras. Su Alteza, vaya con el señor Joel en el
carruaje.
Ante la ferviente petición de Abe, afortunadamente, el príncipe
heredero asintió con la cabeza diciendo: —Está bien.
Cedric, uno de los miembros del cuarto escuadrón, montó a caballo y
partió hacia el castillo del Conde Grey, mientras que el resto se preparaba
para partir hacia las tierras de Sir Bennet.
Félix parecía querer llevar a su señor al seguro castillo del Conde
Grey, pero como era urgente pedir ayuda al castillo del conde y se
necesitaba desesperadamente a un caballero armado, incluso Benjamín y
Félix tuvieron que dirigirse a las tierras de Sir Bennet.
Mientras todos se preguntaban con la cabeza inclinada por el
comportamiento anormal del príncipe heredero, obsesionado de manera
desproporcionada por la salud de Joel, solo el médico de la familia real,
Robert, sentía una creciente inquietud, como si adivinara la razón.
Robert pensaba que solo había una razón por la que el príncipe
heredero estuviera dispuesto a arriesgar su propia vida para proteger a
Joel. Estaba cada vez más inquieto, pensando que quizás el príncipe
heredero se había dado cuenta del embarazo de Joel. Cuando el príncipe
heredero pasó junto a él y murmuró: —Cuando lleguemos a la finca de
Sir Bennet, habrá algo que deberás informarme. Espero que esta vez seas
honesto—, Robert cerró los ojos con fuerza al darse cuenta de que sus
sospechas eran ciertas.
Así que lo sabía, se lamentó Robert. Había sido un tonto al creer que
Joel podría engañar al príncipe heredero.
Aunque había engañado al príncipe heredero al igual que Joel, Joel no
moriría porque llevaba al hijo del príncipe heredero, pero su vida
definitivamente estaba sellada una vez que terminara este viaje.
Sin embargo, Robert pronto se sacudió el miedo y decidió
concentrarse en tratar a Joel. Después de todo, era demasiado tarde para
arrepentirse y había sido su propia decisión participar en la mentira de
Joel.
Tal vez, incluso cuando dijo —Pero te advierto que esta es la única
vez—, en el fondo sabía que llegaría este momento. Incluso si pudiera
retroceder en el tiempo hasta el momento en que se enteró de que el hijo
que llevaba Joel era del príncipe heredero, probablemente no habría
podido ignorar a Joel, que lloraba diciendo que no quería ser despreciado
más.
Joel siempre había sido como un hermano menor para él, y el señor
Bennet, el padre biológico de Joel, era su benefactor, quien había creído
en su potencial y le había pagado la matrícula cuando él y su anciana
abuela vivían con dificultades.
Robert rezó para que el bebé de Joel estuviera a salvo y,
apresuradamente, tomó su bolsa de medicamentos del carruaje roto y
subió al carruaje donde estaban el príncipe heredero y Joel.
***
Cuando el carruaje que transportaba a Joel llegó al pantano que
rodeaba las tierras de Sir Bennet, ya era de día. El príncipe heredero
decidió esperar a que los miembros del cuarto escuadrón regresaran, por
lo que se detuvieron en una colina desde donde se podía ver toda la finca
de Sir Bennet.
Mientras él observaba la finca con las manos a la espalda, Robert
estaba ocupado cuidando a Joel. Una vez que se aseguró de que el estado
de Joel fuera estable, Robert bajó del carruaje y se acercó al príncipe
heredero.
—Su Alteza.
—¿Sí? ¿Cómo está Joel?
—Desafortunadamente, el señor Joel aún no ha recuperado la
conciencia. Aunque la herida evitó por poco un punto vital, dado que se
golpeó la cabeza, tendremos que realizar un examen más detallado una
vez que recupere la conciencia para determinar la gravedad de la lesión y
las posibles secuelas.
—Entiendo... ¿Y el bebé?
Cuando Robert dudó en responder a la pregunta, el príncipe heredero,
aún con la mirada fija en las tierras de Sir Bennet, abrió lentamente la
boca.
—Te daré una sola oportunidad para ser sincero, así que piénsalo bien.
El tono del príncipe heredero tenía un claro matiz de advertencia, y
Robert, nervioso, tragó saliva. Honestamente, por mucho que apreciara a
Joel, no quería morir.
Ya que parecía obvio que todo había sido descubierto, no tenía sentido
seguir mintiéndole al príncipe heredero. Renunciando a toda esperanza,
Robert admitió el embarazo de Joel diciendo: —No hay signos de
sangrado y, afortunadamente, aún no hay indicios de aborto espontáneo.
Como sospechaba, el embarazo era cierto. El príncipe heredero apretó
los labios.
En realidad, el príncipe heredero había creído siempre las palabras de
Joel, quien decía que no se había producido el nudo y que no estaba
embarazado. Se sintió un poco extraño cuando Joel intentó
desesperadamente evitar tener relaciones sexuales o reaccionó de manera
excesivamente vulnerable a sus feromonas, pero, a decir verdad,
considerando las extravagantes cosas que Joel había hecho en el pasado,
lo pasó por alto como siempre.
Hasta justo antes de que Joel se tocara el bajo vientre con una
expresión de ansiedad, el día anterior.
No había razón para que alguien con indigestión se tocara el bajo
vientre en lugar de la parte superior, y el príncipe heredero de repente
empezó a sospechar. Si asumía que realmente se había producido el nudo
ese día y que Joel había quedado embarazado, todas las actitudes
sospechosas que Joel había mostrado cobrarían sentido.
Aunque perdió la oportunidad de interrogarlo porque Joel perdió el
conocimiento, el príncipe heredero sondeó a Robert y al confirmar que
Joel realmente estaba embarazado, sintió su corazón hundirse.
Si hubiera sabido que Joel estaba embarazado, nunca lo habría llevado
a este peligroso viaje. Y pensando en ello, Joel no había querido
participar en este asunto, a pesar de que la seguridad de su verdadero
padre estaba en juego.
Fue el propio príncipe heredero quien, mencionando el nombre de
Benjamín, obligó a Joel a acompañarlo.
¡Forzar a un omega embarazado en sus primeras etapas a viajar en
carruaje todo el día y, para colmo, exigirle que tuvieran relaciones
sexuales a pesar de todo el viaje agotador! ¿Existe otra persona patética
en el mundo tan indigno de ser padre como yo?
El príncipe heredero agradeció a Dios por la milagrosa seguridad del
bebé, pero al mismo tiempo, sintió el impulso de abofetearse por haber
sido tan tonto y estúpido en el pasado.
Capítulo 44
Tenía muchas preguntas para Joel cuando despertara.
¿Por qué había ocultado su embarazo? ¿Qué había planeado hacer
después de mantenerlo en secreto? ¿Acaso estaba pensando en abortar?
Quería creer que Joel, aunque tonto y malcriado, no era tan cruel como
para tener pensamientos tan horribles sobre su propio hijo, pero no lo
sabía con certeza hasta que escuchara la verdad de sus propios labios.
—Ah, cierto, se me olvidó mencionarlo antes, pero quiero aprovechar
esta oportunidad para decirte que ya no te seguiré más.
—¿Por qué de repente?
—Porque, en realidad, no me agrada mucho su Alteza.
De repente, el príncipe heredero recordó que Joel había empezado a
actuar como si hubiera perdido el interés en él desde que pasaron la
noche en el bosque. Siempre había pasado por alto las palabras de Joel de
que ya no lo quería más, pero ahora, al pensar que quizás todo lo había
dicho en serio, su corazón latía con miedo.
Justo cuando estaba esperando con impaciencia, el cuarto escuadrón
salió de la mansión del señor Bennet. A lo lejos, parecían estar a salvo. El
príncipe heredero, que los observaba desde la colina, se sintió un poco
aliviado.
Detrás del cuarto escuadrón, que cruzaba el pantano en barco, podían
verse a los sirvientes del señor Bennet y a los habitantes de sus tierras
alineados en el muelle para recibir al príncipe heredero.
Abe, que corrió rápidamente hacia la colina donde esperaba el príncipe
heredero, se arrodilló frente a él.
—¿Cómo fue? ¿Crees que podemos llevar a Joel allí?
—Sí, según nuestra investigación, no encontramos ningún rastro de
rebelión. Pero...
—¿Pero?
—Dejamos escapar a ese tal Abad John.
—¿Escapó? ¿Quieres decir que huyó?
—Sí, interrogamos al señor Bennet y fuimos a la habitación donde se
alojaba el líder John. La cama ya estaba vacía, y aunque más tarde
descubrimos un barco sospechoso cruzando el pantano, decidimos que
era imposible perseguirlo en la situación actual, así que abandonamos la
persecución. Lo siento.
El príncipe heredero sintió una mezcla de frustración y desconcierto al
saber que el líder John, que había actuado de manera tan sospechosa,
había huido. Sin embargo, pensó que quizás era afortunado, ya que en la
situación actual, con un número insuficiente de tropas, sería mejor así.
—No, hiciste bien. Las tropas enviadas por el conde Grey llegarán
pronto, así que dejaremos la búsqueda en sus manos. Por ahora, llevemos
a Joel —ordenó mientras se dirigía rápidamente hacia el carruaje donde
yacía Joel.
El cuarto escuadrón llevó a Joel en una camilla hacia la mansión del
señor Bennet. Cuando el barco del príncipe heredero llegó al muelle, el
señor Bennet, que lo esperaba, quería arrodillarse inmediatamente para
pedir perdón por no haber gobernado bien sus tierras; pero al ver a su
hijo siendo llevado en una camilla, palideció y, olvidando la etiqueta,
corrió hacia él.
Olvidando incluso la presencia del príncipe heredero, le preguntó a
Robert por qué su hijo estaba siendo llevado en tan malas condiciones.
—Señor Bennet, como le dije antes, anoche hubo un ataque. Y el señor
Joel fue víctima de ese ataque. Sé que está preocupado por su hijo, pero
primero debe cooperar con la investigación.
Fue Abe quien detuvo a Bennet, quien exclamó con una expresión de
injusticia:
—¡Señor, he estado diciendo esto todo el tiempo! ¡Realmente no
ordené ningún ataque! ¿Dice un ataque? ¡Ni siquiera sabía que algo así
estaba sucediendo! ¿Estoy loco para intentar matar al príncipe heredero y
a mi propio hijo? ¿Mi hijo, nuestro Joel, está bien?
—Si desea una explicación detallada sobre su hijo, debe venir
conmigo.
Dado que se había confirmado inicialmente que el señor Bennet no
estaba involucrado en la rebelión, era hora de interrogarlo sobre el ataque
de la noche anterior y sobre el Abad John.
Dado que el príncipe heredero había ordenado tratar al señor Bennet
con cortesía, Abe lo llevó a la sala de interrogatorios con todos los
respetos.
Bajo la guía de Robert, los miembros del cuarto escuadrón llevaron a
Joel a su habitación y lo acostaron. La habitación de Joel estaba tan
limpia y ordenada como antes de que él abandonara la mansión.
La sabana de cama sin una sola arruga, los muebles y los estantes sin
polvo mostraban cuánto cariño y cuidado habían puesto el señor Bennet
y los sirvientes de la familia Bennet en mantener limpio el lugar donde
Joel había vivido.
La imagen de la habitación tan bien ordenada parecía respaldar el
desesperado grito del señor Bennet de que nunca mataría a su hijo, pero
en realidad, el atacante de la noche anterior no había intentado matar a
Joel, sino a Benjamín, por lo que no era suficiente para probar la
inocencia de Bennet.
Incluso después de acostar a Joel en la cama, el príncipe heredero dejó
que Abe interrogara al señor Bennet. Por supuesto, la decisión de
encubrir el incidente del ataque no había cambiado.
Si se planteaba este asunto, el señor Bennet, ya sea que hubiera
instigado el ataque o no, no podría escapar de su responsabilidad como
conde. Sería ejecutado por traición, y eso dificultaría su matrimonio con
Joel.
El príncipe heredero Carlyle no quería eso.
Simplemente, tenía curiosidad por la verdad. Quién estaba detrás del
ataque de la noche anterior y cuál era la identidad de ese tal Abad John.
Abe, el capitán del cuarto escuadrón, nunca lo había decepcionado, así
que esta vez también traería resultados satisfactorios de la investigación.
El príncipe heredero esperó ansiosamente el informe de Abe con un
corazón pesado.
***
Pasó medio día entero y Joel no abrió los ojos.
—¿Cómo está Joel? —preguntó el príncipe heredero con un tono
ansioso a Robert, mientras sostenía la mano de Joel. Era exactamente la
trigésima tercera pregunta. Robert, por trigésima tercera vez, informó
sobre el estado de Joel: —Está mejor, pero aún no ha recuperado la
conciencia. Creo que el largo viaje en carruaje y la fatiga acumulada le
dificultan despertar.
—Ha… —el príncipe heredero se reclinó en la silla y exhaló un
profundo suspiro.
—A más tardar, mañana abrirá los ojos. No se preocupe demasiado, Su
Alteza —consoló Robert al príncipe heredero. Sin embargo, sabía que
ninguna otra consolación podría reconfortar al príncipe heredero más que
el hecho de que Joel abriera los ojos.
En medio de un ambiente sombrío, alguien llamó a la puerta. El
visitante era el líder de la caballería, Abe.
Había llegado temprano en la mañana y la interrogación se había
prolongado hasta que el exterior se oscureció, lo que indicaba que había
sido bastante larga. Aunque el tiempo había pasado volando mientras
esperaba que Joel despertara.
De todos modos, el príncipe heredero, con la esperanza de finalmente
resolver el misterio de este asunto, miró a Abe que se acercó a él y se
arrodilló.
—Su Alteza, lamento la tardanza en el informe.
—No te preocupes. Entonces, ¿quién estaba detrás del ataque de
anoche? ¿Y quién era ese tal Abad Jon?
—Bueno... después de considerar varias circunstancias, se sospecha
que el Abad Jon fue quien dirigió el ataque de anoche. El señor Bennet
ha tenido una rutina de dormir a las 9 pm y despertarse a las 4 am toda su
vida, y hubo un testimonio de que el Abad Jon se reunió en secreto con
los habitantes de las tierras del Sir después de que el Sir Bennet se
acostara. Los habitantes con los que se reunió John resultaron ser los
mismos que los atacantes fallecidos.
—Esa es una buena noticia.
Si el señor Bennet no había participado en el ataque, este asunto podría
quedar enterrado aquí. El príncipe heredero exhaló un suspiro de alivio,
pero Abe titubeó y abrió la boca.
—…Pero, Alteza. El problema es que el señor Bennet sigue
defendiendo activamente al Abad John.
—¿Qué?
¿Cómo podía el señor Bennet defender a John cuando su amado hijo
único casi había muerto en el ataque? El príncipe heredero preguntó
atónito, y Abe continuó hablando con una expresión de incomprensión.
—Sir Bennet cree firmemente que John es un santo sin igual en la
historia, un verdadero líder que lo sabe todo sobre la verdad y la razón.
Dice que es imposible que el líder John haya planeado algo tan vil como
un ataque. Durante el interrogatorio, repitió varias veces: ‘El líder Jon es
un verdadero sabio’.
Abe recordó la expresión del señor Bennet durante el interrogatorio.
De hecho, cuando hablaba de John, la mirada de Bennet era un poco
extraña.
No había ni rastro de lucidez en sus ojos, solo un brillo extraño
causado por una fe ciega. Abe, que había estado encargado de tratar con
sectas falsas durante mucho tiempo, pudo ver de inmediato que Bennet
estaba completamente lavado el cerebro.
Cuando Abe terminó de informar sobre la condición de Bennet, el
príncipe heredero murmuró preocupado: —Está completamente lavado el
cerebro. Si Bennet está así, tendremos que reconsiderar si podemos
dejarle el feudo.
Abe, quien había tenido que persuadir a Bennet durante largas doce
horas para obtener su declaración, estuvo de acuerdo con un tono de
disgusto: —Honestamente, estoy de acuerdo.
Capítulo 45
—¿Entonces por qué el señor Bennet sigue a ese líder John con tanta
devoción?
—Como el señor Bennet se negó a hablar sobre eso, tuve que
interrogar a los sirvientes de la familia Bennet para obtener información
sobre su relación con John. Esa persona, John, capturó a Bennet al aliviar
el dolor interior que él tenía.
—¿Dolor interior? ¿Ese bruto parecido a un oso?
No era de extrañar que el príncipe heredero hiciera esa pregunta de
inmediato. El señor Bennet era tan alto y corpulento que podría
compararse a un oso macho, y su apariencia era tan ruda como la de un
matón.
No se parecía en nada a su hijo único, Joel.
—Por fuera parece duro, pero creo que el señor Bennet es bastante
sensible por dentro. Parece que quería mucho a su esposa. Después de
que ella muriera por enfermedad, dependía de Joel, quien se parecía a
ella. Después de que Joel fuera adoptado y se fuera a la capital, sufrió
una profunda sensación de vacío y depresión. Incluso dejó de entrenar
con la espada, a lo que se había dedicado toda su vida, durante tres
meses, lo que indica que sintió un gran dolor por la ausencia de su único
hijo.
—Mmm…
El príncipe heredero recordó la imagen del señor Bennet corriendo
hacia Joel en la camilla, con una expresión de preocupación. De hecho,
era común que los hombres de la posición de Bennet priorizaran la
apariencia y no mostraran sorpresa, por muy sorprendidos que
estuvieran. Sin embargo, el hecho de que hubiera corrido tan
apresuradamente y se hubiera mostrado tan nervioso sugería que Bennet
sentía un profundo afecto por su único hijo, Joel.
—Se dice que Bennet, que se encerraba en su habitación todos los
días, recuperó su vitalidad después de una reunión casual con el líder
John, quien fue traído por alguien de esta tierra. Desde entonces,
mantuvo a John en su mansión y lo trató como un invitado de honor.
Incluso lo sentaba en el asiento principal durante las comidas y siempre
se dirigía a él con respeto y honoríficos. Se dice que incluso la donación
de toda su fortuna a John fue una decisión tomada por Bennet solo, sin la
influencia de John.
—Vaya...
El príncipe heredero escuchó el informe de Abe y negó con la cabeza,
desconcertado.
Al principio, el príncipe heredero no podía entender cómo el señor
Bennet, siendo un señor feudal que gobernaba un feudo, podía ser tan
ingenuo. Pero después de pensarlo detenidamente, pensó que tal vez era
posible, considerando que era el padre de ‘ese’ Joel.
A pesar de ser tan despreciado, Joel nunca dejó de querer al príncipe
heredero. Y la mayoría de los nobles de la capital sabían que Joel no
amaba al príncipe heredero por su posición.
Joel era demasiado ingenuo y transparente como para planear
aprovecharse del favor del príncipe.
Al parecer, esa naturaleza ciega de Joel provenía de su padre
biológico. El príncipe, que solía ignorar a Joel por costumbre, de repente
sintió una punzada en el corazón.
—...Uh.
—Su Alteza, ¿se encuentra bien?
Cuando el príncipe heredero se agarró el pecho y se desplomó de
repente, Abe y Robert se asustaron y se acercaron. El príncipe heredero
los apartó con un gesto brusco de la mano.
Sin embargo, el dolor en su pecho no desaparecía, y el príncipe
heredero tuvo que agarrarse el pecho durante un rato, frunciendo el ceño.
Sentía como si le hubieran clavado un cuchillo en el corazón. No era
un simple dolor físico.
Al igual que cuando vio a su madre morir, una profunda sensación de
arrepentimiento y dolor lo envolvió. Tratando de calmar el dolor, el
príncipe heredero pensó en por qué se arrepentía tanto de haber
permitido que molestaran a Joel.
¿Sería porque se había enamorado sinceramente de Joel? ¿O sería
porque Joel iba a tener un hijo suyo y sentía una especie de
responsabilidad hacia él?
Pero por más que pensara, no podía encontrar una razón por la cual se
arrepintiera tan profundamente de lo que le había hecho a Joel. De hecho,
el príncipe heredero estaba tan asustado y dolorido que era casi
imposible pensar racionalmente.
De repente, el príncipe heredero se sintió abrumado por el miedo de
que Joel desapareciera sin dejar rastro. Así que, a pesar del dolor, reunió
todas sus fuerzas y se arrastró hacia la cama donde yacía Joel.
Solo cuando tomó la mano de Joel, que le parecía mucho más pequeña
que la suya, pudo tranquilizarse.
Sin embargo, la tibia temperatura de esa mano provocó un nuevo
temor, y el príncipe heredero llevó la mano de Joel a su pecho y la apretó
con ambas manos. Tenía que calentar la mano de Joel con su propia
temperatura de inmediato.
Para que esta mano no perdiera más calor, para que no se enfriara y se
congelara...
—¿Su Alteza? ¿Está usted bien?
El príncipe heredero se sobresaltó al suave llamado. El capitán de la
guardia, Abe, le agarraba el hombro con una mirada preocupada.
Al mirar a su alrededor, notó que no solo Abe, sino todas las personas
en la habitación lo miraban de forma extraña. Fue entonces cuando el
príncipe heredero se dio cuenta de lo extraño que había actuado.
—Su Alteza, ¿qué le sucede? ¿Hay algún problema...?
—Oh, no, no es nada.
El príncipe heredero, desconcertado, soltó de inmediato la mano de
Joel y se levantó de su asiento. Sin embargo, no podía negar que sentía
una profunda sensación de pérdida al ver cómo el calor de Joel escapaba
entre sus dedos…
¿Por qué hago esto?
El príncipe heredero se preguntó, inclinando la cabeza sin comprender.
Desde hacía algún tiempo, cada vez que estaba frente a Joel, su corazón
latía de forma irregularmente ansiosa, y se sentía atrapado por una
absurda inquietud de que Joel, que estaba perfectamente bien, pudiera
desaparecer sin dejar rastro.
Cuanto más lo pensaba, más se convencía de que la única explicación
para esta situación era que se había golpeado la cabeza con la piedra que
Joel le había lanzado. El príncipe heredero se prometió a sí mismo que,
al regresar a la capital, se sometería a un nuevo examen médico.
Volviendo rápidamente a su asiento, el príncipe heredero le ordenó a
Abe:
—Abe, continúa con tu informe.
—Sí. En sí, parece que el señor Bennet está completamente bajo el
control mental del Abad John, y parece que casi todos los habitantes del
feudo de Bennet están en la misma situación. Según mi juicio, ese Abad
Jon parece ser un estafador con una gran habilidad para la oratoria y la
medicina.
—¿Qué pruebas tienes para afirmar que ese Abad Jon es un estafador?
—Aquí las tiene.
Abe recibió un paquete de documentos de uno de los miembros del
cuarto escuadrón y se lo entregó al príncipe heredero. Alzando las cejas,
el príncipe heredero le preguntó a Abe qué era eso, y Abe respondió: —
Como pensé que no obtendríamos mucha información interrogando al
señor Bennet y a los habitantes del feudo que estaban bajo su control
mental, decidí registrar el despacho de John. Según la investigación,
parece que John había estado usando el despacho del señor Bennet como
si fuera el suyo propio. Aunque parece que empacó apresuradamente
antes de huir anoche, afortunadamente encontramos algunos documentos
sospechosos y los traje.
—Esto es...
El príncipe heredero hojeó los documentos y examinó su contenido,
frunciendo el ceño. Los documentos parecían ser contratos que John
había firmado con los habitantes del feudo, pero las condiciones que
John debía cumplir eran absurdas y completamente inverosímiles.
Por ejemplo, prometía a parejas ancianas sin hijos que podrían tener
un bebé, o que curaría cicatrices de quemaduras horribles sin dejar rastro,
o que los haría parecer diez años más jóvenes. Incluso hubo tonterías
como prometer permitirles reunirse con sus madres fallecidas.
Mientras hojeaba rápidamente los documentos, el príncipe heredero
frunció el ceño al encontrar un nombre familiar.
—¿Tom?
—Sí, es el cojo de anoche. Según el contrato, prometió servir a John
con lealtad absoluta a cambio de que le curara las piernas.
—Vi con mis propios ojos que las piernas de Tom se habían curado...
Según lo que dices, la única explicación es que este tipo llamado John
tiene habilidades médicas realmente asombrosas.
El príncipe heredero asintió. Concordaba con las palabras de Abe. Era
cierto que, si alguien poseía una habilidad médica excepcional, no era del
todo imposible que pudiera ayudar a parejas infértiles a tener hijos o
eliminar por completo las cicatrices de quemaduras.
En cuanto a hacer que la gente se reuniera con sus parientes muertos,
era posible que hubiera usado alguna especie de alucinógeno para
engañar a la gente.
A medida que la conversación se dirigía hacia la idea de que John, con
su gran habilidad médica, había engañado a los habitantes del feudo
haciéndoles creer que tenía poderes mágicos, Robert, que había estado
escuchando en silencio, protestó con vehemencia.
—¡Debo repetir que la enfermedad de Tom era incurable! ¿No
confirmaron ambos que la pierna de Tom tenía una deformidad grave?
—¿Entonces quieres decir que crees que John realmente puede hacer
magia? ¿Que curó la pierna de Tom con poderes sobrenaturales, hizo que
parejas infértiles quedaran embarazadas y permitió a la gente reunirse
con los espíritus de sus madres muertas? Esa es una conclusión bastante
inverosímil.
La magia y la brujería son solo supersticiones. Creer en esas cosas es
algo que solo hacen los pobres y los ignorantes.
Ante la burla condescendiente del príncipe, Robert, sin más remedio,
tuvo que admitir con tono avergonzado: —No, no es así…
Capítulo 46
El incidente de la secta falsa en el feudo del señor Bennet llegó así a su
fin por el momento. La razón por la que el Abad John ordenó el ataque
seguía siendo un misterio, pero eso podría aclararse interrogándolo
directamente una vez que lo capturaran.
Dado que había huido sin prepararse, no debía haber escapado muy
lejos. El príncipe heredero pidió a los miembros del cuarto escuadrón que
vigilaran a los habitantes del feudo hasta que llegaran las fuerzas de
apoyo del conde Grey, y ordenó a Robert que se retirara a la habitación
de al lado para descansar.
—Entonces, ustedes pueden retirarse. Ah, Abe, quédate un momento.
—Sí.
Robert seguía teniendo dudas sobre la verdadera identidad del Abad
John, pero sabía que si el príncipe heredero lo etiqueta como un
ignorante que cree en supersticiones, su futuro sería difícil. Así que, a
regañadientes, tuvo que abandonar la habitación.
***
Una vez que todos, excepto el capitán de la caballería, Abe, se
retiraron, la habitación de Joel quedó tan silenciosa como una tumba. El
príncipe heredero bajó la luz para que Joel pudiera descansar
cómodamente y se sentó a su lado.
Su inquieta mirada, mientras observaba el estado de Joel, lo hacía
parecer, por decirlo de forma vulgar, como un perro con ganas de orinar.
En realidad, la mente del príncipe heredero estaba llena de
preocupación por Joel. Aunque aún quedaban muchas preguntas sin
resolver sobre la identidad del Abad Jon y el incidente del ataque, había
terminado la situación de manera apresurada porque simplemente no
tenía energía mental para pensar en otras cosas.
—Pobre Joel, ya lleva un día entero sin comer...
El príncipe heredero murmuró mientras acariciaba suavemente la
mejilla de Joel.
Abe no pudo ocultar su expresión de asombro. Francamente, pensaba
que no era el momento de actuar con tanta calma.
Habían entrado en la base de una secta falsa sin un escolta adecuado, y
el príncipe heredero, en lugar de preocuparse por evaluar la situación,
estaba más interesado en preocuparse por Joel, quien parecía estar bien.
Joel respiraba y roncaba suavemente, dando la impresión de estar
durmiendo. (De hecho, por la forma en que chasqueaba los labios de vez
en cuando, estaba claro que estaba soñando con algo delicioso.)
Robert también informó de que el estado de Joel era estable, y
honestamente, para alguien como Joel, conocido por su resistencia, una
herida así no era nada, pero la reacción del príncipe heredero era
excesivamente exagerada.
El príncipe se sumergió en su propio mundo con Joel. Después de
esperar un rato, Abe no pudo contenerse y preguntó: —¿Tiene alguna
otra orden para mí?
El príncipe heredero se volvió, como si acabara de recordar algo.
—Oh, cierto, hay algo que quería preguntarte.
—Dígame, Alteza.
—Abe, ¿sabes cómo matar a un demonio?
—...Supongo que Su Alteza ahora concuerda en que John no es
precisamente un líder sectario común.
Antes de partir hacia las tierras del señor Bennet, cuando Abe informó
que el Abad John había obrado un milagro levantando a un paralítico
frente a más de cien campesinos, el príncipe se burló de él,
preguntándole si realmente creía en esas cosas. Abe, algo molesto,
respondió:
[—No es que esté de acuerdo, solo quiero mantener la mente abierta a
las posibilidades. Lo mismo pasó con ese hombre llamado Tom, que
empezó a caminar. Hay algo que no encaja del todo].
No solo fue extraño que Tom comenzara a caminar, sino también que
el grupo atacante de la noche anterior gritara: —¡Ahí está el príncipe!—
Esto significaba que sabían que estaban atacando a la comitiva del
príncipe. Por lo general, un grupo sectario trataría de ocultar su identidad
frente a un equipo de investigación.
Atreverse a atacar a una unidad de inspección, y menos aún a una
dirigida por el príncipe, es algo inconcebible para una mente normal.
Aunque no quería creerlo, cada vez dudaba más de que John fuera
realmente humano. Cuando pensaba en seres con poderes sobrenaturales,
lo primero que se le viene a la mente eran demonios o magos que los
adoran.
En particular, el hecho de que en todos los contratos John exigiera las
‘almas’ de los aldeanos como pago reforzaba esa sospecha. La idea de
que los demonios ofrezcan contratos a los humanos a cambio de sus
almas es una superstición muy extendida.
—De hecho, como líder del cuarto escuadrón de la guardia y
encargado de tratar con sectas falsas, le pregunté una vez al Arzobispo
qué hacer si alguna vez me enfrentaba a un demonio. Él me dijo que los
humanos no pueden matar a los demonios, así que usar una espada sería
inútil.
—¿Entonces no podemos hacerles ningún daño físico?
—No es así. Si se puede o no dañar físicamente a un demonio depende
de la situación y las condiciones, pero lo que es seguro es que es
imposible matarlos. Los demonios son seres eternos. Como castigo por
haber traicionado a Dios, están condenados a existir eternamente en el
sufrimiento del abandono divino. Solo Dios y los arcángeles pueden
destruirlos, y los humanos solo pueden, basados en su fe, expulsarlos al
infierno. A eso se le llama exorcismo.
El príncipe heredero se acarició la barbilla y se quedó pensando.
Honestamente, las palabras —demonio— y —exorcismo— eran
términos que solo había escuchado en sus clases de teología.
Si bien, como buen creyente, el príncipe heredero creía en la existencia
de los demonios, nunca había visto uno con sus propios ojos, así que su
fe no era tan fuerte.
Si el Abad John era realmente un demonio, debían eliminarlo. Es algo
que deben manejarlo de manera muy confidencial, pero el Emperador,
cuya salud se ha deteriorado debido a una enfermedad desconocida,
desea abdicar y pasar sus últimos días en un palacio apartado.
En vísperas de una nueva coronación, la aparición de un demonio
podría causar un caos social.
—Sin embargo, el Arzobispo me dijo que solo los clérigos entrenados
pueden realizar exorcismos. Si tuviéramos que enfrentarnos a un
demonio, alguien como yo solo podría rezar. En otras palabras, si el
Abad John es realmente un demonio, es una suerte que hayamos
retrocedido. No podríamos haber ganado contra él con nuestras propias
fuerzas.
—Pero aún queda tiempo para que los soldados del Conde Grey
lleguen, así que no podemos relajarnos. No estaría de más estar
preparados para cualquier eventualidad. He oído que los demonios son
débiles ante los objetos sagrados, así que tal vez, incluso un laico que no
sepa mucho sobre exorcismos, pueda usar el poder de un objeto sagrado
para repeler a un demonio. ¿Qué opinas?
El príncipe heredero jugueteó con una pequeña espada de plata que
llevaba en la cintura. Según la leyenda, esa espada fue entregada al
primer emperador por un arcángel descendido del cielo durante la guerra
de fundación, junto con una revelación divina.
Aunque ocurrió hace 700 años, la veracidad de la historia no puede ser
confirmada.
—Dicen que incluso los demonios menores o los diablos huyen
aterrorizados con solo oír el nombre de un arcángel. Así que si nuestros
enemigos son criaturas tan insignificantes, esta espada podría ser útil.
Pero, quién sabe. Si el Abad Jon tiene realmente el poder de hacer que un
cojo camine, no creo que sea un oponente tan fácil de vencer.
—Tiene razón...
La situación se estaba poniendo cada vez más complicada, pero no
podían abandonar el feudo del señor Bennet hasta que Joel recuperara la
conciencia. Viendo la preocupación del príncipe heredero, Abe lo
tranquilizó nuevamente: —De todos modos, las tropas de refuerzo del
conde Grey llegarán en tres días, así que no se preocupe demasiado. Para
estar preparados ante cualquier eventualidad, también he pedido que
traigan a todos los monjes y clérigos del feudo.
—Si tenemos a los clérigos, me sentiré más tranquilo... Pero si hay
demasiadas personas mirando, los rumores se propagarán como la
pólvora. Me preocupa que esto dañe la reputación de Joel.
Ante las tonterías que el príncipe heredero decía con cara seria, el
capitán de la caballería, Abe, quien había estado ocupado con este asunto
desde la mañana, sintió un dolor punzante en la nuca. Quería refunfuñar
y decirle que este no era el momento para esas cosas y que la reputación
del señor Joel no podía caer más bajo, pero su interlocutor era el príncipe
heredero.
Con una paciencia asombrosa, Abe inclinó la cabeza y respondió: —
Aseguraré que se mantenga la discreción una vez que lleguen los
refuerzos.
***
La luz del sol entraba a raudales por la ventana.
Joel se despertó cegado.
—Ugh.
Tenía un dolor punzante en un lado de la cabeza. Entrecerró los ojos
hinchados y su visión se aclaró un poco. Los patrones del techo y el trino
de los pájaros que venían de la ventana le resultaban extrañamente
familiares.
Con la mirada perdida, Joel se dio cuenta de que estaba acostado en su
antigua habitación, de la que se había ido hacía mucho tiempo.
—Ah…
Tan pronto como recuperó la conciencia, los recuerdos del pasado
volvieron a él uno tras otro. Joel recordó el último momento antes de
perder el conocimiento.
Tenía una imagen vívida del hombre que había blandido una garra y
con el que había cruzado miradas. Reconoció claramente que era el hijo
de un aldeano con el que había jugado desde pequeño.
Y en ese instante en que sus miradas se cruzaron, parecía que el otro
también lo había reconocido. La expresión de sorpresa momentánea y el
hecho de que desviara la punta de la garra en el último momento eran
prueba de ello.
Capítulo 47
Parecía que los ciudadanos de las tierras de mi padre habían
participado en el ataque de la noche anterior.
¿Significaría eso que mi padre estaba involucrado en el incidente?
Sin embargo, era imposible que mi propio padre hiciera algo que
pudiera perjudicar al príncipe heredero. El caballero Bennet, mi padre,
siempre se había enorgullecido de ser un caballero de la orden de los
caballeros imperiales y, en cada día festivo nacional, reunía a los vasallos
de sus tierras para pronunciar largos discursos sobre su inmutable lealtad.
No podía ser que un hombre así permitiera que sus hombres atacaran
al príncipe heredero, así que esto significaba claramente que algo le
había sucedido a mi padre. Tal vez ese tal Abad John lo hubiera
encerrado en algún lugar y hubiera robado su sello para hacerse pasar por
él.
Abrumado por la preocupación, Joel se aferró a su adolorida cabeza y
se levantó.
Justo cuando estaba a punto de poner los pies en el suelo, alguien abrió
la puerta de la habitación y entró.
—¡Joel! ¡Finalmente despiertas!
—¿Robert?
Robert, llevando una bandeja con agua fresca y ungüentos, la colocó
en la mesa con prisa y se acercó rápidamente.
—Todavía no deberías levantarte —reprendió a Joel antes de hacer que
se recostara en la cama—. ¿Sabes quién soy?
—¡Por supuesto que sí! Te llamé hace un momento.
—¿Sabes dónde estás? ¿Cómo te llamas?
—Es mi habitación, y soy Joel. Robert, hay algo más importante…
Joel quería preguntarle a Robert sobre la seguridad de su padre, pero
Robert cortó de raíz sus palabras diciendo: —No, nada es más
importante que asegurarme de que tú estés bien—. Insistió en verificar si
Joel tenía alguna lesión en la cabeza y, después de varias preguntas
innecesarias, Joel finalmente tuvo la oportunidad de preguntar lo que le
interesaba.
Sin embargo, justo cuando Joel iba a preguntar: —Robert, mi padre…
—, otro intruso abrió de golpe la puerta.
—Me dijeron que el señor Joel se había despertado.
El rostro de Abe, que entró con pasos pesados, estaba más frío que
nunca. Aunque Abe no era tan amable con Joel al igual que otros nobles,
siempre había mostrado un mínimo de cortesía.
Nunca antes había mostrado una actitud tan abiertamente hostil frente
a Joel.
Confundido, Joel miró a Robert, pero Robert no lo estaba mirando a él.
Escondía a Joel detrás de su espalda y le decía a Abe: —El señor acaba
de recuperar la conciencia después de estar inconsciente durante todo un
día. ¿No cree que es demasiado desconsiderado? Entiendo su
impaciencia, pero al menos déjelo recuperar el aliento antes de...
Se posicionó frente a Abe.
—Creo que el médico sabe muy bien que no estamos en el mejor
momento para aceptar esas palabras, ¿o me equivoco?
—Lo sé muy bien, pero aun así, el señor Joel está gravemente herido...
—No me haga perder el tiempo. Retírese.
—¡Capitán, si sigue así, el señor Joel podría sufrir un shock!
—¿Shock? ¡Qué ridículo!
Abe se burló de las palabras de Robert, pareciendo increíblemente
exasperado. Por la forma en que se desarrollaban las cosas, parecía que
Joel había cometido algún gran error.
Aunque no tenía idea de qué había hecho mal, Joel estaba seguro de
que la ira de Abe era por su culpa. Después de tres años de vida
humillante, Joel estaba acostumbrado a pensar de esa manera.
Sumido en la depresión, Joel golpeó suavemente la espalda de Robert
y preguntó con voz temblorosa: —¿Qué está pasando...?
—Es que, bueno, es que...
—Señor Joel. El príncipe heredero desapareció anoche.
Abe interrumpió a Robert, que estaba escogiendo cuidadosamente las
palabras, y respondió con tono brusco. Sorprendido por la noticia, Joel
abrió los ojos de par en par.
—¿Qué? ¡Robby, ¿lo que dice es cierto?! ¡¿El príncipe ha
desaparecido?!
—No debe sobresaltarse tanto. Podría abrirse la herida.
Robert trató de calmar a Joel, quien lo estaba agarrando por el cuello,
pero solo Robert parecía preocupado por el estado de Joel. Abe y los
miembros del cuarto escuadrón seguían mirando a Joel con ojos severos.
El capitán de la unidad, Abe, abrió la boca para interrogar a Joel con
un tono acusatorio.
—Su Alteza, el príncipe heredero, estuvo sentado justo en esa silla,
junto a usted, toda la noche. Y el cuarto escuadrón de la guardia estuvo
custodiando constantemente frente a esta habitación. Sin embargo,
cuando llamé a la puerta por la mañana y no obtuve respuesta, la abrí y
solo estaba usted en la habitación. Su Alteza ha desaparecido sin dejar
rastro. Desde entonces, hemos buscado en el bosque con los soldados
privados de Sir Bennet, pero no hemos encontrado ni rastro de Su Alteza.
Abe, mientras daba esta larga explicación, parecía estar exigiendo una
explicación de Joel. Sin embargo, Joel no podía entender qué respuesta
quería Abe que le diera.
Acababa de despertar y no había visto nada. Con los ojos bien
abiertos, se quedó sentado mientras Abe lo interrogaba con un tono
impaciente.
—Seré directo, ¿está usted involucrado en este asunto?
—¡No estoy involucrado en esto! ¡Qué absurdo!
—No quiero ser grosero, pero si de verdad a reflexionado sobre su
conducta de los tres últimos años, debería comprender mi situación.
Piénselo, ¿Cuántas veces le ha causado problemas y ha herido al príncipe
heredero en todo este tiempo?
Joel, por supuesto, pensó que era una tontería. ¿Cómo podía haber
dañado al príncipe? No podía ser. Sin embargo, las siguientes
acusaciones de Abe fueron suficientes para hacer que Joel se sintiera
incómodo.
—¿No sobornó a los sirvientes del príncipe heredero para espiarlo
constantemente, trató de descubrir su ciclo de celo y usó todo tipo de
medios ilegales para tratar de conquistarlo? Es imposible contar todas las
veces que lo has atormentado con feromonas.
Ante la feroz acusación de Abe, Joel no pudo responder y solo se puso
rojo como un tomate. Al recordarlo, era cierto que había hecho esas cosas
en el pasado.
Sé que no puedo ser perdonado solo porque lo hice por amor, y
reconozco que mi comportamiento ha llevado a esta situación en la que
soy el principal sospechoso... sin embargo…
Joel se sentía muy injustamente acusado. Tanto que se quedó sin
palabras.
—El conde Lucas ha encubierto todos los crímenes que has cometido
contra Su Alteza, el príncipe heredero, durante los últimos tres años, pero
esta vez no podrá hacerlo.
—Abe, yo... esta vez soy inocente.
—Incluso alguien tan tonto como tú debe saber lo grave que es
secuestrar a un miembro de la realeza. Así que si conspiraste con Sir
Bennet para secuestrar al príncipe, será mejor que lo confieses si quieres
salvar tu vida.
Parecía que Abe ya estaba convencido de que Joel había secuestrado al
príncipe. Pero, ¿no había sido el príncipe quien había decidido ayudarlo a
resolver el caso de su padre?
Joel nunca le había pedido ayuda. Robert, que sabía sobre el embarazo
de Joel, se enfadó y dijo: —¡Capitán, mida sus palabras!—, pero cuando
el capitán de la guardia, Abe, sacó su espada y se la puso en el cuello, no
tuvo más remedio que callarse.
—¿De verdad no sabe lo grave que es secuestrar a un miembro de la
realeza? Incluso si Su Alteza, el príncipe heredero, regresa y lo protege,
no podrá salvarlo. Su Majestad el Emperador lo castigará personalmente.
No solo usted y su padre, sino también todos los habitantes de su feudo
serán decapitados y exhibidos.
—Yo, yo realmente no sé nada... ¡Acabo de despertar!
—¡Hable con claridad! ¡¿A dónde llevó a Su Alteza?!
El capitán de la guardia, Abe, intimidó a Joel, que estaba a punto de
llorar. Joel se sentía mareado por el miedo, la injusticia y la preocupación
por el príncipe heredero.
De repente, un fuerte dolor de cabeza lo hizo gemir y agarrarse la
cabeza. Robert se sobresaltó y rápidamente lo sostuvo.
—¡Joel!
Robert se apresuró a examinar la herida de Joel. En la herida de la
cabeza, en donde había intentado detener el sangrado, la sangre volvió a
brotar.
Si Joel se sobresaltaba más, podría poner en peligro al bebé del
príncipe heredero en su vientre. No podía revelar el embarazo, pero
tampoco podía permitir que Abe interrogara a Joel de esa manera.
Robert confrontó a Abe con fuerza: —¿No sabe que el señor Joel
acaba de recuperar la conciencia? ¿Por qué lo trata como a un criminal?
¿Tiene alguna evidencia clara de que el señor Joel esté involucrado en
este asunto?
Al ver que el estado de Joel empeoraba, Abe no tuvo más remedio que
guardar su espada y retroceder. Justo antes de salir de la habitación, no se
olvidó de advertir a Joel: —Dado que el señor Joel también es
sospechoso, no podrá salir de esta habitación ni un paso. El soldado
privado del conde Grey llegará pronto, será mejor que confesara antes.
Capítulo 48
Una vez que el alboroto cesó, la habitación quedó en silencio. Joel,
sentado con una expresión aturdida, miró a Robert.
—Robby... ¿qué está pasando exactamente...?
—Shh, cálmate. Todo estará bien.
Robert consoló a Joel, quien tenía los ojos llenos de lágrimas, y vendó
nuevamente su herida abierta.
Mientras lo curaban, Joel escuchó una explicación más detallada de
Robert sobre la situación. Le dijo que los siervos de su padre no solo
habían participado en el ataque de la noche anterior, sino que todos los
atacantes eran siervos de su padre, y que, aunque el tipo llamado el Abad
John había escapado, su padre y los siervos seguían fuertemente
adoctrinados por él.
—Dios, qué voy a hacer...
Al considerar la situación, comprendió por qué Abe lo había señalado
como el culpable. Sin embargo, Joel era realmente inocente esta vez y
sentía un miedo extremo ante la posibilidad de que su padre estuviera
involucrado en la desaparición del príncipe heredero.
Mientras consolaba a Joel, que lloraba desconsolado, Robert pensó que
tendría que contarle más tarde sobre que el príncipe ya se enteró del
embarazo. Dado que Joel ya estaba muy conmocionado, no tenía sentido
agregarle una preocupación más. Tras organizar sus pensamientos, le
habló a Joel con un tono calmado y tranquilo.
—Joel, sé que estás asustado y angustiado, pero debes pensar en el
próximo príncipe heredero que llevas en tu vientre. Si te emocionas más,
el bebé también estará en peligro. Por favor, cálmate.
—Sniff, sí...
Lo único que podía hacer ahora era proteger a su hijo. Joel, que
sollozaba amargamente, asintió con la cabeza.
Mientras Joel intentaba dejar de llorar, Robert le acercó un paño
blanco a la nariz y le dijo: —Vamos, suena.
Cuando el llanto de Joel se calmó por completo, Robert tomó su mano
y, con una expresión seria, abrió la boca.
—Joel, aunque todo el mundo te dé la espalda, yo siempre estaré de tu
lado. ¿Confías en mí?
—Sí...
En ese momento, Robert era su único aliado. Incluso se mantuvo a su
lado cuando cuatro pares de ojos lo presionaron a confesar algo que
desconocía minutos antes.
Si Robert no hubiera intervenido en su defensa, se habría desmayado
en ese mismo instante. Joel miró a Robert con agradecimiento.
—Así que sé honesto conmigo, Joel. ¿Sabes algo sobre este asunto?
Cualquier cosa, incluso el más pequeño.
Sin embargo, en el siguiente instante, al descubrir una tenue luz de
duda en las profundidades de los ojos grises de Robert, Joel se dio cuenta
intuitivamente de que nadie, ni siquiera Robert, le creería.
Tal vez incluso el príncipe heredero desaparecido lo considerara
culpable. Aunque todo esto fuera, en última instancia, un castigo por
haber perseguido incansablemente al príncipe heredero durante tres años
y haberlo atormentado, aun así, Joel encontraba insoportable esta soledad
causada por la duda de su amigo.
Era como si estuviera solo en el mundo.
***
Después de calmar a Joel y de interrogarlo, Robert llegó a la
conclusión de que Joel realmente no sabía nada. Conociendo a Joel desde
pequeño, Robert estaba seguro de conocerlo bien y, en realidad, Joel no
tenía ninguna razón para poner en peligro al príncipe heredero.
Ya estaba embarazado y ya no estaba obsesionado con el príncipe
heredero. Más bien, ahora era el príncipe heredero quien estaba
obsesionado y ansioso por su relación.
Sin embargo, para los miembros del cuarto escuadrón, que
desconocían el embarazo de Joel, era natural sospechar de él. A Robert le
frustraba enormemente el hecho de que no pudiera revelar el embarazo
de Joel debido a la reputación de Joel y al honor de la familia real.
Una vez terminada la sencilla interrogación, Robert le llevó una sopa a
Joel. Joel quería salir a buscar al príncipe heredero porque estaba
preocupado por él y había dejado de comer, pero cuando se le recordó
que debía proteger al bebé que llevaba en su vientre, tomó la cuchara sin
rechistar.
Eso era todo lo que Joel podía hacer en ese momento.
Después de la comida, Robert le sugirió a Joel que descansara. Aunque
no había signos inmediatos de peligro como hemorragias, su pulso era
irregular, por lo que necesitaba descansar.
Sin embargo, Joel, que se había enterado de la desaparición del
príncipe, no podía dormir fácilmente debido a la ansiedad. Y como no
podía darle a Joel, que estaba embarazado, somníferos sin pensarlo dos
veces, Robert le dio la chaqueta exterior de su Alteza.
Abrazando la capa impregnada con el aroma del príncipe, Joel
finalmente se durmió. Parecía que su corazón se calmaba de alguna
manera con el olor de la capa.
Al confirmar que Joel respiraba profundamente y en paz, Robert salió
cuidadosamente de la habitación.
—Entonces, ¿descubrió algo?
Apenas salió de la habitación, Abe, que había estado esperando en
silencio, lo interrogó con una mirada penetrante.
—Joel parecía realmente no saber nada. Como médico, puedo
asegurarle que acaba de recuperar la conciencia. No fingió estar
inconsciente como usted sospecha. Por favor, deje de dudar de él. Joel
necesita descansar.
—El médico debería saber mejor que nadie que eso no puede ser
posible. Le di una oportunidad porque me pidió encarecidamente que
interrogaría a Joel, pero si sigue así, no tendré más remedio que
sospechar. Tenga en cuenta que yo mismo volveré a interrogar a Joel
mañana.
—¡Capitán!
A pesar de sus súplicas, el capitán de la caballería, Abe, seguía
desconfiando de Joel. Era un leal sirviente del príncipe heredero y no era
un hombre que se dejara llevar por sentimientos personales como la
compasión. Si lo considera necesario, llevaría a Joel a la cámara de
tortura en cualquier momento. Y si Joel perdía al bebé durante una dura
interrogación...
Desesperado, Robert no tuvo más remedio que contarle a Abe sobre el
embarazo de Joel.
—Comprendo perfectamente que usted desconfíe del señor Joel. Pero
ya no hay necesidad de que el señor Joel secuestre al príncipe heredero
para poseerlo. Porque… porque él ya está embarazado.
—¿Embarazo?
El capitán de la caballería, Abe, frunció el ceño.
Inclinando la cabeza, confundido sobre qué significaba, pronto puso
una expresión de incredulidad.
—Entonces, ¿quiere decir que el señor Joel está embarazado del
príncipe heredero...?
—Shh, tenga cuidado con lo que dice. Es un asunto que aún se
mantiene en secreto por el bien del señor Joel y del honor de la familia
real.
Temiendo que alguien más pudiera escuchar, Robert rápidamente calló
a Abe.
Aunque era difícil de creer, contrariamente a las expectativas de
Robert, Abe lo entendió con sorprendente facilidad. De hecho, había
habido muchas cosas extrañas sobre el príncipe heredero últimamente —
como cuando el príncipe heredero se ofreció repentinamente a encargarse
del asunto del caballero Bennet, o cuando se obsesionó extrañamente con
Joel durante el viaje, o cuando se mostró inquieto todo el tiempo
mientras estaba al lado de Joel inconsciente…— y si todo eso se debía a
que Joel estaba en cinta, parecía bastante plausible.
Abe se puso pálido al darse cuenta de que había interrogado
ferozmente a un omega que llevaba al hijo del príncipe heredero. Sin
importar la razón, esto era un crimen tan grande como secuestrar al
príncipe heredero.
Especialmente ahora que se desconocía el paradero del príncipe
heredero.
—…lamento el malentendido.
—No se preocupe. Creo que era algo que tanto usted como yo
podíamos sospechar. Sin embargo, ya que el príncipe heredero aún no ha
hecho pública la noticia del embarazo del señor Joel, por favor tenga
cuidado de que no se filtre nada.
Fue una suerte que el malentendido se haya resuelto. Robert apenas
pudo disuadir a Abe de ir a disculparse con Joel.
Joel estaba agotado después de un largo viaje. Siendo las primeras
etapas de su embarazo, estaba muy angustiado por haber sido
gravemente herido y por la desaparición de su pareja. Habiendo aceptado
la persuasión de Robert, Abe transmitió su intención de disculparse con
Joel cuando se despertara y se apresuró a buscar al príncipe heredero.
***
Joel, que estaba sumido en un profundo sueño, sintió de repente que lo
estaban moviendo.
—Joel, Joel.
No era un sueño, sino que alguien realmente lo estaba sacudiendo. Joel
abrió los ojos con esfuerzo y, al descubrir los familiares ojos azules justo
frente a él, se sintió completamente despierto.
—¿Papá...?
La última vez que había hablado con Robert había sido alrededor de
las tres de la tarde, pero ahora la ventana estaba oscura. Además, era la
primera vez que se enfrentaba a su padre desde que había llegado al
feudo.
Antes de que Joel pudiera mirar a su alrededor y evaluar la situación,
Sir Bennet le tapó la boca y le hizo un gesto de silencio con un —shh.
—Hijo, tengo algo que mostrarte. Sígueme.
La voz de Sir Bennet era más baja que de costumbre, y su rostro era
más serio que nunca. Joel, aún aturdido por el sueño, salió de la
habitación sin sospechar nada, siguiendo a su padre.
Capítulo 49
Al salir de la habitación, vieron a uno de los miembros del cuarto
escuadrón sentado junto a la puerta, roncando. Por lo visto, se había
quedado dormido mientras hacía guardia.
Habían dicho que no podía salir ni un paso de la habitación, así que
parecía que realmente lo habían estado vigilando. Debe estar muy
cansado para quedarse dormido mientras hacía guardia, pensó Joel
mientras pasaba de largo. Pero entonces sintió algo extraño.
¿Cómo podría cometer semejante descuido alguien perteneciente a la
guardia personal del príncipe? Por lo que había visto durante el viaje, los
miembros del cuarto escuadrón no parecían ser descuidados. Además, la
mansión estaba extrañamente tranquila.
Sintiendo una extraña premonición, Joel se detuvo. Sir Bennet, que lo
había estado llevando del brazo, se volvió.
Joel intentó pedirle una explicación, pero Sir Bennet lo instó a seguir
adelante con urgencia, diciendo con severidad: —Vamos, no tenemos
tiempo—. Joel no tuvo más remedio que seguirlo.
6. La mansión oculta
Sir Bennet condujo a Joel hacia el sótano. Mientras descendían por la
escalera en espiral siguiendo a su padre, Joel intentó preguntarle qué
estaba pasando. Pero antes de que pudiera abrir la boca, recibió una
orden de que se callara.
Su padre parecía tener mucho miedo de que alguien los escuchara, y
Joel no tuvo más remedio que mantener la boca cerrada.
Arrastrado por su padre, Joel miró a su alrededor con inquietud. No
podía creer que su propio padre pudiera hacerle daño... ¿Estaba bien
seguirlo? ¿Adónde lo estaba llevando su padre a esas horas de la noche?
Joel intentó detenerse varias veces para preguntarle a Sir Bennet, pero
este solo consultaba su reloj de bolsillo y lo apresuraba, diciendo que
tenían que darse prisa.
El sótano al que finalmente llegaron estaba sumido en una oscuridad
total. La única luz provenía de una linterna que Sir Bennet le había
entregado.
Después de pasar por el almacén de alimentos, donde se guardaban
vino y otros ingredientes, llegaron a una habitación al final donde se
acumulaban objetos diversos. Sir Bennet se acercó a un estante viejo
colocado en una esquina de la habitación.
El estante, hecho de madera maciza, parecía bastante pesado. Sin
embargo, Sir Bennet, que era corpulento, lo levantó y lo movió
fácilmente sin esfuerzo aparente.
Curiosamente, parecía muy familiarizado con todo el proceso. Joel,
que tosió debido al polvo, retrocedió al ver una puerta en la pared.
La puerta era tan baja que llegaba casi a la altura de Joel. Cuando Sir
Bennet la abrió, apareció una especie de cueva.
Dentro de la cueva, que parecía más estrecha que los hombros de Sir
Bennet, una escalera de tierra compactada descendía hacia las
profundidades sin final a la vista. Joel rezó para que no tuvieran que
entrar allí, pero desafortunadamente, su padre señaló hacia la cueva y
ordenó: —Entra.
—Papá...
La cueva era tan estrecha y profunda que solo mirarla lo dejaba sin
aliento. Aterrorizado, Joel agarró el brazo de Sir Bennet con manos
temblorosas.
Sin embargo, Sir Bennet lo apartó bruscamente y lo apresuró,
diciendo: —Vamos, date prisa. No nos queda mucho tiempo.
Joel miró a su padre con ojos llenos de miedo. La luz parpadeante de
la linterna proyectaba sombras extrañas y distorsionadas en el rostro de
Sir Bennet.
Parecía completamente fuera de sí, y Joel sintió que los últimos
vestigios de sueño se disipaban por completo.
Ahora que lo pensaba, ¿no había dicho Robert que Sir Bennet había
sido lavado el cerebro por el Abad John? Al comprender finalmente la
situación, Joel sintió un escalofrío recorrer su espalda.
—Papá, papá, ¿qué es lo que quieres mostrarme? Dímelo claramente.
Nunca antes en su vida había tenido miedo de su tonto padre, pero
ahora realmente le tenía miedo.
Si gritara pidiendo ayuda, ¿alguien vendría a rescatarlo? Se decía que
todos los habitantes del feudo habían sido lavados el cerebro. Y hablando
de eso, ¿estarían bien los del cuarto escuadrón y Benjamín?
—Entrarás y lo verás.
Joel, por supuesto, no quería entrar. La cueva era estrecha y lúgubre, y
quién sabe qué podría haber al final de ese túnel. Cuando Joel se resistió,
aferrándose al suelo con los pies, Sir Bennet intentó calmarlo con un
tono suave, como si quisiera disipar sus sospechas.
—Joel, hijo mío. Dentro encontrarás lo que estás buscando.
—¿Lo que busco? No he perdido nada... no puede ser.
¿Acaso se refería a que el príncipe heredero estaba allí dentro?
Horrorizado, Joel preguntó: —¿Quiere decir que mi padre secuestró al
príncipe?
Sir Bennet respondió con una sonrisa ambigua. Su reacción parecía
indicar que esa era la respuesta más probable.
—¡Papá, ¿estás es tus cabales? ¡Eso es traición! ¡Llamaré a los
miembros del cuarto escuadrón inmediatamente!
—¡Entonces…!
Sir Bennet detuvo a Joel, quien estaba a punto de salir corriendo, con
un tono severo.
—Entonces nunca más podrás ver al príncipe heredero. De hecho, no
tenemos tiempo para discutir. Si quieres salvar al príncipe heredero, entra
ahí.
Joel volvió a mirar la cueva, que parecía la boca abierta de un
monstruo. Le resultaba imposible siquiera pensar en adentrarse en aquel
túnel estrecho y oscuro, pero la advertencia de que podría perder al
príncipe heredero para siempre si perdía más tiempo estaba nublando su
juicio.
Si el príncipe heredero estaba allí dentro, tenía que ir. Además, la
situación era tan urgente que no podía permitirse perder más tiempo.
Tomando una profunda respiración y apretando el puño con fuerza,
Joel finalmente puso un pie dentro de la cueva.
***
—Papá... entonces, ¿el ataque de anoche fue realmente obra tuya?
Joel, que descendía por la cueva, le preguntó a su padre que lo seguía.
Como se tapaba la nariz con la manga, su voz sonaba nasal. La
profunda cueva estaba llena de un olor a tierra húmeda y moho.
Si el príncipe heredero no estuviera allí abajo, hubiera empujado a su
padre y habría huido inmediatamente.
—No, eso es imposible.
Afortunadamente, Sir Bennet lo negó de inmediato. No parecía estar
mintiendo. Al menos, eso era algo bueno.
—Pero me dijeron que los atacantes eran todos de nuestro territorio.
—Sí, yo también escuché ese rumor. Tengo una idea de quién pudo
haber organizado ese ataque.
—¿Quién?
—Probablemente... el Abad John.
Así que ese maldito tipo era la raíz de todos los males. No solo había
lavado el cerebro a su padre y a los habitantes del feudo, y les había
robado sus propiedades, sino que ahora también intentaba matar al
príncipe heredero.
Joel apretó los dientes con fuerza y sintió que su paciencia se agotaba
cuando su padre defendió al Abad John, diciendo: —Pero si él hizo algo
así, seguramente tuvo una razón profunda.
En realidad, esta situación era el resultado de la estupidez de su padre.
Ya tenía suficiente con sentirse herido y solo, pero no podía soportar
escuchar las tonterías de su padre lavado el cerebro.
Furioso, Joel se volvió hacia su padre para confrontarlo.
—¡Pero papá, ¿qué estás diciendo?! ¿Después de causar todo este
desastre, todavía no puedes distinguir el bien del mal? ¿Por qué sigue
protegiendo a ese estafador?
—¡No puedes hablar de esa forma!
Pero cuando Sir Bennet elevó repentinamente la voz, Joel no pudo
evitar retroceder.
Sir Bennet siempre había cuidado mucho de Joel, quien desde pequeño
había sido más pequeño que sus compañeros. Nunca antes había alzado
la voz delante de Joel. No importaba cuánto le gustara el Abad John,
¿cómo podía tratarlo así?
Joel miró a Sir Bennet con ojos heridos.
—...Papá.
—¡¿Cómo te atreves a llamar estafador al Abad John?! ¡Él es un gran
salvador! Ni siquiera tú puedes pasar por alto la falta de respeto hacia él.
¡Discúlpate inmediatamente!
Sin embargo, Sir Bennet no parecía arrepentirse de haber elevado la
voz a Joel. Sus ojos, iluminados por la luz de la lámpara, brillaban con
una luz extraña, y Joel comprendió profundamente las palabras de Robert
cuando dijo que había sido —lavado el cerebro— por el Abad John.
Detrás de él había una cueva cuya profundidad era desconocida, y la
única salida estaba bloqueada por el cuerpo corpulento de Sir Bennet.
Joel, por supuesto, tenía un temperamento lo suficientemente fuerte
como para enfrentarse a esta situación sin miedo, pero como ya no estaba
solo, no tuvo más remedio que ceder por el momento.
—Lo siento. Tendré más cuidado en el futuro.
Cuando Joel admitió su error sin dudarlo, Sir Bennet, que había estado
tan furioso, finalmente se calmó.
—Así es. El Abad John te está esperando ahora mismo. Vamos, hijo.
Aunque ahora desconfías de él por tu ignorancia, una vez que lo
conozcas, lo seguirás como tu padre lo hace.
Sir Bennet habló con un tono suave y escalofriante, como si nunca
hubiera elevado la voz.
Capítulo 50
¿Dice que el Abad John me está esperando? ¿Entonces no estábamos
yendo a ver al príncipe heredero? Joel sintió un escalofrío ante las
palabras de su padre.
—Ah, hace un momento dijo que el príncipe heredero también nos
estaba esperando.
—...
—Papá, por favor, dime una cosa con certeza. ¿Es cierto que el
príncipe heredero está abajo?
—Así es. Aunque ahora te resulte difícil de creer, sorprendentemente,
el hecho de que Su Alteza esté allí también es por su propia voluntad.
Por supuesto, no había ninguna razón por la cual el príncipe heredero,
a menos que estuviera loco, se escondería bajo tierra por su propia
voluntad. Viendo que habían secuestrado al inteligente y fuerte príncipe
heredero y habían convertido a su padre, que era tan leal a la familia real,
en esa persona, el Abad John parecía ser una figura mucho más peligrosa
de lo que había anticipado.
Joel dudó por un momento si, siendo tan tonto como era, podría
rescatar al príncipe heredero, pero su preocupación por el príncipe superó
su miedo. Asintió con la cabeza y dijo: —Está bien. Vayamos—. Luego,
obligó a sus pies a moverse, aunque con dificultad.
Mientras descendía por las escaleras, Joel pensó con pesar. Las
palabras de Abe, que lo reprendieron por no saber cuán grave era el
secuestro de un miembro de la realeza, resonaban en sus oídos. Al
conocer el secuestro del príncipe heredero y no informarlo a la caballería,
su propio padre, cómplice en el asunto, no podría evitar ser castigado.
Quizás incluso él mismo no pudiera salvar su vida.
Quizás habría sido mejor si hubiera muerto para siempre en esa nieve
en el pasado. Habría sido mejor para todos.
Si hubiera sido así, su padre no habría pasado por esta terrible
situación, el príncipe heredero no se habría visto envuelto en un peligro
tan grande y el bebé en el vientre no tendría que experimentar un
nacimiento no deseado...
Finalmente, cuando llegaron al fondo de la profunda y estrecha cueva,
una pequeña puerta esperaba a Joel. Su padre lo instó desde atrás: —
Ábrela.
Ya no había nada más que temer, y Joel, sin dudarlo, llevó su mano a
la manija.
Al abrir la puerta, apareció una habitación amplia que parecía una
entrada.
Era un vestíbulo tan lujoso que podría compararse con el de la
mansión del Conde Lucas. El suelo estaba completamente cubierto de
baldosas negras y blancas en un patrón de cuadrícula, con una gruesa
alfombra roja sobre ellas, y numerosas columnas de mármol se alineaban
majestuosamente.
Gracias a las docenas de lujosos candelabros que colgaban del techo,
era posible distinguir lo que había al frente incluso sin la lámpara. Joel
dejó la lámpara en el suelo y siguió los pasos de Sir Bennet, que se había
adelantado.
Curiosamente, la mansión tenía una estructura de pisos opuesta a la de
las mansiones terrestres. Normalmente, los espacios habitables están en
la planta baja y los sótanos se utilizan como almacenes.
La magnífica escalera de mármol que apareció después del vestíbulo
solo conducía a niveles inferiores.
Joel bajó por la escalera de mármol siguiendo a su padre, mirando a su
alrededor. Era una mansión mucho más lujosa y hermosa de lo que jamás
había visto, incomparable con la mansión de Sir Bennet.
Aunque no había ventanas, todo tipo de cuadros hermosos y coloridos
ocupaban el lugar donde deberían estar las ventanas.
Sir Bennet parecía muy familiarizado con esta extraña mansión y, sin
dudarlo, encontró la sala de estar. Al cruzar el umbral de la sala de estar
que su padre abrió, Joel descubrió una figura blanca sentada en el sofá.
—¿M... Mamá...?
Joel abrió los ojos ante la sorpresa, reconociendo el rostro de la
persona sentada frente a la mesa.
***
Aunque la luz no era muy brillante para ver con claridad, Joel pudo
sentir que su madre le sonreía.
—Oh, Anna...
Sir Bennet murmuró detrás de Joel con un tono emocionado.
Joel no podía apartar los ojos de ella ni por un instante, temiendo que
desapareciera. Su madre, con una expresión facial compleja de alegría y
tristeza, se levantó de su asiento.
Ella abrió los brazos hacia Joel, como invitándolo a venir y abrazarla.
—Mamá...
Joel sintió un nudo en la garganta. Era alguien a quien nunca había
olvidado ni un solo momento.
Siempre la había extrañado y siempre había resentido a Dios por
haberla hecho separarse de ella a una edad tan temprana.
No sería exagerado decir que Joel solo pudo superar el terrible dolor
de su pérdida gracias al testamento de su madre. Justo antes de cerrar los
ojos, su madre extendió su mano seca y con dificultad agarró la mano de
Joel para pedirle:
[—Hijo mío. Cuando nos volvamos a encontrar en un futuro lejano,
por favor, cuéntame qué tan hermoso y maravilloso te pareció este
mundo].
Esa súplica tan intensa hizo que Joel viviera con fuerza.
Después de haber pasado tanto tiempo postrado en la cama, trató de
experimentar tantas cosas como fuera posible en lugar de ella, que se
había marchado.
Lo alto que podía ser el cielo despejado, lo refrescante y emocionante
que era correr por los campos, lo hermoso que era el palacio en la capital,
y lo apuesto y cautivador que era el príncipe heredero, quien había
robado su corazón por completo...
Quería, tal como ella había dicho, contarle todas esas cosas cuando
volvieran a encontrarse algún día, muy en el futuro, y agradecerle por
haberle permitido nacer en un mundo tan maravilloso.
Joel sintió de inmediato cómo se le nublaban los ojos. Se quedó
quieto, dejando que las lágrimas cayeran una tras otra, cuando Sir Bennet
lo empujó suavemente por la espalda y le susurró: —Hijo, ve. ¿No te está
esperando tu madre?
Joel movió sus piernas temblorosas y comenzó a caminar lentamente.
A cada paso que daba, sus ojos azules brillaban con una luz cada vez más
intensa y triste.
Finalmente, cuando se encontró en los brazos de su madre, Joel pudo
sentir dos brazos delgados envolviendo su espalda.
—Mamá, te extrañé... —Joel susurró con voz débil. Aquellos brazos
que de niño le parecían tan amplios ahora se sentían increíblemente
estrechos.
Y aunque su piel estaba fría, el suave aroma a leche tibia seguía siendo
el mismo. Definitivamente era su madre.
Su madre, que había abrazado a Joel con fuerza una vez, se apartó y lo
miró hacia arriba. Joel miró hacia abajo a ella, que era una cabeza más
baja que él.
Ella tenía una apariencia sorprendentemente similar a la suya. Desde
sus ojos azules brillantes como joyas hasta su cabello rubio brillante y
sus rasgos faciales delicados que evocaban a un hada de un cuento de
hadas, era como mirarse en un espejo.
Por razones desconocidas, no parecía estar nada contenta con el
reencuentro con su hijo. Más bien, parecía muy triste e insegura.
Ella empujó el hombro de Joel y movió los labios como si quisiera
decir algo. Joel trató de escuchar lo que decía, pero por más que lo
intentara, no pudo entender las palabras de su madre.
—¿Mamá? ¿Puedes decirlo de nuevo? No entiendo muy bien…
Cuando Joel inclinó la cabeza, Sir Bennet intervino diciendo: —Es
algo natural. El Abad John dijo que la línea entre los vivos y los muertos
es clara y que no pueden comunicarse entre sí. En realidad, fue mi culpa
por simplemente pedir que me permitieran ver a Anna al principio...
Debería haber pedido que también pudiera hablar con ella.
En ese momento, la figura de su madre comenzó a desvanecerse.
Luego, después de empujar el hombro de Joel con fuerza, se convirtió
instantáneamente en polvo y desapareció.
Joel se sorprendió y exclamó con voz fuerte: —¡Mamá!
—Cálmate. Solo tienen permitido una hora, desde la medianoche hasta
la una de la mañana. Por eso me apresuré antes... Podrás volver a ver a tu
madre mañana.
Sir Bennet trató de calmar a Joel, que estaba muy alterado.
—De todos modos, ¿ahora creerás en el poder del Abad John? Él ha
traído el alma de tu madre a la Tierra con su poder omnipotente.
—Papá... ¿Quién es exactamente ese Abad John? ¿Es el dueño de esta
mansión? ¿Cómo conociste a ese tipo? ¿Desde cuándo hay una mansión
como esta debajo de nuestra casa?
Joel, emocionado, soltó una lluvia de preguntas. Sir Bennet, para
calmarlo, lo sentó en el sofá. Una vez que Joel recuperó cierta calma, Sir
Bennet comenzó a hablar con un tono tranquilo:
—Después de perder a tu madre y de que tú te fueras a la capital, me
sentí muy solo. Y comencé a pensar mucho en la separación eterna, en la
muerte. Cuanto más lo hacía, más ansioso me ponía. No había duda de
que en el cielo habría un lugar preparado para Anna, tan amable y
cariñosa, y para ti, tan adorable. Pero yo he matado a demasiadas
personas en el campo de batalla. No podría ir a un lugar así.
—Papá...
—Me sentía muy dolorido y miserable por el hecho de que nunca
podríamos volver a los días felices de nuestra familia. Y me sentía
perdido. Pensaba que seguiría viviendo así para siempre, añorando el
pasado y muriendo solo, y que un pecador como yo no tendría la
oportunidad de reunirme con mi familia después de la muerte.
Sir Bennet estaba seguro de que iría al infierno después de morir. Joel
intentó consolar a su padre, recordándole lo que había aprendido en las
clases de doctrina: que Dios no consideraría un pecado las muertes
ocurridas en la guerra. Sin embargo, rápidamente se dio cuenta de que su
padre, siendo un creyente tan devoto, no podía desconocer ese hecho.
Joel, que nunca había experimentado la guerra, solo podía ofrecer un
consuelo superficial. Aunque no era el momento de sentarse a escuchar
sus lamentos, no podía evitar sentir pena por su padre, quien estaba
expresándolos.
Joel miró a su padre con lástima, lleno de remordimiento.
Capítulo 51
—Así que me volví terriblemente apático y la vida misma me causaba
dolor. Para mi vergüenza, dependí del alcohol durante más de un año. Un
día, mientras bajaba al sótano a buscar más alcohol, encontré al Abad
John asomando la cabeza por la pared. Y allí mismo hablamos durante
mucho tiempo.
¿La pared por la que asomó la cabeza el líder John sería, acaso, el final
de la cueva por la que acabamos de pasar? Normalmente, si alguien
encuentra a otra persona asomando la cabeza por una pared mientras
busca algo en el sótano, lo normal sería desmayarse de la sorpresa.
Joel, sin saber si llamar audaz o loco a su padre, no pudo contenerse y
preguntó:
—Papá, ¿quieres decir que al encontrarte con esa extraña criatura que
apareció en la pared, en lugar de huir o llamar a los guardias, charló
alegremente con él? ¿Quieres que crea eso?
—Si hablas con él aunque sea una vez, entenderás por qué es así, Joel.
Tú también podrás entender lo que digo cuando hables con él más tarde.
Él fue el único que entendió mi dolor y me consoló. Y amablemente me
dijo que si le daba algo muy pequeño, podría ver a tu madre de
inmediato.
—Algo muy pequeño... ¿Se refería a tu fortuna? —Joel preguntó,
deseando que el Abad John simplemente hubiera pedido dinero.
Cuando me fui a la capital, estaba muy enojado con mi padre por
haber gastado dinero, pero ahora, estaría feliz si lo único que hubiera
perdido fuera el dinero.
Desafortunadamente, Sir Bennet negó con la cabeza. Con una sonrisa
enigmática, respondió:
—No, lo que él pide es un alma.
—¿Un alma?
Joel soltó una carcajada incrédula. Era una respuesta absurda, pero
después de haber visto la vasta mansión subterránea debajo de la
mansión de su padre y el espíritu de su madre moviéndose vívidamente,
ya no podía descartar por completo las palabras de su padre como
tonterías. Joel preguntó con ansiedad:
—¿Y qué pasa si entrego mi alma?
—Bueno... El Abad John dijo que después de la muerte física, se
desvanecería para siempre, pero no sé exactamente qué significa eso.
¿Quizás sea algo así como dormir eternamente?
—¡No, ¿cómo puedes darle tu alma sin saber exactamente qué sucede
cuando lo hace?!
Joel estalló en cólera, incapaz de contener su preocupación, pero Sir
Bennet, quien había entregado su alma, parecía extrañamente tranquilo.
Sonrió débilmente, como si hubiera esperado esa reacción, y murmuró:
—Tú tampoco entiendes mi elección. Nadie más ha entendido mi
sufrimiento. La desesperación de querer ver a la persona que amo aunque
sea una vez más, incluso luego de la muerte... Sin embargo, pronto
entenderás la desesperación de tu padre.
Joel se burló, pero cuando Sir Bennet preguntó: —¿No tienes a alguien
tan valioso que no te importaría intercambiar tu alma?—, no pudo evitar
dejar de reír.
Las palabras de Sir Bennet eran muy significativas. Joel se dio cuenta
intuitivamente de que su padre estaba hablando del príncipe heredero.
Parece que no estaba mintiendo cuando dijo que el príncipe heredero
lo estaba esperando. No era solo para reunirse con su madre, sino que
ahora entendía la intención de su padre al traerlo a este lugar subterráneo.
Su padre quería mostrarle el poder trascendental del Abad John, a
quien él consideraba un farsante. La razón de esto, probablemente, era
que...
—Así es, Joel. Él quiere ofrecerte un trato. Será una oportunidad muy
valiosa para ti.
Sir Bennet asintió con la cabeza como si hubiera leído los
pensamientos de Joel.
Justo en ese momento. Se escucharon unos pasos pesados en el pasillo
de losas como un tablero de ajedrez. Alguien se acercaba.
Finalmente, la puerta de la sala de estar se abrió y un hombre entró en
la habitación, diciendo alegremente:
—Buen trabajo, señor Bennet. Pero creo que sería mejor si yo hablara
a partir de ahora.
Joel miró con recelo al caballero bien vestido y corpulento.
A pesar de ser descrito como de mediana edad, era imposible adivinar
su edad exacta. Joel no pudo determinar si era mayor o más joven que su
propio padre.
El hombre tenía el cabello completamente blanco, pero en contraste, su
rostro no tenía una sola arruga y era tan suave que daba asco.
—A partir de ahora, quiero hablar un poco con tu hijo, así que sube a
la superficie y vigila el movimiento de los caballeros.
Era un hombre sospechoso a todas luces, pero Sir Bennet no parecía
tener ningún miedo a dejar a su único hijo a su cargo.
—Sí.
Asintió respetuosamente y se retiró.
Se oyó el sonido de la puerta cerrándose. Ahora, solo quedaban Joel y
el Abad John en la oscura sala de estar, donde las velas del candelabro
parpadeaban siniestramente.
En ese momento, Joel finalmente entendió por qué el espíritu de su
madre no había estado contento de reunirse con él y cuál había sido el
mensaje que tanto había querido transmitirle.
[—¡Huye, hijo mío! ¡Huye rápido!]
Le estaba rogando a su hijo que huyera inmediatamente.
***
—Debes haberte cansado con el largo viaje. ¿No te perdiste en el
camino?
El Abad John saludó a Joel con una voz suave, manteniendo la misma
postura rígida en el sofá.
Se había sentado exactamente en el mismo lugar donde se había
sentado el espíritu de su madre. Cuando acababa de entrar en la
habitación, no se había dado cuenta porque solo estaba mirando a su
madre, pero había varios objetos en la mesa de café.
Tinta, una pluma, pergamino y un reloj de arena lleno de arena dorada.
La cantidad de arena que quedaba en la parte superior del reloj de
arena era muy poca. A primera vista, parecía que el tiempo ya se había
agotado.
Sin embargo, al observarlo detenidamente, se podía ver que granos de
arena muy brillantes caían a un ritmo muy lento, lo que indicaba que aún
quedaba tiempo.
Joel, sin darse cuenta, miró el reloj de arena y de repente volvió en sí,
mirando fijamente al Abad John. El propósito de John era obvio. Tenía la
intención de pedirle que le entregara su alma a cambio de salvar al
príncipe heredero.
¿Debería aceptar la propuesta de John?
Joel pensó con calma.
Aunque ya había muerto una vez, la muerte seguía siendo aterradora.
Sin embargo, si no fuera por la existencia del bebé, no habría tenido que
preocuparse.
Después de todo, era una vida insignificante, y no le importaría dar
todo de sí por el príncipe heredero. Se sentía culpable hacia sus padres,
pero estaba claro que sería mejor para todos y para el futuro del imperio
salvar al príncipe heredero en lugar de que él, un tonto y completamente
inútil.
Sin embargo...
Joel levantó la mano y acarició suavemente su bajo vientre.
Este bebé era la única razón por la que se aferraba a la vida. Joel tenía
muchas cosas que aún quería experimentar.
Quería sentir las patadas, quería tomar la pequeña mano del bebé
recién nacido y también quería ir de picnic con el niño a un campo verde
en un día soleado. Quería darle a este niño los felices recuerdos de su
infancia que no pudo tener debido a la temprana partida de su madre.
¿Así se habría sentido su madre al cerrar los ojos dejándolo a él? Le
hormigueó la nariz. Sintió que iba a llorar, así que cerró los ojos con
fuerza.
Joel pensó que tendría que darle su alma al líder John cuando lo
pidiera, pero debería preguntar si podía tener al menos unos pocos años
de aplazamiento. Aunque unos pocos años fueran demasiado, al menos
debería tener tiempo para contarle la verdad al príncipe heredero y
confiarle al niño.
Su Alteza es un hombre responsable, seguro que criará bien al niño.
Pensando así, Joel abrió los ojos y miró al Abad John.
—¿Eres tú el Abad John?
—Eres muy joven para hablarme así. Eres tan insolente como dicen.
Joel había intentado preguntar con cortesía, pero el Abad John
inmediatamente puso una cara desagradable. Si hubiera mostrado su
verdadero carácter, Joel lo habría agarrado por el cuello y le habría
gritado: —¿Eres tú el estafador llamado Abad John? —Francamente, Joel
no podía evitar sentirse un poco agraviado.
Joel refunfuñó para sí mismo, pensando que ya era suficiente con que
lo tratara así, pero pronto recordó que la vida del príncipe heredero
estaba en sus manos.
—Lo siento.
Cuando Joel se disculpó, el Abad John agitó la mano como si fuera
una molestia.
—Este... ¿Señor Abad? Digo… ¿dónde está el príncipe heredero
ahora?
—Él está asumiendo la responsabilidad de su elección.
—¿Elección dices...?
Las palabras de Sir Bennet, que decían que el príncipe heredero estaba
allí por su propia voluntad, resonaron en sus oídos. Por supuesto, no
podía ser así, pero Joel sintió una gran inquietud.
A la pregunta de Joel, con una voz temblorosa, el Abad John murmuró:
—En lugar de explicarte todo, sería mejor que lo vieras por ti mismo.
Al instante siguiente, Joel sintió cómo alguien lo agarraba por la nuca
como si lo estuviera tirando. Antes de que pudiera resistirse, su cuerpo
fue lanzado hacia atrás.
Joel cerró los ojos con fuerza preparándose para el impacto en la nuca,
pero lo que siguió fue una extraña sensación que recordaba a sumergirse
en el agua.
Capítulo 52
Y cuando abrió los ojos, Joel se dio cuenta de que todavía estaba tirado
en la nieve, muriendo.
Su cuerpo ya estaba completamente congelado. Ya no sentía frío ni
dolor. Solo sentía un cansancio extremo de manera sorprendentemente
clara.
Así que el hecho de haber retrocedido tres meses antes de su muerte,
haber emprendido un viaje a la tierra de Sir Bennet para capturar al Abad
John, luego acompañar a su padre al sótano y encontrar a ese hombre en
aquel lugar… todo, en realidad, fue una ilusión. Ahora mismo, se
encontraba exhalando con dificultad, tratando de contener su último
aliento.
Cuando salió de la mansión del conde Lucas, era temprano en la
mañana, pero ahora el sol estaba en lo alto. La fuerte luz del sol caía
sobre el rostro de Joel, pero Joel, que tenía los ojos medio abiertos, no
sentía el deslumbramiento. Era porque ya casi no podía ver.
Joel podía sentir que estaba llegando al final de su vida. Estaba
exhausto y abrumado por el sueño.
Ahora solo quería quedarse dormido. Sabía que no despertaría de
nuevo, pero la agonía de su situación lo impulsaba a anhelar el descanso
eterno que la oscuridad le ofrecía.
Joel aceptó con serenidad que este final no estaba mal. En realidad, su
corazón estaba increíblemente tranquilo y sereno en este momento.
No sentía ningún temor. Ahora, realmente parecía estar listo para
enfrentarse a la muerte.
Pero en este mundo, tan molesto y lleno de dolor, ¿qué remordimientos
seguían presentes para que continuara aguantando y luchando tanto por
respirar?
Joel no podía entenderse a sí mismo, como un tonto sufriendo en
medio del dolor.
Mientras exhala su aliento débil como si estuviera a punto de
romperse, Joel finalmente pudo escuchar cientos, incluso miles, de
cascos de caballos corriendo hacia él.
Quería levantar la cabeza para confirmar, pero le faltaban fuerzas. Para
el Joel actual, hasta el simple acto de respirar resultaba abrumador.
—¡Joel!
Cuando escuchó una voz que lo llamaba a lo lejos, Joel se dio cuenta
de que ese era su último apego a este mundo.
—Joel, ¿por qué ...?
La voz estupefacta del príncipe que corría rápidamente resonó en sus
oídos. Su piel estaba pálida como la nieve, su cabeza herida sangraba, y
su aspecto debía de ser desastroso.
Joel, que había estado preocupado por haber salido sin siquiera
peinarse debido a su expulsión temprana esa mañana, se rió de sí mismo
por seguir preocupado incluso mientras moría.
—No, no...
Pudo sentir cómo el príncipe intentaba transmitirle calor a su cuerpo
congelado. Por supuesto, era algo inútil.
A Joel le hubiera gustado ver el rostro del príncipe una última vez,
pero lamentablemente, como no podía ver, tuvo que renunciar a ese
deseo. Incluso la sensación de que lo masajeaban se desvaneció hasta que
ya no sintió nada. Joel solo podía escuchar la voz desconsolada del
príncipe heredero llamándolo por su nombre.
¿Sería esta una ilusión final antes de cerrar los ojos? No importaba.
Incluso si era una fantasía, Joel agradeció poder encontrarse con el
príncipe por última vez. Así, Joel dejó atrás todos sus apegos, abandonó
su pesado cuerpo físico y finalmente se elevó.
Pero justo en ese momento…
[—¿Has visto ese rostro de desesperación, Joel? Recuérdalo bien].
Una voz burlona resonó en los oídos de Joel, claramente la voz de
John, el Abad.
Sin siquiera entender la situación, la conciencia de Joel fue succionada
de nuevo a algún lugar.
***
—...Ugh!
En un instante, Joel volvió a la realidad y dejó escapar el aliento que
había contenido. Era como si hubiera estado sumergido en el agua
durante mucho tiempo y finalmente hubiera levantado la cabeza.
Pensaba que su último recuerdo era el de haberse rendido en la nieve,
pero no fue así. Después de eso, había aguantado la respiración durante
bastante tiempo.
Por no poder cortar su tonto apego al príncipe heredero. Había sido tan
doloroso y angustioso que lo había olvidado después de retroceder en el
tiempo, pero ahora lo recordaba todo.
El dolor y las innumerables emociones que había sentido en el último
momento de su vida se arremolinaron a la vez. Sin darse cuenta, Joel
estaba sollozando. Jadeando, Joel le preguntó a John como si estuviera
recriminándole: —¿Por qué me estás mostrando esto?
—¿Viste ese rostro lleno de desesperación? Entonces ya sabes quién
hizo un trato conmigo para retroceder en el tiempo.
Las palabras del Abad John sonaban como si el príncipe hubiera
sacrificado su alma para salvarlo. Pero Joel no podía creerlo.
En el pasado, el príncipe heredero nunca lo había querido y, aunque
había sido amable con él por un tiempo, ¿no había sido solo por el bebé
que llevaba en su vientre?
—¡Ah, ¿estas tratando de decir que la razón por la que retrocedí en el
tiempo fue por el príncipe? Imposible, fue él quien me echó sin siquiera
darme la oportunidad de hablar, fue él quien ordenó que me fuera a la
mansión del Duque Julián. ¿Por qué haría algo así…?
Es posible que el príncipe que había visto en su último momento sea
una ilusión. No, tenía que ser una ilusión.
En el momento de su muerte, el príncipe debía estar disfrutando de un
tiempo alegre y pacífico con las bellas omegas en el cálido palacio. No
había forma de que el príncipe, que lo había despreciado y que nunca lo
había protegido más que por el bebé en su vientre, hubiera ido tras él y
haya tomado una decisión tan estúpida como revivirlo.
Joel quería insistir en eso, pero las dudas surgieron cuando recordó
cómo el príncipe empezó a mostrar signos extraños durante el viaje.
—Bueno, no sé por qué el príncipe, que estaba desesperado por
deshacerse de ti de repente cambió de opinión y te siguió ese día, pero
cuando me reuní con el príncipe hace tres meses, estaba profundamente
arrepentido de no haber podido protegerte. Y voluntariamente ofreció su
alma para retroceder en el tiempo.
—¡No, eso no puede ser!… Déjame ver al príncipe. Tengo que
preguntarle directamente.
—Eso no es posible. Sé que quieres preguntarle directamente, pero ya
no tendrás la oportunidad de hablar con él. ¿Sabes lo que significa este
reloj de arena?
El Abad John señaló el reloj de arena casi vacío y dijo: —Este es el
tiempo que le queda al príncipe heredero. Él intercambió su alma para
retroceder en el tiempo tres meses y prometió pagar el precio cuando el
tiempo se agotara. Y como puedes ver, ya casi no queda tiempo. Cuando
este tiempo termine, su alma se convertirá en el alimento de mi magia.
El Abad John lamió sus labios con ansia, como un lobo ante un jugoso
trozo de carne. ¿Querría decir eso que el príncipe heredero desaparecería
cuando el reloj de arena se agotara?
Sin embargo, no podía entender por qué el príncipe heredero tenía que
pagar el precio tan rápido, cuando su propio padre, quien supuestamente
había hecho el mismo trato, seguía vivo.
—Pero mi padre también hizo un trato contigo y está perfectamente
bien. ¿Por qué el príncipe heredero tiene que entregar su alma tan
pronto?
—Bueno, ¿por qué debería esperar tanto tiempo cuando tengo un alma
tan deliciosa frente a mí? Después de todo, el príncipe también estuvo de
acuerdo con eso cuando hizo el trato, así que no importa lo que digas
ahora.
Una sonrisa perversa se dibujó en los labios de John. No era difícil
imaginar que había jugado con las palabras al hacer el trato con el
príncipe heredero. Joel se levantó de un salto.
—¡Es una estafa!
—Parece que mi habilidad es reconocida. Aprecio el elogio.
Dejando que Joel se desahogara, el Abad John se recostó
cómodamente en el sofá. Joel tuvo que admitir la frustrante realidad de
que no podía hacer nada en este momento.
¿Quizás debería correr hacia el exterior y pedir ayuda a Abe? Por
supuesto, no dejaría que el Abad John escapara, era solo una idea.
Fue en ese momento cuando Joel mostró un rostro desesperado.
—Pero... hay una forma de salvar el alma del príncipe.
El Abad John, como si hubiera estado esperando ese momento, susurró
con una voz seductora.
—Está bien, te daré mi alma. Así que, por favor, salva al príncipe.
Joel asintió con firmeza sin siquiera escuchar completamente las
palabras del Abad John. Ya había preparado su corazón para este asunto.
Además, al enterarse de que el príncipe había sacrificado su alma para
retroceder en el tiempo, no había razón para dudar más. Joel nunca había
deseado el sacrificio del príncipe, ni esperaba su desaparición por su
causa.
A pesar de que esperaba que el Abad John aceptara la propuesta de
inmediato, este simplemente soltó una risa burlona. Con una mirada
perpleja, le espetó: —¿Quieres ofrecerme tu alma para salvar al príncipe?
¿Realmente crees que tu insignificante alma vale lo mismo que la del
príncipe? Deberías tener al menos cien almas como la tuya para siquiera
considerar intercambiarlas por la del príncipe.
Joel se sintió confundido. Si su alma era tan insignificante, ¿por qué lo
habían convocado hasta allí en medio de la noche? El Abad John,
reduciendo su voz en un tono sigiloso hacia el nervioso Joel, susurró:
—... pero tienes una opción. Y no cualquier opción, sino una muy
importante.
Así habló mientras observaba a Joel con ojos codiciosos, como si
estuviera degustando un manjar exquisito frente a él, deleitándose con
cada detalle. Finalmente, Joel comprendió qué era lo que el Abad John
realmente ansiaba, en ese escalofriante acto de codicia.
Capítulo 53
La noche en que el príncipe heredero desapareció, nadie del cuarto
escuadrón sospechó que hubiera un pasaje secreto hacia el sótano en la
habitación de Joel. Por eso, mientras Sir Bennet cargaba al príncipe
dormido y salía de la habitación de Joel, ellos simplemente se quedaron
custodiando la puerta de la habitación.
Por otro lado, el príncipe había comido sin sospecharlo el refrigerio
enviado por Bennet hace aproximadamente una hora, y como resultado,
sin resistencia alguna, se vio trasladado sobre los hombros de Bennet sin
poder hacer nada al respecto.
El té preparado por Bennet contenía un brebaje especial elaborado por
el Abad John. Este brebaje no solo inducía al sueño, sino que también
tenía otro efecto: el de revivir memorias olvidadas.
Así, el príncipe Carlyle, atrapado en una sala aislada de la mansión
subterránea, tuvo un sueño muy largo.
El tiempo en el sueño transcurría de manera similar al tiempo real. Sin
embargo, a diferencia de la realidad donde visitaba a diario la mansión
del conde Lucas para tocar la puerta y encontrarse con Joel, aunque fuera
solo para ver su rostro, en el sueño ya estaba comprometido con Joel y se
acercaba su boda.
En el sueño, él estaba ocupado con los preparativos para una
celebración. Como esa celebración sería un momento muy especial tanto
para Joel como para él mismo, Carlyle estaba muy emocionado mientras
se preparaba para la fiesta.
En la última noche de esa gran celebración que duraría una semana,
finalmente tenía la intención de anunciar su matrimonio con Joel, que
había estado posponiendo.
Esa fue una decisión que había tomado después de pensarlo mucho
durante un mes y medio.
La determinación del príncipe heredero causó un gran revuelo en la
capital, y los nobles de la capital que antes habían despreciado a Joel
ahora visitaban el palacio del príncipe heredero para tratar de ganarse el
favor de Joel.
Como era de esperar, el emperador, que no veía con buenos ojos a
Joel, no se alegró de la decisión de su hijo. El emperador llamó en
privado a su hijo varias veces para sugerirle que reconsiderara su
matrimonio con Joel.
—Hijo mío, recuerda la rebelión de Heath Hales que ocurrió hace 25
años. Fue un evento tan grande que aproximadamente una cuarta parte de
las familias nobles fueron ejecutadas después de sofocar la rebelión. En
ese momento, el conde Lucas no sufrió ningún daño en su familia, pero
nadie desconocía el hecho de que el conde Lucas visitaba la mansión de
Heath Hales a diario antes de que se produjera la rebelión en la capital.
—Pero eso es solo una sospecha, ¿no? Sé que después de que se
resolviera la rebelión de Heath Hales, padre investigó al conde Lucas
varias veces. Sin embargo, al final no se encontró ninguna evidencia de
que el conde estuviera involucrado en la rebelión.
Sin embargo, el príncipe heredero, que ya estaba profundamente
enamorado de Joel, no prestó atención a los consejos de su padre. Él
respondió con firmeza: —Tendré en cuenta la advertencia de mi padre de
tener cuidado con el conde Lucas, pero creo que es injusto que me pida
que cancele mi matrimonio con Joel por un crimen no probado. Además,
mi hijo está creciendo en el vientre de Joel.
Y debido al hecho de que Joel estaba embarazado, el emperador
pareció retroceder por el momento.
El palacio imperial, a las puertas de la boda del príncipe heredero,
estaba más animado que nunca. En particular, el palacio del príncipe,
donde residía Joel, estaba lleno de visitantes día tras día.
Como hacía poco que el príncipe había castigado ejemplarmente a un
noble que se había comportado de manera grosera con Joel, nadie más se
atrevía a ser descortés con él como antes. El conde Lucas, al que antes se
señalaba como un viejo cerdo codicioso, ahora paseaba por el palacio
con la cabeza bien alta, como si él mismo fuera de la realeza.
Sin embargo, curiosamente, parecía que a Joel no le agradaba este
cambio. En lugar de estar feliz, a medida que se acercaba la fecha de la
boda, se sentía cada vez más ansioso y no podía ocultar una cierta
inquietud.
Un día, mientras cenaba con Joel como de costumbre, el príncipe
heredero, preocupado al ver que Joel apenas comía, le hizo una pregunta.
—¿Te sientes mal en algún lado? Tu rostro se ve muy pálido.
—Ah... No, no es nada.
—¡Cómo que no! Estás completamente pálido. Creo que tendré que
llamar al médico.
El príncipe, acariciando a Joel que lo intentaba detener con un —Su
Alteza, de verdad estoy bien. Solo son las... náuseas—, llamó al médico.
El médico que examinó a Joel le diagnosticó indigestión y le recetó una
medicina para aliviarla, pero incluso después de tomar la medicina, los
síntomas de Joel no mostraron ninguna señal de mejora.
Por esa época, Joel estaba sufriendo una indigestión severa a pesar de
casi no comer ni beber nada. Joel, que una vez había engordado bien
viviendo cómodamente en el palacio imperial, volvió a ser solo huesos
debido a una enfermedad de causa desconocida.
El médico desestimó la enfermedad de Joel como un caso común de
náuseas matutinas y no se preocupó demasiado. Sin embargo, el atento
príncipe sospechaba que la enfermedad de Joel se originaba en su
preocupación.
En varias ocasiones, intentó tranquilizar a Joel preguntándole: —¿Joel,
tienes algo que te preocupe? Dime honestamente, resolveré cualquier
problema que tengas—, pero Joel simplemente guardó silencio.
Incapaz de seguir viendo cómo Joel se consumía, el príncipe ordenó
una investigación en secreto para descubrir qué era lo que preocupaba a
Joel.
Si el príncipe hubiera sido el primero en descubrir la causa de la
angustia de Joel, la situación podría haber terminado de manera positiva.
Desafortunadamente, fue el emperador quien primero obtuvo
información sobre la conspiración entre Joel y el conde Lucas para
perpetrar un engaño.
En la víspera de la gran celebración, tarde en la noche, mientras
revisaba documentos en su oficina, el príncipe recibió una llamada
urgente de su padre y se dirigió al dormitorio del emperador. Allí se
encontró con su padre, acompañado por un investigador con una actitud
triunfante.
—Este es el médico del palacio que diagnosticó el embarazo del señor
Joel hace tres meses. Sin embargo, después de interrogarlo, obtuvimos
una confesión de que recibió un soborno considerable del conde Lucas y
manipuló los resultados.
—... No entiendo de qué estás hablando.
—Su Alteza, aunque sea difícil de creer, el señor Joel no estaba
embarazado. Aprovechando una oportunidad para pasar la noche con Su
Alteza, planeó este enorme engaño con la intención de obtener el puesto
de consorte.
El investigador entregó un montón de cartas al atónito príncipe. El
príncipe tomó apresuradamente el montón de papel y lo desplegó,
dándose cuenta de que eran las cartas secretas que el conde Lucas y Joel
se habían intercambiado durante los últimos tres meses.
[—Padre, aunque he hecho todo lo posible, Su Alteza siempre se
niega. Dice que debe tener cuidado porque estoy en las primeras etapas
del embarazo...]
Una carta que expresaba ansiedad por la falta de oportunidades estaba
claramente escrita con la caligrafía de Joel. En respuesta, el conde Lucas
escribió:
[—¿Para qué usas las feromonas? ¿No sería fácil emborrachar un
poco al príncipe y luego usar feromonas para seducirlo? ¿De qué sirve
tener rasgos dominantes si eres un tonto?]
Las veinte cartas contenían intercambios de ese tipo, e incluso en una
carta, el conde Lucas preguntó directamente a Joel si había usado el
elixir que le había proporcionado la última vez al príncipe y cuál había
sido el efecto.
Mientras pasaba las cartas, las manos del príncipe temblaban cada vez
más. Finalmente, después de terminar de leer las cartas, el príncipe miró
al emperador con una expresión atónita.
Sin poder articular palabra durante un largo rato, finalmente dijo con
dificultad: —Esto no puede ser cierto. Le preguntaré a Joel directamente
—, y salió corriendo de la habitación. Sin embargo, el emperador,
observando la figura tambaleante de su hijo, ya intuía la victoria.
Durante el proceso de investigación del investigador, el hecho de que
Joel había sido abusado por su padre adoptivo o que había sido obligado
por su padre adoptivo a organizar una farsa de embarazo no salió a la luz.
E incluso si esos hechos hubieran salido a la luz, el emperador no se
habría interesado.
Para el emperador, Joel no era más que una espina clavada en su
preciado hijo único, y la injusticia de Joel no podía ser considerada.
—Hoy escuché una historia interesante de los investigadores del
palacio. Que nunca estuviste embarazado...
Cuando el príncipe entró tambaleándose en la habitación y dijo
bruscamente con una expresión atónita esas palabras, Joel, que había
estado a punto de darle la bienvenida, se quedó rígido con una expresión
incómoda.
—Su Alteza.
—Seguro que el investigador se equivocó en algo. O tal vez mi padre
le pagó para que me mintiera. Sí, seguro que fue así. A mi padre nunca le
gustó nuestra boda.
Joel, que no era bueno mintiendo, ya había confesado la verdad con su
expresión. Aunque el príncipe también leyó la expresión de Joel, no
podía creer que Joel, quien había sido tan adorable y puro ante él, lo
hubiera estado engañando por detrás e incluso le hubiera dado un
afrodisíaco.
Joel no intentó negar su crimen. Sin ninguna excusa, simplemente se
acercó a los soldados que seguían al príncipe y extendió sus manos. Joel,
con las manos atadas con una cuerda, parecía aliviado de que todo
hubiera salido a la luz.
Capítulo 54
—Yo... sabía que llegaría este día.
Antes de ser escoltado por los soldados, Joel habló en voz baja,
susurrando. Ante la actitud sorprendentemente tranquilizadora y
descarada de Joel, el príncipe sintió escalofríos. La verdad revelada ahora
sobre Joel Bennet era más repugnante de lo que se podía imaginar.
Aturdido por el impacto de la traición, el príncipe de sentía tan
desolado que ni siquiera pudo detener a Joel para interrogarlo de nuevo.
La revelación de los crímenes conspirados por Joel y el conde Lucas
se llevó a cabo rápidamente por orden del emperador. Los soldados
enviados por el emperador capturaron al conde Lucas, y él y Joel fueron
arrastrados a las mazmorras subterráneas.
No se sabía si Joel confesó sus crímenes por miedo al paisaje de las
mazmorras subterráneas, por temor a ser torturado o si creía que
colaborar en la investigación podría aligerar su castigo. Sea cual sea la
razón, Joel confesó sus delitos.
Para el interrogador, que temía que Joel no hiciera más que inventar
mentiras absurdas, la confesión de Joel fue un alivio inesperado.
La verdad revelada a través de Joel era tal como todos habían
anticipado. Joel, motivado por su insaciable ambición, maquinó un
engaño atroz al comprometerse con el príncipe, incluso sobornando a su
médico personal y al médico de la corte. Finalmente, logró engañar a la
corte y comprometerse con el príncipe.
—Oh, Joel. Aunque ames al príncipe, ¿cómo pudiste concebir un plan
tan vil?
Al escuchar la confesión de Joel, al principio el conde Lucas actuó
como si jamás hubiera imaginado que su hijo adoptivo había cometido
semejante atrocidad. Joel también declaró que había tenido que engañar a
su padrastro, pues estaba seguro de que, si él supiera la verdad, intentaría
detenerlo.
—Conde, ¿realmente no sabía nada?
—…Yo, yo confiaba en mi hijo adoptivo. Mi hijo es tan inocente que
no sabe mentir. Usted tampoco cree que mi hijo haya planeado solo algo
tan grande, ¿verdad? Yo estoy en la misma situación que usted.
—¡Aquí está la evidencia de que le enviaste afrodisíacos para
mezclarlas en las bebidas del príncipe! ¡Seguir mintiendo no cambiará
nada!
Pero la evidencia de la conspiración entre el conde Lucas y Joel era
innegable. El interrogador presionó al conde Lucas y mostró una pila de
cartas intercambiadas entre ellos frente a la nariz del conde.
Finalmente, el conde Lucas dijo: —E-en realidad, me enteré más tarde
de que Joel había planeado este acto atroz. ¡Pero ya se había
comprometido con el príncipe en ese momento! Después de descubrir la
verdad sobre Joel y querer informar al emperador, él amenazó con
matarse si hablaba... ¡No pude hacer nada!— y tartamudeó mientras lo
confesaba.
En medio de todo, se llegó a la conclusión de que todos los pecados
fueron cometidos bajo la dirección de Joel. Aunque el Conde Lucas
cooperó activamente, el hecho de que se viera envuelto en la acción
debido a las amenazas y ruegos de su hijo adoptivo abría la posibilidad
de evitar la pena de muerte.
El día en que la verdad salió a la luz, el Emperador se presentó ante el
pueblo y declaró que el compromiso entre el príncipe heredero y Joel era
nulo.
El escándalo vergonzoso, causado por las acciones de Joel, se
expandió por todo el país. Las celebraciones fueron canceladas con
naturalidad, y las bulliciosas calles, que estaban vibrantes con los
preparativos para la celebración, se quedaron silenciosas como si les
hubiesen echado agua fría.
Por otro lado, el príncipe heredero rechazó por completo todas las
visitas y se encerró en su estudio todo el tiempo. La razón por la que
nunca visitó a Joel en prisión era porque temía estallar en críticas al ver
su descarada cara.
Se encontraba en un estado de conmoción al darse cuenta de la
verdadera identidad de su ser querido. La persona a la que había amado
tanto había desaparecido, y no había nada en quien llorar desde el
principio.
La sensación de pérdida y desilusión era indescriptible, y aunque
pasaran los días, no menguaba en lo más mínimo.
Durante los diez días que pasó encerrado en su estudio, el príncipe
heredero se atormentaba recordando constantemente la última apariencia
de Joel, quien descaradamente decía que esperaba un día como ese.
Según el informe del investigador, Joel estaba en un estado en el que ni
siquiera entendía cuán grave era su delito.
Cuando durante el interrogatorio se le preguntó si realmente había
hecho algo tan malo, Joel solo pudo reír irónicamente ante su
incredulidad.
Tras finalizar la investigación, el investigador informó al Emperador y
al príncipe heredero sobre los crímenes de Joel, y el príncipe heredero
aceptó los informes tal como eran. Antes, había estado tan cegado por su
amor hacia Joel que lo veía solo con afecto, pero al recobrar la razón, se
sintió patético por haber sido tan ingenuo.
¿No había sido Joel quien lo había atormentado durante los tres años
en la academia imperial?
En lo que originalmente era una noche programada para anunciar la
noticia de su boda entre las felicitaciones de los muchos, el príncipe
heredero, incapaz de contener su ira, bajó a las mazmorras.
En ese momento, Joel, atrapado tras las rejas, estaba acostado en el
suelo de paja durmiendo. Al ver cómo se acercaba el príncipe heredero
con mirada feroz, Joel se volteó y se acostó de espaldas.
Su aspecto encorvado sobre la paja parecía bastante desgarrador. Tal
vez debido al estrés emocional durante el interrogatorio, su camisa estaba
bastante holgada.
Al ver a Joel de esa manera, el príncipe heredero sintió
simultáneamente el impulso de abrir la puerta de la prisión y llevar a Joel
a una cálida habitación, así como el impulso de culparlo por perderlo
todo y caer en un estado de desgracia.
El príncipe heredero luchó brevemente entre la compasión y el
resentimiento hacia Joel, pero al final, el resentimiento prevaleció.
—¿Es cierto lo que le respondiste al investigador al preguntarte sobre
si entendías la gravedad de tu crimen? Además de tu maldad, tu
estupidez me deja sin palabras
En un momento de resentimiento, arrojó acusaciones, pero Joel no
mostró ninguna reacción. El príncipe observó con determinación la
espalda encorvada.
—Mi padre desea que te corten el cuello y lo cuelguen en la muralla,
pero yo pienso diferente. No es justo culparte de todo. No eres más que
un tonto que ni siquiera es consciente de la gravedad de tus crímenes.
Por lo tanto, la responsabilidad de esto también debe recaer en tu padre
biológico, que te crió como un niño mimado, y en tu padre adoptivo, que
fue demasiado indulgente contigo
—Ellos dos no tienen ninguna culpa. Todo esto fue causado por mi
codicia y mi estupidez. Yo fui quien planeó y ejecutó todo, así que
déjenme asumir la responsabilidad.
Joel, quien había permanecido en silencio todo el tiempo, finalmente
abrió la boca con una voz ronca. Sin embargo, todavía no se disculpó con
el príncipe heredero, y el príncipe, que ya no esperaba nada más de Joel,
se sintió profundamente decepcionado una vez más.
—...Durante los últimos tres meses, ¿nunca sentiste ni una pizca de
culpa al verme feliz? ¿Ni siquiera un pequeño remordimiento?
Joel no respondió a la urgente pregunta del príncipe. A través de su
descaro, el príncipe se dio cuenta de que la ansiedad que Joel había
mostrado en los últimos días no estaba relacionada con el remordimiento.
Joel, en su egoísmo, simplemente temía ser descubierto, nada más.
—Ya sabía qué clase de persona eras desde el principio… pero nunca
imaginé que llegarías tan bajo.
El príncipe rió decepcionado.
Saliendo de la mazmorra subterránea de esa manera, el príncipe puso
fin a incluso la última esperanza que le quedaba con Joel. A pesar de su
naturaleza egoísta y despreciable, esperaba al menos un mínimo de
arrepentimiento y reflexión.
Sin embargo, para Joel, ni siquiera existía la más mínima pizca de
conciencia. En medio de un vacío que parecía perforar su pecho, el
príncipe se resignó al hecho de que la posibilidad de aceptar a Joel como
su compañero se había desvanecido para siempre. Susurrando que era
mejor considerarlo una suerte, luchó por mantener la compostura.
Engañar a la familia real era un delito tan grave que podía resultar en
una sentencia de muerte. Dado el caso, el emperador decidió condenar a
Joel a la pena capital y mostrar un ejemplo colgando su cuello en las
murallas de la ciudad.
El príncipe, sin intenciones de perdonar a Joel, pretendía no prestar
atención a la suerte que le tocara, pero la cercanía del aniversario de su
difunta madre le preocupaba.
Su madre, bondadosa y gentil en vida, seguramente no desearía que
Joel sufriera un castigo tan cruel como la pena de muerte. El príncipe
siempre tuvo un profundo respeto por su madre, y en vísperas de su
aniversario, no deseaba mancharse las manos de sangre.
Por eso, decidió implorar al emperador por la salvación de Joel.
Después de una larga noche de disputas, finalmente fue el emperador
quien se rindió primero.
—Está bien, entonces hay una condición. Como tengo retratos de
princesas extranjeras y príncipes omega, elige uno y cásate antes de que
termine el año. Si ninguno te gusta, puedes casarte con el señor
Benjamín. Si haces eso, no condenaré a Joel a muerte. Además, una vez
que todo se calme, no interferiré en tu gobierno, ni en tus amantes.
La oferta del emperador para salvar a Joel de la pena de muerte
planteaba una condición completamente inesperada e ilógica. El príncipe
mostró su disgusto de inmediato.
Capítulo 55
—¿Mi gobierno y mis…? Está exagerando. No estoy pidiendo
clemencia porque sienta lástima por Joel o porque todavía sienta algo por
él. Simplemente le dije que, dado que se acerca el aniversario de la
muerte de mi madre, me gustaría mostrar clemencia a los prisioneros en
honor a su bondadosa naturaleza.
—Bueno... si tú lo dices. Pero esto es solo por si acaso.
El príncipe se puso rojo de ira, pero el emperador no retiró la
condición de que se casara a cambio de perdonar a Joel. Parecía creer
firmemente que su hijo todavía sentía algo por el hijo adoptivo del conde
Lucas.
—Entiendo que, debido a la grave enfermedad de mi padre, esté
preocupado por el futuro del imperio y de la familia imperial, pero quiero
que quede claro que no volveré a ver a Joel.
En aquel momento, el Emperador fue diagnosticado con una
enfermedad incurable de causa desconocida y estaba recibiendo un
tratamiento secreto. A pesar de los varios intentos de tratamiento, su
salud se deterioraba rápidamente.
Desde su perspectiva, no era descabellado preocuparse de que su hijo,
que heredaría el trono después de su muerte, mostrara compasión por
Joel y reavivara el aliento del Conde Lucas que había terminado con
tanto esfuerzo.
El príncipe aceptó a regañadientes la propuesta de su padre. Ya no
tenía ilusiones sobre el amor. El matrimonio para el príncipe, con su
actitud cínica hacia el matrimonio, no era más que una tarea; por lo tanto,
no tenía razón para oponerse a la idea de casarse con un candidato
adecuado elegido por su padre.
—Y aunque Joel no sea condenado a muerte, ten en cuenta que no
puede quedarse en la capital.
Aparentemente insatisfecho con simplemente casar a su hijo, el
Emperador agregó una condición más con un tono desagradable.
El príncipe aceptó la propuesta de su padre sin protestas. Aunque no
era su deseo, era evidente que Joel ya no podía quedarse en la capital.
Las noticias sobre sus fechorías se habían esparcido por toda la capital,
y nadie intercedió por él. Incluso el Conde Lucas, que había conspirado
con Joel por compasión para evitar que este último se matara, después de
haber perdido casi la mitad de su fortuna, estaba molesto.
Benjamín era la única persona que de vez en cuando visitaba la
mansión del Conde Lucas, evitando las miradas de la gente, para brindar
consuelo a Joel.
Desde un punto de vista convencional, el futuro de Joel parecía
predecible. Sería expulsado de las tierras de su padre, sería perseguido y
maltratado allí, y finalmente se casaría con cualquier persona designada
por su padre, como si se tratara de quitar la basura.
El príncipe heredero era consciente de que su amor por Joel había
desaparecido por completo, pero aun así le resultaba incómodo pensar en
la posibilidad de que Joel se casara con alguien más. Por eso, decidió
solicitar al emperador la responsabilidad de determinar el destino de Joel.
En esa decisión había, en realidad, un poco de sed de venganza. El
príncipe heredero se encontró en un matrimonio de conveniencia no
deseado a cambio de salvar a Joel, quien a su vez sentía que era injusto
que él tuviera la oportunidad de formar un hogar feliz con otra persona.
Tras considerar varias opciones, el príncipe heredero eligió al duque
Julián como esposo para Joel.
Julián, un hombre mayor que Joel y que no despertaba ningún interés
en los alfas ni en los omegas, parecía ser una elección estratégica.
Teniendo en cuenta que Joel solo valoraba la belleza física, era poco
probable que desarrollara sentimientos románticos hacia el anciano
duque. Para el príncipe, este punto era crucial: el futuro cónyuge de Joel
no debía ser alguien por quien Joel pudiera sentir afecto.
A pesar de su aparente falta de interés en la propuesta de matrimonio,
Julián se mostró desconcertado al descubrir que su potencial pareja era
un hombre omega. Sin embargo, aceptó de buena gana la oferta secreta
del príncipe heredero de reducir significativamente los impuestos a
cambio de la unión. Durante sus conversaciones, también se discutió la
posibilidad de que el príncipe tomara a Joel como su amante en el futuro.
Al finalizar el trato con el duque Julián, el príncipe tuvo que admitir
que no solo actuó por despecho al decidir el matrimonio de Joel, sino que
también buscaba, en última instancia, mantener abierta la posibilidad de
un futuro con él. Aun así, seguía creyendo firmemente que su relación
con Joel había llegado a su fin. Aunque dejó una puerta abierta para un
posible reencuentro debido a su incapacidad de librarse por completo de
los resentimientos, aún guardaba un profundo sentimiento de traición
hacia él.
Convencido de que nunca volvería a amar a nadie, el príncipe heredero
creía que Joel merecía sufrir así, dado el daño que le había causado. Por
lo tanto, finalmente escribió una carta al conde Lucas indicando que se
había decidido el destino de Joel y que debía ser enviada a la residencia
del duque Julián en cuanto fuera posible. Intentó liberar su mente de
pensamientos sobre Joel, pero a pesar de haber logrado su venganza con
éxito, seguía sintiéndose incómodo y pesaroso, como si llevara una
pesada losa sobre el corazón.
La imagen de la triste espalda de Joel que había visto por última vez
seguía atormentándolo, impidiéndole conciliar el sueño durante toda la
noche en la que escribió la carta al conde Lucas.
Al final, cuando el exterior comenzó a iluminarse, se levantó de la
cama.
Mientras se dirigía a la mansión del Conde Lucas, el príncipe heredero
reflexionaba con profunda inquietud.
Por mucho que pensara, no entendía realmente qué buscaba al
encontrarse con Joel. Simplemente no podía dejar de sentir que no podía
terminar su relación con Joel de manera tan indiscriminada.
A pesar de sentir que estas reflexiones herían su orgullo y parecían
equivocadas, su verdadero corazón se inclinaba de esa manera.
Por supuesto, no podía retractarse de su decisión a esas alturas. Y las
faltas cometidas por Joel no eran tan fáciles de perdonar simplemente
porque carecía de firmeza.
Aun así, ¿no sería aceptable sugerir a Joel que, si reflexionaba
adecuadamente sobre sus errores pasados en la finca de Duque Julián,
podría darle una oportunidad en el futuro?
Lo que el príncipe heredero deseaba era que Joel se arrepintiera
sinceramente. Sería mejor dejar una puerta abierta para la esperanza.
Aunque Joel no mostraba signos de arrepentimiento en este momento,
si se enteraba de que había una oportunidad de perdón, tal vez
reconsideraría sus acciones al menos una vez.
A medida que la mansión del Conde Lucas se acercaba, el príncipe
heredero sentía cómo su corazón latía más rápido.
Así, una vez en la residencia del Conde Lucas, el príncipe heredero,
con el corazón palpitante, golpeó la puerta de la mansión desde el
carruaje.
—¡Ah, Su Alteza, ¿por qué se encuentra en este humilde lugar...?
La persona que le recibió fue el Conde Lucas. Con un rostro que
parecía haber visto un fantasma, corría hacia afuera con la mayor prisa.
Incluso emanaba un fuerte olor a licor en todo su ser.
Habiendo escuchado que se había sumido en el alcohol después de una
incautación de propiedades, parecía que no era solo un rumor vacío. El
Conde Lucas era un hombre codicioso y repugnantemente egoísta en
comparación con el encantador y honesto Joel.
El príncipe no podía soportarlo, sin importar que fuera el padre
adoptivo de Joel. Con una mirada de desprecio, pasó de largo y entró.
—Lamento molestarlo tan temprano sin avisar. Tengo un asunto
importante. Quiero ver a Joel.
El interior de la mansión del conde Luca, que alguna vez había sido
tan lujosa como un palacio, ahora estaba desolado, con evidentes signos
de que los muebles habían sido arrancados. Al parecer, habían tenido que
vender apresuradamente todo lo que tuviera valor para pagar la multa.
Por supuesto, ansioso por ver a Joel, el príncipe heredero no prestó
ninguna atención al estado de la mansión y subió las escaleras hacia el
tercer piso, donde se encontraba el dormitorio de Joel.
—Su Alteza, parece que mi perezoso hijo se ha quedado dormido. No
puede presentarse ante Su Alteza el Príncipe Heredero sin estar
debidamente arreglado, así que ¿podría concederme un poco más de
tiempo? Lo prepararé y lo enviaré abajo enseguida.
Sin embargo, el conde Lucas, de manera insolente, se interpuso en el
camino del príncipe. El conde parecía estar inusualmente nervioso.
¿Sería por la inesperada visita? El príncipe quería ver a Joel de
inmediato, pero no era de caballeros entrar abruptamente en su
dormitorio, así que siguió al conde hacia la sala de estar.
Esperó otros 30 minutos tomando café en la sala de estar, pero Joel
aún no aparecía. Fue entonces cuando el príncipe comenzó a sospechar.
La sala de estar estaba llena de una tensión extraña, y el conde,
sentado junto al príncipe, se secaba constantemente la frente con un
pañuelo.
—¿Cuánto más debo esperar?
—Sí, alteza. Esto, es... es...
Los ojos rodantes del Conde Lucas denotaban una búsqueda de
excusas. El príncipe, intuyendo algún problema con Joel, se levantó
decidido. No toleraría más pérdida de tiempo con el Conde Lucas.
Capítulo 56
—¡Su Alteza! La verdad es que mi humilde hijo ha desarrollado una
erupción cutánea y no puede presentarse ante Su Alteza. ¿Tiene algo que
decirle? Si es así, por favor, dígamelo a mí... ¡Su Alteza!
El conde, levantándose apresuradamente, agarró el brazo del príncipe
heredero y comenzó a dar excusas absurdas. El príncipe murmuró con
irritación: —Realmente no puedo soportarlo más— y bruscamente apartó
el brazo del conde Lucas.
Hace un momento, había pedido tiempo para arreglarse, y ahora decía
que tenía una erupción cutánea.
—¿Cuál es la razón para esconder a Joel? Frente al investigador,
fingías ser un padre tan cariñoso con tu hijo adoptivo, ¿pero acaso lo
golpeaste?
Al escuchar esta acusación, el conde Lucas, con una expresión de
sorpresa, balbuceó: —No, no es así...
Sin embargo, era cierto que el conde Lucas había estado golpeando a
Joel, que estaba bajo arresto domiciliario. Después de recuperarse por los
pelos gracias a todos sus contactos y su fortuna, el conde había golpeado
a Joel como venganza por su estupidez y por haber arruinado todo.
Hace poco, Joel había recibido una bofetada que le había dañado un
oído.
El príncipe, una vez más, apartó al conde Lucas que intentaba
detenerlo y salió de la sala de estar. El conde, derribado por la fuerza del
príncipe, gritó de dolor y se agarró la espalda, pero no pudo alcanzarlo.
Cuando subió las escaleras a grandes zancadas y abrió de golpe la
puerta de la habitación de Joel...
—¿Joel...?
Lo que vio fue una habitación vacía.
El príncipe, que había estado desconcertado durante un rato,
finalmente agarró el cuello del Conde Lucas de repente. Al borde de la
paciencia, finalmente gruñó hacia el Conde.
—¿Dónde está Joel?
—Eso…
Antes de que el Conde Lucas pudiera excusarse nuevamente, el
príncipe sacudió el cuello y empuñó su espada. Al empujar la hoja de la
espada afilada hacia el cuello arrugado del Conde, este gimió
ahogadamente.
—No toleraré tu crueldad como padrastro de Joel por más tiempo.
Dime ahora. ¿Dónde está Joel?
Una línea escarlata brotó donde la hoja de la espada tocó. El príncipe
estaba a punto de cortar la gruesa garganta del Conde Lucas en cualquier
instante. Con los ojos entrecerrados, el Conde tembloroso gritó con una
voz temblorosa:
—¡Lo he enviado a la propiedad del Duque Julián!
—¿Qué? ¿No te dije que lo enviaras después de que la nieve se
derritiera?
—Así es, pero... yo creía que Su Alteza el Príncipe no deseaba ver de
nuevo el rostro de mi humilde hijo. Temía provocar la ira de Su Alteza y
Su Majestad al retrasar innecesariamente...
Dado que el príncipe heredero había enviado la carta a la casa del
conde Lucas a altas horas de la noche, el conde, al recibir la carta, debió
haber preparado a Joel a toda prisa y lo habría expulsado de inmediato. A
pesar de ser un hijo adoptivo, ¿cómo pudo el conde Lucas dormir
tranquilo después de echar a un chico a la calle en pleno invierno?
Aunque la excusa del conde parecía plausible, había algo que no
cuadraba. De hecho, esta sensación de inquietud la había tenido desde el
momento en que Joel fue llevado por los soldados.
Hasta ahora, nunca se había preocupado por la situación de Joel y
simplemente le había atribuido toda la culpa. Sin embargo, esta vez tuvo
una fuerte intuición de que no debía hacer eso. El príncipe heredero
apartó al conde y montó a caballo para seguir el rastro de Joel.
Cegado por la traición, no había podido ver ciertas cosas antes. Según
el informe del investigador, Joel, incluso después de que la verdad saliera
a la luz, no mostró ningún signo de arrepentimiento o remordimiento,
siendo descrito como un individuo desvergonzado y descarado.
Sin embargo, si Joel era tan desvergonzado y descarado, ¿por qué no
intentó culpar a su padre adoptivo durante la investigación?
El conde Lucas, por ejemplo, al principio insistió en que él no había
cometido ningún crimen. Pero cuando se presentaron pruebas claras de
que había conspirado en la farsa del embarazo, cambió de opinión y
afirmó que había actuado bajo la presión de su hijo, suplicando
constantemente que lo perdonaran de la pena de muerte.
Pero, ¿qué hizo Joel? Reconoció todo lo que había dicho su padre
adoptivo y defendió a su padre, que lo estaba calumniando. Incluso
cuando el príncipe heredero lo visitó tarde en la noche, en lugar de pedir
clemencia, pidió que se le permitiera asumir solo las consecuencias de lo
que había hecho.
Llamar a Joel desvergonzado y egoísta era injusto. El Príncipe se dio
cuenta de que se había dejado llevar demasiado por las influencias
circundantes, juzgando la situación de manera excesivamente emocional.
Esa sensación de malestar que había estado persistente finalmente se
convirtió en una intuición de que algo estaba mal.
Dado que no había pasado tanto tiempo desde la partida de Joel, debía
estar cerca. Con la esperanza de poder deshacerlo todo, el Príncipe
cabalgó rápidamente siguiendo las huellas dejadas por las ruedas del
carruaje.
Sin embargo, al final de las largas huellas borrosas de las ruedas, lo
que lo esperaba era una escena de accidente desgarradora.
El campo de nieve estaba cubierto de restos destrozados del carruaje.
Y junto a ellos, la figura que yacía estaba teñida de un intenso color
carmesí.
En el crepúsculo incierto, el príncipe descendió de su montura como si
resbalara. Con pasos tambaleantes se acercó, rogando en silencio que
aquella figura no fuera Joel, aunque ya sabía que no era común encontrar
a alguien con un resplandor rubio tan deslumbrante en el imperio.
Finalmente, al ver el rostro que yacía en silencio con los ojos cerrados,
el príncipe sintió cómo la sangre se congelaba en sus venas. Sin poder
ver con claridad ni respirar bien, supo de inmediato que aquel rostro era
el de Joel. Con un susurro, el príncipe se derrumbó en su lugar, incapaz
de llegar a su lado.
Arrastrando las piernas con dificultad, el príncipe se acercó gateando y
tocó la mejilla de Joel con manos temblorosas. La piel bajo sus dedos ya
estaba helada y rígida. Aun así, sin rendirse, el príncipe intentó despejar
la nieve acumulada sobre el cuerpo de Joel y comenzó a frotar su cuerpo
frío para calentar la piel helada.
—Joel... Por favor, no…
Aunque suplicó con desesperación, los labios rojos de Joel no se
movieron para exhalar un suspiro. No hubo ni una leve respuesta de
vuelta. Con una sonrisa tenue y la mirada perdida, Joel parecía
contemplar algo lejano con sus ojos sin foco.
El príncipe comprendió entonces lo cruel y distante que había sido con
Joel, solo cuando ya era demasiado tarde en este momento irreparable.
Joel, quien parecía indiferente ante todas las críticas y burlas, en realidad
era una criatura tan frágil.
Solo ahora, en ese instante irremediable, el príncipe se dio cuenta de
su brutalidad e insensibilidad hacia Joel.
Joel, quien en su vulnerabilidad soportaba los embates sin quejarse,
guardaba dentro de sí un sufrimiento inmenso.
El príncipe había creído eternamente en una oportunidad que llegaría,
una creencia engañosa que finalmente comprendió demasiado tarde.
En medio de sospechas tardías y profundas, ¿podría ser cierto que Joel
lideró realmente un engañoso drama de embarazo? Las cartas secretas
intercambiadas con el conde mencionaban intentos de seducir al príncipe
heredero con feromonas y alimentarlo con afrodisíacos, todo escrito con
la pluma de Joel. Sin embargo, al reflexionar, el príncipe heredero nunca
había experimentado algo así.
Si tan solo hubiera dudado una sola vez, quizás Joel no habría tenido
que terminar su vida tan solitaria y triste a sus veinte años. Irónicamente,
a pesar de haberle dicho a Joel que lo amaba tanto, lo había sospechado
con demasiada facilidad y lo había abandonado de manera tan simple.
Era como los nobles de la capital que siempre habían menospreciado y
despreciado a Joel por ser adoptado.
Justo en un instante en que intentaba derramar lágrimas de
arrepentimiento, la mirada del príncipe heredero se posó de repente en la
piel de la garganta de Joel. Originalmente oculto bajo el cuello de la
camisa, esa parte de la piel, que debía ser tan suave e impecable como la
leche, revelaba marcas rojizas y extrañas.
Sobresaltado por lo inusual, el príncipe heredero levantó
cautelosamente la camisa de Joel para examinar y, sorprendido, la cubrió
de nuevo.
Capítulo 57
La piel de Joel, expuesta debajo de la camisa, estaba llena de
moretones y marcas de látigo. Aunque solo lo vi por un momento, era
evidente que había una mezcla de heridas antiguas y nuevas.
Era una clara señal de abuso, y el príncipe se dio cuenta de que la
investigación había empezado mal desde el principio. Se sintió como si
le hubieran echado un cubo de agua fría.
Ahora, la única persona que podía limpiar el nombre de Joel era el
propio príncipe heredero.
Ahogándose por la culpa y el arrepentimiento, se sentía abrumado.
Pero aún no se sentía digno de llorar la muerte de Joel. Recuperando la
compostura, ordenó a los soldados que siguieran allí para preservar la
escena y llevó a Joel a la capital.
Al regresar al palacio, cuidadosamente colocó a Joel en la cama.
Limpió la sangre seca de su frente y cerró sus ojos medio abiertos. Joel
parecía estar profundamente dormido.
Hace solo unos días, estaba acostumbrado a ver a Joel durmiendo
profundamente en esta misma cama.
Por un momento, el príncipe heredero tuvo la sensación de haber
vuelto a un pasado feliz. Pero luego, una inmensa sensación de pérdida
lo dejó sin aliento.
Tuvo que hacer un esfuerzo considerable para reprimir su dolor.
Por otro lado, el señor Bennet, que se encontraba en la capital, se
dirigió inmediatamente al palacio imperial al enterarse de la muerte de
Joel. Sin embargo, como no tenía autorización para entrar en el palacio,
fue expulsado por los guardias.
Desde que Joel fue interrogado por el delito de engañar a la familia
real, el señor Bennet había estado en la capital tratando de ver a su hijo.
Pero no solo no pudo ver a Joel, sino que ni siquiera tuvo la oportunidad
de verlo de lejos.
Lo mismo ocurrió cuando Joel fue expulsado del palacio y puesto bajo
arresto domiciliario en la mansión del conde Lucas.
Cuando el señor Bennet visitó la mansión del conde Lucas, el conde lo
echó a gritos: —¿No sabes lo que significa estar bajo arresto
domiciliario? ¿Qué pretendes, causar revuelo y provocar la ira de Su
Majestad el Emperador? ¡Vaya, de tal palo, tal astilla!
En realidad, aunque el conde recibía en secreto a Benjamín, el hijo
mayor del influyente duque de Melphis, quien le ofrecía un lingote de
oro cada vez que lo visitaba, no tenía ninguna razón para recibir la visita
del indigente señor Bennet.
Incluso cuando su hijo sufría todo tipo de dificultades, no pudo
ofrecerle una sola palabra de consuelo. Y ahora, después de escuchar la
terrible noticia de que su hijo había muerto en un accidente de carruaje,
no podía creerlo y necesitaba verlo con sus propios ojos.
Desesperado, el señor Bennet se derrumbó en la calle y lloró como un
niño. Afortunadamente, el príncipe heredero, al enterarse de la noticia,
llegó para recibirlo.
—Su Alteza, de verdad... ¿mi hijo realmente...? ¿Ese pobre niño...?
Siguiendo los pasos del príncipe, Bennet caminaba y se detenía,
murmurando una y otra vez. A pesar de no poder concluir sus preguntas,
sentía un pavor terrible al pronunciar la palabra —muerte— en relación a
la seguridad de su hijo.
Su corpulencia similar a la de un oso impedía a Bennet avanzar solo,
necesitando el apoyo de los soldados a su alrededor. Finalmente, al entrar
en la habitación del príncipe heredero y ver el cuerpo de su hijo acostado
en la cama, colapsó instantáneamente.
Despertando un tiempo después, Bennet se arrodilló ante el príncipe y
clamó: —Mi hijo, aunque ingenuo, no es malvado de raíz. No es capaz
de inventar una mentira tan grande como afirmar ser estar esperando un
hijo de su Alteza, ni es tan astuto como para engañar a Su Alteza y a Su
Majestad. Mi hijo ha sido engañado por alguien.
El príncipe, con profundo pesar, se dio cuenta de la injusticia que Joel
sufrió. Inspeccionando el cuerpo de Joel, viendo las huellas de maltrato
marcadas en su pequeño cuerpo, experimentó un profundo
remordimiento por haber permitido que su amante sufriera tanto.
Llorando a gritos, el príncipe prometió a Bennet que restauraría el
honor de Joel y castigaría a los verdaderos culpables. Durante una
semana, se encerró en su despacho, investigando a fondo el complot de
embarazo falso y el accidente de carruaje que encubría algo más.
Incluso cuando se enteró de que el emperador se desplomó durante una
reunión con síntomas de hemorragia, solo se detuvo brevemente en la
habitación de su padre antes de regresar a su deber.
Casi sin dormir durante esa semana, el príncipe descendió a la cripta
donde descansaba Joel cada vez que tenía un momento libre,
prometiendo venganza. Mientras tanto, el cuerpo de Joel, sin mostrar
signos de descomposición después de una semana, provocaba murmullos
secretos en la corte.
Las investigaciones revelaron que el accidente de carruaje que mató a
Joel no fue un mero accidente, ya que se encontraron evidencias claras
de sabotaje en medio de los restos destrozados.
La muerte de Joel fue claramente un asesinato planeado. El príncipe
sospechó inicialmente del conde Lucas como instigador.
El conde, en lugar de esperar a que mejorara el clima como se le había
ordenado, expulsó a Joel de inmediato y, cuando el príncipe llegó, hizo
todo lo posible por ocultar el hecho de que había hecho que Joel se fuera
deliberadamente.
El príncipe hizo traer al sirviente de la casa del conde Lucas que
siempre acompañaba a Joel y lo interrogó personalmente. Así se enteró
de que Joel había sido maltratado por su padre adoptivo desde hacía
mucho tiempo.
El abuso del conde Lucas hacia Joel había comenzado desde el
momento en que Joel había puesto un pie en la mansión. Además de
simplemente dejarlo hambriento y golpearlo, lo aisló del mundo exterior
y lo enfrentó a su padre biológico, dejándolo sin nadie a quien recurrir.
El objetivo de tal abuso era, por supuesto, domesticar a Joel a su gusto.
Ahora el príncipe heredero comprendía por qué Joel miraba con tanto
anhelo la carne en el centro de la mesa en cada banquete. Joel realmente
estaba hambriento.
Recordar los días en que miraba a Joel con desdén, al igual que otros
nobles, le producía un dolor punzante en el pecho.
Lo que más torturaba al príncipe era la trama del engaño de embarazo.
Después de que Joel regresara a duras penas a la mansión con su cuerpo
destrozado el día de la graduación, el Conde Lucas lo atormentó
impidiéndole comer o dormir, obligándolo a participar en la farsa del
embarazo.
Joel, agotado y sin fuerzas, cedió después de días de tormento a las
habilidades retorcidas de su padre adoptivo. El príncipe creía la
declaración del Conde Lucas de que al menos Joel había propuesto la
farsa del embarazo primero, pero incluso eso resultó ser una mentira.
El inspector que encontró la botella de afrodisiaco en el cajón, sin que
disminuyera en cantidad, sugirió que el Conde podría haberse
equivocado en la cantidad pactada en la carta, pero el príncipe estaba
seguro de que Joel nunca le había dado esa sucia medicina.
Que nunca hubiera experimentado los efectos del afrodisiaco era la
prueba más clara.
Al descubrir toda la verdad, al releer las cartas secretas intercambiadas
entre Joel y su padre adoptivo, se podía sentir el miedo de Joel hacia el
Conde. Joel no era ese muchacho que el príncipe había conocido.
No había malicia oculta en Joel, como gritaban los inspectores o temía
el príncipe. Recordó la noche en la que bajó a la prisión subterránea para
encontrarse con Joel.
[—Mi padre desea que te corten el cuello y lo cuelguen en la muralla,
pero yo pienso diferente. No es justo culparte de todo. No eres más que
un tonto que ni siquiera es consciente de la gravedad de tus crímenes.
Por lo tanto, la responsabilidad de esto también debe recaer en tu padre
biológico, que te crió como un niño mimado, y en tu padre adoptivo, que
fue demasiado indulgente contigo].
La actitud de Joel, que ni admitía sus errores, ni pedía perdón, ni
siquiera suplicaba por su vida, irritó al príncipe hasta el extremo de
lanzarle críticas y burlas sin contenerse en su débil figura.
En aquel momento, creyó que Joel estaba actuando con orgullo, pero
en realidad Joel lo había abandonado todo y estaba esperando la muerte.
El triste niño ya sabía que nadie, ni siquiera el príncipe que una vez fue
su amante, estaba de su lado.
Al final, fue él quien envió a Joel a la tierra del duque Julián, y fue el
príncipe mismo quien mató al pobre chico. El príncipe, al descubrir toda
la verdad, se consumía de culpa hasta el extremo de no poder respirar.
Por un lado, sentía resentimiento de por qué Joel no había resistido de
ninguna manera. Pero, ¿realmente había alguien que creería en Joel si
hubiese clamado por su inocencia en aquel momento?
Tal vez incluso el propio príncipe haya pensado que Joel estaba
inventando otra mentira más para salir de la situación. Exigirle a Joel,
agotado por un largo período de abuso, que actuara de manera racional
era demasiado cruel.
El príncipe, enfurecido, salió disparado de su oficina. Tenía la
intención de capturar inmediatamente al conde Lucas, que había huido a
su feudo, para revelar claramente sus crímenes e imponerle el castigo que
merecía.
Capítulo 58
Mientras el príncipe se preparaba para liderar a las tropas y dejar el
palacio imperial, el mensajero del emperador apareció y se arrodilló ante
él.
—Su Alteza, el emperador lo llama.
—Tengo un asunto urgente, mi padre puede esperar. Más tarde lo
visitaré.
—¡Su Alteza!
Ignorando por completo al mensajero, el príncipe ajustó su espada a la
cintura. En ese momento, liberar a Joel de las acusaciones era más
importante que las preocupaciones de salud de su padre.
—Su Alteza, ¿realmente planea ignorar el llamado de Su Majestad,
que después de días en coma ha recobrado la conciencia por fin?
—¿Y qué hay de eso?
El mensajero se desconcertó por la actitud desafiante pero firme del
príncipe, incapaz de comprender su preocupación por la simple muerte
de un omega como Joel.
¿Hubiera actuado de esa manera incluso si Benjamín u otros nobles
hubieran sido injustamente asesinados?
El príncipe preguntó con determinación: —Justo tenía una pregunta
para ti, así que aprovecho ahora. Escuché algo interesante durante la
investigación. Dijeron que poco después de que mi carta llegara a la
mansión del conde Lucas, un sirviente de mi padre visitó la mansión. ¿Es
eso cierto?
—B-bueno, eso...
—¿Qué mensaje le dejó mi padre al conde Lucas? Tú se lo entregaste,
así que debes saberlo.
El príncipe estaba convencido de la implicación de su padre en la
muerte de Joel. Aunque no quería dudar de la promesa de su padre de no
matar a Joel, estaba claro que el accidente de Joel fue algo planeado y el
Conde Lucas no tenía motivo para matarlo.
El astuto conde, al recibir la carta, habría notado que aún sentía algo
por Joel. No era alguien tan miope como para matar a Joel, que aún tenía
valor, solo para satisfacer un capricho momentáneo.
Finalmente, el mensajero rompió el silencio.
—Perdóneme por no poder responder a su pregunta. Sin embargo, Su
Alteza, debe encontrarse con Su Majestad de inmediato.
El príncipe se rió asombrado.
—¿Qué?
¿Creía el mensajero que estaba siendo amenazado? Antes de poder
discutir, un hombre corrió hacia él y se arrodilló a sus pies.
—Su Alteza, ¡el cuerpo del señor Joel ha desaparecido!
—¡¿Qué?!
Quien hizo esa confesión fue un caballero que, por orden del príncipe
heredero, custodiaba la cripta.
Durante la última semana, el príncipe había ordenado que el cuerpo de
Joel fuera trasladado a la fría cripta para evitar la corrupción y había
asignado una guardia estricta. Sabía que tenía que darle un funeral, pero
no podía enterrar a Joel en la fría tierra de esa manera.
Esa obsesión se intensificó debido a que el cuerpo de Joel parecía estar
profundamente dormido. No se sabía si era por el frío del invierno o si,
como decían los rumores en la corte, el espíritu de Joel permanecía allí,
pero el cuerpo no se había descompuesto en absoluto durante una
semana.
El príncipe heredero visitaba a Joel cada vez que tenía un momento
libre, acariciaba su mejilla, lo besaba en la frente varias veces y prometía
que limpiaría su nombre y que le daría un funeral digno de un príncipe
consorte.
Pero que Joel hubiera desaparecido de repente era algo impensable.
Desconcertado, el príncipe miró a su alrededor y sus ojos se encontraron
con los del sirviente. Los ojos del sirviente brillaban de manera
significativa.
—Maldita sea —masculló el príncipe entre dientes.
Sabía que, ni para su padre ni para los demás, Joel había sido nunca
considerado una persona, pero tocar un cadáver era una profanación
excesiva. La maldad de aquellos que no mostraban ni el mínimo respeto
a Joel lo enfurecía.
Furioso, el príncipe empujó al sirviente a un lado y comenzó a caminar
a grandes zancadas hacia el dormitorio del emperador.
***
—¡Hasta cuándo piensas perder el tiempo así!
El emperador lo interrumpió justo cuando el príncipe cruzaba el
umbral de la habitación. El príncipe dirigió su mirada hacia su padre, que
estaba apoyado en la cama con la ayuda de las sirvientas.
El estado de su padre, que había estado inconsciente durante tres días,
era ahora claramente grave.
Tenía las mejillas hundidas y los párpados caídos, como un enfermo
grave a punto de morir. Sin embargo, sus ojos brillaban intensamente.
A pesar de estar frente a su padre moribundo, en lugar de sentir
tristeza, sentía más resentimiento, probablemente debido a las crueles
acciones que había cometido contra Joel. El príncipe habló en voz baja:
—¿Dónde está Joel?
—¿Por qué te importa ese cadáver?
—¡Padre!
El emperador, como si estuviera al borde de sus fuerzas, apoyaba la
cabeza en el hombro de la sirvienta y respiraba con dificultad. No estaba
en condiciones de discutir con su hijo.
El príncipe se sintió conmovido por un momento, pero cuando su
padre dijo con frialdad: —Lo hice desaparecer—, volvió a sentir una
oleada de ira.
—¿Dónde? ¿A dónde ha mandado a ese pobre chico?
—Como tú estabas ocupado en asuntos sin importancia, tuve que
hacerlo desaparecer.
—Padre, Joel es inocente. De hecho, lo que sucedió fue...
Justo cuando el príncipe iba a revelar la verdad sobre la farsa del
embarazo, el emperador levantó la mano para interrumpirlo.
—Eso no es importante en absoluto. Mientras yo, tu viejo y enfermo
padre, luchaba por sobrevivir entre la vida y la muerte, tú estabas
distraído con asuntos triviales y olvidaste tus deberes como heredero al
trono. ¿Siquiera has mirado los retratos de las candidatas a consorte que
te envié a tu palacio?
El emperador estaba insinuando que el príncipe había prometido un
matrimonio arreglado con una pareja adecuada a cambio de no ejecutar a
Joel. Pero, ¿no era cierto que ambos habían incumplido ese acuerdo?
El príncipe miró a su padre con resentimiento, pero este abrió la boca
con una expresión impasible, como si nada le importara.
—No hay más que esperar. Organiza tu matrimonio con la princesa
Josefina de Palein lo antes posible.
—...Lo haré. Pero primero debo esclarecer los crímenes del conde
Lucas.
El príncipe estaba seguro de que, aunque su padre no sintiera lástima
por Joel, estaría de acuerdo en derribar al conde Lucas. Sin embargo,
para su sorpresa, el emperador negó con la cabeza y dijo: —Ahora no es
el momento adecuado. Parece que la información sobre la inestabilidad
interna ha llegado al territorio enemigo. Sus movimientos son
preocupantes, por lo que debemos apresurar el matrimonio para
contenerlos. En este momento, afianzar tu posición es más importante
que cualquier otra cosa. El conde Lucas ha sufrido grandes pérdidas
debido al incidente anterior, así que la venganza puede esperar hasta que
subas al trono.
El emperador, que había mantenido sus ojos brillantes durante toda la
conversación, evitó la mirada de su hijo al mencionar el castigo del
conde Lucas. Esto confirmó las sospechas del príncipe heredero de que
su padre había hecho algún tipo de trato con el conde Lucas.
El frío emperador nunca pudo perdonar a Joel por manchar el honor de
la familia real. O quizás, anticipando que su hijo podría sentir afecto por
Joel, quiso eliminar el problema de raíz.
—Padre, usted lo prometió. Prometió que lo dejaría vivir...
Aunque sabía que la compasión no era una virtud necesaria para un
monarca, el príncipe heredero, Carlyle, no pudo evitar preguntar con voz
apagada.
—No me decepciones.
La respuesta del emperador fue concisa. Con esas palabras, el
emperador perdió el conocimiento y nunca más volvió a recuperarlo.
La salud del emperador se deterioró tanto que ya no se pudo ocultar
más. Debido a la inestabilidad tanto dentro como fuera del país, el
príncipe se vio obligado a posponer la venganza de Joel.
Parecía que la coronación podría tener lugar antes de la boda.
El príncipe sospechó durante un tiempo de la inusual suerte del conde
Lucas, pero no pudo encontrar ninguna prueba y tuvo que descartar sus
sospechas. Era prácticamente imposible que un conde despojado de su
base política y recluido en su feudo pudiera influir en la capital.
Así, Joel finalmente murió rodeado de críticas y burlas. El conde
Lucas, habiendo echado toda la culpa a Joel, logró salir de la crisis.
Joel, que había sido utilizado toda su vida por el conde Lucas, incluso
fue utilizado políticamente por su padre adoptivo en la muerte.
Al final, incapaz de cumplir ninguna de las promesas que hizo ante el
cadáver de Joel, el príncipe comenzó a sentirse atormentado por una
profunda culpa. Buscó incansablemente el cuerpo de Joel día y noche,
con la esperanza de darle un entierro adecuado, pero nadie sabía dónde
estaba.
Todo esto se debía a la orden de silencio que el emperador había dado
antes de perder el conocimiento.
Unos días después, cuando una sirvienta, que no pudo soportar ver al
príncipe atormentado por las visiones de Joel, le informó en secreto que
había visto a personas enmascaradas llevando el cuerpo de Joel hacia un
crematorio, ya era demasiado tarde. Todo había sido eliminado.
Capítulo 59
La deshonrosa muerte de Joel fue rápidamente olvidada por la gente.
En su lugar, la atención se centró en la fastuosa boda del príncipe
heredero.
La nueva esposa del príncipe era Josefina de Palein, una mujer de
sangre noble que era la pareja perfecta para el príncipe heredero Carlyle.
La gente del palacio hizo todo lo posible para borrar cualquier rastro de
Joel, que era la única mancha en el historial del príncipe.
Un día, en medio de los preparativos para la boda, el príncipe salió en
secreto del palacio bajo el pretexto de una inspección secreta.
Esto era para asistir al funeral de Joel. Era evidente que si se supiera
que el príncipe había asistido al funeral de un criminal que había
deshonrado a la familia real, se armaría un gran revuelo, por lo que el
príncipe tuvo que moverse en secreto con un número mínimo de
guardias.
Un pesado silencio reinaba en el carruaje donde viajaba el príncipe
heredero. Sus ojos habían perdido todo brillo hacía mucho tiempo.
Se sentía impotente al no poder hacer nada por su amado. Ni siquiera
podía permitirse el lujo de llorar su muerte.
Después de viajar día y noche, el príncipe finalmente llegó a la finca
de Sir Bennet. Ya era casi la medianoche. Por fin, el funeral de Joel, que
había sido pospuesto durante tanto tiempo, comenzó.
Él era el único doliente. Sir Bennet, que había servido fielmente a la
familia real toda su vida, no culpó ni al príncipe ni al emperador.
En cambio, se atormentó culpándose a sí mismo por la trágica muerte
de Joel. Mientras pronunciaba un largo discurso fúnebre, lamentó una y
otra vez su decisión de aceptar la propuesta de adopción del conde
Lucas.
Sir Bennet, cuyo amor por su hijo era inmenso, parecía haber
envejecido al menos una década en solo unos pocos días. Su cuerpo,
antes robusto y corpulento como un oso, ahora era solo una cáscara
vacía.
El príncipe quería prometerle a Sir Bennet, que se culpaba a sí mismo,
que restauraría el honor de Joel sin importar cuánto tiempo le tomara,
pero no pudo encontrar las palabras y ni siquiera pudo ofrecerle
consuelo.
¿Cómo podía prometerle algo más a Sir Bennet después de haber
fallado en cumplir todas las promesas que había hecho ante el cadáver de
Joel?
Sir Bennet, tan exhausto que ya no tenía fuerzas para llorar, finalmente
se desmayó antes de terminar el discurso fúnebre.
Hace apenas unos días, se necesitaban tres o cuatro hombres fuertes
para mover al caído Bennet, pero ahora el príncipe podía hacerlo solo.
Después de acostar a Sir Bennet en la cama, el príncipe llamó
urgentemente a un médico.
El médico, sin mostrar ninguna sorpresa, informó que el señor Bennet
se había desmayado con frecuencia debido a la profunda aflicción por la
muerte de Joel.
El príncipe era responsable de esa tragedia que había consumido a la
familia Bennet. Para olvidar el dolor que lo oprimía, bebió y bebió más.
Y cerca del amanecer, llevado por la embriaguez, se dirigió a la
habitación de Joel.
Sin la influencia del alcohol, nunca habría entrado en esa habitación.
Sabía que era una falta de respeto, pero quería ver con sus propios ojos el
último lugar donde había quedado un rastro de Joel.
Al abrir la puerta, un familiar aroma envolvió al príncipe. Sumergido
en una profunda tristeza, se acercó al sofá de la habitación y se sentó.
Al acariciar el reposabrazos desgastado por Joel, el príncipe pensó en
cuánto lo habría odiado Joel aquel día en la mazmorra.
La imagen de la espalda delgada de Joel, que nunca le había mostrado
su rostro, seguía flotando ante sus ojos. No solo lo había hecho sufrir una
muerte dolorosa, sino que tampoco había cumplido la promesa que había
hecho ante su cadáver. Sin duda, el espíritu de Joel lo estaría reprochando
en ese momento.
¿Habría sido correcto posponer su venganza personal por el bien
común? ¿No debería haber eliminado al conde Lucas, incluso si eso
significaba ignorar el testamento de su padre y arriesgar la inestabilidad
de su país?
Mientras se reprochaba a sí mismo por su indecisión, de repente
escuchó una voz.
—¡Siempre quise conocerte, y finalmente la oportunidad ha llegado!
—¿Quién está ahí?
Desconcertado, el príncipe miró a su alrededor. En la habitación de
Joel, solo él mismo estaba presente.
Sin embargo, al instante, para su incredulidad, un hombre de mediana
edad surgió caminando a través de la pared como un espectro.
Atónito por lo que veía, el príncipe entrecerró los ojos con fuerza.
Pensó que tal vez estaba viendo cosas debido al alcohol.
Pero después de parpadear varias veces, el hombre de mediana edad
todavía permanecía ante él. El príncipe alcanzó la espada que llevaba en
la cintura.
—¿Quién eres tú? ¿Un espíritu? ¿Un demonio? ¿O quizás un estafador
que engaña a la gente con trucos?
—No le mentiré a su Alteza Real. En verdad, soy un demonio... Oh,
oh. ¿Por qué no baja esa espada un momento y escucha lo que tengo que
decir? No sería mala idea. ¿Cree que una oportunidad como esta se le
presenta a cualquiera?
Aún sosteniendo la espada con una mirada llena de cautela, el hombre
de mediana edad dijo con una voz relajada al príncipe heredero: —Antes
de que me mates, escúchame con atención.
El hombre, viejo y obeso, no parecía una amenaza en absoluto,
especialmente para un príncipe joven y ágil.
El príncipe guardó la espada en su vaina y preguntó con arrogancia: —
Muy bien, digamos que eres un demonio. Entonces, ¿por qué estás aquí
frente a mí?
—Porque vi una gran tristeza en tu hermoso rostro. La razón por la
que un futuro emperador como tú tiene esa expresión es, sin duda,
porque has perdido a alguien que era como la sal y la luz para ti, es decir,
tu pareja.
El hombre asintió con una sonrisa astuta, buscando su aprobación.
[—Alguien que era como la sal y la luz para ti].
El príncipe sonrió amargamente, asintiendo.
Era evidente que el adorable Joel le había traído una alegría y felicidad
incomparable. Había matado a su amado con sus propias manos y había
sumido a su familia en la miseria, por lo que nunca más podría ser feliz.
—Pero... ¿qué te parecería si tuviera la solución para acabar con tu
sufrimiento? ¿No te interesa?
El hombre susurró como si estuviera haciendo una gran oferta, pero el
príncipe mantuvo una expresión indiferente. Ya sabía cómo acabar con su
propio sufrimiento.
Sería exponer los crímenes del conde Lucas ante todo el pueblo y
ejecutarlo.
—Hmm, ¿realmente crees que esa es la respuesta? ¿Crees que al
vengarte del conde te liberarás de tu sufrimiento? Tu pobre amante ya
sufrió una muerte vergonzosa y miserable.
—No hay nada que pueda hacer al respecto... La culpa por lo que le
hice a ese chico es una carga que llevaré conmigo toda la vida.
—No, no es inevitable. Puedes hacer que ese ser tan preciado para ti,
esa sal y esa luz que perdiste, regrese a tu lado.
Las palabras del hombre sonaban como si pudiera resucitar a los
muertos, desconcertando al príncipe, quien pronto se enojó al sentir que
lo estaban burlando.
Por supuesto, revivir a los muertos era imposible. Parecía que aquel
extraño hombre, en realidad, había aparecido para causarle más dolor y
mofarse de sus heridas.
Enfurecido, el príncipe desenvainó su espada, pero el hombre con
urgencia exclamó: —¡Puedo salvar a tu amante! Es verdad. Si lo deseas,
te mostraré evidencia de mi capacidad. Sígueme.
El príncipe llevó al noble hacia el sótano de la mansión de la familia
Bennet. Mientras caminaban, el príncipe se encontró caminando en lo
profundo de una oscura gruta.
A pesar de la desconcertante situación, el príncipe no podía abandonar
la esperanza de encontrarse con Joel. Siguió avanzando, sin saber qué le
depararía el destino.
Al llegar al final de la cueva, se encontraron frente a la imponente
entrada de una mansión. El príncipe quedó boquiabierto ante la
surrealista vista.
El hombre de mediana edad, con entusiasmo, le dijo al príncipe,
pellizcándose la mejilla: —¿Ahora creerás en mis palabras?
Finalmente, el príncipe pudo creer que el hombre ante sus ojos era
realmente un demonio. Sin embargo, en lugar de sentir miedo por
encontrarse con un demonio de las leyendas, su corazón empezó a latir
con esperanza de que tal vez podría traer de vuelta a Joel.
Con la esperanza de tener una segunda oportunidad con Joel, el
príncipe ardientemente deseaba que esto sucediera. El demonio,
presentándose como 'John', exigía dos millones de monedas de oro a
cambio de devolver a Joel a la vida.
Aunque la suma requerida equivalía a una parte significativa de los
ingresos anuales del imperio, el príncipe aceptó la oferta de inmediato.
Para él, cualquier cantidad de dinero valía la pena si eso significaba
salvar a Joel.
Si Joel volvía, el príncipe podría disculparse por sus errores y buscar
su perdón. Tendría la oportunidad de deshacer todo lo que había hecho
mal, incluso el haber creído en las acusaciones de las personas y
permanecer indiferente ante sus ridiculizaciones.
Mientras el demonio redactaba el contrato con una sonrisa maliciosa,
el príncipe pensaba con emoción en todo lo que tendría que hacer si Joel
regresaba a la vida. Era una esperanza que experimentaba por primera
vez desde la muerte de Joel.
Capítulo 60
—¡Bien, ya está todo listo! Léelo y si no tienes objeciones, sella con tu
firma abajo.
La pluma flotante que había estado escribiendo en el aire dejó de
moverse, y el demonio John se dirigió al príncipe. El príncipe extendió
su mano para recibir el contrato.
El demonio chasqueó los dedos y el contrato recién terminado voló y
aterrizó en la mano del príncipe.
El príncipe leyó rápidamente el contenido del contrato, pero de repente
sus ojos se detuvieron en una determinada cláusula.
John observaba con inquietud cómo la sonrisa se desvanecía de los
labios del príncipe. Se preguntó si había pedido un precio demasiado
alto, pero entonces el príncipe levantó la cabeza y lo miró.
—¿...Es absolutamente necesario el cuerpo físico de Joel?
—¿No es algo obvio? Se necesita un recipiente para contener el alma y
poder resucitar.
—Entonces, ¿debe ser necesariamente el cuerpo de Joel? ¿Qué hay de
reemplazarlo con otro...?
—Eso es imposible. El recipiente perfecto para cada alma es
únicamente su cuerpo original. Hay cosas que incluso yo no puedo hacer.
¿Acaso no te gusta la apariencia de tu prometido?
En ese instante, el príncipe afiló la mirada como advirtiendo sobre sus
palabras. El demonio murmuró interiormente sobre lo testarudo que era
el joven, rápidamente reconoció su error y se disculpó.
Sin saber que el cuerpo de Joel había desaparecido, el demonio
comenzó a intentar convencer al príncipe de nuevo.
—Si está preocupado porque el cuerpo se ha corrompido, no tiene de
qué preocuparse. El humano conocido como Joel murió hace poco, por lo
que aún es fácil restaurar cierto grado de descomposición. Si los huesos,
el cabello y algo de carne permanecen, es suficiente.
—Pero... el cuerpo de Joel... ya no está.
Cuando el príncipe finalmente habló con dificultad, el demonio se
sorprendió y gritó.
—¿Qué quieres decir con que no hay cuerpo? ¿Qué estás insinuando?
—Su Majestad decidió que mi apego al cuerpo de Joel era inapropiado
y lo hizo desaparecer. Se presume que fue incinerado... ¿Qué podemos
hacer en tales circunstancias?
El príncipe preguntó con ansiedad. Aunque aún no perdía la esperanza,
creyendo que el demonio encontraría alguna solución,
desafortunadamente, el demonio bajó la mirada con un rostro sombrío.
—Así que... parece que será difícil revivirlo.
—Así es.
El príncipe heredero, incapaz de contener su ira, golpeó la pared con
furia. Su decepción no difería mucho de la del demonio John. Había
perdido la oportunidad de obtener una inmensa fortuna en oro, fruto de
un plan cuidadosamente trazado que ahora se desvanecía en vano al
escuchar las noticias terrenales.
Negociar con humanos de alto linaje y riqueza como el príncipe era
una oportunidad rara, y el demonio John, que había esperado ansioso este
día durante casi un mes, estaba impaciente. Propuso apresuradamente al
príncipe heredero encontrarse con el alma de Joel, pero
sorprendentemente, el príncipe, quien parecía dispuesto a dar hasta el
último oro por su amado difunto, mostró una respuesta tibia e indecisa.
El ofrecimiento de permitirle encontrarse con el alma de Joel no
pareció convencer al príncipe. La impaciencia del demonio por cerrar el
trato fue evidente cuando agregó: —Permitirte encontrarte con un alma
es mucho más fácil que resucitar a los muertos; por tanto, el precio es
aún más asequible. Por una mera suma de veinte mil monedas de oro, lo
haré—. Fue en ese instante que el príncipe lanzó una inesperada
pregunta: —¿Es posible retroceder en el tiempo?
El demonio, desconcertado, se quedó sin palabras. Jamás había
considerado la posibilidad de retroceder en el tiempo. Era una proeza que
sobrepasaba la magia convencional y exigía hasta la última gota de poder
que había acumulado a lo largo de las eras. Sin embargo, sabía que las
recompensas de las tareas más difíciles eran también las más vastas.
Considerando que tal vez pudiera obtener algo más valioso que dos
millones de monedas de oro, no pudo evitar sentir una emoción crecer en
su interior.
—Um, um... Bueno... Nunca lo intenté, pero parece posible. No
obstante, el precio sería incrediblemente alto —titubeó el demonio.
—Si es cuestión de dinero, pagaré lo que haga falta —respondió el
príncipe con determinación. Estaba dispuesto a sacrificar toda su fortuna
con tal de reunirse nuevamente con Joel. Vestir harapos y sobrevivir con
una sola hogaza de pan no le importaba en lo absoluto, siempre y cuando
pudiera verlo de nuevo.
Aunque esperaba que el demonio redactara rápidamente un nuevo
contrato, este pareció vacilar y negó con la cabeza.
—Venerado príncipe, reflexiona sobre eso. Retroceder en el tiempo es
un verdadero milagro, ¿no cree? No se compara en absoluto con resucitar
a un muerto. Es un acto en el que incluso yo, con todo mi poder, dudo si
podría lograrlo, y todo por unas pocas monedas de oro. ¿Realmente será
suficiente?
—Dime lo que deseas con claridad.
—Hmm... Si me entregas tu alma, haré un esfuerzo por ti.
El príncipe se estremeció al escuchar la macabra propuesta del
demonio, pero aún así no pudo liberarse de su apego al trato.
Él volvió a interrogar al demonio.
—¿Qué significa exactamente entregar mi alma? Si yo te la doy, ¿qué
sucederá conmigo después?
—En pocas palabras, si das tu alma, tu existencia se desvanecerá para
siempre después de la muerte. Todos los humanos, al morir, van ya sea al
cielo, al purgatorio o al infierno. Pero si garantizas tu alma en un pacto
conmigo, desaparecerás como alimento de mi poder, sin poder ir a
ninguno de esos tres lugares después de morir. ¡Pero no sentirás ningún
dolor cuando te consuma, así que no tienes por qué temer!
El demonio hablaba como si la única barrera para entregar el alma
fuera el sufrimiento de ser devorado. Sin embargo, el príncipe no sintió
que el dolor de ser devorado fuera nada comparado con el miedo a
desaparecer para siempre. Además, si existe un más allá, ¿no sería mejor
encontrarse con Joel después de morir en lugar de separarse eternamente
entregando el alma? Cuando el príncipe planteó esta pregunta, el
demonio, con una sonrisa irónica, respondió:
—De todos modos, no podrás encontrarte con tu prometido ni después
de morir. Tu noble y bondadosa alma irá al cielo, pero el alma de tu
prometido no puede ir allí. Será así siempre.
Por alguna razón, el demonio estaba seguro del futuro de Joel.
Sorprendido, el príncipe preguntó: —¿Cómo puedes estar tan seguro?
Pero el demonio respondió: —Eso no es asunto tuyo. No puedo
contarte más. No desperdiciemos más tiempo. De cualquier manera, si
realmente amaste a tu prometido, ¿no estarías dispuesto a sacrificar
incluso tu alma por él? Hasta ahora, no le has dado nada a tu amante.
Cuando fue acusado de un pecador, no le mostraste compasión y
finalmente lo hiciste morir. Además, ¿qué pasó después de saber toda la
verdad? ¿No optaste por ignorar la injusticia hacia tu prometido bajo la
excusa de defender la justicia? Y ahora, mientras su padre se está
muriendo de dolor por perder a su hijo, ¡tú estás a punto de casarte con
otra! He escuchado a la gente hablar sobre tu ex prometido. Todos están
celebrando su muerte como una suerte.
La lengua astuta del demonio tocó sin piedad la culpa del príncipe.
Mientras el príncipe, con la cara entre las manos, sufría, el demonio
susurraba con una voz seductora...
—En consecuencia, piénsalo detenidamente. Retroceder en el tiempo
es una hazaña tan extraordinaria que ni siquiera se puede comparar con
salvar a tu prometido. Las acciones crueles que cometiste contra él... Si
revivieras a tu prometido, quizás solo bastaría con disculparte, pero al
revertir el tiempo, desaparecerían por completo esas malas acciones que
realizaste.
La idea de borrar por completo el pasado que había lastimado a Joel
resultaba inmensamente seductora para el príncipe. Dirigiéndose al
demonio quien tenía una sonrisa astuta, preguntó entre sollozos en un
tono suplicante:
—Si... si entrego mi alma, ¿cuánto tiempo atrás puedo volver? Quiero
revertir tantos de los dolorosos recuerdos grabados en ese pobre chico
como sea posible.
—Ya que hablas con tanta desesperación, haré todo lo posible.
Veamos... parece que podría retroceder unos tres meses atrás
aproximadamente.
Los ojos del príncipe brillaron con esperanza. No poder retroceder
hasta el momento en que conoció a Joel era muy decepcionante, pero
regresar seis meses atrás no era del todo malo. Fue por esa época cuando
tuvo relaciones sexuales por primera vez con Joel en el bosque.
El solo hecho de poder dar el primer paso, que comenzó sin respeto ni
consideración, fue algo de agradecer.
Así, el príncipe estampó sin dudarlo una firma en el contrato nuevo
que el demonio había redactado y extendido. Justo antes de que el
inmenso flujo del tiempo se detuviera, su rostro estaba radiante de
felicidad.
Era el último instante del pasado que desaparecería.
Capítulo 61
Después de que los recuerdos terminaran, un mundo de oscuridad se
desplegó ante él. El príncipe se encontraba atrapado en un espacio sin fin
a la vista, jadeando con dolorosos suspiros.
Recién ahora lo comprendía todo. El por qué, el día que llevó a Joel al
palacio imperial, le había pedido matrimonio de manera tan impulsiva;
por qué se había sentido tan inquieto cuando Joel desapareció durante el
campamento; por qué sentía un dolor punzante en el pecho cada vez que
veía a Joel inconsciente...
Aunque había perdido los recuerdos de su vida pasada, el
arrepentimiento y la culpa que había sentido al despedirse de Joel
seguían grabados en su alma.
Aturdido por la inmensa conmoción, incapaz de mantener el
equilibrio, alguien se dirigió al príncipe con una voz suave y burlona:
—¿Y bien, querido príncipe? ¿Disfrutaste de la segunda oportunidad
que obtuviste a cambio de tu alma?
El propietario de esa escalofriante voz era el demonio John. Se acercó
al príncipe, que estaba jadeando en el suelo, con una mirada desafiante.
A pesar de su desconcierto, el príncipe sintió una oleada de fuerza.
O sea que el falso Abad llamado —John— que había seducido a Sir
Bennet era, nada más y nada menos, el mismo demonio con el que había
hecho un trato.
Y lo que es más, el demonio no parecía tener ninguna intención de
ocultar su identidad, ya que ni siquiera había ocultado el nombre de
John. ¿Cómo era posible que él no recordara nada al respecto? Era
completamente absurdo.
El demonio, que había tratado al príncipe con respeto cuando le había
propuesto el trato en su vida pasada, ahora parecía no tener la menor
intención de mantener siquiera las mínimas formas de cortesía frente a él.
Con un tono arrogante, dijo:
—¿Por qué no respondes? ¿No te estoy haciendo una pregunta?
Cuando regresaste en el tiempo y encontraste a tu prometido de nuevo,
¿cumpliste tu decisión de amarlo sin restricciones y protegerlo de
cualquier daño?
Ante la burla mezclada en la pregunta del demonio, el príncipe no
pudo responder. Al regresar al pasado, había olvidado que había
retrocedido en el tiempo. Por lo tanto, no sentía ningún agradecimiento
por el milagro de reunirse nuevamente con Joel, repitiendo los mismos
errores sin siquiera darse cuenta.
Había ignorado cuando Joel era acosado, había evitado la mirada de
Joel buscando afecto y, en el bosque, lo había violado una vez más.
¿Cómo podía haber olvidado ese profundo sentimiento de culpa y ese
tiempo de dolor? El príncipe preguntó con un tono lleno de
resentimiento: —Tú... ¿por qué no recordé nada de lo que pasó en el
pasado?
—Bueno, yo solo dije que haría retroceder el tiempo, pero nunca te
garanticé que tu memoria estaría intacta. Eso no estaba incluido en el
contrato, ¿verdad?
El demonio respondió con naturalidad ante el príncipe que lo
interrogaba con un tono enojado.
El príncipe soltó una carcajada irónica, estupefacto. Aunque al
principio, cuando hicieron el contrato, no le había garantizado que
recuperaría todos sus recuerdos, el hecho de que el demonio recordara el
pasado demostraba claramente que podría haber preservado también los
recuerdos del príncipe.
Aunque no era que careciera de habilidades, el príncipe no podía
entender por qué el demonio no había cumplido su deseo correctamente.
¿Sería simplemente porque era un demonio de mal corazón?
Además, el demonio lo había engañado en más de una ocasión. A
continuación, le informó al príncipe que pronto llegaría el momento de
pagar el precio del contrato.
—¿Pero no dijiste que tomarías mi alma después de que muriera? ¿Mi
vida es tan corta?
—Por supuesto, la vida original que se te dio era muy larga, pero
¿acaso esperabas disfrutar de toda esa vida después de hacer algo tan
increíble como retroceder en el tiempo? —El demonio lanzó el contrato
y dijo—. Revisa bien el contrato, estúpido príncipe.
El príncipe abrió rápidamente el contrato.
Pronto descubrió al final del documento una cláusula que decía —una
vez que se agote el tiempo devuelto, se pagará el precio—.
—Esto... ¡esto es absurdo! ¡En ese momento lo dijiste como si mi
muerte estuviera en un futuro lejano!
—Como te he repetido, nunca te dije que podrías envejecer con tu
prometido. Y lo que es más importante, en el contrato que tú mismo
firmaste, se especifica claramente el momento en que entregarás tu alma.
Viendo que el príncipe aún no lo entendía, el demonio dijo con un tono
relajado: —Bueno, lamento que te sientas engañado, pero es tu culpa por
no haber sido más cuidadoso. Por eso es importante ser cauteloso al
hacer un trato con un demonio, Su Alteza.
Furioso, el príncipe sacó una daga, pero por más que atacara al
demonio, no podía herirlo. Ni siquiera la daga de plata, un objeto
sagrado, pudo dejar una marca en la piel del demonio. Mientras el
príncipe blandía su daga, el demonio lo dejaba ser, burlándose de él y
aconsejándole que no desperdiciara sus energías en algo inútil.
Después de blandir la espada varias veces, el príncipe finalmente se
dio cuenta de que no había escapatoria y se desplomó en el suelo.
Aunque se sentía injustamente tratado, no pudo evitar reconocer que,
en última instancia, había sido su culpa. Había estado borracho en ese
momento, y cegado por la alegría de poder reunirse con Joel, había
firmado el contrato sin leerlo detenidamente. Esa había sido su
responsabilidad.
—¿Aún tienes apego a la vida? Claro que sí. Después de todo, no has
logrado nada de lo que te propusiste.
Agachándose para quedar a la altura del desconsolado príncipe, el
demonio se burló de él. Luego, en un tono confidencial, susurró:
—Sin embargo, eres un hombre muy afortunado. Porque ahora mismo
estoy a punto de darte una nueva oportunidad.
—¡Ja! ¿Otra vez intentarás engañarme? Ya te has llevado mi alma,
¿qué más puedes quitarme?
El príncipe, ya engañado una vez, no tenía intención de volver a
confiar en el demonio, pero este, ante su fuerte hostilidad, respondió con
astucia: —De todos modos, escúchame. Total, no tienes nada que perder,
¿verdad? Escucha lo que tengo que decir y si quieres hacer otro trato
conmigo, esta vez podrás examinar bien el contrato.
Y así, el príncipe no pudo evitar vacilar. Le hizo un gesto al demonio,
desafiándolo a que continuara.
—Si me entregas el alma que está en el vientre de tu prometido, te
dejaré ir.
—Estás diciendo tonterías.
Pensó que quizás le ofrecería alguna gran oportunidad, pero como
siempre, era lo mismo. El príncipe rechazó de plano esa propuesta
absurda.
El demonio, que al parecer no esperaba esa reacción, abrió los ojos
sorprendido.
—¿En serio vas a rechazarlo?
—Por supuesto. ¿Qué padre en su sano juicio sacrificaría a su hijo para
salvar su propia vida?
—Pero lo que hay en el vientre de tu prometido aún no es una persona
completa, ¿no? Puedes tener otro hijo, pero esta es tu última oportunidad.
¿No quieres tener otra oportunidad en la vida y hacer todo lo que no
pudiste hacer por tu prometido?
—¿Quieres que mate a mi hijo? A menos que me ofrezcas más tiempo
a lado de Joel a cambio de un pago, no puedo aceptar una propuesta tan
absurda.
El príncipe realmente pensaba así. Por más que anhelara la vida, no
podía sacrificar una vida inocente, y mucho menos la de su hijo.
—¿Y con qué derecho sacrificaría a mi hijo para volver al lado de
Joel? —respondió con frialdad y se dio la vuelta.
Al ver la actitud del príncipe, el demonio comenzó a rogar
desesperadamente, dando vueltas a su alrededor.
—No, Su Alteza. Piénselo bien. ¿No le parece una lástima morir así?
Incluso después de retroceder en el tiempo, usted permitió que su
prometido fuera intimidado y que su padrastro lo maltratara. ¿Y eso es
todo? ¡Incluso atacó brutalmente a su prometido, quien corrió a
rescatarlo, arrojándolo al suelo y violándolo!
El príncipe, que había estado ignorando las palabras del demonio, de
repente sintió algo extraño. Se preguntó cómo el demonio, que había
estado encerrado bajo tierra, sabía que él había forzado a Joel en el
bosque, ya que era un secreto que solo ellos dos conocían.
Era posible que el demonio hubiera escuchado rumores, pero ¿no se
había corrido el rumor de que había sido Joel quien lo había atacado?
Incluso el capitán de la guardia personal del príncipe, Abe, inicialmente
había creído que Joel había amenazado al príncipe con una piedra para
obligarlo a tener relaciones sexuales.
El hecho de que estuviera tan seguro de que Joel no iría al cielo en su
vida pasada, y el que conociera tan bien los secretos de la familia de Joel
y Lucas, que se suponían confidenciales, le hace pensar que el demonio
era sospechoso en muchos aspectos.
Ahora que lo pienso bien…
Por otro lado, el demonio, cegado por la avaricia y obsesionado con
convencer al príncipe para obtener el alma del bebé, no notó el sutil
endurecimiento del rostro del príncipe.
—¿No quieres volver a acariciar esa adorable mejilla de tu prometido?
¿No quieres susurrarle al oído que lo amas? ¿De verdad no te
arrepientes? ¡Recuerda la desesperación que sentiste en tu vida pasada!
—Ah, así que por eso me hiciste volver al pasado sin recordar nada,
¿verdad? Así no sería amable con Joel y me obsesionaría con la vida,
¿cierto? Incluso al punto de sacrificar la vida de mi hijo.
Cuando el príncipe finalmente captó la intención del demonio y le
lanzó una mirada fría, este cerró su boca astuta con una expresión de
sorpresa al haber sido descubierto.
Desde entonces, el demonio continuó intentando persuadir al príncipe
heredero, pero éste no mostró interés en sus argucias. A pesar de
convertirse en un amante despiadado para Joel, no poder ver siquiera el
rostro del bebé en su vientre y partir así le resultó doloroso. Sin embargo,
no estaba dispuesto a ceder la vida de su hijo como el demonio quería.
—Lo único que puedo ofrecerte como pago es mi fortuna terrenal. Por
cada día que prolongues mi vida, pagaré cien monedas de oro —declaró
el príncipe.
—¿Ah, crees que me afecta tan poco tu dinero? —respondió el
demonio con desdén.
El príncipe se mantuvo firme en su negativa a aceptar cualquier otro
trato que no fuera el alma del niño.
—Parece que no podemos llegar a un acuerdo —respondió fríamente,
y se marchó.
Aunque el arrepentimiento seguía presente en su vida, no lamentó
haber sacrificado su alma para retroceder en el tiempo.
Decidió estar satisfecho con haber salvado a Joel. Después de todo,
¿no había vida en el vientre de él? Con un niño en camino, no podía
abandonar a Joel, aunque desapareciera.
El príncipe optó por mantener un pensamiento optimista ante la
situación, considerando que, ya que las cosas habían llegado hasta ese
punto, era mejor mirar hacia adelante.
Capítulo 62
El príncipe se sentó con la espalda recta, como si estuviera meditando,
cerrando los ojos suavemente. Su actitud serena, como si se estuviera
preparando para un final, enfureció al demonio impaciente.
—¡Estúpido! ¡Ese es solo un feto más pequeño que una uña! ¡Ese
insignificante feto podría abortarse en cualquier momento!
—Si ese niño está destinado a morir de manera tan trivial,
seguramente no estarías tan tentado por su alma. ¿No es así?
—Eso... eso es...
El demonio, perturbado por estas palabras, se puso de pie con ira.
Estaba henchido de sueños por consumir un alma mucho más sabrosa
que la del príncipe heredero, y al ver que el príncipe no cooperaría como
esperaba, se enfureció hasta el borde de la locura.
Para el demonio, el alma humana era la fuente de su poder mágico. A
través de contratos, podía tomar almas de los humanos, obteniendo poder
mágico proporcional a las almas que devoraba.
Además, el alma humana era lo único que el demonio podía disfrutar
verdaderamente. Cuantas más posibilidades tuviera el alma, más sabrosa
le resultaba al demonio.
Para el demonio, el alma del príncipe heredero era como pollo,
mientras que el alma del hijo por venir sería como ternera. ¿Quién en
este mundo estaría satisfecho con un trozo de plata cuando tenían oro
frente a ellos? Esta ambición insaciable era especialmente imposible para
el demonio codicioso.
El demonio jamás renunciaría a esa deliciosa alma. El destino del niño
por nacer estaba en manos de sus padres.
Por lo tanto, si el príncipe heredero no aceptaba su propuesta, sería
cuestión de convencer al cobarde llamado Joel.
Según lo que sabía, Joel había estado obsesionado con el príncipe
durante más de tres años, al punto de ser visto como tonto y simple. Una
persona así, seguramente no dudaría en sacrificar incluso un bebé en el
vientre para salvar a su amado.
Al darse cuenta de que no tenía que desperdiciar más tiempo
enfrentándose al príncipe, el demonio rápidamente salió de sus sueños.
Luego, llamó a Bennet para traer sigilosamente a Joel a la mansión
subterránea.
Mientras esperaba impaciente por Bennet para llevar a su tonto hijo, el
demonio saboreó una vez más con avidez la idea.
***
Joel, siguiendo al Abad John por las escaleras, se encontró con una
bodega. Era absurdo que una mansión subterránea tuviera una bodega,
pero era claramente una bodega de la forma que se suele encontrar en
una mansión normal.
John abrió la puerta de la bodega y apareció una celda con rejas. Al ver
al príncipe desmayado dentro de la celda, Joel exclamó con voz
horrorizada: —¡Su Alteza!
La puerta de hierro estaba abierta y Joel corrió hacia la celda para
levantar al príncipe. Tan concentrado estaba en el príncipe que no se dio
cuenta de que la puerta de la celda se cerraba a sus espaldas.
—Su Alteza, Su Alteza. Despierte.
Por más que lo sacudiera, los ojos cerrados del príncipe no mostraban
signos de abrirse. Cuando su cabeza se balanceaba sin fuerza con cada
movimiento, Joel, preso del pánico, puso su mano sobre el pecho del
príncipe. Afortunadamente, el corazón del príncipe aún latía.
—¿Por qué Su Alteza no despierta?
Al voltear hacia el Abad John para preguntarle, John respondió desde
fuera de la celda con un tono relajado:
—Bueno, quizás el somnífero que tu padre le dio en secreto era muy
fuerte.
Joel se quedó atónito al saber que su estúpido padre había hecho algo
así, pero no era el momento de preocuparse por eso.
—Rápido, despierta a Su Alteza.
—¿Por qué yo?
—¿Por qué preguntas? El príncipe debe despertar para que podamos
discutir si haremos el trato o no. ¿No te basta con que acepté entregar mi
alma a bajo precio? ¡Cumple tu promesa como es debido!
—¿Qué diablos hice para merecer tus acusaciones? Me pediste que te
presentara al príncipe heredero, no que te permitiera hablar con él.
—¡Oye, estafador!
Al darse cuenta de que había sido engañado, Joel se abalanzó sobre los
barrotes y agarró del cuello al Abad John. Sin embargo, con un simple
gesto de la mano, el Abad John lo lanzó contra la pared opuesta. Al hacer
un gesto hacia el vacío, una mano invisible agarró a Joel por el cuello y
lo arrojó.
—Como te prometí, te dejaré estar a su lado hasta que se acabe el
tiempo del príncipe. Disfruta viendo cómo su pobre alma se convierte en
mi cena. Si quieres salvar al príncipe heredero, firma ahí. Y tendrás que
decidir rápido. Soy muy impaciente, y cuando se acabe el tiempo, no
esperaré ni un segundo más. He estado hambriento demasiado tiempo.
El Abad John lanzó un contrato y un reloj de arena que marcaba la
vida del príncipe heredero hacia Joel. Luego se volvió con una sonrisa
maliciosa.
Desde el principio, no tenía intención de permitir que Joel hablara con
el príncipe. Como ni el príncipe heredero ni Joel querían sacrificar al
bebé, despertar al príncipe heredero para que hablaran solo les daría la
oportunidad de una despedida.
John, un demonio de naturaleza cruel, no quería mostrar tal
misericordia.
Para obligar a Joel a firmar, sería mejor presionarlo aún más, sin
siquiera darle la oportunidad de hablar con el príncipe heredero. Tratar
directamente con Joel era demasiado problemático.
Ignorando a Joel, que comenzó a lanzar todo tipo de insultos y
maldiciones, el Abad John salió del sótano con paso ligero.
Capítulo 63
En lo más profundo de una oscura prisión subterránea, Joel luchó con
todo su ser para despertar al príncipe dormido.
—¿Su Alteza... podrías abrir los ojos?
Sin embargo, por más que sacudía sus hombros y lo llamaba
desesperadamente, el príncipe no despertaba. En su frustración, gritó: —¡
Carlyle, idiota, levántate!— Pero gritar tampoco sirvió de nada.
El príncipe yacía inmóvil, tan parecido a un cadáver. Joel, exhausto de
intentar despertarlo, finalmente se derrumbó.
Contempló el reloj de arena que flotaba a su alrededor como un
presagio. Ya quedaba menos de la mitad de la arena que tenía al
principio.
La perspectiva de los granos de arena que caían inexorablemente hacia
abajo le resultaba aterradora. Desesperado, Joel intentó girar el reloj,
pero, por supuesto, la dirección de la arena no cambió.
Había vendido su alma con la vaga esperanza de que al encontrarse
con el príncipe, este hiciera algo al respecto, pero ahora veía que incluso
su única esperanza se había desvanecido. Después de todo, el hecho de
que el príncipe estuviera encerrado aquí todo este tiempo demostraba
claramente que él tampoco tenía la capacidad para resolver esta
situación. Era un tonto por no haberlo considerado.
—¿Por qué hiciste todo esto...?
Joel nunca había querido que el príncipe muriera por él, ni en el
pasado ni ahora. Lo único que había esperado del príncipe era una
pequeña pizca de compasión.
Su rostro, tan tranquilo y dormido después de cometer una tremenda
atrocidad, le resultaba increíblemente condenable. ¿Debería quedarse a
observar cómo el príncipe era consumido por su propia codicia? Sin
embargo, Joel no podía soportar ver morir al príncipe.
En sus negociaciones con el Abad, se había comprometido a no
sacrificar el alma de un inocente, pero al ver al príncipe frente a él, su
corazón flaqueó. Aunque pensaba que no podía hacerlo, seguía
escuchando el susurro astuto del Abad de que siempre podría hacer otro
bebé.
No, no puede dejar que le quiten al niño.
Mientras sus dedos rozaban distraídamente el contrato que el Abad
había dejado atrás, Joel, de repente, se reprendió en un murmullo.
No podía rendirse tan fácilmente. Aunque ya no podía esperar que el
príncipe lo salvara, tampoco podía quedarse de brazos cruzados y
permitir que el Abad se llevara su alma. Al menos debía enfrentarse al
Abad.
En la realidad, frente al arrogante brujo que lanzaba hechizos, Joel
parecía no tener nada que pudiera hacer, pero aun así decidió dar lo
mejor de sí mismo. Comenzó a buscar a su alrededor algo que pudiera
servir como un arma.
Afortunadamente, dos espadas estaban colgadas de la cintura del
príncipe heredero. Joel eligió naturalmente la espada larga que parecía
más amenazante entre las dos.
Sin embargo, la espada resultó ser mucho más pesada de lo que Joel
esperaba, y en su sorpresa recordó que nunca había aprendido a manejar
una espada adecuadamente.
Usar la espada parecía ser una tarea difícil. A pesar de eso, Joel no
pudo evitar intentar sacar la espada de su funda, pero al soltar el mango
casi lastima al príncipe heredero, por lo que al final no tuvo más remedio
que renunciar a la espada.
La espada más pequeña, la daga, en el mejor de los casos, que tomó en
segundo lugar encajó perfectamente en la mano de Joel. Joel agitó la
daga en diferentes direcciones.
A pesar de que la daga parecía ser más ornamental que útil para
enfrentar al brujo, el simple hecho de tener un arma en la mano le
proporcionó algo de consuelo.
—Con esto, de alguna manera, ese sujeto...
¿Puede morir... verdad?
Joel se preguntó con dudas. Sosteniendo firmemente la daga, trató de
idear cómo atacar al demonio para infligir algún daño, cuando de repente
una sospecha cruzó su mente.
Gracias a que el demonio había invertido el tiempo, muchas cosas se
convirtieron en —cosas que no habían sucedido—, es decir, en —nada.
Aunque un mes atrás se suponía que era él quien debía haber muerto,
seguía viviendo fríamente; y su padrastro, que había sido despojado de
su fortuna en un pasado por un esquema de embarazo falsificado, ahora
vivía con comodidad.
Pero, ¿cómo podía ser válida la verdad de que el príncipe había hecho
un pacto con el demonio si el tiempo había regresado antes de que se
sellara el contrato?
Mientras Joel reflexionaba sobre esto, de repente la puerta del sótano
se abrió de golpe. Joel escondió la daga que sostenía en la manga.
—Hijo...
Afortunadamente, quien abrió la puerta del sótano con decisión fue
Bennet. Joel guardaba en su interior un resentimiento frío hacia su padre,
quien desapareció al dejarse llevar por las palabras del Abad John, y por
eso le preguntó en un tono poco amable: —Padre, ¿qué lo trae por aquí?
—Me enteré de que estás siendo terco e inútil por parte del Abad John.
Me dijo que fuera a ayudarte a tomar una decisión sabia.
—Oh, ¿una decisión sabia?
¿Cómo se puede llamar —decisión sabia— a sacrificar el alma de un
hijo al demonio? Incómodo,
Joel replicó con acritud, y Bennet, imperturbable como un titán,
respondió:
—Hijo, un bebé puede reemplazarse, ¿no es así? Y si sacrificando la
vida se puede salvar al príncipe heredero, eso sería un honor para ese
niño.
—¿En serio? ¿Un bebé puede ser reemplazado? ¿Entonces, padre, en
caso de estar en la misma situación que el príncipe, ¿le diría lo mismo a
mi madre? ¿Le pedirías que salve tu vida sacrificándome, diciendo que el
bebé puede ser reemplazado?
—Eso es....
Al enterarse de que el alma en el vientre de Joel era un embrión de
apenas seis semanas, Bennet, que pensaba que sacrificar al bebé para
salvar al príncipe era una decisión sabia, se quedó sin palabras.
Desde la perspectiva de un padre, sacrificar al embrión parecía natural,
pero al ponerse en el lugar del príncipe, no podía encontrar una
respuesta.
Bueno, la respuesta en realidad era demasiado clara. Él, como padre,
habría elegido morir en lugar de sacrificar a su hijo. Sin embargo, no
podía simplemente permitir que se tomara esa decisión. Sacrificar al
príncipe para salvar a un embrión de solo seis semanas era como
adentrarse en un laberinto.
No había garantía de que el nieto del emperador sobreviviera en el
vientre de Joel, y aunque naciera sano, no se podía asegurar que el
emperador lo reconociera como su sucesor. Para Bennet, la protección de
Joel, su hijo, era más importante que cualquier cosa.
Bennet ocultó su desesperación y trató nuevamente de convencer a
Joel.
—Joel, hijo. Pero este es un caso diferente. El bebé en tu vientre es
más pequeño que un dedo...
—No, padre. El hecho de que este niño sea tan pequeño no cambia
nada. Yo soy igual que tú. Y ya que estamos aquí, quiero preguntarte,
¿qué te llevó a vender tu alma a ese estafador?
Ante el repentino cambio de dirección hacia la crítica, el desconcierto
se reflejaba en el rostro de Bennet. Joel siempre había sido consciente de
la ciega adoración de su padre hacia el Abad John, pero cuando el dique
de emociones reprimidas finalmente cedió, un torrente de resentimiento
incontrolable se desató.
—¿John es un gran salvador? ¡Ese tipo demanda alma en nombre de la
redención!
— ...Joel, pero para mí, el Abad John fue mi salvación. Si no pudiera
reunirme contigo y con tu madre después de la muerte, no tendría
ninguna razón para existir. Y el Abad John me dijo que tú también
extrañabas mucho a tu madre, y que si sacrificaba mi alma sin valor para
poder reunirme con tu madre, sería beneficioso para ti también...
—¡Padre, también te necesitaba a ti! ¿Cómo es que no lo entiendes?
Joel gritó a lágrima viva. Había estado tan preocupado por la
desaparición del príncipe que no había tenido tiempo de pensar en esto,
pero el hecho de que su padre hubiera entregado su alma al Abad John
era un gran shock.
—¿Dices que no podrás encontrarte conmigo ni con mi madre luego
de morir? ¿Qué no tienes ninguna razón para existir por ello? ¡Entonces
debes arrepentirte en el infierno y pedirle perdón a Dios! Aunque parezca
que no hay ninguna posibilidad de salvación, deberías perseverar
esperando un milagro por tu familia, que te está esperando. Si realmente
nos amara a mi madre y a mí, ¿no deberías haber pensado al menos una
vez en lo que realmente queríamos antes de entregar tu alma?
Ni siquiera está seguro de si irá al infierno o no, y sin embargo, eligió
la aniquilación eterna sumido en una lástima propia, una elección egoísta
que surgió de su amor. Joel nunca le pidió tal sacrificio a su padre.
Y creo que mamá tampoco lo haría. Joel odiaba profundamente a su
padre por haber entregado su alma tan irresponsablemente.
—Sin embargo, escuché que el Abad John te devolvió la vida. Para
este padre, eso es razón suficiente para venerar al Abad John.
El señor Bennet, que había permanecido en silencio ante el reproche
de Joel, finalmente respondió con un tono obstinado.
—¡El príncipe está a punto de morir por eso! ¿Realmente crees así?
¿Realmente crees que las demás personas pensarían que es mejor dejar
morir al príncipe heredero y salvar al supuesto prodigio del Conde
Lucas? ¡Razona!
Joel secó sus lágrimas mientras lanzaba una crítica mordaz. Ya no
tenía tiempo para reprochar a su padre.
Agarrando los pantalones de su padre, suplicó:
—Padre, si realmente quieres lo mejor para mí, por favor, sube a la
superficie y trae al cuarto escuadrón aquí.
—¿Y qué pretendes hacer con ellos?
—Tenemos que enfrentarnos al Abad John. No podemos permitir que
el príncipe heredero muera así.
Era dudoso que su padre, que se había enfurecido con él por llamar
estafador al Abad John, accediera a su petición, pero en ese momento,
Joel no tenía a nadie más a quien recurrir.
Joel le suplicó a su padre.
Capítulo 64
—Sin embargo, Joel, ¿cómo puedo yo... después de que él me haya
concedido tantos milagros?
Pero su padre volvió a defender al Abad John, y Joel suspiró con
frustración. Mientras pensaba en cómo convencer a su padre, una buena
idea cruzó por su mente.
—Está bien, padre, si eso es lo que quieres, no puedo hacer nada. Pero,
¿sabes? Yo también le vendí mi alma a ese tipo llamado Abad John.
—¿Qué?
—Ese estafador no quería mostrarme al príncipe, así que acordé darle
mi alma a cambio de que me permitiera ver al príncipe. ¿Por qué crees
que estoy encerrado en esta prisión? Si crees que estoy mintiendo,
puedes preguntarle al Abad John.
Si no tiene razones para traicionar al reverendo John, yo se las daré.
Joel añadió una pequeña mentira, explicando que él y el príncipe
serían devorados por el Abad John. El señor Bennet palideció de
inmediato al escuchar que Joel había vendido su alma. Se enfureció.
—¿Estás en tus cabales, Joel? ¡Dios mío, cómo puedes hacer algo tan
terrible! ¿No sabes lo terrible que es perder el alma?
—¿Y esas son las palabras que me dices ahora, padre?
La cara del señor Bennet se puso roja de ira ante la reprimenda de Joel.
Joel interrumpió a su padre, quien estaba gritando: —¡Somos diferentes,
idiota! ¡Yo estoy viejo, he matado gente en la guerra!— y anunció:
—De todos modos, cuando muera, también desapareceré para siempre
como mi padre. Si quieres salvar mi alma, no hay otra manera que
derrotar al Abad John ahora. Sube inmediatamente y trae al cuarto
escuadrón de la guardia, o siéntate y mira cómo el príncipe y yo somos
devorados por el Abad John. Haz lo que quieras, padre.
Afortunadamente, la estratagema de Joel funcionó eficazmente, y el
señor Bennet, pensando que su hijo moriría pronto, exclamó: —¡Tu
padre traerá a los caballeros, así que espera!— y comenzó a subir las
escaleras del sótano a toda prisa.
Cuando había subido la mitad de las escaleras, la puerta del sótano se
abrió de golpe. Sorprendido, Sir Bennet gritó —¡Ay!— y rodó por las
escaleras.
—¡Padre!
—¿Adónde vas con tanta prisa?
-Desafortunadamente, la persona que abrió la puerta fue el Abad John.
Con un tono de voz curioso, le preguntó al señor Bennet.
Joel se puso nervioso, pensando que el Abad John acababa de escuchar
lo que había dicho o que su padre le diría algo inútil. Por fortuna, esta
vez, parece que Dios estaba de su lado.
El señor Bennet, a diferencia de lo torpe que solía ser, respondió con
calma al reverendo John: —Ah, Abad, mi hijo desobediente no me
escucha, así que iba a pedirle su ayuda.
—Si pudiera haber convencido a tu hijo, lo habría hecho hace mucho
tiempo. Estoy decepcionado de que incluso tú, como padre, hayas
fallado. Por cierto, la situación en la superficie no parece ser normal.
Sube y ve cómo están las cosas arriba.
—Sí.
Sir Bennet, con la espalda tan doblada que casi tocaba el suelo, subió
las escaleras agarrando su dolorida espalda.
Joel supuso que los refuerzos habían llegado desde afuera. Si había
tropas adicionales además del cuarto escuadrón de la guardia, tendrían
una oportunidad de ganar la batalla contra el Abad John. Dado que su
padre había subido a buscar a los caballeros, solo tenía que aguantar un
poco más.
—Tu padre es tan ingenuo y fácil de manipular, pero tú eres
tercamente obstinado.
El Abad John negó con la cabeza y se acercó a los barrotes. Entonces,
una llave apareció de la nada y se insertó automáticamente en la
cerradura, girando con un clic. La puerta de la prisión se abrió y el Abad
John entró.
—Entonces, ¿después de todo este tiempo, todavía no has cambiado de
opinión?
Ante las palabras de John, Joel miró sorprendido el reloj de arena.
Solo quedaban tres granos de arena en la parte superior.
Tal como dijo John, realmente se estaba acabando el tiempo. A este
ritmo, el príncipe sería devorado antes de que su padre regresara con los
caballeros.
Mientras tanto, un grano de arena en el reloj de arena caía lentamente.
Solo quedaban dos granos.
Joel se levantó con las piernas temblorosas. Cuando se interpuso frente
al príncipe como para protegerlo, el Abad John se burló con desdén.
Joel jugueteó con la daga escondida en su manga y balbuceó cualquier
cosa para ganar tiempo.
—Estoy seguro que la voluntad del príncipe... uh, um...
Pero tan pronto como abrió la boca, el Abad John agitó su dedo en el
aire con una expresión de disgusto. Inmediatamente, la boca de Joel se
cerró con fuerza. Joel no podía decir nada porque tenía la lengua
paralizada.
Cuando el Abad John volvió a agitar la mano, esta vez fueron las
piernas de Joel las que se movieron por sí solas. Como un soldado de
juguete, Joel caminó con pasos rígidos hasta una esquina y se puso firme.
Todo esto sucedió sin la voluntad de Joel. Joel, que había subestimado
el poder del Abad John, se sorprendió mucho.
Estaba tan ocupado emitiendo gritos sin sentido como —¡Mm! ¡Uh!—
que no se dio cuenta de que otro grano de arena había desaparecido del
reloj de arena.
—Entonces, desde allí, observa cómo me deleito comiendo el alma de
tu amado. Tú también pasarás por esto pronto, así que no estaría mal que
te prepararas viendo con tus propios ojos.
El Abad John crujió los hombros.
Las pupilas negras de los ojos del Abad John se extendieron como si
ondularan, llenando por completo las partes blancas. Entonces, un par de
alas, similares a las de un murciélago, surgieron de su espalda, rasgando
su camisa.
La estatura del Abad John, que tenía la figura de un hombre de
mediana edad, comenzó a crecer hasta casi tocar el techo. Sus brazos y
piernas se volvieron extremadamente delgados, y su vientre se abultó
como el de una mujer embarazada.
Su pálida piel, que ya era extraña, ahora tenía un tono azulado como
un cadáver, y venas de un azul oscuro sobresalían de manera
desagradable.
Cuando finalmente se encontró cara a cara con un demonio que había
abandonado por completo su forma humana, Joel sintió un escalofrío que
parecía congelar sus entrañas.
La opresión emanada por la presencia del demonio, que Joel
enfrentaba por primera vez en su vida, no podía expresarse con palabras.
Joel se quedó paralizado, como un conejo frente a un lobo.
Un sudor frío me brotaba de la espalda. Tenía que detener al Abad
John, pero mis piernas temblaban tanto que no podía hacer nada.
El Abad John extendió sus dedos increíblemente largos y los colocó
sobre el corazón del príncipe heredero.
Como si estuviera recogiendo un trozo de chocolate, agarró con su
pulgar e índice una pequeña esfera que brillaba con una luz dorada
brillante en el interior del pecho del príncipe heredero.
Joel se dio cuenta de que esa masa que brillaba entre sus uñas negras y
podridas era el alma del príncipe.
¡No!
Desesperado, Joel hizo todo lo posible por moverse.
Como si disfrutara de la desesperación de Joel, el Abad John lamió sus
labios ruidosamente a propósito.
El Abad John, que había acercado el alma del príncipe a su boca, echó
la cabeza hacia atrás lo más que pudo y abrió la boca como un pájaro
carpintero. Parecía que en cualquier momento iba a engullir el alma del
príncipe.
Cuando la última partícula de arena que quedaba en la parte superior
del reloj de arena cayó y tocó el fondo, el Abad John, con una expresión
de éxtasis, finalmente separó el pulgar y el índice.
No, no puede ser...
Joel no pudo soportar ver cómo el alma del príncipe heredero
desaparecía en la garganta del demonio, así que cerró los ojos con fuerza.
—¡Aah!
Al instante siguiente, un grito agudo llegó a los oídos de Joel.
Abriendo los ojos de golpe, Joel descubrió que el demonio, que hasta
hace un momento estaba de pie orgullosamente, ahora estaba sentado en
el suelo.
Al principio, no pudo entender qué había sucedido. El demonio caído
al suelo ahora estaba arañando el suelo con fuerza, sufriendo.
Gracias a que no pudo tragarla a tiempo y la soltó, el alma del príncipe
flotó en el aire y volvió a penetrar en el pecho del príncipe.
—Kuk… ¡Kuuaaa!
Un grito espantoso sacudió la estrecha mazmorra subterránea. El
demonio, expulsando un líquido azul, parecía no comprender qué le
sucedía.
Entre espantosos gemidos, murmuraba confuso: —¿Por qué... yo?
¿Qué está pasando...? ¡Ugh!
Observando al demonio retorcerse de dolor como un pez fuera del
agua, Joel de repente sintió que su cuerpo, que había permanecido rígido,
volvía a moverse.
Sin pensarlo dos veces, sacó su daga escondida en la manga y se
abalanzó sobre el demonio.
Con un rápido movimiento, Joel apuñaló la daga debajo del costado
izquierdo del demonio.
Aquel día, la daga, que normalmente era tan torpe y sin filo, se hundió
sorprendentemente fácil en la carne del demonio.
Capítulo 65
Atacado por sorpresa, el demonio escupió un líquido azul con un —
¡Kek!
Miró a Joel con una expresión de incredulidad.
Los ojos negros del demonio, que ocupaban por completo el blanco,
rebosaban de ira. Joel lo miraba fijamente, atónito, y pensó sin sentido:
—Supongo que la sangre de los demonios es azul...
El enorme cuerpo del demonio se derrumbó con un ruido sordo. Joel
se dio cuenta de que había clavado la daga directamente en el corazón
del demonio. De la boca del demonio caído, salió un chorro de sangre
con un sonido gorgoteante.
Grug...
Joel, que había estado observando la escena atónito, recuperó el
sentido de repente. No era momento para esto. Aunque había recibido un
golpe grave, el demonio aún no estaba muerto.
Dado que este demonio tenía un poder mágico tan grande como para
revertir el tiempo, podría recuperarse instantáneamente de esa herida y
tratar de devorar el alma del príncipe.
Rápidamente, Joel colocó el brazo del príncipe, que yacía en el suelo,
alrededor de su cuello y lo levantó como si fuera una pluma.
—¡Ugh...!
Por un instante, Joel no pudo soportar el peso del príncipe y tambaleó.
El cuerpo del príncipe heredero era tan robusto como el del caballero
Bennet, quien había pasado 20 años en el ejército. No estaba seguro de si
podría salir de esa mansión cargando un cuerpo que pesaba al menos el
150% del suyo, pero Joel apretó los dientes y comenzó a caminar.
Tenía tanto miedo de que el Abad John se levantara sano y salvo y lo
agarrara por el cuello con sus dedos negros y afilados que se moría de
miedo, pero su cuerpo no se movía tan rápido como quería.
Joel avanzaba jadeando y tambaleándose. El sonido de burbujeo como
espuma que brotaba de la boca del Abad John fue quedando atrás,
haciendo que finalmente se perdiera en el silencio.
La puerta del sótano estaba cada vez más cerca a medida que Joel
avanzaba paso a paso.
Cuando finalmente abrió y empujó la puerta del sótano, Joel se dio
cuenta de que subir las escaleras de tres pisos de la mansión subterránea
y atravesar galerías no era el final.
Se preguntaba si realmente sería capaz. Su cuerpo ya estaba empapado
en sudor y sus piernas estaban temblando. Joel se detuvo, limpiando el
sudor que caía a cántaros de su frente como la lluvia.
Al mirar distraídamente su mano, Joel se sorprendió. Estaba tan
empapado de sudor que le costaba abrir los ojos, algo que le pareció
extraño, pero al limpiar el sudor, su mano comenzó a temblar.
Notó el olor a sangre. La herida en la frente que Robert había vendado
había vuelto a abrirse.
El miedo le invadió. Joel sintió que las lágrimas brotaban.
De repente, empezó a odiar al príncipe. Ojalá en su vida pasada lo
hubiera dejado morir en lugar de hacer ese inútil trato con el Abad John y
causarme todos estos problemas.
Pero no podía dejar al príncipe así, así que Joel siguió caminando,
soltando lágrimas.
—Mierda, ¿por qué tiene que ser tan grande...?!
Joel murmuró con frustración. Si el príncipe hubiera sido más bajo y
delgado, las cosas habrían sido mucho más fáciles.
La última vez, su miembro era tan grande que no podía ni siquiera
acostarme con él, y ahora, su cuerpo es tan grande que me está haciendo
pasar por esto.
Al final, no hay nada de Carlyle que me guste.
Haber pasado hambre hasta el punto de sufrir desnutrición durante los
últimos tres años, haber sido atormentado por el Abad John durante todo
el día y haber llorado durante casi dos horas mientras sostenía al
príncipe, hizo que cargar al príncipe y recorrer ese largo camino fuera
una tarea demasiado cruel para Joel.
Cuando finalmente llegó a la entrada de la mansión subterránea, Joel
estaba a punto de desmayarse por el agotamiento.
—Ha...
Joel se detuvo y trató de recuperar el aliento. Tenía la cabeza muy
mareada, probablemente por la pérdida de sangre. Tenía que moverse,
pero sus piernas temblorosas parecían estar clavadas en el suelo.
No le importaba morir, pero tenía que salvar al príncipe a toda costa.
Justo cuando Joel estaba pensando que tenía que irse, la puerta principal
de la mansión subterránea se abrió de golpe.
Un hombre desconocido abrió de golpe la puerta desde afuera. Y no
solo eso, sino que afuera de la puerta había una fila de al menos veinte
soldados.
¡Demonios, quiénes serán estos...
Decenas de ojos desconcertados lo miraban fijamente. Joel murmuró
para sí mismo con irritación.
Estaba tan cansado y débil que ya no tenía fuerzas para hablar. Con la
vista borrosa, de repente el sello bordado en las armaduras de los
soldados se volvió increíblemente claro.
Era el sello del Conde Grey.
—¡Joel! ¡Hijo!
Bennet gritó su nombre pasando por entre los soldados, enviados por
su padre para rescatarlo. En un atisbo de alivio aterrador por seguir con
vida, Joel no pudo evitar estallar en un llanto reprimido y finalmente
cayó desplomado sobre el príncipe, inconsciente.
***
Joel estaba disfrutando de una placentera tarde tomando el té con el
príncipe.
El lugar era el jardín del palacio del príncipe. Joel apreciaba mucho el
paisaje de ese jardín, que el príncipe heredero había decorado
especialmente para él en su vida anterior.
Adornado con más de 3.000 tipos de preciosas flores además de las
rosas, el jardín era tan hermoso que incluso Joel, a quien no le interesaba
en absoluto la jardinería, se quedaba mirando boquiabierto.
Entonces, ¿esto era un momento de su vida pasada?
Sobre la gran mesa del jardín donde estaba sentado Joel, había una
gran cantidad de deliciosa comida.
Lo que hizo a Joel más feliz y emocionado fue la persona sentada
frente a él. Mientras contemplaba embelesado la excelente apariencia del
príncipe heredero, Joel miró a su alrededor y vio un pequeño bebé
moviéndose en una cesta.
Gracias a ese bebé, Joel se dio cuenta de que este momento no era de
su vida pasada. El bebé, con mechones dorados que recordaban a los
suyos pero con rasgos que recordaban al príncipe, era claramente el hijo
del príncipe y suyo.
—Ven, come.
Distraído por la presencia del bebé, el príncipe le ofreció un trozo de
tarta de durazno con un tenedor. Aunque era extraño que la tarta de
durazno tuviera el sabor y el aroma de sopa de pollo, Joel, sintiendo
hambre, abrió la boca como un polluelo y la disfrutó.
De repente, una fuente brotó agua hacia el cielo creando un arcoíris. El
bebé, jugando en la canasta, estalló en una gran risa, como si estuviera
encantado. Era una tarde tan satisfactoria que llenaba el corazón con solo
mirar. Aunque extremadamente feliz, Joel sabía que era un sueño al fin,
ya que era algo imposible en la realidad.
¿Tener una tarde de té como familia con el príncipe y el bebé en el
palacio? Eso solo podía ser posible en un sueño. Una lágrima cálida rodó
por la mejilla de Joel, quien estaba experimentando un momento que
nunca podría disfrutar en la realidad.
Y mientras eso sucedía, con el tintineo de la vajilla, una voz suave en
algún lugar lejano decía: —Por favor, trae un pañuelo—. Sorprendido
por el sonido que no encajaba con la escena ante sus ojos, Joel levantó la
vista por un momento.
—La sopa está bien, pero, Sir Bennet, ¿acaso a Joel no le gusta la sopa
de pollo?
—¡Imposible!... Mi esposa, en vida, siempre le preparaba sopa de
pollo a Joel cuando estaba enfermo. Debido a ese recuerdo, a Joel le
encantaba la sopa de pollo incluso cuando creció.
—Sin embargo, ahora Joel está llorando, ¿no es así?
Las voces que sostenían una conversación seria pertenecían claramente
a su padre y al príncipe heredero. Joel pudo sentir una mano suave
acariciando su mejilla.
—Su Alteza, con el debido respeto, me gustaría decir algo. Creo que
está llorando porque la sopa está demasiado deliciosa.
Una voz familiar se entrometió en la conversación. Sin duda, era la
voz de Robert. Aunque la situación no tenía sentido para él, Joel
murmuró para sí mismo que Robert era un pobre idiota.
¿Qué tipo de persona extraña llora porque la comida es deliciosa?
Aunque estaba preocupado, Joel escuchó a Robert diciendo: —Deje de
preocuparse. Ey, lleva esto y dile a los de la cocina que hagan la sopa de
mariscos de nuevo.
El olor del delicioso caldo de pollo se desvaneció con un susurro. Con
el corazón apesadumbrado, Joel murmuró inconscientemente: —No, no
puedes...
Entonces, la voz firme de Robert respondió: —Mírate. ¿No que no
querías?
El aroma de la sopa de pollo se acercaba de nuevo. Y el príncipe
heredero de sus sueños, justo en ese momento, cortó un pastel de carne y
se lo ofreció a Joel. Joel abrió la boca atónito y tomó el pastel de carne.
Curiosamente, el pastel de carne también sabía a sopa de pollo. Joel se
sintió desconcertado por el extraño desarrollo de su sueño, pero decidió
dejar de lado sus dudas innecesarias. Lo más importante ahora era
disfrutar de esta feliz escena.
Joel observó el rostro del bebé durante mucho tiempo.
Capítulo 66
El patrón del techo le era familiar. Joel abrió y cerró los ojos. Tenía la
cabeza tan pesada que no lograba distinguir si estaba soñando o si
aquello era real.
¿Cuánto tiempo habría pasado así?
De repente, un ruido sordo y un alboroto lo sacudieron. Sin embargo,
sentía como si tuviera la cabeza sumergida en el agua, pues los sonidos
exteriores le sonaban muy lejanos.
Con un zumbido en los oídos que le causaba dolor, Joel abrió y cerró
lentamente los ojos.
De pronto, una cabeza se asomó frente a él. Era el príncipe, a quien
adoraba. Joel lo observó atónito mientras el príncipe movía los labios
con urgencia, hablándole.
—…el… ¡Joel! ¿Estás despierto?
El príncipe estaba gritando algo. Joel, más feliz que nunca por volver a
verlo, extendió los brazos para abrazarlo.
Con un esfuerzo, extendió los brazos. El príncipe, inmediatamente, se
inclinó para abrazarlo también. El familiar aroma del príncipe lo
tranquilizó.
Abrazado al príncipe, Joel pensaba por qué el rostro del príncipe le
parecía tan agradable.
…Ah, sí, ese maldito Abad John.
Tan pronto como recordó al Abad John, todos los eventos que había
experimentado se precipitaron en su mente. Joel sintió cómo su mente se
aclaraba.
—¡Su Alteza, Príncipe! ¿Está bien? El Abad John, ¡ese maldito...!
Inmediatamente comenzó a hacer un escándalo con una voz ronca,
pero el príncipe lo calmó con una voz suave, diciendo: —Cálmate, ya
todo está bien. Todo ha terminado—. Y lo volvió a acostar en la cama.
A pesar de que el príncipe le decía que estaba bien, Joel no podía
deshacerse de su inquietud y, aferrándose con fuerza a la mano del
príncipe, miró a su alrededor. Después de todo, estaba en su propia
habitación.
¿Significaba eso que él y el príncipe habían regresado sanos y salvos
a la mansión de Bennet?
Justo cuando Joel estaba a punto de preguntarle al príncipe, se escuchó
una discusión fuera de la puerta de la habitación.
Resultó que las personas que habían llegado tarde después de escuchar
que Joel había recuperado el conocimiento estaban teniendo una disputa
con el capitán de la guardia, Abe, quien estaba bloqueando la puerta de la
habitación.
Joel reconoció la voz de su padre, que gritaba: —¡Por favor, denme
solo unos segundos! ¡Solo quiero ver el rostro de mi hijo!
Con la mirada puesta en el príncipe, pidiéndole una explicación, el
príncipe abrió la boca y habló con calma.
—Pasaron dos días desde que fuimos rescatados del sótano. Todos
están ansiosos por verte. Sé que lo primero que quieres es ver a tu padre,
pero... la situación es bastante caótica. Me gustaría pasar un tiempo a
solas contigo, aunque sea por un momento. ¿Te parece bien?
Al escuchar que la situación era caótica, a Joel le entró el miedo de
que hubiera ocurrido algo relacionado con ese maldito Abad John, pero
el príncipe se apresuró a añadir: —Ah, no te preocupes más por el Abad
John. Por situación caótica me refiero al papeleo posterior.
Tranquilizado por la explicación, Joel pudo relajarse.
—Durante los dos días que estuviste inconsciente, tu acción en ese
peligroso sótano se difundió rápidamente. Todos saben lo valiente e
inteligente que fuiste. Todos están aliviados de que hayas regresado sano
y salvo.
El príncipe tomó la mano de Joel, que todavía tenía una expresión
aturdida, y lo besó mientras decía:
—Joel, me salvaste. No sé cómo podré pagar esta deuda…
Al ver la mirada llena de gratitud del príncipe, Joel sintió un peso en el
corazón. En realidad, no era algo por lo que él debiera ser elogiado.
Joel evitó la mirada del príncipe y suavemente retiró su mano que
estaba siendo sostenida.
—…No hay por qué agradecer tanto.
El príncipe no recordaba su vida pasada, así que no sabía nada, pero en
realidad era él quien había recibido el favor. Si el príncipe no hubiera
retrocedido en el tiempo sacrificando su alma, él habría muerto en la
nieve.
De todos modos, dado que él había dicho que lo había salvado, parecía
que todo había terminado. Joel estaba realmente aliviado de que el
príncipe estuviera bien.
Pero apenas se tranquilizó, otra preocupación surgió en su mente.
¿Qué pasaría con su padre? Habiendo engañado al príncipe e incluso
habiendo intentado secuestrarlo, seguramente no podría evitar un castigo
severo.
Joel, con voz temblorosa, rogó para que el príncipe, en reconocimiento
a su esfuerzo por llevarlo cargado por las escaleras, pudiera imponer un
castigo un poco más leve a su padre.
—Su Alteza, escuché que mi padre le dio un somnífero y lo llevó al
sótano…
—Ah, entiendo. Te preocupa que el maldito Abad John haya utilizado
magia de control mental para convertir a tu padre y a los habitantes de
sus tierras en marionetas. No te preocupes, el señor Bennet no será
castigado. De hecho, al final, tu padre demostró una fuerza sobrehumana
al romper la maldición por sí mismo y lideró a los soldados del conde
Grey de vuelta al sótano, por lo que merece ser recompensado por sus
méritos —dijo el príncipe guiñándole un ojo.
Pero Joel no entendió en absoluto la intención del príncipe de encubrir
el error de Sir Bennet, y sin darse cuenta, volvió a decir: —Pero, mi
padre no fue controlado por un hechizo, lo hizo voluntariamente...
—Shhh, otros podrían escucharlo.
El príncipe cubrió la boca de Joel y habló. En serio se preocupaba de
cómo Joel, tan ingenuo y sincero, podría sobrevivir en este mundo tan
duro.
No pudo contener su afecto y besó la mejilla sonrojada de Joel.
Fue entonces cuando Joel entendió lo que el príncipe quería decir y
asintió avergonzado
—…Sí.
Sin embargo, a pesar de saber que su padre no recibiría ningún castigo,
el rostro sombrío de Joel no se iluminó como esperaba.
Aunque el príncipe había perdonado a su padre, el hecho de que su
propio padre lo hubiera arrastrado a tal situación le causaba una profunda
sensación de culpa.
Viendo que Joel seguía abatido, el príncipe, como si quisiera mejorar
su ánimo, le habló con un tono juguetón.
—Por cierto, como has estado durmiendo todo este tiempo,
seguramente no has escuchado sobre las hazañas del señor Bennet,
¿verdad?
—¿Hazañas? ¿De mi papá?
Joel, al preguntar con incredulidad, se sintió aún más desconcertado al
escuchar la historia del príncipe.
Resulta que se trataba de lo ocurrido cuando el señor Bennet había
llevado a los soldados a la mansión subterránea. Según el testimonio de
los soldados con los que Joel se había encontrado en la mansión, al
principio se habían topado inesperadamente con el señor Bennet mientras
buscaban en la mansión.
El señor Bennet había intentado explicar la situación a un soldado,
pero como estaba demasiado nervioso, solo balbuceó: —¡Su Alteza el
Príncipe! ¡Mi hijo! ¡Síganme ahora mismo!
Cuando el desconcertado soldado no pudo entender sus palabras
fácilmente, el frustrado Sir Bennet agarró a dos soldados por el cuello
con una mano a cada uno y corrió hacia el sótano con ellos.
Gracias a eso, los soldados que estaban cerca tuvieron que seguir
apresuradamente al señor Bennet sin tener tiempo de informar al capitán.
—¿Mi padre... cargando a dos soldados? ¿Y encima armados? —Joel
preguntó con una expresión de incredulidad.
Considerando el peso de un hombre adulto más el peso de la armadura,
¿cómo era posible?
—Sí, según los testimonios, dicen que levantó a dos soldados armados
como si fueran plumas. Dicen que fue una escena impresionante.
Lamento no haberlo visto yo mismo. —El príncipe respondió con una
voz soñolienta.
Y, de hecho, así había sido.
Joel, cuyo ánimo había mejorado un poco gracias a la broma del
príncipe, decidió preguntar lo que había estado curioseando.
—¿Su Alteza, pero ese tipo, el Abad John, ¿era realmente un demonio?
Por su apariencia y sus acciones, Joel también había sospechado que
podría ser un demonio, pero aun así, era extraño que fuera un demonio
real.
Los demonios eran algo que solo aparecía en las leyendas, como las
ninfas o los dragones.
—Se puede decir que sí. Los soldados que se adentraron en la mansión
subterránea vieron con sus propios ojos la verdadera forma del Abad
John. Dicen que tenía la piel llena de arrugas y alas en la espalda, tal
como se describe en las leyendas de los demonios. El suelo estaba
empapado de la sangre azul que había derramado. Ah, dicen que tenía
una daga de plata clavada en la espalda. Supongo que eso fue tu obra,
Joel. ¿Estoy equivocado?
Ante la actitud halagadora del príncipe, Joel respondió: —Bueno... no
fue nada tan grandioso.
En realidad, simplemente había clavado una daga en la espalda de un
demonio que ya estaba gravemente herido y escupiendo sangre. Sin
embargo, el príncipe, como si Joel hubiera ganado un duelo uno a uno
contra el demonio, acarició el brazo de Joel y murmuró: —Con un brazo
tan débil, ¿cómo pudiste hacer algo así...?
—De verdad, no fue nada. Ah, y por cierto, esa daga era suya, Su
Alteza. Como me llevaron al sótano de repente, no tuve tiempo de tomar
otra arma... Así que la tomé prestada por un momento. Se veía muy cara,
así que lo siento mucho por usarla sin permiso.
La daga tenía un mango con intrincados grabados y estaba adornada
con varias gemas preciosas, lo que indicaba que era un objeto muy
valioso.
Ni siquiera pensé en llevarme esa preciosa daga, y me apresuré a
escapar clavándola en la espalda del demonio. ¿Estará intacta?
Preocupado por si la daga se había dañado, el príncipe le contó una
historia inesperada a Joel.
—No, más bien fue bueno que hayas usado esa daga. Si hubieras
usado otra arma, ni siquiera habrías podido rasguñar la piel del demonio.
—¿Eh? ¿Por qué?
—Dicen que no se puede herir a un demonio con armas normales. Esa
daga es una reliquia. Se dice que fue entregada por un ángel con un
mensaje de Dios al primer emperador hace 700 años, durante la batalla
de la fundación del imperio.
Ahora entiendo por qué la hoja, que pensé que estaría desafilada y no
serviría de nada, penetró tan fácilmente en la carne del demonio. Joel
asintió con la cabeza.
En cualquier caso, el príncipe estaba a salvo y su padre no sería
castigado, así que podría decirse que las preocupaciones importantes ya
estaban resueltas. Joel preguntó al príncipe con un tono relajado:
—Entonces, Su Alteza, ese tipo, el Abad John, ¿está definitivamente
muerto?
Lo preguntó pensando que la respuesta sería obvia, pero la respuesta
del príncipe tardó en llegar. Joel observó con ansias cómo el príncipe
movía los labios.
Después de dudar un momento en responder, el príncipe finalmente
habló.
—Bueno... los demonios no son seres que mueran tan fácil, así que
aún no se ha podido confirmar si ese tipo está muerto. Por eso estoy tan
ocupado ahora mismo.
—¿Eh?
La última vez que lo vio, el demonio claramente estaba muriendo con
una daga clavado en la espalda. ¿Entonces por qué dice que no se puede
confirmar?
Joel preguntó involuntariamente, buscando respuestas.
Capítulo 67
—Cuando los soldados del conde Grey y el señor Bennet encontraron
al Abad John, parecía que estaba a punto de morir. Dicen que había
perdido su corpulenta figura y se había reducido al tamaño de un niño
pequeño. Y su apariencia, ni siquiera con los ojos bien abiertos, se veía
de la forma humana.
—¡Espere, cuando el Abad John reveló su verdadera forma frente a mí,
era enorme! Tan grande que su cabeza tocaba el techo. —Joel dijo,
recordando la aterradora imagen que había visto. Si el Abad John hubiera
sido tan pequeño como un niño, no se habría asustado tanto.
Ante la refutación de Joel, el príncipe asintió con la cabeza.
—Ya veo. Puede ser. Porque dicen que mientras el señor Bennet y los
soldados estaban discutiendo qué hacer, el cuerpo del Abad John, que era
del tamaño de un bebé, se redujo aún más, hasta convertirse en un bebé
recién nacido.
Según la explicación del príncipe, cuando el Abad John, con sus
últimas fuerzas, dibujó un pentagrama invertido en el suelo con su dedo,
la tierra se abrió de repente y apareció un paisaje infernal con lava
hirviendo.
Ese fue el momento en que quedó más que claro que la identidad del
Abad John era la de un demonio. Aprovechando la sorpresa de la gente,
el Abad John se lanzó rápidamente al interior, y cuando un soldado corrió
tras él, la tierra ya se había cerrado sin dejar rastro.
Los sacerdotes y monjes enviados desde el feudo del conde Grey,
después de deliberar, concluyeron que si la identidad del Abad John era
realmente la de un demonio, era más probable que no se hubiera
extinguido. Entonces, ¿no podría el Abad John volver a aparecer en
cualquier momento para llevarse sus almas?
Joel se sentía incómodo, pero se tranquilizó un poco al escuchar la
siguiente historia del príncipe.
—Aún así, hay una buena noticia. Uno de los guardias del cuarto
escuadrón que custodiaba la oficina del señor Bennet dijo haber visto
cómo un montón de contratos se quemaron espontáneamente. Se cree
que ese momento coincidió con el instante en que clavaste la daga en la
espalda del demonio, así que ya no tendrás que preocuparte por la
seguridad del señor Bennet y de los habitantes del feudo.
—¿Los contratos se quemaron...? ¿Significa que los contratos con ese
maldito Abad John quedaron anulados?
—Probablemente. Aunque debemos investigar más a fondo, según los
sacerdotes, aunque el Abad John no haya muerto, estará al borde de la
muerte y no podrá ejercer su poder en la Tierra durante al menos cientos
de años.
—Ya veo...
Joel asintió con la cabeza y supuso que el momento exacto en que los
contratos se quemaron fue antes de que él clavara la daga en la espalda
de John, es decir, cuando John fue herido y caído al suelo.
Tal vez esté pagando el precio por haber hecho algo tan terrible como
manipular el tiempo confiando solo en su propio poder. Tenía esa
sensación.
Joel quería contarle su hipótesis al príncipe y discutirlo con él, pero
para eso tenía que revelar que el príncipe había vendido su alma en una
vida pasada para retroceder en el tiempo, y eso lo hacía dudar.
Joel sabía que el príncipe no recordaba el pasado que había
desaparecido. Si le contaba la verdad al príncipe actual, seguramente se
sorprendería al saber que casi había perdido su alma por un simple
omega.
Tal vez incluso se sintiera disgustado por haber estado a punto de
morir por un omega tan insignificante como él.
Temeroso de que el príncipe lo odiara, Joel decidió no decirle al
príncipe que el demonio lo había hecho regresar en el tiempo.
Aunque los detalles se conocerán una vez termine la investigación,
creo que podrían considerar que todos están a salvo. Aliviado, Joel estaba
a punto de desplomarse en la cama cuando de repente se le ocurrió algo.
—…Espere, ¿y el arma sagrada que mencionó antes?
—Cayó al infierno junto con el Abad John.
¡Ay!
Joel sintió que el sueño se le escapaba por segunda vez. ¿Eso
significaba que nunca más recuperarían la preciada reliquia transmitida
por el primer emperador?
El príncipe se cubrió hasta la punta de la nariz con la sabana y miró
con ternura a Joel, que lo observaba con cautela. La expresión de Joel era
como la de un cachorro que, tras haber hecho una travesura, tenía miedo
de ser reprendido.
Bajando las sábanas para cubrir a Joel adecuadamente, el príncipe lo
tranquilizó diciendo: —Fue algo inevitable. Y considerando que usaste la
daga para derrotar al demonio y me salvaste, el valor de la vaina vacía ha
aumentado aún más. Así que no te preocupes tanto.
Joel finalmente pudo relajarse. Se dejó llevar por las caricias suaves en
su cabeza y sus ojos comenzaron a cerrarse.
Sin embargo, se sentía demasiado abrumado para dormir teniendo al
príncipe a su lado. Joel abrió los ojos con dificultad y miró al príncipe,
quien le cerró los ojos y dijo:
—Joel, no quiero separarme de ti ni por un segundo, pero creo que
estaré muy ocupado en los próximos días. A pesar de haber mantenido
todo en secreto, la existencia de la mansión subterránea ya se ha
extendido y los nobles están llegando en masa, lo que está retrasando aún
más la investigación. Además, muchas personas quieren conocerte y
escuchar tus aventuras de primera mano. Así que ve con Benjamín al
castillo del conde Grey y descansa allí.
—Sí…
—Y cuando todo esto se calme, tengo algo muy importante que quiero
decirte.
El príncipe besó suavemente la mejilla de Joel. Joel, medio dormido,
respondió dócilmente: —Sí.
Sin embargo, no tenía muchas expectativas sobre lo que el príncipe le
diría. Probablemente le daría algunas monedas de oro como recompensa
por haberlo salvado, o quizás le otorgaría un título a su padre.
A Joel no le interesaban en absoluto la riqueza ni la fama, así que no
tenía ninguna curiosidad por saber qué recibiría como recompensa. Con
que el príncipe estuviera a salvo era suficiente para él.
Al sentir la mirada amorosa del príncipe sobre él, Joel se sintió
avergonzado incluso mientras se quedaba dormido. Quería que ese
momento durara para siempre.
Mientras se preparaba para dormir, Joel se dio cuenta de que había
algo que aún no le había contado al príncipe y abrió la boca.
—Ah, cierto, Su Alteza. Creo que vi algo extraño.
—¿Qué quieres decir?
—El Abad John llevaba un anillo que se parecía mucho al anillo
familiar del conde Lucas. He visto el retrato de mi padre adoptivo con
ese anillo, pero nunca lo había visto en persona…
Joel sospechaba que el anillo que llevaba el Abad John era el anillo
familiar del conde Lucas.
El anillo familiar del conde Lucas tenía un gran diamante en el centro
y dos filas de zafiros densamente incrustados alrededor, lo que lo hacía
un diseño muy llamativo y poco común. Por eso, era extraño descartarlo
como un anillo similar.
Entonces, ¿no será que su padre adoptivo también hizo un trato con
ese tipo, el Abad John?
Joel intentó hacer esa pregunta, pero estaba tan somnoliento que no
pudo terminar y se quedó dormido.
—Mmm, ya veo...
Afortunadamente, el príncipe ya había captado lo que Joel quería decir
con esa conversación.
***
Después de que Joel se sumiera en un profundo sueño, el príncipe
cerró con cuidado la puerta de la habitación.
—Su Alteza, acaba de llegar un mensajero de la capital. El emperador
se está recuperando milagrosamente de su enfermedad y le ordena que
regrese lo antes posible.
Tan pronto como el príncipe cerró la puerta, el capitán de la guardia,
Abe, le informó de esto. El príncipe miró a Abe con una mirada severa
por un breve momento.
Abe, con la culpa cargando sobre sus hombros, bajó la mirada.
—¡Bien! Sin embargo, no creo que tengamos que ir. Una vez que mi
padre escuche lo que ha sucedido aquí, vendrá hasta este lugar.
—Suena lógico.
Dado que el emperador seguramente querría ver con sus propios ojos
la enorme mansión que el demonio había construido bajo la mansión del
señor Bennet, Abe asintió con la cabeza. De hecho, la pequeña propiedad
del señor Bennet ya estaba llena de extraños que venían a ver la
construcción del demonio.
—Y quizás, en las profundidades de la mansión, podamos encontrar
alguna pista sobre la participación del conde Lucas en la rebelión de
Heath Hales.
—¿Cómo? Pero Su Alteza, ¿ese incidente no ocurrió hace más de
veinte años?
—Joel dijo haber visto al Abad John usando el anillo familiar del
conde Lucas. Así que, hasta que termine la investigación, no permitas
que ningún extraño entre a la cueva. Especialmente, aquellos que estén
relacionados con la familia del conde Lucas.
—Sí.
Abe asintió con la cabeza con una expresión seria. Abe sabía que el
emperador todavía sospechaba del conde Lucas, incluso después de 25
años.
El príncipe, que se apresuraba a bajar las escaleras para continuar la
investigación de la mansión subterránea junto con Abe, se detuvo de
repente.
—Ah, y Abe. No has estado contando por ahí que Joel está
embarazado, ¿verdad?
—¡P-Por supuesto que no! ¿Cómo podría atreverme?
—Bien. Entonces mantengamos ese secreto por el momento.
El príncipe asintió con la cabeza, satisfecho.
Tenía la intención de proponerle matrimonio a Joel de manera
adecuada una vez que la situación se calmara. Una gran celebración y
una declaración romántica le parecían algo cliché.
Si preparaba todo en secreto y sorprendía a Joel ese día, la emoción
sería el doble.
El príncipe quería confesar la profundidad de su amor a Joel, algo que
ni siquiera él mismo había reconocido hasta ahora. No estaba seguro de
si Joel creería la absurda historia de que había revertido el tiempo con su
alma, pero dado que Joel había visto al demonio con sus propios ojos, no
podría negarlo por completo.
El príncipe, sin tener idea de que su decisión de mantener en secreto el
embarazo de Joel podría desencadenar una gran catástrofe, simplemente
se dedicaba a soñar con un futuro feliz y sonreía tontamente.
Capítulo 68
El hecho de que el príncipe decidiera enviar a Joel al castillo del conde
Grey resultó ser una elección muy sabia.
Tres días después de que Joel recobrara el sentido, la ya de por sí
pequeña propiedad del señor Bennet estaba a punto de colapsar bajo el
peso de los visitantes.
Tal como temía el príncipe, cada vez más personas acudían a la
propiedad de Joel para visitar la mansión subterránea. Entre esos turistas,
incluso se encontraba la familia del conde Grey.
Debido a la gran cantidad de visitantes, se temía que la propiedad del
señor Bennet, una isla en medio del pantano, pudiera hundirse. Al final,
los soldados tuvieron que comenzar a controlar el acceso de los extraños.
Y así, se produjo un curioso espectáculo. Los alrededores del pantano
que rodeaba la propiedad del señor Bennet se llenaron de tiendas de
campaña instaladas por los nobles que llegaban tarde para acampar.
La propiedad del señor Bennet no era precisamente rica, por lo que
pronto surgió un grave problema: la escasez de alimentos. Los almacenes
de comida del señor Bennet no tenían provisiones suficientes para
alimentar a todos los invitados.
A la hora de las comidas, era difícil incluso servir pan y una porción de
carne a cada invitado, y mucho menos organizar un banquete.
Finalmente, hasta esas raciones se agotaron y se tuvo que recurrir a
distribuir una sola papa por persona, sin importar si eran nobles o
sirvientes.
El conde Grey, que se encontraba de visita en la propiedad del señor
Bennet, envió a sus sirvientes a buscar comida en su castillo, pero la
distancia entre el castillo del conde Grey y la propiedad del señor Bennet
era considerable, por lo que tendrían que esperar al menos cuatro días
más para que llegaran las provisiones.
Ese trato tan despectivo no podía complacer a los orgullosos nobles,
pero a pesar de las penurias que sufrían, ninguno de los nobles que
habían acudido al lugar parecía dispuesto a abandonar la propiedad del
señor Bennet.
¿Qué importaban unas pocas papas y una tienda de campaña cuando se
decía que bajo tierra había una enorme mansión repleta de oro y plata,
construida por el mismísimo diablo?
Sin embargo, el cuarto escuadrón impedía el acceso a la cueva
subterránea, por lo que los turistas ni siquiera podían ver la entrada de la
cueva.
Entonces, los turistas desearon escuchar directamente de Joel las
aventuras que había vivido al enfrentarse al diablo, pero el médico de la
corte, Robert, custodiaba la puerta de la habitación donde descansaba
Joel con una mirada feroz, y nadie podía entrar.
—¡El señor Joel está muy cansado! ¡Su Alteza Real el príncipe
heredero ha ordenado que no se le moleste, así que retírense
inmediatamente!
Al final, los turistas fueron expulsados de la propiedad del señor
Bennet sin nada y tuvieron que conformarse con alimentar su curiosidad.
Con la mirada puesta en el príncipe y el cuarto escuadrón, esperaban con
impaciencia el momento en que pudieran visitar la asombrosa mansión
subterránea.
Gracias a eso, los rumores sobre lo sucedido en la mansión subterránea
crecieron cada vez más, hasta el punto de que se llegó a decir que Joel
había volado por el mundo subterráneo montado en un dragón y había
librado una feroz batalla contra el diablo durante todo un día.
Mientras tanto, Joel, el centro de todas las miradas, pudo concentrarse
por completo en su recuperación gracias a que Robert custodiaba
diligentemente la puerta de su habitación.
Joel tenía intención de partir hacia el castillo del conde Grey tan
pronto como la herida de su frente se curara. Le hubiera gustado irse
inmediatamente después de recuperar la conciencia, pero la herida no
cicatrizaba fácilmente, ya que se había abierto dos veces debido al
esfuerzo excesivo.
Además, era casi seguro que le quedaría una cicatriz del tamaño de dos
dedos en la frente, incluso si la herida sanaba.
Tanto el príncipe heredero como Robert mostraban una expresión de
tristeza cada vez que veían la herida de Joel, pero a él no le importaba en
absoluto. Al contrario, Joel se sentía orgulloso de esa cicatriz,
considerándola como una medalla por haber salvado a la persona que
amaba.
Un día, mientras se revolcaba en la cama abrazando la capa de marta
negra que el príncipe le había dejado, como de costumbre, Joel recibió
con alegría a Robert, quien llegó con el almuerzo.
La bandeja estaba repleta de comida, suficiente para tres personas,
considerando el apetito de Joel. Mientras Robert le quitaba las espinas a
una gran trucha asada con mucho ajo y hierbas, Joel se comía con
entusiasmo un sándwich de pan de trigo, queso y tomate.
—¿Cómo es que no engordas si comes tanto?
Robert, mientras le quitaba las espinas al pescado, ladeó la cabeza y
preguntó con genuina curiosidad.
Pero Joel, que últimamente sentía que empezaba a ganar algo de peso,
se sobresaltó y bajó lentamente el trozo de beicon que estaba a punto de
llevarse a la boca.
—Robby, ¿cuándo podré ir al territorio del conde Grey?
—Te lo acabo de decir. Tenemos que esperar al menos un día más para
ver cómo estás y tomar una decisión —Robert respondió
desganadamente mientras llenaba la copa de Joel con jugo de manzana.
Desde que recuperó la conciencia, Joel no había hecho más que
preguntar cuándo podría ir al castillo del conde Grey. No entendía por
qué estaba tan ansioso por irse, ya que el trato en la propiedad de su
padre Bennet no era malo.
—¿No puedo irme hoy? ¡Al castillo del conde Grey solo se tarda tres
días en carruaje desde aquí! Puedo soportarlo.
—No, ya te lo dije. ¿Y si la cicatriz empeora?
—¿Qué más da una cicatriz? De todas formas, no se ve porque me
cubre el flequillo…
Al ver que Joel seguía insistiendo, Robert, preocupado por si algo
andaba mal, dejó de quitar las espinas del pescado y preguntó con
preocupación.
—¿Alguien te está molestando? ¿O es que la cama no es cómoda?
—No es eso…
Joel negó con la cabeza, desanimado. No había razón para sentirse
incómodo aquí, ya que era su hogar. Más bien, el problema era que lo
trataban demasiado bien.
Dormía cómodamente, la comida era deliciosa y todos eran amables
con él. Si aún fuera el villano arrogante de antes, quizá sería diferente,
pero ahora que se había convertido en un héroe nacional, nadie se atrevía
a tratarlo con falta de respeto.
El príncipe heredero, preocupado porque su recuperación fuera lenta,
había prohibido estrictamente cualquier contacto externo, pero a pesar de
eso, los nobles que acudían al lugar no podían evitar enviarle regalos a
través de sus sirvientes.
No cabe duda de que algunos de ellos ya habían notado la relación
secreta entre el príncipe heredero y él, y querían congraciarse con él, el
amante del príncipe. Joel era lo suficientemente inteligente como para
darse cuenta de estas cosas ahora.
Por supuesto, como no le interesaban los sobornos en absoluto, Joel
devolvió todos los regalos que recibió. Con el simple hecho de que los
chismes y los desprecios hacia él se hubieran detenido, Joel se sentía
completamente satisfecho.
Aunque estaba disfrutando mucho de su vida actual, no podía seguir
perdiendo el tiempo de esa manera. Ahora que los problemas de su padre
estaban resueltos, era hora de poner en marcha sus grandes planes que
había pospuesto debido a su padre.
Era algo que nadie sabía, excepto el señor Bennet, pero desde que
recuperó la conciencia, Joel había estado buscando una oportunidad para
escapar.
Antes de decidir escapar, Joel quiso asegurarse de que el príncipe
heredero no hubiera recuperado los recuerdos del pasado en el que había
vendido su alma para retroceder en el tiempo.
Si el príncipe heredero hubiera sido consciente de sus sentimientos
pasados, no podría irse tan fácil. Afortunadamente, parecía que el
príncipe heredero no sabía nada.
Antes, Robert le transmitió un mensaje: —Según lo que han discutido
los sacerdotes, parece que las almas de tu padre y de los habitantes de su
tierra ahora son libres. Así que puedes estar tranquilo.
Cuando preguntó: —¿Y el príncipe?—, Robert, con una expresión de
no entender por qué preguntaba eso, respondió.
—¿Eh? ¿El príncipe? Él está bien. No está herido ni nada por el estilo.
—No, no es eso. El demonio se llevará al príncipe, ¿verdad? Ese tipo
tenía una labia increíble. ¿Y si... el príncipe también hubiera hecho un
trato con el demonio?
—¡Ay, no seas ridículo! ¿Qué le falta a él como para realizar un pacto?
Robert se echó a reír como si lo que yo dijera fuera una tontería, y eso
fue suficiente evidencia para mí. Joel estaba seguro de que el príncipe no
recordaba el pasado en el que había muerto.
Entonces, como los sentimientos del príncipe aún no se habían
profundizado, pensé que podría irme sin problemas. Sentí una gran pena
al pensar que nunca sabría por qué había tomado esa decisión.
Sin embargo, la sensación de alivio era mayor. Gracias a eso, podría
despedirme sin problemas.
Joel, decidido a desaparecer en secreto, llamó al señor Bennet un día
antes. El señor Bennet, que había estado ocupado buscando en la
mansión subterránea siguiendo al príncipe heredero, corrió
inmediatamente al llamado de su querido hijo.
—Papá, pronto escaparé. Así que, por favor, mantenga en secreto el
hecho de que estoy embarazado del príncipe. Solo tú y Robert saben que
estoy embarazado del hijo de él. Robert prometió guardar el secreto, así
que si tú también guardas silencio, nadie sabrá que estoy embarazado.
Al escuchar la petición de Joel, el señor Bennet no pudo ocultar su
sorpresa al principio. Sin embargo, cuando Joel explicó en detalle cómo
había vivido en la capital y por qué tenía que huir con el niño, finalmente
lo entendió.
De todos modos, si iba a escapar a escondidas, tenían que aprovechar
esta oportunidad en la que todos estaban distraídos con el demonio. Si
huían ahora mismo, el príncipe lo atraparía inmediatamente, así que solo
podía escapar después de llegar al castillo del conde Grey.
Pero ahora el problema era Robert. Con su calma habitual, Robert
estaba tratando de retenerlo al sugerir que se quedaran en la propiedad
del señor Bennet hasta que su herida en la frente sanara. Joel estaba tan
ansioso por que el príncipe heredero no descubriera su embarazo que no
podía ni tragar.
Por supuesto, lo de que no podía tragar por la ansiedad era solo algo
que pensaba Joel. En realidad, se comía tres raciones en cada comida...
—Pero, Robert...
—Si no te sientes incómodo, ¿por qué insistes tanto en querer irte? Si
te quedas aquí, también podrás ver a tu padre. Y el príncipe dijo que te
fueras solo cuando su herida estuviera completamente curada, así que
deja de decir tonterías y termina de comer.
Sin darse cuenta de la ansiedad de Joel, Robert volvió a decir algo
tranquilo.
Joel frunció el ceño.
Capítulo 69
Cuando Joel siguió protestando en silencio con los labios fruncidos,
Robert, como si quisiera alegrarlo, dijo:
—Ah, Joel. Por cierto, se me olvidó decírtelo, pero el príncipe ha
decidido que, cuando llegue el equipo de investigación enviado por el
Vaticano, el arzobispo se encargará personalmente de guiar a tu padre. El
príncipe está muy preocupado porque el señor Bennet está sufriendo por
la culpa que siente desde la guerra. Él espera que el señor Bennet pueda
encontrar la paz mental con esta oportunidad.
—…Es muy considerado. Le daré las gracias personalmente más
tarde.
La boca de Joel, que estaba haciendo un puchero, se cerró. De hecho,
estaba muy preocupado de que su padre, que se quedaría solo después de
que él se fuera, hiciera alguna tontería, pero si podía obtener tranquilidad
de esa manera, se sentiría aliviado.
Por otro lado, Robert, que finalmente había quitado todas las espinas
del salmón, roció jugo de limón sobre el pescado y se lo presentó a Joel
en un plato. Joel inmediatamente se abalanzó sobre el salmón, que era
más grande que su propia cara.
—Ah, Joel. Y, eh...
Robert, que había llamado a Joel así, no pudo continuar y solo movió
los labios. Tenía que decirle a Joel que, de hecho, el príncipe ya se había
enterado de su embarazo...
Al recordar la imagen de Joel rogándole que lo ayudara a escapar, no
se atrevió a contarle la verdad.
Después de regresar de la mansión subterránea, el príncipe llamó a
Robert y le ordenó que no le dijera a Joel que había confesado el
embarazo. Al ver al príncipe sonreír tontamente, parecía que estaba
planeando una confesión sorpresa. Gracias a eso, ni siquiera el capitán de
la guardia, Abe, podía disculparse adecuadamente con Joel.
Durante los últimos tres días, atormentado por la culpa, Robert
deseaba que Joel se diera cuenta primero. Sin embargo, Joel, tan
despistado como siempre, aún no se había dado cuenta de que dos
personas más sabían de su embarazo.
Era sorprendente lo despreocupado que estaba Joel, incluso al ver a
Abe comportarse de manera extraña frente a él.
Había roto su promesa y se lo había contado todo al príncipe, así que,
como amigo, al menos debería decirle que el príncipe sabía la verdad.
Pero al ver a Joel comiendo el salmón con una cara tan inocente, no pudo
abrir la boca.
Joel, que sentía un rechazo tan intenso por la vida en la capital que
incluso estaba dispuesto a renunciar a la oportunidad de estar con el
príncipe, a quien tanto le gustaba, seguramente se sorprendería mucho al
saber que no podría irse.
—E-eh, Joel. Tengo algo que decirte...
Por otro lado, Joel estaba tan concentrado en el salmón que ni siquiera
respondió. Parecía como si ni siquiera se hubiera dado cuenta de que
Robert le había hablado. Después de vacilar por un momento, Robert
finalmente decidió callarse.
Después de todo, el príncipe se lo diría todo a Joel directamente en
unos pocos días, y no había necesidad de que él le contara la situación a
Joel antes de tiempo, causándole ansiedad y arruinando la confesión del
príncipe.
Había pasado mucho tiempo desde que había visto a Joel tan feliz, sin
estar acobardado, sin rechinar los dientes, sin sentirse ansioso. Pensó que
no pasaría nada malo si dejaba que Joel disfrutara de unos días más de
tranquilidad.
Ignorando a propósito la sensación de culpa que le provocaba una
picazón en la garganta, Robert comenzó a cortar un gran jamón.
***
Dos días después, Joel finalmente partió hacia el castillo del conde
Grey.
Robert intentó disuadirlo, diciendo que era demasiado pronto para que
subiera a un carruaje ya que la herida aún no estaba completamente
curada, pero no pudo doblegar la voluntad de Joel.
Sobre todo, como cada vez llegaban más turistas, el príncipe permitió
a Joel irse al castillo del conde Grey como deseaba.
La noche antes de irse, Joel llamó en secreto al señor Bennet. Podría
haber sido peligroso ya que el príncipe estaba durmiendo en la misma
cama, pero afortunadamente, el príncipe, que estaba muy cansado, no se
dio cuenta de que Joel se escabullía.
El príncipe había estado encerrado en la mansión subterránea durante
los últimos cinco días, incluso saltándose las comidas.
Intrigado, Joel preguntó qué estaba haciendo exactamente allí abajo,
pero el príncipe no respondió. Solo dijo que se lo diría más tarde. De
hecho, no podía detener al príncipe, que estaba cansado, para hablar
largo y tendido.
El príncipe se levantaba temprano en la mañana y se apresuraba a bajar
al sótano, y solo subía cuando estaba a punto de desmayarse.
Con el rostro pálido, se alimentaba de una papilla ligera y luego se
quedaba dormido inmediatamente abrazando a Joel, y tan pronto como
amanecía al día siguiente, desaparecía en la mansión subterránea.
Cuando Joel se despertaba por la mañana, lo único que quedaba era el
manto impregnado del aroma y las feromonas del príncipe. Joel pensó
que debía ser por algún objeto valioso que el demonio había dejado atrás
y no le prestó más atención.
—Papá, ¿cómo va lo que te pedí?
—…Aquí está.
El señor Bennet entregó la bolsa con una expresión melancólica. Joel
la tomó y la abrió para comprobar su contenido.
Había provisiones, dinero, ropa de repuesto, un mapa y una brújula,
todo lo necesario para un largo viaje.
El señor Bennet desplegó el mapa dentro de la bolsa.
—Joel, ¿ves el lugar marcado en este mapa? En tres días, a la
medianoche, un mercenario y un caballo te estarán esperando allí. Ve con
cuidado para que no te descubran. Por supuesto, no tienes que irte si no
quieres.
El señor Bennet tenía una expresión que mostraba que deseaba que
Joel no se fuera. Joel respondió con firmeza: —Eso no sucederá.
—Joel, como eres tan insistente, lo he preparado todo... Sin embargo,
este padre todavía no está seguro de si esto es lo correcto. Si te vas así,
no sabré cuándo podremos volver a vernos y además, parece que al
príncipe también le gustas mucho... ¿Realmente tienes que irte?
Aunque Joel tuviera veinte años, para el señor Bennet seguía siendo
como un niño. Y ahora, que iba a huir en plena noche, no podía evitar
preocuparse.
Sin embargo, como Joel no mostraba signos de cambiar de opinión, el
señor Bennet lo agarró y dijo: —Entonces, mejor vámonos juntos.
—Ay, ya basta, papá. ¿Cómo voy a llevarme a mi viejo padre en un
viaje tan largo? Si voy contigo, será más difícil, así que quédate aquí.
Joel se quejó y apartó la mano de su padre que lo sujetaba.
Este lugar es el fruto de toda una vida de trabajo de mi padre. Mi padre
no puede vivir sin este lugar. Pensé en llevármelo a la fuerza por miedo a
que el conde Lucas lo molestara si lo dejaba atrás, pero ya no era
necesario.
Joel tenía la intención de dejarle una carta al príncipe pidiéndole que
cuidara de su padre. Ya que lo había rescatado, el príncipe también le
haría ese favor.
El príncipe era una persona que valoraba la lealtad y Joel confiaba en
él. Si el príncipe cuidaba de su padre incluso después de que él se fuera,
el conde Lucas no podría hacerle nada a su padre.
—Papá es demasiado viejo para empezar una nueva vida en otro lugar.
Además, ¿serías capaz de dejar atrás esta mansión donde quedan los
últimos rastros de mamá?
—Pequeño, para tu padre no hay nada más importante que tú.
Joel miró fijamente a su padre.
De repente, se dio cuenta de lo viejo que estaba su padre. El valiente
héroe que una vez llevaba una armadura y luchaba en los campos de
batalla, se había convertido en un anciano tan tonto como para entregar
su alma al demonio que le hizo encontrarse con su difunta esposa. Joel se
sintió profundamente triste.
Si no estuviera embarazado, tal vez habría tenido la opción de
quedarse aquí como Joel Bennet, vivir en paz sin la garra del conde
Lucas gracias a la ayuda del príncipe...
Joel pensó con amargura.
Pero como quedó embarazado inesperadamente, la única manera de
vivir con libertad era escapar antes de que su vientre creciera.
—Cuando llegue y la situación se calme, te escribiré con frecuencia. Y
si quieres verme, ven al reino de Palein cuando quieras. Estaré bien con
el bebé, así que no te preocupes demasiado.
Joel abrazó a su padre por última vez. Tal vez ese fuera el último
momento en que viera el rostro de su padre. Quería llorar, pero no podía
mostrar su debilidad frente a su padre, que estaba preocupado por él. Joel
contuvo las lágrimas y dijo con voz fuerte:
—Papá, ese maldito John no está muerto, así que no vuelvas a poner
un pie en el sótano. No necesitas seguir ganando dinero con esa mansión
subterránea. Si intentas hacer algo por un poco de dinero y te encuentras
con él otra vez, podría ser un desastre. Y si, por alguna posibilidad, ese
demonio aparece, debes informar al príncipe de inmediato, ¿de acuerdo?
El señor Bennet no respondió.
Mirando a su padre con una expresión incómoda, Joel sintió ansiedad.
El señor Bennet no respondió. Mirando a su padre con una expresión
incómoda, Joel sintió ansiedad.
—¿Papá? ¿Por qué no respondes?
—Ah, está bien. Haré lo que dices. Pero Joel, si el Abad John... no, si
el demonio John vuelve a aparecer, ¿el príncipe lo ejecutará?
El señor Bennet por hábito estuvo a punto de llamar al demonio John
por su título honorífico, pero inmediatamente lo corrigió cuando Joel lo
miró con los ojos entrecerrados.
—¡Por supuesto! ¿Vamos a dejar vivir a un demonio?
—Ja, ja, pero de alguna manera fue él quien te salvó, así que este
padre no cree que sea necesario matarlo...
Al ver a su padre balbucear, Joel sintió cómo se le secaban las
lágrimas. ¿Acaso su padre, después de todo lo que había pasado, todavía
sentía lealtad hacia ese demonio?
Sabía que no debía pensar así de su padre, pero el señor Bennet tenía
una forma de volver a las personas locas.
Después de escuchar una regañina de 30 minutos por parte de Joel, el
señor Bennet prometió a regañadientes que si volvía a encontrarse con el
demonio John, no hablaría con él y se lo informaría inmediatamente al
príncipe.
A juzgar por su expresión, parecía tener algo más que decir, y Joel
dudaba de que el señor Bennet realmente se opusiera a John en el futuro,
pero decidió que su padre no era tan tonto como para volver a confiar en
ese demonio después de haber estado a punto de entregarle su alma, y
también el alma del príncipe heredero y de su hijo.
Capítulo 70
La mañana en que partiría hacia el castillo del conde Grey llegó.
Joel quería que ese momento, que podría ser una despedida eterna,
fuera lo más afectuoso y romántico posible, pero desafortunadamente, las
cosas no se desarrollaron como él deseaba. Desde el momento en que el
príncipe abrió los ojos, comenzó a aferrarse a él de manera pegajosa.
El príncipe obligó a Joel a sentarse en la cama mientras se preparaba
para salir, y se arrodilló frente a él. Luego, presionando las rodillas de
Joel para que no pudiera moverse, suplicó: —Al irte a la tierra del conde
Grey, tendremos que estar separados hasta que todo termine... ¿De
verdad no te importa estar lejos de mí? A mí sí, a mí sí me importa—. Y
sus ojos brillaron como un cachorro abandonado.
—¿No dijo su Alteza que sería mejor ir al amplio castillo del Conde
Grey para evitar las molestias de los turistas? Por favor, déjame pasar.
Mis piernas se están entumeciendo.
—Es cierto que desde que llegaron tantos turistas, han surgido algunas
molestias, pero no creo que por eso tengas que irte de aquí... ¿Podrías
pensarlo otra vez?
Ante la pregunta caprichosa del príncipe, Joel no podía responder con
sinceridad.
No podía asegurar cuándo tendría otra oportunidad de escapar si no era
hoy. Pronto su vientre empezaría a crecer, y si se quedaba junto al
príncipe y él se enteraba de su embarazo, sería el fin.
Además, cuanto más tiempo pasaba junto al príncipe, más difícil se le
hacía dejarlo.
Si seguía así, corría el riesgo de revelar su embarazo y quedarse
atrapado para siempre al lado del príncipe. Entonces, volvería a ser la
marioneta del conde Lucas, viviendo una vida en la que tendría que
preocuparse constantemente por perder el afecto del príncipe. Joel sabía
que tenía que irse antes de que su tonto deseo creciera aún más.
—Hay miradas que me observan como si fuera un espectáculo. No
puedo descansar en paz aquí. ¿Por qué solo piensas en ti?
En lugar de decir honestamente que tenía que escapar antes de que él
se enamorara más de él, Joel eligió culpar al príncipe con un tono
desagradable. Lo hizo con el cálculo de que el príncipe se molestaría y lo
dejaría ir.
Realmente no quería hablarle así al príncipe, pero al ver su mirada
lastimosa, no pudo evitar pensar tonterías como: —Entonces, ¿debería
irme mañana...?
Al ver que Joel se ponía tan nervioso, el príncipe retrocedió como si
hubiera cometido un gran error.
—Ah... Ya veo. Fui demasiado impulsivo. Te pido disculpas. Lo
siento.
Joel hubiera preferido que se molestara por su grosería, pero ocultando
con esfuerzo su arrepentimiento, se levantó de su asiento.
—Yo también iré al castillo del conde Grey tan pronto como se
resuelvan los asuntos aquí, así que asegúrate de estar bien allí.
Justo antes de que Joel saliera de la habitación, el príncipe le colocó un
nuevo manto sobre los hombros.
El manto, hecho con piel de zorro blanco, era demasiado grande para
Joel, ya que había sido hecho a la medida del príncipe heredero. Después
de abrochar el manto, Joel parecía estar envuelto en un edredón de
algodón.
Gracias a que había rociado el manto con una gran cantidad de
feromonas, Joel comenzó a retorcerse como si estuviera recibiendo una
ducha de feromonas.
Al ver a Joel retorcerse, el príncipe se sintió aliviado. Habiendo
rociado el manto con feromonas, un material que las absorbía bien, como
una medida temporal debido a la insistencia de Joel en irse a pesar de su
embarazo, el efecto fue mucho mejor de lo esperado.
Que un omega embarazado necesitara las feromonas de su pareja era
un conocimiento común. Si Joel se iba a la tierra del conde Grey, no
podría darle un baño de feromonas durante un tiempo.
Por supuesto, como le había dado baños de feromonas a Joel de vez en
cuando durante los últimos cinco días y tres noches, no creía que Joel
tuviera ningún problema si se separaban unos días... Pero no estaba de
más tomar medidas.
El príncipe heredero Carlyle no pudo ocultar su sonrisa tonta al ver a
Joel tambaleándose envuelto en el suave manto.
La apariencia felina y delicada de Joel combinaba perfectamente con
el pelaje blanco y suave del manto. Su pequeño cuerpo, lo
suficientemente pequeño como para ser envuelto por completo en el
manto de piel blanca, sus ojos claros que brillaban con una luz inocente y
su acción de frotar su mejilla contra el manto para sentir su feromona
eran extremadamente adorables.
Al verlo ronronear como un gatito envuelto en una suave piel, no
quería dejarlo ir, pero no podía retener a Joel, quien no iría solo y decía
que no podía descansar cómodamente aquí debido a las miradas. El
príncipe cargó a Joel y salió de la habitación.
En el muelle del otro lado, el carruaje que Joel tomaría estaba
esperando. Benjamín y Robert ya habían subido a sus respectivos
carruajes y caballos hacía mucho tiempo.
Después de una larga espera, cuando se abrió la puerta de la mansión,
los siervos de la finca, que se habían alineado para despedir a Joel,
intentaron vitorear. Sin embargo, al ver la inesperada escena de Joel
saliendo en los brazos del príncipe, se quedaron paralizados.
Después de quedarse paralizados con los ojos bien abiertos por un
momento, pronto comenzaron a murmurar con caras sorprendidas. Al ser
vistos de esta manera por los siervos de la finca a quienes había conocido
desde la infancia, incluso Joel, que no tenía vergüenza, no pudo evitar
sonrojarse.
Joel, con el cuerpo relajado por las feromonas, se esforzó por moverse
y miró a su alrededor. No solo los siervos de la finca, sino también los
turistas que habían acudido se habían reunido en la colina para
despedirlo.
Entendió que el príncipe había ordenado que se fueran, pero al parecer,
habían estado acampando en el bosque para no ser vistos por el príncipe,
esperando que se les permitiera entrar en la mansión subterránea. Joel,
incapaz de soportar la vergüenza, dijo al príncipe con voz temblorosa:
—Yo- yo puedo caminar. Bájame, por favor…
—No tienes fuerzas en las piernas. Está bien.
Las palabras del príncipe provocaron una ola de asombro entre la
multitud. El príncipe simplemente quiso decir que Joel tenía dificultades
para caminar debido a las feromonas, pero sus palabras eran muy
susceptibles a malentendidos. El rostro de Joel se puso aún más rojo,
pero el príncipe, sin darse cuenta del incómodo ambiente, continuó
caminando.
Joel sintió un impulso abrumador de agarrar del cuello a cualquiera de
los siervos que apartaban la mirada asustados al encontrarse con su
mirada y gritarles a los cuatro vientos que la razón por la que no podía
mover las piernas no era la que ellos pensaban, sino simplemente por las
feromonas.
De hecho, decir que habían tenido una conexión a través de las
feromonas era prácticamente lo mismo que decir que habían tenido
contacto sexual, así que era una explicación obvia. Sin embargo, como
no podía mover el cuerpo en absoluto, como había dicho el príncipe, no
podía hacer nada más y, con las manos temblorosas, se llevó el manto a
la cara.
—Descansa bien allí. Yo también iré pronto.
El príncipe, que había sentado a Joel en el asiento del carruaje, besó su
mejilla sonrojada y habló en un tono suave. Con tantas miradas
observando, Joel, que se sentía avergonzado, se dio cuenta de que ya
había sido malinterpretado y se dejó caer. Con resignación, asintió con la
cabeza.
—…Sí.
—Buen chico. Y... no olvides que tengo algo que decirte.
—Sí.
La mano llena de cariño acarició la suave mejilla de Joel y luego se
apartó. El príncipe besó suavemente los labios de Joel.
Joel quería aferrarse el mayor tiempo posible a ese beso que podría ser
el último, pero no estaba en condiciones ni tenía fuerzas para hacerlo.
Siguiendo con los ojos llenos de nostalgia los labios del príncipe que se
habían separado, Joel se arrepintió de haber perdido el tiempo
discutiendo con el príncipe en la habitación y no haber aprovechado para
besarlo.
Finalmente, la puerta del carruaje se cerró. Con el príncipe
despidiéndose con la mano, el carruaje que llevaba a Joel se alejó de la
finca de Sir Bennet.
Aunque se habían sorprendido por las muestras de afecto del príncipe,
las personas que recordaban que Joel era el héroe que había derrotado al
demonio y había salvado al príncipe le arrojaron flores y lo ovacionaron
mientras se despedían de él.
Dentro del carruaje, Joel parpadeó incómodo. Los vítores casi lo
dejaban sordo. Hacía mucho tiempo que no recibía tal bienvenida de la
gente, y se sentía extraño. Cuando fue adoptado por el conde Lucas y se
fue de la finca hace tres años, los siervos le habían arrojado flores y le
habían bendecido para su futuro, pero ahora, no solo los siervos, sino
también los nobles altaneros no escatimaban en elogios.
El interior del carruaje estaba lleno del aroma de bergamota, que lo
hacía sentir verdaderamente feliz, y fuera del carruaje resonaban los
vítores y los elogios hacia él.
Había pensado que nunca más recibiría el afecto de la gente, así que de
alguna manera se le humedecieron los ojos.
Con un leve sentido de satisfacción, Joel cerró los ojos.
Capítulo 71
La vida en la capital era completamente extraña para él. En un entorno
que había cambiado de la noche a la mañana, la única persona en quien
Joel podía confiar era su padre adoptivo, el conde Lucas. Aunque el
mayordomo, Wickham, quien había cuidado de Joel desde pequeño, lo
había seguido a la capital para protegerlo, el anciano estaba tan ocupado
tratando de evitar que los sirvientes de la mansión de Lucas lo insultaran
que no podía cuidar adecuadamente de Joel.
Mientras incluso los sirvientes de la mansión de Lucas despreciaban a
Joel, su padre adoptivo al principio mostró una actitud
escalofriantemente amable hacia él. Bajo la presión de adaptarse
rápidamente a la vida en la capital, Joel naturalmente comenzó a creer y
seguir ciegamente las palabras de su padre adoptivo como si fueran la
ley.
Se sentía eufórico con cada elogio de su padre adoptivo y se sentía
como si el mundo se derrumbara cada vez que su padre suspiraba.
Desafortunadamente, con el paso del tiempo, su padre adoptivo dejó de
sonreír con frecuencia y suspiraba cada vez más. A pesar de eso, Joel
soportaba el hambre y la tristeza, siguiendo las duras enseñanzas de su
padre adoptivo, pero su padre adoptivo nunca más volvió a mostrar la
amable actitud que había tenido al principio.
En realidad, todo era solo una manipulación para hacer que Joel se
sintiera inquieto, pero Joel, que tenía solo 17 años en ese momento, no
pudo ver a través de las intenciones de su padre adoptivo.
Tal como su padre adoptivo había planeado, Joel comenzó a sentirse
culpable de haber decepcionado a su padre.
Y poco después de tener un desafortunado primer encuentro con el
príncipe, Joel experimentó un terrible abuso por parte de su padre
adoptivo.
Fue aproximadamente un mes después de que el príncipe regresara al
país. Joel había fracasado en causar una buena impresión en el príncipe,
pero a pesar de eso, su padre adoptivo no se rindió en presentarlo al
príncipe que había regresado. Después de visitar a varios parientes de la
familia real, logró sobornar con dinero al duque Ernest, el hermano
menor de la emperatriz.
Por mediación del duque Ernest, Joel tuvo una reunión de té con el
príncipe en la mansión del duque en la capital, fingiendo ser una
casualidad. Sin embargo, el príncipe simplemente se limitó a tomar el té
con una actitud fría.
Al principio, sin saber nada, había tirado del brazo del príncipe, pero
ahora Joel comprendía claramente que la diferencia entre su estatus y el
del príncipe era como el cielo y la tierra. Tan pronto como terminó de
beber su té, el príncipe se levantó, y Joel, desanimado por su fría actitud,
no se atrevió a seguirlo y tirar de su brazo otra vez.
Así, después de desperdiciar la oportunidad que su padre adoptivo
había obtenido a cambio de un soborno enorme, Joel tuvo que regresar
temblando de miedo a la mansión del conde Lucas. Tan pronto como
regresó a la mansión, el criado que lo acompañaba corrió al estudio del
conde. Era evidente como contaría con un tono muy desagradable lo que
había sucedido en la mansión del duque.
Esa noche, en la cena, Joel no pudo comer nada. Esto se debía en parte
a que la gente de la familia y los sirvientes de la mansión lo miraban con
una frialdad inigualable, pero también porque la ama de llaves había
dejado con un golpe seco un tazón de gachas ásperas, que ni siquiera los
campesinos comerían, como si fuera una comida.
Ni siquiera había las papas y manzanas que solía comer. La áspera
gacha hecha con salvado de trigo era algo que solo se daba a los
animales, excepto en tiempos de hambruna. Joel no pudo más que
juguetear con la cuchara antes de levantarse de la mesa.
A altas horas de la noche, su hermano mayor, Isaac, vino a su
habitación. Sin ocultar su mirada de desdén, le dijo que su padre lo
llamaba a su estudio. Joel, temblando de culpa por haber desperdiciado la
oportunidad que su padre adoptivo había trabajado arduamente para
conseguir, corrió al estudio.
Lo que encontró en el estudio de su padre adoptivo fue la espalda de
este, de pie con las manos a la espalda.
—¿Cómo has podido desperdiciar una oportunidad así...? Joel, estoy
muy decepcionado.
La atmósfera en el estudio era tan tensa como el hielo. Sirvientes
robustos lo miraban fijamente con látigos y palos, asfixiándolo. Parecía
que tan pronto como su padre adoptivo diera una orden, lo golpearían.
Cada vez que había decepcionado a su padre adoptivo en el pasado,
había recibido una paliza severa, pero esta vez, parecía que su padre
adoptivo no se sentiría satisfecho con solo azotarlo él mismo.
Joel sabía muy bien cuánto dinero había gastado su padre adoptivo
para conseguir esa oportunidad. La idea de que podría morir a golpes lo
hacía temblar de miedo. Inmediatamente se arrodilló y se arrastró hacia
su padre adoptivo, que todavía le daba la espalda.
—Padre, lo siento. Por favor, dame una oportunidad más. Nunca más
te decepcionaré. Por favor, perdóname esta vez...
—¿Otra oportunidad? ¡Vaya, qué broma más aburrida! ¿Por qué no
mejor me pides que arruine toda la fortuna de esta familia? ¿Sabes
cuánto vale el oro que le di al duque Ernest? ¡Ni vendiendo la mísera
finca de tu verdadero padre podrías pagar esa deuda!
Su padre adoptivo lo miró con furia. Con un grito como un trueno, Joel
sintió su corazón hundirse.
—¿Y mientras el príncipe heredero tomaba su té con una expresión de
indiferencia, ni siquiera intentaste decir una sola palabra? ¿No pensaste
en liberar tus tan preciadas feromonas? ¡Eres un tonto y un inútil!
—E-estaba tan asustado del príncipe...
—¿Tenías miedo del príncipe? ¿El príncipe te gritó? ¿O acaso te puso
un cuchillo en el cuello? No, ¿verdad? ¿Entonces por qué te quedaste
sentado con la boca cerrada como un mudo?
El conde Lucas, aún más enfurecido por la explicación de Joel, lo
pateó en el hombro. Joel gimió, —¡Ugh...!— y cayó al suelo, pero
ninguno de los sirvientes alineados en dos filas en el estudio lo ayudó a
levantarse.
Después de suplicar durante mucho tiempo agarrando los pantalones
de su padre adoptivo, Joel finalmente pudo apaciguar su ira.
—...Creo que ya has entendido lo suficiente tu error, así que dejaré de
regañarte. Pero tendrás que ser castigado. Si tenías miedo de
simplemente quedarte en silencio, este padre te dirá a qué tienes miedo
realmente.
—¿C-castigo?
Joel, que se había tranquilizado al pensar que finalmente había
terminado el castigo, no pudo evitar poner una cara de miedo de nuevo al
escuchar esa palabra.
—¿Qué? ¿No quieres?
—No, padre. Acepto cualquier castigo que me imponga.
—Así se habla.
Asintiendo con la cabeza como si fuera lo más natural del mundo, su
padre adoptivo ordenó a los sirvientes: —Llévenselo.
Joel fue agarrado por el cuello por la mano de un sirviente robusto y
arrastrado bruscamente. Aunque había dicho que aceptaría el castigo de
su padre, no pudo evitar gritar y llorar, —¡Padre! ¡Sálveme! ¡Lo siento!
¡Padre! ¡Padre!— ante la actitud violenta del sirviente.
Joel fue arrastrado así al sótano y encerrado en un pequeño almacén.
—¿Por qué... por qué me haces esto? ¡Sácame de aquí!
—El conde dice que pases toda la noche aquí reflexionando sobre tus
errores. Dice que no es justo que tú, que has cometido un error, duermas
en una cama suave.
Joel, que golpeaba la puerta, miró a su alrededor con ojos asustados.
Estaba tan oscuro que no podía ver ni siquiera un paso adelante. Después
de tantear la pared con las manos, se dio cuenta de que el espacio en el
que estaba encerrado era apenas lo suficientemente grande para sentarse
en cuclillas.
—¿Cuándo podré salir?
—Cuando el joven se arrepienta lo suficiente, el conde lo sacará.
—Entonces, ¿cuándo será eso...? Espera, ¡no te vayas!
Aunque renunció a todo su orgullo y suplicó, no pudo detener los
pasos que se alejaban. Joel se quedó solo en ese espacio asfixiante.
La prisión, donde no podía ver ni un paso adelante, era como un ataúd.
Nadie se daría cuenta si moría así. Ahogado por el miedo, Joel comenzó
a respirar con dificultad. Quería ver a su papá y volver a la pacífica finca.
No quería morir así...
***
—¡No… no…!
Joel, que vagaba por una pesadilla negando con la cabeza, finalmente
abrió los ojos.
Por la ventana del carruaje entraba la cálida luz del sol. Con los ojos
llenos de lágrimas, Joel miró a su alrededor confundido y recordó que se
había quedado dormido mientras se dirigía al castillo del conde Grey.
La pesadilla que acababa de tener no era nada sorprendente. Su padre
adoptivo lo había encerrado en el sótano varias veces después de eso, con
el pretexto de castigarlo. Joel, que había sufrido hasta casi volverse loco
allí, a menudo tenía pesadillas en las que estaba encerrado en el sótano
como ahora.
Estar encerrado en el sótano era el castigo que más temía Joel. Podía
soportar los azotes, las bofetadas o incluso tener que confesar su propia
estupidez frente a los humildes sirvientes y ser ridiculizado por ellos,
pero estar encerrado en el sótano y mirar interminablemente una puerta
que nunca se abría era tan doloroso que preferiría estar muerto.
—¿Cuándo demonios podré liberarme de esa pesadilla? —se
preguntó Joel, frotándose los ojos con las manos húmedas por el sudor
frío.
Al día siguiente de salir del sótano, su odioso padre adoptivo lo
abrazaba y lo consolaba, diciéndole que le daba ese castigo porque quería
que su hijo tonto reflexionara.
En su vida anterior, Joel creía firmemente que recibía ese castigo
porque había decepcionado a su padre adoptivo y que si lo hacía bien, ya
no tendría que sufrirlo. Pensando en ello ahora, se daba cuenta de lo
terriblemente tonto que había sido.
Después de experimentar la muerte y regresar, Joel pudo ver a través
de la naturaleza vil y codiciosa de su padre adoptivo.
Quería despreciar a su malvado padre adoptivo que lo había engañado
y utilizado, pero sinceramente, Joel seguía teniendo miedo de él, tanto en
el pasado como ahora. La flecha de la ira finalmente se volvió hacia sí
mismo, y Joel se odiaba más a sí mismo por haber sido manipulado por
su padre adoptivo que a su propio padre adoptivo.
Al recordar el pasado, algo caliente brotó dentro de él. Joel llevó su
mejilla al manto. Y entonces, la feromona de bergamota que dejó el
príncipe le hizo cosquillas en la nariz como si lo consolara.
El príncipe era su única joya. Era su único aliado y la única persona en
la que podía confiar.
Por supuesto, su padre biológico, el señor Bennet, también estaba de
su lado, pero no era alguien en quien pudiera confiar.
Incluso mientras se empapaba las mejillas de lágrimas, Joel mantenía
la claridad mental.
Aunque se entregaba a la fragancia fresca de la feromona, las sombras
del oscuro y húmedo sótano no retrocedían fácilmente. Joel se envolvió
más estrechamente en el manto tratando de ahuyentar el miedo.
Sin embargo, el miedo de sentirse solo en el mundo no mostraba
signos de desaparecer, y finalmente, Joel no tuvo más remedio que
golpear la pared del carruaje y detener al cochero, sollozando como un
niño.
Capítulo 72
—Joel, ¿qué sucede... Joel?
Robert, que se acercó al carruaje, se sorprendió al ver el rostro
empapado en lágrimas de Joel.
¿Acaso le había pasado algo al bebé? Era imposible, ya que el feto
había estado bien incluso cuando se había golpeado la frente y había
luchado contra el demonio bajo tierra, pero...
Preocupado, Robert se bajó del caballo y abrió la puerta del carruaje.
Tan pronto como se abrió la puerta del carruaje, Joel se derrumbó en
los brazos de Robert. La gran mano que le acariciaba la espalda, aunque
no era tan reconfortante como la del príncipe, le sirvió de apoyo. Joel
tembló durante un rato en el cuello de Robert antes de poder calmarse.
—¿Qué pasa? ¿Sucede algo?
Sin darse cuenta, Benjamín se acercó al carruaje de Joel y preguntó
con preocupación.
Joel levantó la cabeza y miró a su alrededor. Benjamín, Félix y hasta
los soldados formaban un semicírculo frente a su carruaje. Al darse
cuenta de que había mostrado una imagen patética ante ellos, Joel se
sonrojó.
No podía decir, ni muerto, que había tenido una pesadilla infantil y
había llorado de miedo frente a tanta gente. Joel se secó las lágrimas con
los puños cerrados.
—No es nada. Sigamos nuestro camino.
—¡Cómo que no es nada! ¿Tienes fiebre o… tiene fiebre, Señor Joel!
¿Le duele algo?
Robert, que normalmente le hablaba de manera informal a Joel, se
corrigió como si se hubiera dado cuenta de su error.
Avergonzado, trató de esconderse en el carruaje, pero Robert lo agarró
y examinó su rostro con preocupación. Joel, con el rostro tan rojo como
una manzana, murmuró para sí mismo que Robert no era de ninguna
ayuda.
Los rostros de la gente que se acercaba se veían cada vez más
preocupados. Robert se disponía a tomar un vendaje para examinar la
herida de su frente. Joel, que quería evadir la situación, abrió a
regañadientes la boca.
—¡De verdad que no es nada! Es solo que...
—¿Solo?
—...Tenía hambre.
Inventó una excusa al azar, pero al decirlo se dio cuenta de que nadie
le creería. Habría sido más convincente y menos tonto decir que había
llorado por una pesadilla. Joel se arrepintió de no haber dicho la verdad.
Sin embargo, para sorpresa de Joel, todos aceptaron su excusa sin
dudarlo. Incluso Félix, que normalmente no perdía la oportunidad de
criticar a Joel, asintió con la cabeza diciendo: —Ya veo. Pero aun así,
llorar así solo porque tiene hambre es un poco... —murmuró Félix, y
Benjamín lo golpeó suavemente en el brazo y negó con la cabeza.
Ante esa reacción, Joel se sintió incómodo.
—Hablando de eso, ya casi es hora de comer.
Cuando Robert lo dijo mientras miraba la hora, uno de los caballeros
del cuarto escuadrón, que había estado observando la situación desde
atrás, dijo: —Entonces, prepararé la comida— y dirigió a los soldados
hacia el carruaje de suministros.
Cuando partieron hacia la mansión del señor Bennet, eran solo ocho
personas, pero ahora el grupo se había triplicado. Esto se debía a que el
príncipe, preocupado por la seguridad de Joel, había enviado a uno de los
caballeros del cuarto escuadrón y a la mitad de los soldados del conde
Grey como escolta para Joel.
Joel, siguiendo a Robert para ir a comer, dejó atrás a Félix y Benjamín,
quienes se felicitaban mutuamente por lo fácil que era encontrar el
camino ya que habían pasado por allí antes.
Joel inventó una excusa diciendo que como tenía feromonas en el
cuerpo, Benjamín podría sentirse incómodo al comer, y así pudo comer
un poco lejos del grupo. Después de terminar de comer y sentarse en una
roca plana para disfrutar de un melocotón en almíbar como postre,
Benjamín se acercó a él.
—Lamento no haber podido visitarte mientras estabas en la mansión
del señor Bennet. Quise ir varias veces, pero pensé que podría
molestarte...
Ante las disculpas de Benjamín, quien parecía avergonzado, Joel se
apresuró a decir: —No te preocupes. Sé que lo dices en serio. No te
disculpes.
En realidad, Joel sabía que Benjamín realmente quería visitarlo.
Después de todo, ¿no fue él quien, en su vida anterior, cuando fue
descubierto su engaño sobre el embarazo y fue desterrado, vino a verlo
arriesgándose a caer en desgracia ante el emperador?
—Hablando de eso, ¿cómo has estado? Parece que no te vi en absoluto
en la mansión de mi padre.
—Yo, bueno, he estado tranquilo en la habitación de invitados con
Félix. ¡Fue un caos cuando el príncipe desapareció y tú también!
Benjamín habló con voz suave. Parecía que, debido a su personalidad
pasiva e introvertida, había estado encerrado en la habitación de
invitados como un ratón muerto por miedo a molestar a los demás.
Incluso trató de disuadir a Félix, quien dijo que iría a escuchar la
situación afuera. Como nadie le había explicado la situación con
claridad, Benjamín ni siquiera sabía que se iría a la propiedad del conde
Grey hasta el día anterior.
Pudo visualizar a Benjamín, inquieto y observando a su alrededor,
encerrado en un rincón de la habitación. Joel no pudo ocultar su
expresión de culpa al pensar que había hecho sufrir a su buen amigo sin
razón.
—De verdad que tú también has pasado por mucho. Todo por mi
culpa... Ah, ¿quieres esto?
Al extenderle una jarra llena de duraznos, Benjamín agitó la mano
diciendo que ya estaba lleno. En cambio, con una cara llena de
curiosidad, preguntó:
—¿Pero, Joel, es cierto que debajo de la mansión del caballero Bennet
había una mansión enorme llena de oro y plata?
Al igual que los demás, Benjamín parecía curioso por lo que había
sucedido en el sótano. Sintiéndose culpable, Joel le explicó a Benjamín
lo que había ocurrido con el Abad John. Por supuesto, no le mencionó
que había muerto y vuelto a la vida, ni que el príncipe heredero había
revertido el tiempo.
Cuando le dijo que la mansión subterránea era incluso más lujosa que
la mansión principal del conde Lucas, la boca de Benjamín se abrió de
par en par. Entusiasmado con la reacción de Benjamín, Joel comenzó a
contar la historia con gestos exagerados. Con su descripción tan vívida,
poco a poco los soldados se acercaron sigilosamente, fingiendo ordenar
el lugar, para escuchar la historia.
Justo cuando estaba llegando a la parte donde John estaba a punto de
deshacerse de su forma humana, Joel notó que el brazo de Félix tenía un
vendaje mal puesto.
—Espera, Benjamín. ¿Aún no le has mostrado a Robert que este chico
tiene una quemadura?
—Ah... No tuve tiempo.
Claro, tanto el médico de la mansión como Robert estuvieron
ocupados atendiendo a él y al príncipe, así que el amable Benjamín, sin
atreverse a pedir ayuda, terminó atendiendo a Félix él mismo. A Joel no
le caía bien el antipático Félix, pero no podía ignorar que se había
lastimado por su culpa.
—Félix, ven aquí y siéntate. ¡Robert! Félix está herido. Échale un
vistazo.
Joel se levantó de un salto. Hizo que Félix se sentara en su lugar y alzó
la voz hacia Robert que estaba ordenando las hierbas medicinales.
Entonces, Benjamín y Félix lo detuvieron al mismo tiempo.
—No, no es necesario que hagas eso...
—Realmente estoy bien.
Joel había elogiado tanto la habilidad médica de Robert que, por el
contrario, ellos desconfiaban de la habilidad de Robert. Joel no solo
obligó a Félix, que intentaba escapar, a sentarse a la fuerza, sino que
también, diciendo —¿Estás bien? ¿No dijiste que también te habías
lastimado la espalda? A ver—, incluso comenzó a quitarle la camisa a
Félix.
Por supuesto, fue una acción que surgió de una preocupación pura, sin
ninguna mala intención. Mientras Félix, que de repente se había quedado
sin camisa a plena luz del día, se cubría el pecho con los brazos cruzados
y se sentía avergonzado, Joel examinó cuidadosamente su espalda
quemada y murmuró: —Vaya, es grave. Tardará mucho en curarse...
Debido a que estaba ocupado comprobando el estado de Félix, Joel se
olvidó por completo de explicar lo que había sucedido en la mansión
subterránea. Los soldados que se habían reunido para escuchar la historia
de Joel querían agarrar a Joel por el cuello y preguntarle cómo diablos
habían lidiado con ese tipo que se había transformado en un demonio,
pero... No podían permitirse ser tan irrespetuosos con Joel, el hijo
adoptivo del conde Lucas y el amante del príncipe heredero.
—Veamos... ¡Vaya, la quemadura es bastante grave! Debió doler
mucho. ¿Por qué no lo dijo antes?
A diferencia de las preocupaciones de Benjamín y Félix, Robert, con
habilidad experta, retiró el vendaje torpemente envuelto y aplicó un
desinfectante y una pomada en el área afectada. Una vez que Robert
terminó el tratamiento, Félix se sintió mucho más relajado.
—Wow, realmente tienes una gran habilidad médica.
—De nada.
Parado junto a Robert, que respondía con humildad, Joel intervino,
diciendo: —¿Ves? Te dije que este amigo tiene una gran habilidad
médica.
Sintiéndose satisfecho, Joel notó que Benjamín y Félix se estaban
mirando con una mirada significativa.
Capítulo 73
—…¿Qué? ¿Acaso no me creyeron?
Ante la aguda pregunta de Joel, Benjamín y Félix, sorprendidos,
exclamaron con una actitud demasiado rígida.
—¿Cómo? ¿Por qué íbamos a no creerte?
—¿Cómo podríamos no creerte?
Joel miró a Benjamín con desconfianza mientras reía torpemente,
pensando que algo no estaba bien. Sin duda, había algo sospechoso.
Al ver que Joel no apartaba su mirada inquisitiva, Benjamín, como si
quisiera cambiar de tema, preguntó apresuradamente: —Joel, mejor
continúa con la historia del demonio. Dicen que derrotaste a un demonio,
¿es cierto?
—¿Eh? Ah, eso...
Justo cuando Joel, engañado por una simple artimaña, estaba a punto
de empezar a hablar, Robert intervino sin darse cuenta: —Señor Joel, ya
hemos descansado mucho tiempo. Creo que deberíamos partir.
—Ah... Es cierto que la comida se alargó. No hay nada que hacer, te
contaré el resto más tarde. Vamos, vámonos.
Si el horario se retrasaba, el plan de escape podría verse afectado. Con
prisa, Joel se marchó en un carruaje.
Los soldados, que finalmente no pudieron escuchar cómo Joel había
derrotado al demonio, no pudieron ocultar su resentimiento hacia Robert.
Sin embargo, Robert, que era un poco lento, no se dio cuenta de nada y,
alegremente, montó a caballo detrás de Joel.
Y, de hecho, ya que había escuchado todo lo que había sucedido en la
mansión subterránea mientras trataba a Joel, no tenía nada que
preguntarle.
***
El grupo de Joel llegó al castillo del conde Grey sin mayores
contratiempos en solo tres días. El conde Grey, que había partido hacia
su castillo un día antes por orden del príncipe, recibió a Joel y a su grupo
con una cálida bienvenida.
El conde Grey estrechó la mano de Joel varias veces. Luego, dándole
unas palmaditas en el hombro como si fueran viejos amigos, le comentó
a los demás en el castillo que él siempre había admirado la inteligencia
de Joel y lo había apreciado desde hacía mucho tiempo.
Joel se sintió desconcertado por la repentina demostración de amistad
del conde Grey, quien nunca había mostrado interés en él antes de que
fuera adoptado por la familia Lucas. Sin embargo, no era tan ingenuo
como para mostrar su descontento.
El mayordomo del castillo llevó a Joel con gran respeto a la habitación
de invitados más grande y mejor del castillo. La habitación donde se
hospedaría Joel era incomparablemente más grande que la de la mansión
de Sir Bennet.
Joel se relajó en el sofá cuando el sirviente del conde llegó para
informarle que se celebraría un banquete por la noche.
Esto era justo lo que Joel había previsto. Sabiendo que el conde Grey
organizaría un banquete, Joel había elegido deliberadamente esta fecha
para su partida, y ahora esbozaba una sonrisa de satisfacción.
Si todos estuvieran borrachos y desorientados, sería mucho más fácil
escapar a escondidas. Revisó cuidadosamente su plan en su mente y
esperó pacientemente a que llegara la noche.
El banquete organizado por el conde Grey fue magnífico, y el castillo
estaba lleno de invitados. Muchos de los turistas que habían visitado la
propiedad de Sir Bennet ya habían acudido al castillo del conde Grey.
Joel pasó un tiempo ajetreado contando sus aventuras y atendiendo
innumerables solicitudes de apretón de manos. Todos querían hablar con
él aunque fuera solo un momento.
Joel se mezclaba entre la gente, riendo y conversando, pero al mismo
tiempo no bajaba la guardia.
Como esperaba, a medida que avanzaba la noche, los invitados se
estaban tambaleando, completamente borrachos. Robert estaba jugando a
las cartas con Benjamín y Félix, con quien parecía haberse hecho amigo
de alguna manera, con la cara enrojecida.
Cuando Joel se acercó a Robert para decirle que quería subir a su
habitación a descansar, Robert dejó las cartas y se levantó. Con la ayuda
de Robert, Joel abandonó el bullicioso salón de banquetes.
Robert llevó a Joel a su habitación y luego regresó al salón. Con el
oído pegado a la puerta de la habitación, Joel escuchó hasta que los pasos
de Robert se alejaron. Entonces, con una rapidez asombrosa, hizo una
bola con las sábanas para simular que estaba durmiendo, se puso ropa
oscura y tomó la maleta que su padre le había preparado.
Una vez que estuvo listo para irse, Joel se sentó en el escritorio, sacó
un bolígrafo y un papel. A pesar de estar huyendo, no era correcto irse sin
dejarle ninguna carta al príncipe.
Además, estaba seguro de que habría un gran alboroto. Como Joel no
quería causar una conmoción innecesaria por su culpa, tomó el bolígrafo
y escribió una carta cuidadosamente.
[Su Alteza, el Príncipe Heredero,
Me estoy marchando porque estoy harto de la vida en la capital. Por
favor, perdóname por desaparecer así de repente.
Sé que te sorprenderá recibir esta carta, pero si lo piensas bien, mi
partida será lo mejor para tu futuro. Estoy seguro de ello.
Te agradezco mucho por tu amabilidad hacia mí y por haberte
esforzado tanto en el asunto de mi padre. Sé que no estoy en posición de
pedirte nada, pero por nuestra amistad, ¿podrías echarle un vistazo de
vez en cuando para asegurarte de que nadie esté molestando a mi papá?
De todos modos, yo no era la pareja adecuada para ti, así que espero
que no te sientas demasiado triste por mi repentina despedida. Cuídate
mucho y sé feliz siempre. Adiós].
Joel quería despedirse de la manera más tranquila posible.
Por eso, mientras escribía la carta, tuvo que esforzarse mucho para no
dejar escapar los vestigios de apego y amor no correspondido que aún
quedaban en lo profundo de su corazón.
No fue nada fácil. Especialmente cuando escribió: —Mi partida será lo
mejor para tu futuro—, estuvo a punto de dejar caer una lágrima sobre la
carta, así que tuvo que levantar bruscamente la cabeza.
Una vez terminada la carta, Joel se rascó la mejilla y la volvió a leer.
Se sentía muy avergonzado de su pésima redacción, pero pensó que, al
menos, era una despedida no demasiado mezquina.
Aunque estaba bastante satisfecho, sentía algo raro. —Siento que
olvidé algo...—, pensó, y de repente recordó al viejo mayordomo,
Wickham. Joel se dio una palmada en la frente y exclamó: —¡Ah, claro!
[P.D. Y si no estás muy ocupado, ¿podrías ayudar a mi mayordomo,
Wickham, que se está quedando en la mansión de la capital del Conde
Lucas, a regresar de la finca de mi padre...? Es como un abuelo para mí,
así que te lo ruego].
Después de pedirle que cuidara de su mayordomo, Wickham, no tenía
nada más que decir. Con una mezcla de alivio y tristeza, Joel dejó la carta
bien visible en el escritorio y se levantó.
Ya era hora de irse. Sabía que el tiempo apremiaba, pero se quedó un
rato parado con la maleta en la mano. Se sentía incapaz de moverse,
pensando en que se iba solo, dejando atrás a su familia, amigos y a la
persona que amaba.
—No, no estoy solo.
Joel se acarició el vientre con una falsa bravura. Pensar en el bebé le
daba un poco de fuerza. Echó una última mirada a la habitación.
Su mirada, aún llena de nostalgia, se posó en la capa de zorro blanco
que estaba tirada en el sofá. Sin darse cuenta, Joel se acercó a la capa.
Al extender la mano y acariciar la suave tela, una sensación agradable
le cosquilleó la piel. A pesar de que habían pasado tres días, el aroma del
príncipe aún impregnaba la capa.
Aunque había estado rodeado del aroma del príncipe durante casi un
mes, Joel seguía anhelándolo. Dejó la maleta y abrazó la capa.
Al recordar la imagen del príncipe colocándole la capa sobre los
hombros con ternura, sintió que estaba a punto de llorar.
En ese momento, el príncipe no tenía ni idea de que aquel era nuestro
último encuentro cara a cara. Llegó a rogarme con desesperación: [—
¿De verdad no te importa estar lejos de mí? A mí sí, a mí sí me importa].
Me sentí un poco mal por el príncipe.
De repente, recordé lo extremadamente ansioso que se puso cuando
desaparecí durante el viaje. ¿Realmente estaría bien si desapareciera así?
Esta despedida tan repentina parecía demasiado egoísta.
Aunque dudaba si debía irme de verdad, decidí que el príncipe, alguien
tan ocupado, me olvidaría pronto.
No podía llevarme una capa tan grande mientras huía, pero me daba
mucha pena dejarlo atrás. Mientras jugueteaba con el borde de la capa
tratando de olvidarlo, terminé cortando un pequeño pedazo con mi daga
y lo guardé en mi bolsillo.
Me sentí mal por dañar una capa tan valiosa, pero pensé que para el
príncipe no sería una pérdida tan grande. La suave y cálida tela,
impregnada del aroma del príncipe, calmó un poco mi tristeza. Joel se
frotó los ojos llorosos y salió de la habitación con determinación.
Capítulo 74
Joel, con una capa negra con capucha, caminaba apresuradamente. Por
suerte, no fue difícil salir del bullicioso castillo del conde Grey. Al llegar
al lugar indicado en el mapa, vio a un hombre apoyado en un caballo,
fumando un cigarrillo con una actitud despreocupada.
—¿Eres Joel?
El hombre, al ver a Joel, lo saludó con un tono brusco.
—Sí, pero...
Joel respondió con un tono vacilante mientras lo observaba. El hombre
tenía una cara ruda y parecía tener al menos el doble de la edad de Joel.
No se sabía cuándo había sido su última afeitada y además olía a alcohol,
lo que le daba una primera impresión terrible.
Joel miró alternativamente al hombre, en quien no podía confiar ni un
poco, y a su viejo y destartalado carruaje.
—Pero, ¿eso es un carruaje?
—¡Qué exigente eres para alguien que huye en plena noche! Paga más
dinero si quieres algo así.
El hombre apagó su cigarrillo con fastidio y le tendió la mano a Joel.
—Llámame Jack.
Joel miró con desagrado la mano peluda del hombre. Sabía que Jack
sabía que él era un noble, así que no entendía por qué se comportaba de
manera tan grosera. Era obvio que lo menospreciaba por ser joven,
omega y estar huyendo en plena noche. Joel comenzó a dudar de haber
hecho bien al pedirle a su padre que preparara su huida.
Joel estrechó la mano del hombre a regañadientes y miró el sucio
carruaje con desagrado.
—Vamos, súbete ya. Nos van a atrapar.
El hombre soltó un gruñido de impaciencia.
—Está bien, está bien. Ya subo.
Aunque no tenía ninguna gana, la situación era urgente, como había
dicho el hombre. Murmurando para sí mismo: —Qué pesado es este tipo
—, Joel subió al carruaje con una expresión de desagrado.
Una vez que se aseguró de que Joel estaba a salvo, el hombre montó a
caballo. Aferrado al carruaje que se movía con sacudidas, Joel miró con
preocupación las uniones. Parecía que se pudiera romper en cualquier
momento. Dudaba que pudiera llegar al reino de Palein, o incluso salir
del condado de Grey en ese trasto.
El viaje empezó con muy mal pie.
7. Un nuevo comienzo
Al día siguiente, Robert abrió los ojos. Tenía un dolor de cabeza
terrible por la bebida. Frunciendo el ceño, pensó: —No importa, la fiesta
de anoche fue muy divertida.
Resultó que se llevaba muy bien con Félix. Y el señor Benjamín, a
pesar de ser un noble, era muy sencillo y adorable. Como Benjamín se
puso a llorar porque perdía todas las partidas de cartas, Félix y él se
unieron para dejarle ganar dos partidas seguidas. Benjamín, sin saber
nada, aplaudía encantado. En cierto sentido, era un joven más ingenuo
que Joel.
—Si hubiera sabido que Félix era tan divertido, debería haber hecho
amistad con él antes.
Mientras se dirigían a la hacienda del señor Bennet, Robert, que casi
se había aburrido hasta morir dentro del carruaje, murmuró para sí
mismo. Se sentía un poco arrepentido de no haber sabido antes que el
señor Benjamín y Félix eran tan agradables, ya que el viaje hubiera sido
mucho menos aburrido.
Como el conde Grey había dicho que la fiesta duraría diez días, solo le
quedaba divertirse y descansar.
—Esta noche volveré a jugar a las cartas—, pensó Robert con
tranquilidad mientras se levantaba de la cama. Tenía muchas ganas de
ver qué manjares prepararía el conde para la cena. La fiesta era
especialmente grandiosa, probablemente porque no sabían cuándo
aparecería el príncipe.
Además, estaba seguro de que el príncipe me recompensaría
generosamente por haber cuidado tan bien de Joel cuando volviera a la
capital. Al principio, mientras viajábamos, me había arrepentido de haber
traído a Joel, pero ahora que todo se había arreglado. Me alegré de
haberlo hecho.
Después de lavarse la cara, Robert recordó de repente que Joel se
había retirado a su habitación durante la fiesta la noche anterior porque
se sentía cansado. Y es que, si lo pensaba bien, el glotón apenas había
probado bocado.
¿Le pasaba algo?
Preocupado, fue directamente a la habitación de Joel.
—¿Joel?
Llamó a la puerta dos veces, pero no obtuvo respuesta. Robert abrió la
puerta con cuidado. Sabía que no debía hacerlo, ya que no era tan
cercano a Joel, pero no pudo evitarlo, temiendo que algo le hubiera
pasado.
Asomando la cabeza en la habitación de Joel, se sintió aliviado al ver
que la cama estaba abultada. Por el tamaño, parecía ser el cuerpo
pequeño de Joel. Pensando que estaba dormido, trató de salir sin hacer
ruido, pero algo le pareció extraño. Robert se acercó lentamente a la
cama de Joel.
—¿Joel...?
Al acercarse, vio que una esquina de la manta estaba enrollada. Al
levantar la manta, no encontró el cuerpo que debería estar allí.
Desconcertado, miró a su alrededor y exclamó: —¿Joel? ¿Dónde estás?
Entonces, vio una hoja de papel colocada cuidadosamente sobre el
escritorio.
Robert se acercó al escritorio, tomando la carta con la esperanza de
que todo estuviera bien. La letra, apretada y firme, era sin duda la de
Joel.
Después de leer rápidamente el contenido, la borrachera se le pasó de
golpe. Agarrando la carta, corrió hacia la habitación del conde Grey con
la mayor rapidez posible.
***
El príncipe se dirigió a la habitación de Joel con aspecto cansado.
Había estado subiendo y bajando escaleras, corriendo de un lado a otro
sin descanso durante más de diez días, y ahora estaba extremadamente
agotado. Se sentía tan débil que creía que se desmayaría en cualquier
momento, pero a pesar de eso, estaba más feliz que nunca. Por fin había
logrado frutos la búsqueda que había durado más de diez días.
Al principio, había pensado que encontraría rápidamente las pruebas
de la transacción entre el conde Lucas y el demonio, pero el demonio
John no era tan tonto como el príncipe había imaginado. Por mucho que
registrara el estudio y la caja fuerte, no encontraba ninguna pista
relacionada con el conde Lucas.
Sin embargo, el príncipe heredero no se rindió, y después de una
búsqueda persistente, finalmente descubrió un paquete de cartas entre el
conde Lucas y Heath Hales detrás de un ladrillo suelto en el pasillo.
El príncipe ya estaba seguro de que el conde Lucas había hecho un
trato con el demonio relacionado con la rebelión de Heath Hales. Si un
astuto como el conde Lucas había recurrido a un demonio para resolver
un problema, eso significaba que el asunto era muy grave.
Además, el emperador le había informado al príncipe que el conde
Lucas había estado enviando grandes sumas de dinero a algún lugar
desconocido cada tres meses durante bastante tiempo. El emperador, que
siempre había sospechado del conde Lucas, lo había estado vigilando en
secreto.
Sin embargo, a pesar de todas sus investigaciones, no pudieron
descubrir a dónde iba ese dinero. Era imposible evadir la vigilancia
constante de la familia imperial solo con recursos humanos.
Todo encajaba si se pensaba que el demonio había encubierto las
acciones del conde involucradas en la rebelión y que lo había estado
extorsionando regularmente. Para poder chantajear a un hombre tan
astuto como el conde Lucas, el demonio seguramente tendría pruebas
concretas de sus fechorías. Basándose en esa hipótesis, el príncipe
comenzó a registrar la mansión del demonio y finalmente logró encontrar
las pruebas de la rebelión del conde Lucas.
En las cartas amarillentas, había pruebas claras de que el conde Lucas
había financiado el reclutamiento de soldados para Heath Hales.
El príncipe guardó las cartas en una caja de madera resistente y las
envió al emperador junto con su propia carta. Tenía muchas ganas de ver
la reacción de su padre al recibirlas.
Según las noticias que llegaban de la capital, la salud del emperador se
estaba recuperando a un ritmo sorprendente. Según el diagnóstico del
médico de la corte, la enfermedad aún no había desaparecido por
completo y seguía teniendo problemas graves como hemoptisis, pero el
emperador ya podía moverse y trabajar durante dos o tres horas al día.
Ahora solo quedaba castigar al conde Lucas. El príncipe también tenía
una venganza personal contra él.
Ahora recordaba perfectamente cosas de su pasado que antes había
olvidado, y además había ordenado investigar cómo había tratado el
conde Lucas a Joel durante los últimos tres años. Tenía la intención de
vengarse por Joel antes de cortar el repugnante cuello del conde.
Una vez que ejecutaran al conde Lucas, podría vivir felizmente con
Joel sin ninguna preocupación. En la carta que envió a su padre, enfatizó
dos veces que no habría podido encontrar las pruebas sin la ayuda de
Joel.
Dado que Joel había contribuido enormemente a la eliminación del
enemigo del emperador, el conde Lucas, y ahora estaba realmente
embarazado de un heredero, su padre obstinado seguramente no podría
oponerse más a su matrimonio con Joel.
—En mi camino de regreso a la capital, debo pasar por el castillo del
conde Grey y llevarme a Joel. Tengo que decirle algunas cosas.
El príncipe murmuró para sí mismo y bostezó. Estaba emocionado de
poder ver a Joel finalmente. Sonrió mientras imaginaba cómo Joel lo
recibiría. Pero alguien llamó a la puerta de su habitación con urgencia.
Capítulo 75
—Su Alteza, lamento interrumpir.
Antes de que el príncipe heredero pudiera responder, el capitán de la
guardia, Abe, abrió de par en par la puerta de la habitación. Ya había
terminado todo lo importante, así que sin importar cuál fuera su asunto,
era una acción muy descortés.
El príncipe, que estaba descansando mientras imaginaba un futuro
feliz con Joel, lo miró con una expresión molesta. Sin embargo, cuando
Abe continuó diciendo: —He recibido un mensaje urgente del conde
Grey—, no tuvo más remedio que enderezarse. Si las noticias venían del
castillo del conde Grey, entonces tenía que ver con Joel.
—¿Qué pasa? ¿Le ha pasado algo al bebé?
Abe había irrumpido descaradamente en la habitación donde el
príncipe estaba descansando, pero ahora no podía abrir fácilmente la
boca. Con los labios moviéndose, parecía tener miedo de sacar a relucir
el asunto principal. Cuando el príncipe heredero lo presionó
preguntando: —¿Qué pasa para que te tardes tanto?—, Abe a
regañadientes presentó su informe.
—…Su Alteza, dicen que el señor Joel ha desaparecido.
—¿Qué?
Durante un tiempo, el príncipe parpadeó con una expresión que
indicaba que no entendía lo que estaba escuchando.
¿Cómo podía Joel, a quien había enviado cuidadosamente envuelto en
una manta suave y acompañado por numerosos guardias, haber
desaparecido de repente?
Cuando finalmente comprendió lo que le habían dicho, el príncipe se
levantó de su asiento de un salto sin darse cuenta. Agarró a Abe por el
cuello y, con una expresión feroz, preguntó: —¿Dices que Joel ha
desaparecido? ¿Hacia dónde?
En lugar de perder el tiempo con el príncipe que parecía no entender,
Abe le extendió un sobre cuidadosamente doblado.
—¿Esto es...?
—Es una carta que el señor dejó para Su Alteza. A la mañana siguiente
de llegar al castillo del conde Grey, Robert fue a la habitación del señor y
lo encontró vacío, con solo esta carta...
—Dame esto.
El príncipe soltó el cuello de Abe y rápidamente tomó la carta. Sus
manos temblaban de nervios mientras lo abría. Luego, sus ojos verdes se
movieron de un lado a otro mientras leía el contenido de la carta.
—Esto es... absurdo...
Después de verificar hasta la última línea de la posdata, el príncipe
murmuró con una expresión de incredulidad.
La carta no era larga, pero el príncipe, aturdido, tuvo que leer varias
veces la misma línea. Incluso después de terminarla, no podía entender la
situación.
¿Por qué razón se iría Joel, que pronto volvería a la capital para vivir
feliz y amado por todos? Y todo eso renunciando al puesto de príncipe
consorte que tanto deseaba.
El príncipe, que había escuchado del señor Bennet y del conde Grey lo
que había sucedido en la mazmorra con los soldados, creía que Joel lo
amaba sinceramente.
Joel, embarazado, había bajado a la mazmorra y había intentado
salvarlo incluso vendiendo su alma al demonio John. Y además, lo había
cargado a cuestas y había subido las innumerables escaleras. Eso no era
algo que se pudiera hacer por un simple afecto.
No podía creer que Joel lo hubiera abandonado.
El príncipe, que daba por sentado que Joel lo estaría esperando con
ansias en la mansión del conde Grey, se sintió como si le hubieran
golpeado por detrás. Se dio cuenta de que no podía quedarse así y con
gran esfuerzo recuperó la compostura.
—¿Están buscando a Joel? ¿Tienen alguna idea de adónde pudo haber
ido?
—Al parecer, cuando enviaron la carta, el conde Grey tampoco había
logrado averiguarlo. Dijeron que habían organizado un gran banquete
para celebrar el regreso seguro del señor Joel, y que todos estaban
demasiado ocupados comiendo y bebiendo. Además de que la guardia
estaba relajada, nadie esperaba que el señor Joel desapareciera de
repente...
—Maldita sea. Prepara todo para salir inmediatamente.
El príncipe maldijo entre dientes y se dio la vuelta. Mientras se
apresuraba a prepararse para partir, Abe trató de tranquilizarlo diciendo:
—Después de todo, ya han pasado dos días, así que seguramente para
ahora ya tendrán alguna pista por allá.
Esas palabras vacías no eran suficientes para calmar su preocupación.
Y además, Joel no estaba solo. Su preocupación lo despertó por
completo. El príncipe se puso una capa sobre su camisa y salió de la
habitación.
—Su Alteza, ¿a dónde va a estas horas? ¿Pasa algo?
El señor Bennet, despertado por el alboroto, siguió al príncipe y
preguntó con preocupación.
—Ah...
Completamente absorto en su preocupación por Joel, el príncipe sintió
de repente que volvía a la realidad al ver el rostro inocente de Sir Bennet.
Tenía que informarle al señor Bennet, el padre biológico de Joel, sobre
su desaparición. Pero al recordar cómo el señor Bennet se había
convertido en un cadáver viviente solo unos días después de escuchar la
noticia de la muerte de Joel en su vida anterior, no pudo abrir la boca.
Además, la repentina partida de Joel también era su propia
responsabilidad.
En la carta, Joel había dejado claro que se iba porque estaba cansado
de la vida en la capital. Y creía firmemente que no era digno de ser el
consorte real. Si hubiera ayudado a Joel cuando lo estaban acosando, él
no se habría visto obligada a planear una fuga tan precipitada.
El príncipe esbozó una suave sonrisa para tranquilizar al señor Bennet.
—Cálmese, señor. No es nada importante. Lamento molestarlo a estas
horas. Tengo un asunto urgente que atender y debo abandonar su
territorio de inmediato. Le agradezco mucho por sus cuidados. No lo
olvidaré.
—No, Su Alteza. Ha sido un honor servirle. Sin embargo, por lo que
he oído, parece que el asunto está relacionado con el territorio del conde
Grey... ¿Le ha ocurrido algo a nuestra Joel?
—Mmm…
Pensó que sería mejor ocultar la desaparición de Joel para no
conmocionar al viejo señor Bennet, pero al pensarlo mejor, no podía
seguir ocultándolo. Al recordar cómo el señor Bennet había sido
perseguido por los guardias del palacio y había llorado desconsolado al
escuchar la noticia de la muerte de su hijo en su vida anterior, el príncipe
heredero sintió una profunda culpa.
Esta vez no podía permitir que Sir Bennet fuera tratado de esa manera.
Además, si lo dejaba solo, con su inmenso amor por su hijo, no sabía qué
podría hacer. El príncipe decidió llevar al señor Bennet al castillo del
conde Grey.
—Señor, venga conmigo. Le daré una explicación más detallada más
adelante, pero por favor, vaya en carruaje al castillo del conde Grey. Yo
iré a caballo primero.
—¿Eh? Pero Su Alteza, pronto será primavera y tengo que
inspeccionar los diques para la agricultura, comprar nuevas herramientas
agrícolas y muchas otras cosas...
—Señor, le aseguro que no se arrepentirá de partir ahora. En cuanto a
los asuntos del feudo...
El príncipe miró a su alrededor buscando a alguien que pudiera
hacerse cargo temporalmente del feudo del señor Bennet. El caballero
comandante Abe era como su mano derecha, así que no podía pedirle ese
favor. Señalando a uno de los dos caballeros restantes del cuarto
escuadrón, dijo: —Muy bien, Steven. Tú te encargarás de este lugar. Le
pediré al conde Grey que te ayude.
—Sí, Su Alteza.
El caballero señalado inclinó la cabeza en señal de respeto y se acercó
al señor Bennet, diciéndole con un tono confiable: —No se preocupe por
los asuntos del feudo.
—Señor Bennet, entonces vámonos.
—¿Eh? Ah, sí...
Un carruaje ya estaba esperando. Abe, que había entendido la
situación, lo había preparado con anticipación.
El señor Bennet respondió con un tono vacilante y subió al carruaje a
regañadientes.
***
—Ay, de verdad... ¡Qué rabia!
Joel, agachada junto a un tocón*, murmuró para sí mismo.
En ese momento, estaba haciendo todo lo posible por contener la ira
que sentía hacia su padre biológico. El mercenario Jack, al que su padre
había contratado, había traicionado su confianza solo tres días después de
abandonar el castillo del conde Grey.
Hasta que cruzaron la frontera del territorio del conde Grey, se sintió
seguro, pero cuando se despertó, el carruaje y los mercenarios habían
desaparecido. Joel buscó frenéticamente en su bolso. Y como esperaba,
el saco de dinero había desaparecido por completo.
Afortunadamente, no había guardado todo el dinero en el saco, sino
que había escondido pequeñas cantidades en sus zapatos y dentro de su
ropa.
Al contar el dinero que le quedaba, se dio cuenta de que solo era la
mitad de lo que le había dado su padre. Afortunadamente, como había
usado su bolso como almohada durante todo el viaje, todas las demás
cosas que llevaba dentro estaban intactas.
El hecho de haber dividido el dinero en varios lugares y de haber
usado su bolso como almohada había sido, en cierto modo, gracias a su
padrastro, el conde Lucas.
Después de tres años soportando al astuto conde Lucas, Joel había
aprendido a no confiar en nadie y a no subestimar ningún presentimiento,
por muy ligero que fuera. Nunca hubiera imaginado que la experiencia
de ser maltratado por su padrastro le serviría de esa manera, y a pesar de
la situación absurda, Joel esbozó una sonrisa irónica.
Capítulo 76
Para calmarse, Joel sacó un trozo de manto que llevaba escondido.
Al enterrar su rostro en el trozo de manto y respirar, una fragancia
refrescante de bergamota penetró en lo profundo de sus pulmones. Joel
sintió cómo su ánimo mejoraba.
[—Y... no olvides que tengo algo que decirte].
¿Sería por las feromonas del príncipe? De repente, sus últimas
palabras resonaron en sus oídos. Joel se preguntó qué había querido
decir, pero se sacudió los pensamientos y se dio cuenta de que no era el
momento.
¿Y ahora qué?
Si ahorraba bien el dinero que le quedaba, no tendría problemas para
llegar al reino de Palein. El problema era si sería capaz de hacer todo ese
viaje por sí mismo.
La idea de cruzar la frontera solo lo llenó de miedo e incertidumbre.
Pero ya no podía volver atrás. Había escapado después de dejar una carta
llena de ambición, y si regresaba cojeando después de solo tres días, sería
el hazmerreír de todo el mundo.
Además, pronto se notaria el embarazo, así que este podría ser su
última oportunidad de escapar. Joel enterró su rostro en el manto y trató
de controlar sus temores.
—Bueno, a la mierda con todo, lo intentaré.
Decidido, Joel levantó la cabeza. Dobló cuidadosamente el manto para
que el aroma del príncipe no se desvaneciera y lo guardó en su pecho.
Luego, se levantó con determinación.
Ante él se extendía una vasta llanura. A lo lejos, podía ver casas y
grandes ranchos. Si iba hacia allí, podría conseguir ganado para su viaje.
Con un poco de esperanza, Joel comenzó a caminar con fuerza.
***
El señor Bennet, que llegó al castillo del conde Grey dos días después
que el príncipe, estaba muy inquieto. Aún no había recibido ninguna
noticia del príncipe, y aunque todos a su alrededor eran cautelosos con
sus palabras, por la forma en que se desarrollaban las cosas, parecía casi
seguro que la huida de Joel había sido descubierta.
Contrario a las expectativas de él y de Joel, de que el príncipe no se
preocuparía mucho, este último estaba obsesionado con encontrar a Joel.
A Bennet le preocupaba mucho que el príncipe se hubiera dado cuenta
del embarazo de su hijo y que ya sospechara que él había ayudado a Joel
a escapar. Si no lo estuviera sospechando, no veía ninguna razón por la
que el príncipe lo hubiera traído al feudo del conde Grey.
—Señor Bennet, ¿podríamos hablar un momento?
Como de costumbre, estaba sentado en el sofá preocupado por Joel
cuando el príncipe llamó a la puerta de la habitación donde se alojaba.
Se levantó y se dirigió a la puerta.
—Pase, Su Alteza.
Tan pronto como abrí la puerta, el príncipe entró a grandes zancadas y
se sentó en el sofá. Tenía un aspecto desaliñado. Sus ojos estaban
enrojecidos, tenía una barba oscura y su cabello estaba completamente
desordenado. Estaba cubierto de polvo, como si hubiera estado
cabalgando todo el día.
Al recordar la imagen del príncipe, siempre tan impecable incluso
cuando buscaba a tientas en la mansión subterránea, sintió una punzada
de culpa, a pesar de su inquietud.
Pensándolo bien, el príncipe había amado tanto a su hijo en el pasado
que incluso había ofrecido su alma para retroceder en el tiempo. Joel se
había burlado diciendo que el príncipe actual no recordaba el pasado,
pero el hecho de que se hubiera involucrado tan profundamente en el
asunto del Abad John, tanto si recordaba su vida pasada como si no,
indicaba que no estaba tomando a la ligera su relación con su hijo.
Ahora parecía que el príncipe no tenía ninguna intención de separarse
de su hijo. ¿Habría sido la decisión correcta dejar que se fuera? Además,
no sería nada fácil para su hijo, embarazado, establecerse solo en un país
extranjero. Mientras pensaba en si debía confesarle todo al príncipe y
pedirle que buscara a su hijo, este último comenzó a hablar en un tono
tranquilo.
—He estado tan ocupado que no he podido hablar con usted. Lamento
haberlo traído aquí tan de repente y haberlo sorprendido.
—No se preocupe, Su Alteza.
—Antes de que se fuera del feudo, me preguntó si había algún
problema con Joel, ¿verdad? Le mentí en ese momento.
—¿Eh? ¿Quiere decir que...?
—Joel se ha ido.
El señor Bennet cerró los ojos con fuerza, como si supiera que este
momento iba a llegar. El príncipe, como esperaba, iba a interrogarlo.
Recordando la cara suplicante de su hijo, rogándole que lo ayudara a
escapar, quería negarlo todo, pero sabía que mentir ante un miembro de
la realeza podría costarle la vida no solo a él, sino también a Joel.
El señor Bennet temblaba, sin saber qué hacer, pero lo que el príncipe
dijo a continuación fue completamente inesperado.
—La razón por la que lo traje al feudo del conde Grey es porque sabía
que pronto descubriría que Joel se había ido, y no quería que estuviera
solo y preocupado sin saber nada.
—Ah…
—Considerando las circunstancias actuales, parece que Joel se fue por
su propia voluntad al cansarse de la vida en la capital, pero no podemos
descartar completamente la posibilidad de un secuestro. Sin embargo, no
se preocupe demasiado, ya que he ordenado a la caballería imperial que
busque a fondo por todo el imperio. Prometo que encontraré a su hijo
sano y salvo.
El príncipe, afortunadamente, parecía no haberse dado cuenta de que
había ayudado a Joel a escapar. El señor Bennet, incómodo, miró a su
alrededor y murmuró: —Sí, muchas gracias por su atención...
Antes de que pudiera relajarse, el líder del cuarto escuadrón, Abe,
llamó a la puerta y dijo: —Su Alteza, tengo nueva información.
—Entra.
—Sí.
Abe entró y se paró junto al príncipe, observándolo con cautela. El
príncipe le había advertido que tuviera especial cuidado al hablar frente
al señor Bennet, ya que podría desmayarse si le comunicaban de repente
la desaparición de Joel. El príncipe le dijo a Abe: —Ya le he informado
al señor Bennet sobre la desaparición de Joel, así que ya no hay
necesidad de ocultarlo. Debe estar interesado en saber cómo va la
búsqueda, así que habla.
—Sí —respondió Abe con la cabeza gacha, comenzando su informe
con un tono tenso.
—En un pequeño pueblo en la frontera del feudo del Conde Grey,
alguien afirmó haber visto a un hombre rubio de baja estatura viajando
en un carruaje tirado por caballos. Por la descripción, se cree que era el
joven señor Joel.
—¿De verdad? ¿No habló con nadie cuando entró al pueblo?
El príncipe preguntó ansiosamente, esperando que Joel hubiera dejado
alguna pista sobre su destino.
—No, pero dicen que el carruaje se dirigía hacia el norte.
—Hacia el norte, hacia el norte...
Si es hacia el norte, sería la dirección opuesta al feudo del señor
Bennet. Incluso la mínima esperanza de que Joel estuviera escondiéndose
en el feudo de su padre se ha desvanecido. Entonces, ¿a dónde se dirige
Joel? El príncipe rezó fervientemente para que Joel no tuviera la
intención de cruzar la frontera.
—Joel no se habría marchado sin tener un destino en mente. Revisa a
fondo al conde Lucas y averigua si Joel ha estado buscando un escondite
todo este tiempo. Refuerza aún más los controles fronterizos.
—Sí, ya he dado las órdenes.
—¿Hay algún nuevo informe de los rastreadores?
—Aún no.
El señor Bennet alternó su mirada nerviosa entre el príncipe heredero y
Abe, quienes estaban discutiendo. Afortunadamente, por ahora no había
sido descubierto, pero al ver que habían enviado a los rastreadores,
parecía que atraparían a Joel pronto.
Con la intención de ganar algo de tiempo para su hijo, el señor Bennet
se acercó al príncipe y dijo: —Su Alteza, me avergüenza mucho que mi
hijo le haya causado tantas preocupaciones. Haré todo lo posible para
ayudar a encontrarlo. ¿Por qué no descansa un poco, Su Alteza? Se ve
muy cansado...
Por supuesto, el príncipe rechazó rotundamente la sugerencia del señor
Bennet, diciendo: —Estoy bien, —luego añadió—, más bien, ¿notó algo
extraño en Joel últimamente? Incluso algo muy pequeño serviría. Por
ejemplo, si Joel ha mencionado algún lugar al que quisiera ir...
El señor Bennet logró ocultar su sobresalto por poco. Se sentía
confundido sobre si debía confesarle todo al príncipe, pero al recordar la
cara suplicante de Joel, pensó que lo mejor sería ayudarlo a escapar.
—Yo... no sé nada. Para ser honesto, estuve tan obsesionado con el
Abad John que ni siquiera presté atención a mi hijo —respondió
evasivamente, y el príncipe, sin sospechar nada, creyó en la mentira del
señor Bennet.
—Entonces, me iré. Si recuerda algo, dígamelo a mí o a Abe.
Después de decir eso, el príncipe se levantó de un salto antes de que el
señor Bennet pudiera asentir. Parecía que no podía perder ni un segundo
y se fue rápidamente con Abe.
Solo, el señor Bennet se quedó pensando si la huida de su hijo tendría
éxito.
Capítulo 77
—Ha...
Había pensado que el pueblo estaría cerca, pero por más que
caminaba, la distancia no parecía acortarse. Había salido muy temprano
en la mañana, y cuando finalmente llegó al pueblo, ya era mediodía.
Joel, que había caminado todo ese largo trayecto con una mochila llena
de cosas, estaba completamente agotado. A pesar de que era invierno, su
espalda estaba empapada de sudor. Se apoyó en un árbol para recuperar
el aliento y echar un vistazo a la casa.
Junto a la cabaña de paja había un establo hecho de ramas. Se podía
oler el aroma de una sopa que se estaba cocinando dentro, lo que
indicaba que estaban almorzando. Joel sintió un gruñido en el estómago.
Se había olvidado de comer desde hacía tres días, demasiado ocupado
escapando y vigilando a ese tipo llamado Jack. Y tampoco había
disfrutado mucho de las cenas en el castillo del conde Grey, así que
prácticamente llevaba tres días y medio sin comer. Una vez que notó el
hambre, se volvió insoportable.
No le importaba pasar hambre él, pero se sentía mal de que su hijo en
el vientre también tuviera que hacerlo. Joel acarició suavemente su bajo
vientre y murmuró: —Cuando termine esto, comeremos juntos. Aguanta
un poco más.
Dentro del establo, dos ovejas y una vaca masticaban heno. También
había algunos pollos y patos revoloteando. Lo que más llamó la atención
de Joel fue un burro que descansaba en una esquina del establo.
Cuando vivía en el feudo del señor Bennet, Joel se había hecho amigo
de un pastor y había aprendido mucho sobre el ganado gracias a las
historias que le contaba.
El burro que descansaba en el establo se veía muy sano, con el pelaje
brillante y bien alimentado. Según el pastor, los burros no eran tan
rápidos ni tan fuertes como los caballos, pero eran más baratos, menos
exigentes que los caballos y podían cargar más peso y eran más dóciles
que los burros.
Pensó que si montaba ese burro, podría llegar al reino de Palein sin
mucha dificultad.
—Ahem...
Joel se aclaró la garganta y alzó la voz.
—¡Eh, usted!
Después de llamar varias veces, un niño abrió la puerta de madera y
asomó la cabeza. Con una expresión de duda, preguntó:
—¿Quién es usted?
—Yo... soy un viajero.
Al escuchar la falsa presentación de Joel, el niño se mostró aún más
escéptico. Joel se arrepintió de haber dicho eso, pero tampoco tenía otra
buena manera de presentarse.
—... ¿Y qué?
—Quiero comprar ese burro. ¿Puedo hablar con tu padre?
—Espere un momento.
El niño gritó algo hacia dentro de la casa y un hombre de aspecto rudo
lo empujó hacia un lado y salió. Con la boca llena de comida, hizo un
ruido desagradable mientras examinaba a Joel de arriba abajo.
—¿Quieres comprar el burro? ¿Tú?
El hombre preguntó con un tono desaprobatorio. Al ver la ropa raída
de Joel, se notaba claramente su decepción. Joel asintió rápidamente
antes de que el hombre se diera la vuelta.
—Sí, sí. Te daré un buen precio.
—Hmm, no sé. Ese burro es como el pilar de nuestra casa. Como ves,
no es cualquier cosa. Y tú, que pareces no tener dinero...
Antes de que el hombre terminara de hablar, Joel le mostró tres
monedas de oro. Era el doble del precio del burro, una gran suma para un
campesino como él, suficiente para cubrir un año de comida. Al ver el
dinero que Joel le ofrecía, el hombre abrió los ojos sorprendido.
—Además del precio del burro, esto es para que te mantengas callado.
¿No te parece suficiente?
Joel sabía que estaba pagando de más, pero necesitaba el burro. El
hombre lo miró con dudas y preguntó: —¿Para que no cuente nada? ¿Has
hecho algo malo? —Pero sus ojos mostraban interés en el dinero.
—Lo de callarte es por si acaso. Si alguien viene a preguntar si has
visto a un joven rubio, di que no. Ah, ¿y puedes ponerme también una
carreta?
Sería más cómodo viajar en una carreta que montar un burro estando
embarazado.
El hombre aceptó de inmediato: —De acuerdo, hagamos el trato.
Tomó el dinero que Joel le ofrecía. Incluso después de añadir la
carreta, el trato seguía siendo muy bueno para él.
—Espérame aquí un momento.
El hombre se fue tarareando hacia el granero.
Salió del granero con una carreta y comenzó a engancharla al burro.
Estaba de muy buen humor por el dinero que había ganado y su actitud
hacia Joel había cambiado notablemente, siendo ahora más amable. Con
las manos ágiles, comenzó a presumir de su burro.
—No lo digo porque sea su dueño, pero ha hecho una muy buena
elección. A pesar de ser joven, es muy fuerte. ¡En la época de la cosecha,
puede llevar hasta ocho sacos de trigo de una sola vez!
—Impresionante. ¿Tiene nombre?
—Jack.
—¿Jack?
Joel, que había escuchado al hombre con desinterés, levantó una ceja.
El nombre del burro era exactamente el mismo que el del mercenario que
lo había engañado.
Al ver la repentina expresión de disgusto de Joel, el hombre, temiendo
que el trato se cancelara, trató de convencerlo: —La madre de este burro
era una yegua muy famosa. Es tan inteligente como su madre y tiene
mucha resistencia. Puede cruzar una montaña con sacos de sal a la
espalda sin quejarse. ¡No te arrepentirás de haber pagado tres monedas
de oro!
Por supuesto, Joel no tenía intención de cancelar el trato solo porque el
burro tuviera el mismo nombre que el mercenario. El burro se veía lo
suficientemente fuerte como para valer las tres monedas de oro, y esta
era la única casa a la vista. Si cancelaba el trato, el hombre podría
guardar rencor y reportarlo, lo que complicaría las cosas.
Por supuesto, las cosas solo se complicarían si el príncipe lo estaba
buscando, y si el príncipe aceptaba el contenido de la carta, no habría
ningún problema... Pero aún así, era mejor tener cuidado.
Y así, Joel, montado en un destartalado carro de madera, dejó atrás la
aldea. A su lado, tenía un jugoso jamón de pierna de cerdo, un pan de
centeno tan grande como una rueda de carruaje y una bolsa de cuero
llena de leche. Eran regalos de la amable esposa del granjero.
—Bueno, si he podido luchar contra un demonio, cruzar esta frontera
será pan comido. ¡Puedo hacerlo solo!
Joel murmuró con confianza. Con esa cantidad de comida, llegaría al
reino de Palein y aún le sobraría. Además, al ser invierno, no tenía que
preocuparse de que se echara a perder.
Satisfecho, Joel agarró las riendas, pero al llegar a una bifurcación se
dio cuenta de que había estado conduciendo el burro sin rumbo fijo sin
siquiera mirar el mapa.
—Espera, Jack. Detente. Tengo que mirar el mapa.
Al tirar de las riendas, el burro se detuvo. Joel, un poco tarde, rebuscó
en su bolso y sacó un mapa y una brújula.
—Así que... tengo que ir hacia el norte.
Joel miró el mapa y la brújula una y otra vez durante un buen rato.
Pero por más que pensara durante una hora, no tenía ni idea de por
dónde ir. Podía orientarse más o menos con el mapa, pero la brújula
estaba siendo un problema. No podía distinguir qué aguja señalaba el
norte.
Joel se sintió tonto por no saber usar una brújula, pero tenía una
excusa. Las letras de la brújula estaban escritas en una lengua antigua,
por alguna razón extraña.
Joel no tuvo más remedio que dejar que el destino decidiera.
—Siento que tengo que ir a la izquierda. Jack, vamos por la izquierda.
Giró las riendas hacia la izquierda, pero el burro no se movió ni un
centímetro. Lo miró a Joel como si preguntara: —¿En serio? ¿De verdad
vas por ahí?
—¡Vamos, anda!
Joel comenzó a pinchar el trasero del burro con la punta del látigo para
animarlo, ya que de pronto se había puesto muy terco. No quería golpear
a ningún animal, ya que había sufrido muchos golpes de su padre
adoptivo en el pasado. Cuando Joel volvió a insistir: —Vamos, no
tenemos tiempo para esto—, el burro bufó de disgusto con una expresión
extraña.
Parecía que estuviera diciendo: —Qué tonto eres—. Joel se sintió muy
molesto. ¿Cómo se atrevía un burro a mirarlo así?
—¡Jack, tonto! ¡Vamos! —gritó Joel furioso.
El burro era muy terco, pero por desgracia, Joel lo era aún más.
Después de una hora de forcejeo, el burro, a regañadientes, comenzó a
caminar por el camino de la izquierda, como Joel quería.
Mientras admiraba el paisaje del campo, con nieve en algunos lugares,
Joel sintió un gruñido en el estómago. Se dio cuenta de que ya era hora
de comer. Sacó su daga y comenzó a cortar el jamón que había recibido
como regalo, tarareando alegremente como Robert.
El sándwich de pan de centeno con cinco lonchas de jamón de cerdo
estaba delicioso hasta las lágrimas. En realidad, el jamón olía un poco a
humedad y el pan de centeno era bastante áspero, pero después de pasar
casi tres días sin comer, Joel habría encontrado delicioso cualquier cosa.
Tan concentrado estaba en saborear el sándwich que nunca se dio
cuenta de que no solo había tomado el mapa equivocado, sino que
también había leído la brújula al revés.
Capítulo 78
Mientras Joel continuaba su viaje hacia el sureste, alejándose cada vez
más tanto de las tierras del señor Bennet como del reino de Palein, el
señor Bennet, arrastrado a la capital por el príncipe, se consumía de
preocupación por su hijo.
La capital se encontraba completamente patas arriba. Se habían
encontrado pruebas de que el conde Lucas había participado en la
rebelión de Heath Hales hace 25 años.
El emperador, que durante media vida había visto a su enemigo
político como una espina clavada, no tenía intención de perder la
oportunidad de eliminarlo, pero como su estado de salud no era lo
suficientemente bueno para encargarse solo de la destrucción de la
familia del conde Lucas, tuvo que llamar al príncipe.
La enfermedad del emperador, que había mejorado a un ritmo
sorprendente, llegó a un punto en el que no pudo recuperarse más. Era
como si esa enfermedad fuera, en realidad, la parte que le correspondía al
emperador.
La condición del emperador, que había mejorado a un ritmo
sorprendente, dejó de recuperarse al llegar a cierto punto. Como si esa
fuera la porción de enfermedad que el emperador debía cargar desde el
principio.
Y efectivamente, al interrogar a los miembros de la familia del conde
Lucas, se obtuvo una confesión: hace 25 años, el conde, quien había
vendido su alma al demonio para sobrevivir a la rebelión de Heath Hales,
había vendido las almas de su esposa y hermanas para instigar el
empeoramiento de la enfermedad del emperador.
Quien obtuvo esa confesión fue el príncipe heredero. Mientras Bennet
se quedaba en el castillo del conde Grey investigando el paradero de
Joel, el príncipe tuvo que dirigirse a la capital cuando llegó la orden del
emperador. Y una vez en la capital, se encontraba inmerso en una
frenética búsqueda, alternando entre interrogar al conde Lucas y rastrear
a Joel.
El paradero de Joel seguía siendo un misterio después de dos semanas.
Desafortunadamente para el príncipe, la vigilancia en las tierras del
conde Grey era bastante laxa. Además, una vez fuera de las tierras, solo
se extendía un denso bosque y casi no había rastro de personas. Después
del testimonio de que un carruaje tirado por caballos con alguien que se
parecía a Joel se dirigía hacia el norte, no aparecieron más avistamientos
relacionados con Joel.
El señor Bennet pensó que el príncipe pronto abandonaría la búsqueda
de Joel debido a los problemas relacionados con el conde Lucas, pero el
príncipe se mantuvo empeñado en rastrear el paradero de Joel durante
más de dos semanas. A pesar de estar demacrado por la falta de sueño,
nunca dejaba de revisar los informes relacionados con el rastro de Joel.
Además, incluso lo había llevado a la capital y estaba tratando con gran
deferencia al propio padre de Joel.
Bennet, de un estatus humilde que nunca se habría atrevido a irrumpir
en el palacio imperial, se sentía incómodo con la atención inmerecida del
príncipe heredero. La obsesión del príncipe por Joel superaba con creces
las expectativas de este último, y parecía que escapar al extranjero no
sería tarea fácil.
Bajo la invitación del príncipe, Bennet compartió un banquete con él.
Viendo a Bennet apenado apenas tocando la comida frente a un gran
trozo de carne, el príncipe preguntó con preocupación: —Sir Bennet,
parece que no ha comido mucho últimamente. ¿Se encuentra bien?
—¿Eh? Oh, sí... Lamento tanto haberle preocupado.
—Entiendo que su corazón esté lleno de preocupación por su hijo,
pero por favor, no se salte las comidas. ¿Cómo se sentiría Joel al ver a su
padre tan demacrado cuando regrese?
El rostro de Bennet, más modesto que el de un vidente, reflejaba su
preocupación. Frente al príncipe descansaba una sopa de verduras ya fría,
y él no levantaría la cuchara sin confirmar que Bennet realmente había
comido lo suficiente. Bennet, a regañadientes, cortó un trozo de carne y
se lo llevó a la boca.
La carne tierna se sentía como goma. No eran solo una o dos las
preocupaciones sobre si Joel se estaba escapando con éxito y por cuánto
tiempo podría engañar al príncipe. Estar evadiendo la mirada preocupada
del príncipe que tanto se preocupaba por él también generaba una
sensación de culpa. Bennet, incapaz de tragar la carne, finalmente tuvo
que pasarla con agua.
A pesar de haber logrado tragar un trozo de carne con esfuerzo, el
príncipe lo miraba con ojos llenos de ansiedad. A punto de llevarse el
segundo trozo de carne a la boca, el capitán de la guardia, Abe, entró
apresuradamente en el comedor.
—¡Su Alteza! ¡Hemos capturado al hombre que conducía el carruaje
que llevaba al señor Joel!
—¿Qué?
El príncipe se levantó de golpe, acercándose rápidamente a Abe.
—¿Dónde lo encontraron? ¿Cuál es la identidad de ese hombre? ¿Joel,
Joel está con él también?
Atrapado en la confusión, Bennet ni siquiera se dio cuenta de haber
dejado caer el tenedor.
—Lamento informarle que aún no hemos obtenido ninguna pista sobre
el paradero del señor Joel. Sin embargo, me acaban de informar que el
carruaje que transportaba a ese hombre acaba de llegar a la capital. ¿No
podríamos interrogar a ese hombre y así descubrir el rastro del señor?
—Así es. Vamos, rápido, vamos.
Dejando a Bennet en el comedor, el príncipe se apresuró a salir con el
capitán Abe.
Mientras Bennet permanecía pensativo en el comedor, temblando de
preocupación, si el mercenario Jack había sido capturado, pronto se
descubriría que había engañado al príncipe. Eso ya era un problema, pero
¿qué había pasado con su hijo ahora?
Joel, de apenas veinte años, nunca había viajado solo. Además, como
omega embarazado, no estaba solo. Bennet estaba tan preocupado por la
seguridad de su hijo que ni siquiera escuchó al mayordomo que estaba
observando a su lado, diciendo: —Señor, pronto se revelará el paradero
de su hijo. Si esperamos un poco más, pronto lo encontrará. ¿No prefiere
comer algo? ¿No le gustaría un poco de sopa?
Si Jack el mercenario había sido capturado, entonces no había
escapatoria. Sería mejor correr hacia el príncipe ahora, admitir su culpa y
pedirle que busque a Joel. Justo cuando Bennet estaba a punto de
levantarse decidido, el príncipe irrumpió nuevamente en el comedor.
—Retírense.
El señor Bennet, al ver el rostro endurecido del príncipe, intuyó que ya
había perdido la oportunidad de confesar la verdad.
Con manos temblorosas, se llevó las manos a las rodillas. Habiendo
ocultado la verdad durante las últimas dos semanas a pesar de haber visto
cómo el príncipe se preocupaba tanto por Joel, estaba seguro de que el
príncipe sentiría una profunda traición hacia él. Tal vez incluso lo
encarcelaría por traición, como había hecho con el conde Lucas. El señor
Bennet cerró los ojos con fuerza y esperó la reprimenda.
Sin embargo, en lugar de la reprimenda que esperaba el señor Bennet,
el príncipe tomó una acción inesperada. Se acercó a él y se arrodilló.
—Señor, la verdad es que durante todo este tiempo, le he hecho algo
imperdonable a su hijo.
El príncipe habló con voz grave. El señor Bennet se quedó petrificado
al ver que el príncipe se arrodillaba ante él. Intentó levantarse, pero como
el príncipe le pidió que se quedara sentado, no tuvo más remedio que
permanecer allí, sin saber qué hacer.
—Es una historia larga… ¿Quiere escucharla?
—S, su alteza, príncipe heredero. Escucharé cualquier cosa que tenga
que decir. Por favor, siéntese. ¿Qué está pasando con este humilde
servidor…?
—No, señor. No soy digno de mirar a su rostro.
Dicho esto, el príncipe inclinó la cabeza. Con voz grave, le contó al
señor Bennet todo lo que había sucedido en el pasado.
Cómo había tratado a Joel con frialdad al creer que estaba aliado con
el conde Lucas, cómo había permitido que se burlaran de Joel en la
capital, cómo lo había violado durante el celo y cómo lo había dejado
morir injustamente en un frío campo de nieve en un invierno…
—…Así que ha revertido el tiempo.
Al final de la confesión del príncipe, Bennet, que había permanecido
en silencio durante mucho tiempo, murmuró suavemente. A pesar de que
sentía algo de resentimiento hacia el príncipe después de conocer toda la
verdad, parecía que la compasión superaba al resentimiento.
—Pero, su alteza, príncipe heredero. Mi hijo no conoce nada de lo que
sucedió en el pasado.
—Al principio, yo tampoco recordaba que había retrocedido en el
tiempo. Fue una artimaña del Abad John. Pero mientras estaba encerrado
en la mansión subterránea, recordé todo lo que había pasado. Y al
confesar esta historia tan vasta e increíble, quería rogarle a Joel que me
diera otra oportunidad. Pospuse revelar la verdad para la propuesta, por
lo que es natural que Joel siga teniendo esa mala interpretación.
El señor Bennet no pudo ocultar su sorpresa. Nunca se le había
ocurrido que el príncipe estuviera considerando siquiera una propuesta
de matrimonio. El matrimonio real no era algo que pudiera decidirse
simplemente considerando los sentimientos. Sin embargo, el rostro del
príncipe mientras mencionaba la propuesta era extremadamente serio.
—Mientras investigaba al conde Lucas en relación con el incidente de
Heath Hales hace 25 años, también investigué cómo había tratado a Joel
durante los últimos tres años. Según la confesión del conde Lucas, Joel
había sobrevivido con media papa y media manzana al día durante todo
ese tiempo, y había recibido todo tipo de palizas del conde.
—¡Una media patata y media manzana! ¡Por eso mi niño estaba tan
delgado!
Bennet recordaba las dificultades que su hijo le había contado, pero
nunca de maltratos o hambre. Antes de correr hacia la prisión donde
estaba encerrado el conde Lucas, el príncipe lo detuvo.
—La culpa de que Joel se haya marchado es mía. No le di la confianza
que merecía. Y cuando interrogué al mercenario Jack, me dijo que lo
había contratado usted para llevar a Joel al reino de Palein…
—Sí. De hecho, a petición de mi hijo lo ayudé a escapar. Lamento
mucho haber mantenido la boca cerrada a pesar de haber visto cuánto se
preocupaba Su Alteza por él todo este tiempo. Acepto cualquier castigo
que me imponga.
—No, señor. Usted tenía suficientes razones para tomar esa decisión.
La razón por la que vine a buscarlo es para pedirle perdón. Le juro que
nunca más haré nada que dañe a usted ni a su hijo. Así que por favor,
confíe en mí una vez más y ayúdeme a encontrar a Joel. En su vientre…
de hecho, está creciendo un heredero del trono.
El señor Bennet miró al príncipe, quien le suplicaba. Ahora que hasta
el embarazo había salido a la luz, era como si Joel ya no pudiera escapar.
Al recordar el rostro de su hijo suplicando por no volver a la capital, no
pudo evitar sentir una mezcla de emociones, pero pensó que tal vez
valdría la pena confiar en el príncipe, como él mismo había sugerido. El
señor Bennet le dijo al príncipe: —Está bien. De hecho, hace tres meses,
Joel quería enviarme a un lugar..—, y comenzó a contarle todo lo que
sabía.
Capítulo 79
Joel, sin tener idea de que todo el norte del imperio estaba en alerta por
su causa, disfrutaba de su aventura con entusiasmo.
Como era la época de transición del invierno a la primavera, el clima
era perfecto. Hacía suficiente frío para que los alimentos que llevaba no
se echaran a perder, pero lo suficientemente cálido como para acampar
en el bosque sin congelarse.
El señor Bennet, además de los artículos que Joel había solicitado, le
proporcionó algunas cosas más. Como había sido soldado en el pasado,
conocía mucho mejor que Joel los artículos necesarios para acampar.
Al principio del viaje, a Joel le molestaba que la mochila fuera
demasiado pesada, pero cuando vio que objetos que le parecían inútiles,
como un pedernal o una tetera de bronce, eran muy útiles, empezó a
agradecer a su padre.
A pesar de que el mercenario que su padre había encontrado lo
traicionó al principio del viaje, después de ese incidente, el viaje
continuó sin problemas. Joel, con un corazón generoso, decidió pasar por
alto el asunto del mercenario.
Los días de Joel durante el viaje eran casi siempre iguales. Montaba su
burro hacia el norte hasta la puesta del sol —en realidad era hacia el
sureste, pero Joel estaba convencido de que iba hacia el norte— y al
atardecer, dormía en el bosque.
Gracias a que su padre le había proporcionado suficiente pedernal, Joel
pudo evitar congelarse durante la noche. Al principio, no sabía qué hacer
con el pedernal, pero afortunadamente, Joel había visto muchas veces
cómo se encendía un fuego con un pedernal. Cuando era pequeño, solía
explorar el bosque con Robert, y Robert encendía fuego con un pedernal
para cocinar papas para el almuerzo.
De hecho, Robert le había enseñado varias veces cómo encender un
fuego con un pedernal, pero como siempre había ignorado a Robert, no
lo recordaba.
Sin embargo, después de varios intentos, aprendió el truco y ahora Joel
podía encender un fuego con un pedernal más o menos bien.
Cuando encendía una fogata y se acostaba junto a su burro, no tenía
frío ni siquiera cuando la noche era profunda. Joel se apoyaba en su
burro y se quedaba dormido, y cuando llegaba la mañana, derretía nieve
en la tetera de bronce que le había dado el señor Bennet, tomaba un
desayuno sencillo y continuaba su viaje.
Durante su viaje, Joel no se encontró con ninguna bestia salvaje ni con
ningún bandido. Realmente fue una suerte increíble. Incluso el tonto de
Joel se dio cuenta de que estaba teniendo una racha de buena suerte.
Al respecto, Joel pensaba que, al igual que cuando se enfrentó al
demonio, el hecho de que su viaje fuera tan tranquilo era una señal de
que su madre muerta lo estaba protegiendo.
Mientras se movía, lo único que hacía Joel era comprobar la dirección
con la brújula y admirar el paisaje del bosque. Al principio del viaje, Joel
no podía vencer el aburrimiento y se quedaba dormido cabeceando, pero
pronto comenzó a disfrutar la imagen del bosque.
Cuanto más avanzaba, más verde y vibrante se volvía el bosque. Al
contemplar ese paisaje boscoso tan verde, todas las cosas que había
perseguido, como la riqueza, el honor o el amor, le parecían vanas.
Era un tiempo de paz que Joel, tan atormentado en la capital, había
encontrado después de mucho tiempo. Ya no había más voces burlándose
de él, ni los gritos del conde Lucas regañándolo ferozmente. Lo único
que llegaba a los oídos de Joel eran los cantos de los pájaros y el susurro
de las hojas mecidas por el viento. Joel pudo dejar de lado su corazón
cansado y recuperar gradualmente una calma casi sabia.
De hecho, que el bosque se volviera cada vez más verde era una señal
de que se estaba moviendo hacia el sur cálido, pero desafortunadamente,
Joel no sospechaba ni un poco que se estuviera dirigiendo hacia una
dirección diferente al norte. Simplemente pensó que era porque se
acercaba la primavera.
La parte favorita del día de Joel, sin duda, era la comida. Mientras el
burro pastaba, Joel se deleitaba pensando en qué comer entre la comida
que había recibido de la granja y la que le había dado el señor Bennet.
Afortunadamente, tenía más que suficiente comida. Además del
jamón, pan de centeno y leche que había recibido gratis en casa del
granjero, tenía una gran cantidad de comida que el señor Bennet le había
preparado.
Tenía mermelada de frutas en un frasco sellado con corcho y cera, una
pieza de queso y una de mantequilla, dos trozos de pan blanco, tres
puñados de avena, y una gran bolsa llena de cecina y guisantes. El señor
Bennet, demostrando una meticulosidad inesperada, no se olvidó de
empacar azúcar y sal.
El gran jamón que había recibido en la granja, en particular, a pesar de
que lo comía todos los días, aún no se había reducido a la mitad. Como
no tenía que gastar dinero en comida, sus gastos de viaje también eran
abundantes.
Para hacerse amigo de Jack, el burro que mantenía una actitud
extrañamente resentida, Joel decidió darle todos los terrones de azúcar
que el señor Bennet le había dado.
Originalmente, a Joel no le gustaba la mala disposición característica
de las mulas y los burros. Por eso, no le gustaba la actitud desafiante del
burro, que parecía no reconocerlo como su dueño, pero necesitaba la
ayuda del burro para completar con éxito este viaje. Y también estaba
agradecido de que tirara del carruaje todo el día sin quejarse.
Así que, cuando detuvo el carruaje para descansar un rato, Joel se
acercó al burro y le rascó la mejilla mientras decía: —Tengo treinta
terrones de azúcar, y todos son para ti. Dos al día. Tú también debes estar
cansado de tirar del carruaje.
Desde entonces, aunque podría ser su imaginación, parecía que el
rostro del burro, que antes no le agradaba, se suavizaba un poco.
Por otro lado, el inteligente Jack, el burro, aunque estaba molesto con
su nuevo dueño en muchos aspectos, pensó que no era una mala persona
y decidió aguantarlo por el momento.
Desde el primer momento, el burro Jack se dio cuenta de que su nuevo
dueño tenía dos características poco humanas. Una era que su rostro era
tan hermoso que era difícil creer que fuera humano, y la otra era que su
cabeza estaba tan vacía que era difícil creer que fuera humano.
De hecho, el primer día, había entendido cuando su dueño dijo que
tenían que ir hacia el norte. Y desde entonces, su nuevo dueño
ocasionalmente murmuraba para sí mismo: —¿Será que estamos yendo
hacia el norte...?
Jack, el burro, que entendía que su dueño quería ir hacia el norte,
intentaba cambiar de dirección sutilmente, pero su dueño, que era tonto y
terco, se daba cuenta enseguida de sus intentos de cambiar de dirección y
tiraba de las riendas.
Incluso un animal podía darse cuenta de que estaban yendo hacia el
sureste solo con mirar la dirección en que salía y se ponía el sol. De
hecho, él mismo, siendo un burro, lo sabía.
Pero como su dueño era tan terco, al final no tuvo más remedio que
obedecer, pensando que quizá su dueño tuviera alguna otra razón.
Jack, el burro, estaba muy molesto pensando que tal vez tuviera que
volver a recorrer este largo camino, pero no podía abandonar a su buen
dueño, que le daba dos terrones de azúcar al día sin falta y siempre le
cubría una esquina de la manta cuando dormía, a pesar de que él tenía
pelo.
Joel, que disfrutaba de su viaje por el bosque, finalmente comenzó a
notar algo extraño después de viajar casi quince días en el carruaje tirado
por Jack.
—Qué extraño, ya debería estar cerca de la frontera...
Joel se quedó en la cima de la colina, murmurando con una expresión
de dificultad.
Por alguna razón, ante él se extendía un vasto océano. Joel inclinó la
cabeza y revisó el mapa varias veces. Pero por más que lo mirara, el
paisaje que se extendía ante sus ojos, tanto la línea costera como la
ubicación de las islas, no coincidía en absoluto con la descripción del
territorio del norte en el mapa.
Además, el bosque estaba exuberantemente verde. Había oído decir
que en el territorio del norte del imperio hacía tanto frío que nevaba
incluso a finales de marzo, pero incluso considerando que era principios
de primavera, el clima parecía demasiado cálido. Inseguro, Joel dejó caer
el mapa y, dándole un golpecito al burro que estaba descansando y
comiendo hierba a su lado, preguntó:
—Jack, ¿acaso me habré... equivocado de camino?
Jack, el burro, dejó de pastar y bufó de disgusto. Se sentía como si
estuviera diciendo con irritación: —¿Ahora te das cuenta, tonto?— y Joel
sintió que su ansiedad aumentaba.
No tenía ni idea de dónde estaba. Después de pasar mucho tiempo
rascándose la barbilla y mirando el mapa, Joel finalmente concluyó que
tenía que ir a un pueblo y preguntar. Hasta ahora, había evitado
deliberadamente los pueblos por temor a que el príncipe lo estuviera
buscando, pero dada la situación, no tenía otra opción que preguntar a
alguien.
—Por favor, que no esté demasiado lejos del reino de Palein...
Joel murmuró para sí mismo con un tono ansioso. Si bien el viaje
había sido divertido, pasar todo el día en un carruaje era un trabajo
bastante duro. Y si ya se sentía cansado así, ¿cuánto más lo estaría
cuando estuviera hinchado?
—Debería haber sido más cuidadoso al elegir la dirección al principio,
no debería haberlo elegido al azar.
Era demasiado tarde para lamentarse por llegar al extremo sureste del
continente, pero Joel, completamente ajeno a todo, murmuraba con una
expresión ingenua.
Capítulo 80
El lugar donde se encontraba Joel era elevado, lo que le permitía tener
una vista panorámica de la ciudad. Abajo, alrededor del puerto, se había
formado una gran ciudad, y alrededor de ella se extendían unas cuatro o
cinco aldeas más pequeñas.
Mientras Joel miraba a su alrededor, considerando a qué aldea ir, de
repente escuchó un crujido detrás de él.
Joel pensó que sería el viento moviendo las hojas de los árboles y no le
prestó más atención. Más bien, estaba preocupado por a dónde ir. Hizo
visera con la mano para evitar el deslumbramiento y miró a su alrededor,
pero cuando escuchó otro crujido detrás de él, esta vez no pudo evitar
girarse.
Con una sensación de mal presentimiento, Joel se giró y se encontró
con unos ojos grises que lo miraban desde entre los arbustos. Al darse
cuenta de que había sido descubierto, los ojos grises mostraron un atisbo
de incomodidad.
—¡¿Qué… quién es?! —Joel exclamó sobresaltado.
¿Desde cuándo había estado allí?
Pensando que tal vez el burro lo sabría, Joel miró inconscientemente a
un lado. Pero el burro Jack solo seguía pastando. Joel volvió a mirar a los
ojos grises.
Al mirarlo fijamente, la otra persona salió de entre los arbustos. La
identidad de esos ojos grises era una niña pequeña.
La niña escuálida parecía tener entre doce y trece años. Incluso cuando
la niña se acercó, el burro Jack seguía concentrado en llenar su estómago
con una actitud despreocupada. Eso significaba que Jack había notado la
presencia de la niña desde hacía tiempo.
Si lo sabía, podría haberle avisado. Joel sintió un poco de
resentimiento hacia Jack.
Joel apartó la mirada de Jack y miró a la niña. De cerca, la niña tenía
una cara bastante linda. Sus ojos grises, que le recordaban a Robert,
brillaban con una luz tan clara como la de Robert, y su cabello castaño
estaba bien peinado en dos trenzas. La ropa que llevaba estaba vieja y
raída, pero estaba limpia. En particular, las pecas de la nariz la hacían
una niña adorable.
Si la niña hubiera tenido una expresión más acorde con su edad, habría
parecido aún más adorable. Pero los ojos de la niña estaban llenos de una
tristeza que no era propia de una niña pequeña. Sintiéndose menos
cauteloso al ver que su oponente era una niña débil, Joel preguntó con
una duda sincera:
—¿Qué estabas haciendo ahí? ¿Tienes algo que decirme?
—¿…Eres un hada, señor?
La niña, después de dudar un momento, hizo una pregunta inesperada.
—¿Qué?
Joel preguntó con un tono desconcertado, y decidió cancelar su
pensamiento anterior de que la niña parecía una niña brillante. Incluso
cuando él tenía esa edad, sabía que los cuentos de hadas eran falsos. Pero
preguntar si alguien es un hada... Joel puso una cara de incredulidad, y la
niña se sonrojó.
—En muchos cuentos de hadas dicen que los hados tienen una cara tan
hermosa como la suya, con cabello dorado como el azafrán y ojos azul
claro. ¿De verdad no es un hada?
Sin embargo, la niña insistió en preguntar. Cuando Joel respondió —
Por supuesto que no—, la niña dejó caer los hombros con desilusión.
—Si no lo es... Lo siento. Me llamo Becky.
—Está bien.
Respondiendo amablemente a la niña, Joel se sintió un poco orgulloso.
Sabía muy bien por experiencia que era muy guapo. Incluso cuando
vivía cubierto de polvo en la finca del señor Bennet, la gente de otras
fincas elogiaba su apariencia, y especialmente cuando fue adoptado por
la familia del conde Lucas y fue a la capital por primera vez, incluso los
aldeanos que lo habían visto toda su vida lo rodearon con ojos de
asombro.
En la capital, incluso los nobles más altaneros no pudieron ocultar su
mirada de admiración, así que era comprensible que una niña plebeya lo
confundiera con un hada.
—Por cierto, ¿no estas ocupada? Tengo algo que preguntarte.
—¿Eh? Estoy ocupada... Lo siento. Estoy haciendo un recado para mi
madre. Si tardo demasiado, mi madre me regañará.
Justo cuando Becky respondía con una expresión de dificultad, de
repente se escuchó un fuerte ruido en su estómago. Becky se puso roja
como un tomate por el ruido inesperado.
—No te quitaré mucho tiempo. Si respondes a mi pregunta, te
recompensaré generosamente, así que ayúdame.
Joel señaló el gran jamón que estaba en el carruaje. La niña, alternando
la mirada entre el jamón y Joel, finalmente asintió con la cabeza y tragó
saliva.
Joel, que había sufrido abusos durante mucho tiempo a manos de su
padrastro, conocía mejor que nadie el dolor del hambre. Antes de hacerle
preguntas a Becky, decidió saciar su hambre primero. Cuando le entregó
un sándwich con seis rebanadas de jamón, Becky lo aceptó con una
sonrisa y dijo: —Gracias.
—Puedes comer mientras hablamos.
—Ah... Lo comeré más tarde. Pregúntame lo que quieras primero.
—Bueno, entonces. ¿Sabes el nombre de esa ciudad?
Señalando la gran ciudad portuaria, preguntó, y la niña respondió con
un tono enérgico: —Por supuesto. Es Versa.
—¿Versa?
Joel frunció el ceño y volvió a desplegar el mapa. Había estado
mirando el mapa con ojos muy abiertos durante los últimos quince días,
pero no recordaba haber visto un pueblo con ese nombre en el norte del
imperio. Mientras Joel examinaba el mapa, la niña, que estaba mirando el
mapa junto a él, señaló una esquina del mapa y dijo: —Aquí está.
—¿De verdad… de verdad estamos aquí?
Joel preguntó con horror al ver el lugar que Becky había señalado. Y
con razón, porque el pueblo llamado —Versa— estaba ubicado en el
extremo sureste del continente.
—Sí.
Incluso después de escuchar la respuesta afirmativa de la niña, Joel
siguió mirando el mapa y la línea costera con una cara de incredulidad.
Si estaba en el extremo sureste, significaba que estaba muy lejos del
reino de Palein.
Mientras Joel examinaba el mapa con entusiasmo, Becky se acercó y
le dijo: —Disculpe, pero creo que así no se coge un mapa—. Y corrigió
el mapa que Joel estaba sosteniendo.
Fue entonces cuando el paisaje que tenía delante se volvió similar al
del mapa. Joel, que había pensado que simplemente se había equivocado
de camino y había llegado a un pueblo costero del norte, se dio cuenta de
que había estado viajando hacia el sur durante quince días.
—Tenía que ir hacia el norte... ¡Santo cielo!
—¡Ah, cuidado!
La niña sostuvo a Joel, que se tambaleaba con las piernas débiles. Con
la ayuda de la niña, Joel pudo sentarse en un tronco de madera.
—¿Y por qué vas hacia el norte?
—Ah, bueno. Es que, iba de viaje al norte.
—¡Wow!... ¿Es usted un noble?
—Sí, algo así. Pero ¿cómo has sabido ver el mapa? ¿Sabes leer?
Saber leer y escribir era prácticamente un privilegio de los nobles. En
una situación en la que la mayoría de los plebeyos ni siquiera tenían la
oportunidad de leer un libro en toda su vida, era imposible que una niña
plebeya pobre tuviera la oportunidad de aprender a leer, pero Becky
respondió humildemente: —No muy bien, un poco. Aprendí al pasar
mientras trabajaba como sirvienta en la iglesia.
Al parecer, Becky era tan brillante como Joel había pensado en un
principio.
Joel la miró con ojos sorprendidos, y Becky sonrió tímidamente. Con
timidez, Becky continuó hablando.
—Pero, señor. Creo que no podrá cruzar la frontera norte.
—¿Por qué?
—Los comerciantes dicen que la frontera norte ha sido cerrada por
orden del príncipe. Al parecer, un omega, que será el futuro príncipe
consorte, ha desaparecido, así que la capital y el norte del imperio están
en un caos.
—¡¿Eh?!
Joel, que se había relajado por el viaje tan tranquilo de los últimos
quince días, soltó un extraño grito de sorpresa. A diferencia de Becky,
que lo agarró del brazo con una expresión preocupada diciendo: —¡Ay,
por qué grita así!—, el burro Jack, que estaba comiendo hierba, se alejó
dos pasos de Joel con una expresión de —Realmente odio esto...
—Ah, no. Me sorprendí. ¿Qué dices de que el prometido del príncipe
ha desaparecido? ¡Eso no tiene sentido! No puede haber pasado algo así.
¿No te has equivocado?
—Pero es que yo misma escuché esta mañana a los comerciantes de
los barcos mercantes hablando de eso. Dicen que el príncipe incluso ha
ofrecido una enorme recompensa. Dicen que darán diez monedas de oro
solo por informar de un avistamiento, así que todo el norte está buscando
a ese chico omega con los ojos puestos en el premio. Aquí estamos lejos
de la capital y todavía no se ha recibido la noticia, pero dicen que pronto
este lugar también estará lleno de carteles de búsqueda de ese chico
omega, como en el norte.
—¡Pero…
Joel murmuró para sí mismo con un tono de incredulidad.
Aunque había pensado que el príncipe podría buscarlo, nunca imaginó
que volcaría todo el norte. Incluso si se enterara de su desaparición,
pensó que lo buscaría superficialmente. Después de todo, ¿no estaba el
príncipe muy ocupado saqueando el sótano de la mansión de Sir Bennet?
En realidad, lo que el príncipe estaba buscando en el sótano era la
evidencia de la participación del conde Lucas en la rebelión, pero Joel,
que no tenía ni idea de eso, creía erróneamente que el príncipe heredero
estaba ocupado buscando tesoros.
Capítulo 81
Además, ¿cómo se habrán enterado de que iba a ir al norte…?
Todo era tan confuso. Joel reflexionó sobre qué hacer a continuación.
Necesitaba averiguar más sobre la situación, pero parecía muy probable
que no pudiera moverse hacia el norte, donde la vigilancia se había
vuelto tan estricta. Entonces, ¿qué tal si se escondía en el sur, donde la
vigilancia era relativamente menor, y luego cruzaba la frontera norte
cuando el interés del príncipe disminuyera?
Joel pensó muy duro hasta que su pequeña cabeza se sintió caliente, y
de repente se dio cuenta de que Becky todavía tenía el sándwich en la
mano.
—¿Por qué no comes? ¿Acaso no te gusta el jamón?
A pesar de estar preocupado por su propio futuro, Joel se preocupó por
Becky. Tal vez porque él mismo había estado hambriento durante mucho
tiempo, sentía una extraña preocupación cada vez que veía a un niño
pasar hambre.
No creo que le disguste el jamón. ¿Debería darle un tarro de duraznos
en almíbar? Pero ese me gusta mucho a mí y lo he estado guardando a
propósito. Aunque le gustaba Becky, sinceramente me daba un poco de
pena dárselo.
Al ver a Joel desanimado, Becky agitó las manos con sorpresa.
—N-no es eso, señor. Es solo que quería compartirlo con mi hermano
menor...
—Ah, ya veo. Bueno, entonces te daré uno para tu hermano también.
Come, tienes hambre.
Al ver a Becky cuidando de su hermano, recordó a Robert, que lo
había cuidado en la mansión de Sir Bennet. Tanto en apariencia como en
su vivacidad, era una niña muy parecida a Robert. Joel, con una voz
amable, le dijo a Becky, que dudaba: —Come, por favor. Si se seca, no
estará bueno.
—Gracias.
Becky, a pesar de tener mucha hambre, no olvidó agradecerle primero
a Joel. Luego, con una postura recta y sin prisas, comenzó a comerse el
sándwich. En cierto sentido, parecía más educada que él mismo.
Mientras Becky devoraba el sándwich, que era casi del tamaño de su
cara, Joel volvió a pensar en cómo podría superar su oscuro futuro.
En esta situación, podría ser una suerte haber venido al sureste, lejos
del norte. Si hubiera ido al norte como estaba planeado, seguramente lo
habrían atrapado. Después de mucho pensar, Joel decidió que lo mejor
sería ir al sur y esconderse. Tendría que quedarse unos días en este lugar
para hacer un plan detallado y conseguir las cosas que necesitaría
mientras se escondiera.
—Becky, ¿dónde vives?
—¿Mm? Vivo en esa cabaña que se ve allá.
Becky señaló la cima de la colina opuesta. Y efectivamente, había una
choza destartalada allí. Junto a ella había un amplio prado delimitado por
estacas, donde un rebaño de cabras y vacas pastaba. La familia de Becky
parecía dedicarse a la ganadería.
—¿Podría quedarme en tu casa unos días?
—¿Sí...? E-espera, se lo preguntaré a mi madre. Pero creo que no lo
permitirá...
—No te preocupes, les pagaré. ¿Tu padre está en casa?
Aunque no tenía mucho dinero, estaba seguro de que podría pagar
fácilmente unos días en una humilde casa de campesinos. Cuando Joel
preguntó con confianza, Becky negó con la cabeza y dijo: —No, mi
padre es minero y viene a casa cada cuatro o cinco meses.
—Hmm. ¿En serio? Pero, ¿por qué hace trabajos de minería teniendo
tantos animales?
—Ah... Esos no son nuestros. Mi hermano es pastor.
—Ah, ya veo.
Joel asintió con la cabeza. En efecto, si fueran una familia lo
suficientemente rica como para criar tantos animales, la niña no estaría
tan delgada.
—Entonces, vamos a tu casa.
—Sí. Por cierto, señor, ¿cuál es su nombre?
—Yo... yo me llamo Jo… Robert.
Joel estuvo a punto de responder Joel, pero afortunadamente recordó
que era un fugitivo y se calló. Dijo cualquier nombre que le vino a la
mente.
—¿Robert? ¡Vaya, mi hermano también se llama Robert! Puedes
llamarlo Rob.
Becky aplaudió de alegría. Joel se rió torpemente y pensó que debería
haberse llamado Abe.
Cuando Jack, el burro, notó que Joel se estaba preparando para irse, se
acercó con el carruaje. Joel ató nuevamente las riendas del carruaje al
hombro del burro y le dijo a Becky: —Súbete tú también.
—¡Un momento!
Becky corrió hacia los arbustos. Un momento después, salió de entre
los arbustos con una gran jarra de agua y la sostenía con dificultad. Joel
se apresuró hacia Becky y tomó la jarra de sus manos.
—¡Santo cielo! ¿Has llevado esto tú sola? ¿Dónde está tu madre?
—Mi madre está ocupada. No necesitabas ayudarme... Gracias.
El rostro de Becky se llenó de tristeza nuevamente al mencionar a su
madre. Por alguna razón, parecía que no tenían una buena relación. Joel
colocó la jarra de agua en una esquina del carruaje y se subió junto a
Becky.
Afortunadamente, a pesar de su apariencia destartalada, el carruaje era
lo suficientemente grande como para llevar a una persona más.
***
Gracias al burro, Joel y Becky pudieron llegar a la cima de la colina y
a la cabaña sin mucho esfuerzo. Mientras cruzaban el prado, un niño que
estaba trabajando cerca reconoció a Becky y exclamó con alegría: —
¡Hermana!
El niño, que parecía tener unos diez años, tenía el cabello castaño y
pecas que cubrían el puente de su nariz, una apariencia muy similar a la
de Becky. Becky, que estaba sentada junto a Joel, también saludó al niño
con la mano.
—¡Rob!
—¿Quién es el que está a tu lado?
—¡Es un invitado! ¡Traje comida, así que termina de trabajar y ven a
casa!
—¡Sí!
Becky y Rob parecían llevarse muy bien. Joel los observaba
alternativamente con envidia, mientras se saludaban a gritos. Como hijo
único, Joel siempre había deseado tener un hermanito desde pequeño.
Finalmente, llegaron a la cabaña y, mientras Joel bajaba la jarra de
agua del carro, una mujer salió de la cabaña.
—¡Becky!
La mujer, que parecía ser la madre de Becky, era corpulenta, a
diferencia de la delgada Becky. Detrás de ella, tres hijos pequeños
asomaban solo la cabeza y, al igual que su madre, estaban gorditos y
vestían mucho mejor que Becky y Rob. Joel no lo demostró, pero
interiormente le pareció extraño la marcada diferencia en su vestimenta.
La mujer se acercó con una expresión irritada y regañó a Becky: —¡Te
dije que no corrieras cuando hicieras recados!
Miró con desaprobación a Becky, quien se disculpó con voz
temblorosa: —Lo siento... —Luego, dirigió su mirada hacia Joel y lo
interrogó con tono acusatorio.
—¿Y tú quién eres?
—Madre, él es un noble.
Becky intervino en lugar de Joel, que estaba atónito. —Un noble—,
murmuró ella como si se preguntara a sí misma. Luego escaneó a Joel de
pies a cabeza y dijo en voz alta, para que él la escuchara: —No parece—.
Fue un gesto extremadamente grosero, pero Joel, pensando en Becky,
decidió pasar por alto su falta de educación.
—Soy un viajero que pasaba por aquí. Si no les molesta, me gustaría
quedarme aquí cinco días.
—No me parece bien.
Ella lo cortó antes de que Joel terminara de hablar y alzó la nariz. Sin
embargo, cuando Joel dijo: —¿Y si te doy una moneda de plata por
quedarme cinco días? —sus ojos brillaron de codicia y aceptó la oferta.
—Entonces está bien.
La madre de Becky se llamaba Nora. No se parecía en nada a Becky y,
al ver la moneda de plata que le ofrecía Joel, comenzó a pensar que tal
vez realmente fuera un noble. Desde ese momento, comenzó a
comportarse con un poco más de cuidado. Guiado por Becky, Joel
deshizo su equipaje en un rincón de la cabaña, que aunque era humilde,
estaba limpia y ordenada.
Pronto llegó la hora del almuerzo. Joel se sentó a la mesa con la
familia de Becky.
La comida que la señora Nora, madre de Becky, había preparado
consistía en una papa, una sopa aguada con trozos de nabo y suero de
leche agrio que sobró de hacer mantequilla.
Al ver esta comida tan escasa, Joel se sorprendió. Incluso los siervos
de la finca del señor Bennet, donde las cosechas no eran tan abundantes
como en el sur, nunca habían pasado tanta hambre. Y como aún no era
verano, cuando escaseaba el trigo, el hecho de que no hubiera pan en la
mesa indicaba que su situación era realmente mala. Joel decidió
compartir con la familia de Becky el pan de centeno y el jamón que había
recibido en la granja.
Cuando saqué el jamón y el pan de centeno del carro y sugerí
compartirlo mientras estuviera allí, la expresión de la tacaña señora Nora
se iluminó de inmediato. Cortó una rebanada de jamón con un cuchillo y
la colocó primero en el plato de Joel.
Luego fue el turno de su propio plato. Joel levantó una ceja,
cuestionando el hecho de que la rebanada de jamón en su plato fuera
notablemente más grueso que la suya. Sin embargo, la señora Nora lo
ignoró y, pasando por alto a Becky y Rob, colocó una rebanada grande y
gruesa de jamón en los platos de sus tres hijos gorditos.
Joel puso una cara de incredulidad. Al darse cuenta, notó que solo sus
vasos y los de Becky y Rob contenían suero de leche. Los vasos de las
otras cuatro personas contenían leche adecuada. Joel, atónito, le preguntó
a la señora Nora:
—¿Qué estás haciendo? ¿Por qué no le das jamón a Becky y a Rob?
—A esos niños no les gusta mucho el jamón.
La señora Nora respondió con una voz áspera. Sin embargo, era
absurdo ya que Rob y Becky no podían ocultar sus miradas hambrientas.
Joel ya no pudo ocultar su expresión de disgusto, pero la señora Nora lo
enfrentó con una mirada que decía —¿Y qué vas a hacer al respecto?
Capítulo 82
Joel decidió que no podía soportarlo más. Se levantó de un salto con el
tenedor en la mano. Luego, usando el tenedor, tomó trozos de jamón de
los platos de la mujer y de sus tres hijos, y colocó dos porciones delante
de Becky y Rob.
—¿Qué estás haciendo?
—Es mi jamón. A partir de ahora, yo me encargaré de repartir el
jamón. Si no te gusta, no lo comas.
Joel le espetó fríamente a la mujer y le quitó el cuchillo de la mano.
Becky, que había estado observando la disputa entre él y la mujer con la
respiración contenida, intentó devolver sigilosamente el jamón que Joel
le había dado. Joel, a pesar de estar mirando a la mujer, notó ese
movimiento.
—Becky, detente. Te prometí que también le haría un sándwich a tu
hermano. Por eso le estoy dando el jamón. Gracias a ti, tu familia puede
probar el jamón y el pan. No tiene sentido que tú no comas ni un trozo de
jamón. Así que cómetelo.
—Yo, señor. Estoy muy llena porque comí el sándwich que me dio
antes... —Becky respondió con voz temblorosa.
De hecho, después de comerse un sándwich con seis grandes
rebanadas de jamón, seguramente estaría llena.
—Entonces dáselo a tu hermano —le dijo Joel.
La señora Nora murmuró para que él la escuchara:
—Vaya, ni siquiera aprecia el favor de dejarlo quedarse...
—¿Favor? Lo he dejado pasar por alto debido a Becky, pero desde
hace un rato te estás comportando muy insolente. Si quieres llamarlo
favor, entonces devuélveme el dinero.
Joel habló con la misma dureza que usaría con un sirviente insolente.
Habiendo sufrido mucho en la capital debido a su baja clase social, Joel
estaba acostumbrado a lidiar con sirvientes que lo menospreciaban, y su
actitud arrogante era verdaderamente aristocrática. La señora Nora,
incapaz de enfrentarse a Joel, que se abalanzaba como un gato montés
enojado, retrocedió.
Joel levantó el cuchillo con aire de triunfo.
Cortó el jamón en rodajas más finas y se los dio a la señora Nora como
si los estuviera tirando. Quería tomar también la mitad del jamón que
tenían los tres hijos de la señora Nora, quienes tenían un gran parecido
físico a su madre y por eso le resultaba desagradable, pero concluyó que
los niños no tenían la culpa de nada y abandonó la idea.
Después de un primer día incómodo, a la mañana siguiente la mujer se
levantó tarde, preparó un desayuno rápido y desapareció con una canasta.
Joel quiso ayudar a Becky con las tareas del hogar, pero ella se negó con
la mano diciendo: —Señor, ni se le ocurra. Descanse.
Al final, no tuvo más remedio que sentarse y pasar el tiempo sin hacer
nada.
Joel observó atentamente el interior de la casa. A diferencia de Becky
y Rob, que se levantaban temprano y trabajaban diligentemente, los otros
tres hijos holgazaneaban todo el día. Tenían cuatro, cinco y seis años, así
que era cierto que eran demasiado pequeños para hacer tareas
domésticas, pero de todos modos, algo no encajaba.
Los tres hermanos trataban a su hermana mayor como si fuera una
sirvienta, incluso tirando de las trenzas de Becky mientras fregaba el
suelo y molestándola. Becky no regañaba a sus hermanos, sino que
simplemente continuaba con sus tareas domésticas en silencio. Con tres
niños pequeños, ella no tenía ni un momento para descansar.
Joel, al no poder soportarlo más, intentó regañarlos, pero tan pronto
como lo hizo, Becky dejó caer la fregona y se puso delante de sus
hermanos. Parecía tener miedo de ellos. Becky lo instó a irse diciendo:
—Señor, por cierto, mi hermano dijo que quería cuidar de su burro en
agradecimiento. ¿Por qué no va a verlo si está aburrido?
Ante esto, Joel no tuvo más remedio que salir de la casa.
Cuando se acercó a Rob, que estaba cargando heno, y le transmitió el
mensaje de Becky, Rob respondió: —Ah, sí, siéntese aquí y traeré al
burro enseguida—, y sentó a Joel a la sombra.
Joel se sentó en la sombra fresca y observó a Rob cuidar de Jack.
—Es un animal muy fuerte y hermoso. Debe valer una buena suma,
¿no?
Rob acarició la crin del burro mientras lo halagaba con entusiasmo.
Joel, que había escogido personalmente al burro, se sintió un poco
orgulloso y respondió, encogiéndose de hombros: —Bueno, fue un poco
caro.
A continuación, Rob examinó el estado de los cascos del burro y dijo:
—No tiene ninguna inflamación, solo necesita un pequeño arreglo—.
Luego, comenzó a limpiar los cascos con destreza. Mientras recibía las
atenciones de Rob, el burro Jack cerró los ojos con placer y resopló
repetidamente.
—Eres bastante hábil. Pareces muy joven para ser un pastor.
—No soy tan joven. Ya tengo catorce años.
—¿Qué?
Joel se sorprendió al escuchar que Rob tenía catorce años, ya que
había estimado que tendría unos diez.
Becky, a quien creía que tendría unos catorce años, resultó tener
diecisiete. Parecía que tanto Becky como su hermano Rob eran mucho
más jóvenes de lo que realmente eran debido a su pequeña estatura.
Aunque la situación económica de la familia no era buena, ¿por qué solo
Becky y Rob parecían estar hambrientos cuando sus tres hermanos
menores estaban gorditos?
Furioso, Joel preguntó acusatoriamente: —¿Por qué ustedes dos son
tratados de manera diferente? ¿Acaso ustedes son hijos de otra madre?
Rob respondió con una sonrisa incómoda.
—Ah...
Joel se dio cuenta de que había tocado un punto sensible.
—¡Me parecía raro la actitud de tu madre! Pero entonces, ¿tu padre
simplemente mira cómo los tratan así?
—Jaja, bueno... es que...
Rob volvió a reírse con incomodidad. La verdad era que su padre era
un borracho y un jugador. Había contraído una deuda enorme y había
sido vendido como minero, por lo que solo volvía a casa unas pocas
veces al año y, cuando estaba en casa, pasaba todo el día borracho.
Además, se llevaba muy bien con su madrastra, con quien había tenido
tres hijos en los últimos tres años.
Sin embargo, no tenía sentido contarle esos detalles al noble, que no
entendía nada de la vida real. Rob simplemente dijo: —Mi padre es
minero y casi nunca está en casa, así que no sabe mucho de los asuntos
familiares. Y mi madrastra no es tan mala.
Pero Joel, que había sufrido abusos durante los últimos tres años, se
dio cuenta de muchas cosas al ver la mirada resignada de Rob. Volvió a
casa y llamó a Becky. Le agarró la muñeca y le subió la manga a la
fuerza, y como él sospechaba, apareció una piel llena de marcas de
pellizcos y arañazos.
—…Por eso buscabas a un hada, ¿no?
Joel, después de mirar el brazo de Becky durante un largo rato sin
decir nada, finalmente murmuró. Cuando una persona se enfrenta a un
tipo de sufrimiento que no puede resolver por sí misma, incluso los más
racionales pueden terminar aferrándose a esperanzas vanas. Ante las
palabras hirientes de Joel, Becky hizo una mueca como si fuera a llorar.
***
—¡No puede ser que Joel se haya ido!
El príncipe heredero, quien había llegado al reino de Palein con la
certeza de poder encontrarse con Joel, tuvo que fruncir el ceño una vez
más. Había pensado que esta vez sí podría recuperar a Joel gracias a la
confesión del caballero Bennet y a las cartas encontradas entre Joel y un
noble extranjero, pero lo que encontró fue solo la cara aturdida de ese
noble extranjero.
El noble extranjero, usando gestos y señales con un intérprete, insistió
en que era cierto que había contratado a un tutor llamado Joel Lucas,
pero que no tenía ni idea de que él fuera un candidato a la mano de
príncipe consorte. Además, aseguró que Joel nunca había llegado a su
territorio.
El príncipe no creyó las palabras del noble y buscó personalmente en
el castillo del noble. Después de interrogar a los sirvientes del castillo
durante casi medio día, solo pudo confirmar que Joel nunca había estado
en el reino de Palein.
—¡Dónde diablos se habrá ido Joel!
El príncipe, incapaz de contener su ira, golpeó la mesa con fuerza y
dijo: —Esto me está matando—. Si al menos Joel fuese tan inteligente
como Benjamín, no estaría tan preocupado. El comandante de la
caballería, Abe, tratando de calmar al príncipe heredero que se estaba
arrancando el cabello de la frustración, lo consoló diciendo: —Su Alteza,
cálmese...
—Abe, me dijiste que había un informe de alguien parecido a Joel
cruzando la frontera del norte. ¿Qué pasó con eso?
—Logramos rastrearlo y capturarlo, pero resultó ser un comerciante
común.
—Maldita sea.
El príncipe maldijo entre dientes y se despeinó aún más el cabello, que
ya estaba hecho un desastre.
—Su Alteza, hemos buscado exhaustivamente por todo el territorio del
norte, pero no hemos encontrado ningún rastro del señor Joel. ¿Podría ser
que, anticipándose a que se reforzaría la seguridad en la frontera norte, el
señor Joel haya decidido ir a otro lugar para evitar ser rastreado...?
Abe sugirió esta posibilidad al príncipe con cautela. Sin embargo,
como no podía creer que Joel fuera tan astuto, terminó su frase con un
tono inseguro.
—O tal vez se haya equivocado de mapa y esté vagando por algún
lugar equivocado. En cualquier caso, no creo que el señor Joel esté en el
norte ahora.
—Imposible. Por muy poco conocimiento general que tenga Joel, no
puede ser que no sepa orientarse...
El príncipe, con las manos en el rostro, se secó las lágrimas con
nerviosismo. Sin embargo, de repente se quedó petrificado al pensar que
Joel podría ser capaz de hacer algo así.
Eso era aún peor. Se había sentido aliviado cuando el caballero Bennet
le dijo que le había enviado un mapa y una brújula, pero ¿y si Joel se
había equivocado completamente de camino? Imágenes de Joel perdido
en el bosque llorando amargamente o cayéndose de un acantilado y
resultando gravemente herido cruzaron rápidamente por su mente.
Incapaz de controlar su ansiedad, el príncipe se levantó de un salto.
Capítulo 83
—¡Su Alteza, por favor, cálmese!
Preocupado por Joel y perdiendo la razón, el príncipe intentó salir
corriendo del castillo, pero el comandante de la caballería, Abe, lo
detuvo.
—¡Suéltame! ¡Voy a buscar a Joel ahora mismo!
El príncipe gritó con angustia. En sus oídos resonaba la voz de Joel,
que lo llamaba débilmente pidiendo ayuda.
En realidad, Joel estaba pasando un buen rato en casa de Becky,
ayudando con las tareas domésticas y comiendo con los hermanos, pero
el príncipe, lejos de él, no podía saberlo.
—En este momento no tenemos ni idea de dónde está el señor Joel. En
una situación como esta, debe mantener la calma. El señor Bennet le
envió provisiones y ese mercenario Jack dijo que no tocó las
pertenencias del señor Joel, así que no morirá de hambre
inmediatamente.
Abe logró con fuerza arrastrar al príncipe, quien intentaba salir
corriendo, y lo sentó nuevamente en su escritorio.
—Su Alteza, ya hemos distribuido carteles de búsqueda en el suroeste,
donde se encuentra el territorio del conde Grey, y en el norte, donde se
supone que el señor Joel se dirigió, pero en cuatro días más, el sur
también estará lleno de carteles. Además, los equipos de búsqueda están
revisando todo el imperio, así que seguramente encontraremos al señor
Joel pronto. Tal vez ya lo hayan encontrado.
Al escuchar las palabras de Abe, el príncipe brilló de esperanza.
—Volveremos a la capital.
El príncipe se levantó y dijo con voz baja. Había rechazado
rotundamente la sugerencia de Abe de descansar un poco y salió de su
oficina. Ya que no había encontrado a Joel, no tenía ninguna razón para
quedarse allí más tiempo.
Los hombros del príncipe, montado solo en su caballo, lucían
extremadamente desolados. Se sentía abrumado al pensar en cómo le
daría esta decepcionante noticia al señor Bennet, quien seguramente lo
estaría esperando con ansias en la capital.
—Así que, Joel, por favor, regresa. Al menos por tu pobre padre...
El príncipe murmuró para sí mismo con desesperación. Si tan solo
pudiera confirmar la vida o la muerte de Joel, no pediría nada más.
***
La atmósfera en la casa de Becky era pacífica después del mediodía.
Después de comer, Becky decidió enseñarle a tejer lino a Joel, quien
estaba aburrido hasta morir.
De hecho, pudo sacar un poco de tiempo gracias a Joel. Si hubiera sido
un día normal, sus malvados hermanastros habrían tirado los platos al
suelo y arruinado la huerta a propósito, dejándola sin un momento de
descanso. Pero hoy, gracias a que Joel los amenazó con un trozo de
jamón, no pudieron causar más problemas.
—Esto es lino. Como el verano está cerca, tejeremos lino para hacer
ropa. Como el señor Robert es un noble, seguramente nunca ha tejido,
¿verdad? —Becky le dijo a Joel, enhebrando hábilmente el hilo en el
telar.
—Nunca he tejido yo mismo, pero vi a mi madre tejer.
Joel puso una cara un poco triste al recordar a su madre, que había
fallecido hacía mucho tiempo. Debido a que las circunstancias de la
hacienda de su padre, el señor Bennet, no eran abundantes y era difícil
contactar con el exterior debido a su ubicación geográfica, tenían que ser
autosuficientes en la mayoría de las cosas.
Su madre había tejido diligentemente para dar un buen ejemplo a los
habitantes de la hacienda y había hecho la ropa para él y su padre.
Aunque eran recuerdos muy antiguos, aún recordaba vagamente cómo
los sirvientes admiraban la habilidad de bordado de su madre mientras la
rodeaban con la ropa que ella había hecho.
Aunque no era tan hábil como su madre, Becky también era bastante
experta en tejer. Mientras colocaba el hilo en el telar, le dijo a Joel que,
cuando tenía tiempo libre, tejía lino o hacía encaje para venderlo y así
contribuir a la economía de la casa. Una vez que terminó el proceso
inicial más complicado, Joel comenzó a tejer lino torpemente, siguiendo
las instrucciones de Becky.
Aunque originalmente no le interesaba el tejido ni la costura, ahora,
como no tenía nada más que hacer, tejer lino también le parecía bastante
divertido. Joel se esforzó en tejer con todas sus fuerzas, queriendo ayudar
a Becky.
Por supuesto, el hecho de esforzarse no significaba que el resultado
fuera excelente. Joel cortó el hilo varias veces mientras movía el telar y
tuvo que correr a buscar ayuda a Becky, que estaba trabajando en la
huerta. Era normal que Becky se enojara por los errores repetidos, pero
siendo la buena persona que era, lo animaba cada vez, diciéndole que
para ser la primera vez lo estaba haciendo muy bien.
Cuando el sol comenzó a ponerse, Joel finalmente pudo sostener un
trozo de lino de unos veinte centímetros. Era un resultado muy pequeño
en comparación con la cantidad de trabajo que había invertido. Además,
como no había aplicado la fuerza de manera uniforme mientras tejía, la
superficie del lino era irregular.
—Supongo que tendré que pagar el hilo que desperdicié...
Joel jugueteaba con el lino que había tejido con una cara triste. Si esa
señora volvía y veía esto, seguramente le diría algo a Becky. No tenía
mucho dinero, pero no podía permitir que regañaran a Becky. Con una
moneda de cobre en la mano, abrió la puerta y se encontró cara a cara
con un hombre de mediana edad que acababa de entrar al patio.
Joel intercambió miradas con él con una expresión de perplejidad,
cuando Becky, que estaba trabajando en la huerta, exclamó sorprendida:
—¡Ah, ¿papá?!
—¿Quién eres tú?
El hombre, al que Becky llamaba papá, ignoró el llamado de su hija y
le preguntó bruscamente a Joel. Emanaba un fuerte olor a alcohol. Joel
contuvo la respiración, sintiendo un olor a sudor que le irritaba la nariz.
Si no hubiera sido el padre de Becky, habría tapado su nariz sin dudarlo,
sin importar lo grosero que fuera.
Becky se apresuró a acercarse y explicó: —Padre, el señor Robert es
un invitado. Ha decidido quedarse en nuestra casa por cinco días. Por
supuesto, le dio dinero a mamá.
—¿Es así?
El hombre respondió a su hija con un tono brusco y escudriñó a Joel
de arriba abajo.
John, el padre de Becky, era un alfa, a diferencia de los otros
miembros de la familia Beta. Reconoció al instante que Joel era un
omega. Aunque Joel no estaba liberando feromonas, para un alfa,
reconocer a un omega era casi un instinto.
El invitado que se alojaba en su casa era un omega bastante atractivo y
de mal carácter. No se podía comparar con las prostitutas de los bares
que había conocido vagando de un lugar a otro por su trabajo como
minero. John sonrió mostrando sus dientes amarillentos y le tendió la
mano a Joel.
—Me llamo John.
Por supuesto, Joel no aceptó ese grosero apretón de manos. No era
solo porque el padre de Becky estuviera sucio y oliera mal. El hombre
que decía ser el padre de Becky estaba escaneando su cuerpo con una
mirada muy desagradable. De alguna manera, Joel sintió un escalofrío al
recordar a los alfas que lo habían acosado cuando ingresó a la Academia
Imperial.
—Ah, padre. El señor Robert es un noble.
Becky intervino rápidamente, y John recogió su mano, apartando su
mirada grosera.
—Ah, ya veo por qué eres tan rígido. Resultó que eres un noble. Lo
siento, mi error. Quédese a gusto. Becky, por cierto, ¿dónde está tu
madre?
—Mi madre fue al mercado a comprar cosas. Debería volver pronto…
Becky observaba a su padre con nerviosismo, temiendo que actuara de
manera grosera con Robert. Afortunadamente, su padre murmuró: —
Hmm… ¿sí? Debe estar cargada, iré a verla—, y se dio la vuelta.
John, arrastrando su cuerpo cansado, bajaba la colina cuando, poco
después, se encontró con su esposa que regresaba a casa. Alarmado, la
agarró de la muñeca y la llevó rápidamente a la sombra, balbuceando: —
¡Mi amor, mi amor! ¿Cuándo llegaste? ¿Pero qué te pasa? —Después de
mirar a su alrededor para asegurarse de que no hubiera nadie escuchando,
bajó la voz y le preguntó a su esposa:
—Hay un tipo que nunca he visto en casa.
—Ah, es un invitado. Dijo que se quedaría cinco días y me ofreció una
moneda de plata, así que le permití quedarse. Si no te gusta, podemos
echarlo.
John negó rápidamente con la cabeza.
—No, no. No hace falta. Más bien, dicen que es un noble, ¿eso es
cierto?
—Bueno, eso es lo que dijo, pero ¿quién sabe? Con esa ropa tan raída
y viajando solo, sin ningún sirviente, no creo que sea un noble. Y si lo es,
seguro que es un pobre.
Nora no paraba de hablar mal del invitado a su marido, a quien hacía
mucho que no veía. Estaba muy enfadada con Joel por lo ocurrido en el
almuerzo. John se acarició la barbilla y reflexionó.
—…Nora, ¿te acuerdas del dueño del bar al que le pedí prestado
dinero? ¿Sigue trabajando en Versa?
—¡Sí, claro! A pesar de saber perfectamente que tuviste que trabajar
por mi culpa, sigue viniendo cada semana para reclamar el dinero y
armar un escándalo. ¡Qué mala suerte! ¿Por qué preguntas eso?
—Bueno, tal vez podamos pagar esa deuda de una vez por todas.
John murmuró y volvió a mirar hacia la casa donde estaba Joel. Sus
ojos arrugados brillaban con codicia.
Capítulo 84
Joel estaba sentado frente a una gran mesa.
Sobre la mesa había una gran cantidad de comida servida en platos de
plata. Un pavo relleno, un lechón con la grasa goteando, un solomillo de
ternera adornado con frambuesas, pastel de huevo, pescado frito... Al ver
esa escena tan espléndida, Joel sintió un repentino hambre.
Después de comer pan de centeno y jamón durante dos semanas, al
encontrarse con tanta comida deliciosa, su corazón latía con emoción. No
sabía qué hacer, qué comer primero. Con el tenedor en la mano, no sabía
qué hacer cuando de repente abrió los ojos.
—Ah...
Al ver la triste realidad que se extendía ante él, no pudo evitar
encogerse de hombros y sentirse decepcionado.
Él estaba durmiendo en el cobertizo con la familia de Becky. El
cobertizo era tan pequeño que no había habitaciones separadas, y todos
tenían que dormir juntos en el suelo.
Al menos, el sofá acolchado era para Joel, ya que había pagado por él.
Pensando que originalmente el sofá era de John, el padre de Becky, las
ganas de acostarse allí desaparecieron por completo. Sin embargo, si no
lo hacía, tendría que dormir en el suelo de tierra cubierto de paja, así que
Joel, a regañadientes, se acostó en el sofá para intentar dormir.
Como si el olor a alcohol y el hedor no fueran suficientes, John, que
estaba durmiendo en el suelo, roncaba muy fuerte. Joel lo miró con
irritación. La razón por la que se había despertado de su sueño feliz era
precisamente por ese ruido.
El ronquido de John era tan fuerte y resonante como una trompeta de
una banda militar. Joel sentía que sus oídos iban a explotar. Se arrepentía
de haber pagado a la señora Nora y de haber decidido quedarse en casa
de Becky para descansar antes de su largo viaje. En esas condiciones,
hubiera sido mejor dormir con un burro en el campo.
Aunque todavía quedaban dos días para su estancia, Joel decidió que
debía irse tan pronto como saliera el sol. Ya había encargado a Rob, el
hermano menor de Becky, que le consiguiera todo lo que necesitaba.
Después de pensarlo mucho durante los últimos tres días, Joel decidió
irse al sur, construir una pequeña cabaña y esconderse. Por supuesto, su
plan final de cruzar la frontera no había cambiado. Pero para eso, tendría
que aguantar al menos medio año en el campo del sur y, cuando la
vigilancia se calmara, volver a escondidas a la finca de Sir Bennet para
prepararse nuevamente.
Por supuesto, le preocupaba mucho el hecho de que nunca antes
hubiera cultivado. Sin embargo, como el sur era cálido y la tierra era
fértil, pensó que podría arreglárselas de alguna manera. Aunque no
viviría con lujos mientras se escondía, al menos no moriría de hambre. Y
Joel estaba seguro de que podía soportar el hambre.
Joel, que le daba la espalda a John, se revolvió varias veces en la cama
y luego se sentó. No podía dormir con el fuerte ronquido de John.
Además, el hedor de John le revolvía el estómago. Con ganas de aire
fresco, Joel se escapó silenciosamente de su cama.
—¡Qué casualidad que se llame John también! Maldita mala suerte.
El patio estaba iluminado por la luna. Joel se agachó en una esquina
del patio y murmuró para sí mismo. El padre de Becky no solo compartía
el nombre con ese maldito, sino que también compartía su repugnancia.
Le exigía a Rob que le consiguiera alcohol a crédito varias veces al día
y le lanzaba miradas lascivas a Becky, que estaba ocupada con las tareas
del hogar. Y todo esto a pesar de que ella era su propia hija. Joel se
preguntaba si debería dejar a esos hermanos así, y a pesar de su propio
futuro sombrío, se preocupaba seriamente por el futuro de los hermanos.
Con la mente confusa, sacó un trozo de manto que llevaba escondido y
se lo puso en la cara. Lamentablemente, ya no podía sentir las feromonas
del príncipe en el trozo de manto. Aun así, Joel no podía deshacerse de
su apego y frotó su mejilla contra la suave tela, tratando de oler la
fragancia de bergamota.
¿Cómo estará el príncipe...?
Al recordar la cara de pánico del príncipe cuando se dio cuenta de que
había desaparecido, mientras se dirigía a la finca de Sir Bennet, se sintió
muy pesado. Con toda la conmoción en el norte, el príncipe no podía
estar bien.
Juraba por Dios que no quería confundir o molestar al príncipe. No
había anticipado que su desaparición tuviera un impacto tan grande en él.
Si hubiera podido despedirse adecuadamente del príncipe antes de irse,
¿no habría sido más fácil para él aceptar la separación? Joel ahora se
arrepentía.
Con la vigilancia tan estricta en el norte, para entonces, todos ya
sabrían que no había cruzado la frontera. Tal vez el mercenario Jack
hubiera sido capturado. Si ese era el caso, su padre también estaría
preocupado por su bienestar. Todo esto le causaba un gran dolor de
cabeza.
—…Pero, ahora realmente no puedo volver.
Joel murmuró con tristeza. Ya estaba entrando en el cuarto mes de
embarazo. Aunque aún no se notaba en su ropa, sentía que su vientre
bajo comenzaba a crecer. Si volvía con el príncipe en ese estado,
seguramente descubriría su embarazo. Además, después de probar una
vida pacífica, no podía imaginar volver a esa capital tan llena de
problemas.
Antes de irse de este lugar, Joel se preguntó si debería ir a la mansión
del señor de Versa y dejarle una carta al príncipe diciéndole que estaba
bien y que no lo buscara.
Había dos posibles resultados después de dejar esa carta, y las
probabilidades eran de cincuenta por ciento. Uno era que el príncipe
entendiera su firme decisión de separarse y lo aceptara. Y el otro era que
se revelara el hecho de que se había quedado en la ciudad portuaria del
sureste de Versa, lo que concentraría la búsqueda en esa región.
Joel se quedó agachado en el suelo hasta el amanecer, pensando y
pensando, pero no pudo encontrar ninguna respuesta.
***
La casa de Becky estaba ajetreada por la mañana. O más bien, solo
Becky y Rob estaban ocupados. Mientras Becky y Rob cargaban heno
para el ganado en el pasto, Nora despertó a su perezoso esposo y lo llevó
detrás de la cabaña.
Antes de regañar a su esposo, estiró el cuello para ver qué estaba
haciendo el huésped. Afortunadamente, el huésped, cuyo nombre era
Robert, no se dio cuenta de sus sospechas y estaba tranquilamente
jugando con su burro en el pasto.
Aliviada, Nora volvió a mirar a su esposo. Su esposo, que olía a
alcohol, estaba parado y dormido de manera lamentable. Ayer había
prometido hablar bien con el dueño del bar, pero dudaba de que hubiera
cerrado el trato correctamente.
—¡Cariño, cariño! Despierta. ¿Cómo te fue con eso?
—Ay, ¿por qué me despiertas tan temprano por algo así?
John se rascó el trasero y bostezó exageradamente. Era una imagen
bastante desagradable, hasta hacía fruncir el ceño.
—¡Cariño!
—Ay, qué carácter que tienes, mujer. Todo salió bien. Resulta que el
dueño del bar estaba buscando una prostituta para un barco que zarpa a
finales de este mes, así que está tan contento que me dijo que me enviaría
un carruaje esta misma noche. Ah, por eso es que me di este trago por el
rubio.
John eructó a propósito. Nora sintió una oleada de enojo, pero calmó
su excitación al escuchar que el trato había salido bien y preguntó con
calma:
—Bueno, ya que aceptó la oferta, eso es muy bueno. Entonces,
¿cuánto te ofreció por él?
Sus ojos brillaban codiciosamente al hablar de dinero. John se encogió
de hombros y dijo con un tono triunfante:
—Me dijo que me perdonaría la deuda y los intereses del bar. Ya no
tendré que hacer ese trabajo tan duro en la mina.
—¡Ay, ¿eso es todo?
Ante la pregunta decepcionada de Nora, John respondió con
incredulidad.
—¿Eso es todo? Son veinte monedas de oro. Es un buen precio por un
omega masculino.
Los hombres con rasgos de omega eran raros entre los plebeyos, por lo
que las prostitutas omega hombres no eran muy populares. Y veinte
monedas de oro era una suma enorme, equivalente a tres años de
ingresos para ellos, pero Nora no pudo ocultar su decepción.
Cuando volvió a mirar a Robert, que estaba holgazaneando en el pasto,
su decepción aumentó. Robert era increíblemente hermoso, incluso sin
arreglarse. Con esa cara, podría haber obtenido al menos diez monedas
de oro más. La incompetencia de su esposo la enfurecía, pero Nora se dio
cuenta de que aún le quedaba una cosa por hacer y forzó una sonrisa.
—Sí, tienes razón. Te has esforzado mucho. Ah, y por cierto, ha
llegado un pretendiente para Becky.
—¿Eh? ¿Ya tiene edad para casarse?
—¡Ay, qué despistado eres! Nuestra hija ya tiene diecisiete años,
¿cómo preguntas si ya tiene edad para casarse?
John se rascó la nuca avergonzado por la reprimenda de Nora.
Rápidamente, antes de que el esposo se sobriese por completo, Nora dijo:
—El pretendiente es Smith, del pueblo de abajo.
—Smith, Smith... ¿Te refieres a Smith el jorobado? ¿No tiene cuarenta
años?
—¡Qué dices, hombre! Solo tiene treinta y cinco. Aún estás borracho.
En cualquier caso, ese joven está completamente enamorado de nuestra
Becky y ha ofrecido tres monedas de oro como dote.
En realidad, Smith el jorobado tenía cuarenta y tres años, pero Nora,
cegada por la idea de recibir el dote, lo negó con naturalidad. De hecho,
ya había acordado con Smith el jorobado recibir seis monedas de oro
como dote.
John, que parecía reacio al principio, puso una cara feliz al escuchar
que recibirían tres monedas de oro como dote.
Dijo con voz coqueta, que ya estaba entusiasmada: —El señor ya ha
dado su permiso. Solo necesita tu aprobación.
Con un tono indiferente, le dijo: —Bueno... Tú te encargas de los
asuntos de la casa. ¿Puedo ir a dormir ahora?
La mente de John, irresponsable, estaba llena de pensamientos sobre
volver a la cama. Nora, complaciendo a su esposo, dijo: —Por supuesto,
por supuesto. Ve a descansar—, y sonrió maliciosamente para sí misma.
Había logrado deshacerse de la hija de la ex esposa, a quien detestaba,
y a un precio muy alto, así que era una situación en la que todos ganaban.
Con el dote que recibiría de Smith el jorobado, podría comprar botas de
cuero resistentes para sus hijos y hacerles varios conjuntos de ropa de
verano. Con el corazón aliviado, regresó a la cabaña con su esposo.
Capítulo 85
Joel, que se había despertado por los ronquidos de John en la
madrugada, estaba sentado junto al burro, pasando el tiempo.
Se había saltado el desayuno. Aunque normalmente nunca se saltaba
las comidas, no podía comer nada sentado a la misma mesa que ese tal
John. Como John intentaba agarrar el jamón y el pan de centeno con sus
sucias manos, Joel tuvo que cortar solo lo suficiente para la familia de
Becky y volver a envolverlo bien.
Joel, que tenía planeado irse de la casa de John tan pronto saliera el
sol, pospuso su plan con lágrimas en los ojos cuando finalmente
amaneció. Desafortunadamente, las nubes oscuras indicaban que pronto
llovería. No podía hacer un largo viaje bajo la lluvia, especialmente con
un bebé en su vientre.
Con una mirada de esperanza, miró al cielo y dijo: —¿Por qué el cielo
tiene que estar nublado justo hoy...?
Mientras miraba al cielo sin perder la esperanza, Becky se acercó
rápidamente al pasto donde estaba sentado Joel.
—Señor, ¿cuándo piensa irse?
Becky, que se acercó a él en un instante, le preguntó en voz baja.
Mientras hablaba con Joel, miraba constantemente hacia la cabaña detrás
de ella, como si estuviera inquieta. Sabiendo que habían acordado que se
iría en dos días, Joel, sintiendo algo extraño, le preguntó en voz baja: —
¿Por qué?
—Porque siento que hay algo raro en la atmósfera de la casa... Mi
padre dijo que ya no tendría que inclinarse ante los acreedores, pero eso
no puede ser. La deuda no era pequeña... Y siento que de alguna manera
está relacionado con usted, señor.
—¿Qué?
—No lo sé con certeza, pero así lo siento.
Joel se levantó de un salto.
¿Ese maldito John había registrado sus cosas para robarle el dinero?
Había escondido las monedas de oro y plata en un pequeño bolsillo
dentro de su ropa y zapatos, pero había dejado las monedas de cobre en
la bolsa. Aunque fueran monedas de cobre, la cantidad total era
considerable. Justo cuando iba a revisar el dinero en su bolsa, se detuvo
al ver que los ojos de Becky estaban hinchados.
—¿Becky, por qué tienes los ojos así?
Por la mañana, antes de salir de la cabaña, Becky había estado
limpiando el piso como siempre, pero ahora tenía los ojos muy
hinchados, como si hubiera estado llorando mucho. Cuando Joel le
preguntó preocupado, Becky se limpió las mejillas con el dorso de la
mano y dijo tímidamente: —Ah... No es nada, señor.
—¡¿Que no es nada?! ¡Vamos, dime qué pasa! ¿Tu madrastra no te dio
jamón otra vez? ¿O tu padre te quitó tu parte de jamón?
Joel preguntó con enojo, recordando que había cortado generosamente
el jamón para que Becky y Rob también tuvieran su parte. ¿Acaso ese
maldito John había vuelto a quitarle la comida a sus hijos para llenarse la
barriga?
Ese tal John era tan descarado que, a pesar de haber comido tanto
jamón en los tres días que Joel había estado en casa de Becky como para
alimentar a toda la familia, siempre quería más. Como Joel se negaba a
darle más jamón, este había intentado robar el jamón de los platos de
Becky y Rob.
—No, no lloré por el jamón...
—¿Entonces por qué?
Ante la insistente interrogación de Joel, Becky no tuvo más remedio
que confesarle que la habían obligado a casarse de repente. Joel se
enfureció aún más al enterarse de que el marido de Becky era un
jorobado veintiséis años mayor que ella.
—¿Cómo puede ser? ¡Tú solo tienes diecisiete años! Bueno, de tu
madrastra es algo entendible, pero ¿tu padre aceptó semejante
matrimonio?
—Debido a las dificultades económicas de la familia, dijeron que
teníamos que reducir los gastos a como diera lugar...
—¡Qué familia más loca!
Joel golpeó el suelo con el pie, lleno de rabia. Al igual que Becky, él
también había estado a punto de casarse con un noble treinta y cinco
años mayor que él, por lo que se sentía aún más indignado.
Y pensando en ello, ¿por qué ese maldito príncipe lo había obligado a
un matrimonio tan humillante en el pasado?
Aunque el príncipe ya no recordaba el pasado, Joel siempre quiso
preguntarle por qué había dado esa orden. Si me odiaba tanto,
simplemente podría haber ordenado que me decapitaran y colgaran mi
cabeza en la muralla. Darme como esposo a un anciano era un castigo
más cruel y humillante que la muerte. Viendo cómo más tarde vendió su
alma al diablo para retroceder en el tiempo, parece que se arrepintió, pero
¿por qué hizo algo tan lamentable en primer lugar?
Al ver el rostro de Becky, se superpuso el suyo del pasado, y Joel no
pudo evitar exclamar: —¡Ese tipo es realmente malo!
Becky era tan joven y frágil.
No podía permitir que la vendieran a ese anciano. Agarrando la
delgada muñeca de Becky, Joel dijo: —Becky, vámonos juntos.
—...Señor, le agradezco mucho su oferta, pero... la rechazaré.
—¿Por qué?
—Porque no puedo dejar a mi hermano. Y además, ya me han pagado.
Becky esbozó una triste sonrisa al responder.
—¡Entonces nos llevaremos a tu hermano también! ¿Cuánto te
pagaron?
Joel preguntó con entusiasmo, pero se estremeció cuando Becky,
vacilante, respondió: —...Seis monedas de oro.
Seis monedas de oro eran una suma enorme, incluso para él. Además,
como había gastado mucho dinero en comprar un burro, le faltaba un
poco incluso si juntaba todas sus monedas de plata y cobre.
Becky parecía albergar una pequeña esperanza al ver la actitud
decidida de Joel, pero al ver su rostro endurecido, esbozó una sonrisa
resignada antes de escuchar la respuesta.
—Señor, no tiene por qué preocuparse tanto por una plebeya como yo.
Ya estoy muy agradecida por todo lo que ha hecho por mí.
—Pero, Becky...
—No se preocupe por mí. Vaya. Le diré a Rob que prepare el carruaje.
Becky volvió a empujar suavemente a Joel. A pesar de que estaba a
punto de ser vendida como esposa y dejar a su hermano pequeño, seguía
preocupándose por el bienestar de Joel.
Joel quería ayudarla de alguna manera, pero no sabía qué hacer en ese
momento.
Al volver a la cabaña con el rostro sombrío, Joel abrió la puerta y, para
su sorpresa, la señora Nora, que había sido tan fría hasta ahora, se acercó
a él con una sonrisa.
—Oh, señor. Estaba preocupada porque no había desayunado, así que
me alegro de que haya venido. Preparé sopa, ¿quiere un poco?
La mujer señaló la mesa. En el plato había una sopa tan aguada que
parecía más bien té. Aunque la sopa se viera insípida y aguada, Joel sabía
que la señora Nora no sería tan amable con él sin motivo.
Definitivamente sentía que el ambiente era diferente al de siempre.
Joel miró a su alrededor para comprobar la situación de la habitación.
John, la persona más peligrosa, estaba tendido en un rincón de la
habitación y roncaba. Pensando en Becky y Rob, quienes habían estado
trabajando sin descanso desde el amanecer, sentía asco, pero al mismo
tiempo, era una suerte para él en ese momento.
—No tengo hambre. De hecho, me voy ahora.
Joel apartó con firmeza el brazo de la mujer que intentaba retenerlo.
La sonrisa de la mujer se congeló de manera incómoda.
—¿Qué? Pero faltan dos días para la fecha acordada. ¿No le parece
una pérdida?
—Es una pérdida, pero no es asunto tuyo.
Joel dejó atrás a la señora Nora, que parecía inquieta, y tomó el jamón
y el pan de centeno. Por la ventana, vio a Rob sacando el carro del
granero. Joel estaba a punto de llevarse toda la comida, pero pensando en
Becky y Rob, cortó una rebanada de pan y un trozo de jamón y los dejó
en la mesa.
Con el pan y el jamón en los brazos, salió al patio. Rob, que estaba
comprobando si el carruaje funcionaba bien, le dijo con voz animada:
—¡Ah, señor Robert! Ahora iré a traer el burro del prado. Espéreme un
momento.
La expresión de Rob era tan brillante como siempre, pero sus párpados
estaban hinchados. Claramente, se había enterado de la noticia del
matrimonio de su hermana. Joel sintió un peso en el corazón.
Si renunciaba a escapar y revelaba su identidad, podría salvar a los dos
niños indefensos. Pero... eso significaría volver al lado del príncipe.
No podía hacer eso después de todo lo que había pasado. Joel estaba
convencido de que no era un compañero adecuado para el príncipe, y
después de haber sido abandonado por él una vez, no quería volver a
vivir con el temor constante de perder su afecto.
Tengo que proteger a esta niña.
Sintió lástima por Becky y Rob, pero no podía renunciar a su propio
futuro y al de su hijo. Joel se acarició el vientre y trató de fortalecer su
voluntad.
Justo cuando Joel había cargado el jamón y el pan de centeno en el
carro y había vuelto a la cabaña por su bolsa...
—Oye, noble. ¿Ya te vas?
John, que ya se había levantado, lo miró fijamente. Sus ojos todavía
estaban rojos por la bebida, pero incluso borracho, John no era un rival
fácil para Joel. Era al menos el doble de corpulento que él.
—No, no puedes irte. Siéntate y toma un poco de sopa —John ordenó,
y la señora Nora se paró a su lado con un palo.
Los tres hijos pequeños de John estaban acurrucados en una esquina,
observándolo con ojos asustados, pero Joel no sintió ninguna pena por
ellos. Después de todo, considerando lo que habían hecho a Becky y
Rob, eran casi tan malos como sus padres.
Había intentado escapar antes de que John se despertara, pero ahora no
tenía más opción que enfrentarlos.
Con el rostro endurecido, Joel sacó la daga que llevaba en la cintura.
Capítulo 86
Cuando Joel sacó la afilada daga, John y Nora retrocedieron
sobresaltados. Sin embargo, John pronto recuperó su actitud arrogante y,
inflando el pecho, preguntó: —¿Y qué piensas hacer con esa cosa?
Había notado que la mano de Joel temblaba ligeramente cuando
empuñaba la daga, y estaba seguro de que Joel no se atrevería a hacer
nada.
—...Déjame ir.
Joel lo suplicó, aunque sabía que era inútil. Por mucho malvado que
fuera John, no se atrevía a apuñalar a una persona. Además, ¿no era él el
padre de Becky?
—No puedo hacer eso, ya te he vendido a un barco. No pienses en
arruinar tu bonita cara, solo extiende la mano.
John levantó su gran puño, pero Nora, que estaba a su lado, lo detuvo
asustada: —Espera, si lo lastimas, perderá valor.
Joel inclinó la cabeza, sin entender su conversación. ¿Qué relación
tenía ser vendido como esclavo y que su rostro se arruinara con el precio
que le pondrían? No era como si fueran a pescar a los peces con la cara.
Mientras pensaba en eso, John se abalanzó sobre él. Joel se movió
rápidamente y por poco, esquivó el puño de John. John, incapaz de
controlar su pesado cuerpo, se estrelló contra la pared y cayó al suelo.
—Ugh, tú...
—¿Por qué me culpas de tu propia caída?
Joel preguntó con desdén. Esta vez, su esposa se abalanzó sobre él
gritando —¡Yah!— de una manera extraña. Tenía los ojos cerrados con
fuerza y Joel la esquivó ágilmente. Irónicamente, el palo que ella había
blandiendo golpeó directamente a John, que estaba tratando de
levantarse.
—¡Ah!
—¡Esposo, esposo!
La mujer se apresuró a levantar a su marido, que había caído al suelo
una vez más.
—Idiotas.
Joel comentó con incredulidad, y la mujer lo miró con el orgullo
herido. Eran una pareja de tontos que combinaban a la perfección.
—Soy un noble. No se te ocurra hacerme nada.
—¡Tú, un noble! ¡Eres un vagabundo sin un solo sirviente! Y además,
tu bolsa estaba casi vacía.
Ante las palabras de la mujer, Joel volvió la vista hacia la bolsa que
había dejado en una esquina. La cuerda con la que estaba atada se había
deshecho y la bolsa era claramente más pequeña de lo que recordaba.
—.¿..Acaso una moneda de plata es una pequeña cantidad?
—Pero comparado con las veinte monedas de oro que íbamos a recibir
por venderte, definitivamente es una cantidad menor.
Fue John, que finalmente había recuperado la conciencia, quien
respondió a la pregunta de Joel con un tono resignado. Se levantó con la
ayuda de Nora.
—¿Solo iban a recibir eso por mí? De verdad que son unos idiotas.
Incluso en esta situación, Joel se sintió ofendido al saber que lo habían
vendido por tan poco. Si lo hubieran vendido como esclavo sexual a un
noble, seguramente hubieran obtenido al menos cinco veces más. Por
supuesto, eso no significaba que quisiera ser vendido como esclavo
sexual.
Joel ajustó el agarre de su daga. No había arriesgado su vida luchando
contra un demonio para terminar tan miserable. Había sido estafado por
un mercenario, pero no iba a dejar que arruinaran su vida de esa manera
tan absurda.
Mientras se abalanzaba sobre John con una daga en la mano, algo
agarró la pierna de Joel de repente.
Los tres hijos de John, que habían estado temblando en una esquina, se
acercaron y agarraron su pierna. Joel se dio cuenta de que había pasado
por alto el hecho de que estaba luchando en una pelea 5 contra 1. Sin
embargo, como tenía un bebé en camino, no pudo patear a los niños
pequeños, y John aprovechó su vacilación para golpearlo en la cara.
—¡Ah!
Joel se sentó sintiendo un fuego ardiente en la mejilla. Su visión se
oscureció de repente. Pudo escuchar débilmente a su esposa gritando: —
¡Si lo vas a vender como prostituta, ¿por qué le lastimas la cara?
Ah, ¿así que no me iban a vender como esclavo de barco, sino como
prostituta? Eso es aún peor. Joel pensó estúpidamente mientras se sentía
mareado.
Cuando Joel finalmente recuperó la conciencia, ya tenía ambas
muñecas y tobillos atados.
—Ja, qué ridículo... —Joel murmuró, indignado por su terrible
situación
Después de retroceder en el tiempo, ya no perseguí al príncipe, ni
molesté a Benjamín, ni tampoco me atreví a codiciar la posición de
consorte que no era adecuado para mí. Solo quería vivir una vida simple
con mi bebé, ganando un salario modesto. Entonces, ¿por qué tengo que
sufrir esto otra vez?
John miró a Joel con ojos crueles y pateó su hombro. Joel gritó —
¡Ugh!— y cayó al suelo.
En ese momento. Con un sonido de explosión, la puerta de la cabaña
se abrió. No, se rompió. Joel abrió mucho los ojos y murmuró: —...
¿Jack?
Jack, el burro que había sentido algo extraño, había derribado la puerta
de la cabaña y corrió hacia adentro. Jack el burro se abalanzó sobre ellos,
resoplando furiosamente.
John, alarmado, trató de arrebatarle el garrote a Nora para defenderse,
pero Jack pateó antes de que John pudiera blandir el garrote. John,
golpeado en el pecho por la furiosa pezuña del animal, gritó —¡Agh!— y
cayó al suelo.
Rob, que miraba alternativamente a su padre tirado en el suelo y a Joel
con las manos y los pies atados, afortunadamente eligió acercarse a Joel.
Rob se arrodilló detrás de Joel, soltó las cuerdas y preguntó con una voz
aturdida.
—Señor, ¿qué está pasando exactamente?
Cuando Joel respondió: —Tus padres intentaron venderme como
esclavo—, Rob miró a su padre con una expresión pálida.
Preguntó: —¡Padre! ¿Por qué hiciste eso...?—, pero John, que había
recibido un fuerte golpe en el pecho por el burro, estaba inconsciente en
el suelo.
—Eso es lo que digo.
Joel se levantó con dificultad y le entregó a Rob un montón de
cuerdas.
—Aquí. Átalo.
—¿Eh? ¿A quién?
—¿A quién más?
Joel señaló a Nora y John con la barbilla.
—¿Cómo puedo atar a mi padre y a mi madre con mis propias
manos...?
—Esos tipos son escoria que intentaron vender a tu hermana a un
hombre de cuarenta y tres años por dinero. ¿Quieres seguir viviendo con
ellos? Mejor ven conmigo.
Aunque había la posibilidad de que Rob fuera cómplice de ellos, Joel
de alguna manera sintió que Rob y Becky realmente no sabían nada de
esta situación. Joel decidió confiar en Rob. Rob, con un rostro vacilante,
solo miraba la cuerda, pero cuando Joel lo instó a que los —atara
rápidamente—, tomó la cuerda como si hubiera tomado una decisión.
Nora intentó escapar, pero como Jack, el burro, estaba detrás de ella
resoplando, no tuvo más remedio que extender las manos. Becky, que
regresó en ese momento, escuchó la explicación de Joel y ayudó a Rob a
atar a su padre. Mientras tanto, Joel buscó en la casa y volvió a llenar la
bolsa con las cosas que habían desaparecido.
John, cuando Joel terminó de prepararse para irse, finalmente recuperó
la conciencia. Al darse cuenta de que tenía las manos y los pies atados,
gritó a todo pulmón: —¡Rob, Becky! ¿Por qué no me desatan
inmediatamente? ¿Quieren ser denunciados junto con ese tipo?
—Ah, qué molesto. Me preocupaba que estuvieras muerto, pero
afortunadamente estás vivo y coleando.
Joel, con la mochila puesta, habló con arrogancia. Le dio la mochila a
Rob, quien cortésmente dijo: —Señor, permítame llevarla—, y luego
miró con odio a los tres hijos pequeños de John que habían estado
acurrucados en una esquina.
—Ugh, boo hoo...
Los niños, que ya estaban asustados, comenzaron a gritar como
lechones. Joel, que normalmente era amable con los niños, no podía
suavizar sus ojos, pensando en lo que casi le había sucedido por culpa de
ellos.
Quería atar a los niños también para que no pudieran pedir ayuda a
nadie, pero no podía dejar que toda la familia muriera de hambre. Joel
decidió ser generoso con ellos. Y de todos modos, los niños tardarían al
menos medio día en bajar la colina y pedir ayuda a la gente.
—Nos iremos ahora. Como intentaron venderme, no puedo pagar nada
por Becky y Rob.
—¡Quién se cree que es para llevarse a mis hijos!
John se enfureció ante las palabras de Joel, pero se calló cuando el
burro relinchó.
—¿Cuándo has tratado a Becky y Rob como a tus hijos? Becky, Rob,
si tienen algo que decirles a su familia, díganlo ahora.
Ante las palabras de Joel, Rob negó con la cabeza, diciendo que no
tenía nada que decir. Sin embargo, Becky dio un paso adelante vacilante,
y Joel esperó a que se despidiera de sus padres.
John y Nora tenían una expresión esperanzadora de que Becky los
ayudaría. Pero Becky, que habló con dificultad, dijo: —Padre, madre...
no nos volvamos a ver—, y se despidió de ellos.
Ellos comenzaron a gritar de rabia, diciendo: —¡Esta chica!
Joel miró a John y a Nora con desprecio. Podía entender que Nora
fuera así, pero John era realmente un padre despreciable hasta el final.
Joel abrazó suavemente los hombros de Becky y Rob, y dijo
amablemente: —Vámonos.
Capítulo 87
Nada sucedió hasta que el carruaje en el que viajaban Joel y sus
hermanos menores salió de la colina y entró en el bosque. No creía que
alguien los persiguiera por algo que sucedió entre plebeyos. Rodeados
por un bosque exuberante, Joel detuvo el burro por un momento y sacó
una brújula.
Pero todavía era imposible descifrar las letras en la brújula. Debería
haber prestado atención en clase de lenguas antiguas...
Mientras Joel miraba la brújula con una expresión de dificultad,
Becky, que lo observaba desde un lado, intervino y dijo: —Señor, debe
estar mareado. Permítame tomar las riendas. Déme la brújula también.
¿A dónde vamos?
—Pensaba ir hacia el sur... Becky, ¿sabes usar esta brújula?
¿Acaso una plebeya habría aprendido a leer la lengua antigua? Joel,
sorprendido, agarró el hombro de Becky y preguntó. Becky también se
sorprendió y abrió los ojos como un conejo.
—No, no sé lengua antigua, pero la punta de la aguja de la brújula
siempre apunta hacia el norte...
Ante la actitud de Becky, que respondió como si fuera algo obvio, Joel
se dio cuenta de que había hecho el ridículo. Suavemente soltó el hombro
de Becky.
Y al pensar en ello, recordó vagamente lo que el viejo profesor había
dicho sobre la punta de la aguja de la brújula durante la clase de
geografía en la Academia Imperial.
Joel se sintió avergonzado de no saber algo que Becky, una plebeya,
sabía, a pesar de que él era un noble y mayor que ella. Sin embargo, dijo
con arrogancia: —Yo, yo también lo sé. Pero como me siento mareado,
creo que sería mejor que tú tomaras las riendas.
Por supuesto, la inteligente Becky no quiso avergonzar a su nuevo
amo. Ella tomó la brújula y las riendas de Joel, diciendo cortésmente: —
Sí, señor. Confíe en mí—. Mientras ella guiaba al burro mirando la
brújula, el burro se movió obedientemente siguiendo a Becky.
Joel recordó cómo el burro se había resistido cada vez que él tiraba de
las riendas en el pasado. En ese momento, pensó que el burro era
estúpido por desobedecer sus órdenes, pero ahora parecía que el burro
Jack estaba tratando de disuadirlo de ir hacia el sureste. Sintiéndose
culpable hacia el burro, Joel decidió disculparse con él más tarde por
haberlo llamado tonto.
El bosque se volvió cada vez más denso. Joel comenzó a sentir sus
párpados pesados. Sabía que no era el momento, pero el sueño lo
abrumaba debido a su embarazo. Becky y Rob, notando que Joel estaba
cansado, bajaron la voz, y Joel, que estaba cabeceando apoyada en el
carruaje, pronto se quedó profundamente dormido.
Cuando Joel abrió los ojos, el sol se estaba poniendo. Becky lo estaba
despertando suavemente, diciendo: —Señor, señor. ¿Se siente mejor? Ya
es de noche. El burro también parece muy cansado, así que ¿qué tal si
acampamos aquí hoy? También tenemos que discutir qué hacer a
continuación.
—Ah... Está bien.
Joel se levantó del carruaje con el cuerpo adolorido. Se sentía
despejado porque había dormido mucho tiempo. Mientras Rob desataba
las cuerdas del carruaje y revisaba el estado del burro, Becky sentó a Joel
en una roca plana y dijo: —Señor, espere un momento y le prepararé la
comida.
—Tengo un pedernal en la bolsa. Podemos encender un fuego con eso.
—Sí —Becky dijo cortésmente.
Mientras ella recogía ramas secas para encender un fuego, Rob, que
había terminado de revisar al burro, trajo agua en una pequeña olla que el
señor Bennet había empacado. Hasta ahora, Joel había tenido que hacer
todo por sí mismo, pero definitivamente era conveniente tener dos
sirvientes.
—Tengo hambre. ¿Qué quieren para cenar?
—Además del jamón y el pan de centeno, ¿hay más comida? —Becky
preguntó con alegría. Ella estaba preocupada porque no habían podido
empacar comida debido a su apresurada partida, así que se sintió
aliviada.
Joel respondió con un tono confiado: —Sí, en la bolsa. No tienes que
preocuparte por la comida por un tiempo. Incluso si la racionamos, los
tres podemos durar un mes.
Becky abrió la bolsa según las palabras de Joel y exclamó: —¡Oh,
también hay mantequilla y queso! Y esto... ¡Vaya, son especias! ¡Wow!
Y la arrogancia de Joel aumentó aún más.
Después de discutir con Becky y Rob, decidieron hacer sopa para la
cena. Estaban cansados de comer pan de centeno y jamón todo el tiempo,
y hacía bastante frío, así que anhelaban algo caliente. Becky sacó un
poco de guisantes, carne seca y queso y comenzó a hacer la sopa.
Mientras la sopa hervía, ella diligentemente recorrió el bosque
circundante y recogió verduras comestibles para agregarlas a la olla.
—Aquí, come mucho.
Finalmente, cuando la sopa con un delicioso aroma estuvo lista, Joel
tomó una gran cucharada de sólidos y la puso primero en los tazones de
Becky y Rob. Especialmente, les dio la mayor parte de la carne seca y los
guisantes a los niños. Aunque también tenía hambre, al ver a Becky y
Rob tan delgados, se sintió tan conmovido que ni siquiera sintió hambre.
—Está realmente delicioso.
—Así es. De hecho, mi hermana mayor cocina muy bien.
Cuando Joel y Rob elogiaron la habilidad de Becky, Becky se sonrojó
y dijo: —No, es gracias a las caras especias. Incluso cuando trabajé en el
castillo del señor de Versa, nunca vi especias tan buenas.
—No, está tan delicioso como lo que comí en el banquete del palacio.
—Wow, señor. ¿También ha ido a un banquete en el palacio?
Rob preguntó con los ojos brillantes, sorprendido por las palabras que
había dicho sin pensarlo. Joel, dándose cuenta de su error, dijo: —B-
Bueno, solo fui una vez.
Aunque no desconfiaba de Becky y Rob, pensó que sería mejor ocultar
su identidad, ya que había una gran recompensa por su cabeza.
Después de disfrutar de una agradable comida, Joel se sentó junto al
fuego y discutió el futuro con los hermanos.
—Lamento no poder revelarles mi identidad o mi situación detallada.
Lo siento, pero espero que lo entiendan. Y originalmente, estaba en
camino hacia el reino de Palein en el norte, donde me ofrecieron un
trabajo.
—Pero, señor. Escuché que la frontera norte está cerrada debido a la
desaparición del futuro consorte del príncipe heredero...
Becky intervino con una expresión preocupada, escuchando las
palabras de Joel.
—Sí, así que planeo esconderme en el sur por un tiempo. Porque,
porque... De hecho, mi hermano menor quería tomar mi título y trató de
matarme, así que escapé. Seguramente me estará buscando, así que
tendré que ocultar mi identidad hasta que cruce la frontera.
Permanezcamos en el sur por un par de meses y crucemos la frontera
cuando la vigilancia en el norte se relaje. Todo estará bien una vez que
llegue al reino de Palein.
Joel, que estaba inventando excusas torpes, agregó innecesariamente:
—Por supuesto, no soy ese omega desaparecido. —También aumentó—.
No creo que pueda pagarles su salario hasta que lleguemos al reino de
Palein. Pero como recibiré un salario considerable allí, no se preocupen,
les pagaré todo el salario atrasado. Les daré tres monedas de plata al mes
como salario.
Al escuchar la sorprendente propuesta de Joel, Becky abrió la boca. El
dinero que había ganado trabajando diligentemente en el castillo del
señor de Versa era de solo diez monedas de cobre al mes. Eso era menos
de una moneda de plata.
—Estamos agradecidos de que el señor Joel nos haya sacado de allí. Y
tres monedas de plata son demasiado —dijo Becky.
Rob estuvo de acuerdo a su lado, diciendo: —Sí, incluso una moneda
de plata es demasiado.
—No es un precio excesivo en absoluto, así que no hay necesidad de
ser tan modesto. Como me han seguido confiando en mí, también los
trataré bien en el futuro. Vivamos bien juntos en el futuro.
Joel no estaba seguro de si podría cruzar la frontera con éxito llevando
consigo a Becky y Rob, pero aun así, lo dijo como una promesa.
Después de la reunión, decidieron irse a dormir temprano para el día
siguiente. Incluso después de que Becky y Rob, que estaban a su lado, se
durmieran profundamente, Joel no pudo dormir. Miró hacia el cielo
nocturno, lleno de estrellas, y se quedó sumido en sus pensamientos.
Ahora tenía dos vidas más de las que debía hacerse responsable,
¿podría llevarlos a salvo al reino de Palein? Al acariciar suavemente su
vientre ligeramente sobresaliente, su corazón se sintió aún más pesado.
Ya empezaba a extrañar al príncipe. Al regresar a él, todos sus
problemas inmediatos se resolverían. Sin embargo, Joel recordó que
después de eso lo esperarían problemas aún mayores, y trató de reprimir
el deseo de regresar al lado del príncipe.
No estaba seguro de poder escapar con éxito, pero por ahora, no tenía
más opción que confiar en sí mismo, a pesar de sus limitaciones.
Capítulo 88
Apenas Joel se fue con los hermanos, John comenzó a presionar a sus
tres hijos restantes para que bajaran rápidamente al pueblo y pidieran
ayuda. Sin embargo, los niños pequeños no querían salir de la cabaña por
miedo, y John y Nora siguieron discutiendo con las manos atadas hasta
mucho después de que el dueño de la taberna llegara con una banda de
matones.
—¿Cómo demonios has criado a tus hijos?
—¿Qué quieres que haga? ¡Son tan cobardes como tú!
—¡Basta ya ambos! Oye, John, ¿a dónde diablos se fue ese prostituto?
Dijiste que lo adormecerías dándole una sopa con somnífero.
El dueño de la taberna interrumpió a John y Nora con irritación.
—Es que... No sé cómo lo hizo, pero se dio cuenta y se escapó.
—¡Idiota!
El dueño de la taberna lanzó a John una mirada de desprecio. Había
tenido grandes esperanzas cuando John le habló de la gran oportunidad
que había encontrado, pero una vez más, había sido en vano. Como
siempre.
Desilusionado con John, el dueño de la taberna solo dijo: —Siempre
haces lo mismo. Vete a la mina de una vez. Te dejaré la cuenta de la
bebida que tomaste ayer, así que tenlo en cuenta—, y se fue colina abajo.
John, rechinando los dientes, se levantó con dificultad apoyándose en
su bastón. Le dolía mucho el pecho por la patada del burro, pero estaba
completamente fuera de sí al darse cuenta de que había perdido la
oportunidad de su vida de saldar sus enormes deudas. Empujó
bruscamente a su esposa, que intentaba detenerlo, y se dirigió al castillo
del señor feudal.
—¡Han entrado ladrones en mi casa! ¡Un huésped que dijo que se
quedaría unos días en mi casa me golpeó y se escapó sin pagar! ¡Por
favor, ayúdenme a atraparlo!
John se aferró a cualquiera que veía y hacía esa súplica, pero,
naturalmente, nadie le prestó atención a las palabras de alguien que
nunca había pagado sus impuestos a tiempo. En cambio, solo se burlaron
de él, diciendo que probablemente había intentado hacerle algo malo al
huésped y había sido golpeado por ello.
—Cariño, se acabó. Deja de armar un escándalo y vámonos.
Nora intentaba calmar a su furioso marido de cualquier manera. Había
perdido tanto el dinero del prostituto como el de la hija de la ex esposa
de su marido, por lo que también estaba muy enojada. Sin embargo,
siendo más inteligente que su marido, era consciente de que si causaban
alboroto en el castillo del señor feudal, podrían ser severamente
castigados.
Mientras forcejeaban en el pasillo del castillo, accidentalmente
golpearon con el codo al señor de Versa, que llevaba un montón de
papeles.
—¿Cómo se atreven a bloquear mi camino? ¿Quieren que los azote
hasta que se les hinche la pierna?
El señor, enfurecido, señaló con el dedo y se puso furioso. Parecía
dispuesto a azotarlos en ese mismo instante, y John y Nora se inclinaron
rápidamente para disculparse. Mientras se inclinaba, Nora notó de reojo
el contenido del montón de papeles que llevaba el señor.
—¡Oh, Dios mío... esa cara!
—Esposa, no puedo leer... ¡esa cara!
Aunque no sabía leer y no podía entender las palabras escritas
densamente en los papeles, pudo reconocer las docenas de retratos
idénticos en cada página. Cuando golpeó suavemente el brazo de su
marido, que estaba parado a su lado, John, que había estado demasiado
ocupado adulando al señor feudal, finalmente descubrió los retratos y
abrió los ojos en sorpresa.
—¿Qué? ¿Ustedes conocen a este hombre?
El señor feudal, que los había tratado con desdén, cambió
repentinamente de actitud. Sintiendo una atmósfera extraña, Nora cerró
la boca, pero John, sin darse cuenta, confesó todo con entusiasmo.
—¡Por supuesto que lo conocemos! ¡Ese tipo se quedó en nuestra casa
durante unos días y luego se escapó sin pagar!
—¿Dice que el señor Joel se quedó en su casa?
—¿Joel? ¿Dice que este tipo se llama Joel? A mí me dijo que se
llamaba Robert. No sé si su nombre es Robert o Joel, pero
definitivamente es esta cara. Viendo que hasta han puesto carteles de ‘se
busca’, supongo que este tipo es un gran criminal, ¿no? Desde que vi que
se escapaba escondiendo su identidad, me pareció sospechoso. Debería
haberlo golpeado más de una vez en la cara.
Emocionado ante la posibilidad de atrapar al tipo y recibir una
recompensa, John continuó balbuceando sin darse cuenta de que el rostro
del señor feudal se ponía cada vez más pálido.
—Señor, este tipo es un estafador de pies a cabeza. Se quedó en
nuestra casa durante varios días y se negó a pagar. Y no solo eso, cuando
le dije que si no podía pagar, que me pagara con su cuerpo, ¡me atacó
con un burro!
—¿Dice que lo golpeó? ¿Que le pidió que le pagara con su cuerpo?
¿Se atreve a insultar así a alguien que será el futuro consorte del
príncipe?
—Sí, señor. Si no tenía dinero, debería haber pagado con su trasero...
¿eh?
John, que había estado hablando con arrogancia, abrió la boca como
un plato cuando finalmente entendió la palabra ‘consorte’.
¿Consorte? ¿Esa persona a la que intenté vender como prostituto...
será el futuro príncipe consorte?
Era algo absurdo. No era posible que un noble de tan alto rango
estuviera vagando sin un solo sirviente. Sin embargo, no había ni una
pizca de humor en el rostro del señor feudal, y John, que finalmente se
dio cuenta de la situación, palideció.
—Eso... ¡Bueno, lo de pagar con el cuerpo era solo una broma! ¡De
hecho, lo traté muy bien!
John trató de cambiar rápidamente de opinión, pero ya era demasiado
tarde. El señor feudal, enfurecido, señaló a John y a Nora y gritó: —
¡Llévense a estos dos para interrogarlos!
***
Mientras viajábamos hacia el sur, Joel se hizo muy cercano a los
hermanos. Como no teníamos más que hacer que conversar en el lento
carruaje, era la única forma de pasar el tiempo.
Becky y Rob, liberados de su interminable esclavitud laboral,
recuperaron su vitalidad infantil y charlaron con Joel sin parar, como
gorjeadores.
—¿Y tú, Rob, desde cuándo trabajas como pastor?
—Desde que tenía diez años. Mi madrastra tuvo otro bebé por esa
época y necesitábamos mucho dinero.
Al escuchar la respuesta de Rob, Joel no pudo ocultar su mirada de
lástima. Cuidar del ganado no era fácil ni siquiera para un adulto. Rob,
que ahora con catorce años tenía un cuerpo similar al de un niño de diez,
debe haberlo encontrado aún más difícil hace cuatro años.
Joel, preocupado, preguntó: —¿Y nunca te lastimaste mientras
aprendías a trabajar?
Rob respondió con calma: —Al principio, me golpeaban y me caía.
Incluso casi me matan a patadas por tocar a un burro de la manera
equivocada. Pero gracias a eso, ahora cuido mejor del ganado que otros
de mi edad, así que no importa.
Mientras Joel y Rob discutían seriamente sobre las diferencias entre
los burros y las aves, Becky, que conducía el carruaje en silencio,
intervino en la conversación.
—¡Señor, mire!
Joel miró en la dirección que Becky señalaba. Al final de su dedo,
había una vieja casa abandonada a punto de derrumbarse.
Joel y los hermanos ya habían acordado usar una casa abandonada
como refugio durante su viaje hacia el sur. La casa que Becky señaló
estaba aislada en un bosque denso y, a primera vista, parecía un buen
lugar para esconderse durante un par de meses. Joel le indicó a Becky
que dirigiera el carruaje hacia la casa abandonada.
La casa abandonada, vista de cerca, parecía no haber sido tocada por
una mano humana en varios años. El pequeño huerto solo mostraba
rastros de cultivos pasados, y el techo de paja estaba podrido desde hacía
mucho tiempo.
—Tendrá que arreglarse mucho... Pero las vigas parecen estar sólidas y
quedan algunos muebles y utensilios útiles. No está mal para lo que es.
Rob, ¿y el granero?
—Está completamente derrumbado. Hay un arado, pero está tan
dañado que no sé si se podrá arreglar. Aun así, es mejor que nada.
Mientras Becky y Rob exploraban cada rincón de la casa, Joel
permaneció de pie en el centro de la habitación con una expresión de
desaprobación.
A los hermanos les encantaba la cabaña, pero para Joel, era solo un
establo a punto de derrumbarse. Con un gran agujero en el techo, ¿cómo
podrían convertir esa casa en ruinas en un lugar habitable, por muy
hábiles que fueran?
—Con unas pocas reparaciones, podríamos vivir aquí. Pero, ¿por qué
una casa tan útil está vacía?
Becky, examinando la casa con cautela, murmuró para sí misma con
preocupación. Rob, que estaba inspeccionando la chimenea, respondió:
—Hermana, nuestra casa en Versa también estaba en este estado antes
de que la arregláramos. Y ahora que los animales salvajes están saliendo
de su hibernación, será peligroso seguir moviéndonos por el bosque. Ya
estamos lo suficientemente lejos de Versa, ¿qué te parece si nos
quedamos aquí?
—Hmm...
Becky miró a Joel, con una expresión que parecía preguntar: —¿Y
usted, señor?
Aunque a Joel la cabaña todavía le parecía un establo a punto de
derrumbarse, pensó que sería mejor confiar en el juicio de Becky y Rob.
—Haré lo que ustedes decidan —dijo.
Después de una larga discusión, Becky y Rob finalmente decidieron
quedarse aquí. Una vez terminada la reunión, se arremangaron las
mangas y comenzaron a limpiar la casa con diligencia. Quitaron los
muebles destartalados y los colchones raídos, llevándolos afuera, y
barrieron y fregaron el suelo lleno de polvo.
Mientras los hermanos limpiaban ajetreadamente, Joel también
recogió basura para ayudar.
—Señor, aquí hay mucho polvo, así que descanse afuera. Cuando esté
todo listo, lo traeré adentro.
Por supuesto, no pasó mucho tiempo antes de que Becky lo atrapara.
—No puedo permitir que ustedes, tan jóvenes, trabajen tan duro
mientras yo estoy aquí sin hacer nada.
—Usted prometió pagarnos, así que es su deber darnos órdenes.
Además, usted... no está solo.
—¡Ah, ¿cómo lo supiste?
¿Cómo se había dado cuenta? Nunca había mencionado su embarazo,
así que Joel se sorprendió y preguntó. Becky respondió con una sonrisa.
—Bueno, es que a menudo el señor acariciaba su vientre con una
expresión de felicidad. Como tengo cuatro hermanos menores, soy
bastante observadora en esas cosas.
—Ah…
El rostro de Joel se llenó de arrepentimiento al instante. —No es que
no confiara en ustedes…— se disculpó.
Becky respondió: —Lo sé. De todos modos, el señor debería tomar el
sol afuera. Aquí hay pedazos de vidrio rotos y es peligroso.
Así, tranquilizó a su reacio amo y lo sacó de la casa. En el fondo, sabía
que era lo mejor para ella y para su hermano.
Capítulo 89
Expulsado de la cabaña por Becky, Joel se acercó al burro que
descansaba bajo la sombra de un árbol. Cuando Joel se sentó a su lado, el
burro lo miró de reojo y cerró los ojos, concentrándose en disfrutar del
sol.
Durante toda la tarde, Joel observó con tristeza a Becky y Rob
mientras trabajaban sin parar. Al final de la tarde, los hermanos
terminaron de ordenar la casa y comenzaron a separar las herramientas
agrícolas útiles de los restos destrozados del granero. Mientras
merodeaba por allí observándolos, Joel encontró una caña de pescar y la
levantó.
—Becky, Rob, miren. Es una caña de pescar. Parece estar en buenas
condiciones.
—Sí, así es. Déjela a la izquierda, señor —dijo casualmente Becky,
mientras doblaba cuidadosamente los sacos desparramados.
Joel agarró su brazo y, señalando el río un poco más lejos, preguntó:
—Becky, como no tengo nada que hacer, ¿por qué no pesco algo con
esto?
—No, es peligroso.
Becky inmediatamente dejó caer los sacos y detuvo a Joel. Con esa
mirada severa, Joel no pudo evitar recordar la imagen de Robert
regañándolo cuando había causado algún problema en la finca del señor
Bennet. Sin embargo, después de estar abatido por un momento, Joel no
pudo renunciar a su idea de pescar y le rogó a Becky: —... Bueno,
entonces, ¿puedo ir con Jack?
Al ver que Joel seguía insistiendo, Becky, a regañadientes, dijo: —Está
bien, pero como pronto se pondrá el sol, vuelvan antes de dos horas. Por
si acaso, asegúrate de llevar tu daga—. No tuvo más remedio que darle
permiso. El burro Jack, que había estado observando la situación, se
levantó con una expresión molesta.
Nadie, ni siquiera el burro Jack, esperaba que Joel tuviera éxito en la
pesca, pero él, lleno de sueños de pescar un pez grande para alimentar a
los hermanos, se subió a la espalda del burro.
Mientras se dirigía al río, Joel sintió una extraña sensación de que sus
roles con Becky se habían invertido, pero lo atribuyó a sus propias dudas
y se concentró en guiar al burro.
Por suerte, al llegar al río, Joel atrapó un pez del tamaño de su muslo
poco después de lanzar su línea. El pez era lo suficientemente grande
como para alimentar a los tres. Emocionado, Joel regresó a la cabaña
montado en el asno.
Cuando vio a Joel regresar en menos de 30 minutos, Becky negó con
la cabeza con una expresión de —ya lo sabía—, pero cuando Joel le
mostró con orgullo el cubo con el pez, abrió los ojos sorprendida.
Debido a que tenían que ordenar todas las cosas que estaban tiradas
por todas partes, no pudieron sentarse a la mesa hasta muy tarde.
Mientras Becky preparaba el pescado que había limpiado antes,
añadiéndole hierbas y mantequilla, Joel sacó del bolso el pan blanco que
Sir Bennet le había dado y lo puso sobre la mesa.
Aunque no pudieron poner un mantel sobre la vieja mesa que Rob
había arreglado, con el fuego en la chimenea y el pescado a la parrilla
listo, la cena estaba bastante bien servida. El pan blanco que Sir Bennet
le había dado era lo suficientemente grande para que los tres comieran y
sobrara. Sin embargo, Joel decidió ceder el pan blanco a los hermanos
que habían trabajado todo el día, y se quedó con el pan de centeno plano
que había recibido de la granja.
Cuando Joel cortó por la mitad el pan de trigo y lo puso en los platos
de Becky y Rob, Becky, sorprendida, agitó la mano y dijo:
—Señor, no es apropiado que nos dé el pan blanco. Estamos
agradecidos incluso con el pan de centeno.
—Estoy harto de comer pan blanco todo el tiempo. No te preocupes y
cómelo. Hoy es un día histórico, así que debemos celebrarlo.
El pan blanco era un privilegio de los nobles. Becky y Rob, dudando al
principio ante la insistencia de Joel, probaron el pan blanco y,
sorprendidos por su sabor suave y esponjoso, intercambiaron miradas de
admiración.
Joel les aseguró que, si iban al reino de Palein, podrían comer pan
blanco todos los días.
Mientras observaba a los niños comer con satisfacción, Joel sintió una
cálida sensación en su corazón.
Era la esperanza de una nueva vida. Joel se dio cuenta de lo dura y
miserable que había sido su vida sin esperanza. Si la esperanza era tan
dulce y abundante, pensó que podría superar incluso su nostalgia por el
príncipe.
Sé que tomará mucho tiempo, pero lo importante es que siento que
podré olvidarlo.
Joel esbozó una sonrisa un poco triste.
—…Así que, señor, creo que tendremos que ahorrar el jamón y el pan
de centeno por un tiempo. Y quería plantar la mitad de los frijoles y la
avena que tiene, ¿qué piensa?
—No creo que nos quedemos aquí tanto tiempo como para cultivar.
—No sabemos cuándo se levantará la alerta en el norte. Como
tenemos este campo, si plantamos cultivos ahora, estaremos bien incluso
si tenemos que quedarnos aquí más tiempo.
—Ah…
Mientras continuaban la cena, Joel y Becky discutieron en detalle
cómo iban a vivir los próximos dos meses. Becky parecía ser mucho más
profunda y meticulosa que él, a pesar de ser seis años mayor. Joel se
sintió un poco desanimado porque, aunque la encontraba confiable,
sentía que no estaba siendo un buen amo para ella.
Por otro lado, Becky sentía una profunda simpatía por Joel.
Becky sabía muy bien que era inteligente, pero nunca antes había
recibido reconocimiento por eso, excepto por parte de su hermano menor.
Ni sus padres, ni la gente de la iglesia ni los de la mansión la tomaban en
serio o se molestaban al ser corregidos por una niña.
Comparados con los adultos tontos de Versa, su nuevo amo, Robert,
tenía una actitud refinada, tolerante y sin prejuicios. Esa naturaleza
generosa era la prueba de que era un hombre de alto rango. Becky estaba
segura de que Robert había sido un gran noble que había dirigido a
muchos sirvientes.
—Sí, está bien, Becky. Hagamos como tú dices. La avena y los
guisantes están en mi bolsa, así que toma lo que necesites.
—Gracias por permitirme. Ah, y si pudiéramos plantar papas también
sería genial…
Viendo a Becky lamentarse de no haber empacado las papas cuando se
fueron de Versa, Joel murmuró con una expresión de disgusto: —Ah,
papas…
Esas malditas papas.
Ahora, solo de pensar en ellas se le quitaban las ganas de comer. Y
considerando que había vomitado al olerlas, estaba seguro de que su bebé
tampoco las soportaba.
Aunque no era el momento de ser quisquilloso con la comida, su
pequeño deseo era no tener que comer papas todos los días.
Después de la cena, Joel sacó un frasco de albaricoques en conserva
que había estado guardando. Se sirvió una rebanada en su plato, tres
rebanadas para Becky y tres para Rob. Luego, con la última rebanada en
la mano, se dirigió a la ventana.
—¡Jack! ¡Ven aquí!
Al llamar al burro que estaba descansando en el patio, el burro se
levantó con desgana y se acercó. Joel le ofreció un durazno al burro que
parpadeaba con los ojos.
—Has trabajado muy duro. Y lo siento por haberte llamado tonto
antes.
Lo había salvado de John y había tirado del carruaje durante todo ese
largo viaje, así que el burro Jack también merecía ese durazno. A Joel le
hubiera encantado darle incluso la última rebanada que tenía en su plato,
pero esa no era suya, sino de su bebé.
Jack, un burro con buen gusto, no rechazó el durazno que Joel le
ofreció, y Joel acarició suavemente la nariz del burro mientras disfrutaba
del sabor del durazno.
Después de vagar en un carruaje durante tanto tiempo, finalmente se
sentía aliviado de tener un hogar cálido y seguro. Joel preparó té con la
miel que quedaba en el frasco y lo compartió con los hermanos, hablando
hasta altas horas de la noche. Rob y Becky brillaron con los ojos
mientras escuchaban las historias de Joel sobre la capital y el palacio.
—Ojalá todos los días fueran como hoy.
Becky murmuró así, feliz. Ya no tenía que soportar a sus medio
hermanos ni tenía que casarse contra su voluntad.
Joel sonrió y estuvo de acuerdo: —Así es—. Sin embargo, cuando Rob
preguntó: —Señor Robert, ¿por qué no nos quedamos aquí en lugar de
cruzar la frontera?—, su expresión se puso seria de inmediato.
—Eso no puede ser. Entonces podríamos terminar comiendo solo
papas.
Solo de imaginar vivir comiendo solo papas, se estremeció
involuntariamente.
Si iban al reino de Palein, podrían vivir una vida noble con un salario
considerable, ¿por qué renunciar a ese futuro próspero y vivir comiendo
papas aquí? Al ver la reacción exagerada de Joel, Robert, avergonzado,
trató de calmar la situación.
—Jajaja, solo lo dije en broma. En realidad, también me gustaría ir al
reino de Palein alguna vez. Para cruzar la frontera, ese omega que dicen
que será el consorte del príncipe heredero debe ser encontrado pronto…
¡Qué tontería más grande decir que ese omega debe ser encontrado
pronto!
Joel estuvo a punto de gritar: —¡Qué tontería estás diciendo!—, pero
logró cerrar la boca a tiempo para evitar revelar su identidad.
Capítulo 90
Al día siguiente, Becky desayunó rápido y se dirigió al huerto junto a
su hermano. Renovar el huerto, invadido por las malas hierbas, era una
tarea ardua, pero afortunadamente, gracias a la habilidad de Rob para
reparar el arado, el trabajo se hizo mucho más fácil. Era mucho más
eficiente hacer que un burro arrastrara el arado que quitar las piedras y
labrar la tierra a mano.
Jack, el burro, arrastró el arado con la misma paciencia con la que
tiraba del carruaje. Mientras los hermanos trabajaban en el huerto junto a
Jack, Joel se sentó en la mecedora que Rob había reparado y pasó el
tiempo jugando con el bebé que llevaba en su vientre.
—Bebé, ¿cuándo empezarás a moverte?
Joel acarició su vientre y preguntó con ternura. Su niñera le había
contado que cuando él estaba en el vientre de su madre, se movía todo el
día. Especialmente por la noche, era tan activo que al final del embarazo,
su madre no podía dormir y estaba muy delgada. Su madre había sufrido
de fatiga extrema durante todo el embarazo, pero siempre se había
sentido feliz y agradecida de que su bebé estuviera sano.
No sabía cómo sería el príncipe, pero si el bebé se parecía a él,
seguramente se movería mucho. Joel estaba muy curioso por saber
cuándo empezaría a sentir las patadas del bebé y cómo se sentirían.
Ahora que estaba entrando en el cuarto mes, solo se notaba un poco de
barriga, y no parecía haber muchos otros cambios físicos. Todavía no
podía creer del todo que tuviera un bebé dentro de él.
Mientras acariciaba su vientre feliz, Joel volvió la mirada hacia la
ventana. Al ver a Becky y Rob trabajando duro, la sonrisa que tenía en
los labios se desvaneció.
Joel, que había vivido como hijo adoptivo del conde Lucas, estaba
acostumbrado a que los sirvientes lo atendieran, pero no le gustaba
mandar a los hermanos Becky y Rob.
Criado bajo la tutela del sencillo señor Bennet, Joel tenía un sentido de
clase social bastante débil. El señor Bennet trataba a los habitantes de su
feudo con amabilidad y cercanía, y en ocasiones especiales, invitaba a
los aldeanos y a los sirvientes de la mansión a banquetes, mezclándose
con ellos sin ningún tipo de formalidad.
Si bien esto se hizo con la intención de que Joel, quien había perdido a
su madre a una edad temprana, sintiera menos la ausencia de ella, era un
paso sumamente radical si se comparaba con la forma en que otros
señores trataban a los campesinos de sus feudos como si fueran ganado,
como vacas o caballos.
Para Joel, el mayordomo Wickham era como un abuelo, la niñera
como una tía y, en particular, Robert era como un hermano mayor. Al
igual que sentía a los habitantes del feudo como parte de su familia,
sentía a Becky y a Rob como a hermanos menores. Quería protegerlos y
ayudarles en lo que pudiera.
Joel decidió que por la noche le pediría a Becky que le diera algo de
trabajo. Dada la escasez de recursos y mano de obra, él también tenía que
hacer su parte.
Y pensó que también sería bueno aprovechar los ratos libres para
enseñarles a Becky y a Rob gramática, aritmética y modales. Becky sabía
leer y escribir, pero Rob, como muchos otros plebeyos, era analfabeto.
Para no ser menospreciado al ir a la corte del rey de Palein, incluso un
sirviente debía tener una educación básica.
A pesar de todo, yo recibí una educación superior en la Academia
Imperial y hasta firmé un contrato como tutor privado con un noble
extranjero a cambio de un salario considerable, así que estoy más que
cualificado para enseñarles a los hermanos. Lo que les enseñaré será
específicamente...
Quiero decir...
—...¿qué puedo enseñarles a esos chicos?
Joel parpadeó atónito. Había aprendido muchas cosas durante su
estancia en la capital, como geometría, filosofía, bienes raíces, pero al
echar la vista atrás no recordaba nada. Ni siquiera recordaba las normas
de etiqueta que el conde Lucas le había enseñado con tanto esmero.
Al darse cuenta de que su mente estaba completamente en blanco, Joel
se sintió desanimado. Se arrepintió de no haber estudiado más, pero era
demasiado tarde para lamentarse.
—Sin embargo, mi gramática y redacción no son malas.
Joel se enderezó, animándose a sí mismo con esas palabras.
Con el deseo de escribir una hermosa carta de amor al príncipe, Joel
nunca se había dormido en las clases de gramática y redacción durante su
tiempo en la Academia Imperial. Incluso había sido castigado con
palmadas en el dorso de la mano por su maestro de etiqueta para mejorar
su horrible caligrafía, y se había dedicado a estudiar literatura para
mejorar su pobre capacidad de redacción.
Recordando el pasado, se dio cuenta de que había escrito cartas de
amor al príncipe con gran dedicación, utilizando las habilidades de
escritura que había perfeccionado. En su mejor momento, incluso había
enviado hasta diez cartas al día.
Por supuesto, el príncipe nunca leyó ninguna de sus cartas. Joel sonrió
triste al recordar los días en que había estado deprimido al recibir
devuelta un montón de cartas que no mostraban ningún signo de haber
sido abiertas.
Mientras estaba sumido en amargos recuerdos, de repente se oyó un
alboroto afuera. Joel, volviendo en sí, miró por la ventana.
Tres hombres a caballo estaban gritándole algo a Becky y Rob.
Llevaban espadas a la cintura y chalecos con un emblema que parecía el
sello de un clan específico. Percibiendo que algo andaba mal, Joel se
levantó rápidamente de la silla.
***
—¿Así que… lo que quiere decir es que si queremos quedarnos aquí,
tenemos que obtener un permiso?
Joel repitió las palabras del hombre con un tono de sorpresa.
Los hombres que habían invadido la cabaña resultaron ser
exploradores. La cabaña donde Joel y sus hermanos se estaban quedando
pertenecía, al parecer, a las tierras del barón Astor.
—Así es, y al emitir el permiso, se cobrará un impuesto de diez
monedas de plata, así que no lo olvide. El castillo del barón está a medio
día de camino hacia el este. Pero... ¿de dónde son ustedes? No parecen
ser de un feudo vecino.
El hombre que parecía ser el líder miró a Joel con ojos sospechosos.
Joel, temiendo que su identidad fuera descubierta, inventó una historia
apresurada diciendo que había trabajado como tutor en un feudo lejano y
que se había ido cuando el hijo del barón había crecido.
Afortunadamente, al parecer los carteles de búsqueda no habían llegado
hasta allí, y los hombres abandonaron sus sospechas. Sin embargo, su
interés se dirigió a otra cosa.
—Ya veo. De acuerdo, ven a ver al barón en persona mañana en el
castillo. Por cierto, vi que estaban cultivando algo en el huerto.
—¿Eh? Ah, pensamos que era un campo abandonado, así que
plantamos un poco de guisantes y avena.
Fue Becky quien respondió a la pregunta del hombre. El hombre,
después de echarle una mirada a Becky, le dijo a Joel en un tono
autoritario:
—Debes saber que por los cultivos del huerto tienes que pagar el 60%
de la cosecha como renta.
Ante las palabras del hombre, Joel intercambió miradas de perplejidad
con Becky. La regla tácita era que la renta, por muy alta que fuera, no
superaba la mitad de la cosecha. Pagar el 60% de renta, y encima de eso
pagar varios impuestos y tasas, dejaría muy poco para ellos.
—Señor, con todo respeto, creo que el 60% es demasiado...
—¡Pero señor, es demasiado! Pensamos que la tierra estaba
abandonada...
Becky intentó apelar al hombre, pero este la interrumpió con un
gruñido: —¡Silencio! Esa tierra y ese arado le pertenecen al barón, así
que si quieren usarlos, obviamente deben pagar un precio justo.
Sin detenerse ahí, comenzó a inspeccionar la cabaña, hurgando entre
las cosas.
—¿Han estado pescando en el río?
El hombre preguntó mientras revolvía una olla con un estofado de
pescado. Joel, que había ido al río a pescar por la mañana para ahorrar
comida, sintió una punzada de inquietud y respondió:
—Sí, señor...
—Pescar en el río sin el permiso del barón conlleva una multa.
Entrégame tres monedas de plata.
Ante la injusta demanda del hombre, Joel se quedó boquiabierto,
completamente atónito.
El señor Bennet nunca había exigido un pago a los habitantes de la
finca por pescar en el pantano. No era como si hubieran cazado faisanes
o ciervos en el bosque; exigir tres monedas de plata por pescar unos
cuantos peces en el río era un trato excesivamente cruel.
—No tengo tanto dinero.
—Ah, ¿sí? Entonces me llevaré este jamón.
El hombre sonrió con malicia y agarró el jamón de cerdo que colgaba
en la cocina. No podían permitirse perder su alimento más valioso, ya
que tenían muy poca comida.
Joel intentó detener al hombre, exclamando: —¡Pero eso es...!— pero
los matones que lo seguían acariciaron las empuñaduras de sus espadas,
obligándolo a retroceder.
Con el jamón a la espalda, el hombre se despidió advirtiéndoles que si
se demoraban en solicitar el permiso, tendrían que pagar una multa de
quince monedas de cobre por día, y luego desapareció riéndose.
—…Me parecía extraño que una casa en tan buenas condiciones
estuviera abandonada.
Becky murmuró en voz baja mientras observaba a los exploradores
alejarse.
Cuando la explotación de los señores feudales se intensificaba, los
campesinos sin poder no tenían más remedio que abandonar sus hogares
y tierras para huir.
Joel, a su lado, asintió débilmente, diciendo: —Es cierto.
La alegría de haber encontrado un nuevo hogar se desvaneció. Se
avecinaban nuevos problemas.
Capítulo 91
El castillo del barón Astor era mucho más grande y majestuoso que la
vieja y destartalada mansión del señor Bennet, y su feudo, a juzgar por lo
que alcanzaba a ver, parecía ser al menos el doble o el triple del de
Bennet. A medida que se acercaban al castillo, Joel se sentía cada vez
más intimidado.
Joel, junto con los hermanos, viajaba en el carruaje tirado por un burro
hacia el castillo del barón. Durante el día anterior, Becky y Rob habían
discutido acaloradamente sobre si debían ir al castillo del barón a
solicitar un permiso de residencia o si debían huir nuevamente.
Becky argumentó que, dado que el dueño anterior había abandonado
todas sus pertenencias útiles antes de huir, la vida en este lugar
seguramente no sería fácil. Sin embargo, Rob contraargumentó que, con
la escasez de alimentos y la inminente salida de los animales salvajes de
la hibernación, viajar por el bosque sería peligroso.
Joel escuchó las opiniones de Becky y Rob, pero no pudo tomar una
decisión fácil. Le preocupaba que su identidad fuera descubierta, pero,
siendo realistas, no parecía que estuvieran en condiciones de mudarse.
Una cosa afortunada era que, según el mapa, el feudo del barón Astor
parecía estar aislado del mundo exterior. Con suerte, las noticias de su
desaparición no llegarían hasta allí. Después de pensarlo mucho, Joel
decidió obtener el permiso y quedarse por un tiempo. Y así, se dirigía al
castillo del barón Astor.
El carruaje que transportaba a Joel finalmente llegó al castillo. Bajo la
guía del mayordomo, Joel se dirigió hacia el barón. Antes de que el
mayordomo llamara a la puerta, Joel se arregló el atuendo y también
ajustó el de Becky y Rob, quienes lo seguían.
Al tocar la puerta, se escuchó una voz baja y ronca desde adentro.
—Pasen.
Joel reunió todo su valor y entró en la habitación.
Era, nada más y nada menos, que la habitación del barón. El barón
Astor, un hombre de mediana edad, seguía en pijama en la cama a pesar
de que el mediodía se acercaba, e incluso tenía una mujer a cada lado.
El perezoso barón dirigió una mirada indiferente a Joel por haber
osado interrumpir su descanso, pero al ver la apariencia angelical de Joel,
contuvo el aliento, sorprendido.
Mientras tanto, Joel hacía un gran esfuerzo por ocultar su desprecio
ante el barón. Astor era tan corpulento como el Abad John, mientras que
los siervos que encontraron en su camino hacia el castillo estaban, sin
excepción, demacrados.
Después de beber un sorbo de vino, el barón preguntó: —¿Así que tú
eres Robert, el que se quedó en la casa del leñador Paul?
—Sí, Barón. Lamento no haberlo visitado antes. La cabaña está en un
lugar tan remoto que pensé que era la casa de un colono.
—Bueno, la cabaña de Paul está bastante lejos del castillo. Es posible.
Asintiendo así, el barón, que antes parecía aburrido, comenzó a
interrogar a Joel de manera exhaustiva, preguntándole su nombre, de
dónde era y por qué había abandonado su lugar de residencia original.
—Yo trabajaba como tutor en una pequeña aldea llamada Versa, que
está muy lejos de aquí, para una familia noble. Pero el niño al que
enseñaba llegó a la edad adulta y se fue de la mansión, así que estuve
vagando buscando un lugar donde establecerme.
Joel se sorprendió al ver que el barón estaba más interesado en él de lo
que había anticipado, pero mantuvo la calma y respondió con seguridad.
—Si eras tutor, ¿eres de origen noble?
—Sí. Pero mi familia era tan humilde y quebró hace mucho tiempo,
así que probablemente no conozca el nombre de mi familia, Barón.
—Ya veo.
Incluso después de que Joel terminó su presentación, el barón lo miró
con una mirada desagradable durante un rato. Esa mirada pegajosa le
recordaba al padre de los niños. Recordando el momento en que casi fue
vendido como esclavo sexual, Joel se puso rígido. Quería correr a casa de
inmediato y lavarse a fondo el cuerpo contaminado por la mirada sucia
del barón, pero tuvo que aguantar por Becky y Rob.
Después de mirar a Joel con una mirada casi lasciva durante un rato, el
barón finalmente habló.
—Bien, te aceptaré como siervo. Mi sirviente te dará el permiso, así
que puedes irte. ¿Trajiste las monedas de plata?
—…Barón.
Tan pronto como Joel vaciló y abrió la boca, el barón entrecerró los
ojos, como si ya hubiera anticipado sus palabras.
—Lo siento mucho, pero como he estado vagando durante tanto
tiempo, no creo que pueda pagar esa cantidad de dinero de inmediato.
¿Podría pagarlo después de la cosecha?
Joel dijo eso con la intención de ahorrar dinero. No es que no pudiera
pagar las diez monedas de plata, pero no tenía intención de dejar que el
codicioso barón le sacara el dinero fácilmente. El barón, que había
mostrado una actitud favorable hacia la hermosa apariencia de Joel,
inmediatamente mostró su disgusto cuando Joel dijo que no podía pagar
las monedas de plata.
Sin dudarlo, Joel asintió con la cabeza a la pregunta del barón, que con
una actitud de prestamista, preguntó: —¿Crees que podrás pagar los
intereses?
De todos modos, planeaba irse al reino de Palein antes de la cosecha,
así que no le importaba cuánto interés le cobrara el barón.
—Sí. Si no confía en mí, puedo compensar parte de los intereses
aunque sea como un trabajo secundario.
—¿Un trabajo secundario? Bueno, no necesito un tutor. Y por lo que
veo, eres un omega, ¿qué puedes hacer estando embarazado?
El barón parecía aún más reacio. Joel señaló a Rob y dijo: —¿Necesita
un cuidador de establos o un pastor? Mi sirviente ha sido pastor durante
cuatro años, así que es bastante bueno cuidando el ganado.
Rob, que era muy perspicaz, salió al frente y dijo: —Haré todo lo que
me pida.
Después de hacer unos cálculos mentales, el barón examinó a Rob de
arriba abajo y abrió la boca.
—…Bueno, es cierto que me han dicho que falta mano de obra en el
establo. Oye, llévatelo y comprueba si es útil.
A la orden del barón, el mayordomo se llevó a Rob fuera de la
habitación. Esto era como un permiso, y Joel, que estaba nervioso por si
el barón le hacía alguna petición extraña, se alivió.
—Gracias por su generosidad.
—¿Qué? Más bien deberías esperar que tu sirviente valga las diez
monedas de plata. Si tu sirviente no cuida bien el establo, puede que tú
mismo tengas que hacer cierto trabajo secundario.
El barón hizo esa broma mientras inclinaba su copa de vino. Era un
coqueteo descarado, y Joel, comprendiendo las intenciones del barón, se
sonrojó. No era por vergüenza, sino por la ira que sentía.
Si hubiera sido como siempre, Joel habría agarrado al barón por el
cuello y le habría gritado: —¿Estás loco?—, pero pensando en Becky,
Rob y el bebé que llevaba en su vientre, no pudo actuar tan impulsivo.
Con gran dificultad, levantó las comisuras de los labios y dijo: —No
entiendo a qué se refiere—, expresando así una sutil negativa.
Afortunadamente, el barón no volvió a molestar a Joel, y una vez que
salió de la habitación, se dirigió al carruaje con Becky. Después de
esperar un rato sentados en el carruaje, Rob salió del establo con una cara
feliz y se acercó a ellos.
—¿Rob, cómo te fue?
—Al mayordomo le caí bien. He acordado venir al castillo del barón
cada dos días para cuidar del rebaño de cabras del establo.
—…Me alegro. Cuenta conmigo para lo que necesites.
Aunque habían logrado ahorrar las diez monedas de plata como habían
planeado, Joel no podía estar tranquilo. Era por la mirada pegajosa que se
había quedado pegada a su nuca hasta que salió de la habitación.
Después de haber estado a punto de ser vendido como esclavo sexual
por el padre de Becky, Joel había empezado a sentir en carne propia lo
difícil que era vivir como omega.
El barón Astor, al parecer, era un beta, ya que no se percibía en él
ninguna feromona. Por lo general, los betas no se interesan en el sexo
masculino, pero desafortunadamente, el barón sí que se estaba
interesando en Joel.
Si el barón hubiera sido un alfa, habría sido mejor, ya que podría
haberlo sometido con sus feromonas dominantes. Por lo general, los
omegas suelen verse influenciados por las feromonas de los alfas, pero
como Joel era un omega dominante, los alfas no dominantes no podían
soportar sus feromonas y Joel podía usar sus feromonas para protegerse.
Sin embargo, como el barón era un beta, fuera del alcance de las
feromonas, Joel estaba prácticamente desprotegido. ¿Tendría que
abandonar el hogar que tanto esfuerzo le había costado construir? ¿O
debería revelar su verdadera identidad y regresar bajo la protección del
príncipe? Joel arrancó el carruaje con una expresión llena de
preocupación.
Capítulo 92
Al enterarse de que el príncipe había regresado del reino de Palein, el
señor Bennet se apresuró a ir a verlo. Habiendo escuchado de su hijo que
se establecería en el reino de Palein, estaba firmemente convencido de
que el príncipe seguramente habría traído a su hijo consigo.
Sin embargo, el príncipe que había regresado tenía un rostro aún más
abatido que cuando había abandonado la capital, y al escuchar de él que
tampoco había podido encontrar a Joel en el reino de Palein, el señor
Bennet se desmayó.
La situación de no poder confirmar ni siquiera si su amado hijo estaba
vivo o muerto había continuado por más de un mes. El señor Bennet
estaba tan debilitado por la extrema neurosis que estaba al borde de la
extenuación. El príncipe cargó personalmente al señor Bennet caído y se
dirigió a su dormitorio.
En la habitación del señor Bennet, el médico Robert y el mayordomo
Wickham estaban esperando. Robert, que examinó al señor Bennet,
diagnosticó que simplemente se había desmayado por el shock.
—Su rostro parece aún más pálido.
—Me disculpo. Tal como Su Alteza ordenó, he permanecido a lado del
señor Bennet e hice todo lo posible para que recuperara su salud, pero
como la preocupación del señor Bennet es tan profunda...
El príncipe estaba cuidando especialmente al señor Bennet, el único
familiar que le quedaba a Joel.
Cuando Robert, con un rostro lleno de culpa, dejó la frase sin terminar,
el príncipe, sentado en una silla y frotándose la frente como si estuviera
cansado, agitó la mano y respondió:
—No es tu culpa. No podremos esperar que el estado del señor Bennet
mejore hasta que Joel regrese sano y salvo.
Como no podía dejar solo al señor Bennet, que estaba enfermo, el
príncipe continuó cuidándolo mientras enviaba a Abe a averiguar si la
búsqueda había tenido algún resultado.
Aunque aparentaba estar tranquilo, por dentro el príncipe estaba hecho
un mar de dudas. Sufría de una neurosis tan extrema como la del señor
Bennet. No había podido pegar ojo en días y estaba muy cansado, pero
no tenía ganas de dormir. Tan pronto como cerraba los ojos, veía a Joel
deambulando por un bosque o por la nieve, gritando su nombre a todo
pulmón, y su corazón latía con fuerza.
La experiencia de encontrar a Joel congelado y muerto en la nieve
había sido suficiente. No podía soportar pasar por eso otra vez. El
príncipe esperaba con impaciencia a que Abe regresara.
Afortunadamente, el señor Bennet recuperó el conocimiento al poco
tiempo. Con los ojos abiertos, agarró la mano del príncipe con temblor.
—Su Alteza... ¿Le habrá pasado algo a mi pobre hijo...?
Cuando las lágrimas brotaron de los ojos arrugados del señor Bennet,
Wickham, el viejo mayordomo que estaba a su lado, lo consoló.
—Señor, estoy seguro de que su hijo estará bien. Es tan inteligente.
Wickham había quedado en la ruina después de la caída de la familia
del conde Lucas, pero gracias a que el príncipe, a pesar de estar
abrumado, no había olvidado el contenido de la carta de Joel, pudo
escapar de la vida de vagabundo y volver a servir al señor Bennet.
Al escuchar las palabras de consuelo de Wickham, el señor Bennet
dijo: —Así será, ¿verdad, Wickham?—, y sus ojos brillaron con una
esperanza desesperada. Sin embargo, el príncipe, que sabía muy bien que
Joel no era precisamente inteligente, no pudo evitar sentirse más abatido.
—¡Su Alteza!
Mientras tenía el rostro enterrado en sus manos, preocupado por la
seguridad de Joel, Abe, que había ido a buscar noticias, irrumpió en la
habitación.
—¡Acabo de recibir un mensaje! ¡Se han encontrado rastros de alguien
que se cree que es el señor Joel en el pueblo portuario de Versa, en el
sureste!
—¿Qué?
El príncipe preguntó inmediatamente, con una expresión de alegría.
—Hace aproximadamente dos semanas, un omega masculino se acercó
a la casa de un matrimonio llamado John y Nora y pidió quedarse unos
días. Dijo llamarse 'Robert', pero según el testimonio de los esposos, su
apariencia coincidía con el retrato del señor Joel del cartel de
desaparecido.
—Robert...
El príncipe heredero murmuró para sí mismo y giró la cabeza para
mirar al médico Robert. No solo el príncipe heredero, sino también Abe,
el señor Bennet y el mayordomo Wickham lo estaban mirando fijamente.
Sintiéndose un poco avergonzado de ser el centro de atención, Robert se
rascó la cabeza mientras estaba de pie.
Abe recitó el informe del señor de Versa. Cuando llegó a la parte
donde la pareja había intentado vender a Joel como esclavo sexual, el
príncipe y el señor Bennet se levantaron de sus asientos, incapaces de
contener su conmoción, y se pusieron a caminar de un lado a otro. Sin
embargo, cuando escucharon que Joel había usado un burro para atacar a
los señores y había escapado a salvo, finalmente recuperaron la calma.
Junto al señor Bennet, que se llevaba la mano al pecho aliviado, el
viejo mayordomo Wickham, con un rostro igualmente aliviado, dijo: —
Lo ve, señor. Le dije que nuestro joven maestro era muy inteligente.
—Además, justo cuando el señor Joel desapareció, un campesino cerca
de la tierra del conde Grey testificó haber vendido un burro a un extraño.
Combinando todas estas circunstancias, el omega que se quedó en Versa
debe ser el señor Joel.
—Me voy al sur inmediatamente. No levanten todavía la alerta en el
norte por si acaso, y concentren todas las tropas disponibles de búsqueda
en el sur.
El príncipe, recuperando su energía después de mucho tiempo, dio esta
orden mientras se ponía la capa. Abe lo miró con preocupación, viendo
cómo el príncipe se preparaba para otro largo viaje.
—Su Alteza, apenas han pasado dos horas desde su regreso. Ahora que
hemos encontrado una pista sobre el paradero de señor Joel, ¿por qué no
me encarga la búsqueda a mí y usted descansa en el palacio antes de
partir?
—Gracias por preocuparte, pero lo declinaré. Estoy bien.
El príncipe, al recibir la espada de su sirviente, se tambaleó justo
cuando iba a colocarla en su cintura. A pesar de insistir en que se
encontraba bien, su rostro lucía bastante pálido. Abe, muy preocupado
por la palidez del príncipe, quería detenerlo, pero viendo que no había
forma de hacerlo, solo pudo inclinar la cabeza y decir: —Sí. —Añadió:
—Y, Su Alteza.
—¿Hay algo más que deba reportar?
—Eso... Su Majestad el Emperador está presionando para que se
ejecute al conde Lucas.
El Emperador, al notar que su salud volvía a deteriorarse, estaba
apresurando la ejecución del conde Lucas. Sabiendo muy bien el anhelo
de su padre de ver decapitado a su enemigo antes de morir, el príncipe
negó con la cabeza con firmeza.
—No puedo ejecutar al conde hasta que Joel regrese. Ese pobre niño
sufrió durante tres años bajo ese supuesto padre adoptivo. Le mostraré a
Joel, sin falta, cómo ese hombre recibe su castigo.
Ante las palabras del príncipe, Abe quiso replicar: —Su Majestad el
Emperador ha sufrido durante 25 años—, pero sabiendo lo maltratado
que había sido Joel por el conde Lucas, decidió guardar silencio.
***
Joel, al regresar del castillo del barón, se sintió aliviado pensando que
había superado la crisis. Sin embargo, a la noche siguiente, al volver de
trabajar en el establo, Rob le informó que el barón lo había invitado
nuevamente.
—Mandará un carruaje para que vayas solo al castillo, sin ninguna
compañía.
El propósito aparente de esa repentina invitación parecía ser considerar
la posibilidad de contratar a Joel como tutor. Sin embargo, Joel recordaba
que el barón había dicho que no necesitaba un tutor. Rob, aún joven e
ingenuo, asintió con la cabeza con una expresión inocente. Pero Becky,
más madura, abrió la boca con una expresión sombría, sintiendo una
premonición de algo malo.
—Señor, aunque no sea de mi incumbencia decir esto, creo que el
barón tiene otras intenciones. ¿Qué tal si dejamos de quedarnos aquí y
nos vamos esta misma noche?
—Mmm...
Joel miró por la ventana, que ya estaba oscura.
—Hermana, ¿por qué dices eso? ¿No sería mejor para el señor trabajar
como tutor que seguir trabajando en el telar hasta que se le formen
ampollas en las manos?
—¡Cállate, Rob! Si no sabes, mejor no digas nada.
Becky pisó con fuerza el pie de su ingenuo hermano debajo de la
mesa.
Joel, tan ingenuo como Rob, no comprendía del todo el peligro que se
cernía sobre él. Sin embargo, a diferencia de Becky, que mostraba claros
signos de nerviosismo, Joel no sentía una amenaza particular ante el
interés del barón.
Dado que llevaba al futuro emperador en su vientre y el príncipe había
anunciado públicamente que él sería su futuro esposo, ofreciendo una
enorme recompensa, podía revelar su identidad en cualquier momento si
fuera necesario.
Sin embargo, si huían precipitadamente y se encontraban con un oso o
un lobo en el bosque, ninguna amenaza funcionaría con ellos. Confiable
en sí mismo, Joel negó con la cabeza ante la insistencia de Becky de irse,
diciendo: —Pero nos quitaron el jamón y sembramos la mitad de los
guisantes y la avena. Quedémonos aquí al menos hasta que podamos
cambiar el lino que tejiste por dinero.
—Pero, señor... ¿Entonces va a ir a donde lo llama el barón?
—Becky, sé lo que te preocupa. Al fin y al cabo, soy un noble, así que
el barón no se atreverá a hacerme nada malo.
Joel, tratando de calmar a Becky, que seguía inquieta, llenó su plato
con abundantes trozos del contenido de la sopa.
Capítulo 93
El carruaje que llevaba a Joel llegó al castillo del barón.
Joel, aferrándose al vientre, bajó del carruaje con cuidado y fue
recibido personalmente por el barón.
—Ah, has llegado.
A diferencia de la última vez que lo había visto, vestido solo con una
camisa deshilachada, esta vez el barón estaba apropiadamente vestido.
De hecho, parecía haberse arreglado bastante. Por supuesto, eso no
cambiaba su aspecto de viejo sapo.
El barón condujo a Joel a la sala de estar. En la mesa había una
pequeña variedad de bocadillos. Joel, que últimamente había estado
cediendo toda la comida a los pequeños hermanos y sobreviviendo con
un caldo aguado y un pequeño trozo de pan, sintió un gruñido en el
estómago.
—Siéntate y ponte cómodo.
El barón, con un tono bastante sociable, le ofreció a Joel algunos
bocadillos. Sin embargo, Joel no tenía el estómago lo suficientemente
fuerte como para sentarse frente al barón y comer. Con cortesía, rechazó
la oferta del barón diciendo: —-No, gracias. Más bien, ¿cuál es la razón
por la que me ha hecho venir hasta aquí en su carruaje?
Joel, que temía que el barón se hubiera enterado de su desaparición,
hizo la pregunta en un tono rígido.
Por fortuna, parecía que el barón no tenía ni idea de la identidad de la
persona sentada frente a él. Riendo a carcajadas, respondió: —Te llamé
para que me hicieras compañía. Desde que mi esposa murió hace diez
años, he estado viviendo solo. Mis tres hijas se casaron hace mucho
tiempo y no tengo otros visitantes en el castillo. Estoy encantado de tener
un invitado después de tanto tiempo.
El barón, dejando de reír, miró fijamente al omega sentado frente a él
con ojos penetrantes.
A pesar de que el azul no era su color favorito, la apariencia del omega
sentado frente a él le parecía muy atractiva. Entre las prostitutas altaneras
que solo atendían a la alta nobleza de la capital, no había ninguna con un
cabello rubio tan sedoso y abundante. Y qué decir de su piel, tan clara y
transparente como la leche.
Como si se sintiera incómodo ante su intensa mirada, Joel
inconscientemente se abrazó a su vientre ligeramente sobresaliente,
como protegiéndolo. Al observar esa escena, el barón pensó: —Parece
muy joven. Viendo su cuerpo regordete y que anda vagando con solo dos
jóvenes sirvientes, no es difícil imaginar su pasado.
El omega llamado Robert había dicho que había trabajado en la casa
del barón y que había sido despedido porque el niño al que cuidaba había
crecido y se había ido. Pero era obvio que lo habían echado porque,
como siempre, se había entregado a placeres carnales en la mansión
anterior y había quedado embarazado sin querer.
Era una historia bastante común. De hecho, el propio barón había
embarazado a una joven sirvienta en el pasado y su esposa había
despedido a la chica dándole solo tres meses de salario.
Aunque fuera un omega arruinado y sin un centavo procedente de una
familia en decadencia, con esa apariencia tan atractiva, podría
mantenerlo a su lado. El hecho de que estuviera vagando por ahí así
indicaba que Robert probablemente había tenido una aventura con un
hombre casado.
El barón imaginaba la situación de Joel mientras contemplaba con
calma su piel, brillante como la seda.
‘Robert’, incapaz de soportar la mirada vulgar del barón, se abotonó la
chaqueta con irritación. Pero por mucho que intentara mostrarse distante
y enfadado, para él eso solo resultaba más seductor. Con la boca seca, el
barón llevó la taza de té caliente a sus labios.
—Si no tiene nada más que decir, me iré. Tengo una deuda
considerable con el barón y debo volver a trabajar.
—Oh, no te preocupes por el dinero, tus hábiles sirvientes se
encargarán de eso. ¿Qué prisa tienes?
El barón detuvo a Joel, que estaba a punto de levantarse. No contento
con haberlo sentado, comenzó a acariciar la mano de Joel y dijo con voz
seductor: —¿Y con esas manos tan delicadas, qué trabajo piensas hacer?
Joel, conteniendo las náuseas, apartó la mano arrugada del barón.
—Tengo mucho trabajo que hacer, como trabajar en el campo o tejer.
—¿Trabajar en el campo y tejer? Si dices que eras de la nobleza, el
hecho de que hagas ese tipo de trabajo sugiere que tu situación
económica no debe ser muy buena.
Joel miró al barón con asombro mientras este hablaba como si
estuviera preocupado. Se preguntaba si realmente estaba en posición de
decir algo así, después de haber fijado unos intereses abusivos sobre la
deuda de diez monedas de plata que le debía. Joel había decidido no
pagar la deuda al barón, pero si hubiera decidido seguir viviendo como
su súbdito, no habría podido pagar los intereses, que aumentaban como
una bola de nieve, ni aunque trabajara toda su vida hasta los huesos.
—¿No es difícil hacer trabajos tan duros, como los que hacen los
plebeyos, estando embarazado? Tengo una buena propuesta para ti.
—¿Sí...?
Cuando Joel preguntó con incredulidad, el barón abrió la boca con
descaro...
—Como seguramente sospechas, te he llamado porque quiero
acostarme contigo. No te preocupes, te pagaré. Además, te eximiré de los
trabajos forzados. Soy un caballero y soy generoso con las mujeres
embarazadas y los omegas. Claro está, solo me refiero a ti, Robert. Tus
sirvientes son mis siervos, así que seguirán trabajando en mis establos y
tierras los días establecidos cada semana, como hasta ahora.
A medida que el barón continuaba hablando, el rostro pálido de Joel se
fue poniendo cada vez más rojo. En realidad, Joel estaba furioso, hasta el
punto de que le latían las venas del cuello y la frente, pero el barón creía
que estaba avergonzado y que solo estaba fingiendo negarse.
El barón no podía imaginar que un omega tan ingenuo como Robert,
que se entregaba a placeres carnales y se acostaba con hombres casados,
rechazara su propuesta.
El barón consideraba que era una situación beneficiosa para ambos.
Pensaba que para alguien que había sido noble, no sería fácil vivir como
un plebeyo, y que sería mejor para él continuar con su vida como
siempre, en lugar de vivir tan miserablemente.
Con una actitud de gran generosidad, le dijo a 'Robert': —...Y si me
das un hijo en el futuro, podría proponerte matrimonio. Como puedes
ver, mis tierras son extensas, pero no tengo heredero, así que es un gran
problema.
Por otro lado, Joel estaba debatiéndose entre si revelar su verdadera
identidad o acabar con la vida de ese hombre.
La idea de prostituirse era una humillación que, aunque no era la
primera vez que enfrentaba, le resultaba insoportable. Recordó que,
cuando ingresó a la Academia Imperial, había sido objeto de rumores
sobre su conducta promiscua durante un tiempo. Al revivir ese pasado
que había tratado de olvidar, sintió una ira aún mayor.
La lucha interna no duró mucho. Joel apretó con fuerza el asa de la
taza de té aún caliente. Inicialmente, tenía la intención de arrojar el agua
hirviendo al rostro del barón, pero justo antes de actuar, sintió una
pequeña patada en su vientre.
La débil sensación desapareció tan rápido como había llegado, y no
volvió a sentirse. Quizás no había sido un movimiento del bebé, pero al
percibir la posible existencia de su hijo, Joel dejó la taza de té.
Su mente, que antes ardía de ira, se enfrió. En ese momento, había
algo mucho más importante que vengarse de la humillación que había
sufrido: ser feliz con su hijo.
Joel forzó una sonrisa.
—Le agradezco mucho su generosa oferta. Sin embargo, es algo muy
repentino... Me gustaría volver a mi cabaña y pensarlo bien.
El barón Aster, impaciente, comenzó a presionar a Joel para que
tomara una decisión inmediata, insistiendo en que no había razón para
perder el tiempo. Sin embargo, cuando Joel se mantuvo firme en su
solicitud de tiempo, el barón asintió con la cabeza a regañadientes.
—Muy bien, pero asegúrate de decidir pronto. No soy muy paciente.
¡Qué más da, maldito sapo de mierda!
Joel reprimió las ganas de insultarlo y salió del salón. Tenía la
intención de volver a su cabaña y empezar a hacer las maletas de
inmediato.
***
—¿Becky? ¿Rob?
Joel, tras regresar a la cabaña en el carruaje proporcionada por el
barón, abrió la puerta.
A pesar de que cuando se había ido, Becky y Rob estaban trabajando
en la huerta, ahora no había ni rastro de ellos. Tampoco se percibía
ningún sonido dentro de la cabaña. Joel miró a su alrededor y murmuró
preocupado para sí mismo:
—Jack tampoco está. Hoy no es día de trabajo forzado… ¿Habrán ido
al mercado a vender el lino?
Con el ceño fruncido, Joel cerró la puerta de la cabaña y entró.
No tienen mucho tiempo.
Deben salir de este lugar esta misma noche. No podía quedarme más
tiempo, ya que el barón podría exigir que me entregara en cualquier
momento. Joel se acercó a la bolsa que había dejado en un rincón de la
cabaña.
Mientras empacaba, la puerta de la cabaña se abrió de golpe. Joel se
volvió hacia la puerta.
—¡Ay, qué susto! ¿…Becky?
—¡Señor, tenemos un gran problema!
Becky, con el rostro empapado en lágrimas, corrió hacia Joel y se
aferró a él. Joel acarició su cabello mientras la consolaba: —Tranquila,
¿qué ha pasado?
—¡Los soldados... los soldados se llevaron a mi hermano!
—¿Qué?
Al escuchar finalmente las palabras que Becky, con gran dificultad,
había logrado pronunciar, Joel abrió los ojos en sorpresa.
Capítulo 94
—¿Soldados? ¿Te refieres a los soldados del barón? ¿Vinieron hasta
aquí? ¿Por qué se llevaron a Rob?
Joel, preso del pánico, agarró a Becky de los hombros y le preguntó.
Ella, entre sollozos, comenzó a explicar con más detalle.
—Sniff... Estábamos vendiendo lino en el mercado cuando de repente
aparecieron los soldados del barón. Le pegaron a Rob y se lo llevaron a
la fuerza. Eran esos tres tipos que nos robaron el jamón. Dijeron que Rob
había robado en el establo y que tenía que ir a la cárcel…
—¡Eso es absurdo!
Que un niño de naturaleza recta como Rob haya robado era una
acusación absurda. Becky asintió enérgicamente con la cabeza en señal
de acuerdo con las palabras de Joel.
—¡Exacto! ¡Mi hermano nunca haría algo así! Y además, ¿qué podría
robar en el establo? Le pregunté a uno de los soldados qué era lo que
faltaba, pero no me respondió y solo se enojó diciéndome que me callara.
—Ah... ese maldito sapo, así que quiere jugar sucio.
Joel comprendió al instante que se trataba de una venganza del barón.
Como vio que él no iba a aceptar su propuesta, había decidido tomar
como rehén a su inocente sirviente para obligarlo a ceder.
Como si hubiera pensado lo mismo que Joel, Becky comenzó a llorar
desconsoladamente y murmuró a modo de reproche: —Si hubiéramos
huido cuando te lo propuse, nada de esto habría pasado...
—Yo... yo lo resolveré.
—¿Cómo?
Becky miró a su amo con ojos desconfiados, a pesar de su
determinación. Aunque reconocía que su amo era una buena persona, eso
era todo. Su amo no era inteligente ni elocuente, y no tenía nada. Decía
que su familia se había arruinado, así que, ¿con qué fuerza pensaba
resolver esta situación?
—¿...Acaso piensa entregarse al barón? ¿Por mi hermano? ¡No puede
hacer eso!
—Por supuesto que no. Toma esto.
Becky recibió un poco aturdida la brújula y el mapa que le ofrecía su
amo. Mientras pensaba en cómo infiltrarse en la prisión para rescatar a su
hermano, su amo le propuso algo inesperado.
—Yo iré directamente al castillo del barón. Tú montarás en el burro y
te dirigirás a cualquier feudo cercano. Allí, revela mi identidad y pide
ayuda. Si dices que Joel Lucas está en problemas, te ayudarán.
—¿Joel... Lucas?
—Ese es mi nombre real. De hecho, el nombre de Robert que te di es
falso. Estaba huyendo para escapar de la vigilancia de la capital.
—¿Eh? Señor, no entiendo muy bien lo que quiere decir…
—Yo soy el hombre omega del que habla el cartel de desaparecido que
viste.
Becky, al escuchar las palabras de Joel, puso una expresión aturdida,
algo muy inusual en ella. La noticia era tan repentina que al principio no
pudo comprenderla. Cuando finalmente entendió lo que Joel le estaba
diciendo, miró a su amo con una expresión de asombro.
—E-entonces, ¿usted es... el que se convertirá en el consorte del
príncipe?
—Así es.
—¡Oh, dios!
Becky se tapó la boca con ambas manos. Aunque sospechaba que no
sería un noble cualquiera, esto era completamente inesperado.
Era una historia difícil de creer, pero al ver el hermoso rostro de
Robert, o mejor dicho, de Joel, no pudo evitar asentir y pensar: —Sí, con
esa belleza podría convertirse en el consorte de su Alteza...
Joel, viendo a Becky parada allí aturdida, la empujó suavemente y
dijo: —Vamos, no tenemos tiempo para esto. Si voy yo y revelo mi
identidad, es probable que el barón libere a tu hermano, pero también
existe la posibilidad de que no me crea.
Empujada hasta la puerta, Becky se detuvo de repente como si algo se
le hubiera ocurrido.
—Pero, señor, si usted revela su identidad, ¡también se revelará su
paradero! ¡Entonces, tal vez no pueda ir al Reino de Palein!
—Eso... está bien.
Joel asintió con la cabeza con una expresión que indicaba que no
estaba nada bien. Becky no quería meter a su amo en problemas, pero no
tenía más remedio que subir al burro para salvar a su único familiar.
Una vez que despidió a Becky, Joel se dirigió al castillo del barón.
—¿Se atreven a encerrar a mi sirviente? ¡Que salga el maldito barón
Áster o quien sea!
Joel agarró al primer sirviente que encontró por el cuello y lo
zarandeó, gritando con furia. El capitán de la guardia, que pasaba por
allí, chasqueó la lengua y dijo: —Si vas a volverte loco, hazlo de forma
más civilizada. ¿Acaso el barón es tu amigo?
—El loco eres tú y toda tu gente. ¿Sabes quién soy yo para atreverte a
hablarme así? ¡Trae al maldito barón ahora mismo!
—He oído que eres muy protector de tus sirvientes, pero eres
demasiado descarado. Creo que necesitas una buena lección.
Finalmente, el barón apareció en la escalera, descendiendo con una
voz suave y burlona mientras acosaba a Joel. El capitán de la guardia,
que había estado forcejeando con Joel, se apartó avergonzado y soltó su
ropa.
—¿Me buscabas?
—Eres muy descarado. Hace un momento te pregunté quién diablos
crees que eres para comportarte así, ¿y ahora te haces el sordo? ¿De
verdad no sabes quién soy? Ah, supongo que has estado tan ocupado
emborrachándote que aún no te has enterado de las noticias que han
sacudido todo el reino.
Joel señalaba al barón con furia, desahogando su enojo. Ante su feroz
actitud, el barón intercambió miradas desconcertadas con su mayordomo.
Joel, con total seguridad, reveló su identidad.
—¡Soy Joel Lucas, el prometido desaparecido del príncipe heredero!
¡Muestra tus respetos!
—¡Jajaja! ¿Qué estás diciendo? ¿El príncipe tiene un prometido?
El barón se echó a reír a carcajadas al escuchar las palabras de Joel.
Era la primera vez que oía hablar de eso. Aunque su feudo estaba lejos de
la capital, era imposible que la noticia del compromiso del príncipe no
llegara hasta allí.
—En el norte y en la capital, hay carteles de búsqueda con mi rostro
por todas partes. Y parece que la noticia ya está empezando a llegar al
sur también. Si miras esos carteles, podrás comprobar mi identidad.
¿Para qué iba a mentir sobre algo que pronto se descubriría?
—Jaja, pero... si es como dices tú, y eres realmente el prometido del
príncipe, ¿por qué andas como un mendigo con solo dos sirvientes?
La afirmación de Joel era fuerte, y el barón, con un rostro lleno de
dudas, le hizo una pregunta.
—No te incumbe mi situación. Ve y trae a mi sirviente.
—¡Vaya, vaya...!
El barón quería descartar las palabras de Joel como tonterías, pero le
molestaba la actitud demasiado segura de ese omega. Tras un momento
de duda, ordenó al capitán de la guardia que encarcelara a Joel.
—Robert, o Joel, o... en fin, como sea. ¿Cómo puedo saber si estás
mintiendo o no? Enviaré a alguien a los feudos cercanos para confirmar
si lo que dices es verdad. Si me has mentido, tendrás que asumir las
consecuencias.
Joel clavó su mirada en el barón con toda su fuerza. Ya esperaba que
no le creyera tan fácil.
Sin embargo, las miradas de los presentes ya se habían vuelto mucho
más cautelosas, lo cual era una señal positiva. Joel miró al capitán de la
guardia que lo llamaba con vacilación y, con un gesto altivo, le indicó:
—Adelante.
Joel siguió al capitán de la guardia y no pudo evitar sonreír. A pesar de
fingir no creerle, el lugar al que lo llevaron no era una prisión, sino una
habitación de invitados. El capitán de la guardia, visiblemente
sorprendido, le dijo a Joel: —Descanse aquí. Traeré a su sirviente
enseguida— y se preparó para retirarse.
—Espera, ¿te conozco de alguna parte?
Joel sujetó al capitán de la guardia que intentaba escapar.
El capitán, quien le había robado un trozo de jamón al día siguiente de
que Joel se mudara al feudo, se asustó y balbuceó: —¿Qué? No entiendo
qué quiere decir. Tengo una cara muy común, tal vez me esté
confundiendo.
—Ah, ya veo.
Joel inclinó la cabeza, pensativo. Cuando el capitán de la guardia
suplicó: —Señor Joel, ¿no me ordenó que trajera a su sirviente?—,
finalmente soltó el brazo que había estado sujetando.
Poco después, el capitán de la guardia, como había prometido, llevó a
Rob a la habitación de Joel. Joel corrió hacia Rob, quien lo llamó —
¡Señor!— y lo abrazó con fuerza.
—Lo siento, Rob. Becky me dijo que te habían golpeado. ¿Estás bien
en las partes donde te golpearon?
Joel examinó el cuerpo de Rob con preocupación. Al parecer, lo habían
llevado a ver a un médico antes de traerlo, ya que las marcas de los
golpes en su pequeño cuerpo estaban parcialmente curadas. Rob,
avergonzado, dijo: —Lo siento, señor. Por mi culpa, usted también se ha
metido en problemas...— y suavemente apartó las manos de Joel. —
Señor, ¿entonces podemos volver a la cabaña ahora? ¿Dónde está mi
hermana?
—He enviado a tu hermana a un feudo cercano. Le he dicho que vaya
al lugar más cercano que encuentre y revele mi identidad para pedir
ayuda, así que pronto volverá.
—¿Eh?
Rob abrió los ojos, sin entender muy bien lo que estaba pasando. Joel
lo llevó al sofá de la habitación y comenzó a explicarle lentamente que él
era el ‘omega consorte desaparecido’.
Capítulo 95
—…Entonces, señor, si su identidad se revela de esta manera, ¿no
significa que también tendrá que regresar al palacio?
Al escuchar la explicación de Joel, Rob, al igual que su hermana, se
preocupó primero por la seguridad de Joel. Joel, esta vez, pudo responder
con más firmeza: —No te preocupes.
Y en realidad, Joel se sentía bien. Sentía que finalmente estaba listo
para reunirse con el príncipe.
Había huido con el sueño de vivir días felices con su bebé, pero se dio
cuenta de que la vida pacífica y sencilla que deseaba era solo una ilusión.
Durante sus casi dos meses de viaje, Joel aprendió que enfrentar las
dificultades también era parte de la vida.
Siempre había creído que un tonto como él no merecía estar al lado del
príncipe. Pero ahora que lo pensaba, no era tan inútil como todos decían.
Había vencido a un demonio, había escapado de ser vendido como
prostituto, y había logrado establecerse con éxito en una nueva tierra
junto con los niños.
Por supuesto, no había logrado todo eso solo por sus propios medios, y
tampoco podía decir que haya actuado de manera sabia y prudente en
cada momento. Sin embargo... lo importante es que logró sus objetivos
de alguna manera.
Si no merezco estar al lado del príncipe, entonces crearé ese mérito.
Con la misma determinación con la que escribía diez cartas de amor al
día, puedo lograr cualquier cosa. Lo más importante es mi propia
voluntad. Y en cuanto a mí…
Yo…
Quería ver al príncipe. A pesar de haberme menospreciado y castigado
por atreverme a enamorarme de él, cuando todos me señalaban con el
dedo, la verdad era que no podía dejar de amarlo. Al enfrentar mis
verdaderos sentimientos, que había intentado ignorar, sentí que estaba a
punto de llorar.
—Señor, no necesita meterse en más problemas tratando de salvar a
alguien como yo. Si solo pudiera salvar a mi hermana, no pediría nada
más.
Rob, viendo los ojos azules de Joel llenos de lágrimas, habló con
determinación. Era increíblemente valiente para tener solo catorce años.
Joel se secó las lágrimas y dijo con valentía: —No es así, Rob. Es cierto
que revelé mi identidad para salvarte, pero de todos modos, ya estaba
pensando en regresar. Todo estará bien, Rob. No tienes que preocuparte
por nada.
No sabía si el barón Aster, quien había ordenado la investigación,
creería en su identidad, si Becky podría regresar sana y salva, o si el
príncipe, al que pronto se enfrentaría, creería que el bebé era suyo. Había
muchas cosas por las que preocuparse, pero Joel hizo todo lo posible por
ocultar su inquietud y tranquilizar a Rob. Si él mismo se mostraba
nervioso, el pequeño Rob se pondría mucho más ansioso.
***
Mientras Joel y Rob estaban cautivos en el castillo del barón, Becky
estaba galopando a través del bosque en un burro para rescatar a su amo
y a su hermano.
Presionada por Joel, había salido de la cabaña y solo cuando extendió
el mapa se dio cuenta de que el feudo más cercano estaba mucho más
lejos de lo que pensaba. Como no estaba preparada para un largo viaje,
Becky tuvo que regresar a la cabaña para empacar unas pocas cosas.
Los burros no son animales hechos para correr, pero Jack, el burro,
parecía darse cuenta de que su dueño estaba en peligro y se apresuraba lo
más que podía. Así, en la mañana del cuarto día, mientras cruzaba el
bosque sin descanso, Becky vio a un grupo de soldados que se acercaban
desde lo lejos.
Los soldados se estaban moviendo en dirección opuesta a Becky. Ella
también tenía prisa, pero sabía que si se interponía en su camino, podría
ser decapitada, así que se bajó del burro y se apartó al borde del sendero.
El ejército que se veía a lo lejos se acercaba. Sin darse cuenta, Becky
se quedó mirando fijamente al hombre que lideraba la vanguardia. Era
una falta de respeto, pero la apariencia del hombre era tan impresionante
que no podía apartar la vista.
Con la velocidad del caballo, su cabello negro volaba hacia atrás,
revelando una frente blanca. Tenía una frente recta y una nariz
prominente, una apariencia muy noble. Su rostro era tan hermoso que
Becky sintió que podría seguir mirándolo para siempre.
Mientras contemplaba al hombre con la mirada perdida, de repente
reconoció el elaborado sello bordado en la bandera que ondeaba detrás
de él. Era un emblema que había visto muchas veces trabajando en el
castillo del señor de Versa.
¡Eran de la familia real!
Al reconocer el sello, Becky, sin pensarlo dos veces, corrió hacia el
medio del camino.
—¡¿Qué haces?! ¡Quítate!
—¡Esperen un momento! ¡Tengo algo que decirles!
Como la niña, que había aparecido de la nada, extendió los brazos y
bloqueó el estrecho camino, los hombres no tuvieron más remedio que
detenerse. Junto al hermoso joven a la cabeza, un hombre sacó su espada
y gritó con voz severa:
—¡Qué insolencia, atreverte a bloquear el camino de Su Alteza el
Príncipe Heredero! ¡Apártate de inmediato!
La punta de la espada apuntando hacia Becky brillaba de un color
oscuro. El hombre parecía a punto de blandirla en cualquier momento.
Becky sintió un escalofrío. Pero si ese joven tan guapo era el príncipe,
seguramente estaría buscando a su amo. Contuvo su temblor y exclamó:
—¡Sé dónde está el señor Joel!
Las palabras de Becky provocaron un momento de tensión a su
alrededor. El príncipe hizo una seña para que sus guardias se retiraran y
avanzó hacia Becky a caballo. Con los labios apretados, emanaba un aura
de gran frialdad.
Becky lo miraba con miedo.
—¿Sabes dónde está Joel?
El príncipe habló en voz baja. Su voz era tan fría como su mirada. De
hecho, los caballeros que habían servido al príncipe durante mucho
tiempo sabían que estaba a punto de perder los estribos, pero para Becky,
el príncipe parecía simplemente tranquilo y sereno.
Becky miró hacia arriba a los hermosos ojos verdes que la intimidaban
y, con dificultad, abrió la boca.
—…Sí, yo... yo era la sirvienta del señor Joel. Originalmente, mi señor
me dijo que me llamara Robert, así que lo seguí así. Pero cuando nos
metimos en problemas, él me reveló su verdadero nombre, Joel Lucas, y
me ordenó ir a un feudo cercano para pedir ayuda.
—¿Problemas dices?
El príncipe interrumpió a Becky con una pregunta inquisitiva. Se
mordía el labio con impaciencia, y Becky tuvo la intuición de que había
tomado la decisión correcta.
—El barón Aster, el señor del feudo donde mi señor se encuentra
ahora, está...
Ante la vacilación de Becky, incapaz de continuar, el caballero que
había desenvainado su espada la instó severamente: —¡Acaso no puedes
decirlo!
Al ver a Becky encogerse de hombros presa del miedo, el príncipe
levantó la mano para detener al hombre.
—Está bien, habla con calma.
Con una mirada menos fría, el príncipe tranquilizó a Becky. Tomando
valor, Becky dijo en voz baja, lo suficientemente bajo para que solo el
príncipe pudiera oírla: —El barón se enamoró de la belleza de mi amo,
intenta deshonrarlo.
Al escuchar eso, la rígida expresión de los labios del príncipe heredero
se torció.
En un instante, Becky se encontró montando detrás del caballero que
la había regañado. El príncipe había saltado de su caballo con una
rapidez sorprendente y había colocado a Becky detrás del capitán de la
guardia, Abe. Aún aturdida por el repentino movimiento, Becky escuchó
al príncipe urgiéndola: —¿Qué estás haciendo? ¡Guíanos de inmediato!
—Ah, sí...
Becky sacó el mapa de su bolsillo y explicó la ubicación exacta del
castillo del barón Aster. Justo cuando el grupo del príncipe estaba a punto
de partir con Becky, ella golpeó suavemente al caballero que sostenía las
riendas.
—¡Espere un momento, también debemos llevarnos al burro!
—Ahora no es momento para eso. Si no quieres caerte del caballo,
mejor agárrate fuerte.
El caballero cortó sus palabras con un tono brusco. Sin embargo,
cuando Becky rogó: —Es un burro muy querido por mi señor—,
inmediatamente ordenó a un soldado que se llevara al burro y lo siguiera.
Finalmente, el séquito del príncipe partió hacia el castillo del barón
Aster. La velocidad de los caballos de guerra entrenados no tenía
comparación con la del burro. El viento frío azotaba su rostro sin cesar, y
Becky, sentada en el caballo, apenas podía mantener los ojos abiertos.
A este ritmo, podrían recorrer en un día todo el camino que habían
tardado cuatro días en recorrer.
Por favor, que el señor Joel y su hermano aguanten un poco más.
Becky abrazó con fuerza al caballero y rezó fervientemente en su
interior.
Capítulo 96
Antes de que el mensajero que había enviado para averiguar sobre los
volantes de búsqueda del desaparecido príncipe consorte que se habían
distribuido por todo el imperio regresara al feudo, el ejército del príncipe
ya había irrumpido en su castillo.
Sudando frío, el barón Aster recibió al príncipe.
El príncipe no parecía reconocer al barón, pero Aster lo reconoció al
instante. Habiendo pasado la temporada social en la capital como
cualquier otro noble, Aster había tenido varias audiencias con el príncipe.
Al ver al príncipe, en un estado lamentable, en su lejano feudo, las
últimas dudas que le quedaban después de escuchar la explicación de
Joel se disiparon por completo. El omega que había llegado a su feudo
era, sin duda, una persona muy valiosa destinado a convertirse en el
consorte del príncipe.
Pálido, el barón Aster inclinó la cabeza y se puso a pensar en cómo
resolver esta situación. Por supuesto, por mucho que lo pensara, no
parecía haber ninguna escapatoria.
—¿Dónde está Joel, mi prometido?
—E-está en la habitación del segundo piso… Ey, tú. ¡¿Qué haces?! ¡Ve
a traer al príncipe consorte inmediatamente!
El príncipe desenvainó la espada que llevaba a la cintura y amenazó al
barón con ella. El barón, postrado en el suelo, volvió la cabeza hacia el
mayordomo, también arrodillado detrás de él, y lo instó. Pero al escuchar
las palabras del barón, el rostro del príncipe se puso aún más rojo.
—¿La habitación? ¡Así que tú!
En el instante en que el príncipe, con los ojos inyectados en sangre,
levantó la espada por encima de su cabeza, el barón se dio cuenta del
malentendido. Extendió las manos y trató de explicar: —Su Alteza, no es
así…—, pero ya era demasiado tarde. La brillante hoja cortó el aire y el
barón cayó al suelo exclamando: —¡Aah!
La punta de la espada rozó el corpulento cuerpo del barón. El príncipe
intentó blandir el arma nuevamente, pero de pronto, la idea de que si este
hombre realmente le había hecho algo terrible a Joel, no podía matarlo
tan fácil. Ordenó a sus soldados que arrestaran al barón y, como un toro
enfurecido, corrió hacia el segundo piso.
—¡Su Alteza, por aquí!
Uno de los sirvientes del castillo, que lo seguía de cerca, señaló con el
dedo una habitación al final del pasillo izquierdo. El príncipe, parado
frente a la escalera del segundo piso, echó un vistazo a su alrededor y
corrió hacia la habitación indicada. La idea de que podría haber llegado
demasiado tarde y que ese pobre chico podría haber sufrido algún tipo de
humillación lo desgarraba por dentro. Se culpó a sí mismo por su
descuido al no haber anticipado que Joel pudiera irse y, con fuerza, abrió
la pesada puerta de la habitación.
—¡Joel!
La repentina aparición del príncipe tomó por sorpresa a Joel, que
estaba tumbado en el sofá, comiendo uvas y holgazaneando. Se quedó
petrificado, con una uva a medio camino hacia su boca.
Contrario a las preocupaciones del príncipe, Joel había estado viviendo
muy bien en el castillo del barón. Cuando le reveló al barón que era hijo
adoptivo del conde Lucas, el barón, que conocía al conde Lucas, recordó
que este había adoptado un omega dominante en el pasado. El barón
llamó a su primo, el único portador de fenotipo omega en el castillo, para
que confirmara el fenotipo de Joel, verificando entonces que Joel era un
omega dominante.
En todo el imperio, solo había un omega dominante de veinte años, y
era Joel. Al darse cuenta de que había subestimado a quién tenía delante,
el barón se arrodilló ante Joel y suplicó por su vida. Desde entonces, las
posiciones de Joel y el barón se habían invertido por completo. Joel
gobernaba el castillo como si fuera el señor, mientras que el barón
sudaba tratando de complacer a Joel.
La uva que Joel tenía en la mano cayó al suelo con un pequeño ruido
sordo.
Aunque Joel, después de tres días viviendo en el castillo del barón,
tenía un aspecto saludable, a los ojos del príncipe parecía tan delgado
como una rama seca. Y debido a su constitución naturalmente delgada,
su vientre parecía aún más prominente. El príncipe sintió que se le
llenaban los ojos de lágrimas y corrió hacia Joel.
—Joel, dios mío…
Arrodillado frente a Joel, el príncipe lo abrazó con fuerza. Su
compañero, al que había buscado tanto tiempo, finalmente estaba en sus
brazos. Cuando lo envió al castillo del conde Grey envuelto en su manto,
tenía las mejillas regordetas, pero ahora, su pequeño cuerpo, que
abrazaba después de tanto tiempo, era notablemente más delgado.
Con este pequeño cuerpo, y habiendo estado embarazado, ¿cuánto
habrá sufrido para estar tan delgado? Me duele tanto el corazón...
El príncipe se disculpó con Joel varias veces con una voz ronca.
Cuando el aroma de Joel penetró en sus pulmones, finalmente se
calmó. Retrocediendo, el príncipe examinó el rostro de Joel, que todavía
parpadeaba aturdido.
—¿Joel, estás herido en alguna parte? ¿Acaso el barón te hizo algo
malo...?
El príncipe acarició la mejilla de Joel y le hizo preguntas sin orden ni
sentido. Joel lo miraba con ojos vacíos, sin comprender la situación.
Aunque había anticipado encontrarse con el príncipe, no esperaba
reunirse con él tan pronto.
Joel percibió la feromona del príncipe mucho antes de entender la
situación. El aroma a bergamota que siempre había anhelado lo envolvía.
Su cuerpo embarazado dio la bienvenida a la feromona de su pareja, y los
nervios que había tenido durante tanto tiempo comenzaron a relajarse
gradualmente.
Joel abrió los labios temblorosos.
—¿Su... Su Alteza?
—Sí, soy yo. Lamento haber llegado tan tarde.
El dueño de esos hermosos ojos verdes, donde se reflejaba su propio
rostro, era definitivamente el príncipe.
De repente, Joel se dio cuenta de lo demacrado que estaba el príncipe.
Sus mejillas estaban hundidas como si no hubiera comido en un mes, y
tenía ojeras profundas debajo de los ojos. Su cabello estaba revuelto y su
barbilla, antes lisa, estaba cubierta con una barba oscura.
Aún así, se veía muy guapo. Lo suficientemente guapo para quitarle el
aliento a cualquiera.
Joel se quedó mirando el rostro del príncipe, el mismo que había
añorado en sus sueños, y de repente sintió un nudo en la garganta.
—Uhg...
Las lágrimas brotaron sin que pudiera evitarlo. No quería reunirse con
él de esa manera tan patética. Quería contarle sobre su embarazo con una
actitud más tranquila y confiable, pero una vez que las lágrimas
comenzaron a fluir, no pudo detenerlas. Sintiéndose aún más miserable
por su propia estupidez, Joel comenzó a llorar a gritos: —¡Ughhh!
El príncipe abrazó a Joel, que lloraba como un niño pequeño, y
acarició su espalda.
—Está bien, ya todo está bien. Joel, ahora que estoy aquí, no tienes
que preocuparte por nada más.
Unos brazos fuertes lo sostuvieron, aliviando su cuerpo que se
desmoronaba. Se sintió seguro. Joel sintió que toda la tristeza acumulada
durante su largo viaje lo inundaba.
Aunque había tratado de mostrarse fuerte y valiente, en realidad había
tenido mucho miedo. Cuando el mercenario que su padre le había
asignado lo abandonó, cuando casi fue vendido como prostituto por el
padre de Becky, y cuando el barón lo trató como a un prostituto, Joel solo
quería llorar a gritos.
Había extrañado tanto al príncipe.
La vida de adulto, donde ni siquiera podía permitirse el lujo de llorar,
era tan solitaria. Joel frotó su suave mejilla contra el hombro firme del
príncipe y sollozó durante mucho tiempo hasta que empapó el hombro
con sus lágrimas.
***
Joel dejó de llorar unos treinta minutos después.
Se limpió las mejillas con torpeza y miró a su alrededor. En la amplia
habitación, solo estaban él y el príncipe. Afortunadamente, el príncipe
había tenido el buen juicio de despedir a todos los demás justo cuando
Joel había empezado a llorar, así que no tuvo que mostrar su lamentable
aspecto lleno de lágrimas y mocos frente a nadie.
El príncipe le ofreció un pañuelo a Joel, que estaba avergonzado.
—Sniff.
Sin darse cuenta, Joel hizo un pequeño sonido al recibir el pañuelo,
como le había indicado el príncipe, y luego se sonrojó. Intentando
recuperar su orgullo, dijo con voz presuntuosa:
—Quería preguntarle a Su Alteza cómo ha estado desde la última vez
que lo vi, pero ahora que lo veo, ni siquiera puedo hacer esa pregunta
como mera cortesía.
Joel, que había sido bien tratado en el castillo del barón Astor, había
perdido algo de peso pero tenía un buen color. Sin embargo, el príncipe,
que había sufrido un desgaste nervioso, parecía un cadáver. Ante las
palabras de Joel, el príncipe se rascó la mejilla áspera con timidez.
—Por supuesto que no estuve bien. ¿Cómo podría estar bien si tú te
habías ido?
El príncipe superpuso sus manos sobre las de Joel, que estaban
apoyadas en el sofá, y acarició suavemente sus manos. Sus ojos verdes
brillaban con más ternura que nunca. Al mantener su mirada, Joel sintió
un cosquilleo en el pecho. Preocupado por su rostro demacrado,
murmuró: —...Ha perdido mucho peso.
—¿Solo yo? Más bien, Joel, ¿estás realmente bien? ¿No te lastimaste
en ningún lado?
El príncipe acarició la mejilla de Joel, con un tacto tan delicado y
suave como si estuviera manejando una preciosa porcelana.
—Sí. Incluso el barón Astor, después de que revelara mi identidad, me
trató con respeto. No sucedió nada de lo que Su Alteza teme.
Al escuchar la respuesta de Joel, el príncipe finalmente exhaló un
suspiro de alivio. Si Joel hubiera sido agredido por el barón, el príncipe
nunca se habría perdonado a sí mismo por su descuido. Tal vez incluso
hubiera buscado al demonio nuevamente para intentar retroceder el
tiempo.
—Entonces, nuestro hijo...
El príncipe extendió su mano y acarició el vientre de Joel mientras
preguntaba. Joel se sobresaltó y trató de retroceder, pero estaba atrapado
contra el respaldo del sofá. No había esperado en absoluto que el
príncipe supiera de su embarazo, y confundido, Joel solo pudo mirar al
príncipe sin saber qué hacer.
Capítulo 97
—¿Cómo... cómo lo supo?
Aunque su vientre ya era bastante evidente, había pensado que el
príncipe asumiría que era por comer demasiado. Al ver a Joel encogerse
de miedo, el príncipe besó el dorso de su mano para calmarlo.
La áspera barba le causó un cosquilleo. Joel frunció el ceño de manera
inconsciente. El príncipe soltó la mano de Joel y comenzó a acariciar sus
rodillas.
—Recuerdo lo que pasó en la fiesta de graduación. Y también me
pareció extraño que estuvieras acariciando tu vientre todo el tiempo...
—...Ah.
Joel se sintió avergonzado. A pesar de haber intentado ocultarlo,
después de Becky y el barón, el príncipe también se había dado cuenta,
lo que demostraba que no tenía ningún talento para la actuación.
En realidad, durante todo este tiempo, Joel había estado preocupado de
que el príncipe sospechara de la ascendencia del bebé. Afortunadamente,
el príncipe parecía estar seguro de que era su hijo, así que al menos había
superado un obstáculo. Joel se sintió aliviado, pero pronto volvió a
sentirse ansioso.
En su vida anterior, el príncipe había deseado ir a la cárcel cuando se
enteró de que habían pasado la noche juntos. Si esta vez el príncipe
tampoco estuviera contento con su embarazo...
Con voz llena de arrepentimiento, el príncipe interrumpió los
pensamientos ansiosos de Joel.
—Tengo muchas cosas por las que pedirte disculpas. En primer lugar,
debo disculparme por lo que sucedió la noche de la fiesta de graduación.
Lo siento mucho.
Joel apenas prestó atención a la disculpa del príncipe. No tenía
intención de culparlo por lo sucedido esa noche, solo estaba preocupado
por cómo el príncipe vería al bebé. El príncipe, notando la ansiedad de
Joel, tomó su hombro para centrar su atención y continuó hablando con
un tono sombrío:
—Cuando retrocedí en el tiempo... Me prometí que una vez era
suficiente, que no volvería a tratarte de esa manera después de verte
enterrado en nieve. Pero, como un tonto, al no recordar nada, terminé
cometiendo el mismo error contigo.
—¿Qué?
La confesión del príncipe fue inesperada. Joel, que había asumido que
el príncipe no recordaba su vida anterior, se sorprendió. Después de un
largo rato, con dificultad abrió la boca y preguntó: —... ¿E-en serio, Su
Alteza? ¿Recuerda su vida anterior...
El príncipe asintió con una leve sonrisa.
—Su Alteza.
Joel, que había estado mirando al príncipe aturdido, abrió la boca sin
darse cuenta.
—El demonio John me dijo que Su Alteza había retrocedido en el
tiempo para revivirme. ¿Es eso cierto? Si es así... ¿por qué quiso
salvarme? ¿Por qué?
Tan pronto como se enteró de que el príncipe recordaba su vida
anterior, la pregunta salió disparada de su boca de forma refleja. ¿Por qué
había sacrificado su propia alma para salvar a alguien como él, cuando
parecía que nunca más quería verlo? Joel realmente quería saber la razón.
Había pensado que nunca podría conocer la respuesta, ya que el
príncipe no recordaba su vida anterior...
Ante la pregunta de Joel, el príncipe se quedó un rato moviendo los
labios con una expresión de perplejidad. Parecía que una gran cantidad
de emociones se le agolpaban y le resultaba muy difícil encontrar las
palabras adecuadas. Después de un largo silencio, el príncipe finalmente
abrió la boca con una voz atormentada.
—Me di cuenta demasiado tarde de que te amaba.
Después de causarte un dolor tan terrible y de que todo se volviera
irreversible. No hay nadie tan tonto como yo en el mundo.
El príncipe añadió con un tono de autodesprecio. Joel guardó silencio.
—...Estás mintiendo.
—No estoy mintiendo.
Joel se pellizcó la mejilla para asegurarse. Era demasiado absurdo que
el príncipe no solo gustara de él, sino que lo amara... Seguramente estaba
soñando.
Sin embargo, el lugar donde se había pellizcado la mejilla le dolía, así
que Joel ahora tocó la frente del príncipe.
—No tienes fiebre...
Extraño, Joel inclinó la cabeza, confundido. La frente lisa del príncipe
estaba un poco caliente, pero su temperatura era normal. El príncipe bajó
la mano de Joel que estaba en su frente y dijo con una voz clara: —Joel,
estoy cuerdo. Sé que es difícil de creer, pero realmente te amo.
Probablemente me enamoré perdidamente de ti desde el primer momento
en que te vi. Antes de retroceder en el tiempo y después, no ha habido
nadie tan especial para mí como tú. Durante todo ese tiempo, di todo tipo
de razones para mantener la distancia contigo, pero el hecho de que tu
padrastro fuera el conde Lucas o que mi padre se opusiera a este
matrimonio no eran las razones fundamentales por las que te rechazaba.
La verdad es que tenía miedo. Tenía miedo de perder el control y correr
hacia ti sin pensar. Por eso negué constantemente los sentimientos que
tenía en lo profundo de mi corazón. Pero cuando tuve tu cadáver en mis
brazos, incluso yo, tan cobarde y miserable, ya no pude negar mis
verdaderos sentimientos.
Mientras el príncipe continuaba su confesión con un tono sombrío,
Joel mantuvo una expresión impasible. Sin embargo, en realidad estaba a
punto de explotarle la cabeza tratando de entender lo que el príncipe
quería decir. Las expresiones del príncipe eran demasiado metafóricas y
pedantes, y no era fácil entender lo que estaba diciendo.
Más o menos, parecía decir que odiaba su propia estupidez por haberse
enamorado. Y que, de hecho, aunque le gustaba, fingía que no. ¿Era eso
correcto? Joel no estaba seguro de haber entendido las palabras del
príncipe. El príncipe, notando su rostro tenso, acarició su mejilla.
—Sí, sé que es ridículo que diga estas cosas ahora.
El príncipe murmuró con una sonrisa triste. Al ver la expresión rígida
de Joel, que estaba tratando de entender lo que decía, pensó
erróneamente que Joel estaba muy enojado.
Sintiéndose incómodo, Joel relajó su expresión y dijo: —No, Su
Alteza. No es eso...—, pero ya era demasiado tarde.
—Joel, no tienes que ocultar tu resentimiento hacia mí. Me merezco
todas tus críticas. Solo después de que cerraras los ojos descubrí lo que
había sucedido entre el conde Lucas y tú. Tú mentiste, soportando los
duros castigos de tu padrastro para protegerme, y sin embargo, yo te
consideré un cómplice del conde y te acusé... Seguro me odias y me
resientes por no haber confiado en ti a pesar de decirte que te amo.
Todavía tengo presente la imagen de cómo… cuando fui a buscarte a la
mazmorra, no quisiste mostrarme tu rostro hasta el final.
A medida que el príncipe continuaba su confesión, Joel se sentía cada
vez más incómodo. La razón por la que Joel le había dado la espalda en
aquel entonces era simplemente porque no había podido arreglarse.
Después de todo, su único atractivo era su apariencia, y no quería que el
príncipe lo viera con el rostro destrozado después de ser interrogado.
Joel intentó detener al príncipe agarrándolo del hombro, pero como el
príncipe ya estaba convencido de que Joel lo odiaba, simplemente se
reprochó a sí mismo con fuerza: —Sí, fui un maldito bastardo.
Joel intentó explicar: —Espera, ¡no es así!—, pero una vez más, el
príncipe fue el primero en hablar:
—¿Me preguntaste por qué sacrifiqué mi alma para retroceder en el
tiempo?
—Sí, sí.
—Quería reparar todos los errores que había cometido contigo. Y
quería volver a empezar, cuidándote como el tesoro que eres. Por eso
retrocedí en el tiempo. Si podía tener una segunda oportunidad, no me
importaba sacrificar mi alma.
El príncipe miró a Joel con ojos doloridos. Joel, con sus ojos brillantes
e inocentes, seguía siendo tan adorable como un ángel. Quería abrazarlo
y nunca soltarlo, quería reunir todo su amor y dárselo a él por completo...
—La razón por la que te fuiste...
…Debe ser porque me odias.
El príncipe no pudo continuar y se mordió el labio.
Mientras perseguía a Joel, el príncipe había estado pensando
constantemente en la razón por la que Joel había huido estando
embarazado. Aunque estaba seguro de que a Joel no le desagradaba, esta
situación hacía tambalear esa creencia. Y ahora, el príncipe temía que
Joel lo hubiera odiado y por eso se hubiera escapado.
Quería rogarle una oportunidad, pero no podía abrir la boca por miedo
a que Joel negara con la cabeza. Al ver al príncipe sufriendo, Joel se
apresuró a hablar.
—Lo hice porque pensé que era lo correcto. No porque odiara a Su
Alteza.
El príncipe miró a Joel con incredulidad ante sus palabras. Joel,
temblando como un cachorro abandonado, extendió la mano hacia el
príncipe y, tomando sus mejillas, lo acercó a su rostro.
—Su Alteza, le dije que no era así. Escuche cuando la gente habla. Ni
ahora ni en mi vida pasada, nunca lo he odiado... Bueno, honestamente,
eso no es del todo cierto, pero no lo odié tanto como usted piensa.
—Eso es imposible.
El príncipe trató de negar las palabras de Joel, pero no pudo negar con
la cabeza porque tenía las mejillas agarradas. Joel tuvo que explicar al
príncipe, que no parecía creerle, por qué le había dado la espalda hasta el
final en su vida pasada.
—De verdad. La razón por la que te di la espalda en la mazmorra fue
simplemente porque no quería mostrarte mi aspecto demacrado, no
porque te odiara.
Al escuchar la explicación de Joel, el príncipe sintió aún más culpa. Se
sintió más cruel al haber acusado a Joel, tan inocente y puro, de ser
cómplice del conde Lucas.
—Su Alteza, nunca he dejado de amarlo ni por un instante. Me fui
porque pensé que no querría a este niño. Un omega tonto como yo no
merece ser su consorte.
—Eso es absurdo. Tú eres un héroe que derrotó al demonio y me
salvó. Además, gracias a que te diste cuenta de que el conde Lucas había
hecho un trato con el demonio, se pudo revelar al mundo el crimen que
había estado ocultando durante 25 años. Gracias a ti, incluso Su Majestad
el Emperador ha recuperado su salud. ¿Quién se atrevería a cuestionar
tus cualidades? —El príncipe negó con la cabeza al escuchar las palabras
de Joel. Tomando la mano de Joel, suplicó—. Entonces, solo una vez,
dame una oportunidad. Nunca más te lastimaré. No tienes que amarme,
puedes odiarme o resentirte de mí hasta el día de tu muerte. Solo déjame
estar a tu lado.
Joel se quedó mirando al príncipe durante un largo rato. Nunca había
imaginado que él le rogaría de esta manera.
A medida que el silencio de Joel se prolongaba, los ojos del príncipe se
agitaban cada vez más con inquietud. No podía permitir que el príncipe,
que ya estaba tan demacrado, se sintiera más ansioso, así que Joel tomó
las mejillas del príncipe y lo besó.
Fue una señal de aceptación. Sorprendido por la audaz acción de Joel,
el príncipe se quedó rígido, pero pronto comenzó a corresponder al beso
con fervor.
—Te amo. Es una confesión muy tardía, pero te amo de verdad.
El príncipe, que había estado besando a Joel, se separó y susurró. No
podía tener suficiente del calor de Joel y apretó más fuerte los brazos que
lo rodeaban. Aunque quería abrazarlo con todas sus fuerzas hasta
fundirse en un solo cuerpo, no podía hacerlo por miedo a dañar al bebé
que crecía en el vientre de Joel.
Mientras exploraba la boca de Joel con su lengua, el príncipe repitió
varias veces para sí mismo que nunca más lo dejaría ir.
Capítulo 98
Una vez finalizado el feliz reencuentro, el príncipe llamó a un médico
para que revisara el estado de Joel. Mientras el médico examinaba a Joel,
el príncipe no pudo dejar de ponerse nervioso a su lado. Finalmente,
cuando el médico diagnosticó que tanto Joel como el bebé estaban sanos,
el príncipe se derrumbó junto a Joel.
Durante más de un mes, el príncipe no había podido dormir ni comer
adecuadamente mientras perseguía a Joel. Con la tensión liberada, toda la
fatiga acumulada lo golpeó de una vez. Como el príncipe no podía
sostener su cuerpo, Joel tuvo que llamar al capitán de los caballeros, Abe,
para que lo llevara a la cama.
—En serio, ¿qué has estado haciendo para llegar a este estado sin
cuidarte?
Ante la preocupación de Joel, el príncipe extendió los brazos como si
quisiera que lo abrazaran. Joel se acurrucó obedientemente en sus brazos.
Entonces, el embriagador aroma a bergamota lo envolvió como un
abrazo.
—Comparado con el señor Bennet, mi estado es bastante bueno. Tu
desaparición preocupó mucho al señor Bennet. Especialmente porque el
mercenario que el señor Bennet te asignó para ayudarte a escapar te
traicionó y huyó. Me preocupa que te sorprendas cuando veas la cara del
señor Bennet al regresar —dijo el príncipe, que tenía a Joel en sus
brazos, acariciando su espalda.
Al escuchar las palabras del príncipe, Joel abrió los ojos. Pensó que
nadie sabría lo que había sucedido en el bosque, pero ¿cómo se enteró el
príncipe?
—¿Cómo supo que me traicionó el mercenario?
—Porque atrapé a ese mercenario. El señor Bennet quería ejecutarlo,
así que se lo encargué. Además, castigaré severamente según la ley a esa
pareja de campesinos que intentaron venderte como prostituto.
Si Su Alteza lo sabe, mi padre también se habrá enterado de mi difícil
aventura. Joel palideció de preocupación por su anciano padre.
—Su Alteza, por favor, descanse aquí y venga lentamente a la capital.
Tengo que ir a la finca de mi padre.
Cuando Joel, preocupado por su padre, intentó salir de sus brazos, el
príncipe apretó más fuerte los brazos que lo rodeaban para evitar que
escapara. Acariciando la espalda de Joel, dijo:
—He enviado un mensajero, así que pronto se enterarán de que estás a
salvo. No te preocupes tanto.
—Pero...
—El señor Bennet está bien en la capital, cuidado por Robert y tu
mayordomo, así que concéntrate más en tu propia salud.
El príncipe bajó la mano y acarició el vientre de Joel. Su voz, al
murmurar —Estás demasiado delgado—, estaba llena de genuina
preocupación. Joel no podía rechazarlo, así que tuvo que quedarse en sus
brazos.
Sin embargo, se sintió un poco más tranquilo al saber que Robert y el
mayordomo, Wickham, cuidaban de su padre. Después de todo, llevaría
mucho tiempo viajar a la capital en carruaje con su estado. Joel decidió
creer en las palabras del príncipe de que cuidarían bien del señor Bennet
y se concentró en hacer que el príncipe se durmiera.
Después de acariciar la espalda del príncipe varias veces, su
respiración se volvió más lenta. Joel acarició la nuca del príncipe.
Mientras disfrutaba de un momento de paz, de repente recordó algo y
llamó al príncipe, que estaba a punto de quedarse dormido.
—Ah, Su Alteza. Hay algo que quiero decirle sobre la familia del
barón Aster.
—Mm...
El príncipe, con ojeras profundas, abrió con dificultad los ojos y miró
a Joel. Sus ojos verdes estaban inyectados en sangre, pero no se veía
molesto. Joel se apresuró a hablar.
—Lo siento, es que se me olvidaría si no lo digo ahora... Y es que he
estado investigando un poco sobre este lugar.
Durante los últimos tres días, Joel no se había limitado a holgazanear
en el castillo del barón Aster. No había pasado por alto el hecho de que
los siervos del señor estaban todos demacrados y había revisado los
libros de contabilidad de los últimos diez años para ver cómo el barón
había administrado su feudo.
Y como Joel sospechaba, la administración del feudo era un desastre.
Especialmente después de la muerte de la baronesa, cuando el barón
asumió la administración del feudo, la situación empeoró drásticamente.
Parece que la baronesa era una persona más sensata, ya que establecía
impuestos dentro de lo razonable, pero el barón no tenía ningún interés
en cuidar del pueblo y solo aumentaba los impuestos cada año. El
gobierno del barón era tan cruel que, el año anterior, los siervos del feudo
habían pagado al barón el 90% de su cosecha como impuestos.
Al escuchar la historia de Joel, el príncipe inmediatamente llamó a
Abe y le ordenó que los ejecutaran según la ley y que obtuvieran
alimentos de los feudos cercanos para cuidar de los hambrientos
campesinos. Joel detuvo a Abe, que iba a retirarse.
—Espere, Su Alteza. La ejecución es un poco...
Al escuchar las palabras de Joel, el príncipe asintió con la cabeza con
firmeza, diciendo que entendía su compasión, pero que no podía dejar
con vida al barón que se había atrevido a deshonrar al futuro consorte
real. Sin embargo, cuando Joel, con una expresión de dificultad, dijo: —
Es cierto, pero le prometí al barón que le salvaría la vida...—, el príncipe
heredero cedió un paso.
—Si le prometiste eso al barón, no puedo dejar caer tu reputación, así
que no puedo matarlo. ¿Cómo te gustaría que resolviéramos esto?
—Dado que la baronesa logró cultivar el feudo sin problemas en vida,
¿qué tal si terminamos esto quitándole al barón su posición y
propiedades, en reconocimiento a sus acciones? ¿Qué le parece?
La solución que propuso Joel era bastante razonable, y el príncipe,
asintiendo, enterró su rostro en el pecho de Joel. Joel volvió la cabeza
hacia Abe, quien había estado esperando órdenes hasta ese momento, y
dijo: —Lo has oído. Ve y ocúpate de eso.
—Sí. Yo-… Joel...
Abe abrió la boca con timidez. Desde que llegó al castillo del barón
Aster, había estado buscando una oportunidad para disculparse por
haberse comportado groseramente en la mansión del señor Bennet. Pero
Joel, que no tenía ningún interés en Abe, simplemente hizo un gesto con
la mano diciendo —Más tarde—, ya que quería pasar un tiempo a solas
con el príncipe, y Abe no tuvo más remedio que retirarse con una cara de
tristeza.
Con la puerta de la habitación cerrada, Joel abrazó al príncipe con una
sensación de alivio. El príncipe ya estaba dormido. Parecía que estaba
muy cansado, ya que se quedó dormido tan rápido como terminó el
asunto. Joel miró el rostro dormido del príncipe con ojos llenos de afecto
y liberó sus feromonas para que pudiera descansar con más comodidad.
Mientras disfrutaba de ese momento de tranquilidad, de repente
recordó a Becky, a quien había enviado a otro feudo.
—Ah, cierto.
A pesar de ser una niña muy inteligente, no podía dejar de
preocuparme por haber enviado a una niña pequeña sola al bosque. Joel
se levantó con cuidado para llamar a Becky.
Inmediatamente, los brazos que tenía alrededor de su cintura se
apretaron. El príncipe, que había estado dormido, abrió los ojos de golpe
y miró a Joel.
Por su mirada perdida, parecía que el príncipe aún no estaba del todo
despierto. Joel intentó liberarse de sus brazos, acariciándolo y diciendo:
—Volveré enseguida. Suéltame—, pero como el príncipe no quería
soltarlo, no tuvo más remedio que llamar a Becky mientras estaba en sus
brazos.
Poco después, Becky abrió con cuidado la puerta de la habitación y
entró. Se sentía avergonzado de mostrarle esta imagen a la pequeña,
como si fuera un hermano, pero no tenía otra opción. Joel le dio una
sonrisa incómoda y la recibió.
—Becky, ¿te lastimaste en algún lado?
—No, yo estoy bien. ¿Y usted, señor? ¿Está bien? ¿El barón no le hizo
nada malo?
—Yo también estoy bien. Me alegra que no te hayas lastimado. ¿Ya
comiste? ¿Viste a Rob?
Ante la amable pregunta de Joel, los ojos de Becky se llenaron de
lágrimas. Era la primera vez en su vida que recibía la protección de
alguien.
Aunque podría haberla culpado por el fracaso de su huida debido a su
hermano, la actitud de Joel seguía siendo amable. Becky se secó las
lágrimas con el borde de su delantal y murmuró: —Ya nos ha salvado
dos veces, no sé cómo agradecerle…
La verdad es que no creyó que Joel pudiera resolver la situación
cuando se ofreció a hacerlo. Los nobles no veían a los plebeyos como a
iguales, así que pensó que a Joel no le importaría si Rob vivía o moría, o
que intentaría salvar a su hermano una o dos veces y luego se daría por
vencido.
Sin embargo, Joel se comprometió activamente a salvar a su hermano,
incluso renunciando a escapar, y realmente lo salvó. Becky, que se había
reunido con su hermano sano y salvo después de que el príncipe volviera
al castillo del barón, estaba profundamente agradecida a su amo.
—No tienes que agradecerme tanto. Solo hice lo que debía hacer como
amo. Tengo el deber de protegerlos.
Joel le habló a Becky con cariño y le secó las lágrimas que le corrían
por la mejilla. Tan concentrado estaba en eso que no se dio cuenta de que
el príncipe, detrás de él, estaba brillando de celos con los ojos de un azul
intenso.
Capítulo 99
—Cuando volvamos al palacio, te daré pan blanco todos los días,
como te prometí. Y también te aumentaré el salario. Incluso en el
palacio, te encargaré mi servicio a ti y a Rob, así que tendrás que recibir
clases de etiqueta... ¿Becky? ¿Qué pasa?
Joel, que estaba secando las mejillas de Becky, se dio cuenta de que
ella estaba completamente paralizada, como un herbívoro frente a una
bestia salvaje. Aunque inclinó la cabeza y preguntó, Becky no pudo
responder. Joel miró hacia atrás siguiendo la mirada de Becky.
Allí estaban los ojos verdes del príncipe heredero, ardiendo de ira.
—¿Eh? Su Alteza. ¿No estaba durmiendo?
En lugar de responder, el príncipe quitó la mano de Joel de la mejilla
de Becky. Luego, entrelazó sus dedos firmemente con la mano de Joel y
le ordenó a Becky en un tono frío: —Tráeme un pañuelo.
—¡Sí! ¡E-espere, lo traeré enseguida!
Becky no pudo evitar levantarse de inmediato. La persona que le había
dado la orden no era un noble cualquiera, sino el príncipe heredero, una
persona tan noble que ella, una plebeya, ni siquiera podía soñar con ver
de cerca en toda su vida. Con el fin de cumplir la orden, salió corriendo
apresuradamente.
Joel, desde atrás, le gritó: —¡Ten cuidado! ¡No te vayas a caer!
Becky no podía entender a Joel. Ella estaba a punto de desmayarse
solo con mirar a los ojos verdes del príncipe heredero, pero ¿cómo podía
Joel tratarlo con tanta naturalidad? ¿Sería porque eran pareja?
Cuando Becky regresó con el pañuelo, Joel y el príncipe estaban en la
cama, frente a frente, discutiendo como niños.
—¿Por qué tenías que llamarla justo ahora, cuando no hay nada
importante? Por fin nos hemos reunido luego de semanas, es nuestro
momento a solas.
—¿Cómo que no es importante? Becky es como una hermana menor
para mí. Su Alteza, ¿por qué se despertó y está diciendo eso en lugar de
dormir?
—¿Quieres me quede dormido mientras tú estás mirando a otra
persona? ¿Crees que eso es razonable?"
Becky apenas pudo contener su expresión de asombro. Al verlos así,
parecía que incluso la noble pareja de príncipes no era diferente a
cualquier otra pareja recién casada. Hacia Becky, que estaba parada allí
aturdida, el príncipe extendió su mano como si pidiera el pañuelo.
—Ah, aquí está.
El príncipe, que había tomado el pañuelo de Becky, comenzó a limpiar
la mano de Joel. La misma mano que hacía unos segundos había usado
para secar las lágrimas de la mejilla de Becky. Parecía que no podía
soportar que quedara la más mínima huella de otra persona en el cuerpo
de Joel.
Después de limpiar la mano de Joel, el príncipe arrojó el pañuelo y
abrazó a Joel. Como si quisiera mostrarle algo a Becky, que estaba
parada allí aturdida, comenzó a besar el cuello de Joel.
—Su Alteza, Becky está mirando...
—¿Y qué si nos ve? Somos esposos. Mostrar una imagen de armonía
frente al pueblo también es nuestro deber.
Ante la arrogante respuesta del príncipe, Joel soltó una carcajada
incrédula. Era absurdo que estuviera actuando como un rival amoroso
por una niña de diecisiete años.
—Me retiraré ahora, señor.
Becky, que había estado observando la bochornosa escena del príncipe
heredero, se inclinó y se retiró.
Joel, que estaba ocupado arreglando su ropa desordenada y lidiando
con el caprichoso príncipe, finalmente pudo saludar a Becky con la mano
y decirle: —¡Sí, claro! ¡Hablemos más tarde!
***
Tan pronto como se cerró la puerta del dormitorio, el príncipe levantó
la camisa de Joel. Probablemente tenía la intención de juguetear con los
pezones de Joel, pero no pudo soportar la fatiga que lo abrumaba y
terminó durmiéndose con la cara enterrada en el pecho de Joel.
No se despertó durante dos días.
Dos días después, el príncipe, que finalmente se despertó con un rostro
fresco, quiso regresar inmediatamente a la capital. Era necesario
apresurar el matrimonio, ya que Joel no estaba solo. El príncipe, que
había estado expuesto a las feromonas de Joel durante dos días y había
recuperado casi toda su fuerza, y Joel, que de todos modos no tenía
ningún apego especial por el sur, estuvieron de acuerdo.
Joel, listo para partir, bajó del dormitorio con el apoyo del príncipe.
—Con cuidado, con cuidado.
El príncipe sostenía a Joel, que caminaba con una expresión
indiferente. Más que sostenerlo, en realidad estaba obstaculizando su
paso. El príncipe, como si los pies de Joel fueran de porcelana, se ponía
nervioso y se sobresaltaba cada vez que Joel daba un paso.
Después de bajar unos tres escalones, Joel, que no podía soportarlo
más, bajó la voz y le dijo al príncipe con irritación:
—Su Alteza, ¿en serio cree que podremos llegar al carruaje hoy?
No era una exageración, estaba avanzando a un paso por minuto. Los
nobles de los territorios cercanos, que se habían alineado desde la entrada
del dormitorio para despedir a la pareja del príncipe heredero —aunque
aún no estaban oficialmente casados—, no se atrevían a mostrar su
aburrimiento frente al príncipe y solo esperaban que Joel y el príncipe
heredero se fueran pronto.
—Hmm... pero tus piernas son tan delgadas que no puedo quedarme
tranquilo. ¿Y si te llevo en brazos...?
El príncipe susurró en voz baja y en secreto. Antes de que el príncipe
terminara de hablar, Joel lo rechazó: —No quiero—. Sufrir la
humillación de ser llevado en brazos del príncipe frente a mucha gente
fue suficiente con una vez cuando se fue de la finca de Sir Bennet.
Además, esta vez no tenía una capa para ocultar su rostro.
Treinta minutos después, se abrió la puerta de la mansión. Los
habitantes de la finca, que habían estado esperando para despedir a Joel y
al príncipe, agitaron sus manos y vitorearon al unísono. Estaban
agradecidos con la pareja, especialmente con Joel, porque gracias a él se
habían liberado de la explotación del barón Astor.
Aquellos que habían arrojado piedras y maldecido al barón Astor
cuando fue expulsado como un mendigo dos días antes, ahora le
arrojaban flores a Joel y bendecían su futuro.
A diferencia de cuando se fue de la finca del señor Bennet, esta vez
Joel pudo mantener una cierta dignidad frente a los habitantes de la finca.
Con un paso natural y elegante, subió al carruaje con el emblema de la
familia imperial. Mientras el carruaje pasaba por la interminable fila de
habitantes de la finca, él les saludó con la mano durante mucho tiempo.
Tan pronto como la fila de los habitantes de la finca terminó, el
príncipe extendió la mano y cerró la cortina.
Con la gruesa cortina roja bajada, el interior del carruaje se oscureció
instantáneamente. El príncipe, cegado por la pasión, abrió las piernas de
Joel como una bestia. Joel trató de detener al príncipe de alguna manera,
pero no pudo detenerlo.
—¡Su Alteza! ¿Qué, qué está haciendo...? ¡Ah...!
En un instante, la camisa se deslizó, y al abrir los ojos, Joel se
encontró acostado en el asiento del carruaje. Aunque el asiento acolchado
era cómodo para recostarse, en plena luz del día, y menos aún dentro del
carruaje, mezclarse con el príncipe en esa posición era impensable. Joel
se debatió tratando de apartar al príncipe, quien succionaba sus pezones
aferrándose a su pecho.
—¡Agh, Alteza...!.
—Realmente he pasado mucha hambre.
El príncipe, con el cabello agarrado por Joel, le reprochó con
resentimiento: —¿Cómo puedes estar tanto tiempo lejos de tu pareja?—
Los ojos del príncipe, que parecían los de un niño abandonado por sus
padres, hicieron que Joel, vacilante, aflojara su agarre. Aprovechando la
oportunidad, el príncipe bajó la cabeza. El cabello suave se deslizó entre
los dedos de Joel, quien, atónito, sintió de repente los labios del príncipe,
pegajosos como una sanguijuela, aferrándose de nuevo a su pecho.
—Quizás es porque estes embarazado, pero parece que han crecido un
poco —murmuró el príncipe excitado, besando los pezones hinchados.
Ruborizado por la vergüenza, Joel se cubrió la cara con ambas manos.
A pesar de sentirse avergonzado hasta la muerte, no tuvo más remedio
que apartar las manos que cubrían su rostro cuando el príncipe intentó
desvestirlo. Agarrando la cintura de sus pantalones que caían hacia abajo,
Joel exclamó:
—¡Detente! ¡Su alteza! ¡Hay un niño en mi vientre!
—Por supuesto, también lo sé —respondió el príncipe con voz
emocionada, acercando sus labios a los pezones abultados mientras Joel
se ruborizaba por vergüenza. Al no poder evitar que el príncipe tratara de
quitarle los pantalones, Joel finalmente apartó sus manos y dijo:
—Suéltame.
—¡Su alteza! ¡Hay un niño en mi vientre! —agregó Joel con urgencia.
El príncipe hablaba con Joel en un tono suave y tranquilo. Sin
embargo, a pesar de sus palabras serenas, sus ojos brillaban con una
extraña luz, dejando a Joel intrigado sobre si el príncipe realmente era
consciente de la vida dentro de su propio vientre.
Mientras Joel luchaba por mantener sus pantalones, el príncipe, tras un
breve forcejeo, habló con una actitud que parecía realmente
conmovedora.
—¿De verdad crees que haría algo que perjudicaría a mi propio hijo?
Solo voy a tocar, no hay necesidad de preocuparse tanto.
—Por favor, ¡ah...!
¡Por favor, mantén la compostura!
Joel, a punto de decir esas palabras, apenas logró contener un grito al
ver que sus pantalones, e incluso su ropa interior, bajaban de golpe.
—¡Ahg!
En un instante, su miembro quedó envuelto en la intensa calidez de la
boca del príncipe, quien había mordido de un bocado el sexo de Joel.
Con la estimulación intensa, Joel se vio obligado a cerrar la boca. Rob y
Becky se encontraban afuera, y temía que su voz pudiera escapar y ser
escuchada.
Capítulo 100
—¡Ah, haa… ah!
Mientras Joel intentaba liberarse del príncipe, este le acariciaba con
gran intensidad. El aroma peculiar de Joel lo envolvía, su piel desnuda
revelaba un vientre más abultado de lo esperado y su respiración se
volvía entrecortada.
—Uhh... haa, ¡ah!
Sin saber qué hacer, Joel volvió a tapar su boca. Una sensación
abrumadora lo mareaba. El clímax se acercaba y Joel, sintiendo que no
podía contenerse en la boca del príncipe, intentaba desesperadamente
apartarse.
Pero por más que lo empujaba, el príncipe no cedía. Estar en celo era
más noble que esto. Joel, desesperado, intentaba quitar la cabeza del
príncipe, suplicando: —Por favor, ¡detente!
—Oh... ah!
Joel, derrotado, derramaba lágrimas.
¡Qué vergüenza que el príncipe hiciera eso en su boca!
Se sentía tan avergonzado que preferiría morir. Intentó cubrirse con
una manta, pero el príncipe la retiró bruscamente. Joel se cubrió la cara
con las manos, queriendo desaparecer.
Mientras tanto, el príncipe, sin preocuparse por la vergüenza, lubricaba
su trasero con su semen. Joel, sintiendo su mano acariciando su entrada,
se sintió más avergonzado que nunca. Esto era un desastre. ¿Debería
culparse por haber olvidado los gustos extraños del príncipe y haberse
descuidado? ¡Estaba completamente desnudo mientras tanto!
¿Qué humillación era esta? Prefería no pensar si alguien abriera la
puerta del carruaje y lo viera así. Se mordió la lengua para evitar un
enfrentamiento con el príncipe.
—¿Debería intentar meter un dedo? —murmuró el príncipe mientras
jugueteaba con la entrada.
—No, ¡por favor!
Joel sacudió la cabeza con fuerza al escucharlo. Todavía cubría su
rostro con sus manos rojas. La reacción inocente de Joel deleitó al
príncipe, quien con tono burlón preguntó: —¿Y con la lengua?
—Eso no, ¡no!
Joel gritó de horror.
¡Si con solo esto ya tenia los dedos temblorosos, no quería imaginar lo
que sería de él si el príncipe usaba su lengua!
La vez que el príncipe le lamió el trasero se le vino a la mente y Joel
estuvo al borde del desmayo.
Ante la fuerte reacción de rechazo de Joel, el príncipe se retiró sin
problemas.
—Ah, es una pena... tampoco puedo ponerlo dentro.
Aunque el médico dijo que Joel estaba estable, no era su deber seguir
torturando a su omega embarazado.
El próximo paso podría esperar hasta después del parto. Joel estaría a
su lado para siempre, sin necesidad de apurarse. El príncipe dejó de tocar
el ano de Joel y en su lugar se centró en acariciar sus nalgas y
mordisquear sus pezones.
Hasta la noche, el príncipe continuó devorando y chupando sin
descanso cada parte del cuerpo de Joel. Fue solo cuando Abe llegó y
golpeó la puerta, liberando a Joel del toro en celo que era el príncipe.
—Su Alteza, parece que el sol está a punto de ponerse. Hemos llegado
al castillo, ¿qué tal si pasamos la noche aquí y salimos temprano
mañana?
—Está bien.
Tras escuchar a Abe, el príncipe finalmente dejó ir a Joel. Joel
comenzó a vestirse, temiendo que Abe pudiera abrir la puerta del
carruaje.
Agotado, sus manos temblaban al abrochar los botones. Observando a
Joel sollozar, el príncipe apartó sus manos y los abotonó por él.
—Mañana tomaré otro carruaje.
Con un tono burlón hacia Joel, cuyos ojos brillaban, el príncipe dijo:
—Bueno... parece que no habrá espacio.
Aunque Joel replicó enojado, —¡Entonces tomaré la carreta de carga!
— el príncipe respondió descaradamente: —Si te sientes mejor en una
carreta de carga, con gusto.
Finalmente, Joel tuvo que renunciar a pelear, ya que no era lo
suficientemente tonto como para no entender las intenciones del príncipe.
Al vestirse, no se veían rastros de lo que el príncipe dejó atrás, ocultos
debajo de las prendas. Joel, tras las travesuras con el príncipe, no se
sentía con coraje suficiente para enfrentar a la gente, pero sabía que sería
sospechoso quedarse en el carruaje, así que se vio obligado a abrir la
puerta entre lágrimas.
Temblando, Joel salió del carruaje con pasos vacilantes. En ese
momento, Abe, quien esperaba en frente de la puerta, lo apoyó. Aunque
la actitud de Abe hacia Joel no era diferente de siempre, la culpa invadió
a Joel, haciéndolo bajar la cabeza avergonzado.
Al poner ambos pies en el suelo, finalmente notó a la familia del señor
feudal extendiéndose en fila para recibir a él y al príncipe. Joel inclinó la
cabeza más abajo. Realmente ansiaba un manto para cubrir su rostro.
Por otro lado, el príncipe, con una insolente sonrisa, bajó del carruaje
como si nada estuviera mal, siguiendo a Joel. Saludó al señor feudal
como si nada hubiera pasado.
—Debes haber estado sorprendido por mi visita. Lo siento.
—No, no, es un honor servir a Su Alteza de esta manera.
El señor feudal se inclinó hasta tocar su frente en el suelo, hablando
sobre la preparación del banquete para complacer al aparentemente noble
príncipe. El adulador Abe también le dijo a Joel: —¡Descubrí que eres el
prometido del príncipe! Tu belleza me deja sin aliento— mientras el
príncipe rodeaba la cintura de Joel con una sonrisa satisfecha. Joel se
sintió tan incómodo que no tuvo oportunidad de decir que aún no era el
prometido del príncipe.
—Es hora del banquete. Aunque no he tenido una comida adecuada
debido a la larga travesía, parece que ahora todo está en orden. Vamos
adentro —dijo el príncipe, empezando a guiar a Joel. Joel mordió sus
labios al sentir sus pezones hinchados rozar su camisa. Más allá del
dolor, se sentía tan avergonzado que creía morir.
***
A pesar de que el señor feudal expresó su vergüenza por ofrecer una
comida tan sencilla al príncipe heredero, la larga mesa del comedor
estaba repleta de una variedad de manjares.
Joel disfrutó de una cena opulenta, atendido por el príncipe. Al ver que
Joel se concentraba únicamente en la comida sin decir nada, el señor
feudal se puso nervioso, temiendo haber ofendido al joven, quien sería el
futuro consorte. Sin embargo, cuando el príncipe explicó que Joel estaba
embarazado y sufría de náuseas matutinas, el señor feudal se relajó
visiblemente.
Después de comer hasta saciarse, Joel comenzó a cabecear sobre la
mesa. Gracias a la presencia del príncipe a su lado, se había liberado de
la presión y la responsabilidad que había pesado sobre sus hombros. Joel,
que siempre había estado tenso por la necesidad de proteger a los
pequeños hermanos, finalmente pudo relajarse.
El príncipe, con cuidado, retiró el tenedor de la mano de Joel y lo
levantó en sus brazos, cuidando de no despertarlo.
Abrazado por el príncipe, Joel fue llevado al dormitorio y despertó con
el dulce aroma de flores y frutas que llenaba la habitación. El señor
feudal había decorado la habitación con flores y frutas para él.
Al ser una región cálida y fértil junto al mar, había no solo fresas, uvas
y duraznos frescos, sino también exóticas frutas difíciles de encontrar.
Cuando Joel mostró señales de querer bajarse, el príncipe lo depositó
suavemente en el suelo.
Joel le pidió a Becky que le trajera una canasta y llenó la canasta con
algunas frutas. El príncipe, que ya estaba insatisfecho con la delgadez de
Joel, sonrió complacido al ver esto, pero contrario a sus expectativas,
Joel le entregó la canasta llena de frutas a Becky.
—Becky, ¿dónde está Jack?
—¿Jack? ¿Se refiere al burro Jack? Está descansando en el establo
ahora.
—Entonces, ¿podrías llevarle esto? Tú y Rob pueden tomar todo lo
que quieran.
Conmovida por el cuidado de Joel, Becky inclinó la cabeza y dijo: —
Gracias.
Al ver a Becky alejarse con la canasta, el príncipe dijo con un tono
resentido:
—¿Un burro? ¿Ahora tengo que estar en guardia no solo de las
sirvientas y los sirvientes, sino también de los animales?
Con los labios fruncidos, parecía un niño de cinco años celoso. Joel se
acercó al príncipe y le dio unas palmaditas en la espalda, diciendo:
—Ah, Su Alteza. Si no fuera por el burro Jack, probablemente ya me
habrían vendido como esclavo sexual.
—Es cierto... Ahora que lo mencionas, creo que escuché que enviaste
al burro a atacar a esos traficantes de personas.
—No fui yo quien envió al burro, fue él quien se ofreció a salvarme.
Es un amigo muy valioso. Gracias a él estoy a salvo, por favor, sé
indulgente.
El príncipe, celoso por haber perdido la atención de Joel, abandonó su
actitud reticente al escuchar la explicación de Joel. El burro Jack era
prácticamente un benefactor para el príncipe también. Prometió que
cuando regresara a la capital, pondría al burro a la cabeza de la procesión
de la ciudad, lo eximiría de trabajos forzados por el resto de su vida y le
proporcionaría una cantidad ilimitada de frutas y heno.
Capítulo 101
El camino de regreso a la capital fue tranquilo. Para permitir que Joel,
embarazado, descansara cómodamente, el príncipe trató de evitar
acampar siempre que fuera posible, incluso si eso significaba retrasar su
regreso, y en su lugar se hospedaba en los castillos de los señores
feudales.
Joel era recibido con gran hospitalidad en todas partes. Y no era para
menos, pues era una persona muy preciada, destinado a convertirse en el
futuro consorte real y además estaba embarazado del heredero al trono.
La noticia de que Joel había despojado de su título a un noble que
había explotado a sus siervos se había extendido por todas partes. Los
nobles, temiendo que Joel los castigara, estaban ansiosos por conocerlo a
pesar de su temor.
La barriga de Joel ya era tan grande que se notaba bajo su ropa.
Ocasionalmente, algunos chismosos sospechaban de que Joel se había
escapado estando embarazado. Aunque nadie se atrevía a expresar en voz
alta tales dudas, ya que eso significaba cuestionar la virtud del futuro
príncipe consorte, los rumores se propagaban rápidamente.
Por suerte, el príncipe ya tenía preparado una excusa adecuada.
Atribuyó todo a las maquinaciones del conde Lucas y aseguró que
reprimiría severamente los falsos rumores sobre Joel. Dado que se había
difundido la noticia de que el conde Lucas había vendido su alma al
diablo para encubrir el complot, la explicación del príncipe de que el
conde, a punto de ser ejecutado, había secuestrado a Joel, embarazado
del heredero, para chantajear a la familia real, resultaba bastante
convincente.
Además, los nobles que habían conocido a Joel en persona no podían
negar que era demasiado inocente e ingenuo para fingir un embarazo con
el hijo de otro hombre y hacer pasar el embarazado como hijo del
príncipe. Así, cualquier duda sobre Joel se disipó.
Joel, bien alimentado y relajado, recuperó sus fuerzas. Su vientre
crecía día a día. A medida que su vientre se hinchaba, Joel sentía más y
más la responsabilidad hacia su hijo y, en sus ratos libres, le hacía
muchas preguntas al príncipe para aprender sobre diversos
conocimientos y las costumbres de la familia real.
A la mañana siguiente de quedarse en el castillo del séptimo señor
feudal, el príncipe recibió un informe de Abe de que el carruaje estaba
listo y se dirigió a la habitación donde descansaba Joel.
—Es hora de partir.
Aunque se apoyó en el marco de la puerta y le habló, Joel, sentado
frente al escritorio, no respondió. Estaba mirando un papel con el ceño
fruncido.
El dueño de esa elegante caligrafía en el papel era el príncipe, quien,
tres días antes, había escrito caracteres antiguos a petición de Joel. Y Joel
había estado memorizando esos caracteres antiguos cada vez que tenía un
momento libre.
Había pasado una semana desde que Joel había mostrado esa
dedicación a estudiar cada vez que tenía tiempo libre, pero el príncipe,
que nunca había visto a Joel tan dedicado a sus estudios durante los tres
años que asistió a la academia imperial, todavía no podía acostumbrarse
a esa faceta de Joel.
Como había compartido clase con Joel, el príncipe sabía muy bien
cómo había pasado Joel sus años en la academia imperial. Durante los
últimos tres años, cada vez que había clase, Joel solía dormir.
Y decir que asentía con la cabeza era lo más educado que podía
decirse. A veces, incluso se quedaba dormido echando la cabeza hacia
atrás y abriendo la boca en una gran ‘O’.
El príncipe, sonriendo irónicamente al recordar a Joel durmiendo, se
dio cuenta de que si Joel había dedicado todo su tiempo en clase a
dormir, él se lo había dedicado a observarlo dormir.
—¿Su Alteza? ¿Qué hace aquí?
Joel, que se había dado cuenta de la presencia del príncipe un poco
tarde, preguntó con los ojos muy abiertos. El príncipe, recuperando la
compostura, sonrió con torpeza.
—…Ah. Como ya están listos los preparativos para el viaje, vine a
buscarte.
—¡Espere un momento! Déjeme ver esto una vez más.
Joel volvió la cabeza hacia el papel. Estaba tan metido en él que
parecía que iba a enterrar su nariz en el papel. El príncipe negó con la
cabeza y se acercó a Joel, que se sentía frustrado mientras decía: —Es
extraño, ¿por qué no puedo memorizar esto?...
—El antiguo idioma no es una materia tan importante, ¿por qué te
obsesionas tanto con aprenderlo? No te esfuerces demasiado estando
embarazado, así que deja de estudiar y levántate.
El príncipe envolvió el hombro de Joel con su brazo y habló. Su tono
era amable y lleno de afecto. Joel bajó el papel como le había dicho el
príncipe, pero su mirada, llena de anhelo, no se apartaba del papel.
—Es que…
La verdad es que Joel todavía no podía superar la sensación de haber
sido un tonto cuando miró la brújula mientras huía. Por eso estaba tan
obsesionado con aprender el idioma antiguo.
Por supuesto, no podía contarle eso al príncipe. Si ya me consideraba
un tonto, ¿cuánto más despreciable me encontraría si supiera que me
había perdido por no poder descifrar los caracteres antiguos escritos en la
brújula?
—Oh, Joel. ¿Qué es eso?
De repente, el príncipe señaló la ventana. Aprovechando que Joel se
volvió sin pensarlo dos veces, el príncipe giró el papel para que estuviera
al revés.
—¿Qué? No hay nada.
—Ah, cierto, no es nada. Debe haber sido un pájaro que pasó volando.
—¿Qué...?
Joel volvió a mirar el papel y, al darse cuenta de que las letras escritas
en él le parecían extrañas en ese breve instante, dejó caer los hombros. A
pesar de haberlo estado mirando durante tres días, el idioma antiguo no
le resultaba familiar en absoluto. En lugar de memorizarlo, parecía nuevo
cada vez que lo veía.
—No basta con memorizar solo los caracteres, también tengo que
memorizar las palabras... No importa cuánto lo mire, no puedo
memorizarlo. Si estoy teniendo tantas dificultades solo para aprender los
caracteres, ¿qué puedo hacer?
El príncipe ya había visto a Joel confundir la parte superior e inferior
del papel con los caracteres antiguos al menos diez veces, pero en lugar
de señalarlo, lo consolaba diciendo: —El idioma antiguo no es tan
importante, así que no te desanimes tanto. Hubo reyes que fueron
analfabetos toda su vida, ¿qué gran problema sería no saber el idioma
antiguo? Mis súbditos se encargarán de las molestas tareas de descifrar el
idioma antiguo, así que concéntrate en cuidar de tu cuerpo.
—¿De verdad hubo un rey que nunca pudo leer ni escribir?
—Bueno… ¿Nunca has oído hablar del rey George? Es una historia
muy famosa.
—Mmm…
Joel, que estaba desanimado, pudo recuperar un poco de energía
gracias a las palabras de consuelo del príncipe. Dobló el papel y lo
guardó en su pecho, y con la ayuda del príncipe, se dirigió al carruaje.
Finalmente, el carruaje comenzó a moverse. El príncipe saludó a los
ciudadanos del feudo que los despedían y luego bajó las cortinas del
carruaje. Con cuidado, acostó a Joel en su asiento y se acostó a su lado.
Joel cerró los ojos mientras sentía que las feromonas del príncipe
llenaban el interior del carruaje. Estaba muy cansado porque había
estudiado mucho desde temprano en la mañana. Apenas se relajó, la
mano del príncipe comenzó a desabrochar los botones de su camisa, por
lo que Joel le dio una palmada en el dorso de la mano.
—Ay…
Aunque no lo había golpeado con mucha fuerza, el príncipe fingió
dolor y frotó su nariz contra el hombro de Joel.
—Deja de actuar como un niño.
Joel empujó con firmeza la frente del príncipe. Al principio, se había
sentido mal por él y lo había dejado hacer lo que quisiera, pero después
del incidente en el que el carruaje se sacudió por tropezar con una piedra,
había comenzado a tener mucho cuidado con sus acciones.
Joel todavía se estremecía cada vez que pensaba en ese incidente.
Preocupado por la situación dentro del carruaje, Aide había llamado a la
puerta y gritado: —¡Su Alteza, joven maestro! ¿Están bien?—, lo que lo
obligó a ponerse rápidamente la ropa porque estaba desnudo.
En ese momento no era una situación de emergencia, así que bastó con
elevar un poco la voz para resolverlo. Sin embargo, a raíz de ese
incidente, Joel se dio cuenta de que si el carruaje volcaba, se vería
obligado a exponer ante todos su cuerpo desnudo enredado con el del
príncipe. Desesperado, se aferró con todas sus fuerzas a su ropa.
Después de una breve lucha, el príncipe tuvo que renunciar a la idea de
desnudar a Joel.
—Ja. Tendré que darle una buena patada a ese bastardo de Abe más
tarde.
—Haga lo que le plazca.
No era como si Becky o Rob fueran a recibir una patada. Un par de
patadas a ese arrogante Abe no eran nada del otro mundo, así que Joel se
encogió de hombros y respondió con indiferencia.
Aunque había renunciado a dejar a Joel desnudo, eso no significaba
que el príncipe hubiera abandonado por completo sus intenciones. A
pesar de recibir dolorosos golpes en el dorso de la mano, persistió y
finalmente logró meter su mano dentro de la camisa de Joel.
—¿Nuestro hijo está ahí?
El príncipe acarició el vientre abultado de Joel mientras le hacía la
pregunta.
—... ¿A dónde podría ir un bebé que está en mi vientre?
Ante la respuesta petulante, la sonrisa del príncipe se hizo aún más
amplia. Al ver lo mucho que disfrutaba, Joel tuvo que contener su
vergüenza y permitir que el príncipe acariciara su vientre a placer.
Capítulo 102
—Ah, cierto, no lo sabes.
El príncipe, que acariciaba el vientre bajo de Joel con felicidad, abrió
la boca como si de repente recordara algo.
—¿Qué cosa?
Joel giró la cabeza para mirar hacia al príncipe. Debido a su vientre
que comenzaba a crecer, no podía más que acostarse en una posición
recta. Se sentía muy avergonzado de que el príncipe hubiera
desabrochado su camisa hasta dejar al descubierto su vientre hinchado.
El príncipe, que suavemente agarró y apartó la mano que intentaba
bajar la camisa, habló con un tono suave.
—Cuando recibí el contrato donde el conde Lucas te entregaba bajo mi
propiedad, envié como regalo un collar de diamantes. Al final me enteré
que ese regalo lo tomó él. Que absurdo. Pensar que alguien fue capaz de
robar un regalo enviado por el mismo príncipe de un país.
—Ah...
El príncipe soltó una carcajada, aliviado de haber evitado un gran
malentendido. Se sintió un poco decepcionado porque Joel no había
reaccionado al regalo, pero parecía tomar este incidente como un simple
contratiempo. Sin embargo, Joel, que siempre había sido objeto de
malentendidos de este tipo, se sintió muy estresado.
Siempre había sido así. A pesar de esforzarse tanto por corregir una a
una esas miradas llenas de prejuicios, al final, siempre quedó como un
estúpido rubio promiscuo y codicioso.
Claro que soy rubio y estúpido, pero no soy promiscuo ni codicioso.
Me parece injusto que me consideren del mismo tipo que el conde Lucas.
Joel guardaba aún como una herida la mirada de desprecio que el
príncipe le había lanzado en su primer encuentro.
Al notar que el semblante de Joel no era normal, el príncipe preguntó
con cautela:
—¿Por qué estás así?
—No es nada importante.
Joel respondió débilmente, girando la cabeza. Ahora que lo pensaba,
sería muy mezquino culparlo por lo que había pasado ese día. Y si lo
contaba, tampoco lo creerían, así que no tenía sentido hablar por nada.
—No parece que sea nada.
Abrazando a Joel, quien se había puesto triste, el príncipe comenzó a
tranquilizarlo y a pedirle que le contara lo que le pasaba. La insistencia
del príncipe fue tan grande que, finalmente, Joel enterró su rostro en el
pecho del príncipe y murmuró.
—Si Su Alteza no hubiera descubierto el collar del conde Lucas, ¿no
habría quedado como una persona codiciosa que no supo apreciar un
valioso collar de diamantes?
—¿Eh? Eso, eso...
—No lo niegue. Hace un momento, Su Alteza dijo que casi había
cometido un gran error. Pero, ¿habría pensado lo mismo si hubiera sido
Benjamín?
Aunque creía que no estaba tan herido, una vez que abrió la boca, tres
años de resentimiento se le vinieron encima de golpe. Joel, aunque se
puso un poco nervioso por la emoción, le explicó con entusiasmo al
príncipe que realmente no le interesaban las joyas ni el dinero, y que
originalmente era un niño de campo modesto y sencillo, sin mucho
apetito.
Y el punto clave de su larga queja fue este:
—Así que, por favor, no me desprecie...
El príncipe sabía que había hecho muchas cosas en los últimos tres
años que le impedían decirle a Joel: —Nunca te he despreciado—. Se
sentía muy culpable y acarició la espalda de Joel, que sollozaba.
—Lo siento, Joel. Te he malentendido. Me disculpo sinceramente por
haberte culpado por las maquinaciones del conde Lucas en el pasado.
Ahora, el príncipe entendía completamente por qué Joel había alzado
la voz en el pasado para que no lo juzgaran arbitrariamente.
Al parecer, Joel había sufrido mucho al ser objeto de las críticas de la
sociedad. La sociedad aristocrática, que ya era de por sí excluyente, no
podía esperar para aislar y rechazar a Joel, una figura que había
aparecido de repente. Según la investigación, el conde Lucas incluso
había esparcido deliberadamente rumores maliciosos para aislar a Joel.
El príncipe sabía muy bien lo mucho que Joel había sufrido a causa de
los chismes.
—Nunca más volveré a hacerlo. Prometí que no te juzgaría cuando nos
dirigimos a la tierra de Sir Bennet, así que lamento mucho haber repetido
el mismo error. Dime qué más he malinterpretado de ti.
El príncipe, sintiendo lástima por Joel, quien había dicho con tristeza:
—No sé por dónde empezar...—, lo abrazó. Dado que por naturaleza no
era nada codicioso, este pobre chico debió sentirse aún más agraviado.
—Está bien, dime lo que sea que te venga a la mente. Quiero
disculparme sinceramente contigo. Incluso si te parece insignificante, no
te guardes nada...
Joel frotó su suave mejilla contra el pecho firme del príncipe. El
príncipe lo estaba tratando como a un niño muy pequeño. La caricia en
su espalda era gentil, y aunque Joel se sentía avergonzado, no podía
negar que esa ternura lo consolaba.
—Su Alteza, ¿recuerda el día que nos conocimos? El día en que me
encontré llorando frente a su biblioteca y nos cruzamos... ¿lo recuerda?
—Por supuesto.
El príncipe entendió de inmediato a qué se refería. Joel estaba
hablando del día en que se habían encontrado por primera vez en la
biblioteca, hace tres años. Y el recuerdo de ese día también era vívido
para el príncipe.
Ese día, el príncipe había recibido información de antemano de que el
conde Lucas estaba ansioso por presentarle su nuevo omega dominante,
y para evitar molestias, se había dirigido en silencio a la capital. Cansado
del largo viaje, no estaba preparado en absoluto para enfrentar al
codicioso conde Lucas. Buscando un lugar tranquilo donde descansar, se
dirigió a la biblioteca y se encontró con un hermoso omega que lloraba
amargamente.
Honestamente, el príncipe se había enamorado de ese omega en ese
mismo instante. Recuerda vívidamente el aire de ese día, incluso después
de tres años. Sin embargo, cuando se dio cuenta de que ese ‘hermoso
omega’ era el joven omega que el conde Lucas estaba desesperado por
presentarle, no pudo evitar sentir disgusto. Se sintió muy herido en su
orgullo al darse cuenta de que había caído en la trampa de Lucas, y por
eso se había vuelto deliberadamente frío.
Durante esos tres años, nunca había pensado en cuánto daño le habría
causado a Joel ese incidente.
—Su Alteza, de verdad que no sabía que ese era el estudio de Su
Alteza. Tampoco sabía que Su Alteza había regresado al país,
simplemente estaba buscando un lugar tranquilo y terminé allí por
casualidad.
—Ya veo.
Como el príncipe lo admitió tan fácil, Joel levantó la cabeza de su
pecho y miró fijamente a los ojos del príncipe, enfatizando: —De verdad.
Después de eso, es cierto que te seguí a propósito, pero al menos ese día
fui inocente.
—Te creo, de verdad. Lamento mucho haberte calumniado en ese
entonces. Y, ¿hay algo más que te haya molestado?
—Mmm...
Joel volvió a enterrar su rostro en el pecho del príncipe y reflexionó.
Después de mucho pensar, dijo: —Sí, y honestamente, también me dolió
que no leyeras las cartas de amor que escribí toda la noche y me las
devolvieras.
—Creí que habías contratado a alguien para que las escribiera... ¿De
verdad escribiste todas esas cartas tú mismo?
El príncipe, que recordaba haber recibido tres o cuatro cartas al día de
Joel cuando estaba en la Academia Imperial, preguntó sin darse cuenta.
Honestamente, debido a la gran cantidad de cartas que recibía, no podía
evitar tener esas sospechas. Pero cuando Joel abrió los ojos de par en par,
se dio cuenta de que estaba en medio de disculparse con Joel.
—Quiero decir, realmente lo siento. Cuando regrese a la capital, te
devolveré el triple de las cartas de amor que recibí de ti como muestra de
arrepentimiento.
¿El triple?
Joel pensó. En sus días más motivados, había escrito hasta diez cartas
al día, así que, ¿cuántas serían el triple? Incluso si solo hubiera escrito
dos cartas al día, en tres años serían más de dos mil. Suponiendo que
había escrito al menos dos mil cartas de amor, el triple serían seis mil...
Al pensar hasta ahí, Joel detuvo inmediatamente al príncipe.
—No es necesario que haga tanto. ¿No es cierto que mientras más
tiempo pase escribiendo cartas, menos tiempo pasaremos cara a cara? Su
Alteza ya está muy ocupado.
—Pero...
—Realmente no quiero. ¿Cómo piensa escribir tantas cartas? En lugar
de eso, por favor pase más tiempo hablando conmigo.
El príncipe realmente tenía la intención de mostrar su arrepentimiento
de esa manera. Sin embargo, cuando Joel se negó, no tuvo más remedio
que retroceder. Limpiando la mejilla de Joel, donde aún quedaban débiles
huellas de lágrimas, preguntó: —¿Y hay algo más que te haya
molestado?
—Por ahora, no creo que haya más.
—De acuerdo. Y ya que tenemos mucho tiempo por delante, cuéntame
si se te viene a la mente algo más. Te prometo que no pasaré por alto
nada, por más insignificante que sea.
Ante la actitud amable del príncipe, Joel inspiró con un sollozo. Se
sentía aliviado de haber sacado todo lo que había estado guardando
dentro, pero tan pronto como el príncipe mencionó apresurar la boda
después de su regreso, su corazón se volvió pesado. Al ver que Joel no
estaba feliz en absoluto, el príncipe también se mostró preocupado.
Capítulo 103
—¿Por qué estás actuando así?
El príncipe acarició la mejilla de Joel mientras preguntaba. Quería
encontrarse con sus ojos, pero Joel continuaba esquivando su mirada una
y otra vez. Después de titubear un buen rato, finalmente abrió la boca
con dificultad.
—¿Realmente vas a casarte conmigo?
—Por supuesto. ¿Por qué ahora de repente preguntas eso? También me
prometiste darme una oportunidad.
Ante la descarada respuesta del príncipe, Joel se sintió un poco
desconcertado. Aunque le prometió una oportunidad, ¿acaso esa
oportunidad significaba matrimonio...?
Después de todo, pensándolo bien, ya estaba embarazado, así que no
casarse parecía extraño.
—Pero, ¿el emperador aprobará este matrimonio?
—¿Qué?
El príncipe preguntó con incredulidad. Con una actitud segura, dijo: —
¿Por qué crees que mi padre se opondría al matrimonio? Tú no tienes
ninguna relación con ese malvado Conde Lucas. Además, si miramos en
detalle, fuiste tu quien descubrió las pruebas de la participación del
Conde Lucas en la rebelión, así que no hay necesidad de preocuparse.
Aunque habló de esa manera, el rostro melancólico de Joel no
mostraba señales de alegría.
—Pero...
Joel acarició su vientre. La preocupación creció sobre si el emperador
reconocería al bebé en su vientre como un hijo verdadero del príncipe.
Era una situación en la que podría ser malinterpretado como una
negación voluntaria, al haber huido estando embarazado.
Aunque el príncipe había culpado al conde Lucas para evitar
inicialmente el escándalo, su propia reputación estaba arruinada, por lo
que era evidente que las voces que dudaban de la sangre del bebé que
llevaba en su vientre no se callarían fácilmente.
Además, el emperador siempre lo había visto con desagrado,
refiriéndose a él como —ese descarado omega—. Joel nunca había
olvidado la fría mirada que el emperador le había dirigido cuando,
después de ser adoptado por el conde Lucas, había sido presentado al
emperador por primera vez para debutar en la sociedad.
Incluso en su vida anterior, cuando le había revelado al emperador que
estaba embarazado del hijo del príncipe, el emperador se había burlado
abiertamente, preguntando cómo podía saber si no había concebido un
hijo ilegítimo al acostarse con cualquiera.
Joel se arrepintió tarde. Debería haber decidido desde el principio no
huir, o si iba a huir, nunca debería haber regresado. Si el emperador
sospechaba de su castidad y, además, si nacía un bebé que no se
pareciera en nada al príncipe... Joel ya se sentía abrumado por el futuro.
—Joel, no tienes que preocuparte en absoluto. He prometido que
nunca te lastimaré de nuevo. A partir de ahora, me encargaré de
protegerte, así que no tienes que preocuparte por nada. Simplemente
debes ser feliz a mi lado, comiendo bien, descansando bien, como lo
haces ahora.
El príncipe consoló a Joel, quien suspiraba a su lado. Aunque el
príncipe mantenía una actitud optimista como si todos los problemas ya
estuvieran resueltos, Joel no podía compartir esa visión. Siendo el
emperador su contraparte, Joel se encontraba en una situación en la que
no podía garantizar su propia seguridad, ni mucho menos la seguridad
del bebé en su vientre. Además, la profunda aversión de la sociedad
noble hacia él no parecía resolverse con simplemente haber vencido a un
demonio.
Las preocupaciones se intensificaban y, al final, Joel comenzó a
preguntarse si el príncipe también estaba dudando de la legitimidad del
linaje del bebé en su vientre. Sin embargo, al mirar el rostro apuesto que
acariciaba su vientre de forma torpe como un tonto, no podía siquiera
considerar tal sospecha.
8. Otra etapa
Después de tres semanas desde la partida, al llegar el séquito del
príncipe a la capital, el vientre de Joel estaba tan abultado que ni las
gruesas telas podían ocultarlo.
Al ver a Joel temblar excesivamente, el príncipe hizo detener
momentáneamente el carruaje antes de entrar a la capital, para darle
tiempo a Joel para tranquilizar su mente. Joel descendió del carruaje,
sosteniendo su pesado vientre con una mano y murmurando. Al estirar el
cuerpo bajo el cielo radiante, su tensión se fue aflojando poco a poco.
Joel contemplaba el paisaje de la capital a lo lejos. La ciudad ya estaba
plenamente inmersa en la primavera. Aunque aún sentía un ligero frescor
después de haber estado en el cálido sur, recordaba cómo la nieve había
cubierto todo cuando partió en busca de su padre. ¿Cómo había pasado el
tiempo tan deprisa?
—Joel, todos están esperando, debemos partir pronto —dijo el
príncipe, quien apoyaba a Joel, sumido en un deleite después de solo tres
meses, y lo hizo subir de nuevo al carruaje.
Finalmente, con el sonido de las trompetas, el séquito del príncipe
entró por las puertas del castillo. La multitud reunida los recibió con
grandes aclamaciones al ver al príncipe y a Joel.
Gracias a la precaución del príncipe, la gente no se sorprendió al ver el
abultado vientre de Joel. En la capital, la opinión pública exigía la
inmediata ejecución del conde Lucas, el conde que había amenazado a la
corte y ocultado al amante del príncipe heredero. Aunque el conde
negaba cualquier implicación, nadie parecía prestar atención a su defensa
desde la prisión.
Siguiendo el plan del príncipe, Jack, el viejo burro, ricamente
decorado con flores y estandartes, lideró la marcha recibiendo aplausos.
Aunque la presencia de un simple burro en la vanguardia parecía extraña,
una vez que se supo que era el valiente Jack que había salvado a su
dueño en apuros, también recibió aplausos.
Jack mantuvo una postura desafiante y firme, saludando con gallardía
los aplausos. A pesar de la fila de magníficos caballos de armadura que le
seguían albergando guerreros reales, Jack no se intimidó en absoluto.
Joel, devolviendo saludos al público entre olas de entusiasmo, no pudo
contener una risa alegre al ver la actitud de Jack.
—¡Larga vida al príncipe heredero! ¡Larga vida al príncipe consorte!
Los aplausos resonaron por todas partes. Mientras pasaba entre la
multitud jubilosa lanzando flores, Joel se sumergió en la optimista
ilusión de que todo saldría bien, tal como el príncipe le había sugerido.
Sin embargo, ese sueño no duró mucho, y desde el momento en que puso
un pie en el solemne ambiente del palacio, Joel volvió a sentir la tensión.
Era el momento de presentarse al emperador. Joel se dirigió a la
habitación preparada junto al príncipe. Respirando agitado, trató de
calmar su nerviosismo antes de adentrarse a través de la puerta abierta
por el mayordomo, pero no era el emperador quien le esperaba en la
habitación.
—Alteza. Su Majestad el emperador, mientras revisaba documentos
por la mañana, sufrió un empeoramiento repentino de su salud y se
desmayó. Ahora descansa en su dormitorio —dijo el mayordomo con un
tono cortés hacia el príncipe.
Ya abrumado por la atmósfera rígida del palacio imperial, Joel percibió
la corriente inusual que fluía entre el príncipe y el mayordomo, y con
ojos atemorizados miró al príncipe. Sin embargo, el príncipe no le
devolvió la mirada. Con la mirada baja, parecía estar pensando en algo
mientras le preguntaba al mayordomo:
—Desde que derrotamos al demonio, se suponía que la salud de mi
padre mejoraría, ¿sigue sin estar bien de salud?
—Sí.
—¿Qué dice el médico que lo examinó?
—Que en los últimos días no ha podido dormir correctamente, por eso
le recetó un somnífero para que pueda descansar.
El príncipe no se molestó en preguntarle al sirviente de su padre si le
habían recetado somníferos antes del almuerzo. No era necesario. El
emperador estaba evitando el encuentro de manera deliberada. Y la razón
de tal indiferencia probablemente era Joel, que estaba a su lado.
Con los labios apretados en un gesto de incomodidad, el príncipe
escuchó al sirviente decir con voz tranquilizadora: —Parece que Su
Majestad está preocupado porque el astuto conde Lucas todavía sigue
vivo. Sería mejor que Su Alteza apresurara la ejecución de ese hombre.
—No, no puedo ocuparme de un asunto tan trivial sin saludar primero
a mi padre. Supongo que tendré que ir a su dormitorio.
El sirviente detuvo rápidamente al príncipe, que se estaba levantando.
Dijo: —No es necesario que lo haga. Ya ha tomado somníferos y ha
dejado un mensaje diciendo que no lo molesten. Mañana, durante la
visita matutina, el señor Joel y...
—¿Señor?
El príncipe interrumpió al sirviente con molestia. Expresó su ira al
atreverse a referirse despectivamente al omega que llevaba a su hijo, pero
el experimentado sirviente del emperador respondió con calma, sin
mostrar ningún signo de consternación.
—Disculpe si le he ofendido. Sin embargo, ¿no están ustedes dos
todavía en una etapa de noviazgo?
En otras palabras, quería decir que no podían tratar a Joel como un
príncipe consorte sin el consentimiento del emperador. Para evitar que el
príncipe discutiera con el sirviente del emperador, Joel agarró su mano
debajo de la mesa.
Aunque era un sirviente del emperador, el hombre era un gran noble
con vastas tierras y un título de marqués, y había sido el mejor amigo del
emperador durante veinte años, por lo que el príncipe también debía
tratarlo con el debido respeto. Y su voluntad era prácticamente la misma
que la del emperador.
Joel ya había previsto que el emperador no aprobaría este matrimonio.
No quería causar ningún alboroto desde el primer día que entró al
palacio. Ante la súplica de Joel, el príncipe finalmente calmó su
excitación.
—Bien, como tú sugieres, iré a saludarlo mañana por la mañana junto
a mi prometido. Espero que mi padre acepte mi saludo en ese momento.
El príncipe dijo esto con frialdad y se levantó de su asiento. Mientras
ayudaba a Joel a levantarse y salían de la habitación, el sirviente del
emperador los despidió con una sonrisa ambigua en los labios.
Capítulo 104
Al salir de la habitación, el príncipe no pudo ocultar su enfado.
Mientras ayudaba a Joel a regresar a su palacio, refunfuñó todo el
camino, y Joel intentó calmarlo acariciando su brazo, pero no funcionó
muy bien.
—Te prometí que nunca más te haría daño. Me siento avergonzado.
—Está bien. Después de todo, ya lo esperaba.
Joel acarició el brazo del príncipe que parecía molesto y habló. Y
realmente no le importaba. Dado que la persona que más amaba en el
mundo estaba a su lado, podía pasar por alto el maltrato del emperador.
Joel estaba acostumbrado a ser criticado y ridiculizado, y nadie más que
el príncipe podía hacerle un daño significativo.
Cuando entró en la sala de recepción del palacio del príncipe con la
ayuda de este, Joel se encontró con un rostro familiar.
—¡Papá!
—¡Hijo!
El señor Bennet, que había estado sentado esperando a Joel, saltó de su
asiento de inmediato. Por supuesto, quería ver a su hijo lo antes posible,
pero había estado escondiéndose a propósito para evitar las miradas de la
gente. El señor Bennet sabía que su hijo estaba esperando un hijo del
príncipe heredero y temía dañar la reputación de su hijo si se comportaba
de manera inapropiada.
Sin embargo, a pesar de ser extremadamente cuidadoso en su
comportamiento habitual, el señor Bennet, después de dos meses sin ver
el rostro de su hijo, ya no pudo mantener las apariencias. Lloró a lágrima
viva como un niño y abrazó a su hijo. Joel, en los brazos de su padre,
también tenía la cara empapada de lágrimas y mocos.
A un lado, el viejo mayordomo, Wickham, dijo: —Señor, su hijo ya es
un adulto. Llamarlo 'hijo' frente a tanta gente es un poco... —
advirtiéndole.
—Joel, hijo. Déjame verte la cara.
—¡Papá...
—¡Hijo!
Sin importar la advertencia de Wickham, el padre y el hijo estaban
demasiado ocupados abrazándose y disfrutando de su reencuentro.
Robert, que estaba observando el conmovedor momento del reencuentro
entre padre e hijo junto al mayordomo Wickham, chasqueó la lengua.
El señor Bennet, a pesar de haber escuchado la noticia de que habían
encontrado a Joel, no ha podido dormir por la preocupación y todavía
está muy delgado, pero Joel tenía las mejillas muy rellenas. Parece que
Su Alteza el Príncipe lo ha cuidado con mucho cariño, ¿no? Y sin
embargo, ¿hay personas dicen que 'ha perdido mucho peso'?
—Shh, cállate.
El mayordomo Wickham miró al príncipe con cautela y detuvo a
Robert. Afortunadamente, el príncipe parecía estar demasiado ocupado
observando el momento del reencuentro entre el padre y el hijo con una
mirada cálida como para prestar atención a otra cosa.
Robert se frotó el brazo que Wickham le había pellizcado y pensó que
era absurdo decir que Joel estaba 'muy delgado' cuando era obvio que
había estado comiendo y viviendo bien. En cualquier caso, pensaba que
el señor Bennet tendía a volverse más tonto de lo habitual cuando se
trataba de problemas relacionados con su hijo.
Una vez pasado el conmovedor momento del primer reencuentro, Joel
llevó al señor Bennet y al príncipe al sofá. Pudo escuchar una historia
más detallada de los días pasados de su padre.
Al enterarse de que el príncipe había llevado a su padre, que se había
quedado solo después de su desaparición, a la capital y lo había cuidado
con tanto cuidado, Joel miró al príncipe con ojos llenos de gratitud.
—De hecho, me preocupaba mucho por mi padre durante el viaje. El
hecho de que usted haya cuidado no solo de mi padre, sino también de
mi mayordomo... No sé cómo agradecerle esta bondad.
—No hice más que mi deber. No es necesario agradecer tanto.
El príncipe, ocultando una sonrisa triste, acarició la frente de Joel. Al
recordar cómo Bennet había sufrido tras la muerte de Joel en su vida
pasada, sentía que no merecía la gratitud de Joel.
Bennet, observando a su hijo con orgullo, abrió la boca.
—Su Alteza, planeo regresar a mi feudo esta semana.
—¿Ya?
Fue Joel quien respondió a las palabras de Bennet. Lamentando la
separación de su hijo, Bennet dijo con pesar: —Tengo muchas
responsabilidades en mi dominio. Y sobre todo, debo organizar la
mansión subterránea que el Abad John dejó —expresó su pesar. —Oh,
hijo. También tengo buenas noticias.
—¿Buenas noticias?
Joel levantó la cabeza, olvidando su tristeza por separarse de su padre.
Bennet, intercambiando una mirada con el príncipe, continuó:
—Recientemente, el equipo de investigación enviado por la iglesia
central ha concluido que no hay rastros del demonio en la mansión
subterránea, así que se puede usar como recurso turístico.
—Ah...
Joel recordó la mansión del Abad John que había olvidado. Dado que
el príncipe se había llevado las cosas valiosas, probablemente no habría
mucho que ver ahora, pero... Aunque la mansión era desolada, si se
utilizaba como recurso turístico por ser una construcción hecha por un
demonio, podría generar una buena cantidad de dinero.
—Qué suerte. Renovar una mansión vacía es todo un día de trabajo,
así que ve cuanto antes.
Ante las palabras de Joel, Bennet con rostro desconcertado preguntó:
—¿Vacía? ¿No has visto que esa mansión rebosa de todo tipo de
tesoros?
—Pero esos tesoros fueron llevados todos por Su Alteza.
Joel respondió a Bennet con inocencia. Al escuchar esto, el príncipe
también, con una expresión perpleja, señaló con el dedo hacia sí mismo y
preguntó: —¿Yo?
—Sí. Su Alteza, pasó varios días allí, sin comer, ocupado recogiendo
joyas, ¿no es así?
Joel respondió alternativamente con inocencia mirando al príncipe y a
Bennet, desconcertado.
—Eso no puede ser posible.
El príncipe no pudo ocultar su incredulidad. No le interesaban las
joyas, solo encontrar evidencia de la participación del conde Lucas en la
rebelión pasada. No podía creer que lo consideraran como un avaro como
el conde Lucas, ignorando a su amante durante días para disfrutar de la
riqueza.
—Entonces, ¿qué estabas buscando allá abajo?
—¡Estaba buscando evidencia de la rebelión de tu padre adoptivo!
Gracias a ti pude resolver el deseo pendiente del emperador durante 25
años. Te he elogiado cientos de veces en la última semana por ello...
El príncipe, que había estado protestando asombrado, de repente se
sintió aliviado cuando vio a Joel con sus ojos inocentes vidriosos.
—...No, quiero decir, lo siento, Joel. Debí explicarlo mejor en ese
momento, estaba tan ocupado y cansado que no me preocupé en
explicarte correctamente.
El príncipe heredero se disculpó con un tono de resignación. Preguntar
si no había sentido algo extraño al hablar sobre este tema sería una
pérdida de tiempo. Simplemente, todo había sido culpa suya.
—Oh, entiendo. Está bien.
—Gracias por tu generoso perdón.
—No es nada.
Mirando a Joel asentir firmemente, el príncipe de repente sintió un
agotamiento abrumador.
El príncipe tuvo la suerte de contar con el astuto mayordomo
Wickham, quien percibió el cansancio del príncipe.
—Mi señor, Su Alteza el príncipe acaba de regresar de un largo viaje.
Debe estar exhausto. ¿Qué tal si nos retiramos por ahora? —sugirió a su
despistado amo y se levantó.
Incluso el señor Bennet se retiró, y el príncipe, con su hermoso omega
en brazos, se dirigió al dormitorio. Incluso si no hubiera sido por el
malentendido con Joel, ya estaba cansado. Rechazó todas las visitas
externas, ordenó que le trajeran una comida ligera a su habitación y se
quedó en la cama con Joel durante toda la tarde.
Al caer la tarde, Joel se movió incómodamente y se apartó de los
brazos del príncipe.
—¿A dónde vas?
—Quiero ver al burro. Como estaré muy ocupado a partir de mañana,
quiero despedirme de antemano. Ya que se irá a la mansión con mi padre,
no creo que tengamos otra oportunidad de vernos.
Pensando que el palacio imperial no sería el lugar adecuado para un
burro, Joel había dejado al animal bajo el cuidado del señor Bennet. Con
cuidado, despegó al príncipe que se colgaba de su cintura como un niño
pequeño.
Y este era el último día que podía holgazanear así. A partir del día
siguiente, tenía un montón de cosas que hacer: visitar al médico para un
chequeo de salud, tomar medidas para hacer ropa nueva, recibir clases de
etiqueta, y así sucesivamente. Además, tenía que testificar ante el
arzobispo sobre algunos hechos relacionados con el demonio John. Una
vez que el caso del demonio se resolviera, la ejecución de su padrastro, el
conde Lucas, lo estaría esperando.
—Parece que le tienes mucho cariño a ese burro, ya que lo has cuidado
tanto durante todo el viaje.
El príncipe refunfuñó pero ordenó que le trajeran su ropa de salir.
Tenía la intención de acompañar a Joel, pero el sirviente del emperador
llegó justo a tiempo, por lo que tuvo que dejar ir a Joel solo.
Capítulo 105
—¡Jack!
Dejando atrás al príncipe sentado frente a él en el sofá, Joel se dirigió
al establo para despedirse de su burro, Jack. Lo seguían no solo los
sirvientes y los criados, sino también el cuarto escuadrón de la guardia
personal del príncipe heredero, encabezado por el caballero comandante,
Abe, para protegerlo.
Al llegar al establo y llamar en voz alta, Jack, el burro que estaba
descansando adentro, relinchó y se acercó a Joel. Parecía saludarlo
cortésmente. Un criado del establo abrió la puerta y dejó salir a Jack.
—¿Cómo has estado?
Joel acarició la nariz de Jack con alegría.
Joel se alegró mientras acariciaba al viejo Jack. Curiosamente, su
pelaje ya estaba suave como si alguien lo hubiera acariciado por un largo
tiempo. Sorprendido, Joel preguntó por qué, y Abe le contó lo ocurrido
mientras Joel descansaba.
—Mucha gente vino a ver al burro esta tarde. ¿No encabezó este burro
la procesión por la ciudad hoy? Todos estaban muy curiosos y, al
escuchar el rumor de que este amigo salvó a Joel de una crisis, no
pudieron contener su curiosidad.
—¿En serio?
Joel apartó la mirada de Abe y volvió a mirar al burro. Teniendo todo
el pelo de la nariz aplastada, parecía que había recibido muchas caricias.
Mientras Joel sonreía con satisfacción, Abe le informó que el burro solo
permitía que las jóvenes damas lo acariciaran y rechazaba el contacto de
los hombres.
—Cuando un joven noble trató de acercarse a pesar de su negativa,
¡este amigo suyo giró la cabeza! Fue tan obstinado que hasta a mí me
resultó incómodo verlo.
—Jaja. Es que nuestro Jack es un poco altanero. ¿Nadie lo molestó,
verdad?
—¿Quién se atrevería a molestar al burro que salvó al joven maestro
Joel? El noble que fue rechazado se retiró avergonzado por las burlas de
los demás.
Joel tomó una zanahoria de Becky y se la ofreció al burro. Como ya
había comido muchas frutas deliciosas de las damas durante todo el día,
ya estaba lleno, pero por cortesía mordió un bocado de la zanahoria que
Joel le ofrecía.
—Jack, probablemente no podré verte a partir de mañana. Estaré muy
ocupado. Le pedí a mi padre que cuidara de ti, así que pórtate bien allí.
Muchas gracias por todo.
Joel acarició la mejilla del burro con cariño. En realidad, quería tener
al burro a su lado, pero el palacio imperial era ruidoso y mucha gente
entraba y salía, así que pensó que no sería un lugar adecuado para Jack,
que prefería la tranquilidad, y tomó esa difícil decisión.
—Y... he estado pensando en eso todo el tiempo, y parece que el
nombre Jack no encaja contigo, que eres tan ingenioso.
En realidad, Joel había estado preocupado por el hecho de que el
nombre del burro era el mismo que el de un mercenario que lo había
abandonado.
Mientras Joel, serio, esperaba una respuesta de Jack, éste solo
masticaba una zanahoria con una expresión indiferente. En el momento
en que Jack, tras tragar la zanahoria con avidez, estaba a punto de darle
un bocado a una nueva, Joel habló.
—Entonces, ¿qué tal si te cambiamos el nombre a 'Joe'? —Joel
preguntó con seriedad.
Era, por supuesto, un apodo basado en su propio nombre. El burro,
deteniendo su boca de repente, se alejó de Joel. Joel sintió una sensación
incómoda, como si el burro lo hubiera mirado con desprecio, aunque no
estaba seguro si era su imaginación.
—…Parece que no le gusta.
Abe, que lo observaba desde un lado, intervino. La expresión de Jack
era tan clara que todos los presentes entendieron lo que el burro quería
decir. Joel desestimó a Abe con un —Cállate.
No podía creer que un animal fuera lo suficientemente inteligente
como para despreciar a su dueño. Pero como la expresión del burro era
tan similar a la de una persona, comenzó a dudar si realmente había sido
despreciado. El hecho de que el burro de repente rechazara la zanahoria
que tanto le gustaba reforzó aún más esa duda.
Jack solo aceptó la zanahoria después de que Joel lo siguiera
insistentemente disculpándose y diciendo: —Lo siento, solo fue una
broma. ¡Jack, solo estaba bromeando!
Jack, que ya estaba lleno, educadamente rechazó la segunda zanahoria
que Joel le ofreció, y Joel abrazó a Jack una vez antes de enviarlo al
establo. Incluso después de que Jack entrara en el establo, no pudo dar un
paso durante un rato. Se sentía triste y arrepentido de tener que
despedirse así, ya que se había encariñado con Jack.
—Disculpe, joven maestro Joel.
Abe llamó a Joel, que había estado mirando al burro durante mucho
tiempo. Sin apartar la vista del burro, Joel respondió brevemente: —
¿Qué?
Joel notó la vacilación de Abe y frunció el ceño molesto. Durante todo
el viaje de regreso a casa, Abe había interrumpido de esta manera más de
una vez. Joel, impaciente, le había dicho varias veces que si tenía algo
que decir, lo dijera directamente, pero Abe solo seguía vacilando sin
decir realmente nada. Cuando Joel intentó apartarse con aspecto molesto,
Abe lo agarró rápidamente.
—Señor Joel, me gustaría disculparme por mi insolencia pasada hacia
usted.
—¿Qué? ¿De qué estás hablando?
Joel inclinó la cabeza, con una expresión que parecía decir: —¿Qué
tontería está diciendo este tipo?—, Abe se sintió aturdido al pensar que
no había pasado tanto tiempo desde que lo interrogó en la mansión del
señor Bennet, ¿acaso lo había olvidado? Pero considerando que se
trataba de Joel, pensó que era perfectamente posible. Así que dejó de
lado su expresión de asombro y comenzó a explicar la situación con
calma.
—Cuando Su Alteza el Príncipe desapareció de la mansión del señor
Bennet, ¿no le interrogué, señor Joel? Me he arrepentido mucho de haber
actuado tan imprudente sin saber que estaba embarazado. Quería
disculparme desde hace mucho tiempo, pero las circunstancias no lo
permitían, así que finalmente puedo hacerlo.
—Ah... eso.
Cuando Joel asintió con la cabeza con una expresión que indicaba que
finalmente lo había entendido, Abe cerró los ojos con fuerza. Conocía
muy bien la mala reputación que Joel había adquirido en la capital
durante los últimos tres años. Se había preparado para recibir al menos
diez bofetadas, pero para su sorpresa, Joel dijo casualmente: —Está bien,
yo habría hecho lo mismo. ¿En serio te has estado preocupando por eso
todo este tiempo? Pensé que sería algo más grave. Vamos.
—¿Eh? ¿Eso es todo?
Abe agarró a Joel, quien se disponía a marcharse alegremente, y
preguntó de manera insistente: —¿Así tan fácil? Pero, aún no me has
abofeteado.
Joel miró con lástima a Abe, quien estaba mostrando un lado
inusualmente tonto, y dijo:
—Oye, el príncipe te está esperando, así que vuelve pronto.
¿Realmente quieres que te abofetee?
Con una expresión de asombro, Joel se dio la vuelta, pensando que
había todo tipo de gustos extraños en el mundo. Dejando a Abe atónito,
se dirigió al palacio del príncipe con el resto de sus guardias.
—¿Te has despedido bien del burro?
El príncipe, con el brazo alrededor de la cintura de Joel, preguntó.
Aunque una fresca sonrisa se dibujaba en su rostro, Joel ya había notado
antes la expresión sombría que había permanecido en la cara del príncipe
hasta que lo llamó.
—Sí. Pero... ¿por qué vino el marqués Merengue antes?
Joel abrazó al príncipe y examinó su rostro con preocupación. Hizo la
pregunta con toda seriedad, pero el príncipe de repente estalló en
carcajadas. Joel se dio cuenta de su error solo después de que el príncipe
lo corrigió diciendo: —No es Merengue, es el marqués Langston.
—Ah.
Su rostro se puso completamente rojo. Joel inmediatamente trató de
soltarse del brazo que tenía alrededor de su cintura, pero el príncipe no lo
soltó. Con una sonrisa divertida, Joel fue abrazado por el príncipe y
prometió memorizar la lista de nombres al día siguiente.
—Mi padre dice que cancele la visita de mañana. Debido a que su
enfermedad empeoró, desea reducir sus actividades y permanecer
recluido en su habitación por un tiempo. Me dejó un mensaje
pidiéndome que me encargara bien de los asuntos del estado.
—Entonces...
Joel puso una expresión preocupada al escuchar las palabras del
príncipe. ¿Querría decir que el emperador tenía la intención de abdicar?
Dada la condición de salud del emperador, era una situación
perfectamente posible, pero para Joel, no parecía ser un curso normal.
¿Cómo podía transmitir un mensaje tan importante a través de un
sirviente sin siquiera ver el rostro de su hijo?
El emperador claramente estaba ignorando al príncipe debido a él.
Abrazando a Joel que se sentía inseguro, el príncipe lo consoló diciendo:
—Confía en mí. No tienes que preocuparte por nada.
En los brazos del príncipe, Joel no pudo fácilmente deshacerse de su
preocupación. Por supuesto, no era que no confiara en el príncipe. Era
inteligente, hábil en política y sabía cómo manejar al emperador, por lo
que podría resolver este conflicto sin problemas.
El problema era él mismo. Joel no quería dejarle todo al príncipe de
esta manera. Pero, siendo realista, lo único que podía hacer ahora era
quedarse quieto. Joel suspiró, frustrado consigo mismo.
Capítulo 106
—¿Qué? ¿Dice que Su Majestad el Emperador está enfermo?
Joel, que estaba esperando que el príncipe le ajustara la corbata,
preguntó sorprendido. Pero el príncipe simplemente se llevó un dedo a
los labios y dijo —Shh—, sin ofrecer más explicaciones. Estaba
completamente concentrado en ajustar el encaje de la corbata de Joel.
—Creo que queda mejor así.
Después de ajustar la forma del encaje para que pareciera más
abundante, el príncipe dio un paso atrás para admirar su trabajo.
Joel, de pie frente a la ventana, lucía un atuendo elegante después de
mucho tiempo. Un traje de seda de un suave color esmeralda y una
corbata blanca con un abundante encaje creaban un ambiente encantador.
Detrás de él, la brillante luz del sol de la mañana se derramaba, creando
una ilusión similar a un halo. No solo el príncipe, sino también Abe,
quien había estado viviendo con Joel y pensaba que ya estaba
acostumbrado a su belleza, abrió la boca sin decir palabra.
—Viéndote así, realmente...
El príncipe dejó la frase sin terminar con una expresión de admiración.
—Realmente, ¿qué?
Joel se sonrojó y se rascó la mejilla. Ya se sentía avergonzado solo con
la mirada del príncipe, pero detrás de él, innumerables sirvientes y
criados estaban siguiendo la mirada del príncipe y lo miraban con ojos de
asombro. Incluso Joel, que no solía preocuparse por las miradas de los
demás, no podía evitar sentirse incómodo en esta situación.
Además, habiendo estado acostumbrado a usar ropa ligera como
camisas y chalecos durante casi tres meses mientras estaba fugitivo, se
sentía muy incómodo y extraño ponerse de repente un uniforme
completo. Joel jugueteaba con sus dedos, sin saber qué hacer ante las
decenas de miradas que se dirigían hacia él.
—...Eres realmente hermoso como un ángel.
A punto de perder la poca paciencia que le quedaba, el príncipe
finalmente habló, impresionado por la deslumbrante belleza de Joel.
—Y, también adorable.
—Su Alteza, por favor...
Joel agarró la mano del príncipe heredero, queriendo que dejara de
actuar de manera tan poco apropiada. El príncipe había estado haciendo
cosas vergonzosas desde hacía un rato. No solo había tomado la corbata
de un sirviente y se la había puesto él mismo, sino que también había
elogiado abiertamente su apariencia frente a tantos cortesanos. Si esto
continuaba, alguien podría burlarse de que el príncipe se había vuelto tan
tonto después de comprometerse con un idiota como él.
El príncipe tomó la mano de Joel que lo empujaba y le besó el dorso.
Después de dos largos meses sin su compañero, no tenía tiempo para
preocuparse por las miradas de los demás. Al comenzar el día con Joel en
el palacio, finalmente sintió que había recuperado a Joel y no pudo
contener su felicidad.
—¿Dormiste bien anoche? Estaba preocupado de que te resultara
difícil adaptarte a la vida en el palacio estando embarazado, así que me
alegró mucho que tuvieras una primera noche tranquila. Aunque,
estrictamente hablando, anoche no fue la primera noche...
Joel tuvo que taparle la boca al príncipe, quien estaba a punto de
hablar sobre su vida de recién casado en su vida anterior. La habitación
estaba llena de sirvientes y criados que se habían alineado para ayudar al
príncipe y a él con su aseo matutino. Si hubiera hablado a la ligera sobre
un tema tan absurdo como la 'vida anterior' frente a tanta gente, podrían
haber surgido seriamente acusaciones de que se debía evaluar la salud
mental del príncipe heredero.
—Su Alteza, por favor, continúe con la historia que estaba contando
antes. ¿Es cierto que la enfermedad del Emperador ha retrocedido al
estado anterior a la derrota del demonio John?
Joel trató de concentrar la atención del príncipe en otro punto,
haciéndole preguntas.
Después de pasar su primera vida rodeado del desprecio del
emperador, Joel creía que el emperador, que estaba perdiendo el poder,
había elegido recluirse para expresar su descontento con el matrimonio
de su hijo. De hecho, todos pensaban lo mismo. Sin embargo, un
pequeño incidente matutino cambió la situación.
Ese pequeño incidente fue el hecho de que se confirmó que la salud
del emperador se había deteriorado.
A pesar de haber acordado recibir la visita matutina de Joel en lugar de
rechazar su reunión el día anterior, el emperador envió a un sirviente por
la mañana para indicar que cancelaría incluso la visita matutina. El
príncipe estalló en ira por el continuo desprecio.
—¡Joel ha estado esperando la oportunidad de ver a mi padre desde
ayer, pero ¡que esté actuando así es demasiado!
El príncipe rechazó a Joel y a los sirvientes que intentaban detenerlo y
se dirigió directamente a la habitación del emperador. Joel, que se quedó
solo, se preocupó de que la situación empeorara, pero para su sorpresa,
cuando el príncipe regresó, en lugar de ira, su rostro mostraba una
profunda tristeza.
—Su Alteza, ¿está bien? ¿El Emperador lo regañó? Te lo dije, no
debías enfrentarte al emperador.
—No... No pasó nada importante.
—No creo que haya sido así.
El príncipe parecía no tener fuerzas para hablar. Joel se preocupó por
lo que había sucedido en la habitación del emperador, pero pensó que lo
primero era consolar al príncipe que estaba tan deprimido, así que
cambió de tema.
—Su Alteza, ¿qué color de traje me queda mejor, azul zafiro o
esmeralda?
—Creo que el esmeralda te quedará mejor.
—¿Y el collar? ¿Este o este?
—...Déjame ver.
Al intentar iniciar una conversación alegre, el príncipe también mostró
interés gradualmente. El príncipe, que había estado deprimido, pronto se
sumergió en la tarea de arreglarse. Incluso llegó a quitarles la ropa y las
joyas a los sirvientes para arreglarlo él mismo.
—Su Alteza, un sirviente le ajustará la corbata.
—Prefiero hacerlo yo mismo... Hm, creo que así queda mejor la
forma.
Así pasó un tiempo, mientras Joel se dedicaba a la maniobra de
reanimar al príncipe, quien estaba inmerso en su juego de muñecas.
Finalmente, el príncipe de mejor humor le dio una explicación detallada.
Según el relato del príncipe, el emperador no recobraba la conciencia
ni siquiera cuando él se acercaba. El rostro del emperador dormido lucía
pálido, y poco después, su médico personal explicó que la salud del
emperador se había deteriorado rápidamente en dos días.
Solo entonces Joel comprendió por qué el príncipe había regresado
con tanta urgencia. Había pensado que el emperador simplemente
rechazaba su encuentro para negarle el título de consorte, pero la verdad
era que el emperador estaba en un estado gravísimo.
Joel, al darse cuenta de que la situación había cambiado, también se
preocupó por el emperador. Aunque en una vida pasada él había
conspirado con su padrastro para matarlo, Joel no guardaba rencor
alguno hacia el emperador. Después de todo, era el único padre del
príncipe, y eso ya era cosa del pasado.
Por supuesto, si no hubiera amado al príncipe, no podría haberlo
perdonado tan fácil. Levantando el pie para susurrarle al príncipe, éste se
apresuró a inclinar la rodilla y prestarle su oído.
—Su Alteza, ¿cree que el demonio ha intervenido nuevamente?
—Quizás, lo seguro es que tenemos que investigar para saberlo.
Aunque lleva tanto tiempo sufriendo esa enfermedad, incluso si no hubo
tal intervención, no sería una situación extraña.
—Pensé que Su Majestad el Emperador se había recuperado después
de la caída del demonio John, pero parece que las cosas se han
complicado. ¿Qué dice el médico? ¿Se recuperará pronto?
—Hmm.
El príncipe respondió con una sonrisa ambigua, y Joel se dio cuenta de
que el tiempo del emperador estaba llegando a su fin.
—Lo siento...
—No tienes nada de qué disculparte. Debo investigar si hay alguna
influencia externa en el empeoramiento de la salud de mi padre, por lo
tanto, la audiencia programada con el Arzobispo para esta tarde ha sido
cancelada. Aun así, hoy será un día muy ocupado. Los nobles de la
ciudad están solicitando visitas constantemente.
Joel sintió que el empeoramiento repentino de la salud del emperador
podría estar relacionado con su embarazo.
El príncipe heredero señaló: —Especialmente, la última persona que
verás será una cara muy familiar para ti.
—¿Alguien familiar...?
Joel miró al príncipe con desconfianza. Durante los últimos tres años
viviendo como el bufón del Conde Lucas, se había enfrentado a todas las
familias nobles, entonces ¿quién sería esta persona esperándolo con
ansias?
—¿Quién es? Oh, Su Alteza, ¡por favor, dígame!
El príncipe besó la mejilla de Joel en lugar de responder. Joel dio un
paso enojado, sintiendo que estaba siendo burlado. En ese momento, un
mensajero informó que un diplomático extranjero estaba esperando en la
sala de audiencias.
—Creo que debo irme. Nos vemos luego.
—Su Alteza, por favor, dígame quién es antes de irse...
El príncipe no respondió y desapareció después de besar a Joel en la
mejilla, dejando a Joel dando vueltas enojado en su mente.
Capítulo 107
Bajo el toque del príncipe, Joel terminó su preparación y se dirigió a la
antecámara dispuesta para audiencias. Pasó el día ocupado recibiendo
una interminable fila de visitantes, sin saber quién sería el último. A
pesar de la discreción de los sirvientes designados por el príncipe, Joel se
preguntaba en silencio sobre la identidad de ese visitante final.
Al caer la tarde, Joel se sentía aturdido por el aroma persistente del
perfume que había llevado todo el día, su sonrisa constante le causaba
incluso calambres en la comisura de los labios. Y dado que los visitantes
no mostraban rostros acogedores, su fatiga se acentuaba aún más.
La mayoría de los visitantes eran antiguos compañeros de la Academia
Imperial. Era de esperar, pues los miembros de las distinguidas familias
nobles debían asistir obligatoriamente a la Academia Imperial. Ahora, sin
embargo, nadie trataba a Joel, ahora parte de la familia real, de la misma
manera descuidada que en sus días de academia.
Aunque los visitantes ajustaban su comportamiento, Joel seguía
sintiéndose incómodo al enfrentarse a aquellos que solían burlarse de él
durante tres largos años. A pesar de haber aprendido a ser paciente y
mantener una actitud noble en presencia de los visitantes gracias a Becky
y Rob, no pudo ocultar su hostilidad al ver a Aaron, el hijo mayor de los
Scott.
Aaron fue quien lideró el acoso de Joel en los círculos sociales durante
los últimos tres años.
—¿No dijiste que no podías soportarme? ¿Qué haces acá? —inquirió
Joel, sin siquiera mostrar su sonrisa ritual.
Siendo un omega recesivo, tenía un complejo por su propia naturaleza
y odiaba con creces a Joel, quien se había manifestado como omega
dominante a pesar de su modesta posición.
Joel había sufrido a manos de Aaron justo después de ingresar a la
academia imperial, cuando aún no conocía el mundo. Por ejemplo, Aaron
lo invitaba a banquetes y luego le daba intencionalmente un código de
vestimenta diferente para que fuera el hazmerreír de todos, o lo
humillaba al hacerlo sostener su abrigo como un sirviente en pasillos
concurridos, causándole vergüenza.
Joel, como un tigre enfurecido, se contuvo varias veces frente a Aaron
en un aparente intento de moderar su comportamiento impulsivo. Sin
embargo, Aaron continuaba difundiendo todo tipo de maliciosos rumores
a sus espaldas, haciéndole la vida imposible a Joel.
—¿De qué hablas? Escuché las noticias y me preocupé mucho.
Dijeron que el que alguna vez fue tu padrastro te secuestró, que estás
esperando al heredero de su Majestad y que también amenazó al
palacio... Estoy muy aliviado de que hayas regresado sano y salvo.
Aaron, que tenía mucho que ocultar, frotó sus manos y comenzó a
adularlo. Joel se burló y respondió: —¿Preocupado? ¿Tú? ¿Por mí?
Mientras el aire se volvía glacial, Becky, siguiendo las órdenes de Joel,
presentó un nuevo té.
—Señor, joven maestro. Les traeré una nueva taza de té.
—Ah, sí.
Mientras Becky, ya acostumbrada a las tareas del palacio, servía el té
con destreza, Joel no apartaba la mirada de Aaron. Finalmente, cuando el
té caliente estuvo listo y Joel levantó su taza, Aaron, que solo había
estado observándolo, apresuradamente llevó su taza a sus labios.
—¡Ugh!
Aaron frunció el ceño inmediatamente después de tomar un sorbo de
té, sintiendo un sabor amargo y nauseabundo, casi escupiéndolo delante
de Joel.
Con una sonrisa angelical, Joel le preguntó: —¿Qué? ¿El té sabe
extraño?
—No... es solo que el aroma es algo peculiar.
¿Es su forma de decir que no le gusta?
Cuando Joel alzó una ceja, Aaron agitó rápidamente las manos. Como
sirviente del príncipe, había sido testigo en numerosas ocasiones de la
profunda infatuación de este por Joel, y había acudido a él para
disculparse por sus acciones pasadas con la esperanza de asegurar su
futuro.
Además, tenía otro asunto personal. Su padre había invertido en una
mina y las cosas habían salido mal, lo que había llevado a la subasta de
su mansión y su villa. Ahora no tenía un lugar donde quedarse. Aaron
planeaba pedirle al palacio que le permitiera quedarse allí
temporalmente.
Su padre, el conde Scott, había sido jefe de los sirvientes en el pasado
y mantenía una estrecha relación con la familia imperial. El emperador
seguramente habría accedido a su petición. Sin embargo, el problema era
que el emperador estaba gravemente enfermo y el príncipe había
asumido el poder, por lo que no podía esperar la misericordia de la
familia imperial hasta que Joel le perdonara por lo que había hecho.
Aaron tragó apresuradamente su té y agregó: —Por supuesto, no quiero
decir que no esté bueno.
—Um...
Frente a Aaron, que estaba sintiendo repulsión, Joel inhaló el aroma
del té con calma.
Se limitó a olerlo, nunca a beberlo. No podía permitirse darle a su bebé
té hecho con hojas a punto de pudrirse. Esto era una especie de venganza
por cuando, en una visita previa al palacio del príncipe, él le había
servido té frío con hojas en mal estado.
—¿Por qué no sigues bebiendo? Lo preparé especialmente para ti, ¿no
te gusta acaso?
Cuando Joel le dio una mirada de advertencia, Aaron hizo un esfuerzo
por sonreír con la comisura de los labios levantada.
—¡No, para nada! De verdad que es un aroma elegante y único.
Gracias.
—¿De verdad? Me alegro de que coincida con tu refinado gusto.
Entonces, bébetelo todo sin dejar ni una gota.
Las palabras de Joel dejaron a Aaron reflexionando. Sin embargo, con
el peso de su culpa, al final solo pudo murmurar un —Sí...— y rendirse,
mientras Joel, observando furtivamente a Aaron tomar a la fuerza el té,
esbozaba una sonrisa maliciosa.
Aaron intentó congraciarse con Joel en varias ocasiones después de
eso, pero Joel nunca dejó de ser frío con él. Al final, en lugar de obtener
el perdón por sus errores pasados, Aaron tuvo que irse sin siquiera poder
mencionar el verdadero motivo de su visita, con una sensación de
náuseas en el estómago.
Incluso después de que Aaron fuera expulsado de la sala de audiencias
desconsolado, las reuniones continuaron. Cada reunión se retrasaba un
poco, y cuando llegó el turno del último visitante, ya era casi la hora del
té. Al fin, al ver el rostro del último visitante, Joel se levantó de un salto
lleno de alegría.
—¡Ben!
El último invitado, tal como lo había mencionado el príncipe, era un
rostro muy querido para Joel. Era su único amigo aristócrata, Benjamín.
Joel, emocionado, hizo un movimiento brusco para levantarse, pero
perdió el equilibrio y se tambaleó.
—Joel, ten cuidado.
Apresuradamente, Benjamín se acercó a Joel y lo sostuvo. Joel, en su
quinto mes de embarazo, ahora lucía una prominente barriga. Una vez
tan delgado que los huesos se marcaban en sus muñecas, gracias a los
cuidados atentos del príncipe, ahora tenía una barriga mucho más
redondeada que la de un embarazado común en su etapa, y sus mejillas
estaban llenas y sonrosadas. Joel se sentó con cuidado con el apoyo de
Benjamín.
—La última vez que nos vimos fue durante el banquete en el castillo
del conde Grey, ¿cierto? ¿Cómo has estado? ¿Te fuiste directamente a tu
castillo desde el castillo del conde Grey?
Joel se deshizo de su sonrisa formal y habló con Benjamín con una
actitud más abierta que nunca. Habían pasado dos meses desde su último
encuentro, y no podía ocultar su alegría de volver a verlo. Desde que se
había dado cuenta de que el objeto del afecto de Benjamín no era el
príncipe, Joel había podido dejar de lado sus celos y ahora apreciaba
sinceramente a su único amigo.
—Sí, me quedé en mi feudo en silencio para no interferir en tu
búsqueda. Yo, bueno, he seguido con mi vida normal. Incluso desde mi
castillo, he estado pendiente de las noticias. Sé que has pasado por
muchas dificultades por culpa de tu padrastro, ¿estás bien?
Benjamín, con su calma habitual, respondió una a una a las preguntas
de Joel, que insistía como un niño. Joel estaba encantado de charlar con
su viejo amigo después de tanto tiempo. De repente, se dio cuenta de que
el guardia que siempre seguía a Benjamín como una sombra había
desaparecido.
—…Por cierto, ¿dónde está ese tipo Félix?
A pesar de que solía enfrentarse y comportarse a la defensiva, Joel se
sentía un poco inquieto sabiendo que Félix había sufrido a causa de él.
Cuando Joel preguntó por el bienestar de Félix, Benjamín, que hasta
entonces había respondido a todas sus preguntas sin problemas, de
repente esbozó una sonrisa incómoda.
—…Ah…
¿Qué ha pasado?
Mientras Joel se frustraba tratando de desentrañar el misterio, Becky
sugirió que se dirigieran a la habitación donde se preparaba el té. Joel,
que había estado lidiando con la incomodidad todo el día, no había
tenido la oportunidad de tomar bocado alguno.
Repentinamente sintió un hambre y se puso de pie de inmediato. En su
prisa, no se dio cuenta de la sombra que había cubierto el rostro de
Benjamín.
Capítulo 108
En la habitación que Becky había preparado, había una espléndida
fiesta del té. Al ver la montaña de diversos dulces y pasteles sobre platos
de plata, Joel se acercó a la mesa lamiéndose los labios. Había pasado
todo el día prácticamente sin comer, consciente de las miradas de los
cortesanos y de las complicadas reglas de etiqueta del palacio. Aunque el
príncipe se había esforzado por enviarle bocadillos de vez en cuando en
medio de su ajetreada agenda, Joel, nervioso por las largas reuniones, no
había podido comer nada.
Mientras Joel comía sándwiches hasta reventar, Benjamín solo
pinchaba las fresas de la tarta con un tenedor. Sin embargo, Joel ni
siquiera tuvo tiempo de mirar a la persona sentada frente a él. Solo
después de comerse cuatro sándwiches y beberse dos tazas de té con
mucha azúcar, recuperó por fin la compostura.
—¿Por qué no comes nada?
Ante la preocupación tardía de Joel, Benjamín respondió con
indiferencia: —Ah, sí… Es que comí demasiado en el almuerzo. No te
preocupes—. Y agitó la mano para restarle importancia.
Aunque Benjamín intentaba aparentar normalidad, su rostro lucía
mucho peor que la última vez que Joel lo había visto. Tenía las mejillas
hundidas y unas ojeras pronunciadas que delataban una profunda
preocupación. Joel se acercó y se sentó a su lado.
—No creo que sea eso. ¿Tienes algo que te preocupe?
—Algo que me preocupe, bueno…
Benjamín sonrió vagamente y se apartó un poco, incómodo ante la
cercanía de Joel.
En realidad, el motivo por el que había solicitado una reunión con Joel
ese día era para advertirle. Durante la ausencia de Joel, habían surgido
rumores maliciosos en la alta sociedad sobre él y el hijo que esperaba.
Si bien el príncipe había anunciado públicamente que el conde Lucas
había ocultado a Joel, embarazado de su hijo, para llevar a cabo algún
tipo de negociación, circulaban rumores de que Joel había huido con el
hijo de otro hombre.
Benjamín sospechaba que la fuente de esos rumores provenía del salón
de té del conde de Scott. El hijo mayor del conde de Scott, Aaron Scott,
era una persona sociable y extrovertida. Tenía una buena reputación y, en
su momento, Benjamín había confiado en su apariencia amable. Sin
embargo, a raíz de un incidente ocurrido durante el baile de hace tres
años, Benjamín había empezado a desconfiar de Aaron.
Para explicar el resentimiento que Benjamín sentía hacia Aaron ese
día, primero debo contar un pequeño incidente previo. El incidente en
cuestión fue cuando, nada más terminar la primera pieza del baile, Joel se
acercó a él y le propinó un puñetazo.
La razón, por supuesto, fue que Benjamín había conseguido el puesto
de pareja de baile del príncipe. Mientras bailaba la primera pieza con el
príncipe, Benjamín había sentido constantemente una mirada llena de
envidia clavada en su nuca, por lo que había previsto que algo así
sucedería. Como esperaba, recibió un puñetazo. El príncipe miró a Joel
con fastidio, y el salón de baile quedó en silencio ante la audacia de Joel
al atreverse a golpear al hijo mayor del duque de Melphis.
—¡Oh, lo siento mucho! Fue un accidente, mi mano resbaló. No se
preocupen y sigan con lo suyo. Ben, ¿estás bien?
Nadie en el salón de baile desconocía que el golpe de Joel no había
sido accidental. Sin embargo, Joel no se mostró intimidado en absoluto.
Echó una mirada superficial al estado de Benjamín y, sin más dilación, se
enlazó del brazo del príncipe.
—Su Alteza, tenía algo urgente que decirle y qué suerte que lo haya
encontrado. Vayamos arriba.
Por supuesto, el príncipe intentó resistirse, pero discutir con Joel
delante de tanta gente, quejándose de que —Ya que la primera pieza ha
terminado, podríamos conversar un poco—, sería una pérdida de
dignidad. Al final, no tuvo más remedio que dirigir una mirada de
disculpa a Benjamín y seguir a Joel.
Tan pronto como Joel se llevó al príncipe, el salón de baile, que había
estado en silencio, volvió a llenarse de murmullos. Todos, tapándose la
boca con sus abanicos, cuchicheaban sobre la falta de respeto de Joel y
miraban a Benjamín con lástima. Y quien acudió en auxilio de Benjamín,
abandonado a su suerte entre miradas de compasión, fue Aaron.
Con el traje arruinado, Benjamín no tuvo más remedio que abandonar
el baile. En realidad, había previsto que algo así podría suceder desde
que recibió la invitación. Mientras se llevaban a un Benjamín pálido y
tambaleante, Aaron no paraba de hablar mal de Joel.
—¡Que descaro! Siendo solo un Omega adoptado por el Conde Lucas,
ja. Su único logro fue haber nacido dominante, ni siquiera sabe
comportarse con clase. ¡Ah, que pena! Benjamín, realmente debes estar
pasándola mal.
Benjamín solo sonrió amargamente. Puesto que leyó un ligero
sentimiento de culpa en la mirada afilada de Joel, no podía odiar a este
último. Y en el fondo, encontraba linda esa franqueza de Joel.
Honestamente hablando, esto también fue bueno para Benjamín. Félix
estaba postrado en cama en la mansión de la capital debido a un fuerte
resfriado.
Benjamín, que estaba ansioso por cuidar de Félix, trató de reprimir sus
apresurados pasos y continuó actuando como un joven maestro débil que
se había sorprendido al recibir un puñetazo.
—Está bien, gracias por ayudarme. Pero, Aaron, he arruinado tu baile,
¿Qué harás ahora?
—¡En esta situación todavía te preocupas por eso! Eres increíble...
Aaron golpeó su pecho como si estuviera frustrado. Con una actitud
como si estuviera enojado porque Benjamín no mostraba signos de estar
enojado por la acción reciente de Joel, él continuó queriendo alentar a
Benjamín a que siguiera sus palabras e iniciara un plan para enseñarle a
Joel una lección.
—Yo... yo estoy realmente bien. Su Alteza, el Príncipe Heredero,
probablemente se divertirá más estando al lado de Joel, que es activo y
enérgico, que conmigo, que soy tranquilo y aburrido. Sería genial si
también tuviera un encanto tan vibrante como él.
Aunque Aaron lo incitaba, Benjamín, que no tenía ninguna intención
de vengarse de Joel, calmó a su amigo. Al ver a Aaron enfadarse tanto
por su asunto, pensó que era un amigo realmente amable. En aquel
momento, Benjamín ni siquiera sospechaba que Aaron solo lo estaba
utilizando para meter en problemas a su rival, Joel.
Como si fuese alguna especie de castigo por no haberse enojado ese
día, Benjamín pronto se encontró con el inexplicable rumor que se había
extendido sobre él. El rumor decía que Benjamín, el conocido y educado
hijo mayor del duque de Melphis, había abandonado al príncipe durante
el evento porque estaba teniendo un romance secreto con otra persona.
El que había esparcido ese rumor era Aaron Scott. Benjamín, que
consideraba a Aaron Scott como un amigo sociable y amable, se
sorprendió mucho al descubrir que, en realidad, Aaron era una persona
hipócrita y chismosa.
Afortunadamente, gracias a su madre que dominaba la sociedad, los
rumores falsos se calmaron. Sin embargo, Benjamín nunca olvidó las
actitudes de las personas que susurraban a sus espaldas cada vez que
pasaba. Esto hizo que Benjamín, que ya era tímido, temiera aún más las
críticas de la sociedad.
—Ben, Ben. ¿En qué estás pensando?
Sumido en recuerdos del pasado, Benjamín volvió en sí al escuchar su
nombre. Unos ojos azules brillantes e inocentes como los de un cachorro
lo estaban mirando.
—Ah... ¿Eh? Nada, nada.
Benjamín sonrió como de costumbre y tomó una servilleta para
limpiar la espuma blanca que tenía Joel en los labios.
Después de regresar a la capital y visitar las mansiones de los nobles
con los que tenía relación y varias reuniones sociales, descubrió que el
culpable de difundir esos malvados rumores sobre Joel, quien encima
había derrotado al demonio y salvado al príncipe heredero, era Aaron
Scott. Aunque por ahora todos lo consideraban simplemente un rumor sin
fundamento, sabía que en la mente humana convertir un rumor en
realidad era cuestión de tiempo.
Benjamín había ido al palacio imperial tan pronto como se enteró de
que Joel había regresado a la capital para informarle sobre la situación en
la sociedad.
—Ben, desde hace un rato estás actuando extraño. Definitivamente
tienes algo que te preocupa. ¿Qué pasa? ¿Quién te está molestando?
¿Quieres que lo castigue?
Sin embargo, al encontrarse cara a cara con Joel, Benjamín se sintió
muy preocupado sobre si realmente debería contarle la situación.
Si le contaba la historia a Joel, con su temperamento tan impulsivo,
seguramente trataría de vengarse de Aaron inmediatamente, y eso sería
un desastre. Por desgracia, el lugar de trabajo de Aaron no estaba muy
lejos de la habitación donde se encontraban él y Joel. Temiendo que Joel
saliera corriendo con un tenedor en la mano, Benjamín finalmente
decidió que sería mejor contarle al príncipe sobre los rumores.
—Dime. ¿Qué bastardo te ha estado molestando?
—De verdad que no es nada, Joel. Probablemente mi rostro se ve un
poco cansado porque no he podido dormir bien por tu desaparición.
¿Cómo iba a estar bien sabiendo que mi único amigo había sido
secuestrado?
Benjamín usó esa excusa y con dificultad logró calmar a Joel, que
estaba a punto de explotar.
Y hasta cierto punto, eso era cierto. Aunque la razón de su aspecto
demacrado se debía a circunstancias personales, independientemente de
eso, Joel era un amigo muy valioso para Benjamín.
Benjamín frunció el ceño y, tomando la mano de Joel, dijo:
—Joel.
—¿Sí?
—Me alegro mucho de que hayas vuelto sano y salvo. Pero debes
saber que no todos están tan contentos como yo por tu regreso. Por el
bien del bebé que llevas en tu vientre, debes ser muy cuidadoso en el
futuro.
—Por supuesto. Estoy tratando de serlo.
Ante el sincero consejo de Benjamín, Joel, con sus ojos brillantes e
inocentes, comenzó a balbucear sobre cuánto había estado esforzándose
por aprender las normas de la corte.
Preocupado genuinamente por Joel, Benjamín suspiró en silencio.
Capítulo 109
En la tardía luz del sol de la tarde, la somnolencia se apoderaba de
Joel. Había saciado su apetito con dulces golosinas y un té reconfortante,
lo que lo llevó a balancearse adormecido. A través de la ventana
entreabierta, una brisa suave acariciaba las mejillas difusas de Joel y su
cabello rubio claro brillaba como si se estuviera fundiendo con los rayos
del sol.
A pesar de lo agradable que era el sol de primavera, el único que podía
dormir tranquilamente era Joel. Benjamín, preocupado por él, apenas
había tocado su taza de té. Con su habitual gentileza, le pidió a Becky
que bajara las cortinas para que Joel pudiera dormir.
—Lamento llegar tarde a la fiesta del té…
El príncipe, que llegó un poco tarde, estaba a punto de saludar con
entusiasmo, pero al ver a Joel dormido, se quedó callado.
El príncipe se acercó y, con un gesto de la mano, evitó que Benjamín
se inclinara en señal de respeto. Se limitaron a intercambiar una breve
mirada. Benjamín observó con una sonrisa cómo el príncipe se acercaba
de puntillas, como si temiera hacer ruido.
Incluso cuando el príncipe se sentó a su lado, Joel seguía durmiendo.
—Debe estar muy cansado.
El príncipe susurró mientras acariciaba la mejilla de Joel.
Joel siempre era encantador, pero en ese momento, dormido tan
plácidamente, parecía aún más adorable. Probablemente era porque
durante el sueño, esos ojos felinos y algo irritables se relajaban por
completo. Ante la felicidad del príncipe, el perspicaz Benjamín decidió
retirarse.
Antes de irse, Benjamín no olvidó advertir al príncipe sobre los
rumores maliciosos que circulaban en la sociedad. Al parecer, el príncipe
ya estaba al tanto de esos chismes, pues no pareció muy sorprendido por
las palabras de Benjamín. Con una expresión preocupada, Benjamín se
inclinó ante el príncipe en señal de respeto y se retiró.
Cuando Benjamín también se marchó, el príncipe levantó a Joel con
cuidado en sus brazos. Se sentía incómodo al intentar hacer dormir a
Joel, quien estaba embarazado, en el sofá. Becky, que lo observaba, tocó
rápidamente la estantería para abrir la puerta del dormitorio secreto. El
príncipe entró en la oscura habitación secreta con Joel en brazos.
Con cuidado, el príncipe acostó a Joel en la cama y se acostó a su lado.
Era una siesta más feliz de lo que podía imaginar. La piel de Joel siempre
olía a leche, suave y dulce, y por eso, aunque Joel ya no era un niño,
siempre le parecía un niño pequeño.
Incapaz de contener su creciente afecto, el príncipe acarició
repetidamente las suaves mejillas de Joel. Joel, que parpadeó ante el
cosquilleo, abrió lentamente los ojos.
—…Su Alteza?
Sus ojos azules, que se habían abierto de par en par, comenzaron a
brillar de alegría al descubrir al príncipe. El príncipe podía sentir cuánto
lo amaba Joel solo con mirarlo a los ojos. Sin embargo, no podía creer
que Joel hubiera intentado abandonarlo.
—Ah, lo siento.
El príncipe tapó los ojos de Joel y lo acarició suavemente, diciendo: —
Todavía hay tiempo, no te preocupes y sigue durmiendo—. Sin embargo,
los párpados atrapados bajo su mano seguían parpadeando sin cesar, y el
príncipe finalmente tuvo que quitar la mano que cubría los ojos de Joel.
—¿Por qué no sigues durmiendo?
Los ojos de Joel estaban tan claros como si nunca se hubieran cerrado.
El príncipe no pudo evitar sonreír al mirar esos hermosos ojos que lo
miraban. Al ver la sonrisa en sus labios, Joel también sonrió.
—Pero... es que el bebé se mueve mucho y no puedo dormir.
Joel se estiró y se acurrucó en los brazos del príncipe. Este, con
naturalidad, lo envolvió en un abrazo mientras el joven se aferraba a su
cuello como un niño mimado. Cada una de estas pequeñas acciones de
Joel demostraba cuánto amor había recibido mientras crecía bajo la tutela
de Sir Bennet.
Una de las cosas que el príncipe había descubierto al vivir con Joel era
que este estaba muy acostumbrado a recibir muestras de afecto. Si el
conde Lucas no hubiera interferido en la vida de Joel, este habría podido
seguir siendo un chico alegre y vivaz para siempre. Sintiendo pena por
Joel, el príncipe le dio un beso tierno en la mejilla.
—Anoche el bebé estaba tranquilo, pero parece que ahora que es de
día está inquieto.
Joel sintió vergüenza al sentir la mano del príncipe acariciando su bajo
vientre. Con la mejilla apoyada en el pecho del príncipe, una pregunta
que había olvidado se le cruzó por la mente.
—Su Alteza, Su Alteza. ¿Su Alteza también se movía mucho cuando
estaba en el vientre de la emperatriz?
El príncipe se sorprendió por la repentina pregunta de Joel, pero como
este parecía muy serio, se apresuró a responder.
—Probablemente no. Según mi madre, me moví muy poco durante los
diez meses, tanto que ella llamaba al médico de la corte varias veces al
día para que verificara mi estado.
Al escuchar las palabras del príncipe heredero, Joel se encogió como si
estuviera decepcionado y suspiró: —Ah...
—¿Por qué te pones así?
El príncipe preguntó preocupado de inmediato, pero Joel simplemente
cerró la boca con fuerza. Y por más que lo intentara calmar, no quería
abrir la boca. Después de mucho insistir, el príncipe finalmente pudo
escuchar la razón por la que Joel estaba tan desanimado.
—Es que... yo me movía muchísimo cuando estaba en el vientre de mi
madre.
—¿Y qué pasa con eso?
—Es que el bebé está quieto por la noche, pero se mueve activamente
durante el día. Como está quieto la mitad del día, supongo que se parece
al príncipe heredero en un 50%, pero ¿qué pasa si la otra mitad se parece
a mí?
Al escuchar las palabras de Joel, el príncipe soltó una carcajada. ¿No
era obvio que un hijo se pareciera a ambos padres en partes iguales? Pero
Joel parecía desear sinceramente que el bebé no se le pareciera, y el
príncipe, dejando de reír, envolvió los hombros de Joel.
—Joel, si nuestro hijo se parece a ti, crecerá para ser una gran belleza.
¿Qué te preocupa? De hecho, me gustaría mucho que nuestro hijo se
pareciera mucho a ti.
A pesar del consuelo del príncipe, el rostro sombrío de Joel no se
iluminó. Joel pensó en preguntar: —¿Entonces qué pasa si hereda mi
inteligencia en lugar de mi apariencia?—, pero decidió no hacerlo. No
quería romper esta atmósfera pacífica.
Joel podía sentir cómo las feromonas del príncipe lo envolvían. Las
feromonas de su pareja suavizaron su ánimo deprimido, y la pesada
piedra que oprimía su pecho por la preocupación por el niño pronto se
desvaneció, haciéndole pensar: —¿Y qué si es así?
Pensándolo bien, no había forma de que el niño que el demonio John
había codiciado tanto al punto de querer intercambiarlo por el príncipe
fuera un tonto como él. Y aunque el niño naciera tonto como él, el
inteligente príncipe y los numerosos académicos de la corte se
encargarían de educarlo bien.
Ya que no podía escapar en este punto, Joel decidió pensar
positivamente.
Se relajó y sus párpados se volvieron pesados gradualmente.
—Puedes dormir. Debes estar cansado por atender a los visitantes, así
que descansa.
El príncipe acarició la redonda frente de Joel. Joel ya no pudo resistir
más el sueño que lo invadía. Pronto, sus suaves y tranquilos respiros
llenaron el dormitorio secreto. El príncipe besó una vez más la mejilla de
Joel, que parecía un ángel bebé dormido, tan hermoso y tranquilo.
***
—La ausencia de usted, señor Joel, el único testigo del demonio John,
ha impedido que avanzáramos en las discusiones del caos. Por eso, es
una gran fortuna poder tener esta reunión con usted. Sé que el largo viaje
debe haberlo fatigado, y le pido disculpas por apresurarlo. Sin embargo,
se trata de un asunto de suma importancia...
Así habló el arzobispo, vestido con una túnica blanca, con un tono
educado.
Alrededor de la gran mesa de la sala de reuniones estaban sentados el
príncipe heredero, Joel, el arzobispo y el marqués de Langston, la
persona en quien más confiaba el emperador. Joel preguntó
calmadamente al anciano arzobispo:
—Estoy bien. Arzobispo, ¿qué desea que le diga?
Capítulo 110
—Por ahora, ¿tiene alguna idea de por qué el demonio John secuestró
a Su Alteza?
Ante la pregunta del arzobispo, Joel se tomó un momento para
organizar sus pensamientos antes de responder.
La excusa de haber derrotado al demonio con un relicario no
funcionaría, y tendría que ofrecer una explicación más convincente tanto
al arzobispo como al Marqués.
¿Cómo podría ocultar el hecho de que el príncipe había hecho un
pacto con el demonio?
—Permítame explicarlo yo.
—Pero, ¿no es cierto que Su Alteza estuvo inconsciente después de
beber la bebida con somníferos?
El tenso príncipe intentó intervenir en lugar de Joel, pero se calló al
escuchar la objeción del marqués de Langston. Joel apretó la mano del
príncipe bajo la mesa para tranquilizarlo, y luego se dirigió al arzobispo
con calma.
—Creo que el objetivo de John no era el alma de Su Alteza, sino el
alma del bebé que llevo en mi vientre. Me amenazó con que si quería que
Su Alteza viviera, tenía que entregarle el alma del bebé.
—¿El alma del bebé?
—¿El alma del bebé? ¿No era el alma de Su Alteza, el príncipe?
El marqués de Langston y el arzobispo repitieron las palabras de Joel
al mismo tiempo. No habían imaginado para nada este giro de los
acontecimientos. Después de un momento, el marqués de Langston
asintió con la cabeza, reflexionando.
—Hmm... En ese caso, se explica por qué el demonio John hizo que
Sir Bennet, bajo su control, arrastrara al señor Joel a las mazmorras.
—Pero los demonios, sean débiles o fuertes, no pueden tocar a la
ligera el alma de un humano. Y mucho menos la de un miembro de la
familia real, que cuenta con la protección divina. ¿Por qué pensó usted,
señor, que el demonio podría hacerle daño a Su Alteza?
Ante la duda del arzobispo, Joel hizo una cara lo más tonta posible y
respondió: —No tengo ni idea. El demonio dijo que mataría al príncipe,
y yo me lo creí. De verdad me dijo que si quería que el príncipe viviera,
tenía que entregarle el alma de mi bebé. Como el bebé todavía está en mi
vientre, me dijo que yo podía tomar la decisión por él... No sé muy bien
qué significa 'tomar la decisión por él', pero dijo que podía hacerlo.
A medida que Joel continuaba con su explicación, la duda que había en
los ojos del arzobispo se desvaneció gradualmente. Después de todo, no
era difícil imaginar que un demonio intimidara a un inocente como Joel.
En otras palabras, la imagen de tonto que Joel había cultivado a lo largo
del tiempo estaba dando sus frutos en ese momento.
Cuando Joel parpadeó con sus ojos inocentes y preguntó: —¿Pero qué
significa eso de tomar una decisión por él?—, el arzobispo disipó por
completo sus sospechas.
—Bueno, supongo que eso es lo que pasó. Entonces, ¿qué sucedió
después? ¿Aceptó el trato que le propuso el demonio?
—No. Le dije que no podía entregarle el alma de mi bebé, así que el
demonio, como si fuera a amenazarme, sacó algo que parecía un alma del
pecho del príncipe. Intenté detenerlo, pero no pude mover ni un dedo. No
sé qué hizo, pero me dejó paralizado.
—¿Y ese objeto que parecía un alma...?
El marqués de Langston interrumpió de repente. Cuando Joel
describió: —Era una pequeña esfera que brillaba de color dorado, más o
menos así de grande—, el arzobispo asintió y dijo: —Entonces, coincide
con la descripción de un alma en las escrituras.
—Y justo cuando el demonio estaba a punto de llevarse el alma del
príncipe a la boca, de repente se retorció de dolor y cayó al suelo. En ese
momento, yo también pude moverme. Así que inmediatamente clavé la
daga en su espalda. Y entonces, escupió sangre azul y se desplomó por
completo.
La estrategia de Joel de —no sé nada— funcionó a la perfección, y el
arzobispo y el marqués comenzaron a analizar la situación entre ellos.
Mientras los dos cuchicheaban, Joel dijo con voz tonta: —De hecho,
no sabía que la daga era un relicario. Originalmente, quería sacar la gran
espada que el príncipe llevaba en la cintura, pero era demasiado pesada,
así que saqué la daga.
Con esto, enfatizó aún más su imagen de persona fácil de engañar.
Finalmente, el arzobispo y el marqués de Langston concluyeron que el
demonio había resultado herido al intentar tocar el alma inocente del
príncipe sin autorización, y que debido a su debilidad, había sido
vulnerable al ataque del relicario. El arzobispo, que era muy meticuloso,
sospechó brevemente si el príncipe había hecho un pacto con el demonio,
pero cuando el príncipe se enojó y dijo: —¿Quieres decir que soy tan
infiel y carente de juicio que haría un trato con un demonio?—, el
arzobispo se retractó inmediatamente.
Así, la reunión, que se prolongó durante tres largas horas, llegó a su
fin. Joel había logrado su objetivo original: mantener en secreto el hecho
de que el príncipe había revertido el tiempo.
—Agradezco mucho que se hayan tomado el tiempo para verme a
pesar de sus ocupaciones. Según la investigación realizada en la mansión
subterránea, ya no quedan rastros de la conexión con el infierno. Se
estima que el demonio John necesitará al menos 500 años para recuperar
sus poderes anteriores, por lo que no creo que deban preocuparse más
por él.
Mientras el arzobispo concluía la reunión, Joel intercambió una mirada
con el príncipe. El príncipe parecía impresionado por la improvisación de
Joel y lo miraba con aprobación. Joel se sintió orgulloso de haber ganado
al menos un poco de la confianza del príncipe, aunque a ojos del
arzobispo y el marqués de Langston siguiera siendo un tonto.
—Entonces, arzobispo, ¿puedo retirarme?
—Sí, gracias por su esfuerzo.
—Igualmente, arzobispo. Su Alteza, vámonos.
Joel y el príncipe salieron del salón de reuniones tomados de las
manos, felices y despreocupados. De esta manera, la verdadera razón por
la que el demonio había sido debilitado ese día quedó en la oscuridad,
pero a Joel, en realidad, no le importaba mucho. Y si en algún momento
sentía curiosidad, podría investigarlo más a fondo cuando el emperador
muriera y su posición junto a Carlyle se consolidara.
De cualquier manera, Joel estaba satisfecho con el resultado, ya que no
volvería a ver al demonio John en esta tierra.
***
Una vez finalizó el testimonio de Joel sobre el demonio John, el caso
del feudo de Sir Bennet, que había causado un gran revuelo en la
sociedad, finalmente llegó a su fin.
La ejecución del conde Lucas, que había estado pendiente durante
tanto tiempo, finalmente fue decidida. Como era de esperar, la sentencia
final para el conde Lucas fue la muerte. Enfrente de una multitud, sufriría
un final miserable siendo decapitado.
No solo él y su familia, sino también todos sus parientes hasta el
cuarto grado fueron condenados a muerte según la ley. Sin embargo,
Joel, al no tener parentesco sanguíneo con el conde Lucas y haber
contribuido significativamente a encontrar pruebas de su participación en
la rebelión, fue excluido de la pena.
Al enterarse de que la fecha de ejecución del conde Lucas había sido
fijada, el emperador finalmente permitió una audiencia con Joel.
Joel, que pudo conocer al emperador solo dos semanas después de
llegar a la capital, no pudo ocultar su alegría. Se sorprendió mucho al ver
al emperador en un estado casi cadavérico, pero ocultó su asombro y se
comportó con respeto según el protocolo.
El emperador, aunque seguía mirando a Joel con desconfianza, notó
con asombro que el joven, antes tan impulsivo, ahora mostraba una
actitud más serena. Agradeció a Joel por salvar al príncipe y por resolver
el caso de la rebelión del conde Lucas, un asunto pendiente desde hacía
25 años, y prometió otorgarle un título nobiliario y tierras.
El día antes de la fecha de ejecución de su padre adoptivo, Joel se
dirigió a las mazmorras del palacio imperial para encontrarse con su
padre adoptivo.
—Señor, ¿realmente necesita ver una escena tan horrible estando
embarazado?
Becky intentó disuadir a Joel varias veces en el camino a las
mazmorras. Sin embargo, Joel rechazó las súplicas de Becky y siguió
caminando con determinación. Aunque no deseaba particularmente
encontrarse con su padre adoptivo, quien estaba a punto de morir, al
recordar los tres años de sufrimiento que había soportado a manos de él,
le parecía que sería injusto dejarlo ir sin siquiera intercambiar una
palabra.
Al final, al llegar a la puerta de las mazmorras, el príncipe estaba
esperando a Joel.
Al ver el rostro del príncipe, que brillaba con una luz cegadora incluso
en el oscuro pasillo subterráneo, Joel no pudo evitar sonreír. Pensó que si
tuviera una cola como un cachorro, estaría moviéndola con tanta fuerza
que sería invisible. El príncipe se inclinó para permitir que Joel, que se
acercaba, lo besara en la mejilla.
—¿En serio deseas ver a tu padre adoptivo? Después de tanto tiempo
en prisión, el conde está bastante demacrado. Puede ser una vista difícil
de soportar para alguien tan sensible como tú.
El príncipe, que había visto al conde Lucas muchas veces mientras
resolvía el caso de la rebelión, también intentó disuadir a Joel. Sin
embargo, cuando Joel expresó su deseo de ver a su padre adoptivo, el
príncipe decidió respetar su decisión.
—Becky, quédate aquí. Tú también, Su Alteza.
Antes de entrar a las mazmorras, Joel pidió a el príncipe y a Becky que
lo esperaran afuera.
—Pero, señor...
—No, es peligroso.
El príncipe y Becky se opusieron de inmediato, pero finalmente
cedieron cuando Joel insistió en que quería hablar a solas con su padre
adoptivo. Joel, acompañado solo por cuatro guardias en caso de
emergencia, entró en la prisión.
Capítulo 111
—Que impresionante.
Una voz clara como el canto de un pájaro resonó en la mazmorra. El
conde Lucas, tendido en el suelo, logró abrir apenas los ojos. En lo que
recordaba, esa voz siempre había sido sumisa, pero ahora estaba llena de
confianza, incluso con un aire de nobleza que antes no tenía.
—¿Quién hubiera imaginado que alguien como usted, que disfrutaba
de un poder tan impresionante que ni siquiera el mismísimo Emperador
podía desafiar, terminaría en este estado desolador? Ni siquiera las ratas
que pululan por las alcantarillas desprenden un hedor tan fétido y
repugnante como el que emana de usted en este momento.
Paso a paso, lento y ligero, los sonidos se acercaron. Finalmente,
cuando el intruso se detuvo frente a los barrotes, el conde Lucas
reconoció el rostro limpio iluminado por la antorcha.
—Ah, hijo mío. Joel, mi querido pequeño...
¿‘Mi querido pequeño’? No solo ‘pequeño’, sino ‘mi querido
pequeño’.
Joel contempló con desprecio cómo su padrastro se levantaba a toda
prisa, recibiendo al joven con una sonrisa exagerada. En los últimos tres
años, nunca lo había tratado como a un hijo y, sin embargo, siempre
encontraba la forma de empeorar las cosas.
—Ven acá, mi querido pequeño, déjame verte bien.
El conde extendió sus manos llenas de suciedad a través de los
barrotes, tratando de agarrar a Joel. Este retrocedió un paso para evitar
que esas manos asquerosas lo tocaran.
De cerca, la miseria del conde Lucas era aún más evidente. Estaba
sucio por no haberse bañado en mucho tiempo, demacrado por las
torturas que había sufrido y lleno de heridas que asomaban por debajo de
sus ropas andrajosas.
Después de varios intentos fallidos por alcanzar a Joel, el conde se
resignó a agarrar los barrotes con fuerza. Con una voz falsa y aduladora,
se dirigió a Joel.
—Mi querido pequeño, no me has olvidado y has venido a verme. Te
agradezco mucho... De hecho, le he suplicado al príncipe que me
permitiera verte al menos una vez, pero fue muy cruel y se negó.
Con su larga experiencia en la corte, el conde sabía que el príncipe aún
no había desarrollado la crueldad que su padre el emperador. Joven e
impulsivo, el príncipe haría cualquier cosa si su amante se lo pidiera con
lágrimas en los ojos, así que la única esperanza de supervivencia del
conde era aferrarse a su hijo adoptivo, Joel.
—¿Querías verme? ¿Por qué?
—¿…Por qué?
Joel miró a su padrastro, cuyos ojos brillaban de esperanza.
—No me diga que quiere usarme para salvar su vida. La existencia del
demonio ya se ha revelado al mundo, y todos saben que usted ha estado
conspirando con él durante los últimos veinticinco años. ¿Aún tiene
esperanzas de sobrevivir a pesar de todo lo que ha hecho?
Joel miró a su codicioso padrastro con desprecio, como si fuera un
insecto. Había cometido traición, uno de los peores crímenes, y aún así
creía que tenía alguna posibilidad de sobrevivir. Joel se dijo a sí mismo
que ni siquiera él, siendo tan ingenuo, sería tan estúpido.
Sin embargo, para sorpresa de Joel, su padrastro se golpeó la frente
contra el suelo, diciendo: —Lo sé, lo sé. He cometido un gran crimen.
¿Con qué cara podría pedir clemencia? No es eso lo que quiero.
Para sorpresa de Joel, su padrastro parecía estar de acuerdo con él.
—¿Qué está haciendo...? ¡Deténgase, por favor!
A pesar de las súplicas de Joel, el conde continuó golpeándose la
cabeza contra el suelo. Finalmente, con la frente ensangrentada, levantó
la vista hacia Joel.
—Sí, merezco morir mil veces. Pero, hijo mío, tu hermano Isaac es
inocente... Yo cargaré con todos mis pecados, pero por favor, salva a ese
niño. Si se lo pides directamente al príncipe, estoy seguro de que él te
escuchará.
El conde, tan codicioso en el pasado, ahora solo deseaba salvar a su
hijo. Suplicaba por la vida de su hijo con la desesperación de cualquier
padre. Al mirar hacia abajo, Joel sintió que su corazón se ablandaba.
—Yo…
Sin embargo, no podía cumplir el deseo de su padrastro. Era una
cuestión de prestigio para la familia imperial. Perdonar a Isaac sería
establecer un precedente peligroso, mostrando clemencia a fuerzas
rebeldes. Joel recordó el trato cruel que había recibido de su padrastro
durante los últimos tres años y trató de fortalecer su determinación.
—No puedo.
Cuando Joel negó con la cabeza con firmeza, el conde agarró los
barrotes y gritó desesperadamente:
—¡Joel!
—Si hubiese querido salvar a su hijo, no debió haber hecho lo que
hizo. O mejor aún, no debería haber tenido hijos.
A pesar del rechazo de Joel, el conde Lucas siguió suplicando a los
pies de Joel varias veces más. Sin embargo, la actitud fría de Joel no
cambió, y finalmente el conde se dio cuenta de que era imposible
convencerlo.
—¡Entonces, ¿por qué demonios has venido aquí?! ¿Has venido a ver
qué tan miserable me encuentro después de haberte maltratado durante
tres años?
A pesar de las palabras de su padrastro, Joel ni siquiera parpadeó. De
hecho, en cierto modo, había venido con ese propósito. Primero,
planeaba burlarse de su padrastro, culparlo, y si eso no calmaba su rabia,
tenía pensado abofetearlo un par de veces.
Sin embargo, al ver a su padrastro hundido hasta el fondo, toda aquella
hostilidad se desvaneció. Ahora, Joel no quería tener nada más que ver
con ese hombre, que le parecía una escoria.
—¡Ingrato! ¿No me oyes? ¡Dime algo! ¿Crees que habrías tenido la
oportunidad de llamar la atención del príncipe si no te hubiera adoptado?
Mientras su padrastro sacudía los barrotes como si fuera a romperlos,
Joel finalmente habló en un tono tranquilo.
—En primer lugar, la razón por la que estoy aquí es para decirte que te
perdono.
—¿Qué?
El conde, que había estado enloqueciendo, se echó a reír amargamente
al escuchar las palabras de Joel.
Era una reacción que Joel había anticipado. De igual forma, si su
padrastro hubiera ofrecido una disculpa hacia él, Joel de cualquier
manera no se habría sentido mejor.
Ocultando su amargura, Joel imitó la torcida sonrisa de su padrastro.
—No es que te perdone por ti, ¿sabes? Lo hago por mí mismo. Sea
como sea, te perdono.
El príncipe ya se había vengado por él. Durante la investigación, su
sufrimiento había sido expuesto y ver a su padrastro en esa situación tan
miserable había disipado cualquier resentimiento que le quedara.
Joel quería liberarse de la sombra de su padrastro. También enterraría
allí el pasado de niño indefenso que había sido maltratado. Era hora de
dejar atrás su doloroso pasado y avanzar hacia un futuro brillante.
—Y segundo, si no me hubieras adoptado, me habría comprometido
con el príncipe mucho antes. Y como mi reputación no se habría
arruinado por tu culpa, Su Majestad el Emperador tampoco se habría
opuesto al matrimonio.
—¡Ja! ¿Y cómo según tú lo hubieras logrado? ¿Crees que al príncipe
le hubiera gustado alguien como tú, una sanguijuela?
—Fue el príncipe quien se enamoró a primera vista de esta
sanguijuela. Y no te preocupes, a partir de ahora me esforzaré por
ganarme el corazón del príncipe con esa misma tenacidad de una
sanguijuela.
Y honestamente, Joel pensó que estaría bien si el corazón del príncipe
eventualmente se enfriaba. Se dio cuenta de que no le importaba si el
príncipe lo quería o lo detestaba. Claro, preferiría ser amado por el
príncipe, pero lo más importante era su propio corazón.
Joel sabía muy bien que amaba al príncipe heredero con locura.
Incluso si algún día el príncipe se cansara de él, él lo seguiría amando sin
dudarlo. Una de las cosas que había aprendido al alejarse del príncipe era
que no era lo suficientemente generoso como para dejarlo ir por su
felicidad.
Joel quería quedarse a su lado, sin importar si el príncipe lo odiaba o lo
despreciaba, y el matrimonio era la forma más segura de lograrlo.
—¡Ah, ¿crees que puedes abandonarme y ser feliz solo? ¡Tú y tus
hijos sufrirán el mismo destino que yo!
Ante la maldición de su padrastro, Joel se burló.
—Bueno, creo que te encantaría ver si tienes razón a futuro, pero no
puedes. Después de todo, te ejecutarán pasado mañana.
Los gritos de su padrastro se fueron desvaneciendo a medida que se
alejaba de la mazmorra. Al salir, Joel se encontró con el príncipe, que lo
esperaba con impaciencia.
—¿Estás bien? ¿Lograste decirle lo que querías a tu padrastro? ¿No te
lastimaste?
El príncipe examinó el cuerpo de Joel de arriba abajo, preguntando
mientras sus ojos, brillantes como las hojas verdes, brillaban con ternura.
Joel, sintiendo un repentino afecto, se acurrucó en sus brazos como un
cachorro.
—¿Qué pasa? ¿Pasó... pasó algo dentro?
—No, nada.
La caricia en su espalda era indescriptiblemente suave. Era absurdo
pensar que los sentimientos del príncipe hacia él pudieran cambiar. Joel
sonrió y caminó junto al príncipe. Ya no se podía encontrar ninguna
sombra del pasado en el rostro de Joel.
Era el final de una relación que, dependiendo de cómo se viera, había
sido corta o larga.
Capítulo 112
Habían pasado unos pocos días desde la ejecución pública del Conde
Lucas y su familia en la plaza de la capital.
Para presenciar con sus propios ojos cómo se extinguía la vida de su
viejo enemigo, el Emperador se levantó de su lecho de enfermo por
primera vez en mucho tiempo y se dirigió al lugar de la ejecución. Joel
no pudo ver el final de su padre adoptivo porque el príncipe, alegando su
embarazo, se lo impidió; pero desde que su sirviente le contó que su
padre adoptivo había suplicado por la vida de su hijo hasta el último
momento en que le cortaron el cuello, no había podido dejar de sentirse
mal.
Joel estaba de acuerdo en cierta medida con las palabras de su padre
adoptivo, quien afirmaba que Isaac no tenía culpa. Isaac, debido a su
débil salud, había pasado la mayor parte del tiempo enfermo y no había
cometido actos tan atroces como su propio padre. Sería más preciso decir
que no había tenido la fuerza para cometerlos, pero en cualquier caso...
Y aunque Isaac solía ser irritante con él, también había ordenado que
le llevaran comida de vez en cuando —muy de vez en cuando— cuando
él pasaba hambre.
El pecado de Isaac era solo el de haber heredado la sangre de su
padrastro. Joel encontraba cruel la idea de que Isaac perdiera su
patrimonio, su familia y finalmente su vida debido a eso. Aunque no
defendía a Isaac, la compasión surgía inevitablemente por alguien con
quien había convivido como hermano durante tres años.
Pasados unos días desde la ejecución, Joel seguía sumido en la tristeza,
y un día, el príncipe, compartiendo cama con él, comenzó a quejarse para
llamar su atención. Le molestaba muchísimo que Joel se preocupara por
alguien más que no fuera él.
—El asunto de tu padre adoptivo, no, más bien, de ese tal Lucas, ya ha
terminado. Deja de preocuparte por eso. Lo que me preocupa más es que
mi padre no quiera permitir nuestro matrimonio.
Después de prometerle a Joel un título y tierras, el Emperador
realmente fijó una fecha para la ceremonia de investidura de Joel y firmó
un documento concediéndole parte de las tierras del sur del imperio. Sin
embargo, la benevolencia del Emperador hacia Joel no fue más allá de
eso.
Ante la solicitud del príncipe de autorizar su matrimonio, el
Emperador, oficialmente, pospuso la firma alegando problemas de salud
y, de manera informal, expresó la necesidad de ser más cauteloso.
Aunque el poder ya había pasado al príncipe, el que todavía ocupaba el
trono era el padre de Carlyle, por lo que el príncipe heredero no podía
casarse hasta que él diera su consentimiento.
Incluso el emperador había llamado aparte al príncipe y le había hecho
preguntas que insinuaban dudas sobre la ascendencia del hijo que llevaba
Joel en su vientre. Esa conversación, aunque se llevó a cabo en privado,
no pudo permanecer en secreto en un palacio tan concurrido.
—Su Majestad necesitará tiempo para aceptarlo. Ni Su Alteza ni yo
esperábamos que el permiso fuera fácil de obtener.
—Aun así... creo que estás siendo demasiado indiferente al respecto.
El príncipe expresó su descontento con el tono desinteresado de Joel.
En realidad, Joel llevaba una vida bastante tranquila, a diferencia del
príncipe que esperaba durante una hora cada día frente a la habitación del
emperador, exigiendo una respuesta. Joel estaba convencido de que el
tiempo resolvería la oposición del emperador.
En opinión de Joel, la única razón por la que el emperador se oponía al
matrimonio era la duda sobre la ascendencia del niño que llevaba en su
vientre. Entonces, ¿no sería lógico pensar que el emperador dejaría de
oponerse al matrimonio una vez que viera la cara del niño? Así que todo
lo que tenía que hacer era soportar las humillaciones hasta el nacimiento
del bebé.
Por supuesto, si le contara eso al príncipe, él se enfurecería al pensar
en someter a Joel, embarazado, a tal humillación. Pero a Joel realmente
no le importaba. Lo único importante para él era el hecho de tener al
príncipe.
—¿Sabes qué? Se me han ocurrido un par de ideas. ¿Quieres oírlas?
El príncipe se acercó a Joel y susurró a su oído. Joel, molesto, asintió
con la cabeza desinteresadamente.
—En primer lugar, si mi padre continúa oponiéndose a nuestro
matrimonio, una buena alternativa sería fugarnos y casarnos.
El paso más importante en el proceso de matrimonio era la
autorización del monarca. Pero como el emperador no permitía el
matrimonio, el príncipe proponía huir a otro país y celebrar la boda allí
primero.
Aunque ese tipo de matrimonios eran poco comunes dentro del
imperio, no eran del todo desconocidos. Cada año, unas pocas parejas
jóvenes se casaban en el extranjero desafiando la oposición de sus
familias, e incluso hace unos años, una novela romántica había
desencadenado una moda de fugarse y casarse en la capital.
Sin embargo, esto era algo que solo una pareja de jóvenes impulsivos
podría hacer, ciertamente no era algo propio de un príncipe heredero de
un país. Joel respondió con calma:
—¿Está en sus cabales, Alteza?
Además, este era el matrimonio del príncipe heredero al que el
emperador del imperio se oponía. Sin importar cuán diferente fuera el
territorio, todos los reinos dentro del continente mantenían relaciones
estrechas con el imperio, así que era poco probable que los monarcas
estuvieran dispuestos a sellar el permiso. Ante la mirada de desdén de
Joel, el príncipe hundió la cabeza en el hombro de Joel con una expresión
abatida.
—Es hiriente que tu esposo te pregunte si estás en tus cabales.
El príncipe se hundió en los brazos de Joel y enfatizó nuevamente su
dolor diciendo: —Estoy realmente herido.
Fingiendo saborear el aroma de Joel, rozó suavemente sus dientes en
el delgado cuello de Joel.
—¿Qué tal si nos marcamos primero?
Al igual que la idea de fugarse y casarse, Joel tampoco podía aceptar la
segunda alternativa propuesta por el príncipe. La marca era un asunto
que requería aún más cautela que el matrimonio. Para los ‘dominantes’,
la marca tenía un impacto físico permanente, por lo que incluso entre las
parejas casadas era algo que rara vez se realizaba. Mucho menos la
marca imperial, que solo se llevaba a cabo después de una serie de
procedimientos complejos. No era algo que pudiera hacerse a la ligera, ni
mucho menos como una solución rápida.
Por supuesto, Joel quería marcarse con el príncipe de inmediato, pero
si lo hacían, el príncipe Carlyle quedaría registrado en la historia como
un bastardo que había violado la marca incluso antes de que su padre se
opusiera a su matrimonio. Joel no podía permitir eso, ni siquiera por el
amor que sentía por el príncipe.
—¡Realmente estás fuera de ti! —Joel dijo con irritación, empujando
la frente del príncipe que intentaba discretamente morder su cuello.
Cuando el príncipe se aferró a él quejándose diciendo —realmente me
lastimas si hablas así—, Joel tuvo que rodar hacia el borde de la cama
para escapar.
—¿Qué más da? Excepto por la marca que quedará en tu cuello, no se
notará mucho. Solo un momento, solo te morderé un poco.
—¡De ninguna manera! Su Alteza, aunque agradezco su intención de
marcarme, si quiere marcarme, primero obtenga el permiso del
Emperador para casarnos.
El príncipe, que había mencionado la marca impulsivamente, parecía
realmente decidido después de pronunciar la palabra. Sus ojos verdes
comenzaron a ondularse por el impulso, como cuando perdía la razón
durante el celo.
Tomó a Joel, que había rodado hacia el borde de la cama, y lo llevó de
vuelta al centro de la cama. Luego, usando sus largos brazos y piernas,
ató a Joel para que no pudiera escapar de sus brazos, y comenzó a
esforzarse por morder el cuello de Joel de alguna manera.
—¡Ah, por favor, detente! ¡De verdad estoy muy cansado!
Joel, que había estado cubriéndose el cuello con ambas manos para
resistir, finalmente explotó de frustración ante el acoso persistente. Al ver
el rostro genuinamente molesto de Joel, el príncipe se apartó y dijo con
resentimiento: —Antes me perseguías tanto...
El príncipe soltó a Joel y rodó hacia el extremo opuesto de la cama.
Joel miró el gran dorso que se había alejado con incredulidad.
—Parece que no te tomas en serio nuestro problema matrimonial.
¿Acaso no quieres casarte conmigo?
El príncipe murmuró con voz quejumbrosa. Joel se sintió
desconcertado por su actitud infantil, pero por otro lado, también se
preguntó si se había excedido. Joel se acercó al príncipe y acarició su
espalda.
—Por supuesto que quiero casarme con Su Alteza lo antes posible.
Pero convencer al emperador no es algo que se pueda resolver tan
fácilmente.
—Tú ya llevas a nuestro hijo en tu vientre, ¿qué más quiere? El que
complica las cosas simples es mi padre.
El príncipe, creyendo que su padre estaba senil, elevó repentinamente
la voz al intentar hacer pasar a su nieto legítimo por un bastardo. Joel,
sobresaltado, tapó la boca del príncipe, temiendo que alguien los
escuchara.
—Pero no podemos herir a un padre viejo y enfermo. No te
impacientes demasiado, pensemos juntos cómo puedo ganar la confianza
de Su Majestad el emperador.
Joel calmó al príncipe y lo hizo acostarse en la cama.
Al contemplar los patrones del techo, el sueño lo envolvió. Joel cerró
los ojos somnolientos. Desde que entró en el segundo trimestre de
embarazo, su fatiga había aumentado. Entre atender al bebé que se movía
en su vientre y cumplir con la compleja agenda del palacio, los días se le
escapaban rápidamente. Mientras repasaba los compromisos del día
siguiente, Joel se sumió en un profundo sueño, sin darse cuenta de un par
de ojos verdes que la observaban fijamente, saboreando la vista de su
cuello expuesto.
Capítulo 113
A diferencia de Joel, que se quedó dormido instantáneamente, el
príncipe no podía conciliar el sueño.
Toda su atención se centraba en un solo lugar: el cuello de Joel,
expuesto a la brillante luz de la luna. Su cuello, tan delgado que parecía
que podía ser agarrado con una sola mano, era suave y sin la más mínima
cicatriz, y su delicada apariencia estimulaba el instinto alfa de querer
clavar los colmillos en la piel. Carlyle, conteniendo la respiración para
no despertar a Joel, acercó su boca al cuello de Joel.
Al colocar sus dientes en el punto donde se encontraba la glándula de
feromonas, el dulce aroma a rosas que emanaba de Joel se intensificó. El
príncipe sintió cómo se concentraba la fuerza en su centro.
Incluso en este momento crítico, Joel seguía durmiendo, exhalando un
suave suspiro, y el príncipe, con sus dientes clavados en el cuello de Joel,
cerró los ojos con fuerza para reprimir su deseo.
Según Joel, el vínculo debía realizarse después de un complejo
procedimiento. Además, intentar vincularse con alguien que dormía sin
permiso era un crimen. Lo sabía muy bien.
Su respiración entrecortada y dulce lo estaba volviendo loco. Al
principio, solo había sido un juego colocar sus dientes en el cuello de
Joel, pero al sentir la suave piel con sus afilados colmillos, el impulso de
marcarlo se hizo cada vez más fuerte.
Dudaba, ¿morder o no morder?
Carlyle retiró sus manos, mientras rozaba el cuello de Joel con sus
labios, reflexionando. Sabía que la excusa de que era para obtener más
rápido el permiso para casarse no era más que una justificación
irrazonable. La verdadera razón por la que estaba tan obsesionado con la
marca era simplemente el deseo de poseer por completo a Joel.
Últimamente, era evidente que quien estaba más ansioso por la
relación era el propio Carlyle. El hecho de que no pareciera importarle
mucho que la boda se pospusiera, y que se hubiera opuesto rotundamente
al matrimonio arreglado y al marcaje, hacía que Carlyle se sintiera
bastante resentido con Joel. Antes, Joel lo seguía a todas partes con los
ojos llenos de pasión.
Por supuesto, no es que Carlyle dudara de los sentimientos de Joel. Sin
embargo, como últimamente Joel lo trataba con una actitud distante,
Carlyle no podía evitar obsesionarse con la idea de celebrar la boda y
completar la marca para unirse de manera perfecta con él. Después de
todo, ya había experimentado la fuga de Joel una vez, lo que lo hacía
sentir más ansioso.
Sí, sería mejor marcarlo. Es más fácil pedir perdón que comprensión.
Carlyle, decidido, se inclinó hacia la glándula de feromonas de Joel
con la intención de morderlo.
—Mmmm…
Joel, medio dormido, se dio vuelta, dándole la espalda a Carlyle.
El problema fue que, al hacerlo, el trasero de Joel terminó pegado a la
parte inferior del cuerpo de Carlyle. Carlyle respiró hondo sin darse
cuenta.
A pesar de que los ojos de Carlyle se llenaron de deseo, Joel,
completamente desprevenido, murmuró —Mmmg, mmmhg…— y
comenzó a frotar su trasero contra la entrepierna de Carlyle,
aparentemente sin intención de seducirlo. Sin embargo, eso fue más que
suficiente para excitar a Carlyle de inmediato.
Carlyle, respirando con dificultad, reflexionaba.
Pensándolo bien, ya había pasado medio año desde la última vez que
tuvo intimidad con Joel. Apenas recordaba aquel sexo semi-forzado en el
bosque debido al rut, y desde entonces no había tenido otra oportunidad
de explorar el cuerpo de Joel.
Aunque, al regresar a la capital, el médico les aseguró que el estado de
Joel se había estabilizado, Joel, ocupado adaptándose a la vida en el
palacio, caía rendido en cuanto se tumbaba en la cama.
Excitarse con alguien dormido no es propio de un caballero. Y
además, Joel está embarazado...
Carlyle, aún con un poco de razón en su mente, intentó reprimirse,
regañándose a sí mismo. Sin embargo, su mano, lejos de ser caballerosa,
ya se había deslizado dentro de la camisa de Joel.
La piel de Joel tenía una textura adictiva. Aunque lo había tenido entre
sus manos durante todo el viaje de regreso desde el sur a la capital, nunca
parecía suficiente tocarlo.
—Tocarlo un poco no estaría mal —pensó Carlyle, justificando sus
actos indecentes mientras levantaba con cuidado la camisa de Joel hasta
el cuello.
Sus pezones rosados contrastaban con su pálido pecho, y su abdomen,
redondeado debido a su buen estado alimenticio, brillaba bajo la luz de la
luna. Para Carlyle, esa vista era increíblemente sexy, tanto que lo dejó
atónito. Abrazando a Joel desde atrás, Carlyle comenzó a juguetear con
sus pezones.
A pesar de que las manos del príncipe recorrían su abdomen y
jugueteaban lujuriosamente con sus pezones, Joel solo respiraba, aún
sumido en el sueño. Esto se debía a que Carlyle ajustaba la intensidad de
su toque de manera precisa cada vez que Joel parecía acercarse a
despertarse. Aunque Joel dejaba escapar pequeños gemidos de vez en
cuando, permanecía indefenso mientras Carlyle exploraba su cuerpo.
Como era de esperarse, Carlyle no pudo conformarse solo con levantar
la ropa de Joel y juguetear. Con manos ansiosas, le quitó por completo la
camisa y dejó que sus manos se deslizaran por la cintura de Joel.
Pasando por la cintura y las caderas, los dedos de Carlyle alcanzaron el
pequeño orificio lleno de pliegues.
Contrario a lo que Carlyle esperaba, el trasero de Joel no estaba seco.
Tal vez por la estimulación de sus pezones, estaba ligeramente húmedo.
Carlyle, cuidando no despertar a Joel, empezó a tocar con más cuidado.
—Ugh...
Joel, como si sintiera cierta incomodidad en su sueño, frunció el ceño.
De hecho, estaba a punto de despertarse debido a la insistente molestia
en su parte trasera. Algo rígido y frío, similar a una vara, exploraba con
insistencia una parte muy íntima de su cuerpo. Aunque, en sueños, movía
sus caderas de un lado a otro para deshacerse de —eso—, no lograba
apartarlo.
Debido a lo profundo de su sueño, la parte trasera de Joel estaba
relajada. La mano que antes solo acariciaba el orificio se volvió más
atrevida, hasta que un dedo se abrió paso, empujando hacia el interior
cálido y húmedo. La intensa sensación de extrañeza lo despertó de
inmediato.
—¿Qué está pasando...? Esto es raro —pensó Joel, parpadeando
mientras el sueño aún lo envolvía.
Al notar que Joel estaba despertando, el príncipe se detuvo,
manteniendo su dedo aún dentro de él. Carlyle sabía que lo que hacía
tenía un aspecto vil, pero si Joel se despertaba por completo, podría
apartarlo. Sin embargo, Carlyle aún no estaba satisfecho. Aunque sabía
que recibiría una reprimenda o incluso una bofetada después, en ese
momento solo quería seguir tocando el trasero de Joel.
Astutamente, el príncipe no soltó ni un suspiro hasta que los hombros
tensos de Joel, rígidos por el sobresalto, volvieron a relajarse.
—Ah, solo fue un sueño —pensó Joel, demasiado agotado, mientras
volvía a cerrar los ojos. Enseguida cayó en un sueño profundo.
Animado por la débil reacción de Joel, el príncipe hundió su dedo un
poco más. Aunque no era una situación en la que debería haber
encontrado valor, Carlyle, después de tanto tiempo sin explorar el cuerpo
de Joel, no tenía tiempo para pensar en la moralidad. Había olvidado por
completo su intención inicial de solo tocar un poco a Joel y comenzó a
empujar con más fuerza, ensanchando el orificio a su antojo.
—Ugh, mmm... —murmuró Joel en sueños, sorprendido por los
movimientos dentro de él. Su ceño fruncido se movía como si estuviera a
punto de despertarse, y el orificio, que había estado relajado, comenzó a
contraerse y soltarse repetidamente.
En un movimiento tan apasionado que parecía cortarle los dedos,
Carlyle, desquiciado, retiró sus dedos de detrás de Joel y empujó un
objeto grotescamente hinchado.
—¡Uh, uh…!
Habían pasado seis largos meses desde la última penetración. A pesar
de que Carlyle temblaba, ni siquiera notó el estremecimiento de Joel.
Aunque la retaguardia de Joel no podía aceptar con facilidad el
imponente miembro del príncipe, la lujuria cegadora de Carlyle lo
impulsó a empujar su grueso miembro sin esperar a que el estrecho
agujero cediera.
—Tranquilo, sé bueno. Relaja tu fuerza.
Al ver que Joel no cedía, el príncipe impaciente, sin darse cuenta,
acarició el pecho de Joel. Joel, en su placentero sueño profundo, entendió
la voz del príncipe y relajó su trasero.
Por supuesto, Joel no sabía que estaba siendo penetrado.
En realidad, Joel estaba atormentado por una extraña pesadilla.
En su sueño, al insistir el príncipe en que debía verificar el estado de
su bebé, Joel fue obligado a someterse a un —examen—. Para sorpresa
suya, el examen fue realizado por el príncipe en persona, y lo que siguió
fue una escena aún más impactante. El príncipe, después de pinchar su
trasero con diversos y extraños instrumentos de examen, finalmente
empujó un grueso tallo dentro.
El tallo en las manos del príncipe no era ni común en grosor ni
longitud, y Joel, aturdido, intentó huir. Pero de alguna manera, su cuerpo
no respondía, así que solo podía mirar impotente cómo el príncipe
insertaba el tallo en su trasero.
—Ah... no, no puedo hacerlo.
El dolor que parecía que su espalda se estaba desgarrando era
insoportable. Joel sacudió la cabeza en súplica, con lágrimas
deslizándose por sus mejillas, pero el príncipe, de manera cruel, solo lo
alentaba: —Sí, si puedes. Relaja tu trasero—, mientras seguía empujando
el tallo.
El agujero se estiraba a punto de romperse, la sensación de lo extraño
se intensificaba. Aterrorizado, Joel lloraba con fuerza, pero el tallo
continuaba avanzando sin cesar. Finalmente, en un instante, el tallo se
deslizó y se clavó dentro del agujero.
—¡Ah...
Sintiendo la intensa incomodidad, Joel despertó de golpe, jadeando.
Capítulo 114
—¿Qué… qué está pasando…?
A diferencia de antes, cuando solo parpadeaba con confusión, esta vez
Joel mostraba claramente signos de estar despierto.
Maldita sea.
El príncipe heredero maldijo entre dientes.
Justo había terminado de realizar la penetración. De hecho, solo había
insertado la mitad, temiendo por el bienestar del bebé. Aún no había
podido disfrutar plenamente del trasero de Joel, y ya estaba despertando.
¿Acaso la penetración había sido demasiado arriesgada?
Carlyle decidió intentar volver a dormir a Joel.
—Tranquilo, está bien. Joel, vuelve a dormir.
—¿Su, Su Alteza…?
—Sí, soy yo.
Mientras acariciaba su pecho como si fuera un niño, la tensión en los
ojos abiertos de Joel se desvaneció poco a poco. El ingenuo Joel no
dudaba en absoluto de que el príncipe le haría algo malo. Carlyle, con
descaro, susurró: —Estoy a tu lado, así que ¿qué puede pasar? Relájate y
duerme.
Había intensificado deliberadamente su feromona para tranquilizar a
Joel.
—Vamos, vuelve a dormir.
—Sí…
Joel cerró los ojos y comenzó a relajarse, envuelto en el seductor
aroma a bergamota. Aunque intentó seguir las instrucciones del príncipe,
la incomodidad en su trasero solo lo mantenía cada vez más alerta.
Era como si una enorme rama estuviera bloqueando su espalda, como
en su sueño. Sin saber que había aceptado el miembro del príncipe, Joel
pensó simplemente que el eco de su pesadilla no se desvanecía mientras
su mano se dirigía hacia su trasero.
—¿Eh…?
Solo quería asegurarse de que su trasero estaba bien, pero notó que
había algo grueso conectado a él.
Joel se sobresaltó y levantó la cabeza. Ahora se dio cuenta de que
estaba sin camisa y que sus pantalones estaban enrollados, casi hasta las
rodillas. Instintivamente comprendió lo que el príncipe había hecho
mientras él dormía, y de inmediato giró la cabeza para mirar al príncipe
con furia.
—Oh no, me has descubierto.
El príncipe sonrió al encontrarse con los brillantes ojos azules de Joel.
—E-eres un… pervertido.
—No voy a negar eso.
La reacción descarada del príncipe dejó a Joel sin palabras,
completamente atónito. Mientras tanto, el príncipe aprovechó la
oportunidad de la sorpresa de Joel para comenzar a masajear su pecho.
Parecía que, dado que ya había sido descubierto, no había razón para
contenerse más.
—¡Ah, ahg! ¿Qué estás haciendo…?!
—Mmm… Definitivamente, al despertar se siente diferente.
—¡De verdad, ah, no tienes sentido común! ¿Cómo puedes, ugh,
hacerle esto a alguien que está dormido…?
Mientras Joel intentaba protestar, el príncipe rodeó su cintura con un
brazo y comenzó a mover su cadera con ganas. Y aunque la culpa de ser
seducido no era de Joel, quien solo había estado durmiendo en la cama,
se sentía completamente frustrado. Sin embargo, cuando el grueso
miembro del príncipe comenzó a entrar y salir de su trasero, Joel perdió
la oportunidad de protestar.
—¡Ah! ¡Haa! ¡Ah, ugh!
Sintiendo cómo lo penetraba esa enorme cosa, Joel soltó un grito
agudo. No parecía que lo hubiera introducido por completo, pero aún así
era una experiencia excesivamente abrumadora. Al recordar que el
miembro del príncipe era del tamaño de su antebrazo, sus piernas
temblaron de inmediato.
No importaba cuántas veces gritara que se detuviera, no servía de
nada. El príncipe, después de tanto tiempo sin probar el trasero de Joel,
estaba completamente fuera de sí, jadeando como un semental en celo.
Cuando el príncipe retiró su miembro y lo metió de nuevo con fuerza, la
voz de Joel se volvió aún más aguda.
—¡Ah! ¡Ah! ¡Ugh! ¡Haaa!
Joel recordó que había guardias fuera de la puerta y se tapó la boca con
esfuerzo. Su visión se nublaba. Su trasero estaba en un estado de
excitación provocado por las feromonas de alfa, y la penetración se
sentía intensamente sensible. Era como si el fuego ardiera entre sus
nalgas.
Aterrorizado por la violenta penetración, Joel tomó el brazo del
príncipe que rodeaba su cintura y suplicó:
—S-Su Alteza, por favor, un poco más suave… haa… ¡más despacio!
¡El bebé se asustará!
Afortunadamente, el príncipe no había perdido completamente el
juicio, ya que sus movimientos comenzaron a disminuir la velocidad. Sin
embargo, comenzó a estimular el punto sensible ubicado en lo más
profundo de la pared interna de Joel.
—Hah, ah, uhh... N-No... ah...
Joel sacudió la cabeza ante el aumento de la intensidad del placer.
Sentía que su parte inferior se derretía. Había sido lanzado al mar de
placer después de estar dormido, y su mente estaba completamente en
blanco.
—¡Ah… ah! ¡Uf! ¡Ohh...!
El momento de la culminación fue tan rápido como incomprensible. El
príncipe apretó las caderas de Joel mientras lo sacudía con intensidad,
prolongando el éxtasis.
Justo cuando parecía que el clímax se alejaba, envolvió de nuevo a
Joel. Luchó y se retorció, pero no pudo escapar de los movimientos que
lo embestían. El príncipe persistió, más obstinado que nunca, y la pasión
se intensificó.
—¡Ah...!
Fue solo cuando el príncipe enterró su miembro en sus caderas y
eyaculó que Joel pudo liberarse de ese placer tortuoso.
***
Joel cayó agotado, desplomado en la cama. Su rostro estaba empapado
de lágrimas y mocos, y el bebé en su vientre, al parecer sorprendido por
el intenso acto, se movía inquieto de un lado a otro. Joel se disculpó
internamente con el bebé, pero pronto se sintió un poco injusto por tener
que ser él quien pidiera perdón. Todo esto era culpa de ese maldito
Carlyle...
—Déjame ir...
Con lágrimas acumulándose en sus ojos, Joel protestó al príncipe, que
todavía estaba pegado a su espalda.
—No quiero terminar así...
Con los labios pegados a su oído, el príncipe insistió, rogando que lo
hicieran una vez más sin un ápice de conciencia. Joel sacudió la cabeza
con firmeza. Luchaba por liberarse de los brazos del príncipe, pero no
podía escapar debido a cómo sus brazos lo atrapaban como una araña.
Para colmo, la prenda que llevaba puesta se había enredado en sus
rodillas, lo que dificultaba incluso moverse.
—¿Y si nos quedamos así dormidos?
Con un tono que insinuaba una cierta compasión, el príncipe preguntó
mientras Joel luchaba por sacarse el objeto atascado en su trasero.
—¡¿Crees que dejaré que hagas eso?! —replicó Joel, molesto.
Quizás debido a la frustración, el príncipe lo apretó con más fuerza por
detrás, comenzando de nuevo a agitarse como un corcel en celo.
Sintiendo el peligro, Joel reunió todas sus fuerzas para liberarse del
príncipe, pero ya era demasiado tarde. Antes de que pudiera reaccionar,
quedó tumbado. Sintió la abrumadora presión acercándose, y con un
grito, se estremeció. En un instante, se vio envuelto en un desorden de
sensaciones ardientes una vez más.
***
Después de múltiples rondas obsesivas y húmedas, Joel, exhausto, se
desmayó y se quedó dormido durante el acto. El príncipe, sintiéndose un
poco culpable por seguir atormentando a Joel, se separó de él, aunque a
regañadientes. Mientras limpiaba el cuerpo de Joel, empapado de fluidos,
y le ponía una nueva pijama, el capitán de los caballeros, Abe, llegó de
repente pidiendo una audiencia.
El príncipe había estado vigilando los movimientos de Aaron Scott tras
la información que le había dado Benjamín. Dado que había ordenado a
Abe que investigara, se apresuró a terminar y salió al vestíbulo donde lo
estaba esperando Abe.
—Entonces, ¿hay algo nuevo?
El príncipe preguntó con tranquilidad mientras se ajustaba la bata.
Había liberado un deseo reprimido durante mucho tiempo, lo que hacía
que su rostro apuesto luciera inusualmente fresco.
—Dicen que el evento más popular en la capital es la reunión social
que el conde Scott organiza una vez por semana. Luego de su última
reunión, han aumentado los rumores maliciosos sobre el señor Joel y el
hijo de príncipe. Parece que las preocupaciones del señor Benjamín eran
ciertas.
El príncipe frunció el ceño. Conocía bien la larga enemistad entre Joel
y ese grupo de personas. Con el fin de reparar su propio error de haber
ignorado a Joel en el pasado, el príncipe no tenía intención de dejarlos en
paz.
—¿Acaso la familia Scott tiene el lujo de organizar reuniones sociales
cada semana? ¿No estaban pasando por dificultades financieras?
Cuando preguntó con sarcasmo, Abe respondió: —Sí, pero gracias a la
ayuda de Su Majestad el Emperador, lograron superar la crisis—. Y
luego proporcionó detalles más específicos de la situación.
—¿Cómo es que mi padre ayuda a los que difunden rumores
irrespetuosos?
—Su Majestad el Emperador no pudo ignorar los viejos sentimientos.
Pero como el conde Scott está envejeciendo y su ojo para las inversiones
ya no es como antes, la crisis financiera podría volver a ocurrir en
cualquier momento.
Abe agregó, como si quisiera mejorar el humor del príncipe, que no
estaba contento.
—De todos modos, ya sabía desde hace tiempo que todavía hay un
grupo que trata a Joel con desprecio. Necesitaba un blanco fijo, así que
está bien que haya sucedido. Tan pronto como recopilemos testigos y
pruebas, llévalos a los tribunales. No solo a Aaron Scott, sino a toda su
pandilla. Que los encarcelen por desacato.
¿Así que era eso?
Joel, que había puesto el oído contra la puerta para escuchar la
conversación, pensó para sí.
El príncipe creía que estaba dormido, pero en realidad, su mente estaba
completamente lúcida. Solo había fingido desmayarse para escapar del
príncipe que estaba actuando como si estuviera en celo. Intrigado por las
palabras de Abe: —He investigado lo que ordenó—, Joel se levantó de la
cama, sosteniendo su dolorido trasero, y escuchó la conversación entre el
príncipe y Abe a través de la puerta entreabierta.
De alguna manera, ahora entendía por qué el emperador de repente
había empezado a sospechar de su castidad. Aaron Scott estaba
arruinando su reputación a sus espaldas, tal como lo había hecho en la
academia imperial.
¿Por qué ese chico no podía dejarlo en paz?
Joel suspiró en silencio.
Capítulo 115
Joel estaba sumido en una profunda tristeza, reviviendo en su mente
los sucesos entre el príncipe y Aaron. De repente, la puerta de la
habitación se abrió de golpe. Absortos en sus pensamientos y gracias a la
gruesa alfombra que amortiguaba los pasos, no se había percatado de la
llegada del príncipe. Joel, apoyado en la puerta, se desplomó hacia
adelante.
—¡Ay!
—¡Joel!
El príncipe, al ver que Joel, a quien creía dormido, rodaba por la cama,
se sobresaltó, pero con una agilidad sorprendente, lo atrapó antes de que
cayera al suelo. Gracias a él, Joel evitó un doloroso golpe contra el suelo.
—¿Estás bien? ¿Qué estabas haciendo?
El príncipe, tras ayudar a Joel a levantarse, le examinó el cuerpo con
preocupación.
Detrás del príncipe, Abe observaba la escena con una expresión de
asombro. Joel, que había estado escuchando a escondidas su
conversación, se sonrojó de vergüenza y balbuceó:
—Bueno, es que...
Por su parte, el príncipe sintió su corazón hundirse. Había hablado
libremente sobre el asunto de Aaron Scott, creyendo que Joel estaba
dormido, pero no había contado con que estuviera despierto. Conociendo
muy bien la larga enemistad entre Joel y Aaron, el príncipe se inquietó y
preguntó:
—¿Tú... escuchaste...?
—Sí, todo.
Antes de que el príncipe pudiera terminar la frase, Joel admitió su
culpa. Ya que había sido descubierto, no tenía sentido inventar excusas.
—Lo siento, Su Alteza. Pensé que estaban hablando de mí, así que no
pude evitarlo...
—¿Desde cuándo me estabas escuchando?
—Desde el principio.
Joel no solo reconoció su falta, sino que también se disculpó con el
príncipe, mostrando una madurez que sorprendía. Sin embargo, tanto el
príncipe como Abe habían pasado por muchas cosas con Joel en los
últimos tres años, por lo que no podían confiar en su cambio tan fácil.
Como se trataba de Joel, podría fingir delante de todos que estaba
calmado y minutos después salir corriendo a escondidas para agarrar a
Aaron Scott por el pelo. Sobre todo ahora que Aaron no solo había
insultado a Joel, sino también al bebé que llevaba en su vientre. Si Joel
solo terminaba golpeando a Aaron Scott o echándole té en la cara, sería
un alivio.
—¿Qué hace, Su Alteza?
Joel, sorprendido por el repentino abrazo, parpadeó varias veces. Pero
el príncipe no respondió, concentrado en buscar cualquier objeto afilado
en los alrededores.
—Abe, ¡quita esa vela! ¡Y ese jarrón también!
Abe, comprendiendo al instante la preocupación del príncipe, soltó un
grito y se abalanzó sobre una mesa cercana, protegiendo con su cuerpo
los objetos señalados.
Joel, al ver a los dos hombres actuando de forma tan absurda, frunció
el ceño. Nunca había visto a dos sujetos tan tontos.
—Me duele.
—Ah, lo siento.
El príncipe aflojó su agarre, pero no soltó a Joel.
Joel se dio cuenta del motivo por el cual el príncipe heredero estaba
asustado. Aunque le parecía absurdo, no tenía mucho que decir, ya que
en el pasado, cuando escuchó sobre el caso de Sir Bennet, había perdido
el control y amenazado con matar a todos con un cuchillo de
mantequilla. Después de prometerle al príncipe tres veces que nunca
correría hacia Aaron Scott con un candelabro en la mano, Joel logró
liberarse de su abrazo.
—De verdad que no estoy enojado.
—Lo sé, lo sé. Pero estoy muy molesto por lo que Aaron te hizo.
Quiero que se haga justicia, pero quiero hacerlo de manera legal, para
evitar conflictos con la nobleza. Necesitamos pruebas y testigos, no
tardaremos mucho. Por favor, sé paciente.
A pesar de las repetidas afirmaciones de Joel, el príncipe seguía
intentando tranquilizarlo. Cansado de las súplicas, Joel exhaló con
fuerza.
—Su Alteza, de verdad que no estoy enojado. Más bien, ¿planea
ejecutar a Aaron Scott?
—¿Eh? Bueno…
El príncipe respondió con una actitud que daba a entender que era algo
obvio.
Sin embargo, Joel tenía una opinión diferente. Se sentía incómodo por
la muerte de Isaac, y aunque Aaron había cometido un crimen, no creía
que mereciera la pena de muerte. De hecho, Joel, que había endurecido
su corazón para sobrevivir en la capital, en el fondo no era tan cruel
como para desear la muerte de alguien.
Joel miró al príncipe y dijo con firmeza:
—Aunque me sienta muy ofendido por las palabras de Aaron hacia mí
y mi hijo, en cierto modo, también soy responsable de que se esparcieran
esos rumores. Al huir embarazado, era inevitable que surgieran
sospechas de que estuviera esperando un hijo de otra persona y no del
príncipe. Condenar a muerte a Aaron me parece demasiado cruel.
—Joel...
El príncipe miró a Joel con ojos incrédulos. No podía creer que Joel
estuviera intercediendo por su antiguo enemigo. A pesar de la sorpresa
del príncipe, Joel continuó expresando su opinión con calma.
—Además, el conde Scott ha servido a la familia real toda su vida. Su
Majestad el Emperador aprecia tanto al conde Scott que incluso le ayudó
a superar sus dificultades financieras. Si aprovechamos esta oportunidad
para ganar el favor de la familia Scott, podría ser beneficioso para
consolidar mi posición en el futuro.
Desde su regreso a la capital, Joel había estado lamentando su
comportamiento imprudente del pasado. Había sido demasiado arrogante
en su intento de protegerse, y como resultado, se había enemistado con
casi todos los nobles en solo tres años. De hecho, a decir verdad, su
único aliado era Benjamín, y ni siquiera los padres de Benjamín, el
duque y la duquesa de Melphis, lo veían con buenos ojos.
Ahora, por el bien del príncipe y su hijo, necesitaba dejar atrás su
pasado y reconstruir sus relaciones con los nobles. Si manejaban bien
esta situación, podrían no solo ganar el favor de la familia Scott, sino
también reconciliarse con toda la sociedad noble que lo veía con
desconfianza.
—¿Entonces qué piensas hacer?
Joel, que había estado hablando con pasión, se detuvo al darse cuenta
de que el príncipe le estaba haciendo señas a Abe para que llamara a un
médico a escondidas.
—Ah, nada en particular.
El príncipe se rió y negó con la cabeza. Sin embargo, todavía no podía
creer que Joel estuviera siendo sincero. Para asegurarse, acarició la frente
de Joel con la mano mientras le arreglaba el cabello.
A diferencia del príncipe, que dudaba de la sinceridad de Joel, Abe
creía que Joel había cambiado de verdad. Joel había sido muy generoso
al perdonarlo por haberlo interrogado de manera grosera, y desde su
regreso, había notado un cambio significativo en él.
—Señor Joel... ha cambiado mucho.
Abe, mirando a los ojos a Joel, murmuró con una voz emocionada.
Como incluso Abe cambió de actitud, el príncipe decidió confiar en
Joel. Sin embargo, aún le preocupaba que Joel pudiera terminar
agarrando a Aaron Scott y al conde Scott del cabello a la vez. Así que,
aunque Joel ya hablaba con confianza diciendo: —Déjame manejar este
asunto. Haré que Aaron Scott y el conde Scott se unan a nuestro lado—,
el príncipe no podía asentir tan fácil.
Mientras el príncipe dudaba en responder, Joel, de repente, pareció
recordar algo y dio una palmada.
—¡Ah, cierto! Su Alteza, ¿puede concederme un favor más?
—Por supuesto.
Joel, de repente sintiéndose muy agradecido hacia el príncipe por su
amabilidad, se puso de puntillas para besarle en la mejilla. El príncipe, al
ver el esfuerzo de Joel, se inclinó para facilitarle el gesto.
Después de besar la mejilla del príncipe, Joel continuó explicando.
—Durante la última reunión, noté que Ben no se veía muy bien, así
que investigué qué había pasado.
Joel no ignoró el mal aspecto de Benjamín en esa ocasión. A pesar de
estar ocupado con la preparación de la reunión con el arzobispo y la
cuestión de la ejecución del conde Lucas, envió a Robert a investigar la
situación en el castillo de Melphis.
—Resulta que el duque descubrió la relación de Ben con Félix. Félix
fue golpeado y encerrado en la prisión del castillo, mientras que
Benjamín fue encarcelado en la torre. Lo trajeron de vuelta a la capital
para la temporada social, pero el duque planea casarlo este año.
Félix solo evitó la muerte porque Benjamín amenazó con que, si él
moría, Benjamín también se quitaría la vida. Sin embargo, las palizas que
recibió fueron tan brutales que no sería sorprendente que muriera en
cualquier momento. Al escuchar esto, el príncipe chasqueó la lengua con
disgusto, murmurando: —Qué situación tan terrible.
—¿Podría Su Alteza llamar a Félix? —preguntó Joel, con un tono
cuidadoso—. Si lo tomo como mi escolta, eso tranquilizaría a Ben.
Joel sabía que, al tener a Félix bajo su protección, Benjamín podría
sentirse aliviado, sabiendo que al menos Félix estaría seguro bajo su
cuidado.
Aunque no sentía un gran afecto por Félix, no podía permitir que
muriera y dejar a Benjamín triste.
—Está bien. Debí haberme ocupado de esto antes, pero estaba tan
ocupado con la ejecución del Conde Lucas que no me di cuenta.
El príncipe aceptó con facilidad la solicitud de Joel. Joel, con una
sonrisa traviesa, añadió: —Es una sorpresa que estoy preparando para
Ben, así que por favor no le diga nada.
—Bien, mantendré el secreto. Y volviendo al asunto de Aaron Scott,
¿podrías darme aunque sea una pequeña pista sobre cómo manejarás
esto?
Para tranquilizar al inquieto príncipe, Joel decidió ceder.
—Creo que antes de corregir los rumores, es más importante reparar la
relación con Aaron Scott. El problema es que ese tipo ha desaparecido
por completo...
Aaron Scott, por alguna razón, había cortado todo contacto después de
su primera audiencia. ¿Sería porque no lo había ayudado con la crisis
financiera de su familia? Joel se rascó la cabeza, pensativo.
—Bueno, si ese es el caso, yo mismo le diré mañana que te busque.
—No, eso podría sonar demasiado coercitivo. De todos modos, pronto
será la ceremonia de concesión de mi título, y en ese momento intentaré
tenderle una mano para reconciliarnos.
Joel no dijo nada más, pero parecía tener algún plan en mente. El
príncipe, aunque inquieto, decidió dejar el asunto de Aaron Scott en
manos de Joel.
Capítulo 116
La ceremonia de concesión de título llegó.
Aunque el emperador aún no se había recuperado de su enfermedad, se
reconocieron los méritos de Joel por salvar la vida del príncipe heredero,
y se celebró una grandiosa ceremonia de investidura en su honor.
Además del título de conde y las tierras prometidas, Joel recibió la lujosa
residencia de la capital que había pertenecido al conde Lucas, la cual
había pasado al tesoro nacional.
Tras la ceremonia, se llevó a cabo una magnífica fiesta en la residencia
de la capital, que ahora pertenecía a Joel. A medida que avanzaba la
noche, el ambiente se iba caldeando, y muchos acudieron a felicitar a
Joel. No solo buscaban ganarse el favor del futuro consorte del príncipe
heredero, sino que también ansiaban conseguir entradas para visitar la
famosa mansión del —demonio—, ubicada en los sótanos de la
residencia de su padre, Sir Bennet.
Desde que la familia real había permitido el turismo en esa propiedad,
Sir Bennet se había visto tan abrumado por la avalancha de turistas que
ni siquiera pudo asistir a la ceremonia de investidura de su único hijo.
Los turistas habían rodeado su propiedad, bloqueando todas las salidas y
haciendo imposible que el caballero abandonara sus tierras.
No solo los nobles, sino también sus sirvientes y las familias de estos,
seguían en masa con la esperanza de ver la asombrosa mansión
construida por un demonio. Esto atrajo a comerciantes que aprovecharon
para hacer negocios con los nobles que acampaban alrededor de la
propiedad de Sir Bennet, convirtiendo la zona en un bullicioso mercado
sin espacio para moverse.
Con la atención de todos centrada en la mansión subterránea del barón,
la capital quedó tranquila. Los nobles que habían llegado para la
temporada social, de acuerdo con la tradición, se encontraron con las
calles vacías y se sintieron desconcertados. Incluso bromearon sobre la
posibilidad de celebrar la temporada social en las tierras de Sir Bennet,
lamentando no haber podido visitar el lugar por estar atrapados en la
capital con sus hijos en edad de casarse.
A falta de poder asistir a la ceremonia, Sir Bennet envió a Wickham, el
mayordomo al que Joel consideraba casi como un abuelo, para que lo
felicitara en su nombre. Esto fue una coincidencia afortunada para Joel,
ya que estaba buscando un mayordomo para encargarse de su nueva
residencia en la capital.
Después de intercambiar unas breves palabras con las personas más
importantes, Joel se disculpó ante otro grupo de nobles que se acercaba y
tomó asiento. Su vientre, ya abultado, lo hacía sentir cansado, y decidió
retirarse un poco del bullicio del salón para descansar.
A su lado estaba Benjamín.
—Por cierto, hoy te ves realmente adorable —comentó Benjamín
mientras dejaba su copa de ponche.
Joel, visiblemente incómodo, replicó de inmediato: —No te burles.
A pesar de la respuesta de Joel, Benjamín lo miraba con la misma
ternura que se le tiene a un hermano menor. Mientras tanto, Joel
jugueteaba de manera distraída con las mangas de su traje, sintiéndose un
tanto frustrado.
La verdad es que no le gustaba nada esa ropa tan llamativa y llena de
volantes. El color amarillo canario, tan infantil, y todos esos encajes... no
le gustaba nada de nada.
Hoy, la vestimenta de Joel reflejaba por completo el gusto del príncipe.
Desde la corbata esponjosa hecha de varias capas de encaje hasta los
zapatos de punta redonda, el príncipe había elegido personalmente cada
prenda que Joel llevaría a la ceremonia de investidura. Al mirarse en el
espejo justo antes de asistir al banquete, Joel se sintió sorprendido al
verse como un niño pequeño asistiendo a su primer baile, pero como sus
sirvientes lo instaron a que se apresurara, se vio obligado a salir hacia el
salón de banquetes.
—No bromeo. Te queda muy bien. ¿Por qué dices eso?
Benjamín se burló de Joel con una risita. Con el cabello largo hasta los
hombros atado con una cinta roja y vestido con un traje de seda amarillo
pálido, Joel parecía un pollito recién salido del cascarón. Era tan
adorable que incluso Benjamín, que estaba deprimido por lo de Félix, no
pudo evitar sonreír.
—Pareces un pollito.
—Un pollito, eh. Preferiría parecer un gallo que un pollito.
Como si quisiera demostrar su autoridad, Joel levantó los hombros.
Pero incluso ese gesto le hacía parecer un pollito a los ojos de Benjamín,
quien se tapó la boca y soltó una carcajada.
—Por cierto, ¿el príncipe realmente vendrá?
Benjamín se aclaró la garganta con un trago de ponche y preguntó con
cautela. Joel miró con preocupación el asiento vacío a su lado.
El emperador había otorgado muchos honores a Joel en
reconocimiento a su valentía al salvar al príncipe de un intento de
asesinato por parte de un demonio, pero aún no había firmado el
certificado de matrimonio entre Joel y el príncipe. Debido a esto, la
posición de Joel en el palacio seguía siendo ambigua.
De hecho, también hubo una pequeña disputa entre el emperador y el
príncipe con respecto a esta ceremonia de investidura. El emperador
había insinuado sutilmente al príncipe que no asistiera a la ceremonia de
investidura de Joel. Cuando el príncipe se negó, el emperador se enfadó y
lo envió de inspección al lejano norte.
Como resultado, ahora el asiento junto a Joel estaba vacío. Joel
extendió la mano y acarició el lugar donde debería haber estado sentado
el príncipe.
—Aunque le dije varias veces que no viniera, insistió en que asistiría.
Me acaba de llegar un mensaje, así que llegará pronto.
—Ya veo.
Antes de partir para la inspección, el príncipe había prometido asistir a
la ceremonia sin falta, pero en realidad, Joel no quería que viniera. Le
preocupaba que el príncipe enfureciera al emperador y se sentía culpable
de que su relación padre-hijo se deteriorara por su culpa.
Desafortunadamente, era imposible detener al impetuoso príncipe, que
siempre se enfrentaba a su padre.
Joel esperó un poco más, charlando con Benjamín sobre cosas sin
importancia. Y finalmente, un oficial anunció con un fuerte golpe de
bastón en el suelo que llegaba Su Alteza el Príncipe. El bullicioso salón
de banquetes se quedó en silencio de repente, y los nobles se apresuraron
a abrir paso al príncipe. Joel y Benjamín también se pusieron de pie.
Joel vio desde lejos cómo el príncipe se acercaba, recibiendo las
saludos de los nobles. El príncipe se dirigía hacia donde él estaba. Joel,
que había entrecerrado los ojos en protesta por el elaborado atuendo, no
pudo evitar que sus ojos se suavizaran al ver el hermoso rostro del
príncipe.
El príncipe llevaba unos pantalones y un chaleco de un azul claro, y
una chaqueta roja bordada con hilo de oro, que le quedaba
increíblemente bien gracias a su estatura, que superaba en una cabeza a
la de los demás presentes en el banquete.
Mientras observaba al príncipe acercarse con la majestuosidad y la
elegancia propias de un futuro emperador, el corazón de Joel latía con
fuerza. Se sentía ansioso. Extrañaba al príncipe. Aunque solo habían
estado separados por cinco días debido a la inspección, parecía que
hubieran pasado cincuenta años.
—Joel.
El príncipe se acercó con paso decidido y le sonrió.
Cada uno de sus movimientos era tan elegante como el de un bailarín.
Joel estuvo a punto de sonreír, pero gracias a la pequeña tos de Becky a
su lado, pudo mantener una expresión seria.
Con la elegancia adecuada, Joel saludó al príncipe como correspondía
a la corte. A diferencia de antes, cuando parecía un muñeco de madera,
su etiqueta era impecable. Los nobles, que habían estado observando a
Joel con ojos críticos, no pudieron evitar admitir que su etiqueta era
perfecta.
Sintiendo que las miradas curiosas a su alrededor se habían vuelto más
amistosas, Joel exhaló un suspiro de alivio. En realidad, había practicado
esa elegancia durante una semana entera con su sirviente, quien lo había
regañado constantemente:
[—¡Debe mantener la barbilla en alto! ¡Más! ¡Los hombros hacia
atrás! ¡Saque una pierna y doble la rodilla! ¡Más despacio! ¡Más
despacio!]
Pero los demás no lo sabían.
—Estás más hermoso que nunca hoy... Incluso el esplendor del salón
de banquetes palidece en comparación con tu belleza.
El príncipe besó el dorso de la mano de Joel y lo llenó de cumplidos.
Los abanicos de las damas se agitaron más rápido y se oyeron susurros.
Joel, avergonzado, respondió: —Es un honor, Su Alteza.
La mirada del príncipe se dirigió luego hacia un grupo de traidores
entusiastas de alta categoría que los observaban desde una esquina con
desagrado. El Príncipe, que había estado observando con especial
atención los movimientos de Aaron Scott, se acercó a Joel.
—Y bien, ¿cómo va todo según lo planeado?
—Bueno...
Joel esbozó una sonrisa ambigua. En realidad, había intentado hablar
con Aaron Scott varias veces durante el banquete, pero cada vez que se
acercaba, Aaron Scott y su grupo se levantaban y se iban como si
tuvieran algo urgente que hacer. Si Benjamín no hubiera estado a su lado
todo el tiempo, Joel se habría sentido muy avergonzado.
Capítulo 117
—Parece que todavía no ha entrado en razón.
El príncipe chasqueó la lengua. Aunque el emperador se oponía
rotundamente al matrimonio, este igual se llevaría a cabo, ya que su hijo
crecía en el vientre de Joel. Aaron Scott no tenía nada que ganar
enemistándose con Joel, así que el hecho de que rechazara la mano de la
paz que Joel le había tendido demostraba lo estúpido que era.
Cuando el príncipe rodeó la cintura de Joel con su brazo, el salón, que
se había tensado, volvió a llenarse de un bullicio. La gente que había
formado filas se dispersó y comenzó a reunirse en pequeños grupos para
reír y conversar. Ignorando el alboroto, el príncipe llevó a Joel a su
asiento.
El príncipe tomó una copa de un sirviente y se la ofreció a Joel en voz
baja: —Tengo buenas noticias para ti.
Joel tomó la copa como si la arrebatara y preguntó con indiferencia: —
¿Qué pasa?
Aunque no miraba a los ojos del príncipe, su actitud brusca era en
realidad porque no quería mostrar lo mucho que le gustaba. Se sentía
abrumado por el dulce aroma y el calor que emanaba el príncipe, y su
corazón latía con fuerza. Joel bebió un trago para calmar su sed.
Al ver que Joel seguía evitando su mirada, el príncipe lo sujetó de la
barbilla. Joel se quedó rígido al darse cuenta de lo cerca que estaban.
Los labios del príncipe estaban a solo unos centímetros de los suyos.
Joel los miraba, tan concentrado que sus ojos casi lo cruzaban. Quería
besar ese tentador labio rojo, a pesar de que estaban en público.
Justo cuando Joel tragó saliva, el príncipe abrió la boca.
—Todos los 'preparativos' están listos. Déjame encargarme de las
consecuencias y haz lo que quieras. Sé que te he ignorado en el pasado,
pero no permitiré que te traten injustamente.
—¿Eh...? Ah, sí.
Joel apartó al príncipe de un empujón. Todos los ojos estaban puestos
en ellos. Aunque ya estaban esperando un hijo, todavía no estaban
casados, así que debía mantener una distancia adecuada con el príncipe
en público.
Aunque Joel se sonrojó de vergüenza, el príncipe acortó la distancia y
rodeó su cintura con fuerza, impidiendo que Joel lo empujara. Joel se
sintió incómodo al ver al príncipe acariciar su vientre mientras todos los
miraban, y preguntó:
—Su Alteza, me está diciendo que puedo hacer lo que quiera. ¿Qué
quiere decir con eso?
Los 'preparativos' a los que se refería el príncipe debía ser el juicio
contra Aaron Scott. Pero como ya había expresado su deseo de
reconciliarse con Aaron, Joel no entendía exactamente lo que el príncipe
quería decir.
—Quiero decir... puedes arrancarle el pelo.
El príncipe susurró en voz baja, con una expresión seria.
—¿Qué?
Joel se sorprendió tanto que casi se olvidó de apartar al príncipe. Pero
los ojos del príncipe eran sinceros. Continuó: —No es una broma.
Puedes castigar a su padre también. Sé muy bien cuánto has sufrido y
siempre estaré de tu lado.
—Basta.
Joel se sintió ofendido por la actitud del príncipe, que lo trataba como
a un matón callejero. El príncipe siempre asumía que quería resolver sus
problemas con la violencia, pero él no era un animal. ¿Por qué tenía que
vengarse de Aaron Scott de esa manera?
...Y no es que pudiera replicarle mucho al príncipe, considerando el
pasado.
Joel se quedó en silencio al recordar de que había tirado del cabello de
Aaron Scott tres, no, cinco veces.
Sin embargo, eso era cosa del pasado. Joel había decidido cambiar por
el príncipe y por su hijo, y desde entonces había estado haciendo todo lo
posible por convertirse en una mejor persona. Con voz suave, dijo: —Su
Alteza, de verdad que ya no hago cosas como tirar del cabello de la
gente. Le dije que ya no actuaría de forma impulsiva y que quiero
resolver las cosas con Aaron de manera amistosa.
Por supuesto, el príncipe no parecía creerle ni una palabra.
—Su Alteza...
Justo cuando Joel iba a intentar convencer al príncipe de que había
cambiado, el ministro de finanzas se acercó a él con cautela, así que
perdió la oportunidad. Mientras el príncipe discutía asuntos de estado
con el ministro, Joel decidió acercarse nuevamente a Aaron.
Este era su quinto intento. Si iba con el príncipe, Aaron se pondría a la
defensiva, así que este era el momento perfecto, ahora que la atención del
príncipe estaba en otra parte. Cuando Joel se levantó de la mesa,
Benjamín lo siguió.
Aaron, que había evitado a Joel durante todo el banquete, finalmente
accedió a hablar con él, quizás por respeto al príncipe. Joel le saludó con
una sonrisa incómoda.
—Hola.
—Hola.
Incluso después de saludarse, la mirada cautelosa de Aaron y su grupo
no desapareció. Joel se sintió intimidado, pero se armó de valor y dijo:
—Ha pasado mucho tiempo desde nuestra última reunión. Sé que eres un
sirviente del palacio del príncipe, pero no hemos tenido muchas
oportunidades de encontrarnos.
—Eso es obvio, ¿no? Quiero evitar que me arranquen el pelo o que me
tiren té encima.
Aaron respondió con sarcasmo. Joel se quedó pensando por un
momento y luego se dio cuenta de que Aaron se refería a los incidentes
del pasado.
Aaron no parecía interesado en hablar mucho con Joel.
—Felicidades por tu título. Bueno, tengo algo urgente que hacer, así
que me voy.
Justo cuando Aaron iba a irse, Joel lo detuvo.
—Si tienes tiempo, ¿te gustaría tomar una taza de té conmigo en la
Academia Imperial?
—¿Por qué? ¿Para que me sirvas té rancio otra vez?
Al escuchar eso, Joel entendió por qué Aaron lo evitaba.
Resultó que la razón por la que Aaron había cortado relaciones con él
era porque Joel le había servido ese té como venganza. En ese momento,
Joel no tenía intención de reconciliarse con Aaron, pero ahora que podría
ser ejecutado si no se reconciliaba, se arrepintió de su mezquina
venganza.
—Té rancio... ¿Qué quieres decir?
Una joven que estaba con Aaron lo miró con curiosidad. No parecía
ser una estudiante de la Academia Imperial y Joel no la reconocía.
Supuso que había conocido a Aaron en el banquete.
—Bueno...
Aaron susurró algo al oído de la joven, y ella comenzó a abanicarse
más rápido. Joel se quedó allí parado, sintiéndose avergonzado.
Si hubiera sido el Joel de antes, le habría quitado el abanico de las
manos.
Sin embargo, Joel había decidido cambiar y sentía remordimiento por
haber maltratado a Aaron. Por eso, soportó su grosería. Cuando
Benjamín, que no podía soportarlo más, le tocó el brazo y le sugirió que
se fueran, Joel negó con la cabeza.
—Te he hecho mucho daño en los últimos tres años. Quiero
disculparme por mi comportamiento impulsivo.
Al escuchar la sincera disculpa de Joel, Aaron, que había mantenido
una actitud cautelosa, abrió mucho los ojos. Había provocado a Joel
esperando al menos un insulto, pero nunca se imaginó que el antiguo
Joel, tan salvaje, se disculparía de repente. Aaron dijo con una expresión
tonta: —¿Qué? Si estás tratando de burlarte de mí...
—En absoluto. Sabes lo que pasó entre el conde Lucas y yo. Nunca
supe cómo comportarme. Lamento haberme burlado y haber sido
violento contigo.
La actitud hostil de Aaron se suavizó un poco ante la sincera disculpa
de Joel. Joel pudo conversar con él un poco más. Cuando Joel le ofreció
prestarle la mansión subterránea de Sir Bennet por un día, Aaron se
mostró agradecido, pero aún mantenía una actitud distante.
Su cautela volvió cuando Joel mencionó la reunión social de la
condesa Scott. A pesar de sus esfuerzos, Joel no logró obtener una
invitación por parte de Aaron a dicha reunión y, decepcionado, regresó a
su mesa.
Capítulo 118
—Creo que solo has despertado sus sospechas.
Benjamín, sentado junto a Joel, dijo con un tono incómodo. Joel sonrió
con amargura y asintió.
Joel solo había querido elogiar el gusto de la condesa de Scott, pero
Aaron había malinterpretado sus intenciones, pensando que estaba
investigando el origen de los rumores para vengarse.
En realidad, era como el dicho de que el ladrón cree que todos son
ladrones. La culpa principal recaía en la familia Scott por difundir
rumores infundados en la sociedad. Sin embargo, Joel, que solo quería
reconciliarse con Aaron, no estaba dispuesto a profundizar en esas
cuestiones.
—Creo que realmente le hice mucho daño...
Joel dejó caer los hombros. No esperaba que su intento de
reconciliación fuera exitoso desde el principio, pero se sentía deprimido
por la falta de resultados. Benjamín lo consoló.
—Bueno, si por ‘hacerle mucho daño’ te refieres a todo lo que ha
ocurrido entre ustedes dos en estos últimos tres años, no estoy de
acuerdo. Tanto tú como él se hicieron daño mutuamente.
—Pero... a pesar de todo, Aaron nunca me ha golpeado ni me ha
agarrado del pelo.
—Joel, el hecho de que no te haya golpeado no significa que sea
menos culpable.
Ante la ingenua respuesta de Joel, Benjamín refutó de inmediato.
Aaron solo no había recurrido a la violencia abierta por su reputación,
pero había atormentado a Joel de muchas maneras ‘nobles’, como
difundiendo rumores y excluyéndolo.
—Aun así...
—Y hoy, después de que te disculparas, la actitud de Aaron fue
excesiva. El príncipe nos estaba mirando con una expresión tan seria que
pensé que iba a sacar a Aaron de allí mismo.
Joel, quien no era muy perspicaz, no se dio cuenta de lo que realmente
sucedía. Sin embargo, en el momento en que Aaron lo había dejado en
ridículo, todas las miradas en el salón de banquetes se habían centrado en
él y Aaron. Incluso el príncipe observaba cuidadosamente la escena,
entrecerrando los ojos. Esto había hecho que Aaron se sintiera aún más
poderoso, convencido de que había reafirmado su estatus frente a todos,
lo que lo llevó a comportarse con una arrogancia aún mayor.
—El príncipe. ¿En serio?
Al escuchar las palabras de Benjamín, Joel giró la cabeza hacia donde
estaba el príncipe. En ese momento, el príncipe, que había estado
observando a Joel con preocupación, desvió la mirada y fingió estar
distraído.
—Debes haberlo visto mal. Su Alteza está hablando con el ministro de
finanzas ahora mismo —respondió Joel, tratando de restarle importancia
a la situación.
Joel miró a Benjamín mientras hablaba, pero mientras él decía eso, la
mirada del príncipe estaba nuevamente clavada en su nuca. Dado que no
podía decirle a Joel que observase con claridad lo que el príncipe estaba
haciendo, Benjamín solo sonrió de manera ambigua y dijo: —¿De
verdad...?
—Y aunque lo llegue a saber, Su Alteza no intervendrá. Ya me
prometió que no intervendría.
—Ah...
Benjamín comprendió entonces todo, tras una pequeña pausa. Esa era
la razón por la que el príncipe, inquieto, no había intervenido en la
conversación con Aaron. El príncipe parecía estar dándole a Joel la
oportunidad de aprender cómo manejar la situación por su cuenta.
—Pero Joel, ¿no estás siendo demasiado sumiso delante de Aaron?
—Es cierto... Pero es verdad que lo he tratado mal durante todo este
tiempo. Quiero tratar a Aaron con cuidado en el futuro, ya sea por la
culpa que siento por todo lo que hice. ¡Le agarré el pelo delante de
mucha gente cinco veces!
A pesar de las súplicas de Benjamín, Joel solo negó con la cabeza. La
actitud de Joel era extrema. Un momento no podía esperar para atrapar a
Aaron Scott y al siguiente, insistía en que él tenía toda la culpa.
En realidad, esto era una prueba de la pureza interior de Joel, pero lo
que necesitaba ahora no era esa inocencia infantil. Benjamín estaba
preocupado por el lado poco político de Joel. Aunque se preocupaba por
Joel, no olvidó señalar su error: —En realidad fueron más de cinco
veces...
—¿Tantas veces?
Joel, al escuchar las palabras de Benjamín, se puso aún más
arrepentido.
—Sí, muchas, pero en realidad Aaron también te incitó, así que no
puedes culparte solo a ti mismo. Joel, puedes mostrarle tu autoridad a
Aaron. Me preocupa que repitas la humillación que sufriste cuando
acabas de llegar a la capital.
La apariencia actual de Joel evocaba la de hace tres años, cuando no se
podía encontrar rastro alguno de agresividad. Se refería a aquellos días
en los que no era más que una presa fácil para el grupo de fanáticos
liderado por Aaron.
Benjamín le aconsejó que ya le había dado suficientes oportunidades a
Aaron, pero Joel se negó a condenarlo.
—Ben, de verdad estoy bien.
Joel dijo mientras se acariciaba la barriga abultada. Su actitud parecía
decir que, ya que el puesto de príncipe consorte estaba en sus manos,
¿qué más había que preocuparse? Sin embargo, Benjamín sabía que la
psicología humana no era tan simple.
Incluso por la concesión del título, hasta el día en que el emperador
firmó el documento, en el consejo de estado se mantuvo un acalorado
debate sobre si era correcto otorgarle un título de conde a Joel. Algunos
nobles conservadores y anticuados argumentaron que era suficiente
otorgarle a Joel un poco de dinero y tierras.
Por ejemplo, el conde Scott fue un ejemplo representativo.
Aquellos que se oponían a la concesión del título presentaron
argumentos bastante plausibles, pero en realidad sus motivos eran
simples. Se sentían incómodos aceptando a Joel, que era casi un plebeyo,
como miembro de la sociedad aristocrática. Y mucho menos podrían
aceptar a tal Joel como consorte real.
A menos que se revelara que Joel era descendiente de la realeza
extranjera, las miradas discriminatorias no desaparecerían. Benjamín se
preocupaba mucho por el futuro de su único amigo, preguntándose si era
correcto mostrar una indulgencia infinita hacia sus enemigos políticos.
—Dejemos de hablar de esto. Tengo hambre.
Joel le dijo eso a Benjamín, quien se estaba preocupando, como si se
estuviera quejando. Como para enfatizar sus palabras de hambre, el
estómago de Joel rugió a tiempo. A pesar de actuar con madurez, en
realidad lidiar con Aaron también consumía mucha energía para Joel.
—Ah, sí —asintió Benjamín y le entregó a Joel un helado que recibió
de un sirviente que pasaba.
Mientras Joel comía su helado con una pequeña cuchara de plata,
tomando apenas pequeñas cucharadas del tamaño de una uña, Benjamín
observaba su comportamiento. Aunque Joel intentaba mantener una
apariencia seria y saborear el helado con calma, en realidad se veía
ansioso por meterlo todo de golpe en su boca, como una ardilla que
guarda sus nueces. Benjamín no pudo evitar sonreír con ternura ante esa
escena, incluso en medio de una conversación seria.
—Pero, Joel, Aaron... ¿No crees que ha ganado algo de peso? Su
camisa parece un poco suelta —susurró de repente Benjamín.
Joel, mientras seguía comiendo el helado, desvió la mirada hacia
Aaron.
Como Benjamín había señalado, la ropa de Aaron parecía un poco
floja. Aunque no era una ocasión formal, en un evento público, un
atuendo tan descuidado podría ser visto como inapropiado. Además, la
camisa estaba algo suelta, lo que permitía notar que Aaron podría haber
engordado un poco, aunque su vientre no era del todo visible.
Sin embargo, Joel no solía hacer comentarios sobre los defectos de los
demás porque él mismo había sufrido por rumores infundados en el
pasado y no tenía intenciones de acusar a nadie sin pruebas. Con una
actitud despreocupada, respondió: —Probablemente comió demasiado en
la cena de antes—, y volvió a concentrarse en su helado, sin darle mayor
importancia al asunto.
9. Hipocresía y suplantación
Joel se sintió frustrado al no obtener los resultados esperados en la tan
ansiada ceremonia de investidura, pero una segunda oportunidad llegó
más rápido de lo que esperaba. Al día siguiente de la ceremonia, mientras
paseaba por los jardines del palacio del príncipe heredero, la marquesa de
Langston se le acercó y le preguntó si podía acompañarla.
La marquesa de Langston era la hermana del emperador y, poco
después de que este ascendiera al trono, se vio obligada a casarse con un
marqués en lugar de con un miembro de la realeza extranjera, por orden
del emperador. La guerra de 30 años durante el reinado del emperador
anterior había dejado al país con una deuda enorme, el poder imperial era
inestable y el joven emperador necesitaba asegurar la lealtad de las
poderosas familias del reino.
Después de casarse con la princesa, el marqués de Langston se
convirtió en uno de los confidentes más cercanos del emperador, quien
recibió gran ayuda de él durante su reinado, como por ejemplo, al superar
con éxito la rebelión de Heath Hales.
Joel se sorprendió por su repentino acercamiento, pero al notar que no
había malicia en sus ojos, decidió bajar la guardia. Aceptó la invitación
de la marquesa a pasear y así comenzó a recorrer los jardines del palacio
del príncipe heredero junto a ella.
Capítulo 119
—Sé que ayer se celebró la ceremonia de investidura del conde, pero
tuve un compromiso y no pude asistir. Espero que no se haya molestado.
La marquesa trató a Joel no como el futuro consorte real, sino como un
simple conde. Dado que ella era una de las personas más cercanas al
emperador, era de esperarse.
El hecho de que Joel, a pesar de estar embarazado del heredero,
ocupara una posición tan ambigua, era culpa del emperador. Al posponer
la firma del certificado de matrimonio alegando problemas de salud, no
solo Joel, sino todos los demás, excepto el príncipe, se encontraban en
una situación incómoda al tratar con él.
—Molesto, ¿en serio? Para nada.
Joel respondió cortésmente sin mostrar ninguna molestia. A pesar de
no querer causar ningún alboroto, ella era, después de todo, la tía del
príncipe heredero.
La apariencia familiar de la nobleza relajó a Joel. Tenía ojos color
avellana, a diferencia del intenso verde de la familia imperial, pero por lo
demás, sus rasgos faciales eran muy similares a los del emperador,
famoso por su belleza excepcional, y también al príncipe heredero a
quien amaba tanto. Su nariz afilada y su frente recta eran idénticas.
Joel recordó el bebé que había visto en un sueño. Ese bebé también
tenía una nariz respingona y una frente recta. ¿Sería esa apariencia noble
una herencia de la familia imperial?
Con ese pensamiento, Joel sintió una inmediata simpatía por la
marquesa. Le dirigió una sonrisa sincera. La marquesa respondió con una
cálida sonrisa a la actitud amistosa de Joel. Y así, Joel caminó junto a la
marquesa y conversaron.
—Recuerdo que toda la capital estaba hablando de la mansión de Sir
Bennet. Dicen que debajo de su mansión hay una hermosa mansión
construida por un demonio.
—Así es.
—Debes haberla visto. ¿Puedes contarme cómo era?
—Mmm...
Joel recordó el día en que su padre lo llevó a la mansión subterránea
en mitad de la noche.
Aunque había pasado menos de medio año, se sentía como si hubiera
sido hace mucho tiempo, ya que había experimentado tantos eventos
desde entonces. Solo recordaba lo aterrorizado que estaba cuando se
encontraba frente a un túnel oscuro sin fin y Sir Bennet, tan grande como
una roca, detrás de él.
—En realidad, estaba tan concentrado en salvar al príncipe heredero
que no tuve tiempo de mirar a mi alrededor. No lo recuerdo con claridad,
pero sí recuerdo que era una mansión muy majestuosa y hermosa.
Joel continuó describiendo la mansión con gestos.
—Cuando abrí la enorme puerta de roble, apareció un corredor largo y
ancho, tan grande como el corredor del primer piso del palacio del
príncipe heredero. Había docenas de candelabros de cristal brillando en
el techo y una alfombra roja cubría el suelo. Y había estatuas de mármol
entre las columnas...
—Oh, vaya, suena increíble. Me encantaría verla.
—Si alguna vez quiere venir, la entrada a la mansión subterránea
siempre estará abierta.
Joel estaba dispuesto a dejar la mansión subterránea vacía todo un día
por la marquesa. La razón era simple. Ella era la tía del príncipe
heredero. Como a Joel le gustaba el príncipe heredero, también le
gustaba ella. Ante la ingenua y sincera reacción de Joel, la marquesa
sonrió amablemente y dijo: —Muchas gracias.
—Ya que estamos hablando de eso, ¿por qué no fijamos una fecha
concreta para la visita? ¿Qué le parece si es en otoño, cuando el calor
haya pasado?
Joel, emocionado, se acercó a la marquesa. La marquesa, sorprendida
por la actitud tan entusiasta de Joel, no pudo ocultar su expresión de
asombro por un momento, pero luego, con gentileza, le dijo que le
avisara cuando tuviera la fecha definida. Y luego, con voz suave, añadió:
—Si el conde me hace tal favor, me gustaría corresponderle de alguna
manera.
Los ojos color avellana de la marquesa, que brillaban como el oro bajo
la luz del sol, se posaron brevemente en el libro de ciencias que Becky
sostenía en la mano. Era el primer libro botánico que había acaparado la
atención del mundo con una presentación innovadora en un reciente
congreso.
—¿Le interesa la botánica?
Joel siguió la mirada de la marquesa hacia el libro que Becky sostenía.
Desde que regresó a la capital, le había pedido a Becky que le leyera
libros de diferentes temas durante la siesta para cultivar su mente. A
veces, los libros eran recomendados por Benjamín o por el príncipe
heredero, pero la mayoría de las veces eran elegidos por Becky.
Sin embargo, no podía decirle a la marquesa: —No, no sé nada de eso.
Mi inteligente doncella eligió ese libro—. Así que Joel decidió esquivar
la pregunta.
—Ah, sí. Su Alteza el Príncipe Heredero es muy aficionado a los
estudios del señor...
Cuando Joel trató de leer el nombre del autor que Becky ocultaba con
su dedo, la astuta Becky lo apartó. Gracias a ella, Joel pudo terminar la
frase sin problemas: —...Holt, así que yo también me he interesado
naturalmente en ellos.
—He oído hablar de ese famoso señor Holt. Según tengo entendido, el
conde Scott lo patrocina, y el señor Holt participa regularmente en los
salones de la condesa de Scott para dar conferencias interesantes. ¿Le
gustaría acompañarme a la próxima?
—¿En serio?
Joel se alegró al escuchar las palabras de la marquesa.
Justo cuando se sentía desanimado por la lejanía de volver a ver a
Aaron, no esperaba que una segunda oportunidad llegara tan pronto. Si
asistía a la reunión, podría hablar con Aaron y también podría evitar que
se propaguen más rumores sobre él. Con el corazón acelerado, estaba a
punto de aceptar la propuesta de la marquesa, pero de repente, una duda
cruzó por su mente.
¿Acaso el hecho de que la marquesa le hubiera abierto las puertas al
banquete era solo un gesto de agradecimiento por haber recibido el pase
para la mansión subterránea?
Era demasiado coincidencia.
Joel pensó que quizás ella había mencionado la mansión subterránea
solo para conversar. Pero, ¿por qué querría ayudarlo? Ella era una
persona cercana al emperador y no tenía ninguna razón para ayudar a
alguien como él, a quien el emperador veía con desagrado.
—Agradezco su amabilidad, pero... ¿por qué me ayuda?
—Ayudar, ¿a qué se refiere? Es solo una recompensa por el pase.
La marquesa respondió con una sonrisa. Sin embargo, cuando Joel no
dejó de mirarla con ojos sospechosos, ella suspiró y agregó más detalles.
—El día que el conde regresó a la capital, hubo una breve discusión
entre su alteza el príncipe heredero y mi esposo.
Joel entendió de inmediato a qué se refería la marquesa. Estaba
hablando de la vez que el conde de Langston había llamado a Joel —
señor Joel— en lugar de —su alteza, futuro consorte— frente al príncipe
heredero, lo que había creado una atmósfera tensa.
—Estoy segura de que el conde se siente ofendido tanto por ese
incidente como por mi actitud actual. Aunque no tengo ningún
sentimiento personal hacia el conde, no puedo ignorar los deseos de mi
hermano. Así que cuando use la corona de consorte real en el futuro,
espero que pueda comprender nuestra difícil situación.
En ese momento, Joel finalmente entendió por qué la marquesa lo
estaba ayudando. Sin embargo, incluso después de despedirse de ella,
una duda persistía en su mente. No parecía que la marquesa fuera el tipo
de persona que haría una petición tan humilde. Joel sospechó que quizás
el príncipe heredero le había pedido el favor en secreto y fue
directamente a verlo.
—¡Su Alteza!
Al entrar en la sala de reuniones del palacio, donde la reunión había
terminado, el príncipe heredero se levantó de inmediato de su asiento.
—Joel, ¿qué te trae por aquí con este cuerpo tan delicado?
El príncipe se acercó a Joel con cuidado para ayudarlo a sentarse. Joel
rechazó su ayuda y preguntó directamente:
—Su Alteza, ¿le pidió a la marquesa de Langston que me ayudara?
Joel estaba seguro de su afirmación, pero el príncipe heredero lo miró
con confusión y respondió: —¿Eh?
—...¿De verdad que no?
—No, no lo hice. Te dije que no me metería en tus asuntos con Aaron
Scott, así que he estado callado todo este tiempo. ¿Por qué? ¿Mi tía te
ayudó?
¿Entonces por qué lo estaba ayudando? Joel se rascó la cabeza y le
explicó al príncipe heredero que gracias a la amabilidad de la marquesa,
podría asistir al próximo baile en la mansión de Aaron Scott.
Al escuchar la historia de Joel, el príncipe heredero se puso nervioso.
Aunque respetaba la decisión de Joel de manejar el asunto por sí
mismo, en realidad no quería que Joel se encontrara con Aaron Scott de
nuevo. Aaron, que era descarado incluso bajo su vigilancia, seguro
trataría a Joel de manera aún más grosera cuando él no estuviera
presente. La idea de enviar a Joel a la guarida de un león le preocupaba.
Capítulo 120
—Tú... ¿realmente tienes que ir a ese baile?
—¡Por supuesto!
Joel respondió sin la menor vacilación a la preocupada pregunta del
príncipe heredero.
A diferencia del príncipe heredero, que estaba preocupado de que Joel
sufriera en el baile, Joel estaba radiante. De hecho, ya estaba imaginando
un futuro en el que se reconciliara con Aaron Scott, fuera reconocido en
la sociedad y se convirtiera en el compañero del que el príncipe heredero
no se avergonzara.
El príncipe suspiró en silencio para que Joel no lo notara. No creía que
reconciliarse con Aaron Scott fuera una buena idea. Aunque a menudo se
dice que las buenas acciones reciben buenas recompensas, Aaron Scott
era estúpido.
Aaron Scott había temido a Joel cuando este mostró sus garras, pero
tan pronto como Joel comenzó a comportarse con cautela, recuperó su
arrogante actitud de antes. Había cometido el grave crimen de difundir
rumores maliciosos sobre la sangre real del heredero y, cuando Joel le
tendió una rama de olivo, solo se preocupó por engrandecer su ego. El
estúpido ni siquiera se dio cuenta de que había perdido su última
oportunidad de ser perdonado.
A través de este incidente, Joel aprendería que a veces es necesario
disciplinar a las personas con firmeza. Cuanto más intentara perdonar y
aceptar a Aaron, más profundo sería el daño que sufriría. Sin embargo,
ser traicionado y herido también era un proceso necesario para Joel.
Al igual que había madurado y abandonado su imprudencia durante su
dura vida como fugitivo, Joel desarrollaría la fría determinación de un
miembro real al eliminar a Aaron Scott. El príncipe quería proteger a Joel
y mantenerlo como un ser puro e inocente, pero también entendía el
deseo de Joel de ser independiente. Después de reflexionar, decidió no
impedir que Joel fuera al banquete.
—Entonces iré contigo.
El príncipe heredero dijo suavemente y besó la mejilla de Joel, que
tenía los ojos muy abiertos.
—¿Eh? No es necesario que haga eso, Su Alteza. Usted está muy
ocupado.
Joel señaló la pila de documentos sobre la mesa. El príncipe heredero
recogió los documentos restantes y dijo: —No estoy ocupado en
absoluto. Acabo de terminar con el asunto de la rebelión de Heath Hales,
así que no tengo nada importante que hacer ahora. De hecho, estaba
pensando en ir a buscarte para pasar la tarde juntos.
—Ah, cierto. Es hora del té. Me encantaría que me acompañaras, Su
Alteza.
Joel sonrió y tomó el brazo del príncipe. El príncipe heredero salió de
la sala de reuniones con Joel.
La imagen de Joel y el príncipe heredero caminando juntos, tomados
del brazo, era como una pintura. Parecían una pareja de recién
enamorados, pero también como una pareja casada desde hacía mucho
tiempo. Mirando el cielo despejado, Joel deseó que pudieran ser felices
así para siempre.
***
Regresando al palacio, el príncipe heredero le rogó que durmiera la
siesta con él, pero desafortunadamente, no pudo cumplir su petición. Tan
pronto como entró en el palacio del príncipe, recibió un mensaje de que
Félix había llegado a la capital y estaba esperando en la sala de descanso.
Con el príncipe heredero pisándole los talones, se dirigió a la sala de
descanso.
Antes de entrar en la sala donde esperaba Félix, Joel no olvidó ordenar
a Becky que fuera al ducado de Melphis y trajera a Benjamín. Joel ya
sentía su corazón latir con emoción al pensar en la alegría de Benjamín al
ver el regalo que había preparado. Se arrepentía de haber atormentado a
su único amigo en el pasado por celos y quería tratarlo muy bien en el
futuro.
—Oh, y no le digas a Ben sobre que Félix lo está esperando. Solo dile
que preparé un regalo especial.
Joel agregó con una sonrisa traviesa.
Becky se apresuró a cumplir la orden y Joel entró en la sala de
descanso junto con el príncipe. Al abrir la puerta, Félix, que ya estaba
arrodillado en el suelo, los saludó inclinando la cabeza hasta casi tocar el
suelo con la frente.
—Saludo a Su Alteza, el Príncipe Heredero.
La cara de Félix, a quien no veía desde hacía mucho tiempo, estaba
visiblemente demacrada. Su piel, expuesta fuera de la ropa, estaba llena
de cicatrices. Joel, que solía recibir azotes del conde Lucas a diario,
reconoció al instante que eran cicatrices de látigo.
—Su Alteza, le agradezco infinitamente que me haya salvado de la
muerte.
—Agradécele a Joel. Si no hubiera sido porque Joel me rogó que te
salvara, habría olvidado por completo tu asunto.
El príncipe heredero miró con desdén a Félix, quien estaba
interrumpiendo su precioso tiempo a solas. A pesar de ello, no olvidó
reconocer los méritos de Joel. Félix se volvió hacia Joel y le agradeció,
golpeando su frente repetidamente contra el suelo.
—Señor, muchas gracias. No sé cómo agradecerle esta gracia... Le
serviré con toda mi lealtad a partir de ahora.
—Bueno...
Joel se rascó la cabeza, avergonzado. Honestamente, nunca había
imaginado que un día recibiría agradecimiento de Félix. Era increíble ver
a Félix arrodillado ante él, inclinando la cabeza.
Sacudiendo la cabeza para despejar sus pensamientos, Joel ayudó a
Félix a levantarse.
—Levántate. Parece que el duque te ha tratado muy mal.
Cuando Joel extendió la mano para tocar la mejilla de Félix, que tenía
una cicatriz, el príncipe, que había estado observando la situación con los
brazos cruzados, intervino de repente.
—Basta, hasta ahí.
El príncipe tomó la mano de Joel y entrelazó sus dedos. Luego, miró a
Félix con desdén y le dijo a Joel con firmeza: —Tocarle la mejilla es un
contacto demasiado íntimo. Ten más decoro.
A pesar de exigir decoro, el príncipe no podía ocultar su expresión de
celos. Joel se sorprendió por el comportamiento infantil del príncipe
heredero, pero Félix, quien había sido testigo de muchos de los caprichos
del príncipe heredero durante su visita a la finca de Sir Bennet,
rápidamente inclinó la cabeza.
—Es natural que el duque se enoje conmigo. Señor Joel, muchas
gracias por salvarme la vida. Por cierto, Su Alteza y usted acaban de
terminar una mañana ocupada y deben estar muy cansados, así que creo
que debería retirarme.
Félix, que era muy perspicaz, intentó retirarse, pero Joel lo detuvo.
—No, espera. Todavía no te he dado el 'regalo' que tengo.
—¿Un... regalo?
—Sí, ¿no tienes curiosidad por saber qué preparé?
Por supuesto, a Félix no le interesaba mucho el regalo y tampoco tenía
tiempo para ello. Solo quería escapar de la mirada hostil del príncipe
heredero lo antes posible. Sin embargo, no podía decirle a Joel
honestamente: —No, no quiero ningún regalo, así que déjame ir—. Félix
miró al príncipe heredero y dijo con resignación: —Soy indigno de
recibir un regalo de usted, señor Joel. Su gracia es tan inmensa como el
océano.
—Está bien, Félix. No puedo decirte qué es el regalo, pero te aseguro
que te gustará. Así que siéntate aquí y espera un regalo muy especial...
—Por cierto, vi que te gustan los duraznos. Le pedí al cocinero que
preparara un postre especial con duraznos para la merienda. ¿Quieres
probarlo?
Cuando Joel siguió hablando solo con Félix, el príncipe heredero
interrumpió a Joel y lo arrastró hacia la mesa de postres que estaba
preparada en un rincón de la sala de descanso. Joel se zafó de él y dijo:
—Ah, sí, en un momento.
—Oye, ¿no crees que estás de pie demasiado tiempo? Te dolerán las
piernas, así que siéntate.
El príncipe siguió molestando a Joel y, al final, Joel se rindió. El
príncipe llevó a Joel a un sofá mullido y colocó un cojín en su espalda.
—En serio, ¿cómo puedes ser tan celoso? ¿Cómo entonces me
arreglaste un matrimonio?
Joel le dijo airadamente al príncipe heredero. Se había olvidado por
completo de un incidente del pasado debido a las molestias del príncipe
heredero. Al mencionar casualmente el asunto, Joel se sintió amargado al
recordar lo infeliz que había sido en su vida pasada.
—¿Eh?
El príncipe se quedó perplejo por un momento, pero luego se dio
cuenta de lo que Joel quería decir. Joel se refería al hecho de que el
príncipe heredero lo había casado con un noble treinta y cinco años
mayor que él. Al ver las lágrimas en los ojos de Joel, el príncipe heredero
se arrodilló rápidamente frente a él.
—Lo siento mucho. Pero en realidad, ese matrimonio fue un acuerdo
falso con el duque Julián.
—¿Qué?
Joel abrió los ojos sorprendido. El príncipe heredero continuó
explicando: —Le pedí al duque que no te tocara y que no se molestara si
yo quería tener una relación contigo en el futuro. Sé que fue una acción
muy baja y despreciable, pero no podía soportar la idea de que te casaras
con otra persona...
Al escuchar la explicación del príncipe, Joel se sintió un poco aliviado.
Se sentía consolado al saber que el príncipe heredero todavía tenía
sentimientos por él, incluso en su vida pasada. Sin embargo, cuando
recordó que su ex esposo tenía treinta y cinco años más que él, volvió a
ponerse rojo.
Capítulo 121
Cuando recordó el momento en que estaba a punto de morir en la
nieve, Joel se sintió abrumado por una inmensa tristeza. Por supuesto,
sabía que no estaba en posición de reclamarle nada al príncipe heredero,
ya que en el pasado había conspirado con su padre adoptivo para fingir
un embarazo. Sin embargo...
—Está bien, puedo aceptar eso. Pero no era necesario que mi marido
fuera un anciano treinta y cinco años mayor que yo. Quiero decir, ¿por
qué tuviste que ser tan cruel conmigo?
Incluso así, el príncipe heredero había sido demasiado cruel con él en
el pasado. Joel preguntó entre sollozos:
—¿Me odiabas y me resentías tanto? ¿Tanto como para castigarme con
un castigo peor que la muerte?
Ante la pregunta de Joel, el príncipe negó con la cabeza
apresuradamente. Era cierto que había resentido a Joel, pero juraba por
Dios que nunca tuvo la intención de hacerle sufrir más que la muerte ni
de convertirlo en un objeto de burla. El príncipe trató de calmar a Joel y
dijo:
—Joel, no es así en absoluto. Solo que pensé que si te emparejaba con
alguien tan inadecuado... tal vez no te enamorarías de él...
—¿Qué?
Joel se detuvo de golpe, limpiándose las lágrimas, ante una respuesta
tan inesperada.
—Sí, así es. Estabas destrozado y vulnerable después de la ruptura.
Pensé que si te emparejaba con alguien que no fuera tan malo, podrías
enamorarte de él. ¿Y si te enamorabas de él y me dejabas aquí solo en la
capital?
Joel escuchó la explicación del príncipe con incredulidad. Por
supuesto, no podía creer fácilmente esas tonterías. Pero cuando recordó
que el príncipe heredero había dado su vida por salvarlo, empezó a
pensar que podría ser cierto.
El hecho de que lo hubiera abandonado como si nunca lo volviera a
ver y aún así se preocupara por él lo conmovió profundamente. Joel se
sintió tan atónito que incluso dejó de llorar.
—Siempre has sido el único para mí. Así que deja de llorar. Tienes un
bebé dentro de ti, y si sigues así, te harás daño...
Joel trató de dejar de llorar siguiendo las palabras del príncipe
heredero, pero de repente se dio cuenta de algo.
Espera un momento. ¿Eso significaba que el príncipe heredero lo
había convertido en su amante sin siquiera preguntarle?
Joel se sintió molesto al ver que el príncipe heredero daba por sentado
sus sentimientos.
¿Cómo podía estar tan seguro de que él seguiría enamorado de él?
Joel levantó la voz para regañar al príncipe heredero.
—Espera, ¿entonces crees que hiciste lo correcto?
...Y honestamente, si no hubiera muerto en la nieve, probablemente
habría aceptado la decisión del príncipe en el pasado. Por eso, se sentía
aún más frustrado. Joel estaba tan enojado que olvidó por completo a
Félix, quien estaba parado torpemente en una esquina.
Mientras tanto, Félix, que no sabía nada de lo que estaba pasando,
estaba tratando de desaparecer lo más posible para no molestar a los —
presentes importantes—.
—¡Por supuesto que no! Me equivoqué mucho. Haré lo que sea para
compensarte. Puedes golpearme e insultarme todo lo que quieras.
El príncipe heredero se arrodilló y comenzó a suplicar.
—Joel, no te creí y te traté como a un enemigo. No tengo excusa. Si
puedes perdonarme, haré lo que sea.
La súplica del príncipe continuó durante un rato más, y Joel se sentó
en el reposabrazos del sofá, observando con desdén cómo el príncipe
heredero se humillaba.
Al ver al príncipe heredero, que siempre había sido tan arrogante,
rebajándose y suplicando, Joel comenzó a sentirse un poco mejor.
Pensando que ya era suficiente, Joel sonrió astutamente.
—¿De verdad harás lo que te pida?
Cuando preguntó con una voz arrogante, el príncipe heredero asintió
servilmente.
—Sí, sí. Lo juro por el honor de la familia real y por mi amor hacia ti.
Haré lo que me pidas.
—Entonces...
Joel hizo esperar al príncipe durante un rato. —
—Entonces... ¿qué? ¿qué?
El príncipe heredero insistió repetidamente, y finalmente Joel abrió la
boca.
—Entonces, hasta que nos casemos, dormiremos en habitaciones
separadas.
Había estado preocupada porque el príncipe heredero siempre estaba
tocando su cuerpo y mordiendo su cuello por la noche, así que esta era
una buena oportunidad. De hecho, el príncipe incluso se había acostado
con él mientras dormía. Al escuchar la condición de Joel, el príncipe
palideció.
—Eso... eso es...
—Dijiste que harías lo que te pidiera. Juraste por el honor de la familia
real y por tu amor hacia mí, así que lo cumplirás, ¿verdad? Entonces, a
partir de hoy dormiré en otra habitación.
—Joel...
El príncipe heredero comenzó a llorar y rogó a Joel que lo golpeara o
lo insultara. Por supuesto, Joel no hizo caso de sus súplicas. Dañar la
hermosa cara del príncipe sería una pérdida para él. Bostezando
exageradamente, Joel ordenó al príncipe heredero como si fuera un
sirviente: —Cállate y tráeme ese postre de durazno que preparaste.
Dado que era una orden de la persona que más amaba, el príncipe no
tuvo más remedio que obedecer. Félix, que había estado escondido en
una esquina, se ofreció a traer el postre, pero el príncipe heredero lo
detuvo y se dirigió a la mesa de postres.
El príncipe heredero iba y venía entre la mesa de postres y donde
estaba sentado Joel, sirviéndole bocadillos y limpiándole las migas de los
labios con un pañuelo. Mientras tanto, trató desesperadamente de
reconquistar a Joel.
—Joel, lo siento mucho por lo que pasó en el pasado. Pero piensa en
nuestro hijo. Un padre debe estar cerca de su hijo para fortalecer su
vínculo, y según los estudios, la exposición prolongada a las feromonas
durante el sueño tiene un efecto positivo en el feto...
—No, el pastel que está al lado. Sí, córtalo por la mitad.
—Ah, ya veo. Bueno, Joel, entiendo que estés molesto conmigo, pero
tu petición es demasiado...
—Tengo sed. Tráeme también una taza de té mientras vienes.
Por supuesto, no parecía que Joel tuviera intención de retractarse de su
condición. Ya acostumbrado a los extravagantes servicios del príncipe
heredero, Joel ignoró las tonterías que este decía y simplemente aceptó el
pastel y las galletas que le ofrecía.
En realidad, la decisión de dormir en habitaciones separadas no era
agradable para Joel. Le encantaba dormir con el príncipe. Sin embargo,
como el príncipe heredero siempre intentaba marcarlo, tomó esta difícil
decisión para proteger el prestigio del príncipe heredero. Además, era
más apropiado que durmieran en habitaciones separadas según las
normas.
Justo cuando Joel había terminado de comer y estaba acariciando su
estómago lleno, un sirviente anunció desde la puerta:
—Su Alteza, príncipe heredero, señor Joel, el señor Benjamín ha
llegado.
Al escuchar las palabras del sirviente, Félix, que había estado parado
como una estatua en una esquina, respiró hondo.
De hecho, Félix estaba empezando a resentirse de Joel. El príncipe
heredero se comportaba de manera descarada, y Joel no lo dejaba ir por
su —regalo especial—. Pero tan pronto como se dio cuenta de cuál era el
—regalo especial— de Joel, su resentimiento desapareció al instante.
—Hazlo entrar.
Joel le ordenó al sirviente y le sonrió a Félix, quien tenía los ojos muy
abiertos.
—Joel, ¿qué regalo especial es ese...?
Benjamín, que caminaba con una expresión pálida, se detuvo en seco
al ver a Félix parado en una esquina. Abrió los ojos con incredulidad.
Joel habló amablemente con su único amigo, Benjamín.
—¿Qué te parece mi regalo? ¿Te gusta?
—Joel...
Benjamín no pudo decir nada más, pero Joel sabía que a Benjamín le
encantaría su regalo. Si no lo hubiera traído, Félix habría muerto en la
cárcel.
Joel dijo con orgullo:
—Después de escuchar tu historia, hice un trato con tu padre para que
este chico fuera mi guardaespaldas. No podía dejarlo morir después de
todo el tiempo que pasamos juntos. Espero que me entiendas.
Los ojos de Benjamín se llenaron de lágrimas ante las palabras de Joel.
Joel decidió darles a Benjamín y Félix un tiempo a solas. Quería
ayudarlos a ponerse al día, pero como el palacio era un lugar donde no se
podían guardar secretos, solo pudo darles unos diez minutos. Benjamín
agradeció mucho la consideración de Joel y se retiró a una habitación
secreta con Félix.
Capítulo 122
Al salir, Benjamín tenía los ojos rojos. Félix, que lo seguía, también
tenía un rostro sombrío. Sin embargo, el ambiente sombrío no duró
mucho, ya que Joel, de repente, intentó quitarle la camisa a Félix para
examinar sus heridas.
—P-pero, señor. No, amo. Estoy bien de verdad.
—Basta, quítatelo rápido. Está claro que estás herido. Además, ¿no te
curaron bien esa quemadura?
Félix hizo todo lo posible por proteger su camisa, pero Joel, que lo
agarraba de las mangas, era muy terco. Después de una breve lucha, Joel
finalmente rasgó la camisa de Félix.
—¡Ah! ¡S-señor! ¡Amo! ¿Qué está haciendo?
—Quédate quieto.
Las manos de Joel eran rápidas y la camisa de Félix se convirtió
rápidamente en pedazos. Cuando Joel intentó quitarle los pantalones a
Félix, el príncipe heredero y Benjamín, que habían estado observando a
Joel, intervinieron para detenerlo. Joel tuvo que conformarse con quitarle
solo la camisa a Félix.
—Dios mío, amo. Si me odia, ¡podría golpearme!
Félix, que de repente se quedó desnudo a plena luz del día, se cubrió el
pecho con las manos, avergonzado. Joel lo desestimó diciendo: —¿Qué
tontería es esa? ¿Por qué te golpearía?—. Luego le ordenó a Robert, que
ya estaba esperando, que examinara a Félix.
Mientras Joel observaba cómo trataban a Félix, el príncipe heredero y
Benjamín conversaron en voz baja.
—Espera, pero ese amigo tuyo, Robert, ¿no es ginecólogo?
—Sí, pero vi cómo trataba a Félix en la finca del conde Grey, y es muy
bueno.
—Claro, como médico de palacio, debe tener habilidades básicas. Pero
ahora no son los únicos médicos que tenemos, ¿por qué recurrir
específicamente a un ginecólogo?
—Supongo que Joel tiene sus razones, Su Alteza.
Aunque Benjamín defendió a Joel, en realidad pensaba que sería más
apropiado llevar a Félix a un médico más especializado en el cuidado de
la piel. El estado de Félix, revelado por primera vez bajo la luz del día,
era bastante grave. Sin embargo, estaba tan intimidado por la actitud de
Joel que, al igual que el príncipe heredero, no se atrevió a contradecirlo.
Más importante aún, Benjamín tenía algo importante que decirle a
Joel. Benjamín se acercó a Joel y lo tomó suavemente del brazo.
—Joel, ¿podemos hablar un momento?
—Adelante.
Joel respondió, pero parecía reacio a dejar el lugar. Al ver que Joel
seguía mirando el reloj, Benjamín se dio cuenta de que tenía algo en
mente. Esperó a que Joel estuviera listo.
—Bueno, sobre esto... Gracias por todo. Has estado muy ocupado
adaptándote a la vida en el palacio...
Joel respondió con orgullo: —De nada. Después de todo lo que te hice,
era lo menos que podía hacer.
Joel pensó que Benjamín había terminado y estaba a punto de irse,
pero la expresión de Benjamín seguía siendo incómoda. Al darse cuenta
de que Benjamín todavía tenía algo más que decir, Joel esperó.
Benjamín, después de dudar mucho, finalmente abrió la boca.
—Recuerdas que una vez me dijiste que mi plan tenía un gran defecto.
En ese momento lo negué, pero ahora veo que tenías toda la razón.
Benjamín bajó la voz para que los demás no pudieran oírlo.
—¿Qué quieres decir?
—Dijiste esto antes. ¿Te acuerdas de aquella noche que acampamos
cuando fuimos a la finca de Sir Bennet? ¿…No recuerdas esa noche?
—...Ah.
Joel se dio cuenta de lo que Benjamín quería decir. Benjamín se refería
a la primera vez que descubrió la relación de él con Félix. Joel recordó
que aquella noche había visto a través del plan secreto de Benjamín —es
decir, su plan de encerrarse en un castillo remoto con su amante después
de fingir una decepción amorosa por el príncipe heredero— y le había
dado un duro consejo sobre su ingenuidad. Joel sonrió amargamente.
—Sí, es cierto. Te dije que si tus padres se enteraban, eliminarían a
Félix. Ahora admites que tenía razón.
—Sí.
Benjamín asintió con la cabeza avergonzado. En ese momento, no
quería creer que sus padres fueran tan crueles, por lo que había negado
las palabras de Joel, pero ahora no podía negar que Joel tenía razón.
—Después de casi perder a Félix, me di cuenta. No tenía miedo al
ridículo de la sociedad. Lo que realmente temía era no poder volver a
verlo.
Joel asintió con la cabeza ante las palabras de Benjamín. Él también
había experimentado la desesperación de querer ver al príncipe heredero
una vez más antes de morir en la nieve, por lo que entendía
perfectamente lo que sentía Benjamín.
—Y por eso... Joel, quiero pedirte un favor.
—¿Cuál?
Benjamín se calló de repente. Joel trató de animarlo a que continuara,
pero cuando vio los ojos decididos de su amigo, se dio cuenta de lo que
iba a pedir.
—Benjamín, ¿estás...?
—Sí, he decidido escapar.
Joel miró a Benjamín con asombro. Aunque le había sugerido que se
escaparan juntos, nunca pensó que Benjamín realmente se atrevería a
abandonar a su familia y a su hogar para estar con su amante.
—¿En serio?
—Sí. Después de pensarlo mucho, he tomado esta decisión. Quiero
llevarme a Félix y salir de la capital. No puedo casarme con nadie más.
Benjamín continuó explicando que estaba siendo vigilado y que no
tenía ningún poder económico, por lo que no podía escapar solo.
—Así que, Joel, por favor, ayúdame a cruzar la frontera con Félix.
Cuando Benjamín le hizo esta súplica, Joel negó con la cabeza.
Aunque en el pasado había considerado la posibilidad de escapar,
después de tres meses de huida, se había dado cuenta de lo difícil que era
la vida de un fugitivo y no podía recomendarle a Benjamín que hiciera lo
mismo.
—Benjamín, piénsalo bien. La vida de un fugitivo no es fácil.
—Ya lo he pensado mucho. Quiero la libertad, incluso si tengo que
pasar por dificultades.
Benjamín estaba decidido y Joel no pudo hacer nada para cambiarlo.
—Está bien, si eso es lo que quieres, hablaré con el príncipe heredero
y buscaré un lugar adecuado para que puedas escapar. Pero piénsalo bien
una vez más. Si te vas de la capital, nunca podrás volver... ¡Félix! ¡No te
pongas la ropa todavía!
Joel, que estaba hablando en voz baja con Benjamín, levantó la voz
hacia Félix. Félix, que estaba tratando de ponerse la camisa rota, miró a
Joel con incertidumbre.
—¿Sí? Pero amo, ya terminé de curarme...
—No, quédate así.
—¿Hasta cuándo?
—Hasta que te lo permita.
—Pero, amo...
Ignorando a Félix, que parecía incómodo, Joel volvió a mirar a
Benjamín. Justo cuando iba a discutir los planes futuros con él, la puerta
de la sala de estar se abrió de golpe.
—Benjamín, te dije que no salieras de la mansión sin permiso, ¿qué
estás haciendo aquí?
La que había irrumpido en la sala de estar del palacio del príncipe
heredero era la duquesa de Melphis, la madre de Benjamín. Tanto Félix
como Benjamín, e incluso el príncipe heredero, se sorprendieron por su
repentina aparición.
La duquesa, que había entrado en la habitación con una expresión
feroz, se dio la vuelta al ver el torso desnudo de Félix.
—¡Ay, cielos! ¡Qué vergüenza a plena luz del día!
La duquesa abanicó su mano con incredulidad. Mientras todos estaban
atónitos, solo Joel permaneció tranquilo. 'Finalmente llegó', pensó para sí
mismo con alegría.
Joel se relajó en el sofá.
Capítulo 123
—En realidad, tenía algo importante que decirle a usted, mi señora.
Qué bien que haya venido. Tome asiento. Félix, tú puedes quedarte así,
no te pongas ropa.
Joel, con una actitud digna de un príncipe, le ofreció un asiento a la
duquesa, como si él fuera el dueño del palacio. Aunque Joel aún no había
recibido el reconocimiento del emperador, no había motivo para tratarlo
como un miembro de la familia real, pero la duquesa, cautivada por la
naturalidad descarada de Joel, se dejó llevar por su indicación y se sentó
en el lugar que él le señaló.
—Su Alteza, venga por favor. Ben, tú también siéntate.
Joel también invitó a sentarse al príncipe y a Benjamín.
En realidad, desde el momento en que invitó a Ben al palacio, Joel ya
había previsto que la duquesa llegaría pronto. Era imposible organizar un
encuentro secreto entre Benjamín y Félix sin la vigilancia estricta del
duque y la duquesa de Melphis.
La duquesa parecía sospechar que Joel había organizado el encuentro
entre Benjamín y Félix con la intención de arruinar la reputación de su
tranquilo hijo. Le dirigió a Joel una mirada llena de reproche. Él le
respondió con una sonrisa suave.
—Mi señora, ¿ve usted las cicatrices de quemaduras en el cuerpo de
mi guardaespaldas?
Joel señaló a Félix y la duquesa siguió su mirada. Al ver las horribles
cicatrices de quemaduras en la espalda y los brazos de Félix, se quedó
petrificada, sorprendida.
Esto también era parte del plan de Joel. El tímido Benjamín no habría
contado la historia de Félix a sus padres, y el torpe y grandullón Félix
jamás se habría atribuido el mérito de sus acciones. Por lo tanto, era
lógico que el duque y la duquesa no supieran cómo Félix, tan leal, había
salvado a Benjamín.
Joel tenía la intención de convencer a la duquesa por el bien de su
amigo. Podría ser una intromisión innecesaria, pero Joel sabía que
Benjamín no estaba preparado para romper con sus padres y vivir solo.
Por lo tanto, necesitaba, al menos, el apoyo de su madre para que él
también pudiera liberarse de la carga y ser feliz.
Joel pensó que si la mamá de Benjamín era bondadoso y dulce como
su hijo, no sería tan difícil obtener su comprensión. Y tal vez, con un
poco de persuasión, podría conseguir que la duquesa aceptara el deseo de
ellos de vivir recluidos en el castillo con Félix... pero eso parecía poco
probable. Ni siquiera el inocente Joel creía que fuera posible.
—¿Sabe usted, mi señora, cómo se produjeron estas terribles heridas?
—No lo sé...
La duquesa respondió con frialdad a la pregunta de Joel, pero sus ojos
parecían anticipar lo que él iba a decir.
—Su Alteza, temeroso por el honor de mi padre, ha ordenado el
silencio sobre el asunto, pero para explicar estas heridas, no puedo evitar
mencionarlo. En realidad, fuimos atacados mientras viajábamos a la
finca de Sir Bennet.
—¿Atacados... ?
La duquesa pareció dudar de lo que estaba escuchando. Le era difícil
creer que el ataque contra el príncipe no hubiera trascendido al público.
—Sí. Los habitantes del territorio, cegados por el embrujo del
demonio, nos atacaron en plena noche, incendiaron nuestras tiendas y
blandieron sus espadas.
La duquesa no parecía creer su relato, así que Joel se apartó el cabello
de la frente para mostrar la cicatriz que le atravesaba la frente. Solo
entonces la duquesa pareció creerle. Con preocupación, se volvió hacia
su hijo:
—Ben, ¿estás bien? ¿No te has hecho daño?
—Benjamín está bien. La tienda donde dormía se incendió y estuvo a
punto de morir en las llamas, pero afortunadamente, Félix se lanzó al
fuego sin dudar, arriesgando su propia vida. Todos vimos cómo se
adentró en la tienda envuelta en llamas, sin vacilar, incluso Su Alteza el
Príncipe lo vio. ¿Qué le parece, señora? ¿No es admirable la lealtad de
Félix?
Después de la explicación de Joel, salpicada de una pizca de
fanfarronería y exageración, la mirada hostil de la duquesa se suavizó un
poco.
Joel esperaba poder convencer a la duquesa sobre la relación entre
Benjamín y Félix, pero era un deseo demasiado ambicioso. En un
instante, la duquesa recuperó su mirada severa y, con voz gélida, le
preguntó a Joel:
—¿Y qué? Conde, mi esposo y yo recogimos a ese chico, que vivía sin
hogar ni padres, y lo hemos cuidado durante veinte años sin que le falte
nada. ¿No debería, entonces, mostrar ese tipo de lealtad a su amo? No
entiendo por qué me cuenta todo esto, conde.
Ella lo fulminó con una mirada llena de veneno, como si estuviera
acusando a Félix, un demonio astuto y licencioso, de seducir a su
inocente hijo. Félix, avergonzado, agachó la cabeza, y la mirada de
reproche de la duquesa volvió a posarse en Joel.
—Ah, claro que no funcionará—, pensó Joel con decepción. Había
esperado que la bondadosa madre de Benjamín se conmoviera, pero,
claro, era imposible convencerla con estos trucos tan simples.
—Señora, no lo sabe, pero hoy en día la libertad de elegir pareja está
de moda entre los jóvenes.
—¿Usted, conde, habría sido capaz de amar 'libremente' si su pareja no
fuera un príncipe, sino un indigente errante por las calles?
La duquesa preguntó, disgustada. Su paciencia se agotaba con la
insistencia de Joel en emparejar a su preciado hijo con un simple
caballero de la guardia.
—Claro que sí.
Pero Joel, lejos de sucumbir a la provocación de la duquesa, asintió
con la cabeza sin dudar. Incluso pareció desconcertado por su pregunta.
Porque Joel sentía de verdad que habría amado a Carlyle incluso si
hubiera sido un indigente errante por las calles.
Habría amado a Carlyle incluso si hubiera sido treinta y cinco años
mayor, incluso cincuenta años mayor. La duquesa atribuyó la reacción de
Joel a una adulación hacia el príncipe, pero el príncipe, que comprendía
la sinceridad de Joel, se sonrojó.
—Joel... ya casi termina la hora del té, me voy con mi madre. Perdón
por la interrupción.
Al notar la creciente tensión en la atmósfera, Benjamín, que observaba
la escena con inquietud, intentó mediar entre Joel y su madre. Pero Joel,
frustrado por la intransigencia de la duquesa, se mantuvo firme y,
desechando las súplicas de Benjamín, elevó la voz:
—Señora, esto es demasiado. Usted tiene otros dos hijos, ¿no podría
dejar que uno de ellos sea libre?
—Yo, por supuesto, apoyo la libertad de los jóvenes para elegir a su
pareja. Pero en el caso de mi hijo es diferente. Mi hijo es demasiado
joven e inocente para el amor libre.
—Pero Ben ama de verdad a Félix....
—¡Conde!
La duquesa, sin poder contenerse, se levantó de golpe. ¿Qué podía ser
más insultante que permitir que se divulgara que su hijo se había
enamorado de un simple sirviente?
—Ejem.
La duquesa, que apretaba su vestido con manos temblorosas mientras
fulminaba a Joel con la mirada, recuperó por fin la compostura al oír la
tos del príncipe. Pero si el príncipe no hubiera estado presente y si Joel
no hubiera estado embarazado del heredero, ella le habría abofeteado.
—Conde, mi hijo ya ha llegado a la edad de casarse. Así que por favor,
le ruego de corazón que tenga cuidado con sus palabras. Si se difunde un
escándalo en este momento crucial, afectará el matrimonio de mi hijo.
La duquesa cortó las palabras de Joel antes de que pudiera
pronunciarlas. —Y...
—Sé bien la larga relación que existe entre usted y mi hijo. Ya ha
conseguido lo que quería, ¿por qué sigue empeñado en manchar la
reputación de nuestro pobre Benjamín? Ya no puedo soportar más sus
despropósitos.
La duquesa acusó a Joel, insinuando que ya que había logrado
conquistar al príncipe, no tenía necesidad de seguir atormentando a su
hijo. A pesar de estar en presencia del príncipe, no pudo controlar su ira y
finalmente la dejó aflorar.
Su reacción hacia la propuesta de Joel era una ofensa terrible, y Joel
comprendió por fin el significado de las palabras de Benjamín sobre huir.
—Señora, creo que está exagerando.
El príncipe, incapaz de contener su disgusto, intervino. Aunque
prefería dejar que Joel resolviera la situación por sí mismo, las palabras
de la duquesa habían sido demasiado.
Joel tomó la mano del príncipe y negó con la cabeza. Era su error. Su
intención inicial era intentar persuadirla con amabilidad y retirarse si no
lo lograba, pero la testarudez de la duquesa lo había llevado a actuar de
impulso. Joel comprendía la situación de la duquesa, que había perdido
la cabeza por el problema de su hijo.
Aprovechando la pausa que se produjo tras la intervención del
príncipe, Benjamín arrastró a su madre, que estaba a punto de soltar un
nuevo torrente de improperios, fuera de la sala. Aunque no había logrado
convencer a la duquesa, no había sido del todo en vano.
En el palacio no existían los secretos, y la duquesa se habría enterado
del encuentro entre Benjamín y Félix. Si se enteraba más tarde de que se
habían reunido en el palacio del príncipe, seguro lo reprendería con
dureza. Joel había dejado claro a la duquesa que no era un encuentro a
solas, sino que el príncipe y él mismo habían estado presentes.
Justo antes de que la puerta se cerrara, Benjamín le susurró a Joel con
los labios:
—Gracias.
Los ojos de Benjamín se posaron en Félix con un dejo de nostalgia,
pero él también entendía que era lo mejor. Joel se consoló pensando que
había aliviado las tribulaciones de Benjamín y, conmovido por su buen
amigo, dejó escapar un profundo suspiro.
Capítulo 124
El baile de la condesa de Scott se acercaba. Joel había pasado toda la
semana dándole vueltas a la cabeza sobre qué hablar con Aaron en el
baile, cómo acercarse a él. Pero incluso cuando se dirigía a la mansión de
la condesa de Scott en el carruaje con el príncipe, no había encontrado la
respuesta.
Cuando el carruaje llegó a la mansión, Félix abrió la puerta.
—Mi señor, tenga cuidado.
El comportamiento de Félix hacia Joel era extremadamente cuidadoso.
Desde que Joel le salvó la vida, Félix había dejado de lado su arrogancia
y servía a Joel con lealtad. En realidad, la hostilidad de Félix se debía a
su lealtad hacia Benjamín, y una vez que se dio cuenta de que Joel quería
a Benjamín, no tenía motivos para seguir siendo hostil con él.
—No te preocupes.
Joel, molesto por la preocupación de Félix, hizo un gesto con la mano.
Quería saltar del carruaje, pero su embarazo le impedía incluso
levantarse. Cuando fijó la mirada en el príncipe, que ya había bajado del
carruaje, éste extendió los brazos con premura.
—Oh, querido. Déjate ayudar por mí.
La verdad es que Joel no estaba tan incómodo como para no poder
bajar del carruaje por sí mismo, pero no iba a perder la oportunidad de
ser mimado por el príncipe. Como era ya entrada la noche y no había
nadie mirando, no tenía que preocuparse de que lo criticaran, así que se
dejó llevar por los brazos del príncipe. Él lo abrazó con cuidado y lo bajó
al suelo.
—Hemos llegado dos horas tarde...
Joel miró al cielo donde brillaba la luna y murmuró con nerviosismo.
El príncipe había retrasado la salida sin un motivo aparente, haciendo
que llegaran a la mansión del conde mucho más tarde de lo que indicaba
la invitación.
—¿Qué vamos a hacer? Por tu culpa me van a regañar.
Joel, en señal de protesta, frunció los labios. El príncipe le plantó un
beso en esos labios carnosos, que sobresalían como el pico de un
polluelo. Mientras envolvía su brazo alrededor de la cintura de Joel,
quien estaba aturdido por la sorpresa, dijo:
—Bueno, si alguien se atreve a cuestionar esto, utilizaremos el poder
del imperio.
—...Usted quiere que me aíslen completamente de la sociedad.
—No seas tonto.
A diferencia de Joel, que estaba preocupado por el distanciamiento con
Aaron Scott, el príncipe actuaba con una serenidad irritante. Joel le
preguntó de nuevo por qué había perdido el tiempo si no tenía ningún
otro asunto, pero el príncipe solo se limitó a responder con evasivas,
diciendo que era una decisión tomada en función de cálculos políticos.
—Hablando de eso, ¿Benjamín asistirá al baile?
El príncipe, que iba camino de la mansión con Joel, preguntó como si
acabara de acordarse.
—Supongo que no.
Joel negó con la cabeza. La duquesa controlaba a Benjamín con tanta
energía que, desde su breve encuentro en la sala de descanso hace una
semana, Joel no había vuelto a verlo.
Joel podía sentir que Félix, que iba detrás de ellos en silencio, estaba
atento a su conversación. La verdad es que Joel no le había contado nada
a Félix sobre los planes de Benjamín. Si el plan de fuga de Benjamín
llegaba a oídos de Félix, este tonto no sería de ayuda, sino que más bien
sería un obstáculo, así que Joel no tenía más remedio. Ahora mismo, Joel
tenía muchas otras cosas que hacer y no podía permitirse el lujo de
persuadir a Félix y pedirle ayuda.
—He mandado a Becky a investigar, y parece que Benjamín está
bastante controlado. Dice que no puede dar un paso fuera de la casa sin
el permiso de la duquesa.
Joel le contó al príncipe las novedades sobre Benjamín que había
averiguado a través de Becky y Rob. Según lo que habían informado, la
duquesa organizaba fiestas grandes y pequeñas en la mansión todos los
días, obligando a Benjamín a bailar o tomar el té con los pretendientes
que ella elegía. Además, elegía bailes a los que no asistía Joel y lo
llevaba con ella, buscando activamente una pareja para él.
Antes de que Félix llegara a la capital, no había presionado tanto a
Benjamín, pero si seguía así, lo más probable es que se anunciara la boda
de Benjamín de repente. A Joel le apretaba el corazón cada vez que
pensaba en él.
Por suerte, un familiar de Benjamín en el extranjero le había ofrecido
un lugar donde refugiarse, así que Joel estaba esperando su respuesta
final. Si no surgían problemas, Benjamín podría abandonar la capital en
diez días. Joel se estaba esforzando por preparar su huida para que no
sufriera la misma calamidad que él durante su escapada.
Mientras tanto, Félix, que no tenía ni idea de todo esto, no podía
ocultar su rostro sombrío por la culpa que sentía al no saber cómo estaba
Benjamín.
Al llegar a la entrada de la mansión, un mayordomo, nervioso, los
recibió a Joel y al príncipe. Joel se arregló un poco la ropa y, junto al
príncipe, se dirigió a la gran sala de recepción donde se celebraba el
baile.
—Su Alteza el Príncipe y Sir Bennet han llegado.
El criado anunció su entrada con voz grave. Antes de que la puerta se
abriera, Joel respiró hondo para calmar sus nervios. Ya estaba bastante
acostumbrado a las formalidades, pero seguía sintiéndose nervioso al
salir en público.
—¿Joel?
Preocupado por él, el príncipe señaló su brazo, como invitándolo a
entrelazarlo. Joel negó con la cabeza. Mimarse con el príncipe solo era
posible cuando no había que preocuparse por las miradas indiscretas.
La puerta se abrió y, con la cabeza alta, Joel entró con paso firme en la
sala de recepción inundada de luz.
La condesa de Scott, siguiendo el protocolo, había retrasado el inicio
del baile para esperar al príncipe. Normalmente, recibir a la realeza era
un gran honor, pero cuando el príncipe anunció su asistencia al baile, ella
no pudo regocijarse del todo. Su baile semanal se había convertido en un
semillero de chismes relacionados con Joel.
Y su inquietud se confirmó cuando el príncipe llegó al baile con dos
horas de retraso. Era una advertencia silenciosa, no solo para ella, sino
para todos los presentes en el salón, de que no debían atreverse a desafiar
la autoridad de la familia imperial.
La llegada del príncipe dio vida a la fiesta. Mientras el príncipe
intercambiaba saludos protocolarios con la condesa de Scott, la anfitriona
del baile, Joel observaba a su alrededor con curiosidad.
Aunque no sea Aaron Scott, este es el ambiente perfecto para generar
rumores negativos sobre mí.
Esa era la breve impresión que tuvo Joel tras dar una vuelta por la sala
de recepción. Y no era para menos, todos los invitados del salón estaban
llenos de hostilidad hacia él.
En particular, todos los alumnos de la Academia Imperial que asistían
al baile eran fanáticos del idealismo y llevaban tres años enfrentándose a
él, al menos tres veces. Joel pensó que el tema del baile podría ser, en
realidad, —Hablar mal de Joel.
La nobleza, con su altanería, le dirigió a Joel miradas despectivas, pero
al príncipe que estaba a su lado lo miraban con ojos de admiración,
deseando tener el honor de hablar con él.
Por supuesto, el príncipe, que percibía el ambiente hostil en el salón,
solo les dirigió fríos desprecios. Solo saludó a la anfitriona y se alejó con
Joel hacia un rincón, apartando a los nobles que se acercaban con una
mirada gélida. Los nobles, descorazonados por su rechazo manifiesto, no
tuvieron más remedio que retirarse.
El príncipe recibió un refresco de limón de un sirviente y se lo ofreció
a Joel, murmurándole:
—Qué diligente eres. Toma, tienes sed.
Era irónico. El príncipe, mientras pisoteaba con arrogancia a los
nobles que ansiaban su atención, a la vez sentía una cierta empatía hacia
ellos. Desde hacía un rato, él también estaba siendo ignorado por
completo por la única persona cuyo interés buscaba: Joel.
— Ah… sí.
Joel asintió con la cabeza, como si le molestara la pregunta, y tomó la
limonada. En ese momento, no tenía tiempo para charlar con el príncipe.
La razón por la que había acudido al baile, Aaron Scott, no aparecía por
ningún lado.
¡Rayos, Fenida!'
Joel, mientras buscaba con la mirada entre la multitud estática,
encontró un rostro familiar.
Al elaborar la lista de invitados para el baile, la anfitriona solía incluir,
además de los nombres de políticos, artistas e intelectuales famosos,
también los de mujeres beta y omegas 'atractivas y hermosas'. Y esas
'atractivas y hermosas' mujeres, para ser más directos, eran, en realidad,
prostitutas de lujo para atender a la nobleza.
Penélope, una mujer de belleza singular, reinaba en la alta sociedad
como la más codiciada durante siete años. Sus encantos atraían a
incontables pretendientes, quienes competían por su favor, inundándola
con regalos opulentos y generosas ofertas de patrocinio. Incluso un
artista de alma noble sucumbió al amor imposible que profesaba por ella,
consumiéndose en una melancolía que le robó la vida.
El rencor de Joel, un hombre consumido por la envidia, era un secreto
a voces en los salones de la nobleza. Tres años atrás, en su debut en la
sociedad, acusó a Penélope de coquetear con el mismísimo príncipe
heredero, desencadenando una acalorada discusión ante la mirada atónita
de todos. Desde entonces, no perdió oportunidad para humillar y
menospreciar a la bella Penélope en público.
Sin embargo, un secreto yace oculto, conocido solo por el difunto
Conde Lucas, cuya ejecución fue un espectáculo macabro. La famosa
enemistad entre Joel y Penélope era un artificio, una farsa
cuidadosamente elaborada, un juego de apariencias.
Capítulo 125
En la noche en que se conocieron, Joel fue testigo de la aflicción de
Penélope en medio de la opulenta fiesta. Su corazón, sensible a la
desdicha, se conmovió, y de ese encuentro nació un vínculo silencioso,
profundo y secreto. Joel, que comprendía la sutil discriminación que
Penélope sufría por parte de la alta sociedad, la admiraba por su
capacidad de mantener la gracia aún en medio de la adversidad.
Si Penélope no se lo hubiera prohibido, Joel habría abrazado a la mujer
con la misma calidez y familiaridad que le ofrecía a todos. Pero
Penélope, con su agudo entendimiento del mundo, comprendía la
fragilidad de la reputación de Joel, producto de una sociedad que lo
rechazaba por su origen humilde. Era consciente de que una relación
cercana con ella, considerada una mujer de —mala reputación—, podría
arruinar su futuro, condenándolo a un ostracismo social aún más
profundo.
Por eso, Penélope fingió una enemistad que lo protegía, ocultando su
verdadero afecto. Aunque su comportamiento era frío y distante, ella
actuaba como su sombra protectora, desentrañando los complots que
tejían sus enemigos y guiándolo con sabiduría cuando la sombra del
príncipe heredero lo asediaba.
Al ver a Penélope, los ojos de Joel brillaron con alegría. La belleza de
la mujer lo cautivaba, su corazón latía con fervor. Pero Penélope, con una
rápida mirada, frunció el ceño, recordando la advertencia: —No vuelvas a
demostrar públicamente tu afecto, o te castigaré.
Joel, con un gesto aprendido, imitó el desprecio que Penélope le había
enseñado. Ella, a su vez, le respondió con una burla despectiva, una
carcajada sarcástica que resonó en la sala. Pero en un instante en que las
miradas se alejaban, Penélope le guiñó un ojo a Joel, un gesto fugaz que
solo ellos entendían.
La sola presencia de Penélope le brindaba a Joel una fortaleza que no
había conocido en los últimos tres años. Ya no estaba solo, enfrentando la
hostilidad de la alta sociedad. El príncipe, con su mirada severa, le
aseguraba su apoyo. Con Penélope a su lado y el príncipe protegiéndolo,
ya no había nada que temer. El miedo que lo había mantenido encogido
se disipó, y Joel enderezó los hombros, erguido y con la mirada
desafiante.
Finalmente, Joel encontró a Aaron, escondido en un rincón de la sala,
rodeado por una cohorte de fanáticos. Con el príncipe heredero a su lado,
se acercó a Aaron con paso decidido, una sonrisa triunfante dibujada en
su rostro. Aaron intentó huir, pero la mirada amenazante del príncipe lo
obligó a detenerse. El príncipe comprendía la aversión de Aaron hacia
Joel, un hombre que despreciaba por su humilde origen. En el pasado,
cuando Joel era un simple pupilo del Conde Lucas, Aaron se permitía
tratarlo con condescendencia, pero ahora, con el título de nobleza que
portaba, las jerarquías habían cambiado, y Aaron se veía obligado a
mostrarse respetuoso.
—¡Aaron! Te he estado buscando por todas partes.
—Ah… Sí, Joel.
Joel, con una cálida sonrisa, le tendió la mano a Aaron, quien la
estrechó con una expresión de incomodidad. Los invitados, conocedores
de la vieja rivalidad entre ambos, observaban con curiosidad esta inusual
reunión. Penélope, desde su rincón en la sala, contemplaba a Joel con
una mezcla de esperanza y ansiedad.
A diferencia de Aaron, quien anhelaba escapar del lugar, Joel se
regocijaba con el reencuentro. Con una sonrisa cálida, pronunció las
palabras que había preparado:
—Qué velada tan espléndida. La exquisita elección de la Condesa de
Scott siempre me ha fascinado, pero verla con mis propios ojos me llena
de admiración.
Fue un inicio prometedor. El comportamiento de Joel, que en el pasado
era como un potro salvaje, ahora emanaba una serenidad que llenaba de
alivio a Penélope, quien observaba la escena con expectación. La
Condesa de Scott también suavizó su expresión.
Sin embargo, Aaron no respondió, solo mantuvo una mirada incómoda
fija en la espalda de Joel. Joel, percibiendo su incomodidad, giró la
cabeza para seguir la dirección de su mirada.
En el horizonte de los ojos de Aaron se encontraba el príncipe. En ese
instante, Joel se dio cuenta de que tenía la mano del príncipe en la suya,
mientras que la otra sostenía una copa de limonada. La alegría de ver a
Aaron lo había cegado, no había pensado en las consecuencias de su
impulsividad.
El príncipe, leyendo la expresión de duda en los ojos de Joel, sintió un
pinchazo de decepción.
—Su Alteza, la Marquesa de Langston nos ha concedido el honor de
su presencia en esta maravillosa velada...
Sin importar la desazón del príncipe, Joel le suplicó que se retirara. Si
quería ser aceptado en la alta sociedad, debía valerse por sí mismo, sin
depender del poder del príncipe. El príncipe, a pesar de su deseo de
proteger a Joel del acoso de los fanáticos religiosos, se vio obligado a
ceder ante su mirada suplicante.
Joel, al dejar de lado su armadura, provocó una expresión indescifrable
en el rostro de Aaron.
Aunque había presenciado el cambio en la actitud de Joel durante la
ceremonia de investidura, Aaron aún dudaba de su sinceridad. La noticia
de que Joel se había presentado en la velada acompañado del príncipe
heredero le había sembrado la certeza de que buscaba presumir de
favoritismo o ejercer presión utilizando el poder del príncipe.
Sin embargo, viendo su comportamiento en la ceremonia y ahora en
esta velada, Aaron comenzó a dudar. ¿Acaso Joel realmente buscaba la
reconciliación? Y si era así, ¿por qué? La persistencia de Joel en su
intento de reconciliación despertaba la desconfianza de Aaron, quien
decidió ponerlo a prueba. Joel era simple y de carácter impulsivo, así que
una simple provocación sería suficiente para revelar sus verdaderas
intenciones, si es que las tenía.
En realidad, a Aaron le gustaba humillar a Joel frente a los demás,
aprovecharse de su ingenuidad para sumergirlo en la vergüenza.
—Gracias por el cumplido. Espero que pasemos una velada agradable.
Joel se relajó al ver que Aaron aceptaba su saludo. Pero su tranquilidad
se esfumó al escuchar un —Pero….— que siguió a las palabras de
Aaron.
—¿No es ese el sirviente que cuida a Benjamín? ¿Por qué lo traes
contigo?
Aaron, con una expresión fingidamente inocente, señaló a Félix, el
caballero que acompañaba a Joel.
Las historias del brutal Joel y el desvalido Benjamín siempre fueron un
tema popular en los círculos sociales. Los nobles que lo odiaban se
deleitaban en contar cómo Joel atormentaba al hijo del duque de
Melphis, cómo el pobre Benjamín sufría, utilizando sus relatos para
denigrar y ridiculizar a Joel.
Era un secreto a voces que Benjamín siempre estaba acompañado de
su guardia personal. La noticia de que el sirviente favorito de Benjamín
ahora seguía a Joel despertó la curiosidad de todos. Al escuchar la
pregunta de Aaron, Joel se sintió incómodo, pero Aaron, con la clara
intención de incomodarlo, continuó:
—Solo por curiosidad. ¿No será que lo tomaste aprovechándote de tu
nuevo título?
Aaron se burló, intensificando la presión sobre Joel.
—Ah… Verás, Félix cometió un error grave frente al duque de
Melphis, y lo despidieron. Como sabes, Benjamín es muy amable y
bondadoso, y se apiadó de su antiguo escolta, así que me pidió que lo
cuidara.
La explicación de Joel era simple y sin interés, y los chismosos que
esperaban un drama apasionante, desilusionados, se alejaron. Aaron, sin
querer perder la oportunidad de manchar la reputación de Joel, se
apresuró a presionarlo:
—¿Ah sí? ¿Qué clase de error? Me intriga saberlo.
Aaron esperaba que el imprudente Joel revelara detalles privados de la
familia Melphis en público, pero, en contra de sus expectativas, Joel
respondió:
—Bueno, no pregunté, así que no lo sé con certeza, pero seguro que
Félix hizo algo malo. Quizás… rompió un tesoro valioso de la familia
del duque.
Al ver que Joel no se dejaba provocar por las preguntas incómodas, ni
caía en sus trampas, Aaron se sentía cada vez más nervioso. La falta de
agresividad era una cosa, pero que el tonto de Joel mostrara tanta cortesía
era un cambio notable. Aaron, dispuesto a perder la compostura, decidió
usar el último recurso:
—¿Sí? Benjamín debe estar tranquilo al saber que tú estás cuidando a
su antiguo sirviente. Me alegra que lo estés ayudando. Ah, hablando de
eso, ¿te han contado que Su Majestad se opone a tu matrimonio? Debes
estar pasando por un momento difícil.
Aaron, con una mirada de falsa compasión, observó el vientre de Joel.
La atmósfera de la sala se congeló en un instante. El tema del
matrimonio y la desaprobación del emperador era delicado, demasiado
importante para ser utilizado en una simple discusión.
Joel, al escuchar la pregunta de Aaron, se sintió aún más incómodo. En
realidad, había planeado una conversación trivial con él. Temas como la
literatura, el arte o las últimas tendencias de la alta sociedad, temas
seguros y amenos. Había dedicado toda la semana a preparar la charla, a
reunir anécdotas y reflexiones, pero Aaron se empeñaba en provocarlo
con preguntas espinosas.
La cuestión de Félix era un asunto delicado, pero la alusión al
matrimonio era un tema que jamás se debía abordar en público. Y para
colmo, el príncipe heredero no estaba presente, y criticar al emperador o
lamentarse en su ausencia equivaldría a una afrenta a la autoridad real.
La sala se había sumido en un silencio sepulcral. Joel podía sentir la
mirada de todos clavada en él, una mirada inquisitiva y expectante.
Capítulo 126
Era un tema que no se debía tocar, pero ya había sido mencionado, y
era necesario responder. Antes de hacerlo, Joel dirigió una mirada fugaz
al príncipe, quien se encontraba a cierta distancia. En ese momento, su
mayor temor era herir al príncipe. Sin embargo, al cruzar sus miradas,
Joel comprendió que podía decir cualquier cosa, que su amado no le
reprocharía nada, incluso si él, en su torpeza, dijera: —¡Acaso el
emperador está senil! ¡Quiere hacer de su nieto un bastardo!— Su amor
profundo no se vería afectado por ninguna de sus palabras.
Luego, volvió la vista hacia Penélope, quien, desde su rincón, lo
observaba con preocupación. Su tensión era evidente, tanto que había
olvidado, por completo, la farsa de su enemistad.
Al ver a sus firmes aliados, Joel sintió que una fuerza desconocida lo
llenaba. Era el momento de mostrarles a esos que lo menospreciaban que
había cambiado. Tras un instante de reflexión, sonrió con picardía y
respondió:
—Bueno, tal vez Su Majestad solo quiere conocerme mejor. Respeto
su prudencia y confío en que el tiempo resolverá este asunto.
Joel, en lugar de reprender al emperador o lamentarse, demostró
confianza en su capacidad de persuadirlo. Fue una respuesta prudente,
pero lo importante era que la pronunciaba Joel, aquel hombre que, según
la opinión común, era arrogante, imprudente y tonto.
—¡Jaja! ¡El tiempo lo cura todo! Buena frase. Pero han pasado casi
tres meses desde tu regreso a la capital, ¿no te parece demasiado
optimista?
—Puede que sí. Pero prefiero no apresurarme. Le he decepcionado
durante tres años, así que sería un exceso de ambición pretender corregir
tres años de errores en solo tres meses.
Joel cerró su respuesta con una pizca de humor, una ingeniosa réplica
que desactivó la provocación de Aaron. La tensión que había congelado
la sala se disipó. Los nobles, con sus expresiones tensas, se relajaron al
escuchar la respuesta de Joel, y con risas contenidas, volvieron a sus
conversaciones.
Joel miró a sus partidarios con orgullo. Penélope, mientras sorbía a
grandes tragos su ponche, humedecía su garganta reseca por la tensión. Y
el príncipe, con una expresión compleja mezcla de admiración por Joel y
desagrado por Aaron, observaba la escena. Claramente le molestaba la
arrogancia de Aaron Scott, pero Joel se sentía muy satisfecho por haber
resuelto la situación de manera tan tranquila.
La calma respuesta de Joel hizo que los presentes en el salón
comenzaran a cuestionarse si la reputación de Joel era tan mala como se
decía. Aquellos que recordaban el pasado de Joel, cuando era como un
potro salvaje, lo miraban ahora con asombro, viendo en él a una persona
diferente. Y aquellos que habían formado una mala opinión de Joel
basándose en los rumores, comenzaron a dudar de sus prejuicios y a
retirar sus miradas de desprecio.
Aaron Scott, por su parte, también estaba sorprendido de que Joel no
hubiera picado el anzuelo tras dos provocaciones. A estas alturas, Joel ya
debería haberlo agarrado del pelo al menos tres veces. O, al menos,
haberlo agarrado del cuello y preguntarle qué diablos pretendía con esas
preguntas.
Aaron recordó al Joel del pasado. Hacía apenas unos meses, humillar a
Joel en público era pan comido para él. El estúpido Joel nunca entendía
sus preguntas, pero siempre detectaba que se estaba burlando de él, y de
inmediato respondía con violencia para vengarse de la humillación.
La imprudencia de Joel le había costado caro, pues al final, quien
había perdido la compostura era él. Durante los últimos tres años, Aaron
había sembrado la discordia y, sin embargo, la sociedad siempre le
brindaba su compasión, mientras que Joel era el blanco de las
acusaciones.
Esta vez, esperaba que Joel volviera a perder el control, pero, para su
sorpresa, no sucedió. Aaron se sintió satisfecho con la actitud humilde de
Joel. Era el momento perfecto para demostrar su dominio ante todos los
presentes en la sociedad. Parecía que era hora de aceptar la súplica de
reconciliación de Joel.
En verdad, Aaron no sentía el deseo de perdonar a Joel por las
humillaciones que había sufrido en los últimos tres años. Sin embargo,
seguir irritando al príncipe heredero no era conveniente. Joel, ese
personaje tan desagradable, pronto acabaría por caer a su propio nivel,
por lo que era mejor dejar las cosas como estaban. Aaron se consoló
pensando en la conversación que había tenido con su padre, el conde
Scott.
—Joel, al hablar contigo, me vienen a la mente viejos recuerdos —dijo
Aaron con tono arrogante.
Joel respondió con un inmediato —Sí, lamento mucho lo del pasado.
Aaron fingió detener a Joel, que parecía turbado, y continuó: —No te
culpo, solo que al recordar la época de la Academia Imperial, me doy
cuenta de que hemos discutido por tonterías. Ahora, al mirar atrás, parece
tan absurdo. Pero el pasado ya pasó, y ambos podemos reírnos de ello,
¿verdad?
Joel captó el gesto de reconciliación de Aaron y no pudo contener una
sonrisa de alegría. Aunque Aaron ocultaba sus propias faltas, y en lugar
de —reconciliarse— con Joel, parecía —perdonarlo,— a Joel no le
importaba la arrogancia de Aaron, ya que la posibilidad de poner fin a la
larga disputa le llenaba de alegría. No quería matarlo y quería que todo
terminara bien.
Al fin, Joel había conseguido reconciliarse con Aaron, y pudo tener
una conversación —normal— con él, como tanto deseaba.
—Hablar tanto me ha dejado con sed... ¡Ah, hablando de eso, la
limonada que tomé antes estaba deliciosa! ¿Será por la menta que le
pusieron? Tenía un sabor sutil pero único.
Al mencionar con precisión la hierba que se había añadido a la bebida,
Aaron le dedicó una mirada de aprobación. En realidad, Joel solo había
escuchado a la gente en el salón de recepción hablando de la bebida, pero
no era tan tonto como para confesar esa pequeña trampa.
—Me alegra que te haya gustado. En realidad, además de menta, le
agregué unas gotas de agua de azahar. A mi madre le encanta darle un
toque exótico a la limonada.
—¿En serio? La condesa Scott tiene un gusto refinado.
Joel llamó a un criado que pasaba por ahí y le pidió dos vasos de
limonada. Quería entregarle uno a Aaron, pero, tan emocionado por su
conversación social, tropezó y derramó la limonada sobre la ropa de
Aaron.
—¡Ay!
La prenda de seda verde claro se empapó en un instante. Al ver la fea
mancha que ahora desfiguraba su costoso atuendo, Aaron se sonrojó.
Quería gritar —¡¿Qué has hecho?!— pero se contuvo al darse cuenta de
que el príncipe heredero aún los observaba, esforzándose por mantener
una sonrisa.
—¡Oh, vaya! Lo siento mucho.
Joel, en su torpeza, intentó limpiar la prenda de Aaron con la manga
adornada con encaje. Por supuesto, no servía de nada. Sus movimientos
bruscos solo conseguían extender la mancha.
Aaron se sintió irritado por la torpeza de Joel. Y, para ser sincero, la
irritación se intensificó al notar que la ropa que llevaba Joel parecía
mucho más cara que la suya.
¡Miren esa cantidad de encaje, casi vulgar! No sabía si Joel la había
elegido él mismo o si alguien se la había regalado, pero era un gusto
demasiado llamativo. Aaron, aunque le molestaba que Joel luciera tan
bien con esa ropa extravagante, se obligó a sonreír con una falsa
amabilidad.
—No te preocupes, a todos nos pasa.
Aaron desapareció bajo la excusa de ir a cambiarse de ropa, y el
príncipe heredero, aprovechando la ocasión, se acercó a Joel. Para evitar
que se sintiera incómodo por lo sucedido, lo condujo con suavidad hacia
el salón de té.
—Debes de estar cansado de lidiar con Aaron Scott. Creo que te
vendría bien un poco de dulce consuelo.
El príncipe heredero le ofreció a Joel una bandeja llena de delicias. El
dulce aroma de las frutas que adornaban las tartas le llegó a la nariz, pero
el semblante de Joel seguía abatido. Tomó un trozo de pastel y apenas lo
probó. De pronto, como si hubiera tomado una decisión, se levantó de
golpe.
—Creo que debo ir a disculparme con Aaron una vez más.
Con esa voz decidida, Joel salió corriendo sin dar tiempo a que el
príncipe heredero lo detuviera. Era tan rápido que en un abrir y cerrar de
ojos, el lugar donde estaba sentado quedó vacío. El príncipe heredero,
con una sonrisa incómoda, se levantó.
Capítulo 127
—¿Dónde se ha ido Aaron?
Joel, corriendo por el pasillo, detuvo a una criada que pasaba por ahí.
La criada, al principio, se quedó aturdida por la belleza de Joel, casi
como una ninfa. Pero enseguida reconoció que era él, el —imprudente
potro salvaje de la casa del conde Lucas—, del que tanto habían hablado
las dueñas. Se inclinó y respondió.
—El señor se encuentra en el tocador del segundo piso.
La criada, temiendo recibir una bofetada por su tardanza, respondió
con voz temblorosa. Según la familia del conde Scott, Joel era un
demonio sin corazón, capaz de golpear sin piedad a cualquier sirviente
que se atreviera a contrariarlo. Sin embargo, lo único que Joel le dijo a la
criada, que temblaba de miedo, fue:
—Ah, ¡gracias! ¡Que tengas una buena velada!
Joel desapareció tan rápido como había aparecido, dejando a la criada
sola en el pasillo, aturdida. ¿Habría soñado? Bueno, al recordar ese rostro
tan hermoso, el encuentro con Joel, —el pequeño diablo—, se le antojaba
un sueño. Y mientras la criada seguía aturdida, ocurrió algo aún más
surreal.
—¿Has visto a un omega de cabello rubio pasar por aquí?
Un apuesto joven alto se acercó y la detuvo. Cabellera negra como el
ébano, nariz fina y elegante. El joven vestía un traje sencillo de un solo
color, pero su porte natural y su belleza excepcional traspasaban su
sencillez.
Cualquier sirviente que trabajara en una casa noble de la capital no
podía desconocer su identidad. Era el príncipe heredero.
—¿Lo vió?
El príncipe heredero insistió una vez más, pero la criada, abrumada por
su alteza, no pudo articular palabra. Solo logró levantar su mano
temblorosa y señalar la escalera que conducía al piso superior.
—Ah, ¡llegó hasta acá! Ese pequeño mapache...
El príncipe heredero murmuró con decepción y se apresuró a seguirlo.
Le frustraba la etiqueta que le impedía correr tras Joel.
El príncipe heredero también desapareció, y la criada, sola en el pasillo
vacío, se dejó caer en el suelo. Había visto dos veces en persona la
belleza de un ángel caído del cielo, y sus piernas no podían soportar más.
Mientras tanto, Joel ya había llegado a la habitación donde Aaron se
estaba cambiando de ropa, incluso antes de que el príncipe heredero
subiera las escaleras. Tan preocupado por Aaron, Joel abrió de golpe la
puerta sin siquiera esperar a que las criadas que la custodiaban lo
impidieran.
—¡¿Qué?!
Aaron, que se estaba cambiando solo, gritó sobresaltado. Apresuró su
camisa sin abrochar y se escondió tras un biombo.
—¡Ah...!.
Joel se quedó sin aliento por la sorpresa. Las criadas que lo
acompañaban no parecían haber notado nada, pero Joel ya había visto
algo en Aaron. Aturdido por la sorpresa, Aaron le gritó desde detrás del
biombo:
—¡Joel! ¡¿Qué diablos haces?!
—Ah, ah, Aaron. Quería pedirte perdón...
Joel, reaccionado tarde, intentó disculparse, pero antes de que
terminara, Aaron le gritó:
—¡Fuera!
—Señor, por favor, permítame...
Las criadas de la casa del conde Scott acompañaron a Joel fuera de la
habitación. Cuando Joel estaba a punto de salir, Aaron, ya vestido, asomó
la mano por la puerta y lo agarró del brazo. Joel fue arrastrado de nuevo
a la habitación.
—Lo viste.
Aaron preguntó con los ojos desorbitados. Su mirada era tan
amenazante que incluso Joel, que no tenía nada que temer en el mundo,
sintió un escalofrío en las piernas. Parecía rezar para que Joel no hubiera
visto nada, pero Joel, incapaz de mentir, no pudo negar con la cabeza.
Como Aaron sospechaba, Joel había visto la faja que rodeaba la
cintura de Aaron.
Joel no era tan ingenuo como para preguntarle a Aaron por qué hacía
eso. Sin embargo, al recordar cómo Benjamín había fruncido el ceño y
dicho: — Joel, Aaron... ¿No crees que ha ganado algo de peso? Su
camisa parece un poco suelta—, las sospechas de Joel se convirtieron en
certeza. Al ver que Joel parecía estar organizando sus pensamientos,
Aaron estalló en furia.
—¡¿Por qué? ¡¿Por qué me estás espiando?! ¿Estás investigándome
para encontrar mis puntos débiles?
—No, yo solo vine a disculparme...
—¡No mientas! Y además, ¿por qué entraste sin llamar? ¡Debías de
estar comprobando si tenía un encuentro amoroso con un alfa usando la
excusa de la disculpa!
Aaron acusó a Joel sin ningún tipo de sentido. Se había descontrolado
por completo, y ya le había agarrado del cuello a Joel. Estaba a punto de
perder el control por completo, pero cuando escuchó el sonido del
príncipe heredero en la puerta, se quedó paralizado.
—Dicen que mi prometido se dirige a este lugar.
—Su- Su Alteza el príncipe heredero...
—Abre la puerta.
Las criadas de la puerta comenzaron a titubear ante la orden del
príncipe heredero. Joel miró a Aaron, que se había quedado petrificado.
Aaron estaba en calzoncillos y una camisa, y era imposible mostrárselo
al príncipe heredero en ese estado.
Joel, con cuidado, apartó la mano que le sujetaba el cuello y se dirigió
hacia la puerta. Aaron seguía inmóvil, conteniendo el aliento, hasta que
Joel asomó la cabeza por la puerta.
—Su Alteza, ¿me ha seguido?
El príncipe heredero, al ver el rostro de Joel, mostró un semblante
aliviado. —Tú, ¿cómo puedes desaparecer sin decir nada? —dijo, con un
tono reprochable, e intentó abrir la puerta con más fuerza, por lo que Joel
tuvo que agarrarse al pomo con todas sus fuerzas para evitar que la
abriera.
—Ah, espera, espera un momento. Tengo que hablar con Aaron,
volveré en un rato. Su Alteza, por favor, baje y disfrute de la fiesta.
—¿Dejarte aquí? ¿En este lugar, como una cueva de lobos? —el
príncipe heredero preguntó con incredulidad. Y antes de que Joel pudiera
replicar, dijo con tono cortante—. Entonces me quedaré aquí. Ve y haz lo
que tengas que hacer. —Y se sentó en una silla.
—No, Su Alteza, ¿por qué perder el tiempo aquí...? Abajo hay
montañas de dulces y bebidas deliciosas... —murmuró Joel, pero el
príncipe heredero se mantuvo firme, con una expresión obstinada. Al ver
que no cambiaría de opinión, Joel se resignó.
Joel cerró la puerta con cuidado y se acercó a Aaron de nuevo. Aaron
estaba sentado en el sofá con las manos tapándose la cara. Suspiraba sin
cesar, pero parecía haber recuperado la compostura. Joel arrastró una
silla cercana para sentarse junto a él.
Mientras Joel arrastraba la silla con esfuerzo debido a su vientre
abultado, Aaron seguía con la cara oculta entre sus manos.
Finalmente, Joel pudo sentarse frente a Aaron y lo observó. Tenía que
decir algo, pero no se le ocurría cómo empezar.
—Joel, sé lo que estás pensando.
Aaron fue el primero en romper el silencio. Joel no pudo ni negar ni
afirmar. No podía decirle: —En realidad estás embarazado, ¿y aún así
sigues llamándome libertino?— viendo esa expresión tan sombría en el
rostro de Aaron.
—Pero, de verdad que no es así. Yo tampoco sé por qué me pasa esto.
—¿En serio?
Joel preguntó con una mirada de desconfianza, y Aaron Scott empezó
a dar explicaciones apresuradas.
—Desde hace dos meses, más o menos, empecé a notar que mi vientre
estaba más abultado. Al principio pensé que había engordado, pero ahora
es tan evidente que la faja ya no basta para ocultarlo... pero te juro que
nunca he hecho lo que estás insinuando.
—Soy un hombre casto. Puedo jurarlo ante Dios. Tú sabes muy bien
cuánto desprecio la promiscuidad —dijo Aaron, con un tono de
verdadera indignación. Joel había presenciado más de una vez a Aaron,
emborrachado en una fiesta, envuelto con un alfa, pero decidió no
mencionarlo.
—Tranquilo, no diré nada.
—Mientes.
—De verdad. Soy bruto e ignorante, pero no soy vil. No me atrevería a
difundir un rumor así.
Joel, que hasta ahora había respondido a las provocaciones de Aaron
Scott con métodos legítimos, es decir, con puñetazos, nunca lo había
difamado a sus espaldas, y esta vez podía ser honesto. Sin embargo,
Aaron seguía mirándolo con desconfianza, y Joel suspiró con
resignación.
—Entonces, ¿qué piensas hacer? Si realmente no sabes por qué,
deberías consultar a un médico.
—¡De ninguna manera!
Al oír a Joel, Aaron levantó la voz sin darse cuenta. Inmediatamente,
el príncipe heredero llamó a la puerta desde afuera, y Joel corrió hacia
ella para explicar que no pasaba nada. Tras calmar al príncipe heredero,
Joel volvió a sentarse junto a Aaron.
Capítulo 128
Aaron susurró con cautela, asegurándose de que los que estaban afuera
no lo escucharan.
—Eso jamás. ¿Un omega soltero con el vientre hinchado? ¿Y que
acuda al médico? ¡Antes de que siquiera escuche los resultados del
médico, ya estaré arruinada en la sociedad!
—Aaron, eso no es lo importante.
—¿Y qué es lo importante entonces? ¡Se arruinará el honor de mi
familia! ¡No podré casarme nunca!
Aaron se sonrojó de la exaltación. Sin embargo, en un momento dado,
Joel dejó de prestarle atención a sus palabras. Notó que el rostro de
Aaron estaba pálido, como si estuviera enfermo.
Joel seguía sin creerle que no hubiera hecho nada indecente, pero
empezó a preocuparse por su estado. Pensaba en él como un amigo,
independientemente de lo que Aaron pensara. Joel, con cuidado, le
propuso:
—Aaron, creo que debes ir al médico....
—Eso lo decidiré yo.
Aaron rechazó su propuesta con frialdad. No tenía intención de
escuchar nada, y llegó a exigirle: —Vete ya. Quiero estar solo.
Joel no tuvo más remedio que salir de la habitación, obedeciendo su
petición, que más bien era una orden.
—¡Joel!
El príncipe heredero se levantó de su asiento para recibirlo, con una
sonrisa de alegría. Su rostro estaba iluminado, pero al ver la expresión
compleja de Joel, frunció el ceño con preocupación.
—¿Qué has oído ahí dentro para poner esa cara? ¡Su arrogancia ya no
tiene límites!
—Su Alteza, no es eso.
Joel trató de impedir que el príncipe heredero volviera a la habitación.
El príncipe heredero estaba a punto de ejecutar a Aaron por blasfemia,
pero Joel lo detuvo, pidiendo que dieran un paseo por el jardín. Tras
mirar la puerta y a Joel, aceptó la propuesta y se dirigió al jardín.
El príncipe, con el brazo alrededor de los hombros de Joel, paseaba
por el jardín y preguntó con cautela:
—¿Te guarda rencor Aaron?
Para el príncipe heredero, Aaron Scott era un personaje despreciable.
Había presenciado de cerca el esfuerzo de Joel por mejorar la relación
entre ellos, lo que había alimentado aún más su ira hacia Aaron. El
príncipe heredero ansiaba poner un cuchillo en el cuello de Aaron Scott
en ese instante, pero para convencer a Joel, que lo protegía, habló con
calma.
—Joel, ya le has mostrado suficiente misericordia. Tus esfuerzos son
encomiables, pero no puedo seguir dando oportunidades a alguien que
insulta a mi familia.
—De verdad, no es eso.
La tristeza de Joel se debía a la preocupación por la salud de Aaron.
Apartó a Félix, la guardia real y los sirvientes que los seguían, y le
susurró al príncipe heredero: —En realidad....
—¿Qué?
El rostro del príncipe heredero se llenó de sorpresa. Joel le hizo callar
con un —Shhh, alguien nos escuchará—. En ese momento, una mujer
hermosa y adornada con joyas se acercó a ellos.
—Penny.
—Cuánto tiempo.
Era Penélope, la amiga secreta de Joel. Le sonrió a Joel con
amabilidad y saludó al príncipe heredero.
—Su Alteza el Príncipe Heredero.
Solo estaba mostrando respeto ante la presencia del príncipe heredero,
pero sus gestos perezosos tenían un poder cautivador. Incluso si no
tuviera intención de seducir a nadie, cualquier hombre sucumbiría a su
encanto seductor. Joel, olvidándose de su tristeza, se puso delante del
príncipe heredero.
—Penny, el Príncipe Heredero es mío.
Joel, con los brazos extendidos, intentó cubrir al príncipe heredero,
mientras decía: —No te acerques. ¡Él es mío!—. La alegría de antes se
había esfumado y ahora Joel le lanzaba miradas de desconfianza a su
amiga secreta. Penélope no pudo ocultar su decepción, pero el príncipe
heredero esbozó una leve sonrisa. Era la primera vez en mucho tiempo
que Joel mostraba celos.
Para ser honesto, Joel había estado demasiado distante con él. Se había
negado a huir y a marcarlo, y ahora ni siquiera le permitía compartir la
cama. El príncipe heredero, olvidando por completo sus errores, se
quejaba con descaro de Joel.
El príncipe heredero se reía por lo bajo, pero a Joel no le importaba.
Estaba empeñado en ocultarlo. Penélope, observando a Joel con una
sonrisa divertida, dijo con elegancia: —Conde, yo también tengo mis
propios principios morales. Y, por supuesto, soy demasiado humilde para
merecer la atención de alguien tan noble.
—Entonces, bueno... Pero, ¿por qué me hablas con tanto respeto desde
hace un rato? No seas formal, llámame Jo, como siempre.
Joel se estremeció, como si le diera asco la hipocresía de Penélope, y
ella miró al príncipe heredero con incomodidad. El príncipe heredero,
aunque no le apetecía, asintió con la cabeza y Penélope le habló a Joel
con un tono más cercano.
—Jo, solo vine a felicitarte.
—¿... Felicitarme?
Al oír las palabras de Penélope, Joel bajó los brazos. Penélope, viendo
que se mostraba avergonzado, no pudo contener una sonrisa. Su gatita de
doce años, Anna, era más capaz de ocultar sus sentimientos que él.
—Penny, ¿me ha pasado algo bueno?
—En ese sentido, tu respuesta de hoy ha sido impresionante. Sé que
pronto habrá un anuncio importante en la corte, y parece que Aaron Scott
te ha brindado la oportunidad de causar una buena impresión en tus
enemigos.
—¿Un anuncio importante? ¿De qué se trata?
Penélope solo respondió con una sonrisa pícara, sin decir nada más.
No era algo que ella se atreviera a discutir en presencia del príncipe
heredero. Joel, con expresión de confusión, se giró hacia el príncipe
heredero, quien murmuró: —... Se refiere al día del homenaje.
La temporada social en el imperio comenzaba con el debut de las
damas y los nobles omega, quienes se presentaban ante la emperatriz
para saludarla. Se llamaba —día del homenaje— y era una de las
responsabilidades más importantes de la emperatriz.
Como la emperatriz actual estaba ausente, según la tradición, la
princesa o príncipe consorte debería asumir su papel. Pero el problema
era que el emperador no reconocía a Joel.
El consejo de ministros debatía sin descanso sobre a quién asignarle la
responsabilidad del —día del homenaje—. La discusión se centraba en
dos posturas: una defendía que la marquesa de Langston, hermana del
emperador y la mujer de mayor rango en la corte, debería asumir el
cargo, y la otra defendía que Joel, quien estaba embarazado del heredero,
debería encargarse de la tarea. Ambas partes se mantenían firmes en sus
posiciones y no se acercaban a un acuerdo.
—Dado que tienes una relación tan estrecha con la familia del conde
Scott, me gustaría preguntarte algo.
—Adelante.
Penélope inclinó la cabeza, al ver que el príncipe heredero, que antes
se mostraba indiferente, se unía a la conversación de repente.
—¿En qué se basa ese tipo, Aaron Scott, para comportarse con tanta
arrogancia?
Penélope esquivó la mirada, con una sonrisa enigmática ante esa
pregunta tan irritante, y el príncipe heredero brilló con sus penetrantes
ojos.
—¿Es que sabes algo?
—... He escuchado algunas cosas en mis conversaciones con la familia
Scott, pero todas son blasfemias, y no me atrevo a mencionarlas ante Su
Alteza el príncipe heredero.
Penélope fingió miedo y trató de evitar el tema, pero apenas escuchó la
palabra —Está bien, habla—, no dudó en abrir la boca.
—La familia del conde Scott está convencida de que el niño que lleva
en su vientre el conde Joel no es hijo del príncipe heredero. Dicen que el
día de la fiesta de graduación de la Academia Imperial, el señor Joel se
reunió en secreto con la guardia de la academia. Una criada de la familia
del conde Scott lo vio...
—¿Qué? ¡Fui a pedirles que buscaran al príncipe heredero porque
había desaparecido!
La historia de Penélope insinuaba que Joel había ido a un encuentro
amoroso con un guardia, y Joel, que había estado escuchando la
conversación entre el príncipe heredero y Penny, se enfureció al instante.
Y, en realidad, Joel no había ido en secreto a ver a la guardia. Había
causado un escándalo allí, y era imposible que nadie lo viera gritando a
los guardias para que encontraran al príncipe heredero de inmediato.
—Por supuesto, Jo, te creo. De hecho, vine a contarte esto.
Penélope se calló por un momento y observó su alrededor.
—... Su Alteza el príncipe heredero, dicen que el emperador no quiere
que el señor Joel se encargue del día del homenaje. El conde Scott está
muy agradecido con el emperador por haberle ayudado a superar su crisis
financiera. Considera que desprestigiar al señor Joel antes del día del
homenaje es la única forma de agradecer al emperador por su favor. Por
eso, planea hablar de esto en el consejo de ministros.
—¡Por supuesto, están todos locos! No solo Aaron Scott es el
problema. Ahora mismo, quiero...
El príncipe heredero rugió de furia al escuchar la historia de Penélope.
—Su- Su Alteza, un momento. Ya se lo he dicho.
Joel detuvo al príncipe heredero, que estaba a punto de perder los
estribos. Era demasiado cruel condenar a muerte a Aaron, que estaba
embarazado, aunque él lo negara.
Joel confiaba en la palabra de Aaron, que decía que no había hecho
nada indecente, pero también consideraba todas las posibilidades. Tal vez
Aaron se había acostado con alguien bajo la influencia del alcohol, o tal
vez había sido víctima de un delito mientras estaba inconsciente.
Si se revelara su embarazo, Aaron recibiría una pena más leve que la
pena de muerte. Sin embargo, la concepción fuera del matrimonio era un
escándalo muy vergonzoso para un omega soltero.
Si se revelara la verdad sobre el embarazo de Aaron, la reputación de
Aaron y la familia del conde Scott se vendrían abajo, así que, si
realmente quería proteger a Aaron, tendría que resolver este problema
con discreción.
Capítulo 129
—Aun así, hoy he logrado reconciliarme con él y dejar atrás el viejo
rencor. Y de paso, he descubierto sus debilidades. El conde Scott solo es
leal al emperador. Si los convencemos bien...
El príncipe heredero soltó una carcajada irónica ante el intento de Joel
de defender a Aaron.
—¡Reconciliación? Si Aaron Scott hubiera querido salvar su miserable
vida, no se habría envanecido delante de todos y aceptado tu 'disculpa',
sino que se habría postrado a tus pies suplicando perdón.
El príncipe heredero, por fin, dejó escapar la furia que había contenido
por tanto tiempo. Joel, al ver al príncipe heredero tan alterado, algo poco
común en él, comprendió que ya no podía salvar a la familia de Aaron.
Habían cruzado una línea irremediable y la situación estaba fuera de su
control.
Pero aún le dolía pensar que Aaron se derrumbara envuelto en
escándalos. Tras un silencio, dijo: —Aún queda tiempo hasta el día del
homenaje. Mañana volveré aquí y convenceré a Aaron. Permita que se
compruebe si realmente está embarazado. Él dice que no ha hecho nada
indecente, así que podría ser un problema de salud.
—¿Y si se confirma que está embarazado, volverás a rogar por él con
la excusa de la compasión?
—No. Si está embarazado, será su responsabilidad. Pero si no lo está,
ahora es su única oportunidad de explicarse. ¿Quién en el mundo se
encargaría de corregir los rumores en favor de alguien que ha perdido sus
riquezas y su título?
La familia Scott debía ser castigada por la blasfemia cometida contra
la corte. El príncipe heredero tenía la intención de ejecutarlos, pero,
considerando el respeto que el emperador sentía por el conde Scott, era
muy probable que se limitara a confiscarles sus bienes, quitarles sus
títulos y exiliarlo.
Joel no quería que Aaron, aunque tuviera que pagar por sus actos, se
viera envuelto en rumores injustos.
—Después de tanto criticarte por tu libertinaje, ¡qué ironía! No hay
hipócrita como Aaron Scott en el mundo.
El príncipe heredero murmuró con desagrado. Frotaba el pomo de su
espada con un gesto de fastidio, como si lamentara no poder decapitar a
la familia Scott en ese instante. Pero cuando Joel se echó a reír con
ligereza y replicó con picardía: —¿Un hipócrita como ese? ¡El conde
Lucas no se queda atrás!—, el príncipe heredero se vio obligado a
acompañarlo con una sonrisa forzada.
—Unos días más, ¿eh?... De acuerdo, haremos eso. Pero esta será la
última vez que muestro clemencia hacia ellos.
***
10. Resultados del examen
Al día siguiente, por la tarde, después de la fiesta, Joel se dirigió a la
mansión del conde Scott para persuadir a Aaron a que aceptara la
consulta médica. Sin embargo, quien lo recibió en la mansión fue una
criada con rostro de apuro.
—¿Qué? ¿Aaron se fue a su finca de repente? ¿Por qué?
Joel preguntó con incredulidad, y la criada se encogió de hombros con
nerviosismo. Ella, como la mayoría de los sirvientes de la familia Scott,
conocía la reputación de Joel.
—Lo siento mucho, pero yo tampoco lo sé...
Joel meditó. Era práctica común alegar la ausencia del propietario
cuando este se encontraba en la mansión pero no deseaba ser molestado;
sin embargo, en esta ocasión, parecía que Aaron había abandonado
verdaderamente la propiedad. Joel, desprovisto de cualquier indicio,
debió regresar sobre sus pasos.
En el carruaje de regreso, Becky le preguntó con cautela a Joel:
—Señor, ¿por qué el señor Aaron se ha ido de repente?
—Bueno... Probablemente no me crea.
Joel respondió encogiéndose de hombros. En realidad, ya sospechaba
las intenciones de Aaron Scott. Como dice el refrán, —cada uno ve lo
que quiere ver—, Aaron lo había visto como un chismoso que se
dedicaría a difundir lo que había visto por ahí. Seguro había decidido que
era mejor refugiarse en su finca antes de que la situación se agravara y
los rumores se propagaran por la capital, que ya estaba abarrotada con la
llegada de la temporada social.
—El tiempo que nos ha concedido el príncipe heredero es limitado, y
es demasiado tarde para ir a buscarlo a la finca para que se examine.
¡Qué problema...
Joel, con la mente llena de preocupaciones, se quejaba por lo mal que
había salido su plan. Becky, con tono de reproche, intervino:
—Señor, ¿tiene que proteger tanto su honor? He oído que ha estado
inventando todo tipo de mentiras sobre usted. No entiendo por qué se
preocupa tanto.
Becky, con indignación, se puso en la piel de su bondadoso señor. —Si
fuera yo, habría hecho público su embarazo y habría ido a su mansión
con la gente para interrogarlo y vengarme de todo lo que ha hecho —dijo
con furia.
Joel, con un gesto de negación, sacudió la cabeza.
—Becky, si lo hago, Aaron se suicidará. Es demasiado orgulloso.
A Joel le preocupaba más lo que le diría al príncipe heredero. Si le
contaba que Aaron había escapado a su finca, seguro querría encargarse
de ello personalmente. Ya había esperado demasiado, era hora de actuar.
Joel se sintió abrumado por la tristeza de no haber podido sacar a su
amigo, aunque no estaba seguro de cómo se sentía Aaron por esa
relación, de la situación en la que se encontraba.
El carruaje que transportaba a Joel pasaba por su mansión en la capital.
Becky, tratando de animarlo, le dijo: —Señor, he oído que el chef de la
mansión ha creado un nuevo postre. ¿Qué le parece si nos detenemos un
rato en la mansión antes de regresar al palacio?
—Buena idea.
Joel aceptó con entusiasmo la propuesta de Becky, deseando
reencontrarse con su personal.
En la mansión, que ahora era suya, no quedaba ni un solo rastro del
anterior propietario. El príncipe heredero, preocupado por el malestar de
Joel, había ordenado una reforma completa.
El príncipe heredero había ordenado que la mansión se remodelara
siguiendo el ejemplo de la residencia de Sir Bennet. Joel, que estaba
acostumbrado al lujo del palacio, no necesitaba una nueva mansión como
la del conde Lucas; más bien, buscaba un lugar tranquilo para descansar,
lo que llevó al príncipe heredero a tomar esa decisión.
El príncipe heredero, con acierto, había anticipado la reacción de Joel,
quien se había encariñado con su nueva mansión en la capital. El cariño
que sentía por ella aumentó aún más gracias a los sirvientes que Sir
Bennet le había enviado para cuidar de su hijo mimado.
El cochero condujo el carruaje hasta la mansión. El mayordomo
Wickham, al enterarse de la visita de Joel, dejó de lado los cubiertos de
plata que estaba puliendo y salió corriendo a recibirlo.
Rodeado de la calidez del viejo mayordomo Wickham y de otros
sirvientes conocidos, Joel se sintió como si hubiera regresado a la finca
de Sir Bennet.
—... Sé que tengo que acabar con ellos. Lo sé. Pero es que matar a
alguien es terrible. Y además, él es mi amigo.
Joel se quejaba con el mayordomo mientras disfrutaba de la tarta de
fresa que el chef, procedente de la finca de Sir Bennet, había creado.
La tarta era digna de alabanza. Su textura esponjosa, cubierta con
fresas frescas y miel, le encantaba a Joel. A pesar de sus lamentos, no se
olvidó de ofrecerle un trozo a Becky, su hermana adoptiva.
Mientras masticaba la tarta, Joel murmuró: —Ojalá yo también fuera
tan sabia como mi madre—. Wickham, que había estado escuchando en
silencio, le contó una anécdota relacionada con su madre.
—Antes de que naciera usted, en la finca de su señoría, vivía un niño
problemático. ¿Ha oído hablar de Tommy, el travieso?
Joel negó con la cabeza, y el mayordomo continuó con voz suave.
—Tenía catorce o trece años, era un niño muy travieso. El problema es
que le encantaba jugar con fuego, y a menudo incendiaba el heno.
—¿Qué? ¡Qué locura! ¿Tu señora lo dejó hacer eso?
—Lo regañó con severidad, pero sí. Su bondadosa señora lo perdonaba
una y otra vez, exigiéndole que prometiera no volver a hacerlo. No una
vez, ¡muchas veces!
—¿En serio?
Joel no podía creer las palabras del viejo mayordomo. Según sus
recuerdos, su madre era una persona muy amable, pero cuando se
enojaba, era más temible que Sir Bennet. Al ver la confusión de Joel, el
mayordomo añadió con una sonrisa: —En aquel entonces, la señora tenía
la misma edad que usted ahora. Era una jovencita pura e inocente.
Tommy le juraba con lágrimas que no volvería a hacerlo, pero al menos
una vez al año, causaba un incendio. ¿Sabe cuál fue el resultado de la
constante generosidad de la señora hacia él?
Joel, con el corazón inquieto, negó con la cabeza. La tensión iba en
aumento, y hasta Becky, en un silencio expectante, había dejado de lado
su tenedor.
Capítulo 130
—En la época previa a la cosecha de un año, el fuego que provocó el
niño se extendió por el campo. Como consecuencia, la mitad del ganado
de toda la finca murió y la producción de trigo se redujo a un 70% en
comparación con el año anterior. Afortunadamente, el conde Grey nos
proporcionó alimentos y evitamos una catástrofe, pero su señoría y la
señora tuvieron que esforzarse durante cinco años para pagar la deuda.
—Dios mío...
Joel se tapó la boca. Era un resultado terrible para un simple descuido.
Al ver la angustia de Joel, el viejo mayordomo, con un tono
inusualmente frío, le dijo: —La señora, a raíz de ese incidente, se dio
cuenta de que la generosidad no siempre es la mejor solución. Desde
entonces, se convirtió en la mujer que usted conoce, cariñosa pero a
veces severa. Es cierto que la generosidad y la bondad son virtudes
extraordinarias. Pero para dirigir una finca, a veces es necesario ser
firme. Si esto ocurre en una pequeña finca, ¿cuánta más responsabilidad
y determinación se necesitan para gobernar un país?
Wickham, el mayordomo, miró a Joel con ojos gélidos.
—Si les otorgamos indulgencia a esos descarados que se atreven a
cuestionar la descendencia del heredero, se sentirán más audaces y
difundirán historias cada vez más infames como si fueran ciertas. No
podemos permitir que sus atrocidades queden impunes. ¿Le parece bien
que le ponga un ejemplo extremo?
—... Adelante.
—Si Su Alteza el príncipe heredero falleciera de repente, con el debido
respeto por las palabras, ¿cuál sería la situación del niño, que está
rodeado de dudas sobre su ascendencia? En ese momento, ni el
emperador ni la emperatriz estarían vivos, ¿podría usted, solo, proteger al
niño?
Joel sintió un vuelco en el corazón al escuchar las palabras de
Wickham.
Por mucho que el niño se pareciera al príncipe heredero, la paternidad
nunca se podría demostrar con absoluta certeza. Los que dudan de su
pureza moral encontrarán la manera de crear problemas. Hasta ahora, no
se había preocupado por nada, confiando en el príncipe heredero, pero si
sucediera algo como lo que había dicho Wickham... ¿podría proteger al
niño, siendo tan torpe como era?
—No lo había pensado...
Joel se dio cuenta de que había sido demasiado blando.
Se mordió el labio y el mayordomo Wickham, como para consolarlo,
dijo: —Su señoría es demasiado amable y cariñoso, por lo que le ha
resultado difícil ser estricto con ellos. Pero la razón por la que deben ser
ejecutados es por sus propios actos. Le ruego que no se sienta culpable
por castigar a los culpables.
—... Debería haber seguido las instrucciones de Su Alteza el príncipe
heredero desde el principio. He hecho un trabajo inútil y solo he causado
molestias.
Joel, tras escuchar el consejo del mayordomo, finalmente comprendió
la realidad. Como había dicho Wickham, la familia del conde Scott era
culpable, y debía castigarla. Al ver que Joel se culpaba a sí mismo, el
mayordomo le dio una palmadita en el hombro para reconfortarlo.
—No, señor. Ha aprendido mucho con este asunto. Así que sus
esfuerzos no han sido en vano.
—Sí, cuando vuelva, pediré su ejecución.
—Es una decisión sabia.
El mayordomo asintió con la cabeza con fuerza para animarlo.
La conversación con Wickham había fortalecido la determinación de
Joel, que había cambiado de opinión. Al comprender que no tenía
ninguna razón para sentirse culpable por ejecutar a Aaron, se sintió
aliviado. Joel sintió que el apetito le volvía y, con una voz animada,
llamó al chef.
—¡Eh, Archie! ¿Puedes traerme otro trozo de tarta?
En realidad, no era que no tuviera apetito por culpa de Aaron Scott.
Simplemente, Joel tenía ganas de comer más tarta. Archie, el chef
regordete, se alegró de la petición de Joel y le puso otro trozo de tarta en
el plato.
El trozo de tarta que Archie le había cortado era casi del tamaño de la
cara de Joel. El mayordomo Wickham lo observaba con preocupación,
mientras Joel, con la mano en el tenedor, se preparaba para atacar la
tarta.
—Por cierto, señor, ¿no se está descuidando demasiado de su figura
últimamente?
El mayordomo, que solo había movido los labios, no pudo contenerse
y soltó la observación en voz baja. Joel, que ya había tomado un gran
trozo de tarta y estaba a punto de llevársela a la boca, se quedó
petrificado.
[—¡Joel, Dios mío! Ya de por sí, lo único que te salva es tu rostro. Si
engordas y te vuelves feo, ¿acaso Su Alteza el príncipe heredero te
mirará siquiera?]
La voz atronadora del conde Lucas resonó en sus oídos, y su apetito se
desvaneció por completo. Joel dejó el tenedor con cautela. Tocó su
vientre para estimar cuánto había aumentado de peso, pero era imposible
determinar su figura debido al vientre abultado por el embarazo. Con
rostro de inquietud, se tocó el brazo y las mejillas sin cesar, y luego se
volvió hacia Becky.
—¿Becky, he engordado?
—¿No? Para nada.
Becky lo negó en el acto, pero, en realidad, Joel sí había subido de
peso. Era normal que engordara si comía tres raciones en cada comida.
Sin embargo, aunque Joel había ganado un poco de peso en
comparación con antes, seguía siendo mucho más delgado que la
mayoría de las personas, exceptuando su vientre abultado por el
embarazo. Además, durante su huida, había cedido casi toda la comida
que encontraba a sus hermanos, y él solo había comido caldo, así que aún
le quedaba un largo camino por recorrer para recuperar su peso normal.
El príncipe heredero, consciente de que a Joel le desagradaba
engordar, había hecho todo lo posible para que Joel no sufriera estrés por
este problema durante su embarazo. Había ido aumentando el tamaño de
su ropa para que no se diera cuenta, pero parecía que el torpe
mayordomo iba a arruinarlo todo.
Becky le hizo señas al mayordomo con la cabeza con desesperación.
Pero el mayordomo, además de torpe, era tan insensible como para no
darse cuenta de lo que estaba haciendo, y siguió absorto en su discurso a
Joel.
—Señor, no debe descuidarse tanto con su figura, ahora que está
embarazado del heredero. Su Alteza el príncipe heredero podría fijarse en
alguna mujer u omega hermosa.
—Sí, lo tendré en cuenta.
Becky, al ver la expresión avergonzada de Joel al asentir, intervino en
la conversación.
—Disculpe, señor, tengo una duda. ¿Cómo está el burro Jack
últimamente? ¿Lo cuida bien Sir Bennet?
Becky intentaba cambiar de tema, pero el mayordomo Wickham solo
respondió con una reprimenda innecesaria: —Señorita Becky, el burro
Jack está bien, como siempre. Lo más importante ahora es aconsejar a su
señoría para que mantenga el favor del príncipe heredero.
Joel, a pesar de la larga reprimenda, seguía con el tenedor en la mano,
sin ganas de dejarlo. El mayordomo, al ver que no dejaba el tenedor, le
dijo con severidad: —Compórtese con sensatez, señor. Aunque esté
embarazado, comer en exceso no es bueno para usted. Dos trozos de
tarta, y encima del tamaño de la palma de su mano, es excesivo. Además,
Su Alteza el príncipe heredero valora la virtud de la templanza, ¿no es
así?
Y le quitó el tenedor de la mano.
El segundo trozo de tarta que el chef había traído quedó casi intacto,
solo se había desmoronado un poco en la punta. Joel se entristeció al
pensar que no podría seguir disfrutando de la comida a su gusto, pero no
se olvidó de felicitar al chef con una sonrisa:
—Lo siento, Archie. Tengo que controlarme. Pero la tarta estaba
deliciosa.
En el carruaje de regreso al palacio, Becky, inquieta, se dirigió a Joel
con cautela:
—... Señor, creo que el mayordomo está un poco obsesionado con eso.
—Sí, es cierto.
Joel asintió sin reparos ante las palabras de Becky. Ella, con más
seguridad, añadió: —¿Ve? Así que no haga caso a lo que dice. Usted
sigue siendo hermos-
Pero antes de que terminara la frase, Joel la interrumpió:
—Pero mi mayordomo siempre tiene razón. Wickham es muy
inteligente.
—Se- Señor...
—Sí, tengo que hacer caso a mi mayordomo. Es verdad que me he
relajado demasiado. A partir de hoy, volveré a controlar mi figura. A
partir de ahora, comeré muy poco en cada comida.
Joel dijo con determinación, apretando los puños. Becky se quedó
atónita al ver la actitud resuelta de Joel, quien ya se había decidido por
completo.
Ella sabía que cuando Joel se proponía algo, lo conseguía. En el
pasado, le había prometido que rescataría a su hermano, que había sido
capturado por el barón, y, sin tener nada, había enfrentado al barón Astor
y lo había rescatado. También escuchó que había sobrevivido durante tres
años comiendo solo media manzana y media patata al día.
Si ahora se había propuesto perder peso, no volvería a probar bocado.
Pero el príncipe heredero, preocupado por su salud, no iba a aprobar esa
decisión. Becky, sintiendo una angustia profunda, suspiró sin saber cómo
explicarle la situación al príncipe heredero.
Capítulo 131
Con el corazón emocionado, el príncipe heredero Carlyle se dirigió al
salón de banquetes para disfrutar de una cena íntima con Joel.
Sin duda, lo que más disfrutaba en el día era acostarse con Joel, pero
desde que Joel le había pedido que durmieran en habitaciones separadas,
dormir se había convertido en una tortura: una sensación de soledad y
tristeza como si estuviera acostado en un ataúd.
En cambio, el príncipe heredero había encontrado un nuevo placer en
las comidas recientes: observar a Joel disfrutar de la comida le llenaba de
una satisfacción inmensa.
Aunque no era un gran aficionado a la gastronomía, la felicidad de
Joel era contagiosa, como un resfriado. De alguna manera, el príncipe
obtenía una especie de satisfacción espiritual.
El salón de banquetes estaba repleto de manjares. El príncipe, agotado
por pasar toda la tarde haciendo guardia frente a la habitación del
emperador, quien se encontraba en convalecencia para que le
concedieran el permiso para casarse, se sintió revitalizado al ver el rostro
de Joel.
Su estado de ánimo ascendió en un instante, y alcanzó su punto álgido
cuando Joel le informó de su decisión de castigar a la familia del conde
Scott y a Aaron Scott.
—Sí, muy bien. Sé lo mucho que has luchado, pero esos necios han
llegado a su límite. Aun así, tu generosidad la conocen todos en la
sociedad, no te desanimes.
El príncipe, para consolarlo, cortó la carne y la colocó en el plato de
Joel. Pero Joel, quien por lo general se abalanzaba sobre ella con avidez,
solo cortó la carne en trozos finos y dejó el tenedor a un lado. El príncipe
frunció el ceño al ver que Joel, que tanto disfrutaba de la carne, ya no la
tocaba.
—¿Qué pasa? ¿Tiene mal sabor?
El príncipe, preocupado, probó un trozo de carne, pero la cocción y el
sazón estaban perfectos, como siempre. No se notaba ningún sabor
desagradable. Al ver su expresión de confusión, Joel murmuró con voz
melancólica:
—No, está deliciosa. Es que comí demasiado en la merienda y no
tengo mucha hambre...
—¿Te has indigestado? ¡Hay que llamar al médico de inmediato!
—No, de verdad que estoy bien. Solo no tengo mucha hambre. Es
todo.
—¿Es que te preocupa la familia Scott?
Joel negó con la cabeza en respuesta a la pregunta del príncipe
heredero. Ignoró el trozo de carne de su plato y, en cambio, tomó una
pequeña rodaja de zanahoria que estaba a su lado y lo cortó en pedazos
aún más pequeños para llevárselo a la boca.
De repente, el príncipe se fijó en Becky, que estaba en un rincón,
indecisa y titubeante.
—¿Qué pasó esta tarde con Joel? —le preguntó.
Becky, mirando a Joel, le contó lo sucedido en la mansión del duque.
—¡Qué tontería!
El príncipe elevó la voz, atónito, y Joel, con una voz tenue, reprendió a
Becky.
—Becky, ¿por qué dices eso? Su Alteza, de verdad que no es así. Solo
no tengo apetito. No tiene que preocuparse tanto por un asunto tan
trivial.
¿Un asunto trivial?, ¿Cuándo un ávido comedor que devoraba tres
raciones en cada comida dejaba de comer? ¿Qué otra cosa podía ser más
importante que eso? El príncipe tomó la muñeca a Joel y lo interrogó con
vehemencia.
—No, tú eres el que no debe preocuparse por cosas triviales. Mira, tu
muñeca todavía es tan delgada que cabe en mi mano. ¿Cómo puedes
pensar en hacer dieta con un cuerpo así?
Joel observó su muñeca, que se movía libremente en el agarre del
príncipe heredero. Era cierto que la delgadez de su muñeca dejaba
espacio en la mano del príncipe heredero, pero, en realidad, era porque
su mano era demasiado grande. Para que su muñeca no cupiera en esa
mano, tendría que ser tan gruesa como su pantorrilla.
El príncipe heredero soltó con cuidado la muñeca de Joel, tan delgada
como una rama seca, y le colocó en el plato un trozo de cerdo asado, su
plato favorito, con la carne crujiente y bañada en grasa.
—Cuando estés en la última etapa del embarazo, te costará más
moverte. Es necesario que recuperes fuerzas ahora.
El príncipe intentó convencerlo, pero Joel se limitó a rechazarlo con
delicadeza: —Eso es demasiado graso.
Al final, lo único que comió Joel de su plato principal fue una fina
loncha de carne de res, media rodaja de zanahoria y una cucharada de
gelatina de pescado picado. En realidad, teniendo en cuenta su apetito
habitual, apenas había probado bocado.
Era absurdo que se pusiera a dieta con ese cuerpo tan delgado, y más
aún estando embarazado. El príncipe, en el pasado, sintió un vuelco en el
estómago al ver cómo Joel comía como si llevara un año sin probar
comida.
Inquieto al ver que el plato principal se enfriaba, se enfureció al ver
que Joel ni siquiera miraba los postres que tanto le encantaban.
El príncipe heredero, olvidándose de la etiqueta, se levantó de golpe y
regresó con dos copas de plata llenas de postres, que estaban en el borde
de la mesa.
—Joel, mira. Este es helado con almíbar de melocotón y este es pudín
con almíbar de melocotón.
—Ya veo.
Joel, con la mirada perdida, como si observara algo que no le
interesara, respondió al príncipe heredero, que sostenía las copas en sus
manos. Y se levantó de la silla antes de que el príncipe heredero le
ofreciera una cucharada.
—¿Adónde vas? La cena no ha terminado.
—Perdóneme por levantarme antes de que Su Alteza termine de
comer. Sé que es una gran falta de respeto, pero la verdad es que me
resulta difícil resistir la tentación de seguir mirando la comida. La gula es
un pecado terrible, y me avergüenzo de mí mismo.
—Espera, ¡tú! Como tú mismo has dicho, es una gran falta de respeto
marcharse antes de que termine de comer. ¡Podrías ser severamente
castigado! Vuelve a sentarte.
El príncipe, que se había levantado de golpe para seguir a Joel, lo tomó
de la mano y lo rogó, amenazándolo con un tono implorante. Pero Joel lo
controló con facilidad, respondiendo: —Ah, entonces, solo tiene que
castigarme.
Por supuesto, eso era algo que el príncipe heredero jamás podría hacer.
Prefiere torturarse a sí mismo antes que castigar a Joel. El príncipe,
impotente, no pudo retenerlo.
Todos los manjares que adornaban la mesa, una variedad de delicias
exquisitas, perdieron su color y su aroma cuando Joel se marchó. El
príncipe, solo en el amplio salón de banquetes, se llevó las manos a la
cabeza, víctima de un dolor de cabeza insoportable, sin saber cómo
convencer a Joel, cuyo carácter era tan tenaz como el acero.
***
Joel se dio cuenta de que hacía mucho tiempo que no pensaba en su
peso.
Tan pronto como se dio cuenta, no pudo dejar de pensar en ello.
Parecía que la energía que sentía últimamente era señal de que estaba
engordando. Cuando vivía con el conde Lucas, se sentía agotado por las
tardes y siempre estaba tenso. Pero desde que comía a su gusto en cada
comida, podía hacer frente a sus actividades sin problemas.
Tal vez era un cambio positivo, pero Joel se negaba a aceptarlo. En el
pasado, nunca le había importado si subía o bajaba de peso, pero después
de tres años de sufrir bajo el yugo del conde Lucas, había desarrollado un
miedo extremo a engordar.
Solo con imaginar la mirada de desprecio del príncipe, su anorexia,
que había estado latente, regresó de golpe. Joel dejó de comer golosinas
desde el día en que el mayordomo Wickham lo reprendió, y solo comía
lo justo para no morir de hambre.
Alguna vez pensó que, tarde o temprano, dejaría de importarle si el
príncipe heredero lo odiaba o lo amaba, pero, al pensarlo con más
detenimiento, le parecía que si el príncipe heredero lo miraba con los
mismos ojos que el conde Lucas, se moriría de un paro cardíaco.
Por supuesto, la única persona que se alegró de la decisión de Joel de
restringir su alimentación fue el mayordomo Wickham. El príncipe, por
su parte, intentó cambiar de opinión a Joel. Becky, Robert, Benjamín e
incluso Félix se unieron para tratar de disuadirlo de su terquedad. Robert,
en particular, usando su condición de médico, le recomendaba
insistentemente que aumentara de peso varias veces al día.
Pero Joel no les prestó atención a sus palabras. Él pensaba que Robert
era un charlatán, que Benjamín siempre le decía cosas bonitas y que
Félix era un tonto sin visión. Joel, en cambio, creía que el ojo de su
mayordomo, Wickham, era el más preciso y llevaba una semana
sometiéndose a una estricta dieta.
—Dicen que la comitiva que transporta al conde Scott llegará a la
capital esta noche.
Las palabras del príncipe heredero lo sacaron de sus pensamientos.
Mirando la superficie del lago, que brillaba bajo la luz del sol de la tarde,
murmuró sin fuerzas: —Ah… qué bueno—. La persistente sensación de
hambre, producto de su ayuno prolongado, se hacía insoportable.
Joel y el príncipe disfrutaban de un momento de paz en la ribera del
extenso lago del palacio. Tal y como le habían dicho, el príncipe pasó
mucho tiempo con Joel durante estas dos semanas, antes de que
comenzara la temporada social.
A pesar de que ese respiro estaba a punto de terminar, Joel sentía una
profunda tranquilidad en ese instante. El príncipe observaba con
complacencia a Joel, mientras este contemplaba el lago y acariciaba el
vientre donde llevaba a su futuro hijo.
Capítulo 132
—Ya se rumorea por toda la capital que Aaron Scott está embarazado.
Parece que los sirvientes del duque tienen la boca muy suelta.
—Traté de guardar su secreto… aunque es imposible mantener un
secreto a raya en una ciudad tan llena de ojos.
Joel sintió verdadera pena por Aaron y chasqueó la lengua. Evitó el
sándwich que el príncipe heredero le ofrecía con disimulo y continuó:
—Aunque el orden haya cambiado, me gustaría pedirle que le conceda
a Aaron la oportunidad de someterse a una prueba independiente. Ya los
hemos arrestado para restablecer el orden, ¿no sería justo concederle a
Aaron un poco de clemencia?
—Bueno… ¿realmente necesitamos ser tan generosos?
El príncipe respondió con un tono de desaprobación. Consideraba que,
dado lo insistente que Aaron y el conde Scott se habían aferrado a
entrometerse en la vida privada de Joel, debían ser públicamente
criticados por el embarazo prematrimonial de Aaron. Pero Joel, la
víctima directa de la situación, negó con la cabeza.
—Solo quiero que Aaron pague por su crimen. Por un poco de
nostalgia, me gustaría evitar que él cargue con un escándalo tan injusto.
Además, como él mismo dijo, es posible que no esté embarazado, así que
es mejor ser precavido.
El príncipe dudó si realmente existía esa —nostalgia— entre Joel y
Aaron, pero como siempre, decidió complacer a Joel. Él confiaba en que
Joel, a pesar de sus errores, desarrollaría su propio sentido de la justicia y
la sabiduría a través de la experiencia, y Joel estaba respondiendo a esa
confianza, mejorando cada día. Por lo tanto, esta vez también, la decisión
de Joel sería sin duda la correcta.
—Más que eso, deberías comer algo. Llevas una semana sin
alimentarte bien.
El príncipe le rogó con tristeza. Joel llevaba una semana limitándose a
tres cucharadas de comida en cada comida. Incluso había intentado
volver a su dieta de media papa y media manzana al día, pero el olor a
papa le provocaba náuseas y tuvo que abandonarla.
—De verdad que estoy bien. ¿No lo ves?
—No me digas que estás bien. Vi con mis propios ojos cómo tenías un
ligero mareo esta misma mañana.
—Ay… mejor me levanto.
El príncipe insistió tanto con la comida que Joel, incapaz de contener
su irritación, se levantó de golpe. Había sobrevivido durante tres años
con media papa y media manzana, ¿cómo era posible que ahora se
pusiera tan nervioso por unos pocos días de ayuno? Sin embargo, Joel,
que se había levantado con arrogancia, se tambaleó al instante, incapaz
de resistir un mareo repentino e intenso.
—...Ugh.
—¡Joel!
El príncipe heredero, que se había levantado de inmediato, lo sostuvo
apresuradamente mientras se tambaleaba.
—Ya ves. Tu cuerpo está debilitado por la dieta restrictiva. Detén esto
y recupera tu energía. Le he pedido al cocinero del palacio que prepare
muchos postres dulces y suaves...
—No, no, no hace falta.
Joel rechazó la insistencia del príncipe y se alejó sin vacilar de la orilla
del lago. El príncipe heredero, que había organizado esta excursión con
la esperanza de que el cambio de ambiente estimulara el apetito de Joel,
tuvo que aceptar que su plan había fracasado de nuevo.
Al regresar al palacio del príncipe, Joel decidió pasar el tiempo
restante escuchando a Becky leer. El libro que Becky había elegido esta
vez era un tratado de filosofía. Joel se concentró en el contenido para
ampliar sus conocimientos, pero pronto sintió que sus párpados se
volvían pesados.
No es que el libro sea aburrido… debe ser que tengo más sueño por el
embarazo.
Joel se justificó así mismo y se recostó sobre los acolchados cojines.
Al empezar a roncar, el príncipe heredero, que lo observaba desde un
lado, lo levantó con cuidado. Joel, aunque adormilado, percibió que el
príncipe lo colocaba con suavidad en la cama, pero no se opuso.
Al despertarse de su larga siesta, acurrucado en los brazos del príncipe
heredero, Joel descubrió que la ventana se había oscurecido. Había
esperado lo suficiente. Joel se dirigió en silencio a las mazmorras para
encontrarse con Aaron, que estaba encarcelado. Naturalmente, el príncipe
heredero lo seguía de cerca, como un perro guardián.
El camino hacia las mazmorras le resultaba familiar. Joel también
había estado encerrado allí en su vida anterior. Aunque creía haber
olvidado todos los recuerdos de su vida pasada, los recuerdos de su
pasado resurgieron al pisar las frías piedras de la escalera.
Joel recordaba el momento en que se encontró encerrado en esas
profundas mazmorras, esperando solo la sentencia de muerte. Durante
una semana de brutales interrogatorios, ya había presentido que lo
condenarían a muerte.
Quería afrontar con rectitud el miedo a la muerte que lo acechaba a
cada instante, pero el Joel del pasado era demasiado joven y débil. En
aquel entonces, a pesar de las burlas de los guardias, cada noche no podía
reprimir sus sollozos de terror.
—¡Ah, ah, ah…!
Joel, atormentado por la desesperación del pasado, que se hacía más
intensa a medida que descendía por las escaleras, se detuvo al final,
sujetándose el pecho y jadeando.
—No es necesario que hagas este esfuerzo tan difícil solo para ver a
Aaron Scott. Además, estás embarazado. Haz que los guardias traigan a
Aaron y tú espera en la cálida sala de estar de arriba.
El príncipe, que comprendía la causa del sufrimiento de Joel, intentó
disuadirlo. Él también sentía un profundo dolor al ver a Joel tan
angustiado. Se arrepentía de no haber confiado en Joel en el pasado, de
haberlo expulsado con tanta facilidad, pero no importaba cuánto se
arrepintiera ahora, no podía deshacer lo que ya había hecho.
Joel, apoyándose en la pared, recuperó la compostura tras varias
respiraciones profundas. Con cuidado, tomó la mano del príncipe
heredero, que no podía mirarlo a los ojos por culpa.
—Ya estoy bien. Vayamos.
Joel no culpaba al príncipe por lo sucedido. Era culpa suya, por haber
conspirado con el conde Lucas. Y quería demostrarle al príncipe
heredero que ya no se aferraba al pasado. Confiando en el príncipe, que
intentaba disuadirlo, Joel volvió a bajar por las escaleras de piedra.
Joel, agarrado de la mano del príncipe, caminó por el húmedo pasillo
de las mazmorras. Las antorchas en la pared se balanceaban, iluminando
el camino. Pasó la celda donde estaban encerrados el conde Scott y su
esposa, hasta llegar finalmente a la celda más profunda de la mazmorra.
Joel dejó atrás al príncipe heredero y sus escoltas y se acercó solo a la
prisión. Observó a su antiguo amigo, encogido en la oscuridad, como una
sombra.
Aaron, en un estado deplorable, estaba apoyado en la pared, jadeando
con dificultad. Su camisa y sus pantalones, que hacía tiempo que no
cambiaba, estaban cubiertos de polvo y tierra. Era doloroso ver a Aaron
tan decaído, incluso si lo había odiado durante mucho tiempo. Sobre
todo, su rostro, iluminado por la antorcha, mostraba signos de
enfermedad. Joel se sintió devastado y no pudo hablar.
Aaron, al notar su presencia, abrió los ojos y miró a Joel.
—...Joel.
—Aaron.
La confusión en el rostro de Aaron pronto se transformó en ira. Ahora
que lo había perdido todo y había caído en desgracia, ya no podía fingir
amabilidad frente a Joel. Los rumores sobre su embarazo antes del
matrimonio se habían extendido por toda la sociedad, y durante su
traslado a la capital, parece que había pasado por todo tipo de penurias.
En sus ojos solo quedaba la maldad.
Aaron miró a Joel, sin mostrar ningún indicio de arrepentimiento por
sus errores.
—¿Qué haces aquí? Ah, ¿has venido a ver mi caída? Te morías por
verme destruido, ¿verdad? Ya debes estar satisfecho, después de estar tan
obsesionado conmigo.
—...No es así.
—¿No es así? No te hagas el inocente. ¡Debes estar encantado de
verme así! Te hiciste el santo, condenándome por mi libertinaje, y ahora
que estoy así, claro que debes estar contento. Todos se burlan de mí, ¡tú
no eres diferente!
Aaron ya no intentaba esconder su vientre abultado. Su vientre se veía
más prominente debido a su postura sentada contra la pared. Joel
respondió con calma a Aaron, que lo culpaba como si él hubiera sido el
que había difundido los rumores.
—No, en serio, no fui yo quien lo dijo. Cumplí mi promesa. No me
eches la culpa de que no hayas podido callar a tus sirvientes.
Aaron mordió su labio y giró la cabeza al oír las palabras de Joel. No
parecía creerle en absoluto. Él sabía que sus círculos habituales no tenían
mucho secreto, pero seguía echándole la culpa a Joel por la propagación
de los rumores. Aunque la naturaleza humana es ver y creer lo que
quiere, Joel se sintió atónito.
—¡Ah… bueno, eres libre de creerme o no. Pero algo debes saber. Has
perdido tu fortuna, tu honor, y has caído en un estado tan miserable, todo
por tu propia culpa.
—¿Ja! ¿Y qué he hecho mal? ¿Acaso está mal que, como alguien que
juró lealtad al Emperador, plantee las sospechas que considero
necesarias?
Aaron soltó una carcajada, como si lo que Joel decía fuera un absurdo,
pero este lo enfrentó con una calma y una determinación diferentes a las
que había mostrado antes. Joel le hizo una pregunta a Aaron para
resolver las dudas que había albergado durante tanto tiempo.
—Aaron, ¿por qué lo hiciste?
—… ¿qué cosa?
—Ese día también fui a buscarte para pedirte ayuda. Sabes bien que
nunca intenté ocultar mi visita a la guardia, entonces, ¿por qué permitiste
que tu padre me malinterpretara?
La noche de la fiesta de graduación, cuando Joel se dio cuenta de que
el príncipe había desaparecido, lo primero que hizo fue ir a la guardia.
Sin embargo, allí fue objeto de burlas y lo echaron. Desesperado, Joel
regresó al salón de baile y suplicó a cualquiera que se cruzara en su
camino.
Y ahora, Joel recordaba que Aaron Scott había estado entre esos —
cualquiera.
Capítulo 133
En medio de la angustia por la desaparición del príncipe, Joel, con el
corazón acelerado, se aferró a Aaron Scott, sabiendo que este no le
brindaría ayuda alguna. Abandonando cualquier vestigio de orgullo,
suplicó:
[—Aaron, el príncipe heredero ha desaparecido. He ido a la guardia
real, pero nadie me hace caso. Por favor, por favor, ayúdame. Con la
nieve que está cayendo, si algo le sucede al príncipe... ]
Su súplica, sin embargo, fue recibida con burla:
[—Dios mío, Joel. ¿Qué espectáculo más indecente es este?
Mostrándote ebrio frente a todos. Aunque, claro está, la decencia no es
algo que puedas comprender...]
Aaron Scott, sin duda, no estaba ebrio esa noche. Debía recordar el
ruego desesperado de Joel, ¿pero por qué ignoró la súplica y permitió
que su padre alimentara una acusación tan infundada? Joel siempre tuvo
dificultades para comprender a Aaron, pero su elección en ese momento
era incomprensible.
Aaron, por un instante, pareció vacilar, pero luego, con un gesto de
desdén, respondió:
—Quién sabe, tal vez inventaste esta historia para ocultar tu propia
escapada romántica.
Su terquedad era exasperante.
Observando la obstinación de Aaron, Joel comprendió con un golpe de
claridad que su amigo había dejado que la situación llegara a este punto
solo por un prejuicio arraigado. Aaron ya había tomado la decisión de
despreciarlo, y su orgullo le impedía reconocer su error. Tal vez incluso
sabía que Joel no era responsable de los rumores.
Una profunda sensación de vacío lo invadió. Todos los esfuerzos que
había hecho por reconciliarlos parecían ahora inútiles. La idea de que no
era el único que le tenía un odio tan profundo lo llenó de desesperación.
Durante todo ese tiempo, Joel había luchado por convencer a la
nobleza, tratando de superar su desconfianza y su rechazo. Pero sus
esfuerzos se estrellaban una y otra vez contra la barrera infranqueable de
su origen. ¿Qué más podía hacer si ser elevado a la nobleza por el
emperador no era suficiente? Joel no entendía cómo podían considerar su
origen como un pecado original.
—Te he dado innumerables oportunidades. No lo hice por ningún
beneficio personal, solo por la preocupación que sentía por ti. Te he
ofrecido mi amistad, he invertido mucho tiempo y esfuerzo...
Aaron, ignorando las palabras de reproche de Joel, volvió a cerrar los
ojos y se apoyó en la pared. No reaccionó cuando Joel, con voz
desgarrada, murmuró: —Pensé que eras mi amigo, pero parece que no.
Nunca lo fuiste—. Era como si Joel fuera invisible para él.
Contemplando la indiferencia de Aaron, Joel aceptó la verdad de las
palabras del príncipe heredero. Aaron Scott nunca lo aceptaría como uno
de los suyos. La posibilidad de reconciliación, como le había dicho el
príncipe, nunca había existido.
—De qué sirve hablar de esto ahora, cuando la situación ya está
definida... Debes asumir la responsabilidad de tus acciones imprudentes.
Joel le dijo esto a Aaron con una calma estoica, observando cómo el
joven se aferraba a su negativa. En el rostro pálido de Aaron, por un
instante fugaz, pareció asomar un atisbo de arrepentimiento.
Sin embargo, mantuvo su actitud gélida. Pero cuando Joel añadió, —
Sin embargo, yo ya te he perdonado. Y por nuestra antigua amistad, haré
todo lo posible para que no cargues con una deshonra injusta—, Aaron se
sobresaltó y lo miró.
—¿Qué... qué dices?
—Yo creo que nunca cometiste esa inmoralidad. Por eso, mañana,
frente a toda la corte, te daré la oportunidad de ser examinado. Tú mismo
sabes mejor que nadie cómo está tu cuerpo. ¿Qué decides?
Aaron no pudo responder de inmediato. Tras un largo silencio, con voz
entrecortada, preguntó: —¿Por qué... por qué me ayudas...? He difundido
rumores horribles sobre ti....
—En realidad, no te estoy ayudando. Simplemente estoy tratando de
que se haga justicia. Y como bien dices, he sido víctima de una serie de
infamias por tu culpa. Sé que es injusto, y por eso intervengo.
Su decisión de ofrecerle una última oportunidad a Aaron era para su
propio beneficio. La idea de responder con la misma moneda a la vileza
no era propia de su carácter. Y Joel quería demostrarles a todos, a Aaron
y a aquellos que lo menospreciaban, qué era realmente la verdadera
dignidad.
—Si eres inocente, esta será tu última oportunidad para recuperar tu
honor. Puedes elegir: aceptar mi propuesta o seguir siendo objeto de los
chismes y marcharte de la capital.
Durante un breve instante, Joel temió que Aaron rechazara su
propuesta. Si lo hiciera, significaría que el rumor era cierto, y ese tipo de
caída, tan humillante, sería algo que el orgulloso Aaron jamás podría
soportar.
Sin embargo, en el siguiente instante, Aaron asintió con la cabeza,
aceptando su oferta. Joel, finalmente, sintió un gran alivio.
***
—¿Entonces...? ¿Cuál es la situación? —preguntó Joel, sacudiendo el
brazo de Robert, quien mantenía el estetoscopio pegado al pecho de
Aaron.
Robert se mantuvo en silencio, absorto en los sonidos que emanaban
del cuerpo del joven. Joel quería insistir, pero la expresión de Robert era
tan grave que se contuvo.
La sala de recepción estaba abarrotada de nobles que se habían
congregado para conocer la noticia. La supuesta gravidez de un omega
noble como Aaron, perteneciente a una familia de tan arraigada estirpe,
era un escándalo grave. Si se confirmaba, el impacto se extendería más
allá de la alta sociedad, llegando incluso a los más humildes.
Tras un largo silencio, Robert por fin se apartó el estetoscopio y habló.
—La buena noticia es que el señor Aaron no está encinta.
Joel, que se había mantenido tenso ante la expresión de preocupación
de Robert, exclamó: —¿Qué? ¿Estás seguro?
Los nobles que se agolpaban en la puerta intercambiaron miradas de
sorpresa. Era comprensible: el vientre de Aaron, sin la faja, sobresalía
por debajo de su camisa.
Antes de que Joel, sin darse cuenta, pudiera expresar su alegría, Robert
añadió:
—La mala noticia es que el señor Aaron tiene un tumor en
crecimiento. Un diagnóstico preciso requiere más pruebas, pero según el
estado actual, se sospecha que es maligno.
—¿Un tumor maligno...? —preguntó Joel con inquietud, frunciendo el
ceño.
Aaron, por su parte, esbozó una sonrisa amarga, como si ya lo
intuyera.
—E-entonces, ¿se puede curar con tratamiento? ¿Sí? —dijo Joel, con
un tono angustiado.
Aaron lo detuvo, tomando su mano. Luego, se volvió hacia Robert y le
preguntó: —¿Cuánto tiempo me queda?
Robert, que antes se había mostrado reacio a hablar, suspiró con pesar
ante la pregunta de Aaron. A pesar de sus años como médico, pronunciar
una sentencia de muerte siempre era una tarea difícil. Incluso si se tratara
de un viejo enemigo de Joel, Robert no podía evitar sentir una profunda
compasión.
—Lamento decirlo, señor, pero se perdió el momento adecuado para el
tratamiento y el tumor se ha extendido por todo el cuerpo. Pocos meses...
a lo sumo tres...
Mientras Robert titubeó, incapaz de terminar la frase, Aaron aceptó la
condena con una actitud noble y estoica. Tras asentir pensativo,
murmuró:
—Tres meses... tiempo suficiente para cerrar una vida breve.
Y, a modo de consuelo, esbozó una sonrisa serena.
Joel no pudo ofrecerle a Aaron ningún tipo de consuelo. La
exploración había terminado, y Aaron debía regresar a la prisión
subterránea, pero Joel no podía condenar a su amigo agonizante a esa fría
celda. Así que lo dejó descansar en la sala de recepción y se apresuró a
prepararse para la audiencia con el emperador.
El emperador, que había evitado la confrontación con Joel alegando
diversos pretextos, aceptó su petición de audiencia al enterarse de la
situación de Aaron Scott. Al encontrarse con él después de tanto tiempo,
Joel notó que su aspecto era aún más deteriorado que antes. El
emperador parecía más enfermo incluso que Aaron, con sus tres meses de
vida. Joel intuyó, con una punzante certeza, que la preocupación por el
príncipe heredero le estaba causando un dolor profundo, y que el
emperador se aferraba a la vida con una fuerza desesperada.
Capítulo 134
Con un tono respetuoso, Joel consultó al emperador sobre el destino de
Aaron y la familia del conde Scott. Tras un momento de reflexión, el
emperador, con una voz débil, abrió sus labios resecos.
—Tus reportes me han causado una profunda impresión. Primero,
debo felicitarte por tu esfuerzo en procurar justicia... Realmente has
pasado por mucho.
—Majestad.
—He oído hablar de las ofensas que la familia Scott ha infligido sobre
ti. Atentar contra la honra de un miembro de la familia real es un crimen
que merece un castigo severo. Sin embargo, el conde Scott lideró la
supresión de la rebelión de Heath Hales, y desde entonces ha estado a mi
lado, demostrando una lealtad inquebrantable en momentos de crisis. No
puedo ignorar su dedicación...
El emperador, con evidente fatiga, interrumpió su discurso, tosiendo
con fuerza y desplomándose sobre el cojín. Como Joel había sospechado,
el emperador, viejo y enfermo, estaba llegando al final de su camino. Los
presentes acudieron en su ayuda. El médico le recomendó descansar,
pero el emperador rechazó su mano y continuó hablando con Joel.
—A veces, la clemencia puede traer consigo un orden superior. Tras
perder a su amado hijo, el conde ya ha sido castigado por Dios por sus
palabras imprudentes. Condenaremos a Aaron Scott a arresto
domiciliario, y el conde y su esposa se trasladarán a su mansión en la
capital, donde permanecerán hasta que se celebre el funeral de su hijo.
Luego, serán exiliados. ¿Qué te parece esta decisión?
La indulgencia del emperador, en cierto modo, podría haber herido el
orgullo de Joel. Los presentes intercambiaron miradas preocupadas,
temiendo que reaccionara con una respuesta insolente. Conocían su
cambio de actitud, pero su historia de escándalos y desmanes se extendía
por tres largos años.
—Comprendo la profunda sabiduría de Su Majestad. Si bien las
ofensas cometidas por la familia Scott contra la familia real son
imperdonables, como ha dicho Su Majestad, ya han sido castigados por
Dios. Además, debemos considerar las contribuciones de la familia Scott
a la corona. Aceptaré la decisión de Su Majestad, llena de sabiduría.
Aunque compadecía a Aaron, Joel no tenía ninguna intención de
oponerse a la decisión del emperador. De hecho, se sintió conmovido al
escuchar al emperador referirse al niño no nacido como un miembro de
la familia real. Joel se inclinó con reverencia y se retiró.
Una vez finalizada la audiencia, Joel ordenó que llevaran a la familia
Scott a su mansión en una carroza. Deseando que Aaron pudiera
descansar lo antes posible, se apresuró a organizar su traslado.
El conde y la condesa Scott, sumidos en la desesperación tras perder
su fortuna, su posición y sus sueños, se hundieron aún más en el abismo
de la desesperación al enterarse de la condición de su hijo. Sin embargo,
agradeciendo la misericordia del emperador por permitir a su hijo
enfermo morir en paz, aceptaron con resignación la carroza que Joel
había preparado para ellos.
Joel no se molestó en despedirlos. Consideraba que el hecho de
haberles salvado la vida era una muestra de clemencia suficiente.
Mostrar demasiada indulgencia hacia quienes habían difundido rumores
tan infames sobre la familia real podría socavar la autoridad. Sin
embargo, la compasión que sentía por Aaron era inquebrantable. Envió a
Becky a despedirlo, mientras él, oculto tras la ventana, observaba cómo
Aaron se alejaba.
Aaron, a pesar de la actitud desafiante que había mostrado hacia Joel
en la prisión subterránea, ya había reconocido en su interior que no tenía
derecho a reprocharle nada.
Los últimos siete días, durante los que había sido víctima de
acusaciones injustas y de la burla pública, le habían enseñado una valiosa
lección. Cuando se corrió el rumor de su supuesto embarazo, todos lo
señalaron y se burlaron de él, dando por hecho que era cierto. Incluso sus
propios padres dudaron de su inocencia.
El día en que Joel le había derramado la bebida sobre la ropa, Aaron
había sido descubierto por su madre, quien, tras verlo con la faja, había
llegado a la errónea conclusión de que estaba embarazado. A pesar de las
explicaciones de Aaron, su madre, en un estado de agitación extremo,
había corrido a contarle a su esposo lo que había visto. Así, Aaron había
sido abofeteado en repetidas ocasiones por su padre y enviado de regreso
a la mansión familiar.
A partir de esa noche, los rumores habían traspasado las murallas de la
mansión. Nadie había creído sus explicaciones, y la reputación que había
cuidado con tanto esmero durante toda su vida se había desmoronado con
unas pocas palabras sin fundamento.
Aaron siempre había sabido que los humanos preferían la intriga a la
verdad, pero sentir que hasta sus seres más cercanos lo habían juzgado
con desdén, reduciendo su desgracia a un simple chisme, le había
causado una profunda sensación de traición.
Al final, el único que había mostrado una mínima compasión hacia él
había sido Joel. Él había sido el único que no había sentido una malsana
curiosidad por su vientre. Si se hubiera guiado por el rencor que los
había separado durante tanto tiempo, Joel podría haber utilizado esta
situación para humillarlo públicamente. Sin embargo, no solo se había
abstenido de acusarlo, sino que había hecho todo lo posible por limpiar
su nombre.
[—¿Por qué... por qué me ayudas...? He difundido rumores horribles
sobre ti....]
[—En realidad, no te estoy ayudando. Simplemente estoy tratando de
que se haga justicia. Y como bien dices, he sido víctima de una serie de
infamias por tu culpa. Sé que es injusto, y por eso intervengo].
Joel no había actuado por ningún interés personal, sino porque creía
que era lo correcto. Aaron sabía que si se hubiera encontrado en la misma
situación, no habría actuado con la misma nobleza que Joel.
Y se sentía avergonzado. A pesar de que había despreciado a Joel
llamándolo vulgar, en realidad, los que se habían mostrado vulgares eran
los demás nobles, incluido él mismo.
Aaron, incapaz de dejar atrás su orgullo, había herido a Joel hasta el
final, pero en su interior, luchaba consigo mismo, reconociendo la
necesidad de aceptar su culpa. Justo antes de subir al carruaje que Joel le
había enviado, se dio cuenta de que esa era su última oportunidad para
disculparse.
Se volvió y, con un movimiento rápido, tomó la mano de Becky. Con
la respiración entrecortada, susurró: —Dile al conde que estoy
profundamente agradecido por su bondad. No me atrevo a pedir perdón
por mis errores, pero hasta el final de mis días los lamentaré, y rezaré por
su felicidad y su bienestar.
Aaron partió de la capital. Al escuchar el mensaje de Aaron a través de
Becky, Joel esbozó una sonrisa melancólica. Aunque agradecía que
Aaron hubiera reconocido sus errores, no podía evitar lamentarse de que,
si lo hubiera hecho antes, quizá podrían haber sido buenos amigos.
... En realidad, no era motivo de alegría, pero considerando las
innumerables veces que Aaron se había comportado con él de forma
cruel, Joel no podía dejar de conmoverse por esas pocas palabras de
disculpa.
Joel permaneció junto a la ventana, observando cómo el carruaje que
transportaba a Aaron se alejaba hasta que desapareció de su vista.
Sumido en la tristeza por Aaron, no podía apartar la mirada de la
ventana. Sin embargo, al ver al príncipe heredero, que acababa de
regresar de sus entrenamientos militares, una sonrisa cálida iluminó su
rostro.
—¿Es cierto que a Aaron Scott no le queda mucho tiempo?
—Sí, Robert lo examinó frente a mí y al resto de la corte. Es un
diagnóstico en el que puedes confiar.
—Dios...
El príncipe heredero chasqueó la lengua. Joel, con aire triunfante, le
dijo:
—Te lo advertí, ¿ves? Si hubieras seguido tu plan inicial y hubieras
utilizado la supuesta gravidez de Aaron como arma de acusación pública,
ahora estarías lidiando con las críticas por tu crueldad.
El príncipe heredero, con humildad, reconoció su error.
—Tienes razón. Esta vez, tu decisión ha sido la correcta. Al observar
cómo has actuado con objetividad y justicia, dejando de lado tus
sentimientos personales, he aprendido mucho. Tu serenidad y tu bondad
son un ejemplo a seguir para todos, incluido yo.
Joel se sonrojó ante las palabras halagadoras del príncipe. Siempre lo
había tratado como a un niño, así que sentir que al fin lo había
reconocido le llenó de orgullo. Con renovada energía, le ofreció su brazo
al príncipe.
—Gracias, Su Alteza. Por cierto, hace un día espléndido. ¿Qué te
parece si damos un paseo por el jardín esta tarde? No tienes ningún
compromiso, ¿verdad?
De pronto, se dio cuenta de que el príncipe acababa de regresar de los
entrenamientos y, por lo tanto, debía estar exhausto. Joel se rio
incómodamente:
—Ah, tal vez una siesta sería mejor que un paseo...
En ese preciso instante, el príncipe, con una sonrisa encantadora, besó
la mano de Joel.
—Un paseo por la tarde, qué idea tan maravillosa. Siempre estoy
dispuesto a acompañarte. Pasar tiempo contigo es un verdadero placer y
una alegría inmensa.
La voz del príncipe era tan cálida como los rayos de sol que entraban
por la ventana, y en su mirada se reflejaba un afecto profundo, no la
fatiga. Joel, conmovido, lo abrazó con fuerza. El príncipe, respondiendo
al abrazo, se dio cuenta de que se le había escapado algo crucial.
—Espera, ¿dijiste que una siesta?
Habían pasado quince días desde que Joel había rechazado compartir
la cama con él. El príncipe, dispuesto a no desperdiciar esta oportunidad
única de disfrutar de un momento íntimo, intentó rectificar sus
apresuradas palabras.
Sin embargo, antes de que pudiera hablar, Joel, con una mirada
traviesa, lo interrumpió con firmeza:
—No intentes cambiar de opinión.
El príncipe, sin más remedio, se dejó llevar por Joel, suspirando
levemente.
Capítulo 135
Bajo el cálido sol de verano, el jardín, bañado por un vibrante verde,
respiraba paz y quietud. Joel, junto al príncipe heredero, disfrutaba de la
tranquilidad del momento, enfrascados en una animada conversación.
El clima era perfecto, y una suave brisa acariciaba su rubio cabello.
Era una tarde tan completa que no se podía pedir más.
En un instante, como si la felicidad que sentía Joel se hubiera
transmitido, el bebé en su vientre dio una fuerte patada. Joel se quedó
aturdido, deteniendo su paso.
—¿Qué ocurre? ¿El pequeño travieso te ha asustado?
El príncipe heredero, que también se había detenido, acarició el vientre
de Joel. En ese preciso momento, el bebé, que segundos atrás rebozaba
de energía, detuvo todos sus movimientos como si se hubiera asustado
por el contacto. Tan pronto como el príncipe retiraba la mano, el bebé se
ponía a dar patadas de nuevo, pero si volvía a colocarla, se quedaba
inmóvil. Ante tan adorable comportamiento, Joel y el príncipe se rieron
con alegría.
Sin embargo, la sonrisa de Joel se esfumó de pronto. La vivaz energía
de esa pequeña vida le recordó que en ese mismo mundo, algunas llamas
de la vida se iban apagando. El príncipe heredero, comprendiendo las
preocupaciones de Joel, le rodeó los hombros con suave afecto.
—¿Te preocupa Aaron?
—Sí, bueno...
—Es una pena que un joven muera tan temprano, pero eso no significa
que todos sus errores deban olvidarse. No te preocupes tanto.
—Pero él también tiene veinte años, como yo.
Joel susurró con tristeza. En lugar de sentir alivio por haberse librado
de un enemigo, el dolor que sentía por la situación de Aaron demostraba
que realmente había sido una persona que le había importado. Con un
tono amargo, añadió: —Aunque él no lo demuestra, yo sé que se
arrepiente. Me pidió perdón antes de marcharse.
—¿Ese arrogante tipo... te pidió perdón?
El príncipe heredero abrió la boca de la sorpresa. No podía creer que
Aaron Scott, con su astucia y malicia, hubiera reconocido su culpa.
Al ver su incredulidad, Joel pidió a Becky que declarara:
—Sí, el señor Aaron, justo antes de subir al carruaje, me tomó la mano
y me pidió que le transmitiera un mensaje al conde. Dijo que se
arrepentía de sus errores y que rezaría por la felicidad y el bienestar del
conde...
El príncipe heredero, convencido, se conmocionó al saber que Aaron
Scott por fin había aprendido a ser humano.
Cuando terminaron su paseo, el marqués Langston los esperaba en el
palacio del príncipe heredero.
El marqués anunció que el emperador quería ver a Joel. El príncipe
heredero, naturalmente, quería acompañarlo, pero Joel, al percibir la
incomodidad del marqués, lo separó del grupo y se dirigió con él a la sala
de recepción.
—El... el emperador me ha enviado un mensaje.
Joel rompió el incómodo silencio. Pensó en el mensaje que el marqués
le había traído, pero no consiguió adivinar su contenido. ¿Se trataría de
una exhortación a no incomodar al emperador por su decisión de ser
clemente con la familia Scott?
El marqués, con una sonrisa enigmática, comenzó a hablar.
—Su Majestad siempre lleva un medallón colgado del cuello. Ni
siquiera cuando está postrado en cama se lo quita. ¿Sabe el conde qué
guarda ese medallón?
—No.
Joel, recordando el collar de plata que adornaba el cuello del
emperador, negó con la cabeza. Nunca le había prestado mucha atención,
pero ahora, pensando en ello, el medallón le parecía demasiado sencillo
para un objeto tan preciado para el emperador de un reino.
—Dentro hay un retrato de la difunta emperatriz. Al ver al conde y al
príncipe heredero paseando juntos por el jardín, me he acordado de la
juventud de Su Majestad. Nunca he visto un matrimonio tan cariñoso y
cercano como el de Su Majestad y la emperatriz... Su amor y su afecto
mutuo eran un ejemplo para todo el reino.
Los ojos del marqués, contemplando el pasado, brillaban con una
añoranza melancólica. Joel sabía, como el marqués había dicho, que el
emperador y la emperatriz habían sido almas gemelas. Escuchó
atentamente las palabras del marqués.
—Tras la muerte de la emperatriz, Su Majestad nunca se casó de
nuevo porque solo había un lugar para ella en su corazón. Nunca se ha
arrepentido de haber decidido mantener el trono de su esposa vacío para
siempre, pero desde que cayó enfermo, comenzó a dudar. Le preocupaba
la seguridad del príncipe heredero, que se quedaría solo en el mundo.
Joel sospechaba que el emperador no había firmado el certificado del
matrimonio. Por esa razón, no podía odiar ni reprochar al emperador.
Quería cumplir con sus expectativas y ser un apoyo para el príncipe
heredero, y para eso había hecho todo lo posible... Pero no podía negar
que todavía tenía mucho camino por recorrer.
—Por suerte, el príncipe heredero ha completado su formación como
rey y ya tiene veinte años. Su situación es mejor que la de Su Majestad,
quien tuvo que asumir la corona sin preparación a la tierna edad de trece
años. Sin embargo, al no tener una emperatriz que lo guíe, el príncipe
heredero carece de experiencia política. Es inevitable que Su Majestad se
preocupe.
El marqués, con un rostro abatido, explicó con detalle los desafíos que
había enfrentado el joven emperador. Desde su ascensión al trono, había
tenido que enfrentar las presiones diplomáticas del exterior y las disputas
territoriales con los reinos vecinos. En el interior, cada pequeña decisión
dependía de los regentes y los consejeros. Esta dependencia lo llenaba de
incertidumbre y lo obligaba a luchar contra la frustración constante. Y,
por encima de todo, el acontecimiento que lo había afligido más fue la
rebelión del duque Heath Hales.
—Heath Hales, el tío de Su Majestad, era una persona en la que
confiaba plenamente. De hecho, Su Majestad lo nombró regente
personalmente. Cuando Su Majestad alcanzó la mayoría de edad, le pidió
que le devolviera el poder y los deberes de regente. Heath Hales acató su
petición, cediendo el gobierno al emperador y retirándose... Pero no pudo
renunciar a su ambición por el trono. A su sobrino, a quien tanto quería,
le apuntó con un puñal.
El joven emperador, constantemente desafiado en su autoridad, había
sufrido un golpe psicológico devastador al ser traicionado por su tío, en
quien había confiado ciegamente. Lleno de incertidumbre y
desconfianza, no confiaba en nadie más que en su esposa y su hijo
pequeño. Sospechaba incluso de sus consejeros más cercanos. Y en las
cuestiones que amenazaban la autoridad de la corona, no mostraba la más
mínima misericordia.
—¿Pero no se ha mostrado generoso al perdonar la ofensa del conde
Scott...?
Joel, intrigado por las palabras del marqués, preguntó con cautela. El
marqués sonrió y respondió: —Si hubiera sido en su juventud, eso sería
imposible.
—Ah —respondió Joel, asintiendo, aunque en realidad no estaba del
todo convencido. En su opinión, la decisión de clemencia se había
basado más en el hecho de que el conde Scott había protegido al
emperador durante la rebelión de Heath Hales.
—Volviendo al tema principal, al no haber una emperatriz que lo guíe
en asuntos políticos, esa responsabilidad recaerá naturalmente en el
consorte real. Sin embargo, el conde, a pesar de su sólida base
económica, carece de fundamentos políticos. Incluso si el Conde ha
concebido al heredero imperial, Su Majestad el Emperador no podría
evitar tener serias dudas sobre este matrimonio.
—Yo... ¿tengo una base económica sólida? —interrogó Joel, con un
tono incrédulo. No podía más que sentir confusión. Su única posesión era
la modesta mansión y las tierras del señor Bennet.
Reflexionando, recordó las riquezas que el emperador le había
concedido, pero consideraba que no eran suficientes para justificar la
afirmación de —base económica sólida.
—Bueno, en el sótano de la mansión de Sir Bennet, se encuentra un
yacimiento arqueológico de incalculable valor, destinado a ser
preservado para siempre.
—...Ah.
Ante la clara explicación del marqués, Joel asintió con la cabeza. Era
cierto, poseía una mansión subterránea repleta de tesoros. Nunca se había
interesado en los beneficios que generaba, pero había oído rumores de
que la mansión era un lugar muy popular en la capital, especialmente
durante la temporada de los bailes, y que las entradas deben haber sido
bastante rentables.
—Hace poco, en un baile privado, el conde dijo que no podía limpiar
tres años de errores en solo tres meses. Al escuchar eso, Su Majestad
sonrió por primera vez en mucho tiempo. Como dijo el conde, Su
Majestad necesitaba tiempo para conocerte.
Joel, siguiendo el ejemplo del marqués, rio con torpeza. No se
imaginaba que la conversación que tuvo con Scott en ese baile privado
hubiera llegado a oídos del emperador.
—Su Majestad ha estado observando tus esfuerzos para reconciliarte
con la alta sociedad. Y hoy, finalmente, ha reconocido que has cambiado.
Necesitas ser más frío y calculador, pero es mejor ser demasiado amable
que demasiado imprudente. Considera que ya has hecho suficiente.
El marqués concluyó su discurso con una sonrisa ambigua.
Su tono era extraño, y Joel sintió un escalofrío. ¿Reconocerlo?
¿Considerarlo suficiente? ¿Qué significaba eso?
Mientras Joel trataba de descifrar el significado oculto de sus palabras,
el marqués sacó algo de su bolsillo y se lo ofreció: —Como recompensa
por tu actitud conciliadora y por haber aceptado la clemencia hacia la
familia Scott, Su Majestad te ha concedido un pequeño regalo.
Capítulo 136
Joel reconoció que el objeto que sostenía el marqués era un sobre con
el sello del imperio grabado en oro. Con manos temblorosas, abrió el
sobre, pero se detuvo, vacilante, antes de mirar su contenido. El marqués,
con una leve sonrisa, parecía invitarlo a seguir adelante. Joel, con el
corazón latiendo con fuerza, abrió el sobre.
—Dios mío...
Al ver el contenido, Joel abrió los ojos de la sorpresa. Era un
certificado de matrimonio con el sello del emperador. Joel, atónito, se
quedó petrificado, incapaz de respirar. En ese instante, el marqués se
levantó y se inclinó con una nueva reverencia.
—Su Alteza, Rey consorte.
Joel se pellizcó la mejilla, incrédulo ante lo que veía. Nunca había
imaginado que el temible emperador llegaría a aceptar su unión. Había
creído que la boda tendría que esperar hasta la muerte del emperador,
para luego enfrentar la fuerte oposición de la nobleza.
O, en el mejor de los casos, el emperador lo autorizaría después del
nacimiento del bebé. El emperador, tan desconfiado, no aceptaría la
fidelidad de Joel sin ver con sus propios ojos al niño.
El marqués, viendo a Joel balbuceando en shock, añadió:
—Ah, y el emperador ha solicitado tu presencia en la próxima
ceremonia de presentación a la corte. Será tu primera aparición oficial
como consorte real, así que deberás prepararte con esmero.
—En verdad... muchas gracias. No sé cómo expresar mi gratitud.
Abrumado por la emoción, Joel guardó el documento de nuevo en el
sobre y lo dejó con cuidado sobre la mesa. Tan feliz y emocionado estaba
que casi se levanta y le da un abrazo al viejo marqués. Afortunadamente,
antes de que lo hiciera, el marqués interrumpió: —Ah, hay algo más que
debo decirle. He oído que Su Alteza no ha estado comiendo bien. El
emperador está muy preocupado por la salud de Su Alteza.
—Ah... perdón. No quería causar preocupaciones al emperador, que
está enfermo...
Joel se sintió culpable, pero el marqués negó con la cabeza con
rapidez.
—No lo estoy recriminando, Su Alteza. Pero al parecer, la razón por la
que Su Alteza no come es para no mostrar su fragilidad ante el príncipe
heredero. Y yo tengo una pregunta para usted. ¿Qué es más importante
para usted, mantener el amor del príncipe heredero o cuidar de su propia
salud?
—Mantener el amor del príncipe heredero —respondió Joel sin dudar.
Era cierto. Si tuviera que elegir, podría reducir su consumo de comida
aún más para conservar el amor del príncipe. Para él, el príncipe era
mucho más importante que su propia vida.
El marqués sacudió la cabeza.
—No, ¿acaso no le he dicho la única cosa que preocupa al emperador?
Es una lección que debería aprender...
Joel, frunciendo el ceño, comprendió el significado de las palabras del
marqués y suspiró.
El emperador se aferraba a la vida a pesar del dolor por la
preocupación que sentía por su hijo. A pesar de que su hijo era un adulto
y había completado su formación como rey, el emperador lo veía como
un niño de cinco años. Le inquietó que su hijo no tuviera un regente
confiable a su lado, un consejero real para ayudarlo a gobernar. Por esa
razón, el emperador no podía dormir tranquilo hasta que no estuvo
seguro de Joel.
Este era un momento que algún día también llegaría para Joel. Por eso,
el marqués le hacía esa pregunta. Al igual que el emperador, ¿acaso no
debía vivir un día más, aunque fuera por su hijo?
Joel, aunque no podía aspirar a ser un regente imponente, sabía que en
unos años, con la experiencia acumulada, podría ofrecer alguna que otra
sabiduría al niño. Y además, había comprobado con sus propios ojos que
los padres, simplemente por el hecho de estar vivos, pueden brindar un
gran consuelo y apoyo a sus hijos.
¿No era su propio padre, el señor Bennet, un claro ejemplo de eso? A
lo largo de los años, Sir Bennet le había causado innumerables
dificultades, incluso había llegado a conspirar con los demonios para
poner en peligro al príncipe heredero y sabotear su plan de fuga. Sin
embargo, Joel siempre había agradecido que su padre estuviera vivo y
sano.
—Le preguntaré de nuevo. ¿Qué es más importante para usted,
mantener el amor del príncipe heredero o cuidar de su propia salud?
—Cuidar de mi salud... —respondió Joel, finalmente cuestionando su
propia actitud ante la aguda observación del marqués. Aunque el príncipe
era importante para él, el niño que llevaba en su vientre lo era aún más.
Por su hijo, Joel estaría dispuesto a soportar la desaprobación del
príncipe.
—Entonces debería comenzar a cuidar de su alimentación a partir de
ahora.
—Sí...
Pero, al ver que Joel todavía mostraba dudas, el marqués, en un gesto
de consuelo, añadió:
—Tal vez no lo sabes, pero el emperador, cuando la emperatriz sufría
por su enfermedad, siempre la miraba con profundo cariño... Pasaba
horas a su lado, rezando con fervor por que la enfermedad desapareciera.
No dudaba en besarla una y otra vez, a pesar de que su rostro estaba
cubierto de ampollas. El príncipe heredero ha heredado el carácter de Su
Majestad. Puedes confiar en él, Su Alteza.
Ante las palabras del marqués, Joel por fin se libró de su angustia. De
hecho, el príncipe heredero había llegado a sacrificar su propia alma para
salvarle la vida. Un amor tan profundo y fuerte no se apagaría por un
poco de peso extra.
—Tienes razón. Muchas gracias por tranquilizarme. ¡A partir de ahora,
me cuidaré mejor!
Joel, con una sonrisa sincera, asintió con firmeza. El marqués
Langston, que había cumplido su misión, se despidió con un gesto cortés.
Pocos minutos después, el palacio del príncipe heredero se llenó de
alegría y sorpresa.
***
El anuncio inesperado del matrimonio del príncipe heredero causó
conmoción en la capital. La temporada de bailes, que estaba a punto de
comenzar, se reorganizó completamente en torno a la boda real. Las
calles se llenaron de festivales y desfiles, y la nobleza, que había estado
esperando en la mansión de Sir Bennet para obtener un número de
entrada a la mansión subterránea, se precipitó a la capital ante el
inesperado anuncio de la boda.
Los nobles que ya se encontraban en la capital también se vieron
sumergidos en un caos. Para celebrar esta gran ocasión, descartaron sus
antiguos vestidos y encargaron nuevos trajes aún más lujosos. Las
tiendas de la ciudad rebosaban de actividad, y los talleres de costura
trabajaban sin descanso para satisfacer la demanda explosiva.
Joel, que había recibido una noticia con retraso, acudió a la capital con
prisa. Sir Bennet le había informado personalmente de las ingentes
ganancias que habían generado las entradas a la mansión subterránea, y
Joel no podía creer lo que escuchaba. No confiaba en sus palabras y
exigió ver los libros de contabilidad. Pero las palabras del señor Bennet
eran verdad, y Joel se quedó atónito.
Era comprensible. Habían pasado solo tres meses desde que se había
otorgado el permiso para visitas turísticas, pero en los libros contables ya
se reflejaba una cantidad asombrosa de ingresos, el doble de los ingresos
anuales del conde Lucas. Joel comprendió el significado de las palabras
del marqués, que le había asegurado que su base económica era sólida.
Mientras se preparaba para la boda, Joel no se olvidó de cumplir la
promesa que le había hecho a Benjamín. Una noche, aprovechando el
bullicio de la capital, se encontró con él en secreto.
—¡Joel!
—¡Ben! Llegaste justo a tiempo.
Joel, con alegría, abrió los brazos para abrazar a Benjamín, quien, tras
abrazarlo con fuerza, se apartó con preocupación.
—Joel, yo... ¿dónde está Félix?
—Ah, ahí dentro —dijo Joel, señalando con satisfacción el carruaje
que esperaba en la puerta. En ese mismo instante, un ronquido sonoro
provenía del interior del vehículo, a través de la pequeña abertura de la
puerta.
—¿E-en serio está durmiendo?
¿En medio de esta situación tan tensa?
Benjamín, confundido, no podía dejar de mirar alternativamente al
carruaje y a Joel. Este únicamente se encogió de hombros y respondió:
—Pensé que si estuviera despierto, solo causaría problemas, así que
tomé algunas precauciones.
¿Precauciones? ¿Habría administrado un somnífero a Félix?
Benjamín, asombrado por la actitud de Joel, no sabía qué decir. Pero
en seguida pensó que Joel debería tener sus razones y subió al carruaje.
Tal vez la oposición de Félix había sido tan feroz que Joel no había
tenido más remedio que tomar esa decisión.
En realidad, Félix no había tenido acceso a ninguna información, ni
había escuchado explicaciones de Joel. Benjamín, aislado de Félix por la
vigilancia de su madre, no podía saber lo que estaba ocurriendo.
—Joel, muchas gracias. No sé cómo podré recompensarte...
Al borde del carruaje, Benjamín se volvió y expresó su gratitud una
vez más a su noble amigo.
—No hagas eso. Si quieres recompensarme, solo sé feliz allí.
Joel respondió de esa manera, pero no pudo evitar que se le llenaran
los ojos de lágrimas por la tristeza. Benjamín había sido el primero en
tenderle una mano en esta sociedad aristocrática tan arrogante. Ahora
tenía al príncipe heredero y a sus nuevos apoyos a su lado, pero el vacío
que dejaba Benjamín era irremplazable. Benjamín, al ver las lágrimas en
los ojos de Joel, se bajó del carruaje.
—Cuídate mucho. Te escribiré con frecuencia.
Benjamín, que siempre había visto a Joel como un hermano menor, lo
abrazó con cuidado, despidiéndose. Su voz también temblaba de
emoción.
—Sí...
Joel lo abrazó con fuerza y luego lo soltó, grabando en su memoria el
rostro de su amigo, a quien echó de menos durante mucho tiempo.
Había llegado el momento de la despedida. Tenía que irse antes de que
la exigente duquesa se diera cuenta de su presencia.
El carruaje comenzó a moverse, y Joel no dejó de agitar la mano hasta
que el vehículo que llevaba a Benjamín se perdió en la profundidad del
bosque, desapareciendo para siempre de su vista.
Capítulo 137
En víspera de la boda, el palacio se encontraba en un estado de
nerviosismo y entusiasmo. Los criados cargaban sin cesar terciopelo para
la cena y vajillas de plata. El palacio se decoraba con rosas y ramas de
bergamota, impregnando el aire con un dulce aroma floral. Mientras
tanto, Joel estaba absorto en las pruebas de su traje de boda en el taller de
costura del palacio.
—¿Aún no está listo para la boda de mañana? ¿Cómo es posible que el
traje todavía no esté listo?
El príncipe heredero, que había llegado al taller para ver a Joel, frunció
el ceño al ver que el traje de boda que Joel llevaba puesto aún no estaba
terminado.
Joel se encontraba en medio de la amplia sala de costura, vestido con
su traje de boda. La prenda, blanca como la nieve, estaba compuesta por
un traje de ceremonia y una larga capa de seda. Aquí y allá, se veían
alfileres clavados con marcas y notas. El costurero de la corte, con un
alfiler en la boca, estaba ocupado ajustando el traje cuando por fin se dio
cuenta de la presencia del príncipe heredero.
—Su Alteza, el príncipe heredero... —murmuró, inclinándose con
rapidez en señal de respeto.
—Te acabo de preguntar si tu trabajo no estaba listo. ¿Cómo vamos a
celebrar la boda mañana a este ritmo?
El príncipe heredero reprendió al costurero con severidad, pero este
solo pudo balbucear:
—Sí, es que...
En realidad, se sentía injustamente acusado. La prenda, un trabajo de
artesanía exquisita con bordados de hilo de oro que se extendían desde el
cuello hasta el borde inferior, adornada con 1200 perlas, pequeñas
piedras preciosas y un rico encaje traído de tierras lejanas, era tan
hermosa que se decía que el costurero había vendido su alma al diablo
para crear una obra tan maravillosa. El hecho de que el traje no le
quedara al príncipe a la víspera de la boda era, sin duda, culpa de Joel.
Joel, que había estado siguiendo una dieta restringida, había vuelto a
sus viejos hábitos y se había puesto a comer de nuevo tres raciones en
cada comida, lo que había conducido a un aumento de peso progresivo.
El costurero tuvo que ajustar el traje dos veces para adaptarlo a su nueva
figura. Modificar una prenda tan elaborada era una tarea ardua, pero
nadie parecía darse cuenta del sacrificio del costurero, solo por los
caprichos de Joel.
Además, el príncipe heredero había ordenado que nadie se atreviera a
mencionar el cambio físico de Joel. El costurero, con la voz temblorosa,
imploró:
—Su Alteza, príncipe heredero, perdón. No se preocupe, la ceremonia
se llevará a cabo sin ningún problema...
Tragó con dificultad las lágrimas de frustración que le atragantaron la
garganta.
—¿Cuándo se terminará? ¿Cuánto tiempo más tendré que esperar?
El príncipe heredero preguntó con un tono de desaprobación. El
costurero se inclinó y respondió con prisa:
—No, no es así. Acabo de ajustar las medidas. Solo tiene que esperar
un poco, hasta que se quite el traje.
—Hmm.
El príncipe heredero apartó la mirada del costurero, que temblaba de
miedo en el suelo. A diferencia de su actitud con el costurero, se acercó a
Joel con una expresión amable en su rostro.
El costurero, aliviado de que las reprimendas hubieran terminado,
levantó la cabeza y se quedó atónito al ver cómo Joel lucía tan magnífico
con su obra maestra. Todos sus resentimientos se disiparon de un solo
golpe.
En realidad, no había otro modelo en el mundo que pudiera satisfacer
su apetito artístico tan completamente como Joel. Iluminado por las
luces, Joel resplandecía con su traje exquisito, y su belleza era aún más
deslumbrante que la prenda misma. Joel, en realidad, solo pensaba en lo
delicioso que había sido el asado de pierna de ternera que había comido
para cenar y en si podría comer un poco más esa noche, pero su
apariencia rezumaba elegancia, como si fuera una diosa del amor de un
cuento antiguo, imponente e inalcanzable.
En particular, la capa, diseñada con una largura exagerada, le sentaba
de maravilla, realzando aún más su belleza irreal. El costurero,
deslumbrado por la belleza de Joel, pensó que valía la pena soportar las
reprimendas del príncipe heredero, al ver que su obra maestra había
encontrado al protagonista perfecto.
—Eres un poco demasiado exigente con tu cuerpo. No creo que sea
bueno para ti hacer tanto esfuerzo ahora que estás embarazado. Tu
vientre debe de estar muy pesado...
—¿Ah, Su Alteza?
Joel, perdido en sus pensamientos frente al espejo, se dio cuenta de la
presencia del príncipe heredero y le sonrió.
—Estoy bien, pero, ¿qué te trae por aquí?
—Bueno, venía a verte. Mi amor, ¿podrías dedicarme un poco de tu
tiempo antes de irte a dormir?
El príncipe heredero, besando la mano de Joel, le contó que había
preparado una pequeña función en el —Jardín de los Sueños— para
celebrar la boda del día siguiente. El —Jardín de los Sueños— era un
pequeño jardín cerca del palacio del príncipe heredero. Joel, que se sentía
cansado y algo desanimado, aceptó de inmediato la propuesta del
príncipe.
Con la ayuda de sus sirvientes y doncellas, Joel se quitó el traje largo y
pesado y salió del taller de costura del brazo del príncipe.
Al salir, les recibió la frescura de la noche. El príncipe heredero,
captando el delicado perfume floral en el aire, sonrió feliz.
—Se siente el aroma de las rosas por doquier.
Joel, siguiendo al príncipe heredero, inspiró profundo. Como él había
dicho, el jardín estaba lleno de ramos de rosas adornados con ramas de
bergamota. Cada elemento simbolizaba al príncipe heredero y su
feromona, y Joel, consciente de que la boda estaba a la vuelta de la
esquina, sintió una oleada de emoción.
—¿Te gustan las rosas?
—Por supuesto. Su aroma tan fascinante me recuerda al olor de mi
amado, y siempre me excita.
Joel se sonrojó ante la declaración tan directa del príncipe heredero.
Pero él también amaba la fragancia de la bergamota por la misma razón.
Joel se detuvo por un momento y, de un ramo de rosas que estaba
colgado en la pared, tomó una rama de bergamota y la apretó con fuerza.
Al llegar al —Jardín de los Sueños—, Joel se quedó aturdido al ver a
un grupo de nobles esperándolos allí, cada uno con una rosa en la mano.
La función que el príncipe heredero había preparado era muy diferente
de lo que él había imaginado. El protagonista era él mismo y el príncipe
heredero, y la función era una pedida de mano.
Ante la atención de todos los presentes, el príncipe heredero, con la luz
de la luna como telón de fondo, se arrodilló ante Joel.
—Juro, ante todos los presentes hoy aquí, que mi amor por ti será
eterno, como la luna que sale cada día. Te pido matrimonio hoy,
ofreciéndote este rubí, herencia de mi madre, como prueba de mi amor
eterno. Te doy todo lo que soy, ¿aceptarías mi corazón?
En realidad, ya había recibido la pedida de mano hace tiempo, y la
boda era al día siguiente. Todo esto parecía un poco innecesario. Joel
pensó para sus adentros que el príncipe heredero estaba siendo
demasiado romántico, pero no podía negar que le gustaba vivir esos
momentos tan especiales.
—Sí, Su Alteza. Yo también quiero pasar la eternidad a su lado.
Joel aceptó el rubí, que brillaba con un tono rojizo similar al amor del
príncipe heredero, y se besó con él ante las bendiciones de la multitud.
Al regresar al palacio imperial con el rubí brillando en su dedo, un
pastel de fresas especial, enviado por el chef de la mansión, esperaba
sobre la mesa de su habitación. En honor a la boda de Joel, que se
celebraría al día siguiente, el chef había decorado el pastel con fresas en
forma de rosas y pequeñas rodajas de bergamota.
Desde que Joel había dejado de seguir su dieta, disfrutaba de una
porción de este pastel especial cada día. Al encontrarlo, corrió hacia él
con una sonrisa radiante.
Aunque ya había cenado, el pastel del chef era irresistible. Con un
ataque de entusiasmo, Joel se abalanzó sobre la generosa porción que
Becky le había cortado, armado con su tenedor.
El príncipe heredero, sentado a su lado, observaba con ternura a Joel
devorar el pastel.
—Es grandioso que hayas cambiado de opinión. Es maravilloso verte
comer tan bien.
Joel, absorto en el sabor del pastel, no respondió. El príncipe heredero,
un poco incómodo, extendió su mano y le acarició el brazo. No quería
interrumpirlo, pero una pregunta le rondaba la mente. Joel, con las
mejillas manchadas de crema como en el pasado, levantó la cabeza.
—¿Sí?
—Perdón por interrumpir, pero tenía una duda. ¿Cómo lograste
cambiar de opinión después de tanto insistir? ¿Qué te hizo decidir por fin
a comer normalmente?
—Ah... el día que Su Majestad me concedió el certificado de
matrimonio, el Marqués de Langston me abrió los ojos.
—¿Te abrió los ojos?
El príncipe heredero preguntó con curiosidad. Joel tomó un sorbo de té
caliente y comenzó a explicar con más detalles lo sucedido aquel día.
—El Marqués me dijo que Su Majestad protegió a Su Alteza, y gracias
a eso, Su Alteza pudo crecer sano y fuerte. Así que yo también decidí
imitar a Su Majestad y priorizar la salud por encima de la apariencia.
Porque para proteger a nuestros hijos, tenemos que vivir mucho tiempo.
Joel terminó su explicación con una sonrisa de satisfacción, pero el
príncipe heredero no pudo imitar su alegría. Con una mirada compleja, el
príncipe heredero finalmente habló:
Capítulo 138
—Joel, quiero agradecerte que hayas cambiado de opinión por mí y
por nuestro hijo. Pero espero que en el futuro actúes no por los demás,
sino por ti mismo. Porque eres la persona más valiosa en este mundo.
El príncipe sabía que, a pesar de todos los esfuerzos de Joel por ser
reconocido, este aún se consideraba indigno. La baja autoestima de Joel
era producto de las manipulaciones del conde Lucas, pero él tampoco
podía negar su responsabilidad por el trato que le dio a Joel durante tres
años. El príncipe sintió un profundo peso de culpa al mirar los ojos
claros de Joel.
—¿Valioso? ¿Yo?
—Sí. Para ser honesto, eres más valioso para mí que nuestro hijo.
Ante las palabras del príncipe, Joel soltó una carcajada incrédula.
Después de años bajo el lavado de cerebro del conde Lucas, le resultaba
extraño la idea de valorarse a sí mismo, y la conversación con el príncipe
le incomodaba.
Queriendo cambiar de tema, Joel dijo: —De todas formas, gracias. Ah,
¿sabes? Vi a Eve antes…—, pero el príncipe parecía decidido a no dejar
pasar la conversación tan fácil. Tomó el hombro de Joel y repitió con
seriedad:
—Joel, eres realmente valioso. Piénsalo. Tu padre y tu madre también
te valoraban de la misma manera que tú ahora quieres a nuestro hijo. Y
yo también te valoro… ¿No estoy en lo cierto?
Joel pensó que el príncipe se estaba poniendo demasiado sentimental,
pero al pensar en su madre, sintió que las lágrimas estaban a punto de
brotar. Había pasado tres años bajo el maltrato del conde Lucas y se
había olvidado de que era el hijo preciado de los Bennet. Las palabras del
príncipe le recordaron que, a pesar de ser constantemente señalado y
menospreciado, él era una joya preciosa para alguien. La idea lo
conmovió.
—No tienes que esforzarte para demostrar tu valía. Eres digno de ser
amado y respetado tal como eres. Por favor, prométeme que te vas a
querer más que a nadie.
La petición del príncipe le pareció más difícil y embarazosa que la del
marqués, quien le había pedido que cuidara su salud por el bien del bebé.
Joel aún no había salido de la sombra del conde Lucas, y a pesar del
tiempo que había pasado, no podía soportar su propia torpeza.
—Si Su Alteza lo pide, lo intentaré.
No podía negarse a la súplica tan sincera del príncipe. Lo amaba y
quería complacerlo en todo.
***
El cielo estuvo despejado desde la mañana. Bajo un cielo azul intenso
que casi dolía a la vista, el sol brillaba suave y los pájaros cantaban con
alegría todo el día. En medio de tanta alegría, como una bendición
divina, Joel se casó con el príncipe, cumpliendo su anhelo.
Cuando Joel apareció con su traje, ondeando una larga capa de seda,
los nobles que se habían reunido para celebrar el matrimonio se quedaron
boquiabiertos por su belleza. Los 1200 brillantes cristales grandes y
pequeños que adornaban su vestido brillaban bajo el sol, haciéndolo
parecer un ser irreal, una ninfa o un ángel. Joel estaba acostumbrado a
recibir miradas de admiración, pero al ver al príncipe mirándolo con una
expresión aturdida, olvidando por completo su compostura, no pudo
evitar sonrojarse.
Tras la boda, se llevó a cabo la coronación de Carlyle, según la
voluntad del emperador. La nobleza reunida en la capital se encontraba
en un estado de confusión debido a la inusual intensidad del período
social, pero el emperador, como si todo hubiera sido planeado desde
hacía mucho tiempo, mantuvo la calma y la coronación transcurrió sin
contratiempos.
Joel, coronado como emperador consorte, se convirtió en el anfitrión
del período social, no como príncipe consorte, sino como consorte del
emperador. En el —Día de Audiencia—, el primer evento oficial de la
corte que tuvo que enfrentar, las jóvenes nobles quedaron aturdidos al
ver la deslumbrante belleza de Joel de cerca, cometiendo errores uno tras
otro. Cuando una joven noble, absorta en su belleza, tropezó mientras se
acercaba a él, Joel estuvo a punto de reírse a carcajadas, pero logró
mantener su postura elegante. Y superó todos los eventos posteriores sin
ningún problema.
El período social, que se había vuelto especialmente bullicioso debido
a la superposición de la boda y la coronación de Carlyle, llegó a su fin, y
la capital volvió a la calma. Pero esa pacífica quietud no duró mucho, y
al llegar el invierno, el palacio volvió a llenarse de alegría con el
nacimiento del hijo de Joel.
—¡Aahh…!
Una tarde, cuando el frío se intensificó, Joel se derrumbó con dolores
de parto. Incluso Carlyle, quien ya era emperador, la doncella Becky y el
médico Robert temían que Joel no pudiera soportar el dolor del parto,
pero, para sorpresa de todos, él mantuvo una actitud tranquila y serena
mientras lo llevaban a la sala de maternidad.
—Joel, todo, todo estará bien. Por favor, no te preocupes…
—Su Majestad, estoy bien de verdad. Ya he experimentado la muerte
una vez, así que puedo soportar esto.
Incluso el emperador Carlyle estaba nervioso, y Joel tuvo que
tranquilizarlo. Él decía estar bien, pero la verdad era que el parto no era
nada fácil. En realidad, prefería morir congelado en la nieve a sufrir
tanto.
Quería llorar a gritos, quería gritar que se estaba muriendo y arrancarle
el pelo a Robert. Pero como consorte real de un país, debía mantener la
compostura, debía mostrarle a Carlyle su fortaleza, por lo que apretó las
sábanas con fuerza y contuvo sus gritos.
El parto, que comenzó a última hora de la tarde, no parecía tener fin a
pesar de que el sol se estaba poniendo. Joel había sido instruido por
Robert sobre el proceso de parto en varias ocasiones, pero cuando llegó
el momento, el dolor y la dificultad eran tan intensos que no recordaba
nada de lo que le había dicho. Cuando las contracciones cesaron un poco,
Joel, con el rostro pálido y demacrado, le preguntó a Robert:
—Robert... ¿cuándo, cuándo terminará...?
—¡Ugh, ¿cuándo terminará esto?! ¡El sol ya se está poniendo!
Carlyle, quien estaba angustiado y le secaba el sudor a Joel, también
instó a Robert con impaciencia.
—Eso…
Robert miró a la pareja con frustración. Joel había estado tan bien
alimentado y cuidado que el bebé no era un niño normal, sino que estaba
bastante robusto. Además, Joel era de complexión delicada, por lo que el
parto complicado era algo previsible. Y considerando que era su primer
hijo, no había transcurrido tanto tiempo.
La abertura del canal de parto aún no era completa, pero Robert,
viendo la fatiga de Joel y la impaciencia del emperador, no se atrevió a
decir que el parto aún estaba lejos. Con dificultad encontró las palabras y
animó a Joel, —Su Majestad, es que el bebé es muy fuerte, por eso está
pasando por este proceso. Un poco más de fuerza.
—Si es por eso, ¡uf, qué alivio…! Es que se está alargando demasiado,
¡agh! Me preocupa que haya algún problema.
¡Es decir, cuánto tiempo más debo esperar!
Joel quería agarrar a Robert por el cuello y reclamarle por sus
respuestas vagas, pero contuvo la ira y forzó una sonrisa de calma.
Después de diez horas de intensos dolores de parto, Joel dio a luz a un
niño alfa sano. La naturaleza del bebé se podía determinar después del
nacimiento, y el niño, concebido de la unión de un alfa dominante y un
omega dominante, naturalmente, era dominante.
Como Robert había previsto, el bebé era un niño excepcionalmente
grande. No solo era mucho más pesado que los bebés recién nacidos
comunes, sino que pesaba lo mismo que un gato adulto. Robert,
sosteniendo al niño, se preguntó por un momento si no había nacido a los
once meses en lugar de a los diez.
De cualquier manera, era una buena noticia que tanto Joel como el
bebé estuvieran sanos. Además, el bebé nació con un cabello rubio
abundante, heredado de Joel, lo cual era un signo muy auspicioso.
Robert, después de realizar los cuidados del bebé, lo sostuvo en sus
brazos y susurró con voz conmovida: —Parece que Dios ha bendecido el
destino del pequeño. Nacido con tan buen augurio, tendrá una vida llena
de salud y fortuna en todo lo que haga.
Mientras tanto, Joel, exhausto por el dolor del parto, se desmayó al
escuchar el fuerte llanto del bebé. Carlyle, que revisaba al bebé, se dio
cuenta del estado de Joel y corrió hacia él, dejando de lado la idea de
sostener a su hijo.
Capítulo 139
—¡Joel!
El rostro de Joel, tendido en la cama, estaba pálido como un cadáver.
El ambiente festivo de la sala de maternidad, donde el parto había
transcurrido sin problemas, se volvió caótico de nuevo.
Gracias a la rápida intervención de Robert, Joel recuperó la
consciencia.
—¡Ah…!
Al ver que los ojos azules de Joel recobraban su brillo, el emperador
Carlyle, aliviado, se dejó caer en el suelo.
—Su Majestad…
Joel lo llamó con voz débil. Carlyle intentó levantarse y acercarse a él,
pero sus piernas, debilitadas por la tensión, no respondían. Se arrastró
hasta la cama y logró tomar su mano.
—Aquí estoy —susurró, aferrándose a la mano de Joel. Las lágrimas
brotaron en los ojos claros de Joel.
—Tus uñas… ¿por qué…?
Joel no pudo terminar la frase y jadeó. Carlyle recién entonces se dio
cuenta de que se había mordido las uñas hasta sangrar. Había estado tan
nervioso al ver a Joel sufrir durante diez horas que no pudo controlar su
ansiedad.
—Lleva a Robert… para que las cure.
Joel se disculpó, avergonzado de no haber notado que las uñas de su
amado estaban destrozadas durante el parto. El emperador, conmovido
por la preocupación de Joel, lo regañó: —No importa. Tú céntrate en ti.
La herida de las uñas era insignificante comparado con el estado de
Joel, quien había sangrado durante diez horas. Pero Joel no podía apartar
la mirada de las manos de Carlyle, quien no tuvo más remedio que dejar
que Robert lo atendiera. Joel suspiró con alivio al ver la venda limpia en
el pulgar del emperador.
—El bebé…
Joel preguntó con voz entrecortada. Carlyle, reaccionando de golpe, se
acordó del bebé. Nunca había perdido la compostura ni siquiera en el
campo de batalla, pero ahora estaba desorientado. El emperador recibió
al bebé envuelto en una tela de manos de Robert y se lo mostró a Joel.
—El bebé está bien, como puedes ver, es muy saludable.
—¿Tiene cabello…?
—Sí, es un signo muy auspicioso. No sé cómo agradecerte por tu
esfuerzo...
Joel esbozó una leve sonrisa al ver al bebé en brazos del emperador. El
rostro del bebé aún estaba hinchado, pero Joel ya podía ver que crecería
con el mismo rostro que había soñado alguna vez.
—Mi bebé...
Un encuentro esperado después de una larga espera. Joel sintió
lágrimas calientes recorriendo sus mejillas.
La emoción que sentía no se podía expresar simplemente con la
palabra —alegría—. Era como si su corazón, lleno de asombro, no
pudiera contener tanta felicidad, y todo su cuerpo se estuviera
desintegrando en una brillante luz.
Y en el momento en que el bebé abrió sus ojos y miró a Joel, él quedó
cautivado por un par de ojos verdes que se parecían a los del emperador.
Era la primera vez que sentía una emoción tan impactante desde que se
enamoró a primera vista de Carlyle.
—Es hermoso… realmente hermoso.
Joel murmuró conmovido. La felicidad era tan inmensa que
comenzaba a sentir inquietud. Nunca antes en su vida había
experimentado tanta alegría. Era una dicha desmedida para alguien tan
torpe e insignificante como él. Temía que este momento fuera un sueño,
que en realidad aún estuviera muriendo en la nieve.
—No, es la felicidad que te merecías. Solo que personas malvadas
intentaron arrebatártela para aprovecharse de ti.
El emperador, como si comprendiera la inquietud de Joel, respondió
con voz firme. Le entregó el bebé a Robert y se acercó a él. Secándole
las mejillas húmedas, le susurró con ternura:
—No sé si tengo derecho a decirte esto... Pero, ¿no es esta vida un
milagro? El tiempo que nos ha sido concedido se acorta en este instante,
y no sabemos cuánto nos queda. Debemos llenarlo de alegría y gratitud,
no de dudas, miedos, resentimientos ni arrepentimientos. Por favor, Joel,
no tengas más miedo.
Joel también quería ser feliz, como el emperador decía. Quería
mostrarle al niño la inmensidad y el asombro del mundo, como siempre
había deseado. Quería darle todas las experiencias que no pudo compartir
con su madre, y llenar cada día con alegría.
Pero, ¿era eso una felicidad permitida? ¿Podía atreverse a disfrutar de
una dicha tan desmedida? El deseo era tan intenso que las lágrimas no
dejaban de brotar en Joel.
***
En medio de la alegría que inundaba la capital por el nacimiento de la
nueva vida, el abuelo, que se había retirado a un palacio privado para
vivir en paz, cerró sus ojos para siempre una mañana, una semana
después del nacimiento del niño.
El emperador Carlyle, que tenía un gran afecto por su padre, se sintió
profundamente apesadumbrado. Tras el funeral, permaneció recluido en
su despacho durante un tiempo, pasando días grises y melancólicos. Sin
embargo, gracias al consuelo y el apoyo de su nueva familia, pudo ir
superando poco a poco su dolor. El invierno se acentuó, y una quietud
pacífica invadió el palacio.
Tres meses después del parto, Joel ya se había acostumbrado a las
tareas del consorte real. Se dedicaba a las obras de caridad y ayuda a los
pobres, llenando sus mañanas de trabajo. Al final del día, se retiraba al
pequeño palacio privado que su amado le había regalado para descansar.
El palacio, rodeado de bosque, era un lugar ideal para relajarse y
recuperar fuerzas.
Recientemente, Joel había empezado a interesarse por la cocina.
Dedicaba todo su tiempo libre a investigar recetas. El chef del palacio,
que era su maestro, no dejaba de elogiar su talento, y Joel se sentía muy
orgulloso de sus habilidades culinarias. Un día, decidió impresionar a su
amado con una demostración de su destreza en la cocina durante una
merienda.
Joel escogió pastel de carne y tarta de durazno. En realidad, eran platos
más a su gusto que al de Carlyle, quien prefería sabores más suaves. El
pastel de carne, en particular, con su sabor salado y contundente, no era
muy adecuado para una merienda de postres dulces. Pero Joel,
acostumbrado a no preocuparse por la opinión de su amado, no se había
dado cuenta.
De todos modos, Carlyle le habría aplaudido con entusiasmo incluso si
Joel hubiera elegido un cerdo asado con salsa picante como
acompañamiento. No importaba.
Joel, lleno de ilusión por organizar la primera excursión familiar, se
había esforzado en la elección del lugar. Después de varios rechazos,
optó por el invernadero de cristal del palacio privado. El invernadero,
con su temperatura cálida incluso en pleno invierno y su colección de
exóticas plantas, ofrecía un ambiente único, perfecto para celebrar una
ocasión especial.
—Espero no haber llegado tarde.
Carlyle entró en el invernadero de cristal, con su abrigo de piel de
marta oscura ondeando a su paso. Joel, que estaba revisando la
disposición de la mesa y comprobando la presentación, lo recibió con
una sonrisa radiante. Carlyle besó a su hijo, que se movía inquieto en su
cuna, y se acercó a Joel, rodeándole la cintura con un brazo.
—¿Es este el pastel de carne y la tarta de durazno que tú misma has
preparado? Como dijo el cocinero, tienes un gran talento para la cocina.
—Talento, ¿en serio? Es algo normal.
Joel respondió con modestia, aunque las dos recetas que había
elaborado durante cuatro horas eran, a su juicio, bastante atractivas.
Apresuró a Carlyle a sentarse y le sirvió una gran porción de pastel de
carne.
—Gracias.
Carlyle besó la mejilla sonrosada de Joel y, bajo la mirada insegura de
él, tomó el tenedor.
—Mmm...
Carlyle, con una sonrisa encantadora, probó un bocado del pastel, pero
la peculiar sensación en su paladar lo dejó momentáneamente sin
palabras. Recomponiéndose, comenzó a exaltar el sabor con exageración,
intentando disimular su sorpresa.
—¡Oh! Es un sabor realmente único. Conservo el recuerdo de haber
probado un pastel de carne parecido en una corte extranjera. Desde
entonces, nunca he encontrado un pastel tan delicioso. Tu pastel es
mucho más sabroso que aquel.
—¿Por qué reaccionas así?
Joel entrecerró los ojos y lo interrogó. Aunque estaba acostumbrada a
no prestar atención a las reacciones de Carlyle, después de seguirlo
durante tres años, podía detectar incluso los más mínimos cambios en su
expresión.
Ante la aguda observación de Joel, Carlyle se rió nerviosamente.
—No entiendo a qué te refieres. ¿Qué es lo que te parece extraño en
mi reacción? Ah, parece que malinterpretaste mi sorpresa, ya que es la
primera vez que lo pruebo. Pero por favor, no malinterpretes mi reacción.
No estoy diciendo que este pastel no sea delicioso. Su sabor es muy
intrigante y diferente.
Por supuesto, su exagerada reacción solo aumentó las sospechas. Joel,
haciendo caso omiso de los intentos de Carlyle por excusarse, tomó su
propio tenedor y probó el pastel de carne.
Capítulo 140
—¡Uhm!
Joel frunció el ceño, tomando otro trozo de pastel. El aroma no era
extraño, pero el sabor era un poco demasiado salado, y la textura no se
parecía en nada al pastel de carne que él conocía.
—¿Por qué sabe así?
Mientras Joel se rascaba la mejilla con dudas, Becky, que había estado
observando en silencio, dijo: —Su Majestad, cuando estaba cocinando la
carne para el pastel, confundió la fécula de maíz con el polvo de caldo de
pollo.
—¿Ah, sí? ¿Por qué no me lo dijiste?
Joel dejó el tenedor con disgusto. Sabía que el error era suyo, pero le
molestaba haber arruinado la merienda que tanto había preparado, y no
pudo evitar culpar a Becky.
Becky se inclinó, diciendo: —Traté de decírselo, pero ya había echado
una gran cucharada de caldo en polvo a la sartén. Lo siento mucho.
—Ah, pensé que tenía un sabor peculiar, ¡era por el pollo! Pero no hay
problema, el caldo de pollo es un ingrediente que se usa en muchas
recetas. El sabor inicial es un poco diferente, pero cuando te
acostumbras, incluso te gusta más.
Carlyle intentó consolar a Joel, que estaba desanimado, pero su sonrisa
ya se había desvanecido por completo.
Joel, apartando el plato del pastel de carne, dijo: —Lo siento, me
esforcé mucho, pero cometí un error... No te preocupes por el pastel de
carne, prueba la tarta de durazno. Esta sí está buena.
La tarta de durazno que había hecho Joel, adornada con generosas
porciones de durazno en almíbar, era realmente apetecible. Carlyle lo
elogió por su hermoso aspecto, y los hombros caídos de Joel volvieron a
su posición. Al ver que la alegría volvía a los ojos de Joel, Carlyle tomó
una gran porción de la tarta y se lo llevó a la boca.
—¡Ugh…!
La expresión de Carlyle cambió de manera extraña, pero se relajó
rápidamente. Tragó el bocado y dijo con voz rígida: —¡Está deliciosa!
Joel, con más fuerza que antes, apartó la mano de Carlyle y probó la
tarta de durazno.
—¡Ay, ¿por qué sabe así?
Joel exclamó con cara de disgusto. La tarta de durazno era peor que el
pastel de carne. El sutil sabor y aroma a pollo del pastel de carne ahora
eran mucho más intensos. Al ver la cara sonrojada de Joel, Becky dijo
con voz temblorosa: —Bueno… cuando estaba amasando la masa de la
tarta, se confundió de nuevo y agregó más harina.
—¡Ay… nada me sale bien!
Joel se llevó la mano a la frente, culpándose por su descuido. Era su
primera excursión familiar con el bebé, y la había arruinado por
completo. Carlyle, a su lado, intentó consolarlo: —Pero el pastel de
carne estaba delicioso. El sabor tan singular era fascinante. Te aseguro
que el pastel de carne con polvo de caldo de pollo se pondrá de moda en
la capital en poco tiempo—. Sin embargo, la expresión sombría de Joel
no se disipaba.
En realidad, a Joel también le había parecido aceptable el pastel de
carne. El problema era la tarta de durazno. Una tarta de durazno que
sabía más a sopa de pollo que a durazno… ¿Podía haber algo más
desagradable? Era tan horrible que Joel tenía la certeza de que el sabor le
rondaría la lengua durante los próximos tres meses.
A pesar de que era un desastre culinario, le daba pena tirar una comida
en buen estado, así que Joel se ofreció a comerse toda la tarta de durazno.
Pero, por supuesto, Carlyle no iba a dejar que lo hiciera. Se enfrascaron
en una disputa, cada uno agarrado a un extremo del plato de plata con la
tarta.
—Yo me comeré la tarta de durazno. La hiciste para mí, así que es
mía.
—¿Cómo puedes comer algo tan repugnante? Tu paladar es delicado,
pero el mío no. Sería mejor que me la coma yo.
Carlyle no podía permitir que Joel se comiera la tarta con ese sabor tan
horrible, pero Joel tampoco podía ignorar su propio paladar. En medio
del impasse, Becky intervino para resolver la situación.
—Yo… ¿qué tal si se lo llevo el líder del cuarto escuadrón de la
guardia personal del príncipe? He oído que le gusta mojar la fruta en
caldo de pollo.
Joel se quedó sorprendido al escuchar las palabras de Becky:
—¿Qué? ¿En serio?
No podía creer que Abe, famoso por su gusto exquisito, tuviera un
paladar tan peculiar. Becky, al recordar la cara de Abe cuando le rogó: —
He cometido errores con el señor Joel, y a partir de ahora haré todo lo
que sea necesario por él. Así que, si alguna vez necesita algo, no dudes
en buscarme—, no pudo evitar apartar la sensación de culpa que le
surgió. Le daba pena el líder del cuarto escuadrón, pero en este
momento, Abe era el único que podía asumir la responsabilidad de ese
desastre culinario.
Afortunadamente, Joel se creyó la absurda mentira de Becky. Asintió
con la cabeza.
—¿Sí? Entonces hazlo. Vaya... Desde que ese tipo quería que lo
abofeteara, me quedó claro que tiene una inclinación bastante rara.
—Espera, ¿qué quieres decir con que quería que lo abofetearas?
Carlyle, que observaba con cariño a Joel mientras hablaba con Becky,
intervino con los ojos brillantes.
—En el pasado, en la finca de mi padre, Abe me interrogó sobre si yo
lo había secuestrado. Después, se disculpó. Supongo que desde su
perspectiva, era razonable sospechar de mí. Le dije que no había
problema, pero me dijo que la disculpa no era suficiente y que quería que
le diera una bofetada.
Joel negó con la cabeza.
—Le dije que no, pero seguía insistiendo en que quería que le diera
una bofetada... Es un tipo peculiar cuanto más lo conoces.
La explicación de Joel hacía que la situación pareciera aún más
extraña. Carlyle, sin querer arruinar la cita de la tarde, decidió dejarlo
pasar por ahora, pero se prometió a sí mismo que se lo aclararía a Abe
más adelante.
Becky salió del invernadero con la tarta de durazno, y Joel, con el
corazón apesadumbrado, se consoló con el dulce pastel de frambuesa que
Carlyle le había servido. El pastel, obra del chef de la corte, era
delicioso, y Joel, abatido por haber arruinado su primera excursión,
pronto se animó, pensando: Bueno, la próxima vez lo haré mejor.
Sin embargo, el pastel de carne con sabor a sopa de pollo y la tarta de
durazno le traían una sensación de déjà vu. Joel frunció el ceño,
intentando recordar.
—Cuándo fue... Ah.
En ese instante, Joel recordó con precisión cuándo había probado esos
sabores tan horribles. Había sido un sueño que tuvo justo después de ser
rescatada del ataque del demonio en la finca de los Bennet.
De hecho, la situación actual se parecía mucho a su sueño. El acogedor
invernadero, la mesa repleta de comida deliciosa y el bebé jugando
pacíficamente en su cuna. En aquel entonces, aunque disfrutaba de esa
hermosa escena, se sentía profundamente triste, sabiendo que nunca
podría tener esos momentos en la realidad.
Sumido en sus recuerdos, Joel recordó de pronto el instante en que se
despidió de la vida en la nieve. Reflexionó sobre el gran cambio que su
decisión de luchar por sobrevivir había traído a su vida.
En ese momento, solo había una razón para querer seguir vivo: su
apego al emperador. No tenía ningún otro anhelo, a excepción de la
pequeña esperanza de pedirle perdón. Ni siquiera le importaba su
juventud. Porque sabía que, aunque viviera más tiempo, no podría
escapar de una vida llena de burlas y desprecios.
En aquel entonces, Joel había perdido su identidad, su voluntad y hasta
su esperanza a manos del conde Lucas. Y aceptó la muerte con
resignación, sin siquiera saber lo que había perdido. Incluso después de
volver a la vida, durante mucho tiempo, no pudo liberarse de la idea de
que la infelicidad era su destino.
Pero ahora Joel sabía que aquella vida de impotencia y manipulación
no era su —destino— natural. La felicidad no se la concedía el conde
Lucas, ni Carlyle, ni nadie más. Tal vez el esfuerzo no siempre trajera la
recompensa, pero para alcanzar la felicidad, debía esforzarse por
obtenerla.
Como recompensa por no renunciar a la vida, Joel había ganado el
corazón del hombre que amaba, había salvado a un amigo que casi
sucumbía a la misma fatalidad que él, se había convertido en consorte
real y tenía la oportunidad de salvar a innumerables niños que sufrían
como él. Y sobre todo, había encontrado un tesoro invaluable.
Ahora Joel ya no sentía miedo. Porque sabía que esta felicidad era
eterna. Cualquiera que fuera la desgracia que le esperaba, él no se dejaría
vencer y lucharía por su felicidad. Mientras lo hiciera, la felicidad
siempre estaría a su lado.
En ese preciso instante, la fuente del jardín se elevó hacia el cielo. El
bebé, moviéndose en su cuna, soltó una gran carcajada de alegría. El
sonido de su risa resonó en los oídos de Joel como una salva de fuegos
artificiales.
Y así, comenzaba su eterna felicidad.
[Fin]
Extra 1
El tiempo fluía rápidamente, y antes de darse cuenta, se acercaba el
primer cumpleaños del pequeño príncipe heredero, Louis. Joel siempre
pensaba que el último año había sido un tiempo de felicidad y gratitud
incomparables.
Claro, no todo habían sido alegrías y momentos felices. Joel, aún
inexperto en política, enfrentaba obstáculos de todo tipo cada día, pero
comparados con viajar en el tiempo o casi morir al encontrarse con un
demonio, las pequeñas tensiones con los nobles ni siquiera calificaban
como verdaderos desafíos en su vida. Cada mañana, Joel abría los ojos
sintiéndose abrumado por la felicidad, y cada noche los cerraba lleno de
agradecimiento.
Los días, que parecían sacados de un sueño y que jamás hubiera
imaginado cuando era el hijo adoptivo del conde Lucas, a veces lo hacían
temer que todo fuera una ilusión. Sin embargo, con el paso del tiempo,
esos pensamientos se volvieron menos frecuentes, y ahora Joel pasaba
días enteros sin siquiera recordar su infeliz pasado.
Y una tarde, después de regresar de ver una obra de teatro con el
príncipe heredero, como de costumbre, Joel decidió visitar la habitación
del pequeño Louis antes de dormir.
Las niñeras y sirvientas cuidaban al bebé con esmero, no era necesario
que Joel se preocupara tanto. Sin embargo, él, que sentía un cariño
especial por el niño, visitaba la habitación de Louis docenas de veces al
día para asegurarse de que estuviera bien. Louis era tan hermoso y
adorable que Joel no podía evitar preocuparse por su bienestar en todo
momento.
Pero no solo Joel se había enamorado por completo de la dulzura de
Louis. Con su suave cabello dorado rizado y sus preciosos ojos verdes
como esmeraldas, el pequeño príncipe heredero parecía un auténtico
ángel. Todos, sin importar edad o género, quienes habían tenido la
oportunidad de conocerlo, coincidían sin duda alguna: si alguna vez
existió un ser en el mundo que encarnara la palabra —amor— creada por
los dioses, ese era Louis.
El día en que el pequeño príncipe heredero Louis hizo su primera
aparición oficial en un acto público, el salón de banquetes del palacio
imperial se convirtió en un caos. Nada menos que treinta damas de la
nobleza, impactadas por la adorable apariencia de Louis, se desmayaron
o mostraron dificultades para respirar. Incluso hubo un anciano duque
que agarró su propio pecho y se quejó de síntomas cardíacos. Durante un
tiempo después de eso, los nobles del imperio se obsesionaron por
conseguir retratos o esculturas del pequeño príncipe heredero Louis.
Otro ejemplo que demostraba la popularidad del pequeño príncipe
Louis fue la frenética guerra que estalló para seleccionar a su niñera.
Aunque ser la niñera del príncipe siempre había sido un puesto muy
competitivo, esta vez la competencia fue más feroz que nunca, ya que las
damas de la nobleza, cautivadas por la encantadora apariencia del bebé,
deseaban sin excepción convertirse en su niñera. Incluso hubo dos
condesas que después de una discusión en los jardines del palacio
llegaron a los golpes.
A diferencia de sí mismo, que era una espina en el costado para todos,
Joel consideraba una gran fortuna que el bebé recibiera solo amor de la
gente. De hecho, desde que se acercaba el momento del parto, había
estado seriamente preocupado de que su humilde linaje pudiera
convertirse en un obstáculo para el futuro del niño.
Joel, por supuesto, estaba agradecido de que el pequeño Louis hubiera
nacido con una apariencia tan adorable, pero lo que más agradecía a los
cielos era que el bebé parecía no haber heredado su estupidez.
Como había predicho el demonio, el pequeño príncipe heredero Louis,
que supuestamente poseía cualidades superiores incluso a las del
emperador Carlyle, ya causaba innumerables conversaciones entre los
nobles por su brillantez, a pesar de tener apenas un año. Louis ya
distinguía a todas las niñeras y sirvientas que lo cuidaban, sabía caminar
con pasitos torpes y, recientemente, incluso intentaba correr.
Cuando Joel entró en la habitación del bebé con Carlyle, el pequeño
príncipe heredero Louis estaba sentado en su cuna, mirando fijamente.
Carlyle incapaz de contener una sonrisa ante su redondo contorno
bromeó:
—Vaya, parece que nuestro pequeño príncipe heredero aún no puede
dormir. ¿Tendrá alguna preocupación?
—¿Preocupación, Su Majestad? Creo que solo estaba esperando para
saludar a su madre antes de dormir, eso es todo.
La niñera, con una voz entre risas, respondió a la broma del
emperador.
—Siempre estoy agradecido por su dedicación. La noche es profunda,
así que retírese por ahora.
Despidió a la niñera y tomó al bebé en brazos desde la cuna.
Carlyle se dirigió con Joel hacia un sofá cercano. Mientras mecía
suavemente al bebé, conversó con Joel sobre las próximas vacaciones de
invierno. Aunque estaba en los brazos de su padre, la mirada de Louis
permanecía fija en el rostro de su madre, Joel.
—Se acerca la época más dura del año, así que una vez que termine la
celebración del nacimiento de nuestro pequeño príncipe heredero,
pensaba ir al cálido sur durante un par de semanas. ¿Qué opinas?
—El sur… para mí solo trae malos recuerdos.
Al instante, Joel puso una expresión de disgusto ante las palabras del
emperador. Aún recordaba vívidamente las dificultades que había
enfrentado cuando huyó al sur durante su embarazo.
Y en realidad, tampoco tenía ganas de ir de vacaciones. ¿Para qué
dejar el amplio y cálido palacio imperial y emprender un largo viaje por
caminos helados? Sabía que era una tradición del palacio ir de
vacaciones en fechas específicas cada año, pero, por más que lo pensaba,
le parecía un desperdicio de los fondos del Estado.
Cuando Joel negó con la cabeza de manera inquieta, Louis, que
observaba atentamente los movimientos de Joel desde los brazos del
emperador, también movió la cabeza de un lado a otro.
El emperador y Joel sonrieron felices al ver la reacción del bebé.
Louis, que sonreía amablemente a todos sin distinción, sentía un cariño
especial por su madre. Tal vez por eso, tendía a imitar todo lo que Joel
decía o hacía. (Gracias a esto, la preocupación de Joel de que el bebé no
se pareciera a él crecía día a día). El pequeño príncipe heredero Louis,
siguiendo el ejemplo de su padre, balbuceó: —Tú, tú… —llamando a
Joel.
—No es ‘tú’, es ‘mamá’.
Aunque Joel lo corrigió, Louis, con sus ojos verdes brillando
juguetonamente, repitió una vez más: —Tú—. El astuto pequeño
príncipe heredero Louis ya sabía cómo bromear de esa manera. Si ya era
tan travieso a esta edad, ¿cuántas travesuras haría cuando creciera?
Mientras Joel se preocupaba, el pequeño Louis extendió sus bracitos
como pidiendo que lo cargaran. Joel, con una sonrisa de resignación, lo
tomó en brazos.
—Tú.
Louis, acurrucado en los brazos de Joel, movió sus pequeños labios y
habló de nuevo. Su pronunciación era tan clara que era difícil creer que
solo tenía un año.
—Te digo que no es así.
Cuando Joel soltó un suspiro exagerado, Louis, dándose cuenta de que
su travesura había funcionado, estalló en una risa alegre. Su expresión
era indescriptiblemente adorable y preciosa. Joel sosteniendo al bebé le
dio suaves palmaditas en la espalda. A Louis pareció gustarle el cariño en
ese gesto, pues extendió su manita y comenzó a dar palmaditas en el
pecho de Joel.
—Mi alegría, mi felicidad, mi pequeño ángel Louis.
Joel abrazó al bebé con fuerza. Desde sus cálidas mejillas hasta su
suave aroma y sus balbuceos, todo en él era maravilloso. ¿Cómo podía
existir en el mundo un ser tan adorable? Incluso ahora, un año después de
que el bebé llegara al mundo, Joel seguía sintiendo asombro en cada
momento.
Extra 2
La temperatura y el aroma de Joel le brindaban una sensación de
seguridad al bebé. El pequeño, que había estado jugando con los dedos
de Joel como si fueran un juguete, pronto comenzó a mostrar ojos
somnolientos y, sin poner resistencia, se durmió plácidamente. Joel, con
cuidado para no despertarlo, lo acostó en la cuna.
—Se parece tanto a ti que es realmente adorable.
El emperador Carlyle, quien observaba con ternura desde un lado, le
susurró en voz baja. De repente, le plantó un suave beso en la mejilla, lo
que hizo que Joel se sintiera un poco avergonzado y respondiera:
—¿En serio? No estoy seguro…
Para Joel, Louis no se parecía en nada a él, excepto por el cabello
rubio. Su frente redonda y bien formada, su nariz recta que no era común
en un bebé, y su apariencia general eran idénticas a las del bebé Carlyle
en los retratos. Mientras Joel seguía inclinando la cabeza con duda,
Carlyle levantó la mano y señaló la mejilla del bebé.
—Mira aquí, estas mejillas regordetas. Son exactamente como las
tuyas. Y sobre todo, estos labios adorables se parecen especialmente a los
tuyos.
—¿De verdad…?
Al escuchar a Carlyle, parecía que, además del cabello rubio, había
otras similitudes. Joel observó durante un buen rato a Louis que dormía
como un angelito en la cuna.
Era hora de que él también se fuera a dormir. Joel besó suavemente la
frente del bebé y, junto con Carlyle, salió de la habitación.
El pasillo sumido en la profundidad de la noche estaba en silencio. Las
velas colgadas en las paredes iluminaban suavemente el entorno. Carlyle
deslizó discretamente su brazo alrededor de la cintura de Joel.
—Entonces, ¿vamos a la habitación?
—Ah…
Sin embargo, la respuesta a la propuesta de Carlyle fue solo una
sonrisa incómoda. Joel dijo: —Bueno, es tarde, como usted dijo.
Entonces, me retiraré por ahora—, y después de dejar un breve saludo, se
deslizó como una serpiente fuera de los brazos de Carlyle.
Carlyle no pudo atrapar a Joel, quien se alejó rápidamente como una
ardilla.
El rechazo de Joel a compartir recámara llevaba ya un año.
Desde el parto hasta tres meses después, Carlyle no podía dormir en la
misma cama que Joel. Esta era una norma de la familia real para proteger
a la madre. Carlyle, quien había presenciado el sufrimiento de Joel
durante el parto, siguió obedientemente la regla, pero su preocupación
crecía al ver que Joel seguía rechazando compartir lecho incluso ahora,
cuando el primer cumpleaños del bebé estaba a la vuelta de la esquina.
Carlyle sentía una profunda culpa por la reticencia de Joel a compartir
lecho. En su opinión, la hipótesis más probable para explicar el
comportamiento de Joel era que el recuerdo de su primera noche,
consumada con violencia, había dejado una profunda herida y trauma en
él.
Justo después de hacer un pacto con el demonio para retroceder el
tiempo, Carlyle despertó en medio de la fiesta de graduación del palacio.
Se dio cuenta de que el tiempo realmente había retrocedido y recordó que
había estado paseando por un campo nevado. Inmediatamente intentó
buscar a Joel, pero su alegría duró poco.
—¡Ugh…!
Desafortunadamente, en ese momento, Carlyle estaba a nada de entrar
en su ciclo de celo, y la intensa alegría de poder ver a Joel actuó como un
detonante. Al instante, Carlyle sintió un fuerte impulso sexual y cayó en
la nieve. Al mismo tiempo, debido a las maquinaciones del demonio, sus
recuerdos del invierno pasado comenzaron a desvanecerse.
Fue entonces cuando Carlyle, habiendo perdido sus recuerdos, gateaba
por la nieve en medio de una abrumadora sensación de pérdida.
—¡Su Alteza, es usted un verdadero idiota! ¿Un alfa dominante que no
conoce su propio ciclo de celo, en serio? ¡Aunque le moleste, debería
llevar consigo un inhibidor! ¡Cuánto, cuánto...!
Carlyle, que se encontró con Joel, aunque estaba en un estado de
pérdida de memoria, reconoció de inmediato que Joel era aquel a quien
tanto había buscado.
Para colmo, Carlyle en ese momento era como un volcán a punto de
estallar. Como valoraba la castidad antes del matrimonio, había estado
suprimiendo su celo con inhibidores durante años. En tales casos, la
probabilidad de comportarse violentamente durante la primera relación
aumentaba, por lo que los alfas debían tomar inhibidores y
tranquilizantes bajo prescripción médica justo antes de su primera vez.
Sin ninguna preparación, Carlyle, cuyo celo había comenzado, se
abalanzó sobre Joel como una bestia en celo, y no pudo detenerse hasta
que Joel lo golpeó en la cabeza con una roca.
Sin embargo, no podía justificar la violencia que había ejercido sobre
Joel por esa razón. Al recordar la decisión que había tomado al retroceder
en el tiempo, Carlyle sintió que su corazón se hacía aún más pesado.
Había jurado hacer feliz a Joel… Había decidido cuidarlo con ternura
para que nunca más sufriera, para que nunca más hubiera tristeza en esos
hermosos ojos. Pero, desde el primer momento de su regreso, había
cometido un error y había causado el mismo dolor a su amado una vez
más. Sin saber cómo resolver esta situación, Carlyle solo pudo suspirar,
abrumado por la culpa y la desesperación.
***
Al día siguiente, durante la hora del té, Joel recibió una visita especial.
El señor Bennet había logrado encontrar un momento para viajar a la
capital y celebrar el cumpleaños del príncipe heredero.
Joel guio a su padre a la sala de recepción del palacio y despidió a
todos los sirvientes, excepto a Becky. No le importaban las formalidades,
solo quería pasar un tiempo íntimo con su padre después de tanto tiempo.
Al sentarse frente a él, notó tardíamente lo modesto que era el atuendo de
su padre.
—Papá, ¿qué es eso que lleva puesto?
Joel le reprochó con frustración. El traje que llevaba el señor Bennet
era de un diseño anticuado, como de hace diez años, y mostraba claras
señales de haber sido remendado y reparado en varios lugares.
—Me vestí lo mejor que pude… ¿Tan mal me veo?
Ante el comentario de Joel, el señor Bennet se tocó las mangas del
traje y respondió con timidez.
Aunque su mansión subterránea recibía a diario una avalancha de
turistas, la vida frugal del señor Bennet no había cambiado mucho
incluso después de acumular una gran fortuna. Habiendo vivido una vida
de moderación, no tenía interés en los lujos. Seguía sin deshacerse de la
ropa vieja, remendándola él mismo para seguir usándola, y se ocupaba
personalmente de tareas difíciles como reparar diques o herramientas
agrícolas. Además, se levantaba al amanecer cada día para dedicar dos
horas a entrenar esgrima.
Aunque su caja fuerte se llenaba diariamente de montones de monedas
de oro, el señor Bennet vivía con aún más frugalidad, deseando dejarle a
su hijo una herencia aún mayor.
—Becky, ve a buscar al sastre y trae la ropa que encargué. Papá, ve y
cámbiate, por favor.
Joel, anticipando que su padre usaría ropa vieja, ya había ordenado al
sastre del palacio que confeccionara varios trajes para él. Aunque el
señor Bennet refunfuñó que su traje, aunque un poco gastado, todavía era
usable, Joel lo calló con un —Basta de ruido—, y él se levantó en
silencio.
Por supuesto, el señor Bennet no se sintió ofendido por las quejas de
su hijo. Sabía que, aunque Joel hablaba de manera un poco brusca, lo
amaba profundamente, y eso era suficiente para él.
Extra 3
Cuando el señor Bennet regresó a la sala de recepción con un aspecto
mucho más pulcro, Joel estaba intentando acostar al pequeño príncipe
heredero Louis, que parecía tener sueño. Al ver al señor Bennet, Joel
meció al bebé y dijo:
—Cariño, es tu abuelo. Deberías saludarlo.
—No, Joel, no es necesario. Su Alteza el príncipe heredero parece
tener sueño.
—Está bien. Vamos, tómalo en brazos.
El señor Bennet recibió con cuidado a Louis.
Louis no mostró ningún signo de desconfianza al estar en los brazos
del desconocido señor Bennet. Solo parpadeaba con ojos somnolientos.
El señor Bennet rió suavemente, meció a Louis un par de veces y, antes
de que el bebé comenzara a quejarse, lo acostó rápidamente en la cuna.
Mientras mecía la cuna suavemente con una mano, el señor Bennet
pasó un tranquilo momento de la tarde con Joel.
—Papá, Carlyle dice que Louis se parece a mí. ¿También lo crees?
Joel le preguntó a su padre, a quien no veía desde hacía tiempo, lo que
más le había intrigado últimamente.
En realidad, Joel había olvidado hacía mucho cómo era de pequeño.
En los retratos de su infancia, su madre siempre aparecía a su lado. Joel
temía ver a su madre envejecer en esas pinturas, por lo que había evitado
entrar en la habitación donde estaban colgadas durante casi cinco años.
Incluso ahora, más de trece años después de la muerte de su madre, Joel
todavía no se sentía capaz de enfrentar los recuerdos de ella.
Joel tuvo que enfrentar la muerte de su madre a una edad en la que ni
siquiera entendía qué era la muerte. Aunque se esforzó por vivir cada día
según sus últimas palabras, a medida que crecía y comenzaba a
comprender el concepto de la muerte, le resultaba cada vez más difícil
recordarla, porque sentía profundamente que nunca más podría estar con
la mujer a la que tanto amaba.
Aunque el señor Bennet, el mayordomo y los habitantes de la finca,
que eran como familia, estaban a su lado, y su presencia sin duda le daba
fuerzas, el vacío que dejó su madre era demasiado grande. Y ese vacío no
podía ser llenado por nadie.
Sin embargo, tras el nacimiento del pequeño ángel Louis, Joel pudo
enfrentar poco a poco los recuerdos del pasado. A diferencia de antes,
cuando era arrastrado indefenso por la tristeza, Carlyle y Louis se habían
convertido en sus pilares de apoyo.
Joel, aunque aún se sumergía en una profunda tristeza al recordar a su
madre, a menudo pensaba en ella mientras sostenía a Louis en sus
brazos.
«¿Se habría sentido tan feliz su madre cuando lo sostuvo por primera
vez al nacer?» Joel siempre se lo preguntaba. «¿Habría sentido ella
también esa abrumadora maravilla al ver la sonrisa de un bebé como él?
¿Se habría impacientado por no poder besar esas mejillas suaves y
brillantes? ¿Habría acariciado esos pequeños dedos que se aferraban con
fuerza a su mano mientras repetía un juramento de amor eterno…?»
Y cuando caía en la cuenta de que la única persona que podría
responder a todas esas preguntas estaría ausente para siempre, Joel sentía
un dolor tan intenso que parecía que su corazón se detendría.
—Honestamente, a este viejo le parece que Su Alteza Louis se parece
mucho a ti, Joel.
El señor Bennet habló con un tono suave, como si quisiera consolar a
Joel, que se había entristecido al pensar en su madre. Al escuchar sus
palabras, Joel no pudo evitar reírse.
—Ay, nuestro Louis es tan hermoso, ¿cómo podría parecerse a mí? Es
mejor que se parezca a Carlyle, en cambio…
—Pero, cariño, Su Alteza el príncipe heredero es exactamente como
eras de pequeño. Lo juro por todo lo que tengo ante Dios, eras un bebé
tan tierno y adorable como Louis.
El señor Bennet bajó la voz después de mirar a su alrededor y añadió:
—En realidad, eras mucho más lindo.
Ante la actitud de padre orgulloso del señor Bennet, Joel chasqueó la
lengua. Se dice que incluso un erizo encuentra hermosos a sus propios
hijos… Aunque era cierto que su apariencia era destacada, de ninguna
manera podía compararse con la ternura de Louis. ¿Cómo podía su padre
decir semejante mentira, afirmando que él había sido más lindo?
Joel no podía creer las exageraciones de su padre, pero cuando el señor
Bennet le recordó: —Joel, ¿has olvidado que cuando naciste, todos los
habitantes del feudo se reunían para tener una ‘audiencia con el pequeño
señor de Bennet’ durante una hora al día?—, finalmente asintió con un
—Ah, cierto.
Era una historia que había permanecido enterrada durante mucho
tiempo. La muerte de su madre, Anna, había dejado un profundo vacío
tanto en Joel como en el señor Bennet, y desde entonces, apenas habían
rememorado el pasado. Joel y el señor Bennet revivieron viejos
recuerdos después de mucho tiempo.
—Cariño, ¿y crees que Su Alteza Louis solo se parece a ti en
apariencia? El que no sea tímido y no llore fácilmente también es algo
que heredó de ti. Cuando naciste, eras tan tranquilo y bueno que a
menudo todos olvidaban que estabas ahí. Cuando tu madre o yo,
preocupados, corríamos a verte, tú siempre estabas jugando solo en la
cuna. Nos sonreías como para decirnos que no nos preocupáramos. Esa
sonrisa era tan tierna y adorable…
—Hmm, eso sí que parece haberse heredado de mí.
Finalmente, Joel aceptó las palabras de su padre. Al pasar tanto tiempo
con Louis, Joel sabía muy bien que Louis era realmente dócil y bueno.
Louis, a diferencia de un recién nacido típico, era tranquilo y rara vez
lloraba o se quejaba. Incluso si Joel se distraía con algo más, Louis
balbuceaba y jugaba felizmente solo.
Joel dirigió su mirada hacia la cuna donde Louis yacía. Louis, la
fuente de su felicidad, ya había cerrado los ojos y se había dormido,
respirando suavemente. Al contemplar esa imagen angelical, Joel sintió
una cosquilla en el pecho y besó suavemente las mejillas regordetas del
bebé.
El señor Bennet, que había estado observando la escena con ojos
cálidos, abrió la boca y dijo:
—Joel. Yo también te amo tanto que daría mi vida por ti, pero ni
siquiera eso se compara con el amor de tu madre, Anna. Por ejemplo,
cuando tenías unos seis meses, te enfermaste de fiebre y casi mueres. En
ese entonces, tu madre te cuidó durante tres días sin comer ni dormir. Si
algo te hubiera pasado, Anna habría dejado de respirar en ese mismo
instante…
Los ojos arrugados del señor Bennett se humedecieron de nostalgia al
recordar el pasado. Con voz ahogada, añadió:
—Cariño, hubo alguien en este mundo que te amó así. Esa persona
todavía te mira desde el cielo, así que, de ahora en adelante, valórate
siempre.
Mientras hablaba, dio unas palmaditas en el hombro de Joel.
—…Lo haré.
Joel pensó que su padre tenía razón. Aunque el tiempo en que recibió
ese amor infinito fue demasiado breve, esos recuerdos eran lo
suficientemente fuertes y vívidos para sostenerlo ante cualquier soledad
o dificultad que pudiera enfrentar. Joel siempre había querido
corresponder al amor de su madre, y ahora sabía que la única manera de
hacerlo era cuidar de sí mismo, a quien ella tanto había apreciado.
Extra 4
—Cada vez que pienso en el momento en que encontré el alma de
mamá en la mansión subterránea, todavía siento un profundo pesar.
Joel murmuró con tristeza. Había estado tan abrumado que no pudo
decirle que la amaba. Claro, su madre probablemente ya sabía cuánto la
amaba, pero aun así, Joel lamentaba y se arrepentía profundamente de no
haberle dicho esas palabras.
Sin embargo, no podía dejar de sentirse agradecido de haber
confirmado con sus propios ojos que las almas y el más allá existen. Joel
se prometió firmemente que, si algún día volvía a verla, lo primero que le
diría sería que la amaba.
—Ah. Por supuesto, no quiero decir que vaya a vender tu alma para
volver a verla.
Joel, cuyos ojos se habían humedecido de nostalgia, de repente los
abrió con una mirada penetrante.
Tenía una buena razón para hacer tal observación. El señor Bennet,
quien había caído en la tentación del demonio y casi vende su alma, e
incluso la de su nieto, inmediatamente puso una expresión culpable.
Observando la mirada de su hijo, cuyo temperamento era como el de un
gato callejero, rápidamente abrió la boca.
—Sí, ya lo sé. Yo… nunca volveré a cometer una estupidez así. Lo
siento mucho por haberte hecho preocupar.
—¿Así que ahora reconoces que hiciste una tontería? Recuerdo que
una vez me dijiste que no fuera irrespetuoso con el Abad John.
Aunque el señor Bennet juntaba las manos y se disculpaba, Joel seguía
mirándolo con ojos afilados. Con un tono desafiante, como un matón de
callejón, amenazó:
—Si alguna vez vuelves a caer en las mentiras de un demonio, ¿cree
que me quedaré con los brazos cruzados? ¿Eh?
Por supuesto, el señor Bennet no tenía palabras, ni siquiera si tuviera
dos bocas. Después de jurar varias veces que nunca lo haría de nuevo,
Joel finalmente pareció ablandarse y dijo: —Como papá sabe, el alma de
mamá debe estar en el cielo. Vivamos felices, recordando siempre sus
últimas palabras, hasta que llegue nuestro final.
—Ya es tan tarde. Cariño, este viejo debe irse.
—Sí. Cuídate.
El señor Bennet, tras terminar su conversación con Joel, se levantó de
su asiento con un sentimiento de nostalgia. Sin embargo, no era el único
que sentía pena por la despedida, pues su frío hijo ya había apartado la
mirada de él incluso antes de que saliera de la habitación, y ahora solo
contemplaba a su propio hijo.
—Mi pequeño ángel, que tengas dulces sueños.
Al ver a Joel así, aunque se sentía orgulloso de él, no podía evitar
sentir un vacío en su corazón. Para él, Joel siempre sería un ser tan joven
y frágil como el pequeño príncipe heredero Louis, pero los días en que
podía abrazar a Joel y cuidarlo habían quedado atrás. El señor Bennet
sonrió con melancolía, sintiendo de nuevo la crueldad del paso del
tiempo.
Justo cuando el señor Bennet, como un actor secundario que abandona
el escenario tras terminar su papel, se disponía a salir en soledad, Joel,
como si de repente hubiera recordado algo, lo detuvo.
—Ah, cierto. Papá, ¿se quedará en la capital hasta que termine el
festival, verdad?
—Por supuesto.
—Entonces, en lugar de quedarse en una posada, alójese en mi
residencia en la capital. Y cuando regrese a su feudo después del festival,
llévese a Wickham y a los demás habitantes del feudo con usted.
Joel habló en voz baja, susurrando para no despertar a Louis, que
dormía.
—Pero, cariño, ¿esas personas no son como una familia para ti?
—Claro que no. Wickham, el mayordomo, la niñera, el chef… todos
son personas importantes para mí, por supuesto, pero… ya he hecho un
nuevo hogar aquí.
Joel habló con una suave sonrisa. Aunque era cierto que tener cerca a
Wickham y a los sirvientes del feudo de su padre le daba fuerzas, Joel
sabía que ahora no era él quien los necesitaba, sino su padre.
—A mi lado no solo están Su Majestad el Emperador y Louis, sino
también Robert, Becky, Rob y Penélope. Pero a tu lado no hay nadie,
papá.
Ante la observación de Joel, el señor Bennet se quedó sin palabras.
Joel sintió un nudo en la nariz al ver a su padre de repente tan viejo y
desamparado. Al principio, Joel solo sentía lástima y resentimiento hacia
su padre, quien había caído en las absurdas mentiras del demonio, pero
ahora podía entenderlo.
El señor Bennet había sido, desde su juventud hasta ahora, un hombre
que solo conocía a su familia. Pero su esposa había encontrado el
descanso mucho antes que él, y el hijo que crió había crecido y dejado el
nido. Cada vez que Joel pensaba en lo solo que debió sentirse su padre,
mirando ese nido vacío, su corazón se llenaba de dolor.
Mientras Joel había tenido muchas oportunidades de hacer nuevos
amigos, su padre, ya envejecido, no. Además, más de la mitad de los
hombres del feudo en quienes su padre había confiado como amigos
habían muerto en el incidente con el Abad John. Aunque la mansión
subterránea ahora estaba llena de gente, el señor Bennet, que no era de
los que abrían su corazón fácilmente, seguramente seguía sintiéndose
solo y desolado. Joel siempre estaba preocupado por su anciano padre.
—Si es así, estaré agradecido, pero… cariño, ¿no te quedarás solo en
la capital?
—Vamos, no te preocupes. ¿Acaso soy un niño de cinco años? Estaré
bien. Ah, cierto. Papá, el conde Lucas solía atormentar mucho a
Wickham en el pasado. Por favor, sea comprensivo si a veces dice
tonterías.
En el pasado, el conde Lucas no había dejado en paz ni siquiera a
Wickham, el único sirviente que Joel había traído consigo. Aunque
Wickham, más sensato que Joel, no cayó completamente bajo el control
mental del conde Lucas como lo hizo Joel, llegó a creer que solo
siguiendo las enseñanzas del conde Lucas, Joel podría adquirir modales y
actitudes refinadas.
Y los efectos del lavado de cerebro fueron tan profundos que Wickham
aún no podía soltar algunas creencias distorsionadas, como: —Si quiere
ser amado por Carlyle, nunca debe mostrar apetito en público—, o —
Cuando Joel muestra debilidad, ser estricto con él es la verdadera manera
de cuidarlo como mayordomo.
Joel sabía que Wickham también era una víctima del conde Lucas, y
aunque sus métodos estaban un poco torcidos, el hecho de que Wickham
lo amaba sinceramente era innegable. Por eso, Joel aún lo valoraba
profundamente.
Después de despedir al señor Bennet, Joel se sentó nuevamente junto a
la cuna y observó a Louis dormir. El bebé Louis era tan adorable que,
incluso si el tiempo se detuviera, Joel sentía que nunca se aburriría.
Mientras disfrutaba de ese feliz momento con el bebé, el emperador, que
había estado inspeccionando la capital, llegó a buscarlo.
Extra 5
—¡Carlyle!
—Lamento llegar tarde. Hubo un problema con el carruaje, lo que
retrasó mucho mi regreso al palacio. ¿Y el señor Bennet?
—Ya se fue.
Las mejillas de Carlyle estaban rojas y heladas por el frío. Joel,
preocupado, lo sentó rápidamente en el sofá y le envolvió los hombros
con una manta.
—Hacía mucho que no venía a la capital, y ni siquiera pude saludarlo.
Me siento avergonzado ante ti por haber descuidado a tu padre.
—Descuidar, ¿qué dice? Mi padre se quedará en la capital hasta que
termine el festival, así que no se preocupe. Más bien, Su Majestad, está
muy frío. Espere un momento, le prepararé una taza de té.
—Gracias.
Carlyle miró a Joel que parloteaba animadamente con una mirada llena
de cariño. Los ojos dulces de Joel brillaban como los de alguien que
nunca había sido herido, resplandeciendo solo con la luz de la felicidad.
Su apariencia inocente recordaba a la de un cachorro sin rastro de
desconfianza.
Aunque Carlyle pensó que le tomaría mucho tiempo a Joel liberarse
por completo de los grilletes de autodesprecio que el conde Lucas le
había impuesto, Joel, contrariamente a sus expectativas, recuperó
rápidamente su verdadera esencia. Ni siquiera Carlyle había anticipado
que Joel, una vez libre de las sombras del pasado, podría volverse tan
adorable.
—Y también horneé algunas galletas para que las comamos juntos.
Puede esperar que estén deliciosas.
Joel se acercó emocionado a la mesa de té. Aunque dijo —algunas
galletas—, en realidad había montones de diez tipos diferentes de
galletas apiladas en la mesa. Incluso después de haberle dado una buena
porción al señor Bennet que acababa de visitarlo, todavía quedaba esa
cantidad.
Joel permitía que los sirvientes tomaran libremente los dulces hechos
con ingredientes costosos y de alta calidad, pero corría el rumor de que,
aproximadamente un año atrás, un robusto capitán de la guardia había
sido llevado a la enfermería después de comer un pastel hecho por Joel.
Por eso, los sirvientes no se atrevían a tocar los dulces. Aunque no
querían decepcionar a Joel, era obvio que los dulces que se llevaban a
casa terminarían directamente en la basura.
Por supuesto, Joel, que no sabía desconfiar de los demás, no tenía idea
de esos detalles.
Mientras Joel seleccionaba cuidadosamente las galletas para colocarlas
en una pequeña bandeja, la voz cariñosa de Carlyle llegó desde detrás de
sus hombros:
—Nuestro heredero duerme profundamente, tan ajeno al mundo…
¿Cómo puede ser tan bueno y dulce?
Como había dicho Carlyle, Louis seguía profundamente dormido a
pesar del breve alboroto causado por la visita del emperador. Su falta de
desconfianza hacía que cualquiera que lo viera no pudiera evitar sonreír.
Carlyle meció suavemente la cuna mientras cuidaba al adorable bebé.
Cuando Joel regresó con las galletas, Carlyle ya se había quedado
dormido, recostado en el sofá.
No era de extrañar que estuviera cansado. Cada día se levantaba al
amanecer para preparar desfiles, atender reuniones con la realeza
extranjera y cumplir con una agenda apretada. Carlyle había planeado un
festival de gran escala para celebrar el primer cumpleaños del príncipe
heredero Louis, lo que lo mantenía ocupado sin un momento de
descanso. Joel se sentó con cuidado junto a Carlyle.
Aunque intentó hacer el menor ruido posible, el sonido de la taza al
colocarla sobre la mesa fue inevitable. Joel, preocupado de que Carlyle,
sensible a los ruidos, pudiera despertarse, miró hacia atrás.
Afortunadamente, Carlyle seguía profundamente dormido.
—Es realmente guapo…
Joel murmuró para sí mismo mientras observaba el perfil de Carlyle.
Carlyle se volvía más hermoso cada día. A medida que perdía la
gordura infantil, su nariz afilada se volvía más prominente, y su
estructura ósea más definida le daba una apariencia más masculina que
antes. Aunque desde el principio Carlyle le había parecido muy maduro a
Joel, ahora que lo veía completamente crecido, se daba cuenta de lo
juvenil que había sido en el pasado.
Tanto el Carlyle de diecisiete años como el de veintiuno le parecían
maravillosos a Joel. Deseaba poder presenciar de cerca cómo Carlyle
envejecía. Habiendo experimentado una muerte vana, Joel sabía cuán
grande bendición era envejecer junto a la persona amada. Poder
compartir tanto tiempo con alguien tan especial era una oportunidad
preciosa que solo unos pocos privilegiados podían disfrutar.
Tal vez fue porque la mirada de Joel hacia Carlyle era demasiado
intensa, pero las cejas finas de Carlyle se fruncieron ligeramente antes de
que sus párpados se abrieran. Al darse cuenta de Joel sentado tan cerca,
Carlyle sonrió con timidez.
—Ah, me quedé dormido un momento. Lo siento.
Carlyle, con una sonrisa afectuosa, extendió la mano hacia la bandeja
y dijo: —¿Estas son las galletas que horneaste tú mismo? —pero justo
cuando tomó una, volvió a quedarse dormido en esa misma posición.
Joel retiró con cuidado la galleta de la mano de Carlyle y la volvió a
colocar en el plato.
—Su Majestad, parece estar muy cansado. Vaya a la habitación y
descanse un rato.
Joel sacudió suavemente a Carlyle, que dormía profundamente con la
cabeza inclinada. Carlyle no quería renunciar al tiempo íntimo que
pasaba a solas con Joel, pero al final, incapaz de resistir el cansancio, se
frotó los ojos somnolientos y se levantó.
Incluso después de que el emperador se acostó y se durmió, Joel no se
alejó de su lado. Acostado junto al emperador, Joel apoyó la barbilla en
sus manos y observó durante un buen rato cómo Carlyle dormía.
Los pies de Joel, levantados en el aire, se balanceaban alegremente.
Ver la cara de Carlyle tanto como quisiera era algo que en el pasado ni
siquiera podía imaginar. Joel todavía sentía que su corazón latía sin
control cada vez que veía al emperador, y cuando este le susurraba que lo
amaba, sentía que su pecho estaba a punto de estallar. Ahora, al pensarlo,
no podía entender cómo había considerado dejarlo atrás.
En el palacio, debido a las estrictas normas, en realidad no podía ver la
cara de Carlyle tanto como quisiera. Aunque cuando dormían juntos
tenían un tiempo bastante generoso para estar solos… Joel lo lamentaba.
Últimamente, por ciertas razones, habían estado durmiendo por separado,
y Joel estaba descontento de que las oportunidades de pasar tiempo
íntimo juntos hubieran disminuido significativamente.
—Ah… Ojalá pudiéramos volver a dormir juntos.
Joel soltó un profundo suspiro. Por una razón tonta y vergonzosa,
había estado evitando compartir la cama con Carlyle. Ayer, cuando el
emperador le propuso ir a la habitación, había sido la oportunidad
perfecta, pero, como un tonto, había escapado de nuevo, algo que ahora
lamentaba profundamente.
«¿Dice que le gustaría volver a dormir juntos?»
Carlyle, que en realidad se había despertado un poco, sintió que sus
orejas se erguían al escuchar el murmullo de Joel.
Carlyle se había despertado un poco antes. No podía dormir
profundamente debido a Joel, que estaba justo a su lado con los ojos
brillantes. Joel lo había estado observando durante una hora, y ni siquiera
la persona menos perceptiva podría ignorar una mirada tan intensa y
abrumadora.
En cualquier caso, cuando Carlyle se dio cuenta de que Joel quería
mejorar su relación, sintió esperanza, pero en cuanto abrió los ojos y
dijo: —Oye—, Joel rápidamente se alejó de él.
—Lo siento, de repente recordé algo importante. Me retiraré por ahora.
Con esas palabras, Joel desapareció. Sus movimientos fueron tan
rápidos que no hubo tiempo para detenerlo. Incluso canceló su plan de
ver una obra de teatro juntos esa noche, excusándose con que no se sentía
bien, y no abrió la puerta cuando Carlyle fue a su habitación.
Carlyle se sintió confundido por el comportamiento impredecible de
Joel. Llamó a la puerta y se disculpó por lo ocurrido en el pasado, pero
Joel lo rechazó con respuestas vagas, sin mostrar su rostro hasta el final.
Finalmente, Carlyle no obtuvo ningún resultado y tuvo que regresar a
su habitación, sintiéndose solo.
Intentó calmar su mente confusa bebiendo vino, pero el dolor de
cabeza solo empeoró con cada sorbo. Al final, en un impulso, llamó a
Robert y le preguntó:
—…Si hablamos de un omega puro, ¿crees que pudo haber quedado
traumatizado después de la primera noche? ¿Crees que por eso rechace la
idea de compartir cama?
En ese momento, Carlyle estaba bastante borracho y con la cabeza
apoyada en la mesa, por lo que su pronunciación era casi ininteligible.
Sin embargo, Robert logró entender las palabras del emperador y asintió
con la cabeza.
—Sí, Su Majestad. Es algo poco común entre los betas, pero entre los
alfas y omegas ocurre con más frecuencia de lo que se piensa. Como bien
sabe Su Majestad, las relaciones entre los alfas y omegas tienden a ser
bastante… intensas y agresivas, ¿no es así?
Robert iba a decir —violentas—, pero suavizó sus palabras.
Sin embargo, el término —violento— no era exagerado. El proceso
necesario para el embarazo, conocido como —anudación—, de hecho,
somete el cuerpo del omega a un gran estrés. Cuando Carlyle recordó su
propio miembro cubierto de sangre, una abrumadora culpa lo invadió y
golpeó su cabeza contra la mesa.
Extra 6
—¡Su Majestad, cálmese!
Robert detuvo al emperador, quien intentaba golpearse la cabeza
repetidamente en un acto de autolesión.
—Su Majestad, aunque sea una pregunta impertinente, ¿por qué
pregunta algo así? ¿Acaso…?
—No es algo de lo que debas preocuparte. Has tenido un día largo.
Puedes retirarte.
El emperador cortó las palabras de Robert con un gesto de la mano.
Aunque no podía seguir ocultando el asunto para siempre, este era un
tema extremadamente delicado. Además, aún no había consultado a Joel
sobre la posibilidad de discutir este tema relacionado con el pasado. Si
hablaba sin cuidado y exponía las heridas de Joel, podría terminar
lastimándolo aún más.
Afortunadamente, Robert, que era perspicaz en estos asuntos, ya había
deducido gran parte de la situación desde que escuchó la pregunta del
emperador. Si el inocente Joel había quedado traumatizado por algo
relacionado con la intimidad, era momento de que él, como ginecólogo y
médico personal de Joel, interviniera. Robert comenzó a persuadir al
emperador, que se resistía a hablar, para obtener más detalles.
—Su Majestad, como bien sabe, tengo una relación cercana con Su
Majestad el Rey consorte. Somos de la misma región, y él ha dependido
mucho de mí desde su infancia.
—…
—Como sirviente de Su Majestad el Rey consorte y como su amigo de
la infancia, siempre me he preocupado por su bienestar. Además, ¿no soy
su médico personal? Si Su Majestad el Rey consorte ha sufrido un
trauma psicológico debido a algún incidente y aún no se ha recuperado,
esto no es algo que deba tomarse a la ligera. Después de todo, uno de los
deberes más importantes de Su Majestad el Rey consorte es la
producción de un heredero.
Ante las palabras de Robert, el emperador, que había estado postrado
como si estuviera muerto, levantó la cabeza con una expresión de enojo.
—¡Eso no es lo importante! Solo me preocupa que ese niño inocente
esté sufriendo un dolor mental indescriptible.
«Ah, entonces sí había un problema».
Robert miró al emperador con ojos comprensivos. El joven emperador
Carlyle, de apenas veintiún años, debía encontrar difícil hablar de este
tema. Con paciencia, Robert comenzó a persuadir al emperador, quien
parecía indeciso y sin saber qué hacer.
—Entonces, debemos actuar con urgencia. Su Majestad el Rey
consorte necesita recuperar su estabilidad mental lo antes posible a través
de terapia de relajación. Por favor, dígame qué ha sucedido entre ustedes
y cómo puedo ayudarlos.
El argumento de Robert tenía sentido, y Carlyle, que había estado
vacilando, finalmente tomó una decisión. No podía permitir que Joel
siguiera sufriendo. Ya había pasado un año desde que trató de dejar a un
lado los conflictos y miedos de su pasado. Carlyle reunió valor y
comenzó a hablar:
—Bueno, la verdad es que…
***
Al día siguiente por la tarde, Robert fue a buscar a Joel. Para ese
entonces, Joel, como de costumbre, estaba absorto en la cocina del
palacio secundario, preparando comida. Mientras amasaba una gran masa
de harina, Robert reflexionaba sobre cómo abordar el tema.
Si la confesión del emperador de la noche anterior era cierta, Joel
necesitaba urgentemente terapia. Pero antes de intentar cualquier
tratamiento, era crucial escuchar lo que Joel tenía que decir. Mientras
Robert vacilaba a su lado, Joel, distraído, preguntó mientras aplanaba la
masa con un rodillo:
—Entonces, ¿por qué has venido?
—Ah… bueno, es que…
Robert titubeó y miró a su alrededor.
Debido a que Joel había insistido en llevar a Louis al palacio
secundario, la cocina estaba llena del bebé Louis y las sirvientas que lo
cuidaban. No podía preguntar sobre los asuntos íntimos de la pareja
imperial en un lugar tan concurrido, así que Robert esperaba una
oportunidad para estar a solas con Joel.
Francamente, Robert no entendía por qué Joel había traído a Louis.
Joel, que había despertado al bebé dormido para llevarlo, ahora estaba
demasiado ocupado amasando la masa, mientras que Becky y las
sirvientas se encargaban de cuidar a Louis.
En su mente, Robert pensó que, si no iba a prestarle atención, hubiera
sido mejor dejar al príncipe heredero durmiendo tranquilamente en su
habitación.
Mientras tanto, Louis jugaba feliz con un pequeño trozo de masa que
Joel le había dado. Aunque podría haberse quejado por haber sido sacado
de su sueño, el dulce y tranquilo Louis no mostraba rastro de lágrimas en
sus ojos.
Cuando Louis intentó llevarse la masa a la boca, Becky, que lo
vigilaba, lo detuvo rápidamente.
—Oh, no, Su Alteza. Esto no se come.
Al quitarle la masa, Louis frunció el ceño como si estuviera a punto de
llorar, pero cuando Becky le colocó un tazón de madera lleno de fresas
cortadas frente a él, sonrió de inmediato, como si nunca hubiera estado a
punto de llorar. El pequeño príncipe heredero Louis extendió su manita y
comenzó a comer las fresas con entusiasmo.
Era una escena tan adorable que era imposible no sonreír. Robert, sin
darse cuenta, sonreía ampliamente mientras observaba a Louis, hasta que
Joel lo interrumpió de nuevo:
—Robert, ¿por qué has venido?
—¿Eh? Ah, es que… tengo algo importante que discutir. ¿Podría
darme un momento?
—Hazlo ahora.
—Es que es un tema un poco… privado…
Cuando Robert balbuceó incómodo, Joel asintió de inmediato.
—Entonces, hablemos con calma durante la hora del té. De cualquier
forma, qué bien que hayas venido, te daré la oportunidad de probar algo
que he preparado yo mismo.
—Sí, gracias… ¿Eh?
Robert, que estaba a punto de asentir sin pensarlo, se quedó
paralizado. Miró con ojos aterrorizados las —creaciones— de Joel.
Sobre la tabla espolvoreada de harina, había una fila de pequeñas
porciones de masa del tamaño de un dedo pulgar, cuyo propósito
culinario era completamente incomprensible. Si simplemente se tratara
de trozos de masa de harina, no sería tan aterrador. Pero,
desafortunadamente, Joel estaba llenando cada porción con una
cucharada de un relleno amarillo de origen desconocido.
Robert realmente no quería herir los sentimientos de su único amigo.
Sin embargo, al recordar lo que le había sucedido al cuarto capitán de los
caballeros, Abe, el miedo lo invadió. Abe, un soldado que comía de todo
sin quejarse, había desarrollado una grave alergia a los duraznos y al
pollo después de comer una tarta de durazno hecha por Joel el invierno
pasado.
Desde el incidente de la tarta de durazno, las únicas personas que
comían sin vacilar la comida de Joel eran él mismo y el emperador
Carlyle. Cada vez que el emperador visitaba el palacio secundario
durante la hora del té para probar los platos de Joel y elogiarlos sin
reservas, los cortesanos murmuraban sobre lo profundo que era el afecto
del emperador.
—Su Majestad, aunque sea una impertinencia, de repente recordé que
tengo un asunto urgente que atender. Lo siento mucho, pero ¿podría
visitarlo esta noche?
Robert, cuyo afecto por Joel no llegaba tan lejos, intentó escapar con
esa excusa, pero Joel respondió:
—¿Esta noche? Hmm, creo que hoy no podré. Tengo que ir a cinco
fiestas esta noche. Como sabes, el primer cumpleaños de Louis está
cerca, y la capital está llena de festividades, así que mi agenda está muy
apretada.
Con eso, Robert no tuvo más remedio que quedarse.
[—Averigua si Joel ha quedado traumatizado por lo sucedido, y si es
así, qué tan grave es, y si su afecto hacia mí ha cambiado debido a eso.
¡Repórtame tan pronto como termine la reunión!]
Antes de que Robert fuera a buscar a Joel, el emperador, que perdía la
razón cuando se trataba de asuntos relacionados con Joel, lo había
llamado y lo había presionado de esa manera. Con el emperador
esperando ansiosamente, no podía permitirse esperar un día más. Al
recordar la expresión impaciente de Carlyle, Robert no tuvo más remedio
que aceptar la hora del té.
Extra 7
—…Entonces, ¿cómo se llama este plato?
Poco después, en la sala de descanso del palacio secundario, Robert,
ahora a solas con Joel durante la hora del té, preguntó con un tono
sombrío.
Las pequeñas porciones de masa redondas y aplanadas, mezcladas con
una salsa rara, eran un misterio. No tenía idea de qué tipo de comida era,
de qué país provenía, o si era seguro comerla. Desafortunadamente, Joel
era extremadamente generoso, y el plato frente a Robert estaba apilado
como una montaña con esas porciones de masa.
Tener que comer la comida de Joel, que había derribado a un robusto
capitán de los caballeros…
Un sudor frío recorrió la espalda de Robert. Joel, sin darse cuenta del
ambiente tenso, respondió con entusiasmo:
—Ah. Me inspiré en un plato extranjero y lo reinventé, así que aún no
tiene nombre. Estoy pensando en llamarlo ‘La alegría de Louis’, en
honor a mi precioso tesoro. ¿Qué te parece?
«Joel, tienes una forma peculiar de arruinar la reputación de tu propio
hijo».
De cualquier manera, ahora no podía rechazar la generosidad de Joel.
Con una expresión complicada, Robert murmuró: —Hmm… déjame
probarlo primero—, y tomó una cuchara.
Bajo la mirada expectante de Joel, Robert tomó un bocado de lo que
podría ser ‘La alegría de Louis’, ‘La tristeza de Louis’ o incluso ‘La
desesperación de Louis’. Cuanto más se acercaba la cuchara a su boca,
mayor era su miedo. Sus ojos se cerraron involuntariamente, y la mano
que sostenía la cuchara temblaba.
—¡…!
Pero, para su sorpresa, el sabor de la salsa cremosa en su lengua no era
tan malo. Robert reunió un poco más de valor y masticó la porción de
masa cocida. Entonces, la textura suave y masticable de la masa se
deshizo, y el interior esponjoso y suave de la papa envolvió su lengua.
—Oh.
Robert no pudo evitar exclamar. Al abrir los ojos, vio a Joel frente a él,
con los ojos brillantes, preguntando con orgullo:
—¿Está rico?
—Sí…
Aunque no podía creerlo, la comida preparada por Joel era incluso más
deliciosa que la de los chefs del palacio. Robert se levantó de inmediato
y le dio un gran aplauso a Joel. Era la primera vez que Joel mostraba
talento en algo, y estaba tan conmovido que casi se le llenaron los ojos
de lágrimas.
Mientras Robert comenzaba a comer con entusiasmo, Joel también
empezó a disfrutar de su comida.
—El relleno es interesante. ¿Qué le pusiste?
—Ah, es puré de papas mezclado con queso. También le puse un poco
de especias.
—Ya veo. Es realmente sabroso. Pero, Joel, ¿ahora puedes comer
papas? Cuando estabas embarazado, solo el olor de las papas te daba
náuseas.
—Si las mezclo con queso, está bien. Todavía no puedo comer papas
hervidas o asadas solas, pero…
Joel disfrutó de una agradable comida mientras conversaba
animadamente con Robert. Era como cuando de niño jugaba en el bosque
de la finca del señor Bennet. (En realidad, debería haber sido la —hora
del té—, pero Robert, impresionado por el sabor de la comida, lo olvidó
por completo). La montaña de masa cocida desapareció rápidamente, y
Robert, con el estómago lleno, elogió una vez más las habilidades
culinarias de Joel. Después de la comida, Joel preparó personalmente té
negro, cuyo aroma también era exquisito.
«Entonces, ¿por qué el capitán Abe desarrolló una alergia?»
Mientras saboreaba el aroma del té, Robert sintió que esa duda.
¿Habría sido Abe quien intentó menospreciar el talento de Joel? Pero, por
lo que Robert sabía, él no era ese tipo de hombre mezquino.
Mientras inclinaba la cabeza, confundido, Joel lo llamó.
—Rob, Robby. Por cierto, ¿cuándo vas a contarme el motivo de tu
visita?
—Ah, cierto.
Robert dejó la taza de té. Al mirar a Joel con seriedad, este también se
tensó, endureciendo su expresión.
—¿Por qué de repente ese tono? Me asustas.
—Joel, como médico, tengo que preguntarte algo. He escuchado que
has estado rechazando compartir la cama con Su Majestad el Emperador.
¿Es eso cierto?
Cuando Robert preguntó directamente, Joel abrió los ojos de par en
par, sorprendido.
—Robert, ¿por qué preguntas eso de repente…? —murmuró, bajando
la cabeza.
—Sé que es incómodo, Joel, pero esto es realmente importante. La
salud de la mente y el alma es tan crucial como la salud del cuerpo.
—…
—Sé muy bien que las relaciones con alfas pueden ser muy exigentes
para el cuerpo de un omega. Lo entiendo completamente. Pero si has
sufrido algún trauma debido a tu relación con Su Majestad el Emperador,
no podemos simplemente dejarlo pasar. Las heridas del alma, al igual
que las del cuerpo, pueden infectarse y pudrirse si no se tratan a tiempo.
Como tu médico y tu amigo, estoy preocupado. Por favor, sé sincero
conmigo.
Robert, con el rostro enrojecido, se sintió aún más preocupado por la
falta de respuesta de Joel. Con paciencia, siguió consolando y
persuadiendo a Joel, quien se resistía a hablar. Después de insistir
persistentemente, finalmente Joel abrió la boca con una voz apenas
audible.
—…No es eso.
—¿No es eso? Entonces, ¿por qué lo rechazas?
—Es solo que… me da vergüenza.
—…¿Qué?
Robert no pudo ocultar su expresión de incredulidad. Sospechando que
Joel estaba inventando una excusa para salir del paso, frunció el ceño,
pero Joel comenzó a balbucear una explicación.
—No, Robby, escucha. Según las normas del palacio, después del
parto, debemos dormir separados durante tres meses, ¿verdad?
—Así es.
—Pues bien, después de dormir sola durante tres meses, me sentí
incómodo con la idea de volver a compartir la cama con Su Majestad.
¿Cómo podría, de repente, un día cualquiera, simplemente dormir en la
misma cama con él?
—…¿No estás casado con él? Ya tienen un hijo.
Cuando Robert preguntó, incrédulo, Joel murmuró obstinadamente:
—Lo sé, pero es… es vergonzoso e incómodo, eso es todo.
Aunque parecía una excusa absurda para evitar la conversación, no
había rastro de mentira en el rostro de Joel. Sus mejillas estaban tan rojas
como una manzana madura, y Robert, sin palabras, lo miró fijamente.
***
—…Así que eso fue lo que pasó.
Después de terminar su reunión con Joel, Robert fue interceptado por
un grupo de caballeros que lo esperaban frente al palacio secundario y
fue llevado directamente a la oficina del emperador. El emperador, quien
había presionado a Robert para que le contara los detalles de la consulta,
puso una expresión peculiar al escuchar el informe.
—…Es un alivio que Joel no esté herido, pero… ¿de verdad me
evitaba por esa razón?
Naturalmente, Carlyle no podía creer fácilmente el informe de Robert.
¿Había rechazado sus innumerables avances y coqueteos durante nueve
largos meses simplemente por vergüenza?
Carlyle preguntó si Joel podría tener otro problema, pero Robert le
aseguró que, después de preguntarle varias veces y verificar su estado,
ese era el diagnóstico final.
Finalmente, decidió creer en el diagnóstico de Robert y, vacilando,
preguntó: —…Entonces, ¿no es porque que su afecto hacia mí
disminuyera?
—No, en absoluto.
Robert respondió con firmeza, y el joven emperador suspiró con
evidente alivio.
—Buen trabajo. Puedes retirarte.
El emperador Carlyle despidió a Robert y se quedó solo,
reflexionando.
Era un alivio que Joel no estuviera herido. Quería correr hacia él de
inmediato, abrazarlo y expresar todo el afecto que había estado
reprimiendo. Pero el tiempo que había pasado reflexionando y
arrepintiéndose de su primer encuentro, donde no había respetado a Joel,
lo hizo recapacitar una vez más. Carlyle se recordó a sí mismo que debía
comportarse como un caballero con Joel y no dejarse llevar por la
impaciencia.
Dado que Joel sentía una gran presión por volver a la normalidad en su
relación, era necesario acercarse de manera lenta y cuidadosa. Sería
mejor planear un evento romántico. Durante los próximos días, ambos
estarían extremadamente ocupados con las celebraciones del cumpleaños
de Louis, pero después habría un largo período de vacaciones. Carlyle se
prometió firmemente que, durante estas vacaciones, se desharía de todo
el personal y pasaría un tiempo íntimo y privado con Joel.
Extra 8
Con motivo del cumpleaños del pequeño príncipe heredero Louis, se
celebró una gran fiesta durante una semana. La capital estuvo llena de
fuegos artificiales, ceremonias religiosas para bendecir a Louis y fiestas
en todos los niveles de la sociedad. Aunque Louis, el protagonista de la
celebración, acababa de cumplir un año y pasaba la mayor parte del día
tranquilamente con su niñera como de costumbre, en ciertos momentos
importantes tenía que aparecer en eventos oficiales.
Cada vez que lo hacía, Louis se vestía con los trajes elaborados con
esmero por los sastres de la familia real, mostrando una ternura
impactante ante el público.
Entre los veintiún trajes oficiales que lució, los que recibieron una
respuesta especialmente positiva fueron la túnica de seda blanca como la
nieve preparada para la ceremonia de bendición oficial, el sombrero de
piel del mismo color que el traje amarillo claro que usó en el evento
social de la mañana, y la capa roja oscura con bordes de piel blanca que
llevó durante la cena de gala de su cumpleaños. Inmediatamente después
de cada evento oficial, los talleres de ropa infantil de la capital se
inundaban de pedidos de trajes iguales o similares.
Cambiarse de ropa tres o cuatro veces al día y presentarse ante el
público era una carga demasiado pesada para un príncipe heredero de
apenas un año. Louis, que siempre estaba lleno de energía, se cansaba
cada vez más a medida que avanzaba la celebración. Cuando se
preparaba para la última fiesta, estaba tan sensible que, cuando Becky le
calzó unos pequeños zapatos de piel rellenos de pelo de conejo, se quejó
y lloriqueó de una manera poco habitual para él.
Sin embargo, siendo de naturaleza dulce, Louis dejó de quejarse
cuando Joel lo abrazó y le susurró: —Lo siento, cariño. Después de hoy,
todo lo difícil habrá terminado, así que aguanta un poco más.
Afortunadamente, Louis se adaptó rápidamente a los incómodos
zapatos de piel, y la niñera y él se dirigieron al salón del banquete con
gran alivio.
Cuando la celebración de cumpleaños terminó con éxito, todos
regresaron a sus rutinas con recuerdos alegres. Aunque la capital estaba
envuelta en un ambiente de fatiga después de una semana de
festividades, el emperador Carlyle estaba lleno de un entusiasmo secreto.
El segundo acto que había preparado estaba a punto de comenzar. Tan
pronto como terminaron las celebraciones del cumpleaños de Louis,
Carlyle llevó a toda la familia a un viaje a una villa termal.
El pueblo donde se encontraba la villa estaba ubicado en la ladera de
una montaña, a medio día de distancia de la capital. Joel, completamente
agotado después de una semana llena de eventos, aún se mostraba reacio
a tomar unas vacaciones. Aunque sentía una inexplicable inquietud al ver
al emperador prepararse con entusiasmo y rechazar a todos los nobles
que querían acompañarlos, no se opuso a la firme determinación del
emperador de emprender el viaje.
Al llegar a la villa tarde en la noche, Joel decidió descansar un rato en
la sala de descanso antes de disfrutar de los baños termales. El
emperador había despedido a todos los sirvientes, dejando solo a Joel, al
emperador y al pequeño príncipe heredero Louis en la sala. En un
ambiente acogedor, como el de una familia rural común, el emperador
colocó leña en la chimenea y se sentó junto a Joel.
Joel estaba leyendo una carta que había recibido de Benjamín la noche
anterior. En realidad, quería leerla de inmediato, pero su apretada agenda
no se lo había permitido hasta ahora. Al ver la carta en manos de Joel, el
emperador se acercó con curiosidad.
—¿Benjamín te envió una carta? Hace más de un año que no lo veo.
Me pregunto cómo le va. ¿Cómo le está yendo con la mina de diamantes
que compró esta primavera?
—Le está yendo increíblemente bien. Dice que está ahorrando
ganancias y planea comprar una compañía comercial en dos años.
Joel, orgulloso como si fuera su propio logro, le contó al emperador las
últimas noticias de Benjamín.
Que Benjamín pudiera comprar la mina de diamantes fue gracias a la
ayuda de Joel. Con los enormes ingresos que obtenía gracias a la
mansión subterránea del señor Bennet, Joel naturalmente quería ayudar a
Benjamín.
Joel quería comprarle a Benjamín una buena propiedad y una casa. Y
si Ben lo deseaba, estaba dispuesto a pagar sus gastos de por vida. Sin
embargo, Benjamín, que había sido expulsado de su familia y cuyo
escándalo se había extendido por todo el país, lamentablemente no podía
regresar a su hogar. Joel intentó comprarle una casa en el extranjero, pero
Benjamín rechazó educadamente la oferta.
En cambio, Benjamín le pidió a Joel que le prestara dinero. Había
estado observando una mina que estaba en venta. La cantidad que
Benjamín pidió era considerable, y la mina que eligió no parecía ser muy
rentable, pero Joel, que tenía más dinero del que sabía gastar, y que
confiaba en el juicio de su amigo, no dudó en ayudarlo.
Y la mina en la que Benjamín invirtió resultó ser un éxito rotundo. No
importaba cuánto excavaran, seguían encontrando diamantes de la más
alta calidad.
En seis meses, Benjamín pudo devolverle a Joel todo el dinero
prestado, incluyendo intereses. Incluso ayudó financieramente a la
familia del duque de Melphis, que estaba pasando por dificultades debido
a una inversión fallida. Aunque el duque no perdonó a su hijo incluso
después de superar la crisis gracias a su ayuda, hizo la vista gorda cuando
su esposa visitó la casa que su hijo había comprado con la excusa de un
viaje al extranjero. Joel pensó que era muy probable que se reconciliaran
en unos años.
—No sabía que Benjamín tenía ese talento.
—Es muy capaz. Benjamín tiene buen ojo, y como el duque de
Melphis tenía grandes expectativas para su hijo, Benjamín estuvo
expuesto a varios negocios desde joven y desarrolló un buen criterio para
elegir inversiones. En menos de diez años, Benjamín acumulará una
fortuna comparable a la de la familia del duque de Melphis.
Carlyle elogió a Benjamín mientras le quitaba disimuladamente la
carta de las manos de Joel. Quería monopolizar la atención de Joel, pero
lamentablemente, el interés de Joel se dirigió de inmediato al bebé Louis.
—No, jaja.
Joel levantó al bebé que estaba chupando tranquilamente una esquina
de la manta en la cuna. Louis se resistió, no queriendo soltar la manta
acogedora, pero cuando se dio cuenta de que era Joel quien lo sostenía,
sonrió radiante y se acurrucó en sus brazos.
Carlyle comenzaba a sentirse acalorado, pero no podía separar al bebé
de los brazos de su papá por la fuerza. Además, ese bebé era su propio
hijo. No tuvo más remedio que esperar hasta que el pequeño príncipe
heredero tuviera sueño.
Afortunadamente, Louis pareció entender la ansiedad de su padre y
pronto comenzó a cabecear, somnoliento. Después de que Becky lo tomó
en brazos y se retiró con el bebé profundamente dormido, Carlyle
masajeó los hombros de Joel y dijo:
—Te has esforzado mucho cuidando a Louis. Debes estar cansado, así
que ve a disfrutar del baño termal.
Mientras decía esto, Carlyle sonreía de manera algo siniestra.
Preocupado por eso, Joel preguntó de nuevo:
—…Su Majestad, me garantiza un baño privado, ¿verdad?
Aunque esta vez el emperador había insistido en pasar tiempo privado
con su familia y había viajado sin sirvientes adicionales, solo con una
escolta militar, normalmente un viaje a las termas incluía a numerosos
nobles. Por eso, la villa tenía tanto baños privados como públicos. Joel
no habría aceptado el viaje si el emperador no hubiera prometido
garantizarle privacidad. Si ya le daba vergüenza dormir con él, ¿cómo
podría bañarse juntos?
—Sí, sí, por supuesto. Lo prometí sobre mi honor. Puedes usar un
baño diferente al mío.
El emperador respondió rápidamente, pero Joel aún no estaba
convencido.
Extra 9
El emperador, empujando suavemente la espalda de Joel, quien aún
dudaba, dijo:
—Hmm… ve a sumergirte en el baño termal. Escuché que tu cuerpo
no es el mismo después del parto. Esto te ayudará. Según la leyenda,
estas aguas devuelven la juventud.
Joel, empujado por el emperador, se dirigió hacia el baño. Aunque no
esperaba que el emperador cumpliera su promesa, al llegar a la entrada
donde se alineaban los baños privados, el emperador lo dejó entrar solo,
tal como había prometido. Aliviado, Joel se desvistió, se envolvió en una
bata azul cielo y abrió la puerta del baño.
Por un momento, cerró los ojos ante el vapor que llenaba la habitación,
pero pronto miró alrededor y no pudo evitar maravillarse.
—Wow…
El baño, decorado con mármol y oro, tenía todo lo necesario. En el
centro de la gran bañera, el agua termal burbujeaba, y en un rincón había
libros y bocadillos preparados. Incluso había un sofá y una cama de
mármol tallado. Aunque era pleno invierno, el vapor del agua termal
mantenía el baño lo suficientemente cálido.
—Su Majestad, Rey consorte, por aquí…
Mientras Joel permanecía boquiabierto y atónito, un masajista que
esperaba en un rincón lo guió suavemente con el brazo. Aunque era un
omega masculino, Joel se sintió incómodo y se ajustó la bata.
Cuando Joel se acostó sobre la cama de mármol cubierta con una
toalla suave, el masajista le cubrió los ojos con una toalla tibia calentada
con el agua termal y dijo:
—Es un gran honor servir a Su Majestad, el Rey consorte, gracias a la
gracia del emperador. Haré todo lo posible para brindarle un momento de
descanso con mis manos.
—Sí, gracias.
Joel respondió con voz soñolienta. El calor alrededor de sus ojos ya
parecía aliviar su fatiga. Así, en un estado entre dormido y despierto,
esperó el masaje.
El masajista, que parecía estar preparando algo, pronto se acercó a la
cabecera de Joel. Como si hubiera abierto una botella de aceite, un aroma
suave y floral se esparció por el baño. Pronto, las manos del masajista
comenzaron a masajear suavemente el cuero cabelludo de Joel.
—Para ser un omega, tiene manos bastante grandes…
Las manos del masajista parecían mucho más grandes y duras de lo
que había visto antes. Joel sintió una breve duda, pero pronto la descartó
cuando el masaje continuó con habilidad. Las manos del masajista
descendieron gradualmente desde el cuero cabelludo, pasando por el
cuello y las clavículas, hasta llegar a la parte baja del cuerpo, mientras
Joel permanecía relajado y vulnerable.
Las hábiles manos del masajista se detuvieron especialmente en sus
brazos. Debido a la enorme cantidad de pan y pasteles que horneaba
diariamente, los músculos de sus brazos estaban tensos y adoloridos.
Después de la visita de Robert, Joel experimentó un fenómeno
extraño: de repente, su cocina se volvió muy popular. Esto se debió a que
Robert, después de probar su comida, la elogió por todas partes,
disipando los malentendidos sobre sus habilidades culinarias.
Sin embargo, Joel no sabía que Abe había sido llevado de urgencia
después de vomitar por comer un pastel de durazno con sabor a sopa de
pollo, y se sintió desconcertado por la repentina atención.
Como dicen que los elogios hacen bailar incluso a las ballenas, Joel se
sintió muy animado por los elogios que llovían sobre sus —creaciones
—. Motivado, horneó montañas de pan y pasteles todos los días, sin
darse cuenta del dolor en sus brazos, y durante la ocupada semana de las
celebraciones de Louis, también encontró tiempo para compartir sus
platos con los nobles.
«Quiero probar el baño termal, pero tengo mucho sueño».
Joel pensó mientras se relajaba en una agradable somnolencia. Sin
darse cuenta, su cuerpo estaba bastante rígido por viajar en carruaje todo
el día. (También estaba bastante cansado de defenderse de cierta persona
que se volvía pervertido cada vez que subía a un carruaje). Relajado
como un gato dormitando al sol, Joel agarró rápidamente la mano del
masajista cuando intentó desatar el cinturón de su bata.
—Oye, no necesitas quitarme la bata…
—No hay otra manera de hacer un buen masaje.
Antes de que Joel pudiera cuestionar por qué la muñeca que sostenía
era demasiado gruesa, una voz familiar resonó en sus oídos. Joel,
incrédulo, se quitó la toalla que cubría sus ojos.
Dentro del baño solo estaban él y el emperador. El masajista había
desaparecido, y el emperador también llevaba una bata delgada. Mientras
Joel balbuceaba, confundido, el emperador, con una expresión descarada,
dijo: —Tienes los músculos tensos por todas partes. Cuánto debes haber
sufrido durante las celebraciones del cumpleaños. Debo relajar tus
músculos, así que relájate y déjame encargarme de ti.
Joel sintió que el sueño se desvanecía de inmediato. Además, la bata,
que antes era opaca, ahora se había vuelvo translúcida debido a la
humedad, pegándose a su piel. Esta bata, que revelaba casi todo, podría
funcionar mejor como tela de encaje transparente. Al darse cuenta de que
lo habían engañado, Joel intentó rodar como una ardilla ágil para bajarse
de la camilla.
—Ah, ¿ya estás cansado del masaje? Supongo que es hora de
sumergirse en el baño.
El emperador atrapó con calma a Joel, que intentaba escapar,
levantándolo como si fuera una pluma. Comenzó a caminar hacia la
bañera, tarareando una melodía.
—¡Su Majestad! ¡Usted prometió respetar mi tiempo privado! ¿Qué
está haciendo de repente? ¡Incluso puso su honor en juego…!
¡Mentiroso!
—No niego que soy un mentiroso. Pero buscar honor frente al amor no
es algo que un hombre deba hacer.
El emperador respondió descaradamente mientras sumergía a Joel en
el agua. La bata delgada se volvió completamente transparente al
mojarse, dejando a Joel casi desnudo.
—¿Q-qué está pasando…?
Con el rostro enrojecido, Joel no sabía qué hacer y se cubrió la cara
con ambas manos. Aunque tenía los ojos bien cerrados, sin darse cuenta,
estaba espiando el cuerpo del emperador entre los dedos.
Esto era, de hecho, algo inevitable para Joel. Hace apenas un año, el
cuerpo de Carlyle aún conservaba rasgos juveniles, pero en solo un año,
su estructura ósea había cambiado por completo. Sus amplios hombros y
su musculatura bien definida eran tan atractivos como una estatua tallada
a imagen del dios de la guerra, y Joel, sin darse cuenta, se deleitaba
mirando su cuerpo, babeando.
Joel, que casi por cortesía había estado admirando el cuerpo del
emperador mientras se cubría los ojos, bajó los brazos cuando el
emperador lo persuadió:
—Ya estamos casados. No hay razón para ser tan tímidos.
El emperador también lo miraba con intensidad. La piel de Joel,
brillando translúcida bajo el agua, era demasiado provocativa, y el joven
emperador lo miró con ojos llenos de deseo. Joel, incapaz de soportar esa
mirada ardiente, bajó la cabeza.
—Entonces, continuemos con el masaje que no terminamos.
El emperador, murmurando descaradamente, comenzó a manosear las
nalgas de Joel con ambas manos.
—Ah, ah, no. ¿Por qué está haciendo esto de repente…?
Joel, pálido, intentó detener al emperador. Pero cuando este susurró
con astucia: —Si hablas tan fuerte, podrían escucharte afuera—, no tuvo
más remedio que cerrar la boca. El emperador tomó los brazos de Joel y
los colocó alrededor de su cuello, luego continuó acariciando sus nalgas
regordetas.
Mientras Joel, colgado del cuello del emperador, soportaba las
caricias, este levantó la bata y deslizó su mano hacia adentro, dejando a
Joel sin palabras.
—¡E-espera! ¡Eso es demasiado!
—¿Por qué? Solo estoy relajando los músculos tensos. ¿Qué hay de
malo en eso?
Descarnadamente, mientras discutía, el emperador frotaba
descaradamente la entrepierna de Joel.
Extra 10
Con los dedos del emperador a punto de penetrarlo, Joel apretó los
músculos, y el emperador chasqueó la lengua:
—Realmente estás muy tenso.
—…Está burlándose de mí, ¿verdad?
—No, solo estoy preocupado por ti.
Joel sintió que el mundo giraba de repente. En un instante, el
emperador lo había girado y sentado frente a él. Con los brazos alrededor
de las rodillas de Joel, el emperador lo levantó y colocó sus nalgas justo
donde el agua termal burbujeaba.
—¡Ah…! ¿Por qué hace esto?
Joel apenas logró contener un grito. El agua caliente que brotaba
continuamente le hacía cosquillas entre las nalgas. Temiendo que el agua
entrara en cualquier momento, Joel forcejeó con las piernas atrapadas y
protestó.
—¡Suélteme! ¡El agua entrará…!
—Pero no hay otra manera de relajar los músculos tensos.
El emperador sonrió maliciosamente como un villano y ajustó sus
brazos para que las nalgas de Joel estuvieran justo sobre el chorro de
agua. Después de juguetear con Joel por un rato, el emperador lo llevó de
vuelta al borde de la bañera y lo sentó, justo cuando Joel estaba al borde
del agotamiento.
Cuando el emperador deslizó un dedo entre las nalgas de Joel, la
entrada, que antes estaba cerrada, se abrió y tragó su dedo sin resistencia.
El emperador, muy satisfecho, murmuró: —Ahora está suave y relajado.
Joel, colgando en los brazos del emperador, lo miró con ojos furiosos.
Definitivamente, estaba siendo burlado. Entonces, el emperador sacó su
dedo y preguntó con tono serio:
—¿Puedo continuar?
—…¿Qué?
Joel levantó una ceja ante la pregunta sin sentido, y el emperador, con
una expresión llena de culpa, dijo:
—Me dejé llevar por el calor del momento y cometí un error. Pero
nunca olvidé lo que sucedió esa noche en la nieve, durante la fiesta de
graduación de la academia imperial. Es innegable que te lastimé esa
noche. Así que, si ahora me rechazas, no insistiré más.
Aunque el médico Robert había garantizado el estado mental de Joel,
era imposible saber todo lo que pasaba por su mente. Al escuchar las
palabras del emperador, Joel, aunque exhausto, no pudo evitar sonreír
con incredulidad.
—¿Ahora se preocupa por eso?
Dejando de lado que nunca había resultado herido por lo sucedido,
ahora Joel estaba completamente excitado. Mientras estaba encima del
agua termal, el emperador había estado lamiendo sus orejas y besando
sus hombros, lo que también lo había excitado. Cuando Joel ordenó con
altivez: —Deje de decir tonterías y siga con lo que estaba haciendo—, el
emperador sonrió con remordimiento pero no dudó en liberar sus
feromonas.
—Ah…
Una gota de sudor cayó de la barbilla de Joel, creando ondas en la
superficie del agua. En el baño lleno de calor, Joel se sentó sobre las
rodillas del emperador, recibiendo su miembro. Aunque su cuerpo,
calentado por las feromonas, ansiaba la unión, era la primera vez en un
año, y seguía resbalando sin entrar correctamente.
—Tss.
Frustrado, Joel apoyó su frente en el pecho del emperador y se quejó.
El emperador, con un tono casual como si sugiriera agregar un poco más
de azúcar al té, dijo:
—Parece que aún no estás lo suficientemente relajado. Sería mejor si
te toco un poco más con los dedos.
Joel, completamente ajeno a los ojos rojos de excitación del
emperador, obedientemente llevó su dedo medio hacia atrás. Si hubiera
sabido que el emperador lo miraba con ojos brillantes, no habría tenido el
valor de hacerlo. La entrada ya relajada de Joel tragó fácilmente el dedo
delgado, y Joel, avergonzado por la sensación cálida, levantó la cabeza
con sorpresa cuando el dedo inesperado penetró.
—Uno parece no ser suficiente.
El emperador murmuró como si estuviera justificándose. Sin darle
tiempo a Joel para cuestionar sus descaradas tonterías, empujó su dedo
profundamente y comenzó a presionar la próstata.
—¡Ah! ¡Ah…! ¡Ugh!
En un instante, la vista de Joel se nubló con destellos, y olvidó lo que
iba a decir, soltando un grito. A diferencia de su propio dedo, que se
había quedado rígido dentro de él, los dedos del emperador se movían
con habilidad, frotando insistentemente la próstata.
—Espera, ¡ah! ¡Ugh! ¡Ah…!
Joel sintió que se desmayaría por el estímulo directo en la próstata y la
fuerte presión en su interior. Excitado por la respuesta de las paredes que
se apretaban, el emperador pronto sacó sus dedos.
—Ha…
Luego, el emperador también retiró el dedo de Joel y lo hizo pararse al
borde de la bañera. El agua caliente de la bañera chapoteaba, haciendo
cosquillas justo debajo de las nalgas de Joel. Temiendo que el agua
entrara, Joel tensó la espalda y levantó las rodillas.
Sin darle tiempo a Joel para prepararse mentalmente, el miembro del
emperador desapareció entre las nalgas blancas de Joel en un instante.
—¡Ah…!
Con la repentina intensificación de la presión, Joel agarró el borde de
la bañera y gimió. El emperador abrazó la delgada cintura de Joel y
exhaló un suspiro de satisfacción. Al pensar que algo tan grande había
entrado en él, Joel, como siempre, sintió un escalofrío recorrer su cuerpo.
El emperador, completamente excitado, comenzó a mover las caderas
de inmediato. Sus movimientos eran tan intensos que parecía que
perforaría a Joel. El chapoteo del agua en la bañera se volvió más
violento con cada embestida fuerte y rápida. Joel, sin saber qué hacer,
apretó aún más alrededor del miembro del emperador.
—¡Ugh! Despacio, por favor, ¡ah! ¡Ah…! ¡Ah!
La cabeza del miembro del emperador golpeó directamente la próstata
de Joel, como si fuera a aplastarla. Joel jadeó sin control por el estímulo
violento en sus zonas sensibles, mientras tenía que esforzarse para no
resbalar en la bañera.
El sonido húmedo de los cuerpos chocando repetidamente resonó en la
habitación. Carlyle actuaba como un animal en celo después de tanto
tiempo sin intimidad, y Joel, recibiendo todo eso, estaba al borde del
colapso. Su espalda temblaba como si hubiera sido golpeada por un rayo,
y el espacio entre sus nalgas ardía como si estuviera en llamas.
—¡Ah, ah! ¡Ah! ¡Ah…!
En un instante, la mente de Joel se quedó en blanco. En algún
momento, comenzó a babear. Su vientre bajo le picaba y le dolía,
sintiendo que enloquecería. El miembro de Carlyle, moviéndose
rápidamente entre sus nalgas, penetraba cada vez más profundo. Joel
agarraba el borde de la bañera como si fuera a romperlo.
Después de un rato recibiendo las embestidas, Joel apretó fuertemente
alrededor del miembro de Carlyle y alcanzó el clímax. Casi al mismo
tiempo, Carlyle también se vino profundamente dentro de Joel. Cuando
Joel recuperó el conocimiento después de desmayarse brevemente por la
intensidad del placer, estaba acostado en la misma camilla donde había
recibido el masaje, recibiendo al emperador.
Sus tobillos estaban agarrados por las manos de Carlyle, levantados en
el aire. Los ojos de Carlyle, iluminados por las velas, estaban
completamente desenfocados. Su rostro, perdido en el placer, era
aterradoramente familiar para Joel. Habiendo visto esa expresión el
invierno pasado, Joel supo de inmediato que Carlyle estaba en celo.
Extra 11
—¡Ugh, ah…! ¡Su Majestad, no, Su Majestad…!
Joel lloró desconsoladamente mientras llamaba a Carlyle, pero ningún
sonido llegaba a los oídos de Carlyle, quien ya estaba consumido por el
instinto. Con las piernas de Joel levantadas, movía las caderas como en
trance. Mientras lo hacía, sacó su lengua caliente y lamió y mordió las
pantorrillas regordetas de Joel.
De repente, las manos que sostenían sus tobillos apretaron con fuerza.
Cuando los movimientos de Carlyle se volvieron notablemente más
lentos, Joel sintió un presentimiento inquietante. Instintivamente,
percibió lo que estaba por venir y comenzó a forcejear
desesperadamente. Incluso intentó patear al emperador, pero no había
forma de detener a un alfa que ya buscaba el anudamiento.
—¡No…! ¡Detente! ¡Su Majestad, Su Majestad! ¡Oye!
La concentración de feromonas en el aire aumentó. Las feromonas del
alfa actuaron como un anestésico sobre Joel, aterrorizado. De inmediato,
Joel sintió que sus extremidades perdían fuerza y se desplomó sobre la
camilla.
Finalmente, la cabeza del miembro del emperador perforó el cuello
uterino con fuerza. Su cabeza se hinchó enormemente, y Joel pudo sentir
cómo su vientre se llenaba de semen. Con un último susurro: —Carlyle,
maldito hijo de puta…
Joel perdió el conocimiento.
Joel despertó sintiendo su cuerpo pesado como algodón empapado.
Estaba acostado en una cama mullida que no reconocía, y la luz del sol
brillaba sobre su rostro. Aunque la luz del sol era agradable,
desafortunadamente, Joel también sentía innumerables miradas de
preocupación dirigidas hacia él. En medio de los recuerdos que volvían
vívidamente a su mente, deseó desaparecer.
—Joel, ¿estás despierto?
El emperador, sin darse cuenta, se levantó rápidamente al ver que los
párpados de Joel se movían. Joel estaba atónito, sin saber cómo enfrentar
a tanta gente. La villa termal era pequeña y acogedora, y por más que se
hubiera cuidado la insonorización, era imposible que no se hubieran
filtrado sonidos al exterior. Pero, sacudido por Carlyle, Joel no tuvo más
remedio que admitir que estaba despierto.
—No lo hagas, me duele la cabeza…
—Ah, lo siento.
Cuando Joel se quejó, el emperador rápidamente soltó su mano y
retrocedió.
Joel se agarró la cabeza, sintiendo que le dolía. ¿Por qué Carlyle perdía
la razón y llegaba al extremo cada vez que se acercaba a él? No era
exagerado que Joel hubiera evitado desesperadamente compartir la cama
cuando estaba embarazado de Louis. Con una voz moribunda, Joel pidió:
—Por favor, hagan salir a la gente.
Cuando los médicos y las sirvientas salieron, la habitación quedó en
silencio. Joel respiró aliviado, pero pronto se sintió abrumado. No sabía
cómo manejar la situación. Después de mover los labios en silencio por
un rato, finalmente preguntó:
—Su Majestad, ¿cómo me llevó desde el baño?
Después del anudamiento, había pasado bastante tiempo antes de que
su vientre hinchado se desinflara. La primera vez que experimentó el
anudamiento, Joel tuvo que acurrucarse bajo las sábanas durante medio
día. Cuando Carlyle no respondió de inmediato, Joel agitó la mano y
dijo:
—No, olvídalo. Prefiero no saber.
Tenía la fuerte sensación de que era mejor no saberlo.
Carlyle se dio cuenta de lo que preocupaba a Joel. Pero no había hecho
lo que Joel imaginaba, como salir corriendo desnudo del baño, o salir
corriendo desnudo con Joel desnudo en brazos. Al recuperar el sentido,
se sorprendió al ver a Joel desmayado con el vientre hinchado, pero pidió
a una sirvienta que esperaba fuera que le trajera ropa y envolvió a Joel en
una tela antes de llevarlo en secreto a la habitación.
—Joel…
Carlyle quería explicarle los detalles de lo sucedido, pero Joel no le
dio la oportunidad.
—Ah, me duele la cabeza, así que por favor, quédate callado.
Ante la irritación de Joel, Carlyle cerró la boca de inmediato y solo
observó su reacción.
«Sabía que algún día tendríamos un segundo hijo… pero no pensé que
sería tan pronto».
Joel reflexionó con inquietud. Aunque quería tener otro bebé, le
resultaba absurdo haber concebido de manera tan caótica. Especialmente
porque la primera vez había sido al aire libre. Incluso para Joel, que no
solía preocuparse por las apariencias, eso era algo que dañaba
gravemente su dignidad.
De repente, Joel se sintió abrumado por la frustración y le reprochó a
Carlyle:
—¿Qué diablos te pasa?
Carlyle no tenía más que disculpas. Aunque había tomado inhibidores
antes de entrar al baño por precaución, su paciencia desaparecía al ver el
cuerpo desnudo de Joel.
—Lo siento mucho. En el futuro, haré exactamente lo que me digas.
Incluso si me ordenas que no me acerque a ti hasta el día de mi muerte,
seguiré tu mandato sin cuestionarlo…
—Olvídalo. De todos modos, ya quería tener otro bebé tan adorable
como Louis.
Joel cortó las palabras del emperador y lo despidió con un gesto de la
mano. Pero el emperador, que había prometido hacer todo lo que se le
pidiera, no obedeció. En cambio, comenzó a adular:
—Has estado inconsciente durante dos días completos. ¿Tienes
hambre o sed?
Joel se dio cuenta de que tenía un poco de hambre. Al no responder ni
afirmativa ni negativamente a la pregunta del emperador, Carlyle trajo
sopa. Joel no lo detuvo cuando intentó alimentarlo con la cuchara.
Después de todo, después de haber sido —atormentado— por alguien,
ahora ni siquiera tenía fuerzas para mover un dedo.
—Ah… ¿A quién puedo culpar? Soy yo quien decidió amar a Su
Majestad el Emperador.
Joel decidió dejar pasar las cosas, pensando que lo bueno es lo bueno.
Por supuesto, eso solo era posible porque amaba tanto a Carlyle. Joel
miró fijamente a Carlyle, quien estaba acurrucado al borde de la cama,
observándolo con cautela, y advirtió:
—Deberías estar agradecido de que te ame.
—Sí, sí. Lo siento mucho.
Carlyle inclinó la cabeza de inmediato. Con las manos juntas,
suplicando como una mosca, parecía patético. Joel apartó la mirada del
inusual y lamentable aspecto de Carlyle y comenzó a imaginar cómo
sería su segundo hijo, que nacería alrededor del próximo otoño.
«¿Será una niña? ¿O un niño? Sea lo que sea, seguramente será un
bebé tan adorable y dulce como Louis».
Sin darse cuenta, una sonrisa feliz apareció en los labios de Joel. Una
vez, Joel había orado fervientemente para que su bebé no se pareciera a
él, pero ahora comenzaba a pensar que no estaría mal si el bebé se
parecía a él. Quizás era una señal de que las sombras de la autocrítica
que lo habían atormentado durante tanto tiempo estaban comenzando a
disiparse.
[Fin de los extras]