Lectio Divina Agosto de 2025 - 250728 - 133455
Lectio Divina Agosto de 2025 - 250728 - 133455
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Imagen de portada: S. Teresa Benedicta de la Cruz, Virgen y Mártir.
Lectio Divina: viernes, 1 de agosto de
2025
Tiempo Ordinario
1) Oración inicial
¡Oh Dios!, protector de los que en ti esperan; sin ti nada es fuerte ni santo. Multiplica
sobre nosotros los signos de tu misericordia, para que, bajo tu guía providente, de tal
modo nos sirvamos de los bienes pasajeros que podamos adherirnos a los eternos. Por
nuestro Señor.
3) Reflexión
El evangelio de hoy narra cómo fue la visita de Jesús a Nazaret, su comunidad de
origen. El paso por Nazaret fue doloroso para Jesús. Lo que antes era su comunidad,
ahora ha dejado de serlo. Algo cambió. Donde no hay fe, Jesús no puede hacer
milagros.
• Mateo 13, 53-57ª: Reacción de la gente de Nazaret ante Jesús. Siempre es bueno
volver para la propia tierra. Después de una larga ausencia, Jesús también vuelve
y, como de costumbre, en el día de sábado, se fue a la reunión de la comunidad.
Jesús no era coordinador, pero tomo la palabra. Señal de que las personas
podían participar y expresar su opinión. La gente quedó admirada, no entiende
la actitud de Jesús: "¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros?”
Jesús, hijo del lugar, que ellos conocían desde niño, ¿cómo es que ahora es tan
diferente? La gente de Nazaret queda escandalizada y no lo acepta: “¿No es éste
el hijo del carpintero?” La gente no acepta el misterio de Dios presente en un
hombre común como le conocían a Jesús. Para poder hablar de Dios, tenía que
ser diferente. Como se ve, no todo fue bien. Las personas que hubieran tenido
que ser las primeras en aceptar la Buena Noticia, son las que se obstinan en no
aceptarla. El conflicto no es con los de fuera de casa, sino también con los
parientes y con la gente de Nazaret. Ellos no aceptan, porque no consiguen
entender el misterio que envuelve a la persona de Jesús: “¿No se llama su madre
María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y ¿sus hermanas no están
aquí con nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto" No lo podían
entender.
• Mateo 13, 57b-58: Reacción de Jesús ante la actitud de la gente de Nazaret. Jesús
sabe muy bien que “nadie es profeta en su patria”. Y dice: "Un profeta sólo en su
patria y en su casa carece de prestigio”. De hecho, allí donde no hay aceptación,
donde no hay fe, no se puede hacer nada. Los prejuicios lo impiden. Jesús
mismo, aún queriendo, no puede hacer nada. Queda asombrado ante la falta de
fe.
• Los hermanos y las hermanas de Jesús. La expresión “hermanos de Jesús” causa
mucha polémica entre católicos y protestantes. Basándose en éste y en otros
textos, los protestantes dicen que Jesús tiene hermanos y hermanas y que María
tiene más hijos. Los católicos dicen que María no tuvo más hijos. ¿Qué pensar de
todo esto? En primer lugar, las dos posiciones, tanto de los católicos como de los
protestantes, ambas tienen argumentos sacados de la Biblia y de la Tradición de
sus respectivas iglesias. Por ello, no conviene reñir o discutir esta cuestión
solamente con argumentos de la cabeza. Se trata de convicciones profundas,
que tienen que ver con la fe y con los sentimientos de ambos. El argumento sólo
de la cabeza no consigue deshacer una convicción del corazón. Irrita y aleja. Aún
cuando no estoy de acuerdo con la opinión del otro, tengo que respetarla. En
segundo lugar, en vez de reñir entorno a los textos, católicos y protestantes,
deberíamos unirnos mucho más para luchar en defensa de la vida, creada por
Dios, vida tan desfigurada por la pobreza, por la injusticia, por la falta de fe.
Deberíamos recordar algunas otras frases de Jesús: “He venido para que todos
tengan vida, y en abundancia” (Jn 10,10). “Que todos sean uno, para que el
mundo crea que Tú me has enviado”(Jn 17,21). “¡No se lo impidan! Quien no está
contra de nosotros está a favor” (Mc 10,39.40).
5) Oración final
Pero a mí, desdichado y malherido, tu salvación, oh Dios, me restablecerá. Celebraré
con cantos el nombre de Dios, lo ensalzaré dándole gracias. (Sal 69,30-31)
1) Oración inicial
¡Oh Dios!, protector de los que en ti esperan; sin ti nada es fuerte ni santo. Multiplica
sobre nosotros los signos de tu misericordia, para que, bajo tu guía providente, de tal
modo nos sirvamos de los bienes pasajeros que podamos adherirnos a los eternos. Por
nuestro Señor.
3) Reflexión
El evangelio de hoy describe cómo Juan Bautista fue víctima de la corrupción y de la
prepotencia del gobierno de Herodes. Fue condenado a muerte sin proceso, durante
un banquete del rey con los grandes del reino. El texto nos da muchas informaciones
sobre el tiempo en que Jesús vivía y sobre la manera en que los poderosos de aquel
tiempo ejercían el poder.
• Mateo 14,1-2. Quién es Jesús para Herodes. El texto inicia informando sobre la
opinión de Herodes respecto a Jesús: "Ese es Juan el Bautista; él ha resucitado
de entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas. Herodes trataba
de entender a Jesús desde los miedos que le asaltaban después del asesinato de
Juan. Herodes era un grande supersticioso que escondía el miedo detrás de la
ostentación de su riqueza y de su poder.
• Mateo 14,3-5: La causa escondida del asesinato de Juan. Galilea, la tierra de
Jesús, estaba gobernada por Herodes Antipas, hijo del rey Herodes, el Grande,
desde el 4 antes de Cristo. ¡43 años en todo! Durante el tiempo en que Jesús
vivió, no hubo mudanza de gobierno en Galilea! Herodes era dueño absoluto de
todo, no rendía cuenta a nadie, hacía lo que se le pasaba por la cabeza.
¡Prepotencia, falta de ética, poder absoluto, sin control por parte del pueblo! Pero
quien mandaba en Palestina, desde el 62 antes de Cristo, era el Imperio Romano.
Herodes, en Galilea, para no ser depuesto, procuraba agradar a Roma, en todo.
Insistía sobre todo en una administración eficiente que diera lucro al Imperio. Su
preocupación era su propia promoción y seguridad. Por ello, reprimía cualquier
tipo de subversión. Mateo informa que el motivo del asesinato de Juan fue la
denuncia que el Bautista hace a Herodes por haberse casado con Herodíades,
mujer de su hermano Felipe. Flavio José, escritor judío de aquella época, informa
que el motivo real de la prisión de Juan Bautista era el miedo que Herodes tenía
a un levantamiento popular. A Herodes le gustaba ser llamado bienhechor del
pueblo, pero en realidad era un tirano (Lc 22,25). La denuncia de Juan contra
Herodes fue la gota que hizo rebosar el vaso: "No te está permitido casarte con
ella”. Y Juan fue puesto en la cárcel.
• Mateo 14,6-12: La trama del asesinato. Aniversario y banquete de fiesta, ¡con
danzas y orgías! Marcos informa que la fiesta contaba con la presencia “de los
grandes de la corte, de los oficiales y de personas importantes en Galilea” (Mc
6,21). Es éste el ambiente en que se trama el asesinato de Juan Bautista. Juan, el
profeta, era una denuncia viva de este sistema corrupto. Por esto fue eliminado
bajo pretexto de un problema de venganza personal. Todo esto revela la
flaqueza moral de Herodes. ¡Tanto poder acumulado en mano de un hombre sin
control de sí! En el entusiasmo de la fiesta y del vino, Herodes hizo un juramento
liviano a Salomé , la joven bailarina, hija de Herodíades. Supersticioso como era,
pensaba que debía guardar ese juramento, atendiendo a los caprichos de la
muchacha y mandó el soldado a traerle la cabeza de Juan sobre una bandeja y
entregarla a la bailarina, que a su vez la entregó a su madre. Para Herodes, la
vida de los súbditos no valía nada. Disponía de ellos como disponía de la posición
de las sillas en la sala.
• Las tres características del gobierno de Herodes: la nueva Capital, el latifundio y
la clase de los funcionarios: a) La Nueva Capital. Tiberíades fue inaugurada
cuando Jesús tenía 20 años. Era llamada así para agradarle a Tiberio, el
emperador de Roma. Allí moraban los dueños de la tierra, los soldados, la policía,
los jueces muchas veces insensibles (Lc 18,1-4). Para allá llevaban los impuestos y
el producto del pueblo. Allí Herodes hacía sus orgías de muerte (Mc 6,21-29).
Tiberíades era la ciudad de los palacios del Rey, donde vivía el personal que viste
con elegancia (cf Mt 11,8). No consta en los evangelios que Jesús hubiese entrado
en esta ciudad. b) El latifundio. Los estudiosos informan que, durante el largo
gobierno de Herodes, el latifundio creció en prejuicio de las propiedades
comunitarias. El libro de Henoc denuncia a los dueños de las tierras y expresa la
esperanza de los pequeños: “¡Entonces los poderosos y los grandes dejarán de
ser los dueños de la tierra!” (Hen 38,4). El ideal de los tiempos antiguos era éste:
“Cada uno se sentaba a la sombra de su parra y de su higuera, y nadie lo
inquietaba” (1 Mac 14,12; Miq 4,4; Zac 3,10). Pero la política del gobierno de
Herodes volvía imposible la realización de este ideal. c) La clase de los
funcionarios. Herodes creó toda una clase de funcionarios fieles al proyecto del
rey: escribas, comerciantes, dueños de tierras, fiscales del mercado,
recaudadores de impuestos, militares, policías, jueces, promotores, jefes locales.
En cada aldea o ciudad había un grupo de personas que apoyaban al gobierno.
En los evangelios, algunos fariseos aparecen junto a los herodianos (Mc 3,6; 8,15;
12,13), lo cual refleja la alianza entre el poder religioso y el poder civil. La vida de la
gente en las aldeas estaba muy controlada tanto por el gobierno como por la
religión. Se necesitaba mucho valor para comenzar algo nuevo, ¡como lo hicieron
Juan y Jesús! Era lo mismo que atraerse sobre sí la rabia de los privilegiados,
tanto del poder religioso como del poder civil.
5) Oración final
Lo han visto los humildes y se alegran, animaros los que buscáis a Dios. Porque Yahvé
escucha a los pobres, no desprecia a sus cautivos. (Sal 69,33-34)
Lectio Divina: domingo, 3 de agosto
de 2025
XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
abundantes riquezas, éstas no le garantizan la vida.» 16 Les dijo una parábola: «Los
campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; 17 y pensaba entre sí, diciendo:
`¿Qué haré, pues no tengo dónde almacenar mi cosecha?' 18 Y dijo: `Voy a hacer esto:
Voy a demoler mis graneros, edificaré otros más grandes, reuniré allí todo mi trigo y
mis bienes 19 y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos
años. Descansa, come, bebe, banquetea.' 20Pero Dios le dijo: `¡Necio! Esta misma noche
te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?' 21 Así es el que
atesora riquezas para sí y no se enriquece en orden a Dios.»
El texto propuesto por la liturgia para este Domingo 18º del tiempo ordinario, forma
parte de un discurso bastante largo de Jesús sobre la confianza en Dios que quita todo
temor (Lc 12, 6-7) y sobre el abandono en la providencia de Dios (Lc 12, 22-32). El pasaje
de hoy en efecto está precisamente en medio de estos dos textos. He aquí algunas
enseñanzas dadas por Jesús, antes de que fuese interrumpido por aquel “ uno de la
gente” (Lc 12, 13), sobre esta confianza y abandono:
• Lc 12, 4-7: «Os digo a vosotros, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo,
y después de esto no pueden hacer más. Os mostraré a quién debéis temer:
temed a Aquel que, después de matar, tiene poder para arrojar a la gehenna; sí,
os repito: temed a ése. «¿No se venden cinco pajarillos por dos ases? Pues bien,
ni uno de ellos está olvidado ante Dios. Hasta los cabellos de vuestra cabeza
están todos contados. No temáis; valéis más que muchos pajarillos.
• Lc 12, 11-12: «Cuando os lleven a las sinagogas, ante los magistrados y las
autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué os defenderéis, o qué diréis,
porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que conviene
decir.» Es exactamente en este punto cuando el hombre interrumpe el discurso
de Jesús, mostrando su preocupación sobre cuestiones de herencia (Lc 12,13).
Jesús predica que no hay “que tener temor de los que matan el cuerpo y
después no pueden hacer nada más” (Lc 12,4), y este hombre no percibe el
significado de las palabras de Jesús dirigidas a aquéllos que Él reconoce como
“mis amigos” (Lc 12,4). Por el evangelio de Juan sabemos que, amigo de Jesús es
aquél que conoce a Jesús. En otras palabras, conoce todo lo que Él ha oído del
Padre (Jn 15,15). El amigo de Jesús debería saber que su Maestro está radicado en
Dios (Jn 1,1), y que su única preocupación consiste sólo en intentar hacer la
voluntad de aquél que lo ha enviado (Jn 4, 34). La amonestación y el ejemplo de
Jesús a sus amigos es el de no afanarse por las cosas materiales, porque “ la vida
vale más que el alimento y el cuerpo más que el vestido” (Mt 6,25). En un
contexto escatológico Jesús aconseja: “Mirad a vosotros mismos, para que
vuestros corazones no se emboten con la crápula, la embriaguez y las
preocupaciones de esta vida” (Lc 21.34).
• Por eso, la pregunta de aquel hombre que pide a Jesús que diga a su “hermano
que divida la herencia” (Lc 12,13) es superflua delante del Señor. Jesús rechaza
hacer de juez entre las partes (Lc 12, 14), como en el caso de la mujer adúltera (Jn
8, 2-11). Se nota que para Jesús no tiene importancia cuál de los dos tiene razón.
Él se mantiene neutral en la cuestión entre los dos hermanos, porque su reino
no es de este mundo (Jn 18,36). Este comportamiento de Jesús refleja la imagen
que nos da Lucas del Señor manso y humilde. La acumulación de los bienes
materiales, la herencia, la fama, el poder, no entra en la escala de valores de
Jesús. Él, en efecto, usa el problema de los dos hermanos para subrayar que la
“vida no depende de los bienes” (Lc 12,15), aunque sean abundantes.
• Según su costumbre, también aquí Jesús enseña por medio de una parábola, en
la cuál nos presenta “un hombre rico” (Lc 12,16), nosotros diríamos, un rico
inconsciente que no sabe qué hacer de sus bienes tan abundantes (Lc 12,17). Nos
recuerda este tal, al rico epulón que todo encerrado en sí mismo no se acuerda
de la miseria de Lázaro (Lc 16,1-31). Ciertamente, que a este hombre rico no lo
podemos definir como justo. Justo es aquel que, como Job, comparte con los
pobres los bienes recibidos de la providencia de Dios: “porque socorría al pobre
que pedía ayuda, al huérfano que no tenía a nadie. La bendición del que moría
descendía sobre mí y en el corazón de la viuda infundía el gozo” (Job 29, 12-13). El
rico de la parábola es un hombre necio (Lc 12,20), que tiene el corazón lleno de
los bienes recibidos, sin acordarse de Dios, sumo y único bien. Él, “ acumula
tesoros para sí, y no se enriquece ante Dios” (Lc 12,21). En su necedad él no cae en
la cuenta que todo le viene dado por la providencia de Dios, no sólo los bienes,
sino también la misma vida. Lo hace notar la terminología usada en la parábola:
La cosecha: “Los campos […] dieron mucho fruto” (Lc 12.16). La vida: “esta noche te
reclamarán el alma” (Lc 12,20). No es la riqueza en sí misma la que constituye la
necedad de este hombre, sino su avaricia que revela su locura. Pues él dice:
“Alma mía, tienes a disposición muchos bienes, por muchos años; descansa,
come , bebe y date la buena vida” (Lc 12,19). La conducta del sabio, por el
contrario, es muy diferente. Lo vemos por ejemplo encarnado en la persona de
Job, que exclama con serenidad: “¡Desnudo salí del seno de mi madre, y
desnudo regresaré. El Señor lo ha dado , el Señor lo ha quitado, bendito sea el
nombre del Señor!” (Job 1,21). La tradición sapiencial nos trae muchas
enseñanzas sobre la conducta del justo ante la riqueza: Prov 27,1; Ecle 11.19; Eclo
2,17-23; 5,17-6,2. También el Nuevo Testamento nos amonesta sobre esto: Mt 6,19-
34; 1Cor 15, 32; Sant 4; 13-15; Ap 3, 17-18.
3.2 Preguntas para orientar la meditación y actualización:
4. Oratio
1Crónicas 29: 10,19
«¡Bendito tú, oh Yahvé, Dios de nuestro padre Israel, desde siempre hasta siempre!
Tuya, oh Yahvé, es la grandeza, la fuerza, la magnificencia, el esplendor y la majestad;
pues tuyo es cuanto hay en el cielo y en la tierra. Tuyo, oh Yahvé, es el reino; tú te
levantas por encima de todo. De ti proceden las riquezas y la gloria. Tú lo gobiernas
todo; en tu mano están el poder y la fortaleza, y es tu mano la que todo lo engrandece y
a todo da consistencia. Pues bien, oh Dios nuestro, te celebramos y alabamos tu
Nombre magnífico. Pues, ¿quién soy yo y quién es mi pueblo para que podamos
ofrecerte estos donativos? Porque todo viene de ti, y de tu mano te lo damos. Porque
forasteros y huéspedes somos delante de ti, como todos nuestros padres; como
sombras son nuestros días sobre la tierra y no hay esperanza. Yahvé, Dios nuestro, todo
este grande acopio que hemos preparado para edificarte un templo para tu santo
Nombre viene de tu mano y tuyo es todo. Bien sé, Dios mío, que tú pruebas los
corazones y amas la rectitud; por eso te he ofrecido voluntariamente todo esto con
rectitud de corazón, y ahora veo con regocijo que tu pueblo, que está aquí, te ofrece
espontáneamente sus dones. Oh Yahvé, Dios de nuestros padres Abrahán, Isaac e
Israel, conserva esto perpetuamente para formar los pensamientos en el corazón de tu
pueblo y dirige tú su corazón hacia ti. Da a mi hijo Salomón un corazón perfecto, para
que guarde tus mandamientos, tus instrucciones y tus preceptos, para que todo lo
ponga por obra y edifique el alcázar que yo te he preparado.»
5. Contemplatio
Salmo 119:36-37
1) Oración inicial
Ven, Señor, en ayuda de tus hijos; derrama tu bondad inagotable sobre los que te
suplican, y renueva y protege la obra de tus manos en favor de los que te alaban como
creador y como guía. Por nuestro Señor.
3) Reflexión
El cap. 14 de Mateo, que incluye el relato de la multiplicación de los panes, propone un
itinerario que conduce al lector al descubrimiento progresivo de la fe en Jesús: va
desde la falta de fe por parte de los paisanos de Jesús al reconocimiento del Hijo de
Dios pasando por el don del pan. Los conciudadanos de Jesús están maravillados por
su sabiduría, pero no comprenden que ésta actúa a través de sus obras. Teniendo
incluso un conocimiento directo de la familia de Jesús, de su madre, hermanos y
hermanas, no acaban de aceptar en Jesús sino su condición humana solamente: es el
hijo del carpintero. Incomprendido en su patria, de ahora en adelante Jesús vivirá en
medio de su pueblo al que dedicará toda su atención y solidaridad, curando y
alimentando a las multitudes.
• Dinámica de la narración. Mateo narra fielmente el episodio de la multiplicación
del pan. El episodio está recluido entre dos expresiones de transición en las que
se dice que Jesús se retira “aparte” de las muchedumbres, de los discípulos, de la
barca (vv.13-14; vv.22-23). El v.13 no sólo sirve como transición sino que ofrece el
motivo por el que Jesús se halla en un lugar desierto. Esta estrategia sirve para
concretar el ambiente en el que tiene lugar el milagro. El evangelista centra el
relato en la muchedumbre y en la actitud de Jesús respecto a la misma.
• Jesús se conmueve en su interior. En el momento en que llega, Jesús se
encuentra con una muchedumbre que lo espera; al ver a las muchedumbres se
conmueve y cura a sus enfermos. Es una muchedumbre “cansaba y abatida
como ovejas sin pastor” (9,36; 20,34) El verbo que expresa la compasión de Jesús
es verdaderamente expresivo: a Jesús “se le hace pedazos el corazón”;
corresponde al verbo hebreo que expresa el amor visceral de la madre. Es el
mismo sentimiento que tuvo Jesús ante la tumba de Lázaro (Jn 11,38). La
compasión es el aspecto subjetivo de la experiencia de Jesús, que se hace
efectiva con el don del pan.
• El don del pan. El relato de la multiplicación de los panes se abre con una
expresión, “al atardecer” (v.15) que también introduce el relato de la última cena
(Mt 26,20) y el de la sepultura de Jesús (Mt 27,57). Por la tarde, pues, invita Jesús a
los apóstoles a dar de comer a la multitud. En medio del desierto lejano de las
aldeas y de las ciudades. Jesús y los discípulos se hallan ante un problema
humano muy fuerte: dar de comer a la numerosa multitud que sigue a Jesús.
Pero ellos no pueden abastecer las necesidades materiales de la muchedumbre
sin el poder de Jesús. Su inmediata respuesta es mandarlos a casa. Ante los
límites humanos, Jesús interviene y realiza el milagro saciando a todos los que lo
siguen. Dar de comer es aquí la respuesta de Jesús, de su corazón que se hace
pedazos ante una necesidad humana muy concreta. El don del pan no sólo es
suficiente para saciar a la multitud, sino que es tan abundante que hay que
recoger las sobras. En el v.19b aparece que Mateo dio un significado eucarístico
al episodio de la multiplicación de los panes: “y levantando los ojos al cielo,
pronunció la bendición y, partiendo los panes, se los dio a los discípulos”; el papel
de los discípulos también queda muy evidente en la función de mediación entre
Jesús y la multitud: “y los discípulos lo distribuyeron a la gente” (v.19c). Los gestos
que acompañan al milagro son idénticos a los que Jesús adoptará más tarde en
la “noche en que fue entregado”: levanta los ojos, bendice el pan, lo parte. De
aquí se deduce el valor simbólico del milagro: puede considerarse una
anticipación de la eucaristía. Además, dar de comer a la multitud por parte de
Jesús es un “signo” de que él es el mesías y de que prepara un banquete de
fiesta para toda la humanidad. De Jesús, que distribuye los panes, aprenden los
discípulos el valor del compartir. Es un gesto simbólico que contiene un hecho
real que va más allá del episodio mismo y se proyecta hacia el futuro: el don de
nuestra eucaristía diaria, en la que revivimos aquel gesto del pan partido, es
necesario que sea reiterado a lo largo de la jornada.
5) Oración final
Aléjame del camino de la mentira y dame la gracia de tu ley. No apartes de mi boca la
palabra veraz, pues tengo esperanza en tus mandamientos. (Sal 119,29.43)
1) Oración inicial
Ven, Señor, en ayuda de tus hijos; derrama tu bondad inagotable sobre los que te
suplican, y renueva y protege la obra de tus manos en favor de los que te alaban como
creador y como guía. Por nuestro Señor.
3) Reflexión
El evangelio de hoy describe la travesía difícil y cansada del mar de Galilea en un barco
frágil, empujado por el viento contrario. Entre el Sermón de las Parábolas (Mt 13) y el de
la Comunidad (Mt 18), está, de nuevo, la parte narrativa (Mt 14 hasta 17). El Sermón de
las Parábolas llamaba nuestra atención hacia la presencia del Reino. Ahora, la parte
narrativa muestra cómo esta presencia acontece provocando reacciones a favor y en
contra de Jesús. En Nazaret no fue aceptado (Mt 13,53-58) y el rey Herodes pensaba que
Jesús fuera una especie de reencarnación de Juan Bautista, asesinado por él (Mt 14,1-
12). La gente pobre, sin embargo, reconocía en Jesús el enviado de Dios y le seguía en el
desierto, donde aconteció la multiplicación de los panes (Mt 14,13-21). Después de la
multiplicación de los panes, Jesús despide a la multitud y manda a los discípulos a que
hagan la travesía, descrita en el evangelio de hoy (Mt 14,22-36).
• Mateo 14,22-24: Iniciar la travesía a petición de Jesús. Jesús obligó a los discípulos
a subir a la barca y a ir al otro lado del mar, donde estaba la tierra de los paganos.
El mismo subió a la montaña para rezar. La barca simboliza la comunidad. Tiene
la misión de dirigirse a los paganos y de anunciar a ellos también la Buena
Nueva del Reino que da vida a una nueva manera de convivir en comunidad.
Pero la travesía es cansada y se demora. La barca es agitada por las olas, pues el
viento es contrario. A pesar de estar remando toda la noche, falta mucho para
llegar a tierra. Faltaba mucho para que las comunidades hiciesen la travesía
hacia los paganos. Jesús no fue con los discípulos.
• Ellos debían aprender a enfrentarse a las dificultades, unidos y fortalecidos por la
fe en Jesús quien los envió. El contraste es grande: Jesús en paz junto a Dios
rezando en lo alto de la montaña, y los discípulos medio perdidos abajo, en el
mar revuelto.
• La travesía para el otro lado del lago simboliza también la difícil travesía de las
comunidades del final del primer siglo. Ellas tenían que salir del mundo cerrado
de la antigua observancia de la ley, para la nueva manera de observar la Ley del
amor, enseñada por Jesús; salir de la conciencia de pertenecer al pueblo elegido,
privilegiado por Dios entre todos los pueblos, para la certeza de que en Cristo
todos los pueblos estaban siendo fundidos en un único Pueblo ante Dios; salir
del aislamiento de la intolerancia para el mundo abierto de la acogida y de la
gratuidad. También nosotros hoy estamos en una travesía difícil para un nuevo
tiempo y una nueva manera de ser iglesia. Travesía difícil, pero necesaria. Hay
momentos en la vida en que el miedo nos asalta. No falta la buena voluntad,
pero no basta. Somos como una barca que se enfrenta al viento contrario.
• Mateo 14,25-27: Jesús se acerca y ellos no lo reconocen. Y a la cuarta vigilia de la
noche, esto es entre las tres y las seis de la madrugada, Jesús se fue al encuentro
de los discípulos. Andando sobre las aguas, llega cerca de ellos, pero ellos no lo
reconocen.
• Gritan de miedo, pensando que fuese un fantasma. Jesús los calma diciendo:
“¡Animo! ¡Soy yo! ¡No temáis!” La expresión "¡Soy yo!" es la misma con la que Dios
trató de superar el miedo de Moisés cuando le envió para que libertara al pueblo
de Egipto (Ex 3,14). Para las comunidades, tanto las de ayer como las de hoy, era
y es muy importante escuchar de nuevo: "¡Animo! ¡Soy yo! ¡No temáis!"
• Mateo 14,28-31: Entusiasmo y flaqueza de Pedro. Sabiendo que es Jesús, Pedro
pide para poder caminar sobre las aguas. Quiere experimentar el poder que
domina la furia del mar. Un poder que, en la Biblia, es exclusivo de Dios (Gén 1,6;
Sal 104,6-9). Jesús permite que él participe de ese poder. Pero Pedro tiene
miedo. Piensa que se hunde y grita: "¡Señor! Sálvame!" Jesús lo asegura y
reprende: "¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?" Pedro tiene más fuerza de lo
que se imagina, pero tiene miedo ante las olas contrarias y no cree en el poder
de Dios que existe en él. Las comunidades no creen en la fuerza del Espíritu que
existe en ellas, y que actúa mediante la fe. Es la fuerza de la resurrección (Ef 1,19-
20).
• Mateo 14,32-33: Jesús es el Hijo de Dios. Ante la ola que avanza sobre él, Pedro se
hunde en el mar por falta de fe. Después de salvarse, él y Jesús, entran en la
barca y el viento amaina. Los otros discípulos, que estaban en el barco, se
quedan maravillados y se arrodillan ante Jesús, reconociendo en él el Hijo de
Dios: "Verdaderamente eres Hijo de Dios". Más tarde, Pedro también va a
profesar la misma fe en Jesús: “Tu eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo” (Mt 16,16).
Así, Mateo sugiere que no es sólo Pedro el que sustenta la fe de los discípulos,
sino que la fe de los discípulos sustenta la fe Pedro.
• Mateo 14,34-36: Le presentaron todos los enfermos. El episodio de la travesía
termina con este final bien bonito: “Terminada la travesía, llegaron a tierra en
Genesaret. Los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la
noticia por toda aquella comarca y le presentaron todos los enfermos. Le pedían
que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron
salvados”.
5) Oración final
Aléjame del camino de la mentira y dame la gracia de tu ley.
He escogido el camino de la lealtad, me conformo a tus disposiciones. (Sal 119,29-30)
Lucas 9,28-36
1. Oración inicial
Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo
con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la
Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los
acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final
de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección. Crea en
nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los
acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu
palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús,
podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú
estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo
pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu.
Amén.
2. Lectura
a) Clave de lectura:
Pocos días antes, Jesús había anunciado que Él, el Hijo del Hombre, debía ser
rechazado y crucificado por las autoridades (Lc 9,22; Mc 8,31). Según la información del
Evangelio de Marcos y Mateo, los discípulos, sobre todo Pedro, no entendieron el
anuncio de Jesús y quedaron escandalizados por la noticia (Mt 16,22; Mc 8,32). Jesús
reaccionó duramente y se dirigió a Pedro llamándolo Satanás (Mt 16,23; Mc 8,33). Y esto,
porque las palabras de Jesús no respondían al ideal de Mesías glorioso que ellos tenían
en su mente. Lucas no habla de la reacción de Pedro y de la dura respuesta de Jesús,
pero cuenta, como hacen los otros, el episodio de la Transfiguración, por él entendido
como una ayuda por parte de Jesús, de modo que los discípulos puedan superar el
escándalo y cambiar de idea respecto al Mesías (Lc 9,28-36). Llevando consigo a los tres
discípulos, Jesús sube a una montaña a rezar, y en la oración, se transfigura. En el curso
de la lectura del texto, es bueno observar cuanto sigue: ¿Quiénes aparecen en la
montaña para conversar con Jesús? ¿Cuál es el tema de la conversación? ¿Cuál es la
conducta de los discípulos?
b) Una división del texto para ayudar a leerlo:
28 Unos ocho días después de estas palabras, tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y
subió al monte a orar. 29 Y mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó y sus
vestidos eran de una blancura fulgurante. 30 Y he aquí que conversaban con él dos
hombres, que eran Moisés y Elías; 31 los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su
partida, que iba a cumplir en Jerusalén. 32 Pedro y sus compañeros estaban cargados
de sueño, pero permanecían despiertos, y vieron su gloria y a los dos hombres que
estaban con él. 33 Cuando ellos se separaron de él, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, bueno
es estarnos aquí. Podríamos hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para
Elías», sin saber lo que decía. 34 Estaba diciendo estas cosas cuando se formó una nube
y los cubrió con su sombra; y, al entrar en la nube, se llenaron de temor. 35 Y vino una
voz desde la nube, que decía: «Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle.» 36 Cuando cesó
la voz, se encontró Jesús solo. Ellos callaron y, por aquellos días, no dijeron a nadie nada
de lo que habían visto.
4. Algunas preguntas
para ayudarnos en la meditación y en la oración.
En los dos capítulos precedentes del Evangelio de Lucas, se impone la novedad traída
por Jesús y crecen las tensiones entre el Nuevo y el Antiguo Testamento. Al final, Jesús
se da cuenta que ninguno había entendido su propuesta y mucho menos su persona.
La gente pensaba que fuese como Juan el Bautista, Elías o cualquiera de los Profetas
(Lc 9,18-19). Los discípulos lo aceptaban como el Mesías, pero como un Mesías glorioso,
según la propaganda del gobierno y de la religión oficial del Templo (Lc 9,20-21). Jesús
trató de explicar a los discípulos que el camino previsto por los profetas era un camino
de sufrimiento, por el papel asumido hacia los marginados, y el discípulo podía ser tal,
sólo si tomaba su cruz (Lc 9,22-26). Pero no tuvo mucho éxito. Y en este contexto de
crisis, es cuando sucede la Transfiguración. En los años treinta la experiencia de la
Transfiguración tuvo un significado muy importante en la vida de Jesús y de los
discípulos. Les ayudó a superar la crisis de fe y a cambiar los propios ideales respecto al
Mesías. En los años ochenta, época en la que escribe Lucas para sus comunidades
cristianas de Grecia, el significado de la Transfiguración se intensificó y se propagó. A la
luz de la resurrección de Jesús y de la expansión de la Buena Nueva entre los paganos
en casi todos los países, desde la Palestina hasta Italia, la experiencia de la
Transfiguración comenzaba a ser vista como una confirmación de la fe de las
Comunidades Cristianas en Jesús, Hijo de Dios. Los dos significados están presentes en
la descripción e interpretación de la Transfiguración, en el evangelio de Lucas.
b) Comentario del texto:
• Varias veces Jesús había entrado en conflicto con las gentes y con las
autoridades religiosas y civiles de la época (Lc 4,28-29; 5,20-21; 6,2-11; 7,30-39; 8,37;
9,9). Él sabía que no le permitían hacer aquello que estaba haciendo. Antes o
después, lo detendrían. Además, en aquella sociedad, el anuncio del Reino, como
lo hacía Jesús, no estaba tolerado. ¡O daba marcha atrás, o le esperaba la muerte!
No había otra alternativa. Pero Jesús no retrocede. Por esto en el horizonte
aparece la cruz, no ya como una posibilidad, sino como una certeza (Lc 9,22).
Junto a la cruz aparece la tentación de continuar el camino del Mesías Glorioso y
no el de Siervo Sufridor Crucificado, anunciado por el profeta Isaías (Mc 8,32-33).
En esta hora difícil, Jesús sube a la montaña para orar, llevando consigo a Pedro,
Santiago y Juan. En la oración encuentra la fuerza para no perder la dirección de
su misión (cfr Mc 1, 35).
Lucas 9,29: El cambio que tiene lugar durante la oración
• Junto a Jesús, en la misma gloria aparecen Moisés y Elías, los dos mayores
exponentes del Antiguo Testamento, que representaban la Ley y los Profetas.
Hablan con Jesús del “éxodo” que debería llevar a cumplimiento en Jerusalén”.
Así, delante de sus discípulos, la Ley y los Profetas confirman que Jesús es
verdaderamente el Mesías Glorioso, prometido en el Antiguo Testamento y
esperado por todo el pueblo. Además confirman que el camino hacia la Gloria
pasa por la vía dolorosa del éxodo. El éxodo de Jesús es su Pasión, Muerte y
Resurrección. Por medio de su “éxodo” Jesús rompe el dominio de la falsa idea
divulgada, sea por el gobierno como por la religión oficial y que mantenía a
todos enmarcados en la visión de un Mesías glorioso nacionalista. La experiencia
de la Transfiguración confirmaba que Jesús con su opción de Mesías Siervo
constituía una ayuda para liberarlos de sus ideas falsas sobre el Mesías y
descubrir un nuevo significado del Reino de Dios.
Lucas 9,32-34: La reacción de los discípulos
• Una voz sale de la nube y dice: “Este es mi Hijo, mi Elegido, escuchadle”. Con esta
misma frase el profeta Isaías había anunciado al Mesías–Siervo (Is 42,1). Después
de Moisés y Elías, ahora es el mismo Dios quien presenta a Jesús como Mesías-
Siervo, que llegará a la gloria mediante la cruz. Y nos deja una advertencia final :
“¡Escuchadle!”. En el momento en el que la voz celeste se hace sentir, Moisés y
Elías desaparecen y queda Jesús solo. Esto significa, que de ahora en adelante es
sólo Él, el que interpreta las Escrituras y la Voluntad de Dios. Es Él la Palabra de
Dios para los discípulos: “¡Escuchadle!”
• La afirmación “Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle” era muy importante para
las comunidades de finales de los años ochenta. Por medio de esta afirmación,
Dios Padre confirmaba la fe de los cristianos en Jesús como Hijo de Dios. En el
tiempo de Jesús, o sea, hacia los años 30, la expresión Hijo del Hombre indicaba
una dignidad y una misión muy elevada. Jesús mismo relativizaba el término y
decía que todos son hijos de Dios (cfr Jn 10,33-35). Pero para pocos el título de
Hijo de Dios se convirtió en el resumen de todos los títulos, más de ciento, que
los primeros cristianos dieron a Jesús en la segunda mitad del siglo primero. En
los siglos siguientes, fue en este título de Hijo de Dios, donde la Iglesia concentró
toda su fe en la persona de Jesús.
c) Más profundización:
i) La Transfiguración se narra en los tres evangelios: Mateo (Mt 17,1-9), Marcos (Mc
9,2-8) y Lucas (Lc 9,28-36). Señal de que este episodio recogía un mensaje muy
importante. Como hemos dicho, se trató de una ayuda muy grande para Jesús,
para sus discípulos y para las primeras comunidades. Confirmó a Jesús en su
misión en cualidad de Mesías-Siervo. Ayudó a los discípulos a superar la crisis
que la cruz y el sufrimiento les causaban. Llevaba a las comunidades a
profundizar en su fe en Jesús, Hijo de Dios, Aquél que reveló el Padre y que se
convirtió en la nueva clave para interpretar la Ley y los Profetas. La
Transfiguración continúa siendo una ayuda para superar las crisis que el
sufrimiento y la cruz nos producen hoy. Los discípulos soñolientos son el espejo
de todos nosotros. La voz del Padre se dirige a ellos, como a nosotros: “¡Este es
mi Hijo, mi Elegido, escuchadle!”
ii) En el evangelio de Lucas existe una semejanza muy grande entre la
Transfiguración (Lc 9,28-36) y la escena de la Agonía de Jesús en el Huerto de los
Olivos (Lc 22,39-46). Se puede percibir lo siguiente: en los dos episodios, Jesús
sube a una Montaña para orar y lleva consigo a sus tres discípulos, Pedro,
Santiago y Juan. En las dos ocasiones, Jesús cambia de aspecto y se transfigura
delante de ellos: glorioso en la Transfiguración, sudando sangre en el Huerto de
los Olivos. Las dos veces aparecen figuras celestiales para confortarlo, Moisés y
Elías y un ángel del cielo. Y tanto en la Transfiguración como en el Huerto, los
discípulos duermen, se muestran extraños al hecho y parece que no entienden
nada. Al final de los dos episodios, Jesús se reúne de nuevo con sus discípulos.
Sin duda alguna, Lucas tuvo la intención de acentuar la semejanza de estos tres
episodios. ¿Cuál sería? Y meditando y rezando llegaremos a entender el
significado que supera las palabras, y a percibir la intención de su autor. El
Espíritu Santo nos guiará.
iii) Lucas describe la Transfiguración. Hay momentos en la vida en los que el
sufrimiento es tan grande que una persona llega a pensar: ¡Dios me ha
abandonado! Y de improviso la persona descubre que Él jamás se ha alejado,
sino que la persona tenía los ojos vendados y no se daba cuenta de la presencia
de Dios. Entonces todo cambia y se transfigura. ¡Es la Transfiguración! Sucede
cada día en nuestra vida.
6. Salmo 42 (41)
“Mi alma tiene sed del Dios vivo!”
Como anhela la cierva los arroyos, así te anhela mi ser, Dios mío. Mi ser tiene sed de
Dios, del Dios vivo; ¿cuándo podré ir a ver el rostro de Dios?
Son mis lágrimas mi pan de día y de noche, cuando me dicen todo el día: «¿Dónde está
tu Dios?». El recuerdo me llena de nostalgia: cuando entraba en la Tienda admirable y
llegaba hasta la Casa de Dios, entre gritos de acción de gracias y el júbilo de los grupos
de romeros.
¿Por qué desfallezco ahora y me siento tan azorado? Espero en Dios, aún lo alabaré:
¡Salvación de mi rostro, Dios mío! Me siento desfallecer, por eso te recuerdo, desde el
Jordán y el Hermón a ti, montaña humilde. Un abismo llama a otro abismo en medio
del fragor de tus cascadas, todas tus olas y tus crestas han pasado sobre mí. De día
enviará Yahvé su amor, y el canto que me inspire por la noche será oración al Dios de
mi vida. Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué me olvidas? ¿por qué he de andar sombrío por
la opresión del enemigo? Me rompen todos los huesos los insultos de mis adversarios,
todo el día repitiéndome: ¿Dónde está tu Dios?
¿Por qué desfallezco ahora y me siento tan azorado? Espero en Dios, aún lo alabaré:
¡Salvación de mi rostro, Dios mío!
7. Oración final
Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del
Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para
seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre,
podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y
reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos.
Amén.
1) Oración inicial
Ven, Señor, en ayuda de tus hijos; derrama tu bondad inagotable sobre los que te
suplican, y renueva y protege la obra de tus manos en favor de los que te alaban como
creador y como guía. Por nuestro Señor.
3) Reflexión
Contexto. El pan de los hijos y la gran fe de una mujer cananea es el tema que presenta
este pasaje del cap.15 de Mateo, que propone al lector de su evangelio una ulterior
profundización de la fe en Cristo. El episodio va precedido de una iniciativa de los
escribas y fariseos llagados de Jerusalén, que provocan un encontronazo de poca
duración con Jesús, hasta que se alejó con sus discípulos para retirarse a la región de
Tiro y de Sidón. Mientras va de camino, lo alcanza una mujer que viene de lugares
paganos. Mateo presenta a esta mujer con el apelativo de “cananea”, el cual aparece en
el AT con toda su dureza. En el Deuteronomio, los habitantes de Canaán son
considerados una gente llena de pecados por antonomasia, un pueblo malo e
idolátrico.
• Dinámica del relato. Mientras Jesús desarrolla su actividad en Galilea y está en
camino hacia Toro y Sidón, una mujer se le acerca y empieza a importunarlo con
una petición de ayuda a favor de su hija enferma. La mujer se dirige a Jesús con
el título de “hijo de David”, un título que suena a extraño en boca de una pagana
y que podría encontrar justificación en la extrema necesidad que vive la mujer.
Podría pensarse que esta mujer ya cree de algún modo en la persona de Jesús
como el salvador final, pero esto se excluye puesto que sólo en el v.28 aparece
reconocido su acto de fe, justamente por parte de Jesús.
• En el diálogo con la mujer, parece que Jesús muestra la misma distancia y
desconfianza que había entre el pueblo de Israel y los paganos. Por un lado,
Jesús manifiesta a la mujer la prioridad de Israel en acceder a la salvación y, ante
la insistente demanda de su interlocutora, Jesús parece tomar distancias, una
actitud incomprensible para el lector, pero en la intención de Jesús expresa un
alto valor pedagógico. A la súplica primera “Ten piedad de mi, Señor, hijo de
David”, no responde Jesús.
• A la segunda intervención, esta vez por parte de los discípulos que lo invitan a
atender a la mujer, sólo expresa un rechazo que subraya aquella secular
distancia entre el pueblo elegido y los pueblos paganos (vv.23b-24). Pero a la
insistencia del ruego de la mujer que se postra ante Jesús, sigue una respuesta
dura y misteriosa: “no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los
perritos” (v.26).
• La mujer va más allá de la dureza de las palabras de Jesús y se acoge a un
pequeño signo de esperanza: la mujer reconoce que el plan de Dios que Jesús
lleva adelante afecta inicialmente al pueblo elegido y Jesús pide a la mujer el
reconocimiento de esta prioridad; la mujer explota esta prioridad con el fin de
presentar un motivo fuerte para obtener el milagro: ”También los perritos comen
de las migajas que caen de la mesa de sus amos” (v.27). La mujer ha superado la
prueba de la fe: “Mujer, grande es tu fe” (v.28); de hecho, a la humilde insistencia
de su fe, Jesús responde con un gesto de salvación. Este episodio dirige a todo
lector del Evangelio una invitación a tener una actitud de “apertura” hacia todos,
creyentes o no, es decir, una disponibilidad y acogida sin reserva hacia cualquier
hombre.
5) Oración final
Señor, no me rechaces lejos de tu rostro, no retires de mí tu santo espíritu. Devuélveme
el gozo de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso. (Sal 51,13-14)
1) Oración inicial
Ven, Señor, en ayuda de tus hijos; derrama tu bondad inagotable sobre los que te
suplican, y renueva y protege la obra de tus manos en favor de los que te alaban como
creador y como guía. Por nuestro Señor.
2) Lectura del santo Evangelio según Mateo 16,24-28
Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí
mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero
quien pierda su vida por mí, la encontrará. Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el
mundo entero, si arruina su vida? O ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida?
«Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y
entonces pagará a cada uno según su conducta. Yo os aseguro: entre los aquí
presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre
venir en su Reino.»
3) Reflexión
Los cinco versículos del evangelio de hoy son la continuidad de las palabras de Jesús a
Pedro que meditamos ayer. Jesús no esconde ni ablanda las exigencias del discipulado.
No permite que Pedro tome la delantera y le pone en su sitio: “¡Quítate de mi vista!” El
evangelio de hoy explicita estas exigencias para todos nosotros.
• Mateo 16,24: Tome su cruz y me siga. Jesús saca las conclusiones que valen hasta
hoy: "Si alguien quiere seguirme, renuncie a si mismo, tome su cruz y me siga”.
En aquel tiempo, la cruz era la pena de muerte que el imperio romano imponía a
los marginados y a los bandidos. Tomar la cruz y cargarla detrás de Jesús era lo
mismo que aceptar el ser marginado por el sistema injusto que legitimaba la
injusticia. La Cruz no es fatalismo, ni exigencia del Padre. La Cruz es
consecuencia del compromiso libremente asumido por Jesús: revelar la Buena
Nueva de que Dios es Padre y que, por tanto, todos y todas deben ser aceptados
y tratados como hermanos y hermanas. A causa de este anuncio revolucionario,
Jesús fue perseguido y no tuvo miedo a dar su vida. No hay prueba de amor más
grande que dar la vida por los hermanos (Jn 15,13). El testimonio de Pablo en la
carta a los Gálatas muestra el alcance de todo esto: “Por mí, no quiero sentirme
orgulloso de nada, sino de la cruz de Cristo Jesús, nuestro Señor. Por él el mundo
ha sido crucificado para mí, y yo, para el mundo”. (Gal 6,14) Y termina aludiendo a
las cicatrices de las torturas que sufrió: “Que nadie pues me venga a molestar.
Yo, por mi parte, llevo en mi cuerpo las señas de Jesús” (Gal 6,17).
• Mateo 16,25-26: Quien pierde la vida por causa mía la encontrará. Estos dos
versículos explicitan valores humanos universales que confirman la experiencia
de muchos, cristianos y no cristianos. Salvar la vida, perder la vida, encontrar la
vida. La experiencia de muchos enseña lo siguiente: Quien corre tras los bienes y
la riqueza no queda nunca saciado. Quien se entrega a los demás olvidándose
de sí, siente una gran felicidad. Es la experiencia de las madres que se entregan,
y de mucha gente que no piensa en sí, sino en los demás. Muchos hacen y viven
así casi por instinto, como algo que viene del fondo del alma. Otros hacen así,
porque tuvieron una experiencia dolorosa de frustración que los llevó a mudar
de actitud. Jesús tiene razón en decir: Quien quiera salvar su vida, la perderá,
pero quien pierda su vida por mí, la encontrará”. Importante es el motivo: “por
mí”, o como dice en otro lugar: “por causa del Evangelio” (Mc 8,35). Y termina:
“Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O
¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida?” Esta última frase evoca el
salmo que dice que nadie es capaz de pagar el precio de rescate de la vida:
“comprada su vida nadie tiene, ni a Dios puede, con plata sobornarlo, pues es
muy caro el precio de la vida. ¿Vivir piensa por siempre, o cree que no iré a la fosa
un día?”. (Sal 49,8-10).
• Mateo 16,27-28: El Hijo del Hombre, dará a cada uno según su conducta. Estos
dos versículos se refieren a la esperanza del pueblo con relación a la venida del
Hijo del Hombre al final de los tiempos como juez de la humanidad, como
presentado en la visión del profeta Daniel (Dn 7,13-14). El primer versículo dice:
“El Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces
pagará a cada uno según su conducta” (Mt 16,27). En esta frase se habla de la
justicia del Juez. Cada uno recibirá según su propia conducta. El segundo
versículo dice: “Yo os aseguro: entre los aquí presentes hay algunos que no
gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre venir en su Reino”. (Mt
16,28). Esta frase es un aviso para ayudar a percibir la venida de Jesús como Juez
en los hechos de la vida. Algunos pensaban que Jesús vendría luego (1Ts 4,15-18).
Jesús, de hecho, ya estaba presente en las personas, sobre todo en los pobres.
Pero ellos no lo percibieron. Jesús mismo había dicho: “Cuando lo hicieron con
alguno de estos más pequeños, que son mis hermanos, lo hicieron conmigo!”
(Mt 25,34-45)
5) Oración final
Ensalzad conmigo a Yahvé, exaltemos juntos su nombre. Consulté a Yahvé y me
respondió: me libró de todos mis temores. (Sal 34,4-5)
1) Oración inicial
Señor, Dios de nuestros padres en la fe, infúndenos copiosamente la fuerza de la cruz,
con la que enriqueciste de modo admirable a Santa Teresa Benedicta en la hora del
martirio; concédenos por su intercesión, buscarte sin descanso a ti que eres la suma
Verdad, y mantener con lealtad hasta la muerte la alianza eterna del amor, sellada con
la sangre de tu Hijo para la salvación de la humanidad.
3) Reflexión
Hoy es la fiesta de Santa Edith Stein que en el Carmelo tomó el nombre de Teresa
Benedicta de la Cruz. Por esto, el evangelio de hoy trae la parábola de las diez vírgenes
que debían dar la bienvenida al novio cuando llegara para las fiestas de la boda.
• Mateo 25,1ª: El comienzo: “Entonces”. La parábola empieza con esta palabra:
“Entonces”. Se trata de la venida del Hijo del Hombre (cf Mt 24,37). Nadie sabe
cuándo va a venir ese día, “ni los ángeles, ni el hijo mismo, sino que solamente el
Padre” (Mt 24, 36). No importa que los adivinos quieran hacer cálculos. El Hijo del
Hombre vendrá de sorpresa, cuando la gente menos lo espera (Mt 24,44). Puede
ser hoy, puede ser mañana. Por esto, el recado final de la parábola de las diez
vírgenes es “¡Vigilad!’ Las diez muchachas deben estar preparadas para
cualquier eventualidad. Cuando la policía nazista llamó a la puerta del
monasterio de las Carmelitas en Echt en la provincia de Limburgia en los Países
Bajos, Edith Stein, la hermana Teresa Benedicta de la Cruz, estaba preparada.
Asumió la Cruz y siguió para el martirio en el campo de exterminio por amor a
Dios y a su gente. Era una de las vírgenes prudentes de la parábola.
• Mateo 25,1b-4: Las diez vírgenes preparadas para aguardar al novio. La parábola
empieza así: “El Reino del Cielo es como diez vírgenes que prepararon sus
lámparas y salieron al encuentro del novio”. Se trata de muchachas que debían
acompañar al novio para la fiesta de la boda. Para esto, ellas debían llevar
consigo las lámparas, sea para iluminar el camino, sea para iluminar la fiesta.
Cinco de ellas eran prudentes y cinco eran sin fundamento. Esta diferencia
aparece con claridad en la manera en que se preparan para la función que
recibirán. Junto con las lámparas encendidas, las previdentes llevaron consigo
también una vasija de aceite de reserva. Se preparaban para cualquier
eventualidad. Las vírgenes sin fundamento se llevaron sólo las lámparas, sin
pensar en llevarse un poco de aceite de reserva.
• Mateo 25,5-7: El retraso no previsto de la llegada del novio. El novio se demora.
No había una hora determinada para que llegara. En la espera, el sueño se
apodera de las muchachas, sin embargo las lámparas siguen gastando aceite e
se van apagando poco a poco. De repente, en medio de la noche, se oye un grito:
“¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!”. Todas ellas despiertan y empiezan
a preparar las lámparas que ya estaban casi al final. Debían de poner el aceite de
reserva para evitar que las lámparas se apagaran.
• Mateo 25,8-9: Las diversas reacciones ante la llegada atrasada del novio.
Solamente ahora las necias se dan cuenta de que olvidaron llevar consigo el
aceite de reserva. Fueron a pedir aceite a las prudentes: “Dadnos de vuestro
aceite, que nuestras lámparas se apagan”. Las prudentes no pudieron atender
este pedido, pues en aquel momento lo que importaba no era que las prudentes
compartieran su aceite con las otras, sino que estuvieran listas para acompañar
al novio hasta el lugar de la fiesta. Por esto aconsejan: ‘es mejor que vayáis donde
los vendedores y os lo compréis.'
• Mateo 25,10-12: El destino de las vírgenes prudentes y de las necias. Las necias
siguen el consejo de las prudentes y van a comprar aceite. Durante esta breve
ausencia de la compra llega el novio y las prudentes pueden acompañarlo a la
fiesta de las bodas. Y la puerta se cierra detrás de ellas. Cuando llegan las otras,
llaman a la puerta y piden: “¡Señor, Señor, abre la puerta para nosotras!” Y
reciben la respuesta: “En verdad os digo que no os conozco”.
• Mateo 25,13: La recomendación final de Jesús para todos nosotros. La historia de
esta parábola es muy sencilla y la lección es evidente. “Velad, pues, porque no
sabéis, ni el día, ni la hora”. Moral de la historia: no seas superficial, mira más allá
del momento presente, trata de descubrir el llamado de Dios hasta en las
mínimas cosas de la vida, hasta en el aceite que falta en la lámpara.’
5) Oración final
Bendeciré en todo tiempo a Yahvé,
sin cesar en mi boca su alabanza;
en Yahvé se gloría mi ser,
¡que lo oigan los humildes y se alegren. (Sal 34,2-3)
1. Oración inicial
Ven, oh Santo Espíritu, llena los corazones de tus fieles. Tú que ya has venido para
hacernos fieles, ven ahora para hacernos dichosos. Tú que has venido para que, con tu
ayuda, pudiésemos gloriarnos en la esperanza de la gloria de los hijos de Dios, ven de
nuevo para que podamos gloriarnos también de su posesión. A ti te concierne el
confirmar, consolidar perfeccionar y llevar a cumplimiento. El Padre nos ha creado, el
Hijo nos has redimido: cumple pues, lo que a ti te compete. Ven a introducirnos en
toda la verdad, al gozo del Sumo Bien, a la visión del Padre, a la abundancia de todas
las delicias, al gozo de los gozos. Amén. (Gualtero de San Victor)
2. Lectio:
a) Clave de lectura:
• 12,32-35 introducción
• 12,36-38 parábola del amo que vuelve de las bodas
• 12,39 parábola del ladrón que descerraja, horada
• 12,40-41 los discípulos llamados en causa
• 12,42-46 parábola del administrador
• 12,47-48 conclusión
c) El texto:
32«No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a
vosotros el Reino. 33 «Vended vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no se
deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla
corroe; 34 porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. 35
«Tened ceñida la cintura y las lámparas encendidas, 36 y sed como hombres que
esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al
instante le abran. 37 Dichosos los siervos a quienes el señor, al venir, encuentre
despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a
otro, les servirá. 38 Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así,
¡dichosos ellos! 39 Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el
ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. 40Estad también vosotros preparados,
porque cuando menos lo penséis, vendrá el Hijo del hombre.» 41 Dijo Pedro: «Señor,
¿dices esta parábola para nosotros o para todos?» 42 Respondió el Señor: «¿Quién es,
pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su
servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente? 43 Dichoso aquel siervo a
quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. 44 De verdad os digo que le pondrá al
frente de toda su hacienda.45 Pero si aquel siervo se dice en su corazón: `Mi señor tarda
en venir', y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a
emborracharse, 46 vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento
que no sabe, le castigará severamente y le señalará su suerte entre los infieles. 47 «Aquel
siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado
conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; 48 el que no la conoce y hace cosas que
merecen azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a
quien se confió mucho, se le pedirá más.
1) Oración inicial
Dios todopoderoso y eterno, a quien podemos llamar Padre; aumenta en nuestros
corazones el espíritu filial, para que merezcamos alcanzar la herencia prometida. Por
nuestro Señor.
3) Reflexión
Los cinco versículos del evangelio de hoy hablan de dos asuntos bien diferentes el uno
del otro: (a) Traen el segundo anuncio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús (Mt
17,22-23): (b) Informan sobre la conversación de Jesús con Pedro sobre el pago de los
impuestos y de las tasas al templo (Mt 17,24-27).
• Mateo 17,22-23: El anuncio de la muerte y resurrección de Jesús. El primer
anuncio (Mt 16,21) había provocado una fuerte reacción de parte de Pedro que
no quiso saber nada del sufrimiento de la cruz. Jesús había respondido con la
misma fuerza: “¡Lejos de mí, satanás!” (Mt 16,23) Aquí, en el segundo anuncio, la
reacción de los discípulos es más blanda, menos agresiva. El anuncio provoca
tristeza. Parece que empiezan a comprender que la cruz forma parte del
camino. La proximidad de la muerte y del sufrimiento pesa en ellos, generando
desánimo. Aunque Jesús procurara ayudarlos, la resistencia de siglos contra la
idea de un mesías crucificado era mayor.
• Mateo 17,24-25a: La pregunta a Pedro, de los recaudadores de impuestos.
Cuando llegan a Cafarnaún, los recaudadores del impuesto del Templo
preguntan a Pedro: "¿No paga vuestro maestro las didracmas?" Pedro
responde: “¡Sí!” Desde los tiempos de Nehemías, (Sig V aC), los judíos que habían
vuelto de la esclavitud de Babilonia, se comprometieron solemnemente en la
asamblea a pagar diversos impuestos y tasas para que el culto en el Templo
pudiera seguir funcionando y para cuidar la manutención tanto del servicio
sacerdotal como del edificio del Templo (Ne 10,33-40). Por lo que se ve en la
respuesta de Pedro, Jesús pagaba este impuesto como lo hacían todos los
demás judíos.
• Mateo 17,25b-26: La pregunta de Jesús a Pedro sobre el impuesto. Es curiosa la
conversación entre Jesús y Pedro. Cuando llegan a casa, Jesús pregunta: "Qué te
parece, Simón?; los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus
hijos o de los extraños?" Pedro respondió: "¡De los extraños!" Entonces Jesús
dice: "¡Por tanto, libres están los hijos!” Probablemente, aquí se refleja una
discusión entre los judíos cristianos antes de la destrucción del Templo en el año
70. Ellos se preguntaban si debían o no seguir pagando el impuesto del Templo,
como hacían antes. Por la respuesta de Jesús, descubren que no hay obligación
de pagar ese impuesto: “Libres están los hijos”. Los hijos son los cristianos. Pero
aún sin tener obligación, la recomendación de Jesús es pagar para no provocar
escándalo.
• Mateo 17,27: La conclusión de la conversación sobre el pago del impuesto. Más
curiosa que la conversación es la solución que Jesús da a la cuestión. Dice a
Pedro: “Sin embargo, para que no les sirvamos de escándalo, vete al mar, echa el
anzuelo, y el primer pez que salga, cógelo, ábrele la boca y encontrarás un
estáter. Tómalo y dáselo por mí y por ti ". ¡Milagro curioso! Tan curioso como
aquel de los 2000 puercos que se precipitaron en la mar (Mc 5,13). Cualquiera
que sea la interpretación de este hecho milagroso, esta manera de solucionar el
problema sugiere que se trata de un asunto que no tiene mucha importancia
para Jesús.
5) Oración final
¡Alabad a Yahvé desde el cielo, alabadlo en las alturas, alabadlo, todos sus ángeles,
todas sus huestes, alabadlo! (Sal 148,1-2)
1) Oración inicial
Dios todopoderoso y eterno, a quien podemos llamar Padre; aumenta en nuestros
corazones el espíritu filial, para que merezcamos alcanzar la herencia prometida. Por
nuestro Señor.
2) Lectura del santo Evangelio según Mateo 18,1-
5.10.12-14
En aquel momento se acercaron a Jesús los discípulos y le dijeron: «¿Quién es, pues, el
mayor en el Reino de los Cielos?» Él llamó a un niño, le puso en medio de ellos y dijo:
«Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de
los Cielos. Así pues, quien se humille como este niño, ése es el mayor en el Reino de los
Cielos. «Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. «Guardaos
de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los
cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos. «¿Qué os
parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los
montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a encontrarla,
os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no
descarriadas. De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se
pierda uno solo de estos pequeños.
3) Reflexión
Aquí, en el capítulo 18 del evangelio de Mateo inicia el cuarto gran discurso de la Nueva
Ley, el Sermón de la Comunidad. Como se dijo anteriormente (el 9 de junio de 2008), el
Evangelio de Mateo, escrito para las comunidades de los judíos de Galilea y Siria,
presenta a Jesús como el nuevo Moisés. En el AT, la Ley de Moisés fue codificada en los
cinco libros del Pentateuco. Imitando el modelo antiguo, Mateo presenta la Nueva Ley,
en cinco grandes Sermones: (a) El Sermón de la Montaña (Mt 5,1 a 7,29); (b) El Sermón
de la Misión (Mt 10,1-42); (c) El Sermón de las Parábolas (Mt 13,1-52); (d) El Sermón de la
Comunidad (Mt 18,1-35); (e) El Sermón del Futuro del Reino (Mt 24,1 a 25,46). Las partes
narrativas, intercaladas entre los cinco Sermones, describen la práctica de Jesús y
muestran cómo practicaba y encarnaba la nueva Ley en su vida.
• El evangelio de hoy trae la primera parte del Sermón de la Comunidad (Mt 18,1-
14) que tiene como palabra clave los “pequeños”. Los pequeños no son los niños,
sino también las personas pobres y sin importancia en la sociedad y en la
comunidad, inclusive los niños. Jesús pide que estos pequeños estén en el
centro de las preocupaciones de la comunidad, pues "el Padre no quiere que ni
uno de estos pequeños perezca" (Mt 18,14).
• Mateo 18,1: La pregunta de los discípulos que da pie a la enseñanza de Jesús. Los
discípulos quieren saber quién es el mayor en el Reino. Sólo el hecho de que
ellos hicieran esa pregunta revela que habían entendido poco o nada del
mensaje de Jesús. El Sermón de la Comunidad, todo ello, es para hacer entender
que entre los seguidores y las seguidoras de Jesús tiene que estar vivo el espíritu
de servicio, de entrega, de perdón, de reconciliación y de amor gratuito, sin
buscar el propio interés y autopromoción.
• Mateo 18,2-5: El criterio básico: el menor es el mayor. Los discípulos quieren un
criterio para poder medir la importancia de las personas en la comunidad:
"¿Quién es el mayor en el Reino de los Cielos?". Jesús responde que el criterio
son ¡los niños! Los niños no tienen importancia social, no pertenecen al mundo
de los grandes. Los discípulos tienen que hacerse como niños. En vez de crecer
hacia arriba, tienen que crecer hacia abajo, hacia la periferia, donde viven los
pobres, los pequeños. ¡Así serán los mayores en el Reino! Y el motivo es éste: “¡Y
el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe!” Jesús se
identifica con ellos. El amor de Jesús hacia los pequeños no tiene explicación.
Los niños no tienen mérito. Es la pura gratuidad del amor de Dios que aquí se
manifiesta y pide ser imitada en la comunidad por los que se dicen discípulos y
discípulas de Jesús.
• Mateo 18,6-9: No escandalizar a los pequeños. Estos cuatro versículos sobre el
escándalo de los pequeños fueron omitidos en el texto del evangelio de hoy.
Damos un breve comentario. Escandalizar a los pequeños significa: ser motivo
para que los pequeños pierdan la fe en Dios y abandonen la comunidad. Mateo
conserva una frase muy dura de Jesús: “Pero al que escandalice a uno de estos
pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas
piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar”.
Señal de que en aquel tiempo muchos pequeños ya no se identificaban con la
comunidad y buscaban otros amparos. Y ¿hoy? En América Latina, por ejemplo,
cada año alrededor de 3 millones de personas abandonan las iglesias históricas y
se van hacia las iglesias evangélicas. Señal de que no se sienten en casa entre
nosotros. Y muchas veces son los más pobres los que nos abandonan. ¿Qué nos
falta? ¿Cuál es la causa de este escándalo de los pequeños? Para evitar el
escándalo, Jesús manda cortar la mano o el pie o arrancar el ojo. Esta frase no
puede tomarse al pie de la letra. Significa que hay que ser muy exigente en el
combate contra el escándalo que aleja a los pequeños. No podemos permitir, de
forma alguna, que los pequeños se sientan marginados en nuestra comunidad.
Pues, en este caso, la comunidad dejaría de ser una señal del Reino de Dios.
• Mateo 18,10-11: Los ángeles de los pequeños están en presencia del Padre. Jesús
evoca el salmo 91. Los pequeños hacen de Yavé su refugio y toman al Altísimo
como defensor (Sal 91,9) y, por esto: “No podrá la desgracia dominante ni la plaga
acercarse a tu morada, pues ha dado a sus ángeles la orden de protegerte en
todos tus caminos. En sus manos te habrán de sostener, para que no tropiece tu
pie en alguna piedra”. (Sal 91,10-12).
• Mateo 18,12-14: La parábola de las cien ovejas. Para Lucas, esta parábola revela la
alegría de Dios por la conversión de un pecador (Lc 15,3-7). Para Mateo, revela
que el Padre no quiere que ni uno de estos pequeñuelos se pierda. Con otras
palabras, los pequeños deben ser la prioridad pastoral de la Comunidad, de la
Iglesia. Deben estar en el centro de la preocupación de todos. El amor por los
pequeños y los excluidos tiene que ser el eje de la comunidad de los que quieren
seguir a Jesús. Pues de este modo la comunidad se vuelve prueba del amor
gratuito de Dios que acoge a todos.
5) Oración final
Señor, tus dictámenes son mi herencia perpetua, ellos son la alegría de mi corazón.
Inclino mi corazón a cumplir tus preceptos, que son recompensa para siempre. (Sal
119,111-112)
Lectio Divina: miércoles, 13 de agosto
de 2025
Tiempo Ordinario
1) Oración inicial
Dios todopoderoso y eterno, a quien podemos llamar Padre; aumenta en nuestros
corazones el espíritu filial, para que merezcamos alcanzar la herencia prometida. Por
nuestro Señor.
3) Reflexión
En el evangelio de hoy y de mañana vamos a leer y a meditar la segunda parte del
Sermón de la Comunidad. El evangelio de hoy habla de la corrección fraterna (Mt 18,15-
18) y de la oración en común (Mt 18,19-20). El de mañana habla del perdón (Mt 18,21-22) y
habla de la parábola del perdón sin límites (Mt 18,23-35). La palabra clave de esta
segunda parte es “perdonar”. El acento cae en la reconciliación. Para que pueda haber
reconciliación que permita el retorno de los pequeños, es importante saber dialogar y
perdonar, pues el fundamento de la fraternidad es el amor gratuito de Dios. Sólo así la
comunidad será señal del Reino. No es fácil perdonar. Ciertos dolores siguen
machucando el corazón. Hay personas que dicen: “¡Perdono, pero no olvido!" Rencor,
tensiones, broncas, opiniones diferentes, ofensas, provocaciones dificultan el perdón y
la reconciliación.
• La organización de las palabras de Jesús en los cinco grandes Sermones del
evangelio de Mateo muestran que al final del siglo primero, las comunidades
tenían formas bien concretas de catequesis. El Sermón de la Comunidad (Mt
18,1-35), por ejemplo, trae instrucciones actualizadas de cómo proceder en caso
de algún conflicto entre los miembros de la comunidad y de cómo encontrar
criterios para solucionar los conflictos. Mateo reúne aquellas frases de Jesús que
pueden ayudar a las comunidades de finales del siglo primero a superar los dos
problemas agudos a los que se enfrentaban en aquel momento, a saber, la salida
de los pequeños por causa del escándalo de algunos y la necesidad de diálogo
para superar el rigorismo de otros y acoger a los pequeños, a los pobres, a la
comunidad.
• Mateo 18,15-18: La corrección fraterna y el poder de perdonar. Estos versículos
traen normas simples de cómo proceder en caso de conflicto en la comunidad.
Si un hermano o una hermana pecan, esto es, si hubiera un comportamiento no
acorde con la vida de la comunidad, no se debe inmediatamente denunciarlo/la.
Primero, tratemos de saber los motivos del otro. Si no diera resultado, llevemos a
dos o tres personas de la comunidad para ver si se consigue algún resultado.
Sólo en caso extremo, hay que llevar el problema a toda la comunidad. Y si la
persona no quisiese escuchar a la comunidad, que sea para ti “como un
publicano o un pagano”, esto es, como alguien que ya no forma parte de la
comunidad. No es que tu estás excluyendo, pero es la persona, ella misma, que
se excluye. La comunidad reunida apenas constata y ratifica la exclusión. La
gracia de poder perdonar y reconciliar en nombre de Dios fue dada a Pedro (Mt
16,19), a los apóstoles (Jn 20,23) y, aquí, en el Sermón de la Comunidad, a la
comunidad misma (Mt 18,18). Esto revela la importancia de las decisiones que la
comunidad toma con relación a sus miembros.
• Mateo 18,19: La oración en común. La exclusión no significa que la persona sea
abandonada a su propia suerte. ¡No! Puede estar separada de la comunidad,
pero nunca estará separada de Dios. En caso de que la conversación en la
comunidad no llegue a buen fin, y la persona no quisiese integrarse en la vida de
la comunidad, queda como último recurso el rezar juntos al Padre para
conseguir la reconciliación. Y Jesús garantiza que el Padre escuchará: “Os
aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para
pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos.”
• Mateo 18,20: La presencia de Jesús en la comunidad. El motivo de la certeza de
ser oídos por el Padre es la promesa de Jesús: “¡Donde dos o tres están reunidos
en mi nombre, yo estaré en medio de ellos!” Jesús es el centro, el eje de la
comunidad y, como tal, junto con la Comunidad, estará rezando al Padre, para
que conceda el don del retorno al hermano o a la hermana que se excluyó.
5) Oración final
¡Alabad, siervos de Yahvé, alabad el nombre de Yahvé! ¡Bendito el nombre de Yahvé,
desde ahora y por siempre! (Sal 113,1-2)
1) Oración inicial
Dios todopoderoso y eterno, a quien podemos llamar Padre; aumenta en nuestros
corazones el espíritu filial, para que merezcamos alcanzar la herencia prometida. Por
nuestro Señor.
2) Lectura del santo Evangelio según Mateo 18,21-19,1
Pedro se acercó entonces y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las
ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?» Dícele Jesús: «No te digo
hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.» «Por eso el Reino de los Cielos es
semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas,
le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar,
ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se
le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: `Ten paciencia
conmigo, que todo te lo pagaré.' Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó ir
y le perdonó la deuda. Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus
compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: `Paga lo que
debes.' Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: `Ten paciencia conmigo, que
ya te pagaré.' Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo
que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a
contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: `Siervo
malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú
también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de
ti?' Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le
debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón
cada uno a vuestro hermano.» Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos,
partió de Galilea y fue a la región de Judea, al otro lado del Jordán.
3) Reflexión
En el evangelio de ayer oímos las palabras de Jesús sobre la corrección fraterna (Mt
18,15-20). En el evangelio de hoy (Mt 18,21-39) el asunto central es el perdón y la
reconciliación.
• Mateo 18,21-22: ¡Perdonar setenta veces siete! Ante las palabras de Jesús sobre la
corrección fraterna y la reconciliación, Pedro pregunta: “¿Cuántas veces tengo
que perdonar? ¿Siete veces?” Siete es un número que indica una perfección y,
en el caso de la propuesta de Pedro, siete es sinónimo de siempre. Pero Jesús va
más lejos. Elimina todo y cualquier posible límite para el perdón: "¡No te digo
hasta siete, sino hasta setenta veces siete!” Es como si dijera: “¡Siempre, no!
Pedro, sino setenta veces siempre!” Pues no hay proporción entre el amor de
Dios para con nosotros y nuestro amor para con el hermano. Aquí se evoca el
episodio de Lamec del AT. “Dijo, pues, Lamec a sus mujeres Ada y Selía:
‘Escúchenme ustedes, mujeres de Lamec, pongan atención a mis palabras: yo
he muerto a un hombre por la herida que me hizo y a un muchacho por un
moratón que recibí. Si Caín ha de ser vengado siete veces, Lamec ha de serlo
setenta siete veces" (Gén 4,23-24). La tarea de las comunidades es la de invertir el
proceso de la espiral de violencia. Para esclarecer su respuesta a Pedro, Jesús
cuenta la parábola del perdón sin límite.
• Mateo 18,23-27: La actitud del dueño. Esta parábola es una alegoría, esto es, Jesús
habla de un dueño, pero piensa en Dios. Esto explica los contrastes enormes de
ésta parábola. Como veremos, a pesar de que se trata de cosas normales y
diarias, existe algo en esta historia que no acontece nunca en la vida cotidiana.
En la historia que Jesús cuenta, el dueño sigue las normas del derecho de la
época. Estaba en su derecho si tomaba a un empleado y a toda su familia y lo
ponía en la cárcel hasta que hubiera pagado su deuda por el trabajo como
esclavo. Pero ante la petición del empleado endeudado, el dueño perdona la
deuda: diez mil talentos. Un talento equivale a 35 kg. Según los cálculos hechos,
diez mil talentos equivalen a 350 toneladas de oro. Aunque el deudor junto con
su mujer y sus hijos hubiesen trabajado la vida entera, no hubieran sido nunca
capaces de reunir 350 toneladas de oro. El cálculo extremo está hecho a
propósito. Nuestra deuda ante Dios es incalculable e impagable.
• Mateo 18,28-31: La actitud el empleado. Al salir de allí, el empleado perdonado
encuentra a uno de sus compañeros que le debía cien monedas de plata.
Agarrándole, le decía: ‘Paga lo que debes'. La moneda de cien denarios es el
salario de cien días de trabajo. Algunos calculan que era de 30 gramos de oro.
¡No existe medio de comparación entre los dos! Ni tampoco nos hace entender
la actitud del empleado: Dios le perdona 350 toneladas de oro y él no quiere
perdonarle 30 gramos de oro. En vez de perdonar, hace con el compañero lo que
el dueño podía haber hecho, pero no hizo. Mandó a la cárcel al compañero,
según las normas de la ley, hasta que pagara toda la deuda. Actitud chocante
para cualquier ser humano. Choca a los otros compañeros. Al ver sus
compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor
todo lo sucedido. Nosotros también hubiéramos tenido la misma actitud de
desaprobación.
• Mateo 18,32-35: La actitud de Dios. “Su señor entonces le mandó llamar y le dijo:
`Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste.
¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que
yo me compadecí de ti?' Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta
que pagase todo lo que le debía.” Ante el amor de Dios que perdona
gratuitamente nuestra deuda de 350 toneladas de oro, es nada más que justo
que perdonemos al hermano una pequeña deuda de 30 gramos de oro. ¡El
perdón de Dios es sin límites. El único límite para la gratuidad de misericordia de
Dios viene de nosotros mismos, de nuestra incapacidad de perdonar al
hermano! (Mt 18,34). Es lo que decimos y pedimos en el Padre Nuestro:
“Perdónanos nuestras ofensas, así como nosotros personamos a los que nos
ofenden” (Mt 6,12-15). La comunidad como espacio alternativo de solidaridad y
fraternidad. La sociedad del Imperio Romano era dura y sin corazón, sin espacio
para los pequeños. Estos buscaban un amparo para el corazón y no lo
encontraban. Las sinagogas eran exigentes y no ofrecían un lugar para ellos.
• En la comunidad cristianas, el rigor de algunos en la observancia de la Ley,
llevaba a la convivencia los mismos criterios de la sociedad y de la sinagoga. Así,
en la comunidad empezaban a haber divisiones que existían en la sociedad y en
la sinagoga entre rico y pobre, dominación y sumisión, hombre y mujer, raza y
religión. La comunidad, en vez de ser un espacio de acogida, se volvía un lugar
de condena. Juntando las palabras de Jesús, Mateo quiere iluminar la caminada
de los seguidores y de las seguidoras de Jesús, para que las comunidades sean
un espacio alternativo de solidaridad y de fraternidad. Deben ser una Buena
Noticia para los pobres.
5) Oración final
¡De la salida del sol hasta su ocaso, sea alabado el nombre de Yahvé! ¡Excelso sobre los
pueblos Yahvé, más alta que los cielos su gloria! (Sal 113,3-4)
Luca 1,39-56
1. Lectio:
a) Oración inicial:
39En aquellos días, se puso en camino María y se fue con prontitud a la región
montañosa, a una ciudad de Judá; 40 entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.41En
cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, Isabel quedó
llena de Espíritu Santo 42 y exclamó a gritos: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el
fruto de tu seno; 43 y ¿de dónde a mí que venga a verme la madre de mi Señor? 44
Porque apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. 45
¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del
Señor!» 46 Y dijo María: «Alaba mi alma la grandeza del Señor 47 y mi espíritu se alegra en
Dios mi salvador 48 porque ha puesto los ojos en la pequeñez de su esclava, por eso
desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, 49 porque ha hecho
en mi favor cosas grandes el Poderoso, Santo es su nombre 50 y su misericordia alcanza
de generación en generación a los que le temen. 51 Desplegó la fuerza de su brazo,
dispersó a los de corazón altanero. 52 Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a
los humildes. 53 A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos con las manos
vacías. 54 Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia 55 -como había
anunciado a nuestros padres- en favor de Abrahán y de su linaje por los siglos.» 56 María
se quedó con ella unos tres meses, y luego se volvió a su casa.
c) Momento de silencio orante
El silencio es una cualidad de quien sabe escuchar a Dios. Esfuérzate por crear en ti una
atmósfera de paz y de silenciosa adoración. Si eres capaz de estar en silencio delante de Dios
podrás escuchar su respiro que es Vida.
2. Meditatio
a) Clave de lectura:
En la primera parte del evangelio de hoy resuenan las palabras de Isabel, “Bendita tú
entre las mujeres”, precedidas por un movimiento espacial. María deja Nazaret, situada
al norte de la Palestina, para dirigirse al sur, a casi ciento cincuenta kilómetros, a una
localidad que la tradición identifica con la actual Ain Karen, poco lejana de Jerusalén.. El
moverse físico muestra la sensibilidad interior de María, que no está cerrada para
contemplar de modo privado e intimista el misterio de la divina maternidad que se
encierra en ella, sino que es lanzada sobre el sendero de la caridad. Ella se mueve para
llevar ayuda a su anciana prima. El dirigirse de María a Isabel es acentuado por el
añadido “ de prisa” que San Ambrosio interpreta así: María se puso de prisa en camino
hacia la montaña, no porque fuese incrédula a la profecía o incierta del anuncio o
dudase de la prueba, sino porque estaba contenta de la promesa y deseosa de cumplir
devotamente un servicio, con el ánimo que le venía del íntimo gozo…La gracia del
Espíritu Santo no comporta lentitud”. El lector, sin embargo, sabe que el verdadero
motivo del viaje no está indicado, pero se lo puede figurar a través de las informaciones
tomadas del contexto. El ángel había comunicado a María la preñez de Isabel, ya en el
sexto mes (cfr. v.37). Además el hecho de que ella se quedase tres meses (cfr. v.56), justo
el tiempo que faltaba para nacer el niño, permite creer que María quería llevar ayuda a
su prima. María corre y va a donde le llama la urgencia de una ayuda, de una
necesidad, demostrando, así, una finísima sensibilidad y concreta disponibilidad. Junto
con María, llevado en su seno, Jesús se mueve con la Madre. De aquí es fácil deducir el
valor cristológico del episodio de la visita de María a la prima: la atención cae sobre
todo en Jesús. A primera vista parecería una escena concentrada en las dos mujeres,
en realidad, lo que importa para el evangelista es el prodigio presente en sus dos
respectivas concepciones. La movilización de María, tiende , en el fondo, a que las dos
mujeres se encuentren.
Apenas María entra en casa y saluda a Isabel, el pequeño Juan da un salto. Según
algunos el salto no es comparable con el acomodarse del feto, experimentado por las
mujeres que están encinta. Lucas usa un verbo griego particular que significa
propiamente “saltar”. Queriendo interpretar el verbo, un poco más libremente, se le
puede traducir por “danzar”, excluyendo así la acepción de un fenómeno sólo físico.
Algunos piensan que esta “danza”, se pudiera considerar como una especie de
“homenaje” que Juan rinde a Jesús, inaugurando, aunque todavía no nacido, aquel
comportamiento de respeto y de subordinación que caracterizará toda su vida:
“Después de mí viene uno que es más fuerte que yo y al cuál no soy digno de desatar
las correas de sus sandalias” (Mc 1,7). Un día el mismo Juan testimoniará: “Quien tiene a
la esposa es el esposo; pero el amigo del esposo que está presente y lo escucha, salta
de gozo a la voz del esposo, pues así este mi gozo es cumplido. Él debe crecer y yo por
el contrario disminuir” (Jn 3,29-30). Así lo comenta san Ambrosio: “ Isabel oyó antes la
voz, pero Juan percibió antes la gracia”. Una confirmación de esta interpretación la
encontramos en las mismas palabras de Isabel que, tomando en el v. 44 el mismo
verbo ya usado en el v. 41, precisa: “Ha saltado de gozo en mi seno” . Lucas, con estos
detalles particulares, ha querido evocar el prodigio verificado en la intimidad de
Nazaret. Sólo ahora, gracias al diálogo con una interlocutora, el misterio de la divina
maternidad deja su secreto y su dimensión individual, para llegar a convertirse en un
hecho conocido, objeto de aprecio y de alabanza. Las palabras de Isabel “¡Bendita tú
entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿A qué debo que la madre de mi
Señor venga a mí?” (vv. 42-43). Con una expresión semítica que equivale a un
superlativo (“entre las mujeres”), el evangelista quiere atraer la atención del lector sobre
la función de María: ser la “;Madre del Señor”. Y por tanto a ella se le reserva una
bendición (“bendita tú”) y dichosa beatitud. ¿En qué consiste esta última? Expresa la
adhesión de María a la voluntad divina. María no es sólo la destinataria de una diseño
arcano que la hace bendita, sino persona que sabe aceptar y adherirse a la voluntad de
Dios. María es una criatura que cree, porque se ha fiado de una palabra desnuda y que
ella la ha revestido con un “sí” de amor. Ahora Isabel le reconoce este servicio de amor,
identificándola “bendita como madre y dichosa como creyente”. Mientras tanto, Juan
percibe la presencia de su Señor y salta, expresando con este movimiento interior el
gozo que brota de aquel contacto salvífico. De tal suceso se hará intérprete María en el
canto del Magnificat.
b) Un canto de amor:
En este canto María se considera parte de los anawim, de los “pobres de Dios”, de
aquéllos que ”temen a Dios”, poniendo en Él toda su confianza y esperanza y que en el
plano humano no gozan de ningún derecho o prestigio. La espiritualidad de los
anawinpuede ser sintetizada por las palabras del salmo 37,79: “Está delante de Dios en
silencio y espera en Él”, porque “aquéllos que esperan en el Señor poseerán la tierra”.
En el Salmo 86,6, el orante, dirigiéndose a Dios, dice: “Da a tu siervo tu fuerza”: aquí el
término “siervo” expresa el estar sometido, como también el sentimiento de
pertenencia a Dios, de sentirse seguro junto a Él. Los pobres, en el sentido
estrictamente bíblico, son aquéllos que ponen en Dios una confianza incondicionada;
por esto han de ser considerados como la parte mejor, cualitativa, del pueblo de Israel.
Los orgullosos, por el contrario, son los que ponen toda su confianza en sí mismos.
Ahora, según el Magnificat, los pobres tienen muchísimos motivos para alegrarse,
porque Dios glorifica a los anawim (Sal 149,4) y desprecia a los orgullosos. Una imagen
del N. T. que traduce muy bien el comportamiento del pobre del A. T. , es la del
publicano que con humildad se golpea el pecho, mientras el fariseo complaciéndose
de sus méritos se consuma en el orgullo (Lc 18,9-14). En definitiva María celebra todo lo
que Dios ha obrado en ella y cuanto obra en el creyente. Gozo y gratitud caracterizan
este himno de salvación, que reconoce grande a Dios, pero que también hace grande a
quien lo canta.
c) Algunas preguntas para meditar:
3. Oratio
a) Salmo 44 (45), 10-11; 12; 15b-16
El salmo, en esta segunda parte, glorifica a la reina. En la liturgia de hoy estos versículos
son aplicados a María y celebran su belleza y grandeza.
Entre tus predilectas hay hijas de reyes, la reina a tu derecha, con oro de Ofir. Escucha,
hija, mira, presta oído, olvida tu pueblo y la casa paterna, que prendado está el rey de tu
belleza. El es tu señor, ¡póstrate ante él!
La siguen las doncellas, sus amigas, que avanzan entre risas y alborozo al entrar en el
palacio real.
b) Oración final:
La oración que sigue es una breve meditación sobre el papel materno de María en la
vida del creyente: “María, mujer que sabe gozar, que sabe alegrarse, que se deja invadir
por la plena consolación del Espíritu Santo, enséñanos a orar para que podamos
también nosotros descubrir la fuente del gozo. En la casa de Isabel, tu prima,
sintiéndote acogida y comprendida en tu íntimo secreto, prorrumpiste en un himno de
alabanza del corazón, hablando de Dios, de ti en relación con Él y de la inaudita
aventura ya comenzada de ser madre de Cristo y de todos nosotros, pueblo santo de
Dios. Enséñanos a dar un ritmo de esperanza y gritos de gozos a nuestras plegarias, a
veces estropeada por amargos lloros y mezcladas de tristeza casi obligatoriamente. El
Evangelio nos habla de ti, María, y de Isabel; ambas custodiabais en el corazón algo,
que no osabais o no queríais manifestar a nadie. Cada una de vosotras se sintió sin
embargo comprendida por la otra en aquel día de la visitación y tuvisteis palabras y
plegarias de fiesta. Vuestro encuentro se convirtió en liturgia de acción de gracias y de
alabanza al Dios inefable. Tú, mujer del gozo profundo, cantaste el Magnificat,
sobrecogida y asombrada por todo lo que el Señor estaba obrando en la humilde
sierva. Maginificat es el grito, la explosión de gozo, que resuena dentro de cada uno de
nosotros, cuando se siente comprendido y acogido.”
4.Contemplatio
La Virgen María, templo del Espíritu Santo, ha acogido con fe la Palabra del Señor y se
ha entregado completamente al poder del Amor. Por este motivo se ha convertido en
imagen de la interioridad, o sea toda recogida bajo la mirada de Dios y abandonada a la
potencia del Altísimo. María no habla de sí, para que todo en ella pueda hablar de las
maravillas del Señor en su vida.
1) Oración inicial
Dios todopoderoso y eterno, a quien podemos llamar Padre; aumenta en nuestros
corazones el espíritu filial, para que merezcamos alcanzar la herencia prometida. Por
nuestro Señor.
3) Reflexión
El Evangelio es bien breve. Apenas tres versículos. Describe cómo Jesús acoge a los
niños.
• Mateo 19,13: La actitud de los discípulos ante los niños. Llevaron a los niños ante
Jesús, para que les impusiera las manos y orase por ellos. Los discípulos reñían a
las madres. ¿Por qué? Probablemente, de acuerdo con las normas severas de las
leyes de la impureza, los niños pequeños en las condiciones en las que vivían,
eran considerados impuros. Si hubiesen tocado a Jesús, Jesús hubiera quedado
impuro. Por esto, era importante evitar que llegasen cerca y le tocaran. Pues ya
había acontecido una vez, cuando un leproso tocó a Jesús. Jesús, quedó impuro
y no podía entrar en la ciudad. Tenía que estar en lugares desiertos (Mc 1,4-45)
• Mateo 19,14-15: La actitud de Jesús: acoge y defiende la vida de los niños. Jesús
reprende a los discípulos diciendo: “Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo
impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos”. A Jesús no
le importa transgredir las normas que impedían la fraternidad y la acogida que
había que reservar a los pequeños. La nueva experiencia de Dios como Padre
marcó la vida de Jesús y le dio una mirada nueva para percibir y valorar la
relación entre las personas. Jesús se coloca del lado de los pequeños, de los
excluidos y asume su defensa. Impresiona cuando se junta todo lo que la Biblia
informa sobre las actitudes de Jesús en defensa de la vida de los niños, de los
pequeños:
a) Agradecer por el Reino presente en los pequeños. La alegría de Jesús es
grande, cuando percibe que los niños, los pequeños, entienden las cosas del
Reino que él anunciaba a la gente. “Padre, ¡yo te agradezco!” (Mt 11,25-26) Jesús
reconoce que los pequeños entienden del Reino más que los doctores!
b) Defender el derecho a gritar. Cuando Jesús, al entrar en el Templo, derribó las
mesas de los mercaderes, eran los niños los que gritaban: “¡Hosanna al hijo de
David!” (Mt 21,15). Criticados por los jefes de los sacerdotes y por los escribas,
Jesús los defiende y en su defensa invoca las Escrituras (Mt 21,16).
c) Identificarse con los pequeños. Jesús abraza a los niños y se identifica con
ellos. Quien recibe a un niño, recibe a Jesús (Mc 9, 37). “En verdad os digo que
cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo
hicisteis.” (Mt 25,40).
d) Acoger y no escandalizar. Una de las palabras más duras de Jesús es contra
los que causan escándalo a los pequeños, esto es, son el motivo por el cual los
pequeños dejan de creer en Dios. Para éstos, mejor sería que le cuelguen una
piedra de molino y le hundan en lo profundo del mar (Lc 17,1-2; Mt 18,5-7). Jesús
condena el sistema, tanto político como religioso, que es el motivo por el cual la
gente humilde, los niños, pierden su fe en Dios.
e) Volverse como niños. Jesús pide que los discípulos se vuelvan como niños y
acepten el Reino como niños. Sin eso, no es posible entrar en el Reino (Lc 9,46-
48). ¡Coloca a los niños como profesores de adultos! Lo cual no es normal.
Acostumbramos hacer lo contrario.
f) Acoger y tocar. (El evangelio de hoy). Las madres con niños se acercan a Jesús
para pedir la bendición. Los apóstoles reaccionan y los alejan. Jesús corrige a los
adultos y acoge a las madres con los niños. Los toca y les da un abrazo. “¡Dejad
que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis!” (Mc 10,13-16; Mt 19,13-15).
Dentro de las normas de la época, tanto las madres como los niños pequeños,
todos ellos vivían prácticamente, en un estado de impureza legal. ¡Tocarlos
significaba contraer impureza! Jesús no se incomoda.
g) Acoger y curar. Son muchos los niños y los jóvenes que acoge, cura y resucita:
la hija de Jairo, de 12 años (Mc 5,41-42), la hija de la mujer Cananea (Mc 7,29-30), el
hijo de la viuda de Naim (Lc 7,14-15), el niño epiléptico (Mc 9,25-26), el hijo del
Centurión (Lc 7,9-10), el hijo del funcionario público(Jo 4,50), el niño de los cinco
panes y de los dos peces (Jn 6,9).
5) Oración final
Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, renueva en mi interior un espíritu firme; no me
rechaces lejos de tu rostro, no retires de mí tu santo espíritu. (Sal 51,12-13)
1. Oración inicial
Shadai, Dios de la montaña, que haces de nuestra frágil vida la roca de tu morada,
conduce nuestra mente a golpear la roca del desierto, para que brote el agua para
nuestra sed. La pobreza de nuestro sentir nos cubra como un manto en la obscuridad
de la noche y abra el corazón, para acoger el eco del Silencio y así el alba,
envolviéndonos en la nueva luz matutina, nos lleve con las cenizas consumadas por el
fuego de los pastores del Absoluto, que han vigilado por nosotros junto al Divino
Maestro, al sabor de la santa memoria.
2. Lectio
a) El texto:
49«He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya hubiera
prendido! 50 Con un bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta
que se cumpla! 51 «¿Creéis que estoy aquí para poner paz en la tierra? No, os lo aseguro,
sino división. 52 Porque desde ahora habrá cinco en una casa y estarán divididos; tres
contra dos, y dos contra tres; 53 estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el
padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la
nuera contra la suegra.» 54 Decía también a la gente: «Cuando veis que una nube se
levanta por occidente, al momento decís: `Va a llover', y así sucede. 55 Y cuando sopla el
sur, decís: `Viene bochorno', y así sucede. 56 ¡Hipócritas! Sabéis explorar el aspecto de la
tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis, pues, este tiempo? 57 «¿Por qué no juzgáis por
vosotros mismos lo que es justo? 58 Cuando vayas con tu adversario al magistrado,
procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, el juez te
entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. 59 Te digo que no saldrás de allí
hasta que no hayas pagado el último céntimo.»
b ) Momento de silencio:
3. Meditatio
a) algunas preguntas:
4. Oratio
Salmo 32
1) Oración inicial
¡Oh Dios!, que has preparado bienes inefables para los que te aman; infunde tu amor
en nuestros corazones, para que, amándote en todo y sobre todas las cosas,
consigamos alcanzar tus promesas, que superan todo deseo. Por nuestro Señor.
3) Reflexión
El evangelio de hoy nos narra la historia del joven que pregunta por el camino de la
vida eterna. Jesús le indica el camino de la pobreza. El joven no acepta la propuesta de
Jesús, pues era muy rico. Una persona rica está protegida por la seguridad que la
riqueza le da. Tiene dificultad en abrir la mano de su seguridad. Agarrada a las ventajas
de sus bienes, vive preocupada en defender sus propios intereses. Una persona pobre
no tiene esta preocupación. Pero hay pobres con mentalidad de ricos. Muchas veces, el
deseo de riqueza crea en ellos una enorme dependencia y hace que el pobre sea
esclavo del consumismo, pues queda teniendo deudas por todos los lados. Y no tiene
más tiempo para dedicarse al servicio del prójimo.
• Mateo 19,16-19: Los mandamientos y la vida eterna. Alguien llega cerca de Jesús y
le pregunta: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para poseer la vida eterna?"
Algunos manuscritos informan que se trataba de un joven. Jesús responde
bruscamente: "¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el
Bueno.” Enseguida responde a la pregunta y dice: “Mas si quieres entrar en la
vida, guarda los mandamientos". El joven reacciona y pregunta: “¿Cuáles
mandamientos?” Jesús tiene la bondad de enumerar los mandamientos que el
joven tenía que conocer: "No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no
levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo
como a ti mismo.” Es muy significativa la respuesta de Jesús. El joven había
preguntado por la vida eterna. ¡Quería la vida junto a Dios! Pero Jesús sólo
recordó los mandamientos que hablan respecto de la vida junto al prójimo! ¡No
menciona los tres primeros mandamientos que definen nuestra relación con
Dios! Para Jesús, sólo conseguiremos estar bien con Dios, si sabremos estar bien
con el prójimo. De nada adelanta engañar. La puerta para llegar hasta Dios es el
prójimo. En Marcos, la pregunta del joven es diferente: "Maestro bueno, ¿qué
debo hacer para heredar la vida eterna?" Jesús responde: "¿Por qué me llamas
bueno? Solo Dios, es bueno y nadie más” (Mc 10,17-18). Jesús desvía la atención
de si mismo hacia Dios, pues lo que importa es hacer la voluntad de Dios, revelar
el Proyecto del Padre.
• Mateo 19,20: Observar los mandamientos, ¿para qué sirve? El joven respondió:
"Todo eso lo he guardado. ¿Qué más me falta?" Lo que sigue, es algo curioso. El
joven quería conocer el camino que le llevara a la vida eterna. Ahora, el camino
de la vida eterna era y sigue siendo: hacer la voluntad de Dios, expresada en los
mandamientos. Con otras palabras, el joven observaba sin saber ¡para qué
servían! Si lo hubiera sabido, no hubiera hecho la pregunta. Le sucede como a
muchos católicos que no sabenel porqué lo son. ”Nací católico, ¡por esto soy
católico!” ¡Cosa de costumbre!
• Mateo 19,21-22: La propuesta de Jesús y la respuesta del joven. Jesús responde:
"«Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y
tendrás un tesoro en los cielos; luego sígueme.» Al oír estas palabras, el joven se
marchó entristecido, porque tenía muchos bienes”. Era muy rico. La observancia
de los mandamientos es apenas el primer grado de una escala que va mucho
más lejos y más alto. ¡Jesús pide más! La observancia de los mandamientos
prepara a la persona para que pueda llegar a la entrega total de sí a favor del
prójimo. Marcos dice que Jesús miró al joven con amor (Mc 10,21). Jesús pide
mucho, pero lo pide con mucho amor. El joven no acepta la propuesta de Jesús y
se fue, “porque tenía muchos bienes”.
• Jesús y la opción por los pobres. Un doble cautiverio marcaba la situación de la
gente en la época de Jesús: el cautiverio de la política de Herodes, apoyada por
el Imperio Romano y mantenida por todo un sistema bien organizado de
exploración y de represión, y el cautiverio de la religión oficial, mantenida por las
autoridades religiosas de la época. Por causa de esto, el clan, la familia, la
comunidad, estaban siendo desintegrados y una gran parte del pueblo vivía
excluida, marginada, sin lugar, ni en la religión, ni en la sociedad. Por esto, había
diversos movimientos que, al igual que Jesús, procuraban rehacer la vida en la
comunidad: esenios, fariseos y, más tarde, los celotes. Dentro de la comunidad
de Jesús, sin embargo, había algo nuevo que la diferenciaba de los demás
grupos. Era la actitud ante los pobres y excluidos. Las comunidades de los
fariseos vivían separadas. La palabra “fariseo” querría decir “separado”. Vivían
separadas del pueblo impuro. Algunos fariseos consideraban al pueblo como
ignorante y maldito (Jn 7,49), lleno de pecado (Jn 9,34). No aprendían nada de la
gente (Jn 9,34). Jesús y su comunidad, por el contrario, vivían con las personas
excluidas, consideradas impuras: publicanos, pecadores, prostitutas, leprosos
(Mc 2,16; 1,41; Lc 7,37). Jesús reconoce la riqueza y el valor que los pobres poseen
(Mt 11,25-26; Lc 21,1-4). Los proclama ‘bienaventurados’ porque de ellos es el Reino
de los cielos, de los pobres (Lc 55 6,20; Mt 5,3). Define su propia misión como
“anunciar la Buena Nueva a los pobres” (Lc 4, 18). El mismo vive como pobre. No
posee nada para sí, ni siquiera una piedra donde reclinar la cabeza (Lc 9,58). Y a
quien quiere seguirle para vivir con él, manda escoger: ¡o Dios, o el dinero! (Mt
6,24). ¡Manda hacer la opción por los pobres, como propuso al joven rico! (Mc
10,21) Esta manera diferente de acoger a los pobres y de convivir con ellos era
una prueba del Reino de los Cielos.
5) Oración final
Yahvé es mi pastor, nada me falta. En verdes pastos me hace reposar. Me conduce a
fuentes tranquilas, allí reparo mis fuerzas. (Sal 23,1-3)
1) Oración inicial
¡Oh Dios!, que has preparado bienes inefables para los que te aman; infunde tu amor
en nuestros corazones, para que, amándote en todo y sobre todas las cosas,
consigamos alcanzar tus promesas, que superan todo deseo. Por nuestro Señor.
5) Oración final
Aunque fuese por valle tenebroso, ningún mal temería, pues tú vienes conmigo; tu vara
y tu cayado me sosiegan. (Sal 23,4)
1) Oración inicial
¡Oh Dios!, que has preparado bienes inefables para los que te aman; infunde tu amor
en nuestros corazones, para que, amándote en todo y sobre todas las cosas,
consigamos alcanzar tus promesas, que superan todo deseo. Por nuestro Señor.
3) Reflexión
El evangelio de hoy trae una parábola que encontramos sólo en Mateo. No la hay en los
otros tres evangelios. Como en todas las parábolas, Jesús cuenta una historia hecha de
elementos de la vida diaria de la gente. Retrata la situación social de su tiempo, en la
que los oyentes se reconocían. Pero al mismo tiempo, en la historia de la parábola,
acontecen cosas que nunca acontecen en la realidad de la vida de la gente. Al hablar
del dueño, Jesús piensa en Dios, piensa en su Padre. Por esto, en la historia de la
parábola, el dueño hizo cosas sorprendentes que no acontecen en el día a día de la vida
de los oyentes. En esta actitud extraña del dueño hay que procurar encontrar la llave
para comprender el mensaje de la parábola.
• Mateo 20,1-7: Las cinco veces que el propietario sale en busca de obreros. " El
Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la
mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros
en un denario al día, los envió a su viña.” Así empieza la historia que habla por sí y
no precisaría de ningún comentario. En lo que sigue, el propietario sale otras
cuatro veces para llamar a obreros a que vayan a su viña. Jesús alude al terrible
desempleo de aquella época. Algunos detalles de la historia: (a) el dueño sale
personalmente cinco veces para contratar a los obreros. (b) En la hora de
contratar a los obreros, solamente con el primer grupo decide el salario: un
denario por día. Con los de la hora nona dice: Os daré lo que es justo. Con los
otros no concordó nada, sólo los contrató para que fueran a trabajar en la viña.
(c) Al final del día, a la hora de hacer las cuentas con los obreros, el propietario
manda que el administrador cumpla con este servicio.
• Mateo 20,8-10: La extraña manera de acertar las cuentas al final del día. Al
atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: `Llama a los obreros y
págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros.' Vinieron, pues,
los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Empieza por los
últimos y termina por los primeros’. Aquí, a la hora de hacer cuentas, acontece
algo extraño que no acontece en la vida común. Parece que las cosas se han
invertido. El pago empieza con los que fueron contratados por último y que
trabajaron apenas una hora. El pago es el mismo para todos: un denario, como
había sido combinado con los que fueron contratados al comienzo del día. Al
venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un
denario cada uno. ¿Por qué el propietario hizo esto? ¿Tú harías así? La llave de la
parábola está escondida en este gesto sorprendente del propietario.
• Mateo 20,11-12: La reacción normal de los obreros ante la extraña actitud del
propietario. Los últimos en recibir el salario fueron los que habían sido
contratados los primeros. Estos, así dice la historia, al recibir el mismo pago,
empezaron a murmurar contra el propietario, diciendo: “Estos últimos no han
trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos
aguantado el peso del día y el calor!” Es la reacción normal de sentido común.
Creo que todos nosotros tendríamos la misma reacción y diríamos la misma
cosa al dueño. ¿O no?
• Mateo 20,13-16: La explicación sorprendente del propietario que proporciona la
llave de la parábola. La respuesta del propietario es ésta: “Amigo, no te hago
ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y
vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti.¿Es que no puedo
hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?”
Estas palabras encierran la clave que explica la actitud del propietario y apunta
hacia el mensaje que Jesús quiere comunicar: (a) El propietario no fue injusto,
pues actuó de acuerdo con los que había sido combinado con el primer grupo
de obreros: un denario al día. (b) Es decisión soberana del propietario dar a los
últimos lo mismo que había sido combinado con los de la primera hora. Estos no
tienen derecho a reclamar. (c) Actuando dentro de la justicia, el propietario tiene
derecho a hacer el bien que quiere con las cosas que le pertenecen. El obrero,
por su parte, tiene este mismo derecho. (d) La pregunta final toca el punto
central: O ¿va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?' Dios es diferente. Sus
pensamientos no son nuestros pensamientos (Is 55,8-9).
• El trasfondo de la parábola es la coyuntura de aquella época, la de Jesús como la
de Mateo. Los obreros de la primera hora son el pueblo judío, llamado por Jesús
a trabajar en su viña. Ellos sostuvieron el peso del día, desde Abrahán y Moisés,
más de mil años. Ahora, en la undécima hora, Jesús llama a los paganos para
que vayan a trabajar en su viña y ellos llegan a tener la preferencia en el corazón
de Dios: “Así, los últimos serán los primeros, y los primeros serán los últimos”.
5) Oración final
Bondad y amor me acompañarán todos los días de mi vida, y habitaré en la casa de
Yahvé un sinfín de días. (Sal 23,6)
1) Oración inicial
¡Oh Dios!, que has preparado bienes inefables para los que te aman; infunde tu amor
en nuestros corazones, para que, amándote en todo y sobre todas las cosas,
consigamos alcanzar tus promesas, que superan todo deseo. Por nuestro Señor.
3) Reflexión
El evangelio de hoy narra la parábola del banquete que se encuentra en Mateo y en
Lucas, pero con diferencias significativas, procedentes de la perspectiva de cada
evangelista. El trasfondo, sin embargo, que llevó a los dos evangelistas a conservar esta
parábola es el mismo. En las comunidades de los primeros cristianos, tanto de Mateo
como de Lucas, seguía bien vivo el problema de la convivencia entre judíos convertidos
y paganos convertidos. Los judíos tenían normas antiguas que les impedían comer con
los paganos. Después de haber entrado en la comunidad cristiana, muchos judíos
mantuvieron la costumbre antigua de no sentarse en la mesa con un pagano. Así,
Pedro tuvo conflictos en la comunidad de Jerusalén, por haber entrado en casa de
Cornelio, un pagano y haber comido con él (Hec 11,3). Este mismo problema, sin
embargo, era vivido de forma diferente en las comunidades de Lucas y en las de Mateo.
En las comunidades de Lucas, a pesar de las diferencias de raza, clase y género, tenían
un gran ideal de compartir y de comunión (Hec 2,42; 4,32; 5,12). Por esto, en el evangelio
de Lucas (Lc 14,15-24), la parábola insiste en la invitación dirigida a todos. El dueño de la
fiesta, indignado con la desistencia de los primeros invitados, manda a llamar a los
pobres, a los lisiados, a los ciegos, a los mancos para que participen en el banquete. Con
todo, sobran sitios. Entonces, el dueño de la fiesta manda invitar a todo el mundo,
hasta que se llene la casa. En el evangelio de Mateo, la primera parte de la parábola (Mt
22,1-10) tiene el mismo objetivo de Lucas. Llega a decir que el dueño de la fiesta manda
entrar a “buenos y malos” (Mt 22,10). Pero al final añade otra parábola (Mt 22,11-14) sobre
el traje de la fiesta, que insiste en lo que es específico de los judíos, a saber, la necesidad
de pureza para poder comparecer ante Dios.
• Mateo 22,1-2: El banquete para todos. Algunos manuscritos dicen que la
parábola fue contada para los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo.
Esta afirmación puede así servir como llave de lectura, pues ayuda a comprender
algunos puntos extraños que aparecen en la historia que Jesús cuenta. La
parábola empieza así: "El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró
el banquete de bodas de su hijo. Envió sus siervos a llamar a los invitados a la
boda, pero no quisieron venir”. Esta afirmación inicial evoca la esperanza más
profunda: el deseo de la gente de estar con Dios para siempre. Varias veces en
los evangelios se alude a esta esperanza, sugiriendo que Jesús, el hijo del Rey, es
el novio que viene a preparar la boda (Mc 2,19; Apc 21,2; 19,9).
• Mateo 22,3-6: Los invitados no quisieron venir. El rey hizo unas invitaciones muy
insistentes, pero los invitados no quisieron ir. “Se fueron el uno a su campo, el
otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los
mataron”. En Lucas, son los cometidos de la vida cotidiana que impiden
aceptar la invitación. El primero le dijo: `He comprado un campo y tengo que ir
a verlo; te ruego me dispenses.' Y otro dijo: `He comprado cinco yuntas de
bueyes y voy a probarlas; te ruego me dispenses.' Otro dijo: `Me acabo de casar,
y por eso no puedo ir.” (cf. Lc 14,18-20). Dentro de las normas y las costumbres de
la época, aquellas personas tenían el derecho, y hasta el deber, de no aceptar la
invitación que se les hacía (cf Dt 20,5-7).
• Mateo 22,7: Una guerra incomprensible. La reacción del rey ante el rechazo,
sorprende. “Se enojó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos
homicidas y prendió fuego a su ciudad”. ¿Cómo entender esta reacción tan
violenta? La parábola fue contada para los jefes de los sacerdotes y los ancianos
del pueblo (Mt 22,1), los responsables de la nación. Muchas veces, Jesús les había
hablado sobre la necesidad de conversión. Llegó a llorar sobre la ciudad de
Jerusalén y a decir: "Al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: “¡Si
también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado
oculto a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán
de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes, te estrellarán
contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de ti y no dejarán en ti piedra
sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu visita." (Lc 14,41-44). La
reacción violenta del rey en la parábola se refiere probablemente a lo que
aconteció de hecho según la previsión de Jesús. Cuarenta años después, fue
destruida (Lc 19,41-44; 21,6;).
• Mateo 22,8-10: La invitación permanece en pie. Por tercera vez, el rey invita a la
gente. Dice a los empleados: “La boda está preparada, pero los invitados no
eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis,
invitadlos a la boda.' Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los
que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales.“
Los malos que eran excluidos como impuros de la participación en el culto de los
judíos, ahora son invitados, específicamente, por el rey para participar en la
fiesta. En el contexto de la época, los malos eran los paganos. Ellos también son
convidados para participar en la fiesta de la boda.
• Mateo 22,11-14: El traje de fiesta. Estos versos cuentan como el rey entró en la sala
de fiesta y vio a alguien sin el traje de fiesta. El rey preguntó: 'Amigo, come fue
que has entrado aquí sin traje de boda?' Él se quedó callado. La historia cuenta
que el hombre fue atado y echado a las tinieblas. Y concluye: “Porque muchos
son llamados, mas pocos escogidos.” Algunos estudiosos piensan que aquí se
trata de una segunda parábola que fue añadida para ablandar la impresión que
queda de la primera parábola donde se dice que “malos y buenos” entraron para
la fiesta (Mt 22,10). Lo mismo, admitiendo que ya no es la observancia de la ley
que nos trae la salvación, sino la fe en el amor gratuito de Dios, esto en nada
disminuye la necesidad de la pureza de corazón como condición para poder
comparecer ante Dios.
5) Oración final
Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, renueva en mi interior un espíritu firme; no me
rechaces lejos de tu rostro, no retires de mí tu santo espíritu. (Sal 51,12-13)
1) Oración inicial
¡Oh Dios!, que has preparado bienes inefables para los que te aman; infunde tu amor
en nuestros corazones, para que, amándote en todo y sobre todas las cosas,
consigamos alcanzar tus promesas, que superan todo deseo. Por nuestro Señor.
3) Reflexión
• El texto se ilumina. Jesús se encuentra en Jerusalén, precisamente en el Templo,
donde se inicia un debate entre él y sus adversarios, sumos sacerdotes y escribas
(20,28; 21,15), entre los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo (21,23) y entre
los sumos sacerdotes y los fariseos (21,45). El punto de controversia del debate es:
la identidad de Jesús o del hijo de David, el origen de su identidad, y por tanto, la
cuestión acerca del reino de Dios.
• El evangelista presenta esta trama de debates con una secuencia de
controversias de ritmo creciente: el tributo a pagar al Cesar (22,15-22), la
resurrección de los muertos (22,23-33), el mandamiento más grande (22,34-40),
el mesías, hijo y Señor de David (22,41-46). Los protagonistas de las tres primeras
discusiones son exponentes del judaísmo oficial que intentan poner en
dificultad a Jesús en cuestiones cruciales. Estas disputas son planteadas a Jesús
en calidad de “Maestro” (rabbí), título que manifiesta al lector la comprensión
que los interlocutores tienen de Jesús. Pero Jesús aprovecha la ocasión para
conducirlos a plantearse una cuestión aún más crucial: la toma de posición
definitiva sobre su identidad (22,41-46).
• El mandamiento más grande. Siguiendo los pasos de los saduceos que les han
precedido, los fariseos plantean de nuevo a Jesús una de las cuestiones más
candentes: el mandamiento más grande. Puesto que los rabinos siempre
evidenciaban la multiplicidad de las prescripciones (248 mandamientos),
plantean a Jesús la cuestión de cuál es el mandamiento fundamental, aunque
los mismos rabinos habían inventado una verdadera casuística para reducirlos lo
más posible: David cuenta once (Sal 15,2-5), Isaías 6 seis (Is 33,15), Miqueas tres (Mi
6,8), Amós dos (Am 5,4) y Abacuc sólo uno (Ab 2,4).
• Pero en la intención de los fariseos, la cuestión va más allá de la pura casuística,
pues se trata de la misma existencia de las prescripciones. Jesús, al contestar, ata
juntos el amor de Dios y el amor del prójimo, hasta fusionarlos en uno solo, pero
sin renunciar a dar la prioridad al primero, al cual subordina estrechamente el
segundo. Es más, todas las prescripciones de la ley, llegaban a 613, están en
relación con este único mandamiento: toda la ley encuentra su significado y
fundamento en el mandamiento del amor.
• Jesús lleva a cabo un proceso de simplificación de todos los preceptos de la ley:
el que pone en práctica el único mandamiento del amor no sólo está en sintonía
con la ley, sino también con los profetas (v.40). Sin embargo, la novedad de la
respuesta no está tanto en el contenido material como en su realización: el amor
a Dios y al prójimo hallan su propio contexto y solidez definitiva en Jesús. Hay
que decir que el amor a Dios y al prójimo, mostrado y realizado de cualquier
modo en su persona, pone al hombre en una situación de amor ante Dios y ante
los demás. El doble único mandamiento, el amor a Dios y al prójimo, se convierte
en columnas de soporte, no sólo de las Escrituras, sino también de la vida del
cristiano.
5) Oración final
¡Den gracias a Yahvé por su amor, por sus prodigios en favor de los hombres! Pues
calmó la garganta sedienta, y a los hambrientos colmó de bienes. (Sal 107,8-9)
1) Oración inicial
¡Oh Dios!, que has preparado bienes inefables para los que te aman; infunde tu amor
en nuestros corazones, para que, amándote en todo y sobre todas las cosas,
consigamos alcanzar tus promesas, que superan todo deseo. Por nuestro Señor.
2) Lectura del santo Evangelio según Mateo 23,1-12
Entonces Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos y les dijo: «En la cátedra de
Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os
digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las
echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus
obras las hacen para ser vistos por los hombres; ensanchan las filacterias y alargan las
orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en
las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame `Rabbí'.
«Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar `Rabbí', porque uno solo es vuestro Maestro; y
vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie `Padre' vuestro en la tierra, porque
uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar `Instructores',
porque uno solo es vuestro Instructor: el Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro
servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.
3) Reflexión
El evangelio de hoy forma parte de la larga crítica de Jesús contra los escribas y los
fariseos (Mt 23,1-39). Lucas y Marcos tienen apenas unos trozos de esta crítica contra las
lideranzas religiosas de la época. Sólo el evangelio de Mateo nos informa sobre el
discurso, por entero. Este texto tan severo deja entrever lo enorme que era la polémica
de las comunidades de Mateo con las comunidades de los judíos de aquella época en
Galilea y en Siria.
• Al leer estos textos fuertemente contrarios a los fariseos debemos tener mucho
cuidado para no ser injustos con el pueblo judío. Nosotros los cristianos, durante
siglos, tuvimos actitudes anti-judaicas y, por esto mismo, anti-cristianas. Lo que
importa al meditar estos textos es descubrir su objetivo: Jesús condena la
incoherencia y la falta de sinceridad en la relación con Dios y con el prójimo. Está
hablando contra la hipocresía tanto de ellos como de nosotros, hoy.
• Mateo 23,1-3: El error básico: dicen y no hacen. Jesús se dirige a la multitud y a los
discípulos y critica a los escribas y fariseos. El motivo del ataque es la
incoherencia entre palabra y práctica. Hablan y no practican. Jesús reconoce la
autoridad y el conocimiento de los escribas. “Están sentados en la cátedra de
Moisés. Por esto, haced y observad todo lo que os digan. Pero no imitéis su
conducta, porque dicen y no hacen!”
• Mateo 23,4-7: El error básico se manifiesta de muchas maneras. El error básico es
la incoherencia: “Dicen y no hacen”. Jesús enumera varios puntos que revelan
una incoherencia. Algunos escribas y fariseos imponen leyes pesadas a la gente.
Conocían bien las leyes, pero no las practican, ni usan su conocimiento para
aliviar la carga sobre los hombros de la gente. Hacían todo para ser vistos y
elogiados, usaban túnicas especiales para la oración, les gustaba ocupar sitios
importantes y ser saludados en la plaza pública. Querían ser llamados ¡“Maestro”¡
Representaban un tipo de comunidad que mantenía, legitimaba y alimentaba
las diferencias de clase y de posición social. Legitimaba los privilegios de los
grandes y la posición inferior de los pequeños. Ahora, si hay una cosa que a Jesús
no le gusta son las apariencias que engañan.
• Mateo 23,8-12: Cómo combatir el error básico. ¿Cómo debe ser una comunidad
cristiana? Todas las funciones comunitarias deben ser asumidas como un
servicio: “El mayor entre vosotros será vuestro servidor!” A nadie hay que llamar
Maestro (Rabino), ni Padre, ni Guía. Pues la comunidad de Jesús debe mantener,
legitimar, alimentar no las diferencias, sino la fraternidad. Esta es la ley básica:
“Ustedes son hermanos y hermanas!” La fraternidad nace de la experiencia de
que Dios es Padre, y que hace de todos nosotros hermanos y hermanas. “Pues, el
que se ensalce será humillado, y el que se humille será ensalzado!”
• El grupo de los Fariseos. El grupo de los fariseos nació en el siglo II antes de
Cristo con la propuesta de una observancia más perfecta de la Ley de Dios, sobre
todo de las prescripciones sobre la pureza. Ellos eran más abiertos que los
saduceos a las novedades. Por ejemplo aceptaban la fe en la resurrección y la fe
en los ángeles, cosa que los saduceos no aceptaban. La vida de los fariseos era
un testimonio ejemplar: rezaban y estudiaban la ley durante ocho horas al día;
trabajaban durante ocho horas para poder sobrevivir; descansaban y se divertían
otras ocho horas. Por eso, eran considerados grandes líderes entre la gente. De
este modo, a lo largo de siglos, ayudaron a la gente a conservar su identidad y a
no perderse.
• La mentalidad llamada farisáica. Con el tiempo, sin embargo, los fariseos se
agarraron al poder y dejaron de escuchar los llamados de la gente, ni dejaron
que la gente hablara. La palabra “fariseo” significa “separado”. Su observancia era
tan estricta y rigurosa que se distanciaban del común de la gente. Por eso, eran
llamados “separados”. De ahí nace la expresión "mentalidad farisáica". Es de las
personas que piensan poder conquistar la justicia a través de una observancia
escrita y rigurosa de la Ley de Dios. Generalmente, son personas miedosas, que
no tienen el valor de asumir el riesgo de la libertad y de la responsabilidad. Se
esconden detrás de la ley y de las autoridades. Cuando estas personas alcanzan
una función de mando, se vuelven duras e insensibles para esconder su
imperfección.
• Rabino, Guía, Maestro, Padre. Son los cuatro títulos que Jesús no permite que la
gente use. Y sin embargo, hoy en la Iglesia, los sacerdotes son llamados “padre”.
Muchos estudian en las universidades de la Iglesia y obtienen el título de
“Doctor” (maestro). Mucha gente hace dirección espiritual y se aconseja con las
personas que son llamadas “Director espiritual” (guía). Lo que importa es que se
tenga en cuenta el motivo que llevó a Jesús a prohibir el uso de estos títulos. Si
son usados para que una persona se afirme en una posición de autoridad y de
poder, son mal usados y esta persona se merece la crítica de Jesús. Si son usados
para alimentar la fraternidad y el servicio y para profundizar en ellos, no son
criticados por Jesús.
5) Oración final
Escucharé lo que habla Dios.
Sí, Yahvé habla de futuro para su pueblo y sus amigos, que no recaerán en la torpeza.
(Sal 85,9)
Lucas 13,22-30
1. Lectio
a) Oración inicial:
Estamos delante de ti, oh Padre, y no sabiendo como dialogar contigo nos ayudamos
con las palabras que tu Hijo Jesús ha pronunciado por nosotros. Concédenos escuchar
la resonancia comprometedora de esta palabra:
“Esforzaos por entrar por la puerta estrecha, porque muchos, os digo, tratarán de entrar
y no lo conseguirán”. Es una palabra que dices Tú a cada hombre y mujer que oyen el
evangelio de tu Hijo. Concédenos comprenderla. Para poder leer tu Escritura y gustarla,
sentirla arder como un fuego dentro de mi, te suplicamos, oh Padre: danos tu Espíritu.
Y Tú, María, Madre de la contemplación, que has conservado por tanto tiempo en el
corazón las palabras los acontecimientos y los gestos de Jesús, concédenos contemplar
la Palabra, escucharla, y dejarla penetrar en el corazón.
b) Lectura del texto:
2. Meditatio
a) Clave de lectura:
El pasaje de la liturgia de este domingo está inserto en la segunda parte del evangelio
de Lucas y donde la ciudad de Jerusalén, meta del camino existencial y teológico de
Jesús, se menciona varias veces, de las que tres forman parte del itinerario litúrgico
post-pascual: Lc 9,51 (13º domingo ordinario “C”), Lc 13,22-30 (21º domingo ordinario “C”),
y Lc 17,11 (28º domingo ordinario “C”). La noticia del viaje, colocada al principio del texto
evangélico, ayuda al lector a pensar que está en camino con Jesús hacia Jerusalén. El
camino hacia la ciudad santa es el hilo rojo que atraviesa toda la segunda parte del
evangelio (Lc 9,51-19,46) y la mayor parte de las narraciones comienzan con verbos de
movimiento que presentan a Jesús y a sus discípulos como peregrinos o itinerantes. El
camino de Jesús hacia la ciudad santa no es en sentido estricto un itinerario
geográfico, sino que corresponde a un viaje teológico, espiritual. Tal recorrido
compromete también al discípulo y al lector del evangelio: el “estar” en viaje con Jesús
los configura como itinerantes en su mandato de anunciar el evangelio.
A través de este viaje se asoma la polémica con el mundo judaico que en Lc 13,10-30 se
cuenta en tres episodios: 13,10-17 (la curación de la mujer encorvada), 18-21 (las
parábolas del grano de mostaza y la levadura) y en 22-30 (el discurso de la puerta
estrecha). Este último es el texto propuesto por la liturgia de la Palabra de este
domingo y está así articulado. Ante todo una noticia de viaje que crea el fondo al
discurso de Jesús que viene presentado mientras “pasaba por ciudades y aldeas,
enseñando” (v.22). Es una característica lucana contradistinguir el ministerio de Jesús
como viaje.
Ahora, en una etapa de este itinerario hacia Jerusalén alguien interpela a Jesús con una
pregunta: “¿Cuántos son los que se salvan?”. La respuesta de Jesús no declara ningún
número sobre los salvados, pero con una exhortación - amonestación, “esforzaos”,
indica la conducta a seguir: “entrar por la puerta estrecha”. La imagen reclama al
discípulo y a la comunidad de Lucas a dirigir la propia preocupación sobre el deber
exigente que el camino de la fe pide. Luego de esto, Jesús introduce una enseñanza
verdadera y propia con una parábola que asocia a la imagen de la puerta estrecha la
del dueño de la casa que, cuando la cierra, nadie puede entrar (v.25). Esto último evoca
el final de la parábola de las diez vírgenes en Mt 25,10-12. Estos ejemplos están para
indicar que hay un tiempo intermedio en el cual es necesario empeñarse por recibir la
salvación, antes que la puerta se cierre de modo definitivo e irreversible.
También la participación en los momentos importantes de la vida de la comunidad, la
cena del Señor (“hemos comido y bebido con Él”) y la proclamación de la Palabra (“tú
has enseñado en nuestras plazas”), si no conllevan por cada uno un empeño de vida, no
pueden evitar el peligro de la condena. El evangelio de Lucas ama presentar a Jesús
participando en la mesa de quien lo invita, pero no todos los que se sientan a la mesa
con Él tienen automáticamente derecho a la salvación definitiva que viene a anunciar
con la imagen del banquete. Así, también, el haber escuchado su enseñanza no te
asegura automáticamente que serás salvado. De hecho, en Lucas, la escucha de la
palabra de Jesús es condición indispensable para ser discípulo, pero no suficiente, se
necesita la decisión de seguir al maestro, guardando sus enseñanzas y llevar fruto en la
perseverancia. (Lc 8,15).
Aquellos que no han conseguido entrar por la puerta estrecha antes de que se cerrase,
se llaman “operadores de iniquidad”: son los que no se han empeñado en realizar el
plan de Dios. Su situación futura viene presentada de modo figurativo con una
expresión que habla de la irreversibilidad de no ser salvados: “Allí será el llanto y el crujir
de dientes” (v.28)
Es interesante la referencia a los grandes patriarcas bíblicos (Abrahám, Isaac, Jacob) y a
todos los profetas: ellos entrarán a formar parte del reino de Dios. Si a los
contemporáneos de Jesús esta afirmación podía parecer que la salvación era como un
derecho de Israel, para los cristianos de la comunidad de Lucas constituía un aviso a no
considerar de modo automático esta modalidad salvífica. El reino que Jesús anuncia se
convierte en lugar donde se encuentran discípulos que vienen de “oriente y occidente,
de septentrión y del sur” (v.29). El discurso de Jesús inaugura un dinamismo de
salvación que envuelve a toda la humanidad y se dirige sobre todo a los pobres y
enfermos (Lc 14, 15-24). Lucas, más que los otros evangelistas, es sensible al anuncio de
una salvación universal y presenta a Jesús que ofrece la promesa de la salvación no
sólo para Israel, sino para todos los pueblos.
Una señal de este cambio de condición de salvación es la afirmación final: “los últimos
serán los primeros y los primeros serán los últimos” (v.30). Una afirmación que indica
cómo Dios destroza y rompe los mecanismos de la lógica humana: ninguno debe
confiar en las posiciones que ha conseguido, sino que es invitado a estar siempre
sintonizado con la onda del evangelio.
b) Algunas preguntas:
3. Oratio
a) Salmo 117, 1-2
Oh Señor, haz que sintamos la viveza de tu Palabra que hemos escuchado; corta, te
rogamos, los nudos de nuestra incerteza, los lazos, de nuestros “sí” y “pero” que nos
impiden entrar en la salvación por la puerta estrecha. Concédenos acoger sin miedo,
sin muchas dudas, la palabra de Dios que nos invita al deber y al trabajo de la vida de
fe: Oh Señor, haz que tu Palabra escuchada en este domingo, día del Señor, nos libere
de las falsas seguridades sobre la salvación y nos dé gozo, nos refuerce, nos purifique y
nos salve. Y tú, María, modelo de escucha y de silencio, ayúdanos a vivir, auténticos, de
entender que todo lo que es difícil se convertirá en fácil, lo que es obscuro se hará
luminoso en la fuerza de la Palabra.
4. Contemplatio
La contemplación es el momento culminante de la lectura bíblica meditada y orada.
Contemplar es entrar en una relación de fe y de amor, mediante la escucha de la
Palabra, con Dios que es vida y verdad y que en Cristo nos ha revelado su rostro. La
Palabra de Dios te descubre aquel rostro escondido en cada página de la Sagrada
Escritura. Basta mirar con admiración, abrirse a la luz, dejar que te penetre. Es el éxtasis
que se experimenta delante de lo bello y de lo bueno. Prolonga en tu vida de cada día
el clima de esta gran comunicación que has experimentado con Dios en la escucha de
su Palabra y conserva el gusto de la belleza en el diálogo con los otros, en el trabajo que
desarrolles.
1) Oración inicial
¡Oh Dios!, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo; inspira a tu pueblo
el amor a tus preceptos y la esperanza en tus promesas, para que, en medio de las
vicisitudes del mundo, nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría. Por
nuestro Señor.
3) Reflexión
Los próximos tres días vamos a meditar el discurso que Jesús pronunció criticando a
los doctores de la ley y a los fariseos, llamándolos hipócritas. En el evangelio de hoy (Mt
23,13-22), Jesús pronuncia contra ellos cuatro ‘ay’ o plagas. En el evangelio de mañana
se añaden otros dos (Mt 23,23-26), y en evangelio de pasado mañana otros dos (Mt
23,27-32). En todo ocho ‘ay’ o plagas contra los líderes religiosos de la época. Son
palabras muy duras. Al meditarlas, tengo que pensar en los doctores y en los fariseos
del tiempo de Jesús, pero también y sobre todo en el hipócrita que hay en mí, en
nosotros, en nuestra familia, en nuestra Iglesia, en la sociedad de hoy. Vamos a mirar en
el espejo del texto para descubrir lo que existe de errado en nosotros.
• Mateo 23,13: El primer ‘ay’ contra los que cierran la puerta del Reino. “Que
cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a
los que están entrando no les dejáis entrar”. ¿Cómo cierran el Reino?
Presentando a Dios como un juez severo, dejando poco espacio a la misericordia.
Imponiendo en nombre de Dios leyes y normas que no tienen nada que ver con
los mandamientos de Dios, falsificando la imagen del Reino y matando en los
otros el deseo de servir a Dio y el Reino. Una comunidad que se organiza
alrededor de este falso dios “no entra en el Reino”, ni es expresión del Reino, e
impide que sus miembros entren en el Reino.
• Mateo 23,14: El segundo ‘ay’ contra los que usan la religión para enriquecerse.
Ustedes explotan a las viudas, y roban en sus casas y, para disfrazar, hacen
largas oraciones! Por esto, ustedes van a recibir una condena muy severa”.
Jesús permite que los discípulos vivan del evangelio, pues dice que el obrero
merece su salario (Lc 10,7; cf. 1Cor 9,13-14), pero usar la oración y la religión como
medio para enriquecerse, esto es hipocresía y no revela la Buena Nueva de Dios.
Transforma la religión en un mercado. Jesús expulsa a los comerciantes del
Templo (Mc 11,15-19) citando a los profetas Isaías y Jeremías: “Mi casa es casa de
oración para todos los pueblos y ustedes la han transformado en una cueva de
ladrones” (Mc 11,17; cf. Is 56,7; Jr 7,11)). Cuando el mago Simeón quiso comprar el
don del Espíritu Santo, Pedro lo maldijo (Hec 8,18-24). Simón recibió la “condena
más severa” de la que Jesús habla en el evangelio de hoy.
• Mateo 23,15: El tercero ‘ay’ contra los que hacen proselitismo. “Ustedes que
recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis
hijo de condenación el doble que vosotros!”. Hay personas que se hacen
misioneros y misioneras y anuncian el evangelio no para irradiar la Buena Nueva
del amor de Dios, sino para atraer a otros a su grupo o a su iglesia. Una vez, Juan
prohibió a una persona el que usara el nombre de Jesús porque no formaba
parte de su grupo. Jesús respondió: “No se lo impidáis. Pues el que no está
contra nosotros, está por nosotros” (Mc 9,39). El documento de la Asamblea
Plenaria de los obispos de América Latina, se realizó en el mes de mayo de 2008,
en Aparecida, Brasil, bajo el título: “¡Discípulos y misioneros de Jesucristo, para
que en él nuestros pueblos tengan vida!” Es decir que el objetivo de la misión no
es para que los pueblos se vuelvan católicos, ni para hacer proselitismo, sino para
que los pueblos tengan vida, y vida en abundancia.
• Mateo 23,16-22: El cuarto ‘ay’ contra los que viven haciendo juramento. “Ustedes
dicen: ' Si uno jura por el Santuario, eso no es nada; mas si jura por el oro del
Santuario, queda obligado!”. Jesús hace un largo razonamiento para mostrar la
incoherencia de tantos juramentos que la gente hacía o que la religión oficial
mandaba hacer: juramento por el oro del templo o por la ofrenda que está sobre
el altar. La enseñanza de Jesús, indicada en el Sermón de la Montaña, es el mejor
comentario del mensaje del evangelio de hoy: “Pues yo os digo que no juréis en
modo alguno: ni por el Cielo, porque es el trono de Dios, ni por la Tierra, porque
es el escabel de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey. Ni
tampoco jures por tu cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes
hacerlo blanco o negro. Sea vuestro lenguaje: `Sí, sí' `no, no': que lo que pasa de
aquí viene del Maligno” (Mt 5,34-37).
4) Para la reflexión personal
• Son cuatro ‘Ay’ o cuatro plagas, cuatro motivos para recibir la crítica severa de
parte de Jesús. ¿Cuál de las cuatro críticas cabe en mí?
• Nuestra Iglesia, ¿se merece hoy estos ‘ay’ de parte de Jesús?
5) Oración final
¡Cantad a Yahvé un nuevo canto, canta a Yahvé, tierra entera, cantad a Yahvé, bendecid
su nombre! (Sal 96,1-2)
1) Oración inicial
¡Oh Dios!, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo; inspira a tu pueblo
el amor a tus preceptos y la esperanza en tus promesas, para que, en medio de las
vicisitudes del mundo, nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría. Por
nuestro Señor.
3) Reflexión
El evangelio de hoy presenta dos otros ‘hay’ que Jesús pronuncia contra los líderes
religiosos de su época. Los dos ‘ay’ de hoy denuncian la falta de coherencia entre
palabra y actitud, entre el exterior y el interior. Repetimos hoy lo que afirmamos antes.
Al meditar las palabras tan duras de Jesús, tengo que pensar no sólo en los doctores y
en los fariseos de la época de Jesús., sino que también y sobre todo en el hipócrita que
hay en mí, en nosotros, en nuestra familia, en la comunidad, en nuestra iglesia, en la
sociedad de hoy. Vamos a mirar en el espejo del texto, para descubrir lo que hay de
errado en nosotros.
• Mateo 23,23-24: El quinto ‘ay’ contra los que insisten en la observancia y olvidan
la misericordia. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el
diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de
la Ley: la justicia, la misericordia y la fe!”. Este quinto ‘ay’ de Jesús contra los
líderes religiosos de aquella época puede ser repetido contra muchos líderes
religiosos de los siglos siguientes, hasta hoy. Muchas veces, en nombre de Dios,
insistimos en detalles y olvidamos la misericordia. Por ejemplo, el jansenismo
volvió la vivencia de la fe árida, insistiendo en observancias y penitencias que
desviaron al pueblo del camino del amor. La hermana carmelita Teresa de
Lisieux creció en este ambiente jansenista, que marcaba la Francia del final del
siglo XIX. Fue a partir de una dolorosa experiencia personal que ella supo
recuperar la gratuidad del amor de Dios con la fuerza que debe animar por
dentro la observancia de las normas. Pues, sin la experiencia del amor, las
observancias hacen de Dios un ídolo.
• Mateo 23,25-26: El sexto ‘ay’ contra los que limpian las cosas por fuera y las
ensucian por dentro. “«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que
purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de rapiña
e intemperancia! ¡Fariseo ciego, purifica primero por dentro la copa, para que
también por fuera quede pura!” En el Sermón de la Montaña, Jesús critica a los
que observan la letra de la ley y transgreden el espíritu de la ley. Dice: " Habéis
oído que se dijo a los antepasados: No matarás; y aquel que mate será reo ante el
tribunal. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será
reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano `imbécil', será reo ante el
Sanedrín; y el que le llame `renegado', será reo de la gehenna de fuego. «Habéis
oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pues yo os digo: Todo el que mira a una
mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón” (Mt 5,21-22.27-
28). No basta observar la letra de la ley. No basta no matar, no robar, no cometer
adulterio, no jurar, para ser fiel a lo que Dios nos pide. Sólo observa plenamente
la ley de Dios aquel que, más allá de la letra, va hasta la raíz y arranca dentro de sí
“los deseos de robo y de codicia” que pueden llevar al asesinato, al robo, al
adulterio. La plenitud de la ley se realiza en la práctica del amor.
5) Oración final
Anunciad su salvación día a día, contad su gloria a las naciones, sus maravillas a todos
los pueblos. (Sal 96,2-3)
1) Oración inicial
¡Oh Dios!, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo; inspira a tu pueblo
el amor a tus preceptos y la esperanza en tus promesas, para que, en medio de las
vicisitudes del mundo, nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría. Por
nuestro Señor.
2) Lectura del santo Evangelio según Mateo 23,27-32
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros
blanqueados, que por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos
de muertos y de toda inmundicia! Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante
los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad. «¡Ay de
vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque edificáis los sepulcros de los profetas y
adornáis los monumentos de los justos, y decís: ` Si nosotros hubiéramos vivido en el
tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte con ellos en la sangre de los
profetas!' Con lo cual atestiguáis contra vosotros mismos que sois hijos de los que
mataron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!
3) Reflexión
Estos dos ‘ay’ que Jesús pronuncia contra los doctores de la ley y los fariseos de su
tiempo, retoman y refuerzan el mismo tema de los dos ‘ay’ del evangelio de ayer. Jesús
critica la falta de coherencia entre palabra y práctica, entre interior y exterior.
• Mateo 23,27-28: El séptimo ‘ay’ contra los que parecen sepulcros blanqueados.
“Ustedes por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis
llenos de hipocresía y de iniquidad.”. La imagen de “sepulcros blanqueados”
habla por sí sola y no necesita comentario. Jesús condena a los que tienen una
apariencia ficticia de persona correcta, pero cuyo interior es la negación total de
aquello que quieren aparecer por fuera.
• Mateo 23,29-32: El octavo ‘hay’ contra los que edificáis los sepulcros de los
profetas, pero no los imitan. Los doctores y los fariseos decían: “Si nosotros
hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte
con ellos en la sangre de los profetas!' Y Jesús concluye: personas que hablan así
“confiesan que sois hijos de los que mataron a los profetas”, pues ellos dicen
“nuestros padres”. Y Jesús termina diciendo: “Pues bien: colmad también
vosotros la medida de vuestros padres!” De hecho, a esas alturas de los
acontecimientos, ellos ya habían decidido matar a Jesús. Y así acababan de
colmar la medida de los padres.
5) Oración final
¡Dichosos los que temen a Yahvé y recorren todos sus caminos! Del trabajo de tus
manos comerás, ¡dichoso tú, que todo te irá bien! (Sal 128,1-2)
3) Reflexión
El evangelio de hoy, fiesta de San Agustín, habla de la venida del Señor al final de los
tiempos y nos exhorta a la vigilancia. En la época de los primeros cristianos mucha
gente pensaba que el final de este mundo estaba cerca y que Jesús volvería luego. Hoy
mucha gente piensa que el fin del mundo está cerca. Por esto, es bueno reflexionar
sobre el significado de vigilancia.
• Mateo 24,42: Vigilancia “Por tanto, Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá
vuestro Señor.” Respecto del día y de la hora del fin del mundo, Jesús había
dicho: " ¡Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el
Hijo, sino sólo el Padre.!" (Mc 13,32). Hoy, mucha gente vive preocupada con el fin
del mundo. En las calles de las ciudades, muchas veces se ve escrito: ¡Jesús
volverá! ´¿Y cómo será esa venida? Después del año 1000, apoyados en el
Apocalipsis de Juan (Apoc 20,7), comenzaron a decir: “Los mil primeros años
pasaron, pero los 2000 años no pasarán!” Por esto, en la medida en que se
acercaba el año 2000, muchos quedaban preocupados. Hasta hubo gente que,
angustiada con la proximidad del fin del mundo, llegó a suicidarse. Otros,
leyendo el Apocalipsis de Juan, llegaron a predecir la hora exacta del fin. Pero el
año 2000 pasó y no aconteció nada. ¡El fin no llegó! Muchas veces, la afirmación
“Jesús volverá” es usada para dar miedo a la gente y ¡obligarla a atender una
determinada iglesia! Otros, de tanto esperar y especular en torno a la venida de
Jesús, no perciben más su presencia en medio de ellos, en las cosas comunes de
cada día, en los hechos de día a día.
• La misma problemática existía en las comunidades cristianas de los primeros
siglos. Mucha gente de las comunidades decía que el fin de este mundo estaba
cerca y que Jesús volvería luego. Algunos de la comunidad de Tesalónica en
Grecia, apoyándose en la predicación de Pablo decían: “¡Jesús volverá luego!” (1
Tes 4,13-18; 2 Tes 2,2). Por esto, había personas que no trabajaban, porque
pensaban que la venida fuera cosa de pocos días o semanas. “¿Trabajar, para
qué, si Jesús iba a volver?” (cf 2Ts 3,11). Pablo responde que no era tan simple
como se lo imaginaban. Y a los que no trabajaban decía. “¡Quién no quiere
trabajar, que no coma!” Otros se quedaban mirando al cielo, aguardando el
retorno de Jesús sobre las nubes (cf Hec 1,11). Otros se quejaban de que se
demorara (2Pd 3,4-9). En general, los cristianos vivían en la expectativa de la
venida inminente de Jesús. Jesús vendría a realizar el Juicio Final para terminar
con la historia injusta de este mundo acá e inaugurar la nueva fase de la historia,
la fase definitiva del Nuevo Cielo y de la Nueva Tierra. Pensaban que esto
acontecería dentro de una o dos generaciones. Mucha gente viviría aun cuando
Jesús iba a aparecer glorioso en el cielo (1Ts 4,16-17; Mc 9,1). Otros, cansados de
esperar, decían: ¡No volverá nunca! (2 Pd 3,4).
• Hasta hoy, la venida de Jesús ¡no ha acontecido! ¿Cómo entender esta demora?
Es que no percibimos que Jesús ha vuelto ya, ya está en medio de nosotros: “Yo
estaré en medio de vosotros todos los días, hasta el fin del mundo." (Mt 28,20). El
ya está al lado de nosotros, en la lucha por la justicia, por la paz y por la vida. La
plenitud no ha llegado todavía, pero una muestra o garantía del Reino ya está en
medio de nosotros. Por esto, aguardamos con firme esperanza la liberación de la
humanidad y de la naturaleza (Rom 8,22-25). Mientras esperamos y luchamos,
decimos acertadamente: “¡Él ya está en medio de nosotros!” (Mt 25,40).
• Mateo 24,43-51: El ejemplo del dueño de la casa y de sus empleados.
“Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir
el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa.”. Jesús lo deja
bien claro. Nadie sabe nada respecto de la hora: "¡Cuando a ese día y a esa hora,
nadie sabe nada, ni los ángeles, ni el Hijo, sino solamente el Padre!" Lo que
importa no es saber la hora del fin de este mundo, sino tener una mirada capaz
de percibir la venida de Jesús ya presente en medio de nosotros en la persona
del pobre (cf Mt 25,40) y en tantos otros modos y acontecimientos de la vida de
cada día. Lo que importa es abrir los ojos y tener presente el ejemplo del buen
empleado del que habla Jesús en la parábola.
5) Oración final
1) Oración inicial
¡Oh Dios!, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo; inspira a tu pueblo
el amor a tus preceptos y la esperanza en tus promesas, para que, en medio de las
vicisitudes del mundo, nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría. Por
nuestro Señor.
2) Lectura del santo Evangelio según Marcos 6,17-29
Es que Herodes era el que había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la
cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con quien Herodes se
había casado. Porque Juan decía a Herodes: «No te está permitido tener la mujer de tu
hermano.» Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a
Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy
perplejo, y le escuchaba con gusto. Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su
cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de
Galilea. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los
comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré.»
Y le juró: «Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino.» Salió la muchacha y
preguntó a su madre: «¿Qué voy a pedir?» Y ella le dijo: «La cabeza de Juan el Bautista.»
Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: «Quiero que ahora
mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.» El rey se llenó de
tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. Y al
instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se
fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la
muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse sus discípulos, vinieron a
recoger el cadáver y le dieron sepultura.
3) Reflexión
Hoy conmemoramos el martirio de San Juan Bautista. El evangelio describe cómo
murió el Bautista, sin proceso, durante un banquete, víctima de la prepotencia y de la
corrupción de Herodes y de su corte.
• Marcos 6,17-20. La causa de la prisión y del asesinato de Juan. Herodes era un
empleado del imperio romano. Quien mandaba en Palestina, desde el año 63
antes de Cristo, era César, el imperador de Roma. Herodes, para no ser depuesto,
trataba de agradar a Roma en todo. Insistía sobre todo en una administración
eficiente que diera lucro al Imperio y a él mismo. La preocupación de Herodes
era su propia promoción y seguridad. Por esto, reprimía cualquier tipo de
subversión. A él le gustaba ser llamado bienhechor del pueblo, pero en realidad
era un tirano (cf. Lc 22,25). Flavio José, un escritor de aquel época, informa que el
motivo de la prisión de Juan Bautista era el miedo que Herodes tenía a un
levantamiento popular. La denuncia de Juan Bautista contra la moral depravada
de Herodes (Mc 6,18), fue la gota que hizo desbordar el vaso, y Juan fue llevado a
la cárcel.
• Marcos 6,21-29: La trama del asesinado. Aniversario y banquete de fiesta, con
danzas y orgías. Era un ambiente en que los poderosos del reino se reunían y en
el cual se hacían las alianzas. La fiesta contaba con una presencia “de los grandes
de la corte y de las personas importantes de Galilea”. En este ambiente se trama
el asunto de Juan Bautista. Juan, el profeta, era una denuncia viva de ese
sistema corrompido. Por eso fue eliminado bajo pretexto de un problema de
venganza personal. Todo esto revela la debilidad moral de Herodes. Tanto poder
acumulado en mano de un hombre sin control de sí. En el entusiasmo de la
fiesta y del vino, Herodes hizo un juramento liviano a una joven bailarina.
Supersticioso como era, pensaba que tenía que mantener el juramento. Para
Herodes, la vida de los súbditos no valía nada. Disponía de ellos como de la
posición de las sillas en su sala. Marcos cuenta el hecho tal y cual y deja a las
comunidades y a nosotros la tarea de sacar conclusiones.
• Pero entre líneas, el evangelio de hoy trae muchas informaciones sobre el
tiempo en que Jesús vivió y sobre la manera en qué era ejercido el poder por los
poderosos de la época. Galilea, tierra de Jesús, era gobernada por Herodes
Antipas, hijo del rey Herodes, el Grande, desde el 4 antes de Cristo hasta el 39
después de Cristo. En todo ¡43 años! Durante todo el tiempo en que Jesús vivió,
no hubo mudanza en el gobierno en Galilea. Herodes era dueño absoluto de
todo, no daba cuenta a nadie, hacía lo que le pasaba por la cabeza. ¡Prepotencia,
falta de ética, poder absoluto, sin control por parte de la gente!
• Herodes construyó una nueva capital, llamada Tiberíades. Sefforis, la antigua
capital, había sido destruida por los romanos en represalia por un levantamiento
popular. Esto aconteció cuando Jesús tenía quizás siete años. Tiberíades, la
nueva capital, fue inaugurada trece años más tarde, cuando Jesús tenía 20 años.
Era llamada así para agradar a Tiberio, el emperador de Roma. Tiberíades era un
lugar extraño en Galiela. Allí vivían el rey, “los grandes, los generales y los
magnates de Galilea” (Mc 6,21). Allá moraban los dueños de las tierras, los
soldados, los policías, los jueces muchas veces insensibles (Lc 18,1-4). Hacia allí se
llevaban los impuestos y el producto de la gente. Era allí donde Herodes hacia
sus orgías de muerte (Mc 6,21-29). No consta en los evangelios que Jesús hubiese
entrado en la ciudad.
• A lo largo de aquellos 43 años de gobierno de Herodes, se crió toda una clase de
funcionarios fieles al proyecto del rey: escribas, comerciantes, dueños de tierras,
fiscales del mercado, publicanos y recaudadores de impuestos, promotores, jefes
locales. La mayor parte de este personal moraba en la capital, gozando de los
privilegios que Herodes ofrecía, por ejemplo, exención de impuestos. La otra
parte vivía en las aldeas. En cada aldea o ciudad había un grupo de personas que
apoyaban al gobierno. Varios escribas y fariseos estaban ligados al sistema y a la
política del gobierno. En los evangelios, los fariseos aparecen junto con los
herodianos (Mc 3,6; 8,15; 12,13), lo cual refleja la alianza que existía entre el poder
religioso y el poder civil. La vida de la gente en las aldeas de Galilea era muy
controlada, tanto por el gobierno como por la religión. Era necesario tener
mucho valor para comenzar algo nuevo, como hicieron Juan y Jesús. Era lo
mismo que atraer sobre sí la rabia de los privilegiados, tanto del poder religioso
como del poder civil, tanto a nivel local como estatal.
5) Oración final
A ti me acojo, Yahvé, ¡nunca quede confundido! ¡Por tu justicia sálvame, líbrame,
préstame atención y sálvame! (Sal 71,1-2)
Lectio Divina: sábado, 30 de agosto
de 2025
Tiempo Ordinario
1) Oración inicial
¡Oh Dios!, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo; inspira a tu pueblo
el amor a tus preceptos y la esperanza en tus promesas, para que, en medio de las
vicisitudes del mundo, nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría. Por
nuestro Señor.
3) Reflexión
El evangelio de hoy nos habla de la Parábola de los Talentos. Esta parábola está situada
entre dos otras parábolas: la parábola de las Diez Vírgenes (Mt 25,1-13) y la parábola del
Juicio Final (Mt 25,31-46). Las tres parábolas esclarecen y orientan a las personas sobre
la llegada del Reino. La parábola de las Diez Vírgenes insiste en la vigilancia: el Reino
puede llegar en cualquier momento. La parábola del Juicio Final dice que para tomar
parte en el Reino hay que acoger a los pequeños. La parábola de los Talentos orienta
sobre cómo hacer para que el Reino pueda crecer. Habla sobre los dones o carisma que
las personas reciben de Dios. Toda persona tiene algunas cualidades, sabe alguna cosa
que ella puede enseñar a los otros. Nadie es solamente alumno, nadie es solamente
profesor. Aprendemos unos de otros. Una clave para comprender la parábola. Una de
las cosas que más influyen en la vida de la gente es la idea que nos hacemos de Dios.
Entre los judíos de la línea de los fariseos, algunos se imaginaban a Dios como un Juez
severo que los trataba según el mérito conquistados por las observancias. Esto causaba
miedo e impedía el crecimiento de las personas. Sobre todo impedía que ellas abriesen
un espacio dentro de sí para acoger la nueva experiencia de Dios que Jesús
comunicaba. Para ayudar a estas personas, Mateo cuenta la parábola de los talentos.
• Mateo 25,14-15: La puerta de entrada en la historia de la parábola. Jesús cuenta la
historia de un hombre que, antes de viajar, distribuye sus bienes a los
empleados, dándoles cinco, dos o un talento, según la capacidad de cada uno.
Un talento corresponde a 34 kilos de oro, ¡lo cual no es poco! En el fondo, cada
uno recibe igual, pues recibe “según su capacidad”. Quien tiene vaso grande,
recibe el vaso lleno. Quien tiene el vaso pequeño, recibe el vaso lleno. Luego el
dueño se va al extranjero y queda allí mucho tiempo. La historia tiene un cierto
suspense. No se sabe con qué finalidad el dueño ha entregado su dinero a los
empleados, ni sabe cómo va a ser el final.
• Mateo 25,16-18: La manera de actuar de cada empleado. Los dos primeros
trabajan y hacen duplicar los talentos. Pero aquel que recibe un talento cava un
hoyo en la tierra y lo esconde bien para no perderlo. Se trata de los bienes del
Reino que se entregan a las comunidades y a las personas según su capacidad.
Todos y todas recibimos algunos bienes del Reino, ¡pero no todos respondemos
de la misma manera!
• Mateo 25,19-23: Rendimiento de cuentas del primero y del segundo empleado, y
la respuesta del Señor. Después de mucho tiempo, el dueño vuelve. Los dos
primeros dicen la misma cosa: “Señor, cinco/dos talentos me entregaste: aquí
tienes otros cinco/dos que gané!” Y el señor da la misma respuesta: “Muy bien,
siervo bueno y fiel. En lo poco has sido fiel, en lo mucho te pondré. Entra en el
gozo de su señor”
• Mateo 25,24-25: Rendimiento de cuentas del tercer empleado. El tercer
empleado llega y dice: “Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde
no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y
escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo.!” En esta frase
despunta una idea errada de Dios que es criticada por Jesús. El empleado ve a
Dios como un patrón severo. Ante un Dios así, el ser humano tiene miedo y se
esconde atrás de la observancia exacta y mezquina de la ley. Piensa que, al
actuar así, la severidad del legislador no va a poderle castigar. En realidad, una
persona así no cree en Dios, sino que apenas cree en si misma y en su
observancia de la ley. Se encierra en si misma, se desliga de Dios y no consigue
interesarse en los otros. Se vuelve incapaz de crecer como persona libre. Esta
imagen falsa de Dios aísla al ser humano, mata a la comunidad, acaba con la
alegría y empobrece la vida.
• Mateo 25,26-27: Respuesta del Señor al tercer empleado. La respuesta del señor
es irónica. Dice: “Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no
sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los
banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses.!” El tercer
empleado no fue coherente con la imagen severa que tenía de Dios. Si se
imaginaba a un Dios severo de aquella manera, hubiera tenido por lo menos que
colocar el dinero en un banco. Es decir que él será condenado no por Dios, sino
por la idea errada que tenía de Dios y que lo deja miedoso e inmaduro. No va a
ser posible ser coherente con aquella imagen de Dios, pues el miedo
deshumaniza y paraliza la vida.
• Mateo 25,28-30: La palabra final del Señor que esclarece la parábola. El señor
manda quitarle el talento para darlo a aquel que tiene diez “Porque a todo el que
tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.”.
Aquí está la clave que aclara todo. En realidad, los talentos, el “dinero del dueño”,
los bienes del Reino, son el amor, el servicio, el compartir. Es todo aquello que
hace crecer la comunidad y revela la presencia de Dios. Aquel que se encierra en
si mismo con miedo a perder lo poco que tiene, va a perder hasta lo poco que
tiene. Pero la persona que no piensa en sí y se entrega a los demás, va a crecer y
recibir de forma inesperada, todo aquello que entregó y mucho más. “Pierde la
vida quien quiere asegurarla, la gana quien tiene el valor de perderla”
• La moneda diferente del Reino. No hay diferencia entre los que reciben más y los
que reciben menos. Todos tienen su don según su capacidad. Lo que importa es
que este don sea puesto al servicio del Reino y haga crecer los bienes del Reino
que son amor, fraternidad, compartir. La clave principal de la parábola no
consiste en hacer producir los talentos, sino en relacionarse con Dios de forma
correcta. Los dos primeros no preguntan nada, no buscan su bienestar, no
guardan para sí, no se encierran en sí mismos, no calculan. Con la mayor
naturalidad, casi siempre sin darse cuenta y sin buscar mérito, empiezan a
trabajar para que el don que Dios les ha dado rinda para Dios y para el Reino. El
tercero tiene miedo, y no hace nada. De acuerdo con las normas de la antigua
ley estaba en lo correcto. Se mantiene dentro de las exigencias. No pierde nada y
no gana nada. ¡Por esto, pierde hasta lo que tenía. El Reino es riesgo. Aquel que
no corre riesgos, pierde el Reino!
5) Oración final
Esperamos anhelantes a Yahvé, él es nuestra ayuda y nuestro escudo; en él nos
alegramos de corazón y en su santo nombre confiamos. (Sal 33,20-21)
La parábola de los primeros y los últimos puestos: el que se humilla será ensalzado
Lucas 14,1.7-14
Señor, todos tenemos una sed insaciable de escucharte, y tú lo sabes, porque tú nos
has creado así. «Tú sólo tienes palabras de vida eterna» (Jn 6,68). Creemos en estas
palabras, de estas palabras tenemos hambre y sed; por estas palabras, con humildad y
amor, comprometemos toda nuestra fidelidad. «Habla, Señor, que tu siervo te escucha»
(1 Sam 3,9). Es la oración del inconsciente Samuel, la nuestra es un poco diversa, pero
ha sido justo tu voz, tu Palabra, la que ha cambiado el temblor de la antigua oración en
el deseo de un hijo que le grita a su Padre: Habla porque tu hijo te escucha.
b) Lectura del Evangelio:
1Sucedió que un sábado fue a comer a casa de uno de los jefes de los fariseos. Ellos le
estaban observando. 7 Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo
una parábola: 8 «Cuando alguien te invite a una boda, no te pongas en el primer puesto,
no sea que haya invitado a otro más distinguido que tú 9y, viniendo el que os invitó a ti
y a él, te diga: `Deja el sitio a éste', y tengas que ir, avergonzado, a sentarte en el último
puesto. 10 Al contrario, cuando te inviten, vete a sentarte en el último puesto, de manera
que, cuando venga el que te invitó, te diga: `Amigo, sube más arriba.' Y esto será un
honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa. 11Porque todo el que se
ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.» 12 Dijo también al que le
había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus
hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez y
tengas ya tu recompensa. 13 Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a
los cojos, a los ciegos; 14 y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te
recompensará en la resurrección de los justos.»
c) Momentos de oración silenciosa:
Para ser alcanzados por la Palabra de Cristo y para que la Palabra hecha carne, que es Cristo,
pueda habitar en nuestros corazones y nosotros podamos adherirnos a ella, es necesario que
haya una escucha y un silencio profundo.
La parábola de la elección de los últimos lugares está situada en sábado, cuando Jesús
está ya en Jerusalén, donde se cumplirá el misterio pascual, donde se celebrará la
eucaristía de la nueva alianza, a la cual le seguirá después, el encuentro con el viviente
y el encargo de la misión de los discípulos que prolongará la de Jesús. La luz de la
Pascua permite ver el camino que el Señor hace recorrer a todos aquellos que son
llamados para representarlo como siervo, diakonos, en medio de la comunidad,
recogida en torno a la mesa. Es el tema lucano de la comunión o participación. La
realidades más hermosas las ha realizado Jesús, las ha proclamado y enseñado a la
mesa, en un ambiente de banquete.
En el capítulo 14, Lucas, con su hábil arte de narrador, pinta un cuadro, en el cual
superpone dos imágenes: Jesús, a la mesa, define el rostro de la nueva comunidad,
convocada en torno a la mesa eucarística. La página está dividida en dos escenas: la
primera la invitación a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos en día de fiesta,
un sábado (Lc 14, 1-6); luego, la enseñanza con dos pequeñas parábolas sobre el modo
de elegir los puestos a la mesa y los criterios para hacer las invitaciones (Lc 14, 7-14);
finalmente la parábola de los invitados al banquete (Lc 14,15-16), en la que aparece el
problema de los invitados: ¿quién participará en la mesa del reino? Esta participación
se prepara desde este momento hasta la hora de la relación con Jesús, que convoca en
torno a él a las personas en la comunidad-Iglesia.
b) Exégesis:
• Los criterios para elegir los puestos no se basan en la precedencia, o sobre los
papeles o notoriedad, sino que se inspira en el actuar de Dios que promueve a
los últimos, «porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille,
será ensalzado.» (Lc 14, 11). Este principio que cierra la parábola del nuevo libro de
urbanidad, que tira por tierra los criterios mundanos, hace alusión a la acción de
Dios por medio del pasivo «será ensalzado». Dios exalta a los pequeños y a los
pobres, así como Jesús ha introducido en la mesa de la fiesta sabática al
hidrópico excluido.
• Luego vienen los criterios sobre la elección de los invitados. Se excluyen los
criterios de recomendación o de solidaridad corporativa: « No llames a tus
amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos... …» « Al
contrario, cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a
los ciegos...» (Lc 14, 12.13). El elenco comienza con los pobres, que en el evangelio
de Lucas son los destinatarios de las bienaventuranzas: «Bienaventurados los
pobres, porque vuestro es el reino de los cielos». En el elenco de los invitados, los
pobres están concretizados como los disminuidos físicamente, excluidos por las
confraternidades farisaicas y por el ritual del templo (Cf. 2Sam 5, 8; Lv 21, 18). Este
elenco se vuelve a encontrar en la parábola del banquete: pobres, cojos, ciegos y
mancos toman el puesto de los invitados al respecto (Lc 14, 21).
• Esta segunda parábola sobre el criterio de los invitados se cierra con esta
proclamación: «Y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te
recompensará en la resurrección de los justos» (Lc 14, 14), al final de los tiempos,
cuando Dios manifieste su señorío comunicando la vida eterna. Hay una frase de
uno de los comensales, en este momento, que hace de lazo de unión entre las
dos pequeñas parábolas y el banquete de cena. «Uno de los comensales,
habiendo oído esto, dijo: «¡Bienaventurado el que coma el pan del reino de
Dios!”» (Lc 14, 15). Esta parábola que hace alusión a la bienaventuranza del reino y
a la condición para participar en el mismo mediante la imagen del banquete,
«comer el pan», situa la parábola del banquete dentro de su significado
escatológico. Sin embargo, este banquete final, que es el reino de Dios y la plena
comunión con él, se prepara en la comunión actual. Jesús narra esta parábola
para interpretar la convocación de los hombres con el anuncio del reino de Dios
a través de su actuación histórica.