LINFATICO
LINFATICO
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HISTO
La inmunidad innata representa la primera línea de defensa del organismo y se activa de manera inmediata ante una infección.
Las principales barreras iniciales se encuentran en las superficies externas e internas del cuerpo, como la piel, la conjuntiva, el
tracto digestivo, respiratorio, urinario y genital. Estas superficies están recubiertas por epitelios que no solo actúan como
barreras físicas, sino que también secretan péptidos antimicrobianos llamados defensinas. Estas sustancias, producidas por las
células epiteliales, destruyen microorganismos al dañar sus membranas. Se conocen unas diez defensinas diferentes en
humanos, con múltiples variantes alélicas. Además, secreciones glandulares como lágrimas, saliva y las células de Paneth del
intestino delgado también contienen lisozima, una enzima que degrada el peptidoglucano de la pared bacteriana.
Cuando un microorganismo atraviesa el epitelio, ya sea por daño o por evasión de defensas locales, se encuentra con una
segunda barrera defensiva en el tejido conectivo: los macrófagos residentes y neutrófilos son los protagonistas. Estas células
poseen receptores de fagocitosis que identifican estructuras típicas de microorganismos (como el LPS bacteriano), ausentes en
mamíferos. Los macrófagos, residentes en los tejidos, actúan rápidamente, mientras que los neutrófilos deben ser reclutados
desde la sangre. En los macrófagos destacan los receptores Toll-like (TLR), que reconocen estructuras comunes a virus, bacterias
y parásitos, activando la producción de citocinas inflamatorias como IL-1, IL-6, IL-8, IL-12, TNF-α e IFN-α. Estas citocinas generan
efectos locales, paracrinos, autocrinos y hormonales que amplifican la respuesta inmunitaria.
Las citocinas inflamatorias también inducen la expresión de selectinas en el endotelio de vasos cercanos, facilitando la
migración de neutrófilos y monocitos hacia el sitio de infección, donde los monocitos se convierten rápidamente en macrófagos.
Estas células activadas reconocen patrones moleculares conservados (PAMP) y secretan más citocinas, iniciando una cascada
inflamatoria que caracteriza la inflamación. IL-1 e IL-6 actúan a nivel sistémico, promoviendo en el hígado la producción de
proteínas de fase aguda como la proteína C reactiva (CRP) y la lectina fijadora de manosa (MBL). Estas proteínas opsonizan
bacterias, facilitando su fagocitosis, y también activan el sistema del complemento, incrementando aún más la opsonización.
El complemento se activa por diversas vías: directamente por estructuras microbianas, por la unión de CRP y MBL, o por
anticuerpos IgG e IgM generados en infecciones previas. Todos estos mecanismos mejoran la fagocitosis mediante receptores
para C3b y Fcγ en macrófagos y neutrófilos. A nivel sistémico, IL-1, IL-6 y TNF-α también inducen fiebre al afectar el centro
hipotalámico de regulación térmica. La fiebre inhibe la replicación de muchos patógenos y potencia la actividad inmunitaria.
Un elemento clave contra virus son los linfocitos NK (natural killer). Estos derivan de la línea linfoide pero no forman parte de la
inmunidad adaptativa, ya que no poseen receptores T ni CD4/CD8. Sin embargo, comparten el mecanismo citotóxico de los
linfocitos T y contienen gránulos visibles al microscopio con sus componentes letales. Los linfocitos NK pueden detectar
alteraciones en las moléculas de superficie (como la reducción de MHC-I), señal de infección o transformación celular, y destruir
esas células. También se cree que eliminan células tumorales de forma constante.
La activación de los NK se potencia por IL-12, INF-α y TNF-α secretados por macrófagos. A su vez, los NK secretan INF-γ, que
refuerza la actividad de los macrófagos, generando un circuito de retroalimentación positiva que sostiene la respuesta
inmunitaria hasta la resolución de la infección.
Algunos microorganismos secretan proteasas para degradar la matriz extracelular y facilitar su diseminación. El organismo
combate esto con antiproteasas, como la α2-macroglobulina, que captura a las proteasas mediante un mecanismo tipo trampa
y señala a los macrófagos para su eliminación por endocitosis.
La inmunidad innata y adaptativa están estrechamente vinculadas. La respuesta innata es rápida, pero también activa a la
adaptativa mediante citocinas inflamatorias. Sin esta activación, la respuesta adaptativa sería lenta o inexistente. Por eso, en
vacunación experimental se utiliza un coadyuvante inflamatorio junto al antígeno para potenciar la respuesta adaptativa.
En la mayoría de los casos, la inmunidad innata elimina el patógeno en pocas horas o días. Si no lo logra, la inmunidad
adaptativa interviene, con la ventaja de generar memoria inmunológica para responder con mayor rapidez en exposiciones
futuras.
Por último, el cuerpo humano alberga una microbiota simbiótica en la piel, el tracto digestivo y la vagina. Estas bacterias, como
las colibacterias intestinales y los lactobacilos de Döderlein vaginales, compiten con otras bacterias patógenas, ayudando al
cuerpo a mantener un equilibrio saludable y dificultando la colonización por microorganismos nocivos.
Inmunidad adquirida
La inmunidad adquirida es un tipo de defensa que el organismo desarrolla a lo largo de la vida, en respuesta a la exposición a
agentes extraños. Se divide en dos tipos principales, que están estrechamente relacionados:
1. Inmunidad celular
Está mediada por linfocitos T efectoras, que se clasifican en dos grandes tipos:
o Linfocitos Tc (citotóxicos): destruyen células propias del organismo que contienen proteínas anómalas o
extrañas, como sucede en:
Infecciones por virus o bacterias intracelulares.
Células tumorales, que han sufrido mutaciones y presentan proteínas modificadas.
o Linfocitos Th (cooperadores o helper):
Estimulan a los linfocitos B para potenciar rápidamente la respuesta inmunitaria humoral.
Liberan citocinas, que activan y refuerzan la inmunidad innata.
Activación de linfocitos T:
o Tanto los Tc como los Th requieren que los antígenos (proteínas extrañas) les sean presentados.
o Esta presentación se realiza mediante un complejo llamado MHC (complejo mayor de histocompatibilidad).
o El MHC está compuesto por glucoproteínas que aparecen en la superficie de células propias y son clave para
identificar el antígeno.
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2. Inmunidad humoral
Se basa en la producción de anticuerpos circulantes.
Los linfocitos B se diferencian en células plasmáticas, que son las encargadas de sintetizar los anticuerpos.
Un anticuerpo es una proteína específica que se une al antígeno que originó su formación con el fin de:
o Neutralizar el antígeno.
o Eliminarlo del organismo.
Ant!genos y anticuerpos
🔷 Antígenos
Definición: Moléculas que desencadenan una respuesta inmunitaria adquirida, generalmente por ser extrañas al
organismo.
Autoinmunidad: Cuando el sistema inmunitario reconoce erróneamente componentes propios como extraños,
causando enfermedades autoinmunes.
🔷 Receptores inmunitarios
Tipos:
o Receptor de células T: Involucrado en inmunidad celular.
o Anticuerpo: Receptor asociado a linfocitos B; clave en la inmunidad humoral.
🔷 Interacción antígeno-anticuerpo
Naturaleza estereoquímica: Unión específica como “llave y cerradura”.
Fuerzas de unión: Puentes de hidrógeno, enlaces electrostáticos, van der Waals e interacciones hidrófobas.
Unión reversible: No se forman enlaces covalentes.
🔷 Anticuerpos (inmunoglobulinas - Ig)
Naturaleza: Proteínas plasmáticas de alto peso molecular.
Producción: Secretadas por células plasmáticas.
Presencia: Circulan en líquidos tisulares o están fijadas en membranas de linfocitos B, mastocitos, basófilos y
eosinófilos.
🔷 Clases de inmunoglobulinas: IgG, IgM, IgA, IgE, IgD
🔷 Funciones de los anticuerpos
Neutralización: Rodean virus y toxinas, impidiendo su acción.
Opsonización: Señalan al antígeno para su fagocitosis.
Activación del complemento: Sistema que intensifica la eliminación de patógenos.
Transferencia materno-fetal: IgG cruza la placenta, confiriendo inmunidad pasiva al feto.
Antígenos de histocompatibilidad y presentación de antígenos
🔷 Complejo Mayor de Histocompatibilidad (MHC)
El MHC (complejo mayor de histocompatibilidad) es un conjunto de genes agrupados en el cromosoma 6 en humanos. Estos
genes codifican glucoproteínas de superficie celular, conocidas como antígenos de histocompatibilidad, que juegan un rol clave
en el rechazo de tejidos trasplantados (alotrasplantes). Existen distintos sistemas de histocompatibilidad, siendo el MHC el más
importante debido a su fuerte capacidad para inducir respuestas inmunes frente a tejidos extraños.
Las moléculas de MHC clase I están presentes en todas las células nucleadas, excepto en algunas como las neuronas. Estas
moléculas exhiben en su superficie péptidos propios de la célula. Si la célula está infectada (por ejemplo, con un virus) o es
tumoral, exhibirá péptidos no propios que pueden ser reconocidos y eliminados por los linfocitos Tc. Así, el MHC clase I permite
la detección de infecciones intracelulares y células cancerosas.
En el timo, maduran independientemente del antígeno y desarrollan un receptor específico de antígeno, llamado TCR
(T Cell Receptor), compuesto por dos cadenas peptídicas (alfa y beta o, menos frecuente, gamma y delta).
Cada linfocito T expresa un único tipo de TCR, capaz de reconocer un antígeno específico gracias a una hendidura
fijadora complementaria al antígeno.
🔹 Diversidad del TCR
Se generan millones de clones distintos de linfocitos T mediante reorganización genética de las cadenas peptídicas del
TCR, lo que permite una gran diversidad de receptores.
Sin embargo, la mayoría de estos linfocitos son eliminados durante la maduración en el timo, por mecanismos de
selección positiva y negativa.
🔹 Reconocimiento del antígeno
A diferencia del receptor B, el TCR sólo puede reconocer un antígeno cuando está presentado por moléculas MHC
(complejo mayor de histocompatibilidad).
o Linfocitos Th (CD4+): reconocen antígenos presentados por MHC clase II en células presentadoras (células
dendríticas, macrófagos, linfocitos B).
o Linfocitos Tc (CD8+): reconocen antígenos presentados por MHC clase I, presentes en todas las células
nucleadas.
o Algunos linfocitos T γδ pueden reconocer antígenos sin MHC, actuando de forma más parecida a la inmunidad
innata.
🔹 Selección de linfocitos T en el timo
1. Estado doble negativo: No expresan CD4 ni CD8.
2. Estado doble positivo: Expresan TCR, CD3, CD4 y CD8.
3. Selección positiva:
o Elimina linfocitos incapaces de reconocer el MHC propio.
4. Selección negativa:
o Elimina linfocitos que reconocen con demasiada afinidad los autoantígenos unidos al MHC.
o Este proceso evita la autoinmunidad y genera tolerancia central.
5. Diferenciación:
o Los linfocitos que sobreviven se convierten en:
Linfocitos Th (CD4+)
Linfocitos Tc (CD8+)
Algunos linfocitos T reguladores (Treg) si reaccionan fuertemente con el autoantígeno, pero cumplen
una función supresora.
🔹 Linfocitos T vírgenes
Una vez maduros, los linfocitos Th y Tc salen del timo como linfocitos vírgenes, aún no activados.
Son células en reposo (fase Go del ciclo celular), que recirculan por sangre, linfa y órganos linfoides secundarios como
parte de la vigilancia inmunológica.
Si no se activan, mueren al cabo de semanas o meses.
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Para activar a linfocitos Th, deben ser previamente activados en un ambiente inflamatorio para expresar moléculas
coestimuladoras (como CD87).
Esto permite la interacción y cooperación entre linfocitos B y T para una respuesta inmune eficaz.
4. Selección negativa y prevención de autoreactividad
Durante la maduración en médula ósea, los linfocitos B inmaduros experimentan un proceso de selección negativa:
o Aquellos con receptores que reconocen autoantígenos son eliminados mediante apoptosis para evitar
autoinmunidad.
Los linfocitos B inmaduros expresan solamente IgM en su superficie y la unión cruzada con autoantígenos desencadena
su muerte.
Los linfocitos B que sobreviven comienzan a expresar IgM e IgD, y se convierten en linfocitos B vírgenes maduros que
abandonan la médula ósea.
Sin embargo, algunos autoantígenos no se expresan en la médula ósea, permitiendo que linfocitos B autoreactivos
escapen.
Estos linfocitos potencialmente autoinmunes pueden volverse anérgicos (inactivos) si no reciben señales
coestimuladoras o un entorno inflamatorio, lo que implica que no responden aunque reconozcan el autoantígeno.
Otros linfocitos B autoreactivos pueden morir si son expuestos a una sobredosis de autoantígeno.
5. Linfocitos B vírgenes: recirculación y vida útil
Los linfocitos B vírgenes que salen de la médula ósea están en estado G0 (reposo) y no han encontrado su antígeno
específico.
Recirculan por sangre, órganos linfoides secundarios (ganglios, bazo, MALT) y linfa, buscando su antígeno.
Si no encuentran antígeno, mueren al cabo de 4-8 semanas.
En humanos, aproximadamente el 25% de los linfocitos recirculantes son linfocitos B.
7. Vigilancia inmunitaria y recirculación
Linfocitos B y T vírgenes recién maduros abandonan médula ósea o timo y entran al torrente sanguíneo con capacidad
inmunocompetente.
Recirculan entre sangre, tejidos y órganos linfoides secundarios, realizando vigilancia inmunitaria para encontrar su
antígeno.
Permanecen un tiempo variable en órganos linfoides secundarios en zonas T-dependientes o B-dependientes.
Los antígenos suelen ingresar por piel o mucosas y son transportados a órganos linfoides secundarios, donde se
encuentran con linfocitos vírgenes.
Solo el linfocito que encuentra su antígeno específico se activa y permanece en ese órgano; el resto sigue circulando.
9. Funciones en médula ósea
La médula ósea funciona también como órgano linfoide primario.
Es el sitio principal donde las células plasmáticas derivadas de linfocitos B producen la mayoría de anticuerpos
circulantes en la respuesta inmune.
Respuesta inmunitaria primaria
Inicio: Se desencadena al primer ingreso absoluto de un antígeno extraño en el organismo.
Reconocimiento: El antígeno reacciona con linfocitos vírgenes específicos, cuyos receptores de superficie reconocen
ese antígeno.
Colaboración celular: Para que la respuesta sea efectiva, además de los linfocitos, es necesaria la intervención de
células presentadoras de antígeno, ya que la activación de las respuestas inmunitarias celulares y humorales requiere la
colaboración de linfocitos T colaboradores (Th, CD4+), que deben ser activados por las células presentadoras.
Respuesta inmunitaria celular
Presentación del antígeno:
o Las células presentadoras de antígeno (células dendríticas, macrófagos o linfocitos B) incorporan el antígeno
por endocitosis y presentan fragmentos peptídicos ligados a moléculas MHC II en su superficie.
o Un linfocito Th (CD4+) virgen reconoce el antígeno a través de su receptor TCR, que se une al complejo MHC II-
antígeno.
o La molécula CD4 en el linfocito Th actúa como adhesión celular, reforzando esta unión.
Activación del linfocito Th:
o Requiere una señal coestimuladora (señal 2) entre la molécula B7 de la célula presentadora y CD28 del
linfocito Th.
o Tras la activación, el linfocito Th pasa de fase G₀ a G₁ en el ciclo celular y comienza a secretar interleucina 2 (IL-
2), además de expresar su receptor para IL-2, estimulándose a sí mismo (efecto autocrino).
o Después de 24-48 horas, el linfocito crece, se transforma en linfoblasto, y se divide varias veces.
Diferenciación:
o Después de 5-7 días, las células se diferencian en linfocitos Th con memoria y linfocitos Th efectores.
o Los linfocitos Th con memoria son morfológicamente similares a los vírgenes pero se activan más fácilmente,
muestran expansión clónica y viven mucho tiempo, pudiendo durar años (como en vacunas).
o Los linfocitos Th efectores secretan citocinas que definen su función:
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Th1: Secretan IL-2, interferón gamma e TNF-α, activando linfocitos Tc citotóxicos y macrófagos.
Th2: Secretan IL-2, IL-4 e IL-5, apoyando la activación de linfocitos B para la respuesta humoral.
Rol de granulocitos basófilos y eosinófilos:
o Los basófilos, activados en inflamación, secretan IL-4 e IL-5, promoviendo la diferenciación hacia linfocitos Th2
y activando linfocitos B.
o IL-5 activa eosinófilos, que son claves en la defensa contra parásitos.
Respuesta inmunitaria celular contra virus
Infección y presentación:
o El virus infecta células normales y produce proteínas virales procesadas y presentadas en la superficie unidas a
MHC I.
o Linfocitos Tc vírgenes (CD8+) con TCR específico reconocen el complejo MHC I-antígeno, con ayuda de la
molécula CD8 que refuerza la unión.
Activación del linfocito Tc:
o El linfocito Tc pasa de G₀ a G₁, expresa receptor para IL-2 y secreta muy poca IL-2, generalmente insuficiente
para su activación completa.
o La activación completa requiere IL-2 secretada por linfocitos Th1 activados simultáneamente.
o El linfocito Tc se transforma en linfoblasto, se divide y da lugar a linfocitos Tc con memoria y linfocitos Tc
efectores (CTL).
Linfocitos Tc con memoria:
o Similares morfológicamente a los vírgenes pero con expansión clónica, activación más fácil y larga vida.
o Se distinguen linfocitos centrales (recirculan) y periféricos (permanecen más en tejidos).
Interacción y coestimulación:
o La activación puede darse en contacto con células dendríticas que presentan antígenos en MHC I y II
simultáneamente a linfocitos Tc y Th.
o La señal coestimuladora entre B7 y CD28 también puede intervenir, aunque no siempre es imprescindible.
Función citotóxica de los CTL
Eliminación de células infectadas:
o Los CTL reconocen células infectadas que presentan el antígeno viral-MHC I y liberan gránulos con perforina y
granzimas.
o La perforina forma poros en la membrana de la célula diana y las granzimas inducen apoptosis (muerte celular
programada), impidiendo la propagación viral.
o La célula muere internamente y es fagocitada por macrófagos.
Mecanismo Fas-FasL:
o Los CTL (y algunas veces Th) expresan ligando Fas que se une al receptor Fas en la célula diana, activando otro
mecanismo de apoptosis.
Otros aspectos de la respuesta inmunitaria celular
Microorganismos intracelulares:
o Los mecanismos de muerte citotóxica también se usan contra bacterias intracelulares (Listeria, Brucella) y
protozoarios (Toxoplasma).
Activación de macrófagos y NK:
o Linfocitos Th, mediante citocinas, activan macrófagos (más efectivos en fagocitosis) y células NK.
o Algunas bacterias pueden evadir la destrucción en macrófagos, provocando infecciones crónicas.
Linfocitos T-NK:
o Linfocitos poco numerosos (<5%) con receptor T distinto al TCR habitual.
o Reconocen antígenos glucolipídicos presentados en moléculas CD1d (relacionadas con MHC I).
o Son citotóxicos como CTL, secretan citocinas y participan en inflamación.
o No generan memoria y constituyen una frontera entre la inmunidad innata y adaptativa.
RESPUESTA INMUNITARIA HUMORAL
La respuesta inmunitaria humoral comienza con la respuesta primaria, cuando un antígeno extraño entra al organismo y se une
a los receptores específicos en la superficie de linfocitos B vírgenes. Estos receptores de anticuerpos pueden reconocer el
antígeno directamente, sin necesidad de presentación por moléculas MHC II, a diferencia de la respuesta de los linfocitos T.
Generalmente, el antígeno reconocido es extracelular, mientras que la respuesta celular se encarga de eliminar antígenos
intracelulares como virus dentro de células infectadas.
Cuando el antígeno se une a los receptores (inmunoglobulinas de membrana, mIg) en linfocitos B, se produce un enlace cruzado
entre estas moléculas, ya que muchos antígenos son bivalentes o polivalentes con varios epítopos. Este enlace cruzado genera
dos efectos:
1. Facilita la endocitosis del antígeno, que es procesado y presentado luego en la superficie del linfocito B junto con
moléculas MHC II y coestimuladoras B7.
2. Inicia la activación del linfocito B (señal 1), promoviendo que la célula avance en el ciclo celular.
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Para completar la activación, el linfocito B necesita la ayuda de un linfocito T helper tipo 2 (Th2), que se activa tras haber
reconocido el antígeno presentado por una célula presentadora (macrófago, célula dendrítica o linfocito B mismo). El linfocito B
presenta el antígeno a Th2, y tras contacto físico, el Th2 expresa CD40L que se une al CD40 del linfocito B, proporcionando la
señal 2 para continuar la activación.
El linfocito Th2 activado libera citocinas (IL-2, IL-4, IL-5) que actúan como señales para que el linfocito B prolifere y se diferencie.
Así, el linfocito B se convierte en linfoblasto, que se divide varias veces en 4-5 días, dando lugar a:
Linfocitos B de memoria, que expresan receptores de anticuerpos más variados (IgG, IgA, IgE) y moléculas de adhesión,
y pueden activarse con mayor facilidad en futuras exposiciones.
Plasmoblastos, que maduran en plasmocitos o células plasmáticas, especializadas en la producción masiva de
anticuerpos.
Durante la proliferación, ocurre un proceso llamado variación de clase o cambio isotípico, donde la porción constante (Fc) de los
anticuerpos cambia (por ejemplo, de IgM a IgG) sin alterar la especificidad (región variable), permitiendo funciones biológicas
diferentes. Esta variación depende del microambiente y las citocinas presentes, como ocurre en ganglios linfáticos intestinales
(IgA) o bazo (IgG).
Además, durante la proliferación se da la maduración de afinidad, que implica mutaciones somáticas en los genes que codifican
las regiones variables de los anticuerpos, generando linfocitos B con diferentes afinidades para el mismo antígeno. En los centros
germinales del tejido linfoide, los linfocitos B con baja afinidad mueren por apoptosis, mientras que los de alta afinidad se
seleccionan para seguir su diferenciación, lo que aumenta la calidad de los anticuerpos producidos.
Los plasmoblastos se transforman en células plasmáticas maduras, que secretan grandes cantidades de anticuerpos. En la
respuesta primaria, después de un período inicial de latencia de aproximadamente una semana sin producción significativa de
anticuerpos, se produce primero IgM y luego IgG, con una duración variable según la presencia del antígeno.
Respuesta inmunitaria secundaria
ocurre al reingresar el mismo antígeno al organismo. En esta etapa:
La respuesta es mucho más rápida y potente, porque hay un gran número de linfocitos de memoria específicos.
El período de latencia para la producción de anticuerpos se reduce a 1-2 días.
La producción de anticuerpos es mayor y se mantiene por meses o años.
Los anticuerpos producidos tienen una afinidad más alta y son de la clase más adecuada para neutralizar el patógeno,
gracias a la maduración de afinidad y variación de clase.
Esto impide que la persona desarrolle la enfermedad, generando inmunidad efectiva contra ese antígeno.
Timo: Estructura y Función
El timo es un órgano linfoide primario esencial para la maduración de los linfocitos T inmaduros (timocitos) en linfocitos T
vírgenes maduros e inmunocompetentes. Su nombre proviene del griego thymos (tomillo), ya que su parénquima fresco se
asemeja a racimos del fruto del tomillo.
Ubicación y Desarrollo
Se localiza en la parte superior de la cavidad torácica, detrás del esternón.
Al nacer pesa entre 12 y 15 gramos, alcanzando su máximo peso (20-30 g) durante la infancia.
A partir de la pubertad comienza su involución, con reemplazo del tejido linfoide por tejido adiposo, y a los 60 años
queda menos de 10 gramos de tejido tímico específico.
Está formado por dos lóbulos (derecho e izquierdo) unidos por tejido conectivo en la parte media.
Se desarrolla a partir del epitelio endodérmico de la tercera bolsa faríngea, en interacción con el mesénquima derivado
de la cresta neural, durante la vida fetal (desde la novena semana con invasión de células madre linfocíticas T).
Características Histológicas
Cada lóbulo está rodeado por una cápsula delgada de tejido conectivo, que envía tabiques hacia el interior, dividiendo
el órgano en lobulillos incompletos de forma poliédrica (0.5 a 2 mm).
Cada lobulillo tiene una corteza oscura y celular y una médula clara y menos celular, separadas hasta el límite
corticomedular por los tabiques.
El tejido medular es continuo entre lobulillos dentro de cada lóbulo.
La corteza y médula están formadas por una estroma laxa compuesta por células reticulares epiteliales (o
epiteliorreticulares), que forman una red donde se alojan linfocitos, macrófagos y células dendríticas interdigitantes.
Células Reticulares Epiteliales
Tienen aspecto estrellado con prolongaciones delgadas que se unen entre sí, formando un retículo celular que contiene
linfocitos.
Poseen características epiteliales (filamentos de citoqueratina, uniones por desmosomas) y se diferencian en subtipos
según su localización (corticales y medulares) y tipos de citoqueratina.
Forman una capa continua que separa el parénquima tímico del tejido conectivo de la cápsula y tabiques y forman
vainas alrededor de vasos sanguíneos en la corteza.
En la médula forman los corpúsculos de Hassall, estructuras redondeadas formadas por capas concéntricas de células
reticulares epiteliales aplanadas, que aumentan de tamaño con la edad y pueden calcificarse. Estos corpúsculos
producen TSLP, una linfopoyetina importante para la formación de linfocitos T reguladores.
Otros Componentes Celulares
Macrófagos: Moderados en la corteza, abundantes en la médula; fagocitan restos nucleares de linfocitos muertos.
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En el centro germinativo también hay plasmoblastos (precursoras de células plasmáticas) y macrófagos que fagocitan restos
celulares.
La corona está formada por linfocitos B no estimulados y con memoria desplazados por el crecimiento del centro germinativo.
Relación funcional
Los folículos linfáticos (primarios y secundarios) son zonas de linfocitos B y dependen de la médula ósea. La ausencia de
folículos indica defectos en linfocitos B.
La corteza profunda o paracorteza, donde predominan linfocitos T, depende del timo.
La médula contiene cordones medulares con linfocitos, células plasmáticas y macrófagos, separados por senos
linfáticos.
Senos linfáticos
Los vasos linfáticos aferentes penetran la cápsula del ganglio linfático y desembocan en un amplio seno subcapsular,
ubicado entre la cápsula y la corteza del ganglio. Las válvulas de estos vasos aferentes abren hacia el seno subcapsular,
garantizando que el flujo linfático sea unidireccional, desde la periferia hacia el interior. Desde el seno subcapsular, la
linfa continúa su recorrido a través de los senos trabeculares, que siguen el trayecto de las trabéculas internas, y luego
hacia los senos medulares en la médula. Estos senos medulares, de mayor tamaño e irregularidad que los corticales,
rodean los cordones medulares y desembocan en los vasos linfáticos eferentes en el hilio, que sacan la linfa del ganglio.
La pared de los senos está formada por células aplanadas, probablemente una variante de células endoteliales, pero sin
complejos de unión rígidos. Alrededor de estas paredes, hay una alta concentración de macrófagos cuyas
prolongaciones alcanzan la luz del seno. Además, en la luz se entrecruzan fibras reticulares cubiertas por citoplasma de
células reticulares, creando una red que aporta rigidez al seno. Estas fibras están ancladas al tejido conectivo denso de
la cápsula y trabéculas, permitiendo que la linfa fluya sin obstáculos y facilitando el paso constante de células migrantes
entre la linfa y el parénquima ganglionar.
Irrigación sanguínea
Las arterias entran por el hilio y se ramifican en arteriolas que recorren las trabéculas y luego los cordones medulares,
irrigados por capilares. Algunas arteriolas alcanzan la corteza y forman una red capilar. La sangre retorna por vénulas
poscapilares que, en la corteza profunda, tienen un endotelio característico cúbico a cilíndrico, conocido como vénulas
de endotelio alto (HEV). Estas vénulas poseen moléculas de adhesión (adresinas vasculares) que permiten la adhesión y
migración de linfocitos vírgenes B y T desde la sangre hacia el parénquima del ganglio. Los linfocitos T se localizan en la
corteza profunda y los linfocitos B migran hacia los folículos primarios en la corteza externa. Durante su paso, los
linfocitos interactúan con células presentadoras de antígenos en busca de su antígeno específico para activarse.
Histofisiología: Filtración y fagocitosis
Los ganglios linfáticos actúan como filtros de la linfa que los atraviesa. La linfa circula lentamente a través de los senos,
donde las fibras reticulares actúan como filtro mecánico para retener microorganismos y partículas, facilitando que los
macrófagos los fagociten. Los ganglios pueden retener más del 90% de los antígenos que entran por los vasos
aferentes. Normalmente, la linfa pasa por al menos dos ganglios antes de regresar a la sangre, asegurando una efectiva
eliminación de bacterias y partículas.
En infecciones agudas, los senos ganglionares se dilatan rápidamente y aumentan los granulocitos neutrófilos, que
fagocitan bacterias eficientemente. Si la infección persiste, aumenta el número de macrófagos. Las células cancerosas
pueden ingresar a los ganglios por los vasos aferentes, estableciéndose como metástasis y luego diseminándose
hematógenamente, lo que tiene gran valor diagnóstico y pronóstico.
Funciones inmunitarias
Cuando un antígeno extraño ingresa por primera vez al organismo, es retenido y presentado en el ganglio por células
dendríticas y macrófagos. Los linfocitos vírgenes específicos para ese antígeno se activan, iniciando la respuesta
inmunitaria primaria. Primero se activan los linfocitos Th en la corteza profunda, que proliferan y se diferencian en
linfoblastos y luego en linfocitos Th efectores y de memoria. Si el antígeno es intracelular (como en infecciones virales),
las células dendríticas presentan péptidos virales mediante MHC I, activando linfocitos Tc que se convierten en
linfocitos citotóxicos efectivos y con memoria.
Simultáneamente, los linfocitos B vírgenes se activan, principalmente en la corteza profunda. Ellos reconocen antígenos
libres o unidos a células dendríticas sin necesidad de presentación por MHC II. Estos linfocitos B activados proliferan y
se diferencian en plasmoblastos y linfocitos B de memoria. Las células plasmáticas resultantes secretan anticuerpos
(IgM e IgG) que ingresan al torrente sanguíneo a través de la linfa eferente.
Posteriormente, algunos linfocitos B migran a los folículos primarios en la corteza externa, donde forman centros
germinativos (folículos secundarios) tras proliferar activamente como centroblastos. Aquí ocurre hipermutación
somática que mejora la afinidad por el antígeno. Los linfocitos B con alta afinidad pueden sufrir cambio de clase de
anticuerpo (IgM a IgG, IgA o IgE) sin alterar la especificidad. Este proceso depende del entorno, por ejemplo, en
ganglios intestinales predominan IgA, en bazo IgG, y en parasitosis se produce IgE junto a eosinófilos.
Respuesta inmunitaria secundaria
En una nueva exposición al mismo antígeno, la respuesta es más rápida y pronunciada debido a la presencia de
linfocitos T y B de memoria. Además, anticuerpos de alta afinidad presentes en circulación forman complejos que se
retienen en prolongaciones de células dendríticas foliculares en los centros germinativos, reforzando la activación B.
Gran parte de los plasmoblastos formados migran a la médula ósea, donde se diferencian en células plasmáticas que
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producen anticuerpos a largo plazo (hasta el 90% de anticuerpos en inmunizaciones repetidas provienen de estas
células).
Durante la respuesta, el ganglio linfático aumenta de tamaño por proliferación celular y mayor recirculación linfocitaria,
facilitando que linfocitos vírgenes encuentren su antígeno. La reacción varía según el tipo de estimulación: respuestas
celulares predominan en corteza profunda, respuestas humorales activan centros germinativos en corteza externa.
Bazo: Anatomía, Histología, Circulación y Funciones
Localización y características generales:
El bazo es un órgano linfoide secundario situado en la parte superior del abdomen, justo debajo del diafragma izquierdo. En
adultos, pesa entre 150 y 200 gramos y mide aproximadamente 4 x 8 x 12 cm. Funciona como un filtro sanguíneo, eliminando
células dañadas y partículas extrañas, y participa activamente en la respuesta inmunitaria mediante la captura y presentación de
antígenos por macrófagos y células dendríticas foliculares.
Estructura histológica:
Está rodeado por una cápsula gruesa de tejido conectivo denso con fibras musculares lisas, de donde parten trabéculas que
refuerzan el órgano internamente. En la superficie medial tiene una hendidura llamada hilio, por donde ingresan vasos
sanguíneos y nervios.
El parénquima del bazo se denomina pulpa y se divide en:
Pulpa roja: mayoritaria, de color rojo oscuro, formada por sinusoides (vasos sanguíneos irregulares de paredes
delgadas) separados por cordones esplénicos que contienen tejido conectivo y células sanguíneas. Aquí se encuentran
numerosos eritrocitos y macrófagos.
Pulpa blanca: constituida por tejido linfoide organizado en vainas linfoides periarteriales (PALS) que rodean las arterias
centrales, con predominio de linfocitos T, macrófagos y células dendríticas. Contiene folículos linfoides con linfocitos B,
que pueden ser primarios o secundarios (con centros germinativos).
Circulación sanguínea:
La arteria esplénica entra por el hilio y se ramifica en arterias trabeculares que penetran la pulpa blanca como arterias centrales.
Estas arterias se dividen en ramas radiales que terminan en la zona marginal (límite entre pulpa blanca y roja), donde hay
abundantes linfocitos B y células dendríticas.
De la arteria central salen las arterias peniciladas, que se dividen en capilares envainados (rodeados por macrófagos y
fibras reticulares).
La sangre circula por dos vías:
o Circulación cerrada: capilares que desembocan directamente en los sinusoides de la pulpa roja.
o Circulación abierta: capilares que vierten sangre en los cordones esplénicos, permitiendo que las células pasen
por el tejido antes de regresar a los sinusoides.
La circulación por la pulpa roja filtra la sangre lentamente (30-60 minutos), permitiendo la eliminación de eritrocitos envejecidos
o anómalos por los macrófagos.
Vasos linfáticos:
En humanos, los vasos linfáticos solo se encuentran en la cápsula y trabéculas, y el bazo posee únicamente vasos linfáticos
eferentes (salientes), a diferencia de los ganglios linfáticos.
Funciones histofisiológicas:
Filtración sanguínea:
El bazo filtra la sangre eliminando partículas extrañas (como partículas de carbón o macromoléculas) y células dañadas,
principalmente eritrocitos viejos o rígidos que no pueden pasar por las estrechas hendiduras de los sinusoides y son
fagocitados por macrófagos.
El hierro liberado se recicla mediante la transferrina hacia la médula ósea para formar nuevos eritrocitos, mientras que
el grupo hemo se degrada a bilirrubina y se elimina por la bilis.
Reserva y almacenamiento:
El bazo almacena hasta un tercio de las plaquetas sanguíneas, que pueden ser liberadas en situaciones de emergencia
como hemorragias. En algunas especies, también almacena eritrocitos para liberarlos cuando se requiere mayor aporte
de oxígeno, aunque en humanos esta función es limitada (alrededor del 3% de eritrocitos totales).
Respuesta inmunitaria:
El bazo es esencial para responder a antígenos presentes en la sangre, ya que otros órganos linfoides captan antígenos
casi exclusivamente vía linfática. La pulpa blanca es el sitio principal de la respuesta inmunitaria, donde células
dendríticas captan antígenos y los presentan a linfocitos T y B, activando su proliferación y diferenciación, formando
centros germinativos similares a los de los ganglios linfáticos.
Esto explica la importancia del bazo en la defensa contra infecciones bacterianas en sangre, especialmente después de
una esplenectomía, que incrementa el riesgo de infecciones graves por bacteriemia. Por ello, se recomienda vacunar a
pacientes sin bazo.
Tejido Linfoide Asociado con las Mucosas (MALT)
El MALT (del inglés mucosa-associated lymphoid tissue) es una parte fundamental del sistema inmunitario localizada en
las mucosas del tubo digestivo, las vías respiratorias y el sistema urogenital. Estas mucosas tienen una gran superficie
de contacto, son fácilmente lesionables y están en constante exposición a antígenos externos, especialmente en el
tracto gastrointestinal y vías aéreas. Por ello, el MALT juega un papel esencial en la defensa inmunitaria, de hecho,
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contiene una cantidad de células plasmáticas mucho mayor que la suma de las que se encuentran en la médula ósea,
ganglios linfáticos y bazo.
La estructura del MALT varía considerablemente: puede encontrarse como linfocitos aislados entre las células
epiteliales, cúmulos difusos o foliculares en la lámina propia, o bien como estructuras organizadas, tales como
amígdalas, placas de Peyer y el apéndice vermiforme.
Un ejemplo muy estudiado del MALT es el tejido linfoide asociado al intestino (GALT). En su capa epitelial hacia la luz
intestinal, predominan los linfocitos intraepiteliales (IEL), principalmente linfocitos Tc CD8+, muchos de los cuales están
activados como células citotóxicas (CTL), formando una línea avanzada de defensa contra infecciones.
En la lámina propia, debajo del epitelio, hay una abundancia de células plasmáticas, linfocitos T auxiliares activados y
macrófagos. Los linfocitos B se agrupan en folículos aislados, placas de Peyer y en el apéndice, organizados como
folículos primarios y secundarios.
Las regiones foliculares del MALT, conocidas como sitios inductivos, no reciben vasos linfáticos aferentes, pero están en
contacto cercano con el líquido intersticial. En estas zonas aparecen las células M, especializadas en el transporte de
antígenos desde la luz mucosa hacia el tejido linfoide subyacente. Estas células carecen de microvellosidades y
presentan micropliegues en su superficie, además de profundas invaginaciones en su membrana basolateral donde se
ubican linfocitos T y B, así como macrófagos y células dendríticas en la lámina propia.
Las células M captan antígenos luminales por endocitosis y los liberan al espacio intercelular, facilitando la presentación
antigénica y la activación de respuestas inmunitarias locales. Por ejemplo, la bacteria Vibrio cholerae utiliza esta vía
para ingresar, siendo luego captada por macrófagos y presentada a los linfocitos. Esto conduce a la formación de
células plasmáticas productoras de anticuerpos, principalmente IgA dimérica.
La IgA secretora es el principal anticuerpo producido en el MALT, que se une a un componente secretor en las células
epiteliales para protegerse de la degradación en ambientes como el tracto gastrointestinal, permitiendo su liberación
activa en las secreciones mucosas. La IgA secretora es fundamental para la inmunidad local y es secretada en
cantidades significativas (5-10 gramos diarios en humanos), superando la suma de otras inmunoglobulinas. Las células
plasmáticas productoras de IgA también pueden migrar a otras mucosas o glándulas a través del torrente sanguíneo,
contribuyendo a la defensa en diferentes sitios, como la leche materna, que contiene IgA específica contra
microorganismos maternos.
Además, el MALT contiene células plasmáticas que secretan IgG e IgM, con funciones locales, y algunas producen IgE,
que está involucrada en la activación de mastocitos. Los mastocitos, presentes en abundancia en las mucosas, junto con
los eosinófilos activados (que responden a IgE unida a parásitos), participan en mecanismos defensivos cruciales contra
parásitos grandes, como diversos helmintos intestinales, liberando gránulos tóxicos para destruirlos.
Finalmente, algunas bacterias y virus patógenos aprovechan las células M para ingresar al organismo, incluyendo Vibrio
cholerae, Salmonella y el virus de la poliomielitis, lo que demuestra la importancia del MALT tanto en defensa como en
la puerta de entrada para ciertos patógenos.
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