LA SOCIEDAD EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX
La segunda mitad del siglo XIX transformó profundamente Europa y el mundo: la expansión
industrial llegó a los rincones más remotos, consolido el protagonismo de “nuevas” clases sociales
(burguesía industrial y proletariado) que desplazaron a las tradicionales (aristocracia y
campesinado) y propició un notable crecimiento demográfico. El acelerado proceso de
urbanización y la revolución de los transportes dieron origen a la sociedad de masas, mientras que
fenómenos como la Larga Depresión de 1873 y el esplendor de la Belle Époque marcaron dos
rostros de esta era.
LA SOCIEDAD DE CLASES:
La sociedad de clases se define por la pertenencia a un grupo social en función de la capacidad
económica y la relación con los medios de producción, más que por el nacimiento o estatus
hereditario, como ocurría en la sociedad estamental del Antiguo Régimen. Durante la segunda
mitad del siglo XIX, la Revolución Industrial aceleró la transición, dando protagonismo a aquellos
grupos vinculados al capital y al trabajo asalariado, generando tensiones y redefiniendo las
jerarquías sociales
Las clases sociales:
Aristocracia: exceptuando Francia, la forma de gobierno de los otros estados europeos era la
monarquía, por lo que la aristocracia posee un rol importante en la política, economía y sociedad.
En el plano político, conservan una parte importante de la toma de decisiones. En el plano
económico, obtenían su riqueza, por lo general, de la explotación agrícola, ya que eran grandes
propietarios de tierras. En cuanto al plano social, poseían un prestigio sin igual.
Sin embargo, a inicios del SXX, eran un grupo social en retirada debido al empuje y la presión de
otros sectores sociales y al descender la importancia de la agricultura como actividad económica.
A causa de ello, sus miembros adoptaron una actitud conservadora – añorando una pasado
preindustrial – donde el respeto por la tradición y la autoridad no era discutido y sostenían con
firmeza a la monarquía, ya que veían en el rey una defensa de su forma de vida.
El campesinado
La situación de los campesinos puede compararse con la de la aristocracia, grupo al que estaban
muy ligados porque compartían el ámbito en donde vivían y estaban vinculados por la actividad
agrícola. A medida que se extendían la industrialización y la urbanización, y el desarrollo de los
transportes sacaba del aislamiento a extensas regiones, la sociedad campesina, que por siglos
había constituido el grueso de la población europea, retrocedía.
Sin embargo, los cambios fueron graduales, y la situación del campesinado no era homogénea:
hacia mediados de siglo XIX, Gran Bretaña era el único Estado donde la industrialización y el
crecimiento de las ciudades había puesto al campesinado en retirada. En el resto de Europa, en
cambio, la situación comenzó a modificarse de manera acelerada recién en las últimas décadas
del siglo XIX, durante la Segunda Revolución Industrial.
Todo este proceso de cambios se produjo en el marco de un aumento general de la población. El
paso de la vida rural a la vida urbana estuvo caracterizado por problemas de tipo social, como el
desarraigo, la desunión familia, el abandono de las tradiciones y costumbres rurales, el cambio de
trabajo, entre otros. Por eso muchos campesinos, al no poder adaptarse a los cambios, buscaron
un futuro mejor en el extranjero: Migraciones Internacionales.
Desde el punto de vista de las ideas políticas, la mayoría de los campesinos se mantuvo aferrada
a principios moderados – y en algunos casos – conservadores, en un intento por mantener su
sistema de vida tradicional. En consecuencia muchos de ellos empezaban a experimentar, como
los aristócratas, un sentimiento nostálgico, de añoranza por el pasado preindustrial.
Las Burguesías: como grupo social surge en la edad media, pero a la burguesía comercial y
aquella nacida de la administración real (empleados del Estado monárquico) se le sumo la
burguesía industrial.
Para un burgués era fundamental mostrar su condición burguesa. Debía manifestar una serie de
características: poder ahorrar, tener una buen vivienda, bien decorada, en un barrio elegante,
contar con servicio doméstico, educar a sus hijos en una buena escuela, poder tomarse vacaciones
en lugares de moda, formar parte de un club y practicar deportes como tenis, rugby o remo. Otra
característica importante de la vida burguesa fue la de celebrar con distintos festejos los momentos
considerados clave en la vida de una persona: bautismo, comunión, casamiento, cumpleaños, etc.
Valores comunes de la burguesía: culto al mérito y al talento, moral del trabajo, abstinencia,
capacidad de ahorro, importancia de la familia y la educación como instrumentos de movilidad
social.
Carrera abierta al talento
Idea que el individuo puede progresar según sus capacidades. No todas las actividades estaban
abiertas al talento en igual medida. La educación, los negocios, el arte y el ejército fueron las
actividades que más permitieron el ascenso social. La educación primaria y secundaria abrían el
acceso a la burocracia estatal y la política; la universitaria permitía el acceso a profesiones
liberales. En los negocios era conveniente tener un capital inicial, con eso y talento en el rubro
había muchas oportunidades. El arte también permitía el ascenso, el prestigio de los artistas fue
creciendo. El ejército también fue fuente de ascenso, en especial en las guerras posteriores a la
Revolución Francesa
La familia y la mujer en la sociedad burguesa
Familia fundamento de la vida social. Familia patriarcal y nuclear en que el padre y la madre
ejercían la autoridad. Era el refugio de los individuos, donde los problemas de la vida pública no
entraban.
Moral de la familia burguesa: abstinencia, ahorro, moderación, represión de los sentimientos.
Negocios a menudo consolidados por alianzas matrimoniales. Las hijas debían aceptar el esposo
elegido por sus padres.
La mujer era la jefa de la casa y guardiana de la moralidad familiar. Debía cuidar la familia y
transmitir los valores morales a los hijos. Carecía de derechos civiles y políticos, jurídicamente
considerada menor de edad. El padre decidía sobre sus bienes y su persona, luego lo hacia el
marido
Es posible distinguir entre:
Gran burguesía, formada por industriales, comerciantes y banqueros importantes.
Numéricamente se trata de un grupo pequeño pero fundamental. Por su poder financiero
desempeñaba un rol importante en la economía y en la política. Ya desde las últimas décadas del
SXIX la gran burguesía formaba parte de los sectores dirigentes en Europa.
Pequeña burguesía: es lo que con el tiempo se denominara clase media. Formada por pequeños
comerciantes, medianos industriales, empleados del Estado, docentes, profesionales
universitarios. Por su número constituyen casi la totalidad de la burguesía y representa un
porcentaje importante de la población – 20% a 25% esto hacia que fuera tenida muy tenida en
cuenta por los diversos gobiernos y que en casi todos los países comenzaran a incorporarse al
sistema político, es decir, a ejercer el derecho a votar. Rechazaba cambios sociales profundos
Los llamados trabajadores de cuello blanco: empleados administrativos y burocráticos, de
empresas y el Estado, que poseían educación y formación para acceder a estos puestos eran parte
de la clase media baja. Algunos de origen obrero, buscaban con esfuerzo diferenciarse de las
masas obreras e integrarse plenamente a las clases medias burguesas.
La presión de los grupos obreros por la mejora de las condiciones laborales y de vida, así como
la aspiración al sufragio universal asusto a la burguesía. Por ello en muchos lugares, a inicios del
siglo XX, el grupo comenzó a adoptar posiciones cada vez más conservadoras del orden social y
político existente.
Los Obreros, el Proletariado
La palabra proletario deriva de “Prole”, es decir, familia, descendencia, su única posesión. Es otra
forma de designar fundamentalmente a los obreros industriales que vivían en las ciudades.
Formada por trabajadores asalariados de fábricas, minas y obras, con jornadas extensas, salarios
bajos y condiciones de trabajo insalubres.
La formación de un sector obrero de tipo industrial fue una de las consecuencias sociales más
significativas de la Revolución Industrial. Hacia 1890, ya todos los Estados poseían una masa
trabajadora fabril importante, incluso aquellos que todavía tenían una población mayoritariamente
rural.
Podemos definir a un trabajador fabril u obrero industrial como la persona que trabaja en una
fábrica a cambio de un salario. En esa época, por lo general las tareas que estos trabajadores
realizaban eran poco calificadas: además, los obreros tenían una jornada laboral extensa (12hs o
más). Sus condiciones de trabajo, por falta de higiene y salubridad, eran muy malas y el salario,
bajo, lo que obligaba a trabajar también a mujeres y niños.
La situación de los sectores obreros variaba mucho según los distintos países, su grado de
industrialización, la política de sus gobiernos y las formas de organización existentes entre los
obreros.
Jerarquía entre los trabajadores
• Trabajadores de cuello blanco: son trabajadores no manuales, sus tareas eran de oficina. Sabían
leer y escribir, forman la burocracia estatal y empresarial
• Trabajador manual calificado: técnicos y supervisores eran minoría, recibían mejores salarios,
lideraban y organizaban el movimiento de trabajadores manuales.
Estas dos categorías eran parte de la clase media baja. Podían aspirar al ascenso social de sus hijos
debido al aumento de la alfabetización que se desarrolló en la segunda mitad del siglo XIX. Se
los llamaba la “aristocracia obrera”
El escalón siguiente lo ocupaba un amplio sector de trabajadores de fábrica, con extensas
jornadas de trabajo y un alto nivel de inestabilidad laboral, ya que podían ser despedidos en
cualquier momento. Había fuerte presencia de mujeres y niños.
• Trabajadores vinculados al sector servicios: sirvientes, mayordomos y cocheros
• Semicalificados y no calificados. Obreros y operarios industriales.
Al último escalafón lo integraban los sectores recientemente emigrados, que aceptaban cualquier
trabajo eventual o esporádico, con los salarios más bajos del mercado.
El proletariado era un grupo altamente heterogéneo pero, la experiencia compartida del trabajo
manual y la explotación por parte de los empresarios, unido a un estilo de vida compartido – vida
en barrios obreros, frecuentar la taberna - favoreció la conciencia de clase, el mutualismo, la
creación de sindicatos y partidos obreros, y el desarrollo de ideologías socialistas y anarquistas
orientadas a la mejora de las condiciones laborales y la transformación social
Construyen su identidad en oposición a otro: la burguesía
Cultura Obrera
Hacia mediados de siglo XIX se desarrollaron nuevos hábitos de consumo y uso del tiempo libre:
apuestas, el futbol, boxeo, la radio, music-hall y la concurrencia a la taberna.
Tenían un fuerte código moral que guiaba las luchas por las condiciones de trabajo. Consideraban
que tenían el derecho a un trato justo, salario decente y el deber de la ayuda mutua, la solidaridad
y cooperación.
Con la mejora de los salarios a fines del siglo XIX cambian sus hábitos de consumo. Pueden
dedicar más salario al consumo de lujos y el tiempo libre, esto se potencia con el acceso a la
compra a crédito y en cuotas.
SOCIEDAD INDUSTRIAL, SOCIEDAD BURGUESA
La segunda fase de la revolución industrial consolido el triunfo de la burguesía en la segunda
mitad del siglo XIX y transformó el orden social: al imponerse la propiedad privada de los medios
de producción y el capital como clave del poder, emergió una clase dominante —industriales,
banqueros y grandes comerciantes— que impulsó el liberalismo económico, la ética del trabajo y
del mérito individual. A su lado, la pequeña burguesía —profesionales, funcionarios y
comerciantes— abrazó el ahorro, la educación y el consumo moderno como símbolos de estatus.
Este nuevo bloque hegemónico articuló el progreso técnico (taylorismo, ferrocarril), el mercado
libre y un estilo de vida centrado en el hogar y el ocio urbano, al tiempo que consolidaba la
división espacial entre barrios burgueses y áreas obreras.
Población y Migraciones
A lo largo del siglo XIX, paralelamente a la expansión de la industrialización, se produjo un
notable aumento de la población, un fenómeno que se dio a un ritmo nunca antes visto.
El crecimiento de la población modifico por completo la conformación de la sociedad. A pesar
de que durante la expansión de la Revolución Industrial la economía había crecido, el acelerado
ritmo de las transformaciones desarmo casi por completo la antigua sociedad preindustrial, en la
que los cambios se producían a un ritmo muy pausado.
Muchos buscaron adaptarse a la nueva situación económico-social migrando a las ciudades, este
fenómeno migratorio del campo a la ciudad, en busca de trabajo en las fábricas, la construcción,
el comercio y la administración pública, es denominado éxodo rural. Pero, no todos decidieron
trasladarse a las ciudades, otros prefirieron abandonar sus países de origen y trasladarse a
regiones económicamente más dinámicas, atraídos por la expectativa de obtener altos salarios y,
en algunos casos, por la promesa de la propiedad de la tierra. A este novedoso proceso
demográfico, de una magnitud desconocida hasta ese momento, se lo conoce como migraciones
internacionales.
Entre 1800 y 1924, más de 50 millones de europeos emigraron a otros continentes, un proceso
notablemente favorecido por la revolución en los transportes.
Proceso de urbanización: las ciudades
El crecimiento demográfico fue uno de los procesos sociales más notorios del siglo XIX, como
también el desplazamiento de muchos campesinos a las ciudades. Así se produjo el proceso de
urbanización en Europa: en 1800 solo 10% de la población vivía en ciudades, en 1900 lo hacía
un 40% de los europeos.
Muchas ciudades prosperaros y crecieron en torno a las fábricas y fueron típicas urbes
industriales. Otras se desarrollaron a partir de su tradicional actividad comercial. Algunas eran
viejos centros de poder y se convirtieron en grandes capitales modernas.
El aceleradísimo crecimiento de las ciudades se produjo al principio con escaza o nula
planificación: así, los sectores más pobres se hacinaban en viviendas de baja calidad en el centro
o junto a las fábricas, sin servicios públicos y con una atmosfera contaminada. Pero en la segunda
mitad del siglo ocurrieron grandes transformaciones que dieron origen al urbanismo moderno. Se
construyeron grandes avenidas, palacios, edificios de viviendas y edificaciones representativas.
Se diseñaron amplios espacios públicos como plazas y museos.
Comienzos de la sociedad y cultura de masas
El crecimiento de la población y especialmente el auge y la expansión de las ciudades provocaron
cambios en la sociedad y contribuyeron a que comenzara a surgir un fenómeno nuevo, la sociedad
de masas, que sería la característica del mundo occidental en el siglo XX.
Se denomina masa a un conjunto de individuos que han perdido vínculos con sus semejantes, o
se relacionan débilmente con ellos. Otra característica de la masa es la de estar integrada por
personas que no se conocen entre sí: el carácter impersonal es, entonces, una de las
particularidades de este nuevo tipo de vida.
Debido a ello, se pierden los antiguos lazos de solidaridad, las costumbres se modifican, las
tradiciones se pierden, los valores se alteran.
La Cultura de masas: Es en el espacio reducido de la ciudad donde surge la nueva cultura de
masas, relacionada con el entretenimiento y el consumo de bienes y servicios de las grandes
multitudes. Aunque comenzó a fines del siglo XIX, este tipo de cultura asociada al consumo y
bienestar alcanzo pleno desarrollo en la década 1920, luego de la Primera Guerra Mundial.
En las ciudades se diseñan lugares de uso masivo: parques, plazas, estadios, museos y teatros.
Olimpiadas modernas y futbol. Surgen periódicos masivos, leídos por cientos de miles de
personas. Aparecen los grandes almacenes y la publicidad masiva.
EL ARTE DE LA SOCIEDAD BURGUESA
El triunfo de la burguesía trajo consigo cambios en la sensibilidad artística. El nuevo orden social
promovió la libertad del artista y lo convirtió en un personaje de gran relevancia social.
Impetuosos, renovadores y, en ocasiones, críticos, tres son los grandes movimientos estéticos del
siglo XIX: El romanticismo, el Realismo y el Impresionismo.
El Romanticismo nació impregnado de un fuerte espíritu de rebeldía frente al racionalismo
ilustrado, las normas académicas y las consecuencias de la modernización. Como reacción a todo
esto, los románticos idealizaron la Edad Media, y recuperaron el folclore y las leyendas
tradicionales. Frente a la objetividad y la frialdad del conocimiento científico, apostaron por el
individualismo, la imaginación, la fantasía, los elementos lúgubres y la admiración por las
manifestaciones más violentas de la Naturaleza.
Las producciones más señaladas del romanticismo se dieron en los siguientes campos:
La literatura (caracterizada por el dominio de la pasión, la fatalidad del destino, la atracción por
el mundo de ultratumba, la exaltación de la libertad y la creación de la novela histórica...). Goethe,
Lord Byron, José de Espronceda, o Víctor Hugo fueron algunos de los autores más
representativos.
La pintura apostó por el movimiento y la tensión dramática y violenta. Los franceses Delacroix
y Géricault, el alemán Friedrich y el paisajista inglés Turner son los principales exponentes de
esta tendencia.
La música se dejó arrebatar por los sentimientos, apelando a una comprensión universal del amor,
la felicidad, la melancolía o la confianza en el ser humano a través de las grandes obras sinfónicas.
Los músicos emblemáticos de este periodo fueron Beethoven, Chopin y Brahms.
En la segunda mitad del siglo XIX el Realismo fue el estilo dominante. La fe en el progreso y la
ciencia influyó en el afán de los realistas por expresar la realidad con objetividad y, si era
necesario, con crudeza. La capacidad de observación, equivalente al microscopio del científico,
pasó a ser una de las características más valoradas del artista. Los autores realistas ya no buscaban
inspiración en la antigüedad clásica o el medievo: los temas contemporáneos serán los únicos que
merezcan su atención.
En literatura, el género más representativo fue la novela, donde destacaron Balzac y Zola en
Francia, Tolstoi, en Rusia, Dickens en Inglaterra, y Pérez Caldos y Leopoldo Alas, "Clarín» en
España.
Los pintores (Courbet, Daumier, Mille...) se fijaron en los temas cotidianos, elevándolos a la
escala de cuadros de gran formato.
El Impresionismo sobrevino a finales del siglo. Fue una corriente pictórica que rompió con los
cánones fijados desde hacía siglos. Los impresionistas (Monet, Degas, Renoir) se dieron a conocer
en una exposición colectiva en 1874. En sus cuadros trataban de captar los matices del aire libre
y la luz natural, mediante una técnica de pinceladas sueltas y colores puros. Prestaron una atención
especial a los efectos de la luz, de acuerdo con las teorías científicas sobre la naturaleza de la
visión. Acabaron otorgando independencia al color respecto a la forma, con lo que abrieron el
camino a la pintura abstracta del siglo XX.
CRISIS DE 1873: EL FIN DEL CAPITALISMO LIBERAL
En 1873, se inició un prolongado descenso de los precios, de las tasas de interés y de los
beneficios. La “Gran Depresión” (1873-1896) afecto a países europeos y extra europeos pero,
para otros fue una etapa de avances – EEUU y Alemania. En términos económicos no se trató de
una crisis de producción sino de las ganancias (crisis de rentabilidad).
La agricultura fue el sector más afectado, la DIT y economía mundial hizo que la producción
agrícola de regiones no industrializadas inundara el mercado generando baja de los precios
agrícolas y la quiebra de agricultores europeos
Entre las causas que la produjeron, pueden identificarse por lo menos dos. Por un lado, la
competencia entre las empresas era cada vez mayor, en un mercado que no crecía con el mismo
ritmo que la producción. Por otro lado, cada vez era más difícil reducir los costos de producción
utilizando la variable de los salarios, porque los trabajadores, mas organizados, oponían
resistencia.
El colapso económico puso fin a la época del librecambio – es decir, la política económica que
suprime las trabas al comercio internacional – y dio lugar al proteccionismo; esto significa que
los gobiernos colocaron barreras arancelarias para preservar la producción nacional.
Para mejorar su competitividad, quienes disponían de capital o posibilidades financieras
incorporaron a la producción los avances tecnológicos a la vez que aplicaron nuevas formas de
disciplina laboral. La gestión científica del trabajo (taylorismo) consistía en un método de control
destinado a incrementar la productividad, basado en la división del trabajo en varias tareas
sencillas, que podían realizar obreros poco especializados con salarios bajos.
En las últimas décadas del siglo XIX, nació la empresa moderna, que se caracterizaba por una
organización burocrática, administrada por personal especializado asalariado y cuya forma
jurídica es la de las sociedades anónimas. Estas unidades empresariales se diferenciaron de los
tipos de empresas del periodo anterior por su dimensión y sus actividades. En esta etapa, surgieron
corporaciones, oligopolios y carteles que controlaban el mercado. Al complementarse los
capitales industriales y los grandes bancos, se expandió el capitalismo financiero. La
concentración económica permitió el control de mercados y precios.
Además se incorporación de nuevos sectores (trabajadores) al consumo
LA BELLE EPOQUE
El termino belle époque (bella época) se originó en Francia para designar al periodo comprendido
entre 1890 y 1914. La consternación por la Gran Depresión dio paso a un periodo de euforia y
optimismo. El periodo de preguerra, de extraordinaria expansión económica y auge de la
burguesía europea, fue idealizado por muchos de sus contemporáneos como la edad de oro de la
seguridad, la estabilidad y la previsibilidad.
En este periodo las economías industriales expandieron sus economías: el sector industrial se
recuperó y la producción agrícola mundial se incrementó. Las clases más acomodadas, e incluso
las clases medias recuerdan esta época como una edad dorada. Los trabajadores también se
beneficiaron durante este periodo, porque la expansión industrial demandaba mano de obra y
ofrecía abundantes puestos de trabajo. Sin embargo, no fue un tiempo sin conflictos ni tensiones.
En esta época de prosperidad, países como Alemania, EEUU y Japón progresaron rápidamente;
mientras que Gran Bretaña creció a un ritmo más lento. Igualmente, los británicos conservaron su
dominio sobre el mercado internacional de capitales y el comercio.
El consumo de masas: El aumento poblacional, mejoras urbanas, suba de salarios, abaratamiento
del precio de los alimentos y las conquistas de los sindicatos favorecieron la aparición de
compradores. La venta a crédito amplio el consumo, permitió a los trabajadores comprar en
plazos. Y los medios de comunicación de masas usados para promocionar los productos.
El optimismo, la fe en el progreso científico y el predominio de la razón fueron característicos de
esta etapa, en la que se extendieron la industrialización y el colonialismo.
Entonces, la segunda mitad del siglo XIX consolidó una sociedad dominada por el capital y el
trabajo asalariado, caracterizada por grandes desigualdades y profundas transformaciones
económicas, sociales y culturales. La emergencia de una sociedad de masas, el esplendor de la
Belle Époque, el urbanismo moderno, las migraciones y los movimientos artísticos reflejan tanto
las tensiones como los logros de una era que sentó las bases del mundo contemporáneo.