Examen
1. El Estado y los ciudadanos: Dimensiones de la participación
política en la modernidad y hoy.
2. Surgimiento del Estado moderno: Poder político y soberanía.
3. Definición de Estado, gobierno, nación, nacionalidad y
ciudadanía. Con un ejemplo.
4. Noción de ciudadanía en la sociedad de consumo: lo individual y
lo colectivo.
5. Definición de movimientos sociales según C. Zamora.
6. Definición de sujeto político Ana P. León.
7. Características de un movimiento social: demandas, formas de
expresión. Con 3 ejemplos de las exposiciones finales.
Respuestas:
1. Dimensiones de la participación política en la modernidad y hoy.
En la modernidad (siglos XVII-XVIII)
I. Centralización del poder y exclusión de la mayoría: Durante el surgimiento del
Estado moderno, particularmente en la Europa de la Edad Moderna, la participación
política era limitada a un pequeño grupo de personas, principalmente aristócratas, nobles
o monarcas. El derecho a la participación estaba restringido, y el poder político era
centralizado, a menudo en una figura monárquica absoluta. Esto significaba que solo una
pequeña élite tenía acceso directo a las decisiones políticas.
II. Revoluciones políticas y la ampliación de la participación: Con eventos como la
Revolución Francesa (1789) y la Revolución Americana (1776), se empezó a cuestionar la
legitimidad de los monarcas absolutos, lo que llevó a la expansión de los derechos
políticos. La idea de soberanía popular ganó fuerza, estableciendo que el poder debía
residir en los ciudadanos, aunque inicialmente solo en ciertos sectores (hombres,
propietarios, etc.). El concepto de ciudadanía se vinculó a la participación mediante el
voto, el derecho a la representación y la influencia sobre el Estado.
III. El surgimiento de la ciudadanía política: Durante la modernidad, se desarrollaron los
conceptos de derechos civiles (libertad de expresión, derecho al voto, derecho a la
propiedad) que empezaron a vincularse a la ciudadanía. Aunque en ese momento la
participación política era restringida, las ideas de democracia y ciudadanía comenzaron a
cristalizar, marcando el inicio de una mayor inclusión política en la vida social.
Hoy (en las democracias modernas)
I. Expansión de la participación política: En la actualidad, la participación política se ha
ampliado enormemente. El sufragio universal es uno de los principales avances en la
modernidad, permitiendo que todas las personas adultas, sin distinción de raza, género o
nivel de propiedad, puedan votar y elegir a sus representantes. Este avance se ha
combinado con otras formas de participación como la participación en partidos políticos, la
militancia social, y la influencia a través de medios de comunicación y movimientos
sociales.
II. Participación electoral y no electoral: La participación política hoy se divide en
participación electoral (votación en elecciones, referéndums) y no electoral (protestas,
movimientos sociales, participación en ONGs, activismo en redes sociales, etc.). La
participación electoral sigue siendo fundamental, pero las formas no electorales han
ganado relevancia, especialmente con el auge de las tecnologías digitales y las redes
sociales, que permiten una interacción más directa y rápida entre los ciudadanos y las
instituciones políticas.
III. Desafíos de la participación actual:
o Desigualdad de participación: Aunque la democracia moderna ha ampliado la
participación, existen desigualdades en el acceso a la participación política.
Factores como el sistema electoral, las barreras económicas, las discriminaciones
sociales o la desinformación pueden limitar la efectividad de la participación de
ciertos grupos en la toma de decisiones políticas.
o Apatía política y desconfianza: A pesar de las oportunidades de participación, hay
un desinterés creciente o desconfianza en las instituciones políticas, lo que puede
llevar a la apatía política o la falta de compromiso con el proceso democrático. Esto
se observa en la baja participación en elecciones, referendos o en el debilitamiento
de los partidos políticos tradicionales.
IV. Ciudadanía activa: Hoy en día, la ciudadanía no solo se entiende como el derecho al
voto, sino también como la capacidad de participar activamente en la vida política
mediante movimientos sociales, demandas por justicia social, la defensa de derechos
humanos o la exigencia de cambios en políticas públicas. Los ciudadanos hoy tienen más
herramientas para influir en la política más allá de las urnas.
2. 1. El Surgimiento del Estado Moderno
El Estado moderno emergió en Europa como resultado de diversas transformaciones históricas
que incluyeron la caída del feudalismo, el fortalecimiento del poder de las monarquías y la
centralización del poder político. En el contexto medieval, el poder político estaba fragmentado
entre señores feudales, la Iglesia y el monarca, lo que generaba una estructura descentralizada
y disfuncional para una gobernanza eficiente.
Durante la Edad Moderna, los monarcas comenzaron a centralizar el poder en sus manos,
creando lo que se conoce como monarquías absolutas. Este proceso estuvo vinculado a
factores como:
El debilitamiento de la nobleza feudal: Los monarcas adquirieron más poder a medida
que limitaban la influencia de los señores feudales a través de reformas y políticas
centralizadoras.
El crecimiento del poder de la burguesía: El surgimiento de una clase media
comerciante en expansión, que deseaba estabilidad para el comercio y la protección de
sus intereses, contribuyó a la consolidación de un poder central.
La unificación territorial y la centralización administrativa: Se crearon
instituciones más eficientes para la recaudación de impuestos, la creación de un ejército
permanente y la organización de la administración del Estado.
2. Poder Político en el Estado Moderno
El poder político en el Estado moderno se caracteriza por la centralización y la consolidación
del control del territorio y de la población bajo una sola autoridad, generalmente representada
por el monarca o el Estado. Este proceso supuso una reorganización de las estructuras de poder
que se había fragmentado durante la Edad Media.
Centralización del poder: A través de reformas políticas y administrativas, el monarca
se convirtió en la figura central del poder político. Esto implicaba que el monarca o el
soberano concentrara no solo el poder militar, sino también el derecho de decidir sobre las
leyes, la política exterior y la recaudación de impuestos.
El concepto de soberanía: Durante el Renacimiento y la Edad Moderna, surgió la idea
de soberanía, que se refiere al poder supremo e inapelable del Estado. El filósofo
político Jean Bodin (1530-1596) fue uno de los teóricos clave en la definición de la
soberanía, describiéndola como el poder absoluto y perpetuo que reside en el Estado, sin
estar subordinado a ninguna otra autoridad, ya sea la Iglesia o la nobleza.
El absolutismo monárquico: A través de la centralización, los monarcas de la Edad
Moderna adoptaron un poder absoluto. Un ejemplo emblemático es el reinado de Luis
XIV de Francia, quien se proclamaba como el "Estado soy yo" (L'État, c'est moi),
subrayando la concentración de poder en su figura.
El control de la vida social y política: El Estado moderno no solo se consolidó en
términos administrativos, sino también en términos de control social. La creación de un
ejército permanente, la fiscalización del comercio y la imposición de impuestos
ayudaron a consolidar este poder. Los reyes, en este sentido, comenzaron a tener mayor
control sobre la producción económica y las relaciones sociales dentro de sus
territorios.
3. La Soberanía del Estado Moderno
La soberanía es uno de los conceptos clave para entender el surgimiento del Estado moderno.
En la Edad Media, el poder político era compartido entre varias entidades (el Papa, los señores
feudales, el monarca, etc.), pero con la soberanía moderna, se empezó a concebir el poder
como absoluto, indivisible e inalienable en el Estado. Esto implicó varias ideas centrales:
Soberanía interna: El Estado moderno es el único actor con el poder de legislar,
administrar y organizar el territorio bajo su control. No se reconoce ninguna otra autoridad
que pueda desafiar sus decisiones dentro de sus fronteras.
Soberanía externa: El Estado moderno es independiente y tiene la capacidad de
establecer relaciones diplomáticas y comerciales con otros Estados. El concepto de
soberanía también está vinculado a la autonomía del Estado frente a las injerencias
externas, especialmente en términos de relaciones internacionales y políticas coloniales.
El contrato social: Filósofos como Thomas Hobbes (1588-1679), John Locke (1632-
1704) y Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) contribuyeron al concepto de soberanía
con sus teorías sobre el contrato social, según el cual la soberanía reside en el pueblo
(en una democracia) o en una autoridad central (en un sistema más absolutista). La
soberanía se asocia con la legitimidad del poder del Estado, que debe responder a las
necesidades de la sociedad, ya sea de manera autoritaria o representativa.
Soberanía popular: En paralelo al desarrollo del concepto de soberanía absoluta, el
principio de soberanía popular fue un tema clave de las Revoluciones Francesa y
Americana. Según este principio, el poder emana del pueblo y no de una autoridad
divina o hereditaria. Esto sentó las bases para los Estados modernos democráticos.
4. Transición hacia el Estado Moderno y el Orden Constitucional
Aunque las monarquías absolutas dominaron durante gran parte de la Edad Moderna, el
concepto de soberanía también comenzó a transformarse en las sociedades democráticas. La
Revolución Francesa (1789) y la Revolución Americana (1776) marcaron una ruptura con la
soberanía absoluta del monarca, iniciando la soberanía popular como fundamento del nuevo
orden político.
El Estado constitucional: Con el tiempo, la noción de soberanía se vinculó al derecho
constitucional, que establecía límites y controles al poder del Estado, garantizando los
derechos de los ciudadanos. El Estado moderno democrático asumió que la soberanía,
aunque radicada en el pueblo, debía ser organizada a través de un sistema de gobierno
representativo y separación de poderes.
4. 1. Ciudadanía y consumo: la dimensión individual
En la sociedad de consumo, el consumo se ha convertido en una práctica central que no solo
responde a necesidades materiales, sino también a la construcción de identidad personal. El
individuo es cada vez más percibido como un consumidor autónomo cuya identidad se define por
las elecciones de consumo que hace. Esta noción de ciudadanía, asociada al consumo, incluye:
Derechos de consumidor: En el marco legal, el concepto de ciudadanía se ha expandido al
ámbito del consumo. Las personas tienen derechos que les protegen como consumidores
(protección frente a fraudes, garantías, derechos a la información, etc.). Así, ser un
ciudadano no solo implica participación política, sino también la capacidad de influir en el
mercado mediante las decisiones de compra, eligiendo productos, servicios o marcas que
reflejan valores, creencias y preferencias personales.
La elección como ejercicio de poder: En la sociedad de consumo, el poder de la ciudadanía
se ha desplazado en gran medida hacia el mercado. A través del consumo, los individuos
toman decisiones que afectan tanto su vida personal como la economía global, ya que el
consumo se ha convertido en una forma de expresión política (por ejemplo, elegir
productos éticos, apoyar empresas responsables, etc.). El individualismo en esta esfera
está ligado a la idea de que cada persona puede modificar la sociedad con sus
preferencias de consumo.
La alienación del individuo: A pesar de la autonomía que el mercado promete, el individuo
en la sociedad de consumo puede sentirse alienado. El consumo, aunque aparente un acto
de libertad, a menudo es condicionado por las estrategias de marketing, la publicidad y
las presiones sociales, lo que limita las verdaderas opciones del consumidor y lo convierte
en un actor pasivo dentro del sistema económico.
2. Ciudadanía y consumo: la dimensión colectiva
La ciudadanía en la sociedad de consumo no se limita a los aspectos individuales, sino que
también involucra la dimensión colectiva, donde el consumo tiene un impacto social y político
más amplio. Esta dimensión colectiva de la ciudadanía y el consumo se manifiesta en:
El consumo como práctica colectiva: El consumo no es solo un acto individual, sino
también un acto social. Las decisiones de compra están influenciadas por normas sociales,
tendencias culturales y movimientos colectivos. En este sentido, el consumo se convierte
en una forma de identificación colectiva, en la que los individuos se agrupan alrededor de
marcas, estilos de vida y valores comunes. La ciudadanía en la sociedad de consumo se
entiende como un fenómeno colectivo donde los intereses y derechos de los consumidores
se organizan a través de asociaciones, movimientos sociales y organizaciones no
gubernamentales que luchan por el consumo responsable y ético.
Ciudadanía global y consumo responsable: En un contexto globalizado, el consumo
colectivo trasciende las fronteras nacionales, lo que ha dado origen a movimientos de
ciudadanía global. Los consumidores, como ciudadanos globales, tienen la capacidad de
influir en el comportamiento de las empresas mediante el consumo consciente. Iniciativas
como el comercio justo, la sostenibilidad y el activismo ético muestran cómo los
movimientos colectivos pueden tener un impacto real sobre las políticas de empresas y
gobiernos. La ciudadanía colectiva implica entonces un enfoque de consumo que tenga en
cuenta no solo los intereses personales, sino también los derechos humanos, el medio
ambiente y las condiciones laborales en la producción de bienes.
Consumismo y exclusión social: La sociedad de consumo también produce exclusión social
y desigualdad, ya que la capacidad de consumir está ligada a los recursos económicos que
posee un individuo o grupo. Las brechas económicas que surgen entre aquellos que
pueden acceder a ciertos productos y los que no, crean divisiones sociales. Este fenómeno
afecta a la ciudadanía colectiva, ya que limita la igualdad de oportunidades y puede
conducir a la percepción de alienación de los grupos más desfavorecidos. La crítica a la
sociedad de consumo se enfoca precisamente en cómo este sistema fomenta la
competencia y exclusión dentro de una colectividad que debería estar basada en la
igualdad de derechos y la justicia social.
3. La relación entre lo individual y lo colectivo
La nueva noción de ciudadanía en la sociedad de consumo revela una interrelación compleja
entre los aspectos individuales y colectivos. A nivel individual, el consumo se presenta como una
forma de expresión de identidad y autonomía, mientras que a nivel colectivo, el consumo puede
tener implicaciones sociales y políticas significativas. Sin embargo, en un entorno donde el
mercado tiene un control creciente sobre las decisiones individuales y colectivas, los ciudadanos
se enfrentan a la dificultad de equilibrar sus intereses personales con las responsabilidades
sociales.
El dilema entre el consumo y la justicia social: El ciudadano en la sociedad de consumo se
encuentra ante el desafío de actuar en conformidad con sus valores personales, pero al
mismo tiempo, siendo parte de una sociedad más amplia que enfrenta problemas globales
como el cambio climático, las desigualdades económicas y la explotación laboral. Aquí, la
ciudadanía activa implica un consumo reflexivo que busque no solo satisfacer las
necesidades personales, sino también contribuir a un cambio social y económico más
justo y sostenible.
5.Carlos Zamora define los movimientos sociales como acciones colectivas organizadas
que surgen en respuesta a situaciones de desigualdad, injusticia o exclusión social. Estos
movimientos buscan transformar las estructuras sociales, políticas o económicas existentes a
través de la movilización de la sociedad civil, promoviendo cambios en las políticas públicas, la
cultura política y el ejercicio de los derechos.
Zamora subraya que los movimientos sociales no solo son una respuesta a las demandas de
justicia, sino que también son una herramienta de transformación que contribuye a la
democratización de la sociedad y a la institucionalización del Estado de derecho. Los
movimientos sociales permiten que las demandas de diversos grupos excluidos o marginados
sean reconocidas por el Estado y otras instituciones, ayudando a redefinir la relación entre
el Estado y la sociedad civil. A través de sus protestas, reivindicaciones y presiones, estos
movimientos pueden fortalecer la democracia al exigir mayores garantías de derechos y al
incidir en la creación de políticas públicas que respondan a las necesidades de todos los
sectores sociales.
En resumen, para Zamora, los movimientos sociales son instrumentos clave en la lucha por
la democracia y el Estado de derecho, ya que a través de ellos se expande la participación
política, se amplían los derechos y se construye una sociedad más inclusiva.
6. Sujeto Político" de Ana Pía León (2023), la autora define al sujeto político como un actor
o entidad que tiene la capacidad de participar activamente en la vida política, de
reivindicar derechos y de formar parte del proceso de toma de decisiones dentro de una
sociedad. El concepto de sujeto político que presenta León se basa en la noción de sujeto
activo, que no se limita a ser solo un receptor pasivo de las decisiones del Estado o de las
políticas públicas, sino que tiene un papel proactivo en la construcción del orden político y
social.
Principales aspectos del sujeto político según León:
1. Sujeto como agente de transformación: El sujeto político no solo está limitado a las
relaciones establecidas dentro de los marcos de poder preexistentes, sino que también
tiene un papel fundamental en la transformación de esas estructuras a través de la
acción política. Esta acción puede manifestarse de diversas formas, como la
participación en elecciones, el activismo social, la organización de movimientos y la lucha
por derechos.
2. La identidad del sujeto político: El sujeto político se define no solo por sus derechos y
responsabilidades dentro de un sistema político, sino también por su identidad
colectiva. Esto significa que el sujeto político se construye no solo de manera individual,
sino también a través de grupos sociales, movimientos y comunidades que buscan el
reconocimiento de sus derechos y la modificación de las estructuras sociales y políticas.
3. Dimensiones de la participación política: León enfatiza que la participación política
del sujeto no se limita al acto de votar, sino que incluye formas más amplias de
intervención en la vida política, tales como la protesta, el activismo, la movilización
social, la defensa de derechos humanos y la crítica a las estructuras de poder.
4. El sujeto político y la construcción del orden democrático: La autora también
resalta la importancia del sujeto político en la construcción del orden democrático,
destacando que un sistema democrático no puede existir sin la participación activa de
los ciudadanos en los procesos de deliberación, decisión y control del poder. En este
sentido, el sujeto político tiene la capacidad de influenciar la política y debe estar en
constante interacción con las instituciones para asegurar que el poder sea representativo
y accountable.
En resumen, según Ana Pía León, el sujeto político es un actor activo que participa,
transforma y defiende los principios democráticos y los derechos en un espacio político. No se
trata solo de un individuo que ejerce derechos civiles, sino de un ser colectivo que influye y
modifica el sistema político a través de su acción y su organización.