Trabajos prácticos Adultos 2025
UNIDAD 1:
- Lacan J. (1987) La dirección de la cura y los principios de su poder.
Para entrar en contexto, recordamos que constituye un texto de carácter “político” respecto
del estado del psicoanálisis a fines de los años 50, en Francia, con sus colegas y
adversarios psicoanalistas. Tras la Segunda Guerra Mundial se asiste a la reconstrucción de
lo destruido. Con los planes de desarrollo de los años 50, va naciendo un Estado de
bienestar y se plantean nuevas demandas sociales, nuevas ofertas y nuevos discursos.
Surge la Asociación Internacional de Psicoanálisis (IPA). Se plantea la problemática sobre la
difusión del Psicoanálisis, como así el problema de su transmisión/enseñanza.
En ese contexto se presentan dos proyectos de estatutos/líneas de desarrollo diferentes: (1)
neurobiología; (2) volver a Freud. Lacan, en este texto, critica fuertemente la teoría y la
práctica psicoanalítica dominante bajo el control de la IPA, y a la “egopsychology”.
Históricamente, en el momento en que se produce este texto, Francia atravesaba un
momento difícil con la guerra civil en Argelia como colonia francesa, con el saldo negativo
de otra situación de disputa bélica post-colonial con Indochina. Es por ello que Lacan en
este escrito hace referencia a un texto sobre la guerra escrito por el general prusiano Carl
von Clausewitz, “De la guerra” (1832), uno de los teóricos más influyente en la ciencia
militar moderna. Este contexto bélico es el marco en donde se escribe el texto, por lo que
Lacan pensará las funciones Táctica-Estrategia-Política respecto del QUE HACER DEL
ANALISTA, en relación a metáforas bélicas en el seno del contexto antes mencionado.
Lacan ya no soportaba más los desvíos postfreudianos, tanto en materia de doctrina como
con respecto a la práctica, desvíos que alejan a lo que apunta el psicoanálisis, a lo más vivo
del descubrimiento freudiano: el inconsciente. Para la IPA, la aportación freudiana era
obsoleta y se propone, paradójicamente, sobrepasar una doctrina que ignora. Lacan va a
oponerse a esta “tendencia a la degradación de la dirección de la cura”.
Lacan aborda el concepto de CONTRATRANSFERENCIA, resaltando la “simetría” que eso
parece implicar entre analista y analizante, como si los dos estuvieran en posición de sujeto
en la cura. El concepto de contratransferencia, en su popularidad, lleva a pensar en esos
términos la cura analítica. Lacan sostiene que hablar de contratransferencia es una
impropiedad conceptual. Retoma como interlocutores a los teóricos de la egopsychology,
que precisamente han constituido su teoría en torno a una conceptualización ausente en
Freud como regla técnica, siendo un concepto de Ferenczi. De hecho, Freud mismo se ha
encargado de pensar en los modos en los que se podrían “evitar” los “escollos
contratransferenciales”: mediante el autoanálisis y el análisis didáctico.
Lacan sostiene que desde la Psicología del Yo se ha apuntado a una “reeducación
emocional del paciente”, una verdadera “domesticación del Yo débil del paciente por parte
del Yo fuerte del terapeuta”, lo que comporta un carácter verdaderamente pedagógico (y
absolutamente contrario al análisis, si entendemos que analista es aquel que ha renunciado
a la pretensión de educar y gobernar).
El terapeuta de la egopsychology se emplaza en la posición de Amo, asumiendo
apriorísticamente qué es lo que le pasa al paciente, de qué sufre y cómo resolverlo,
operando desde el prejuicio y la comprensión (en el sentido de Jaspers, tan duramente
criticado por Lacan), promoviendo únicamente la identificación imaginaria y obturando la
emergencia del sujeto del inconsciente.
Posicionarse como maestro, médico, cura, etc., en suma, dirigir al paciente, implicaría
posicionarse en términos de una relación imaginaria de a ----- a’. No es ese el lugar del
analista. No se trata de confrontar el Yo de uno con el Yo del otro como atrapados en el eje
imaginario.
Si hay algo con lo que se puede pensar esta dirección es que el analista dirige la cura, pero
NO estando en la misma posición que el analizante. No existe tal simetría, no es un diálogo
entre pares.
Se establece el orden: interpretación para que haya transferencia. La dirección de la cura
supone el concepto de DESEO: deseo del analista y deseo del analizante. La cura es una
relación de deseo a deseo.
El psicoanálisis lacaniano nos habla del ACTO ANALÍTICO, un acto que no es una “acción”
en el sentido de una “conducta que se dirige a un objetivo”, en tanto no posee una “meta”
preestablecida, un horizonte universal como podría ser la “Salud Mental”, sino que se trata
de un acto sin garantías, en tanto los efectos que se desprenden del mismo no
necesariamente se corresponden con aquellos que el analista podría haber intentado
anticipar.
LOS EFECTOS DEL ACTO ANALÍTICO SON PASIBLES DE SER CERCADOS
ÚNICAMENTE A POSTERIORI. No se debe censurar aquello que emerja de manera
espontánea (por más que sea contrario o “distinto” a lo esperado), ya que esa lectura que el
analizante hace de nuestra intervención nos habla de su posición singular de enunciación,
de su entramado fantasmático, y únicamente nos corresponde retomarlo y relanzar el
material para ver a dónde nos conduce esa asociación.
LOS EFECTOS DEL ACTO ANALÍTICO SE DAN POR AÑADIDURA Y SUPONEN UNA
CONJUGACIÓN ENTRE UN “HACER” Y UN “NO-HACER”: un hacer propiamente analítico
y un no-hacer vinculado con la abstinencia, con el silenciamiento del Yo (abstenerse de
operar desde la comprensión, desde el prejuicio o el sentido común, no llenar con la propia
opinión/respuesta).
Lacan sostiene que el analista no debe dirigir la conciencia del paciente, como lo
pretendería la religión (o incluso la egopsychology), sino que EL ANALISTA DEBE
ENCARGARSE DE DIRIGIR LA CURA.
Esto significa hacer respetar al analizante la regla analítica fundamental: la ASOCIACIÓN
LIBRE, que el analizante se atenga a la regla por la cual no debe oponer ningún tipo de
censura sobre sus ocurrencias, ni retroceder ante el sinsentido o el absurdo. La asociación
libre marca una dirección. Esta dirección será sostenida por el uso de la palabra de un
modo distinto al uso habitual: se trata de prestarle atención al malentendido, al equívoco, a
la determinación inconsciente.
A la transferencia de parte del analista la IPA la llama contratransferencia. Lacan no dice
que la contratransferencia no exista, ni que no deba hablarse de ella. Lo que dice es que
eso hay que hablarlo en el control para rectificarlo. Sobre lo que insiste es que la
contratransferencia no es una buena brújula para dictar la dirección de la cura.
Llegados a este punto, y siguiendo a Lacan, aparece un enigma. La naturaleza enigmática
del deseo del analista, el alcance del deseo del analista está en juego desde el instante
inaugural. De modo que surge el interrogante: ¿de qué está hecho el deseo del analista,
ese deseo que no sería un deseo de sujeto?
En cualquier caso, Lacan dice que “ciertamente es el psicoanalista el que dirige la cura”.
Pero “dirigir la cura” no es “dirigir al paciente”. Ahí no está “el principio del poder de la cura”.
La cura comienza haciendo que en el sujeto de la experiencia se aplique la regla
psicoanalítica. El analista introduce una diferencia en lo monótono. Lacan dice que por poco
que el analista hable hace patente su ser. El analista se presenta en su ser de deseo.
El paradigma de lo que NO hay que hacer es “la dirección de la conciencia”, tal como la
preconiza la religión católica. El analista no es “un guía moral”.
Lacan viene a restituir la autenticidad de la situación analítica hablando de lo imposible de
dominar, de lo imposible de formar: el deseo del analista. Éste (el analista) domina nada, es
alguien dominado por su deseo. Lo que da poder al analista es: primero, la teoría
psicoanalítica, y segundo, su deseo. Los analistas no tenemos otro poder que el que nos da
la autoridad de nuestra palabra.
Dos puntos parecen quedar claros:
- No hay que hacer uso de la contratransferencia como vector de la cura.
- En la dirección de la cura, el analista no es un “director de conciencia”.
Para Lacan, se trata de hacer aplicar la regla analítica freudiana de la libre asociación,
aunque piensa que la libre asociación no sea tan libre como pudiera parecer.
El analizante siempre paga algo por su análisis. El analista también paga: paga con su
palabra, con su interpretación, con su ser de deseo, su síntoma formado. Presta su ser en la
transferencia. Lacan apela al concepto de “libertad”. ¿El analista es libre?, ¿puede hacer lo
que quiere? No. Por ocupar el lugar que le da la transferencia, siendo oyente e intérprete
del malestar del paciente en el seno de la cura analítica, el analista “paga”, en el sentido de
poner algo de su parte (es decir, no es sin costo subjetivo).
Esta conceptualización es una forma de dar cuenta de su lugar, con las distintas
modulaciones que puede tener este pago en relación a la libertad. Los TRES PAGOS DEL
ANALISTA serían:
1. PAGA CON SUS PALABRAS: en relación a la interpretación, el analista se abstiene de
intervenir desde su Yo, o desde su propia fantasmática; interviene retomando los
significantes enunciados por el analizante y devolviéndoselos de manera invertida, de modo
tal que sea el propio analizante el que produzca una lectura de los mismos (desde su
posición singular de enunciación). Para el analista es el momento de mayor libertad,
haciendo uso de las intervenciones que considere convenientes (calculo a verificar) que
tendrán un estatuto de interpretación a partir de sus efectos en el analizante. La
corroboración siempre será “indirecta”, como dice Freud en “Construcciones”.
2. PAGA CON SU PERSONA: en relación a la transferencia, el analista presta su persona
como soporte para los fenómenos transferenciales (no solo en términos ideales, sino con su
propio cuerpo, al soportar lo que sea que se presente en el análisis), al mismo tiempo que
asume la posición del muerto (posición de silenciamiento del Yo, por la cual se abstiene de
llenar con su opinión, con su respuesta), lo que permite la emergencia de lo que el sujeto
analizante tiene para decir. Cuando hablamos de “sujeto” nos referimos al sujeto del
inconsciente, barrado, atravesado por el lenguaje, que no está presente todo el tiempo en el
análisis sino de manera intermitente, emergiendo “por fogonazos” a través de lo que Freud
denominó formaciones del inconsciente. En lo habitual, el analizante habla desde su Yo y es
preciso que mediante las intervenciones logremos propiciar un efecto sujeto, es decir, que
tenga lugar la emergencia del sujeto del
inconsciente. Acá el analista ya no es tan libre, porque se determina desde el analizante: el
lugar que el analista ocupa en la transferencia es el que el analizante le depara. El analista
deberá reconocer ese lugar.
3. PAGA CON SU JUICIO MÁS ÍNTIMO: el analista opera con lo que sabe acerca de su
propio inconsciente. No interviene desde su Yo, con sus pasiones o buenas intenciones
(como lo podría hacer en la vida cotidiana), sino que interviene con lo que sabe de su falta
en ser: opera con lo que “sabe” de su inconsciente. El operador político del acto analítico es
justamente el deseo del analista, que consiste en mantener viva la dimensión del deseo
inconsciente: no proponer ningún objeto como fin al cual llegar, ningún fantasma, ni ningún
significante al que identificarse imaginariamente. Trata más bien de los puntos suspensivos
que abre el deseo. El deseo del analista es una función que tiende a separar, desidentificar
y atravesar, vía la interpretación y la transferencia. Este pago se vincula con la dimensión
“menos libre” de la actividad del analista, en tanto depende del lugar al que ha arribado en
su propio análisis. Es esperable que, en el marco de este recorrido analítico, haya emergido
en el analista algo del orden del deseo de analizar, de devenir analista para un otro
analizante, que no esté movido por el ideal, sino que resulta del análisis que él mismo
protagonizó.
En esta línea, podríamos retomar las TRES DIMENSIONES DE LA ACTIVIDAD DEL
ANALISTA (cada una de las cuales se relaciona con uno de los pagos, numerados de la
misma forma):
1. TÁCTICA: la dimensión “más libre” de la actividad del analista, en tanto remite a la
dimensión de la intervención y el analista interviene en los momentos en los que le parece
más conveniente. Hace referencia a la intervención y a la interpretación, como el uso
particular que el psicoanálisis hace de la palabra.
2. ESTRATEGIA: tiene que ver con la transferencia y la asunción de la “posición del muerto”
por parte del analista.
3. POLÍTICA: la política del deseo hacia la que debería apuntar todo análisis (opuesta a la
completud), orientada a que algo falte, al no-todo, de modo tal de hacer surgir algo del
orden del deseo del analizante. Si se define a la ética del psicoanálisis en relación al deseo
(que va más allá del “Bien” y “La Felicidad”), se puede delinear de forma clara una política
de la cura hacia donde el analista debe orientar su acción específica: el acto analítico, que
remite al “¿hacia dónde se quiere ir?”, al trabajo sobre el deseo y el goce.
- Miller, J-A. (2010) El ruiseñor de Lacan.
La búsqueda de Lacan
Comienza hablando de una singularidad, de la búsqueda de Lacan según la modalidad del
seminario, que era su aparato de enseñanza, “lugar donde se da una formación a los
jóvenes”.
En el caso del seminario de Lacan es el maestro el que habla. No se trataba de ningún
procedimiento ni de ningún método. Se trataba del discurso de alguien que dia tras dia se
agitaba alrededor del icc, manifestaba que el psicoanálisis era a la vez una práctica y su
dificultad, su preocupación, era alguien que expone el modo en que intentaba hacer con
esta disciplina y este objeto, intentando demostrar el embrollo y desembrollo.
Lacan se dirigió a los analistas, los formó y el discurso que les dirige se transformó en el
Otro, por el mismo hecho de dirigirse al gran Otro que constituye la comunidad de los
analistas. En ese discurso se jugaba algo del deseo y de la culpa en su producción.
Ideas sobre lo singular
Si privilegiamos el caso particular, el detalle, lo no generalizable, es en la medida en que ya
no creemos en las clases, en los sistemas de clasificación. Sabemos que nuestras clases
son mortales, que las clases que utilizamos son históricas. tienen algo relativo, artificial,
artificioso, que son solamente semblante, no se fundamentan ni en la naturaleza, ni en la
estructura, ni en lo real. solo se presentan hoy fundamentadas en la verdad, que varía,
tienen variedades.
Cada diagnóstico se refiere a una clase y nuestras clases diagnósticas tienen un pasado
impresionante que se puede seguir a través de los siglos. Pero estas clases no tienen
fundamento en la naturaleza ni en la observación. En el psicoanálisis el uso de
diagnósticos no está destinado a la clasificación, sino que el uso es más para trabajar entre
los profesionales y para la dirección de una cura posible con ese paciente.
Producto del artificialismo de las clases, el individuo se encuentra apartado de la maestría
de este juego de clases.
Lo universal de la clase, nunca está completamente presente en un individuo. (Pág 127)
Este déficit de toda clase universal en un individuo hace que justamente este sea sujeto, en
la medida en que nunca es un ejemplar perfecto. Hay sujeto en tanto el individuo se aparta
de la especie, aparta lo particular de lo universal. “No aplastar al sujeto con la clase que
utilizamos”
El apólogo de Keats
En nuestra práctica y tal como tratamos de elaborarla y transmitirla en nuestros aparatos de
enseñanza, apuntamos al punto sujeto del individuo y haciendo eso, nos apartamos tanto
de la dimensión de la naturaleza como de la dimensión de las operaciones de la ciencia.
Se entiende al diagnóstico como un arte, exactamente como un arte de juzgar un caso sin
regla y sin clase preestablecida, lo que se distingue por completo de un diagnóstico
automático que refiere cada individuo a una clase patológica.
Se aclara que es importante sostener la regla de un universal muy particular que es la
ausencia de una regla; un universal negativo, es la ausencia de una programación o lo que
Lacan llamó “la no relación sexual”.(sexualidad como diversa, que cada uno pueda
encontrar su modo de placer) Este único universal es negativo e ilustra la ausencia de una
regla y expone el modo de relación de la especie humana como abierto a la variación.
El sujeto esta siempre obligado a inventar su modo de relación con el sexo, sin estar guiado
por una programacion natural. Ese modo de relación inventado, siempre particular y
peculiar, siempre rengo es el síntoma. El síntoma es lo más propio que tenemos, y nadie se
podrá apropiar de el. (En algún momento, en análisis generalmente, uno se da cuenta que
el síntoma no va a ser eliminable, debido a que pulsa y esa pulsión no es eliminable. Se
debe inventar una manera de hacer con el síntoma. Sinthome. Es saber hacer con eso que
te hace sufrir, pero que va a seguir ahí.) El sujeto se constituye siempre como excepción a
la regla y esa invención o reinvención de la regla que le falta la hace bajo la forma del
síntoma. Hay síntomas típicos, para cada uno tiene su forma particular. El sentido que cada
uno le otorga a ese síntoma es distinto.
Miller señala que en psicoanálisis no puede perderse de vista esta concepción de Sujeto y
esto debe estar presente en la clínica cuando se utilizan clasificaciones diagnósticas, no
para descartarlas sino usarlas (para orientarnos en la clínica) sabiendo de su carácter
artificial, con el objetivo de no aplastar al Sujeto con ellas.
Es por esto que el autor plantea una “utopía del DSM” que apunta a llegar a un modelo, a
un sistema de clasificación, a una “máquina para diagnosticar” en donde todo pueda
resumirse en la búsqueda de signos que permitirán luego establecer clases universales y el
cual es promovido por el discurso capitalista que apunta al diagnóstico permanente, sin
tener en cuenta el caso particular. Pero si apuntamos al punto sujeto, vamos a escuchar un
caso, un síntoma, un sufrimiento siempre singular, siempre único y conduciremos una cura
a través del deseo singular de ese sujeto. El diagnóstico como arte de juzgar, como expone
Miller, está entonces en total oposición al diagnóstico automático del DSM, ya que se trata
de atender a cada caso sin reglas y clases preestablecidas, así juzgar no será entonces
aplicar una regla sino decidir si la regla se aplica en el caso particular.
Hay diferentes posiciones frente al saber:
1. Discurso del amo: posición dominante ocupada por el significante amo. La palabra que da
orden.
2. Discurso universitario: posición dominante ocupada por el saber (hegemonía del saber).
Los sujetos se vuelven repetidores de saber.
3. Discurso del analista: excluye la dominación, no enseña nada y no tiene nada de
universal.
En la clínica, en la práctica, el saber de la experiencia, se deduce de un saber, hay que
oponerse a la idea de saber cómo algo absoluto, como si fuese lo único que importa. La
interpretación como saber en el lugar de la verdad no cierra, siempre la interpretación es
una media verdad. Las verdades absolutas son fanatismos. No se deduce del saber,
interpretar incluye un enunciado, una decisión. La enseñanza de la clínica difiere de la
práctica propiamente dicha (atiende a lo singular, al síntoma como algo único e irrepetible).
La clínica es entonces lo transmisible de una práctica, el ejercicio como tal. En la práctica se
pone en juego un real que es insustituible por cualquier saber.
Los universales tienen siempre en el discurso psicoanalítico un valor descompletado, es un
saber si quieren que no cierra nunca. No cierra nunca porque estructuralmente está armado
alrededor de un agujero (en la práctica no hay universales, pero el sujeto está en una
tensión permanente entre lo universal y lo singular).
La singularidad de cada caso nos tiene que poner a nosotros en tanto psicólogos clínicos en
un lugar que relativice el saber, que relativice la experiencia, que relativice incluso la
formación en general que podemos tener.
- Suarez, E. (2012). La eficacia de la interpretación.
Los usos de la palabra
Freud habló de una eficacia fundamental, que es la eficacia de lo icc. Usa el término para
referirse a la fuerza determinante del icc en su aspecto dinámico.
Análogamente, el icc muestra su eficacia en la determinación del síntoma. Desde su
fundación, el síntoma ha sido concebido en psicoanálisis como determinado por la palabra y
en la misma medida, susceptible de ser abordado por ella.
Hay una eficacia de la palabra en el síntoma y una eficacia específica de la palabra en el
dispositivo analítico cuando mediante su uso, se incide sobre aquel. Este uso particular del
poder de la palabra se denomina interpretación.
El analista usa la palabra, la interpretación no es una orden, tampoco una comunicación de
información, ni siquiera de lo que ocurre en el icc del sujeto. Menos aún, la expresión de un
sentimiento contratransferencial. La eficacia de la interpretación no será efecto de un
aprendizaje, ni de una obediencia, ni de una recepción empática. La interpretación será
eficaz en tanto tal a condición de que no constituya una orden, una información o una
demanda. No debe ser utilizada desde el lugar del amo. Palabra que revela, que esclarece.
La eficacia de la interpretación en la cura
Que la interpretación sea eficaz quiere decir que produce efectos, que tiene consecuencias.
La clínica psicoanalítica entendida como lo que se dice en un psicoanálisis nos plantea
examinar, entonces, las consecuencias del decir del analista en los diferentes momentos de
la cura
- la precipitación del síntoma y la instalación de la transferencia: interpretación eficaz
en tanto que instala la transferencia. La interpretación inaugural es aquella que hará
que el paciente considere de otro modo sus síntomas. Es una interpretación que lo
hace pasar de la queja a la pregunta por su lugar en los enunciados sufrientes. El
sujeto se va a relacionar con el síntoma como producto de un saber que no sabe,
pero que supondrá organizado y resultado de una causa. Se introduce al sujeto en la
creencia en el icc. La eficacia de la interpretación aquí es la instalación del sujeto
supuesto saber. Rectificación subjetiva: cambio de posición. “Tengo que ver en esto
que me pasa”. Además, esta la rectificación de las relaciones del S frente a lo real
(neurótico obsesivo bien defendido que afirma saber porque le pasa lo que le pasa.
Ahí se vuelve necesario que la interpretación sea acto.)
- la asociación libre y la interpretación significante: se verifica la existencia del icc.
Tenemos la revelación de las falsas respuestas que se han dado a lo largo de su
historia para resolver el deseo. Revelar al sujeto cuál es el significante que lo
retiene en la vía de su deseo. Para esto necesitamos que la interpretacion de en la
tecla con el significado del significante reprimido. El efecto terapéutico estará dado
por el relanzamiento del deseo a lo que Freud llamaba disponibilidad libidinal. Tocar
ese significante quizás produce que se le quite el efecto displacentero.
¿Cómo se produce la identificación con un significante?
Un significante se constituye en ideal y da un significado al sujeto fijando su posición.
Si la interpretación apunta solo a la relación de un significante con otro significante siempre
podríamos hacer una interpretación más. Por eso es necesario plantear otro momento de la
cura
- la destitución del sujeto supuesto saber y lo indecible: la interpretación no se dirige a
dar justo en el significante, sino que apunta a un intervalo muy particular. Debe dar
de lado, de trabes, porque dar justo es un término aplicable al significante, y ahora
nos enfrentamos al problema del objeto del deseo, que como tal, no tiene
significante. Implica un rodeo del objeto y la producción de un corte entre el
significante y el objeto. La eficacia de esta interpretación es producir la caída del
sujeto supuesto saber. Al confrontar al sujeto con lo imposible de decir, se lo
confronta con lo imposible de obtener. La eficacia entonces de la interpretación en la
clínica psicoanalítica es la realización de su propia ineficiencia.
- Lacan, J. (1992) El Seminario Libro XVII (Cap. El amo castrado pp. 97-102)
Apartado 1
(PROFE: la histérica le supone un saber a otro. Cuando no queda satisfecha con el
saber del amo es cuando lo castra. No me estás produciendo el saber que quiero. La
histérica más que esclava: reina. Le saca la careta al amo)
Para Lacan, el discurso del amo abarca todo, incluso aquello que se toma por una
Revolución. Solo tiene un contrapunto, el discurso analítico. Se lo denomina así debido a su
simétrica en relación con un punto. En otros términos, se obtiene dando un vuelco a este
discurso del amo. El discurso analítico se encuentra en el polo opuesto al discurso del amo.
Nuestro esfuerzo, colaboración reconstructiva con quien se halla en la posición de
analizante, a quien de algún modo le permitimos avanzar en su camino, este esfuerzo que
hacemos, es extraer, bajo la forma de un pensamiento imputado, lo que ha vivido
efectivamente quien bien merece el título de paciente. No hay que olvidar que la
configuración subjetiva tiene, debido al enlace significante, una objetividad perfectamente
observable, fundamento de posibilidad misma de la ayuda que nosotros aportamos bajo la
forma de la interpretación.
Es ahí, en ese punto de enlace, el S1 con el S2, ahí existe la posibilidad de que se abra esa
falla que se llama sujeto. Ahí se producen los efectos del enlace.
Para Lacan, al emitirse hacia los medios del goce que son lo que se llama el saber, el
significante amo no solo induce sino que determina la castración.
Significante amo
- al comienzo, no lo hay. Todos los significantes aparecen como equivalentes, porque
solo juegan con la diferencia de cada uno respecto de todos los demás, por el hecho
de no ser los otros significantes. Por eso, cada uno de ellos es capaz de adquirir la
posición de significante amo, dado que su función eventual es representar a un
sujeto para cualquier otro significante. El sujeto que representa no es unívoco.
El saber del amo se produce como un saber completamente autónomo del saber mítico y
esto es lo que se llama ciencia.
Discurso analitico:
- se especifica por plantear la pregunta de para qué sirve esta forma de saber que
rechaza y excluye la dinámica de la verdad
- sirve para reprimir eso que habita en el saber mítico. aunque al mismo tiempo, al
excluir a este último ya no puede conocer nada, salvo en la forma de lo que
encontramos bajo las especies del icc, como ruinas de ese saber, bajo la forma de
un saber disjunto. Lo que se va a reconstituir de este saber disjunto no retornará de
ningún modo al discurso de la ciencia ni a sus leyes estructurales.
- el discurso del icc corresponde a algo que depende de la institución del propio
discurso del amo. A esto se le llama icc. Se impone a la ciencia como un hecho
Apartado 2 (el del programa)
S1 (amo) → S2 (saber)
$ (sujeto) → a (plus de goce)
En este discurso el sujeto se encuentra vinculado, con todas las ilusiones que eso
comporta, con el significante amo, mientras que la inserción en el goce se debe al saber.
El lugar que figura debajo del deseo, es el de la verdad. debajo del Otro, está el sitio donde
se produce la pérdida, la pérdida de goce de la que extraemos la función del plus de goce.
deseo → Otro
verdad → perdida
Aquí toma todo su valor el discurso de la histérica. Tiene el mérito de mantener en la
institución discursiva la pregunta por lo que constituye la relación sexual, a saber, como un
sujeto puede sostenerla o por el contrario, no puede sostenerla. La respuesta a la pregunta
por saber como puede sostenerla es dandole la palabra al Otro y precisamente como lugar
del saber reprimido.
El discurso de la histeria revela la relación del discurso del amo con el goce, en la medida
en que el saber ocupa el lugar del goce.
Caso Dora
- ¿cómo se ordena lo que tanto le conviene a Dora del señor K, el tercer hombre? Lo
que le va a Dora es la idea de que él tiene el órgano.
- ¿para qué el tercer hombre? Su valor reside en el órgano, pero no para que Dora
sea feliz con él, sino para que otra le prive de él.
- la señora K es quien sostiene el deseo de padre idealizado, pero también demora la
contrapartida, y al mismo tiempo privar de ella a Dora, que se halla así a salvo de
ser capturada. Este complejo es la marca de la identificación con un goce en tanto
es el goce del amo.
- cuando el señor K le dice: mi mujer no es nada para mi. En ese momento se le
ofrece el goce del Otro y ella no lo quiere, porque lo que ella quiere es el saber como
medio del goce, pero para que sirva a la verdad, a la verdad del amo que ella
encarna como Dora. Y esta verdad es que el amo está castrado
Si el único goce que representa la felicidad, el goce del falo, lo dominara a este amo.
¿Como estableceria el amo esa relación con el saber el que sostiene el esclavo, cuyo
beneficio es el forzamiento del plus de goce? El amo sólo puede dominarlo excluyendo este
goce.
Apartado 3
El edipo desempeña el papel del saber con pretensiones de verdad, es decir, del saber que
se sitúa en la figura del discurso del analista en el emplazamiento que le corresponde a la
verdad.
El superyó es exactamente lo que enuncio cuando afirmo que la vida provisional que se
apuesta por una posibilidad de vida eterna, es el a (minúscula), pero que solo vale la pena
si el A no está tachado, si es todo de una pieza.
Para comprender mejor:
- existe una fórmula lacaniana “el icc es el discurso del Otro”. Icc como el efecto sobre
el sujeto, de la palabra que es dirigida desde otra parte, por otro sujeto.
- discursos: como modo de vinculación social que funcionan con lugares que
permanecen fijos.
- para Lacan hay cuatro discursos, los cuales se pueden expresar de acuerdo a la
configuración de cuatro términos: el sujeto barrado (S/), el significante amo (S1), el
conocimiento o saber que aporta significación (S2) y el plus de goce (objeto a)
- cada uno de estos ocupará una posición: el agente (arriba a la izquierda y con la
posición dominante), el Otro (arriba a la derecha y es el Otro al que ese agente se
dirige), la verdad (abajo a la izquierda y esto es lo el discurso oculta, vela) y el
producto (abajo a la derecha y es lo que ha producido el discurso). Dependiendo del
ordenamiento que adquieran estos elementos que se van desplazando, es que nos
vamos a encontrar con cada uno de los discursos.
- el discurso del amo: tiene como función que las cosas marchen, tapa la falta
S1 (amo) → S2 (saber)
$ (sujeto) → a (plus de goce)
- en el caso del sujeto histérico, el mismo monta una estrategia con el Otro, se dirige a
un amo para pedirle un saber y después afirmar que no es lo que quería. Marca su
falta, por eso hablamos de un amo castrado. El discurso de la histérica intenta
denunciar eso que no está marchando, lo que el amo oculta (la castración)
$ → S1 (amo)
a (plus de goce) → S2 (saber)
- ¿por qué no partimos de que el padre de Dora es un hombre castrado en su
potencia sexual? considerarlo deficiente respecto de una función de la que no se
ocupa es darle una asignación simbólica. Es en relación a este campo simbólico
donde hay que observar que el padre, en la medida en que desempeña ese papel
central: papel amo en el discurso de la histérica, sostiene su posición, aun estando
fuera de servicio. Esta es la especificidad de la función de la que depende la relación
de la histérica y el padre, es lo que designamos como padre idealizado.
- ¿cómo se ordena lo que tanto le conviene a dora del señor K? La histérica produce
preguntas y hace que aquel que porta el significante Amo produzca un saber, lo que
ella quiere es el saber como medio del goce pero para que sirva a la verdad, y esta
verdad es que el amo está castrado.
- cuando el Señor K le dice: “mi mujer no es nada para mí”, se rompe el equilibrio que
sostenía a Dora. Lo que plantea Lacan es que la pregunta tiene que ir por el lado de
la identificación: ¿Quién desea, en el circuito que arma, Dora? al Señor K. Este
circuito que arma como soporte adquiere la forma de una pantomima (estrategia que
vela el deseo), pero se sostiene mientras el Señor K tenga una relación con la
Señora K. En dicho momento, Dora se plantea: si tu mujer no es nada para vos,
¿Qué soy yo para vos? Ella queda como mero objeto de intercambio.
Lacan plantea que la neurosis está estructurada como una pregunta en lo simbólico. En la
histeria, la pregunta es sobre la sexualidad: ¿Qué es ser una mujer? La histeria tiene dos
particularidades: 1) el deseo es el deseo del Otro, siempre insatisfecho y 2) no busca el
objeto, al otro, sino el deseo.
El yo de Dora se identifica con un personaje viril, el señor K aporta lo viril porque el padre de
Dora está castrado. Dora se vincula con la señora K, su objeto de interés, por medio del
señor K, a quien le supone un deseo respecto de ella. Imposibilitada de identificarse con lo
femenino, busca tener lo femenino en vez de serlo. ¿Por qué la impotencia del padre es
central para Lacan en la lectura del caso? El padre sirve para ser quien da simbólicamente
ese objeto faltante y permite al sujeto ingresar al circuito de los intercambios. En el caso de
Dora, su padre no lo da porque no lo tiene, su padre es un Otro barrado, impotente y
carente.
- Suárez, E. Algunas referencias sobre la neurosis obsesiva en la obra de Lacan.
El psicoanálisis y su enseñanza (1957)
En la neurosis obsesiva es a la muerte a la que se trata de engañar con mil astucias, y ese
otro que es el yo del sujeto entra en juego como un soporte de la apuesta de las mil
hazañas que son las únicas que le aseguran el triunfo de sus astucias.(Tanto las astucias y
las hazañas son maneras que encuentra el NO para defenderse y retenerse en las vías de
su deseo. Esa es su estrategia para tornar su deseo como imposible. Una de las maneras
más comunes es reducir el deseo a la demanda. Desea demanda)
La astucia retiene al sujeto y aun le arrebata fuera del combate, haciéndole estar siempre
en otro lugar que aquel donde se corre el riesgo y no dejar en el lugar sino la sombra de sí
mismo, pues anula de antemano la ganancia como la pérdida(no apuesta pero tampoco
gana, porque no apostó), abdicando en primer lugar el deseo que está en juego. Pero el
goce que el sujeto queda así privado es transferido al otro imaginario que lo asume como
goce de espectáculo.
(PROFE: el sujeto obsesivo en tanto quiere mantener completo al gran Otro no corre ningún
riesgo, porque si corre un riesgo el otro puede aparecer como incompleto y eso le angustia
al NO.
Intervenciones: timing, corte y desdén no indiferencia. El yo se defiende, se arma su propia
jaula por eso hay que perforar ese yo fuerte. EL SUJETO OBSESIVO NOS DA TANTAS
VUELTAS entonces hay que ubicar la vía de su deseo para que no se pierda el analista.
Ponerlo a mover, que salga de la rumiación)
Todo el placer es para ese otro al que no se podría sacar de su sitio sin que la muerte se
desencadenarse, pero del que se espera la muerte acabe con el.
Función y campo de la palabra (1953)
Para saber cómo responder al sujeto en el análisis, el método es reconocer en primer lugar,
el sitio donde se encuentra el ego, ese ego que Freud mismo definió como ego formado de
un núcleo verbal, dicho de otro modo, saber por quién y para quien el sujeto plantea su
pregunta.
En el histérico, el cautiva ese objeto en una intriga refinada y su ego esta en el tercero por
cuyo intermedio el sujeto goza de ese objeto en el cual se encarna su pregunta. El obsesivo
arrastra en la jaula de su narcisismo los objetos en que su pregunta se repercute en la
coartada multiplicada de figuras mortales.
El analista sigue siendo el dueño de la verdad de la que ese discurso es el progreso. es
aprehendido como juez de ese discurso
Dos consecuencias:
- la suspensión de la sesión no puede dejar de ser experimentada por el sujeto
como una puntuación en su progreso. La ausencia de puntuación es en los
obsesivos, una fuente de ambigüedad. Fija el sentido.
- la indiferencia con que el corte del timing interrumpe los momentos de
apresuramiento en el sujeto puede ser fatal para la conclusión hacia la cual se
precipitaba su discurso, e incluso fijar en él un malentendido. El peligro de que este
punto tome un valor obsesivo en el analista es simplemente el de que se preste a la
connivencia del sujeto
El esclavo se ha escabullido ante el riesgo de su muerte, donde le era ofrecida la ocasión
de dominio en una lucha de puro prestigio. Pero puesto que sabe que es mortal, sabe
también que el amo puede morir. Desde ese momento puede aceptar trabajar para el amo,
y renunciar al gozo mientras tanto, y en la incertidumbre del momento en que se producirá
la muerte del amo, espera. Tal es la razón intersubjetiva tanto de la duda como de la
procrastinación (rasgos de carácter del obsesivo) PROFE: las intervenciones son deseables
con el obsesivo, en tanto tachadura, no entrar en el juego del cálculo. Por ejemplo: cortar la
sesión.
Seminario I “Los escritos técnicos de Freud”
¿Qué espera el obsesivo? la muerte del amo
¿De qué le sirve esta espera? se interpone entre él y la muerte.
El esclavo tiene mucho que esperar de la muerte del amo. Más allá de la muerte del amo,
será preciso que afronte la muerte como todo ser plenamente realizado, y que asuma su
ser-para-la-muerte. Precisamente el obsesivo no lo asume, está en suspenso.
Solo después de haber intentado unas cuantas salidas imaginativas fuera de la prisión del
amo, sólo entonces podrá el obsesivo realizar el concepto de sus obsesiones.
Seminario X “La angustia”
¿Qué nos presenta el obsesivo bajo la forma patognomónica de su posición? La obsesión o
compulsión, articulada o no para él en una motivación interior: “haz esto o aquello, ve a
verificar que la puerta esté o no cerrada”. Este síntoma implica que la no continuación de su
línea despierta la angustia. La angustia se muestra en cuanto al deseo, desde el comienzo.
Ese deseo está escondido.
En el caso de la obsesión, la marcha analítica no parte del enunciado del síntoma, sino que
eso funciona así. El síntoma sólo queda constituido cuando el sujeto se percata de él. El
síntoma debe constituirse en su forma clásica.
Para comprender mejor:
Suarez recopila unos fragmentos en los que Lacan da indicaciones que orientan al analista
acerca del MÉTODO para responder al sujeto obsesivo.
El método se construye según la ESTRATEGIA del sujeto.
- la estrategia obsesiva es engañar a la muerte, y el yo del sujeto entra en juego como
soporte de las mil hazañas que le aseguran el triunfo de sus astucias.
- la astucia es la que retiene al sujeto, pues anula en primer lugar el deseo que está
en juego.
- el goce del que el sujeto queda así privado es transferido al otro imaginario que lo
asume como goce de un espectáculo, el que ofrece el sujeto en la jaula, donde con
la participación de algunas fieras en lo real, da sus pruebas de estar vivo.
Para saber cómo responder al sujeto en el análisis, el método es reconocer en primer lugar
por quién y para quién el sujeto plantea su pregunta. El obsesivo arrastra en la jaula de
su narcisismo los objetos en que su pregunta se repercute y dirige su homenaje hacia el
palco donde tiene él mismo su lugar, el del amo que no puede verse. En cuanto al otro hay
que hacernos reconocer en el espectador invisible de la escena, a quien le une la mediación
de la muerte.
El esclavo se ha escabullido ante el riesgo de la muerte, pero cree también que el amo
puede morir. Desde ese momento, puede aceptar trabajar para el amo y renunciar al goce,
esperando el momento en que se produzca la muerte del amo. Tal es la razón tanto de la
DUDA como de la PROCRASTINACIÓN, rasgos típicos en el obsesivo.
¿Qué espera el obsesivo? La muerte del amo, y esta espera se interpone entre él y la
muerte. El obsesivo no asume su ser-para-la-muerte, no deja lugar para la pregunta por su
propia muerte ya que está demasiado pendiente de la muerte del amo.
¿Qué nos presenta el obsesivo bajo la forma patognomónica de su posición? La obsesión o
compulsión, articulada o no para él en una motivación interior: “haz esto o aquello, ve a
verificar que la puerta esté o no cerrada”. Este síntoma implica que la no continuación de su
línea despierta la angustia. La angustia se muestra en cuanto al deseo, deseo escondido. El
síntoma sólo queda constituido cuando el sujeto se percata de él, cuando se constituye en
su forma clínica.
Lacan plantea a la neurosis obsesiva estructurada como una pregunta en lo simbólico,
sobre la existencia: ¿vivo o muerto?, y su correspondiente respuesta en lo imaginario como
soporte (vía identificación).
El deseo del obsesivo es un deseo imposible. Además, es evanescente: cuanto más se
afirma más se anula. Y si se anula el deseo, aparece la dimensión de la DEMANDA. Esta es
la estrategia para sostener el deseo: reducirlo a una demanda. El obsesivo está siempre
“pidiendo permiso”, haciendo que el Otro autorice o prohíba su deseo. Las demandas del
Otro son vividas como una exigencia de las que intenta escapar. Por lo tanto, lucha por
mantener a distancia al Otro, anularlo o provocar la muerte de su demanda y, por
consiguiente, de su deseo. En la neurosis, el padre es el padre muerto, en su condición de
deseante que pone al obsesivo frente a un no dejarlo desear.
- Criscaut, J. y Otros. (2002). Atadas al padre. Caso 1: Lucia (pp.29-34) Caso 2: (Pág
34-38) Caso 1: Cada una con su arcón (Pág. 95-99)
Introducción:
Se considera como decisiva en la clínica de la histeria: la relación con el padre.
Freud describió la problemática edípica y especialmente su resolución. La libido de la niña
se desliza a lo largo de la ecuación simbólica prefigurada pene : hijo. Resigna el deseo del
pene para reemplazarlo por el deseo de un hijo y con este propósito toma al padre como
objeto de amor. La madre pasa a ser objeto de los celos.
Lacan se pregunta ¿cuál puede ser la función del padre como donador?
La función esencial del padre es proporcionar una solución a la relación con la madre y
abrirle al sujeto su acceso al deseo,propiciando un recorrido que posiciona a la niña en
relación con la sexualidad. El padre dara simbolicamente el objeto faltante. Pero si bien la
carencia fálica del padre de la histérica le impide darlo, hay algo que se desarrolla en forma
coextensiva y correlativa a su falta, que es el amor. Lo que se pide y vale como signo de
amor guarda correspondencia con el estado de impotencia paterna.
El sujeto femenino sólo puede entrar en la dialéctica del orden simbólico por el don del falo,
al mismo tiempo, nada puede concebirse si no renuncia a él. La adhesión al padre puede
parecer indisoluble tanto porque no se ha producido la renuncia al falo como don, como
cuando el amor con el que se intenta suplirlo ha tomado una excesiva intensidad.
Consecuentemente se obstaculizara la metaforización del lugar del padre por otro hombre.
El deseo está ubicado en relación al padre y la solución del deseo femenino por excelencia
estaría vinculada con la maternidad como compensación fálica, como don.
Caso 1: Lucia, una vida dedicada al padre
Motivo de consulta: llega a la consulta en un intenso estado de angustia. Un no saber ya
quién es. Hizo de su lugar de trabajo, su hogar. Todo está ligado a su jefa. Su relación con
ella es lo único que existe
Después de haber trabajado en su tesis doctoral, al momento de presentarla no pudo
hacerlo. La inhibió el hecho de “ocupar el lugar de la jefa”. La acosa el mismo pensamiento
cuando esta estuvo al borde de la muerte por una enfermedad.
Vínculo amoroso: en pareja con un hombre que “se copó con otras cosas.. también con otra
mujer”, con quien tiempo después tendría un hijo.
El apellido y el padre: valor que recorre toda la vida de Lucia: el orgullo de su apellido. cree
encontrar en el apellido (doble) un rasgo de distinción. Reviso los papeles de una prima que
hacia uso del mismo apellido, pero se tranquiliza al descubrir que la misma estaría inscripta
solo con el primero. Admite el uso del doble apellido en el hijo de ésta, sintiendo que podía
estar ocupando el lugar del hijo que no tuvo. El lazo con el padre se verifica al cometer un
lapsus y decir “se ve que es hijo de mi padre” refiriéndose al sobrino. Formación del icc que
pone en evidencia que para la paciente el padre constituye el centro de todas sus
significaciones. Su padre representa para ella la suma de lo tierno, lo espontáneo y la
expresión de afectos.
El padre se mostraba desordenado y despreocupado en el plano de lo laboral. Estuvo preso
debido a un fraude por cheques, que lo llevó a la primera plana de algunos diarios.
Muerte del padre: recibió la llamada de la amante durante más de veinte años. Se
encuentran y resulta satisfactorio para ambas. La paciente le cede un auto que su padre le
había regalado, manifestación que podría ser leída como una identificación a él.
La paciente encuentra satisfacción con su imagen profesional eficiente y honesta (cosa que
su padre no era) y es significada por ella como “honrar el nombre del padre”. Es muy
habitual que cuando algo tiene un valor satisfactorio para ella suele darle un cierre con
alguna referencia al padre.
La madre: el vínculo siempre estuvo signado por una queja: por su frialdad y hasta cierta
dureza. Adjudica a los silencios paternos, no tanto a ocultamientos, sino a la tendencia de
su madre a no dejar hablar a los hombres. Relato de un sueño materno: la paciente
encuentra en esta división de las mujeres del padre, algo que retorna en su propia posición
frente a los hombres.
Los hombres:
- modelo de amor ideal: amor por un primo con el cual mantenía encuentros
episódicos, situación que concluye cuando se casa con la novia embarazada
- primer error con los hombres: casarse de joven, sintiendo que lo hacía a instancias
de su madre. Transcurre el primer año de matrimonio y queda embarazada. La
suegra sugiere someterse a un aborto. Un año después adviene la separación.
En la serie de los hombres cuenta en primera instancia ese primo, con quien la relación
queda oculta por ribetes incestuosos. La realización de la maternidad quedará cedida a otra
mujer.
Y así con su casamiento posterior, su vínculo que mantenía al momento de la consulta y
una última relación que sostuvo por dos años. Ella es siempre la segunda, al tiempo de que
sigue comprobando su propia esterilidad.
¿Dónde encuentra Lucia la satisfacción en relación a los hombres? En lo que ella llama su
mundo de amor: refiriéndose a los vínculos que tuvo con hombres de mundo exitosos,
casados, con hijos, viajeros, residentes en el extranjero. A estos hombres, dice, no les pide
más.
Un último suceso - la repetición - el síntoma
Frente a que su nombre termina implicado en hechos que aparecen publicados en los
diarios, debe presentar una carpeta que se extravía, hecho que le provoca una profunda
crisis. El episodio se resuelve y aclara que le volvió el alma al cuerpo. En relación con el
manejo que su padre tenía frente a este tipo de episodios afirma que no es que su padre se
desinteresara por los efectos de sus actos, sino que el desorden lo llevaba a extraviar los
documentos, pero cuando ocurría no decía nada. “Parecía que no le pasaba nada pero se
desesperaba, y yo notaba que, igual que a mi, le faltaba el aire”
Caso 2
Mujer de 49 años. Motivo de consulta: queja que abarca toda su vida, pero especialmente
quiere referirse a sus problemas con los hombres. Entre ellos, a su padre (fallecido a los 14
años de la paciente). La queja hacia el padre radica en la tiranía, el maltrato y la miseria a la
que había sometido a su madre, sus hermanas y a ella misma. (“ignorancia para brindarles
una vida más digna” y su incapacidad “para enseñarle a ser mujer”)
Queja que se prolongó en la figura de su ex marido con quien tuvo dos hijos varones. Se
separó sin poder cumplir su anhelo: lucirse al lado de un hombre que la mantuviera y la
hiciera salir de la miseria.
Síntoma ginecológico que le causa infecciones urinarias a repetición y que le recuerda su
asma, enuresis y sus parásitos en la niñez. Se enlazan al motivo de consulta ya que durante
la relación amorosa de la paciente con su médico es que se precipita la pregunta sobre su
ser mujer.
Recuerdo de su primer beso. El padre le dice que eso no se hace. A la niña le da
vergüenza. El padre la ata a la cama sin siquiera dejarla ir al baño.
La paciente quedó atada al odio que le produce el goce que supone a ese padre “ignorante,
abusador y déspota”
Hubo un hombre que no pareció ocupar ese lugar destinado al odio. Aunque la paciente
conservaba temores de llegar a sentirse “atada” a ese hombre, aceptó vivir con él,
expresando su deseo de darle una hija. (Aquí decide alejarse de análisis)
Regresa producto de que debieron extirparle el útero, en vez de concebir un hijo. Privada de
la respuesta por vía de la maternidad, ¿donde ubicar una vez más su pregunta por su ser
mujer?
Muerta la madre, la paciente siente alivio, pero vuelve a repetirse con insistencia la cuestión
del padre. Se vuelca a la relación con sus hijos, dos jóvenes de 20 años, que con una
diferencia de tres meses dejaron embarazadas a sus novias y se casaron. La sujeto queda
nuevamente a solas con sus preguntas y se reavivan sus viejos sentimientos de frustración.
“Yo tenia necesidad de ser un papa, porque tenia el problema de no tener un papa”
Algunas cuestiones a tener en cuenta
- el padre está castrado desde el inicio, pero es necesario que se efectúe otro paso,
es decir, que se ponga de manifiesto la castración, lo que indicaría al mismo tiempo,
que el goce es imposible
- la histérica ubica en la impotencia paterna lo que en la estructura es la imposibilidad
de que le done el significante sobre el ser mujer
- Carbone, V. y Otros (2000): Perspectivas freudiana y Lacaniana de la neurosis
Obsesiva. En Neurosis Obsesiva: compulsión y feminidad II. Caso 1 / Caso 2.
Caso I
Paciente de 40 años. Solicita retomar análisis, que había interrumpido años atrás.
Progresivamente se instala en él una amargura que se vinculaba a su falta de interés por
aprender, así como una extraña violencia hacia sus pares. Sentía que actuaba obedeciendo
obligaciones, que no tenía derecho a las cosas. ¿Quién me dijo que no tenía derechos?
El interrogante lo remite a un recuerdo infantil: su madre lo reprendió furiosamente y sin
razón, provocando un profundo sentimiento de desamparo
El padre se mantenía ausente antes estas cuestiones.
Una tía le expresa un deseo: “Mi mayor alegría sería ir a tu casamiento”. Contrarrestando el
silencio de sus padres frente a su vida amorosa y sexual. Este anhelo (escuchado como
demanda) aviva su interés por una compañera de trabajo pero que al acercarse a ella
tiembla y se paraliza, no puede decirle nada (¿tengo derecho a acceder a una mujer?)
Surge un sueño. La pregunta por tener o no derecho, por la prohibición, arroja una primera
significación: el tenía que excluir el interés sexual, ya que vincularse de ese modo con una
mujer, lejos de afirmarlo virilmente, lo expone a la amenaza de “perder los huevos”.
Novela familiar: odio hacia los dos padres. A la madre “siempre me controlo con la mirada”.
Se irritaba consigo mismo por no poder divertirse. Ser un pajero. Recuerda un continuo
decir de su padre “estar en pareja trae problemas, mejor cortarse solo, vos sos el más vivo
porque no te casas”. Se comprende su posición subjetiva ligada a esa frase paterna,
entendida como un mandato que lo liga a su goce sexual masturbatorio como al síntoma de
eyaculación precoz.
Se preguntaba ¿qué es un hombre?. Y se respondía “se lo que no es un hombre: mi padre.
que le decía que si a todo lo que exige mi vieja”. Otro enredo: pensar que si desea a una
mujer podría caer en otra desgracia, osea, quedar sometido a los deseos de ella.
Cuando lograba concretar con una mujer, por lo general, permanecía por la noche despierto
frente al temor de ser robado. Lo que lo hacía retirarse de la escena era la vergüenza que
sentía ante la mirada de alguna mujer, situación de mirada que se desliza a su madre
(fantasía de ser visto).
Caso 2
Xavier, 33 años. Consulta por un hecho que le cambió la vida: “Mi jefe me cago”: Se había
preparado toda la vida para ocupar un puesto y su jefe terminó dándoselo a otro. Lo
congelo.
Ser un fracaso es lo que para él define su repetición. Cuestión que relación con un mandato
materno de “ser presidente o nada”
Nunca sintió el deseo de capacitarse mediante los estudios ya que estaba convencido de
que su destino era ser cadete. Dice que siempre hizo las cosas por la insistencia del otro.
Aparecen recuerdos sobre su escolaridad primaria, que revelan el modo con el que articula
su deseo: “Yo quiero mi Eureka”:
En la vida siente que carece de brújula, y responsabiliza a su padre por ello. Los
sentimientos que tiene hacia este oscilan entre el querer acercarse y el odio, el reproche por
su abandono.
Un sueño lo sorprendió que lo hace despertarse con un intenso deseo sexual que lo
avergüenza (porque ahí aparece eso que no controla). Se pregunta si no será un traidor, por
soñar con la mujer del amigo, y se conduce a un recuerdo de la adolescencia (se le escapa
que el también “caga”)
Síntoma: enfermo de pensamientos y cobarde, porque nunca puede concretar el deseo si
no se lo pide el otro (lo vamos a encontrar en el pensamiento obsesivo)
Se siente angustiado por no poder tener un hijo. La concepción se ve obstaculizada por algo
que ignoran. Comienzan las preguntas sobre qué es ser un padre, que es ser un hijo.
Luego de intentar calcular su vida mediante la computadora, concluye que sería imposible
por la guita intentar una fertilización asistida. No había entrado en el cálculo que su esposa
cobrará una indemnización laboral. La respuesta a este hecho es un clima de una intensa
agresividad hacia ella. Se siente un objeto de su deseo, sin saber cuál.
Cualquier pedido es recibido como una orden caprichosa, tal como le sucedía con su
madre. Pero su queja sigue siendo la indiferencia paterna.
Cuando se decide plantear la separación su esposa queda embarazada. No puede afirmar
el hecho. La angustia irrumpe cuando la gestacion se ve interrumpida por un aborto
espontaneo a los tres meses. Lo vive como castigo ya que al comienzo del matrimonio, para
él, no daban las cuentas para tener un hijo.
Se abrirán las puertas a otra instancia del trabajo analítico: “Mi nombre lleva una X. Tengo
que despejarla, si no estoy muerto” ;)))))))))))))))))) NICE
- Criscaut, J y otros. (1997) Caso: Vivir en el Faro.
Caso 1: Vivir en el faro
El paciente consulta para solicitar medicación (motivo de consulta, hay un sujeto que
demanda). Se queja de un estado que él llama melancólico, se siente vacío,
“descerebrado”, sin ganas de nada.
Síntoma: ideas obsesivas vinculadas a temores. Sobre sus hijos y sobre el mismo (son
síntomas que están en cuanto al discurso, están dentro: sobre investido el pensamiento).
Hasta la pubertad, su casa era dominada por el orden de la abuela paterna. Ya viviendo
solo en un departamento se dedicó a hacer lo que le gustaba. Era la envidia de todos sus
amigos. A su departamento lo llamaban “El faro”; pues nunca se apagaba la luz. Ese es su
estilo: impactar a todos.
Tiene una cuota de satisfacción en sorprender, escandalizar, y conquistar a las mujeres, y
rivalizar con los hombres. Hacía de eso un continuo. Cuando una mujer llegaba a
enamorarse de él y él de ella, rápidamente tendía a cortar el vínculo.
Siempre tendio a imponer que le hicieran sexo oral porq la penetracion no le resultaba tan
gratificante. No pierde nada, satisfacción solo para él. En el amor a algo hay que ceder, algo
hay que perder.
El tiene conciencia de su necesidad de ejercer el control visual sobre el acto, lo que lo hace
sentirse en una posición de dominio. “Yo logro crear a la mujer ideal: sometida y sin hablar”.
Historia infantil: su madre, que era maestra, “lo torturaba con el estudio”. Relata un episodio
que para él cobró valor traumático en donde su madre lo obligó a tocar el pene erecto de su
padre.
Su padre, si bien se recibió de escribano, nunca ejerció. Su padre siempre le transmitió que
estudiar y trabajar era perder el tiempo. Lo contrario a la madre.
Su vida familiar: Su esposa le reclama mayor presencia. El se queja de que su esposa
siempre le está exigiendo algo y de la excesiva participación de su suegra en la vida
familiar. Recién empieza a trabajar a “tomar responsabilidad”, a los 36 años, cuando nace
su primer hijo.
A pesar de su cambio en el plano laboral, el paciente seguía manteniendo, fuera del ámbito
familiar, el estilo de vida que había iniciado en su adolescencia. “Veo una mina y me pongo
loquito, me empieza a funcionar el muñeco, el Chirolita” Le pone un nombre, nombrar ese
goce, el goce fálico.
Empieza a hablar con su esposa, cuando antes la rechazaba violentamente cuando ella
quería hablar. Mejora el vínculo. Paralelamente se produce un cambio notable en su vida
sexual extramatrimonial al declinar el goce que allí tenía. Todo se empezó a volver
“compulsivo”, en sus palabras. Su mujer le confiesa que le ha sido infiel en dos
oportunidades, en momentos críticos en los que no obtenía de él ninguna gratificación. “Al
lado de lo que yo hice… lo de ella es un poroto”.
Subjetiva su rabia como “otra cosa”. Un odio que no entendía qué era ni a que le
correspondía. No sabía si quería pegarle a la mujer que dormía a su lado o a sus hijos o
contra el mismo. Se levanta, camina desesperado y casi empieza a pegarle al perro con una
escoba. Relaciona este episodio, primero con los celos a la esposa, luego con el rechazo
que siente hacia su suegra, y por último con el resentimiento que hasta la actualidad le
sigue despertando su propia madre.
A los 8 meses de este proceso, la esposa propone separarse por no tolerar más sus
cambios de humor. Pide concurrir junto con ella. En la reunión ambos están con mucha
angustia. En ese único encuentro él afirma que ella es su único amor y ella, por su parte,
que ha decidido no abandonarlo.
El tiene pesadillas. En relación con ese goce fálico que no domina.
Otros sueños que le impactan.
En ocasiones relato lo que llama “actos imparables ligados a la idea de morir”. Haber
imaginado muchas veces hacer el amor, comer y beber hasta morir. “Esta vez tampoco me
mate”.
Piensa que sus ataques de ira, son actos agresivos contra la vida familiar que ahora es
sentida como opuesta a la continuidad de “Vivir en el Faro”.
Teme que el broche doloroso de su vida sea “terminar acabado” como su padre y manifiesta
su sentimiento de culpa, al pensar que con sus actitudes ha producido angustia en sus
seres queridos. Ahora tiene ganas de ser, ser otra cosa diferente al padre.
UNIDAD 2:
- Soler C. (2004). Estabilizaciones en la Psicosis.
Estabilización. Término que no pertenece al vocabulario psicoanalítico: es un término que
hace pantalla y se presta, hay que decirlo, a todas las confusiones y también a todas las
imprecisiones (pertenece a la psiquiatría).
Cuando se dice metáfora y suplencia, se está en el vocabulario psicoanalítico, inclusive en
un vocabulario estrictamente lacaniano. Éstos son términos de Lacan, definidos por él,
introducidos por él y utilizados por los que siguen su orientación. Con estos dos términos
entonces trataremos de dar un sentido preciso al término "estabilización".
Si se habla, en efecto, de "estabilización", hay que poder decir, primeramente, qué es lo que
se ha desestabilizado, y en segundo lugar, qué es lo que, correlativamente, se restabiliza. Y
luego hay que poder decir también cuál es el factor causal de la desestabilización o de la
reestabilización.
Las psicosis nos presentan desencadenamientos súbitos, inesperados,
desencadenamientos sorpresa, pero también a veces remisiones enigmáticas. La cuestión
por lo tanto, es captar cuál es el resorte de las peripecias discontinuas de la psicosis, si se
quiere tener alguna chance de saber por dónde y cómo se puede dirigir el tratamiento.
Hay que entrar entonces en la definición psicoanalítica de la psicosis, que comenzó con
Freud. La misma consiste en considerar la psicosis como un avatar del sujeto en tanto el
sujeto es un efecto de lenguaje. En 1966, en su presentación de la traducción de las
memorias del presidente Schreber, el caso que Freud comenta en 1911, Lacan le hace un
homenaje a Freud por haber introducido al sujeto en la consideración de la locura, antes
que pensarla a esta locura en términos de déficit y de disociación de funciones.
Remitiendonos a la clínica freudiana, esta clínica, Freud la construyó a partir de su práctica
de la asociación libre, que Lacan demuestra se ordena dentro de la estructura del lenguaje,
a partir del algoritmo que se escribe S/s, para decir que el significante (escrito como S)
determina, induce (es el término de Lacan: inducción) los efectos de significado.
El texto de "La instancia de la letra ... " desemboca en una tesis extremadamente simple:
que el síntoma es una metáfora. Esta tesis, una vez formulada, aparece como la más simple
y la más convincente para dar cuenta del hecho de que el psicoanálisis opera descifrando la
significación del síntoma. La metáfora es una función del significante que al sustituir un
significante por otro que ella reprime, engendra a nivel del significado un efecto de
significación inédito.
Los fenómenos de las psicosis, como de la neurosis, tienen una estructura del lenguaje,
pero el síntoma psicótico no es una metáfora. En un caso, la metáfora, en el otro, la
ausencia de ella.
Para todo el mundo, el loco es un sujeto que adhiere a significaciones anómalas. El camino
lógico de Lacan consiste en inferir que, si las significaciones de la locura son anómalas,
entonces la causa debe encontrarse a nivel de lo que motiva la estructura de la
significación.
La metáfora es un principio de estabilización. Constituye un punto de detención al
deslizamiento del significado bajo el significante. La metáfora es justamente lo que permite
fijar, retener, la significación. En la clínica no es toda metáfora la que nos interesa, sino una
metáfora especial, la que es capaz de metaforizar un significado especial (designa lo que es
a significar). Lo significable, en efecto, es el ser ahí de viviente.
Lacan distingue una metáfora, que no es cualquier metáfora, la metáfora paterna, que es
justamente la que da significación al ser de viviente del sujeto. Al sustituir el significante del
deseo de la madre por el NDP, el significante del padre hace surgir una significación: la
fálica, que le da sentido al ser del sujeto. Su primer efecto es una reorganización de lo
imaginario, que se manifiesta por medio de efectos de pacificación de la relación narcisista.
Le da su montura, su base al sujeto, y tiene como correlato la puesta en marcha de lo que
llamamos un proceso de historización, introduce coherencia, continuidad a la historia.
La psicosis, por lo tanto, la especificamos con Lacan como un defecto de metáfora.
Fenómeno y causación de la psicosis tienen la misma estructura. Para Lacan, la alucinación
verbal es entendida como “significante en lo real”, que no quiere decir significante en lo
percibido. El significante está en lo real cuando la cadena significante, que encadena los
significantes para producir la significación, está rota. El significante no basta para definir lo
simbólico.
El paradigma que da Lacan del significante en lo real, es la alucinación, que está
desconectada de otros significantes pero conectada al goce. Hay en la cadena del discurso
significantes que tienen un lugar de excepción: el NDP, el falo. Estos significantes, aunque
están en una posición específica, están en ligazón con la cadena. Mientras que el
significante en lo real, por su parte, está fuera de la cadena.
Las psicosis encuentran su condición esencial en la formación del NDP. Es un elemento de
causación supuesto constante, mientras que los fenómenos, son discontinuos. Por esto, se
concluye que la forclusión no es la causa suficiente de la psicosis. Para que esta
desencadene, hace falta una causa agregada, una causa complementaria, que en si, es
ocasional. La misma es aquella que varía con los accidentes de la vida, con las
circunstancias. Para Lacan, la causa ocasional, sea cual fuere, es aquella que produce una
llamada al NDP y que por lo tanto hace eficaz su deficiencia, esa deficiencia que quizás,
algunas veces, no ha tenido consecuencias durante toda su vida. El llamado se da por
medio del encuentro de Un padre real (se escribe con mayúscula por ser el Un que aparece
en lo real y no tiene su respondiente simbólico).
Lacan invita a guiarse por las coyunturas dramáticas para encontrar alli siempre la
presencia de un padre. Son circunstancias cruciales de la vida y de la muerte. Evocan la
significación de goce. La desestabilización aparece como fracaso del punto de capitonado,
que tiene como efecto el desmoronamiento de las apoyaturas imaginarias del sujeto.
Como única solución posible a la desestabilización surge encontrar una metáfora de
compensación (pensemos en Schreber y sus vías restitutivas delirantes). La idea de la
metáfora delirante sigue el hilo de la tesis de Freud según la cual el delirio no es la
enfermedad sino la tentativa de curación. Mantiene en la psicosis un lugar homólogo al
trabajo de la transferencia en la neurosis. La solución es aportada por una metáfora de
suplencia.
La metáfora delirante en Schreber tiene efectos en lo imaginario. Ahi donde faltaba el NDP
adviene la gran I del ideal, que la designa con la expresión “orden del universo”. En su
delirio se hace el soporte, el último soporte del orden del universo. En lo imaginario, en la
significación, donde faltaba el falo adviene una significación de suplencia que es “ser la
mujer de dios!”. En el fondo esta metáfora tiene una función de límite.
Si situamos a la prepsicosis, la estabilidad de Schreber antes del desencadenamiento,
Lacan supone una identificación que le habría permitido asumir el deseo de la madre.
Supone una identificación con el deseo de la madre, necesaria para capitonar la
significación. En el momento terminal de su delirio, el trabajo de ese delirio obtiene el mismo
resultado de suplencia por medio de la transformación en mujer de Dios. Lo logra cuando
hace advenir el Ideal en el lugar del NDP y la significación de la feminización del Schreber,
en el lugar de la significación fálica.
Primera tesis: una metáfora puede reemplazar a otra como principio de estabilización. No
está la paterna, pero está la delirante que puede reemplazarla (implica un principio de
estabilización - intervención de silencio, abstención). Para dar lugar a la construcción de
delirio por parte del sujeto es necesaria la intervención analítica de un silencio de
abstención. Un silencio de abstención sucede cada vez que es invocado, el analista, como
saber en lo real. Es una negativa a predicar sobre su ser. No es un silencio literal. Tiene la
ventaja de dejar el campo a la construcción del delirio (ubicándose el psicólogo en el lugar
de testigo).
La suplencia por medio de la metáfora delirante está lejos de ser perfecta, es una pseudo
metáfora, tan pseudo como inestable. Joyce interesa no solo por escritor, su genio, sino por
su estabilización que levitó el desencadenamiento.
En el texto la psicosis es pensada como una problemática situada a nivel de lo simbólico y
lo imaginario (primera enseñanza de Lacan) La categoría de lo real no es prevalente. En
cierto modo, el acento , es inverso al que le da Freud, que acentúa mucho la pulsión
homosexual. No se puede decir que Lacan ignore la componente pulsional, pero de cierto
modo, contrariamente a Freud, no la acentúa y eso se ve muy claramente a nivel del
empuje-a-la-mujer. En la transformación de Schreber en mujer, el acento no está puesto
sobre el goce que ella implica, ¡aunque se lo evoque! Lo que le interesa es la problemática
del punto de capitonado en sus efectos estabilizantes. Es cuestión de saber cómo lo que se
ha desencadenado como persecución y desastre de lo imaginario por el barrido de las
identificaciones puede restaurarse, de modo tal que el goce vuelva a entrar en la dialéctica
del discurso. Hacer entrar el goce dentro de los límites del discurso, y del lazo social
Lacan corrigió esta parcialidad de su primer abordaje de la psicosis, el hecho de privilegiar
el aprovechamiento simbólico imaginario. en 1966 en Introducción a las memorias de un
neurópata hace una relectura de Schreber que la completa. corrige su primera perspectiva
por medio de la consideración de lo que llama “ el sujeto del goce”, la paranoia identifica “ el
goce en el lugar del Otro como tal”. El Otro aquí es encarnado por Dios, un Dios que
Schreber mismo nos describe como el lugar del significante. Dios es el lugar muerto del
significante. En efecto Dios no conoce nada de la vida y de los seres vivos. Lo que Schreber
nos muestra su delirio es que ese Dios muerto del significante lo absorbe como su objeto de
goce. es él el objeto vivo del que Dios goza. es gozado por Dios, y él mismo identifica el
goce del Otro. El delirio describe aquí una operación estrictamente inversa a la de la
metáfora paterna en relación con el goce. Esta es solidaria de un vaciamiento del goce del
lugar del Otro. cuando reina el nombre del Padre el goce no está inscrito en el Otro, sino
eyectado de allí (por eso existe el fantasma). Schreber describe la estructuración inversa:
Gracias a él, en su delirio, el Otro el existe como un lugar en el que el goce es reintegrado.
esto hace de Schreber el objeto de Dios.
Schreber en texto no es un Schreber identificado, sino un Schreber soporte del goce como
objeto del Otro, Dios. Tenemos allí una conexión directa del texto y del goce, del mismo
modo que el “truie”Alucinación es una conexión directa de la palabra y del goce.
En 1966 la perspectiva tomada no es la de la articulación simbólico imaginario, sino
simbólica real, si se llama aquí real al goce. el primer tiempo de la elaboración acentúa en
los fenómenos de la psicosis las anomalías de la significación y de la identificación
imaginaria, mientras que en el segundo tiempo, que completa a el primero, pone el acento
en los fenómenos de goce conectados directamente al significante, en cortocircuito sobre lo
imaginario.
A Partir de acá es la última enseñanza de Lacan
En 1975 en su seminario RSI, define al síntoma no como una función del significante sino
como una función de goce de la letra.
Joyce nos enseña que con la metáfora delirante no alcanza. poder ubicar Invención que el
sujeto pueda encontrar, construir un synthom. no lo inventamos nosotros, vamos a
acompañar.
La función del nombre del padre es una función de capitonado, de lo imaginario y de lo
simbólico, pero el término que opera ese capitonado y juega por su parte como una variable
de la función puede ser diverso.
Hay una clínica a hacer de los sustitutos del nombre del padre, de los diferentes términos
que la clínica nos presenta y que cumplen función de estabilizadores.
La suplencia por medio de la metáfora delirante está lejos de ser perfecta y se podría decir
incluso que la metáfora delirante es una seudometáfora.
Es la forclusión del significante fálico que hace que “ para hacer el falo, se consagra a
hacerse mujer”. esta necesidad es vivida como un forzamiento. entre el orden del universo y
la feminización hay solo un acuerdo posible; lo que Lacan evoca al hablar del desencaje en
la estabilización de Schreber, entre lo que está del lado de lo simbólico y lo que está del
lado de lo imaginario. es una pseudo metáfora y por lo demás tan seudo como inestable.
Lacan puso la actividad literaria de Joyce a cuenta del síntoma. síntoma definido no como
una función de metáfora perteneciente al campo de los simbólico, sino como una función de
la letra, real, Como un goce de la letra. El goce del síntoma así definido es un goce
autístico, cerrado sobre sí mismo. Se satisface a sí mismo, satisfacción paradojal, en tanto
implica el lazo social.
La performance de Joyce, si se siguen los desarrollos de Lacan, consiste en que logró
conciliar el goce artístico de la letra y la instauración o el mantenimiento de un lazo social.
consiguió imponerse al mundo como el artista porque logró hacer existir su nombre de goce.
Joyce se hizo promotor de su obra, pero al hacerlo se hizo promotor también de su nombre.
Joyce nos da así El ejemplo de un semblante que suple a el padre. y la hace cierto caso del
hecho de que Joyce mismo se nombre el “hijo necesario”, indicando con eso que la función
padre debe ser sostenida incluso cuando las conclusiones están allí.
Lo que impresiona en Joyce es que promovió su nombre incluso antes de haber producido
su obra. se presentó como el artista. Joyce antes incluso de haber producido su obra, no se
hace mujer para deber ser el falo, sino el artista. Esta suplencia particular reemplaza el
nombre del padre por algo que tiene mucho que ver con el padre, Qué es el padre del
nombre. se hace padre de su propio nombre. Es un punto de capitonado que no es una
metáfora, sino por el contrario un punto de capitonado que cortocircuita el Edipo pero que lo
suple.
Joyce con su identidad de artista, logró suplir el defecto del imaginario en él, consolidar su
ego, por medio del reanudamiento de lo imaginario. Logró producir un capitonado de
suplencia, que reengancha lo imaginario con lo simbólico y completa la juntura entre lo real
y lo simbólico. Texto a gozar no por Dios, sino por el público.
Hay por consiguiente en la enseñanza de Lacan una definición muy precisa de lo que es
una estabilización.
Hay que distinguir con certeza una estabilización, en el sentido fuerte del término, de
una reorganización de los trastornos de la psicosis. Para la psiquiatría, la urgencia es
lograr hacer compatible con el lazo social, los trastornos del goce propios de la psicosis.
Se podrá incluso considerar como un progreso que el sujeto psicótico logre reinsertarse en
una vida común, aún al precio de la completa reducción a veces de sus ambiciones.
medicamentos, acondicionamiento del entorno y de los lugares de la vida, restricción de las
exigencias de la existencia son, pragmáticamente operantes. Son tratamientos del goce
que se puede clarificar de prácticos, pero distingamos los bien de lo que es la estructura de
una estabilización .
Apuntes de clase 14/05
Psicosis atravesada por la idea del icc estructurado como lenguaje. Fenómeno elemental:
alucinación verbal.
Ese significante forcluido retorna en lo real vía alucinación verbal. (En la neurosis el
significante está reprimido y retorna vía lo simbólico: acto fallido, síntoma).
No existe un NDP (todos ordenan un poco). No hay uno único.
Al psicótico el lenguaje lo atraviesa pero no hay metáfora. A tal significante cada uno le da
un significado (ej marrana no va a significar lo mismo para mí que para otro). La metáfora
será un principio de estabilización que fija una significación (esto pasa en la neurosis, en la
psicosis hay ausencia de metáfora). Podes metaforizar implica atravesar la castración, por
eso se le puede dar una significación fálica.
En las psicosis no está inscripto como pérdida el objeto a. La ausencia de la metáfora se
verá a nivel de los fenómenos y a nivel de la causación. Si opera la metáfora delirante. Nos
importa que lo que está desorganizado se ordene (reconstruye a través del delirio). No se
puede ir en contra del delirio, porque se va en contra de cómo ve el mundo.
Experiencia enigmática: cuando el significante solo aparece en lo real produce un vacío
enigmático que se produce en certidumbre de certificación. Cuando no hay posibilidad de
palabra. Por eso el significante retorna en lo real. Ahora bien, tiene un efecto positivo en
cuanto designa un ser de goce. Ordena algo de ese delirio.
No alcanza con la metáfora delirante. No se puede pensar el trabajo con las psicosis si hay
una metáfora delirante. Se puede hacer algo más: orientación del goce. Por eso también
hablamos de suplencias. Esto no quiere decir orientar al sujeto, decirle que hacer, sino de
intervenciones por el lado limitativo, negativo. Se le dice que no pero se le acepta otra cosa.
No es limitar por limitar sino para evitar la vertiente erotomania. Nos van a poner ahí, hay
que evitar entrar en ese lugar de saber entonces goza (goza de mi).
Para que haya desencadenamiento no tiene que haber solo una causa (forclusión del
nombre del padre) sino además tiene que haber una causa ocasional.
Apuntes de clase 28/05
La estructura de la psicosis extraordinaria es la misma que el caso Schreber. Qué lugar para
el analista es lo mismo.
¿Cómo ubicar las coordenadas de la psicosis? Si hay algo que implica en las entrevistas
preliminares es la demanda. El sujeto psicótico suele venir diagnosticado, patologizado. En
el neurótico uno ubica claramente la demanda. Demanda al analista suponiéndole un saber
sobre su padecimiento, sobre su malestar por el que consulta
En las psicosis no está clara la demanda. Cuando no se sabe bien que demanda al espacio
es el mejor indicador para ubicar y parar la oreja más de lo normal. Escuchar. Hay cosas
que no vamos a poder anticipar. Sin hacer de más. Hay que seguirle los pasos al sujeto
psicótico, hay que ir donde nos lleva. Lo que es su texto, su relato.
Hay tratamiento posible en la psicosis. Hay algo que se puede hacer ahí. Como analistas
orientamos el goce sobre eso que trae el sujeto, no vamos por adelantado.
Ruiseñor de Lacan: cada caso es singular en sí mismo. El tratamiento es particular. Lo que
pasa en cada entrevista es inédito. Siempre nos vamos a encontrar con algo nuevo. Hay
que tomarlo a la letra.
Con la metáfora delirante hablamos de un principio de estabilización. Siempre y cuando no
velemos por el ser del sujeto. Hay algo de lo simbólico que se ordena con la metáfora
delirante, pero el goce sigue desparramado. Hay que hacer algo con ese goce del sujeto.
Pág.132(estabilizaciones en la psicosis): la paranoia identifica el goce en el lugar del gran
Otro como tal. Con Schreber el otro es encarnado por Dios. Cuando reina el NDP el goce no
está inscripto en el Otro (ese significante que tiene nombre de goce es eyectado del Otro,
que lo repito y lo digo. Luego se hará un trabajo para desarmar los significantes que me
atan). En la psicosis el goce está inscripto en el gran Otro (por estructura).
(¿Qué lugar para el analista? Pág 9): el analista es llamado a ocupar el lugar donde
Schreber encuentra a Flesching. El analista debe hacer de oráculo y legislar para el sujeto.
En este momento se efectúa el silencio de abstención. Si nosotros damos respuesta, nos
ponemos en el lugar de gran Otro, quedamos en el lugar de saber, y como saber gozamos.
Se produce la erotomania mortifera. El sujeto se pone como objeto de goce del otro. Hay
certeza, no hay lugar a la duda. Lo que digamos va a ser verdad, en términos de certeza.
Pag 134. (Estabilizaciones en la psicosis): síntoma no como función del significante, sino
como una función de goce a la letra. El síntoma se satisface a sí mismo (satisfacción
paradojal porque implica el lazo social) Joyce nos enseña que con la metáfora delirante no
alcanza. Tenemos que poder ubicar como con la invención el sujeto pueda encontrar,
construir un sinthome. Pueda hacer algo. No lo vamos a hacer nosotros. Sino que vamos a
acompañar.
Pág 135: Joyce logró conciliar el goce autístico de la letra y la instauración de un lazo social.
Se impuso al mundo como el Artista. Logró hacer existir su nombre de goce. No tiene que
ver con que la obra de Joyce se haga conocida, sino que previo a hacerse conocido ya se
definía como el Artista. Hay que poder ubicar que estabiliza al sujeto, que le genera
satisfacción.
Pág 136: está suplencia reemplaza el NDP, se hace padre de su propio nombre. Es un
punto de capitonado que suple el Edipo. Joyce logró producir un capitonado de suplencia
que enlaza lo simbólico y lo imaginario, se ofrece como texto a gozar, por el público.
¿Qué lugar para el analista?: Lugar del testigo, que supone un no saber, no gozar, presentar
un vacío en el que el sujeto podrá depositar el testimonio. Testimonio respecto de lo que
reconstruyó de su delirio.
Segundo tipo de intervención: orientación del goce. Limitativa que intenta hacer de prótesis
a la prohibición faltante. Decir no. Hay que pensarlo desde el padecimiento subjetivo.
- Soler, C. (1992). ¿Qué lugar para el analista?
Trae un ejemplo de estabilización de una psicosis bajo transferencia. La demanda de
análisis se produjo al estallar el primer episodio delirante y sobre el filo de este episodio. La
paciente se dirige a un analista más allá de la cual está, para ella, el nombre del analista
con A mayúscula, el propio Lacan. La demanda está connotada por la nota delirante y por
una relación eufórica con respecto a ese otro único que permanecerá largo tiempo en el
horizonte del análisis. Pero se desprende poco a poco otra demanda: pedido de socorro.
¿De que quiere ella que la curen?. De ese desorden provocado de la articulación más
íntima del sentimiento de la vida, instalado, según Lacan, en el sujeto psicótico por la falla
del significante. Es una falta, pues hay una falta en la psicosis. No la de la castración.
Hablar de falta aquí puede resultar una extrañeza, ya que la falla significante se traduce en
un exceso en lo real, osea lo contrario a una falta, y este exceso que llama a la
simbolización, a veces se impone en los fenómenos como inercia y falta de subjetivación.
¿Como remedio la psicótica, ese estado hasta el delirio? Mediante una suerte de relación
de objeto real, persecutoria, mediante un acoplamiento con un Otro único y sustentatorio al
que define como el otro que “sabe lo que le hace falta” y se lo impone. De este Otro ella ha
sido la marioneta, y pasó de mano en mano a través de una serie de vínculos
pigmalionescos. Lejos de sentirse como musa inspiradora del SsS, a la manera de la
neurosis, se vive como objeto de tormento de este saber gozoso del Otro.
¿A qué lugar es llamado el analista tras el estallido de una primera ilación delirante? Es
llamado a suplir con sus predicciones el vacio subitamente percibido de la forclusion. La
paciente demanda que el analista haga de oráculo y legisle para ella. Es llamado a
constituirse como suplente y hasta como competidor de las voces que hablan de ella y la
dirigen. Ella le ofrece al analista el sitial del perseguidor, el sitial de aquel que sabe y que al
mismo tiempo goza. Si el analista se instala en él, sobrevendrá entonces, con toda
seguridad, la erotomanía mortífera.
¿Cómo evitar su emergencia? No operar con la interpretacion, que no tiene cabida alguna
cuando se esta ante un goce no reprimido (como evitar la vertiente erotomania).
- primera intervención: silencio de abstención. Cada vez que el analista es invocado
como saber en lo real. Este silencio es una negativa a predicar sobre su ser, y
permite dejar el campo a la construcción del delirio. No es otra cosa que un testigo,
sujeto al que se le supone no saber, no gozar y presentar por lo tanto un vacío en el
que el sujeto podrá colocar su testimonio.
- segunda intervención: orientación del goce. Limitativa que intenta hacer de prótesis
a la prohibición faltante. Decir no. La otra positiva. (con el ejemplo de la psicótica en
el primer caso la intención fue poner un obstáculo cuando la sujeto parecía
cautivada por la tentación de dejarse estrangular por el hombre que manifiestamente
lo pretendía. En la positiva tuvo que ver con sostener su proyecto artístico
incitandola a considerar que ese era su camino). Con el sujeto poder encontrar que
es del orden de la invención.
- tercera intervención: la de alcance decisivo. En la cura nunca más volvió a solicitar al
analista como Otro, y comenzó a construir su delirio, y a su vez, a depurarlo y
reducirlo. A partir de ese momento se entra en la reconstrucción del sujeto, al borde
del agujero en lo simbólico. Esta intervención tuvo lugar en varios tiempos. 1) el
analista sostuvo su negativa a trabajar y su demanda correlativa de obtener una
pensión. Apoyo la idea de que era un abuso exigirle que se ganara la vida. Esta
persona siempre encontró justo pagar su análisis pero “ganarse la vida” era otra
cosa para ella: una significación tomada en su relación delirante con el Otro
perseguidor. Ella que fue dada en crianza, a una tía, dice “soy una deuda viviente”.
Al no haber sacrificio simbólico, sólo la vida real podría saldar la cuenta. Las
nociones de abuso son de ella. El analista las toma, pues son portadoras de la
significación de un límite respecto de las pretensiones del Otro sobre su vida, límite
cuyo lugar es el mismo que lo que en Schreber se llama orden del universo.
La maniobra analítica que sostuvo la operatividad de esta cura consistio, por un lado, en
abstenerme de la respuesta cuando en la relación dual se llama al analista a suplir para el
sujeto el vacío de la forclusión y a llenar ese vacío con sus imperativos. En segundo lugar,
se intervino profiriendo una función de límite al goce del otro. El analista se hace guardián
de los límites del goce, sin los cuales habría un horror absoluto. El analista no puede hacer
sino sosteniendo la única función que queda: hacer de límite de goce, la de significante
ideal, único elemento simbólico que, a falta de la ley paterna, puede constituir una barrera al
goce. El analista cuando se sirve de este significante se lo toma al psicótico mismo, no hace
otra cosa que apuntalar la posición del propio sujeto, que no tiene más solución que tomar
el mismo a su cargo la regulación del goce. Es la vacilación de la implicación forzosa del
analista. Implicación forzosa (si no quiere ser el otro perseguidor) entre la posición de
testigo que oye y no puede más, y el significante ideal que viene a suplir al pequeño Otro
(es aquel con el que el sujeto se identifica, se compara, el otro como imagen especular,
como doble).
Luego de 12 años, el análisis culmina en una estabilización, precaria, pero sin embargo
patente. ¿En que se convierte el goce demasiado real que se encontraba a la entrada de la
cura? Se sitúa esta estabilización en tres términos: la ficción del delirio, la fijación del goce y
la fixion del ser. ¿Cuál es el efecto de la construcción del delirio? un efecto de
tranquilización manifiesta.
Fixion de goce. Se trata de su obra plástica, que implica una eyección del Otro, A
mayúscula, tanto como del otro a minúscula. Lo que busca es una letra plástica que fije una
parte del goce.
- Matet, J. (2011). “Yo era el hombre de un padre”
Hasta su madurez el señor R fue un hombre afable. Un gran seductor que tuvo numerosas
conquistas a las que debió renunciar. Seductor sigue siendo, pero con una sola persona, su
psiquiatra, su único interlocutor.
Sus actitudes y su comportamiento no plantearán ambigüedad alguna con respecto a la
maldad del Otro con la que se confrontaba.
Un delirio paranoico
Segunda hospitalización: calibraremos la coherencia de su delirio. consulta para quejarse
de ruidos nocturnos provenientes del vecindario que perturban su sueño, menciona objetos
o papeles desplazados en su domicilio; intrusiones. en el hospital, se considera protegido,
entabla relaciones con diferentes pacientes, principalmente mujeres.
Por otra parte, banaliza sus problemas laborales atribuyéndolos a la situación general del
empleo y a sus avatares. 4 años antes, había sido despedido. comenzó a sentir que tenían
algo contra él, y que organizaban complots en su contra. eso se le tornó insoportable.
Después trabajó de manera esporádica, cada vez que encuentro un empleo nota que
alguien lo observa. siempre hay alguien para ponerle “palos en la rueda”. lo acusan de ser
“racista”. ya no sale de su casa, salvo para dirigirse al supermercado, a pesar de que
siempre hay un vehículo de policía estacionado delante del negocio cuando él llega.
Vive solo. No le queda ningún amigo, excepto una pareja de personas “judías que encontró
después de años de separación”. se queja de beber un litro y medio de vino por día; pide
que se lo ayude para poder dejarlo y para tratar su ansiedad, que atribuye a todas esas
personas que tienen algo contra él.
la primera hospitalización, aplacó los fenómenos, recuperó el sueño. hizo algunos amigos.
No acepta la oferta de tratamiento ambulatorio. retoma un trabajo. delirio interpretativo que
sigue a su nuevo despido. poco después deja el tratamiento que sin embargo lo
apaciguaba.
Alucinaciones
5 años después, la segunda hospitalización. fue a la comisaría para quejarse de que le
habían dado un placebo disfrazado de un medicamento de marca. fue para ponerle fin a ese
complot que duraba desde hace años.
manifiesta una actividad alucinatoria intensa punto atribuye las voces antiguos compañeros
de trabajo; los autores del complot “lo insultan para quebrarlo”. en el teléfono, las voces son
deformadas. renuncia a cualquier lazo social. su última novia también se vuelve
sospechosa. El personal del hospital, con la condición de no ser indiscreto ni demasiado
apremiante, está relativamente preservado de la contaminación delirante. Después de su
primera hospitalización, mantuvo una relación de amistad con dos pacientes. Un día una de
ellas le hizo una pregunta que él consideró indiscreta, la borró de sus interlocutores, con la
segunda pasa lo mismo.
“Imbéciles”que se creen superiores por pensar que no los escucha. La abstención social es
el mejor remedio que existe contra el complot del que es víctima. certeza.
La entrevista clínica es ardua. Solo responde de manera elíptica a las preguntas que se
plantean y no acepta desplegar su pensamiento. responde con precaución a las preguntas
de su interlocutor, tiene cuidado en no decir demasiado. quiere denunciar a sus agresores,
pero hacerlo lo expone inmediatamente a sus ataques reiterados. Los perseguidores se
introducen en su casa por la puerta y también por el teléfono.
la mirada también está en juego: en varias oportunidades se cruzó en la calle con figuras
siniestras cuya mirada se dirige a él y él lo sabe.
El desencadenamiento de un momento fecundo
Reconstruir el drama que tuvo lugar. trabajaba desde hace 15 años un vendedor decidido y
convincente, apreciado, especialmente por su jefe. la muerte de este personaje dará las
riendas al hijo, el hijo diplomado es criticado por el paciente: las reorganizaciones que
propone rompen con el estilo pragmático del padre, que según él, obtenía resultados
extraordinarios. Él era “El hombre del padre”, y así se encuentra rechazado de ese lugar por
este rival cuya capacidad cuestiona punto se multiplican los signos de complot punto hablan
por celos y por esto mismo quieren dañarlo. todo ser humano puede ser implicado en este
complot.
Cuando finaliza la tercera hospitalización y el delirio reduce su intensidad, aparecen ideas
depresivas.
Elementos biográficos
Nació al final de la 2GM, es hijo de un padre militar que muere en un bombardeo tres meses
antes de su nacimiento. su madre hizo una carrera administrativa. sus dos hermanos
mayores que él fueron criados por los abuelos maternos, ingresaron en la administración
pública. El señor R no los ve más desde la muerte de la madre. su padrastro, jefe de una
pequeña empresa y de quien habla con ternura y admiración.
La autoridad que ejercía su madre lo llevó a ingresar, a los 16 años, en una formación de
técnico de la aviación militar. No correspondía a sus deseos. A los 20 años se incorpora a la
empresa del padrastro, para una actividad comercial. permanece allí 5 años, luego trabaja
durante 3 años en un servicio de inserción laboral. se instala durante 15 años en las
funciones comerciales.
El señor r habla de su historia con reticencia, mirada peyorativa. degradación definitiva de
cualquier valor familiar: considera que todos los miembros de su familia son imbéciles y que
su madre no es más que un tirano. solamente dos padres fortuitos, con rasgos de jefe
empresa, le cayeron bien: el padrastro y El ejecutivo protector.
Después de la presentación, quiere hablar de lo que no pudo decir. había consultado la
libreta militar del padre, había un desajuste entre los dichos de sus allegados y la realidad.
Su padre era agendarme, subteniente y habría obtenido condecoraciones.
Esta confidencia inaugura una relación de confianza, con la condición de que yo no
desborde los límites de la curiosidad clínica que me señaló con algunas advertencias.
seguirle los pasos al señor r. habla de sus negocios, de sus ahorros. se describe como un
“desempleado de lujo”. no parece desechar la posibilidad de una pensión por invalidez.
Las conquistas femeninas ocuparon un gran lugar en su vida, se describe como un Don
Juan. nunca quiso ceder al llamado de aquellas que querían convertirlo en jefe de familia.
La segunda hospitalización permitirá que se declare su incapacidad laboral, que sin
embargo aceptó con reticencia. obligado a admitir un estatus de pensionado que
anteriormente criticaba punto al obtener su jubilación, 10 años más tarde, manifestará tener
nuevamente una situación social aceptable, estatus social común punto sus ahorros le
permitirán completar su colección de objetos heterócritos.
Un solo libro escrito en dos tiempos
Siendo una respuesta terapéutica a un momento de vacilación subjetiva, el arranque
literario inaugurado a los 23 años permanecerá en suspenso durante 30 años.
confrontado con el agotamiento aparente del delirio y el empobrecimiento de sus relaciones
sociales, acorde importancia las ventajas que tendría reanudar esta práctica de lo simbólico.
El proyecto del señor r tenía el aspecto de una empresa literaria. Se trataba de alcanzar el
estilo del nonsense coma de la novela negra, diluyendo la realidad en un esfuerzo estilístico
donde se pierden las referencias habituales y familiares. escritura como práctica de los
simbólico. un verdadero tratamiento de lo imaginario mediante lo simbólico (lo simbólico es
la maldad). Su título “las penas hacen llorar”. su lectura resulta difícil. el sentido común se
encuentra desconcertado sin que la lengua esté alterada. Una literatura que querría
acercarse a la de Los partidarios de la apagogía, que pretenden hacer triunfar una literatura
de lo absurdo.
retomando la obra donde la había dejado, la termina con la esperanza de hacerla publicar,
pero luego abandona los trámites exigidos para lograrlo.
excepto los diálogos de circunstancias con la cajera de la despensa que frecuenta, dice que
me convertí en su único interlocutor y en su única necesidad de salida semanal (valor del
dispositivo, que se instala en la transferencia). La culminación de la novela pone fin a la
queja depresiva y abrirá la puerta a una nueva forma de suplencia y de tratamiento del Otro
malvado.
El coleccionista
La novela inacabada dejó al señor R un gusto por el objeto “libro antiguo”. restauradora
aficionado y colección de libros antiguos punto solamente lo bello orientaba su elección (lo
bello como lo imaginario)
Sus intentos de compartir con otros su saber hacer fallaron, y a partir de ahí orientará su
búsqueda hacia objetos diversos que le eviten el trabajo de restauración. pequeños
muebles, estatuillas, jarrones, platos antiguos y fósiles. Pueden pasar varias semanas hasta
que organiza un desplazamiento hacia tal o cual tienda, ya que esto a veces implica hacer
frente a barrios temidos.
permanece largo rato en cierto ángulo de perspectiva desde donde se abarca el conjunto de
sus adquisiciones, para gozar de la belleza del espectáculo. La metonimia literaria fue
sustituida por una metonimia de la adquisición de nuevas piezas, la contabiliza y a mi
pedido lleva un registro. No se plantea en absoluto desprenderse de ninguna de ellas.
La construcción de una excepción
A costa de una amputación de su vida social, el señor r logró encontrar una solución que lo
preserva de las amenazas más flagrantes de su delirio. da pruebas de este modo de que se
aferra a su delirio más que a sí mismo.
Restauró la belleza de su mundo para poder enfrentar la maldad de los humanos. sus
esfuerzos para sostener una imagen del cuerpo pasaron por el alcohol, luego por la higiene
de vida que lo reemplazó. buscó hacer existir una posición decepción, no sometida a la ley
de castración, esta situación insoportable lo condujo a encontrar el camino de su inserción
en el mundo de los humanos. “soy un jubilado como los otros”. él nunca se hubiera dirigido
a un psicoanalista pero haber encontrado practicante que tiene esa orientación le permitió
sostener esta paradoja.