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Boca

El profesor Alberto Moreno reflexiona sobre los 120 años de historia del Club Atlético Boca Juniors, destacando la importancia de su identidad y continuidad en el éxito del club. A pesar de los cambios en jugadores y directivos, la esencia de Boca se basa en la lucha y el sacrificio, elementos que no deben ser olvidados. Moreno critica la pérdida de identidad en los últimos años y aboga por regresar a un estilo de juego que priorice la eficacia y el orden, recordando que ganar siempre debe ser el objetivo principal.
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Boca

El profesor Alberto Moreno reflexiona sobre los 120 años de historia del Club Atlético Boca Juniors, destacando la importancia de su identidad y continuidad en el éxito del club. A pesar de los cambios en jugadores y directivos, la esencia de Boca se basa en la lucha y el sacrificio, elementos que no deben ser olvidados. Moreno critica la pérdida de identidad en los últimos años y aboga por regresar a un estilo de juego que priorice la eficacia y el orden, recordando que ganar siempre debe ser el objetivo principal.
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Comparto una editorial escrita por el profesor Alberto Moreno sobre la actualidad futbolística

del Club Atlético Boca Juniors.

Domingo 09 del mes de marzo del año: 2025.

"En menos de un mes cumplimos 120 años de vida.

Una bestialidad.

Una historia pantagruélica, descomunal.

La historia está hecha de cambios y continuidades.

Cuando los cambios son significativos, decimos justamente que son históricos, porque
producen un quiebre.

Los cambios son necesarios, por otra parte.

Para iniciar nuevos ciclos y procesos, o para corregir rumbos cuando esos ciclos y procesos no
dan los resultados esperados.

Pero, lo dicho, la historia está hecha también de continuidades, de cosas que se mantienen -o
se intentan mantener- en el tiempo, anclando aquello que se entiende que es valioso, que
hace a la tradición o a la identidad.

A lo largo de estos 120 años Boca cambió jugadores, técnicos, preparadores físicos, directivos y
presidentes.

Con ellos ganó 74 títulos, es decir que ganamos más de un título año de por medio.

Hablamos de un modelo exitoso, qué duda cabe.

Para lograr esos triunfos, Boca se basó en una identidad, cimentada en una continuidad.

Como el barrio en el que nació, como los tanos que fundaron el club,

Boca siempre tuvo una identidad de lucha, de esfuerzo.

Algo que quedó reflejado en nuestro himno.

Ahí no se lee "Boca nunca teme jugar feo", ni "despierta en nuestros pechos amor por el tiki
tiki", ni "Boca es galera y bastón", ni "en las charlas técnicas de Marcelo es glorioso tu
pendón".

No.

"Boca nunca teme luchar", Boca "despierta en nuestros pechos entusiasmo, amor y fe", "Boca
es entusiasmo y valor", y "en los campos de combate es glorioso tu pendón".

Eso es Boca.

Esa es nuestra identidad.

La identidad, lo ratificará acá cualquier psicólogo, es esencial al ser humano.

Sin ella, estamos en graves problemas.


Podemos tener un trastorno de personalidad múltiple y que se nos haga muy complejo tomar
decisiones, rechazar valores y objetivos, volvernos demasiado permeables a la influencia de
otros...

La identidad es clave.

Boca en los últimos años ha ido perdiendo identidad.

Y eso se ha expresado en directivos, técnicos, jugadores e hinchas.

Todavía no la perdimos por completo, pero le ponemos ganas para lograrlo.

Cuando queremos ser o imitar a otro club y renegamos de lo que nos hizo grandes, cuando
negamos nuestra identidad.

Boca ganó el 90% de sus títulos, con equipos aguerridos, ordenados y eficaces.

Equipo que porque eran eficaces, te metían un gol cuando tenían las chances; que porque eran
ordenados, defendían esa ventaja y era imposible empatarles; y que porque eran aguerridos,
salían a comerte el hígado para lograr la ventaja, y te dejaban el techo del rancho lleno de
agujeros si iban perdiendo, a puro cascote.

De esos equipos, algunos además le metían dosis de jogo bonito.

No son un montón, eso sí.

Y siempre, pero siempre, primero venía el sacrificio. Entonces venía el 10 de Atlanta y se tenía
que arremangar y tirarse a los pies.

Y venía el 10 de Newell's y si no salía cubierto de barro, no jugaba.

Incluso venía el mejor jugador de la historia del fútbol, y era exactamente igual.

Eso es Boca.

Desconocer esa identidad, tratar de apartarse de ella, le hace daño a Boca.

Porque es alejarse de su esencia, de aquello que le permitió ser lo que es.

El fútbol hoy podrá ser más dinámico, más veloz, se podrá privilegiar ser directo, o venerar la
tenencia.

Pero no deja de ser fútbol: tenés que meter la pelotita en el otro arco, y que no la metan en el
tuyo.

Entonces, ninguna de las características que hacen a la identidad de Boca, deja de existir o
pierde vigencia.

Porque son todas futboleras.

Sea antes, ahora o en cien años, vas a seguir pudiendo ser ordenado, práctico, aguerrido,
competitivo, eficaz, realista...

Esto último se traduce en: no inventes nada, esto es Boca.

Somos como la Coca Cola: la fórmula sigue siendo exitosa desde hace 120 años (138 en el caso
de la gaseosa).
"Si no está roto, no lo arregles".

Creo, parece, ruego, que Gago tuvo que dilapidar una clasificación a la Libertadores y poner en
riesgo su propia carrera como técnico para entenderlo.

Pero lo entendió.

El horno en la cocina, el inodoro en el baño.

4-4-2 o 4-3-1-2, esos son los números.

Un cinco posicional, un volante a la derecha, otro a la izquierda, equilibrando el medio.

Un enganche o un doble cinco adelantado.

Dos delanteros para fajarse con los centrales, o uno por afuera y otro por adentro, pero por
sobre todas las cosas que hagan goles cuando tienen la chance.

Dos laterales que llegan de verdad al área rival a tirar el centro o definir, pero que primero
defienden y no les comen las espaldas.

Dos centrales que metan rigor, se deglutan al nueve rival y la pinchen si hay que pincharla.

Y un arquero que te salva cuando el rival puede tener alguna chance.

Es eso.

Primero mantenemos el cero, sabemos defender, mordemos en toda la cancha.

Eso es una virtud, no un defecto.

El señor Guardiola le hizo muy mal al fútbol, porque generó una legión de técnicos que creen
que solo se defiende teniendo la pelota.

El temita es que si no la tienen, porque no tienen los planteles multimillonarios de Pep,


entonces no saben defender.

Y defender es la mitad del fútbol.

Otro tipo que le hizo muy mal al fútbol fue el señor Marcelo Bielsa, con su rigidez táctica, en la
que el esquema está por sobre los jugadores. "Yo juego 4-3-3 y muero con las botas puestas" o
"Si no tengo wines, pongo a un volante a jugar de wing, pero yo juego con wines".

Esta estupidez se sumó a lo otro para tener técnicos que no se adaptan a los jugadores que
tienen.

Y así les va.

Tuvimos la alegría y la fortuna de tener al técnico más ganador de la historia del fútbol
argentino.

Y ese tipo tuvo al sentido común y la sencillez como premisas centrales de como armar un
equipo de fútbol.

Pero en vez de darle bola a él, trajimos técnicos que les daban bola a un tipo que ganó de todo
con planteles galácticos (y que se creyó que había reinventado el fútbol), y a un perdedor
consuetudinario.
Esperemos que el cachetazo que se comió Gago le haya acomodado las ideas definitivamente.

Que le haya recordado que a él lo dirigieron Bianchi, Basile, Sabella, Capello.

Que es por ahí.

Encontró el esquema.

Va encontrando los intérpretes.

Se van armando sociedades nuevas (Herrera-Delgado) y entendió que nunca debió desarmar
algunas viejas (Zenón-Blanco). Para mi gusto falta limpiar a Marcos Rojo y tiene que mejorar (o
salir) Edinson Roberto Cavani todavía, pero está muy cerca de encontrar el once de memoria.

Hay que mantenerlo, darle rodaje, funcionamiento.

Y seguir ganando, porque eso es Boca: ganar siempre.

No es que Boca sea una maravilla, muy lejos todavía de eso.

Pero sí hay una mejoría, sí hay un cambio que paradójicamente en este caso es volver al viejo
estilo de siempre, al nuestro.

No es que ya nos olvidamos del papelón de la Libertadores.

Menos que menos.

Pero respecto a la Copa solo queda hacer el duelo.

Y en el camino hay que ponerse de pie y seguir avanzando.

Así es la vida.

Y ganar.

Porque ganar te va a acercar a un título, y en consecuencia clasificar a la bendita Copa y no por


la ventana.

Boca nunca teme luchar.

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