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Outram

La Ilustración fue un movimiento de ideas del siglo XVIII con múltiples interpretaciones, destacando la importancia del uso de la razón y la educación, aunque también presentaba ambivalencias y contradicciones. Historiadores y filósofos han debatido su significado y evolución, reconociendo su impacto en diversas sociedades y su conexión con la globalización y el contexto social de la época. La difusión de ideas a través de la palabra impresa y el surgimiento de una 'República de las Letras' transformaron la posición de escritores y editores, reflejando un cambio en la producción y consumo cultural.
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Outram

La Ilustración fue un movimiento de ideas del siglo XVIII con múltiples interpretaciones, destacando la importancia del uso de la razón y la educación, aunque también presentaba ambivalencias y contradicciones. Historiadores y filósofos han debatido su significado y evolución, reconociendo su impacto en diversas sociedades y su conexión con la globalización y el contexto social de la época. La difusión de ideas a través de la palabra impresa y el surgimiento de una 'República de las Letras' transformaron la posición de escritores y editores, reflejando un cambio en la producción y consumo cultural.
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Definiciones y Ambivalencias de la Ilustración

La Ilustración (también conocida como Illuminismo en Italia, Lumières en Francia o


Aufklärung en los estados alemanes) fue un movimiento de ideas con múltiples
interpretaciones ya en el siglo XVIII. En 1783, un concurso en Prusia buscó definirla. Moses
Mendelssohn la concibió como un proceso de educación en el uso de la razón, accesible a
todos. Otros la vincularon a la estética.

Immanuel Kant, en su famoso ensayo, la describió como la "liberación del hombre de la


inmadurez en la que incurre por sí mismo", mediante el uso autónomo de la razón. Su lema
era "Sapere aude" (Atrévete a saber). Sin embargo, Kant era consciente de las paradojas y
peligros: mientras el uso público de la razón (en la esfera libre de obligaciones, para
criticar) debía ser siempre libre, el uso privado de la razón (dentro del deber social, para
mantener el orden) podía estar restringido. Esto reflejaba la ambigüedad de la época y de
figuras como Federico II de Prusia, quien se consideraba ilustrado pero controlaba la
opinión pública. Para Kant, la Ilustración era un proceso ambiguo, lleno de contradicciones y
problemas, no un proyecto concluido de cambio social simple.

Evolución de las Interpretaciones Históricas de la Ilustración

Hasta hace poco, la Ilustración se entendía como un movimiento unitario,


predominantemente francés, centrado en la racionalidad sobre la fe y basado en la ciencia
sobre la tradición. Se la delimitaba a la filosofía, como en la obra de Ernst Cassirer, La
filosofía de la Ilustración, que la circunscribía a las vidas de Leibniz y Kant, implicando un
carácter apolítico.

Esta visión fue replicada por Peter Gay en su síntesis post-Segunda Guerra Mundial, The
rise of modern paganism y The Science of Freedom. Gay también la presentó como una
unidad cronológica basada en grandes pensadores (Voltaire, Diderot, D'Alembert,
Rousseau, Lessing, Kant). Para Gay, la Ilustración era un programa de reforma liberal, de
hostilidad a la religión y búsqueda de libertad y progreso mediante la razón crítica. Sin
embargo, Gay fue pionero en vincularla con las colonias norteamericanas (Franklin,
Jefferson, Declaración de Independencia), reconociendo su presencia fuera de Europa
Occidental.

A partir de los años 70, nuevas líneas de análisis cobraron relevancia:

●​ H. F. May (The Enlightenment in America, 1976) y A. Owen Aldridge (The


Ibero-American Enlightenment, 1976) demostraron que la Ilustración no era un
fenómeno unificado ni inmune a la geografía, señalando las dificultades de aplicar
ideas europeas a sociedades coloniales con culturas indígenas.
●​ Franco Venturi (Settecento Riformatore, 1969-1987; Utopia e riforma
nell’illuminismo, 1970) la presentó como una fuerza en la "periferia" europea (Italia,
Grecia, Balcanes, Polonia, Hungría, Rusia), destacando la transmisión de ideas por
diversos medios y argumentando que estas áreas eran clave para analizar sus
tensiones.
●​ Los historiadores comenzaron a interesarse por la base social de la Ilustración,
cómo se transmitían y usaban las ideas, y cómo respondía la sociedad. Se
reconoció la importancia de autores "oscuros y olvidados" que eran más leídos que
las figuras famosas. Robert Darnton investigó la economía de la Ilustración y la
creación de mercados editoriales con su estudio sobre la Encyclopédie (The
Business of Enlightenment, 2006), revelando que muchos escritores producían para
subsistir, no solo para educar.

Estas nuevas perspectivas llevaron a una multiplicidad de interpretaciones, reconociendo


"muchas Ilustraciones diferentes" (nacionales, regionales, católicas, protestantes, europeas,
indígenas), reflejando la incapacidad de los contemporáneos de definirla de forma única. La
Ilustración pasó a ser vista como "una serie de procesos y problemas" o "conjuntos de
debates" que interactúan con la sociedad y la política.

La Ilustración según Filósofos del Siglo XX: Crítica y Potencial

La Ilustración es un período histórico único por la forma en que los filósofos la han utilizado
para analizar el presente y definir la modernidad, influyendo en la historiografía.

●​ Max Horkheimer y Theodor Adorno (Dialéctica de la Ilustración, 1947), escribiendo


tras la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, se preguntaron por qué la
humanidad se sumía en "un nuevo tipo de barbarie". Atribuyeron esto a la
naturaleza paradójica de la Ilustración: aunque buscaba liberar a los humanos del
miedo y hacerlos soberanos, el "desencanto del mundo" y la sustitución del
conocimiento por fantasías llevaron a la dominación "racional" de la naturaleza y de
otros seres humanos mediante la tecnología. Vieron a la Ilustración como totalitaria,
limitada a ejercer poder y, al abandonar explicaciones no racionales, abocada al uso
de la fuerza para resolver diferencias, lo que acechaba en el "terror político" del
Holocausto.
●​ Jürgen Habermas (en contraste con Horkheimer y Adorno) también reconoció cómo
la Ilustración mercantilizó la cultura y la información, pero vio en ella
potencialidades emancipadoras. Para él, la Ilustración no había concluido;
contenía el potencial de liberar a los individuos del particularismo cultural para
buscar valores universales como la libertad, la justicia y la objetividad, oponiéndose
a quienes, como Herder, defendían las identidades locales. Habermas también la
consideró creadora del "dominio de lo público", un espacio donde podía surgir la
"opinión pública" para cuestionar a las fuerzas tradicionales, permitiendo a los
individuos actuar de forma autónoma y crítica.
●​ Michel Foucault, influenciado por Kant y Habermas, también vio la Ilustración como
un punto de referencia para evaluar el presente. Adoptó la perspectiva de que la
Ilustración no estaba completa y usó el ensayo de Kant como punto de partida para
comprender el uso crítico de la razón en el dominio público como agente de
cambio.

Estos filósofos (Horkheimer, Adorno, Habermas, Foucault, Kant, Hegel) no solo configuraron
las ideas sobre la Ilustración, sino que la consideraron un período histórico abierto que
sigue influyendo en el presente. Los historiadores recientes han expandido la investigación
a la historia social de las ideas y a las múltiples Ilustraciones regionales, nacionales y
culturales, reflejando la imposibilidad de una definición única.

La Ilustración y la Globalización

A pesar de las diversas interpretaciones, los especialistas en la Ilustración aún no han


resuelto el problema de su relación con la creación de un mundo global. La globalización
se entiende como el estudio de factores que, desde la Ilustración, han convertido al mundo
en un sistema único:

●​ Movimientos masivos de personas (tráfico de esclavos).


●​ Formación de mercados interconectados de bienes y capital.
●​ Circulación mundial de mercancías (té, pieles, algodón, etc.).
●​ Expansión de flotas mercantes.
●​ Financiamiento estatal de exploraciones geográficas.
●​ Surgimiento de imperios europeos transcontinentales y compañías comerciales
transnacionales (Compañía de la Bahía de Hudson, Compañía de las Indias
Orientales).

La globalización fue un "drama mundial" donde las ideas, creencias e instituciones europeas
comenzaron a difundirse globalmente. El contacto transcultural se hizo común, con
personas de diversas clases sociales (marineros, soldados, misioneros, empleados
mercantiles, tramperos) contribuyendo a la conexión mundial, tanto como las élites.

Sin embargo, pocos historiadores de la Ilustración han integrado la creación de un mundo


unificado con las estructuras del pensamiento ilustrado, a pesar de que algunos pensadores
ilustrados como Schiller y Herder ya escribían "historias del mundo" que, a diferencia de
las previas (relatos de la voluntad divina), se re-elaboraban como historia global de los
hombres.

Una demostración convincente del vínculo entre Ilustración y globalización la ofrece Jorge
Cañizares-Esguerra. Su trabajo sobre el México del siglo XVIII examina cómo los
historiadores de origen europeo interpretaron las historias indígenas pre y post-conquista.
Esto fue crucial no solo para los debates sobre la interpretación histórica, sino también para
el alejamiento de las élites coloniales de España, quienes construyeron una historia que
enfatizaba la autonomía local de científicos, profesionales y administradores coloniales, y de
las élites indígenas, respecto al gobierno central de Madrid. La discusión sobre reglas de
evidencia histórica y técnicas de interpretación documental en México se conectaba con
debates similares en Europa.

Richard Grove, en Green Imperialism (1995), analiza el vínculo internacional en el siglo


XVIII entre instituciones formales como jardines botánicos y estaciones geodésicas,
mostrando cómo los debates sobre la deforestación involucraron a botánicos y agrónomos
de todo el mundo, integrando la botánica y la ecología en la construcción y gestión de
recursos imperiales.
En resumen, la Ilustración tuvo múltiples significados y afectó a diversos niveles de la
sociedad y la política en todo el mundo. El próximo capítulo explorará el nuevo trasfondo
social y económico de la producción y comercialización de ideas en este período
globalizado.

Contexto Social de la Ilustración: Nuevas Investigaciones

La investigación histórica reciente se ha centrado en el contexto social en que las ideas de


la Ilustración fueron producidas, recibidas y comercializadas. Historiadores como Robert
Darnton han aportado información sobre lectores, escritores y editores. Otros, como Roger
Chartier y Robert Muchembled, han estudiado la difusión de ideas de la "alta" a la "baja"
cultura. También se ha analizado la expansión del alfabetismo y los cambios en la
experiencia de la lectura, así como la importancia de las representaciones visuales
(pinturas, grabados, estatuas) en la transmisión de ideas.

El siglo XVIII fue un período de cambios sociales y económicos significativos en Europa


y el mundo. En Europa Occidental y Norteamérica, hubo expansión económica,
urbanización, crecimiento demográfico y mejoras en las comunicaciones. Algunas
zonas de Gran Bretaña, Holanda y el norte de Italia experimentaron el inicio de la
Revolución Industrial. Esto implicó la sustitución de la producción artesanal por la
producción en grandes fábricas mediante la división del trabajo y el uso creciente de
máquinas, lo que permitió producir más bienes de consumo a precios más bajos.

El aumento de la producción incluyó medios culturales como libros, panfletos, periódicos y


pinturas. El intercambio de estos medios entre países europeos se facilitó por las
traducciones y el uso del francés como lengua internacional. Este comercio cultural
generó "impactos violentos" entre nuevas ideas y viejas tradiciones, moldeando el
pensamiento ilustrado.

El comercio de medios culturales se extendió globalmente. Las ideas llegaban a las


colonias europeas en América, el Caribe, India e Indonesia. Los productos coloniales (té,
café, azúcar) eran vitales para los cafés y salones de té europeos, donde se discutían
ideas. Además, la experiencia colonial de las culturas indígenas impactó la Ilustración
europea. Este intercambio global de ideas, como otros mercados, rompió barreras
(culturales, religiosas, de género, geográficas) y promovió una nueva igualdad entre los
"consumidores" de cultura. Sin embargo, también contribuyó a una creciente
homogeneización cultural, con el colapso de sistemas indígenas y la imposición de
sistemas europeos, a pesar de las críticas y el surgimiento del nacionalismo cultural.

La Palabra Impresa y la Revolución de la Lectura

La palabra impresa ocupó una posición central en la difusión de las ideas, siendo
fácilmente transportable y capaz de cruzar fronteras. Sin embargo, medir la difusión del
alfabetismo ha sido un desafío para los historiadores debido a la falta de fuentes directas y
a las diferencias en la enseñanza de la lectura en el siglo XVIII (por ejemplo, en la Europa
católica, muchos aprendían a leer latín para la misa sin fluidez en la lengua vernácula).

A pesar de estas dificultades, los datos indirectos (registros de ferias del libro, censura,
bibliotecas públicas, testamentos) sugieren un aumento en la producción y compra de
material impreso, lo que es consistente con una mayor familiaridad con la palabra escrita
en toda la sociedad.

Algunos historiadores, como Rolf Engelsing, han postulado una "revolución de la lectura" a
finales del siglo XVIII. Él argumenta que antes de 1750, la gente leía "intensivamente",
pocos libros repetidamente (como la Biblia), a menudo en voz alta, exponiendo también a
los iletrados. Después de 1750, se pasó a la lectura "extensiva", consumiendo muchos
impresos una sola vez, y esta lectura se volvió más solitaria e introspectiva. Esto limitó el
acceso de los iletrados a las ideas impresas. David Hall apoya esta transformación en
Nueva Inglaterra, donde las comunidades pasaron de obras devotas a una voraz lectura de
nuevos géneros (novelas, periódicos, libros infantiles).

Aunque estas tesis pueden ser esquemáticas y se ha demostrado que la lectura "intensiva"
persistió, especialmente con best-sellers como los de Richardson o Rousseau, la evidencia
sugiere que finales del siglo XVIII fue un punto de inflexión, con un público más amplio
consumiendo ansiosamente una mayor diversidad de materiales de lectura.

El acceso físico al material impreso se facilitó. Las librerías de préstamo comerciales


baratas y los cafés (que ofrecían periódicos y libros con una consumición) permitieron la
lectura "extensiva" a personas sin grandes colecciones privadas. Las librerías a veces
ofrecían bebidas y bibliotecas circulantes. Estas instituciones dependían del comercio
colonial, el crecimiento demográfico y la urbanización. Además, el paso de la edición en
latín a las lenguas vernáculas hizo la lectura accesible a más personas, especialmente
mujeres, sin formación clásica. Las obras devotas y teológicas perdieron prominencia frente
a la novela, que para finales de siglo constituía más del 70% de los préstamos en
bibliotecas, convirtiéndose en el principal vehículo de ideas y actitudes.

La República de las Letras: Autores y Editores

La Ilustración fue acompañada de profundas transformaciones en la posición social de


escritores y editores. Se les describía colectivamente como miembros de una idealizada
"República de las Letras", un "reino del talento y del pensamiento" que imperaba sobre la
mente, con independencia y libertad, y cuyos miembros adquirían una reputación similar a
la de los grandes poderes. La idea de que los escritores constituían una fuerza política
formidable, la igualdad entre los miembros, el cosmopolitismo y la idea de que el
conocimiento trascendía fronteras políticas eran conceptos comunes.

Sin embargo, esta idealización no siempre coincidía con la realidad. La investigación ha


mostrado que los libros más leídos a menudo eran de autores profesionales
desconocidos para el canon de grandes pensadores ilustrados. Estos escritores de "Grub
Street" (término usado por Robert Darnton) producían para un mercado comercial,
escribiendo desde pornografía hasta manuales de viaje y divulgación científica, abarcando
un amplio espectro de géneros y audiencias. Su existencia marcó un cambio significativo,
ya que la mayoría de los autores previos dependían del mecenazgo personal. Aunque el
mecenazgo no desapareció, se consolidaba una nueva situación social para los productores
de ideas. Pensadores como Jean D’Alembert y Denis Diderot abogaron por la
independencia de los hombres de letras, considerándola esencial para producir opiniones
objetivas y mantener la igualdad en la República de las Letras.

A pesar de estos ideales, la "Grub Street" no garantizaba la igualdad. Había una vasta
diferencia entre la fama y riqueza de figuras como Voltaire y la precaria existencia de los
escritores "oscuros". Además, la República de las Letras no estaba unida frente al poder.
Darnton sugiere que la envidia y la crítica de "Grub Street" hacia la élite literaria y el
establishment contribuyeron a la ruptura del Antiguo Régimen en Francia, siendo sus
ataques más audaces que los de las élites, a menudo subsidiadas por monarcas.

La República de las Letras también estaba dividida por género. Aunque muchas mujeres
formaban parte de la "Grub Street" o de élites intelectuales (como Emilie de Châtelet), hubo
un ataque concertado de muchos escritores varones contra la capacidad de las
mujeres para contribuir a la discusión intelectual. Esta visión, expresada por Rousseau en
Emilio, sostenía que las mujeres estaban regidas por la emoción, condicionadas
biológicamente para ser solo compañeras del hombre y para la función reproductiva,
excluyéndolas de la racionalidad. Esta misoginia en una supuesta "República de iguales"
puede deberse, en parte, a la inseguridad de la propia clase intelectual, que buscaba
afirmar su autonomía y legitimidad como constructores de la opinión pública. La supuesta
falta de independencia e imparcialidad femenina (debido a deberes familiares y naturaleza
emocional) se usó para deslegitimar su participación, demostrando la contradicción entre el
universalismo ilustrado y su exclusión de grupos sociales enteros.

Instituciones Sociales y la Difusión de la Ilustración

Otras instituciones sociales jugaron un papel clave, especialmente en la unión de los grupos
de élite. En Gran Bretaña, el alto alfabetismo y una próspera clase media profesional y
comercial dieron origen a sociedades de discusión de ideas. Ejemplos incluyen la
Sociedad Literaria y Filosófica de Manchester y la Sociedad Lunar de Birmingham, que
reunían a fabricantes, científicos e intelectuales locales, creando espacios de interacción y
búsqueda imparcial de la verdad. Estas nuevas formas de sociabilidad abandonaban
temporalmente las distinciones sociales.

La masonería llevó el énfasis en la igualdad aún más lejos. Las logias masónicas
florecieron en Gran Bretaña y Europa Continental, con participación de aristócratas e
incluso monarcas. Sus miembros, en secreto, se comprometían a dejar de lado las
distinciones sociales y promover ideas ilustradas como la benevolencia racional, buscando
la regeneración moral sin referencia a religiones establecidas (como se ilustra en La flauta
mágica de Mozart). Sin embargo, la masonería fue condenada por la Iglesia Católica y, en
algunos estados, su carácter secreto y su programa de regeneración social la hicieron
sospechosa como amenaza política, especialmente cuando algunos masones eran
miembros de sociedades secretas con aspiraciones de poder. La masonería expresó el
dilema central de la Ilustración: hasta qué punto era justificable usar la nueva fuerza de la
"opinión" para producir cambio social y político.

En Francia e Italia, las academias eruditas fueron instituciones destacadas. Formalmente


estructuradas, con respaldo real, locales y bibliotecas, estaban abiertas a quienes pudieran
pagar una cuota, lo que restringía el ingreso a las élites locales (aristocracia, burocracias,
comerciantes, profesionales acaudalados). Promovían el debate, comentaban trabajos,
estimulaban la vida intelectual y organizaban concursos de ensayos. Los ensayos
premiados, al reimprimirse, movilizaban la opinión pública más allá de la academia, como
los debates sobre la pena capital o el papel de las artes. Estas academias no solo tenían un
valor intelectual, sino que también contribuían a unir a las élites sociales y convertirlas en
parte de la nueva fuerza de la "opinión pública".

A pesar de la importancia de estas instituciones elitistas y urbanas, surge la pregunta de


cuánto y cómo las ideas ilustradas penetraron en las clases sociales no elitistas y
rurales, que conformaban la mayoría de la población europea. Este tema ha ganado
atención histórica recientemente, especialmente con el estudio de la Bibliothèque Bleue,
una colección de libros baratos y burdamente ilustrados, producidos para un mercado rural
semialfabetizado en Francia. Estos libros, vendidos en ferias y por libreros ambulantes,
incluían almanaques, biografías sensacionalistas, versiones condensadas de novelas y,
mayoritariamente, romances medievales reescritos. Algunos historiadores los ven como
literatura puramente escapista que privaba a los pobres del debate ilustrado. Otros, como
Bollème, argumentan que la Bibliothèque Bleue estaba evolucionando hacia una mayor
armonía con el pensamiento ilustrado. Sin embargo, esto simplifica la compleja relación
entre la "baja" y la "alta" cultura, ya que había una interpenetración de referencias culturales
entre las clases sociales.

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