ALUMNO: Dr.
Alfonso Alejandro
Santiago Marcos
• Matrícula: 188827
• Grupo SI18
(14) ADMINISTRACIÓN ESCOLAR
Actividad 4. Mi estilo de dirigir.
.• Asesor: Maestro AARON
MARTINEZ GARCÍA
• Puebla, Puebla 02/07/2025
Contenido
Introducción................................................................................................2
¿Cuál es mi estilo de liderazgo?.....................................................................3
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Fortalezas como líder.................................................................................4
Debilidades como líder..................................................................................5
¿Con qué estilo de dirección me identifico?.....................................................5
¿Qué tipo de líder me gustaría ser?................................................................6
¿Qué tengo que hacer para lograrlo?..............................................................7
Conclusión..................................................................................................8
bibliográficas...............................................................................................8
Introducción
En el contexto escolar contemporáneo, el liderazgo se ha consolidado como un factor
estratégico y transformador para la mejora educativa. Su impacto trasciende los límites de
la administración formal, influyendo en la cultura institucional, el rendimiento docente, el
desarrollo profesional del personal y, en última instancia, en los aprendizajes de los
estudiantes. La figura del líder escolar ha dejado de ser exclusivamente técnica o
gerencial para convertirse en un agente de cambio que guía procesos colectivos,
promueve la participación activa y modela los valores organizacionales.
Diversos estudios recientes coinciden en que el liderazgo escolar debe orientarse hacia
modelos más democráticos, colaborativos y emocionalmente inteligentes, capaces de
responder a los desafíos complejos que enfrentan las escuelas en el siglo XXI, como la
inclusión, la digitalización, la equidad y la transformación pedagógica (Fernández-Cruz,
Fernández-Díaz & Rodríguez-Mantilla, 2022). En esta línea, el ejercicio del liderazgo no
puede reducirse a una posición jerárquica, sino que debe entenderse como una práctica
dinámica, situada y reflexiva que involucra habilidades personales, estrategias
organizativas y un fuerte compromiso ético con el bienestar colectivo.
Reflexionar sobre el estilo de liderazgo que cada directivo adopta, así como sobre sus
propias fortalezas y debilidades, se ha vuelto una necesidad formativa y profesional. Tal
como lo señalan López-Yáñez y Sánchez-Moreno (2021), el conocimiento del estilo
personal de dirección no solo contribuye al desarrollo de una identidad profesional sólida,
sino que también facilita la construcción de entornos escolares más horizontales,
innovadores y participativos. Además, una autoconciencia crítica del propio estilo permite
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establecer rutas de mejora continua, en congruencia con las necesidades institucionales y
los marcos normativos y éticos de la gestión educativa.
Este ensayo tiene como objetivo realizar una reflexión integral sobre mi estilo de
liderazgo, partiendo de una mirada introspectiva pero también informada teóricamente. A
lo largo del texto, se analizarán mis fortalezas y debilidades como líder, se identificará con
qué estilo de dirección me relaciono actualmente y se propondrá el tipo de líder al que
aspiro convertirme. Asimismo, se delinearán acciones concretas que me permitirían
evolucionar hacia una gestión más eficiente, humanista y transformadora, capaz de
responder a las exigencias de la escuela actual. Como lo han afirmado Ramírez-Romero y
Vallejo (2020), el liderazgo educativo eficaz no se trata de imponer, sino de articular
visiones, generar confianza y movilizar capacidades colectivas en favor de una educación
con sentido y equidad.
¿Cuál es mi estilo de liderazgo?
A lo largo de mi experiencia profesional en el ámbito escolar, he identificado que mi estilo
de liderazgo se aproxima al liderazgo participativo, también conocido como liderazgo
democrático. Este enfoque se basa en la creación de espacios colaborativos donde se
promueve la corresponsabilidad, la toma de decisiones compartida y la horizontalidad en
las relaciones organizativas. En mi práctica cotidiana, me esfuerzo por construir un clima
de confianza en el que los miembros del equipo se sientan escuchados, valorados y
protagonistas del quehacer institucional.
Este tipo de liderazgo resulta especialmente pertinente en entornos educativos, donde la
diversidad de perspectivas, el trabajo interdisciplinario y la gestión del conocimiento
colectivo son fundamentales para abordar los retos actuales. Según Fernández-Cruz,
Fernández-Díaz y Rodríguez-Mantilla (2022), el liderazgo participativo fomenta la
cohesión del equipo y fortalece el sentido de pertenencia, al considerar a los
colaboradores no solo como ejecutores, sino como agentes activos del cambio.
Además, este modelo permite integrar enfoques distribuidos y transformacionales, al
impulsar la autonomía profesional, la creatividad y el compromiso ético con el proyecto
educativo (López-Yáñez & Sánchez-Moreno, 2021). Al asumir este estilo, no me limito a
dirigir tareas, sino que busco acompañar procesos, movilizar voluntades y facilitar la
reflexión colectiva sobre la práctica escolar.
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Considero que esta forma de liderar no solo genera mejores resultados institucionales,
sino que también promueve un desarrollo profesional más profundo y significativo entre
los integrantes del equipo. Como lo afirman Ramírez-Romero y Vallejo (2020), el liderazgo
en las escuelas debe orientarse a empoderar a los actores escolares para que se
apropien del proceso de mejora educativa, consolidando así una cultura organizacional
sólida y orientada al aprendizaje continuo.
Fortalezas como líder
El reconocimiento de mis fortalezas como líder escolar es esencial para seguir
consolidando un estilo de dirección efectivo y humanista. Entre las competencias que
considero más desarrolladas, destacan las siguientes:
Empatía: Me esfuerzo por comprender las situaciones personales, emocionales y
laborales de los miembros de mi equipo. Esta capacidad me ha permitido construir
relaciones cercanas, basadas en el respeto, la confianza y la sensibilidad ante las
necesidades individuales, algo especialmente valorado en contextos educativos
con alta carga emocional (Fernández-Cruz et al., 2022).
Comunicación efectiva: Mantengo una comunicación clara, respetuosa y
continua con los distintos actores escolares. Esta habilidad es clave para alinear
objetivos, prevenir conflictos y generar claridad en las decisiones y expectativas
organizativas.
Trabajo en equipo: Promuevo espacios de participación activa, colaboración
interdepartamental y sinergias entre niveles educativos. Considero que el trabajo
colectivo es más eficaz y enriquecedor que las decisiones unilaterales, en línea
con los principios del liderazgo distribuido (López-Yáñez & Sánchez-Moreno,
2021).
Escucha activa: Valoro la retroalimentación como un recurso de mejora
constante. Fomento que el personal se exprese libremente y procuro incorporar
sus aportes en la toma de decisiones, promoviendo así una cultura de mejora
compartida.
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Adaptabilidad: En un entorno tan cambiante como el educativo, considero que mi
capacidad para ajustar estrategias ante nuevas circunstancias ha sido
fundamental. Esta flexibilidad me ha permitido responder con eficacia ante
imprevistos, mantener la continuidad pedagógica y sostener la motivación del
equipo.
Debilidades como líder
A pesar de estas fortalezas, también reconozco áreas de oportunidad que limitan en
ocasiones la efectividad de mi liderazgo y que requieren atención para poder avanzar
hacia una dirección más equilibrada y profesionalizada:
Dificultad para delegar: Tiendo a asumir tareas clave por miedo a que no se
ejecuten con el mismo nivel de compromiso. Esta actitud, aunque surge del deseo
de asegurar calidad, puede traducirse en sobrecarga personal y limitación en el
desarrollo del equipo. Aprender a delegar con confianza es una meta pendiente en
mi formación directiva.
Tolerancia a la frustración: En ciertos momentos, me impaciento cuando los
resultados esperados no se logran con la inmediatez deseada. En el contexto
educativo, donde muchos procesos son graduales y de largo plazo, esta
impaciencia puede generar tensiones internas y afectar la motivación.
Exceso de autocrítica: Suelo ser muy exigente conmigo mismo, lo que si bien me
impulsa a mejorar, también puede generar inseguridad o dificultar el
reconocimiento de logros. La autocompasión y el equilibrio emocional son
competencias clave que debo seguir fortaleciendo (Fernández-Cruz et al., 2022).
Tendencia a evitar el conflicto: Prefiero mediar y buscar consensos antes que
confrontar directamente los desacuerdos o conductas disfuncionales. Aunque esta
actitud puede mantener un clima armonioso, también corre el riesgo de postergar
decisiones difíciles o permitir que se prolonguen situaciones que requieren
intervención firme.
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¿Con qué estilo de dirección me identifico?
A partir de la reflexión de mi experiencia laboral y del análisis teórico actual, me identifico
principalmente con el estilo de dirección participativo, también conocido como
liderazgo democrático. Este enfoque promueve la implicación activa de todos los
miembros del equipo en los procesos decisionales, basándose en la confianza mutua, el
reconocimiento del valor individual y la corresponsabilidad institucional. En
contextos escolares, este estilo se ha demostrado eficaz para fortalecer el clima
organizacional, aumentar el compromiso del personal docente y generar entornos de
trabajo colaborativos.
La evidencia reciente sugiere que el liderazgo participativo favorece un sentido
compartido de propósito y mejora la motivación intrínseca de los equipos educativos
(Domínguez-Lara & López-Jiménez, 2021). Además, permite integrar diversas
perspectivas para la resolución de problemas complejos, aspecto clave en la mejora de la
calidad educativa. Al propiciar canales horizontales de comunicación, este tipo de
liderazgo también mejora la gestión de conflictos y la satisfacción laboral, aspectos
prioritarios en escuelas que promueven modelos de gestión humanista y centrada en las
personas (Lorenzo & Cárdenas, 2023).
En este sentido, me reconozco como un directivo que busca la inclusión activa de sus
colaboradores, construye consensos y orienta sus esfuerzos hacia la consolidación de
objetivos comunes. Este estilo de dirección, además de ser congruente con mis valores
personales, resulta compatible con los enfoques actuales de liderazgo distribuido, que
promueven la delegación, la autonomía profesional y la innovación educativa como ejes
de transformación institucional.
¿Qué tipo de líder me gustaría ser?
A pesar de sentirme identificado con el liderazgo participativo, mi aspiración profesional se
orienta hacia un perfil de líder transformacional. Este tipo de liderazgo, ampliamente
respaldado por la literatura reciente, se centra en inspirar, motivar y empoderar a los
miembros del equipo para que trasciendan sus metas iniciales y se comprometan con un
propósito compartido de cambio y mejora sostenida.
El líder transformacional no se limita a ejecutar funciones administrativas, sino que actúa
como motor del cambio cultural e innovador dentro de la organización. Según García-
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Martínez et al. (2021), los líderes transformacionales generan un impacto profundo al
conectar emocionalmente con sus equipos, promover una visión institucional clara y
estimular el crecimiento profesional de cada colaborador. Este tipo de liderazgo es
especialmente relevante en el ámbito educativo, donde se requiere enfrentar desafíos
constantes, promover prácticas inclusivas y responder con flexibilidad a las demandas del
entorno.
Aspiro a convertirme en un agente de cambio que sea capaz de movilizar no solo
procesos, sino también emociones, ideas y potencialidades. Me interesa desarrollar una
visión de liderazgo que integre la dimensión ética, la justicia organizacional y la equidad,
como fundamentos del trabajo en comunidad. De esta manera, podré contribuir a la
consolidación de una institución educativa que no solo cumpla metas, sino que transforme
vidas.
¿Qué tengo que hacer para lograrlo?
Convertirme en un líder transformacional implica un proceso continuo de aprendizaje,
autoconocimiento y acción estratégica. A partir de los modelos actuales de liderazgo
educativo y las competencias profesionales requeridas, identifico varias líneas de trabajo
personal y profesional para lograr esta transformación:
Formación continua: Participar en diplomados, cursos y talleres vinculados a
liderazgo, innovación educativa y gestión del cambio. La actualización constante
de conocimientos permite integrar nuevas metodologías y enfoques que potencian
la labor directiva (González-Pienda et al., 2020).
Aprender a delegar: Desarrollar mayor confianza en las capacidades de mis
colaboradores, otorgando autonomía responsable y reconociendo su experiencia.
La delegación no solo alivia la carga administrativa, sino que también fortalece el
liderazgo distribuido y el sentido de pertenencia del equipo.
Desarrollar inteligencia emocional: Mejorar habilidades como la autorregulación,
la empatía y la gestión de emociones. Estas competencias son fundamentales
para liderar con claridad, resolver conflictos y mantener un clima laboral saludable.
Como lo destacan Morales-Barrera y Chacón-Cuberos (2022), el liderazgo
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emocionalmente inteligente es un predictor significativo del compromiso
organizacional y del bienestar docente.
Establecer metas compartidas: Impulsar la definición colectiva de objetivos
estratégicos y operativos, lo que favorece la apropiación institucional y reduce la
resistencia al cambio. La planificación participativa genera mayor cohesión y
legitimidad en la toma de decisiones.
Retroalimentación constructiva: Fomentar una cultura organizacional basada en
el diálogo y la mejora continua. Dar y recibir retroalimentación permite identificar
áreas de oportunidad y reconocer logros, fortaleciendo la confianza y la motivación
de los equipos.
Conclusión
La reflexión sistemática sobre mi estilo de dirección me ha permitido no solo reconocer
mis fortalezas en el ámbito del liderazgo participativo, sino también identificar con claridad
las áreas de mejora que debo trabajar para evolucionar hacia un liderazgo
transformacional. Esta introspección, basada en el análisis de la práctica y en referentes
teóricos actuales, reafirma que liderar en el contexto educativo implica mucho más que
ejercer autoridad o administrar recursos; requiere habilidades interpersonales,
inteligencia emocional y una visión orientada al desarrollo humano y colectivo.
La administración escolar contemporánea demanda líderes capaces de actuar con
sensibilidad, adaptabilidad y ética, en un entorno cada vez más complejo y cambiante.
Como señalan Morales-Barrera y Chacón-Cuberos (2022), el liderazgo educativo debe
construirse desde una perspectiva emocionalmente inteligente y comprometida con la
mejora institucional, capaz de responder a los desafíos sociales, tecnológicos y
pedagógicos que configuran la escuela del siglo XXI.
Transformar el liderazgo no es un acto individual, sino una apuesta por transformar la
cultura organizacional hacia modelos más colaborativos, inclusivos y sostenibles. Al
asumir esta tarea como un proceso continuo de formación y crecimiento, reconozco que el
liderazgo es también una forma de servicio y de construcción colectiva. Como lo afirman
García-Martínez et al. (2021), el verdadero liderazgo educativo es aquel que inspira,
articula y moviliza a las personas hacia un propósito común, trascendiendo la lógica del
control para centrarse en el empoderamiento y el sentido compartido.
Estoy convencido de que al fortalecer mi liderazgo personal, contribuyo de manera directa
al fortalecimiento de la comunidad educativa en su conjunto. Apostar por un liderazgo más
humano, transformador y participativo es, en definitiva, apostar por una educación con
sentido, calidad y equidad.
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bibliográficas
Domínguez-Lara, S., & López-Jiménez, M. A. (2021). Liderazgo participativo y
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Fernández-Cruz, F. J., Fernández-Díaz, M. J., & Rodríguez-Mantilla, J. M. (2022).
Liderazgo pedagógico y emocional en tiempos de transformación educativa.
Revista de Educación, 397, 93–119. https://doi.org/10.4438/1988-592X-RE-2022-
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García-Martínez, I., Torres-Gordillo, S., & Ramírez-Pérez, J. (2021). El liderazgo
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Lorenzo, C., & Cárdenas, M. (2023). Liderazgo humanista y gestión escolar: una
revisión crítica desde la perspectiva de la inteligencia emocional. Revista
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López-Yáñez, J., & Sánchez-Moreno, M. (2021). Liderazgo distribuido y cultura
organizacional en centros educativos: implicaciones para la innovación. Revista
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liderazgo en la gestión educativa: implicaciones para la mejora institucional.
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Ramírez-Romero, J. L., & Vallejo, G. (2020). La gestión escolar en contextos de
cambio: Retos del liderazgo directivo en educación básica. Perfiles Educativos,
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