Achaval Becu
Achaval Becu
Introducción
Religión y política
1
MALLIMACI, Fortunato (2008): Modernidad, Religión y Memoria, Colihue, Buenos Aires, p. 5; SONEIRA,
Abelardo Jorge (comp.) (1996): Sociología de la Religión, Docencia, Buenos Aires, p. 101.
2
NEUHAUSER, Kevin (1989): “The radicalization of the Brazilian Catholic Church in comparative perspective”,
American Sociological Review, vol. 54, nº 2, pp. 223-224.
Citar este trabajo en: Claudia Touris (Coord.). Actas de las Segundas Jornadas de Religión y Sociedad en
la Argentina Contemporánea y países del Cono Sur (RELIGAR-SUR). Buenos Aires: Editorial de la
Facultad de Filosofía y Letras Universidad de Buenos Aires, 2011. CD-ROM. ISBN 978-987-1785-15-5
3
MALLIMACI, Fortunato (1997): “Los diversos catolicismos en el origen de la experiencia peronista” ponencia
en Simposio, Religión y Política: una relación de mutua implicación, Congreso de Americanistas, Bogotá.
4
SONEIRA, Abelardo Jorge (comp.) (1996): Sociología de la…op. cit.
5 MALLIMACI, Fortunato (2008): “Las paradojas y las múltiples modernidades en Argentina”, en Fortunato
Mallimaci (comp.): Modernidad, religión y memoria, Colihue, Buenos Aires, disponible en http://www.ceil-
piette.gov.ar/investigadores/ fmallimacipub /2006 areli.pdf
6
MALLIMACI, Fortunato (2008): “Las paradojas y las múltiples…op. cit.
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7
ZANCA, José (2010): “La fe de Prometeo. Crítica y secularización en el catolicismo argentino de los años
cincuenta”, en Prismas, Revista de historia intelectual, nº 14, pp. 95-114.
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social y en las funciones que ocupan en la burocracia eclesial. El ser católico corta
transversalmente la sociedad y los grupos sociales, por ello no existe una cultura política
sino varias, que varían de acuerdo a la inserción del individuo en los otros campo sociales,
económicos o políticos. En este aspecto, la aproximación a la religión además de un acto
de fe, es una elección que se realiza desde la posición que el individuo tiene en la
sociedad y de ello dependerá su mirada, su interpretación y sus prácticas. Esta diversidad
de posiciones va a influir en las formas diferentes de construirse y expresarse el interés
religioso y por lo tanto la existencia de demandas internas heterogéneas y múltiples.
Sumado a esto, en un punto por demás conflictivo, la doctrina de la Iglesia no definía
el régimen de gobierno concreto al que debían adherir los católicos. No optaba entre la
monarquía, la oligarquía, la república o la democracia en particular, sino que la Iglesia
condenaba o apoyaba solamente en materia de moral política, emitía juicios sobre la
doctrina y los principios si éstos estuviesen errados o no.8. La fe no le obligaba al católico a
ser republicano ni dictatorial, siendo en este punto libre para optar. Lo que sí tenía
prohibido era adherir de manera pública o privada a las doctrinas totalitarias condenadas
por la Iglesia.9 Esta postura de la institución permitió espacios de libertad que habilitaron a
sus fieles a adherir a doctrinas nacionalistas, participar en gobiernos de fuerza o integrar la
Unión Democrática con socialistas y comunistas como lo hicieron los miembros de la Unión
Democrática Cristiana de Córdoba.
Ubicados en el contexto político de los años 40, esta doctrina clara en sus principios,
se volvió ambigua y múltiple en su interpretación y aplicación. La Iglesia quedó atrapada en
esa ambivalencia entre fuerzas opuestas al interior y al exterior del campo religioso. Las
acciones de los militantes católicos en el gobierno, mostraban las contradicciones entre
una doctrina que se planteaba, atemporal y eterna, por encima de las influencias humanas
pero que debía ser practicada por personas que la aplicaban de manera personal. Si la
Iglesia opinaba y criticaba sobre los principios de moral política, pero no condenaba
ninguna forma de gobierno ya que intrínsecamente ninguna era mala, lo mismo un católico
podía ser proclive a la democracia como rechazarla, sin entrar en contradicción con la
doctrina. Es por eso que la jerarquía no condenó ni criticó a aquellos católicos que
8
FRANCESCHI, Gustavo J. (1940): Totalitarismo, Liberalismo, Catolicismo…op. cit., p. 85.
9
Ibid. pp. 18-24.
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educativa de los gobiernos radicales era el “error rousseauniano”10 que sustentaban y que
estaba en pugna con la concepción clásica cristiana. Señalaban como equivocaciones
centrales que corrompían la naturaleza humana,11 a la escuela mixta, los baños mixtos en
las piletas públicas, las colonias de vacaciones mixtas y las materias de puericultura
impartidas a los alumnos de quinto y sexto grado. Así mismo, los católicos criticaban a los
pedagogos del Consejo de Educación por “izquierdistas”, “liberales enciclopedistas”, afines
a las ideas de la Reforma Universitaria, que estaban insertos también en los Colegios
Libres de Cultura Popular.12 El principal acusado era Antonio Sobral, discípulo de Saúl
Taborda, que tenía a su cargo el Consejo General de Educación y sobre el cual se centró
la campaña después de la intervención a la provincia para lograr su desplazamiento.
Antonio Sobral había aprobado un nuevo estatuto para los maestros de la provincia y un
nuevo plan de estudios que era rechazado por la Federación de Maestros y Profesores
Católicos y la Sociedad del Divino Maestro.
La lucha de la Iglesia por conservar su lugar en la educación primaria y la importancia
de la enseñanza de la religión era compartida ampliamente por todos los laicos militantes
en su seno, pero en especial la alta beligerancia en rechazo a la ley 1420, era promovida
por ese sector católico nacionalista que tomó el comando del Consejo General de
Educación en agosto de 1943 y los ministerios de la Provincia. El apoyo de la Iglesia de
Córdoba al decreto nacional de diciembre de 1943 en el que se imponía la educación
religiosa no obligatoria en las escuelas públicas primarias fue también avalado como
positivo para la gran mayoría de los católicos, ya que coincidía para éstos con lo estipulado
en la Constitución cordobesa, con la libertad de conciencia y de enseñanza, al no ser
obligatorio.13 El problema educativo se transformó en un símbolo representativo de las
complejas posiciones en el campo político en general.
Al momento de la Revolución de 1943, los conflictos internos de la iglesia católica en
Córdoba estaban dadas por la postura ante los hechos europeos, frente al nazi-fascismo, la
Guerra Civil Española y la II Guerra Mundial, quedando el campo religioso dividido entre los
católicos nacionalistas, nacionalistas católicos y adherentes a las asociaciones filo fascistas
10
VILLADA ACHÁVAL, Clemente: “Revolución y el laicismo”, en L.P. martes 27 de julio de 1943, P.4.C.3-8.
11
L.P., 4 de junio de 1944
12
L.P., lunes 28 de Junio, 1943, p.4, c.1-2
13
La enseñanza no era obligatoria pero se daba en los horarios de clase y los padres expresamente debían
optar para que sus hijos no la recibieran.
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por un lado –los intransigentes- y los católicos democráticos por otro. En Córdoba, los
católicos democráticos se manifestaban especialmente a través de la “Unión Democrática
Cristiana” que reunía a figuras destacadas, profesionales y universitarias y había sido
creada en 1940 como una asociación civil y cultural para la propagación de una visión
cristiana democrática y pluralista en oposición al nacionalismo católico de inspiración
fascista. Muchos de ellos formaron años más tarde, la Democracia Cristiana. Entre esas dos
tendencias existía el sector moderado, especialmente fuerte en Córdoba de la mano del
Arzobispo Monseñor Lafitte y el diario Los Principios, que sostenía la ortodoxia religiosa
pero postulaban la necesidad de construir una modernidad competitiva con el respeto a los
derechos y libertades constitucionales que garantizaban también la protección de los
derechos de la Iglesia14
La presencia importante de católicos democráticos en la Provincia de Córdoba, con
una postura militantemente contraria al gobierno, posibilitó que el campo antifascista -
especialmente el Partido Comunista- realizara también una fuerte apelación a los
“verdaderos” católicos, práctica que ya había puesto en juego en 1941, a partir de la
política comunista de la “unidad nacional”.15 Los sectores representados por la Unión
Democrática Cristiana participaron desde 1943, en una clara línea de reivindicación de la
libertad como postulado fundamental, junto con los sectores antifascistas e independientes
opositores en la universidad. Las principales figuras de esa asociación firmaron, junto los
intelectuales y profesores universitarios del arco antifascista, el manifiesto “democracia
efectiva y solidaridad americana”16, que se oponía a la política del gobierno militar en
octubre de 1943.
Al mismo tiempo, la política de tolerancia de los gobiernos radicales para con el
Partido Comunista permitió una movilización y una preeminencia en la lucha antifascista de
elementos del Partido Comunista a través de distintas organizaciones como la Liga por los
Derechos del Hombre, la Junta para la Victoria, la Confederación Democrática Argentina y
la agrupación Pro Unidad Democrática. La significativa presencia del Partido Comunista en
el campo antifascista de Córdoba al momento de la Revolución de Junio se completaba
con la adhesión de figuras señeras en el campo de la militancia socialista y de la militancia
14
L. P., sábado 1º de mayo de 1943, p. 4.
15
semanario Unidad, sábado 3 de julio de 1943, c. 1, en A. de G., Gobierno, 1943, t. 35.
16
Archivo de Gobierno de la Provincia de Córdoba, (en adelante A. de G.) Gobierno, 1943, t. 53, f. 622
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universitaria. Ese fue el lugar en donde tuvo mayor movilización y fuerza en su combate
contra el nacionalismo, de la que participaba la Federación Universitaria de Córdoba. Se
destacaron especialmente Arturo y Jorge Orgaz, Gregorio Berman, Deodoro Roca, Enrique
Barros, Ceferino Garzón Maceda, Santiago Monserrat, Gumersindo Sayago y Saúl
Taborda, activos participantes de la Reforma Universitaria y que tuvieron un consenso y un
prestigio social generalizado tanto en el ámbito local como en el nacional e internacional.
Este conjunto de actores revelaba las características del antifascismo que fue un
movimiento heterogéneo atravesado por múltiples tensiones especialmente por un fuerte
antagonismo entre el Partido Comunista y el Partido Socialista,17 pero unidos frente a lo
que se consideraba el peligro mayor del nacionalismo.18 Esta situación de tensión interna
se reflejó en la otra organización antifascista de corte más liberal como Acción Argentina,
de donde fueron expulsados Enrique Barros y Deodoro Roca19 lo que provocó el rechazo
de Gregorio Bermann.20 Los otros representantes de Córdoba en Acción Argentina, fueron
Arturo Orgaz, José Aguirre Cámara y Ramón J. Cárcano.
17
BISSO, Andrés; CELENTANO, Adrián (2006): “La lucha antifascista de la Agrupación de Intelectuales, Artistas,
Periodistas y Escritores (AIAPE) (1935 – 1943) en BIAGINI, Hugo Edgardo; ROIG, Arturo Andrés (directores) (2006):
El Pensamiento Alternativo en la Argentina del Siglo XX: Obrerismo, vanguardia, justicia social (1930-1960), T. II,
Editorial Biblos, Buenos Aires.
18
A. de G., Gobierno, 1943, t. 35, expediente nº 68, f. 155
19
BISSO, Andrés; CELENTANO, Adrián (2006): “La lucha antifascista…op. cit., p. 236.
20
BERMANN, Gregorio: “La quinta columna dentro de Acción Argentina. La filial cordobesa expulsa a
quienes están con la U. R. S. S. o son miembros de la A.I.A.P.E.”, Orientación, 30 de octubre de 1941, p. 7,
en BISSO, Andrés (comp.)(2007): El antifascismo argentino, CeDInCi Editores, Buenos Aires, documento nº
145, pp. 614-616.
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católicos que en nombre del cristianismo desvirtuaba la esencia de la religión católica. Este
grupo, aún sosteniendo la legitimidad y necesidad de la educación religiosa en las
escuelas, cuestionaban la forma de implementarla mediante la intolerancia, la fuerza y la
persecución.21
Los católicos nacionalistas y nacionalistas católicos conformaban un grupo unido por
redes de sociabilidad política y afinidades ideológicas con anterioridad a la Revolución de
Junio. Algunos pertenecían a los grupos universitarios contrarreformistas 22, otros militantes
de las asociaciones filo fascistas,23 que habían conformaron el apoyo a la revolución de
1930, firmando un manifiesto favorable a esta intervención en Córdoba.24 Algunas de estas
figuras colaboraron también como funcionarios de las intervenciones a la provincia de
Catamarca y La Rioja en la década del 30. Muchos eran militantes de la Acción Católica
Argentina de Córdoba y en especial del Secretariado Económico Social.25 Formaron parte
de la “conexión Córdoba” de la Revolución de Junio y de peso importante a nivel nacional,
en la actuación dentro del área educativa y también en redes de solidaridad con los
funcionarios del mismo origen católico nacionalista en Buenos Aires y en otras provincias,
rotando de espacios y funciones. Las figuras más representativas en Córdoba de este
sector intransigente y tradicionalista de católicos nacionalistas y nacionalistas católicos
fueron Manuel Augusto Ferrer, Enrique A. Ferreira, Nimio de Anquín, Clemente Villada
Achával, Manuel Villada Achával, Rafael Moyano López, Luis Ávila Vázquez, Narciso Rey
Nores, Lisardo Novillo Saravia, Pablo Mariconde, Carlos Pucheta Morcillo, el Obispo de
Río Cuarto Monseñor Leopoldo Buteler y otros. Manuel Augusto Ferrer y Nimio de Anquín
habían sido ambos alumnos de Luis Martínez Villada, y pertenecían al Instituto Santo
Tomás de Aquino y la revista neotomista Arx, además de haber firmado el manifiesto
apoyando la revolución de 1930. El Dr. Ferrer también había compartido con Enrique A.
Ferreira el haber sido funcionarios en las intervenciones en las provincias de Catamarca y
La Rioja en la década del treinta.
21
L.P., viernes 19 de mayo, 1944, p.5, c. 2-7
22
VERA DE FLACHS, Cristina (2006): “Reformas, contrarreformas y movimientos estudiantiles en la
Universidad de Córdoba (1870 -1936)” en MARSISKE, Renata; ALVARADO, Lourdes: Movimientos
estudiantiles en la historia de América Latina, Plaza y Valdés, México, pp. 21- 80.
23
Ibid., pp. 57-58.
24
Córdoba, (en adelante CBA), sábado 19 de mayo de 1945, p. 2. c. 6-7; VERA DE FLACHS, Cristina (2006):
“Reformas, contrarreformas…op. cit. p. 57.
25
Erique A. Ferreira y Narciso Rey Nores por ejemplo.
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El apoyo a la Revolución de Junio de este grupo fue unánime desde el principio, por
acordar con los objetivos de la enseñanza de la religión, con la preeminencia de la justicia
social, con el anticomunismo, con la intervención del Estado y con el nacionalismo
antiimperialista. El nuevo gobierno fundado en estas ideas, apeló al apoyo de este grupo,
unido por afinidades ideológicas y sociabilidades políticas previas, para la legitimación de
su intervención. Funcionaron como un grupo de intelectuales de reemplazo de los laicistas
radicales en la administración pública. A pesar de que la mayoría de los análisis dan por
terminado la influencia de este grupo nacionalista a partir de la ruptura de relaciones con
Alemania en enero de 1944, la renuncia de Ramírez y el ascenso de Perón que se habría
despegado de ellos, en realidad lo que sucedió fue un alejamiento de las figuras más
polémicas y una atenuación del discurso beligerante y de las medidas más drásticas de
exoneración de profesores por ser de origen judío o comunistas. En Córdoba hasta 1945
conservaron los puestos claves en el Consejo Provincial de Educación y en las
universidades. Las caras más polémicas se mezclaron en el entramado de las instituciones
estatales o educativas menos visibles. El retraimiento temporario del frente de batalla de
los grupos católicos nacionalistas en el año 1945, cuando por la presión social se restituyó
la normalidad universitaria, no significó que Perón les hubiera soltado la mano. Apenas
electo en febrero de 1946 y antes de asumir la presidencia, intervino nuevamente las
universidades, recayendo su conducción en los mismos sectores desplazados por la
presión del año anterior.
La intervención de estos católicos generó el rechazo categórico del ex presidente del
Consejo, Antonio Sobral y de los laicistas que comenzaron una batalla contra los católicos
que presionaban para la reforma de la ley 1420. Los principales opositores fueron los
maestros agremiados en la Unión de Maestros de Córdoba, los diarios La Voz del Interior y
Córdoba con la solidaridad de la Federación Universitaria de Córdoba, la Federación de
Bibliotecas Populares, la Confederación Americana de Maestros y otras entidades
culturales. Este bloque asumió la defensa de la escuela pública con la vigencia de la ley
1420 porque con ésta se lograba la formación de ciudadanos democráticos de acuerdo a la
tradición republicana argentina. Sostenían que las reformas necesarias debían ser
realizadas cuando el país retornara a la normalidad y no por obra de “reaccionarios”,
“fanáticos”, “ultramontanos” que, a la orden de una cruzada religiosa, tomaban posiciones
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Este apoyo de los sectores católicos y de las autoridades eclesiales desencadenó una
batalla por el sentido de ser católico con los sectores que no concordaban con los
principios de este catolicismo nacionalista que predominó entre los funcionarios tanto
civiles como militares, en especial los integrantes de la Unión Democrática Cristiana. Pero
también, bajo la apariencia monolítica de cooperación y unidad de criterio entre el elenco
militar y los cuerpos de católicos y militantes de la Acción Católica, existieron fricciones y
diferencias fruto del distinto lugar adjudicado a lo religioso. Para los católicos nacionalistas
de Córdoba, el Estado debía apoyar, sostener y luchar por los derechos católicos
asegurados en las leyes y en la Constitución Nacional. Como lo planteaban los católicos
intransigentes, el fin último era la religión, a cuyo servicio debía estar el Estado. Ese sería
el nudo del problema que mantendría la Iglesia con el peronismo, ya que ésta rechazó el
uso legitimante que algunos funcionarios y militares hacían de lo religioso para la
construcción del poder, pretendiendo que la religión fuera un instrumento de poder en
manos del Estado y sujetándola a un proyecto nacional y político.
26
La Voz del Interior (en adelante L.V.I.), jueves 30 de septiembre de 1943, p. 6, c. 1-2
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Justamente en esa etapa desde marzo a septiembre de 1944 dominado por la acción
del Mayor Tassi, Ministro de Gobierno y el Subsecretario Pallardó, se plantearon las
diferencias entre los proyectos de los católicos nacionalistas cordobeses de la Acción
Católica y el de estos militares que estaban apoyados por Perón. Para dichos funcionarios,
lo católico era legitimante del Estado pero subordinado a un proyecto mayor de
construcción de la unidad nacional. El diario católico Los Principios rechazó esa
subordinación y el uso de lo religioso para fines políticos. Fue esa crítica junto con la
condena a la política de agitación social y violencia del gobierno, lo que provocó que el
matutino se convirtiera en un activo opositor a la figura de Perón, a pesar del apoyo que
había realizado a las intervenciones en materia educativa del gobierno nacional y
provincial.
La conjunción de la educación religiosa con un gobierno que la sustentara y la
apoyara, fue definitorio en la toma de postura de algunos sacerdotes frente a la
candidatura del Coronel Perón. Éste, lejos de una militancia religiosa, sin embargo la utilizó
para la construcción de consensos y se posicionó como la continuidad y la garantía de la
perduración de las reformas implementadas. En esta postura se colocó abiertamente el
presbítero Francisco Compañy27 quien planteaba la defensa de lo ya conquistado y la
lucha con posterioridad de la libertad conculcada.
27
COMPAÑY, Francisco: “Libertad, Catolicismo y Evangelio”, en L.P., Lunes 11 de Febrero de 1946, p. 4, c.
3-8.
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28
L.V.I., miércoles, 13 de diciembre de 1944, p. 6, c. 3-5
29
L.V.I., domingo 31 de diciembre de 1944, p. 8, c. 1-2.
30
Ibid.
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regímenes totalitarios o las dictaduras de cualquier tipo. Para ello ofreció ejemplos
paradigmáticos en nuestro país de un catolicismo liberal a “prohombres” dentro del clero
como Fray Mamerto Esquiú, y entre los laicos, Félix Frías y José Manuel Estrada.
Al mismo tiempo, los católicos reivindicaban el papel de lo religioso en el momento
fundante de la historia nacional, en contra de la historia liberal que había ocultado el papel
del catolicismo en los ideales revolucionarios de Mayo. Los conceptos de independencia,
libertad, soberanía y progreso estaban para Los Principios fundados en valores religiosos
católicos. Especialmente resaltaba la importancia de la Universidad de Córdoba como cuna
de algunas figuras sacerdotales, en especial del Dean Gregorio Funes y de Fray Santa
María de Oro.31 Esta mirada era central porque rescataba la importancia de las ideas anti
statu quo de la universidad de Córdoba y de los sacerdotes, poniéndolos como ejemplo del
cambio, de la ruptura de lo antiguo. Esta resignificación del papel de los sacerdotes y de la
Universidad se dirigía esencialmente contra la crítica antifascista que calificaba al diario
como “reaccionario” y “ultramontano” y, por otro lado, se oponía a la imagen de una
universidad pre-reformista oscurantista, que era también sostenida desde los sectores
reformistas. Pero especialmente rescatar a la Universidad como baluarte de las ideas de
libertad fue ya en el año 1945 -en pleno conflicto universitario-, una estrategia del matutino
cordobés para posicionarse como opositor al gobierno revolucionario y especialmente a la
figura de Perón. Los Principios no podía adherir a un frente antifascista ni a la universidad
reformista pero sí a una universidad que históricamente con su clero ilustre había luchado
por un gobierno democrático y republicano.
También se dirimió una lucha entre representaciones del pasado para legitimar las
posturas a favor o en oposición a la figura de Perón y a su posterior candidatura a
presidente. A medida que se profundizaban los conflictos sociales, algunos símbolos o
imágenes monopolizaron el discurso y la acción política, simplificando la complejidad real
de las representaciones del pasado en torno a la oposición al peronismo naciente. La
figura de Rosas se convirtió en símbolo de lo condenado: el gobierno militar de la
Revolución de Junio y del Coronel Juan D. Perón. Y en esta postura hubo un acuerdo entre
las fuerzas que estaban en conflicto por el problema religioso. Este posicionamiento
reflejaba las relaciones que cada sector establecía entre la religión, el Estado, la sociedad
31
Ibid.
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Conclusiones
El impacto del campo religioso a nivel cultural e institucional fue central en la configuración
del escenario político a partir de la Revolución del 4 de Junio de 1943, por la interpelación
que las Fuerzas Armadas hicieron de lo religioso como legitimante del poder, por la
aceptación de la Iglesia de ese papel y por el rechazo a esa legitimidad de los grupos
liberales, laicistas y antifascistas. De esta manera se produjo la politización de los católicos
y de lo religioso, que ayudó a configurar las prácticas e identidades en el campo político y
visibilizó en el espacio público las profundas diferencias políticas de los laicos a partir de
los mismos principios doctrinales.
La abierta participación de los católicos y la Iglesia en el gobierno de la Revolución de
Junio, potenció los conflictos arrastrados desde la década del treinta entre las culturas
políticas antifascistas y las nacionalistas. Sin embargo, la aceptación de la Iglesia del lugar
central en la legitimidad estatal, no fue un apoyo incondicional y, al igual que el resto de la
sociedad civil, la institución eclesial se vio dividida entre aquellos que apoyaron a la nueva
interpelación y quienes la rechazaron. La heterogeneidad y complejidad del campo
religioso se vio así reflejada en Córdoba en donde la profunda similitud de los discursos de
las Fuerzas Armadas con los principios de la Iglesia Católica y, en especial con la doctrina
social, fue fundamental para conseguir el apoyo de una sector de la ciudadanía para la
obra social del gobierno de la Revolución. Pero así mismo, esos principios sirvieron para
que, en nombre de la libertad y de la democracia, muchos católicos se opusieran a la
Revolución de 1943 y, especialmente, a la candidatura de Juan Domingo Perón. En
Córdoba quedó entonces el campo católico dividido entre los “democráticos” y
“moderados” que rechazaron la figura de Perón y el nacionalista católico que lo aceptó
como manera de transformar el nuevo movimiento desde adentro y lograr que las reformas
sociales y la educación religiosa permanecieran. En este campo opositor, tuvo un papel
destacado el antifascismo que se constituyó en la matriz discursiva y militante en contra del
gobierno revolucionario, limitó las acciones de los militares y forzó a una salida
democrática e institucional, interpelando y agrupando en la Unión Democrática a los
católicos opositores.
El análisis de esta coyuntura refuerza y confirma los planteos teóricos que hablan, no de
una ruptura entre las esferas religiosas y estatales como lo proponían las clásicas teorías
de la secularización, sino, como afirma Fortunato Mallimaci, en una “hibridez de roles y
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