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Cuentos 2

La historia narra la vida de la princesa Marianne, quien cae bajo una maldición de un hada no invitada y duerme durante cien años tras pincharse el dedo con una rosa. Un príncipe llamado Julián, tras escuchar la leyenda del castillo maldito, logra atravesar los espinos y despierta a Marianne con un beso. Finalmente, se casan y viven felices, despertando al reino de su letargo.

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Cuentos 2

La historia narra la vida de la princesa Marianne, quien cae bajo una maldición de un hada no invitada y duerme durante cien años tras pincharse el dedo con una rosa. Un príncipe llamado Julián, tras escuchar la leyenda del castillo maldito, logra atravesar los espinos y despierta a Marianne con un beso. Finalmente, se casan y viven felices, despertando al reino de su letargo.

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La bella durmiente

Perserverancia

Es el clásico cuento de la colección de Charles Perrault sobre una hermosa princesa que cayó
dormida junto con todo el reino cuando cumplió quince años y que después de un tiempo, los
rumores sobre un reino maldito, donde todos habían caído en un sueño eterno, llegaron a un
12 min 5+
joven...

Érase una vez, en un reino muy lejano, en donde había un castillo real. El
castillo era de piedras rosas y cristales grises. Ahí vivía un rey con su reina,
que habían tenido todo en la vida menos una cosa: un bebé.

Todos los días se levantaban con la esperanza de que al fin llegaría el tan
aclamado deseo. Lo amarían con todo su corazón.

Un día, la reina caminaba tristemente en su jardín, escuchando a las ranas


reales croar, cuando decidió acercarse al lago. De repente, una de las ranas
le dijo: — Tu deseo se hará realidad. Dentro de un año tendrás una hija.

Exactamente un año después, la reina tuvo una pequeña hija, a la que llamó
Marianne. El rey era el hombre más feliz del mundo y para celebrar el
nacimiento de su hija, organizó una enorme fiesta para compartir su
emoción con todos en el reino.

Como era costumbre, en la lista de invitados debían estar las Hadas, su


trabajo consistía en determinar cuál sería el destino de la hija real. Había
trece hadas en total, pero el rey estaba tan distraído con la felicidad. Que
cometió un terrible error: sólo invitó a doce.

El día de la fiesta, todos en el reino estaban felices. El ambiente se llenó de


risas por todas partes, incluso los sirvientes del castillo silbaban
alegremente por los pasillos.

Había tanta comida deliciosa que las mesas crujían por tanto peso. Todos
los invitados comieron, bailaron valses y celebraron.

A medianoche, las Hadas llegaron a expresar sus deseos para la princesa


Marianne. Desearon cosas maravillosas para la vida de la pequeña niña:
sabiduría, belleza, buenas virtudes, riquezas y muchas otras cosas buenas.

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Pero antes de que la última de las doce Hadas pudiera hablar, un inesperado
invitado interrumpió la celebración. El hada número trece, a la que habían
olvidado invitar, apareció por la puerta.

Ella usaba un vestido negro y largo que brillaba como diamantes al caminar.
Cuando entró al salón todos los invitados se callaron y sus ojos se pusieron
sobre ella. Ella se veía muy enojada. Ella sabía que era la única que no había
sido invitada y se sintió rechazada.

Con voz grave y tenebrosa, declaró: — Cuando la princesa cumpla quince


años, se picará el dedo con la espina de una rosa y morirá.— Luego se dio la
vuelta y desapareció como una corriente de aire por la puerta.

Todos estaban aterrados. Sabían que la maldición no se podía deshacer. Pero


faltaba que una amable hada hiciera su deseo. Ella dijo: — No morirá, sino
que dormirá durante cien años.— Las campanas sonaron, señalando el final
de sus palabras.

El rey ordenó cortar y quemar todos los rosales, con todo y sus ramas.
Mientras Marianne crecía, cada una de los deseos se cumplía, se hacía bella,
sabia y bondadosa, pero sus padres seguían preocupados por las rosas.

Antes de que se dieran cuenta, llegó su cumpleaños número quince. ¡La


maldición del hada oscura! ¿Qué ocurriría? Mientras el castillo se preparaba
para la celebración, la princesa vagó hasta que llegó a una puerta
desconocida. ¡Estaba abierta! Y adentro había una escalera de piedra que
hacía eco con sus pasos al subir. Arriba había una puerta, pero estaba
cerrada. Entonces vio una llave vieja y oxidada en la cerradura.

Cuando giró la cerradura, rechinó por tanto óxido y la puerta se abrió con un
crujido. La princesa entró con cautela en la pequeña habitación que había
detrás.

Solo había una ventana pequeña y gruesas telarañas por todas partes. Los
muebles estaban cubiertos de centímetros de polvo que la hicieron
estornudar. Estaba a punto de marcharse cuando vio una flor en la ventana.

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Estaba en un pequeño florero y tenía unos hermosos pétalos rojos, parecía
ser de otro mundo. Marianne pasaba casi todo su tiempo libre en el jardín
real, ¡pero nunca había visto una flor como esa en su vida!

Se acercó a la ventana para poder admirar la bella flor y notó lo dulce que
olía. Era un aroma nuevo y encantador. Quiso tocarla, pero cuando alargó la
mano para tomar el florero, sintió un ligero piquete en el dedo, en ese
momento se desplomó en el suelo sucio y cayó profundamente dormida.

Eso no fue lo único que pasó. En todo el castillo, al momento en que la


princesa se picó el dedo, todos cayeron al piso, quedándose también
profundamente dormidos. Los padres, los sirvientes y los invitados que
habían venido a celebrar el cumpleaños de Marianne, incluso los perros del
patio, los caballos enganchados a los carruajes y los pájaros azules en pleno
canto se durmieron. El único sonido que se oía era el susurro de las hojas
cuando las ramas de los rosales trepaban por los muros del castillo.

El castillo y su gente se convirtieron en una leyenda que susurraban los


niños, nadie creía que existiera. Los niños jugaban a ser caballeros valientes
con espadas y palos en los campos. A medida que crecían soñaban con
buscar algún día el reino maldito y salvar a todos los que estuvieran dentro,
especialmente querían salvar a la Bella Durmiente, la princesa que decían
que era la mujer más hermosa del mundo.

A lo largo de las décadas, muchos campesinos, e incluso apuestos príncipes


de otros reinos, habían intentado llegar al castillo. Todos ellos sólo
conseguían encontrar un denso matorral de rosas espinosas, que les
resultaba imposible atravesar. Afilaban sus espadas una y otra vez, pero era
en vano. Por mucho que lo intentaban, el muro de rosas no les dejaba pasar.

Durante cien años, diferentes hombres, algunos altos y otros bajitos, débiles
y fuertes, nobles y campesinos e incluso algunos panaderos y sastres,
intentaron pasar y fracasaron.

Hasta que un día, el joven y apuesto Príncipe Julián estaba de paso por el
reino. Su caballo necesitaba herraduras nuevas, así que se detuvo en una
aldea en busca de un herrero. El gordo herrero saludó cordialmente al

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príncipe y le ofreció algo de comer mientras esperaba las herraduras
nuevas.

Mientras el príncipe esperaba que el herrero hiciera las nuevas herraduras


para el caballo, escuchó que la esposa del herrero les contaba a los niños la
leyenda del castillo maldito de las rosas —...y así la Bella Durmiente, junto
con el reino, siguen profundamente dormidos hasta el día de hoy.— La
mujer del herrero terminó su historia y los niños la miraron con la boca
abierta. — ¡Vaya! —dijeron todos, asombrados.

Del otro lado de la ventana, el Príncipe Julián también estaba asombrado: se


puso en pie de un salto, y con unas cuantas zancadas rápidas llegó hasta el
herrero. Quería saber todo lo que sabía sobre la historia y le pidió
indicaciones para llegar al legendario castillo maldito.

Tan pronto como su caballo estuvo listo, galopó inmediatamente hacia el


castillo. Tuvo que superar muchas dificultades en su camino, pero era
testarudo y decidido. Por fin, llegó al castillo. Estaba completamente
cubierto de espinosos rosales.

¡De repente ocurrió! Las ramas de los rosales empezaron a aflojarse ante sus
ojos, separándose por sí solas para dejarle pasar. En cuanto los atravesó, los
arbustos volvieron a su sitio y formaron de nuevo un gran muro.

Llegó al patio real y todo y todos estaban totalmente quietos, dormidos en su


sitio. Buscó por todas las habitaciones del castillo, abriendo y cerrando
puertas, pero no había rastro de la princesa dormida.

Finalmente, encontró una puerta que conducía a una pequeña torre con una
habitación en la parte superior. Subió las escaleras y encontró a la princesa
dormida en el suelo.

Había escuchado que ella era hermosa, pero ahora que la veía con sus
propios ojos no podía dejar de mirarla. ¡Era preciosa! Sintió que su corazón
se aceleró, y se inclinó, le acarició el largo cabello rubio, y suavemente le
besó los labios.

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En el momento en que la besó, Marianne se despertó, abrió los ojos y miró
los ojos color café del joven príncipe. Él la miró con tanta dulzura que ella
supo que era su amor lo que la había salvado.

A lo lejos se podían escuchar a los perros ladrando en el patio. Marianne


tomó su mano y juntos bajaron las escaleras. Todos bostezaban, y aturdidos
despertaban de su letargo. Los rosales habían desaparecido.

Cuando el bello Julián y la hermosa Marianne se casaron, el herrero y su


familia fueron invitados a la boda. La fiesta duró tres días y tres noches, y
Julián y Marianne vivieron felices para siempre.

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