El partido de la rabia
El partido de la rabia puede tomar la presidencia en las próximas elecciones. Quizá no sea un
partido sino un líder, un candidato. Hay una rabia contenida en un país desordenado. Cuando
la izquierda se pregunta porque Dina sigue en pie y porque sus marchas no pasan de un
puñado de miles de personas es porque no entienden que la rabia peruana se expresa en
elecciones.
Días atrás se publicó una encuesta de Ipsos Perú en esta mi casa. Dicho sea de paso, me agrada
escribir aquí. La demanda por un líder fuerte, un “ordenador” del desorden peruano crece y es
altamente probable que así sea. En febrero del 2023 la demanda era de 24% y hoy, de acuerdo
a esta última encuesta es de 46%. Alfredo Torres le ha dicho a mi amigo Carlos Cabanillas que
el candidato de la rabia todavía no aparece.
Pero el partido de la rabia, o el candidato de la rabia -dicho de otro modo- puede venir de
cualquier lado. Es decir, puede venir de la derecha o de la izquierda, pero casi siempre viene
del mundo popular, ancho y ajeno. Si uno se fija bien, ha sido el mundo popular y emergente el
que siempre vota antiestablishment, sea de derecha e izquierda. Al final, casi siempre, el
mundo popular y emergente decide.
Pero hay varias rabias contenidas. Hay una rabia contra Dina, es decir contra lo que se podría
denominar “la clase política” toda entera. Contra el Congreso y los partidos realmente
existentes. Hay otra rabia contra la “promesa liberal”. Funciona el mercado pero no el Estado,
pero una mayoría no lo identifica bien. “Hay oro, hay cobre, pero el pueblo sigue pobre”, lo
interpreta la izquierda sindical. Por ejemplo, hay ingentes presupuestos en los gobiernos
locales sureños (Cusco, Arequipa, Moquegua, Apurímac) gracias a la minería moderna pero el
nivel del gasto es mínimo. Hay una rabia también contra la Lima, ciudad emergente y popular.
“Castigar Lima” en las urnas, aparece como consigna, sobre todo en el sur peruano. Esa misma
Lima que ha recibido al capitalismo puneño y a miles de migrantes. Hay una rabia popular
contenida también contra el extranjero, pero sin llegar a la xenofobia.
En 1987, en San José de Sisa, el “comandante Ricardo” de 23 años, a caballo lidera una larga
fila de 400 terroristas del MRTA, entran triunfales luego de haber tomado por unas horas la
ciudad de Juanui. Es aplaudido por la gente de la zona. Entrevistado por un medio, uno de los
que aplaude dice que “vienen a poner orden”. Los “tupachos” vienen a poner orden.
Hay “pitillos orwellianos”, advertencias dicho de otra manera. El paro de los transportistas, por
ejemplo. Los mineros informales, también. ¿Quién sabrá cabalgar el malestar y el hastío? En
situaciones de gravedad las miradas se dirigen siempre a quien se “pone los pantalones”.
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