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Marini

El documento aborda la importancia del ábside en la liturgia cristiana, donde la comunidad orante eleva su mirada hacia Cristo representado en el mosaico, simbolizando una conexión directa con lo divino. Se discute la tradición de orar hacia el este, asociada a la figura de Cristo, y cómo la posición del sacerdote 'hacia el pueblo' se ha vuelto común, aunque se sugiere mantener la cruz en el altar como un punto de referencia espiritual. Finalmente, se argumenta que la cruz no debe ser vista como un obstáculo, sino como un medio que unifica y dirige la oración hacia Dios.

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El documento aborda la importancia del ábside en la liturgia cristiana, donde la comunidad orante eleva su mirada hacia Cristo representado en el mosaico, simbolizando una conexión directa con lo divino. Se discute la tradición de orar hacia el este, asociada a la figura de Cristo, y cómo la posición del sacerdote 'hacia el pueblo' se ha vuelto común, aunque se sugiere mantener la cruz en el altar como un punto de referencia espiritual. Finalmente, se argumenta que la cruz no debe ser vista como un obstáculo, sino como un medio que unifica y dirige la oración hacia Dios.

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“Si se nos pregunta hacia dónde miraban el

sacerdote y los fieles durante la oración, la


respuesta debe ser: ¡a lo alto, hacia el ábside!
La comunidad orante durante la oración no
miraba, de hecho, adelante al altar o a la
cátedra, sino que elevaba a lo alto las manos y
los ojos. Así el ábside llegó a ser el elemento
más importante de la decoración de la iglesia,
en el momento más íntimo y santo de la
actuación litúrgica, la oración” (S. Heid,
«Gebetshaltung und Ostung in frühchristlicher
Zeit», Rivista di Archeologia Cristiana 82
[2006], p. 369). Cuando, por tanto, se
encuentra representado en el ábside Cristo
entre los apóstoles y los mártires, no se trata
sólo de una representación, sino más bien de
una epifanía ante la comunidad orante. La
comunidad entonces “elevaba las manos y los
OFICINA PARA LAS CELEBRACIONES
ojos 'al cielo'”, miraba concretamente a Cristo
LITÚRGICAS DEL SUMO PONTÍFICE
en el mosaico absidial y hablaba con él, le
El crucifijo en el centro del altar en la Misa rezaba. Evidentemente, Cristo estaba así
“hacia el pueblo” directamente presente en la imagen. Dado que
el ábside era el punto de convergencia de la
mirada orante, el arte proporcionaba lo que el
Por Guido Marini, Maestro de ceremonias orante necesitaba: el Cielo, desde el que el
del Papa Hijo de Dios se mostraba a la comunidad como
desde una tribuna” (Ibíd., p. 370).

Desde tiempos remotos, la Iglesia Por tanto, “rezar y orar para los cristianos
estableció signos sensibles que ayudaran a los de la antigüedad tardía formaba un todo. El
fieles a elevar el alma a Dios. El Concilio de orante quería no sólo hablar, sino esperaba
Trento, refiriéndose en particular a la Santa también ver. Si en el ábside se mostraba de
Misa, motivó esta costumbre recordando que modo maravilloso una cruz celeste o a Cristo
“Como la naturaleza humana es tal que sin los en su gloria celeste, entonces por eso mismo
apoyos externos no puede fácilmente el orante que miraba hacia lo alto podía ver
levantarse a la meditación de las cosas exactamente esto: que el cielo se abría para él
divinas, por eso la piadosa madre Iglesia y que Cristo se le mostraba” (Ibíd., p. 374).
instituyó determinados ritos [...] con el fin de El Crucifijo en el centro del altar en la Misa
encarecer la majestad de tan grande sacrificio “hacia el pueblo”
[la Eucaristía] e introducir las mentes de los
fieles, por estos signos visibles de religión y De los anteriores apuntes históricos, se
piedad, a la contemplación de las altísimas deduce que la liturgia no se comprende
realidades que en este sacrificio están verdaderamente si se la imagina
ocultas” (DS 1746). principalmente como un diálogo entre el
sacerdote y la asamblea. No podemos aquí
Uno de los signos más antiguos consiste en entrar en los detalles: nos limitamos a decir
volverse hacia oriente para rezar. Oriente es que la celebración de la Santa Misa “hacia el
símbolo de Cristo, el Sol de justicia. “Erik pueblo” es un concepto que entró a formar
Peterson ha demostrado la estrecha conexión parte de la mentalidad cristiana sólo en la
entre la oración hacia oriente y la cruz, época moderna, como lo han demostrado
conexión evidente como muy tarde en el estudios serios y lo reafirmó Benedicto XVI:
periodo constantiniano. [...] Entre los “La idea de que sacerdote y pueblo en la
cristianos se difundió la costumbre de indicar oración deberían mirarse recíprocamente
la dirección de la oración con una cruz sobre nació sólo en la época moderna y es
la pared oriental en el ábside de las basílicas, completamente extraña a la cristiandad
pero también en las habitaciones privadas, por antigua. De hecho, sacerdote y pueblo no
ejemplo, de monjes y eremitas” (U.M. dirigen uno al otro su oración, sino que juntos
Lang, Rivolti al Signore, Siena 2006, p. 32). la dirigen al único Señor” (Teología de la
Liturgia, Ciudad del Vaticano 2010, pp. 7-8).
A pesar de que el Vaticano II nunca tocó anuncio y por tanto de una inmediata relación
este aspecto, en 1964 la Instrucción Inter recíproca, en la segunda se trata de adoración
Oecumenici, emanada del Consilium comunitaria en la que todos nosotros
encargado de llevar a cabo la reforma seguimos estando bajo la invitación: ¡Conversi
litúrgica querida por el Concilio, en el n. 91 ad Dominum – dirijámonos al Señor;
prescribió: “Es bueno que el altar mayor se convirtámonos al Señor!” (Teología de la
separe de la pared para poder girar fácilmente Liturgia, p. 536).
alrededor y celebrar versus populum”. Desde
aquel momento, la posición del sacerdote
“hacia el pueblo”, aún no siendo obligatoria,
se convirtió en la forma más común de
celebrar Misa. Estando así las cosas, Joseph
Ratzinger propuso, también en estos casos, no
perder el significado antiguo de oración
“orientada” y sugirió superar las dificultades
poniendo en el centro del altar el signo de
Cristo crucificado (cf. Teología de la Liturgia,
p. 88). Uniéndome a esta propuesta, añadí a
mi vez la sugerencia de que las dimensiones
del signo deben ser tales que lo hagan bien
visible, so pena de poca eficacia (cf. M.
Gagliardi, Introduzione al Mistero eucaristico,
Roma 2007, p. 371).
La visibilidad de la cruz del altar está
presupuesta por el Ordenamiento General del
Misal Romano: “Igualmente, sobre el altar, o
cerca de él, colóquese una cruz con la imagen
de Cristo crucificado, que pueda ser vista sin
obstáculos por el pueblo congregado” (n.
308). No se precisa, sin embargo, si la cruz
debe estar necesariamente en el centro. Aquí
intervienen por tanto motivaciones de orden
teológico y pastoral, que en el estrecho
espacio a nuestra disposición no podemos
exponer. Nos limitamos a concluir citando de
nuevo a Ratzinger: “En la oración no es
necesario, es más, no es ni siquiera
conveniente mirarse mutuamente; mucho
menos al recibir la comunión. [...] En una
aplicación exagerada y malentendida de la
'celebración de cara al pueblo', de hecho, se
han quitado como norma general – incluso en
la basílica de San Pedro en Roma – las Cruces
del centro de los altares, para no obstaculizar
la vista entre el celebrante y el pueblo. Pero la
Cruz sobre el altar no es impedimento a la
visión, sino más bien un punto de referencia
común. Es una 'iconostasis' que permanece
abierta, que no impide el recíproco ponerse en
comunión, sino que hace de mediadora y que
sin embargo significa para todos esa imagen
que concentra y unifica nuestras miradas.
Osaría incluso proponer la tesis de que la Cruz
sobre el altar no es obstáculo, sino condición
preliminar para la celebración versus
populum. Con ello volvería a estar
nuevamente clara también la distinción entre
la liturgia de la Palabra y la plegaria
eucarística. Mientras en la primera se trata de

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