Introducción
La Web o WWW (World Wide Web) (Berners-Lee1,
1999) se puede calificar sin duda alguna como el
componente fundamental que ha revolucionado y
popularizado el uso de Internet, gracias a ser un medio
de difusión y comunicación abierto, flexible y de
tecnología muy simple, todo lo cual ha dado origen a
un amplio espectro de aplicaciones como el comercio
electrónico, la banca electrónica o los sistemas de
entretenimiento en línea, por mencionar sólo algunos.
El sector educativo ha encontrado en esta
tecnología un excelente medio para romper con las
limitantes geográficas y temporales que los esquemas tradicionales de enseñanza-aprendizaje
conllevan, revolucionando, y cambiando a la vez, el concepto de educación a distancia. Su
adopción y uso han sido amplios, lo que ha permitido un desarrollo rápido y consistente en el que
la Web ha ido tomando distintas formas dentro de los procesos educativos.
La Web se convierte en la infraestructura básica para desarrollar los procesos de enseñanza-
aprendizaje no presenciales, combinando servicios síncronos y asíncronos, lo que ha dado lugar a
un modelo conocido como e-formación o e-learning, cada vez más valorado, no como sustituto
de la formación presencial tradicional, sino más bien como un complemento que se ha de
adaptar según las necesidades y nivel de madurez del público receptor de esta formación
(García y García, 2001), que puede ir, desde ser una actividad complementaria muy concreta y
residual en los estudios de primaria y secundaria, a ser un modelo únicamente no presencial en la
formación a distancia o formación continua empresarial. No obstante, las aproximaciones mixtas,
que combinan actividades formativas presenciales y no presenciales (o soluciones blended),
toman cada vez más fuerza y se posicionan como una importante alternativa ante los grandes
retos de los sistemas educativos y el creciente peso de la formación a lo largo de toda la vida.
1
Sir Timothy "Tim" John Berners-Lee, nació el 8 de junio de 1955 en Londres, Reino Unido, se licenció en Física en 1976 en el Queen's College de
la Universidad de Oxford. Es considerado como el padre de la web.
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Educar a distancia significa conocer cómo se aprende, cómo se diseñan las prácticas de
aprendizaje y las actividades de formación, cómo se seleccionan, organizan y secuencian
contenidos o qué ocurre cuando el estudiante selecciona, organiza y secuencia por sí mismo,
cómo se comporta un estudiante adulto, cuál es el lenguaje propio de cada tecnología y cómo
influye cada tecnología en el aprendizaje.
E-LEARNING
El concepto de e-learning se define de
muchas formas diferentes, fundamentalmente
debido a que los actores que de él hacen uso
son muy diversos, cada uno con su idiosincrasia
y su ámbito de aplicación.
Desde la perspectiva de su concepción y
desarrollo como herramienta formativa, los
sistemas de e-learning tienen una dualidad
pedagógica y tecnológica. Pedagógica en
cuanto a que estos sistemas no deben ser
meros contenedores de información digital,
sino que ésta debe ser transmitida de acuerdo
a unos modelos y patrones pedagógicamente
definidos para afrontar los retos de estos nuevos contextos. Tecnológica en cuanto que todo el
proceso de enseñanza-aprendizaje se sustenta en aplicaciones software, principalmente
desarrolladas en ambientes web, lo que le vale a estos sistemas el sobrenombre de plataformas
de formación.
Desde la perspectiva de su empleo se podría distinguir la visión que tienen sus usuarios finales,
que con independencia de su madurez y formación, verán al sistema e-learning como una fuente
de servicios para alcanzar su cometido formativo. No obstante, también es factible diferenciar
una visión de organización, en la que se definen el alcance y los objetivos buscados con la
formación basada en estos sistemas, distinguiéndose una visión académica y una visión
empresarial.
Si se toma como referencia la raíz de la palabra, e-learning
se traduce como “aprendizaje electrónico”, y como tal, en su
concepto más amplio puede comprender cualquier actividad
educativa que utilice medios electrónicos para realizar todo o
parte del proceso formativo.
Existen definiciones que abren el espectro del e-learning a
prácticamente a cualquier proceso relacionado con
educación y tecnologías, como por ejemplo la definición de
la American Society of Training and Development que lo
define como “término que cubre un amplio grupo de
aplicaciones y procesos, tales como aprendizaje basado en
web, aprendizaje basado en computadoras, aulas virtuales y
colaboración digital. Incluye entrega de contenidos vía
Internet, intranet/extranet, audio y vídeo grabaciones,
transmisiones satelitales, TV interactiva y más”.
Otros autores acotan más el alcance del e-learning
reduciéndolo exclusivamente al ámbito de Internet, como Rosenberg (2001) que lo define como:
“el uso de tecnologías Internet para la entrega de un amplio rango de soluciones que mejoran el
conocimiento y el rendimiento. Está basado en tres criterios fundamentales:
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1. El e-learning trabaja en red, lo que lo hace capaz de ser actualizado instantáneamente,
almacenado, recuperado, distribuido y permite compartir instrucción o información.
2. Es entregado al usuario final a través del uso de ordenadores utilizando tecnología
estándar de Internet.
3. Se enfoca en la visión más amplia del aprendizaje que van más allá de los paradigmas
tradicionales de capacitación”.
Desde la perspectiva que ofrece la experiencia en el desarrollo y explotación de plataformas e-
learning, podríamos postular nuestra propia definición de e-learning como la capacitación no
presencial que, a través de plataformas tecnológicas, posibilita y flexibiliza el acceso y el tiempo
en el proceso de enseñanza-aprendizaje, adecuándolos a las habilidades, necesidades y
disponibilidades de cada discente, además de garantizar ambientes de aprendizaje
colaborativos mediante el uso de herramientas de comunicación síncrona y asíncrona,
potenciando en suma el proceso de gestión basado en competencias.
En todas estas definiciones, así como en otras que se pueden encontrar en la bibliografía
especializada, se acaba haciendo mención, explícita o implícita, a lo que se viene llamando el
triángulo del e-learning (Lozano, 2004), formado por la tecnología (plataformas, campus
virtuales…), los contenidos (calidad y estructuración de los mismos se toman como elementos
capitales para el éxito de una iniciativa de e-formación) y los servicios (siendo el elemento más
variopinto que engloba la acción de los profesores, elementos de gestión, elementos de
comunicación, elementos de evaluación…).
B-LEARNING
Cuando el concepto de e-learning ingresó al mundo de la formación corporativa, pudo
pensarse que la formación de carácter presencial sería desplazada o reducida, en beneficio de
las posibilidades de este nuevo canal que presentaba múltiples ventajas. El paso del tiempo
muestra que el e-learning no reemplaza a la formación presencial, sino que en muchos casos,
ambas metodologías se complementan.
Blended learning es la
combinación de formación a
través de las NTIC con
formación presencial.
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La importancia de la aparición del término blended learning se encuentra en el hecho de que,
nuevamente, el contacto presencial recobra parte del protagonismo que perdió cuando se
produjo el auge de la formación totalmente virtual.
El punto de partida de la tendencia hacia el blended-learning, puede estar en el intento de
mejorar el proceso de enseñanza y aprendizaje, superar las dificultades pedagógicas que
comporta un curso/programa puramente en línea y coincidentemente en la reducción de costes
que supone, pues a pesar de que el blended learning reduce el ahorro del e-learning, la
formación mixta sigue siendo más económica que la presencial.
El blended-learning sintetiza las ventajas del e-learning con las ventajas del resto de las
modalidades: la utilización de diversos canales enriquece a los alumnos que tienen distintas
expectativas de aprendizaje.
¿Es el blended-learning un modelo de enseñanza y aprendizaje mejor que el e-
learning?
Por sí solo, el blended-learning no asegura una formación superior que un aprendizaje e-learning,
totalmente a distancia. Porque en realidad, cada situación tiene su solución óptima.
Antes de diseñar una propuesta de formación, deberíamos analizar el contexto: necesidades
formativas, características de los usuarios finales, recursos disponibles (humanos, económicos,
materiales). Y a partir de este diagnóstico, decidir si es conveniente que el curso/programa se
desarrolle totalmente en forma presencial, íntegramente a distancia, o desde un enfoque
blended.
En el diseño y desarrollo de una acción
formativa intervienen múltiples elementos
que hay que considerar antes de tomar
decisiones sobre la modalidad a adoptar.
Lo expresado anteriormente no invalida la
afirmación de que, si el diseño y los recursos
metodológicos empleados en el desarrollo
de una propuesta educativa son
adecuados, los resultados de una acción
formativa completamente a distancia
pueden ser ampliamente satisfactorios.
El éxito de una acción formativa reside,
en gran parte, como lo dijimos
anteriormente, en la labor tutorial y en la vivencia del grupo (ya sea presencial o en línea). Un
alumno puede llegar a desmotivarse completamente si se siente solo, ya sea porque el profesor no
dinamiza adecuadamente el aula y/o promueve un clima grupal adecuado, o bien porque el
curso/programa no contempla la interacción entre alumnos (y todo esto puede ser tanto
presencial como a distancia).
Preguntarse si el blended-learning asegura una mejor formación que el aprendizaje totalmente
virtual, es atender a los objetivos de aprendizaje y a las peculiaridades de nuestros profesores y
potenciales estudiantes. Es necesario equilibrar presencialidad y virtualidad según los objetivos
planteados y circunstancias particulares de cada propuesta educativa o formativa.
Interrogarse sobre si podría el e-learning ser una formación superior a la formación presencial
conlleva plantearnos algunas respuestas. Conocemos buenos ejemplos donde es posible
aprender de y con otros, colaborar, discutir, realizar proyectos en grupo, aprenden a relacionarse,
a comunicarse, a hacer preguntas, a buscar información, a seleccionarla, a defenderla
públicamente, a argumentar, todo, en línea. Y también conocemos ejemplos de propuestas
blended-learning en las que hay exceso de teoría y carencia de práctica.
Es necesario tener en cuenta que también entra en juego una cultura presencial (tanto en
empresas como en instituciones educativas) que presiona con su inercia. Para quienes han
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conseguido su prestigio gracias a la presencialidad, es difícil reconocer que puede existir un
sistema no presencial que alcance los mismos objetivos.
Hay quienes valorizan los contenidos en el proceso de aprendizaje, priorizando su importancia
sobre los continentes, llámense estos e-learning o blended-learning. Para quienes opinan de esta
manera, nunca el continente reemplazará al contenido.
Contenidos que resultan onerosos si se desarrollan a medida, pero que, de no ser satisfactorios
para los usuarios -en los casos que estén habituados a ofertas de formación presenciales de
calidad-, llevarán a que rechacen el aprendizaje virtual. Contenidos idóneos, motivación
intrínseca y buen seguimiento tutelar dan lugar a un aprendizaje eficaz.
Sin embargo, otros estudiosos creen que lo más importante no es que los contenidos sean lo
óptimo, sino que puedan ser mejorados día a día, con la acción tutorial. Defender que “el
contenido es el rey” es una forma de contraponerse a la sobrevalorada tecnología
principalmente cuando de plataformas se trata.
Imposible no aceptar que el e-learning posee ventajas sobre el blended-learning si
consideramos la factibilidad de cobertura de un ámbito geográfico más amplio y un público
potencial mucho mayor. O no reconocer como inconvenientes del e-learning, el requerimiento de
cambios cualitativos en la concepción pedagógica y didáctica de la educación/ formación,
pues añadir tecnología a un modelo deficiente no lo mejora (se requiere un cambio de
paradigma). O no darse cuenta que es un problema que la educación en línea se limite a
virtualizar lo presencial; o que exige una motivación muy alta (como contrapartida al abandono).
Es necesario crear una pedagogía y una didáctica específicas del e-learning, lejos de las
adopciones de los métodos de la semipresencialidad que algunos vienen practicando hasta la
fecha.
¿Habría algún tipo de aprendizaje que tenga que ver más con una u otra modalidad?
La virtualidad es un espacio apropiado al trabajo intelectual y para aprendizajes que tengan
que ver con la formación continua y capacitación profesional en el puesto de trabajo. La
presencialidad sigue siendo el espacio ideal en el trabajo sobre lo emocional y para aprendizajes
en los que está en juego el desarrollo integral de la persona o la conformación como profesional.
Pero en realidad, hay pocas cuestiones que se pueden hacer en el aula y no se pueden realizar
vía e-learning: el tema es saber cómo hacerlas, orientadas por objetivos claros.
Es un problema la falta de experiencia en sistemas de formación y educación a distancia en
general y en e-learning particularmente. Situación que tiene como consecuencia aplicaciones
que más bien imitan la presencialidad, obteniendo, por supuesto, resultados por debajo de las
posibilidades reales de estos sistemas.
Porque para aprender hay que hacer, hay que
preguntar y preguntarse, cometer errores,
reflexionar, rectificar, ayudado por alguien que
sepa más. Estar motivado, tener interés: querer
aprender. Por más que se intente facilitar el
aprendizaje por todos los medios, el aprendizaje es
un proceso interno, que tiene su punto de partida
en la curiosidad del que aprende, sus
preocupaciones, sus intereses y necesidades.
Desde la enseñanza o la formación podemos
colaborar, partiendo de la práctica, induciendo a
la reflexión y regresando a la acción. Planteando
al estudiante proyectos reales y acompañando
desde una tutoría en la que no primen las
respuestas correctas. Si la formación no se parece al trabajo para el que se trata de preparar, de
poco sirve.
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Hablar de blended-learning implica usarlo preguntándose ¿qué parte virtual? ¿cuál presencial?
¿dónde actividades grupales y dónde individuales? ¿dónde foros que generen conocimiento -y
cómo organizar ese conocimiento-? ¿cómo diseñar las comunidades de aprendizajes de
práctica? ¿usaremos audio? ¿video? ¿blogs?
Y esto sin profundizar en todo lo relacionado con la personalización del servicio a la medida de
las necesidades de cada persona, donde Internet es el medio idóneo para segmentar y tratar a
cada estudiante de manera individual, de uno a uno.
La vieja idea de que se aprende haciendo toma de nuevo forma, a través de las simulaciones y
los juegos.
B-learning en la educación superior.
Hoy más que nunca, la sociedad demanda una Educación Superior de calidad y pertinencia. El
fenómeno de la globalización y el avance acelerado en tecnologías de información y
comunicación han transformado la forma de aprender y acceder al conocimiento; debido a esta
revolución tecnológica, las universidades han dejado de poseer el monopolio del conocimiento
(Salinas, 1998) que por siglos ostentaron, hoy en día es posible que el estudiante aprenda más y
mejor, fuera de la escuela que al interior de las aulas.
Sin embargo, la gran mayoría de los docentes en Educación Superior basan su práctica en la
transmisión de información, por medio de un libro de texto o materiales diseñados por ellos mismos.
El profesor de este nivel tiende a utilizar como única técnica didáctica la exposición, su función es
la de exponer un tema y la función de los alumnos es escuchar, en el mejor de los casos el profesor
hace algunas preguntas y los alumnos contestan a ellas. (Herrera, 2005).
Esta estrategia centrada en la enseñanza se viene utilizando desde hace siglos, cuando la
información era escasa y muy difícil acceder a ella. (Escorcia, 2001) Hoy existe el problema
contrario. Hay grandes cantidades de información fluyendo a velocidades impresionantes a través
de Internet y otros medios electrónicos, y resulta muy fácil y rápido acceder a ellas.
En este contexto, el docente universitario, debe transformar su rol, aplicando nuevas prácticas,
modelos y metodologías innovadoras que coadyuven a fomentar la educación a lo largo de la
vida en el estudiante, para formar profesionales que se puedan integrar fácilmente en la dinámica
de las sociedades del conocimiento.
Para lograr la transformación del
profesor universitario, de transmisor de
información a facilitador en la
construcción del aprendizaje de los
alumnos, es imprescindible la formación
inicial y continua del profesorado. Tanto
del uso de herramientas tecnológicas,
como de metodologías innovadoras y
modelos de diseño instruccional que
integren tecnologías de información y
comunicación (NTIC).
Los tutores son esenciales en el
aprendizaje en línea y no pueden ser
reemplazados por respuestas
automatizadas. Universidad y Empresa se
necesitan más que nunca. Buenos
proyectos de e-learning y de b-learning
requieren muy buena base pedagógica,
realismo comercial y un encuadre de alta competencia.
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