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Introduccion M Klein

El documento analiza el desarrollo de la teoría psicoanalítica, centrándose en las contribuciones de Melanie Klein y sus diferencias con Freud. Se exploran las etapas de la obra de Klein, su enfoque en el análisis infantil y la importancia de las fantasías en el desarrollo psíquico. Klein es presentada como una figura clave que introdujo conceptos innovadores en el psicoanálisis, enfatizando las relaciones de objeto tempranas y la técnica del juego en el análisis de niños.

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Introduccion M Klein

El documento analiza el desarrollo de la teoría psicoanalítica, centrándose en las contribuciones de Melanie Klein y sus diferencias con Freud. Se exploran las etapas de la obra de Klein, su enfoque en el análisis infantil y la importancia de las fantasías en el desarrollo psíquico. Klein es presentada como una figura clave que introdujo conceptos innovadores en el psicoanálisis, enfatizando las relaciones de objeto tempranas y la técnica del juego en el análisis de niños.

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TEORIAS PSICOLOGICAS II 2016

Prof. Lic. Leandro M. Sánchez


“… hasta el final de su larga vida, Freud desarrollo con su
genio la teoría psicoanalítica y, gracias a su gran autoridad, la
contuvo dentro de un marco hasta cierto punto coherente. No
puede ser casual que cuando se acercaba su muerte surgieran
como por encanto y casi al mismo tiempo los grandes trabajos
que habrían de construir las escuelas psicoanalíticas…”

R. Horacio Etchegoyen (1988)

Introducción

Intentaré establecer en este trabajo de integración, el desarrollo de algunos conceptos claves entre una
autora emblemática dentro del psicoanálisis inglés como fue M. Klein y destacar las convergencias y divergencias
con Freud.
La gran cantidad de teorías que existen actualmente en psicoanálisis y la variedad de enfoques técnicos
nos plantea un problema epistemológico y práctico a la vez. Los conocimientos psicoanalíticos no forman un
todo unificado sino un conjunto de teorías y afirmaciones que tienen distinto nivel.
Las ideas de Freud sufrieron una evolución que correspondieron a destinos diferentes. Unos subsisten
casi sin modificaciones y son el núcleo fuerte de la teoría: inconsciente, transferencia, sexualidad infantil,
complejo de Edipo, la técnica psicoanalítica, etc.
Otras fueron reelaboradas, produciendo un deslizamiento de su sentido, aunque mantienen la terminología
inicial, su significado sufrió profundos cambios que se desplazó del original dado por Freud. Así también hay
ideas que Freud valoraba en alto grado y actualmente muchos ya no aceptan.
A partir de ello podemos establecer tres grandes líneas en el desarrollo de la teoría psicoanalítica
después de Freud, que marcaron profundos aportes y a su vez caminos distintos dentro del mismo psicoanálisis.
Estos autores, entre los más significativos, fueron Klein, Lacan y Hartman.
En este trabajo solo me dedicare a plantear los conceptos más importantes de Melanie Klein
explicitando sus divergencias y convergencias con la teoría psicoanalítica que instituyó Freud.

Algunos antecedentes

No podemos dejar de mencionar ciertos datos biográficos que echan luz sobre sus desarrollos
posteriores, así también las influencias que marcaron su obra y su terapéutica.
Melanie Klein fue una mujer que vivió confrontada a las pérdidas sucesivas de seres queridos y que
convivió durante años con una profunda depresión. Pero a pesar de ello, notoriamente, no la detuvo en su
producción y trabajo.
En 1910, por un de esos fuertes y prolongados estados depresivos, su esposo consigue un traslado a
Budapest, Hungría.
A fines de 1914 muere su madre, Libussa Deutsch, quien poseía una fuerte influencia sobre Melanie.
Esta pérdida hace agravar su depresión e inicia su análisis con Ferenczi
Su biógrafa, refiere: “…Libussa le había asignado el papel de niña mimada y Melanie tuvo que pagar un terrible
precio por eso. Podía tenerlo todo en la medida en que hiciera exactamente lo que la madre le
decía. Libussa fortaleció el temor infantil al abandono subrayando que sin su madre no era capaz de vivir y la
muerte de su madre confirmaba ese temor...” (Grosskurth, 1990)
En Budapest se lleva a cabo el V Congreso de la International Psychoanalytical Association (1918) - bajo
la presidencia de Karl Abraham-. Esa fue la primera vez que Melanie Klein vio a Freud: lo escuchó leer en la
tribuna su comunicación “Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica”.
Este Congreso realizado en tiempos de guerra causa una fuerte impresión en Klein y, según ella misma recuerda:
“…esa impresión fortaleció mi deseo de dedicarme al psicoanálisis. Durante el análisis con Ferenczi, éste me llamo
la atención acerca de mis grandes dotes para comprender a los niños y de mi interés en ellos y alentó mucho mi
idea de dedicarme al análisis de niños...” No he visto (...) que la educación pudiera cubrir la totalidad de la
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comprensión de la personalidad y que, por lo tanto, tenga la influencia que uno desearía que tuviera. Siempre
sentí que detrás había algo que nunca llegue a percibir.
Ferenczi la asigna como asistente de Anton von Freund en la tarea de organizar la enseñanza del psicoanálisis en
la Sociedad de Investigación Infantil.
En 1919 E. Jones reorganiza “la Sociedad Británica de Psicoanálisis”. En julio de ese año Klein expone su primer
trabajo, “La novela familiar en status nascendi", por el cual es aceptada como miembro de la Sociedad
Psicoanalítica Húngara, la cual estaba en un período de intensa actividad bajo la presidencia de Ferenczi.
Melanie Klein asiste en 1920 al VI Congreso Psicoanalítico Internacional, en La Haya. Conoce a H. Hug-Hellmuth,
quien lee su trabajo sobre la técnica del análisis infantil, y a Karl Abraham.
Abraham, presidente de la Sociedad Psicoanalítica de Berlín, la invita a trabajar en dicha ciudad. Atraída por la
personalidad del mismo y la vitalidad del grupo de analistas que lo rodeaba, Klein acepta y se traslada con su
hijo.
En 1922 Klein se convierte en miembro asociado de la Sociedad Psicoanalítica de Berlín (en ese mismo año, Anna
Freud se convierte en miembro de la Sociedad Psicoanalítica de Viena).
Un año después pasa a ser miembro pleno de la Sociedad Psicoanalítica de Berlín.
A comienzos de 1924 Klein inicia su análisis con Abraham, el que va a continuar hasta la muerte del mismo en
diciembre de 1925.
Asiste al VIII Congreso Internacional de la IPA -bajo la presidencia de E. Jones-, en donde expuso por primera vez
en un Congreso. Su trabajo, titulado "La técnica del análisis de niños pequeños", inicia también su
cuestionamiento a ciertos aspectos del complejo de Edipo, y fue una comunicación muy discutida. Respaldada
por Abraham, también contó con el apoyo de Ernest Jones, el cual, seducido por ese discurso contestatario, llegó
incluso a intervenir ante Freud para que éste prestara atención a esas declaraciones de acentos heréticos.
En diciembre de 1924, viaja a esa Viena para leer una comunicación sobre el psicoanálisis de niños titulada "Una
neurosis obsesiva en una niña de 6 años" (Erna), en la Primera Conferencia de Psicoanalistas Alemanes. Allí
enfrentó directamente a Anna Freud. A partir de ese momento se abrió el debate sobre qué debía ser el
psicoanálisis del niño: una forma nueva y mejorada de pedagogía (posición defendida por Anna Freud), o (como
lo sostenía Melanie Klein) el lugar de la exploración psicoanalítica del funcionamiento psíquico desde el
nacimiento.
Se hace amiga de Alix Strachey, que también estaba en análisis con Abraham. Alix se interesa en sus teorías y
colabora en traducir al inglés algunos de sus escritos. Con la ayuda de su esposo, James Strachey, que se había
quedado en Londres, Alix introdujo a Melanie en la British Psychoanalytical Society (BPS), donde la posibilidad
del análisis de niños era debatida con mucho interés. En las actas de dicha presentación constan las críticas de E.
Glover.
Finalmente, Ernest Jones, que en 1926 la convence de ir a vivir a Londres, donde ella permanece hasta
su muerte en 1960.

Su producción teórica suele dividirse en tres etapas:

I. Período de 1919 a 1932: en este lapso produce una gran cantidad de artículos con sus hallazgos teóricos
y clínicos. Inicia la técnica del juego para el análisis infantil y lo aplica originalmente en niños pequeños.
Sus descubrimientos resaltan la importancia de la agresión en el desarrollo mental. Las hipótesis
principales versan sobre la neurosis de transferencia completa en el análisis infantil, el complejo de
Edipo temprano y la formación de un superyó precoz.
II. Período de 1932 a 1946: en 1932 escribe “El psicoanálisis de niños”, donde intenta sistematizar sus
descubrimientos sobre la vida psíquica infantil. En este período formula lo esencial de su teoría: la idea
de posición depresiva como punto crucial del desarrollo mental (1935, 1940) y de posición esquizo-
paranoide (1946). Se formalizan los aspectos esenciales de la metapsicología kleiniana con la descripción
de la mente como un espacio poblado por objetos internos, que interactúan con los externos a través
de los procesos de proyección e introyección. El mecanismo de la identificación proyectiva será a partir
de 1946 y durante los treinta años siguientes, uno de los temas principales de la investigación kleiniana.
El acento que Klein había puesto en la agresión en el período anterior es modulado ahora en buena
medida por la idea de una lucha pulsional entre sentimientos de amor y odio.
III. Período de 1946 a 1960: el punto teórico principal es la envidia primaria, que Klein formula en 1957. Se
refuerza así el aspecto constitucionalista de su teoría. Su obra póstuma, Relato del psicoanálisis de un
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niño (1961), donde reconstruye el caso Richard, al que atendió en la época de la segunda guerra
mundial.
IV.

Desarrollo de algunos conceptos centrales en Klein

Sus escritos, abigarrados, a veces contradictorios, presentan una permanente riqueza de ideas
originales. Se extiende desde 1919 hasta su muerte en 1960. De ellos se desprende un intento centrado en su
preocupación principal por describir el mundo rico en fantasías y vivencias que despliegan los pacientes en el
espacio analítico terapéutico.
Las hipótesis de Klein intentan explicar los hechos que surgen a partir de nuevos contextos terapéuticos
y de nuevas observaciones. El punto de partida es siempre el tratamiento analítico y más precisamente el
desarrollo de la sesión.
Así como en Freud observamos un esfuerzo por formular teorías del psiquísmo en base a los modelos
científicos de su época: fisicoquímicos, neurofisiológicos, etc., Klein quiere dar cuenta de los sucesos que ocurren
en el consultorio y en el vínculo interpersonal entre paciente y analista. Observa que el paciente se compromete
emocionalmente en el tratamiento, que incluye al terapeuta en sus fantasías, que despliega un universo lleno de
ocurrencias y asociaciones, pero sobre todo con fuertes sentimientos y angustias.
Tempranamente, encontramos en su obra que trata de comprender el mundo interno del sujeto. Que en ese
mundo interno todo acontece con una singular realidad concreta y que sus inquilinos, los objetos internos, se
expresan con odio asesino y amor violento.
Esta línea de comprensión define una de sus hipótesis principales: el psiquismo se origina en un vínculo
intersubjetivo, en primer lugar la relación de objeto del bebé y su madre. Ella estudia las características
emocionales de ese vínculo, en el que busca descubrir cuál es la ansiedad predominante y las fantasías
constitutivas.
Klein es pionera indudable de toda la corriente psicoanalítica contemporánea que enfatiza la existencia de
relaciones de objeto tempranas como fundantes del desarrollo psíquico y de la personalidad.
Es importante incluir aquí un hecho significativo. Klein comenzó trabajando en análisis con niños; inició una
práctica original al introducir la técnica del juego infantil para tener acceso a los conflictos y fantasías de una
manera más directa y fácil que con la comunicación verbal. Insistió en que a sus pequeños pacientes había que
analizarlos igual que a los adultos, explorando los conflictos inconscientes y absteniéndose de toda medida
reeducativa o de apoyo. Esto le permitió observar que los niños desarrollan una neurosis de transferencia
análoga a la de los adultos. De esta manera pudo delimitar un campo de observación fértil para una gran parte
de sus descubrimientos posteriores: complejo de Edipo temprano, superyó temprano, mecanismos de defensa
primitivos organizados en torno a una angustia principal y una relación de objeto.

 Fantasía

Freud
Noción que es divergente a la concepción que tenía Freud sobre la misma. Si bien no es tema de este
trabajo, tenemos que tener en cuenta que antes de llegar a ser corriente el concepto de fantasía en Freud,
transita con cautela un camino sinuoso desde la teoría del trauma psíquico hasta la teoría de la fantasía, pasando
por el abrupto terreno de la teoría de la seducción. No obstante encontramos el término “fantasía” en las cartas
a Fliess que anteceden a la carta del 21 de septiembre de 1897, en la que Freud le anuncia el próximo abandono
de la teoría de la seducción.
Las fluctuantes elaboraciones de la teoría de la seducción iban de la mano del autoanálisis de Freud.
Por el año 1895 a partir de caso Emma fue uno de los determinantes para adoptar la teoría de la seducción, pero
otra circunstancia, la muerte de su padre, fue decisiva para que la abandone. Dos sucesos que tuvieron gran
resonancia en su autoanálisis.
Podríamos decir que a partir del colapso de la teoría de la seducción comienza a surgir la concepción de la
fantasía.
En la Conferencia 33º “Sobre la femineidad”, Freud admite que se demoró mucho tiempo para reconocer que
las fantasía de seducción por el padre no eran sino la expresión del complejo de Edipo. Advierte en esa
conferencia que las fantasías pertenecen al pre-edipo pre-histórico y que el seductor no era el padre sino la
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madre: (…) la fantasía toca terrenos de la realidad (…) realmente la madre en sus actividades de higiene sobre el
cuerpo de la niña inevitablemente estimuló, y quizás incluso despertó, por primera vez, sensaciones placenteras
en sus genitales (1933)
Así mismo, en el esquema del psicoanálisis asevera que el primer objeto erótico del niño es el pecho de
la madre y que a través de los cuidados del cuerpo del niño, ella llega a ser su primer seductor. (1938)
A las fantasías inconscientes también las llamo en “Interpretación de los sueños” “escenas inconscientes”.
Resumiendo, la concepción de Freud sobre las fantasías, como bien la define Laplanche en su
diccionario: "guión imaginario en el que se halla presente el sujeto y que representa, en forma más o menos
deformada por los procesos defensivos, la realización de un deseo, y en último término, de un deseo inconsciente".
"La fantasía, se presenta bajo distintas modalidades: fantasías conscientes o sueños diurnos, fantasías
inconscientes que descubre el análisis como estructuras subyacentes a un contenido manifiesto, y fantasías
originarias".
Por otro lado, Roudinesco escribe que Freud utiliza en principio el término en alemán como fantasía o
imaginación (uso corriente del término) y es en 1897 cuando le da un desarrollo más específico, al apartarse de
la teoría de la seducción para validar la idea de realidad psíquica. La vida imaginaria cobra importancia y el sujeto
se representa su propia historia y la de sus orígenes. Los traductores de Freud al francés utilizan la palabra
Fantasme otorgándole el sentido de aparición.
Para Freud aquellas experiencias traumáticas que atravesaba la persona desde niño, se configuraban en
forma de escenas cuyo contenido emergía en los síntomas que daban carácter bizarro a su conducta. Éstas
estaban intrínsecamente ligadas a su pasado real. Con el estudio de casos, Freud observa que ciertas fantasías
son comunes a las diversas personas con sus historias particulares, ante lo cual comprende que las mismas no
estaban ligadas necesariamente a la experiencia.

M. Klein

Si uno habla sobre la obra de Klein no puede no empezar sino es por el concepto de fantasía inconsciente, puesto
que el mismo se constituyó en el eje del sistema cuerpo-mente que ella creó.
Pronto asumió que el neonato, en su mundo corporal de sensaciones empezaba a emplear la fantasía y darle
significado a ese mundo inmediatamente después del nacimiento.
Para Klein la fantasía inconsciente es la representación mental del instinto. Si el bebé tiene hambre fantasea el
pecho que lo alimenta. A medida que el niño crece y su yo se organiza, la capacidad de fantasear se amplía en
tanto función yoica y así, va articulando y modulando sus fantasías con la realidad objetiva, de la cual suele
defenderse cuando la vive como persecutoria u hostil, oponiéndole fantasías que lo satisfagan y a su vez lo
calmen.
A lo largo de su vida, el ser humano mantiene una conexión entre su cuerpo, sus sensaciones y la fantasía, de
suerte que podemos seguir el rastro de cualquier fantasía hasta encontrar su enlace con las fuentes biológicas.
Fantasías inconscientes están en la base de cada proceso mental y acompañan toda actividad mental.
Son la representación mental de aquellos sucesos somáticos entre los que se incluyen los instintos, y son
sensaciones físicas interpretadas como relaciones con objetos causantes de esas sensaciones.
Las fantasías inconscientes, que brotan desde su ocasionamiento biológico, experimentan poco a poco dos tipos
de conversión:
• el cambio introducido por el desarrollo de los órganos de percepción a distancia de la realidad externa,
y
• la emergencia al mundo simbólico de la cultura desde el mundo primario del cuerpo.
Se pueden elaborar fantasías para aliviar estados mentales internos por vía de manipulación del cuerpo y sus
sensaciones (fantasías masturbatorias), o por vía de fantaseo directo. La fantasía es la expresión psíquica de los
impulsos instintuales y también de los mecanismos de defensa enderezados contra impulsos instintuales.
La idea de una fantasía como actividad inconsciente fue considerada por Klein desde el comienzo de su actividad.
Porque se interesó en el contenido de la angustia, fue inevitable que situara las fantasías del juego en el primer
plano. La importancia de la fantasía en el pensamiento de Klein se vio reforzada por dos factores:
a) La extraordinaria propensión de los niños a producir fantasías en su juego y, en especial, la inquietud
que los lleva a construir teorías sexuales acerca de las relaciones entre sus propios órganos y los de sus
padres. Klein, impresionada por esta forma de pensamiento narrativo con objetos, puso en tela de juicio
la teoría del narcisismo primario. Abraham (1921) y Ferenczi (1921) habían aducido el síntoma
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psicológico del tic como una prueba clínica del narcisismo primario. La actividad motora del tic no era
sino una descarga de energía psíquica. En oposición a esto, Klein (1925) se propuso demostrar que aun
en el caso de este prototipo del impulso sin objeto, operaban: unas fantasías básicas en la parte
inconsciente de la psique infantil.
b) Los extraordinarios efectos de la interpretación sobre la producción de fantasías. Klein quedó atónita
por la escala en que se producían fantasías después de removida una inhibición, pero tuvo la agudeza
de comprender que una liberación de la fantasía y la adopción de una actitud más positiva hacia el
analista eran indicadores terapéuticos esenciales y marcaban un funcionamiento psíquico sano. Ya no
se alteraría en el desarrollo del pensamiento kleiniano la importancia clínica básica atribuida a la
fantasía inconsciente.

 Mundo interno

La idea de mundo interno nunca llega a ser precisa en la obra de Freud, pero se puede asumir que
introdujo la noción en Duelo y Melancolía (1917). El mundo interno de Freud se arroga las demandas instintivas
y las percepciones de un mundo exterior que, al incorporarse al yo, se convierten en identificaciones.
Klein le imprimió a ese mundo mental interno, un carácter espacial y lo habito con unos pobladores singulares,
con los objetos internos. Esta perspectiva espacial de la mente inconsciente no solo expandió sustancialmente el
modelo topográfico y estructural de Freud, sino que exigió una reformulación de la naturaleza de los objetos y de
los impulsos. (Etchegoyen, 1985).
Las ideas acerca de un mundo interno con sus habitantes fueron una continuación de las nacientes pero
avanzadas nociones de K. Abraham. La teoría del mundo interno, sello del pensamiento “kleiniano”, es una teoría
de las relaciones inconscientes del sujeto con sus objetos internos y externos, que empezó a gestarse en
consultorio a partir del “juego”. Por el año 1923, estando en Berlín, a partir del análisis de niños fue
profundizando su idea de mundo interno como viable en su terapéutica. Su primera expresión pública de esta
idea fue en su ponencia del congreso de Salzburgo (1924), donde causo críticas y revuelo, pero también el
respaldo de Abraham y E. Jones.
A través de su obra, uno puede descubrir que Klein rápidamente equiparo las imaginativas escenas, que sus
pacientes montaban en la sala de juegos de su consultorio, con los fantásticos contenidos inconscientes de sus
mentes. Klein aprecio el escenario del juego sin prejuicios ni ideas preconcebidas y ubico en la mente de sus
pequeños pacientes la misma paradoja y despropósito de los juegos que se desplegaban en el consultorio. Dicho
de otra manera, traslado a la psiquis el espacio del consultorio.
A mi parecer, se podría decir que su aporte esencial no lo compone tanto la teoría de las posiciones como su
pensamiento acerca de la existencia de un mundo interno donde se despliega el drama convulsionado y bravo
entre los objetos y el sujeto.
Desde el principio hasta el final de su obra, sostiene que la fuente que nutre las relaciones con los objetos
internos y externos se encuentra en los impulsos.
En este sentido, permanece adscrita a Freud, sin embargo, a partir de 1932, hizo énfasis en otra fuente, la
angustia, la que ubico al lado de la pulsión.
En lo que respecta a este último punto, dentro del psicoanálisis ingles de las relaciones de objeto, ha encontrado
divergencias con psicoanalistas como Winnicott, Fairbairn, Guntrip, Balint, Roland.

 Objetos internos

Freud, fiel al principio de constancia, al proponer un aparato psíquico que busca descargar para
conseguir la homeostasis, tenía que centrar su atención en el esfuerzo, la meta y la fuente de la pulsión. Desde
esta perspectiva teórica, el objeto es simplemente una contingencia. Pero Abraham, al concentrar su atención
en el tratamiento de pacientes que padecían de psicosis melancólica, empezó a observar la repercusión que tenía
en la vida mental el destino del objeto perdido. Le llamo la atención el hecho de que sus pacientes construían
fantasías concretas alrededor de objetos que entraban y salían del cuerpo. Estos tratamientos le permitieron
observar los procesos de introyección y proyección.
Aunque fue fiel a Freud en las descripciones que hacía en su trabajo sobre el duelo acerca de la pérdida del objeto
del melancólico, lo que él interpretaba como cambios en la dirección de la libido Abraham lo explicó como la
ansiedad por los intentos de restituir el objeto que se había perdido. Es decir, que desde la perspectiva de
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Abraham el objeto no era un simple vehículo de la pulsión de gratificación, tenía el sentido de “el otro”, de aquel
con quien el sujeto llega a sostener complejas relaciones internas y externas.
Según Abraham, el objeto tiene un “sentido físico” y su hábitat es el espacio interno concreto del cuerpo.
Es a partir de estas ideas como Klein empezó a construir su concepto de mundo y objeto interno desde los años
20. Fue solo en sus artículos de 1935 y 1940 donde por primera vez habla explícitamente de “objeto y mundo
interno”. A partir de entonces, esos términos que formaron y captaron el interés de la comunidad psicoanalítica;
o bien para estudiarlos o para objetarlos.
La noción de objeto interno está amarrada a la de fantasía inconsciente. Freud (1911) concebía la fantasía como
un proceso psíquico que irrumpía como consecuencia de la frustración, pero para Klein la fantasía era tanto un
componente de la gratificación como de la frustración. A lo largo de su obra, la fantasía se engrana con el de
objeto interno, a tal grado, que un concepto es no sostenible sin el otro.
Las “voces” parentales internalizadas que siguen a la resolución del complejo de Edipo, Freud las
circunscribe al superyó; Klein, a los habitantes de un mundo interno habitado por objetos parciales y/o totales,
buenos y malos. En un primer periodo – primeros cuatro meses de vida – los objetos son parciales y amenazantes,
de naturaleza persecutoria. Para defenderse de estos objetos, el niño los separa y aísla unos de otros, en objetos
buenos y malos (escisión/splitting). A partir de los cuatro meses de vida, el niño desarrolla la capacidad de
internalizar objetos totales y de amarlos y odiarlos al mismo tiempo. En coyunturas de ansiedad y frustración el
niño los ataca y destruye en una orgia de fantasías de rencor y malignidad, pero en tiempos de amor pena por
ellos y los respeta. Estos objetos totales y únicos se componen de la realidad y fantasía.
La incorporación y la pérdida de los objetos parciales y totales, poseen un carácter concreto: el sujeto, al
incorporar un objeto, tiene la experiencia subjetiva de comer algo, como quien ingiere un alimento, de igual
manera, cuando pierde un objeto siente que ha evacuado sus intestinos. Todos los objetos internos están en un
intercambio permanente con los objetos externos.
En los trabajos de 1940 Klein definió y delimitó el objeto interno: “…el bebé, habiendo incorporado a sus
padres, siente que están vivos dentro de su cuerpo, según la forma concreta de sus fantasías inconscientes
profundas – en su mente, ellos son objetos internos o interiores, como los he denominado. Así se edifica en la
mente inconsciente impresiones provenientes de la gente y mundo externo, aunque modificado por sus propias
fantasías e impulsos.”

 Teoría de las relaciones de objeto

Para 1932, año de los más prolíficos y creativos de Klein, había logrado sistematizar la técnica más
adecuada para tratar con el método psicoanalítico a niños desde muy temprana edad. Mientras tanto, transcurría
lo más sobresaliente de su obra de lo que ni ella se había llegado a percatar. Descubría el mundo de las relaciones
tempranas de objeto.
En su artículo sobre “El psicoanálisis de niños” (cap. 8) en su empeño por sostener sus descubrimientos dentro
del marco de la teoría del superyó propuesta por Freud, consideraba que objeto y superyó eran comparables,
que el reconocimiento por el yo del poder del objeto es equivalente al reconocimiento de las imposiciones del
superyó. Sin embargo, en el capítulo 9 no mantiene su consistencia teórica y sostiene que el superyó es un
compuesto por un conjunto de objetos introyectados dotados de funciones específicas, una especie de
comunidad de objetos internos, con amplias posibilidades de relación con el yo y con la capacidad de cambiar su
carácter a medida que el niño y la niña introyecten nuevas imagos. Este tipo de superyó que ella propone no es
monolítico, es diferente del superyó estructural, unificado a partir de los padres edípicos introyectados, como
concebía Freud.
Por lo tanto podríamos decir que Klein empieza a edificar la teoría de las relaciones de objeto a partir de este
capítulo en “El Psicoanálisis de niños”. (1932)

 Las primeras hipótesis – Superyó y complejo de edipo tempranos

Las dos hipótesis más importantes que Klein formuló en su primer período son:

a. La existencia de un superyó temprano, que primero ubica entre los dos y tres años de edad y luego hace
retroceder hasta el comienzo de la vida psíquica.
b. La idea del complejo de Edipo temprano, ubicado en los períodos pregenitales del desarrollo.
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Para entender el origen de estos conceptos es importante que resaltemos cuáles fueron las ideas teóricas sobre
las que trabajó en ese momento de su obra. Las describiremos ordenándolas en los siguientes puntos:

1. Ella resaltó que la agresión posee un papel central tanto en el desarrollo psíquico temprano como a lo largo de
la vida del sujeto. Los impulsos agresivos tienen gran importancia en los primeros años de la vida psicológica,
principalmente en el vínculo con la madre. Centró su interés en investigar los períodos preverbales del desarrollo,
a los que atribuyó una gran riqueza de fantasías inconscientes. Klein toma primero de su maestro Abraham el
concepto de fase de sadismo máximo y supone que ocurre a los seis meses de edad, vinculada con la dentición
y el destete. Luego traslada la agresión a períodos aún más tempranos de la vida, pero la independiza de los
procesos biológicos y la adscribe al campo estricto de la fantasía inconsciente. Vale decir que busca explicaciones
en un nivel exclusivamente psicológico. Muchos autores, reconocen a Melanie Klein el gran aporte que significó
para el psicoanálisis el acento que ella puso en la agresión humana. En cambio, no están de acuerdo, cuando ella
considera que la existencia de los impulsos agresivos se debe a la pulsión de muerte.
2. Freud y Abraham supusieron que la libido evoluciona a través de pasos progresivos a los que llamaron etapas de
organización libidinal.
El modelo tiene una indudable raigambre darwiniana, toma como punto de partida que dicha progresión libidinal
está dirigida por la sucesión de etapas biológicas de maduración. Las zonas erógenas oral, anal, fálico y genital
son el centro respectivo de cada una de estas fases.
Melanie Klein, interesada en estudiar los períodos preedípicos del desarrollo mental, cambia el concepto de fases
libidinales al afirmar que en los niños pequeños observa una mezcla de pulsiones orales, anales y genitales que
se superponen desde las primeras relaciones de objeto. Se aleja así de la idea de fase libidinal como unidad de
desarrollo en un sentido cronológico y la reemplaza tiempo después por la idea de posición como un concepto
más dinámico y menos aferrado a la biología.
Decir que los impulsos orales están mezclados precozmente con los genitales implica también adelantar la
triangulación edípica a estadios pregenitales del desarrollo. De aquí surge la idea de complejo de Edipo
temprano, donde la sexualidad contiene agresión. Esto produce sentimientos de culpa. Las reacciones de
ansiedad, dolor y culpa se relacionan también con la idea del superyó temprano.
3. Los impulsos agresivos -pregenitales- se expresan, desde el comienzo de la vida, a través de fantasías
inconscientes que están dirigidas hacia el cuerpo de la madre. Este es un primer espacio que puede ser
diferenciado en forma primitiva por el bebé y representa para él el mundo externo. El niño tiene deseos de
penetrar en dicho cuerpo y atacarlo sádicamente. En la fantasía infantil sus contenidos son destruidos originando
la ansiedad más profunda tanto para la niña como para el varón. Klein designa con el nombre de fase femenina
esta etapa, por la que atraviesan en su desarrollo todos los bebés.
Tanto la ansiedad de castración en el varón como la amenaza de pérdida de amor en la mujer son derivados
secundarios de la ansiedad persecutoria proveniente de la fase femenina. Cambia, por lo tanto, la idea de Freud
de que el conflicto edípico (tardío) y la ansiedad de castración son el complejo nodular de las neurosis. Al suponer
Klein que en la fase femenina la curiosidad sexual está mezclada con el sadismo como contenido primario, varía
la concepción freudiana de que la curiosidad está movida principalmente por los deseos libidinales y el principio
del placer. El niño quisiera penetrar en el cuerpo materno para ver sus contenidos (imagina que hay heces, bebés
y penes) y a la vez quiere apropiarse de ellos, robados y destruirlos. Estos impulsos están motivados tanto por el
deseo de conocer (impulso epistemofílico) como por los celos destructivos, y son al mismo tiempo la expresión
directa de pulsiones agresivas hacia la escena primaria parental. Más adelante en el pensamiento kleiniano, estas
ideas se fundamentarán en la envidia primaria. La consecuencia de dichas fantasías será, si se proyecta al
exterior, una angustia persecutoria intensa como amenaza de destrucción física, emocional y sexual. Proviene
también del temor de ser castigado en forma retaliativa por sus impulsos sádicos. El nombre de fase femenina
alude a que Klein considera que se produce una identificación con el cuerpo femenino atacado, tanto en la niña
como en el varón.
Es el primer paso que lleva al desarrollo de un complejo de Edipo directo e invertido en ambos sexos. La mayor
o menor ansiedad persecutoria de esta etapa define que el desarrollo edípico posterior sea normal o patológico.
Las ideas que acabamos de presentar son muy combatidas por otras corrientes del pensamiento psicoanalítico
que no aceptan adscribir sentimientos y fantasías complejas a los períodos tempranas del desarrollo mental ni
otorgar a la agresión un papel esencial, primario e independiente de las influencias ambientales.
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4. En los tratamientos de niños neuróticos y psicóticos, Klein describe una gran variedad de fantasías inconscientes.
El juego infantil es una manera simbólica de elaborar fantasías y modificar la ansiedad. El niño trata de dominar
los peligros de su mundo interno desplazándolos al exterior y aumentando de esta forma la importancia de los
objetos externos. El juego es como un puente entre la fantasía y la realidad; una manera para el niño de producir
símbolos necesarios en el desarrollo mental.
En su artículo "La importancia de la formación de símbolos en el desarrollo del yo"
(1930), Klein considera que es la ansiedad persecutoria con el cuerpo de la madre y su interior, por haberlo
destruido con fantasías sádicas, lo que lleva al yo a buscar nuevos objetos en el exterior para calmar la ansiedad.
Estos objetos a los que el niño desplaza su interés, toman para él un significado simbólico del cuerpo materno.
Son las bases primitivas de la formación de símbolos y de las relaciones con el mundo externo y la realidad.
5. Algunas diferencias con las ideas de Freud sobre la sexualidad femenina. Melanie Klein considera que desde muy
temprano hay un conocimiento inconsciente de la diferencia de los sexos, tanto en las mujeres como en los
varones. Afirma que las niñas tienen sensaciones vaginales y no sólo clitoidianas, que ambos sexos poseen
fantasías tempranas del coito parental, de la vagina y el pene con sus funciones receptivas y de penetración
respectivamente. Esto es totalmente distinto a la idea que tiene Freud sobre la sexualidad infantil; para él tanto
las mujeres como los hombres reniegan de la diferencia entre los sexos como forma de eludir la angustia de
castración. Klein cree que muy precozmente, ya en la etapa oral, los deseos sexuales se dirigen hacia la madre y
hacia el padre, estableciendo los aspectos positivos e invertidos del complejo de Edipo temprano.
Para Freud, la niña se percibe castrada y siente envidia del pene. Ello provoca que se decepcione de la madre
porque no se lo dio y busque como sustituto el pene del padre. De esta manera se introduce en el complejo de
Edipo. Klein no coincide con tal concepción. Postula que la niña tiene deseos genitales tempranos, que la llevan
a querer recibir el pene y los bebés. El deseo femenino de internalizar el pene paterno y recibir los bebés
precedería invariablemente al deseo de poseer el pene. El deseo fálico en la mujer es secundario a una búsqueda
específicamente femenina. La envidia del pene en la mujer es secundaria a la ansiedad por sus órganos
femeninos. La revisión que hace Klein (junto con Jones, Karen Horney y otros) de las ideas de Freud sobre la
sexualidad femenina, influye notablemente en su teorización del complejo de Edipo temprano.
6. Figura combinada de los padres. Klein describe bajo este nombre una serie de fantasías tempranas sobre la
escena primaria en su versión más primitiva: por ejemplo, el pene del padre contenido dentro del cuerpo de la
madre. El niño fantasea que sus padres están unidos en una forma permanente e inacabable, compartiendo
satisfacciones orales, anales y genitales. Los celos y la envidia producen deseos de atacar el cuerpo de la madre
con el pene del padre adentro, se forman por proyección imágenes persecutorias que producen gran ansiedad.
Klein las descubrió tanto en el juego infantil como en las pesadillas y terrores nocturnos. La fantasía de la madre
fálica es para ella una versión de esta figura parental combinada.

 Superyó temprano

La idea de superyó temprano se refiere, en primer término, a un aspecto cronológico, comparándolo


con el superyó de la teoría freudiana. Freud lo describió como una estructura intrapsíquica que se produce en el
niño al culminar el complejo de Edipo, durante la etapa fálica infantil, entre los tres y cinco años de edad. Se
forma por interiorización de las exigencias y prohibiciones parentales, especialmente sobre los deseos
incestuosos hacia el progenitor del sexo opuesto; de ahí que lo considere el heredero del complejo de Edipo.
Melanie Klein comenzó a analizar niños muy pequeños (desde dos años de edad en adelante) y observó que
padecían fuertes sentimientos de culpa y remordimientos. Este hecho clínico la llevó a postular la existencia de
un superyó más temprano que el planteado por Freud y a describirlo como excesivamente sádico y cruel. El
superyó temprano que propone Klein es más cruel que el superyó tardío de Freud, se forma por múltiples
identificaciones y su severidad proviene que se proyectan en él los impulsos sádicos del niño.
Recordemos lo que dijimos antes, Klein en la primera etapa de su obra acentúa la importancia de los instintos
agresivos y postula la existencia de una fase de sadismo máximo alrededor de los seis meses de edad,
coincidiendo con el momento de la dentición y el destete. Sigue así las ideas de Abraham, su maestro y analista.
Con esta perspectiva cambia tanto el momento como el mecanismo de formación del superyó. Lo ubica aún más
tempranamente, en el primer año de vida y cree que se origina por las primeras identificaciones del niño con el
objeto materno, que en esta etapa se introyecta canibalísticamente. Klein se independiza de los conceptos
freudianos y afirma que el superyó no se forma al final del complejo de Edipo sino al comienzo del mismo. Invierte
la relación entre ambos al decir que son las características del superyó temprano las que definen el desenlace
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edípico, así como el desarrollo del yo y del carácter ("Los estadios tempranos del complejo de Edipo", 1928). La
fuente de mayor ansiedad en el niño pequeño sería la acción que este superyó temprano ejerce sobre el yo ("La
personificación en el juego de los niños", 1929).
En 1935; con la publicación de "Una contribución a la psicogénesis dé los estados maníaco depresivos" se produce
un momento clave en la teoría kleiniana, que también influye en la conceptualización del superyó al separar
definitivamente su origen del conflicto edípico. El superyó existe desde el comienzo de la vida, formándose por
la introyección de dos objetos contradictorios, uno de cualidades protectoras y benevolentes (objeto parcial
idealizado) y otro de características punitivas (objeto parcial persecutorio). Vale decir que el origen del superyó
temprano se incluye en un contexto más amplio: la teoría de las posiciones. Este superyó debe sufrir un proceso
de integración en el curso del desarrollo que dependerá de las vicisitudes de la posición depresiva. El aspecto
severo y punitivo del superyó proviene del objeto parcial persecutorio introyectado en los orígenes, mientras
que el objeto parcial idealizado será el núcleo del ideal del yo, que se constituye a lo largo de la posición
depresiva.
El carácter dual del superyó se mantiene siempre en la teoría kleiniana. Termina siendo una estructura integrada,
un objeto interno, resultado de elaborar las ansiedades depresivas y de poder unir los objetos parciales internos
en un objeto total.

 Complejo de Edipo temprano

Esta es una de las teorías más originales y al mismo tiempo más controvertida de la producción kleiniana.
Al plantearla por primera vez en "Los estadios tempranas del complejo de Edipo" (1928), Klein modifica dos ideas
del Edipo clásico de Freud:
1) Lo ubica precozmente en las fases pregenitales del desarrollo, alrededor del primer año de vida. En otros
artículos adelanta la fecha, como vimos que sucede con el superyó temprano. En "El complejo de Edipo a la luz
de las ansiedades tempranas" (1945), piensa que se establece a los tres meses, en relación con la elaboración de
la posición depresiva.
2) Es un proceso complejo que se extiende durante un lapso prolongado. Klein amplía la gama de fenómenos
que abarca y lo transforma en el organizador de las pulsiones genitales durante todo el desarrollo infantil.
En el Edipo de los primeros meses de vida las fantasías del niño sobre el coito de los padres se construyen
con objetos parciales. No son los padres, como objetos totales, los que constituyen la escena primaria, tal como
sucede en la teoría freudiana: Para Klein la escena primaria transcurre, en la fantasía del niño, dentro del cuerpo
de la madre; el bebé ubica el pene del padre dentro del cuerpo materno.
Es importante hacer aquí una aclaración. Si tratamos de pensar estos procesos descriptos por Klein
desde una perspectiva fenoménica o sobre la base de datos que tendría el niño pequeño a través de la percepción
externa, estas hipótesis resultan incomprensibles. En cambio, si los independizamos de su ubicación cronológica
y los estudiamos como fantasías que pueden explorarse en el inconsciente de los pacientes tanto niños como
adultos, nuestro campo de comprensión se enriquece mucho.
Klein describe en la relación diádica madre-bebé fantasías agresivas de tipo oral, en que el niño desea
entrar al pecho y el cuerpo maternos para morder, rasgar, robar sus contenidos; y otras de tipo anal, donde se
quiere meter en el cuerpo de la madre para ensuciar y dañar lo que ella tiene dentro. Dijimos anteriormente que
esto constituye la fase femenina con que comienzan el desarrollo tanto la niña como el varón. El pasaje a la
relación triádica es en esta etapa una fantasía oral de incorporar el pene del padre para calmar la frustración oral
que provoca la madre y para buscar un nuevo objeto que ayude a amortiguar las fantasías persecutorias que
sufre el niño por haber dañado el cuerpo materno en la fase femenina. Las fantasías sobre el coito de los padres
serán sentidas como un intercambio de alimentos entre ellos si las ansiedades son predominantemente orales,
o bien como un acto excretorio o genital, según el carácter de las fantasías que el runo proyecte en ellas. El
resultado constituye una situación compleja, producto de la oscilación de pulsiones orales, anales, uretrales y
genitales que paulatinamente deben llevar a un predominio de fantasías genitales para que el Edipo se resuelva
adecuadamente. Al mismo tiempo se mezclan deseos agresivos y libidinales; a la vez se producen cambios e
interacciones entre un Edipo positivo y otro negativo, tanto en la niña como en el varón. El resultado final de
estas tendencias llevará, en el desarrollo normal, a una elección heterosexual asentada en el predominio de
pulsiones genitales.
En 1945 Klein reformula sus ideas sobre el Edipo temprano en su artículo "El complejo de Edipo a la luz
de las ansiedades tempranas". Integra sus concepciones del Edipo temprano con las nuevas ideas de la posición
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depresiva como punto nodal del desarrollo infantil. Desde esta perspectiva, ya no son las frustraciones orales ni
los impulsos de odio los que desencadenan los deseos edípicos. Estos surgen, por el contrario, con el comienzo
de la posición depresiva, cuando los impulsos de amor hacia los padres actúan como propulsores del desarrollo
empujando a la búsqueda de nuevos objetos.
Respecto a la declinación del Edipo, Klein piensa que es el amor por los padres y el deseo de preservarlos
juntos e indemnes lo que produce la renuncia edípica y el control de los sentimientos agresivos. Esta es una
conceptualización original. No es la cultura la que impone la renuncia instintiva, ni la amenaza de castración, ni
la ley, sino la lucha dentro de la mente entre sentimientos agresivos y de amor hacia los padres. En este esfuerzo
del niño por integrar su amor y su odio, los impulsos edípicos permiten expresar fantasías reparatorias hacia la
pareja de los padres, lo que marca un hito muy importante para el futuro desarrollo sexual del individuo.

 Algunas consideraciones sobre la técnica de Melanie Klein

Si queremos definir las características de la técnica psicoanalítica de Klein, tenemos que afirmar en
primer lugar que existe una total congruencia entre sus hallazgos teóricos y las conclusiones técnicas que
implementa. Y, a la inversa, el campo de descubrimientos kleinianos se abre a partir de una técnica novedosa:
incluir el juego infantil como manera de facilitar a sus pequeños pacientes la expresión de fantasías y conflictos
inconscientes.
Desde los primeros trabajos, se establecen algunas características que marcarán el rumbo posterior de la técnica
kleiniana. El objetivo es analizar los conflictos y fantasías inconscientes, el método es explorar sistemáticamente
la transferencia.
Dado que Klein sostuvo la importancia que las fantasías tanto agresivas como libidinales tienen en el desarrollo
mental, su lógica consecuencia es suponer que en el vínculo con el analista se producirán tanto sentimientos
amorosos como hostiles, por lo que es necesario interpretar sistemáticamente la transferencia positiva y la
negativa, para que el paciente pueda lograr una aproximación a comprender su realidad psíquica. Klein rechaza
toda medida de apoyo o reaseguramiento pues sólo serviría para enmascarar el suceder espontáneo de
ocurrencias que nos permiten descubrir el devenir de los sucesos inconscientes del paciente. Al interpretar la
transferencia positiva y negativa, tal como aparece en la mente del paciente, el analista con su interpretación le
ayudará a integrar los sentimientos ambivalentes en sus vínculos del presente y del pasado, en la realidad externa
y en su mundo interno. Cualquier medida técnica que favorezca la disociación de los sentimientos no ayuda en
la integración, que es uno de los principales objetivos terapéuticos. Es necesario, si se quieren obtener estos
logros, que el terapeuta tolere la transferencia negativa del paciente cuando éste la expresa conciente o
inconscientemente. A veces puede ser tentador, por ejemplo, aceptar el desplazamiento de la hostilidad hacia
el pasado, a los vínculos del paciente con sus figuras primarias, a las que él adjudica, muchas veces, todos sus
males. En esa forma se "libera" el vínculo transferencial de sentimientos hostiles y hasta se propicia la
idealización del terapeuta. Esto, según las ideas de Klein, no ayudaría a que el analizado avance hacia su salud
mental o adquiera una adecuada comprensión de su presente y de su pasado. Se advertirá sin duda la diferencia
que existe entre esta concepción técnica del análisis y la propugnada por otras corrientes. Según Klein, la manera
de afianzar el vínculo terapéutico desde los primeros momentos del tratamiento es que el paciente se sienta
aliviado en sus angustias y comprendido por el terapeuta. Lo único que puede darle al paciente esa seguridad y
confianza en el proceso terapéutico, dirá Klein, es que el analista le interprete en profundidad las ansiedades y
defensas en sus relaciones de objeto.
Klein centró siempre su atención en las angustias del paciente; hacia allí debe dirigirse la interpretación desde el
comienzo, lo que permite que emerjan nuevas fantasías y ansiedades de otras capas del inconsciente. Si nuestra
autora da una importancia central a la emotividad y la fantasía para comprender lo que le está sucediendo al
paciente, es lógico que aplique igual criterio para el caso de la transferencia. El analista está intensamente
comprometido con las vivencias que el paciente exterioriza y, por lo tanto, el vínculo transferencial es el eje
principal del desarrollo de la sesión. A medida que Klein definió su nuevo modelo de la estructura mental,
centrado en la idea de una realidad psíquica poblada por objetos internos, la sesión fue entendida como una
exteriorización de dicha realidad psíquica.
La idea de transferencia tal como la describió Freud, como ocurrencias concientes que el paciente tiene con la
figura del analista y que detiene el flujo de sus asociaciones, es ampliada por Klein con su concepto de
transferencia latente. El paciente repite con el analista la estructura de sus vínculos de objeto, ansiedades y
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defensas, y eso constituye inexorablemente lo que transfiere en la sesión y en la persona del analista, aunque
no sepa que lo está haciendo y aunque no tenga ocurrencias concretas con la persona del analista.
Esto marca una línea técnica muy importante en la escuela kleiniana. La sesión es vista como una situación total;
las asociaciones, sueños, lapsus, etc. son entendidos en el contexto de la sesión y, particularmente, en su
significación con la figura del analista, por supuesto que como representante de algún objeto interno del
paciente. El analista kleiniano no está a la caza de lapsus, síntomas, etc., como expresiones privilegiadas del
inconsciente. Por supuesto que cuando ocurran los tomará en cuenta. Pero su función principal es dejarse
envolver en el clima emocional de la sesión, recibir todas las proyecciones que el paciente indefectiblemente
hará sobre él, estar muy sensible a las manifestaciones transferenciales y contratransferenciales, para de todo
ese acontecer extraer la estructura básica (angustia prevalente y mecanismos de defensa característicos de la
relación de objeto de ese momento) que marca el punto de urgencia de la sesión. Eso es lo que habrá que
interpretar. Siguiendo a Freud, el analista le propone al paciente estudiar y resolver las fantasías y conflictos de
las relaciones de objeto entre ambos. Será tarea del paciente usar estos insights para aplicados en la vida
cotidiana y en sus vínculos.
Hemos mencionado la idea de contratransferencia. Es importante aclarar que Klein casi no utilizó este concepto,
apenas lo menciona en su trabajo sobre la envidia (1957). Su formulación como instrumento de comprensión del
paciente fue realizada por dos autores posteriores, Racker (1948) y Heimann (1950). Klein describió en 1946 el
mecanismo de identificación proyectiva, por el cual el paciente puede omnipotentemente disociar un aspecto
de su mente y proyectado en otra persona, por ejemplo, el analista. El paciente queda identificado con lo no
proyectado y, a la vez, el analista será para él un aspecto inconsciente de sí mismo. Este proceso involucra
intensamente a ambos protagonistas y provoca una confusión en el paciente entre realidad externa e interna. El
analista debe contar con un estado mental adecuado como para involucrarse emocionalmente y a la vez poder
salirse de dicho compromiso afectivo y transformarlo en una interpretación que devuelva al paciente los aspectos
proyectados. He aquí la idea de contratransferencia. El analista debe conocer y manejar sus propios conflictos
inconscientes, como parte de los instrumentos técnicos necesarios para poder analizar bien estas situaciones
que se suceden en la sesión. Todo lo que allí acontece debe transformarse en comprensión.
Aquí se plantea un problema interesante desde el punto de vista técnico. Freud pensaba que el conflicto se
producía por una dificultad en la descarga instintiva; por lo tanto, era necesario interpretar las resistencias por
ser éstas el testimonio directo de las represiones o mecanismos defensivos que al impedir dicha descarga,
provocaban el síntoma o la perturbación del carácter. El conocimiento y elaboración va ligado a la idea de
levantar las represiones y permitir una mejor solución del conflicto. Para Klein lo que importa es comprender las
angustias que se desarrollan en la relación de objeto y también los mecanismos de defensa destinados a disociar,
negar, proyectar, etc., aspectos de la personalidad. El insight debe permitir el conocimiento y la reintegración de
dichos aspectos disociados y proyectados del self. Ello permitirá una comprensión vivencial del conflicto y,
principalmente, una mayor integración de la personalidad. Las mismas ideas pueden explicarse en otros
términos: los procesos de introyección y proyección rigen el proceso analítico; merced a ello, el paciente moviliza
en la sesión sus relaciones de objeto internas y las proyecta en el analista; éste, mediante la interpretación,
posibilitará que se modifiquen dichas relaciones de objeto, que el paciente podrá entonces reintroyectar
cambiadas en su estructura.
Cuando Klein formula la teoría de las posiciones (1946, 1952) se define un objetivo terapéutico central: elaborar
la posición depresiva para conseguir la integración del objeto y del yo. El insight consistirá en juntar emociones
cariñosas y hostiles hacia un mismo objeto, con los consiguientes sentimientos de culpa y responsabilidad. El
punto crucial no es sólo comprender sino tolerar el dolor mental que producen esos sentimientos.
Uno de los pocos escritos que Klein dedica a problemas de técnica es "Sobre los criterios para la terminación de
un psicoanálisis" (1950). Allí expresa que se llega a la etapa final de un análisis cuando han sido suficientemente
disminuidas las ansiedades paranoides y depresivas mediante la elaboración repetida de ambas posiciones.
En "Los orígenes de la transferencia" (1952) reafirma que las interpretaciones deben explicar tanto las relaciones
de objeto tempranas, que se reactualizan y evolucionan en la transferencia, como las fantasías inconscientes que
el paciente tiene en su vida actual.
Aquí su perspectiva genética de la transferencia, se completa con la feliz idea de situación total. Se debe
interpretar simultáneamente lo que ocurre en el presente y lo que aconteció en el pasado.

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