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Imperio romano
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Para otros usos de este término, véase Imperio romano (desambiguación).
Imperio romano
Rēs pūblica Pōpulī Rōmānī
Imperium Rōmānum
Βασιλεία τῶν Ῥωμαίων
Imperio
27 a. C.-395 d. C. (unificado)
395-476 d. C. (Occidente)
395-1453 d. C. (Oriente)
Bandera
Aquila
Lema: Senatus Populusque Romanus
(en latín: ‘el Senado y el Pueblo romano’)
Augusto
Constantino XI
Cónsul[nota 4]
• 27 a. C.
• 886 d. C.
Augusto, Agripa
León VI
Precedido por Sucedido por
República romana ←
→ Imperio romano de Occidente
→ Imperio bizantino
[editar datos en Wikidata]
El Imperio romano[nota 5] fue el periodo de la civilización romana posterior a la
República y caracterizado por una forma de gobierno autocrática. En su apogeo
controló un territorio que abarcaba desde el océano Atlántico al oeste hasta las
orillas del mar Caspio y Rojo al este, y desde el desierto del Sahara al sur hasta
las orillas de los ríos Rin y Danubio y la frontera con Caledonia al norte. Debido
a su vasta extensión y duración, las instituciones y la cultura romana tuvieron una
influencia profunda y duradera en el desarrollo de la lengua, religión,
arquitectura, literatura y leyes en el territorio que gobernaba.
Durante los tres siglos anteriores al ascenso de César Augusto, Roma pasó de ser
uno de los tantos Estados de la península itálica a unificar toda la región y
expandirse más allá de sus límites. Durante esta etapa republicana su principal
competidora fue Cartago, cuya expansión por la cuenca sur y oeste del Mediterráneo
occidental rivalizaba con la de Roma. La República se hizo con el control
indiscutible del Mediterráneo en el siglo II a. C., cuando conquistó Cartago y
Grecia.
Los dominios de Roma se hicieron tan extensos que el Senado fue cada vez más
incapaz de ejercer autoridad fuera de la capital. Asimismo, el empoderamiento del
ejército reveló la importancia que tenía el poseer control sobre las tropas para
obtener réditos políticos. Así fue como surgieron personajes ambiciosos cuyo
objetivo principal era el poder. Este fue el caso de Julio César, quien no solo
amplió los dominios de Roma conquistando la Galia, sino que desafió la autoridad
senatorial.
El sistema político del Imperio surgió tras las guerras civiles que siguieron a la
muerte de Julio César. Tras la guerra civil que lo enfrentó a Pompeyo y al Senado,
César se hizo con el poder absoluto y se nombró dictador vitalicio. En respuesta,
varios miembros del Senado orquestaron su asesinato, lo que supondría el
restablecimiento de la República. El precedente no pasó inadvertido para el sobrino
e hijo adoptivo de César, Octavio, quien se convirtió años más tarde en el primer
emperador tras derrotar la alianza entre su antiguo aliado Marco Antonio y la reina
egipcia Cleopatra VII. Octavio mantuvo todas las formas republicanas de gobierno,
pero en la práctica gobernó como un autócrata. En el año 27 a. C., el Senado le
otorgó formalmente el poder supremo, representado en su nuevo título de Augusto,
convirtiéndolo efectivamente en el primer emperador romano.
Los dos primeros siglos del Imperio vieron un período de estabilidad y prosperidad
sin precedentes, conocido como la Pax Romana. Sin embargo, el sistema construido
por Augusto colapsó durante la Crisis del siglo III, un prolongado periodo de
guerras civiles que dio inicio al periodo denominado como el Dominado, durante el
cual el gobierno adquirió un carácter despótico y más afín a una monarquía
absoluta. En el año 286, en un esfuerzo por estabilizar al Imperio, Diocleciano
dividió la administración en un Oriente griego y un Occidente latino. Para este
punto Roma ya había dejado de ser la capital del Imperio. El Imperio se volvió a
unir y a separar en diversas ocasiones hasta que, a la muerte de Teodosio I en el
395, quedó definitivamente dividido en dos.
El legado de Roma fue inmenso, especialmente en Europa Occidental; tanto es así que
varios fueron los intentos de restauración del Imperio, al menos en su
denominación. Destacan las campañas de reconquista del emperador Justiniano el
Grande en el siglo VI y el establecimiento del Imperio carolingio por Carlomagno en
el año 800, el cual evolucionaría en el Sacro Imperio Romano Germánico. Sin
embargo, ninguno llegó a reunificar todos los territorios del Mediterráneo como una
vez logró la Roma de tiempos clásicos. Según ciertas periodizaciones, la caída del
Imperio occidental y oriental marca el inicio y fin de la Edad Media.
Historia
La expansión romana tiene inicio durante el siglo VI a. C. poco después de la
fundación de la república. Sin embargo, no fue hasta el siglo III a. C. que Roma
comenzó con la anexión de las provincias, es decir, los territorios situados fuera
de la península itálica.[8] En ese momento, y cuatro siglos antes de alcanzar su
mayor extensión territorial, Roma y sus dominios ya constituían un «imperio»,
aunque su sistema de gobierno continuó siendo el de una república.[9][10][11] La
República romana no era un estado en el sentido contemporáneo del término, sino más
bien una red de ciudades, en la que cada una contaba con un grado diferente de
autonomía en relación con el Senado romano. Las provincias eran administradas por
cónsules y pretores, que eran elegidos para ejercer un mandato de un año.[12] El
poder militar de los cónsules tenía como base la noción jurídica de imperium o
comando militar.[13] Ocasionalmente, a los cónsules triunfantes se les otorgaba el
título de imperator, del que proviene el término «emperador».[14]
Principado
Artículos principales: Dinastía Julio-Claudia, Año de los cuatro emperadores,
Dinastía Flavia, Dinastía Severa y Crisis del siglo III.
En el 27 a. C, el Senado y el pueblo romano proclamaron a Octavio princeps (primer
ciudadano) y le otorgaron el poder de imperium proconsular y el título de Augusto.
Este evento inició el periodo conocido como Principado, la primera época del
periodo imperial, que duró entre el 27 a. C. y el 284. El gobierno de Augusto puso
fin a un siglo repleto de guerras civiles y dio inicio a una época de estabilidad
social y económica denominada como la Pax Romana (paz romana), que se promulgó
durante los dos siglos siguientes. Las revueltas en las provincias eran poco
frecuentes y eran cesadas rápidamente.[20] Al ser el único gobernante de Roma,
Augusto pudo llevar a cabo una serie de reformas militares, políticas y económicas
en gran escala. El Senado le atribuyó la facultad de nombrar a sus propios
senadores y la autoridad sobre los gobernadores provinciales, creando de facto el
cargo que más tarde sería denominado como emperador.[21]
Augusto implementó los principios de la sucesión dinástica, por lo que fue sucedido
en la dinastía Julio-Claudia por Tiberio (r. 14-37), Calígula (r. 37-41), Claudio
(r. 41-54) y Nerón (r. 54-68). El suicidio de este último llevó a un breve periodo
de guerra civil conocido como el año de los cuatro emperadores, que concluyó con la
victoria de Vespasiano (r. 69-79) y la fundación de la efímera dinastía Flavia,
recordada por ser la responsable de la construcción del Coliseo de Roma. Esta fue
sucedida por la dinastía Antonina, en la que figuraron los emperadores Nerva (r.
96-98), Trajano (r. 98-117), Adriano (r. 117-138), Antonino Pío (r. 138-161) y
Marco Aurelio (r. 161-180), los llamados «cinco buenos emperadores». En el 212,
mediante el Edicto de Caracalla promulgado por el emperador homónimo (r. 211-217),
fue concedida la ciudadanía romana a todos los ciudadanos libres del Imperio. Sin
embargo, y a pesar de este gesto universal, la dinastía Severa estuvo marcada por
varias revueltas y desastres a lo largo de la crisis del siglo III, una época de
invasiones, desestabilidad social, dificultades económicas y peste. En la
periodización, esta crisis es generalmente considerada el momento de la transición
de la Antigüedad clásica a la Antigüedad tardía.[22]
Dominado
Artículos principales: Bajo Imperio romano, Imperio romano de Occidente e Imperio
romano de Oriente.
Fragmentación y declive
Artículos principales: Caída del Imperio romano de Occidente, Período de las
grandes migraciones, Antigüedad tardía e Historia del Imperio bizantino.
A partir del siglo V, el Imperio romano comenzó a fragmentarse a raíz de las
migraciones, que superaban en número a la capacidad del imperio para asimilar a los
migrantes. Aunque el ejército romano pudo repeler a los invasores, de los cuales el
más notable fue Atila el Huno (r. 434-453; que estaba romanizado), se había
asimilado a tantos pueblos de lealtad dudosa que el Imperio empezó a desmembrarse.
La mayor parte de los historiadores datan la caída del Imperio romano de Occidente
en el 476, año en que el usurpador Rómulo Augústulo (r. 475-476) fue derrocado por
Flavio Odoacro (r. 476-493).[26] Sin embargo, en lugar de asumir el título de
emperador, Odoacro restituyó a Julio Nepote y juró lealtad a Flavio Zenón,
recompensándole el título de dux Italiae (duque de Italia) y patricio. Durante el
siglo siguiente, el imperio oriental, conocido hoy como Imperio bizantino, perdió
paulatinamente el control de la parte occidental. El Imperio bizantino cesó en 1453
con la muerte de Constantino XI (r. 1449-1453) y la conquista de Constantinopla por
parte del Imperio otomano.[27]
Geografía y demografía
Idioma
Artículo principal: Lenguas del Imperio romano
Ejército romano
Artículos principales: Ejército romano, Legión romana e Historia de la estructura
del ejército romano.
Estructura de la legión
Una típica legión romana (cuyo emblema era un águila plateada) consistía en diez
cohortes (con su respectivo estandarte) cada una de ellas con cinco o seis
centurias de ochenta hombres subdivididas en diez contubernios (unidad básica de
ocho legionarios que compartían tienda), contando pues cada legión cinco o seis mil
hombres de infantería, divididos en cincuenta o sesenta centurias. Contaba también
con las guerrillas regulares auxiliares y de caballería (alae) con ciento veinte
hombres de caballería.
Las cohortes
Las cohortes se estructuraban en diez filas de 40 o 60 hileras que en tiempos de
Trajano se redujeron a cinco filas. Con Adriano surgió la cohorte familiar
(compuesta de 1200 soldados escogidos) mientras las restantes cohortes fueron
llamadas quingentaries y contaban 500 soldados.
Las centurias
Las centurias estaban al mando de centuriones (el centurión de más prestigio era el
primus pilus habitualmente el más veterano), por encima del cual había seis
tribunos de la legión de rango ecuestre, y el legatus de la legión, de rango
senatorial, que había sido anteriormente pretor (en las provincias donde solo había
una legión, el legatus de la provincia y el de la Legión era la misma persona).
Equipamiento
El equipamiento de los legionarios cambiaba sustancialmente dependiendo del rango.
Durante las campañas, los legionarios iban equipados con armadura (lorica
segmentata), escudo (scutum), casco (galae), una lanza pesada y una ligera (pilum),
una espada corta (gladius), una daga (pugio), un par de sandalias (caligae), una
sarcina (mochila de marcha), y comida y agua para dos semanas, equipo de cocina,
dos estacas (Sude murale) para la construcción de muros, y una pala o cesta.
Armada romana
Artículo principal: Armada romana
Sin embargo, en las fronteras del Imperio, en las nuevas conquistas o, cada vez
más, en la defensa contra las invasiones bárbaras, las flotas romanas estuvieron
plenamente implicadas. El declive del Imperio en el siglo III d. C. se sintió en la
armada, que quedó reducida a la sombra de sí misma, tanto en tamaño como en
capacidad de combate. En las sucesivas oleadas de los pueblos bárbaros contra las
fronteras del Imperio la armada solo pudo desempeñar un papel secundario. A
comienzos del siglo v las fronteras del imperio fueron quebradas y pronto
aparecieron reinos bárbaros en las orillas del Mediterráneo occidental. Uno de
ellos, el pueblo vándalo, creó una flota propia y atacó las costas del
Mediterráneo, incluso llegó a saquear Roma, mientras las disminuidas flotas romanas
fueron incapaces de ofrecer resistencia. El Imperio romano de Occidente colapsó en
el siglo v y la posterior armada romana del duradero Imperio romano de Oriente es
llamada por los historiadores Armada bizantina.
Economía
Artículo principal: Economía en la Antigua Roma
Véanse también: Relaciones Imperio romano-China, Relaciones Imperio romano-India,
Ruta de la seda, Economía en la Hispania romana y Economía de la Galia romana.
1 aúreo de oro = 25 denarios
1 denario de plata = 4 sestercios
1 sestercio de latón = 4 ases
1 dupondius de bronce = 2 ases
1 as de bronce = 4 cuadrantes
La economía del Imperio se basaba en una red de economías regionales, en las que el
Estado intervenía y regulaba el comercio para asegurarse sus propios ingresos.[59]
La expansión territorial permitió que se reorganizara el uso de la tierra, lo que
condujo a la producción de excedentes agrícolas y una progresiva división del
trabajo, particularmente en el norte de África. Algunas ciudades se definían a sí
mismas como los principales centros regionales de una determinada industria o
actividad comercial. La escala de los edificios en las áreas urbanas indicaba una
industria de la construcción completamente desarrollada. Documentos en papiro
demuestran métodos de contabilidad complejos que sugieren elementos de racionalismo
económico en una economía altamente monetizada.[60] Durante los primeros siglos del
Imperio, las redes de carreteras y transporte se expandieron significativamente,
uniendo rápidamente las economías regionales. El crecimiento económico, aunque no
es comparable al de las economías modernas, fue superior al de la mayoría de
sociedades previas a la industrialización.[61]
Moneda y banca
La economía del Imperio se monetizaba universalmente. La normalización del dinero y
las formas de pago impulsó la integración comercial y económica en las provincias.
[62] Hasta el siglo IV, la unidad monetaria básica era el sestercio,[63] aunque al
comienzo de la dinastía severa también se usó el denario de plata, que valía cuatro
sestercios.[64] La moneda de circulación corriente de menor valor era el as de
bronce, que valía un cuarto de sestercio.[65] El lingote no se consideraba moneda y
se usaba solo en negocios en las regiones fronterizas. Los romanos de los siglos I
y II contaban las monedas en lugar de pesarlas, lo que indica que el valor se
atribuía según su valor fiduciario, y no el valor del metal.[66]
Roma no tenía banco central, por lo que la regulación del sistema bancario era
mínima. Las reservas de los bancos de la Antigüedad clásica eran en general
inferiores a los depósitos totales de los clientes. La mayoría de los bancos tenían
solo una sucursal, aunque algunos de los más grandes tenían hasta quince
sucursales.[66] Un banquero comercial llamado argentarius recibía y mantenía
depósitos por un tiempo indefinido o plazo fijo, haciendo también préstamos a
terceros.[67] Un individuo con deuda podía utilizarla como forma de pago,
transfiriéndola a otra parte y sin ningún cambio de dinero. El sistema bancario
estaba presente en todas las regiones y permitía cambiar grandes cantidades de
dinero en cualquier lugar sin necesidad de transferencias físicas de moneda, lo que
reducía el riesgo asociado al transporte. Se tiene conocimiento de al menos una
crisis crediticia en el Imperio, ocurrida en el año 33, durante la cual el gobierno
central intervino en el mercado con un rescate financiero (mensae) de 100 millones
de sestercios.[66]
Transporte y comunicaciones
Artículo principal: Calzada romana
El transporte terrestre hizo uso de una compleja y avanzada red de calzada romana.
Los impuestos en especie pagados por las comunidades locales requerían viajes
frecuentes de funcionarios administrativos, animales y vehículos de curso público
(Cursus publicus, el sistema estatal de correos y transporte implementado por
Augusto).[73] La primera vía , la Vía Apia, fue creada en el 312 a. C. por Apio
Claudio el Ciego, para unir Roma con la ciudad de Capua.[74] A medida que el
imperio se expandía, la administración adaptó el mismo esquema en provincias. En su
apogeo, la red de carreteras romanas tenía hasta 400 000 km de carreteras, 80 500
de las cuales estaban pavimentadas.[75][76]
Cada siete o doce millas romanas había una mansio, una estación de servicio para
los funcionarios públicos mantenida por el Estado. Entre los empleados de estos
puestos se encontraban choferes, secretarias, herreros, veterinarios y algunos
militares. La distancia entre las mansiones se determinaba por la distancia que
podía recorrer un carro en el transcurso de un día y algunas podían crecer hasta
convertirse en pequeñas ciudades o almacenes comerciales.[77] Además de las
mansiones, algunas tabernas ofrecían alojamiento, alimentación animal y, en algún
momento, servicios de prostitución.[78] Los animales de transporte más comunes eran
las mulas, que viajaban a una velocidad de cuatro millas por hora.[79] Para tener
una idea del tiempo de comunicación, un mensajero necesitaba nueve días para viaje
entre Roma y Mogontiacum, en la provincia de Germania Superior.[80] Los caminos
estaban marcados por miliarios colocados en intervalos de unos mil pasos (1480
metros).[81]
Sociedad
Ciudadanía
Según el jurista Gayo, la principal distinción entre personas en el derecho romano
era entre ciudadanos libres (liberi) y esclavos (servi).[93] El estatus legal de
los ciudadanos libres aún podría especificarse según su ciudadanía. Durante el
comienzo del imperio, solo un número limitado de hombres tenían pleno derecho a la
ciudadanía romana, lo que les permitía votar, presentarse a las elecciones y ser
ordenados sacerdotes. La mayoría de los ciudadanos tenían solo derechos limitados,
pero tenían derecho a protección legal y otros privilegios que estaban prohibidos a
quienes no tenían la ciudadanía. Los hombres libres que vivían dentro del imperio,
pero que no eran considerados ciudadanos, tenían la condición de peregrinus,
quienes eran considerados como «no-romanos».[94] En el año 212, mediante el Edicto
de Caracalla, el emperador extendió el derecho de ciudadanía a todos los habitantes
del imperio, revocando todas las leyes que distinguían a los ciudadanos de los no-
ciudadanos.[95]
Esclavos
Mosaico de Duogga, Túnez ( siglo II ). Los dos esclavos que llevan jarras de vino
lucen la ropa común entre los esclavos y llevan un amuleto contra el mal de ojo
alrededor del cuello.
En la época de Augusto, alrededor del 35% de los residentes en Italia[96] eran
esclavos.[97] La esclavitud era una institución compleja y económicamente útil que
sustentaba la estructura social romana, puesto que la industria y agricultura
dependían de ella.[98] En las ciudades, los esclavos podían ejercer diversas
profesiones, incluidos maestros, médicos, cocineros y contables, aunque la mayoría
realizaba solo tareas poco calificadas. Fuera de Italia, los esclavos constituían
en promedio entre el 10 y el 20% de la población.[99] Aunque la esclavitud
disminuyó en los siglos III y IV, siguió siendo una parte integral de la sociedad
romana hasta el siglo V, desapareciendo gradualmente durante los siglos VI y VII.
Esto ocurrió en paralelo al declive de los centros urbanos y la desintegración del
complejo sistema económico.[100]
Libertos
A diferencia de las polis griegas, Roma permitió que los esclavos liberados se
convirtieran en ciudadanos, incluso teniendo derecho al voto.[118] Un esclavo que
obtuvo libertas fue llamado liberto (libertus; «persona liberada») en relación con
su antiguo amo, quien luego se convirtió en su patrón (patronus). Sin embargo, las
dos partes continuaron teniendo obligaciones legales entre sí. La clase social de
los libertos fue conocida como «libertinos» (libertini), aunque más tarde los
términos liberto y libertino (libertinus) se usaron indistintamente.[119] Un
libertino no podía ocupar cargos en la administración pública o en el sacerdocio
estatal, aunque podía ejercer el sacerdocio en el culto imperial. Un liberto
tampoco podía casarse con una mujer de una familia de la orden senatorial ni formar
parte de esta, aunque durante el inicio del imperio los libertos ocuparon
importantes puestos de la administración.[120]
Órdenes
La élite de la sociedad romana estaba formada por dos órdenes aristocráticas: los
patricios (imagen) y los équites. Para ejercer cargos políticos y administrativos
era necesario pertenecer a una orden.
En el contexto del Imperio Romano, una orden (ordo; plural ordine ) significa una
clase aristocrática. Uno de los propósitos de los censos era determinar la orden a
la que pertenecía una persona en particular. En Roma, las dos órdenes con el
estatus más alto eran la orden senatorial (ordo senatorius) y la orden ecuestre
(ordo equester). Fuera de Roma, los decuriones (ordo decurionum) representaban a la
aristocracia local. El cargo de «senador» no era un cargo electivo. Un ciudadano
fue admitido en el Senado después de haber sido elegido y de haber servido durante
al menos un período como magistrado. Un senador también debe tener una riqueza de
al menos un millón de sestercios.[121][122] No todos los hombres que cumplían los
criterios de la orden senatorial aceptaron un escaño en el Senado, que requería
domicilio en Roma. Dado que el Senado constaba de 600 escaños, los emperadores
solían ocupar los escaños vacantes mediante designación directa.[123] El hijo de un
senador pertenecía legítimamente a la orden del Senado, aunque tenía que calificar
por sus propios méritos para ser admitido en el Senado. Los senadores podrían ser
expulsados por violar las reglas de conducta moral; por ejemplo, no podían casarse
con una mujer liberta o luchar en la arena.[124] En la época de Nerón, los
senadores procedían principalmente de Roma y otras partes de Italia, con otros
grupos provenientes de la península ibérica y el sur de Francia. Durante el
gobierno de Vespasiano, comenzaron a sumarse senadores de las provincias
orientales.[125] Durante la dinastía severa, los itálicos ya eran menos de la mitad
del senado.[126]
El cargo de senador romano era el cargo de máximo cargo y era considerado como la
culminación del curso político (cursus publicus). Sin embargo, los miembros de la
orden ecuestre en muchos casos tenían mayor riqueza y poder. La admisión a la orden
tenía como criterio la riqueza y las posesiones de una persona, que calificaba
mediante una valoración censal de 400 000 sestercios y al menos tres generaciones
de nacimientos libres.[127] Los eques progresaron a lo largo de una carrera militar
(tres militiae) con el objetivo de convertirse en prefectos y fiscales de la
administración imperial.[128][129]
Mujeres
Matrimonio
Artículo principal: Matrimonio en la Antigua Roma
La forma arcaica del matrimonio cum manum, por el cual la mujer estaba sujeta a la
autoridad de su marido, cayó en desuso durante el período imperial. Una mujer
romana casada siguió siendo dueña de los bienes que llevaba a la boda.
Técnicamente, incluso después de mudarse a la residencia de su esposo, ella todavía
estaba bajo la autoridad de su padre, y solo cuando el padre moría se emancipaba en
términos legales.[143] Este principio demuestra el grado relativo de independencia
de la mujer romana en comparación con otras culturas de la Antigüedad y hasta la
época moderna.[144] Aunque la mujer romana tuvo que responder ante su padre en
asuntos legales, ella era libre de manejar la vida cotidiana y su esposo no tenía
poder legal sobre ella.[145][146] Aunque era una cuestión de orgullo social haberse
casado una sola vez, el estigma social con respecto al divorcio o al nuevo
matrimonio era prácticamente inexistente.[147]
Religión
Artículo principal: Religión en la Antigua Roma
La religión romana
Fresco de Venus y Marte en Pompeya. Los romanos prestaban culto a un gran número de
divindades, asimilando también los cultos de los territorios conquistados
La religión en Roma Antigua engloba no solo las prácticas y creencias que los
romanos veían como suyas, pero también los diversos cultos importados para Roma y
los cultos practicados en las provincias. Los romanos se veían a sí mismos como
profundamente religiosos, atribuyendo su prosperidad económica y militar a la buena
relación con los dioses (pax deorum). La religión arcaica que se cree haber sido
instituida por los primeros reyes de Roma ofertó los fundamentos del me los
maiorum, o «tradición», el código social basilar en la identidad romana.[149] No
existía la separación Iglesia-Estado, por lo que los puestos religiones en el
Estado eran llenados por las mismas personas que ocupaban lugares en la
administración pública. Durante el periodo imperial, el pontífice máximo era el
propio emperador.[149]
Monismo solar
A medida que el Imperio decaía, las religiones mistéricas fueron ganando fuerza
mientras que las tradicionales fueron decayendo. De entre las nuevas religiones
surgió el Mitraísmo, que fue ganando peso en el estamento militar hasta
introducirse en la corte de mano de los soldados-emperadores como Aureliano; a esto
hay que añadir que desde la propia religión tradicional romana y por mano de
filósofos como los neoplatónicos (como Plotino), la idea monoteísta fue ganando
fuerza, viéndose al Sol (similar a lo sucedido en tiempos de Akenatón) como el ser
o poder original del que provenían el resto de dioses, siendo estos avatares del
primero. Este proceso de sincretización permitió una transición natural al
cristianismo, contraria a la creencia impopular de su imposición por la fuerza.
[161]
Cristianización
Esta estela funeraria del siglo III se encuentra entre las inscripciones cristianas
más antiguas, escritas simultáneamente en griego y latín. La abreviatura «DM» en la
parte superior se refiere a los Di Manes, los tradicionales espíritus romanos de la
muerte, pero va también acompañada del símbolo cristiano.
El rigor monoteísta del judaísmo planteó dificultades a la política de tolerancia
religiosa romana. Cuando los conflictos políticos y religiosos se volvieron
irreconciliables, surgieron varias revueltas entre judíos y romanos. El sitio de
Jerusalén en el año 70 fue la causa del saqueo del templo de la ciudad y de la
dispersión del poder político judío.[162] El cristianismo surgió en la provincia de
Judea en el siglo II como una secta religiosa judía, con el papa Lino en el año 76
jugando un papel importante en ese período.[163] religión se expandió gradualmente
a Jerusalén, inicialmente estableciendo importantes centros en Antioquía y
Alejandría, y desde allí por todo el imperio. Las persecuciones oficiales fueron
escasas y esporádicas y la mayoría de los martirios se produjeron por iniciativa de
las autoridades locales.[164][165][166][167][168][169]
Cultura
La red de ciudades a lo largo del territorio imperial (colonias, municipios, o
polis) fue un elemento de cohesión que fomentó la Pax Romana.[173] Los romanos del
Imperio temprano fueron alentados por la propaganda imperial a respetar y disfrutar
de los valores del tiempo de paz.[174] Incluso el polemista Tertuliano declaró que
el sigloII fue más ordenado y culto que en épocas anteriores: «En todas partes hay
casas, en todas partes hay gente, en todas partes hay res publica, causa del
pueblo, hay vida en todas partes».[175] Muchas de las características asociadas a
la cultura imperial, como el culto público, los juegos y festividades, los
concursos de artistas, oradores y deportistas, así como la gran mayoría de obras de
arte y edificios públicos, fueron financiados por particulares, cuyos gastos del
beneficio de la comunidad ayudó a justificar su poder económico y privilegios
legales y provinciales.[176] El declive de las ciudades y la vida cívica en el
siglo IV, cuando las clases pudientes ya no podían financiar la obra pública, fue
uno de los signos de la inminente disolución del imperio.[177]
Augusto llevó a cabo un vasto programa de construcción en Roma que sirvió de modelo
para el resto de las ciudades del imperio, financiando obras de arte públicas que
expresaban la nueva ideología imperial y reorganizando la ciudad en barrios
(vicos ; vici) administrados a nivel local, con servicio de policía y bomberos.
[183] Uno de los focos de la arquitectura monumental fue el Campo de Marte, un
espacio descubierto en los alrededores del centro que anteriormente estaba
destinado a la práctica de deportes ecuestres y ejercicio físico para jóvenes. Allí
se construyeron el Altar de la Paz (Ara Pacis) y el obelisco de Montecitorio,
importados de Egipto, que formaban el puntero (gnomon) de un monumental reloj de
sol. Dotado de jardines públicos, el Campo de Marte se ha convertido en uno de los
principales atractivos de Roma.[184]
Viviendas
Reconstitución del interior de una domus en Pompeya. Los domus eran el hogar de
familias adineradas, a menudo con interiores profusamente decorados
En la ciudad de Roma, la mayor parte de la población residía en edificios de
apartamentos de varios pisos (insulas), que ofrecían muy poca seguridad contra
incendios. Las instalaciones públicas, como los baños termales, las instalaciones
sanitarias (latrinae) y las fuentes de agua potable,[191] así como el
entretenimiento de masas, estaban destinadas principalmente a la gente corriente
que vivía en la ínsula.[186]
Las familias ricas en Roma generalmente poseían dos o más viviendas: una vivienda
urbana (domus) y al menos una casa de campo (vila) en la provincia. Domus era una
casa unifamiliar privada que podía incluir spa privados.[192] Aunque en algunos de
los barrios de Roma había una gran concentración de viviendas adineradas, las
clases altas no vivían en enclaves segregados y querían que sus hogares fueran
visibles y accesibles para la población. El atrio era el espacio de recepción, en
el que el cabeza de familia (pater familias) recibía clientes y visitas cada
mañana, desde amigos igualmente ricos hasta dependientes necesitados que recibían
limosna.[193] También fue escenario de rituales religiosos familiares, en los que
estaban presentes imágenes de sus antepasados y lares.[194] Las viviendas urbanas
se ubicaban generalmente en vías públicas muy transitadas, por lo que la planta
baja que daba a la calle a menudo se alquilaba a tiendas (tabernas; tabernae).[195]
Además de un pequeño huerto, las domus generalmente tenían un jardín formal
enmarcado por un peristilo.[196][197]
Por otro lado, el pueblo correspondía a una evasión del bullicio urbano, retratado
en la literatura como símbolo de un estilo de vida que equilibra el aprecio por el
arte y la cultura con el aprecio por la naturaleza y el ciclo agrícola.[198] Las
aldeas estaban ubicadas generalmente en centros de producción agrícola o en
regiones balnearias a lo largo de la costa. Idealmente, tendrían una vista sobre la
región circundante, cuidadosamente enmarcada por el diseño arquitectónico.[199] El
interior de las viviendas a menudo estaba decorado con pinturas de jardines,
fuentes, paisajes, motivos vegetales,[199] y animales, en particular aves y
especies marinas, que fueron retratados con tal precisión que los arqueólogos
contemporáneos a veces logran identificar las especies.[200]
Aguas termales
Las termas romanas contaban con servicios que aseguraban la higiene corporal y la
hidroterapia.[203] Las diferentes salas ofrecían baños comunitarios a tres
temperaturas diferentes, que podían complementarse con diferentes servicios, como
salas de ejercicios y entrenamiento, saunas, spas de exfoliación (en el que se
masajeaba la piel con aceites y se usaba un strigil), área de juegos o una piscina
al aire libre. Los baños termales se calentaron por hipocausto, el suelo se basó en
conductos por los que circulaba aire caliente.[204] Aunque algunos balnearios
ofrecían instalaciones segregadas para hombres y mujeres, el baño desnudo mixto
entre los sexos era relativamente común. Los baños públicos formaron parte de la
cultura urbana en todas las provincias, aunque a partir de finales del IV, los
baños comunitarios comenzaron a dar paso a los baños privados.[205] Se aconsejó a
los cristianos que asistieran a los baños por razones de higiene y salud, y no por
placer,[206] aunque también se les aconsejó no asistir a los juegos públicos, que
formaban parte de las fiestas religiosas que consideraban «paganas».[207]
Educación
Artículo principal: Educación en la Antigua Roma
Una maestra con dos alumnos y un tercero, de pie, sosteniendo una flor de loto, una
maleta en la que se guardaban los bolígrafos, un tintero y una esponja para
corregir errores.[208]
La educación romana tradicional era moral y práctica. Las historias enfocadas en
grandes personalidades tenían la intención de inculcar en los jóvenes los valores
romanos (mores maiorum). Se esperaba que los padres y la familia actuaran como
modelo de comportamiento y que los padres con una profesión transmitieran este
conocimiento a sus hijos, que luego podrían convertirse en aprendices.[209] Las
élites urbanas de todo el imperio compartían una cultura literaria imbuida de los
ideales educativos griegos (paideia).[210] Muchas ciudades griegas financiaron
escuelas superiores y, además de alfabetización y aritmética, el plan de estudios
también incluía música y deportes.[211] Atenas, donde yacían las escuelas de
retórica y filosofía más renombradas del imperio, fue el destino de muchos jóvenes
romanos.[212] Por regla general, todas las hijas de miembros de órdenes ecuestres y
senatoriales recibían instrucción.[213] El nivel de calificación variaba, desde
aristócratas educados hasta mujeres capacitadas para ser calígrafas o escribas.
[214][215] La poesía augustiniana alaba el ideal de la mujer culta, independiente y
versada en el arte,[216] y una mujer con altas calificaciones representaba un
activo para cualquier familia que tuviera ambiciones sociales.[217]
Enseñanza
La educación formal era accesible solo para las familias que podían pagarla.[218]
[219] Los niños más privilegiados podían tomar clases en casa con un tutor privado.
[220] Los niños más pequeños eran enseñados por un pedagogo, generalmente un
esclavo o ex esclavo griego.[221] El pedagogo era responsable de la seguridad de
los niños, les enseñaba autodisciplina y nociones de comportamiento en público y
les impartía clases de lectura, escritura y aritmética.[222][223] Los niños
restantes asistieron a una escuela privada dirigida por un maestro (ludi magister),
financiada a través de mensualidades de los distintos padres.[224] El número de
escuelas aumentó gradualmente durante el imperio, creando más y mejores
oportunidades educativas.[219] Las clases podrían celebrarse regularmente en su
propio espacio alquilado o en cualquier espacio público disponible, incluso en el
extranjero. Se impartía educación primaria a niños de entre 7 y 12 años y las
clases no estaban separadas por años ni sexos.[225]
A la edad de 14 años, los hombres de las clases más adineradas realizaban el ritual
de paso a la edad adulta. A partir de esa edad, comienzan a recibir formación para
llegar a ocupar un posible cargo de liderazgo político, religioso o militar,
formación que suele ser impartida por un miembro mayor o amigo de la familia.[212]
[226] La educación secundaria fue impartida por gramáticos (grammatici) o rectores
(retórica).[227] Los gramáticos enseñaron principalmente literatura griega y
latina, complementada con lecciones de historia, geografía, filosofía y
matemáticas.[228] Después del reinado de Augusto, los autores latinos también se
convirtieron en parte del plan de estudios.[229] El rector era profesor de oratoria
y retórica. El arte de «hablar bien» (ars dicendi) era muy valorado como indicador
de superioridad social e intelectual, y la elocuencia (eloquentia) se consideraba
el elemento agregador de cualquier sociedad civilizada.[230] La educación superior
brindó oportunidades para el avance profesional, especialmente para los miembros de
la orden ecuestre. Se consideraba que la elocuencia y la cultura eran
características fundamentales de los hombres cultos y dignas de recompensa.[231]
Literatura
Entre los siglos I y III hubo un aumento significativo de las audiencias literarias
y, aunque siguió siendo una minoría entre la población, ya no se restringió a una
élite sofisticada. Esto condujo al surgimiento de la literatura de consumo,
orientada al entretenimiento de las masas y reflejo de la movilidad social
existente en el período imperial.[246] Los libros ilustrados, incluidos los
eróticos, fueron muy populares.[247] Las obras literarias se leían a menudo en
cenas o entre grupos de lectura.[248] Sin embargo, la alfabetización disminuyó
abruptamente desde la crisis del siglo III.[249] Durante los siglos V y VI, la
capacidad de leer se hizo cada vez más escasa, incluso entre quienes formaban parte
de la jerarquía de la Iglesia.[250]
Recreación y espectáculos
Durante el gobierno de Augusto, los espectáculos públicos se celebraban 77 días al
año, cifra que para el reinado de Marco Aurelio era de 135.[251] Uno de los
principales eventos de las fiestas religiosas romanas era la realización de juegos
(ludi, origen del término «lúdico»), especialmente carreras de caballos y carros.
[252] En plural, ludi casi siempre se refiere a juegos con espectadores a gran
escala. El singular latín ludus («juego, deporte, entrenamiento») tenía una amplia
gama de significados, desde juegos de palabras, representaciones teatrales, juegos
de mesa, escuela primaria e incluso escuelas de entrenamiento de gladiadores, como
el Ludus Magnus, el más grande de estos campamentos en Roma.[253][254]
Juegos de arena
Las carreras de carros eran uno de los deportes de arena más populares del circo
romano. Los equipos se diferenciaron por colores, siendo el azul (imagen) y el
verde los más populares. También se llevaron a cabo montajes de cacerías,
competencias atléticas, recreaciones históricas y batallas de gladiadores.[252]
Los juegos de circo (ludi circensis) se llevaron a cabo en estructuras inspiradas
en los hipódromos griegos. Los circos eran la estructura de construcción regular
más grande del mundo romano.[255] Los juegos fueron precedidos por un desfile muy
elaborado, el pompa circense.[256] Los eventos de competencia también se llevaron a
cabo en lugares más pequeños, como anfiteatros y estadios. Entre las modalidades
deportivas, inspiradas en los modelos griegos, estaban el estadio (carrera), el
boxeo, la lucha libre y el pancracio.[257] Hubo varias modalidades que se llevaron
a cabo en sus propias piscinas, como la naumaquia y una modalidad de ballet
acuático.[258] Los eventos teatrales (ludi scaenici) tenían lugar en las
escalinatas de los templos, en los grandes teatros de piedra o en los pequeños
teatros llamados odeónes.[259] Si bien los juegos se originaron como celebraciones
religiosas, con el tiempo su significado religioso terminó siendo perdiéndose en
favor a su valor recreativo.[260][261][262][252] El mecenazgo de los eventos y
espectáculos en las arenas estuvo a cargo de las élites locales. A pesar de los
elevados costes económicos, su organización fue fuente de prestigio y estatus
social.[263]
El Circo Máximo fue el estadio más grande de toda Roma, con una audiencia de
alrededor de 150 000 espectadores.[264] Inaugurado en el año 80, el Coliseo se
convirtió en un escenario habitual para los deportes violentos en la ciudad,[265]
con más de 50 000 asientos y más de 10 000 pie.[264] La distribución física del
anfiteatro representaba a la jerarquía de la sociedad romana: el emperador presidía
su opulento púlpito; los senadores y los oficiales militares de alto rango tenían
los mejores asientos reservados; las mujeres se sentaron protegidas de la acción;
los esclavos se sentaron en los peores lugares y el resto se sentaron donde había
un lugar entre los dos grupos.[266][267][268] La multitud podía exigir un resultado
silbando o aplaudiendo, aunque era el emperador quien tenía la última palabra. Los
espectáculos podrían convertirse rápidamente en sitios de protestas políticas y
sociales, por lo que los emperadores a menudo recurrieron a la fuerza para dominar
a la población.[269][270] Uno de los casos más notables fueron los Disturbios de
Niká del 532, que terminaron con la intervención del ejército de Justiniano I y la
masacre de miles de ciudadanos.[271][272][273][274]
La competición era peligrosa, pero los conductores estaban entre los atletas más
famosos y premiados de la Antigüedad.[275] Una de las estrellas del deporte fue
Cayo Apuleyo Diocles de Lusitania (actual Portugal), quien condujo carros durante
24 años y acumuló ganancias de 35 millones de sestercios.[276] Los caballos también
eran bastante populares, celebrados en el arte y recordados en inscripciones, a
menudo por su nombre.[277][278] El diseño de los circos romanos evolucionó para
asegurar que ninguno de los equipos tuviera ninguna ventaja y para minimizar el
número de colisiones,[279][280] aunque estas continuaron siendo frecuentes, para el
deleite de la multitud.[281][282] Las carreras estaban envueltas en un aura de
misterio debido a su asociación con los rituales ctónicos: las imágenes de circo se
consideraban protectoras o de buena suerte, y los conductores a menudo eran
sospechosos de brujería.[283][284][285][286] Las carreras de carros continuaron
durante el período bizantino, todavía con patrocinio imperial, aunque el declive de
las ciudades en los siglos VI y V precipitó su desaparición.[255]
Lucha de gladiadores
Deporte y juegos
Niños jugando con una pelota. Relieve del siglo II, en el Museo del Louvre
Los juegos de mesa entre dos oponentes fueron jugados por personas de todas las
edades. Entre los más populares estaban el ludus latrunculorum, un juego de
estrategia en el que los oponentes coordinaban jugadas y capturaban varias piezas,
y el ludus duodecim scriptorum (de doce puntos), jugado con dados para organizar
las piezas en una cuadrícula de letras o palabras.[325] También era común un juego
de dados que pudo ser similar al backgammon.[326]
Alimentación
Artículo principal: Gastronomía romana
Vestuarios
Artículo principal: Indumentaria en la Antigua Roma
En una sociedad tan consciente del estatus social como la romana, la ropa y los
accesorios personales ofrecían una indicación inmediata de la etiqueta de una
persona.[337] Vestirse correctamente era considerado como el reflejo de una
sociedad ordenada.[338] La toga era la vestimenta nacional característica del
hombre romano, aunque era pesada y poco práctica, y se usaba principalmente para
tratar asuntos políticos, rituales religiosos y presencia en las cortes.[339][340]
Contrariamente a la noción popular, la vestimenta informal de los romanos podía ser
oscura o colorida, y el conjunto más común entre los hombres durante la vida
cotidiana sería una túnica, capa y pantalón en algunas regiones.[341] Es difícil
estudiar la forma en que vestían los romanos en la vida cotidiana debido a la falta
de evidencia directa, ya que el retrato suele presentar al personaje con
vestimentas simbólicas y las telas sobrevivientes de este período son raras.[342]
[343][344]
Una toga imperial, vestida por un dosel, vestido por un Serapis sacerdote, a veces
identificado como el emperador Juliano.
La prenda básica para todos los romanos, independientemente de su género o
condición social, era una simple túnica con mangas. La longitud se diferenciaba
según el usuario: los masculinos alcanzaban la mitad de la altura entre la rodilla
y el tobillo, aunque los de los soldados eran más cortos; las mujeres tenían sus
túnicas hasta el tobillo y las niñas hasta la rodilla. Las túnicas para pobres y
esclavos eran de lana cardada y la longitud se determinaba según el tipo de trabajo
realizado. Las mejores túnicas estaban hechas de lana o lino procesados. Un hombre
que pertenecía a una orden senatorial o ecuestre vestía una túnica púrpura con dos
cintas (clavi), y cuanto mayor era la dimensión, mayor era el estatus del portador.
[345]
La toga imperial estaba hecha de lana blanca y, debido a su peso, no era posible
vestirla adecuadamente sin ayuda.[339] En su trabajo sobre oratoria, Quintiliano
describe en detalle cómo un orador público debe orquestar sus gestos en relación
con su túnica.[346][340][347] En la técnica, la toga se muestra con la punta más
larga colgando entre los pies, un pliegue curvo en la parte delantera y una solapa
que sobresale en el medio.[348] A lo largo de los siglos, las cortinas se volvieron
más intrincadas y estructuradas, y al final del imperio, la tela formó un pliegue
firme alrededor del pecho.[349] La toga praetexta, con una franja violeta que
representaba la inviolabilidad, fue utilizada por niños hasta los diez años y por
los magistrados ejecutivos y por los sacerdotes del Estado. Solo al emperador se le
permitió usar una toga totalmente púrpura (picga toga).[350]
La moda y el estilo de la ropa romana cambió con el paso del tiempo.[355] Durante
el Dominado, la ropa de los soldados y burócratas de la administración se volvió
cada vez más decorada, con rayas de tela bordadas y emblemas circulares aplicados a
túnicas. Estos elementos decorativos generalmente consistían en patrones
geométricos, motivos vegetales estilizados y, en algunos casos, figuras animales o
humanas.[356] El uso de la seda hizo cada vez más común, y las túnicas de seda eran
comunes entre los cortesanos de finales del Imperio. La militarización de la
sociedad romana y el declive de la vida cultural urbana se reflejaron en los
hábitos de vestir; además del abandono de la toga, el uso de correas de estilo
militar terminó volviéndose común entre los funcionarios públicos.[357]
Sexualidad
Artículo principal: Sexualidad en la Antigua Roma
Los temas eróticos eran bastante comunes en el arte y la decoración de los domus,
como en este fresco de la Casa del Centenario, en Pompeya.
La idea del libertinaje sexual desenfrenado en el Imperio romano es esencialmente
una interpretación cristiana posterior.[358][359][360] En realidad, el sexo en el
mundo grecorromano se regía por la sobriedad y el arte de gestionar el placer
sexual.[361] La sexualidad era uno de los temas del mos maiorum, el conjunto de
normas sociales que guiaban la vida pública, privada y militar, y la conducta
sexual estaba moderada por las nociones de pudor y vergüenza.[362] Los censores
romanos, magistrados que determinaban la clase social de cada persona, tenían el
poder de quitar la ciudadanía a los hombres del orden ecuestre o senatorial que
participaban en conducta sexual inapropiada.[363][364] La legislación moral
introducida durante el reinado de Augusto intentó regular la conducta de la mujer
como una forma de promover los valores familiares. El adulterio, que durante la
república había sido un asunto privado, fue tipificado como delito[365] y definido
como un acto sexual ilícito (stuprum) que se produce entre un hombre y una mujer
casada.[366][367][368][369]
Arte
Artículo principal: Arte de la Antigua Roma
Cúpula del Panteón de Agripa, la cúpula de hormigón sin armar más grande del mundo.
La invención del opus caementicium permitió a los romanos introducir arcos, bóvedas
y cúpulas de dimensiones sin precedentes y de gran durabilidad.
Roma construyó una sociedad que daba gran importancia a las artes en sus más
variadas manifestaciones. Además de jugar un papel decorativo, las artes también
tenían un papel educativo y socializador en un contexto donde una gran parte de la
población era analfabeta o con poco acceso a la literatura más sofisticada. El arte
consagró ideologías, narró hechos históricos, integró festividades cívicas y
rituales religiosos y glorificó a personajes eminentes, actuando de hecho como una
lengua franca a la que tenía acceso toda la población.[375] El arte romano se
desarrolló inicialmente a partir de la tradición etrusca[376] y posteriormente
absorbió las referencias de la cultura griega,[377] haciendo de su arte en gran
medida una extensión y variación de esta, y convirtiendo a los romanos en el
principales preservadores del legado artístico griego para la posteridad.[378][379]
Arquitectura
Artículo principal: Arquitectura de la Antigua Roma
Las cúpulas eran una presencia común en balnearios, villas, palacios y tumbas. Las
salas de audiencias de muchos de los palacios imperiales estaban coronadas por
cúpulas y también eran muy comunes en los pabellones de los jardines.[385]
Generalmente asumían una forma hemisférica y estaban total o parcialmente ocultas
al exterior, estando en muchos casos rematadas por un óculo y, en ocasiones,
cubiertas por un techo cónico o poligonal.[386] Con el colapso del Imperio
occidental, la construcción abovedada declinó. Sin embargo, este estilo continuó
vigente en Oriente a través de la arquitectura bizantina.[387]
Fue durante los gobiernos de Trajano (r. 98-117) y Adriano (r. 117-138) que el
imperio alcanzó su máximo apogeo tanto territorial como artístico, habiendo
comenzado un inmenso programa para la construcción de monumentos, asambleas,
jardines, acueductos, balnearios, palacios, pabellones, sarcófagos y templos.[388]
La introducción del arco, la cúpula y el uso de hormigón permitió la construcción
de grandes techos abovedados en espacios públicos y complejos como balnearios o
basílicas. Entre los ejemplos más notables de cúpulas se encuentran el Panteón de
Agripa, las Termas de Diocleciano y las Termas de Caracalla. El Panteón, dedicado a
todos los dioses planetarios, es el templo de la Antigüedad mejor conservado del
mundo y aún conserva intacta su cúpula.[384] Los últimos grandes programas de
construcción en Roma tuvieron lugar durante el reinado de Constantino I (r. 306-
337), incluido el Arco de Constantino cerca del Coliseo de Roma.[389]
Pintura
Gran parte de la escultura del retrato habría sido pintada, aunque la pintura rara
vez ha sobrevivido a lo largo de los siglos. A partir del siglo II en adelante, con
la expansión del cristianismo, surgió un tema completamente nuevo relacionado con
esta religión, el arte paleocristiano, al mismo tiempo que se observó una creciente
simplificación y geometrización de las formas. Sin embargo, aún quedan algunos
refinados ejemplos de pintura tardío-imperial que remiten a la tradición clásica,
principalmente en Dura Europos, con temas hebreos, y en Luxor, con temas
cristianos.[398][399]
Escultura
Artes decorativas
Los mosaicos son una de las formas más perdurables del arte decorativo romano y se
pueden encontrar en las superficies de pisos, paredes, techos y columnas en
espacios públicos o privados.[419] Los mosaicos figurativos comparten muchos de los
temas con la pintura y, en algunos casos, representan los mismos temas en
composiciones casi idénticas. Aunque los patrones geométricos y las escenas
mitológicas son motivos recurrentes en todo el imperio, también existen varias
expresiones locales. En el norte de África, una fuente de mosaicos particularmente
rica, los temas preferidos en las propiedades privadas fueron escenas de la vida
cotidiana: caza, agricultura y vida silvestre local.[420] El maestro (pictor)
dirigió un taller de mosaicos. La técnica más común era el opus tessellatum, creado
a partir de piezas uniformes (tesela) de materiales como piedra y vidrio. Los
mosaicos generalmente se producían localmente, aunque a veces se producían y se
vendían en paneles prefabricados.[421] El opus sectile era una técnica en la que la
piedra lisa, generalmente mármol de colores, se cortaba en formas precisas que
formaban patrones geométricos o figurativos. Esta técnica más compleja fue
particularmente valiosa y se hizo extremadamente popular durante el siglo IV.[422]
Artes escénicas
Literatura
Los libros eran caros, ya que cada copia tenía que ser escrita a mano en un rollo
de papiro por escribas especializados.[450] La producción de libros comerciales se
inició durante el período final de la República. En el siglo I algunos barrios de
Roma eran conocidos por sus librerías (tabernae librariae), que también existían en
muchas ciudades de las provincias occidentales.[451] La calidad de las ediciones
varió significativamente y algunos autores se quejaron de copias llenas de errores,
plagio o falsificaciones, ya que no existían los derechos de autor.[452] El códice
todavía era una novedad en el siglo I, pero a fines del siglo III ya había
reemplazado por el volumen[453][454] y era el medio más común entre los libros de
contenido cristiano.[455] Sin embargo, mientras que el formato del libro enfatizaba
la continuidad del texto, el códice fomentaba la lectura parcial y las
interpretaciones fragmentadas.[456] Aunque los Padres de la Iglesia fueron
educados, consideraban que la literatura clásica era peligrosa e inútil, por lo que
a menudo la reinterpretaban mediante metáforas y alegorías. Juliano, el único
emperador que rechazó el cristianismo después de Constantino I, prohibió a los
cristianos enseñar el plan de estudios clásico con el argumento de que corrompían a
los jóvenes.[457]
Legado
Detalle del Arco de Triunfo de París, encargado por Napoleón Bonaparte a principios
del siglo XIX. El arte romano influyó significativamente en el romanticismo, el
renacimiento y el neoclasicismo. Las lenguas romances son ahora el grupo
lingüístico más grande del mundo y el alfabeto latino es el sistema de escritura
más utilizado.
El Imperio romano y sus nociones de autocracia, derecho y ciudadanía dejaron un
profundo impacto en la historia de Europa. El sentimiento de compartir una cultura
e identidad común, en lugar de un único idioma o literatura, se debió a la propia
naturaleza del Imperio.[458]
Tras la caída del Imperio romano de Occidente, varios estados afirmaron ser sus
sucesores, un concepto conocido como el translatio imperii («traslado del
dominio»). Este fue el caso del Sacro Imperio Romano Germánico, entidad establecida
tras la coronación de Carlomagno, rey de los francos, por el papa León III en la
Navidad del año 800. Carlomagno fue coronado como «emperador romano» (Imperator
Romanorum),[459] aunque dicho evento no fundó un nuevo Estado inmediatamente. El
translatio imperii pasó de los francos al pueblo alemán tras la coronación de Otón
I en el 962, dando inicio a una serie de «emperadores romanos» que continuaron
titulándose como tal hasta el fin del Imperio en 1806, durante las guerras
napoleónicas.[460]
En el Este, el legado romano continuó a través del Imperio bizantino. Los griegos
bizantinos continuaron denominándose a sí mismos como «romanos» (Romanioi) y a su
Estado como el «Imperio romano» (Basileía Rhōmaíōn) hasta la Caída de
Constantinopla en 1453, aunque nunca fueron reconocidos en Occidente.[461] Mehmed
II el Conquistador hizo de Constantinopla la nueva capital del Imperio turco
otomano y se proclamó a sí mismo como «César de Roma» (Kayser-i Rum),[462]
asumiendo así el translatio imperii. Paralelamente, el Principado de Moscú,
significativamente influenciado por la Iglesia ortodoxa bizantina y la tradición
grecorromana, se declaró también heredero del Imperio romano. Iván III el Grande
proclamó a su ciudad como la «Tercera Roma» (siendo Constantinopla la segunda),
idea que sería posteriormente reforzada con la adopción de los títulos de
Autocrátor, Zar (por César) y, desde Pedro el Grande, Imperator y Pater Patriae.
[463][464]
Otro de los principales legados de Roma fue la religión cristiana. La Pax Romana
creó una enorme región de estabilidad y unión política que permitió la expansión de
la Iglesia católica, que es en esencia una monarquía absoluta basada en el modelo
romano. Los papas asumen el título del sumo sacerdote romano, el pontífice máximo
(Pontifex Maximus), y se proclaman herederos de César.[465] Los siete siglos de
dominación romana en Italia también dejaron un fuerte legado cultural que influyó
significantemente en el nacionalismo italiano y el «risorgimento» de 1861,[466]
sirviendo también como base fundamental del fascismo italiano durante la época de
Benito Mussolini.[467] En el ámbito artístico, el arte romano influyó en la
arquitectura renacentista y la arquitectura románica en el sur de Europa, al igual
que en los territorios ortodoxos del Este. Muchos de los elementos clásicos romanos
formaron las bases estéticas del Renacimiento y el Neoclasicismo.[468][469][470]
Notas
Entre 1204 y 1261 el Imperio se dividió en el Imperio de Nicea, el Imperio de
Trebisonda y el Despotado de Epiro, todos pretendientes al trono de Constantinopla,
que en aquel momento se encontraba bajo dominio cruzado.
Es necesario resaltar que los censos oficiales no reflejan la verdadera realidad
de la demografía romana. El Capítulo VIII del Res gestae Divi Augusti, por ejemplo,
registra "4 937 000 ciudadanos romanos", una cifra que en realidad solo representa
a una pequeña parte del Imperio.[2]
Los gobernantes del Imperio romano clásico nunca usaron el título de emperador
romano; este es más bien una abreviatura práctica para una complicada reunión de
cargos y poderes. Lo más cercano a un título imperial fue el nombre de Augustus,
aunque Imperator fue el término que acabó popularizándose en Europa occidental. El
primero en llamarse «oficialmente» emperador romano fue Miguel I Rangabé en el 812,
cuando se hizo llamar Basileus tôn Rhomaíōn («emperador de los romanos») en
respuesta a la coronación de Carlomagno como Imperator Romanorum (también
«emperador de los romanos»).[4]
El cargo de cónsul fue perdiendo relevancia hasta convertirse en un título
honorífico de los emperadores.[5] El consulado sobrevivió como una legalidad
simbólica hasta su abolición definitiva como parte de las reformas de la Basilika.
[6]
El Estado romano, a diferencia de los Estados modernos, no disponía de un nombre
oficial ni se aludía a él con una única denominación. Algunas formas empleadas para
referirse al imperio que eran utilizadas por los romanos y los griegos eran Rēs
pūblica Pōpulī Rōmānī, Imperium Rōmānōrum, Βασιλεία τῶν Ῥωμαίων (Basileíā tôn
Rhomaíōn, ‘dominio de los romanos’) y Romania. Res publica, concepto latino
utilizado tanto en la época republicana como en la imperial, cuyo significado
literal es ‘cosa pública’, es el origen de la palabra «república» y,
conceptualmente, de la inglesa «commonwealth», cuyo uso se vincula generalmente con
los conceptos actuales de sector público y Estado, y con los conceptos
tradicionales de bien común y procomún. Imperium Romanum (o Romanorum) se refiere a
la extensión territorial de la autoridad romana. Populus Romanus (o Romæ; ‘el
pueblo romano’ o ‘de Roma’) fue a menudo utilizado para referirse al Estado romano
en los asuntos relacionados con las demás naciones. El término Romania (en griego
antiguo: Ῥωμανία, romanizado: Rhômania), inicialmente coloquial para referirse al
imperio, así como nombre colectivo para sus habitantes, aparece en las fuentes
griegas y latinas del siglo IV en adelante y fue empleado durante el periodo
bizantino.[7]
Los historiadores están divididos en cuanto al énfasis dado a los elementos
atléticos y de danza de estos ejercicios: H. Lee los ve como gimnastas,[321]
mientras que M. Torelli asume que son bailarines en eventos deportivos.[322] La
incógnita es resumida por Katherine MD Dunbabin.[323] Se alentó a las mujeres, como
regla general, a promover la salud a través de actividades físicas, como juegos de
pelota, natación, caminar, leer en voz alta (mientras se hace ejercicio de
respiración) y viajar.[324]
Véase también
Monarquía romana (753-509 a. C.)
República romana (509-27 a. C.)
Historia de Roma
Cronología de la Antigua Roma
Imperio romano de Occidente / Imperio bizantino
Demografía del Imperio romano
Historia de las instituciones en la Antigua Roma
Egipto (provincia romana)
Guerras romano-sasánidas
Pueblos germánicos
Economía de la Galia romana
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