0% encontró este documento útil (0 votos)
16 vistas52 páginas

Maya

El Imperio romano fue un periodo de la civilización romana caracterizado por un gobierno autocrático, que se extendió desde el 27 a.C. hasta el 476 d.C. en Occidente y hasta 1453 en Oriente. Su máxima expansión ocurrió bajo Trajano, abarcando vastos territorios y dejando un legado duradero en la lengua, religión, arquitectura y leyes. La caída de Occidente se marca en 476 d.C., mientras que el Imperio bizantino continuó existiendo hasta la caída de Constantinopla en 1453.

Cargado por

iLuckyBlocks
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como TXT, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
16 vistas52 páginas

Maya

El Imperio romano fue un periodo de la civilización romana caracterizado por un gobierno autocrático, que se extendió desde el 27 a.C. hasta el 476 d.C. en Occidente y hasta 1453 en Oriente. Su máxima expansión ocurrió bajo Trajano, abarcando vastos territorios y dejando un legado duradero en la lengua, religión, arquitectura y leyes. La caída de Occidente se marca en 476 d.C., mientras que el Imperio bizantino continuó existiendo hasta la caída de Constantinopla en 1453.

Cargado por

iLuckyBlocks
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como TXT, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

WikipediaLa enciclopedia libre

Donaciones
Crear una cuenta
Acceder

Contraer
WLE Austria Logo (no text).svgWiki Loves Earth:
¡sube tus fotos del patrimonio natural en Perú, ayuda a Wikipedia y gana!

Imperio romano

Artículo
Discusión
Leer
Editar
Ver historial

Herramientas
Coordenadas: 41°54′N 12°30′E (mapa)
Para otros usos de este término, véase Imperio romano (desambiguación).
Imperio romano
Rēs pūblica Pōpulī Rōmānī
Imperium Rōmānum
Βασιλεία τῶν Ῥωμαίων
Imperio
27 a. C.-395 d. C. (unificado)
395-476 d. C. (Occidente)
395-1453 d. C. (Oriente)

Bandera
Aquila
Lema: Senatus Populusque Romanus
(en latín: ‘el Senado y el Pueblo romano’)

El Imperio en el año 117, cuando alcanzó su máxima extensión bajo el gobierno de


Trajano.
Coordenadas 41°54′N 12°30′E
Capital Roma (27 a. C.-286)
Milán (286-402)
Rávena (402-476)
Nicomedia (286-330)
Constantinopla (330-1204, 1261-1453)[nota 1]
Entidad Imperio
Idioma oficial Latín y griego
• Otros idiomas Véase el apartado Lenguas
Superficie
• Total 5 957 000 km² Ver y modificar los datos en Wikidata
Población ()
• Total 87 500 000 hab.
• Densidad 14,69 hab/km²
Superficie hist.
• 27 a. C.[1] 2 750 000 km²
• 117[1][3] 5 000 000 km²
• 395[1] 4 400 000 km²
Población hist.
• 14[nota 2] est. 56 800 000 hab.
• 117[1][3] est. 88 000 000 hab.
Religión Politeísmo romano (27 a. C.-270 d. C.)
Monismo solar (270-380)
Cristianismo (380-1453)
Moneda Denario, sestercio, sólido bizantino
Período histórico Edad Antigua y Media
• 16 de enero
de 27 a. C. El Senado proclama a Octavio como Augusto
• 1 de abril
de 286 Primera división del Imperio
• 17 de enero
de 395 División final entre Occidente y Oriente
• 4 de septiembre
de 476 Caída de Occidente
• 29 de mayo
de 1453 Caída de Oriente
Forma de gobierno Autocracia y Tetrarquia
Emperador[nota 3]
• 27 a. C.-14 d. C.
• 1449-1453

Augusto
Constantino XI
Cónsul[nota 4]
• 27 a. C.
• 886 d. C.

Augusto, Agripa
León VI
Precedido por Sucedido por
República romana ←
→ Imperio romano de Occidente
→ Imperio bizantino
[editar datos en Wikidata]
El Imperio romano[nota 5] fue el periodo de la civilización romana posterior a la
República y caracterizado por una forma de gobierno autocrática. En su apogeo
controló un territorio que abarcaba desde el océano Atlántico al oeste hasta las
orillas del mar Caspio y Rojo al este, y desde el desierto del Sahara al sur hasta
las orillas de los ríos Rin y Danubio y la frontera con Caledonia al norte. Debido
a su vasta extensión y duración, las instituciones y la cultura romana tuvieron una
influencia profunda y duradera en el desarrollo de la lengua, religión,
arquitectura, literatura y leyes en el territorio que gobernaba.

Durante los tres siglos anteriores al ascenso de César Augusto, Roma pasó de ser
uno de los tantos Estados de la península itálica a unificar toda la región y
expandirse más allá de sus límites. Durante esta etapa republicana su principal
competidora fue Cartago, cuya expansión por la cuenca sur y oeste del Mediterráneo
occidental rivalizaba con la de Roma. La República se hizo con el control
indiscutible del Mediterráneo en el siglo II a. C., cuando conquistó Cartago y
Grecia.

Los dominios de Roma se hicieron tan extensos que el Senado fue cada vez más
incapaz de ejercer autoridad fuera de la capital. Asimismo, el empoderamiento del
ejército reveló la importancia que tenía el poseer control sobre las tropas para
obtener réditos políticos. Así fue como surgieron personajes ambiciosos cuyo
objetivo principal era el poder. Este fue el caso de Julio César, quien no solo
amplió los dominios de Roma conquistando la Galia, sino que desafió la autoridad
senatorial.
El sistema político del Imperio surgió tras las guerras civiles que siguieron a la
muerte de Julio César. Tras la guerra civil que lo enfrentó a Pompeyo y al Senado,
César se hizo con el poder absoluto y se nombró dictador vitalicio. En respuesta,
varios miembros del Senado orquestaron su asesinato, lo que supondría el
restablecimiento de la República. El precedente no pasó inadvertido para el sobrino
e hijo adoptivo de César, Octavio, quien se convirtió años más tarde en el primer
emperador tras derrotar la alianza entre su antiguo aliado Marco Antonio y la reina
egipcia Cleopatra VII. Octavio mantuvo todas las formas republicanas de gobierno,
pero en la práctica gobernó como un autócrata. En el año 27 a. C., el Senado le
otorgó formalmente el poder supremo, representado en su nuevo título de Augusto,
convirtiéndolo efectivamente en el primer emperador romano.

Los dos primeros siglos del Imperio vieron un período de estabilidad y prosperidad
sin precedentes, conocido como la Pax Romana. Sin embargo, el sistema construido
por Augusto colapsó durante la Crisis del siglo III, un prolongado periodo de
guerras civiles que dio inicio al periodo denominado como el Dominado, durante el
cual el gobierno adquirió un carácter despótico y más afín a una monarquía
absoluta. En el año 286, en un esfuerzo por estabilizar al Imperio, Diocleciano
dividió la administración en un Oriente griego y un Occidente latino. Para este
punto Roma ya había dejado de ser la capital del Imperio. El Imperio se volvió a
unir y a separar en diversas ocasiones hasta que, a la muerte de Teodosio I en el
395, quedó definitivamente dividido en dos.

Los cristianos ascendieron a posiciones de poder tras el Edicto de Milán promulgado


por Constantino I, el primer emperador en bautizarse como cristiano, en 313. Tiempo
después inició el período de las grandes migraciones, el cual precipitó el declive
del Imperio en Occidente. Con la caída de Rávena ante Flavio Odoacro y la
deposición del usurpador Rómulo Augústulo en el 476, se señala tradicionalmente el
fin de la Edad Antigua y el comienzo de la Edad Media, aún cuando toma cada vez más
relevancia la consideración de la Antigüedad tardía como una época de transición
entre ambos periodos.

El Imperio en Oriente proseguiría casi un milenio en pie como el único Imperio


romano, aunque usualmente se le da el nombre historiográfico de Imperio bizantino o
Bizancio, hasta la caída de Constantinopla ante los turcos otomanos de Mehmed II en
1453.

El legado de Roma fue inmenso, especialmente en Europa Occidental; tanto es así que
varios fueron los intentos de restauración del Imperio, al menos en su
denominación. Destacan las campañas de reconquista del emperador Justiniano el
Grande en el siglo VI y el establecimiento del Imperio carolingio por Carlomagno en
el año 800, el cual evolucionaría en el Sacro Imperio Romano Germánico. Sin
embargo, ninguno llegó a reunificar todos los territorios del Mediterráneo como una
vez logró la Roma de tiempos clásicos. Según ciertas periodizaciones, la caída del
Imperio occidental y oriental marca el inicio y fin de la Edad Media.

En el inmenso territorio del Imperio romano se fundaron muchas de las grandes e


importantes ciudades de la actual Europa Occidental, el norte de África, Anatolia y
el Levante. Ejemplos son París (Lutecia), Estambul (Constantinopla), Viena
(Vindobona), Zaragoza (Caesaraugusta), Mérida (Augusta Emerita), Milán
(Mediolanum), Londres (Londinium), Colchester (Camulodunum) o Lyon (Lugdunum),
entre muchos otros.

Historia
La expansión romana tiene inicio durante el siglo VI a. C. poco después de la
fundación de la república. Sin embargo, no fue hasta el siglo III a. C. que Roma
comenzó con la anexión de las provincias, es decir, los territorios situados fuera
de la península itálica.[8] En ese momento, y cuatro siglos antes de alcanzar su
mayor extensión territorial, Roma y sus dominios ya constituían un «imperio»,
aunque su sistema de gobierno continuó siendo el de una república.[9][10][11] La
República romana no era un estado en el sentido contemporáneo del término, sino más
bien una red de ciudades, en la que cada una contaba con un grado diferente de
autonomía en relación con el Senado romano. Las provincias eran administradas por
cónsules y pretores, que eran elegidos para ejercer un mandato de un año.[12] El
poder militar de los cónsules tenía como base la noción jurídica de imperium o
comando militar.[13] Ocasionalmente, a los cónsules triunfantes se les otorgaba el
título de imperator, del que proviene el término «emperador».[14]

Augusto y la transición de la República al Imperio


Artículos principales: Augusto y República romana.

Augusto, el primer emperador romano, en la estatua de Prima Porta. El emperador era


la máxima autoridad política y religiosa del Imperio.
Desde finales del siglo II a. C., Roma sufrió una serie de conflictos sociales,
conspiraciones y guerras civiles, al mismo tiempo que consolidaba su influencia más
allá de la península itálica. El siglo I a. C. estuvo marcado por un periodo de
inestabilidad formado por una serie de revueltas tanto militares como políticas que
abrieron camino a la implementación de un régimen imperial.[15][16][17] En el año
44 a. C., Julio César fue proclamado dictador perpetuo antes de ser asesinado.[18]
Un año después, Octavio, sobrino-nieto e hijo adoptivo de César, y uno de los
generales republicanos más destacados, se convirtió en uno de los miembros del
Segundo Triunvirato —una alianza política junto a Lépido y Marco Antonio—.[19]
Después de la batalla de Filipos en 42 a. C., la relación entre Octavio y Marco
Antonio empezó a deteriorarse, lo que condujo a la disolución del triunvirato y a
una guerra entre ambos. Esta finalizó con la batalla de Accio, en la que Marco
Antonio y su amada Cleopatra resultaron derrotados. El posterior enfrentamiento en
Alejandría en 30 a. C. supuso la anexión del Egipto Ptolemaico por parte de
Octavio.[18]

Principado
Artículos principales: Dinastía Julio-Claudia, Año de los cuatro emperadores,
Dinastía Flavia, Dinastía Severa y Crisis del siglo III.
En el 27 a. C, el Senado y el pueblo romano proclamaron a Octavio princeps (primer
ciudadano) y le otorgaron el poder de imperium proconsular y el título de Augusto.
Este evento inició el periodo conocido como Principado, la primera época del
periodo imperial, que duró entre el 27 a. C. y el 284. El gobierno de Augusto puso
fin a un siglo repleto de guerras civiles y dio inicio a una época de estabilidad
social y económica denominada como la Pax Romana (paz romana), que se promulgó
durante los dos siglos siguientes. Las revueltas en las provincias eran poco
frecuentes y eran cesadas rápidamente.[20] Al ser el único gobernante de Roma,
Augusto pudo llevar a cabo una serie de reformas militares, políticas y económicas
en gran escala. El Senado le atribuyó la facultad de nombrar a sus propios
senadores y la autoridad sobre los gobernadores provinciales, creando de facto el
cargo que más tarde sería denominado como emperador.[21]

Augusto implementó los principios de la sucesión dinástica, por lo que fue sucedido
en la dinastía Julio-Claudia por Tiberio (r. 14-37), Calígula (r. 37-41), Claudio
(r. 41-54) y Nerón (r. 54-68). El suicidio de este último llevó a un breve periodo
de guerra civil conocido como el año de los cuatro emperadores, que concluyó con la
victoria de Vespasiano (r. 69-79) y la fundación de la efímera dinastía Flavia,
recordada por ser la responsable de la construcción del Coliseo de Roma. Esta fue
sucedida por la dinastía Antonina, en la que figuraron los emperadores Nerva (r.
96-98), Trajano (r. 98-117), Adriano (r. 117-138), Antonino Pío (r. 138-161) y
Marco Aurelio (r. 161-180), los llamados «cinco buenos emperadores». En el 212,
mediante el Edicto de Caracalla promulgado por el emperador homónimo (r. 211-217),
fue concedida la ciudadanía romana a todos los ciudadanos libres del Imperio. Sin
embargo, y a pesar de este gesto universal, la dinastía Severa estuvo marcada por
varias revueltas y desastres a lo largo de la crisis del siglo III, una época de
invasiones, desestabilidad social, dificultades económicas y peste. En la
periodización, esta crisis es generalmente considerada el momento de la transición
de la Antigüedad clásica a la Antigüedad tardía.[22]

Dominado
Artículos principales: Bajo Imperio romano, Imperio romano de Occidente e Imperio
romano de Oriente.

Maqueta de Roma durante el reinado de Constantino (306-337).

División del imperio después de la muerte de Teodosio en 395, superpuesta a las


fronteras modernas.
Imperio romano de Occidente
Imperio romano de Oriente (bizantino)
Diocleciano (r. 284-305) renunció al cargo de princeps y adoptó el título de
dominus (maestro o señor), lo que marcó la transición del Principado al Dominado —
un estado de monarquía absoluta que se prolongó desde el 284 hasta la caída del
Imperio romano de Occidente en el 476—.[23] Diocleciano impidió el colapso del
imperio, aunque su reinado estuvo marcado por la persecución del cristianismo.
Durante su mandato, se estableció una tetrarquía y el imperio se dividió en cuatro
regiones, cada una gobernada por un emperador distinto.[24] En el 313, la
tetrarquía entró en colapso y, después de una serie de guerras civiles, Constantino
I (r. 306-337) emergió como único emperador. Este fue el primer emperador en
convertirse al cristianismo y estableció Constantinopla como la capital del Imperio
de Oriente. A lo largo de las dinastías constantiniana y valentiniana, el imperio
se dividió en una mitad occidental y otra oriental y el poder fue compartido entre
Roma y Constantinopla. La sucesión de emperadores cristianos fue brevemente
interrumpida por Juliano (r. 361-363) al intentar restaurar la religión tradicional
a su manera. Teodosio (r. 378-395) fue el último emperador en gobernar el imperio
en su conjunto, murió en el 395, después de que el cristianismo se declarara
religión oficial del imperio.[25]

Fragmentación y declive
Artículos principales: Caída del Imperio romano de Occidente, Período de las
grandes migraciones, Antigüedad tardía e Historia del Imperio bizantino.
A partir del siglo V, el Imperio romano comenzó a fragmentarse a raíz de las
migraciones, que superaban en número a la capacidad del imperio para asimilar a los
migrantes. Aunque el ejército romano pudo repeler a los invasores, de los cuales el
más notable fue Atila el Huno (r. 434-453; que estaba romanizado), se había
asimilado a tantos pueblos de lealtad dudosa que el Imperio empezó a desmembrarse.
La mayor parte de los historiadores datan la caída del Imperio romano de Occidente
en el 476, año en que el usurpador Rómulo Augústulo (r. 475-476) fue derrocado por
Flavio Odoacro (r. 476-493).[26] Sin embargo, en lugar de asumir el título de
emperador, Odoacro restituyó a Julio Nepote y juró lealtad a Flavio Zenón,
recompensándole el título de dux Italiae (duque de Italia) y patricio. Durante el
siglo siguiente, el imperio oriental, conocido hoy como Imperio bizantino, perdió
paulatinamente el control de la parte occidental. El Imperio bizantino cesó en 1453
con la muerte de Constantino XI (r. 1449-1453) y la conquista de Constantinopla por
parte del Imperio otomano.[27]

Geografía y demografía

Cronología de la expansión territorial de la República romana (rojo), el Imperio


romano (violeta), el Imperio romano de Occidente (azul) y el Imperio bizantino
(verde oliva) hasta 1453. También se muestran los Estados cruzados (Francocracia)
(verde) tras del Sitio de Constantinopla (1204) durante la cuarta cruzada (Partitio
terrarum imperii Romaniae), se consideraron la continuación del Imperio hasta su
reconstrucción después de la Reconquista de Constantinopla en 1261. Varios estados
bizantinos independientes continuaron reclamando el trono hasta su final definitivo
en la conquista otomana del Despotado de Morea (1460), el Imperio de Trebisonda
(1461) y el Principado de Teodoro (1475) (ambos en verde).
El Imperio romano fue uno de los más grandes de la historia. Dominó una extensión
territorial continua a lo largo de Europa, África del Norte y Oriente Próximo,[28]
desde el Muro de Adriano en la lluviosa Inglaterra hasta las soleadas costas del
río Éufrates en Siria, desde las fértiles planicies de Europa Central hasta los
exuberantes márgenes del valle del Nilo en Egipto.[29] La noción de imperium sine
fine (imperio sin fin) manifestaba la ideología romana de que su imperio no estaba
limitado en el espacio y el tiempo.[30] La mayor parte de la expansión romana se
llevó a cabo durante la república, aunque algunos territorios del norte y centro de
Europa no fueron conquistados hasta el siglo I d. C., periodo que correspondió a la
consolidación del poder romano en las provincias.[31] Res gestae, un relato en
primera persona del emperador Augusto que narra su vida y, sobre todo, sus obras,
destaca el número de pueblos de las regiones del imperio.[32] La administración
imperial realizaba censos con frecuencia y mantenía registros geográficos
meticulosos.[33]

El Muro de Adriano en el norte de Inglaterra, dividió al Imperio romano de la


constante amenaza de los bárbaros, es el principal testigo superviviente de la
frontera del territorio y la política de consolidación.[34]
El imperio alcanzó su mayor extensión territorial durante el reinado de Trajano (r.
98-117),[35] correspondiente a una área de aproximadamente 5 millones de km² y
actualmente dividida por cuarenta países.[36] Tradicionalmente, se estimó que la
población durante este periodo llegó a ser entre cincuenta y cinco y sesenta
millones de habitantes,[29] lo que vendría siendo entre la sexta y cuarta parte de
la población mundial y el mayor número de habitantes de cualquier unidad política
de Occidente hasta mediados del siglo XIX.[37][38] Sin embargo, estudios más
recientes estimaron que la población pudo alcanzar entre los setenta y cien
millones de habitantes.[39] Cada una de las tres ciudades más grandes del imperio —
Roma, Alejandría y Antioquía— tenía el doble del tamaño de cualquier ciudad europea
hasta principios del siglo XVII.[40] Adriano, sucedor de Trajano, abandonó la
política expansionista y optó por una de consolidación del territorio, así que
defendió, fortificó y patrulló las regiones fronterizas.[41]

Idioma
Artículo principal: Lenguas del Imperio romano

Inscripción bilingüe en latín y en púnico en el teatro Leptis Magna situado en la


provincia de África. Si bien el latín es la lengua franca de los negocios y aquella
en la que se redactaron los documentos oficiales del imperio, convivió con una gran
diversidad de lenguas locales como el galo, el arameo y el copto.
Los idiomas de los romanos eran el latín, que Virgilio destacó como fuente de
unidad y tradición romana.[42] Aunque el latín fuera el idioma principal en los
tribunales y la administración pública del Imperio Occidental y del ejército de
todo el imperio, no se impuso oficialmente a los pueblos bajo el dominio romano.
[43] Al conquistar nuevos territorios, los romanos conservaron las tradiciones y
los idiomas locales e introdujeron gradualmente el latín a través de la
administración pública y los documentos oficiales.[44] Esta política contrasta con
la de Alejandro Magno, quien impuso el griego helenístico como idioma oficial de su
imperio.[45] Esto hizo que el griego antiguo se convirtiera en la lengua franca de
la mitad oriental del Imperio romano, en todo el Mediterráneo oriental y Asia
Menor.[46][47] En Occidente, el latín vulgar reemplazó gradualmente a las lenguas
celta e itálica, ambas con las mismas raíces indoeuropeas, lo que facilitó su
adopción.[48]

Aunque los emperadores julio-claudios alentaron el uso del latín en la realización


de asuntos oficiales en todo el imperio, el griego siguió siendo el idioma
literario entre la élite cultural romana y la mayoría de los gobernantes lo
hablaban con fluidez. Claudio intentó limitar el uso del griego, incluso revocando
la ciudadanía a quienes no sabían latín, aunque en el propio Senado había
embajadores nativos griegos.[49] En el Imperio de Oriente, las leyes y los
documentos oficiales se tradujeron regularmente del latín al griego.[50] El uso
simultáneo de ambos idiomas se puede ver en inscripciones bilingües compuestas por
los dos idiomas.[51][52] En 212, cuando se otorgó la ciudadanía a todos los hombres
libres del imperio, se esperaba que los ciudadanos que no sabían latín adquirieran
algunas nociones básicas del idioma.[53] A principios del siglo V, Justiniano I se
esforzó por promover el latín como lengua de derecho en Oriente, aunque perdió
gradualmente su influencia y existencia como lengua viva.[54]

La referencia constante a los intérpretes en la literatura y los documentos


oficiales indica la vulgaridad y prevalencia en el Imperio romano de un gran número
de idiomas locales. Los propios juristas romanos estaban preocupados por garantizar
que las leyes y los juramentos se tradujeran y entendieran correctamente en los
idiomas locales, como el púnico, el galo, el arameo o incluso el copto,
predominante en Egipto, o los idiomas germánicos, influyentes en las regiones del
Rin y el Danubio.[55] En algunas regiones, como en la provincia de África, el
púnico se utilizó en monedas e inscripciones en edificios públicos, algunos
bilingües junto al latín. Sin embargo, la hegemonía de este último entre las élites
y como idioma oficial de los documentos escritos comprometió la continuidad de
varios idiomas locales, ya que todas las culturas dentro del imperio eran
predominantemente de tradición oral.[56]

Ejército romano
Artículos principales: Ejército romano, Legión romana e Historia de la estructura
del ejército romano.

Recreadores como legionarios de la segunda mitad del siglo I.


El mando supremo del ejército correspondía al emperador. Fuera de Italia, en los
territorios provinciales, el mando correspondía al gobernador provincial (pero este
a su vez estaba supeditado al emperador que podía apartarlo cuando quisiera),
pudiendo también asumirlo temporalmente el emperador. El número de legiones osciló
en toda la época imperial, con un número máximo cercano a la treintena.

Las clases altas de caballeros y senadores fueron desapareciendo del ejército, de


modo que las legiones debían reclutarse entre los ciudadanos, primero en Italia y
después progresivamente en las provincias donde estaban acantonadas (destacaron los
mauros, los tracios y sobre todo los ilirios), de modo que desde Adriano el
reclutamiento se hizo casi exclusivamente en las provincias donde servía la legión,
y por fin se recurrió a mercenarios extranjeros (sobre todo germanos). Con la
entrada de los proletarios el ejército se profesionalizó, si bien estos soldados
tenían más facilidad para el motín y el saqueo. Los ascensos se ganaban por
méritos, por favores o por dinero. El tiempo de servicio fue aumentado
progresivamente y no eran excepcionales servicios de treinta o más años, tras lo
cual se conseguía un estipendio económico, la ciudadanía y privilegios como el
acceso a algunos cargos municipales.

La legión disponía de arsenales (armamentos) y de talleres de fabricación y


reparación. Los soldados recibían un sueldo, donativos imperiales en ocasión del
acceso al trono, las fiestas o los motines, regalos (stillaturae) y el botín de
guerra. La ración de alimentos diaria fue creciendo y se le proporcionaba trigo,
sal, vino, vinagre, carne fresca y carne salada.

Los campamentos se convirtieron en plazas fuertes. Disponían de murallas y


torreones y se dividían interiormente en cuatro partes marcadas por dos vías
perpendiculares. Contenían sala de baños, sala de reuniones, capillas, oficinas,
cárcel, hospital y almacenes. Los mercaderes, artistas, prostitutas y otros acudían
a sus alrededores y se establecían constituyéndose aglomeraciones urbanas, y
crecían los barrios exteriores para la población civil (canabae) con casas de
baños, anfiteatros y otros edificios públicos. Los terrenos próximos se utilizaban
como pastos para el ganado, que se arrendaban a los agricultores de la zona.

Estructura de la legión
Una típica legión romana (cuyo emblema era un águila plateada) consistía en diez
cohortes (con su respectivo estandarte) cada una de ellas con cinco o seis
centurias de ochenta hombres subdivididas en diez contubernios (unidad básica de
ocho legionarios que compartían tienda), contando pues cada legión cinco o seis mil
hombres de infantería, divididos en cincuenta o sesenta centurias. Contaba también
con las guerrillas regulares auxiliares y de caballería (alae) con ciento veinte
hombres de caballería.

El emperador y en su nombre el gobernador provincial designaban a los legatus


legionis, lugartenientes de la legión con funciones de pretor, y a sus asistentes
los tribunos militares y los centuriones.

Junto a los legados de la legión estaban los benefiaciarii (encargados de misiones


de confianza), los strato (escuderos), los comentarienses (archiveros), los
cornicularii (contadores) y los actuario (escribientes). Los tribunos militares se
dividían en laticlavii (afectos a la administración) y angusticlavii (misiones
propiamente militares). Los centuriones eran los oficiales básicos de infantería
(la centuria de 80 hombres) y de caballería (la turma de 30 hombres). Cada centuria
y turma tenía un suboficial llamado optio (equivalente a sargento), que también
ejercía funciones administrativas. Los decuriones eran suboficiales que en la
infantería mandaban una decuria (nueve hombres) y en la caballería de las unidades
auxiliares mandaba un escuadrón o turma (30 jinetes). Otros suboficiales eran el
tesserarius (equivalente a un sargento), el signifer o vexillarius
(portaestandartes), el aquilifer (el portador del águila legionaria), el
campiductor (instructor) y el pecunarius (furriel).

Las cohortes
Las cohortes se estructuraban en diez filas de 40 o 60 hileras que en tiempos de
Trajano se redujeron a cinco filas. Con Adriano surgió la cohorte familiar
(compuesta de 1200 soldados escogidos) mientras las restantes cohortes fueron
llamadas quingentaries y contaban 500 soldados.

Se estructuraron varias cohortes especializadas: las de infantería (peditata), la


de caballería o mixta (equitativa), la policial (togata), la de vigilancia
(excubitoria), la de guarnición en una ciudad (urbana), la encargada de apagar
incendios (Vigilio) y la encargada de la guardia y custodia imperial o de un
caudillo (Praetoriana ). Esta guardia personal del general en jefe fue habitual en
el Imperio. Existía el cuartel general (Guardia Pretoriana o guardia del general en
jefe) los miembros tenían más sueldo y estaban dispensados de los trabajos del
campamento, y que llegaron a ser los árbitros del Imperio.

Las centurias
Las centurias estaban al mando de centuriones (el centurión de más prestigio era el
primus pilus habitualmente el más veterano), por encima del cual había seis
tribunos de la legión de rango ecuestre, y el legatus de la legión, de rango
senatorial, que había sido anteriormente pretor (en las provincias donde solo había
una legión, el legatus de la provincia y el de la Legión era la misma persona).

Equipamiento
El equipamiento de los legionarios cambiaba sustancialmente dependiendo del rango.
Durante las campañas, los legionarios iban equipados con armadura (lorica
segmentata), escudo (scutum), casco (galae), una lanza pesada y una ligera (pilum),
una espada corta (gladius), una daga (pugio), un par de sandalias (caligae), una
sarcina (mochila de marcha), y comida y agua para dos semanas, equipo de cocina,
dos estacas (Sude murale) para la construcción de muros, y una pala o cesta.

Armada romana
Artículo principal: Armada romana

Trirreme romano representado en un mosaico.


La Armada romana (en latín classis, literalmente flota) comprendió las fuerzas
navales del antiguo Estado romano. A pesar de desempeñar un papel decisivo en la
expansión romana por el Mediterráneo, la armada nunca tuvo el prestigio de las
legiones romanas. A lo largo de su historia los romanos fueron un pueblo
esencialmente terrestre, y dejaron los temas náuticos en manos de pueblos más
familiarizados con ellos, como los griegos y los egipcios, para construir barcos y
mandarlos. Parcialmente debido a esto, la armada nunca fue totalmente abrazada por
el Estado romano, y se consideraba «no romana».[57] En la Antigüedad, las armadas y
las flotas comerciales no tenían la autonomía logística que en la actualidad. A
diferencia de las fuerzas navales modernas, la armada romana, incluso en su apogeo,
no existió de forma autónoma, sino que operó como un adjunto del Ejército romano.

En el transcurso de la primera guerra púnica la armada fue expandida masivamente y


jugó un papel vital en la victoria romana y en la ascensión de la República romana
a la hegemonía en el Mediterráneo. Durante la primera mitad del siglo II a. C. Roma
destruyó Cartago y subyugó los reinos helenísticos del este del Mediterráneo,
logrando el dominio completo de todas las orillas del mar interior, que ellos
llamaron Mare Nostrum. Las flotas romanas volvieron a tener un papel preponderante
en el siglo I a. C. en las guerras contras los piratas y en las guerras civiles que
provocaron la caída de la República, cuyas campañas se extendieron a lo largo del
Mediterráneo. En el 31 a. C. la batalla de Accio puso fin a las guerras civiles con
la victoria final de Augusto y el establecimiento del Imperio romano.

Durante el período imperial el Mediterráneo fue un pacífico «lago romano» por la


ausencia de un rival marítimo, y la armada quedó reducida mayormente a patrullaje y
tareas de transporte.[58]

Sin embargo, en las fronteras del Imperio, en las nuevas conquistas o, cada vez
más, en la defensa contra las invasiones bárbaras, las flotas romanas estuvieron
plenamente implicadas. El declive del Imperio en el siglo III d. C. se sintió en la
armada, que quedó reducida a la sombra de sí misma, tanto en tamaño como en
capacidad de combate. En las sucesivas oleadas de los pueblos bárbaros contra las
fronteras del Imperio la armada solo pudo desempeñar un papel secundario. A
comienzos del siglo v las fronteras del imperio fueron quebradas y pronto
aparecieron reinos bárbaros en las orillas del Mediterráneo occidental. Uno de
ellos, el pueblo vándalo, creó una flota propia y atacó las costas del
Mediterráneo, incluso llegó a saquear Roma, mientras las disminuidas flotas romanas
fueron incapaces de ofrecer resistencia. El Imperio romano de Occidente colapsó en
el siglo v y la posterior armada romana del duradero Imperio romano de Oriente es
llamada por los historiadores Armada bizantina.

Economía
Artículo principal: Economía en la Antigua Roma
Véanse también: Relaciones Imperio romano-China, Relaciones Imperio romano-India,
Ruta de la seda, Economía en la Hispania romana y Economía de la Galia romana.
1 aúreo de oro = 25 denarios
1 denario de plata = 4 sestercios
1 sestercio de latón = 4 ases
1 dupondius de bronce = 2 ases
1 as de bronce = 4 cuadrantes
La economía del Imperio se basaba en una red de economías regionales, en las que el
Estado intervenía y regulaba el comercio para asegurarse sus propios ingresos.[59]
La expansión territorial permitió que se reorganizara el uso de la tierra, lo que
condujo a la producción de excedentes agrícolas y una progresiva división del
trabajo, particularmente en el norte de África. Algunas ciudades se definían a sí
mismas como los principales centros regionales de una determinada industria o
actividad comercial. La escala de los edificios en las áreas urbanas indicaba una
industria de la construcción completamente desarrollada. Documentos en papiro
demuestran métodos de contabilidad complejos que sugieren elementos de racionalismo
económico en una economía altamente monetizada.[60] Durante los primeros siglos del
Imperio, las redes de carreteras y transporte se expandieron significativamente,
uniendo rápidamente las economías regionales. El crecimiento económico, aunque no
es comparable al de las economías modernas, fue superior al de la mayoría de
sociedades previas a la industrialización.[61]

Moneda y banca
La economía del Imperio se monetizaba universalmente. La normalización del dinero y
las formas de pago impulsó la integración comercial y económica en las provincias.
[62] Hasta el siglo IV, la unidad monetaria básica era el sestercio,[63] aunque al
comienzo de la dinastía severa también se usó el denario de plata, que valía cuatro
sestercios.[64] La moneda de circulación corriente de menor valor era el as de
bronce, que valía un cuarto de sestercio.[65] El lingote no se consideraba moneda y
se usaba solo en negocios en las regiones fronterizas. Los romanos de los siglos I
y II contaban las monedas en lugar de pesarlas, lo que indica que el valor se
atribuía según su valor fiduciario, y no el valor del metal.[66]

Roma no tenía banco central, por lo que la regulación del sistema bancario era
mínima. Las reservas de los bancos de la Antigüedad clásica eran en general
inferiores a los depósitos totales de los clientes. La mayoría de los bancos tenían
solo una sucursal, aunque algunos de los más grandes tenían hasta quince
sucursales.[66] Un banquero comercial llamado argentarius recibía y mantenía
depósitos por un tiempo indefinido o plazo fijo, haciendo también préstamos a
terceros.[67] Un individuo con deuda podía utilizarla como forma de pago,
transfiriéndola a otra parte y sin ningún cambio de dinero. El sistema bancario
estaba presente en todas las regiones y permitía cambiar grandes cantidades de
dinero en cualquier lugar sin necesidad de transferencias físicas de moneda, lo que
reducía el riesgo asociado al transporte. Se tiene conocimiento de al menos una
crisis crediticia en el Imperio, ocurrida en el año 33, durante la cual el gobierno
central intervino en el mercado con un rescate financiero (mensae) de 100 millones
de sestercios.[66]

El gobierno no pidió dinero prestado: en ausencia de deuda pública, el déficit tuvo


que ser financiado con reservas monetarias.[68] Durante la crisis del siglo III, la
disminución del comercio de larga distancia, la interrupción de la minería y la
transferencia de valores al exterior por parte de los invasores redujeron
significativamente el dinero en circulación.[69][66] Los emperadores de las
dinastías antonina y severa devaluaron drásticamente la moneda, particularmente el
denario, debido a la presión con el pago a los militares.[70] La repentina
inflación durante el reinado de Comodo (r. 180-192) puso en riesgo el mercado
crediticio. Aunque la moneda romana siempre tuvo un valor fiduciario, durante el
reinado de Aureliano (r. 270-275) la crisis económica alcanzó su punto máximo,
provocando que los banqueros perdieran la confianza en el dinero emitido por el
gobierno central. Diocleciano (r. 286-305) implementó varias reformas monetarias e
introdujo el sólido de oro, pero el mercado crediticio nunca recuperó su fuerza
anterior.[66]

Transporte y comunicaciones
Artículo principal: Calzada romana

Calzada romana en la entrada de la ciudad de Gerasa.


Los romanos favorecían el transporte de mercancías por mar o río, ya que el
transporte por tierra era más difícil.[71]. Los veleros romanos navegaban no solo
por el Mediterráneo (Mare Nostrum), sino también por todos los principales ríos del
imperio, incluido el Guadalquivir, el Ebro, el Ródano, el Rin, el Tíber y el Nilo.
[72]

El transporte terrestre hizo uso de una compleja y avanzada red de calzada romana.
Los impuestos en especie pagados por las comunidades locales requerían viajes
frecuentes de funcionarios administrativos, animales y vehículos de curso público
(Cursus publicus, el sistema estatal de correos y transporte implementado por
Augusto).[73] La primera vía , la Vía Apia, fue creada en el 312 a. C. por Apio
Claudio el Ciego, para unir Roma con la ciudad de Capua.[74] A medida que el
imperio se expandía, la administración adaptó el mismo esquema en provincias. En su
apogeo, la red de carreteras romanas tenía hasta 400 000 km de carreteras, 80 500
de las cuales estaban pavimentadas.[75][76]

Cada siete o doce millas romanas había una mansio, una estación de servicio para
los funcionarios públicos mantenida por el Estado. Entre los empleados de estos
puestos se encontraban choferes, secretarias, herreros, veterinarios y algunos
militares. La distancia entre las mansiones se determinaba por la distancia que
podía recorrer un carro en el transcurso de un día y algunas podían crecer hasta
convertirse en pequeñas ciudades o almacenes comerciales.[77] Además de las
mansiones, algunas tabernas ofrecían alojamiento, alimentación animal y, en algún
momento, servicios de prostitución.[78] Los animales de transporte más comunes eran
las mulas, que viajaban a una velocidad de cuatro millas por hora.[79] Para tener
una idea del tiempo de comunicación, un mensajero necesitaba nueve días para viaje
entre Roma y Mogontiacum, en la provincia de Germania Superior.[80] Los caminos
estaban marcados por miliarios colocados en intervalos de unos mil pasos (1480
metros).[81]

Sociedad

Banquete entre generaciones, representado en una pintura mural de Pompeya, siglo I,


hoy en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.
El Imperio romano era una sociedad multicultural, con una sorprendente capacidad de
cohesión capaz de crear un sentido de identidad común asimilando a los pueblos más
diversos.[82] La preocupación romana por la creación de monumentos y espacios
comunitarios abiertos al público, como foros, anfiteatros, circos o balnearios,
ayudó a establecer el sentimiento de «romanidad» común.[83] Si bien la sociedad
romana poseía un complejo sistema de jerarquías, este es difícilmente compatible
con el concepto moderno de «clase social».[84]

Las dos décadas de guerra civil previas al gobierno de Augusto dejaron a la


sociedad romana tradicional en un estado de confusión y conmoción.[85] Sin embargo,
la dilución de la rígida jerarquía de la república condujo a una creciente
movilidad social entre los romanos,[86][87] tanto hacia arriba como hacia abajo, y
más expresiva que en cualquier otra sociedad antigua documentada.[88] Las mujeres y
los esclavos tuvieron oportunidades que antes les estaban prohibidas.[89] La vida
en sociedad en el Imperio, particularmente para aquellos con recursos limitados,
fue impulsada aún más por la proliferación de asociaciones voluntarias y
hermandades (collegia y sodalitates) formadas para diversos fines: gremios
profesionales y comerciales, grupos de veteranos, asociaciones religiosas,
gastronómicas clubes[90] y compañías artísticas.[91] En el gobierno de Nerón no era
raro que un esclavo fuera más rico que un ciudadano nacido libre, o un équite más
influyente que un senador.[92]

Ciudadanía
Según el jurista Gayo, la principal distinción entre personas en el derecho romano
era entre ciudadanos libres (liberi) y esclavos (servi).[93] El estatus legal de
los ciudadanos libres aún podría especificarse según su ciudadanía. Durante el
comienzo del imperio, solo un número limitado de hombres tenían pleno derecho a la
ciudadanía romana, lo que les permitía votar, presentarse a las elecciones y ser
ordenados sacerdotes. La mayoría de los ciudadanos tenían solo derechos limitados,
pero tenían derecho a protección legal y otros privilegios que estaban prohibidos a
quienes no tenían la ciudadanía. Los hombres libres que vivían dentro del imperio,
pero que no eran considerados ciudadanos, tenían la condición de peregrinus,
quienes eran considerados como «no-romanos».[94] En el año 212, mediante el Edicto
de Caracalla, el emperador extendió el derecho de ciudadanía a todos los habitantes
del imperio, revocando todas las leyes que distinguían a los ciudadanos de los no-
ciudadanos.[95]

Esclavos

Mosaico de Duogga, Túnez ( siglo II ). Los dos esclavos que llevan jarras de vino
lucen la ropa común entre los esclavos y llevan un amuleto contra el mal de ojo
alrededor del cuello.
En la época de Augusto, alrededor del 35% de los residentes en Italia[96] eran
esclavos.[97] La esclavitud era una institución compleja y económicamente útil que
sustentaba la estructura social romana, puesto que la industria y agricultura
dependían de ella.[98] En las ciudades, los esclavos podían ejercer diversas
profesiones, incluidos maestros, médicos, cocineros y contables, aunque la mayoría
realizaba solo tareas poco calificadas. Fuera de Italia, los esclavos constituían
en promedio entre el 10 y el 20% de la población.[99] Aunque la esclavitud
disminuyó en los siglos III y IV, siguió siendo una parte integral de la sociedad
romana hasta el siglo V, desapareciendo gradualmente durante los siglos VI y VII.
Esto ocurrió en paralelo al declive de los centros urbanos y la desintegración del
complejo sistema económico.[100]

La esclavitud romana no se basó en la discriminación racial.[101][102] Durante la


expansión republicana, período en el que se generalizó la esclavitud, la principal
fuente de esclavos fueron los prisioneros de guerra de las más diversas etnias. La
conquista de Grecia trajo a Roma un gran número de esclavos extremadamente
calificados y educados. Los esclavos también podrían venderse en los mercados y,
ocasionalmente, por piratas. Entre otras fuentes de esclavos se encontraban el
abandono de niños y la autoesclavitud entre los más pobres.[103] Los vernas
(vernae) eran esclavos nacidos de una madre esclava que nacieron y se criaron en la
casa de sus dueños. Si bien no contaban con ninguna protección jurídica particular,
el propietario que maltrataba o no cuidaba su propiedad era mal visto por la
sociedad, ya que eran considerados parte de su familia, pudiendo incluso ser hijos
de los hombres libres de la familia.[104][105][106]

La legislación sobre esclavitud es bastante compleja.[107] Según el derecho romano,


los esclavos se consideraban propiedad y no tenían personalidad jurídica. Un
esclavo puede ser sometido a formas de castigo corporal prohibidas a los
ciudadanos, como la explotación sexual, tortura y ejecución. En términos legales,
un esclavo no puede «ser violado», ya que la violación solo puede ejercerse sobre
personas libres; el violador de un esclavo tendría que ser acusado por el
propietario por daños materiales.[108][109] Los esclavos no tenían derecho a
casarse, aunque a veces se reconocían las uniones y podían casarse si ambos eran
liberados.[110] Técnicamente, un esclavo no podía poseer propiedades,[111] aunque
un esclavo que realizaba negocios podía tener acceso a un fondo o cuenta individual
(peculium), del que podía disponer libremente. Los términos de este variaron según
la relación de confianza entre el dueño y el esclavo. Un esclavo con aptitud para
los negocios podría tener una autonomía considerable para administrar empresas y
otros esclavos.[112] Dentro de una residencia o taller, era común tener una
jerarquía entre los esclavos, con uno de estos liderando al resto.[113] Los
esclavos exitosos podían acumular suficiente dinero para comprar su libertad o ser
liberados por los servicios prestados. La manumisión (liberación de esclavos) se
hizo tan frecuente que, en el siglo II a. C., una ley limitaba el número de
esclavos que un propietario podía liberar.[114]

A raíz de las Guerras serviles (131-71 a. C.), la legislación intentó disminuir la


amenaza de rebeliones de esclavos limitando el tamaño de los grupos de trabajo y
hostigando a los fugitivos.[115] A lo largo de los siglos, los esclavos ganaron una
protección legal cada vez mayor, incluido el derecho a presentar cargos contra sus
amos. Un contrato de compra podía evitar la prestación de un esclavo, ya que la
mayoría de prostitutos y prostitutas eran esclavos.[116] El crecimiento de la trata
de esclavos eunucos a finales del siglo I promovió una legislación que prohibía la
castración de un esclavo contra su voluntad.[117]

Libertos
A diferencia de las polis griegas, Roma permitió que los esclavos liberados se
convirtieran en ciudadanos, incluso teniendo derecho al voto.[118] Un esclavo que
obtuvo libertas fue llamado liberto (libertus; «persona liberada») en relación con
su antiguo amo, quien luego se convirtió en su patrón (patronus). Sin embargo, las
dos partes continuaron teniendo obligaciones legales entre sí. La clase social de
los libertos fue conocida como «libertinos» (libertini), aunque más tarde los
términos liberto y libertino (libertinus) se usaron indistintamente.[119] Un
libertino no podía ocupar cargos en la administración pública o en el sacerdocio
estatal, aunque podía ejercer el sacerdocio en el culto imperial. Un liberto
tampoco podía casarse con una mujer de una familia de la orden senatorial ni formar
parte de esta, aunque durante el inicio del imperio los libertos ocuparon
importantes puestos de la administración.[120]

Órdenes

La élite de la sociedad romana estaba formada por dos órdenes aristocráticas: los
patricios (imagen) y los équites. Para ejercer cargos políticos y administrativos
era necesario pertenecer a una orden.
En el contexto del Imperio Romano, una orden (ordo; plural ordine ) significa una
clase aristocrática. Uno de los propósitos de los censos era determinar la orden a
la que pertenecía una persona en particular. En Roma, las dos órdenes con el
estatus más alto eran la orden senatorial (ordo senatorius) y la orden ecuestre
(ordo equester). Fuera de Roma, los decuriones (ordo decurionum) representaban a la
aristocracia local. El cargo de «senador» no era un cargo electivo. Un ciudadano
fue admitido en el Senado después de haber sido elegido y de haber servido durante
al menos un período como magistrado. Un senador también debe tener una riqueza de
al menos un millón de sestercios.[121][122] No todos los hombres que cumplían los
criterios de la orden senatorial aceptaron un escaño en el Senado, que requería
domicilio en Roma. Dado que el Senado constaba de 600 escaños, los emperadores
solían ocupar los escaños vacantes mediante designación directa.[123] El hijo de un
senador pertenecía legítimamente a la orden del Senado, aunque tenía que calificar
por sus propios méritos para ser admitido en el Senado. Los senadores podrían ser
expulsados por violar las reglas de conducta moral; por ejemplo, no podían casarse
con una mujer liberta o luchar en la arena.[124] En la época de Nerón, los
senadores procedían principalmente de Roma y otras partes de Italia, con otros
grupos provenientes de la península ibérica y el sur de Francia. Durante el
gobierno de Vespasiano, comenzaron a sumarse senadores de las provincias
orientales.[125] Durante la dinastía severa, los itálicos ya eran menos de la mitad
del senado.[126]

El cargo de senador romano era el cargo de máximo cargo y era considerado como la
culminación del curso político (cursus publicus). Sin embargo, los miembros de la
orden ecuestre en muchos casos tenían mayor riqueza y poder. La admisión a la orden
tenía como criterio la riqueza y las posesiones de una persona, que calificaba
mediante una valoración censal de 400 000 sestercios y al menos tres generaciones
de nacimientos libres.[127] Los eques progresaron a lo largo de una carrera militar
(tres militiae) con el objetivo de convertirse en prefectos y fiscales de la
administración imperial.[128][129]

La integración en las órdenes de hombres de provincias revela la movilidad social


que existió durante el imperio temprano. La aristocracia romana se basaba en la
competencia y, a diferencia de la posterior nobleza europea, una familia romana no
podía mantener su estatus solo a través de la herencia de títulos o tierras.[130]
[131] La admisión a las órdenes superiores trajo consigo no solo privilegios y
prestigio, sino también una serie de responsabilidades. Mantener el estatuto
requería grandes gastos personales, puesto que la financiación de obras públicas,
eventos y servicios en las ciudades romanas dependía de sus ciudadanos más
destacados y no de los impuestos recaudados, que estaban destinados principalmente
a financiar el ejército.[132]

Mujeres

La mujer romana era bastante independiente en comparación con otras culturas de la


Antigüedad, teniendo derecho a poseer y administrar propiedades sin subordinación
legal a su marido.
Durante la República y el Imperio, las mujeres romanas libres eran consideradas
ciudadanas y, si bien no existía el sufragio femenino, estas lograron ocupar cargos
políticos e incluso servir en el ejército.[133][134] La mujer romana mantenía el
apellido de soltera durante toda su vida. La mayoría de las veces, los niños
optaron por recibir el apellido del padre, aunque en la época imperial también
pudieron mantener el de la madre.[135] Las mujeres romanas podían poseer
propiedades, celebrar contratos y hacer negocios, incluida la fabricación, el
transporte y los préstamos bancarios.[136][137] Era común que las mujeres
financiaran obras públicas, lo que indica que muchas de ellas poseían o
administraban fortunas considerables.[138] Las mujeres tenían los mismos derechos
que los hombres con respecto a la herencia sin testamento del padre.[139][140][141]
El derecho a poseer y administrar propiedades, incluidos los términos de su propia
voluntad, proporcionó a las mujeres romanas una enorme influencia sobre sus hijos,
incluso en la edad adulta.[142]

Matrimonio
Artículo principal: Matrimonio en la Antigua Roma
La forma arcaica del matrimonio cum manum, por el cual la mujer estaba sujeta a la
autoridad de su marido, cayó en desuso durante el período imperial. Una mujer
romana casada siguió siendo dueña de los bienes que llevaba a la boda.
Técnicamente, incluso después de mudarse a la residencia de su esposo, ella todavía
estaba bajo la autoridad de su padre, y solo cuando el padre moría se emancipaba en
términos legales.[143] Este principio demuestra el grado relativo de independencia
de la mujer romana en comparación con otras culturas de la Antigüedad y hasta la
época moderna.[144] Aunque la mujer romana tuvo que responder ante su padre en
asuntos legales, ella era libre de manejar la vida cotidiana y su esposo no tenía
poder legal sobre ella.[145][146] Aunque era una cuestión de orgullo social haberse
casado una sola vez, el estigma social con respecto al divorcio o al nuevo
matrimonio era prácticamente inexistente.[147]

Religión
Artículo principal: Religión en la Antigua Roma

Panteón de Agripa, templo de todos los dioses, en Roma


Después de la crisis republicana y la transición al imperio, la religión del estado
se adaptó para apoyar al nuevo régimen. Augusto implementó un vasto programa de
avivamiento y reformas religiosas. Los votos públicos, que antes pedían a las
divinidades la seguridad de la república, ahora tenían como objetivo el bienestar
del emperador. El culto a la personalidad vulgarizó las prácticas de veneración de
los antepasados y el genio, la divinidad tutelar de cada individuo. Era posible que
el propio emperador se convirtiera en una deidad estatal mientras aún estaba vivo a
través de una votación en el Senado. El culto imperial, influenciado por la
religión helenística, se convirtió en una de las principales formas de que Roma
anunciara su presencia en las provincias, cultivando la lealtad y compartiendo la
misma identidad cultural en todo el imperio.[148]

La religión romana

Fresco de Venus y Marte en Pompeya. Los romanos prestaban culto a un gran número de
divindades, asimilando también los cultos de los territorios conquistados
La religión en Roma Antigua engloba no solo las prácticas y creencias que los
romanos veían como suyas, pero también los diversos cultos importados para Roma y
los cultos practicados en las provincias. Los romanos se veían a sí mismos como
profundamente religiosos, atribuyendo su prosperidad económica y militar a la buena
relación con los dioses (pax deorum). La religión arcaica que se cree haber sido
instituida por los primeros reyes de Roma ofertó los fundamentos del me los
maiorum, o «tradición», el código social basilar en la identidad romana.[149] No
existía la separación Iglesia-Estado, por lo que los puestos religiones en el
Estado eran llenados por las mismas personas que ocupaban lugares en la
administración pública. Durante el periodo imperial, el pontífice máximo era el
propio emperador.[149]

La religión romana era práctica y contractual, basada en el principio del do ut des


(«te doy aquello que puedas ofertar»). La religión tenía como principios el
conocimiento y la práctica correcta de la oración, de los rituales y del
sacrificio, y no la de la fe o el dogma. Para el ciudadano común, la religión era
parte del cotidiano.[150] La mayoría de las residencias poseía un altar doméstico
en el cual se realizaba la oración y la libación. Las ciudades eran decoradas por
altares de barrio y locales considerados sagrados, como manantiales de agua y
cuevas, y era común que la gente hiciera un voto u ofreciera alguna fruta cuando
pasaban por un lugar de culto.[151][152] El calendario romano era organizado en
función de las conmemoraciones religiosas. Durante el periodo imperial, había 135
días del año dedicados la festividades religiosas y juegos (ludi).[150]

Una de las principales características de la religión romana fue el gran número de


divinidades adoradas[153][154] y la reverencia paralela de las deidades romanas con
las deidades locales.[150] La política de conquista romana consistió en la
asimilación de divinidades y cultos de los pueblos conquistados, y no en su
erradicación.[155] Roma promovió la estabilidad entre diferentes pueblos apoyando
diferentes herencias religiosas, construyendo templos para deidades locales que
enmarcaban las prácticas indígenas en la jerarquía de la religión romana.[156][157]
[158] En el apogeo del imperio, las deidades internacionales eran adoradas en Roma,
cuyo culto se había extendido a las provincias más remotas, entre ellas Cibeles,
Isis, Epona y los dioses del monismo solar, como Mitra y Sol invicto.[159]

Las religiones mistéricas, que ofrecían a los iniciados la salvación después de la


muerte, se practicaban de manera complementaria a los rituales familiares y la
participación en la religión pública. Sin embargo, los misterios involucraban el
secreto y los juramentos exclusivos, que los conservadores romanos veían con
sospecha y como elementos característicos de la magia, la conspiración y la
actividad subversiva. Se hicieron varios intentos para reprimir sectas que parecían
amenazar la unidad y la moral tradicionales, algunas de ellas de manera violenta.
En Galia, se hicieron varios intentos para controlar el poder de los druidas,
inicialmente prohibiendo a los ciudadanos romanos pertenecer a la orden y luego
prohibiendo completamente el druidismo. Sin embargo, las propias tradiciones celtas
fueron reinterpretadas en el contexto de la teología imperial, dando lugar a la
cultura galorromana.[160]

Monismo solar
A medida que el Imperio decaía, las religiones mistéricas fueron ganando fuerza
mientras que las tradicionales fueron decayendo. De entre las nuevas religiones
surgió el Mitraísmo, que fue ganando peso en el estamento militar hasta
introducirse en la corte de mano de los soldados-emperadores como Aureliano; a esto
hay que añadir que desde la propia religión tradicional romana y por mano de
filósofos como los neoplatónicos (como Plotino), la idea monoteísta fue ganando
fuerza, viéndose al Sol (similar a lo sucedido en tiempos de Akenatón) como el ser
o poder original del que provenían el resto de dioses, siendo estos avatares del
primero. Este proceso de sincretización permitió una transición natural al
cristianismo, contraria a la creencia impopular de su imposición por la fuerza.
[161]

Cristianización

Esta estela funeraria del siglo III se encuentra entre las inscripciones cristianas
más antiguas, escritas simultáneamente en griego y latín. La abreviatura «DM» en la
parte superior se refiere a los Di Manes, los tradicionales espíritus romanos de la
muerte, pero va también acompañada del símbolo cristiano.
El rigor monoteísta del judaísmo planteó dificultades a la política de tolerancia
religiosa romana. Cuando los conflictos políticos y religiosos se volvieron
irreconciliables, surgieron varias revueltas entre judíos y romanos. El sitio de
Jerusalén en el año 70 fue la causa del saqueo del templo de la ciudad y de la
dispersión del poder político judío.[162] El cristianismo surgió en la provincia de
Judea en el siglo II como una secta religiosa judía, con el papa Lino en el año 76
jugando un papel importante en ese período.[163] religión se expandió gradualmente
a Jerusalén, inicialmente estableciendo importantes centros en Antioquía y
Alejandría, y desde allí por todo el imperio. Las persecuciones oficiales fueron
escasas y esporádicas y la mayoría de los martirios se produjeron por iniciativa de
las autoridades locales.[164][165][166][167][168][169]

A principios del siglo IV, Constantino I con el edicto de Milán legalizó el


cristianismo, bautizándose poco antes de morir, convirtiéndose en el primer
emperador cristiano, marcando el comienzo de una era de hegemonía cristiana. El
emperador Juliano hizo un breve intento de revivir la religión tradicional a su
manera, pero esto fue efímero. En el año 391, Teodosio I el Grande convirtió al
cristianismo en la religión estatal del Imperio romano, excluyendo permanentemente
a todas las demás. A partir del siglo II en adelante, los Padres de la Iglesia
comenzaron a condenar las prácticas religiosas restantes, llamándolas
colectivamente «paganas».[170] Al mismo tiempo, los llamamientos a la tolerancia
religiosa por parte de los tradicionalistas fueron rechazados y el monoteísmo
cristiano se convirtió en una de las características del gobierno imperial. Todos
los herejes y los no cristianos podían ser perseguidos o excluidos de la vida
pública. Sin embargo, las prácticas cristianas han sido influenciadas por gran
parte de la jerarquía religiosa romana y por muchos aspectos de los rituales
romanos, y muchas de estas prácticas aún sobreviven a través de las fiestas y
tradiciones cristianas locales.[171][172]

Cultura
La red de ciudades a lo largo del territorio imperial (colonias, municipios, o
polis) fue un elemento de cohesión que fomentó la Pax Romana.[173] Los romanos del
Imperio temprano fueron alentados por la propaganda imperial a respetar y disfrutar
de los valores del tiempo de paz.[174] Incluso el polemista Tertuliano declaró que
el sigloII fue más ordenado y culto que en épocas anteriores: «En todas partes hay
casas, en todas partes hay gente, en todas partes hay res publica, causa del
pueblo, hay vida en todas partes».[175] Muchas de las características asociadas a
la cultura imperial, como el culto público, los juegos y festividades, los
concursos de artistas, oradores y deportistas, así como la gran mayoría de obras de
arte y edificios públicos, fueron financiados por particulares, cuyos gastos del
beneficio de la comunidad ayudó a justificar su poder económico y privilegios
legales y provinciales.[176] El declive de las ciudades y la vida cívica en el
siglo IV, cuando las clases pudientes ya no podían financiar la obra pública, fue
uno de los signos de la inminente disolución del imperio.[177]

La vida en las ciudades

Las ciudades estaban equipadas con diversas infraestructuras, como acueductos,


baños públicos (letrinas, en la imagen) y redes de alcantarillado.

En las ciudades, la mayoría de la población vivía en insulas (insulae), edificios


de apartamentos de varios pisos. En las calles concurridas, la planta baja podría
tener tiendas frente a la calle (en la imagen: insulas en Ostia).
En la Antigüedad clásica, las ciudades se consideraban territorios que fomentaban
la civilización si estaban debidamente diseñadas, ordenadas y adornadas.[174] La
planificación de las ciudades romanas y el estilo de vida urbano fueron
influenciados por la civilización griega de períodos anteriores.[178] En la parte
oriental del imperio, el dominio romano aceleró el desarrollo de ciudades que ya
tenían un marcado carácter helenístico. Algunas ciudades, como Atenas, Afrodisias,
Éfeso y Gerasa, modificaron algunos aspectos de la arquitectura y la planificación
urbana de acuerdo con los cánones imperiales, al tiempo que expresaron su identidad
individual y prominencia regional.[179][180] En las partes más occidentales del
imperio, habitadas por personas de lenguas celtas, Roma fomentó el desarrollo de
centros urbanos planificados, equipados con templos, foros, fuentes monumentales y
anfiteatros. Estas nuevas ciudades a menudo se diseñaron en las cercanías o en el
sitio de asentamientos amurallados (opidos) preexistentes.[181][182] La
urbanización en el norte de África ha expandido las ciudades griegas y púnicas a lo
largo de la costa.[181]

Augusto llevó a cabo un vasto programa de construcción en Roma que sirvió de modelo
para el resto de las ciudades del imperio, financiando obras de arte públicas que
expresaban la nueva ideología imperial y reorganizando la ciudad en barrios
(vicos ; vici) administrados a nivel local, con servicio de policía y bomberos.
[183] Uno de los focos de la arquitectura monumental fue el Campo de Marte, un
espacio descubierto en los alrededores del centro que anteriormente estaba
destinado a la práctica de deportes ecuestres y ejercicio físico para jóvenes. Allí
se construyeron el Altar de la Paz (Ara Pacis) y el obelisco de Montecitorio,
importados de Egipto, que formaban el puntero (gnomon) de un monumental reloj de
sol. Dotado de jardines públicos, el Campo de Marte se ha convertido en uno de los
principales atractivos de Roma.[184]

Los romanos fueron pioneros en la ingeniería y construcción de sofisticadas


infraestructuras como fontanería, acueductos, carreteras y puentes.[185] Las obras
se extendieron por todo el imperio, lo que fue posible en gran parte gracias a la
extensa red de carreteras. Además del saneamiento ambiental, las infraestructuras
incluyeron equipamientos como balnearios, foros, teatros, anfiteatros y monumentos.
[186][187] Los acueductos construidos en todo el imperio suministraban agua potable
a granjas y ciudades. El caudal fue generalmente con superficie libre, presentando
una pendiente mínima para que el agua pudiera fluir, y fueron construidos en
mampostería. El cruce de valles se realizó sobre estructuras en arcada. Además de
esto, contaron con la ayuda de bombas hidráulicas. Las aguas residuales se
recogieron en una sofisticada red de alcantarillado, un ejemplo de lo cual es el
Alcantarillado Máximo en Roma, una de las redes de alcantarillado más antiguas del
mundo,[188] construida en Roma a finales del siglo VI a. C., iniciada por Tarquínio
Prisco,[189] que aprovechó la experiencia desarrollada por ingeniería etrusca para
drenar las aguas residuales en el río Tíber. El funcionamiento de la cloaca Máxima
y otras redes de alcantarillado romanas, como la de Eboraco (actual York,
Inglaterra) continuó durante bastante tiempo tras la caída del Imperio romano.[190]

Viviendas
Reconstitución del interior de una domus en Pompeya. Los domus eran el hogar de
familias adineradas, a menudo con interiores profusamente decorados
En la ciudad de Roma, la mayor parte de la población residía en edificios de
apartamentos de varios pisos (insulas), que ofrecían muy poca seguridad contra
incendios. Las instalaciones públicas, como los baños termales, las instalaciones
sanitarias (latrinae) y las fuentes de agua potable,[191] así como el
entretenimiento de masas, estaban destinadas principalmente a la gente corriente
que vivía en la ínsula.[186]

Las familias ricas en Roma generalmente poseían dos o más viviendas: una vivienda
urbana (domus) y al menos una casa de campo (vila) en la provincia. Domus era una
casa unifamiliar privada que podía incluir spa privados.[192] Aunque en algunos de
los barrios de Roma había una gran concentración de viviendas adineradas, las
clases altas no vivían en enclaves segregados y querían que sus hogares fueran
visibles y accesibles para la población. El atrio era el espacio de recepción, en
el que el cabeza de familia (pater familias) recibía clientes y visitas cada
mañana, desde amigos igualmente ricos hasta dependientes necesitados que recibían
limosna.[193] También fue escenario de rituales religiosos familiares, en los que
estaban presentes imágenes de sus antepasados y lares.[194] Las viviendas urbanas
se ubicaban generalmente en vías públicas muy transitadas, por lo que la planta
baja que daba a la calle a menudo se alquilaba a tiendas (tabernas; tabernae).[195]
Además de un pequeño huerto, las domus generalmente tenían un jardín formal
enmarcado por un peristilo.[196][197]

Por otro lado, el pueblo correspondía a una evasión del bullicio urbano, retratado
en la literatura como símbolo de un estilo de vida que equilibra el aprecio por el
arte y la cultura con el aprecio por la naturaleza y el ciclo agrícola.[198] Las
aldeas estaban ubicadas generalmente en centros de producción agrícola o en
regiones balnearias a lo largo de la costa. Idealmente, tendrían una vista sobre la
región circundante, cuidadosamente enmarcada por el diseño arquitectónico.[199] El
interior de las viviendas a menudo estaba decorado con pinturas de jardines,
fuentes, paisajes, motivos vegetales,[199] y animales, en particular aves y
especies marinas, que fueron retratados con tal precisión que los arqueólogos
contemporáneos a veces logran identificar las especies.[200]

Aguas termales

Las termas romanas fueron calentadas por un hipocausto, un sistema en el que el


aire caliente circulaba entre pilares, calentando la piscina de arriba.
Los baños públicos tenían una función higiénica, social y cultural. Los baños
públicos eran el centro de la socialización diaria después de la jornada laboral,
por la noche antes de la cena, y estaban abiertos tanto para hombres como para
mujeres.[201] La tradición termal está relacionada con el culto de la diosa griega
Hygia (o Salus, su equivalente romano) y Panacea, hijas de Esculapio, diosas de la
salud y la limpieza, y con las recomendaciones de la medicina hipocrática. Los
baños romanos más antiguos que se conocen datan del siglo V a. C. en Delos y
Olímpia, aunque los más conocidos son las termas de Caracalla. El desarrollo de
acueductos permitió la construcción generalizada en todo el territorio imperial de
balnearios termales, grandes complejos termales públicos, y balnearios, pequeños
balnearios, públicos o privados.[202]

Las termas romanas contaban con servicios que aseguraban la higiene corporal y la
hidroterapia.[203] Las diferentes salas ofrecían baños comunitarios a tres
temperaturas diferentes, que podían complementarse con diferentes servicios, como
salas de ejercicios y entrenamiento, saunas, spas de exfoliación (en el que se
masajeaba la piel con aceites y se usaba un strigil), área de juegos o una piscina
al aire libre. Los baños termales se calentaron por hipocausto, el suelo se basó en
conductos por los que circulaba aire caliente.[204] Aunque algunos balnearios
ofrecían instalaciones segregadas para hombres y mujeres, el baño desnudo mixto
entre los sexos era relativamente común. Los baños públicos formaron parte de la
cultura urbana en todas las provincias, aunque a partir de finales del IV, los
baños comunitarios comenzaron a dar paso a los baños privados.[205] Se aconsejó a
los cristianos que asistieran a los baños por razones de higiene y salud, y no por
placer,[206] aunque también se les aconsejó no asistir a los juegos públicos, que
formaban parte de las fiestas religiosas que consideraban «paganas».[207]

Educación
Artículo principal: Educación en la Antigua Roma

Una maestra con dos alumnos y un tercero, de pie, sosteniendo una flor de loto, una
maleta en la que se guardaban los bolígrafos, un tintero y una esponja para
corregir errores.[208]
La educación romana tradicional era moral y práctica. Las historias enfocadas en
grandes personalidades tenían la intención de inculcar en los jóvenes los valores
romanos (mores maiorum). Se esperaba que los padres y la familia actuaran como
modelo de comportamiento y que los padres con una profesión transmitieran este
conocimiento a sus hijos, que luego podrían convertirse en aprendices.[209] Las
élites urbanas de todo el imperio compartían una cultura literaria imbuida de los
ideales educativos griegos (paideia).[210] Muchas ciudades griegas financiaron
escuelas superiores y, además de alfabetización y aritmética, el plan de estudios
también incluía música y deportes.[211] Atenas, donde yacían las escuelas de
retórica y filosofía más renombradas del imperio, fue el destino de muchos jóvenes
romanos.[212] Por regla general, todas las hijas de miembros de órdenes ecuestres y
senatoriales recibían instrucción.[213] El nivel de calificación variaba, desde
aristócratas educados hasta mujeres capacitadas para ser calígrafas o escribas.
[214][215] La poesía augustiniana alaba el ideal de la mujer culta, independiente y
versada en el arte,[216] y una mujer con altas calificaciones representaba un
activo para cualquier familia que tuviera ambiciones sociales.[217]

Enseñanza
La educación formal era accesible solo para las familias que podían pagarla.[218]
[219] Los niños más privilegiados podían tomar clases en casa con un tutor privado.
[220] Los niños más pequeños eran enseñados por un pedagogo, generalmente un
esclavo o ex esclavo griego.[221] El pedagogo era responsable de la seguridad de
los niños, les enseñaba autodisciplina y nociones de comportamiento en público y
les impartía clases de lectura, escritura y aritmética.[222][223] Los niños
restantes asistieron a una escuela privada dirigida por un maestro (ludi magister),
financiada a través de mensualidades de los distintos padres.[224] El número de
escuelas aumentó gradualmente durante el imperio, creando más y mejores
oportunidades educativas.[219] Las clases podrían celebrarse regularmente en su
propio espacio alquilado o en cualquier espacio público disponible, incluso en el
extranjero. Se impartía educación primaria a niños de entre 7 y 12 años y las
clases no estaban separadas por años ni sexos.[225]

A la edad de 14 años, los hombres de las clases más adineradas realizaban el ritual
de paso a la edad adulta. A partir de esa edad, comienzan a recibir formación para
llegar a ocupar un posible cargo de liderazgo político, religioso o militar,
formación que suele ser impartida por un miembro mayor o amigo de la familia.[212]
[226] La educación secundaria fue impartida por gramáticos (grammatici) o rectores
(retórica).[227] Los gramáticos enseñaron principalmente literatura griega y
latina, complementada con lecciones de historia, geografía, filosofía y
matemáticas.[228] Después del reinado de Augusto, los autores latinos también se
convirtieron en parte del plan de estudios.[229] El rector era profesor de oratoria
y retórica. El arte de «hablar bien» (ars dicendi) era muy valorado como indicador
de superioridad social e intelectual, y la elocuencia (eloquentia) se consideraba
el elemento agregador de cualquier sociedad civilizada.[230] La educación superior
brindó oportunidades para el avance profesional, especialmente para los miembros de
la orden ecuestre. Se consideraba que la elocuencia y la cultura eran
características fundamentales de los hombres cultos y dignas de recompensa.[231]

Literatura

Mosaico de Pompeya que representa a la Academia de Platón. Fue en Atenas donde se


fundaron las escuelas de retórica y filosofía más renombradas del imperio.
En latín, analfabeto (illiteratus) podría significar tanto una persona que no podía
leer o escribir como una sin conocimiento cultural o sofisticación.[232] Las
estimaciones apuntan a una tasa de alfabetización promedio en el imperio de entre
el 5 y el 30% o más, según la definición de alfabetización.[232][233][234][235] La
obsesión romana por los documentos y las inscripciones públicas es un indicador del
valor que la escritura tenía en la sociedad.[236][237][238][239] La burocracia
romana dependía de la capacidad de leer y escribir y tanto las leyes como los
avisos se publicaban en lugares públicos. El gobierno puso a disposición de los
escribas romanos analfabetos (scriba) capaces de leer o escribir documentos
oficiales.[240][241] La administración militar produjo una cantidad notable de
registros e informes escritos,[242] y la alfabetización entre el ejército era
bastante alta.[243] Cualquier forma de comercio también requería un mínimo de
conocimientos de cálculo matemático.[237][244] También hubo un número notable de
esclavos educados, algunos bastante alfabetizados.[245]

Entre los siglos I y III hubo un aumento significativo de las audiencias literarias
y, aunque siguió siendo una minoría entre la población, ya no se restringió a una
élite sofisticada. Esto condujo al surgimiento de la literatura de consumo,
orientada al entretenimiento de las masas y reflejo de la movilidad social
existente en el período imperial.[246] Los libros ilustrados, incluidos los
eróticos, fueron muy populares.[247] Las obras literarias se leían a menudo en
cenas o entre grupos de lectura.[248] Sin embargo, la alfabetización disminuyó
abruptamente desde la crisis del siglo III.[249] Durante los siglos V y VI, la
capacidad de leer se hizo cada vez más escasa, incluso entre quienes formaban parte
de la jerarquía de la Iglesia.[250]

Recreación y espectáculos
Durante el gobierno de Augusto, los espectáculos públicos se celebraban 77 días al
año, cifra que para el reinado de Marco Aurelio era de 135.[251] Uno de los
principales eventos de las fiestas religiosas romanas era la realización de juegos
(ludi, origen del término «lúdico»), especialmente carreras de caballos y carros.
[252] En plural, ludi casi siempre se refiere a juegos con espectadores a gran
escala. El singular latín ludus («juego, deporte, entrenamiento») tenía una amplia
gama de significados, desde juegos de palabras, representaciones teatrales, juegos
de mesa, escuela primaria e incluso escuelas de entrenamiento de gladiadores, como
el Ludus Magnus, el más grande de estos campamentos en Roma.[253][254]

Juegos de arena

Las carreras de carros eran uno de los deportes de arena más populares del circo
romano. Los equipos se diferenciaron por colores, siendo el azul (imagen) y el
verde los más populares. También se llevaron a cabo montajes de cacerías,
competencias atléticas, recreaciones históricas y batallas de gladiadores.[252]
Los juegos de circo (ludi circensis) se llevaron a cabo en estructuras inspiradas
en los hipódromos griegos. Los circos eran la estructura de construcción regular
más grande del mundo romano.[255] Los juegos fueron precedidos por un desfile muy
elaborado, el pompa circense.[256] Los eventos de competencia también se llevaron a
cabo en lugares más pequeños, como anfiteatros y estadios. Entre las modalidades
deportivas, inspiradas en los modelos griegos, estaban el estadio (carrera), el
boxeo, la lucha libre y el pancracio.[257] Hubo varias modalidades que se llevaron
a cabo en sus propias piscinas, como la naumaquia y una modalidad de ballet
acuático.[258] Los eventos teatrales (ludi scaenici) tenían lugar en las
escalinatas de los templos, en los grandes teatros de piedra o en los pequeños
teatros llamados odeónes.[259] Si bien los juegos se originaron como celebraciones
religiosas, con el tiempo su significado religioso terminó siendo perdiéndose en
favor a su valor recreativo.[260][261][262][252] El mecenazgo de los eventos y
espectáculos en las arenas estuvo a cargo de las élites locales. A pesar de los
elevados costes económicos, su organización fue fuente de prestigio y estatus
social.[263]

El Circo Máximo fue el estadio más grande de toda Roma, con una audiencia de
alrededor de 150 000 espectadores.[264] Inaugurado en el año 80, el Coliseo se
convirtió en un escenario habitual para los deportes violentos en la ciudad,[265]
con más de 50 000 asientos y más de 10 000 pie.[264] La distribución física del
anfiteatro representaba a la jerarquía de la sociedad romana: el emperador presidía
su opulento púlpito; los senadores y los oficiales militares de alto rango tenían
los mejores asientos reservados; las mujeres se sentaron protegidas de la acción;
los esclavos se sentaron en los peores lugares y el resto se sentaron donde había
un lugar entre los dos grupos.[266][267][268] La multitud podía exigir un resultado
silbando o aplaudiendo, aunque era el emperador quien tenía la última palabra. Los
espectáculos podrían convertirse rápidamente en sitios de protestas políticas y
sociales, por lo que los emperadores a menudo recurrieron a la fuerza para dominar
a la población.[269][270] Uno de los casos más notables fueron los Disturbios de
Niká del 532, que terminaron con la intervención del ejército de Justiniano I y la
masacre de miles de ciudadanos.[271][272][273][274]

La competición era peligrosa, pero los conductores estaban entre los atletas más
famosos y premiados de la Antigüedad.[275] Una de las estrellas del deporte fue
Cayo Apuleyo Diocles de Lusitania (actual Portugal), quien condujo carros durante
24 años y acumuló ganancias de 35 millones de sestercios.[276] Los caballos también
eran bastante populares, celebrados en el arte y recordados en inscripciones, a
menudo por su nombre.[277][278] El diseño de los circos romanos evolucionó para
asegurar que ninguno de los equipos tuviera ninguna ventaja y para minimizar el
número de colisiones,[279][280] aunque estas continuaron siendo frecuentes, para el
deleite de la multitud.[281][282] Las carreras estaban envueltas en un aura de
misterio debido a su asociación con los rituales ctónicos: las imágenes de circo se
consideraban protectoras o de buena suerte, y los conductores a menudo eran
sospechosos de brujería.[283][284][285][286] Las carreras de carros continuaron
durante el período bizantino, todavía con patrocinio imperial, aunque el declive de
las ciudades en los siglos VI y V precipitó su desaparición.[255]

Lucha de gladiadores

Mosaico del Gladiador, Galleria Borghese, Roma (siglo VI)


Las competiciones entre gladiadores tenían sus orígenes en los juegos fúnebres y de
sacrificios antiguos, en los que se seleccionaban prisioneros de guerra que se
veían obligados a luchar entre ellos para expiar la muerte de los nobles romanos.
Algunos de los primeros estilos de lucha de gladiadores tenían denominaciones
étnicas como thraex, por dar un ejemplo. Se consideró que las peleas por etapas
eran un munus (servicios, ofertas, mejoras) e inicialmente eran distintas de los
juegos del festival.[287][288] Durante sus cuarenta años de reinado, Augusto
financió ocho espectáculos de gladiadores, en los que lucharon un total de diez mil
hombres, y 26 espectáculos de caza, que resultaron en la muerte de 3 500 animales.
[289][290][291][292] Para marcar la apertura del Coliseo, el emperador Tito ofreció
100 días de eventos en la arena, durante los cuales 3 000 gladiadores compitieron
en un solo día.[293][294] La fascinación romana por los gladiadores se puede ver en
la forma en que a menudo se representan en mosaicos, murales y utensilios como
lámparas.[289]

Los gladiadores romanos eran luchadores entrenados y podían ser esclavos,


condenados o simplemente voluntarios.[295] En este tipo de combates no era
necesario, ni siquiera deseable, que el oponente muriera. Los gladiadores eran
luchadores con extrema habilidad, cuyo entrenamiento representaba una costosa
inversión de tiempo y dinero.[296][297] Por otro lado, los noxii eran condenados a
pelear en la arena con poco o ningún entrenamiento, a menudo desarmados y sin
ninguna expectativa de supervivencia. El sufrimiento físico y la humillación fueron
considerados justicia compensatoria por los delitos cometidos.[298] Estas
ejecuciones a veces se organizaban como recreaciones mitológicas y anfiteatros
equipados con artificios escénicos para crear efectos especiales.[299][300][301]
Tertuliano consideraba que las muertes en la arena no eran más que una forma
encubierta de sacrificio humano.[302][303][259]

Los historiadores contemporáneos concluyen que el placer de los romanos por el


«teatro de la vida y la muerte»[304] es una de las perspectivas más difíciles de
explicar y comprender en esta civilización.[305][306] Plinio el Joven argumentó que
los espectáculos de gladiadores eran beneficiosos para la gente y una forma de
inspirarlos a despreciar la muerte al manifestar su amor por la gloria y el deseo
de victoria, incluso en el cuerpo de esclavos y criminales.[307][308] Algunos
romanos como Séneca criticaron estos espectáculos brutales, aunque vieron virtud en
el coraje y la dignidad del luchador derrotado, y no en el victorioso,[309] actitud
que encuentra su máxima expresión en la cristianos martirizados en la arena. Sin
embargo, la propia literatura sobre los mártires ofrece descripciones detalladas y
lujosas del sufrimiento corporal,[310] convirtiéndose en un género popular a veces
indistinguible de la ficción.[311][312][313][314][315][316]

Deporte y juegos

Niños jugando con una pelota. Relieve del siglo II, en el Museo del Louvre

Chicas en bikini, mosaico en la Villa romana del Casale, Sicilia


Las actividades más practicadas entre niños y jóvenes incluyeron el aro y las
matatenas. Los sarcófagos de los niños a menudo los representaban jugando. Las
niñas jugaban con muñecas, generalmente de 15 a 16 cm de largo y fabricado en
madera, terracota, hueso o marfil.[317] Entre los juegos de pelota, el trigon era
uno de los favoritos, lo que requería destreza, junto con harpastum, un deporte más
violento.[318] En los monumentos y la literatura infantil, la alusión a las
mascotas era muy común, incluidos pájaros, gatos, cabras, ovejas, conejos y gansos.
[319] Después de la adolescencia, gran parte del ejercicio físico de los hombres
era de carácter militar. El Campo de Marte fue originalmente un campo de
entrenamiento donde los jóvenes podían perfeccionar sus técnicas de guerra y
caballería. La caza también se consideraba un pasatiempo apropiado. Según Plutarco,
los romanos conservadores desaprobaban el atletismo al estilo griego que promovía
la perfección del cuerpo de forma gratuita, condenando la promoción de Nerón de la
gimnasia al estilo griego.[320] Algunas mujeres se entrenaron en gimnasia y danza.
El famoso mosaico «chicas en bikini» muestra a jóvenes en posturas que se pueden
comparar con la gimnasia rítmica.[nota 6]

Los juegos de mesa entre dos oponentes fueron jugados por personas de todas las
edades. Entre los más populares estaban el ludus latrunculorum, un juego de
estrategia en el que los oponentes coordinaban jugadas y capturaban varias piezas,
y el ludus duodecim scriptorum (de doce puntos), jugado con dados para organizar
las piezas en una cuadrícula de letras o palabras.[325] También era común un juego
de dados que pudo ser similar al backgammon.[326]

Alimentación
Artículo principal: Gastronomía romana

Pescados y verduras en un mosaico de una villa cerca de Roma, actualmente en los


Museos Vaticanos.
La mayoría de los apartamentos en Roma carecían de cocina, aunque se usaban estufas
con frecuencia.[327][328] Tabernas, bares, posadas y termopolios vendían comidas
preparadas, aunque comer allí o llevarse la comida a casa era algo común solo entre
las clases bajas.[329] Las clases más pudientes preferían las comidas reservadas en
su propia residencia, que generalmente contaba con un cocinero y ayudantes de
cocina,[330] o en banquetes organizados en clubes privados.[331]

La mayor parte de la población obtenía el 70% de la ingesta diaria en calorías


comiendo cereales y verduras.[332] Una de las principales preparaciones romanas era
el puls, una papilla a base de verduras en rodajas, trozos de carne, queso o
hierbas aromáticas, con el que se podían hacer platos similares a la polenta o al
risotto.[333] La población urbana y el ejército prefirieron consumir cereales
convertidos en pan.[332] Normalmente, la molienda y la cocción se realizaban en la
misma tienda. Durante el reinado de Aureliano, el estado comenzó a distribuir a los
ciudadanos de Roma la annona, una ración diaria de pan, aceite, vino y cerdo.[334]
[335][336]

Vestuarios
Artículo principal: Indumentaria en la Antigua Roma
En una sociedad tan consciente del estatus social como la romana, la ropa y los
accesorios personales ofrecían una indicación inmediata de la etiqueta de una
persona.[337] Vestirse correctamente era considerado como el reflejo de una
sociedad ordenada.[338] La toga era la vestimenta nacional característica del
hombre romano, aunque era pesada y poco práctica, y se usaba principalmente para
tratar asuntos políticos, rituales religiosos y presencia en las cortes.[339][340]
Contrariamente a la noción popular, la vestimenta informal de los romanos podía ser
oscura o colorida, y el conjunto más común entre los hombres durante la vida
cotidiana sería una túnica, capa y pantalón en algunas regiones.[341] Es difícil
estudiar la forma en que vestían los romanos en la vida cotidiana debido a la falta
de evidencia directa, ya que el retrato suele presentar al personaje con
vestimentas simbólicas y las telas sobrevivientes de este período son raras.[342]
[343][344]

Una toga imperial, vestida por un dosel, vestido por un Serapis sacerdote, a veces
identificado como el emperador Juliano.
La prenda básica para todos los romanos, independientemente de su género o
condición social, era una simple túnica con mangas. La longitud se diferenciaba
según el usuario: los masculinos alcanzaban la mitad de la altura entre la rodilla
y el tobillo, aunque los de los soldados eran más cortos; las mujeres tenían sus
túnicas hasta el tobillo y las niñas hasta la rodilla. Las túnicas para pobres y
esclavos eran de lana cardada y la longitud se determinaba según el tipo de trabajo
realizado. Las mejores túnicas estaban hechas de lana o lino procesados. Un hombre
que pertenecía a una orden senatorial o ecuestre vestía una túnica púrpura con dos
cintas (clavi), y cuanto mayor era la dimensión, mayor era el estatus del portador.
[345]

La toga imperial estaba hecha de lana blanca y, debido a su peso, no era posible
vestirla adecuadamente sin ayuda.[339] En su trabajo sobre oratoria, Quintiliano
describe en detalle cómo un orador público debe orquestar sus gestos en relación
con su túnica.[346][340][347] En la técnica, la toga se muestra con la punta más
larga colgando entre los pies, un pliegue curvo en la parte delantera y una solapa
que sobresale en el medio.[348] A lo largo de los siglos, las cortinas se volvieron
más intrincadas y estructuradas, y al final del imperio, la tela formó un pliegue
firme alrededor del pecho.[349] La toga praetexta, con una franja violeta que
representaba la inviolabilidad, fue utilizada por niños hasta los diez años y por
los magistrados ejecutivos y por los sacerdotes del Estado. Solo al emperador se le
permitió usar una toga totalmente púrpura (picga toga).[350]

En el siglo II, los emperadores y hombres de estatus a menudo se representaban con


el palio, una capa de origen griego doblada alrededor del cuerpo, que
ocasionalmente también se representaba en mujeres. Tertuliano consideraba el dosel
una prenda adecuada para los cristianos, a diferencia de la toga, y también para
las personas alfabetizadas, debido a su asociación con los filósofos.[351][352]
[353] A mediados del siglo IV, la toga fue prácticamente reemplazada por el palio
como prenda simbólica de la unión social.[354]

La moda y el estilo de la ropa romana cambió con el paso del tiempo.[355] Durante
el Dominado, la ropa de los soldados y burócratas de la administración se volvió
cada vez más decorada, con rayas de tela bordadas y emblemas circulares aplicados a
túnicas. Estos elementos decorativos generalmente consistían en patrones
geométricos, motivos vegetales estilizados y, en algunos casos, figuras animales o
humanas.[356] El uso de la seda hizo cada vez más común, y las túnicas de seda eran
comunes entre los cortesanos de finales del Imperio. La militarización de la
sociedad romana y el declive de la vida cultural urbana se reflejaron en los
hábitos de vestir; además del abandono de la toga, el uso de correas de estilo
militar terminó volviéndose común entre los funcionarios públicos.[357]

Sexualidad
Artículo principal: Sexualidad en la Antigua Roma

Los temas eróticos eran bastante comunes en el arte y la decoración de los domus,
como en este fresco de la Casa del Centenario, en Pompeya.
La idea del libertinaje sexual desenfrenado en el Imperio romano es esencialmente
una interpretación cristiana posterior.[358][359][360] En realidad, el sexo en el
mundo grecorromano se regía por la sobriedad y el arte de gestionar el placer
sexual.[361] La sexualidad era uno de los temas del mos maiorum, el conjunto de
normas sociales que guiaban la vida pública, privada y militar, y la conducta
sexual estaba moderada por las nociones de pudor y vergüenza.[362] Los censores
romanos, magistrados que determinaban la clase social de cada persona, tenían el
poder de quitar la ciudadanía a los hombres del orden ecuestre o senatorial que
participaban en conducta sexual inapropiada.[363][364] La legislación moral
introducida durante el reinado de Augusto intentó regular la conducta de la mujer
como una forma de promover los valores familiares. El adulterio, que durante la
república había sido un asunto privado, fue tipificado como delito[365] y definido
como un acto sexual ilícito (stuprum) que se produce entre un hombre y una mujer
casada.[366][367][368][369]

La sociedad romana era patriarcal. La masculinidad se asoció con el ideal de virtud


(virtus) y autodisciplina, mientras que la corresponsal femenina fue la modestia
(puductia).[370] La religión romana promovía la sexualidad como signo de
prosperidad, con prácticas religiosas o comunes para fortalecer la vida erótica o
la salud reproductiva. La prostitución era legal, pública y bastante común en las
ciudades. Las pinturas o mosaicos pornográficos eran piezas destacadas entre las
colecciones de arte, incluso en las casas más pudientes y respetables.[371] La
homosexualidad no era reprobable y se consideraba natural que los hombres se
sintieran atraídos por adolescentes de ambos sexos, siempre que pertenecieran a un
estatus social inferior.[372][373] Sin embargo, la hipersexualidad era censurable
tanto en hombres como en mujeres.[374]

Arte
Artículo principal: Arte de la Antigua Roma

Cúpula del Panteón de Agripa, la cúpula de hormigón sin armar más grande del mundo.
La invención del opus caementicium permitió a los romanos introducir arcos, bóvedas
y cúpulas de dimensiones sin precedentes y de gran durabilidad.
Roma construyó una sociedad que daba gran importancia a las artes en sus más
variadas manifestaciones. Además de jugar un papel decorativo, las artes también
tenían un papel educativo y socializador en un contexto donde una gran parte de la
población era analfabeta o con poco acceso a la literatura más sofisticada. El arte
consagró ideologías, narró hechos históricos, integró festividades cívicas y
rituales religiosos y glorificó a personajes eminentes, actuando de hecho como una
lengua franca a la que tenía acceso toda la población.[375] El arte romano se
desarrolló inicialmente a partir de la tradición etrusca[376] y posteriormente
absorbió las referencias de la cultura griega,[377] haciendo de su arte en gran
medida una extensión y variación de esta, y convirtiendo a los romanos en el
principales preservadores del legado artístico griego para la posteridad.[378][379]

Si bien los romanos adaptaron diversos modelos extranjeros, especialmente


provenientes de Grecia, estos fueron capaces de desarrollar una tradición que al
final del período republicano y durante todo el período imperial adquirió
características innovadoras y originales, ganando una significativa independencia
de la herencia recibida y formando una identidad propia. Aun así, en el Imperio
hubo varias fases de oscilación entre tendencias más helenísticas e imitativas y
otras más progresistas y creativas. Esto, sumado a las múltiples variaciones
regionales, la incorporación de influencias orientales, los importantes cambios
surgidos de la cristianización y el fuerte y permanente amor romano por el
eclecticismo, hacen del arte de la Roma imperial un complejo mosaico de tendencias,
a veces bastante divergente, siendo imposible caracterizarlo como un bloque
estético monolítico.[380][381] A pesar del enorme valor otorgado a las obras de
arte, los artistas tenían un estatus social más bajo, incluso si se trataban de
individuos reconocidos. Los romanos y griegos veían a los artistas y artesanos como
trabajadores manuales, aunque al mismo tiempo se reconocía la pericia necesaria
para producir arte de calidad, incluso considerándose una ofrenda divina.[382]

Arquitectura
Artículo principal: Arquitectura de la Antigua Roma

Puente del Gard, un acueducto romano en Francia


Los arcos de medio punto, las bóvedas y las cúpulas son características de la
arquitectura romana que la distinguen de la arquitectura griega. La introducción de
estos elementos, de una dimensión sin precedentes en la historia, fue posible
gracias a la invención del hormigón. Este material, conocido por los romanos como
opus caementicium, se hizo a partir de cenizas volcánicas descubiertas en las
cercanías del Vesubio, llamadas puzolanas, que se trituraron y se mezclaron con
óxido de calcio.[383] El núcleo de hormigón de los edificios generalmente estaba
revestido con estuco, ladrillo, piedra o mármol. En algunos casos, se agregaron
esculturas doradas para crear un efecto de poder y prosperidad deslumbrante y
ostentoso. La calidad constructiva introducida en la arquitectura romana aumentó
significativamente su durabilidad. Muchos de los edificios romanos todavía están
intactos y en uso, la mayoría de los cuales son edificios convertidos en iglesias
durante la era cristiana. Sin embargo, en muchas de las ruinas se ha eliminado el
revestimiento de mármol, como es el caso de la Basílica de Constantino.[384]

Las cúpulas eran una presencia común en balnearios, villas, palacios y tumbas. Las
salas de audiencias de muchos de los palacios imperiales estaban coronadas por
cúpulas y también eran muy comunes en los pabellones de los jardines.[385]
Generalmente asumían una forma hemisférica y estaban total o parcialmente ocultas
al exterior, estando en muchos casos rematadas por un óculo y, en ocasiones,
cubiertas por un techo cónico o poligonal.[386] Con el colapso del Imperio
occidental, la construcción abovedada declinó. Sin embargo, este estilo continuó
vigente en Oriente a través de la arquitectura bizantina.[387]

Fue durante los gobiernos de Trajano (r. 98-117) y Adriano (r. 117-138) que el
imperio alcanzó su máximo apogeo tanto territorial como artístico, habiendo
comenzado un inmenso programa para la construcción de monumentos, asambleas,
jardines, acueductos, balnearios, palacios, pabellones, sarcófagos y templos.[388]
La introducción del arco, la cúpula y el uso de hormigón permitió la construcción
de grandes techos abovedados en espacios públicos y complejos como balnearios o
basílicas. Entre los ejemplos más notables de cúpulas se encuentran el Panteón de
Agripa, las Termas de Diocleciano y las Termas de Caracalla. El Panteón, dedicado a
todos los dioses planetarios, es el templo de la Antigüedad mejor conservado del
mundo y aún conserva intacta su cúpula.[384] Los últimos grandes programas de
construcción en Roma tuvieron lugar durante el reinado de Constantino I (r. 306-
337), incluido el Arco de Constantino cerca del Coliseo de Roma.[389]

Pintura

Fresco de Pompeya, c. 20-30. La pintura a menudo demuestra el orgullo que existe en


la alfabetización, pues las personas se solían retratar junto a objetos asociados
con la lectura y la escritura.
La pintura fue una de las artes más populares del Imperio romano, pero se sabe poco
de ella debido a que la gran mayoría de registros se han perdido con el tiempo.
Gran parte de lo que se conoce sobre la pintura romana se basa en la decoración
interior de residencias privadas, en particular los frescos que se han conservado
en Pompeya. Esta ciudad, descubierta en el siglo XVIII, fue sepultada bajo la
erupción del Vesubio en 79, lo que permitió conservarla relativamente intacta. A
partir de este conjunto de obras —que, aunque rico y variado, es una fracción
ínfima de lo producido y abarca un período muy limitado— se estableció una
cronología de estilos que se ha aplicado a todo el legado pictórico imperial. Según
esta propuesta, la pintura romana evolucionó a partir de ejemplos griegos de
decoración mural puramente geométrica, incorporando progresivamente elementos
figurativos en escenarios arquitectónicos o paisajísticos, utilizando a menudo
modelos griegos o citando obras griegas famosas en reinterpretaciones creativas,
llegando a presentar en algunos ejemplos una gran sofisticación y suntuosidad.
Además de frisos decorativos y paneles con motivos geométricos y vegetales, la
pintura mural representa escenas de la mitología, los paisaje y jardines, la
recreación, espectáculos, el trabajo y la vida cotidiana e incluso escenas
eróticas. Las aves, los animales y la vida marina a menudo se representan con
especial cuidado en relación con los detalles artísticos.[390][391][392]

A través de registros literarios y escasos remanentes esparcidos por la extensión


del Imperio, se sabe que la pintura mural fue solo una de las modalidades de
pintura practicada, con registros de obras realizadas sobre tela, metal, piedra,
marfil y otros soportes, utilizando pigmentos variados de origen vegetal y mineral.
[393] Los retratos pintados sobre tablas de madera y planchas de metal fueron muy
apreciados, especialmente en contextos funerarios, pero también como una
glorificación de personajes ilustres, presentados en procesiones que reafirmaban el
prestigio de las familias patricias y otras festividades públicas. Los ciudadanos
comunes también podían tener sus rostros inmortalizados, ya que la técnica tenía un
costo relativamente bajo. Sobrevivió a un buen conjunto de retratos funerarios en
encáustica en Egipto, mostrando una técnica exquisita y un gran realismo.[394] Los
retratos de Fayún son un indicador de por qué las fuentes literarias antiguas se
maravillaban del realismo de las representaciones artísticas.[395] Otro género
popular fue el de las pinturas triunfantes, ejecutadas en grandes paneles que
representan batallas y mapas de campañas militares, presentadas en las procesiones
de los generales victoriosos.[396] También cabe destacar la producción de
manuscritos iluminados, de las que se conservan muy pocas copias.[397]

Gran parte de la escultura del retrato habría sido pintada, aunque la pintura rara
vez ha sobrevivido a lo largo de los siglos. A partir del siglo II en adelante, con
la expansión del cristianismo, surgió un tema completamente nuevo relacionado con
esta religión, el arte paleocristiano, al mismo tiempo que se observó una creciente
simplificación y geometrización de las formas. Sin embargo, aún quedan algunos
refinados ejemplos de pintura tardío-imperial que remiten a la tradición clásica,
principalmente en Dura Europos, con temas hebreos, y en Luxor, con temas
cristianos.[398][399]
Escultura

Detalle de un busto de Filipo el Árabe (r. 244-249) en el Museo Chiaramonti.


La escultura fue una de las expresiones artísticas más importantes de los romanos y
estuvo presente en todos los aspectos de su vida, desde el doméstico al público,
desde el religioso al civil y militar, en grandes y pequeñas dimensiones, en
piedra, metal o cerámica, con propósitos decorativos, conmemorativos, celebrativos
o educativos. La parte más importante de la escultura imperial es figurativa, pero
también se aplica a objetos utilitarios.[375][400] Era común aplicar una pintura
decorativa a la superficie de las esculturas.[401]

La tradición griega siguió siendo un referente central a lo largo de toda la


trayectoria del arte escultórico en Roma, pero, al igual que con otras expresiones
artísticas, se introdujeron varias innovaciones propias. Esto fue especialmente
visible en el retrato, que desde la República había gozado de especial estima, con
ejemplos de intensa expresividad y gran realismo, y en la decoración de los grandes
monumentos públicos, como los arcos de triunfo, el Ara Pacis y la Columna de
Trajano, donde se desarrolló un estilo narrativo que se configuró como típicamente
romano.[402][403][404]

En todo el Imperio, las influencias orientales provocaron un lento pero creciente


alejamiento del canon griego hacia una simplificación formal que sentó las bases de
la escultura bizantina, paleocristiana y medieval. Aun así, fueron varias las fases
en las que se recuperaron arcaísmos clásicos, como en la época de Augusto, cuando
se exaltaban elementos que reforzaban la continuidad con un pasado prestigioso, lo
que al mismo tiempo servía para crear una cohesión política y cultural. Con el auge
del cristianismo, aparecieron nuevos temas, pero la herencia clásica siguió
ofreciendo modelos importantes para la constitución de una iconografía renovada.
[381][377][405]

Durante el período de Augusto, los retratos utilizaron proporciones clásicas y


rasgos jóvenes, evolucionando luego hacia una combinación de realismo e idealismo.
[406] Los retratos del período republicano demuestran un intenso realismo, aunque a
partir del siglo II a. C. fue adoptando progresivamente el concepto de desnudez
heroica, a menudo para el retrato de generales conquistadores.[407] La escultura
imperial puede presentar un rostro adulto, a veces envejecido, sobre un cuerpo
joven desnudo o semidesnudo de perfecta musculatura. De hecho, era común colocar
bustos en un cuerpo creado para otro propósito.[408] Vestido con túnica o uniforme
militar, el cuerpo comunica la esfera de actividad, y no las características del
retratado.[409] Las mujeres de la familia imperial a menudo se representaban
vestidas de manera similar a las diosas o personificaciones divinas, como Pax.[395]

Los sarcófagos de mármol y piedra caliza son característicos del período


comprendido entre los siglos II y IV,[410] de los cuales hay al menos 10 000
ejemplares supervivientes.[411] Aunque las escenas mitológicas son aquellas cuyo
estudio es más profundo,[412] los relieves en sarcófagos son la fuente más rica de
iconografía romana,[413] y pueden representar la ocupación en vida de los muertos y
escenas militares, entre otros temas.[414] El hábito de copiar y releer modelos
griegos fue esencial para preservar el legado de la escultura griega, cuyos
originales se perdieron en su mayoría.[405] Ya durante la Edad Moderna, la
producción romana se convertiría en una influencia importante para los movimientos
artísticos del Renacimiento, Barroco y Neoclasicismo.[415]

Artes decorativas

Detalle de suelo de mosaico en opus tessellatum, que representa a Medusa. El Pireo,


Grecia, siglo II.
Entre los objetos de arte decorativo más comunes, dirigidos a consumidores
adinerados, se encuentran piezas de cerámica, recipientes y utensilios de plata y
bronce y artefactos de vidrio. La producción de cerámica de diversas calidades y
las industrias de la metalurgia y el vidrio desempeñaron un papel económico
importante en el comercio y el empleo. Las importaciones estimularon nuevos centros
de producción regionales, como el sur de la Galia, que se convirtió en el principal
productor de terra sigillata, cerámica de alta calidad y uno de los principales
artículos comercializados en Europa durante el siglo primero.[416] Los romanos
también dominaron la técnica del soplado de vidrio, que se originó en Siria durante
el siglo I a. C.[417][418]

Los mosaicos son una de las formas más perdurables del arte decorativo romano y se
pueden encontrar en las superficies de pisos, paredes, techos y columnas en
espacios públicos o privados.[419] Los mosaicos figurativos comparten muchos de los
temas con la pintura y, en algunos casos, representan los mismos temas en
composiciones casi idénticas. Aunque los patrones geométricos y las escenas
mitológicas son motivos recurrentes en todo el imperio, también existen varias
expresiones locales. En el norte de África, una fuente de mosaicos particularmente
rica, los temas preferidos en las propiedades privadas fueron escenas de la vida
cotidiana: caza, agricultura y vida silvestre local.[420] El maestro (pictor)
dirigió un taller de mosaicos. La técnica más común era el opus tessellatum, creado
a partir de piezas uniformes (tesela) de materiales como piedra y vidrio. Los
mosaicos generalmente se producían localmente, aunque a veces se producían y se
vendían en paneles prefabricados.[421] El opus sectile era una técnica en la que la
piedra lisa, generalmente mármol de colores, se cortaba en formas precisas que
formaban patrones geométricos o figurativos. Esta técnica más compleja fue
particularmente valiosa y se hizo extremadamente popular durante el siglo IV.[422]

Artes escénicas

Además de la tradición griega del teatro de máscaras (imagen) exclusivamente


masculino, el género más popular en el imperio era el mimo, que mezclaba un guion
escrito con improvisación, humor, sátira política, escenas de acción y sexo,
acrobacias y malabares.
La música y la danza han sido manifestaciones artísticas populares desde la
fundación, probablemente desarrolladas a partir de la imitación de los precursores
griegos. Lo poco que se conoce de él se deriva de fuentes bibliográficas e
iconográficas.[423][424] La presencia de música era común en prácticamente todos
los eventos sociales y en las ceremonias fúnebres. En los sacrificios se
acostumbraba tocar una aulós (tibia), un instrumento de viento cuyo sonido se creía
que ahuyentaba las malas influencias.[425][426] Se creía que la música reflejaba el
orden del cosmos, estando asociada con las matemáticas y el conocimiento.[427]
Entre los instrumentos musicales más comunes se encontraban la madera, los metales,
los instrumentos de percusión y las cuerdas, como la cítara griega.[428] El cornu,
un instrumento de viento de metal que se curvaba a lo largo del cuerpo del músico,
se usaba en desfiles y señales militares.[429] El órgano hidráulico llamado
hydraulis fue una de las hazañas musicales y técnicas más significativas de la
Antigüedad, después de los combates de gladiadores, los eventos en los anfiteatros
y las representaciones teatrales.[430]

El teatro de máscaras griego, exclusivamente masculino, se mantuvo durante el


Imperio romano, llevando a escena las tragedias y comedias de la literatura en
latín.[431][432] Sin embargo, la forma más popular de teatro fue el mimo, un género
caracterizado por obras que mezclaban un guion escrito con improvisación y otros
elementos como secuencias de acción, sátira, entre otras. También se intercalaron
con números de baile, acrobacias, malabares, funambulismo, estriptis e incluso osos
bailarines.[433][434][435] El mimo se realizó sin máscaras y promovió el realismo
estilístico en el escenario. Los roles femeninos fueron interpretados por mujeres,
no por hombres disfrazados.[436] Este género estaba relacionado con otro llamado
pantomima (pantomimus), una forma primitiva de ballet narrativo, música
instrumental y libreto musical, a menudo sobre temas mitológicos que podían ser
trágicos o cómicos.[437][438]

Aunque algunas formas de danza no fueron aceptadas en el imperio y fueron vistas


como extranjeras o inhumanas, la danza se incorporó a los rituales religiosos de la
Roma arcaica.[439] Las danzas eran una característica de la religión mistérica, en
particular el culto a Cibeles practicado por los sacerdotes eunucos[440] y el culto
a Isis. En el aspecto secular, los bailarines de Siria y Cádiz fueron
extremadamente populares.[441] Como los gladiadores, los animadores eran infames a
los ojos de la ley y tenían un estatus poco superior en relación con los esclavos,
aunque técnicamente eran libres. Sin embargo, las grandes estrellas podrían
disfrutar de una riqueza y un estatus considerables, permitiéndoles relacionarse
con las clases altas e incluso con los emperadores, a menudo sexualmente.[442] Los
artistas se apoyaron mutuamente mediante la formación de gremios.[443] El teatro y
la danza fueron a menudo condenados por grupos cristianos durante el imperio
tardío.[423] Aquellos cristianos que integraron la danza o la música en sus
prácticas religiosas fueron considerados como paganos por los Padres de la Iglesia.
[444]

Literatura

Escena de la tragedia Andrómaca de Eurípides (siglo V a. C.) en la Casa de Marco


Lucrecio, en Pompeya.
En el canon occidental, la literatura durante el período de Augusto y el final de
la República es vista como la edad de oro de la literatura latina, incorporando los
ideales clásicos de la unidad del conjunto, la proporción entre las partes y la
articulación cuidadosa de la composición.[445] A este periodo pertenecen Virgílio,
Horacio y Ovidio, considerados como algunos de los poetas latinos clásicos más
influyentes de la historia. Virgilio escribió la Eneida, una epopeya nacional para
Roma de la misma manera que las epopeyas de Homero lo fueron para Grecia. Horacio
perfeccionó el uso de la métrica griega en la poesía latina. La poesía erótica de
Ovidio fue muy popular, aunque víctima del programa moral de Augusto, que lo llevó
al exilio. Las Metamorfosis de Ovidio es un poema continuo de quince libros, que
abarca temas de la mitología grecorromana y el culto imperial hacia Julio César.
Las versiones de Ovidio de los mitos griegos se han convertido en una de las
principales fuentes de la mitología clásica. Su influencia fue particularmente
influyente en la literatura medieval de los siglos XII y XIII, que fueron se
denominados en su conjunto como la «Edad de Ovidio».[446]

El período comprendido entre mediados del siglo I y mediados del siglo II se


denomina convencionalmente la «Edad de Plata» de la literatura latina. Durante el
gobierno de Nerón, los escritores reaccionaron contra el agustinianismo.[447] Los
tres escritores principales de este periodo fueron el filósofo y dramaturgo Séneca,
su sobrino Lucano, que transformó la Segunda Guerra Civil en la épica Farsalia; y
el novelista Petrónio, autor de El Satiricón. Todos se suicidaron después de perder
el favor del emperador. Séneca y Lucano eran de Hispania, al igual que el epigrama
Marcial.[448] Por otro lado, la obra del poeta Estacio ejercería una enorme
influencia en la literatura del Renacimiento.[449]

Los libros eran caros, ya que cada copia tenía que ser escrita a mano en un rollo
de papiro por escribas especializados.[450] La producción de libros comerciales se
inició durante el período final de la República. En el siglo I algunos barrios de
Roma eran conocidos por sus librerías (tabernae librariae), que también existían en
muchas ciudades de las provincias occidentales.[451] La calidad de las ediciones
varió significativamente y algunos autores se quejaron de copias llenas de errores,
plagio o falsificaciones, ya que no existían los derechos de autor.[452] El códice
todavía era una novedad en el siglo I, pero a fines del siglo III ya había
reemplazado por el volumen[453][454] y era el medio más común entre los libros de
contenido cristiano.[455] Sin embargo, mientras que el formato del libro enfatizaba
la continuidad del texto, el códice fomentaba la lectura parcial y las
interpretaciones fragmentadas.[456] Aunque los Padres de la Iglesia fueron
educados, consideraban que la literatura clásica era peligrosa e inútil, por lo que
a menudo la reinterpretaban mediante metáforas y alegorías. Juliano, el único
emperador que rechazó el cristianismo después de Constantino I, prohibió a los
cristianos enseñar el plan de estudios clásico con el argumento de que corrompían a
los jóvenes.[457]

Legado

Detalle del Arco de Triunfo de París, encargado por Napoleón Bonaparte a principios
del siglo XIX. El arte romano influyó significativamente en el romanticismo, el
renacimiento y el neoclasicismo. Las lenguas romances son ahora el grupo
lingüístico más grande del mundo y el alfabeto latino es el sistema de escritura
más utilizado.
El Imperio romano y sus nociones de autocracia, derecho y ciudadanía dejaron un
profundo impacto en la historia de Europa. El sentimiento de compartir una cultura
e identidad común, en lugar de un único idioma o literatura, se debió a la propia
naturaleza del Imperio.[458]

Tras la caída del Imperio romano de Occidente, varios estados afirmaron ser sus
sucesores, un concepto conocido como el translatio imperii («traslado del
dominio»). Este fue el caso del Sacro Imperio Romano Germánico, entidad establecida
tras la coronación de Carlomagno, rey de los francos, por el papa León III en la
Navidad del año 800. Carlomagno fue coronado como «emperador romano» (Imperator
Romanorum),[459] aunque dicho evento no fundó un nuevo Estado inmediatamente. El
translatio imperii pasó de los francos al pueblo alemán tras la coronación de Otón
I en el 962, dando inicio a una serie de «emperadores romanos» que continuaron
titulándose como tal hasta el fin del Imperio en 1806, durante las guerras
napoleónicas.[460]

En el Este, el legado romano continuó a través del Imperio bizantino. Los griegos
bizantinos continuaron denominándose a sí mismos como «romanos» (Romanioi) y a su
Estado como el «Imperio romano» (Basileía Rhōmaíōn) hasta la Caída de
Constantinopla en 1453, aunque nunca fueron reconocidos en Occidente.[461] Mehmed
II el Conquistador hizo de Constantinopla la nueva capital del Imperio turco
otomano y se proclamó a sí mismo como «César de Roma» (Kayser-i Rum),[462]
asumiendo así el translatio imperii. Paralelamente, el Principado de Moscú,
significativamente influenciado por la Iglesia ortodoxa bizantina y la tradición
grecorromana, se declaró también heredero del Imperio romano. Iván III el Grande
proclamó a su ciudad como la «Tercera Roma» (siendo Constantinopla la segunda),
idea que sería posteriormente reforzada con la adopción de los títulos de
Autocrátor, Zar (por César) y, desde Pedro el Grande, Imperator y Pater Patriae.
[463][464]

Otro de los principales legados de Roma fue la religión cristiana. La Pax Romana
creó una enorme región de estabilidad y unión política que permitió la expansión de
la Iglesia católica, que es en esencia una monarquía absoluta basada en el modelo
romano. Los papas asumen el título del sumo sacerdote romano, el pontífice máximo
(Pontifex Maximus), y se proclaman herederos de César.[465] Los siete siglos de
dominación romana en Italia también dejaron un fuerte legado cultural que influyó
significantemente en el nacionalismo italiano y el «risorgimento» de 1861,[466]
sirviendo también como base fundamental del fascismo italiano durante la época de
Benito Mussolini.[467] En el ámbito artístico, el arte romano influyó en la
arquitectura renacentista y la arquitectura románica en el sur de Europa, al igual
que en los territorios ortodoxos del Este. Muchos de los elementos clásicos romanos
formaron las bases estéticas del Renacimiento y el Neoclasicismo.[468][469][470]

En las regiones romanizadas del imperio occidental, las lenguas prelatinas se


extinguieron progresivamente y el latín se convirtió en la lengua materna de la
mayoría de los habitantes.[471] De esta forma el latín se desarrolló en varias
ramas que evolucionarían hacia las lenguas romances modernas, como el español, el
portugués, el francés, el italiano o el rumano, además de tener una enorme
influencia en el idioma inglés. A pesar de su fragmentación, el latín siguió siendo
la lengua internacional por excelencia en la enseñanza, la literatura, la
diplomacia y la vida intelectual hasta el siglo XVII, estando todavía presente en
obras legales y eclesiásticas de la Iglesia romana.[472][458] Este no fue el caso
en el Imperio oriental, donde la mayoría de los hablantes griegos se concentraron
en los alrededores de Grecia y las regiones costeras. Varias lenguas afroasiáticas,
principalmente copto en Egipto y arameo en Siria y Mesopotamia, nunca lograron ser
completamente reemplazadas por el griego.[47]

Notas
Entre 1204 y 1261 el Imperio se dividió en el Imperio de Nicea, el Imperio de
Trebisonda y el Despotado de Epiro, todos pretendientes al trono de Constantinopla,
que en aquel momento se encontraba bajo dominio cruzado.
Es necesario resaltar que los censos oficiales no reflejan la verdadera realidad
de la demografía romana. El Capítulo VIII del Res gestae Divi Augusti, por ejemplo,
registra "4 937 000 ciudadanos romanos", una cifra que en realidad solo representa
a una pequeña parte del Imperio.[2]
Los gobernantes del Imperio romano clásico nunca usaron el título de emperador
romano; este es más bien una abreviatura práctica para una complicada reunión de
cargos y poderes. Lo más cercano a un título imperial fue el nombre de Augustus,
aunque Imperator fue el término que acabó popularizándose en Europa occidental. El
primero en llamarse «oficialmente» emperador romano fue Miguel I Rangabé en el 812,
cuando se hizo llamar Basileus tôn Rhomaíōn («emperador de los romanos») en
respuesta a la coronación de Carlomagno como Imperator Romanorum (también
«emperador de los romanos»).[4]
El cargo de cónsul fue perdiendo relevancia hasta convertirse en un título
honorífico de los emperadores.[5] El consulado sobrevivió como una legalidad
simbólica hasta su abolición definitiva como parte de las reformas de la Basilika.
[6]
El Estado romano, a diferencia de los Estados modernos, no disponía de un nombre
oficial ni se aludía a él con una única denominación. Algunas formas empleadas para
referirse al imperio que eran utilizadas por los romanos y los griegos eran Rēs
pūblica Pōpulī Rōmānī, Imperium Rōmānōrum, Βασιλεία τῶν Ῥωμαίων (Basileíā tôn
Rhomaíōn, ‘dominio de los romanos’) y Romania. Res publica, concepto latino
utilizado tanto en la época republicana como en la imperial, cuyo significado
literal es ‘cosa pública’, es el origen de la palabra «república» y,
conceptualmente, de la inglesa «commonwealth», cuyo uso se vincula generalmente con
los conceptos actuales de sector público y Estado, y con los conceptos
tradicionales de bien común y procomún. Imperium Romanum (o Romanorum) se refiere a
la extensión territorial de la autoridad romana. Populus Romanus (o Romæ; ‘el
pueblo romano’ o ‘de Roma’) fue a menudo utilizado para referirse al Estado romano
en los asuntos relacionados con las demás naciones. El término Romania (en griego
antiguo: Ῥωμανία, romanizado: Rhômania), inicialmente coloquial para referirse al
imperio, así como nombre colectivo para sus habitantes, aparece en las fuentes
griegas y latinas del siglo IV en adelante y fue empleado durante el periodo
bizantino.[7]
Los historiadores están divididos en cuanto al énfasis dado a los elementos
atléticos y de danza de estos ejercicios: H. Lee los ve como gimnastas,[321]
mientras que M. Torelli asume que son bailarines en eventos deportivos.[322] La
incógnita es resumida por Katherine MD Dunbabin.[323] Se alentó a las mujeres, como
regla general, a promover la salud a través de actividades físicas, como juegos de
pelota, natación, caminar, leer en voz alta (mientras se hace ejercicio de
respiración) y viajar.[324]
Véase también
Monarquía romana (753-509 a. C.)
República romana (509-27 a. C.)
Historia de Roma
Cronología de la Antigua Roma
Imperio romano de Occidente / Imperio bizantino
Demografía del Imperio romano
Historia de las instituciones en la Antigua Roma
Egipto (provincia romana)
Guerras romano-sasánidas
Pueblos germánicos
Economía de la Galia romana
Referencias
Taagepera, Rein (1979). «Size and Duration of Empires: Growth–Decline Curves, 600
BC to 600 AD». Social Science History (en inglés) (3.ª/4.ª edición) 3: 115–138
[125]. ISSN 0145-5532. JSTOR 1170959. doi:10.2307/1170959.
Durand, John D. (1974). «Historical Estimates of World Population: An Evaluation».
PSC Analytical and Technical Reports Series (Universidad de Pensilvania) 10: 27-31.
doi:10.2307/1971891.
Turchin, Peter; Adams, Jonathan M.; Hall, Thomas D (2006). "East-West Orientation
of Historical Empires" (PDF). Journal of World-Systems Research. 12 (2): 125. ISSN
1076-156X
Canning, Joseph (1996). «Ideas of an Empire». A History of Medieval Political
Thought, 300-1450. Psychology Press. pp. 67-70. ISBN 9780415013505.
Gregorovius, Ferdinand (1894). George Bell, ed. History of the City of Rome in the
Middle Ages, Vol. 1 (en inglés). Universidad de California. pp. 335-336.
Riedel, Meredith L. D. (2018). Leo VI and the Transformation of Byzantine
Christian Identity. Cambridge University Press. p. 100. ISBN 9781107053076.
Robert L. Wolff (1948). «Romania: The Latin Empire of Constantinople». Speculum.
23: 1-34. doi 10.2307/2853672
Encyclopædia Britannica (2018). «Province». «En un inicio, el término se aplicaba
a los territorios tanto en Italia como en cualquier otro lugar donde un funcionario
romano ejerciera autoridad [...] Más adelante, el término implicó posesiones
romanas fuera de Italia.»
Kelly, 2006, p. 4ff.
Brennan, 2000, p. 605.
Ando, 2010, p. 39-40.
Ando, 2010, p. 179.
Richardson, 2011, p. 10.
Richardson, 2011, p. 1-2.
Nicolet, 1991, p. 1,15.
Lintott, 1999, p. 114.
Eder, 1993, p. 98.
Davis, 1999, p. 63.
Eck, 2003, p. 12.
Boatwright, 2000, p. 4.
Abbott, 2001, p. 267-269.
Brown, 1971, p. 22.
Goldsworthy, 2009, p. 405-415.
Potter, 2004, p. 296-98.
Starr, 1974, p. 678.
Asimov, 1989, p. 110.
Asimov, 1989, p. 198.
Kelly, 2006, p. 3.
Kelly, 2006, p. 1.
Nicolet, 1991, p. 29.
Nicolet, 1991, p. 7-8.
Nicolet, 1991, p. 9, 16.
Nicolet, 1991, p. 10–11.
Woolf, 2003, p. 340.
Southern, 2001, p. 14.
Hopkins, 2009, p. 183.
Hopkins, 2009, p. 184.
Goldsmith, 1984, p. 263-268.
Scheidel, 2006, p. 9.
Harris, 2000, p. 721.
Southern, 2001, p. 14-16.
Adams, 2003, p. 184.
Rochette, 2011, p. 554, 556.
Freeman, 1999, p. 389-433.
Rochette, 2011, p. 549.
Millar, 2006, p. 279.
Treadgold, 1997, p. 5.
Rochette, 2011, p. 550.
Rochette, 2011, p. 550-552.
Rochette, 2011, p. 553-554.
Adams, 2003, p. 200.
Rochette, 2011, p. 556.
Adams, 2003, p. 185–186, 205.
Rochette, 2011, p. 562-563.
Rochette, 2011, p. 558-559.
Miles, 1999, p. 59-60.
Potter, 2004, pp. 77–78
«Map of the Roman Fleet». Archivado desde el original el 5 de noviembre de 2020.
Consultado el 29 de mayo de 2012.
Mattingly, 2006, p. 286, 295.
Mattingly, 2006, p. 292.
Mattingly, 2006, p. 285-286, 292.
Kessler , 2008.
Hart, 1996, p. 135.
Corbier, 2005, p. 333.
Wells, 1992, p. 8.
Harris, 2008.
Andreau, 1999, p. 2.
Duncan-Jones, 1994, pp. 3-4.
Hart, 1996, pp. 128-9.
Hart, 1996, pp. 125-136.
Harris, 2000, p. 714.
Harris, 2000, p. 713.
Ando, 2010, p. 188.
Grout, 2014.
Gabriel, 2002, p. 9.
Grant, 1978, p. 264.
Stambaugh, 1988, p. 253.
Holleran, 2012, p. 142.
Laurence, 1998, p. 129.
Hopkins, 2009, p. 187.
Eliot, 1955, p. 76.
Peachin, 2011, p. 12.
Peachin, 2011, p. 16.
Peachin, 2011, p. 9.
Garnsey, 1987, p. 197.
Saller, 2002, p. 123, 176, 183.
Duncan, 2006, p. 164.
Reinhold, 2002, p. 25ff - 42.
Saller, 2000, p. 18.
Peachin, 2011, p. 17-20.
Millar, 1983, p. 81-82.
Winterling, 2009, p. 11, 21.
Frier, 2004, p. 14.
Frier, 2004, p. 31–32.
Ando, 2010, p. 177.
«Encyclopædia Britannica: Italy,ancient Roman territory».
Bradley, 1994, p. 12.
Bradley, 1994, p. 15.
Harris, 1999, p. 62-75.
Harper, 2011, p. 10-16.
Frier, 2004, p. 15.
Goodwin, 2009, p. 41.
Harris, 1999, p. 62.
Rawson, 1986, p. 186–188, 190.
Bradley, 1987, p. 72.
Bradley, 1994, p. 34, 48-50.
Frier, 2004, p. 7.
McGinn, 1998, p. 314.
Gardner, 1991, p. 119.
Frier, 2004, p. 31, 33.
Frier, 2004, p. 21.
Gamauf, 2009, p. 331-346.
Bradley, 1994, p. 2-3.
Bradley, 1994, p. 10.
Fuhrmann, 2012, p. 21-41.
McGinn, 1998, p. 288ff.
Abusch, 2003, p. 77-78.
Millar, 1998, p. 23, 209.
Mouritsen, 2011, p. 36.
Berger, 1953, p. 564.
Eck, 2000, p. 217-218.
Syme, 1999, p. 12-13.
Eck, 2000, p. 215, 221–222.
Millar, 1983, p. 88.
Eck, 2000, p. 218–219.
MacMullen, 1966, p. 16.
Wiseman, 1970, p. 71-72, 76.
Fear, 2007, p. 214-215.
Bennett, 1997, p. 5.
Hopkins, 2009, p. 188.
Millar, 1983, p. 87-88.
Millar, 1983, p. 96.
Sherwin-White, 1979, p. 211, 268.
Frier, 2004, p. 31–32, 457.
Rawson, 1986, p. 18.
Harris, 2000, p. 733.
Frier, 2004, p. 461.
Woodhull, 2004, p. 77.
Johnston, 1999, «3.3».
Frier, 2004, «4».
Thomas, 1991, p. 134.
Severy, 2002, p. 12.
Frier, 2004, p. 19–20.
Cantarella, 1987, p. 140-141.
Rawson, 1986, p. 15.
Frier, 2004, p. 19–20, 22.
Treggiari, 1991, p. 258–259, 500–502.
Harland, 2003, p. 91–103.
Bevir, 2010, pp. 40-41.
Rüpke, 2007, p. 4.
Scheid, 2007, p. 279.
Apuleyo, Flórida, 1.1.
Hanson, 1980.
Contreras, 1980.
Koch, 2006, p. 984.
Frend, 1967, p. 106.
Isaac, 2004, p. 449.
Huskinson, 2000, p. 261.
Momigliano, 1986, p. 285-297.
Fishwick, 1991, p. 97-149.
[Link]
A337FAA89A4F/[Link]
Ben-Sasson, 1976, p. 254-256.
Militärstammrolle aus Lehadea (mitte des 3. bis 2. jahrh. v. Chr.)
[Link]
Sherwin-White, 1952, p. 199-213.
Clarke, 2005, p. 616.
Frend, 2006, p. 510.
Barnes, 1968, p. 32-50.
Sainte-Croix, 1963, p. 6-38.
Musurillo, 1972, p. lviii–lxii.
Bowersock, 1999, p. 625.
Heid, 2007, p. 406-426.
Schilling, 1992, p. 110.
Millar, 1983, p. 79.
Ando, 2010, p. 192.
Ando, 2010, p. 185.
Ando, 2010, p. 185-6.
Millar, 1983, p. 76ff.
Stambaugh, 1988, p. 23ff, 244.
Raja, 2012, p. 215-218.
Sperber, 1998.
Stambaugh, 1988, p. 252-3.
Longfellow, 2011, p. 2.
Rehak, 2006, p. 4ff.
Rehak, 2006, p. 7-8.
Greene, 2000, p. 29-59.
Jones, 2000.
Lancaster, 2005.
Aldrete, 2004, p. 34-35.
Hopkins, 2007, p. 1-12.
Darvill, 2002, p. 162-163.
Longfellow, 2011, p. 1.
Fagan, 2001, p. 417.
Rehak, 2006, p. 8.
Clarke, 1993, p. 11-12.
Clarke, 1993, p. 2.
Stambaugh, 1988, p. 144, 147.
Clarke, 1993, p. 12, 17, 22ff.
Gazda, 1991, p. 9.
Clarke, 1993, p. 19.
Jashemski, 2002.
Fagan, 2011, p. 366.
Evans, 1994, p. 9-10.
Fagan, 2002, p. 99.
Fagan, 2001, p. 404.
Ward, 1992, p. 125–147, especialmente 137; 140.
Ward, 1992, p. 142-143.
Ward, 1992, p. 125.
Horster, 2011, p. 95.
Horster, 2011, p. 84-85.
Fredriksen, 2010, p. 598.
Laes, 2011, p. 109-110.
Horster, 2011, p. 88.
Horster, 2011, p. 90.
Rawson, 2003, p. 80.
Habinek, 1998, p. 122.
James, 2003, p. 21-25.
Habinek, 1998, p. 123.
Laes, 2011, p. 108.
Horster, 2011, p. 89.
Horster, 2011, p. 87-89.
Laes, 2011, p. 113-116.
Horster, 2011, p. 87-92.
Laes, 2011, p. 120.
Laes, 2011, p. 122.
Laes, 2011, p. 107-108; 132.
Connolly, 2011, p. 106.
Laes, 2011, p. 109.
Laes, 2011, p. 132.
Myers, 2006, p. 439; 442.
Connolly, 2011, p. 102-103; 105.
Saller, 1980, p. 56.
Harris, 1989, p. 5.
Johnson, 2009, p. 3-4.
Kraus, 2000, p. 325.
Horster, 2011, p. 89; 97-98.
Woolf, 2009, p. 46ff.
Mattern, 1999, p. 197.
Morgan, 1998, p. 1-2; et passim.
Horster, 2011, p. 97.
Ando, 2000, p. 101.
Kraus, 2000, p. 325-327.
Phang, 2011, p. 286-301.
Harris, 1989, p. 253-255.
Morgan, 1998, p. 88.
Morgan, 2010, p. 19-20.
Cavallo, 1999, p. 78-79.
Cavallo, 1999, p. 81-82.
Fagan, 2010, p. 372.
Harris, 1989, p. 3.
Cavallo, 1999, p. 86.
Dyson, 2010, p. 240.
Beard, 1998, p. 66.
Habinek, 2005, p. 5; 143; et passim.
Glare, 1982, p. 1048-1049.
Potter, 1999, p. 303.
Versnel, 1970, p. 96-97.
Dodge, 1999, p. 242.
Dodge, 1999, p. 235-236.
Dodge, 1999, p. 224.
Humphrey, 1986, p. 544; 558.
Bouché-Leclercq, 1886, p. 549.
Paul, 2004, p. 83.
Coleman, 1990, p. 50-51.
Dyson, 2010, p. 237, 239.
Humphrey, 1986, p. 1.
Edmondson, 1996, p. 73-74; 106.
Auguet, 1972, p. 54.
McClelland, 2007, p. 67.
Humphrey, 1986, p. 459, 461, 512, 630–631.
Dyson, 2010, p. 237.
Futrell, 2010, p. 85.
Humphrey, 1986, p. 461.
McClelland, 2007, p. 61.
Dyson, 2010, p. 238-239.
Dyson, 2010, p. 238.
Potter, 1999, p. 296.
Potter, 1999, p. 299.
Humphrey, 1986, p. 238.
Futrell, 2010, p. 84.
Humphrey, 1986, p. 18-21.
Auguet, 1972, p. 131-132.
Dodge, 1999, p. 237.
Auguet, 1972, p. 144.
Dickie, 2001, p. 272-287.
D'Ambra, 2007, p. 348-349.
Belayche, 2007, p. 289.
Potter, 1999, p. 305.
Edwards, 2007, p. 59.
Edwards, 2007, p. 49.
Edmondson, 1996, p. 70.
Dião Cássio, século III, 54.2.2.
Augusto, 13, 22.1, 3.
Edwards, 2007, p. 55.
Dião Cássio, século III, 66.25.
Edwards, 2007, p. 50.
Potter, 1999, p. 307.
McClelland, 2007, p. 66.
Coleman, 1990, p. 45-47.
Edmondson, 1996, p. 73.
Coleman, 1990, p. 44-73.
Suetônio, 121, 12.2.
Edwards, 2007, p. 59-60.
Tertuliano, século II/III, 12.
McDonald, 2007, p. 8.
Edwards, 2007, p. 63.
Kyle, 1998, p. 81.
Edwards, 2007, p. 52.
Plínio, o Jovem, 100, 33.1.
Edwards, 2007, p. 66-67; 72.
Edwards, 2007, p. 212.
Bowersock, 1995, p. 25-26.
Cavallo, 1999, p. 79.
Huber-Rebenich, 1999, p. 158-178.
Llewelyn, 2002, p. 109.
Hildebrandt, 2006, p. 59-64.
Ando, 2000, p. 382.
Rawson, 2003, p. 128.
McDaniel, 1906, p. 122–123, 125–126.
Rawson, 2003, p. 129-130.
Eyben, 1977, p. 79-82; 110.
Lee, 1984, pp. 45-75.
Torelli, 1988, p. 152.
Dunbabin, 1999, p. 133.
Hanson, 1991, p. 260, 264.
Austin, 1935, p. 34.
Austin, 1935, p. 76-79.
Stambaugh, 1988, p. 144-178.
Hinds, 2010, p. 90.
Holleran, 2012, p. 136ff.
Seo, 2010, p. 299.
Faas, 1994, p. 29.
Garnsey, 2000, p. 681.
Stambaugh, 1988, p. 144.
Holleran, 2012, p. 134-5.
Stambaugh, 1988, p. 146.
Hopkins, 2009, p. 191.
Lee, 2010, p. 230.
Coon, 1997, p. 57.
Vout, 1996, p. 216.
Bieber, 1959, p. 412.
Vout, 1996, p. 218.
Vout, 1996, p. 204-220, especialmente 206, 211.
Bieber, 1959, p. 374-417.
Métraux, 2008, p. 286.
Lee, 2010, p. 231.
Coon, 1997, p. 57-58.
Quintiliano, 95, 11.3.137–149.
Bieber, 1959, p. 415.
Métraux, 2008, p. 282-283.
Cleland, 2007, p. 194.
Coon, 1997, p. 58.
Bieber, 1959, p. 399-411.
Tertuliano, século II/IIIb, 5.2.
Vout, 1996, p. 217.
Lee, 2010, p. 232.
D'Amato, 2005, p. 7-9.
Wickham, 2009, p. 106.
Edwards, 2002, p. 65.
Verstraete, 2005, p. 5.
Alastair, 2010, p. 1-88.
Foucault, 1988, p. 239.
Langlands, 2006, p. 17.
Fantham, 2011, p. 121.
Richlin, 2011, p. 556.
Severy, 2002, p. 4.
McGinn, 1991, p. 342.
Nussbaum, 2002, p. 305.
Fantham, 2011, p. 124.
Edwards, 2002, p. 34-35.
Langlands, 2006, p. 37-38.
McGinn, 2004, p. 164.
Skinner, 1997, p. 11.
Williams, 1999, p. 304.
Nussbaum, 2002, p. 299.
Elsner, 1998, p. 11-13.
Hall, 1996, p. 3-16.
Hemingway, 2000.
Jenkyns, 1992, p. 1-5.
Kousse, 2008, p. 4-5; 8.
Griffin, 2001, p. 2-4.
Fullerton, 1990, p. 190.
Petersen, 2010, p. 312-313.
Fleming, Honour y Pevsner, 1991, p. 366–367.
Janson, 2010, p. 186-191.
Hourihane, 2012, p. 303-304.
Smith, 1950, p. 9.
Melaragno, 1991, p. 32.
Piper, 1986, p. 256.
Piper, 1986, p. 260.
Ling, 1991.
Metropolitan Museum of Art, 2000.
De Carolis, 2011, p. 14-30.
Adam, 1999, p. 216-228.
Gschwantler, 2000, p. 14-ss.
Dillon, 2010, p. 453.
Grant, 1995, p. 91-92.
Gardner, 2005, p. 178-18.
Maier, 2005, p. 385-6.
Klindt-Jensen, 2015.
Oleson, 2010, p. 507-509.
Abbe, 2000.
Toynbee, 2015.
Trentinella, 2000.
Stewart, 2003, p. 47.
Kousser, 2008, p. 11-114.
Toynbee, 1971, p. 439-442.
Zanker, 1988, p. 5ff.
Dillon, 2010, p. 451.
Fejfer, 2008, p. 10.
Newby, 2011, p. 301.
Elsner, 2011, p. 1.
Elsner, 2011, p. 12.
Elsner, 2011, p. 14.
Elsner, 2011, p. 1; 9.
Waywell, 1992, p. 295, 326.
Gagarin, 2010, p. 459-202.
Corbier, 2005, p. 421.
Butcher, 2003, p. 201ff.
Gagarin, 2010, p. 459.
Gagarin, 2010, p. 463.
Gagarin, 2010, p. 459-460.
Dunbabin, 1999, p. 254ff.
Naerebout, 2009, p. 146.
Fless, 2011, p. 249-262.
Habinek, 2005, p. passim.
Ginsberg-Klar, 1981, p. 313; 316.
Habinek, 2005, p. 90ff.
Ginsberg-Klar, 1981, p. 313.
Ginsberg-Klar, 1981, p. 314.
Ginsberg-Klar, 1981, p. 316.
Klar, 2000.
Beacham, 1996, p. 117-153.
Potter, 1999, p. 257.
Fantham, 1989, p. 230.
Slater, 2002, p. 315.
Conte, 1994, p. 128.
Franklin, 1987.
Starks, 2008, p. 85; 14ff.
Naerebout, 2009, p. 146ff.
Naerebout, 2009, p. 154, 157.
Naerebout, 2009, p. 156-157.
Richlin, 1993, p. 539-540.
Csapo, 1994, p. 377.
MacMullen, 1984, p. 74-75; 84.
Roberts, 1989, p. 3.
McNelis, 2007, p. 397.
Roberts, 1989, p. 8.
Curchin, 1995, p. 465.
van Dam, 2008, p. 45ff.
Johnson, 2010, p. 17-18.
Cavallo, 1999, p. 71.
Marshall, 1976, p. 253.
Johnson, 2010, p. 17.
Cavallo, 1999, p. 84-85.
Cavallo, 1999, p. 84.
Cavallo, 1999, p. 87-89.
Morgan, 2010, p. 19.
Jenkyns, 1992, pp. 7-11.
Rivera Quintana, Juan Carlos (2008). Breve historia de Carlomagno y el Sacro
Imperio Romano Germánico. Ediciones Nowtilus S.L. p. 60. ISBN 9788497636001.
Bloxham, Donald (2020). Why History? A History. Oxford University Press. pp. 53-
44. ISBN 9780198858720.
Sarah Foot & Chase F. Robinson, ed. (2011). «Romans and Ethnics in the Byzantine
World». The Oxford History of Historical Writing 2. Oxford University Press. pp.
559-601. ISBN 9780199236428.
Enciclopedia Británica (2020). «Mehmed II».
Burgan, Michael (2009). Empire of Ancient Rome. Infobase Publishing. p. 136. ISBN
9781438126593.
De Madariaga, Isabel (2014). «Tsar into emperor: the title of Peter the Great».
Politics and Culture in Eighteenth-Century Russia. Routledge. pp. 34-39. ISBN
9781317881902.
Jenkyns, 1992, pp. 7-9.
Collier, Martin (2003). Italian Unification, 1820-71. Heinemann. p. 22. ISBN
9780435327545.
Lozano, Álvaro (2013). «La Romanitá». Mussolini y el fascismo italiano. Marcial
Pons Historia. pp. 292-294. ISBN 9788415817147.
Kitzinger, 1991, pp. 637-639.
Dale, 1997, pp. 73-76.
Rosenblum, 1970, pp. 3-49.
Jenkyns, 1992, p. 394.
Waquet, Françoise (2002). Latíno: L'impero di un signo. Verso. pp. 1-2. ISBN
8807103702.
Bibliografía
Fuentes primarias
Tito Livio (siglo I a. C.). Ab urbe condita libri, obra en español: tomos I, II,
III, IV, V, VI y VII.
Plutarco (siglo I/II). Vidas paralelas, obra en español: tomos I, II, III, IV y V.
Tácito (siglo I/II)
Anales (obra en español)
Historias (obra en español)
Suetonio (121). Vidas de los doce césares, obra en español en Wikisource.
Marco Aurelio (170). Meditaciones, obra en español.
Sexto Julio Africano (c. 221). Chronographiai.
Historia Augusta [117–284], obra en español: tomos I, II y III.
Eusebio de Cesarea (c. 325). Chronicron (en inglés)
Aurelio Víctor at. (c. 361). Epitome de Caesaribus (en inglés)
Rufo Festo (c. 364). Breve historia de Roma.
Amiano Marcelino (c. 400). Historias, obra en español: tomos I y II.
Paulo Orosio (c. 417) Historiæ adversus paganos (en inglés).
Próspero de Aquitania (c. 455). Epitoma Chronicon [379–455](en latín).
Zósimo (c. 500). Nueva Historia [27 a.C.–410].
Fasti Capitolini en Attalus.
Fasti triumphales en Attalus.
Theodor Mommsen ed. (1892): Chronica Minora saec IV. V. VI. VII; Monumenta
Germaniae Historica (en latín).
Historiografía
Abbe, Mark B. (2000). «Polychromy of Roman Marble Sculpture». p. The Metropolitan
Museum of Art.
Abbott, Frank Frost (2001). A History and Description of Roman Political
Institutions. Adamant Media Corporation. ISBN 0543927490.
Abusch, Ra'anan (2003). «Circumcision and Castration under Roman Law in the Early
Empire». The Covenant of Circumcision: New Perspectives on an Ancient Jewish Rite.
Brandeis University Press.
Adam, Jean-Pierre (1999). Roman building: materials and techniques. Londres y Nuevo
York: Routledge.
Adams, J. N. (2003). Romanitas and the Latin Language 53 (1). Cambridge Journals.
p. The Classical Quarterly (New Series).
Alastair, J; Blanshard, L (2010). «Roman Vice». Sex: Vice and Love from Antiquity
to Modernity. Wiley-Blackwell.
Aldrete, Gregory S. (2004). Daily life in the Roman city: Rome, Pompeii and Ostia.
Greenwood Publishing Group. ISBN 9780313331749.
Alföldy, Géza; David Braund (1985). Social History of Rome.
Ando, Clifford (2010). «The Administration of the Provinces». A Companion to the
Roman Empire. Blackwell.
Ando, Clifford (2000). Imperial Ideology and Provincial Loyalty in the Roman
Empire. University of California Press. ISBN 0520220676.
Andreau, Jean (1999). Banking and Business in the Roman World. Cambridge University
Press.
Apuleio (Siglo II). Florida.
Arnold, Bettina (1998). Celtic Chiefdom, Celtic State: The Evolution of Complex
Social Systems in Prehistoric Europe. Cambridge University Press. ISBN 978-
0521585798.
Asimov, Isaac (1989). Asimov's Chronology of the World. Harper Collins. ISBN 978-
0062700360.
Auguet, Roland (1972). Cruelty and Civilization: The Roman Games. Londres y Nueva
York: Routledge.
Augusto (13). Res Gestae Divi Augusti.
Austin, Roland G. (outubro de 1934). Roman Board Games. I. 4:10. p. Greece & Rome.
Austin, R. G. (1935). Roman Board Games II. 3.11. p. Greece & Rome.
Bayley, Justine; Butcher, Sarnia (2004). The Society of Antiquaries of London, ed.
Roman Brooches in Britain: A Technological and Typological Study based on the
Richborough Collection. ISBN 085431279X.
Barnes, Timothy D. (1968). Legislation Against the Christians 58. p. Journal of
Roman Studies.
Beard, Mary; J.A. North; S.R.F. Price (1998). Religions of Rome: A History.
Cambridge University Press.
Beacham, Richard C (1996). The Roman Theatre and Its Audience. Harvard University
Press.
Belayche, Nicole (2007). «Religious Actors in Daily Life: Practices and Related
Beliefs». A Companion to Roman Religion. Blackwell.
Ben-Sasson, H. H. (1976). «The Crisis Under Gaius Caligula». A History of the
Jewish People. Harvard University Press. ISBN 0-674-39731-2.
Bennett, Julian (1997). Trajan: Optimus Princeps. Indiana University Press.
Berger, Adolf (1953). Encyclopedic Dictionary of Roman Law. The American
Philosophical Society.
Bevir, Mark (2010). Encyclopedia of Political Theory. SAGE Publications. ISBN
9781412958653.
Bieber, Margarete Bieber (1959). Roman Men in Greek Himation (Romani Palliati) a
Contribution to the History of Copying. 103.3. p. Proceedings of the American
Philosophical Society.
Boatwright, Mary T. (2000). Hadrian and the Cities of the Roman Empire. Princeton
University Press.
Bohec, Yann Le (2000). The Imperial Roman Army. Londres y Nueva York: Routledge.
Bouché-Leclercq, Auguste (1886). Manuel des Institutions Romaines. Hachette.
Bowersock, Glen Warren; Brown, Peter; Grabar, Oleg (1999). Late antiquity: a guide
to the postclassical world. Harvard University Press. ISBN 0674511735.
Bowersock, G. W. (1995). Martyrdom and Rome. Cambridge University Press.
Bozeman, Adda B. (2010). Politics and Culture in International History from the
Ancient Near East to the Opening of the Modern Age (2.ª edición). Transaction
Publishers.
Bradley, K.R. (1987). «On the Roman Slave Supply and Slavebreeding». Classical
Slavery. Frank Cass.
Bradley, Keith (1994). Slavery and Society at Rome. Cambridge University Press.
Brennan, T. Corey (2000). The Praetorship in the Roman Republic. Oxford University
Press.
Brown, Peter (1971). The World of Late Antiquity. Londres: W. W. Norton & Company.
ISBN 978-0393958034.
Bunson, Matthew (1995). A Dictionary of the Roman Empire. Oxford University Press.
Butcher, Kevin (2003). Roman Syria and the Near East. Getty Publications.
Callataÿ, François de (2005). The Graeco-Roman Economy in the Super Long-Run: Lead,
Copper, and Shipwrecks 18. p. Journal of Roman Archaeology.
Cantarella, Eva (1987). Pandora's Daughters: The Role and Status of Women in Greek
and Roman Antiquity. Johns Hopkins University Press. ISBN 9780801833854.
Casson, Lionel (1991). The Ancient Mariners: Seafarers and Sea Fighters of the
Mediterranean in Ancient Times. Princeton University Press. ISBN 9780691014777.
Cavallo, Guglielmo (1999). «Between Volumenn and Codex: Reading in the Roman
World». A History of Reading in the West. Polity Press.
Clarke, John R. (1993). The Houses of Roman Italy, 100 B.C.–A.D. 250.
9780520084292. ISBN 9780520084292.
Clarke, Graeme (2005). «Third-Century Christianity». Cambridge Ancient History: The
Crisis of Empire 12. Cambridge University Press.
Cleland, Liza (2007). Greek and Roman Dress from A to Z. Londres y Nueva York:
Routledge.
Coleman, K. M. (1990). Fatal Charades: Roman Executions Staged as Mythological
Enactments 80. p. Journal of Roman Studies.
Collis, John (2000). «'Celtic' Oppida». A Comparative Study of Thirty City-state
Cultures. Danske Videnskabernes Selskab.
Connolly, Peter; Murray, Carol van Driel (1991). The Roman Cavalry Saddle (22). p.
Britannia.
Connolly, Joy (2011). «Rhetorical Education». The Oxford Handbook of Social
Relations in the Roman World. Oxford University Press.
Contreras, Carlos A. (1980). «Christian Views of Paganism». Aufstieg und Niedergang
der römischen Welt. II.23.1. p. 871-1022.
Conte, Gian Biagio (1994). Latin Literature: A History. Johns Hopkins University
Press.
Coon, Lynda L. (1997). Sacred Fictions: Holy Women and Hagiography in Late
Antiquity. University of Pennsylvania Press.
Corbier, Mireille (2005). «Coinage, Society and Economy». Cambridge Ancient History
XII2: The Crisis of Empire, AD 193 337 12. Cambridge University Press.
Craddock, Paul T. (2008). «Mining and Metallurgy». The Oxford Handbook of
Engineering and Technology in the Classical World. Oxford University Press. ISBN
9780195187311.
Csapo, Eric; William J. Slater (1994). The Context of Ancient Drama. University of
Michigan Press.
Curchin, Leonard A. (1995). Literacy in the Roman Provinces: Qualitative and
Quantitative Data from Central Spain. 116.3. p. American Journal of Philology.
D'Ambra, Eva (2007). «Racing with Death: Circus Sarcophagi and the Commemoration of
Children in Roman Italy». Constructions of Childhood in Ancient Greece and Italy.
American School of Classical Studies at Athens.
D'Amato, Raffaele (2005). Roman Military Clothing (3) AD 400 to 640. Osprey.
Dale, Thomas E. A. (1997). Relics, prayer, and politics in medieval Venetia:
Romanesque painting in the crypt of Aquileia Cathedral. Princeton University Press.
Darvill, Timothy; Stamper, Paul; Timby, Jane (2002). England: an Oxford
archaeological guide to sites from earliest times to AD 1600. Oxford University
Press. ISBN 9780192841018.
Davis, Paul K. (1999). 100 Decisive Battles from Ancient Times to the Present: The
World’s Major Battles and How They Shaped History. Oxford University Press.
De Carolis, Ernesto (2001). Gods and Heroes in Pompeii. L'Herma di Bretschneider.
Dião Cássio (Siglo III). História Romana.
Dickie, Matthew (2001). Magic and Magicians in the Greco-Roman World. Londres y
Nueva York: Routledge.
Digeser, Elizabeth DePalma (2000). The Making of a Christian Empire: Lactantius and
Rome. Cornell University Press.
Dillon, Sheila (2010). «Portraits and Portraiture». The Oxford Encyclopedia of
Ancient Greece and Rome. Oxford University Press. ISBN 9780195388398.
Dodge, Hazel (1999). «Amusing the Masses: Buildings for Entertainment and Leisure
in the Roman World». Life, Death, and Entertainment in the Roman Empire. University
of Michigan Press.
Dunbabin, Katherine M. D. (1999). Mosaics of the Greek and Roman World. Cambridge
University Press.
Duncan, Anne (2006). Performance and Identity in the Classical World. Cambridge
University Press. ISBN 978-0521852821.
Duncan-Jones, Richard (1994). Money and Government in the Roman Empire. Cambridge
University Press.
Durand, John D. (1977). Historical Estimates of World Population: An Evaluation 3
(3). p. Population and Development Review.
Dyson, Stephen L. (2010). Rome: A Living Portrait of an Ancient City. Johns Hopkins
University Press.
Eck, Walter (2000). «Emperor, Senate and Magistrates». Cambridge Ancient History:
The High Empire A.D. 70–192. Cambridge University Press.
Eck, Walter (2000b). «The Emperor and His Advisors». Cambridge Ancient History: The
High Empire A.D. 70–192. Cambridge University Press.
Eck, Werner (2003). Deborah Lucas Schneider (tradutora); Sarolta A. Takács (mais
conteúdo), ed. The Age of Augustus. Oxford: Blackwell Publishing. ISBN 978-0-631-
22957-5.
Eder, W. (1993). «The Augustan Principate as Binding Link». En Raaflaub, Kurt A.;
Toher, Mark, ed. Between Republic and Empire: Interpretations of Augustus and His
Principate. University of California Press.
Edmondson, J. C. (1996). «Dynamic Arenas: Gladiatorial Presentations in the City of
Rome and the Construction of Roman Society during the Early Empire». Roman Theater
and Society. University of Michigan Press.
Edwards, Catherine (2002). The Politics of Immorality in Ancient Rome. Cambridge
University Press. ISBN 052140083X.
Edwards, Catherine (2007). Death in Ancient Rome. Yale University Press.
Eliot, C.W.J. (1955). New Evidence for the Speed of the Roman Imperial Post 9 (2).
Classical Association of Canada. p. Phoenix.
Elsner, Jaś (1998). Imperial Rome and Christian triumph. Oxford University Press.
Elsner, Jaś (2011). Introduction to Life, Death and Representation: Some New Work
on Roman Sarcophagi. De Gruyter.
Evans, Harry B. (1994). Water Distribution in Ancient Rome. University of Michigan
Press.
Eyben, Emiel (1977). Restless Youth in Ancient Rome. Londres y Nueva York:
Routledge.
Fagan, Garrett G. (2002). Bathing in Public in the Roman World. University of
Michigan Press. ISBN 0472088653.
Fagan, Garrett G. (2011). «Socializing at the Baths». The Oxford Handbook of Social
Relations in the Roman World. Oxford University Press.
Fagan, Garrett G. (2001). The Genesis of the Roman Public Bath: Recent Approaches
and Future Directions. 105.3. p. American Journal of Archaeology.
Fagan, Garrett G. (2010). «Leisure». A Companion to the Roman Empire. Blackwell.
Fantham, Elaine (1989). Mime: The Missing Link in Roman Literary History 82. p.
Classical World.
Fantham, Elaine (2011). «Stuprum: Public Attitudes and Penalties for Sexual
Offences in Republican Rome». Roman Readings: Roman Response to Greek Literature
from Plautus to Statius and Quintilian. Walter de Gruyter.
Faas, Patrick Faas (1994). Around the Roman Table: Food and Feasting in Ancient
Rome. University of Chicago Press.
Fear, Andrew (2007). «War and Society». The Cambridge History of Greek and Roman
Warfare: Rome from the Late Republic to the Late Empire 2. Cambridge University
Press.
Fejfer, Jane (2008). Roman Portraits in Context. Walter de Gruyter.
Fishwick, Duncan (1991). The Imperial Cult in the Latin West: Studies in the Ruler
Cult of the Western Provinces of the Roman Empire 1. Brill Publishers. ISBN 90-04-
07179-2.
Fleming, John; Honour, Hugh; Pevsner, Nikolaus, ed. (1991). Dictionary of
Architecture (4.ª edición). Londres: Penguin Books. ISBN 978-0-14-051241-0.
Fless, Friederike; Moede, Katja (2011). «Music and dance: forms of representation
in pictorial and written sources». En Küpke, Jörg, ed. A Companion to Roman
Religion. John Wiley & Sons.
Foucault, Michel (1988). The History of Sexuality: The Care of the Self 3. Nueva
York: Vintage Books.
Franklin, James L. (1987). Pantomimists at Pompeii: Actius Anicetus and His Troupe.
108.1. p. American Journal of Philology.
Fredriksen, Paula (2010). «Christians in the Roman Empire in the First Three
Centuries CE». A Companion to the Roman Empire. Blackwell.
Freeman, Charles (1999). The Greek Achievement: The Foundation of the Western
World. Penguin Books. ISBN 978-0140293234.
Frend, W. H. C. (1967). Martyrdom and Persecution in the Early Church: A Study of
Conflict from the Maccabees to Donatus. Doubleday.
Frend, W. H. C. (2006). «Persecutions: Genesis and Legacy». Cambridge History of
Christianity: Origins to Constantine 1. Cambridge University Press.
Frier, Bruce W.; Thomas A.J. (2004). A Casebook on Roman Family Law. Oxford
University Press: American Philological Association. ISBN 0195161858.
Fuhrmann, Christopher (2012). Policing the Roman Empire: Soldiers, Administration,
and Public Order. Oxford University Press.
Fullerton, Mark D (1990). The Archaistic Style in Roman Statuary. Brill. ISBN
9789004091467.
Futrell, Alison (2010). «Chariot racing». The Oxford Encyclopedia of Ancient Greece
and Rome. Oxford University Press. ISBN 9780195388398.
Gamauf, Richard (2009). Slaves Doing Business: The Role of Roman Law in the Economy
of a Roman Household 16 (3). p. European Review of History.
doi:10.1080/13507480902916837.
Gardner, Jane F. (1991). Women in Roman Law and Society. Indiana University Press.
Gabriel, Richard A. (2002). The Great Armies of Antiquity. Praeger.
Gagarin, Michael (2010). The Oxford Encyclopedia of Ancient Greece and Rome. Oxford
University Press. ISBN 9780195388398.
Galinsky, Carl (2007). «Continuity and Change». A Companion to Roman Religion.
Blackwell.
Gardiner, Robert (2004). Age of the Galley: Mediterranean Oared Vessels since pre-
Classical Times. Conway Maritime Press. ISBN 978-0-85177-955-3.
Gardner, Helen; Kleiner, Fred S. & Mamiya, Christin J. (2005). Gardner's art
through the ages: the Western perspective 1. Cengage Learning.
Garnsey, Peter; Saller, Peter (1987). The Roman Empire: Economy, Society and
Culture. University of California Press. ISBN 9780520285989.
Garnsey, Peter (2000). «The Land». The Cambridge Ancient History: The High Empire
A.D. 70–192 11. Cambridge University Press.
Gazda, Elaine K. (1991). Roman Art in the Private Sphere: Architecture and Décor of
the Domus, Villa, and Insula. University of Michigan Press.
Ginsberg-Klar, Maria E. (1981). The Archaeology of Musical Instruments in Germany
during the Roman Period. 12.3. p. World Archaeology.
Glare, P.G.W. (1982). Oxford Latin Dictionary. Oxford: Clarendon Press.
Goldsmith, Raymond W. (setembro de 1984). An Estimate of the Size and Structure of
the National Product of the Early Roman Empire 30 (3). p. Review of Income and
Wealth. doi:10.1111/j.1475-4991.1984.tb00552.x.
Goldsworthy, Adrian (2003). The Complete Roman Army. Londres: Thames & Hudson. ISBN
0-500-05124-0.
Goldsworthy, Adrian (2009). How Rome Fell: Death of a Superpower. Yale University
Press. ISBN 978-0300164268.
Goodwin, Stefan (2009). Africa in Europe: Antiquity into the Age of Global
Expansion 1. Lexington Books.
Grant, Michael (1978). History of Rome. Charles Scribner.
Grant, Michael (1995). Art in the Roman Empire. Londres y Nueva York: Routledge.
Greene, Kevin (1986). The archaeology of the Roman economy. Univ of California
Press.
Greene, Kevin (setembro de 2000). Technological Innovation and Economic Progress in
the Ancient World: M.I. Finley Re-Considered 53 (1). p. The Economic History
Review.
Griffin, Jasper (2001). «Introduction». En Boardsman, John, Griffin, Jasper &
Murray, Oswen., ed. The Oxford Illustrated History of the Roman World. Oxford
University Press. ISBN 978-0192854360.
Grout, James (2014). «Encyclopaedia romana». Consultado el 5/10/2014.
Gschwantler, Kurt (2000). «Graeco-Roman Portraiture». En Walker, Susan, ed. Ancient
faces: Mummy Portraits from Roman Egypt. Taylor & Francis.
Habinek, Thomas N. (2005). The World of Roman Song: From Ritualized Speech to
Social Order. Johns Hopkins University Press.
Habinek, Thomas N. (1998). The Politics of Latin Literature: Writing, Identity, and
Empire in Ancient Rome. Princeton University Press.
Hachlili, Rachel (1998). Ancient Jewish Art and Archaeology in the Diaspora. Brill.
Hall, John Franklin (1996). «Etruscan Italy: A rediscoverable history?"». En Hall,
John Franklin, ed. Etruscan Italy: Etruscan influences on the civilizations of
Italy from antiquity to the modern era. Indiana University Press.
Hanson, R. P. C. (1980). «The Christian Attitue to Pagan Religions up to the Time
of Constantine the Great». Aufstieg und Niedergang der römischen Welt. II.23.1. p.
871-1022.
Hanson, Ann Ellis (1991). «he Restructuring of Female Physiology at Rome». Les
écoles médicales à Rome. Universidade de Nantes.
Harding, D. W. (2007). The Archaeology of Celtic Art. Londres y Nueva York:
Routledge.
Harland, Philip A. (2003). Imperial Cults within Ubicación Cultural Life:
Associations in Roman Asia 17.
Harper, Kyle (2011). Slavery in the Late Roman World, AD 275-425. Cambridge
University Press. ISBN 0521198615.
Harris, W.V. (1999). Demography, Geography and the Sources of Roman Slaves 89. p.
Journal of Roman Studies.
Harris, William V. (2000). «Trade». The Cambridge Ancient History: The High Empire
A.D. 70–192 11. Cambridge University Press.
Harris, William V. (1989). Ancient Literacy. Harvard University Press.
Harris, William V. (2008). «The Nature of Roman Money». The Monetary Systems of the
Greeks and Romans. Oxford University Press. ISBN 0199233357.
Hart, Kenneth W (1996). Coinage in the Roman Economy, 300 B.C. to A.D. 700. Johns
Hopkins University Press.
Hartswick, Kim J. (2010). «Gardens». The Oxford Encyclopedia of Ancient Greece and
Rome. Oxford University Press. ISBN 9780195388398.
Heid, Stefan (2007). «The Romanness of Roman Christianity». A Companion to Roman
Religion. Blackwell.
Hemingway, Colette; Hemingway, Seán (2000). «Art of the Hellenistic Age and the
Hellenistic Tradition». Timeline of Art History. The Metropolitan Museum of Art.
Herlihy, David (2008). «History of Europe, The Romans». Encyclopædia Britannica.
Hildebrandt, Henrik (2006). «Early Christianity in Roman Pannonia—Fact or Fiction».
Studia Patristica: Papers Presented at the Fourteenth International Conference on
Patristic Studies Held in Oxford 2003. Peeters.
Hinds, Kathryn (2010). Everyday Life in the Roman Empire. Marshall Cavendish.
Holleran, Claire (2012). Shopping in Ancient Rome: The Retail Trade in the Late
Republic and the Principate. Oxford University Press.
Hopkins, Keith (2009). «The Political Economy of the Roman Empire». The Dynamics of
Ancient Empires : State Power from Assyria to Byzantium. Oxford University Press.
Hopkins, John N N (Março de 2007). The Cloaca Maxima and the Monumental
Manipulation of Water in Archaic Rome (4). p. The Waters of Rome.
Horster, Marietta (2011). «Primary Education». The Oxford Handbook of Social
Relations in the Roman World. Oxford University Press.
Hourihane, Colum, ed. (2012). The Grove Encyclopedia of Medieval Art and
Architecture. Oxford University Press. ISBN 978-0-19-539536-5.
Huber-Rebenich, Gerlinde (1999). «Hagiographic Fiction as Entertainment». Latin
Fiction: The Latin Novel in Context. Routlege.
Humphrey, John H. (1986). Roman Circuses: Arenas for Chariot Racing. University of
California Press.
Huskinson, Janet (2000). Experiencing Rome: Culture, Identity and Power in the
Roman Empire. Londres y Nueva York: Routledge.
Isaac, Benjamin H. (2004). The Invention of Racism in Classical Antiquity.
Princeton University Press.
Janson, H. W. (2010). A Nova História da Arte de Janson (en portugués) (9.ª
edición). Lisboa: Fundação Calouste Gulbenkian. ISBN 9789723113150.
Jashemski, Wilhemina Feemster; Frederick G. Meyer (2002). The Natural History of
Pompeii. Cambridge University Press.
James, Sharon L. (2003). Learned Girls and Male Persuasion: Gender and Reading in
Roman Love Elegy. University of California Press.
Jenkyns, Richard (1992). «The Legacy of Rome». En Jenkyns, Richard, ed. The Legacy
of Rome. Oxford University Press.
Jensen, Robin M. (1999). «The Dura-Europos Synagogue, Early-Christian Art and
Religious Life in Dura Europos». Jews, Christians and Polytheists in the Ancient
Synagogue: Cultural Interaction during the Greco-Roman Period. Londres y Nueva
York: Routledge.
Johnson, William A. (2009). Ancient Literacies: The Culture of Reading in Greece
and Rome. Oxford University Press.
Johnson, William A. (2010). Readers and Reading Culture in the High Roman Empire: A
Study of Elite Communities. Oxford University Press.
Johnston, David (1999). Roman Law in Context. Cambridge University Press. ISBN
0521639611.
Jones, A. H. M. (1960). The Cloth Industry under the Roman Empire. 13.2. p.
Economic History Review.
Jones, Mark Wilson (2000). Principles of Roman Architecture. New Haven: Yale
University Press.
Keane, Catherine (2006). Figuring Genre in Roman Satire. Oxford University Press.
Kelly, Christopher (2006). The Roman Empire: A Very Short Introduction. Oxford:
Oxford University Press. ISBN 978-0192803917.
Kessler, David; Temin, Peter (2008). «Money and Prices in the Early Roman Empire».
The Monetary Systems of the Greeks and Romans. Oxford University Press.
Kitzinger, Ernst (1991). «The Arts as Aspects of a Renaissance: Rome and Italy». En
Benson, Robert L., ed. Renaissance and renewal in the twelfth century 26.
University of Toronto Press.
Klar, Laura S. (2000). «Theater and Amphitheater in the Roman World». The
Metropolitan Museum of Art.
Klindt-Jensen, Ole (2015). «Western painting». Encyclopaedia Britannica.
Koch, John T. (2006). Celtic Culture: A Historical Encyclopedia. ABC-Clio.
Köhne, Eckhart (2000). «Bread and Circuses: The Politics of Entertainment».
Gladiators and Caesars: The Power of Spectacle in Ancient Rome. University of
California Press.
Kousse, Rachel Meredith (2008). Hellenistic and Roman Ideal Sculpture: The Allure
of the Classical. Cambridge University Press.
Kraus, T.J. (2000). (Il)literacy in Non-Literary Papyri from Graeco-Roman Egypt:
Further Aspects of the Educational Ideal in Ancient Literary Sources and Modern
Times. 53.3. p. Mnemosyme.
Kyle, Donald G. (1998). Spectacles of Death in Ancient Rome. Londres y Nueva York:
Routledge.
Laes, Christian (2011). Children in the Roman Empire: Outsiders Within. Cambridge
University Press.
Lancaster, Lynne (2005). Concrete Vaulted Construction in Imperial Rome.
Innovations in Context. Cambridge University Press. ISBN 978-0-511-16068-4.
Langlands, Rebecca (2006). Sexual Morality in Ancient Rome. Cambridge University
Press.
Laurence, Ray (1998). «Land Transport in Roman Italy: Costs, Practice and the
Economy». Trade, Traders and the Ancient City. Londres y Nueva York: Routledge.
Lee, Mireille M. (2010). «Clothing». The Oxford Encyclopedia of Ancient Greece and
Rome. Oxford University Press. ISBN 9780195388398.
Lee, H. (1984). Athletics and the Bikini Girls from Piazza Armerina 10. p. Stadion.
Lewis, Charlton T (1879). «Princeps». Lewis & Short, Perseus Classical Tools.
Consultado el 11/02/2015.
Lewis, Charlton T (1879b). «Imperator». Lewis & Short, Perseus Classical Tools.
Consultado el 11/02/2015.
Ling, Roger (1991). Roman painting. Cambridge University Press.
Lintott, Andrew (1999). The Constitution of the Roman Republic. Oxford University
Press.
[Link] (2010). «Imperator» (en inglés). Consultado el 11/02/2015.
Llewelyn, S.R.; A. M. Nobbs (2002). «The Earliest Dated Reference to Sunday in the
Papyri». New Documents Illustrating Early Christianity. Wm. B. Eerdmans.
Lo Cascio, Elio; Malanima, Paolo (dezembro de 2009). GDP in Pre-Modern Agrarian
Economies (1–1820 AD). A Revision of the Estimates 25 (3). p. Rivista di storia
economica.
Longfellow, Brenda (2011). Roman Imperialism and Civic Patronage: Form, Meaning and
Ideology in Monumental Fountain Complexes. Cambridge University Press.
Luttwak, Edward N. (1979). The Grand Strategy of the Roman Empire: From the First
Century A.D. to the Third. Johns Hopkins University Press. ISBN 0-8018-2158-4.
MacMullen, Ramsey (1966). Provincial Languages in the Roman Empire 87 (1). p.
American Journal of Philology.
MacMullen, Ramsay (1984). Christianizing the Roman Empire: (A. D. 100-400). Yale
University Press.
Maddison, Angus (2007). Contours of the World Economy, 1–2030 AD. Essays in Macro-
Economic History. Oxford University Press. ISBN 978-0-19-922721-1.
Maier, Harry O (2005). «Picturing the New Testament: studies in ancient visual
images». En Weissenrieder, Annette, ed. Barbarians, Scythians and Imperial
Iconography in the Epistle to the Colossians. Mohr Siebeck.
Marshall, Anthony J. (1976). Library Resources and Creative Writing at Rome. 30.3.
p. Phoenix.
Marlière, Élise (2001). Le tonneua en Gaule romaine 58 (58). p. 181–201.
Mattern, Susan P. (1999). Rome and the Enemy: Imperial Strategy in the Principate.
University of California Press.
Mattingly, David (2006). «The Imperial Economy». A Companion to the Roman Empire.
ISBN 9780631226444. doi:10.1002/9780470996942.
McClelland, John (2007). Body and Mind: Sport in Europe from the Roman Empire to
the Renaissance. Londres y Nueva York: Routledge.
McDaniel, Walton Brooks (1906). «Some Passages concerning Ball-Games». Transactions
and Proceedings of the American Philological Association 37.
McDonald, Marianne; J. Michael Walton (2007). The Cambridge Companion to Greek and
Roman Theatre. Cambridge University Press.
McGinn, Thomas (1991). Concubinage and the Lex Iulia on Adultery 121. American
Philological Association. p. Transactions of the American Philological Association.
McGinn, Thomas A. (2004). The Economy of Prostitution in the Roman World.
University of Michigan Press.
McGinn, Thomas A.J. (1998). Prostitution, Sexuality and the Law in Ancient Rome.
Oxford University Press.
McNelis, Charles (2007). «Ovidian Strategies in Early Imperial Literature». A
Companion to Ovid. Blackwell.
Melaragno, Michele G. (1991). An Introduction to Shell Structures: the Art and
Science of Vaulting. Nueva York: Van Nostrand Reinhold. ISBN 978-1-4757-0225-5.
Métraux, Guy P.R. (2008). «Prudery and Chic in Late Antique Clothing," in Roman
Dress and the Fabrics of Roman Culture». Roman Dress and the Fabrics of Roman
Culture. University of Toronto Press.
Metropolitan Museum of Art (2000). «Roman Painting». The Metropolitan Museum of
Art.
Miles, Richard (1999). «Communicating Culture, Identity, and Power». Experiencing
Power: Culture, Identity and Power in the Roman Empire. Londres y Nueva York:
Routledge. ISBN 978-0415212847.
Millar, Fergus (1983). Empire and City, Augustus to Julian: Obligations, Excuses
and Status (73). Society for the Promotion of Roman Studies. p. Journal of Roman
Studies.
Millar, Fergus (1998). The Crowd in Rome in the Late Republic. University of
Michigan.
Millar, Fergus (2006). A Greek Roman Empire: Power and Belief under Theodosius II
(408-450). University of California Press. ISBN 978-0520253919.
Momigliaño, Arnaldo (1986). The Disadvantages of Monotheism for a Universal State.
81.4. p. Classical Philology.
Morgan, Teresa (2010). «Education». The Oxford Encyclopedia of Ancient Greece and
Rome. Oxford University Press. ISBN 9780195388398.
Morgan, Teresa (1998). Literate Education in the Hellenistic and Roman Worlds.
Cambridge University Press.
Mouritsen, Henrik (2011). The Freedman in the Roman World. Cambridge University
Press.
Musurillo, Herbert (1972). The Acts of the Christian Martyrs. Oxford: Clarendon
Press.
Myers, K. Sara (2006). «Imperial Poetry». The Blackwell Companion to the Roman
Empire. Blackwell.
Naerebout, Frederick G. (2009). «Dance in the Roman Empire and Its Discontents».
Ritual Dynamics and Religious Change in the Roman Empire. Proceedings of the Eighth
Workshop of the International Network Impact of Empire (Heidelberg, July 5–7,
2007). Brill.
Neils, Jenifer (2010). «Sculpture». The Oxford Encyclopedia of Ancient Greece and
Rome. Oxford University Press. ISBN 9780195388398.
Newby, Zahra (2011). «Myth and Death: Roman Mythological Sarcophagi». A Companion
to Greek Mythology. Blackwell.
Nicolet, Claude (1991). Space, Geography, and Politics in the Early Roman Empire.
University of Michigan Press. ISBN 978-0472100965.
Nussbaum, Martha (2002). «The Incomplete Feminism of Musonius Rufus, Platonist,
Stoic, and Roman». The Sleep of Reason: Erotic Experience and Sexual Ethics in
Ancient Greece and Rome. University of Chicago Press. ISBN 0226609154.
Oleson, John Peter (2010). Oxford Handbook of Engineering and Technology in the
Classical. Oxford University Press. ISBN 978-0199734856.
Paul, John; Museu Getty (2004). «Purificazione». Thesaurus Cultus Et Rituum
Antiquorum (ThesCRA). Getty Publications. ISBN 089236789X.
Parker, Philip (2010). The Empire Stops Here. Pimlico. ISBN 1845950038.
Peachin, Michael (2011). The Oxford Handbook of Social Relations in the Roman
World. Oxford University Press. ISBN 978-0-19-518800-4.
Penrose, Jane (2005). Rome and her enemies. Osprey. ISBN 9781846033360.
Petersen, Lauren Hackworth (2010). «Crafts and Artisans». The Oxford Encyclopedia
of Ancient Greece and Rome. Oxford University Press. ISBN 9780195388398.
Phang, Sara Elise (2011). «Military Documents, Languages, and Literacy». A
Companion to the Roman Army. Blackwell.
Piper, David (1986). The Illustrated Library of Art. Nueva York: Portland House.
ISBN 0-517-62336-6.
Plínio, o Jovem (100). Panegírico del emperador Trajano.
Potter, David S. (1999). Life, Death, and Entertainment in the Roman Empire.
University of Michigan Press. ISBN 0472085689.
Potter, David S. (2004). The Roman Empire at Bay. Londres y Nueva York: Routledge.
ISBN 978-0415100588.
Quilici, Lorenzo (2008). «Land Transport, Part 1: Roads and Bridges». En Oleson,
John Peter, ed. The Oxford Handbook of Engineering and Technology in the Classical
World. Nueva York: Oxford University Press. ISBN 978-0-19-518731-1.
Quintiliano (95). Institutio oratoria.
Raja, Rubina (2012). Urban Development and Regional Identity in the Eastern Roman
Provinces 50 BC–AD 250. Museum Tusculanum Press.
Rawson, Beryl (1986). «The Roman Family». The Family in Ancient Rome: New
Perspectives. Cornell University Press. ISBN 0801494605.
Rawson, Beryl (2003). Children and Childhood in Roman Italy. Oxford University
Press.
Reden, Sitta von (2010). Money in Classical Antiquity. Cambridge University Press.
Rehak, Paul (2006). Imperium and Cosmos: Augustus and the Northern Campus Martius.
University of Wisconsin Press.
Reid, T. R. (1997). The World According to Rome 192 (2). p. National Geographic.
Reinhold, Meyer (2002). Studies in Classical History and Society. Oxford University
Press.
Richardson, John (2011). Frontiers in the Roman World. Brill. ISBN 9789004201194.
Richlin, Amy (1993). Not before Homosexuality: The Materiality of the cinaedus and
the Roman Law against Love between Men. 3.4. p. Journal of the History of
Sexuality.
Roberts, Michael (1989). The Jeweled Style: Poetry and Poetics in Late Antiquity.
Cornell University Press.
Rochette, Bruno (2011). «Language Policies in the Roman Republic and Empire». En
Clackson, James, ed. Blackwell companion to the History of the Latin language.
Nueva York: Wiley-Blackwell. ISBN 978-1405186056.
Rosenblum, Robert (1970). Transformations in late eighteenth century art. Princeton
University Press.
Roth, Jonathan (1994). The Size and Organization of the Roman Imperial Legion 43
(3). Franz Steiner Verlag. p. 346-362.
Rüpke, Jörg (2007). «Roman Religion – Religions of Rome». A Companion to Roman
Religion. Blackwell.
Saddington, D.B. (2007). «Classes. The Evolution of the Roman Imperial Fleets». En
Erdkamp, Paul, ed. A Companion to the Roman Army. Blackwell Publishing Ltd. ISBN
978-1-4051-2153-8.
Sainte-Croix, G. E. M. (1963). Why Were the Early Christians Persecuted? 26. p.
Past & Present.
Saller, R. P. (1980). Promotion and Patronage in Equestrian Careers 70. p. Journal
of Roman Studies.
Saller, Richard P. (2000). «Status and patronage». En Garnsey, Peter, ed. Cambridge
Ancient History: The High Empire, A.D. 70–192. Cambridge University Press. ISBN
9780521263351.
Saller, Richard P. (2002). Personal Patronage under the Early Empire. Cambridge
University Press. ISBN 978-0521893923.
Scheid, John (2007). «Sacrifices for Gods and Ancestors». A Companion to Roman
Religion. Blackwell.
Scheidel, Walter (2006). Population and demography. Princeton/Stanford Working
Papers in Classics.
Scheidel, Walter; Steven J. Friesen (2006b). The Size of the Economy and the
Distribution of Income in the Roman Empire 99. p. Journal of Roman Studies.
Scheidel, Walter; Morris, Ian; Saller, Richard (2007). The Cambridge Economic
History of the Greco-Roman World. Cambridge University Press. ISBN 978-0-521-78053-
7.
Schilling, Robert (1992). «The Decline and Survival of Roman Religion». Roman and
European Mythologies. University of Chicago Press.
Schreckenberg, Heinz; Kurt Schubert (1991). Jewish Historiography and Iconography
in Early and Medieval Christianity. Fortress Press.
Seo (2010). «Cooks and Cookbooks». The Oxford Encyclopedia of Ancient Greece and
Rome. Oxford University Press. ISBN 9780195388398.
Severy, Beth (2002). Augustus and the Family at the Birth of the Empire. Londres y
Nueva York: Routledge. ISBN 041558891X.
Sherwin-White, A. N. (1952). The Early Persecutions and Roman Law Again. 3.2. p.
Journal of Theological Studies.
Sherwin-White, A.N. (1979). Roman Citizenship. Oxford University Press. ISBN
9780198148470.
Skinner, Marilyn B. (1997). Roman Sexualities. Princeton University Press.
Slater, William J. (2002). Mime Problems: Cicero Ad fam. 7.1 and Martial 9.38 56.
p. Phoenix.
Smith, A. H. V. (1997). Provenance of Coals from Roman Sites in England and Wales
28. p. 297–324.
Smith, Earl Baldwin (1950). The Dome: A Study in the History of Ideas. Princeton
University Pres. ISBN 978-0-691-03875-9.
Southern, Patricia (2001). The Roman Empire from Severus to Constantine. Londres y
Nueva York: Routledge. ISBN 978-0415239448.
Sperber, Daniel (1998). The City in Roman Palestine. Oxford University Press.
Stambaugh, John E. (1988). The Ancient Roman City. Johns Hopkins University Press.
Starr, Chester G. Starr (1974). A History of the Ancient World, Second Edition.
Oxford University Press. ISBN 9780195066296.
Starks, John H. (2008). «Pantomime Actresses in Latin Inscriptions». New Directions
in Ancient Pantomime. Oxford University Press.
Stewart, Peter (2003). Statues in Roman Society: Representation and Response.
Oxford University Press.
Stirling, Lea (2007). «Art, Architecture, and Archaeology in the Roman Empire». A
Companion to the Roman Empire.
Strong, Donald (1988). Roman Art. Yale University Press.
Suetônio (121). Vida de Nerón.
Syme, Ronald (1999). Provincial At Rome: and Rome and the Balkans 80 BC-AD 14.
University of Exeter Press.
Taagepera, Rein (1979). Size and Duration of Empires: Growth-Decline Curves, 600
B.C. to 600 A.D. 3 (3/4). p. Social Science History. doi:10.2307/1170959.
Temin, Peter (2004). The Labor Market of the Early Roman Empire. 34.1. p. Journal
of Interdisciplinary History.
Tertuliano (Siglo II/III). Sobre os Espetáculos.
Tertuliaño (Siglo II/IIIb). De Pallio.
Thomas, Yan (1991). «The Division of the Sexes in Roman Law». History of Women in
the West, Volumen I: From Ancient Goddesses to Christian Saints. Harvard University
Press. ISBN 0674403703.
Torelli, M. (1988). «Piazza Armerina: Note di iconologia». En G. Rizza, ed. La
Villa romana del Casale di Piazza Armerina. Catania.
Toynbee, J. M. C. (dezembro de 1971). Roman Art 21 (3). p. The Classical Review.
doi:10.1017/S0009840X00221331.
Toynbee, Jocelyn M. C. (2015). «Western Sculpture: Roman and Early Christian».
Encyclopaedia Britannica.
Treadgold, Warren (1997). A History of the Byzantine State and Society. Stanford
University Press. ISBN 978-0804726306.
Treggiari, Susan (1991). Roman Marriage: Iusti Coniuges from the Time of Cicero to
the Time of Ulpian. Oxford University Press. ISBN 0198149395.
Trentinella, Rosemarie (2000). «Roman Portrait Sculpture: The Stylistic Cycle». The
Metropolitan Museum of Art.
Tylecote, R. F. (2013). Metallurgy in Archaeology: A Prehistory of Metallurgy in
the British Isles. Edward Arnold Publishers Ltd. ISBN 0901462969.
van Dam, Harm-Jan (2008). «Wandering Woods Again: From Poliziaño to Grotius». The
Poetry of Statius. Brill.
Verstraete, Beert C.; Provencal, Vernon (2005). Same-Sex Desire and Love in Greco-
Roman Antiquity and in the Classical Tradition. Haworth Press.
Verboven, Koenraad (2007). The associative order: status and ethos among Roman
businessmen in the Late Republic and Early Empire.
Versnel, H. S. (1970). Triumphus: An Inquiry into the Origin, Development and
Meaning of the Roman Triumph. Brill.
Vout, Caroline (1996). The Myth of the Toga: Understanding the History of Roman
Dress. 43.2. p. Greece & Rome.
Waquet, Françoise (2002). Latin: Or, The Empire of the Sign. Verso. ISBN 978-
1859844021.
Ward, Roy Bowen (1992). Women in Roman Baths. 85.2. p. Harvard Theological Review.
Warry, John (2004). Warfare in the Classical World. Salamander Books. ISBN
0806127945.
Waywell, Geoffrey (1992). «Art». En Jenkyns, Richard, ed. The Legacy of Rome.
Oxford University Press.
Webster, Graham; Elton, Hugh (1998). The Roman Imperial Army of the First and
Second Centuries A.D.. University of Oklahoma Press. ISBN 0-8061-3000-8.
Wells, Colin (1992). The Roman Empire. Harvard University Press.
Wickham, Chris (2009). The Inheritance of Rome. Penguin Books Ltd. ISBN 978-0-670-
02098-0.
Wiedemann, Thomas (1992). Emperors and Gladiators. Londres y Nueva York: Routledge.
Wilson, Andrew (2002). Machines, Power and the Ancient Economy 92. The Journal of
Roman Studies. p. 1-32.
Winterling, Aloys (2009). Politics and Society in Imperial Rome. John Wiley & Sons.
ISBN 9781405179690.
Wiseman, T. P. (1959). The Census in the First Century B.C. 59. p. Journal of Roman
Studies.
Wiseman, T.P. (1970). The Definition of Eques Romanus 19 (1).
Wolff, R. L. (1948). Romania: The Latin Empire of Constantinople 23. p. 1-34.
Woodhull, Margaret L. (2004). «Matronly Patrons in the Early Roman Empire: The Case
of Salvia Postuma». Women's Influence on Classical Civilization. Londres y Nueva
York: Routledge. ISBN 0415309581.
Woolf, Greg (2003). Cambridge Illustrated History of the Roman World. Cambridge:
Ivy Press. ISBN 978-0521827751.
Woolf, Greg (2009). «Literacy or Literacies in Rome». En William A Johnson; Holt N
Parker, ed. Ancient Literacies : The Culture of Reading in Greece and Rome: The
Culture of Reading in Greece and Rome. Oxford University Press. ISBN 0199712867.
Zanker, Paul (1998). Pompeii: Public and Private Life. Harvard University Press.
Zanker, Paul (1988). The Power of Images in the Age of Augustus. University of
Michigan Press.
Enlaces externos
Wikimedia Commons alberga una categoría multimedia sobre Imperio romano.
Edward Gibbon: Historia de la decadencia y caída del Imperio romano (1776-89), obra
en inglés en Proyecto Gutenberg.
Guglielmo Ferrero: Grandeza y decadencia de Roma (1901-7), obra en español: Vol. I,
II, III, IV.
Atlas del Imperio Romano.
The Roman Law Library; en inglés.
Texto en español en el sitio de la Biblioteca Digital Mundial.
Control de autoridades
Proyectos WikimediaWd Datos: Q2277Commonscat Multimedia: Roman Empire /
Q2277Wikiquote Citas célebres: Imperio romano
IdentificadoresWorldCatVIAF: 28145424500486830493ISNI: 0000000121065979BNF:
12139445g (data)SUDOC: 026399997Diccionarios y enciclopediasBritannica:
urlLugaresTGN: 7030347
Categoría: Imperio romano
Esta página se editó por última vez el 27 jul 2025 a las 00:34.
El texto está disponible bajo la Licencia Creative Commons Atribución-
CompartirIgual 4.0; pueden aplicarse cláusulas adicionales. Al usar este sitio
aceptas nuestros términos de uso y nuestra política de privacidad.
Wikipedia® es una marca registrada de la Fundación Wikimedia, una organización sin
ánimo de lucro.
Política de privacidadAcerca de WikipediaLimitación de responsabilidadCódigo de
conductaDesarrolladoresEstadísticasDeclaración de cookiesVersión para móviles
Wikimedia Foundation
Powered by MediaWiki

También podría gustarte