Tema 11.
- La Creación Del Estado Franquista: Fundamentos Ideológicos y Apoyos Sociales
(1939 - 1975)
Índice
1. Introducción.
2. Consolidación y fundamentos ideológicos del franquismo
3. La evolución política del régimen
3.1. Leyes fundamentales e institucionalización
3.2. Posguerra y estabilización (1939 – 1959)
3.3. La tecnocracia y crisis de la dictadura (1959 – 1975)
4. Evolución económica: autarquía y desarrollismo
5. Las transformaciones sociales y la oposición al régimen
6. Conclusiones
1. Introducción
El régimen totalitario del general Francisco Franco se extiende desde el final de la Guerra
Civil, el 1 de abril de 1939, hasta la muerte del dictador el 20 de noviembre de 1975.
Durante prácticamente cuatro décadas, la ideología franquista se impuso a través del
control social, la censura y la represión, aunque con el paso de los años irá chocando cada
vez más con la modernización social surgida a raíz del desarrollo económico de los años
sesenta.
2. Fundamentos ideológicos, sociales y políticos del franquismo
Durante la propia guerra franco iba a descartar la idea de una dictadura militar transitoria,
como había previsto el general Mola al iniciar el alzamiento; en su lugar, se planteará la
creación de un nuevo Estado que “regenerase” España, desterrando cualquier atisbo de
democracia o libertad. Era el nacimiento del Estado totalitario en nuestro país, cuyos
fundamentos ideológicos podrían resumirse en:
- Antiliberalismo, anticomunismo y antiparlamentarismo.
- El militarismo impregnó muchos aspectos de la vida cotidiana: uniformes y
emblemas, desfiles o actos de exaltación de la bandera y el himno.
- Nacionalcatolicismo, con un papel privilegiado de la Iglesia católica, desapareciendo
de la sociedad el divorcio, el matrimonio civil, los cementerios laicos o los nombres
no apostólicos. Además, Franco se consideraba el elegido de Dios
(providencialismo) para salvar el país de los males del comunismo.
- El tradicionalismo siempre estuvo vigente en los discursos de Franco, repletos de
ultranacionalismo y de un exacerbado centralismo político, que negaba cualquier
diferencia regional.
Este nuevo sistema se inspiraba claramente en los modelos fascistas europeos (sobre todo
el italiano) estableciendo un partido único en abril de 1937, unificando a falangistas y
tradicionalistas en Falange Española Tradicionalista y de las JONS (FET de las JONS).
También se adoptaron símbolos fascistas como el saludo, y todos los poderes quedaban
concentrados en manos de Franco, que era al mismo tiempo Generalísimo de todos los
ejércitos y Caudillo de España. Esta estructura será conocida cada vez más como el
Movimiento Nacional.
En cuanto a los apoyos sociales de la dictadura, desde un principio contó con el soporte de
la alta burguesía financiera e industrial, la vieja oligarquía terrateniente y los campesinos
dueños de pequeñas propiedades, que se sentían amenazados por las colectivizaciones
obreras republicanas. Además de estas bases sociales, el franquismo contó con una serie
de apoyos políticos, las llamadas “familias” o grupos de influencia del régimen.
El primero de estos grupos fueron los militares, cuya lealtad se vio recompensada con el
nombramiento de altos cargos en la administración, ocupando siempre las carteras militares
y puestos relacionados con la defensa. Fue sin duda el grupo más fiel a Franco,
subordinado directamente a su persona.
En segundo lugar, los elementos falangistas tuvieron especial preponderancia en los
primeros momentos del régimen, adaptándose el uniforme, las insignias e himnos de
Falange, algo que fue disminuyendo a raíz de la derrota del fascismo en la II Guerra
Mundial. Además, desde la muerte de José Antonio Primo de Rivera y la unificación con los
tradicionalistas, la ideología original de Falange se fue diluyendo y transformando en una
obediencia ciega al Caudillo.
En tercer lugar, la Iglesia proporcionó al Régimen un elemento de legitimación más allá de
la victoria militar, asegurando además el control ideológico de la población. Desde los años
sesenta, el Opus Dei se convirtió en una de las organizaciones más influyentes de la
dictadura, constituyendo una auténtica élite social. Sólo a partir del Concilio Vaticano II en
1962 comenzó a producirse cierto distanciamiento entre la jerarquía eclesiástica y el
dictador.
Por último, los monárquicos formaron un conjunto de tendencias diversas. Los carlistas
tuvieron un papel escaso durante la dictadura, mientras que los demás apoyaban una
restauración monárquica (encarnada en la figura de Don Juan de Borbón) al terminar la
guerra. A pesar de que esto no se produjo y el conflicto provocado por el Manifiesto de
Lausana, muchos monárquicos continuaron apoyando a la dictadura.
En la práctica, Franco intentó mantener siempre el equilibrio entre estos colectivos, evitando
que nadie acaparase demasiado poder. Además, el dictador eligió normalmente a sus
colaboradores por su lealtad personal, eficacia y falta de ambiciones, de modo que siempre
se mantuvo como la cabeza indiscutible del Estado.
3. La evolución política del régimen
3.1. Institucionalización y Leyes Fundamentales
Desde el principio la dictadura va a intentar crear un marco legal en el que apoyarse a
través de una serie de Leyes Fundamentales, que vinieron a recoger algunas de las normas
básicas de funcionamiento del Estado. Se trató de un proceso largo y complejo, que
comenzó en 1938 con el Fuero del Trabajo, que implantaba un sistema corporativo vertical
similar al italiano, con un sindicato único controlado por Falange. En 1942, la Ley
Constitutiva de las Cortes establecía las bases para la elección de un órgano
“representativo” y dotar al régimen de aires democráticos, en vistas del retroceso militar de
las potencias del Eje en la II Guerra Mundial. El Fuero de los Españoles (1945) recogía los
derechos y deberes de todos los ciudadanos del país, aunque en la práctica no se
reconocieron derechos políticos o sociales.
La Ley de Referéndum Nacional de 1945 supuso un nuevo intento de dar una falsa imagen
de representatividad, mientras que la Ley de Sucesión (1947) declaraba al Estado español
como “reino”, correspondiendo la jefatura del mismo a Franco de forma vitalicia y
reservándole el derecho de elegir a su sucesor. Por último, la Ley de Principios del
Movimiento Nacional (1957) y la Ley Orgánica del Estado (1967) terminaban de configurar
un sistema que se llamó a sí mismo “Democracia Orgánica”, intentando una vez más
presentar al Estado franquista dentro de un marco legal, y ocultando la concentración de
poderes en manos del dictador.
3.2. Posguerra y estabilización (1939 – 1959)
El estallido de la II Guerra Mundial fue determinante en las relaciones internacionales del
régimen en sus primeros años de vida, dado el estrecho vínculo que unía al franquismo con
las potencias del Eje. A pesar de ello, España se declaró neutral al comienzo del conflicto,
pero tras las entrevistas de Franco con Hitler (Hendaya) y Mussolini (Bordighera) y la
influencia interna del germanófilo Serrano Súñer (Ministro de Exteriores), se cambió el
estatuto de neutralidad por el de no beligerancia y se envió a un cuerpo de voluntarios, la
División Azul, a luchar en el frente oriental.
Sin embargo, a partir de 1943, cuando la guerra comience a cambiar de signo, España
volvería a la neutralidad y comenzaría a cuidar las relaciones con los aliados, sustituyendo a
Serrano Suñer por Gómez Jordana, reduciendo la propaganda favorable a Alemania y
retirando a la División Azul. A pesar de ello, al finalizar el conflicto se produjo el aislamiento
internacional del franquismo: la ONU condenó al régimen de Franco y recomendó el boicot
económico y la retirada de embajadores del país. La respuesta fue inmediata por parte del
mundo, y sólo algunos países con regímenes afines ideológicamente como los de Salazar
(Portugal) o Perón (Argentina) mantuvieron sus relaciones con España.
El recrudecimiento de la Guerra Fría a partir de 1949, cuando la URSS hizo estallar su
primera bomba atómica, dio un cambio radical a la situación. El anticomunismo de Franco
de repente se convirtió en un elemento interesante para las potencias del bloque occidental,
de modo que España fue admitida progresivamente en las organizaciones internacionales.
En 1953 se produjo la firma de un tratado con EE.UU por el que España cedía una serie de
bases militares en territorio nacional a cambio de apoyo militar, económico y político. El
mismo año, Franco firmaba un nuevo Concordato con la Santa Sede que afianzaba aún
más sus relaciones con la Iglesia católica. El mayor símbolo de la salida del aislamiento fue
sin duda la visita del presidente norteamericano Dwight Eisenhower en 1959, uno de los
grandes protagonistas de la derrota del fascismo que ahora no mostraba reparos en apoyar
a un régimen de ideología similar.
3.3. La tecnocracia y la crisis de la dictadura (1959 – 1975)
A pesar de las ayudas exteriores, la economía seguía al borde del colapso, por lo que
desde 1957 empezaron a formar parte del gobierno numerosos miembros del Opus Dei
como Ullastres, Navarro Rubio o López Rodó, los llamados “tecnócratas”, que comenzaron
a introducir leves cambios orientados a la apertura exterior. Así, los años sesenta se van a
convertir en la época dorada del franquismo, produciéndose un impresionante desarrollo
económico y modernización social, que se vieron frenados por el inmovilismo e incapacidad
política de la dictadura.
En este contexto los falangistas, de la mano de Manuel Fraga, protagonizaron una leve
apertura ideológica con la Ley de Prensa de 1966, que eliminaba la censura previa, aunque
establecía un riguroso sistema de multas para aquellas publicaciones que no se ajustaran a
los principios del Movimiento Nacional. En el mismo año se aprobaba también una Ley de
Libertad Religiosa, que establecía un reducido marco de tolerancia. En 1969, Juan Carlos
de Borbón fue designado sucesor de la jefatura del Estado, con el título oficial de Príncipe
de Asturias.
A pesar de todo, las medidas aperturistas provocaron la irritación de los sectores más
reaccionarios, el llamado búnker franquista. Además, el Concilio Vaticano II propició la
aparición de actitudes críticas por parte de la Iglesia. Con ello comenzaba a resquebrajarse
la unidad del régimen que, ante un posible cambio de sistema, optó por las posturas más
inmovilistas, avaladas por Franco y su hombre de confianza, el almirante Luis Carrero
Blanco.
Será precisamente la muerte de este último, víctima de un atentado de ETA el 20 de
diciembre de 1973, la que desencadene definitivamente la crisis del franquismo. Las
tensiones entre aperturistas e inmovilistas se agravaron y aunque en febrero de 1974 el
nuevo gobierno de Carlos Arias Navarro prometía una reforma del sistema (el “espíritu del
12 de febrero”), la enfermedad de Franco y la incertidumbre sobre el futuro del régimen
acabaron inclinando al gobierno hacia el inmovilismo.
Internacionalmente, en abril de 1974 caía el régimen salazarista en Portugal y el gobierno
claudicó ante Marruecos en el problema saharaui tras la Marcha Verde de Hassan II.
Estudiantes y grupos opositores se manifestaban en las calles, y el terrorismo de ETA y el
FRAP hacía mella en todo el país. Con ello se recrudecieron la represión y las críticas
internacionales al franquismo. Finalmente, el 20 de noviembre de 1975 Franco falleció a los
83 años, dejando como legado un régimen anacrónico e inmerso en una profunda crisis.
4. Evolución económica: autarquía y desarrollismo
La Guerra Civil desarticuló por completo la economía española, sumiendo a gran parte de la
población en el hambre y la miseria: la renta nacional de 1935 no consiguió superarse hasta
1951, y la renta per cápita, hasta 1954. Aún así, la grave crisis de la posguerra se debió
también a la ineficaz política del gobierno que, aislado, va a buscar la autosuficiencia
económica (autarquía). El eje fundamental de esta política será el fomento del desarrollo
industrial a través del INI (Instituto Nacional de Industria), creándose numerosas empresas
estatales para suplir la falta de iniciativa privada, aunque la gran mayoría de ellas cargaron
con fuertes pérdidas las arcas estatales.
Respecto a la agricultura, dirigida a través del Servicio Nacional del Trigo, se adoptaron
medidas orientadas al aumento de la producción que fueron a todas luces insuficientes y
obligaron a una importación masiva de granos. Las consecuencias de la autarquía fueron
nefastas, y obligaron a mantener las cartillas de racionamiento hasta 1951, dando lugar a la
aparición de un importante mercado negro (el estraperlo), con precios desorbitados.
La corrección de la política económica vino de manos de las ayudas económicas
estadounidenses y los gobiernos de la tecnocracia, con el Plan de Estabilización de 1959,
que se centró en el control de la inflación y el equilibrio de la balanza de pagos. El sector
industrial y los servicios se consolidaron como las actividades fundamentales de la
economía española, desplazando a la agricultura. Además, las innovaciones técnicas
traídas del extranjero permitieron aumentar la productividad y los salarios, lo que se tradujo
en un aumento de la demanda de bienes de consumo y el nivel de vida de la sociedad
española en general. La crisis mundial de 1973 coincidió con la crisis política del
franquismo, lo que impidió la puesta en práctica de las medidas económicas apropiadas.
A pesar de la propaganda del momento sobre el “milagro económico español”, lo cierto es
que el crecimiento sólo fue posible en el marco de una extraordinaria coyuntura
internacional. Las innovaciones tecnológicas limitaron la creación de empleo, dando lugar a
una intensa emigración a Europa, sin la cuál el desempleo habría crecido a niveles
catastróficos. Por otra parte, el bienestar europeo generalizado provocó un boom turístico
que, junto con las remesas enviadas por los emigrantes, resultaron fundamentales en el
equilibrio de la balanza de pagos.
5. Las transformaciones sociales y la oposición del régimen
El franquismo supuso cambios muy profundos en la sociedad española; las libertades de
época republicana dejaron paso al control social e ideológico de la población a través de
FET de las JONS, con el Frente de Juventudes o la Sección Femenina dirigida por Pilar
Primo de Rivera. En la enseñanza, monopolizada por la Iglesia, se introdujo la “Formación
del Espíritu Nacional”, asignatura en la que se adoctrinaba a los jóvenes en los principios
básicos del Movimiento. Además, la represión se extendió mucho más allá del final de la
guerra con la Ley de Responsabilidades Políticas, orientada a la depuración de todos
aquellos que hubiesen colaborado con la República, paradójicamente acusados de
sublevación. A pesar de ello, hasta 1948 existió una oposición armada en forma de guerrilla,
el maquis, que protagonizó numerosos enfrentamientos con la Guardia Civil.
Con la expansión económica y el turismo se produjo la modernización social, que chocaba
con el inmovilismo del régimen. Así, se puede decir que el gran éxito económico del
franquismo fue al mismo tiempo uno de los elementos que más lo debilitó en el plano
ideológico y cultural.
Respecto a la oposición política, poco a poco logrará recomponerse tanto a través de los
viejos partidos como mediante nuevos grupos de presión como la democracia cristiana. El
partido más destacado fue sin duda el PCE, que inició una política de infiltración en las
organizaciones de la dictadura y se acercó a todas las fuerzas antifranquistas. El PSOE por
su parte tuvo una actividad muy limitada hasta el Congreso de Suresnes en 1973, donde la
dirección quedó en manos de militantes del interior como los sevillanos Felipe González y
Alfonso Guerra. El nacionalismo también cobró importancia en los últimos momentos de la
dictadura a través del PNV o la nueva Convergencia Democrática de Catalunya.
Por último, no podemos olvidarnos de la actividad terrorista de grupos de izquierda como el
FRAP y, sobre todo, ETA (Euskadi Ta Askatasuna), que llevó a cabo importantes atentados
como el asesinato de Carrero Blanco, antes mencionado, o el de la Cafetería Rolando en
Madrid.
6. Conclusiones
La dictadura franquista se extendió durante casi 40 años, provocando como hemos podido
ver profundos cambios en las estructuras sociales, políticas y económicas del país,
marcando a muchas generaciones de españoles. De hecho, las repercusiones del
franquismo han ido más allá del mismo, marcando considerablemente la vida política
posterior, de forma que no podemos decir que la dictadura fuese un paréntesis entre dos
períodos democráticos, si no que sus estructuras se encuentran en muchos casos en la
base del funcionamiento de la España actual, y se siguen generando polémicas como la
acaecida en torno a la reciente exhumación del dictador.