Todos los domingos antes de las 8 de la mañana, ya estaba ahí
despertando al señor que cuidaba el deportivo.- Es el pinche loco
decía su esposa, hoy llego 10 minutos antes que hace 8 días.
A esa hora ya venía de oír misa, ya había comulgado con la playera
de "los trans" equipo que llevaba varios años dirigiendo por el puro
amor al balompié. Quién carajos lo iba entender? En su casa todos
creían que solo lo hacía para evitar tareas domésticas.
Pero la verdad era otra, su corazón vivía, se sentía joven,con cada
grito, cada regaño, cada abrazo, cada gool!
Cada angustia de ir perdiendo,cada cerveza o vaso de pulque al
terminar el juego.
Donde, bien podría estar enojadisimo por el empate, ya que nunca le
había gustado ese resultado en el juego, porque el siempre iba a
ganar, si no pa' que chingaos, el no conocía al varón de Coubertain
como para pensar en el honor y la diversión, el era más Lombardi (al
que igual no conocía) lo importante era ganar, y ni se diga de la
derrota, solo al tercer o cuarto vaso de alcohol se comenzaba
apaciguar... Siempre nos queda el domingo que viene, en la vida y en
la cancha siempre hay una revancha, siempre queda esa esperanza.
Que lejos estaban los días de cuando se disfrazaba de futbolista, el
mejor portero de su barrio, al que siempre escogían primero e iban en
coche a su casa por el temprano, que lejos los días de los 50 pesotes
por partido, los zapatos a la medida de colmenero, los guantes de sep
Maier y las rodilleras a la tota Carbajal, su gran ídolo.
Por eso lo llamaban loco, porque desde niño cayó en una locura linda
a causa de la pelota.
Que sonrisa cada triunfo! Con precisión milimétrica recordaba cada
jugada del partido, siempre la palabra correcta,el grito correcto,la
pelea correcta con el profe...
Loco se sentía Menotti, pero aunque sus gritos de ubicación y sus
planteamientos eran los más básicos del fútbol, todo lo llenaba con el
corazón, porque eso era el loco puro corazón y gritos...
Su cara se llenaba de felicidad al dar el pitazo, con el triunfo en la
bolsa, recoger los registros (si habría que recuperar el de expulsado
en turno, loco se daba sus mañas) siempre regresaba con todos.
Que equipazo traes loco-, a ver si ahora sí quedas campeón y se
pavoneaba, levantaba el pecho, como si el hubiera anotado el último
Gol de tiro libre.
Pedíamos el cartón y los pulques y ahí empezaba el ritual del loco.
Omar,latin, Erick, Galli, sigan agarrando así la media, uno y uno, se va
y se quedan, tirensela larga al mijo, si llega, que tire la pared con el
pollo. Julio siempre seguro, Joel, Johnny, Richard y Cris, que buen
juego a este paso vamos para campeones, 7 juegos invictos.
Todos querían a loco y lo respetaban, lloraron juntos cuando después
de una temporada invicta cayeron en la semifinal, Loco los trataba de
animar, pero su humildad y su corazón no le permitían inventar que
no lo sentía.
Ya vendrá el siguiente torneo, será el bueno y todos volvían a sonreír
y se ponían a cantar, ya que importaba la derrota, Loco había
conformado una familia, un grupo de tipos de diferentes edades que
se querían se respetaban, hacían asados juntos, hablaban de su vida
personal, de sus viejas glorias, los que habían alcanzado el
profesionalismo, no había distinciones y eso en la liga de Buenavista
ningún equipo lo tenía, todo era por el ese portero Loco, que seguía
poniendo de su bolsa para mantener, no su franquicia, su cariño a el
deporte.
Iban a pedir siempre otro cartón y su equipo sus Trans, la sensación
del torneo, terminaban cantando:
"Vamos mi cariño, todo va a estar bien, está noche cambiaré, te juro
que cambiaré"
Pero el loco nunca cambiaría, por ningún motivo o resultado, su amor
a la pelota.