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Lesion

La lesión se define como el daño que sufre una persona en un acto jurídico debido a la desproporción entre las ventajas obtenidas y los sacrificios realizados, siendo una causa de rescisión de contrato en el derecho peruano. Para que se configure la lesión, deben existir un desequilibrio en las prestaciones, un estado de necesidad del lesionado y el aprovechamiento de esa necesidad por la contraparte. El Código Civil peruano establece que la acción por lesión es irrenunciable y caduca a los seis meses o dos años, dependiendo del caso.

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Lesion

La lesión se define como el daño que sufre una persona en un acto jurídico debido a la desproporción entre las ventajas obtenidas y los sacrificios realizados, siendo una causa de rescisión de contrato en el derecho peruano. Para que se configure la lesión, deben existir un desequilibrio en las prestaciones, un estado de necesidad del lesionado y el aprovechamiento de esa necesidad por la contraparte. El Código Civil peruano establece que la acción por lesión es irrenunciable y caduca a los seis meses o dos años, dependiendo del caso.

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TITULO III

LESIÓN

Según GUILLERMO OSPINA FERNÁNDEZ, La lesión es el daño o detrimento que


sufre una persona en razón de un acto jurídico por ella realizado. Ordinariamente consiste en el
equilibrio o desproporción entre las ventajas que el acto le-reporta y los sacrificios que tiene que
hacer para alcanzar tales ventajas. Se trata, por ejemplo, de un contrato usurario de mutuo, o ele
un contrato de trabajo a base ele salario ele hambre, o de una venta a vil precio. En todos estos
casos se presenta la lesión, bien sea porque el mutuario tiene que pagar un interés excesivo en
relación con el beneficio que le proporciona el préstamo, bien sea porque el salario no alcanza a
compensar los esfuerzos del trabajad-0r, bien sea porque el vendedor se desprende de un bien
patrimonial y recibe, en cambio, un precio que comparativamente resulta irrisorio.
(FERNANDEZ, 2001)

La lesión, una causa de rescisión del contrato en muchos códigos civiles de la tradición
romano germánica, está dada por la situación del que ha sufrido en un contrato una lesión
patrimonial consistente en la desproporción (o desequilibrio) entre la prestación que ha ejecutado
o prometido y la que debe recibir, desproporción que depende del estado de necesidad en que se
encontraba, que fue para él motivo determinante del contrato y del que se ha aprovechado la
contraparte para obtener una ventaja. Deben concurrir entonces con la lesión (elemento objetivo
o de desproporción), un estado del sujeto lesionado y la ventaja obtenida conscientemente por la
contraparte en el momento de la conclusión del contrato (elemento subjetivo)

La figura de la lesión en el Perú, contenida en el Código Civil, prevé el supuesto en el


que entre las prestaciones exista una desproporción mayor de las dos quintas partes y que ésta se
produzca por el aprovechamiento por una parte de la necesidad apremiante de la otra. En este
caso, la parte lesionada podrá demandar judicialmente la rescisión del contrato. Se ha establecido
asimismo que en caso la desproporción sea igual o superior a las dos terceras partes, tal
aprovechamiento se presumirá salvo prueba en contrario. Esta desproporción será apreciada de
acuerdo al valor que las prestaciones tengan al momento de celebración del contrato. (Bedregal)
Ante una demanda judicial en la que se exija la rescisión de un contrato por lesión, la
parte calificada en la demanda como lesionante puede, dentro del plazo para contestar la
demanda, consignar la diferencia de valor invocada y lograr así que el proceso termine. De no
estar de acuerdo con la diferencia invocada, el supuesto lesionante puede reconvenir el reajuste
del valor. El Código Civil ha dispuesto para ese caso que el juez decida el monto de diferencia
entre el valor otorgado al bien en el contrato y el valor concebido como real u objetivo.
Alternativamente, en caso la rescisión del contrato fuese inútil para la parte que invoca haber
sido lesionada debido a que no es posible la devolución de la prestación que su contraparte
recibió, podrá demandarse el reajuste de la prestación a cargo del demandado.

Nuestro Código Civil ha establecido que el derecho de acción por lesión, que permite
exigir la rescisión del contrato o el reajuste de la prestación a cargo de la parte demandada, según
sea el caso, es irrenunciable y caduca a los seis meses de cumplida la prestación a cargo de la
parte lesionante y, en todo caso, a los dos años de la celebración del contrato. La demanda por
lesión no procede en los casos de transacción y en las ventas hechas por remate público.

La lesión exige entonces tres elementos para configurarse, un elemento llamado en la


doctrina objetivo, referido a un desequilibrio entre las prestaciones que consiste en la diferencia
entre el valor de la prestación otorgada en favor del contratante lesionado y el supuesto valor real
u objetivo de la prestación ejecutada en favor del contratante lesionante; y otros dos de carácter
subjetivo, referidos al estado de necesidad de uno de los contratantes. Este estado deberá ser
conocido y aprovechado por la contraparte a fin de lograr el beneficio calificado como injusto.

La figura de la lesión nos ha sugerido siempre en las voces de los profesores de Derecho
Civil el dramático escenario en el que una persona experimenta la necesidad impostergable de
obtener recursos para adquirir con ellos un bien muy importante. Su contraparte, informada sobre
esa necesidad, aprovecha las circunstancias para celebrar un contrato en el que la parte urgida
deberá, por ejemplo, vender un bien a un valor mucho menor al que "realmente"(9 J éste tiene,
generando un beneficio injusto para quien se aprovechó de la situación. Se nos explica también
que el bien que el lesionado intenta defender deberá ser más importante que el que tiene que
sacrificar al celebrar al contrato
Además de demostrar la desproporción entre los valores de las prestaciones, el
contratante lesionado deberá probar que se encontraba en estado de necesidad y que su
contraparte en el contrato:

(i) conocía aquella necesidad y,


(ii) (ii) la aprovechó para suscribir un contrato lesivo para él. La decisión del juez en
un proceso de este tipo será, como puede inferirse, bastante complicada; incluso
cuando la desproporción invocada sea tal que genere la presunción de
aprovechamiento del estado de necesidad.

Imaginemos por un momento que el propietario de una casa necesita recursos con
bastante urgencia para un fin importante, y entonces la ofrece en venta a un precio muy atractivo
a una familia. Esa familia, estimulada por el precio por demás accesible al que la casa le es
ofrecida, hace esfuerzos para comprarla y muy pronto se celebra la compraventa.

A los dos meses, el vendedor ha recuperado recursos invirtiendo el dinero producto de la


venta y se da cuenta que una casa junto a la suya y de similares características ha sido vendida
recientemente en un valor tres veces mayor al que él obtuvo por la venta de su casa.
Inmediatamente, demanda a la familia -aún endeudada por lograr el sueño de la casa propia- por
lesión en el contrato.

Poco tiempo después el juez declara rescindido el contrato y ordena la restitución de la


casa, y del dinero. La familia recibe el dinero tras haber gastado en abogados y en un proceso
judicial del que, por cierto, esperaban poder conservar su casa habiendo perdido tiempo y dinero.

Artículo 1447.- Acción por Lesión

“La acción rescisoria por lesión solo puede ejercitarse cuando la desproporción
entre las prestaciones al momento de celebrarse el contrato es mayor de las dos quintas
partes y siempre que tal desproporción resulte del aprovechamiento por uno de los
contratantes de la necesidad apremiante del otro.
Procede también en los contratos aleatorios, cuando se produzca la
desproporción por causas extrañas al riesgo propio de ellos.”

Este artículo establece cuándo puedes pedir que un contrato se anule (lo que se llama
acción rescisoria por lesión) debido a la lesión.

Para que puedas hacerlo, deben cumplirse dos cosas al mismo tiempo, justo cuando se hizo el
contrato:

1. Desproporción en las prestaciones: Lo que cada parte da o recibe no es justo. La


diferencia entre lo que tú das y lo que recibes debe ser mayor del 40% (más de dos
quintas partes).
2. Aprovechamiento de la necesidad: Esta gran diferencia debe ser el resultado de que la
otra persona se aprovechó de tu necesidad urgente (una situación económica o personal
muy difícil).

Este artículo se destaca por que el ámbito dentro del cual se mueve. Mientras en el
Código Civil de 1936 estuvo reducida a la compraventa de predios rústicos y urbanos, la
lesión se extiende ahora a todos los contratos típicos como atípicos siempre que sea a
títulos oneroso y tengan carácter conmutativo, con la salvedad hecha respecto a esto
último en el segundo párrafo del mismo artículo 1447. (Arias Schreiber Pezet, 2011, p.
235)

La amplitud que se le dado a la lesión tiene plena justificación. En efecto, el


principio de equidad que constituye su fundamento es aplicable para toda clase de
contratos onerosos y conmutativos, por lo que no existe razón suficiente para un trato
distinto. El temor de que con esta extensión se produzca una multiplicidad de procesos
judiciales, no es motivo suficiente para no concederla. En efecto, si ello sucede así será
porque se estarán dando en la práctica situaciones de injusticia que deberán corregirse.
(Ibídem, p.236)
Entonces podemos entender que la lesión se definiría como el perjuicio económico
que sufre una de las partes en un contrato oneroso producto de la falta de equivalencia
entre los valores de las prestaciones al momento de la celebración, causado por su estado
de necesidad apremiante el aprovechamiento de esa situación al mismo tiempo por parte
del lesionante. En otras palabras, aun existiendo un contrato por tratarse de un acuerdo
entre las partes con un tinte patrimonial en la prestación, y siendo además un contrato
válido por no presentarse ninguna causal de nulidad o anulabilidad del mismo, los efectos
del acto son perjudiciales o injustos para una de las partes, es decir, resulta contrario a
derecho. (Barboza Beraún, 2009, p. 57

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