HISTORIA Y CR{TICA .
DE LA LITERATURA
HISPANOAMERICANA
3
EPOCA CONTEMPORANEA
EDITORIAL CRITICA6. JORGE LUIS BORGES (1899-1986)
WALTER D. MIGNOLO
En Buenos Aires y en la calle Tucumén 840 nace Jorge Luis Borges, el
24 de agosto de 1899, concebido por Leonor Acevedo Suarez y Jorge Gui-
Mermo Borges Haslém, En 1901, la familia se muda a la calle Serrano 2135,
en el Barrio de Palermo, barrio que Borges compartiré con su biblioteca.
‘Tiene quince afios cuando su familia se traslada a Europa (Ginebra, Lugano,
Mallorca, Sevilla, Barcelona y Madrid). Regresa a Buenos Aires en 1921,
donde fijaré su residencia, sdlo interrumpida por viajes cada vez més fre-
cuentes al exterior. Si bien ha publicado ya algunas péginas en Madrid, aso-
ciado con el grupo ultraista, es su regreso a Buenos Aires el verdadero inicio
de su carrera de escritor. La larga trayectoria de su vida se la debemos al re-
corrido trazado por Rodriguez Monegal [1978], en el cual se interrelacio-
nan, por un lado, los acontecimientos de su vida privada con las etapas de
su cteacién literaria y, por otro, se elabora la significacién del accidente su-
frido por Jorge Luis Borges la noche de Navidad de 1938 (ver también An-
zieu [1971]}). Si en este caso la vida se literaturiza, su muerte (en junio de
1986, en Ginebra) culmina un proceso inverso en el cual la literatura se
vivifica: «Borges y yo y «La doble muerte» adquieren nuevos sentidos al
ser contemplados junto al hecho de que Borges elige morir en Ginebra (lu-
gar en el que nace como escritor) en vez de hacerlo en Buenos Aires (lugar
en el que nace como persona).
Las caracteristicas generales de su obra estén resumidas y analizadas en
el libro ya clésico de Barrenechea [1957]. La reciente bibliografia anotada
de Foster [1984] completa el primer elenco de materiales que permiten
una rica y generosa entrada en la obra borgiana. Entre las ediciones de las
obras del propio Borges, que nos entregan una visién de conjunto, destacan
las Obras completas (Emecé, Buenos Aires, 1974) y Obras completas, 1923-
1972 (Ultramar, Madrid, 1977). Ambas ediciones tienen el mismo contenido
y el mismo niimero de paginas y ambas se deben al cuidado de Carlos Frfas.
La edicién de sus Obras completas en colaboracién (Emecé, Buenos Aires,286 EPOCA CONTEMPORANEA
1979), facilita la lectura de aquellas piezas borgianas no siempre de fécil ac-
ceso. Pese a las dificultades de trazar fronteras genéricas para ordenar Ja
obra de Borges, se acepta comtinmente tanto Ia dificultad como la comodi-
dad de dividirla en litica, ensayo y relato en prosa, A esta triparticién gené-
rica conviene agregar su distribucién diacrdnica a lo largo de més de medio
siglo de constante produccién. Hay aqui también consenso en aceptar tres
grandes etapas en su obra. La primera etapa, que se extiende aproximada-
mente desde 1920 hasta 1930, registra tres libros de poemas: Fervor de Bue-
nos Aires (Proa, Buenos Aires, 1923; otra ed., Emecé, Buenos Aires, 1969),
Luna de enfrente (Proa, Buenos Aires, 1925) y Cuaderno San Martin (Proa,
Buenos Aires, 1929; otra ed., Emecé, Buenos Aires, 1969, contiene Luna de
enfrente), y tres libros de ensayos, Inguisiciones (Proa, Buenos Aires,
1925), El tamaito de mi esperanza (Proa, Buenos Aires, 1926) y El idioma
de los argentinos (M. Gleizer, Buenos Aites, 1928). Los primeros libros de
poemas se han recogido en su conjunto, en Poemas (1922-1943) (Losada,
Buenos Aires, 1943). Mientras que los libros de poemas han sido teedita-
dos, no lo han sido los ensayos. El lenguaje de Buenos Aires (Emecé, Bue-
nos Aires, 1963-1965 y 1968-1971), con J. E. Clemente, tiene dos ediciones
que varfan entre ellas y s6lo incorporan en parte el contenido de la primera
edicién, Esta primera época cuenta con una bibliografia més 0 menos
extensa en lo que respecta a su obra lirica, Tenemos, en primer lugar, el
comentario y la opinién de sus contempordneos. El estudio de Ibarra
[1930] tiene el interés particular de provenir de alguien que ha vivido
de cerca los movimientos poéticos de vanguardia y su manifestacién pat-
ticular en Buenos Aires. Su estudio sobre la nueva poesia argentina y sus
relaciones con el ultraismo incluye un capitulo especial dedicado a Borges.
Menos analitico pero no menos interesante es el corto articulo que Lange
[1927] le dedica a Borges en las paginas de la revista Martin Fierro. A pe-
sar de la presencia de De Torre en Buenos Aires en la década del 20 y la
familiatidad que todos le conocemos con los movimientos de vanguardia
y con el propio Borges, muy tardfamente contribuye al conocimiento de esta
época (De Torre [1964]) aparte de las paginas que en su momento [1926]
le habia dedicado a Luna de enfrente. Otros testimonios pueden encontrat-
se en la seleccién publicada por Alazraki [1976]. Més recientemente ha
contribuido al conocimiento de esta época Meneses [1978]. Por otra
parte, los estudios de Scrimaglio [1974] y de Running [1981], sobre
Ja vanguardia argentina, dedican un capitulo a la obra poética del pri-
mer Borges. Es necesario agregar, a este elenco, el clésico libro de Vide-
Ia [1963], en el cual estudia el movimiento ultraista y las relaciones de
Borges con la poesia de vanguardia, El ensayo de esta época ha sido
menos afortunado, en la atencién que se le ha dedicado, que Ja poe-
sia, Nos falta, en suma, un estudio de conjunto de esta época como a
tambign un estudio detallado de sus primeros ensayos, que prefiguran, sinJORGE LUIS BORGES 287
lugar a dudas, vindicaciones y refutaciones de sus ensayos posteriores; de
lo cual, «Indagacién de la palabran, «La fruicién literati» y «Elementos
de preceptiva» (Sur, 1933), son claros ejemplos. La reciente edicién de
textos publicados por Borges en revistas y periédicos, entre 1936 y 1939,
es sin duda una importante veta para releer la produccién borgiana del
perfodo (véase Rodriguez Monegal y Sacerio-Gari [1986]). Un estudio par-
ticular de esta época nos podria oftecer un panorama de sus lecturas capi-
tales, lecturas que, por un lado, lo distinguen especificamente de los escri-
tores de su generacién y, por otro, constituyen la base de su labor futura
en Ja medida en que una de sus convicciones es la necesidad de la constante
relectura de unos pocos libros fundamentales («Nadie puede leer dos mil
libros. En los cuatro siglos que vivo no habré pasado de una media docena.
Ademés no importa leer sino releer», El libro de arena, 1975). Algunas
litiles observaciones se encuentran en el libro de Ferrer [1971].
Si bien, entre 1930 y 1960, la obra lirica de Borges decrece, recobra su
importancia a partir de 1960 y se contintia hasta nuestros dfas, En este
aiio Borges publica El hacedor (Emecé, Buenos Aires, 1960) y al afio si-
guiente su primera Anfologia personal (Sur, Buenos Aires, 1961), en la que
selecciona fundamentalmente poemas. A estas obras siguen El otro, el mis-
mo (Emecé, Buenos Aires, 1964), Para las seis cuerdas (Emecé, Buenos
Aires, 1965), Elogio de la sombra (Emecé, Buenos Aires, 1969), volumen
en el cual, al igual que en El hacedor, retine piezas en verso y cortas piezas
en prosa, Un nuevo libro de poemas, La rosa profunda (Emecé, Buenos Ai-
res, 1975), aparece en 1975, y de 1981 es La cifra (Emecé, Buenos Aires,
1981). A partir de 1943 hasta la fecha, las ediciones en las cuales se reine
una coleccién de poemas de varias épocas se suceden. Las més completas
hasta la fecha son Obra poética, 1923-1969 (corregida y aumentada, Emecé,
Buenos Aires, 1972°), Obra poética, 1923-1976 (ed. ditigida y realizada por
C. Frias, Emecé, Buenos Aires, 1977). Mientras esta edicién contiene 514
paginas, la reedicién de 1981 se extiende a 565 paginas. Reeditada en Ma-
drid (Alianza-Emecé, Madrid, 1979), el niimero de paginas es de 508.
E] aretorno» borgiano a la poesfa, después de un largo paréntesis ocu-
pado fundamentalmente por la prosa narrativa y por el ensayo, ha sido es-
tudiado por Gertel [1967, 1970, 1977]. En cuanto a la obra litica de
Borges, Borges como poeta y su situacién en relacién al panorama de la liti-
ca hispanoamericana, contamos con los estudios respectivos de Sucre [1967]
y Yurkievich [1973]. Un estudio temético dedicado fundamentalmente a
poner de relieve la topografia y la historia de la ciudad de Buenos Aires y
los avatares del tiempo es el realizado por Albert Robatto [1972]. En cuan-
to al andlisis lingiifstico-semitico de algunos de sus poemas, es necesario
sefialar los trabajos de Arrimondi Pieri y Schumpp Toledo [1970], Ctineo
[1979] y Buxé [1982].
La obra narrativa en prosa, en particular aquella que comienza en mayo288 EPOCA CONTEMPORANEA
de 1939 y después del accidente (del cual contrae una septicemia) con la
publicacidn de «Pierre Menard, autor del Quijote», y culmina en octubre
de 1953 con la publicacién de El sur (cuento en el cual se tematiza el acci-
dente), es la que més atencién, nacional ¢ internacional, ha recibido, Los
cuarenta y siete cuentos publicados durante esta época son recogidos en
dos vohimenes: Ficciones (Sur, Buenos Aires, 1944), volumen en el cual
se incluye Artificios, y en las ediciones més tardfas se incluye también El
sur y, luego, El aleph (Emecé, Buenos Aires, 1956; 1971; Alianza, Madrid,
1971; 1974). Esta etapa no agota, sin embargo, la obra narrativa en prosa.
En 1928, Borges publica un cuento, Hombres que pelearon, que recoge
luego en El idioma de los argentinos (Gleizer, Buenos Aires, 1928). La ver-
sién corregida de este cuento lleva el titulo de Hombre de la esquina rosada
y se incluye en la edicién de sus cortas biograffas ficticias en prosa, Historia
universal de la infamia (Tor, Buenos Aires, 1935; Alianza, Madrid, 1978),
que publica en 1935, Las correspondencias entre los relatos contenidos en
este volumen y la obra narrativa posterior de Borges han sido puestas de
relieve por Molloy [1979] y por Alazraki [1983]. Molloy ha notado tam-
bién las correspondencias entre las biografias ficticias contenidas en Histo-
ria universal de la infamia y el «modelo» de la biografia que Borges habia
puesto en préctica en 1930 en su Evaristo Carriego (Gleizer, Buenos Aires,
1930; otras eds., Emecé, Buenos Aires, 1969; Alianza, Madrid, 1976). Las
observaciones més iluminadoras sobre este libro se las debemos quizés al
anélisis emprendido por Ferrer [1971]. Si la etapa central de la prosa na-
rrativa de Borges tiene sus antecedentes tiene también sus consecuentes.
As{ como Borges insiste en la necesidad de la relectura, es evidente que
también insiste en lo inevitable de la reescritura. El informe de Brodie
(Emecé, Buenos Aires, 1970; otra ed., Alianza, Madrid, 1974) se intuye
fundamentalmente como una reescritura de sus relatos anteriores a 1939;
en tanto que los cuentos recogidos en El libro de arena (Emecé, Buenos
Aires, 1975; 1981; Alianza, Madrid, 1981) y los dos relatos recogidos en
Rosa y Azul (Sedmay, Madrid, 1977), tienden hacia una reescritura de algu-
nos de sus cuentos comprendidos entre 1933 y 1939. Si bien toda la obra
de Borges, desde sus primeros afios es una constante reescritura (véase el
ejemplo de «La poesia gauchescan, «Ascasubin y «El Martin Fierro», anali-
zado por Ferrer [1971]), en los tiltimos afios parece orientarse no a Ja rees-
ctitura de frases 0 fragmentos sino de piezas enteras. Alazraki (1968, 1977]
ha dedicado dos extensos estudios a la obra narrativa en prosa. En el pri-
mero de ellos, consagrado al estudio de los temas y del estilo, sobresalen
los andlisis de este tiltimo; en el segundo de los estudios mencionados, el
autor se consagra a poner de relieve una pauta subyacente en los relatos de
Borges y que Alazraki encuentra textualizada en el espejo. Este estudio,
junto con el detallado anilisis de Antezama [1978], constituyen los dos
mayores ejemplos de las posibilidades ofrecidas por el andlisis estructuralJORGE LUIS BORGES 289
del relato practicado en la obra de Borges. El temprano estudio de la alu-
sién en la obra narrativa de Borges, de Christ [1969], puede contemplarse
hoy como un adelanto de Jas correspondencias trazadas entre la obra de
Borges y los principios criticos establecidos por las modernas reflexiones
sobre el Jenguaje. En esta misma linea son singularmente relevantes los
articulos de Barrenechea [1975], de Rosa [1969], de Jitrik [1971] y el
libro de Paoli [1977]. Igualmente interesantes son los estudios de Whee-
lock [1969] y de Crossan [1976]. Mientras que el primero se apoya en
una concepcién mitica para analizar no s6lo los resultados de las ficciones
borgianas sino también el acto mismo de escribirlas, el segundo establece
no menos inesperadas que interesantes comparaciones entre el discurso
biblico y el discurso borgiano. No menos conocedor de los principios estruc-
turales y generativos en el anilisis literario que de los principios herme-
néuticos en los que se apoya la exégesis biblica y de las nuevas ideas in-
troducidas por Thomas Khun en la filosoffa de la ciencia, Crossan estudia
comparativamente los discursos de Borges y de Jestis en el nivel del juego,
de la estructura, de la parodia, la parabola y ja paradoja; y culmina con
una comparacién de Ja persona de Borges con la persona de Jestis (Crossan
entiende por «persona» —siguiendo a Hirsch— una conjuncién de inten-
cién y personalidad). Serio a la par que imaginativo, el ensayo de Crossan
es quizds hasta hoy el libro més sugestivo que se ha escrito sobre las ficcio-
nes borgianas. Importa consignar, finalmente, que entre los estudios de la
prosa narrativa borgiana, ofrecen un panorama introductorio y general los
estudios de Stark [1974], Sturrock [1977] y Bell-Villada [1981]
El ensayo, al contrario de la lirica y la prosa narrativa, ha recibido mu-
cho menos atencién por parte de los estudiosos de la obra borgiana. Si bien
los ensayos son muy a menudo contemplados en el anélisis de la litica 0
la prosa narrativa, no contamos con un extenso y detallado estudio de este
importante aspecto en la obra de Borges. Hemos mencionado, ya, los tres
libros de ensayo que publica entre los afios 1920 y 1930. En la década
siguiente da a la imprenta dos nuevas colecciones: Discusién (Gleizer, Bue-
nos Aires, 1932; otra ed., Alianza, Madrid, 1976) e Historia de la Eternidad
(Viau y Zona, Buenos Aires, 1936; otra ed., Alianza, Madrid, 1978). Los
ensayos escritos a partir de esa fecha, contempordneos a su gran etapa na-
rrativa, los recoge en un volumen que titula Otras inguisiciones (Emecé,
Buenos Aires, 1952; otra ed., Alianza, Madrid, 1981). En 1982, y con una
introduccién de Barnatén, se recogen Nueve ensayos dantescos (Espasa Cal-
pe, Madrid, 1982). Algunas aproximaciones a esta vertiente de la obra bor-
giana las ofrece Rodriguez Monegal [1964], y Alazraki (1970, 1971} se
propone destacar aquello que de particular tienen los ensayos borgianos.
Stabb [1981], conocido especialista en el género, ha dedicado también un
estudio a los ensayos de Borges. Xirau [1976] ha indagado el fondo filo-
séfico y Omil de Pigrola [1970] ha estudiado la continuidad tematica y
10. — core, ut290 EPOCA CONTEMPORANEA
estructural entre los ensayos y la prosa narrativa. Ferrer [1971] ha puesto
de relieve el «arte de zurcir» el ensayo; y, con ello, nos ha mostrado en
detalle una de las «novedades» de Ia escritura borgiana.
Si bien Ifrica, ensayo y prosa narrativa son los aspectos més sobresa-
lientes en la obra de Borges, ella no se agota, sin embargo, en estos tres
géneros. Cudles son las relaciones y cuél la significacién de la obra borgiana
que no pertenece a las tres categorfas arriba mencionadas, es un aspecto que
ha sido poco explorado. Veamos primero en qué consiste ese «resto» de
produccién borgiana para preguntarnos luego sobre posibles modos de leer-
Ja. Borges ha publicado un nimero significativo de «introducciones» a di-
versas literaturas, la mayorfa de ellas han sido esctitas en colaboracién y
son el resultado de algdin curso universitario o de una conferencia que luego
ha sido sujeta a revisin y expansién. Asi publica en México y en 1951 el
primero de estos libros: Antiguas literaturas germénicas (Fondo de Cultura
Econémica, México, 1951), en colaboracién con Delia Ingenieros; en 1965,
Introduccién a la literatura inglesa (Columba, Buenos Aires, 1965), en cola-
boracién con Marfa Esther Vazquez; en 1967, Introduccién a la literatura
norteamericana (Columba, Buenos Aires, 1967), en colaboracién con Esther
Zemborain de Torres; y en 1966, Literaturas germénicas medievales (Falbo
Librero, Buenos Aires, 1966), en colaboracién con Marfa Esther Vazquez.
Con anterioridad a esta fecha ha publicado, también en colaboracién, dos
libros de temas argentinos: El «Martin Fierro» (Columba, Buenos Aires,
1953) con Margarita Guerrero, y Leopoldo Lugones (Troquel, Buenos Ai-
res, 1955; con bibliografia de E. Cozarinsky, Pleamar, Buenos Aires, 19652),
con Betina Edelberg. En Londres y en 1964, se publican dos conferencias
dictadas en 1963: The Spanish Language y El gaucho Martin Fierro (His-
panic & Luso Brazilian Councils, Londres, 1964). Con Alicia Jurado, escri-
be uno de los manuales introductorios de la editorial Columba: ¢Qué es el
budismo? (Columba, Buenos Aires, 1976). ¢Cémo clasificar esta notoria
produccién borgiana? ¢Es parte de sus ensayos? ¢Pertenece a su «obra
literaria» 0 debemos mejor considerarla como obra de circunstancia? ¢Estas
piezas estén dirigidas a la misma audiencia a la que est dirigida su obra
lirica, ensayfstica y narrativa o se ditige a otra audiencia? ¢Son otros 0
los mismos los propésitos de Borges al escribir en torno a Walt Whitman
o al introducir a la literatura norteamericana?
Las piezas anteriores no son las tinicas que Borges ha escrito en cola-
boracién. La «naderfa de la personalidad» que anuncia desde temprano
parece ponerla constantemente en préctica al ejercer una escritura en la
cual el sujeto (0 su «personalidad») se pierde y se confunde con el otro.
Diversas son las instancias y los medios por los cuales Borges relega su
propia escritura en Ia bsqueda de una experiencia compartida en 1a cual
un tercer sujeto se apropia de la palabra. Me estoy refiriendo, claro est4, a
las obras de don Honorio Bustos Domecq y de B. Sudrez Lynch. Bustos,JORGE LUIS BORGES 291
sabemos, proviene de un bisabuelo cordobés de Borges en tanto que Do-
mecq de un bisabuelo de Bioy Casares. En el caso de Sudrez Lynch, Sudrez
proviene de la familia de Borges y Lynch del lado irlandés de Ia familia
de Bioy. Bustos Domecq publica, en 1941, su conocido Seis problemas para
don Isidro Parodi (Sur, Buenos Aires, 1941) y, en 1946, Dos fantastas me-
morables (Oportet, Buenos Aires, 1946; otra ed., Edicom, Buenos Aires,
1971, con prdlogo de H. J. Becco), Veinte afios més tarde Borges y Bioy
pasan a ser antdlogos de la obra de Domecq. En 1967, publican las Crdnicas
de Bustos Domecq (Losada, Buenos Aires, 1967) y, en 1977, Nuevos cuen-
tos de Bustos Domecq (Libreria de la Ciudad, Buenos Aires, 1977). La
carrera literaria de Sudrez Lynch no ha sido tan afortunada como la de Bus-
tos Domecq. Aquélla comienza y termina en 1946, con la publicacién de Un
modelo para la muerte (Oportet & Haereses, Buenos Aires, 1946; otra ed.,
Edicom, Buenos Aires, 1970). Libro que, para detrimento de la fama de
Suérez Lynch, esté prologado por Bustos Domecq.
Borges ha sido un gran antélogo. De tal manera que cuando, en 1967 y
en 1977, junto con Bioy publica los cuentos de Bustos Domecq tiene ya
una experiencia en la edicién de antologias, que comienza en 1926 con la
publicacién de un Indice de la poesia americana (Sociedad de Publicaciones
El Inca, Buenos Aires, 1926). Sus colaboradores son Vicente Huidobro y
Alberto Hidalgo. Once afios més tarde colabora con don Pedro Henriquez
Urefia (con quien, ademés, tendr4 una admiradora amistad) en una Antolo-
gia clasica de la literatura argentina (Sudamericana, Buenos Aires, 1937;
19768). Su colaboracién con Bioy Casares comienza en 1940 con la publi-
cacién de la ya clésica Antologia de la literatura fantéstica (Sudamericana,
Buenos Aires, 1940; 1976); antologia que indirectamente prologa ¢ intro-
duce la ficcidn narrativa en prosa que ambos producirdn a partir de 1940.
Silvina Ocampo se agrega al binomio para publicar, en 1941, una extensa
Antologia poética argentina (Sudamericana, Buenos Aires, 1941). Las anto-
logias de Borges junto con Bioy Casares se suceden a partir de estas fechas:
en 1955, publican Cuentos breves y extraordinarios (Raigal, Buenos Aires,
1955; Losada, 1976) y la también clasica Poesia gauchesca (Fondo de Cul-
tura Econémica, México, 1955, Biblioteca Americana), que acompafian con
un extenso prélogo. Finalmente, debemos anotar que no sélo ha sido anté-
logo 0 editor de un personaje imaginario como Bustos Domecq, sino que
ha Iegado a ser antélogo de si mismo, Su primera Antologia personal (Sur,
Buenos Aires, 1961) se publica en 1961. Y su Nueva antologta personal
(Emecé, Buenos Aires, 1971), en 1971. ¢Dénde clasificar el Manual de
zoologta fantastica (Fondo de Cultura Econémica, México, 1957), que publi-
ca junto con Margarita Guerrero, en México y en 1957 y que se convierte
en El libro de los seres imaginarios (Kier, Buenos Aires, 1967), en 1967?
gEs una antologia ficticia? ¢Ficcién en prosa? «Zoologia fantéstican y «Se-
res imaginarios» nos remiten a la ficcién fantéstica y al concepto que de292 EPOCA CONTEMPORANEA
ella tiene Borges. Ademés, son demasiado evidentes como para ignorarlas,
las relaciones entre el orden clasificatorio adoptado en el «manual y en
el «libro», por un lado, y el orden clasificatorio de «cierta enciclopedia
china» recordada por el doctor Franz Khun («El idioma analitico de John
Wilkins», Otras inquisiciones, 1952), por el otto. Si esto es asi, entonces
este libro propone su propia clasificacidn: pertenece a todas y a cualquiera
de las clasificaciones imaginables.
Un «género» que Borges ha cultivado con creciente énfasis aproximada-
mente desde 1960 es la conversacién, Proporcionalmente, desde 1960 hasta
la fecha, los libros de «entrevistas» a y con Jorge Luis Borges superan y en
mucho cualquiera de las otras categorfas de la produccién borgiana. La
bibliografia de Foster [1984] documenta 75 (!) entrevistas, publicadas algu-
nas en revistas y la mayorfa de ellas como libros, en un lapso de veinticinco
afios. Algunas de entre ellas, Didlogos (Borges-Sdbato, Emecé, Buenos Aires,
1976), Carrizo [1982], Charbonnier [1967], Barstone [1982], Burgin
[1969], Di Giovanni [1973], Irby [1968], de Millere: [1967], Ocam-
po [1969], Sorrentino [1973] y Véequez [1977]. Si bien estas conversa-
ciones son coméinmente citadas para iluminar este 0 aquel aspecto de algin
verso, de alguna estrofa, de alguna proposicién contenida en sus ensayos
© de algiin juego narrativo en sus cuentos, no se ha reflexionado sobre la
importancia y la significacién de la conversacién en tanto agénero». Este
género de las cortes, género de los salones, género de los clubes, género,
ltimamente, defendido por una filosofia de base hermenéutica mas que
epistemol6gica, es quizds en Borges, el género de mayor interés en su pro-
duccién ultima.
De esta vasta produccién borgiana no tenemos, como ya ha sido men-
cionado, interpretaciones sustanciales que hayan puesto de relieve su sig-
nificacién y las relaciones con Ja Iirica, la prosa narrativa y el ensayo (me
refiero a los libros de ensayos citados més arriba), desde Inguisiciones
(1926) hasta Otras inguisiciones (1952). Contamos, sin embargo, con va-
rios articulos que indagan en la obra narrativa en prosa en colaboracién
con Bioy Casares: Rodriguez Monegal [1947, 1971] se ha ocupado de Dos
fantasias memorables y de Un modelo para la muerte; mas tarde el mismo
Rodriguez Monegal [1981] se ocupa de las relaciones intertextuales entre
Ja Gnica novela publicada por el padre de Borges (E/ caudillo) y el segundo
de los relatos mencionados. Alazraki [1970], por su parte, ha estudiado
en detalle las Crénicas de Bustos Domecq y Mac Adam (1980) se ha ocu-
pado de Un modelo para la muerte. Un destacado trabajo sobre la «paro-
dia» en Seis problemas para don Isidro Parodi es el de Cossio [1980]. Fell
[1976] ha establecido una interesante comparacién entre la biograffa de
Evaristo Carriego y las Crdnicas de Bustos Domecq. Sobre el binomio Bor-
gesBioy han escrito Levine [1977] y Yates [1982]. Gogol [1975] le de-
dica unas pocas péginas a El libro de los seres imaginarios; DeschampsJORGE LUIS BORGES 293
[1972] y Lupi [1967-1972] se ocupan, la primera de la recepcién literaria,
y el segundo de la taxonomia en Manual de zoologia fantastica. En este
rapido panorama de las obras «marginales» de Borges es necesario mencio-
nar Jas relaciones de Borges con el cine estudiadas por un critico y realiza-
dor cinematogréfico, Cozarinski [1974]
Si nos proponemos una mirada de conjunto de la critica borgiana pode-
mos concebirla en términos semejantes a aquellos por medio de los cuales
Borges mismo concibe la traduccién. En efecto, al referirse a Los tra-
ductores de las mil y una noches y a las traducciones del capitén Burton y
de Mardrus cita y comenta un pérrafo de la traduccién del segundo que
apoya su argumento: «Las versiones de Burton y de Mardrus ... sdlo se
dejan concebir después de una literatura, Cualesquiera sus lacras 0 sus mé-
ritos, esas obras caracteristicas presuponen un rico proceso anterior. En
algdn modo, el casi inagotable proceso inglés est4 adumbrado en Burton ...
En los risuefios pérrafos de Mardrus conviven Salambé y Lafontaine, el
Manequi de Mimbre y el ballet ruso». Tanto en la traduccién como en la
critica lo que ellas presuponen es un horizonte de expectativas que las moti
va y las hace legibles para la audiencia a la que estan ditigidas. La critica
sobre Borges, hasta 1960, quizds con la tinica excepcidn del libro de Barre-
nechea [1957], presupone un debate ideolégico sobre lo que es o lo que
debe ser Ja literatura argentina (Bastos [1974]. Los estudios més signifi
cativos sobre Borges entre 1955 y finales de la década de 1960 se apoyan
en los principios estilisticos que gobiernan, en ese entonces, la critica lite-
raria (Barrenechea [1957], Alazraki (1968]). A partir de 1970, aproxima-
damente, entramos en una nueva etapa en Ia cual la critica literaria sigue
las orientaciones trazadas por el new criticism y por las nuevas corrien-
tes criticas desprendidas de la tradicién rusoeslava, puestas al dia por el
estructuralismo practicado principalmente en Francia. Esta etapa, a la
cual ya nos hemos referido someramente, no sdlo ha orientado Ia critica
hacia la necesidad de subrayar la estructura de las obras sino que, tam-
bién, ha abierto un campo més amplio de reflexiones en torno al lenguaje.
En estas reflexiones, que caracterizan un amplio espectro del pensamiento
moderno (de la lingiiistica a la filosofia del lenguaje, de la filosoffa de
la ciencia a la hermenéutica, de la gramatologia a la arqueologia del sa-
ber, de la antropologia a la critica literaria, de la semiética a la légica
de las lenguas naturales), la obra de Borges se ha convertido en un lugar
obligado de referencia tanto de filésofos del lenguaje como de fildsofos de
la ciencia, de antropélogos como de psicélogos, etc. Es de esta significacin
interdisciplinaria de su obra y de los comentarios que la han convertido en
tal, de la que nos ocuparemos en la parte final de este capitulo.
La «modernidad» a la que he aludido en el parrafo anterior puedo es-
pecificarla acudiendo a una expresién de Richard Rorthy: «textualismo».
Rorthy entiende por textualismo lo siguiente. En el siglo x1x, hubo filéso-294 EPOCA CONTEMPORANEA
fos que argumentaron a partir de la creencia de que lo tnico existente son
las ideas. En nuestro siglo la tendencia dominante de Ia filosofia y de la
critica literaria (y, claro esta, de la literatura misma) es la de proceder bajo
a cteencia de que lo Unico existente son los textos. Si Dettida es, para
Rorthy, un ejemplo paradigmético también lo son, en literatura, Borges y
Nabokov. La filosoffa para Derrida no es, sostiene Rorthy, un pensamiento
que busca revelar cémo es el mundo y, para ello, se sirve del lenguaje, sino
que la filosofia se concibe como una escritura sobre otras escrituras, textos
que comentan otros textos. En esta creencia se basa la distincién concep-
tual que se establece entre el libro y el texto. Mientras que en un caso el
libro se concibe como una unidad en Ja cual pueden organizarse las ideas
que dicen la verdad del mundo, el texto se concibe de manera semejante
a redes que se tejen y se destejen continuamente. El concepto de libro se
asocia asi a las nociones de idea y de verdad mientras que el concepto de
texto se asocia a las nociones de escritura y de significacién, Situar a Bor-
ges en el paradigma «textualismo» esbozado por Rorthy («Nineteenth-Cen-
tury Idealism and Twentieth-Century Textualism», The Monist, 1981) no
es, como se habrd ya adivinado, tarea dificil. Sus textos son, bsicamente,
comentario de otros textos (a veces existentes, a veces presupuestos); la
verdad, en los relatos o en los ensayos de Borges, se diluye en las multiples
proposiciones de una vindicacién o de una refutacién, o en las alternativas
finales que se oponen y destejen las proposiciones iniciales; la metéfora se
pone de relieve en su dimensién puramente lingiifstica, al mismo tiempo
que se extraen de ella sus connotaciones ontoldgicas. La historia no es la
historia de hechos o de ideas (por ejemplo, la eternidad) sino de palabras
(«Esa imagen, esa burda palabra enriquecida por los desacuerdos bumanos,
es lo que me propongo historiar») o de metiforas (por ejemplo, La esfera
de Pascal), etc. Sin duda que este aspecto no ha escapado a los escudrifia~
dores de la obra borgiana quienes, desde comienzos de la década de 1970,
aproximadamente, sefialaron distintos aspectos de la temprana y crucial con-
tribucién de Borges al textualismo, entre ellos Jitrik [1971], Mignolo y
Aguilar Mora [1971], Borinsky [1974, 1977], Rosa [1972], Niggestich
[1976], Foster [1977], Costa Lima [1977], Rodriguez [1980], Rodri-
guez Monegal [1976] y Alazraki [1984]. Quien sin lugar a dudas ha
llevado més lejos esta dimensién de la obra borgiana es Molloy [1979], en
su fundamental estudio sobre las «letras de Borges». La gran virtud de este
libro no consiste sélo en haber explotado y «mencionado» las distintas face-
tas del textualismo borgiano sino que, al hacerlo, el texto de Molloy, que
analiza y menciona, lo hace desde un consciente y Nicido esfuerzo por ins-
cribirse en el mismo espacio del textualismo del que habla.
Qué duda cabe que Borges no es un filésofo y que la expresién «Borges
filésofo» es tan acertada como lo es «Colén hermeneuta» o «Colén etné-
logo». Qué duda cabe, al mismo tiempo, que Borges elabora una literaturaJORGE LUIS BORGES 295
sobre la base de Ia filosofia, de la légica y de las matemiticas a la vez que
puede sugerir que en esas disciplinas ha visto la posibilidad literaria de
realizar Ja literatura que més le apasiona: la literatura fantdstica. El interés
de Borges en tales disciplinas ha sido retribuido por el interés que fildsofos,
Igicos y mateméticos han prestado a su obra. Un capitulo necesario en el
estudio de su obra podria titularse «Borges y la filosofian, en el cual se
pusieran de relieve las relecturas que Borges hace de filésofos clésicos
(Hume, Berkeley) y modernos (Russell, Poincaré, Schopenhauer, Mauthner,
Bradley, Meinong, etc.) como la lectura que los filésofos han hecho de Bor-
ges (Foucault, Deleuze, Danto, Rorthy, Rescher, etc.). Si bien no contamos
con un estudio semejante, contamos, sin embargo, con un mimero desta-
cado de trabajos que ponen de relieve las relaciones entre la filosofia y la
obra de Borges. Entre ellos preciso es destacar, en primer lugar, el libro
de Rest [1976]. Aunque su tesis fundamental (hacer de Borges un nomi-
nalista) pueda ser discutible (como lo serfa toda tesis que pretenda hacer
de un escritor de ficciones un representante, consciente o inconsciente, de
tal 0 cual corriente de pensamiento o escuela), el libro abunda en observa
ciones y paralelismos entre el texto borgiano y, si podemos emplear una
metéfora, el texto filosdfico. Las consecuencias epistemoldgicas que se pue-
den extraer de la obra de Borges han sido puestas de relieve por Alazraki
[1971] y Mignolo [1977]. Por su parte, Ruprecht [1984] se ha ocupado
en destacar, sobre la base de la semistica greimasiana, las modalidades del
creer y del saber. Los temas filosdficos en la obra de Borges fueron estu-
diados desde temprano. Se ocupan del tema del infinito Amaral [1971] y
Barrenechea [1956]; se ocupan del tema del tiempo Barrenechea [1957],
Blanco-Gonzilez [1963] y Butler [1973]; del tema del laberinto se ocupan
Rosa [1969] y Garzilli [1972], entre otros. La nada, el infinito, la eter-
nidad, el tiempo son ya largamente elaborados en el libro de Barrenechea
[1957]. Rest [1976] es el autor del tinico libro que conozco enteramente
dedicado a temas filoséficos en la obra de Borges. El de Blanco-Gonzilez
[1963] est4 completamente dedicado al tema del tiempo. En su libro sobre
interpretaciones literarias, Zalazar [1976], dedica un capitulo al tema del
tiempo. Entre los varios articulos que se han consagrado a los aspectos filo-
s6ficos, cabe mencionar los de Vax [1964], Weber [1968], Yurkievich
[1980] y Weber [1982]. Entre los tépicos de filosofia oriental que mds
han atrafdo la atencién de Borges se encuentra la Kabbala. Rabi [1964],
Alazraki [1971], Sosnowski (1975, 1976] y Levy [1976] han abordado
este aspecto
La tendencia a estudiar aspectos lingiifstico-poético-semisticos en la
obra de Borges ha sido, como era de esperar, dominante en los tiltimos vein-
te afios. Un répido esquema de los tépicos destacados en estos estudios po-
driamos resumirlo mencionando: la estructura y los procedimientos lin
giiistico-narrativos; la poética, critica y teorfa literarias; la literatura fantds-296 EPOCA CONTEMPORANEA
tica. Tomemos por turno cada uno de estos tépicos. Aunque varios de los
estudios que mencionaremos en este apartado fueron ya mencionados, con-
viene subrayar, debido —precisamente— al énfasis que la modernidad ha
puesto en el texto, todos aquellos aspectos que le son inherentes. Como ya
hemos dicho, es a partir de la década de 1960, aproximadamente, que
comenzamos a notar esta orientacién. En primer lugar, son las figuras reté-
ricas y aspectos estilisticos, los que reciben mayor atencién. En la segunda
parte del clésico libro de Alazraki [1968] sobre la prosa nartativa, encon-
tramos tanto una aproximacién general como un estudio particular de la
adjetivacién y de las figuras de contigiiidad; el libro de Niggestich [1976]
esté consagrado al estudio de la metéfora en Borges desde sus comienzos
ultraistas hasta las tardias reflexiones filoséficas y articulos periodisticos;
el cuidado articulo de Arrimondi Pieri y Schumpp Toledo [1970] bos-
queja, por un lado, las estructuras versales predominantes y, por otro, estu-
dia las implicaciones de ciertos sustantivos y de ciertas expresiones recu-
rrentes en la poesia de Borges. A estos estudios podriamos agregar el de
José Pascual Buxé [1982] sobre el poema Ajedrez; el de David Foster
[1978], sobre las configuraciones paratécticas ¢ hipotécticas en Fervor de
Buenos Aires; el de Zunilda Gertel [197], en el que estudia la evolucién
de ciertas figuras borgianas desde sus primeros poemas hasta sus ltimos
libros; el de Susana Reiz de Rivarola [1982], en el que estudia con extre-
mado detalle la estructura y las figuras de la prosa en el cuento Abenjacén
el Bojari, muerto en su laberinto.
Borges ha escrito sobre ottos escritores y ha reflexionado en numerosas
oportunidades sobre Ja literatura. La critica borgiana ha destacado también
en repetidas ocasiones su poética implicita, asi Foster [1973]; a Borges y
la creacién literatia, Gertel [1968]; a Borges y la critica literaria, Aubrun
[1976]; y, Gltimamente (como ocurre en el caso de las traducciones, sefia-
ladas por el propio Borges), se le ha atribuido, por qué no, una teorfa lite-
raria: Echavarria [1983]. Si bien es indudable que todo gran escritor se
distingue por poseer (0, quizés, ser) una poética (concepto de literatura) es
necesatio también reflexionar sobre el ser de esa poética y su funcién en la
obra de un escritor. Seria necesario evitar el recurrente etror de pensar que
esa poética se manifiesta en los prdlogos, ensayos y cartas de un escritor y
que su prosa natrativa 0 que su lirica es un resultado del ejercicio de esa
pottica y no pensar por ejemplo que también los prdlogos y ensayos son
resultado porque la poética es precisamente ese lugar invisible, o ese «mis-
mo espititu» que claramente habfa percibido ya Ana Marfa Barrenechea
[1957] en su estudio sobre la obra de Borges: «Poesia, ensayo, cuento son
las diversas manifestaciones de un mismo espiritu que a través de los afios
ha ido encontrando sus vias, puliendo las agresividades de su estilo, afinan-
do las burlas, fundiendo los elementos dispares, ahorrando las intuiciones
del milagro, hasta Ilegar a las f6rmulas de simplicidad aparente en el len-JORGE LUIS BORGES 297
guaje, de compleja y sabia elaboracién de alusiones, de sutil juego irénico,
de equilibrio perfecto, de patéticas revelaciones». En otras palabras, la
pottica de un escritor es «ese mismo espiritu» que reconocemos en todos
sus escritos, tanto en los ensayos que sitven de fundamento a un poema o
aun relato, como en un relato o en un poema que sirven de fundamento a
un ensayo 0 un prdlogo o a una lectura de otro escritor. Si aceptamos estas
premisas, ¢podemos decir que un escritor es «critico 0 teérico» de la lite-
ratura? ¢Es pertinente, por ejemplo, comparar la teoria literaria de Borges
con la de Aristételes, la de Ingarden o la de Jakobson? ¢Es pertinente com-
parar la critica literaria de Borges con la de Barthes, Richards o Northrop
Frye? Pareceria que no, a primera vista. La intuicién primera es que la
actividad que realizan los tedricos, los criticos y los esctitores no es exacta-
mente la misma, 0 no Jo son, al menos, sus objetivos. ¢Podemos hablar de
la poética de un critico literario como Barthes, por ejemplo, de la misma
manera que hablamos de la poética de un escritor como Borges que a la vez
pretendemos que sea critico literario?
. Segtin cuenta Bioy, el mismo dfa en que estaba apuntando la
larga lista de prohibiciones, Borges les conté su nuevo cuento. La ver-
dadera fuente estaria, pues, alli. Pero la imaginacién de Borges ha
transformado un ejercicio de sétira literaria (modelado mas 0 menos
en los cuentos de escritores y artistas irénicamente inventados por
Henry James) en una historia verdaderamente fantéstica. En la version
final, la semilla narrativa, la desilusién de un joven provinciano al com-
prender qué injustificada es la fama, aparece metamorfoseada en la
historia de un escritor que intenta lo imposible: re-escribir en todos
sus detalles, y sin copiarlo, un texto famoso. Al orientar el cuento
hacia el maestro, y al convertirle en una suerte de martir de la escri-
tura, Borges introdujo el elemento fantdstico que faltaba en el plan
original.
Ahora la biisqueda manfaca de Menard se convierte en el centro
de la historia. Como el Bartleby de Melville, 0 el Artista del Hambre
de Kafka, Menard se propone una empresa imposible.
El verdadero cuento aprovecha bastante la sdtira planeada y puede
ser visto como una realizacién de la misma. En un sentido, la obra no
escrita sirve de marco invisible a la contada. Pero en vez de dramatizar
Ia desilusién del joven provinciano al leer los fragmentos de la obra
inédita del maestro, Borges cambia la perspectiva: en vez de desilusio-
narse, el joven se entusiasma con la audacia del proyecto.EL IDEALISMO Y OTRAS FORMAS DE LA IRREALIDAD 313
ANA Maria BARRENECHEA
EL IDEALISMO Y OTRAS FORMAS
DE LA IRREALIDAD
En Borges hay una forma de atacar la consistencia del universo y
del hombre dentro del universo que retine varios hilos: la filosoffa
idealista de Berkeley, para quien el mundo no existe fuera de la mente
de los que lo perciben o de la mente divina, el platonismo para quien
el mundo es un reflejo de los arquetipos eternos, la creencia cristiana
en un Dios creador y conservador del hombre, que vive mientras el
Sefior lo piensa, las creencias orientales en un orbe puramente aparen-
cial en las que hasta el Nirvana deja de ser (0 de no ser), y todas las
ficciones y leyendas mégicas y populares que especulan con fantasmas,
con idolos, con simulacros, con seres creados por la imaginacién de
los hombres, con férmulas capaces de hacer vivir mujfiecos inanimados,
con historias donde no se sabe si se suefia o se est despierto.
De tales invenciones, quizés el idealismo de Berkeley fue el més
poderoso desde el comienzo y a él dedicd los ensayos de Inguisiciones
relacionados con el problema de la personalidad y el poema «Amane-
cer», donde siendo el espectador solitario de las calles de Buenos Aires
siente que las esté salvando de desaparecer para siempre. [...] Las
imaginaciones derivadas de esta idea pueden adoptar dos formas: 0
hacen resaltar que la realidad es un simple suefio y que lo que cree-
mos sustancial y concreto no es més que una apariencia, 0 producen
un objeto sofiado que adquiere tal vida y solidez que de rechazo di-
suelve el orden terrestre.
Dos cuentos de Ficciones estén basados en esta ultima operacién
sobrenatural de introducir en el mundo productos de la mente. «Las
ruinas circulares» se desenvuelve en un dmbito de vaguedad y de poe-
sia —la lejania de las regiones persas, la soledad, la selva, el rio, el
dios del fuego con sus intrincadas y suntuosas transformaciones—, Bor-
ges dramatiza la empresa de crear un ser con la materia elusiva del
suefio en el fracaso primero, la minuciosa tarea posterior, la impoten-
Ana Maria Barrenechea, La expresion de la irrealidad en la obra de Jorge
Luis Borges, El Colegio de México, México, 1957, pp. 120-136.314 JORGE LUIS BORGES
cia del hombre y el socorro celeste. Al fin revierte trégicamente sobre
el sofiador la fantasmagorfa de lo sofiado. [...]
Mucho més complejo es el caso de «Tlon, Uqbar, Orbis Tertius»
donde Borges presenta un mundo imaginado por un colegio de sabios
y que acaba por tomar existencia sustancial sustituyendo a nuestro
planeta. En unas paginas de Sur de 1936, donde echa en cara a las
utopfas su pobreza, encontramos el plan del cuento que desarrollaré
més tarde en 1940: aque describa puntualmente un falso pais con su
geografia, su historia, su religion, su idioma, su literatura, su misica,
su gobierno, su controversia matemitica y filosdfica ... su enciclope-
dia, en fin; todo ello articulado y orgénico, por supuesto ...». Aqui est4
todo el secreto. Borges ofrece, después de un descubrimiento gradual
de su existencia, un universo organizado en forma minuciosa y cohe-
rente, y si no expone su estructura completa como lo habfa propuesto
en teoria —lo que seria estéticamente absurdo— elige unos detalles y
sugiere otros para que al fin nos quede la evidencia de un otbe hici-
damente planeado en oposicién al caos terrestre. Primero hace que
sean vilidas en él las ideas filosdficas que le han dado origen; el mate-
rialismo es una herejfa, el idealismo de Berkeley informa las mentes y
también triunfa el pantefsmo idealista de Schopenhauer. El lenguaje
(que elimina los sustantivos) es capaz de crear objetos poéticos ideales;
la literatura y la filosoffa son de tipo fantastico, y se les asocian las
teogonfas gnésticas que acentiian la inanidad del cosmos. [...]
En «La busca de Averroes» el idealismo y, ademés, la nocién de
Dios creador y conservador del hombre, le dan la formula para termi-
nar el relato con un stbito desbaratarse del protagonista y de su mun-
do (El aleph). El escamoteo de prestidigitador que efecttia tiene una
triple sugestién: ficcién de la vida (quizd Dios dejaré de sofiarnos,
como también pensaba Unamuno, y desapareceremos en la misma for-
ma en que se borré Averroes), ficcién de la ficcién (de este Averroes
que nos parecfa tan real en el relato, con sus preocupaciones y su es-
clava de pelo rojo, nada sabemos con seguridad) y yo ditfa también
que secreta glorificacién de su arte pues ha podido hacer vivir a Ave-
rroes y a su esclava sin que pensdramos en su radical falsedad hasta
el brusco corte final, [...]