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Obras Completas IV - Joseph Ratzinger

La obra 'Introducción al Cristianismo' de Joseph Ratzinger, publicada en 2018, es el resultado de lecciones impartidas en 1967 y aborda la fe cristiana en un contexto de cambios sociales y teológicos. Ratzinger reflexiona sobre la evolución de la teología católica post-Concilio Vaticano II y la necesidad de reinterpretar la fe en un mundo moderno. A pesar de los desafíos, el autor expresa su esperanza de que el libro ayude a las personas a fortalecer su fe.

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Obras Completas IV - Joseph Ratzinger

La obra 'Introducción al Cristianismo' de Joseph Ratzinger, publicada en 2018, es el resultado de lecciones impartidas en 1967 y aborda la fe cristiana en un contexto de cambios sociales y teológicos. Ratzinger reflexiona sobre la evolución de la teología católica post-Concilio Vaticano II y la necesidad de reinterpretar la fe en un mundo moderno. A pesar de los desafíos, el autor expresa su esperanza de que el libro ayude a las personas a fortalecer su fe.

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Ratzinger, J.

(2018)
Obras Completas IV. Introducción al Cristianismo. Fe – Bautismo – Seguimiento.
Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.

Esta obra está protegida por el derecho de autor y su reproducción y comunicación pública, en la
modalidad puesta a disposición, se ha realizado en virtud del artículo 32.4 de la Ley de Propiedad
Intelectual. Queda prohibida su posterior reproducción, distribución, transformación y
comunicación pública en cualquier medio y de cualquier forma.
JOSEPH RATZINGER

Obras completas
IV
INTRODUCCIÓN AL CRISTIANISMO
Fe - Bautismo - Seguimiento

BIBLIOTECA DE AUTORES CRISTIANOS


MADRID• 2018
Papa Benedicto XVI

PRÓLOGO

Desde que impartí, en el semestre del verano 1 de 1967, en Tu-


binga, las Lecciones sobre el Credo ajostólico, como Introducción al
cristianismo para los alumnos de todas las facultades, han pasado
casi 50 anos, en los que el mundo ha cambiado sustancialmente. En ~
aquel ano 1967, la Facultad de teologia católica~ Tubingâ~~lebra- ~ ,
ba sus 150 anos de existencia. Fue la última celebración académica
importante qlle se desarrolló pacíficamente a la manera tradicional.
Al ano siguiente estallaría la revuelta estudiantil que quería sacudir-
se « el polvo de mil anos» 2 y, ciertamente, la universidad alemana
ha cambiado considerablemente. ~ien hubiera observado atenta-
mente los signos de los tiempos podría haber percibido, ya en aquel
afio festivo, los débiles temblores que un afio más tarde habrían de
1
convertirse en e(~ran terremoto de la revuelta. '
---=---- . ----~
Para la teología católica ya se FiãBia planteãao una nueva situa-
ción con el Concilio aticano II ( 1962-1965 ). Los textos del Con-
cilio habían senalado nuevos horizontes, pero manteniéndose sin
ambigüedades en la continuidad interna de la doctrina católica. Sin
embargo, la percepción externa era distinta y creda rápidamente. T\.L
Para los simples fieles la ruptura se hizo visible de modo muy prácti-
co en la celebración de. .la liturg1a:·También aquí, la correspondiente :

1 N . del T.: En la universidad alemana, cada curso académico se divide en dos semest~es:

Wintersemester (semestre de invierno) y Sommersem,ester (semestre de _verano). Aqm se


t
trata de este último, lo que en Espafi.a corresponderia al segundo cuammestre dei curso
1966-1967. d l · ·d d 1 h '
2 N. del T.: Que pretendía denunci~r el eliti~mo e a umvers1 a , a a vez que ac1a

alusión a los «milaiíos » dei Tercer Re1ch aleman.


XVIII PRÓLOGO

constitución conciliar se hab ía 1novido claramente en la contin ui-


dad con la tradición litúrgica y había scnalado el cam ino para una.
renovación desde las fuentes. En \ráctica, sin embargo, irrumpi6
1e
en muchos lugares una_especie "1.narquía litúrgic~~en la que lo"
i '1. . celebrantes trataban de anticiparse a los nuevos fit ros, todavía no

·.~.. publicados, a través de su propia creatividad.


Otros dos acontecimientos supusieron un gran desafío para la.
t~ El primer aspecto fundamental era la cuestión de la ade-
cua a relación de~ ~ ~n la Sagrada Escrit~ Hasta entonces,
para la teología católica era irutisclitil)fe1a orientación hermenéuti-
t.,._;;ª existente ~esde la ~ patrística. Esta eSi:ã.bleêêque [i!scr~
\ es un conJunto unitario y debe ser Ieída como tal. En seguruiõtügar,
o/ establece que Ia clave de interpretación de la Biblia se encuentra
~ en la regula fidei, 1a confesión ele te de la Iglesia. Así pues, si bien Ià
exégesis cato ica a ía recibid--~~~~~..~171.~"m~-Châsctificultades, el mé-
w todo histórico tal y como este se había desarrollado desde la Ilustra-
~ .ción, veía en la regla de fe un límit,.e
, para su aplicabilidad. El método
o... histórico, definido a partir de la concepción môderriãctel mundd-,
- ---resultaba,
- --,~-
por así decido, desplaza~ r:=--~~~~~---=H:':::~::-::-::--·Â
o a un onzon e 1 erente, el
de la concepción del mundo propia de fe. La constitución conciliar
sobre la Revelación había confirmado rotundamente esta perspec-
~ iva. Por un lado insistía decididamente en el derecho de la razón
. histórica al interpretar la Escritura. P~ ro tambÍén mantenia con
-t firmeza que el métoao histórico ctebía sêr .puêstôenreiadüri con
1a anàtõgia ~eelã!~üiiCõri.jünfo Un1tario°i
~~rbr ~~ fe; Enk cor í c ~ â m e , T á l l ~olO se per-
clÕia una enérgica confirmación del método histórico. Así se formó
la opinión, el dogma, de que la fe de la Iglesia no es una autoridad
competente para la lectura de la Sag.rada Escritura. La diferencia
entre la exégesis católica y las interpretaciones de la Escritura que
no se consideraban vinculadas por la fe pareda diluirse. Solo debe-
ría considerarse exégesis como tal la que procediera exclusivamen-
te según criterios « estrictamente científicos». Eso significaba que
ahora todas las perspectivas exegéticas que se habían formado en la
Modernidad entraban en el debate, tan1bién en la exégesis católica,
en pie de igualdad. De repente, temblaban los cimientos. Ahora, el
PRÓ.LOG O xrx

Cristo de la fe ya no se idencificaba, cn la teología cacólka, con d


Jesús d~ la hi st oria. ~a nada se podía dar por sólido y seguro. Los
c01npaneros _que hab1an estudiado conmigo creían que se les había
ocultado ~ehberad~mente la verdadera interpretación de la Escritu-
ra. Se sentlan enganados y desorientados.
El segundo acontecitniento se refiere a la estructura racional de 1f)
la fe cristiana. Después de la crisis de la Ilustracl6n:e1torriísmõ fúe ·
dec~, pof Le~n X~II, e.Q\mêíainé"iUóliíõscílico de la teologia h,..,., ,..,...,
~hca. La filosofi~ 0~1emada por Tom:is de_.Aquin<;: había vivido ~ .
un verdadero florec1m1emo desde los afios 20 dei siglo xx. La con- \, d_ ...
cepción fundamental dei Aquinate había sido puesta en diálo~ ~ ·,
con la filosofia moderna, anterior y posterior a Kant. Est to mismo , e J-l
integrador estaba en êontacto vivo con la Moderni a y, mismo
/ ~tiempo, se veia revest iâo_~:_~~ ~ sõnêa~!~~~Iqüe
proporc1onaba a la fe un contexto raciõi-iar.una vez mas, e:rvãc'í-
cãliõ II Flatfi ;~c"õilielldàãõ 'rotUriããmellte1a orientación tomista.
Pero, de nuevo, en la conciencia pública se había convertido en élo-
minante la opinión de que en la filosofia se daba la absoluta libertad
de búsqueda racional de la esencia de las cosas y, por consiguiente,
la igualdad fundamental de todas las opciones filosóficas. El tomis-
mo, hasta entonces vivo y presente, pareda haberse derrumbado de
rep"êii.te, al menos en cuanto filosofia común de la teología católica.
"Así como ·1a CflSlS âe 1a exégesis IíaEfahpüe'"stÓ sustãnciãTmente en
cuestión el fundamento bíblico de la fe, así también su anclaje en
la razón y en la concepción del mundo pareda haber perdido, de
repente, su viabilidad.
_,. , .E nesta si~~ioh) de cuya gravedad solo se alcanzó plena con-
cienc1a e form;gr;dual, traté de realizar una ~eva introducción
al cristianismo. Era una tarea que, en un curso para los estud1antes
de todas las faêultades, resultaba prácticamente insuperable. Solo
el hecho de que le había prometido a mi editor el correspondiente
libro pudo lanzarme a la aventura de impartir el curso. Tanto n1ás
agradecido estoy en la medida en que este libro, nacido de la misn1a,
ha ayudado a muchas personas a dar nueva firmeza a su fe. Apenas
un afio después de la primera edición se publicó la décima edición
del libro. Ha sido traducido a muchos idiomas, y una y otra vez me
1
XX PRÓLO GO

encuentro con personas a las que, para mi alegría, les ha ayudado


en situaciones difíciles a cobrar un nuevo impulso en la fe. A pesat
de los enormes cambios que se han ido dando desde entonces e
e1 mundo, es leído y aceptado, todavía hoy, como teología actua~
Por ello, tan solo puedo estar agradecido. Espero que la obra, en
esta nueva edición, con todas sus limitaciones, pueda ayudar a las
personas en su camino hacia la fe.

Roma, 19 de marzo de 2014

BENEDICTO XVI
INTRODUCCIÓN AL CRISTIANISMO
Lecciones sobre el credo apostólico

PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN


1968

_La cuest~ón _acerca de lo que verdaderamente constituye el con-


te~1~0 Y el significado de la fe cristiana se encuentra hoy, más que
qu1zas nunca antes en la historia, rodeada de una nube de incer-
:id~mbr~. ~ien haya observado el movimiento teológico de la
ultima decada y no se cuente entre los irreflexivos que consideran
ciegamente que lo nuevo es siempre lo mejor, bien podría recordar
el viejo cuento de uan con suerte: para estar más cómodo, este fue
intercambiando el gran pe azo e oro, que se le hacía molesto y
pesado, sucesivamente por un caballo, por una vaca, por un ganso y
por una piedra de afilar que finalmente arrojó al agua, sin sentir que
había perdido gran cosa; al contrario, lo que ahora había obtenido
-creía él- era el don precioso de la libertad completa. Cuánto
duró su embriaguez y lo oscuro que fue el instante del despertar
de la ilusión de su supuesta liberación lo remice el cuento, como se
sabe, a la fantasía de su lector. AI cristiano solícito de hoy en día, sin
embargo, le acucian frecuentemente preguntas como estas: ~No ha
discurrido quizás nuestra teología en los últimos anos por un cami-
no similar? ~Acaso no ha diluido dicha teología las exigencias de
la fe, percibidas como demasiado opresivas, interpretándolas, cada
vez más, de una forma tan reducida que no parezca que se pierde
nada importante y, a la vez, tan amplia que permita dar poco des-
pués el siguiente paso? Y, ciertamente, el pobre Juan, d cristiano
que confiadamente se fue dejando llevar de trueque en trueque, de
interpretación en interpretación, ~acaso no tendrá pronto en sus
manos, en lugar del oro con el que empezó, tan solo una piedra de
afilar que sele podrá aconsejar que tire tranquilan1ente?
Ciertamente, estas preguntas son injustas si se plancean de forma
demasiado general, puesto que se puede, a pesar de todo, sostener le-
6 PARTE A . LA FE CRISTIANA . EL CREDO
l
gítimamente que 1a « teología 1noderna » no ha discurrido por <:stc
camino. Pero, del mismo modo, tampoco se puede negar que una
opinión común muy generalizada favorece una tendencia que, en
realidad, conduce desde el oro hasta la piedra de afilar. D esde luego,
esta tendencia no se puede contrarrestar con la mera insistencia en
el metal precioso de las sólidas fórmulas del pasado, el cual, ai fin y
al cabo, sigue siendo tan solo un pedazo de metal: una carga, en Vez
de 1a posibilidad de conseguir la verdadera libertad. Aquí se sitúa la
perspectiva del presente libro: ~ ~dar a c~ render de
un modo nuevo la fe como posibilitaâora de verctadera h~
en nuestro mundo actuã1, a interpr"êrarlã"smreductr1aallnaíscursõ
que solo a dur"aspen[s°Õculta un completoiaCio espiritllãr,_·~·-~o- '
---.., ~ ' 1 , f t l l ·~ , •~...:l•~•~;~.t.K~" "l""" ·••"'°' •~z.•Nllk'l1 ~ T r.l:'IUIC....._~◄...__.,_.,.r~

- E1 libro es el resuuado ae las lecciones que impart1 enefverano


de 1967 en Tubinga para los alumnos de todas las facultades. Se
trataba de intentar otra vez, en las nuevas circunstancias de nuestra
generación, lo que había hecho de forma magistral Karl Adam en
esta misma universidad casi medio siglo antes con La esencia del ca-
tolicismo. El texto ha sido adaptado en su estilo literario de acuerdo
a las características propias de una publicación. Por el contrario, no
he cambiado la estructura ni la extensión; tan solo he aftadido las
correspondientes notas científicas a los apuntes que me sirvieron
directamente para preparar las lecciones.
La dedicatoria del libro a los alumnos de las diversas etapas de mi
magisterio académico quiere expresar e1 agradecimiento que siento
hacia sus preguntas y aportaciones, las cuales forman parte decisiva
de las circunstancias en las que ha surgido este ensayo. Asimismo,
también querría dar Ias gradas muy especialmente a1 editor, d Dr.
Heinrich Wild, sin cuya solicitud, tan paciente como insistente, di-
Rcilmente podría haber llevado a cabo la condusión de una empresa
tan arriesgada como supone un trabajo de estas características. Final-
mente, doy las gradas a todos los colaboradores que con su esfuerzo
han contribuído, de una u otra manera, a la publicación del libro.

Tubinga, verano de 1968


JOSEPH RATZJNGER
PRÓ LO<~O A LA l)(t,CIMA Jl,JH C JÓ N
1969

C uando hacc un ano publ it:ah a por prim <.: ra vez este l.ibro, no
rne podfa in1aginar d eco tan inusi tado <{ LI C iba a tcncr. Me lJ cna
de gratitud y alegria cl hccho de que haya podido servir de ayuda a
111uchas personas por cncin1a de las fronccras entre el este y cl oeste,
así con10 de las fronceras entre las confosioncs. A propósito de al-
gunas cuestiones científicas, que han planteado desde entonces las
recensiones, he to1nado postura en Hochland 6 I ( 1969) 533-543; y
no me parece adecuado recargar e1 libro con las mismas. Este se pre-
senta inalterado, y tan solo han sido corregidos algunos pequenos
errores. Tengo que dar las gradas especialmente al Consejero de la
Iglesia Evangélica, D. Hans Stroh, de Freudenstadt, por sus amables
indicaciones y al Pastor D. Hans Joachim Schmidt, de Goslar, que
amablemente ha realizado el índice de citas bíblicas que se anade
a este libro en la presente edición. Recibo esta ayuda con especial
agradecimiento, como signo de la unión entre cristianos católicos y
evangélicos en la fe apostólica, a la que la Introducción quiere servir.

Tubinga, septiembre de 1969

JOSEPH RATZINGER
_.,<
-
. J::'"j - .,.,,_,.,·
.
,. r · r - a] · · ·
-~ - - . ~- "·; cruuanism,o,,,.-> - A·ver ho►v -
:.r , J ' man.ana,
~ .
~J~---~ ~u~ e<;,-ta. ohr~ ·;iü la luz han . ad ,
, ~ " " • • i • pas . . o ya mas de t .
. .
~ t 'J<:.~ .._--:1 J.ry,, que la OEtoría del mund . L .d reinta
.., ~-z m -:;;" ~ . ~ , . o se aa movi o a un ritmo
~ r,e-,,--~~~ E.
- - . . .; _..,._ ....., -~ ., J. n r:etr ..-')Drc-c . . ,~·,') dos a - d la 'l . cad-"\
. .L r . .
uu ~
o.; ~ "".rlcJ .. J .
_. - - ~~ · ~ · nos e s u t unas d'ecadas Cl

..,, 4-~ ' _ mi .enJo J}arecen ?2rt1cularmente significativos: 1968 .


195$9. El 2n,, J968 '!Knala la sublevación de una nueva g .,)
,_ . 1 . . , . . eneracion
~ ~ry YJJJ Juzgaoa el ?:;. .:ri:-.:-: ()fiÍo cultural de la posguerra co
r-- ,..- , . .,...,,....~<- J1 . de . . .. l ad rno
"'-:• . - - - ~- .....:: - ~ O ~ 1n1usr1cta y P ag .o de egoísmo y de codicia
,1no cnu· ...... -- . . :; _ ....
~ :,:-- /4...~ . - • -' · ~ --
'd·· _L_
...,0r.:>1
, .
c:"a.trd.
fr d 1
erranco y · acasa o e curso entero ,
<Ít: h _:,::-f,: ::e,. desde la victoria del cristianismo. Aquella generación
que71a c--n tr1nces hacer, por fin, las cosas bien, construir el mundo
de Ja J~~::-:--...;;~
. de la :guaidad. y de la justicia, y estaba convencida de
haber encontrado el camino para ello en la gran corriente dei pen-
~am iento ma.,,rxista. El ano 1989 trajo consigo el inesperado colapso
del régímen VJcialist2. en Europa, que dejó tras de sí una herencia
de tit.-rras asola.das J almas agostadas. El que hubiera esperado que
ahora JJegase de nuevo la hora del mensaje cristiano, se quedaria de-
a-pdr,,r,~,G.ú. Aunque el número de los cristianos creyentes en todo
d mundo no es pequeno, en este momento histórico el cristianismo
no hit IogradcJ hacerse percibir como una alternativa capaz de hacer
época, Bi,.jcan1cntc, la teoría marxista de la salvación, en sus diver-
5.as variac.iones, qu.e;dã,l;; como Ia úníca guia hacia eI Fii"ruro c~n una
funck.men~.cj6n ética y que, al mismo tiempo, fuera cons1s renre
oon una p· crspectiva científica del mundo. Por ello, ni siquiera eras
Ja conmoci6n de 1989 ha renunciado a sus prerens1ones. · Tan solo
·
e~ ncce',arío pc~'>ar en 1·.o poco que.
se h a h abl ªdo de los horrendos
he
!!Ula,,, comunjsta<,, lo olvidada que se ha quedado la voz de._Solz 1~
o t, ·. · d guenza o
• ♦ n - :lje díce nada de todo esto. Una espec1e e ver
••

n1t<;yn. · au · . . cio nado can


prnhíbe; incluso d régimen ases1no de Po1Por es men
IN TRODUCClÓN AL CRISTIANISMO. PRÓLOGO ~ B

solo ocasional1n. , ente y co ino d e pasa da. Pero lo que sí ha quedado


es una decepc1on y una profíun d a perp1ep·'dad . Ya no se <.:onna e,
en
las grandes. promesas morales, Yera prec1san1ente
· as1, como se h ab'ia
comprend1do al marxisn10 a s1' mismo. · se trataba de JUSt1c1a
· · · para
todos, de paz,. de la abolición de las relac1·ones de. dom1nac10n
· · ' InJUS-
· ·
tas, etc. En virtud de estos nobles objetivos se creía que se podían
poner a un lado l~s fundamentos morales y que era lícito emplear e1
terror como med10 para el bien. Después de que, a1 menos por un
instante, se hiciera visible el panorama desolador de los escombros
de humanidad que así se habían producido, se optó por el replieaue
a lo pragmático o por la profesión de un abierto desprecio haci: lo
ético. Podemos observar un ejemplo trágico de esto en Colo1nbia,
donde se entabló una batalla, primeramente bajo signo n1arxista,
por la liberación de los pequenos campesinos, oprimidos por los
grandes capitales. Hoy día, en su lugar, se ha formado simplen1ente
una república rebelde segregada del poder estatal, que es manifiesto
que vive del tráfico de drogas y que no busca justificación n1oral
alguna para ello, tanto más cuanto que así satisface una den1anda de
los países ricos y, a1 mismo tiempo, da pan a personas a las que, de
otro modo, no les cabría esperar gran cosa de la economía mundial.
En semejante situación de desconcierto, iacaso no debe el cristia-
nismo intentar encontrar de nuevo su voz, con toda seriedad, intro-
duciendo al nuevo milenio en su mensaje, para hacerlo comprensi-
ble como una orientación para el futuro?
~ Dónde estaba, por cierto, la voz de los creyentes cristianos en
aquel tiempo? En 1967, cuando se publicó el libro, los fennentos
del primer posconcilio estaban en pleno apogeo. Ciertan1ente, lo
que el Concilio Vaticano II había querido era conferir nuevan1cn-
te al cristianismo la capacidad de modelar la historia. En d siglo
XIX se había formado la opinión de que la religión perteneda al
ámbito de lo subjetivo y que era en dicho án1bito .donde debe~ía
encontrar su lugar. Pero precisan1ente porque pertened_a a1 áinbtto
de lo subjetivo, no podía tener ninguna fuer~;;~ detern11n~u1te para
el curso general de la historia ni para las dee1s1ones q~1~ en ella se
adoptan. Ahora, inmediatamente después del Conc1lt~, debeda
quedar patente que la fede los cristianos abarca la total1dad de la
14 PAR l r A, l A 11' ClO\ r l ANA , , , f ,nno
1
exisrencia, que.: ~e cnc.: ucn tr,l cn d rc nt to de l~ h i.Hor1a v dd t,
: . ( f't\prl
y que e~ relevante.· m.ls illB dçl ,\mbtto de las c:o nccpcionc, 'i\lh
· · El. cnsttan1smo
tivas. · · · l~lH.'rí.1, 3- 1 menos en 1a mccndó
· n de la lgle,J<!.
católica. ~alir dd gueto cn cl que hahí.t estado confinado ,Jc .J .t,1
. . u ~uc cl
s1glo XIX y volver a compromctcr~c complctamct1 cc con e1 rnun<i<
No es necesario que hablen10s aqu{ de los conflktos, y fricc >
. . . . • IOn(1
1ntraedes1ales que se produJeron con ocas16 n de la inter pret,lctqr),
de la recepción del C oncilio. Respecto a la posición dei cristiart' 1
mo en d tiempo, cobró particular fuerza d concepto de una nu;:
relación de la Iglesia con el mundo. Si bien Romano Guardini ha-
bía acuiíado, en los afios treinta, el concepto de Unterschei.du'lg dts
Christlichen (especificidad de lo cristiano), ah ora esta especificidad
ya no pareda ser importante, sino más bien lo contrario: saharsc
las d iferencias, acercarse al mundo y comprometerse con él. Bien
pronto quedó patente, en las barricadas del Parfs de 1968, lo rápido
que estas ideas podían salir de los discursos de las academias ecle-
siásticas y hacerse totalmente prácticas: se celebraba la eucaristia
revolucionaria y se cultivaba, así, una nueva fusi6n entre la Iglesia
y el mundo, bajo el signo de la revolución, que finalmente habrfa
de traer el surgimiento de un tiempo mejor. La participación, en
calidad de líderes, de las comunidades de estudiantes católicos v J

evangélicos en las revueltas revolucionarias de las universidades de


dentro y fuera de Europa confirmaba esta misma dirección.
Pero fue en Latinoamérica donde verdaderamente estalló el re·
lámpago de esta nueva puesta en práctica de ideas, esta nue"'1 fusion
de impulso cristiano y de acción política secular. La teología de b
liberación pareció sefialar, durante más de una década, la nuev:1Ji-
rección con la que la fe debería plasmarse en el mundo, potl1ue 1.t
vinculaba de nuevo con los conocimientos y con la sabiduru dd
mundo actual. Era indiscutible que en Latinoan1erica s~ dab.u~ _ll
opresión en grado alarmante, el domínio injusto, la concentracton
de la riqueza y el poder en unas p ocas n1anos, así corno ia explo-
tación de los pobres; por tanto, tam bién la necesidad actuar er,l
indiscutible. Y, p uesto que se t rataba mayoritariamente de países
católicos, no cabia d uda alguna de q ue la Iglesia ten ía aquí la res·
ponsabilidad ni de que la fe debía acreditarse como una fue rza pro,
I NTRODUCC JÓN AI CR
, ~ , I STlA N l <i MO . PR(n<H,() <, J 5

motora de justicia. Pero ;c6m 0 ,


. . , -·. concretamente~ Marx pareda ser el
meJor conocedor
. del cam
, ino · Este, habí a tomado ahora eJ papel que
en el .s1glo
. XIII le hab1a. correspondido · · a Anst . 6te lec;, cuya fiJ, oso f.fa
precnst1ana (es ,
dec1r, pauana)

tuvo que ser .bauttzaua
. · _,.J _ para poner a
la .fe y a la razon
.
en .una correcta rdaci6n
·
entre
.
s., p ·
. J. ero qu1en toma a
Marx (en cualesqu1 , era de las variaciones neomar· . x1·sta'> ) como repre#
sentante de la razon secular, no adquiere . tan solo una fil oso f'ta, una
visión so?re el origen y el sentido del ser, sino que adapta, ante todo,
una prax1s. En efecto, esta.filosofia es esencialmente una praxis, que
no presupone la verdad, sino que más bien la crea. ~en convierte
a Marx en filósofo de la teología asume el primado de lo político y
de la economía, que pasan a ser las verdaderas fuerzas salvadoras (y,
si se utilizan mal, fuerzas de perdición): la salvación del hombre se
realiza ahora por media de la política y de la economía, en las que se
determina la forma del futuro. Este primado de la praxis y de la polí-
tica significaba, ante todo, que Dios no era considerado como prác-
tico. La realidad de la que ahora había que ocuparse era únicamente
la realidad material de las circunstancias históricas, la cual debía ser
analizada y transformada conforme a los objetivos correctos y con
los medios adecuados, para lo cual se contaba inevicablemente con
la violencia. El discurso sobre Dios, en esta perspectiva, no perte-
necía ni al ámbito de la práctica ni al de la realidad. Por lo menos,
había que aplazarlo hasta que se llevara a cabo lo verdaderamente
importante. Permanecía la figura de Jesús, pero ahora este ya no se
mostraba como Cristo, sino como la encarnación de todos que su-
fren y de todos los oprimidos, y como la voz de estos, que llama a
la revolución, al cambio radical. Lo completamente nuevo era que
el proyecto de la transformación del mundo, concebido por Marx
no solo como ateo, sino como antirreligioso, ahora estaba lleno de
fervor religioso y se apoyaba en fundamentos religiosos: una nueva
lectura de la Bíblia (especialmente dei Antiguo Testamento) Yuna
. • · , de1cu mplimiento de la revo-
liturgia cele b rad a como ant1c1pac1on
lucion , y como preparac1on . , para la m1sma.
· Hay que admitido: con
,
esta notab le s1ntes1s, . el cnst1an1smo
. . . se h abía presentado de. nuevo
' ·d n un mensaJe capaz
abiertamente al mundo y se h ab1a converti O e . .
1 Estados soCiahstas
de hacer época. No resulta sorprend ente que os
16 PARTE A. L A FE CRJSTJAN A. P.J, CRRDO

mostraran su simpatía hacia cstos movimicntos. Hay que de


que, también en los países capitalistas, la tcología de la lihctªc,,
fue el nino nümado de la opinión pública, y co ntradecirla,, . ªCJó~
. . . da_ C()
siderado 1nmed1atamente como un pecado contra la hurnanida n,
contra lo humano, por más que, naturalmente, no quisiera Ver d,i
. terntono
cadas en su prop10 . · las consecuenc1as
. prácticas de la ªPl1.. ·
ma, dado que en él ya se había alcanzado un orden social verd:ti
ramente justo. En todo caso, no se puede negar que en las diverse.
teologías de la liberación había muchos elementos verdaderarnena.,
·
d1gnos de cons1·derac1on.
· ' S1n
· em bargo, to dos estos proyectos tu,,·te
'le.-
ron que retroceder, como forma histórica de la síntesis de lo cristfa.
no con el mundo, en el momento en el que se derrumbó la fe en la
política como fuerza salvadora. Ciertamente, el hombre es, como
dijo Aristóteles, un «ser político», pero no puede ser reducido a
política ni a economía. El verdadero y más profundo problema de
la teología de la liberación yo lo veo en la desa arición de hecho de
la idea de Dios, lo cual, naturalmente ha erans orma o tam ién a
figura de C:rlsto (como ya hemos indicado). ~o es gu~ e h~biera
negadoºa Dios; de ningún modo. Simplemente, no sele necesfrã!5a
para la r~?i"Jad ãlarque hahí; qu~ ·a~Ji~irs~:Erã·u~ Di~s ~úrrr
11e.
gados a este punto, nos preguntamos atónitos: ~Fue esto asT tan solo
en la teología de la liberación? ~ O no sería más bien que esta pudo
llegar a semejante desprecio de la utilidad de la cuestión de Dios
para llevar a cabo la necesaria transformación del mundo única·
mente porque, en gran medida, la cristiandad había pensado o, me·
jor dicho, había vivido de forma similar, sin reflexionar a1 respecto
ni darse cuenta de ello? ~Acaso no se había resignado la concienda
cristiana -sin tomar conciencia de ello- a que la fe en Dios fuera
considerada como algo subjetivo, que pertenece a la esfera de lo pri~
vado y no a las actividades comunes de la vida pública, en las que,
para poder trabajar juntos, es necesario conducirse en todo caso
«etsi Deus non daretur» (como si Dios no existiera)? iAcaso no
era necesario encontrar un camino que fuera válido también para
el caso de que Dios no existiera? De este modo, resultaba, como
consecuencia natural, que en el paso de la fe desde lo eclesiástico ª
lo público y común no sele podía asignar a Dios función alguna; se
INTRO DUCCIÓN A.L CRlSTI ANt.~MO. PRÓLO GO S 17

le dejaba donde estaba: en lo privado, cn la esfera de Jo in timo, qu e.:


no le incmnbe a nadie 1nás. Así, no hizo falta ni una especial negli -
gencia ni tampoco una negación consciente para haccr de Dios un
Dios inútil, especialmente con todo lo que se había ab usado de su
nombre. En realidad, la fe solo habría salido ve.rdaderamente del
gueto si se hubiera llevado consigo al ámbito público lo que le es
propio: el Dios que guía y que sufre, el Dios que establece límites
y normas para nosotros; el Dios del que venimos y al que vamos.
Pero, de hecho, se quedó en el gueto de la falta de utilidad.
Y, sin embargo,,Dios ~fráctico y no una mera condusión teó-
rica de una concepción consolãct~ del mundo a la que adherirse
o de la que pasar simplemente de largo. Esto lo vemos hoy sobre
todo allí donde su negación consciente se ha vuelto efectiva y don-
de su ausencia ya no es suavizada en modo alguno. Porque cuando
se omite a Dios, en un primer momento todo parece seguir como
hasta entonces. Las convicciones básicas generales y las formas fun-
damentales de la vida siguen en pie, aunque hayan perdido su fun-
damento. Pero cuando, como describió Nietzsche, por fin llega de
verdad, alcanzando al corazón del hombre, el mensaje de que Dios
ha muerto, entonces todo se transforma. Esto se manifiesta hoy, por
ejemplo, en la forma con la que l a § trata a la vida humana, en
la que el hombre es reducido a objeto técnico por el propio h~ bre,
diluyéndose cada vez más su humanidad. Cuando l~ ica stá
cultivando embriones para disponer de material de t igación
y para conseguir reservas de órganos que puedan utilizar después
otras personas apenas, hayya algún grito de horror. El progreso exi-
ge todo esto, y el objetivo es ciertamente noble: mejorar la calidad
de vida de las personas, o al menos de aquellas que se pueden per-
mitir este tipo de servidos. Pero cuando la persona es para sí misma,
en su origen y en sus raíces, tan solo un objeto, cuando es produ-
cida y seleccionada en la producción en función del deseo Y de la
utilidad, ~qué debe pensar el hombre del hombre? ~Cómo relacio-
narse mutuamente? ~Cómo se situará e1 hombre frente al hombre
cuando ya no pueda encontrar en e1 otro e1 misterio de Dios, sino
tan solo su poder-hacer? Lo que se muestra aquí, en las zonas altas
de la ciencia, tiene su reflejo dondequiera que se ha logrado arran-
18 PARTE A. LA F.E C RJ STl ANA. E.L CREDO

car a Dios del coraz.ón, en toda la amplitud.


de lo hn~ ~-:1"'
•1-,0 N
eristen zonas francas en las que se trafica co n personas: una~ r;
utilización del ser hun1ano, frente a la cual ia sociedad se en inj~
-
in detensa. A. s1 por e1emp1o, 1os smwcatos
? • · · _J : de1crimen prov CUenll;
. . een co-
rinuamente mu1eres desde Alban1a al o tro lado del continente. r;.
falsos pretextos, para p rostiruirlas, y p uesto que aqui hay sufict bar.
cínicos q ue esperan dicha mercancía, las organizaciones dei ~~
se hacen cada vez más poderosas y las fuerzas de seguridad ~~r,
can que a la Hidra del mal le crecen continuamente nuevas cab~ -
tantas como sele cortan. 2Acaso no percibimos también nosoeza~
trO\
por todas partes a nuestro alrededor, en este ambiente aparente.
men te can ordenado, el auge de la violencia, que cada vez se vueh·e
más evidente y desenfrenada? N o quiero prolongar más la visión
del horror. Pero debemos pensar detenidamente, si acaso no es Dio,
la verdadera realidad, la premisa de este realismo, de modo que s~
él todo se derrumba.
Volv de nuevo al recorrido del desarrollo histórico desde
1967. El ano 1989, ecía, no había aportado ninguna respuesra
n ueva, sm,7'r-,~~rt'í1a hecho más profunda la impotencia y había
alimentado el escepticismo contra los grandes ideales. Pero algo
h abía sucedido. La reli ión se había vuelto moderna de nuevo. Ya
n o se espera su desaparición; al contrario, proli era en multitud de
formas nuevas. En la plomiza soledad de un mundo sin Dios, en su
íntimo aburrimiento, ha irrompido de nuevo 1~búsgueda de la mís-
tica, de algún tipo de contacto con la divinidad. Porrodaspãrtesse
habla de visiones y mensajes del otro mundo, y dondequiera que se
oye la palabra aparición miles se ponen en camino, para descubrir,
quizás, una rendija en el mundo a través de la cual el cielo nos mire
y nos mande el consuelo. Ha uien se queja de que la nueva bús·
-~'----;,.-_~_:_---r-r- c ~
queda de la religión se distancia pro n amente ele a Ig1es1a cnsoa·
-n a tracfiaÕnàl. M olesta la institución, molesta e1 dogn1a. Se base~
la vivencia, la'. experiencia de lo totalmente otro. No quisiera darle
toda la razón a esta queja. En las grandes Jornadas Muria1àtrs-rlêla
J uventud, como por ejempio en la última en París, experimentam~s
la fe y recibimos la alegría de la comunión. Transmiten una especie
de éxtasis, en el buen sentido. El lóbrego y destructivo éxrasis de la
IN T ROD UCC IÓN A L c·,'\, rs·r· é
. . . TANl SMO. JI R )LQ(;o s 19

~ d eJ 1. u i'd o y la embnagucz
droga, de los ritmos n1arrilleantes, · se cn -
cuentra frente a un claro éxtas · d 1 d b · J
. 1s e uz, .e encuentro gozoso ªJº e
sol de Dws. ~e no se diga que tan solo es cosa de un momento. A
menudo lo es: sin duda. Pero también puede ser un momen to que
suponga co~te~zo Yque ponga en camino. Algo semejante sucede
con los movtmtentos que han proliferado cada vez más en las últi-
mas décad~s: También aquí 1a fe se convierte, de forma palpable,
en f~rma_ v1v1ente, en gozo, para ponerse en camino y participar en
e1 m1steno de 1a levadura, que penetra y renueva al conjunto. Fi-
nalmente, también los lugares de apariciones, siempre que haya en
ellos un núcleo sano, pueden servir de impulso para una búsqueda
renovada y realista de Dios. ~ien hubiera esperado que el cristia-
nismo se convirtiera en un movimiento de masas, quedará decep-
cionado. Pero no son los movimientos de masas los que albergan la
promesa del futuro. El futuro se construye allí donde las personas
están de acuerdo en convicciones vivas. Y el buen futuro se levanta
allí donde estas convicciones proceden de 1a verdad y se adentran
en ella.
Pero el redescubrimiento de la religión tiene todavía otro ros-
tro más. Ya hemos visto que este redescubrimierito busca 1a religión
como experiencia, que lo importante para é1 es e1 aspecto místico
de 1a religión, 1a religión como contacto abierto para mí con lo to-
talmente otro. Esto significa, en nuestra situación histórica, que las
religiones místicas de Asia (partes del hinduismo y del budismo),
con su renuncia a 1a dogmática y con su bajo nivel de instituciona-
lización, les parecían a las personas ilustradas más adecuadas que
el contenido determinadamente dogmático e institucionalmente
conformado del cristianismo. No obstante, de manera muy gene-
ralizada, se producía una relativización de las diferentes religiones,
que dentro de sus diversas formas y a pesar de todas las diferencias,
e incluso contradicciones, en último término, se podrían recondu-
cir simplemente en sus diversas manifestaciones a1 contacto con e1
Innombrable, con el misterio escondido. Y existe un acuerdo ge-
neralizado en que este misterio no se mani.fiesta en ninguna fonna
concreta de revelación, sino que siempre queda oculto Yfragmen-
taria, y que es barruntado y buscado, sin dejar de ser, no obstante,
20 PARTE A. LA FE CRISTJANA. EL CR Eno 1
uno y el misrno. El hecho de que nosotros no podemos com
a D ios mismo, de que todas las expresiones y representac· Prc~dt1
10 ne-
bre él tan solo p ueden ser w1 sún bolo, es una creencia fund ·s ~c1,
tal del hombre 1noderno, que este en cierto 1nodo percibe .an,,n.
. . . tarnb·
con10 su humtldad frente a lo 1nfin1to. C on esta relativizació 1~ij
vinculada la idea de una gran paz entre las religiones, que; ~~
reconocerse 1nutuamence co1no diversas formas del reflejo d/, e~
co eterno, y deJ· ar al hombre que decida por cuál de ellas , qtlCecsllnL
,
todas conectadas, quiere caminar a tientas. Con esta relativi·· _tár 1

. zac 1ó
1a fe cristiana es transformada esenc1almente, sobre todo en 1osd° 1

lugares fundamentales de su esencia: o,


1. La figura de Cristo es reinterpretada completament
. . 1 d. e, no
so1o en contra d e1 d ogma, sino 1nc uso rrectamente contra I
evangelios. La fe en que Cristo es e! único Hijo de Dios, en que:
él Dios habita verdaderamente entre los hombres y en que el horn.
bre Jesús es, eternamente, en Dios, el mismo Dios y, por tanto, no
una revelación de Dios, sino Dios, el único e insustituible; esta fe
resulta así eliminada. Cristo pasa de ser el hombre que es Dios aser
uno que ha experimentado a Dios de un modo especial. Cristo es un
iluminado y, por tanto, ya no se distingue sustancialmente de otros
iluminados, como por ejemplo, Buda. Pero con semejante interpre-
tación la figura de Cristo pierde su lógica interna. Resulta arrancada
de su andaje histórico y expresada en un esquema extrafto paraella.
Buda -que en esto es semejante a Sócrates- no remite a sí mis-
mo: lo importante no es su persona, sino únicamente el camino que
él ha sefialado. ~ien encuentra e1 camino, puede olvidar a Buda.
Pero en Jesús lo importante es su persona, él mismo. En su «yo
soy» resuena e1 «yo soy» del monte Horeb. El camino consistt'
precisamente en seguirle, pues: « Yo soy el camino, la verdad YIJ
vida» (Jn 14,6). Él mismo es el camino, no hay ningún camino
que sea independiente de él, en el que no se cuente con é1. Aho·
ra bien, aunque no es una doctrina, sino su p ersona, e! verdader:
mensaje que de él procede, hay que afiadir, sin embargo, que e~i
yo de Jesús es una pura remisión al tú del Padre; que no se qu:r
I • • <<lVll
en s1 mismo, sino que es, precisamente, un verdadero camtno. l
. oa
doctrina no es mía» (Jn 7,16). «Yo no busco mi volunta , sin d
INTRonucc,l 6 N Al CRtS T
· · IA NISMO. flRÓLO( ~O S 21

voluntad del que me enVI'ó » (Jn 5 30) El ·


nos introduce completam , .' yo cs importante, porque
ente en 1a d1náJ . d l
duce a la autotrascendenci l . • nica .e cnv{o, y nos can-
a Ya a un16n con . ~I . h
sido creados. Cuando se e l fi aquc P. or qu1 en ernos
xtrae a gura de J-., d
dimensión que siempre r l -esus e esta poderosa
. · ' d· ·' esu ta escandal· osa,
. separ á ndo la d e su con-
d 1c1on 1v1na, entonces se vuel
ve contrad'. tctona.. Tan solo· uedan
firagmentos, que nos dejan desorie d O 9
. •fi nta os se vuelven pretextos
para JUStl carnos.
2.. ' La noción de o·ios es transrormada
e
sustancialmente La
cuesnon
. acerca
l de si se debe pens ar en D.tos como un ser personal ·
o 1mpersona
, parece de se gund a categoria;, entre las formas religio-
sas. te1stas
., y no teístas ya no se da n·1nguna d•c · esenc1·a1 . Esta
1rerenc1a
op1n10? _se está extendiendo con una velocidad asombrosa. Incluso
los .catohcos creyentes
. y con formaci'o' n te ol'og1ca,
. que toman parte
acnva en la vida de la Iglesia, se plantean con toda naturalidad la
pregunta: ~Acaso es tan importante si se comprende a Dios como
perso~a o como ser impersonal? Al fin y al cabo -se piensa-,
debenamos tener una mayor amplitud de miras, pues sin duda el
misterio de Dios está siempre más aliá de todos los conceptos y de
todas las imágenes. Pero así se choca con el corazón de la fe bíblica.
La shemá, el «escucha Israel» de Dt 6,4-9 era y sigue siendo, no
solo para Israel, sino también para toda la cristiandad, el verdade-
ro centro de su identidad creyente. Con esta palabra en los labios
muere el judío creyente y los mártires judíos exhalaban el último
aliento de vida con ella y por ella: «Escucha Israel, él es nuestro
Dios, él es uno». El hecho de que este Dios nos ha mostrado ahora
su rostro enJesucristo (Jn 14,9), el mismo que Moisés no podía ver
(Éx 33,19), no cambia nada en esta confesión, no cambia nada en la
esencia de esta identidad. El hecho de que Dios es una persona no
se manifiesta en la Biblia, como es natural, mediante este concep-
to, sino dándole a Dios un nombre. Nombre significa posibilidad
de ser llamado, la posibilidad de hablar, de escuchar, de responder.
Esto es esencial para el Dios bíblico y, cuando sele quita esto, se ha
abandonado la fe de la Biblia. Indiscutiblemente, ha habido y si-
gue habiendo formas ostensiblemente falsas de comprender a Dias
en cuanto persona. Cuando en1pleamos el concepto de persona
22 PART E A. LA JIE C IUS ' l'lANA . T•: L CR.r-:oo

con Dios, con10 dice d IV C o nci lio ct c l.ccrán sobre todo di\
so acerca d e Dios, la diferencia entre nuestra idca d e pcrsona<.t,r
rea11.dad d e D 10s
· es s1emprc
· · t· 1tamente
1111n . · qu.c la se.....~ .y 1;\
mayor
. . 11,e,an,
za. C1ertan1ente, el conccpto de pcrsona se aplica crráticamenc
Dios sie1n pre que se le acap ara en virtud de determina.dos intere' a
hun1anos, 111anchando así su N ombre. El segundo mandarnien,t'
de que e1 no1nbre de Dios debe ser protegido, no está por ca_~u~r!,
dad inmediatan1ente a continuación del primero, que nos ense;·
a adorarle. En este sentido, siempre hay nuevas cosas que aprend/
del discurso sobre Dios de las religiones místicas, con su teologí:
puramente negativa y, por tanto, hay ca1ninos para el diálogo. Pero
donde se esfuma lo que significa el «nombre de Dios», es decir, e!
ser personal de Dios, su Nombre ya no es protegido ni honrado )

sino simplen1ente traicionado.


Entonces, i qué significa en realidad el Nombre de Dios, con su
ser personal? Simplemente, que no solo podemos experimentarle
más aliá de toda experiencia, sino que él mismo puede manifestarse,
comunicarse. Cuando Dios es concebido, como por ejemplo en el
budismo, de un modo completamente impersonal, como la pura
negación en relación a todo lo que se nos manifiesta realmente, no
se da ninguna relación positiva de Dios con el mundo. Entonces, el
mundo, en cuanto fuente de sufrimiento, debe ser superado, pero
ya no transformado. La religión ensefia el camino para la supera-
ción del mundo, para la liberación del peso de su apariencia, pero
en ella no hay ninguna norma sobre cómo podemos vivir en el mun-
do, ninguna forma de responsabilidad comunitaria. La cuestión se
plantea de un modo algo distinto en el hinduismo. Lo esencial es
la experiencia de la identidad: en mi fundamento, yo soy uno con
el fundamento misterioso de la realidad misn1a, el fa1n oso tat tvam
asi de las upanishad. La salvación consiste en la liberación de la in·
dividuación, del ser personal, en la trascendencia d e las d iferencias
fundadas en el ser personal de todos los seres: la ilusión del yo sobre
sí mismo debe ser abolida. La problemática de esta con cep ción del
ser se ha percibido con fuerza en el neohinduismo. Si n o se da la
unicidad de la persona, entonces no se puede fundamentar el valor
invio1ab1e de cada persona individual. Entre las reformas que fue
JN TROD uccr óN AI
. ,. , CJUSTTA NISMO . PRÓLOGO S 23

necesario poner en marcha (abolic·, d .


'. .L _ ) ion e1SIStema de castas, quem-a
de 1as vmu..a.s, etc. , era urgente toma d. . d · .,
. . r IStancia e este concepc1on
fun damenta1e m troducír _la noción d la
. . e persona en estructura ge-
nera1de1pensam1ento 1ndio tal y como hab' .d l r .
· d 1 ' ta surgi o en a re cns-
tiana a partrr . e encuen tro con e1 Dios pers
· ad ___ ..J_ L L b,
ona a usque a e
d d
la praxts
, eLLl.éU..la, del comportamiento correcto hab'
. l. l , , . 1a empezad o,
as1, acorregir ateo ov,~. sepu d ·b· ·
. . - o-· . e e perc1 ir un poco meJor lo práctica
que es la fe cnst1ana en D10s, y lo importante· q ue es no marginar
· las
grandes p~e~n~ sobre las diferencias, considerándolas insignifi-
cantes en ultuna mstancia.
C~n estas consideraciones hemos llegado al lugar en el que se
debe situar acrualmente lntroducción al cristianismo. Antes de tra-
tar de alargar un poco más las líneas que hasta aquí se han sefialado,
es aconsejable dar una indicación sobre la situación actual de la fe
en Dios y en Cristo. Existe el miedo al imperialismo cristiano, la
nostalgia. de la hermosa diversidad de las religiones y su supuesta
alegría y libertad originales. El colonialismo estaría vinculado con
la esencia del cristianismo histórico, que no acepta a los demás
en su alteridad y que habría querido poner a todos bajo su tutela.
Hasta cal punto habrían sido pisoteadas y aplastadas las religiones
y culturas de Sudamérica y forzada el alma de los pueblos, que ya
no podrian reconocerse a sí mismas en lo nuevo, al habérseles arre-
batado lo antiguo. Existen, al respecto, versiones moderadas y ver-
siones duras. La versión moderada dice que ahora se les deberfan
reconocer, por fin, a las culturas perdidas sus derechos históricos
ante la fe cristiana, para que se formara un cristianismo autóctono.
La perspectiva más radical contempla al cristianismo en su conjun-
to como una alienación de la que se debería liberar a los pueblos.
La exigencia de un cristianismo autóctono, bien entendida, se debe
tomar como una tarea de la máxima importancia. Todas las grandes
culturas están abiertas las unas a las otras y, todas ellas, lo están a Ia
verdad. Todas tienen algo que aportar a1 «vestido multicolor» de
la esposa del que habla el Salmo 44 y a1 que hadan referencia los
Padres de la Iglesia. En este sentido hay, con toda seguridad, opor-
tunidades que se han dejado pasar y nuevas oportunidades que se
presentan. Pero no olvidemos que, en gran medida, estas pueblos
24 PARTI•'. A, LA 1111, c'. IU S'l'IAN A. 1(1. (: IUl, 11<>
-
11an encon t r,ª(110 , <.;.11 J,•1 1.,_,J~rriosidnd
~ 1l:') •
001ndar, 11na ex prcs _lón JWc,pía.
·- r , ,
dt
1a, re
.e, • •.- _. EI hecho de oue pnra dichas c.: ulcun1 s .ttc conv1rncran
cnsnan,1. ·• J )• f J,
· , tl··tler• de h fo c~mcclalm cnte e 1 10s , o 1cnrc_y j~
en .ttnéLgencs cen ,- .~ _ • ·r . • .
1nad.re buena, • · f)Uerms hacia d J )1os de Ja H,hlh
- quc- .Jc.s abr·i·cron l·1s 1
,

• ,algo qu e d-cc 1·1-r1os, , rambién


nene , hoy, a noso cros. Pero, nar.uraJmcn.
te, queda n1ucho por haccr. . ,.
Volvainos de nucvo a la prcgunta sobre 1)1os y sobre Cnsto
con1o corazón de una introducción a la fc cristiana. J-fay una C<>Ra
que ya ha quedado co1npletamente clara: la di~cnsión n1~stica de Ja
noción de Dios que llega hasta nosotros, como u1tcrpdac1ón, desde
las religiones de Asia, ta1nbién debc detcnninar dara•ncntc nucstro
pensamiento y nuestra fe. Dios se ha vuclco totalmente concreto en
Cristo, pero su misterio, al misn10 tictnpo, se ha hecho todavia más
grande. Dios es sie1npre infinitan1ente mayor que nucscros conccp-
tos y que todas nuestras ünágenes y nombres. El hecho de que aho-
ra lo reconozcamos como trino no significa que ahora lo scpamos
todo sobre él, sino todo lo contrario: nos indica, ante todo, lo poco
que sabemos de él y lo poco que de él comprendem.os y podemos
comprender. Cuando hoy se nos plantea a todos con ardiente vio-
lencia la pregunta de la teodicea ante la monstruosidad de los re-
gímenes totalitarios (recuerdo el monumento conmemorativo de
Auschwitz), se nos hace nuevamente visible lo lejos que estamos
de poder definir y desvelar completamente a Dios. La respuesta de
Dios a Job, en realidad, no aclara nada, sino que tan solo le seftala
sus confines a nuestra manía de juzgar y hablar con propiedad de
todo, recordándole sus límites. Nos exhorta a aceptar el misterio de
Dios en su imposibilidad de ser conceptualizado.
Dicho lo cual, junto a su oscuridad, hay que subrayar inmedia-
tamente a c~ntinuación la claridad de Dios. A partir del prólogo de
Juan, la noc1ón de logos se sitúa en el centro de nuestra fe cristiana
en ~ios. Logos significa razón, sentido, pero también palabra; un
senti~o, por tanto, que es palabra, que es relación, que es creador.
El Dios que es logos nos garantiza la racionalidad del mundo la ra-
cionalid_a,d de ~uestro ser, la adecuación de la razón con Di:s y la
a~ecuac10n racional de Dios, aun cuando su razón sobrepasa infi-
nttamente a la nuestra y a menudo nos parece oscura. El mundo
IN TRODUCClÓN AI. CJ:Wi'T' . ,
• · 1A NTS MO , PRor O{,(}\ )C,

Procede de la raión, y esca razón cs ocr~otl " ~, _ .


· fc l bl · r · u., e,~íl lllOJ ; c~to C'4 1o t JU C
nos d1ce la e )Í . 1ca acerca de Dios J a ,·a· À. . d bl .l .
. · · , zon puc e Irn ar e e Dm1,
debe hablar de Dws, pucs de otro modo se ampu ta as( rni~m,1. V c
este modo, se llega al conccpto de crc,tció,1 l-:J
• • r
J
· · ., mun O 11 0 CS .iO o
l
mava,
._, . apanenc1a, que nosotros debemos, e,1 t'ilc,·,-n 1.
. .o tt.:rm •
rno, d,CJ:U

J t ,/;,. · •
atrás. No es en absoluto la interminable ru,, Ja ae
• Lai st~, L77llento de 1a
q ue debe111os intentar escapar. Es algo positivo Es .d d
, . , a pesar e to o
d mal que hay en el y a pesar de todo el sufrimiento, bueno. y es
bueno vivir en él. El Dios que es creador y que se expresa en su ~rea~
ción leda. t~mbién sentido y orden a1 obrar humano. Hoy vivimos
en una cns1s del ethos, que hace tiempo que ya no es en absoluto
una pregunta académica acerca de los fundamentos últimos de las
teorías éticas, sino una cuestíón absolutamente práctica. Se divulua
y la opinión de que la ética no se puede fundamentar, y esta op:-
níón produce sus efectos. Las publicaciones sobre ética casi nunca
omiten que esto, por un lado, manifi.esta la urgencia de la pregunta
y, por otro, la perplejidad reinante. Kolakowski se ha hecho muy
especialmente consciente, en su itinerario intelectual, de que la su-
presión de la fe en Dios, de un modo u otro, acaba arrebatándole a
la ética su fundamento. Cuando e1 mundo y e1 hombre no proceden
de una razón creadora, que les sena.la su medida adecuada y que
se inscribe en la existencia del hombre, entonces tan solo quedan
unas reglas convencionales del comportamiento humano, que se
mantienen o desechan según su utilidad. ~eda tan solo el cálculo
de las consecuencias, liamado ética teleológica o proporcionalismo.
Pero entonces, i quién puede juzgar correctamente sobre las conse-
cuencias desde el momento en el que nos encontramos? iAcaso no
tomará ,e n sus manos una nueva dase dominante la llave del ser, d
gobierno de las personas? Cuando se trata del cálculo de las con-
secuencias, entonces ya no existe la inviolabilidad del valor de fa
persona, pues ya nada es bueno o malo en sí mismo. La cuestión
del ethos sigue estando en e1 orden dd dfa de nuestro tiempo, con
gran urgencia. La fe en el logos, la palabra que existia c.:n el principio,
comprende e1 ethos como responsabilidad, como respue.sca a la pala-
bra, y le aporta su racionalidad y su sentido esencial. De este ~1~do,
también está vinculada con la exigencia de buscar un entend1m1en-
26 PARTE A . LA t,p C JU STI A NA. Et Ckf.OO

ro mu tuo de la rcsponsabilidad con toda raz~~ que se inrerr<)gu,


sin, cramcnce y con las grandes cradicioncs rel1g1osa5 .de.la hurnin.
dad. No solam<.:nte cicn<.: lugar, cn este punto, la p.rox1m1dad íntit11,
de los rrcs grandes monoccfsmos, sino que ca~b1én se da~ .\Ígn in.
cativas convergencías con ocra rama de la relig1os1dad as1at1ca, ql!c
encontramos cn el confucianismo y en e1 taoísmo.
Si para la imagen cristiana de Dios es determinante la palabri
logos - la palabra que existia en el princ_ipio, la r~6n y e1 amor cre 4•
dores- , y si el concepto de logos consuruye precisamente eJ centro
de la cristología, de la fe cristiana, entonces la inseparabilidad de ~
fe en Dios y de la fe en su Hijo hecho hombre, Jesucristo, result~
nuevamente corroborada. No comprenderemos mejor a Jesús ni
nos acercaremos más a él si ponemos entre paréntesis la fe en su
divinidad. El temor a que la fe en su divinidad nos aleje de él esra
hoy ampliamente extendido. Y no es solo el amor a las otras reli-
giones lo que lleva a restarle toda la importancia posible a esta te.
Se trata ante todo de nuestros propios temores occidentales. A la
concepción moderna del mundo parece que no le encaja todo esto.
Ciertamente, se puede manejar con mitologías que más tarde serfan
transformadas en metafísica por el espíritu griego. Pero si distancia-
mos completamente a Dios y a Cristo, entonces se plancea la duda
de si Dios puede realmente estar tan cerca de nosotros y si es capaz
de abajarse de tal modo. Parece humilde decir que no es esta nuestra
pretensión. Pero Romano Guardini ha senalado con razón que b
mayor humildad consiste precisamente en dejarle a Dios hacer lo
que a nosotros nos parece verdaderamente incongruente e inclinar-
nos ante lo que él hace, no ante lo que nosotros concebin1os $Obre
él y para él. Detrás de nuestro aparentemente hun1ilde realis1110~hay
una idea de la lejanía de Dios respecto al mundo, que lo vincuh, por
tanto, con una pérdida de la presencia de Dios. Si D ios no csd cn
Cristo, entonces se aleja en una lejanía infinita; y si Dios ya no es un
Dios con nosotros, entonces es tan solo un Dios ausente y, por ~m~
to, no es Dios: un Dios que no puede actuar no es Dios. Pero con
este miedo a que Jesús nos conduzca, por medio de la te, hasta su
filiación divina, sucede precisamente lo contrario : si él fue can solo
un hombre, entonces queda irrevocablemente relegado a1pasado,
INTRODVCCIÓN AL CRIS'fIANISMO . PRÓLOGOS 27

y de él tan solo se puede percibir un recuerdo más o menos nítido.


Sin embargo, si Dios se ha hecho verdaderamente humano y es, a
Ia vez, verdadero hombre y verdadero Dios, entonces forma parte,
en cuanto hombre, del presente de Dios, que abarca todo e1 tíem-
po. Entonces, solo entonces, él ya no se queda en el ayer, sino que
está presente entre nosotros, contemporáneo nuestro en nuestro
hoy. Por tanto, una renovación de la cristología -estoy totalmente
convencido de ello- debe tener e1 valor de ver a Cristo en toda su
grandeza, como lo muestran los cuatro evangelios en las diversas
tensiones de su unidad.
Si tuviera que volver a escribir hoy la Introducción al cristianis-
mo, deberían entrar en el texto todas las experiencias de los últimos
treinta anos, que parecen aconsejar ahora, con mucha más fuerza
que entonces, incorporar las cuestiones interreligiosas. Pero creo
que no me he equivocado en la orientación fundamental, en la me-
dida en que he situado la cuestión de Dios en el centro de la pregun-
ta sobre Cristo, que desemboca en una « cristología narrativa» y
que sefiala el lugar de la fe en la Iglesia. La orientación fundamental,
creo yo, era la correcta. Por eso me atrevo nuevamente a poner, tam-
bién hoy, el libro en manos del lector.

Roma, abril de 2000

JOSEPH CARD. R.ATZINGER

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