El sermón del monte
5 Viendo la multitud, subió al monte y se sentó. Se le
acercaron sus discípulos, 2 y él, abriendo su boca, les
enseñaba diciendo:
Bienaventurados.
Gr. makárioi , cuyo singular, makários significa "feliz", "afortunado"; corresponde con el Heb.
'ashre , "feliz", "bendito" (ver com. Sal. 1: 1).).
En las primeras palabras del Sermón del Monte, Cristo se dirige al deseo supremo de todo
corazón humano: el de la felicidad. Ese deseo fue implantado en el hombre por el Creador
mismo, y originalmente tenía el propósito de llevarlo a encontrar la verdadera felicidad
mediante la cooperación con Dios que lo creó. Se incurre en pecado cuando el hombre intenta
encontrar la felicidad como un fin en sí misma, pasando por alto la obediencia a los
requerimientos divinos.
Las bienaventuranzas
(San Mateo 5:3-11)
3
«Bienaventurados los pobres en espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Señala a los que adolecen de una verdadera miseria espiritual y sienten agudamente su
necesidad de las cosas que el reino del cielo tiene para ellos.
4
Bienaventurados los que lloran,
porque recibirán consolación.
Es la profunda comprensión de la necesidad espiritual la que induce a los hombres a "llorar"
por las imperfecciones que ven en su propia vida (ver DMJ 14; cf. DTG 267).
Dios responde al llanto por el pecado con el consuelo de los pecados perdonados.
5
Bienaventurados los mansos,
porque recibirán la tierra por heredad.
La mansedumbre es una actitud del corazón, de la mente y de la vida, que prepara el camino
para la santificación. La "mansedumbre" en relación con Dios significa que habremos de
aceptar su voluntad y la forma en que nos trata, que nos someteremos a él en todas las cosas
sin vacilación (cf. DMJ 18). Una persona "mansa" domina perfectamente su yo.
6
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia,
porque serán saciados.
Ningún recurso terrenal puede satisfacer el hambre y la sed del alma. No son suficientes ni
riquezas materiales, ni profundas filosofías, ni la satisfacción de los apetitos físicos, ni el honor,
ni el poder. Los cristianos debían someterse a "la justicia de Dios" (Rom. 10: 3). Buscaban la
justicia " "que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe" " (Fil. 3: 9).
7
Bienaventurados los misericordiosos,
porque alcanzarán misericordia.
La misericordia de la cual habla Cristo aquí es una virtud activa que se proyecta hacia los seres
humanos. Tiene poco valor mientras no se convierta en obras de misericordia. En Mat. 25: 31-
46 se presentan las obras de misericordia como el elemento decisivo para la admisión en el
reino de la gloria. Miqueas (cap. 6: 8) resume la obligación del hombre para con Dios y sus
prójimos: "hacer, justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios".
8
Bienaventurados los de limpio corazón,
porque verán a Dios.
La palabra que aquí se traduce como "corazón" se refiere al intelecto
El ser de "limpio corazón" equivale a estar revestido con el manto de justicia de Cristo (ver com.
Mat. 22: 11-12), el "lino fino" del cual están ataviados los santos (Apoc. 19: 8; cf. cap. 3: 18-19),
es decir, la perfección del carácter.
El tener "limpio corazón" no significa que la persona no tenga ningún pecado, pero sí significa
que sus motivos son correctos, que por la gracia de Cristo se ha apartado de sus errores
pasados y que prosigue hacia la meta de perfección en Cristo Jesús (Fil. 3: 13-15).
9
Bienaventurados los pacificadores,
porque serán llamados hijos de Dios.
Los cristianos han de estar en paz los unos con los otros (1 Tes. 5: 13) y deben seguir "la paz con
todos" (Heb. 12: 14). Han de orar por la paz, trabajar por la paz e interesarse en forma
constructiva en las actividades que contribuyan a la paz de la sociedad.
10
Bienaventurados los que padecen persecución por causa de
la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Aquí Cristo se refiere en primer lugar a la persecución sufrida en el proceso de abandonar el
mundo y volverse a Dios. Desde la entrada del pecado, ha existido "enemistad" entre Cristo y
Satanás, entre el reino de los cielos y el reino de este mundo, y entre los que sirven a Dios y los
que sirven a Satanás (Gén. 3: 15; Apoc. 12: 7-17). Este conflicto ha de continuar hasta que "
"los reinos del mundo" vengan "a ser de nuestro Señor y de su Cristo" " (Apoc. 11: 15; cf. Dan.
2: 44; 7: 27).
Bienaventurados seréis cuando por mi causa os insulten, os
11
persigan y digan toda clase de mal contra vosotros,
mintiendo.
Los cristianos sufren por el nombre que llevan, el de Cristo. En todas las épocas, al igual que en
tiempos de la iglesia primitiva, los que verdaderamente aman a su Señor se han regocijado por
haber sido considerados "dignos de padecer afrenta por causa del Nombre" " (Hech. 5: 41; cf. 1
Ped. 2:19-23; 3: 14; 4: 14).
»Gozaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande
12
en los cielos, pues así persiguieron a los profetas que vivieron
antes de vosotros.
El cristiano debe gozarse, sin importarle lo que la vida le ofrezca (Fil. 4: 4), pues sabe que Dios
hace que todas las cosas le ayuden a bien (Rom. 8: 28). Esto es especialmente cierto en relación
con la tentación o la prueba (Sant. 1: 2-4), porque el sufrimiento desarrolla la paciencia y otras
características imprescindibles para los ciudadanos del reino celestial.
Las bienaventuranzas
(San Mateo 5:3-11)
3
«Bienaventurados los pobres en espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos
4
Bienaventurados los que lloran,
porque recibirán consolación
5
Bienaventurados los mansos,
porque recibirán la tierra por heredad
6
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia,
porque serán saciados.
7
Bienaventurados los misericordiosos,
porque alcanzarán misericordia.
8
Bienaventurados los de limpio corazón,
porque verán a Dios.
9
Bienaventurados los pacificadores,
porque serán llamados hijos de Dios.
10
Bienaventurados los que padecen persecución por causa de
la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados seréis cuando por mi causa os insulten, os
11
persigan y digan toda clase de mal contra vosotros,
mintiendo.
»Gozaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande
12
en los cielos, pues así persiguieron a los profetas que vivieron
antes de vosotros.