Los cementerios para mostrarlos como una territorialidad intersticial que toma
forma en el ordenamiento y planificación del cementerio como lugar.
Socialmente, se plantea una lectura que incluye la heterotopía (presencia de tejido
o células en un lugar que no es el habitual. También puede referirse a un
espacio que es "otro" o "distinto), la topofobia y la topofilia como posibilidades
prácticas de concebir y vivir el cementerio.
Los cementerios se muestran, a nuestro criterio, como uno de los lugares tipo de
las territorialidades intersticiales. Allí converge una multiplicidad de elementos
alrededor de un fin único, poner lugar a la muerte desde la vida, también
constituyen en sí mismos un lugar con estructura y relaciones socio-culturales
propias
que se dinamizan a partir de la confrontación entre la funcionalidad propia para lo
que fue creado y la apropiación individual.
El cementerio como “lugar institucional” desde el siglo XVIII concepción sobre la
muerte asociada fundamentalmente a la “civilización cristiana”; una de las
tantas herencias europeas que se adoptaron en la colonia fue la de enterrar a los
muertos en las iglesias y a sus alrededores, por ser considerados estos
lugares como tierras sagradas, no ser por la propagación de la idea de que los
olores y los miasmas que producían los muertos generaban enfermedades en
los vivos.
En 1878 surge el interés de crear cementerios en sitios ubicados en las periferias
de las nacientes ciudades con el fin de evitar el contagio de enfermedades.
Para la década de los 30 del siglo XX, la presión de formas de pensar y de
prácticas “no debidas” (libre pensamiento – masonería–, suicidios y prostitución),
generan una secularización que obliga a pensar en la creación de cementerios
privados, cementerios universales, que permitan y alberguen pensamientos,
prácticas y tendencias religiosas diferentes a la hegemónica.
Para la década del 60, las ciudades habían crecido de tal forma que lo que quedaba
antiguamente a la periferia de ellas, comenzaba a ser su centro por lo
que surge la necesidad de crear unos nuevos cementerios nuevamente en su
periferia, ya no como los del siglo XVIII, sino como lugares valorados a
partir de imágenes de paz, tranquilidad, solemnidad, denominados parques-
cementerios.
En esta misma década también surge la idea de hornos para la cremación de
cadáveres, que lleva consigo la noción de “un cuerpo en todas partes”.
Los cementerios han sido leídos desde distintas definiciones: “microcosmos
urbanos”, “necrópolis urbana”, “museos abiertos”, “no lugares” o
“patrimonios locales”.
Si el cementerio va a ser concebido como lugar, entonces es un territorio que tiene
vida, un territorio que se transforma, un territorio que es apropiado
por la gente que tiene sus muertos ahí. El concepto de apropiación supone de un
vínculo establecido entre las personas, y los espacios, sea este por medio
del apego, simbolismo o la identidad, en ese sentido podemos aseverar que las
personas y los espacios, construyen lugares.
El habitar un cementerio puede resultar una idea que muy pocos se atreverían a
concebir, sin embargo, el concepto de habitar no solo se reduce a tener
alojamiento y pasar tiempo en él; según Martín Heidegger (1951), el habitar se
obtiene por medio del construir en la medida que habitamos, sin embargo no
todas las construcciones son viviendas. Max Weber define el concepto de apropiación
en relación a cierta noción sociológica vinculada a dos conceptos
fundamentales como son los de derecho y propiedad; el derecho en un sentido
socioeconómico, como una probabilidad apropiada, y la propiedad
como probabilidad hereditariamente apropiada, esto se puede observar por medio de
las construcciones, recuerdos personales en las fosas, algunas
fotografías, juguetes, flores, globos, grupos sociales o cofradías, en un intento
por articular y complementarse con el medio ambiente.
La ciudad se proyecta de forma reducida, siendo el modelo urbano lo más visible
cuando se trata de observar el reflejo que ocasionan las ciudades sobre
sus cementerios por medio de la refracción, claros ejemplos de la ciudad
encontramos en sus calles, avenidas, y plazas, además de algunos servicios
como drenaje, agua, seguridad y acceso a distintos estilos arquitectónicos. Al
comparar un cementerio con una ciudad, estamos re significando de manera
simbólica los elementos de la ciudad en el cementerio.
Los lugares que carecen de una estructura física, poseerán una mayor carga
simbólica de lo normal, ya que habrá que re significar el espacio completo y no
parcialmente como en los lugares que si poseen ya estructuras enteramente
delimitadas.
La visita a los difuntos, es un acto simbólico que cumple con una estructura
similar a una visita social en la ciudad de los vivos, y la repetición de este
esquema en la ciudad de los muertos, evidencia la continuidad de una relación
familiar, o un lazo de amistad que perdura aún después de la muerte.
Recuerdo: connota un proceso Memoria: acumulación de experiencias y conocimientos,
emociones y sensaciones.
Recuerdo = vida Olvido = muerte
Misa de difuntos, cuerpo no presente - Visita al cementerio, muerto presente
físicamente aunque no se vea por lo tanto el cementerio es asimilado como
HOGAR.