Grado en psicología
Trabajo de Fin de Grado
Curso 2018/2019
Convocatoria Junio
Modalidad: Investigación empírica
Título: Como influye tener una enfermedad renal crónica en tu calidad de vida
Autor: Sara Luengo Rey
DNI: 48718569S
Tutora: Mª Carmen Neipp López
Elche a 30 de mayo de 2019
ÍNDICE
Página
Resumen…………………………………………………………………..1
Introducción ……………………………………………………………….2
Método …………………………………………………………………….6
Participantes……………………………………………………….6
Variables e instrumentos………………………………………...6
Procedimiento……………………………………………………..8
Análisis de datos………………………………………………….8
Resultados ……………………………………………………….............8
Discusión………………………………………………………………….12
Conclusión………………………………………………………………..15
Referencias………………………………………………………............16
Tabla 1……………………………………………………………………..9
Tabla 2…………………………………………………………………….10
Figura 1……………………………………………………………………11
RESUMEN
El propósito de este estudio fue encontrar las variables psicosociales que más influyen
en la calidad de vida en un grupo de 19 pacientes con enfermedad renal crónica y observar si
esta presentaba características diferentes en función de del tipo de tratamiento que estaban
recibiendo, su apoyo social, su adhesión al tratamiento y su grado de resiliencia. Se utilizó el
cuestionario de salud SF-12, MOS de apoyo social, Simplified Medication Adherence
Questionnaire (SMAQ) y la Escala de Resiliencia y se analizaron los datos con el programa
estadístico IBM SPSS Statistics 25. Según la prueba no paramétrica de H de Kruskal-Wallis
se observó que no había diferencias significativas en función del tipo de tratamiento. No
obstante, en cuanto a los resultados de la prueba del coeficiente de correlación de Spearman
se observa que hay una asociación positiva entre las variables de adherencia al tratamiento y
calidad de vida física y, por otro lado, otra asociación positiva entre las variables de apoyo
social y calidad de vida mental. En general los pacientes tienen menos calidad de vida física
que mental.
Palabras clave: Calidad de vida, enfermedad renal crónica, apoyo social, resiliencia,
adherencia al tratamiento
ABSTRACT
The intention of this study was to find out which psychosocial variables have affected
the most on the quality of life of a group formed by 19 patients with chronic kidney disease and
also to analyze if the quality of life presents different characteristics according to the type of
treatment that they were recieving, their social support, their treatment adherence annd their
resilience rank. It was used a Health Questionnaire SF-12, MOS of social support, Simplified
Medication Adherence Questionnaire (SMAQ) and Resilience Scale, the data compiled was
analyzed with the IBM SPSS Statistics 25. According to the non-parametric method H of
Kruskal-Wallis test it was not found significant differences based on the type of treatment.
However, based on the results of the Spearman’s correlation coefficient rank there is a positive
association between treatment adherence and pshysic’s quality of life and, on the other hand,
another association between social support and mental quality of life. In general, patients have
less physic quality of life than mental.
Keywords: Quality of life, chronic kidney disease, social support, resilience, treatment
adherence
1
INTRODUCCIÓN
La Enfermedad Renal Crónica (ERC) es reconocida como un problema de salud
pública global, debido a su carácter epidémico y a las complicaciones devastadoras que la
acompañan. Esta enfermedad afecta, en sus diferentes estadios, aproximadamente a un 11%
de la población adulta española (Alcázar, Egocheaga, Orte, Lobos, González, Álvarez, Górriz,
Navarro y Martín de Francisco, 2008). Padecer una enfermedad renal crónica refiere que los
riñones están dañados por lo que no filtran la sangre adecuadamente, esto puede provocar
un deterioro irreversible de las funciones del riñón y se acumulan desechos en el cuerpo que
ocasionan otros problemas perjudiciales para la salud. Los primordiales desencadenantes son
la diabetes y la hipertensión arterial (American Kidney Fund, 2019). La ERC ocasiona un gran
impacto en la calidad de vida relacionada con la salud de los que la padecen, debido a que la
sintomatología causa un cambio importante en la vida diaria de la persona, como es el hecho
de introducir tratamientos sustitutivos como son la hemodiálisis, el trasplante, la diálisis
peritoneal y las restricciones dietéticas (Capote, Casamayor y Castañer, 2012). En estas
modificaciones de la rutina del individuo se ve reflejado el gran impacto psicológico que
provoca la enfermedad en las actividades diarias (Rebollo, Morales, Pons y Mansilla, 2015).
Se ven afectados varios ámbitos importantes de tu vida, pero el que presenta mayor deterioro
es el aspecto emocional, debido a que el individuo se ve inmerso en situaciones que presentan
cambios imprevisibles a las que se debe adaptar y que le promueven sensaciones
desagradables como el miedo, la ansiedad, la ira (Gil-Roales, 2004).
Tras un diagnóstico de enfermedad renal crónica, la Calidad de Vida puede verse
afectada de manera física, psicológica y funcionalmente. El concepto de calidad de vida ha
asumido varias modificaciones durante el paso de los años, actualmente se considera un
concepto polivalente, multidimensional y que se utiliza con significados diferentes, por lo que
no existe consenso para definirla (Rodríguez- Marín, 1995).
Según la OMS (1996): “La Calidad de Vida es la percepción de un individuo del lugar
que ocupa en el entorno cultural y en el sistema de valores en que vive, así como en relación
con sus objetivos, expectativas, criterios y preocupaciones. Todo ello matizado por su salud
física, su estado psicológico, su grado de independencia, sus relaciones sociales, los factores
ambientales y sus creencias personales”. Por tanto, se trata de un concepto que abarca
aspectos sociales, ambientales y creencias personales, las cuales pueden verse afectadas
por una enfermedad y/o un tratamiento (Afonso, 2017).
2
En los últimos años se ha visto incrementada la preocupación por la vida social del
individuo, su salud, sus actividades de la vida diaria y por lo general al término de calidad de
vida en el enfermo y las variables que influyen en ella, esto es debido al aumento de
prevalencia de las enfermedades crónicas.
Seguí, Amador y Ramos (2010) comentan que la calidad de vida que presentan los
pacientes con tratamiento de diálisis es pésima, no solo en el estado de salud físico sino
también se ve afectado el rol emocional y en como los problemas emocionales interfieren en
su rutina. En cuanto a la variable estado civil indican que los viudos y separados salen
perjudicados en la mayoría de las dimensiones de la calidad de vida (percepción de dolor, rol
emocional, vitalidad, función social y componente mental) debido a que se relacionan menos
con los demás.
Aunque han avanzado las técnicas de hemodiálisis minimizando sus efectos adversos,
padecer una enfermedad renal crónica y los tratamientos que conlleva aún siguen
ocasionando malestar y cambios de manera física, social y psicológicamente. Recibir este
tratamiento sin atención psicológica puede disminuir la calidad de vida relacionada con la
salud del paciente. Para ello es necesario identificar cuáles son las variables psicosociales
que pueden afectar a la calidad de vida del enfermo (Perales-Montilla, García-León y Reyes-
del Paso, 2012).
Las variables que más influyen en la calidad de vida del enfermo renal son: el apoyo
social y familiar; tener un apoyo social pobre está asociado con un alto riesgo de mortalidad,
baja adherencia al tratamiento y una calidad de vida baja en pacientes con enfermedad renal
crónica. (Untas, Thumma, Rascle, Rayner, Mapes, Lopes, Fukuhara, Akizawa, Morgenstern,
Robinson, Pisoni, y Combe, 2011). En cuanto al apoyo familiar, la familia es la primera red de
apoyo social del individuo y esta ejerce una función de protección a las tensiones que se
pueden generar en la vida cotidiana; si no posee un apoyo familiar el paciente además de
padecer la enfermedad que le afecta en su salud física también se verían perjudicadas sus
facultades de pertenencia, apoyo, energía y vitalidad (Ledón, 2011).
Las estrategias de afrontamiento son los mecanismos más comunes que utilizan las
personas para poder enfrentarse al estrés y a los problemas del día a día. Estas estrategias
intervienen en la adaptación a la enfermedad y en la adherencia al tratamiento en los
pacientes renales, si utilizan la estrategia de la Indefensión-Desesperanza se predice que
habrá una menor función social y física. En cambio, si escogen la estrategia del Espíritu de
Lucha se observará una disminución del dolor y una alta función física, salud general, vitalidad
y salud mental. Entonces si el paciente utiliza estrategias de afrontamiento activo y se
involucra activamente en su enfermedad se predice un aumento en la calidad de vida.
3
Mientras que si optan por una estrategia más de estilo pasivo en la que el paciente no colabora
por resolver sus problemas se predice una disminución de la calidad de vida (Perales-Montilla
et al., 2012).
Otra variable es la adherencia al tratamiento y su ausencia en estos pacientes es
bastante frecuente y seguir las prescripciones de la medicación y del tratamiento dialítico
supone la supervivencia para ellos.
No hay mucha evidencia sobre cómo afecta la falta de adhesión al tratamiento
relacionado a los problemas emocionales que puedan presentar. Pero se ha observado que
la depresión sí que está relacionada a la falta de adhesión al tratamiento, esto se debe tener
en cuenta ya que la depresión es una patología que se puede tratar con intervención
psicológica y así poder aumentar la adherencia terapéutica (Huertas, Pérez, Albalate,
Sequera, Ortega, Puerta, Corchete y Alcázar, 2014).
La duración de la enfermedad influye en la calidad de vida del enfermo. En varios
estudios se ha podido observar que a más tiempo post-trasplante mejor calidad de vida mental
ya que ha habido una buena adaptación y buen funcionamiento del injerto (Prihodova,
Nagyova, Rosenberger, Roland, Van Dijk y Groothoff, 2010). Pero por otro lado también hay
otros estudios que indican que a menos tiempo del trasplante mejor calidad de vida debido a
que cuando has estado bastante tiempo trasplantado los síntomas físicos, la fatiga y la
incertidumbre aumentan (Durán, Lope, Del Pino, Chicharro y Matilla, 2014). La calidad de vida
relacionada con la salud física va disminuyendo desde el principio hasta los 6 años después
del trasplante, mientras que la calidad de vida mental (salud mental y vitalidad) aumenta con
el tiempo. Seguramente esté relacionado la peor calidad de vida en los pacientes que llevan
más tiempo trasplantados con tener más edad y por los efectos secundarios de los
inmunosupresores. En el periodo de 7-36 meses después del trasplante existe un retroceso
en los niveles de calidad de vida ya que justo después del trasplante sienten la liberación de
la diálisis, pero en este periodo vuelven a sentirse vulnerables debido a varios problemas
somáticos como los efectos secundarios de la medicación y problemas sociales tales como la
reincorporación al trabajo y a su vida social. El tiempo de diálisis antes de ser trasplantado
también influye, ya que los pacientes que estuvieron más de 3 años en diálisis perciben peor
calidad de vida después del trasplante que los que recibieron menos tiempo la diálisis. Estar
más tiempo en diálisis implica un aumento de la depresión y la ansiedad, por lo que a mayor
tiempo en diálisis peor calidad de vida (Pérez, Moyano, Estepa del Árbol y Crespo, 2015). En
cuanto a la variable género varios estudios comentan que no existen diferencias por lo que no
sería una variable idónea para medir la calidad de vida (Durán et al., 2014), pero por otro lado
hay autores afirmando que los varones presentan una mejor calidad de vida frente a las
4
mujeres. También comentan, aunque en menor proporción, que son las mujeres las que
presentan unas mejores estrategias de afrontamiento, una mayor adaptación a la enfermedad
y unas puntuaciones más altas en varias dimensiones como son la salud psicológica,
relaciones sociales, espiritualidad y calidad de vida global (Pérez et al., 2015).
El tipo de tratamiento que esté recibiendo el paciente influye en su calidad de vida, de
manera que si ha recibido un trasplante obtendrá una mejor calidad de vida comparado con
la diálisis y la diálisis peritoneal. Los individuos que han recibido un trasplante presentan una
calidad de vida muy aproximada a la de la población general sana, en concreto en el
componente mental como es funcionamiento social, rol emocional y salud mental, pero siguen
estando por debajo de la media en el componente físico de la calidad de vida (Pérez et al.,
2015).
Además de estas variables hay muchas más que pueden influir en la calidad de vida
como la resiliencia que es conocida como la capacidad que tienen las personas para mantener
su salud y bienestar psicológico estando en un ambiente desafiante (Zautra, Hall y Murray,
2008).
La resiliencia es una variable protectora en una enfermedad crónica. Existen estudios
donde las mujeres presentan un nivel superior de resiliencia que los hombres, y en edades
más avanzadas se encuentra mayor resiliencia que en los jóvenes (Contreras, Esguerra,
Espinosa y Gómez, 2007). En la enfermedad renal crónica ser una persona con resiliencia
implica poseer un factor de protección en tu calidad de vida a nivel de salud mental (Vinaccia
y Quiceno, 2011)
Luyckx, Tonelli y Stanifer (2018) describen la insuficiencia renal como la enfermedad
crónica más olvidada, por ello es necesario la realización de este estudio. Aunque se han
realizado varios estudios sobre las variables que se ven modificadas a partir de un trasplante
de riñón, no existen muchas evidencias científicas sobre qué variables son las que mejoran la
calidad de vida en cualquier tratamiento de una enfermedad renal crónica.
Huertas et al. (2014) comentaba que la depresión está estrechamente relacionada con
una falta de adherencia al tratamiento, esto podría mejorarse atendiendo a las necesidades
que presentan los pacientes con intervenciones psicológicas ya que se ha comprobado que
se puede mejorar su calidad de vida. Además, también indican cuáles son las problemáticas
más comunes en estos pacientes, como la ansiedad y la incertidumbre acerca del futuro las
cuales afectan gravemente a la calidad de vida.
5
Para ello sería necesario que en las unidades de Nefrología y Hemodiálisis hubiera
asistencia psicológica que pudiera valorar y ayudar a cada uno de los pacientes de manera
particular y así poder mejorar el bienestar general del enfermo.
El objetivo principal de esta investigación es analizar qué variables psicosociales son
las que están más relacionadas con la calidad de vida en personas que tengan una
enfermedad renal crónica.
Las hipótesis planteadas son que aquellas personas con trasplante de riñón tendrán
mejor calidad de vida que las que reciben hemodiálisis.
Aquellas personas que puntúen alto en la escala de resiliencia tendrán una mejor
calidad de vida que las que puntúen bajo.
Aquellas personas tengan una mayor adherencia al tratamiento indicará que tienen
una mejor percepción calidad de vida que las que tienen una mala adherencia al tratamiento.
Aquellas personas que puntúen alto en apoyo social indicará que poseen una mejor
calidad de vida que aquellas que han puntuado bajo en apoyo social
MÉTODO
Participantes
Con respecto a los participantes del estudio se ha elegido una muestra de población
(N=19) que asista a la asociación Alcer (Federación Nacional de Asociaciones para la Lucha
Contra las Enfermedades del Riñón) de Alicante y que esté recibiendo un tratamiento para la
enfermedad renal o vaya a recibirlo en breve. La muestra está compuesta por 15 hombres y
4 mujeres de una media de edad de 53 años.
Variables e instrumentos
Para evaluar la percepción de calidad de vida se utilizó la versión abreviada del
cuestionario de salud SF-36, la cual contiene 12 ítems (SF-12) creada por Ware (2000) y
traducida por Alfonso y cols. (2005). Mide el concepto de calidad de vida relacionada con la
salud o salud percibida evaluando dos dimensiones: la física y mental. Dentro de la dimensión
física se evalúa: función física, rol físico, dolor corporal y salud general; en la dimensión mental
se evalúa: vitalidad, función social, rol emocional y salud mental. El instrumento es una medida
válida y confiable, tanto en la escala original como en sus distintas versiones. La consistencia
interna (alfa de Cronbach) para la dimensión física fue de 0.63 y para la dimensión mental fue
de 0.72 (Vera-Villarroel, Silva, Celis-Atenas, Pavez, 2014).
6
Por otra parte, la evaluación de apoyo social se evalúo con la adaptación española del
Cuestionario MOS de apoyo social de Sherbourne y Stewart (1991), traducida por De la Revilla
(2005). Es un cuestionario multidimensional que permite valorar aspectos cuantitativos como
el tamaño de la red social y aspectos cualitativos como las dimensiones del apoyo social.
Consta de 20 ítems y mide cinco dimensiones del apoyo social: emocional, informativo,
tangible, interacción social positiva y afecto/cariño. Se utiliza una escala de respuesta tipo
Likert de 5 puntos. La puntuación global de apoyo social se obtiene sumando los 19 ítems. El
apoyo social es bajo cuando el índice es inferior a 57 puntos. Habrá necesidad de apoyo
cuando las puntaciones no superen los siguientes parámetros: apoyo emocional (ítems 3, 4,
8, 9, 13, 16, 17 y 19): 24 puntos; apoyo instrumental (ítems 2, 5, 12 y 15): 12 puntos;
interacción social (ítems 7, 11, 14 y 18): 12 puntos; y apoyo afectivo (ítems 6, 10 y 20): 9
puntos. La consistencia interna de este cuestionario es de 0.94 (Suarez, 2011).
La adherencia terapéutica se evalúa a través del Simplified Medication Adherence
Questionnaire (SMAQ) de Knobel et al. (2002), validado en población española por el mismo
autor. Este cuestionario consta de seis preguntas de carácter dicotómico en el que se miden
constructos relacionados con el tratamiento (adherencia, expectativas, creencias). Se
considera que el paciente es adherente al tratamiento cuando tiene un cumplimiento
terapéutico igual o superior al 95%. En un estudio encontrado sobre la adherencia al
tratamiento en pacientes de hemodiálisis el cuestionario SMAQ muestra una buena
consistencia interna con un alfa de Cronbach de 0.70. Además, el autor del cuestionario
demostró que el SMAQ tenía suficiente consistencia interna (alfa de Cronbach = 0.75) en un
estudio sobre pacientes infectados de VIH y reproducibilidad satisfactoria (Arenas, Malek, Gil,
Moledous, Alvarez-Ude y Reig-Ferrer, 2010).
Para evaluar la variable resiliencia se utilizó la Escala de Resiliencia elaborada por
Wagnild e Young (1993) traducido a la versión española por Ruíz Párraga y López-Martínez
(2012). Es uno de los pocos instrumentos psicométricos que evalúan de manera fiable los
niveles de adaptación psicosocial frente a eventos de la vida importantes (Assis, Pesce y
Avanci, 2006). La escala está formada por 25 ítems con una escala de respuesta tipo Likert,
que comprende entre 1 (no estoy de acuerdo en absoluto) y 7 (estoy de acuerdo totalmente).
Su puntuación varía entre 25 y 175 puntos y su corrección sería que a más puntuación más
elevada es la resiliencia. Esta escala presentó una alta puntuación de consistencia interna
con un alfa de Cronbach de 0.86 (Rua y Rodríguez, 2011).
Por último, se han utilizado variables clínicas y datos sociodemográficos como: la
edad, género, estado civil, duración de la enfermedad / tiempo transcurrido del implante, haber
7
recibido tratamiento psicológico orientado a la enfermedad renal y tratamiento que está
recibiendo actualmente.
Procedimiento
Una vez elaborado el cuestionario se contactó vía teléfono con la asociación, al no
obtener respuesta se acudió a la asociación y se concertó asistir a los grupos de ayuda mutua
para el pase de cuestionario.
Se acudió el lunes 8 de abril y el 15 de abril, además el psicólogo de la asociación se
comprometió a pasar cuestionarios en sus consultas con los pacientes que no acudieran al
grupo de ayuda mutua. Después de firmar el consentimiento informado 19 personas rellenaron
el cuestionario.
Análisis de datos
Se crea una base de datos en el programa estadístico IBM SPSS Statistics 25 en el
que se introducen todos los datos recogidos en los cuestionarios. Con esa base de datos se
realizará un análisis descriptivo (medias, desviaciones típicas), la prueba no paramétrica del
coeficiente de correlación de Spearman y H de Kruskal-Wallis.
RESULTADOS
La muestra está compuesta por 19 sujetos de los cuales un 78.9% son hombres y un
21.1% son mujeres además el 47.4% de la muestra afirma que sí ha recibido tratamiento
psicológico durante su enfermedad en cambio el 52.6% alega que no lo ha recibido. En cuanto
al tipo de tratamiento recibido, un 57.9% ha recibido trasplante, un 26.3% hemodiálisis y un
15.8% prediálisis.
8
Tabla 1
Estadísticos Descriptivos
N M DT
Edad 19 53.58 10.172
Apoyo 19 31.11 7.445
emocional
Apoyo 19 16.26 4.331
instrumental
Interacción 19 15.21 3.910
social
Apoyo afectivo 19 12.26 3.478
Adherencia al 19 1.26 0.452
tratamiento
Resiliencia 19 128.74 19.238
Calidad de vida 19 38.63 11.026
física
Calidad de vida 19 44.11 12.436
mental
Duración 19 11.53 12.668
enfermedad
Total 19
El número de participantes no es muy elevado por lo que se utiliza una prueba no
paramétrica, en este caso el coeficiente de correlación de Spearman, para observar si existe
una asociación negativa o positiva entre las variables.
9
Tabla 2
Rho de Spearman
Apoyo Apoyo Interacción Apoyo Adherencia Resiliencia Calidad Calidad
emocional instrumental social afectivo tratamiento de vida de vida
física mental
Apoyo ρ 1
emocional Sig.
Apoyo ρ 0.690 1
instrumental Sig. 0.001
Interacción ρ 0.806 0.723 1
social Sig. 0.000 0.000
Apoyo ρ 0.685 0.746 0.854 1
afectivo Sig. 0.001 0.000 0.000
Adherencia ρ 0.241 0.099 0.308 0.023 1
tratamiento Sig. 0.320 0.686 0.199 0.926
Resiliencia ρ 0.345 -0.082 0.242 0.127 0.120 1
Sig. 0.148 0.738 0.319 0.605 0.624
Calidad de ρ -0.059 -0.355 -0.070 -0.353 0.536 0.244 1
vida física Sig. 0.811 0.136 0.775 0.139 0.018 0.314
Calidad de ρ 0.575 0.271 0.539 0.315 0.153 0.432 0.207 1
vida mental Sig. 0.010 0.261 0.017 0.189 0.532 0.065 0.395
Como se observa en la tabla 2 existe una alta correlación positiva entre interacción
social y apoyo emocional y por otro lado entre apoyo afectivo e interacción social al tener un
coeficiente de correlación de más de 0.80.
Los datos obtenidos del cuestionario se analizan a través de una comparación de
medias para comprobar si existen diferencias significativas en la calidad de vida por tipo de
tratamiento recibido. La hipótesis nula es que no hay diferencias en la calidad de vida entre
hemodiálisis y trasplante.
10
Figura 1: Comparación medias calidad vida mental y física
60
50
40
30
20
10
0
Trasplante Hemodiálisis Prediálisis Total
CVM CVF
Se puede observar en la figura 1 que no existe una gran diferencia en cuanto a la
calidad de vida mental entre el trasplante y la hemodiálisis, aunque sí que es cierto que hay
diferencias mínimas que muestran que la prediálisis tiene mejor calidad de vida mental que la
hemodiálisis y ésta mejor que el trasplante. También se observa que los sujetos que aún no
han comenzado a recibir ningún tratamiento por lo que están en prediálisis tienen mejor
calidad de vida física. En general tienen menos calidad de vida física que mental.
Se analizaron los datos mediante la H de Kruskal-Wallis para realizar un análisis de
diferencias. Según los resultados obtenidos se acepta la hipótesis nula de que no hay
diferencias en la calidad de vida física entre haber recibido un trasplante, tener hemodiálisis y
prediálisis al tener H= 4.439 y p = 0.109; tampoco hay diferencias en cuanto a la calidad de
vida mental, H= 0.394 y p = 0.821.
11
DISCUSIÓN
El objetivo de este estudio es analizar qué variables psicosociales son las que están
más relacionadas con la calidad de vida en personas que tengan una enfermedad renal
crónica. Se ha observado que en la mayoría de los estudios sobre la calidad de vida en
enfermedades renales crónicas se han realizado en pacientes que reciben tratamiento de
trasplante y hemodiálisis, habiendo encontrado diferencias de calidad de vida en cuanto a la
diferencia de edad, si han recibido trasplante o no y otros muchos factores. Sin embargo, no
hay muchos estudios que analicen la calidad de vida de los pacientes que están en prediálisis
ni que factores pueden influir en su calidad de vida (Sanz, Orte, Gómez, Fernández, Aguilar y
Lázaro, 2005). No obstante, en este estudio sí que se han valorado a los pacientes en
prediálisis y se ha observado que tienen una buena calidad de vida física, esto se debe al no
haber recibido aún ningún tratamiento que les modifique su rutina como ocurre con la
hemodiálisis y con el trasplante. Mientras que en la calidad de vida mental no lleguen a la
puntuación media de la población sana es el grupo que más puntuación ha obtenido en esta
variable.
Como se comentaba antes en la introducción la calidad de vida mental de un paciente
que ha recibido un trasplante sería mayor a los que estuvieran recibiendo diálisis en cambio
su calidad de vida física estaría por debajo de la población general sana (Pérez et al., 2015).
En este caso se observa que las personas trasplantadas son las que han obtenido peor
puntuación en calidad de vida mental, por otra parte, la calidad de vida física en trasplantados
es la puntuación más baja también. Esto puede deberse a que después de un tiempo de haber
estado trasplantado su calidad de vida puede verse disminuida debido a los síntomas físicos,
la fatiga y la incertidumbre que al principio no presentaban (Durán et al., 2014).
De acuerdo con los resultados de este estudio no se encontraron diferencias
significativas entre los pacientes que tenían un trasplante, hemodiálisis o prediálisis con
respecto a la calidad de vida mental y física. Por lo que la hipótesis planteada en la
introducción de que aquellas personas con trasplante de riñón tendrán mejor calidad de vida
que las que reciben hemodiálisis no se aceptaría. Lo más seguro es que no se hayan
encontrado diferencias debido a la poca muestra encontrada ya que de trasplantados había
11 sujetos, de hemodiálisis 5 y de prediálisis 3, además de que los grupos no eran
representativos, cada grupo no estaban compuestos por un número equitativo de miembros
por lo que los resultados no podían ser significativos.
Para la hipótesis de que aquellas personas que puntúen alto en apoyo social indicará
que poseen una mejor calidad de vida que aquellas que han puntuado bajo en apoyo social
12
se ha encontrado que la función social en concreto la interacción social y apoyo emocional en
este estudio está asociada positivamente con la calidad de vida mental, como decía Untas et
al., (2011) un apoyo social bajo se relaciona con una baja adherencia al tratamiento y a su
vez a una calidad de vida pobre. Esto quiere decir que si tienes un gran apoyo social tu calidad
de vida mental no se verá muy afectada. Por lo que se aceptaría la hipótesis planteada
previamente. Según el estudio de Perales- Montilla et al., (2012) asocia el apoyo social con
una mejor función física, por lo que los pacientes con mayor apoyo social encuentran menos
dificultades a la hora de realizar actividad física en su rutina. En nuestra muestra la calidad de
vida física está muy deteriorada por lo que se podría promover realizar actividades físicas que
estén basadas en fomentar el apoyo social para así aumentar su calidad de vida física.
Se puede observar que existe una correlación entre la calidad de vida física y la
adherencia al tratamiento, una explicación a esta asociación podría ser que los sujetos que
se sienten mejor físicamente no dejaran de tomar la medicación, en cambio los sujetos que
se encuentran peor de estado físico pueden relacionar el malestar a las pastillas que se toman
y por lo tanto pueden dejar de tomarlas. Por lo que la hipótesis de que aquellas personas que
tengan una mayor adherencia al tratamiento indicará que tienen una mejor percepción calidad
de vida que las que tienen una mala adherencia al tratamiento es cierta aunque solo se cumpla
en cuanto a la calidad de vida física. Es aconsejable que la adherencia terapéutica sea un
objetivo fundamental del sistema sanitario debido a todos los beneficios encontrados sobre la
calidad de vida, los resultados médicos, en la sociedad y en el sistema sanitario (Conthe,
Márquez, Aliaga, Barragán, Fernández, González, Ollero, y Pinto, 2014), debido a que la no
adherencia terapéutica en estos pacientes es bastante frecuente y no seguir las
prescripciones de la medicación y del tratamiento dialítico puede suponer la no supervivencia
para ellos.
La variable resiliencia no se ha correlacionado con ninguna otra variable de manera
significativa, por lo que la hipótesis planteada al principio de que aquellas personas que
puntúen alto en la escala de resiliencia tendrán una mejor calidad de vida que las que puntúen
bajo no se aceptaría debido a que la correlación no es significativa, esto se puede deber a la
alta deseabilidad social encontrada en el pase de cuestionario al querer responder que eran
personas muy resilientes cuando a lo mejor no ponen en práctica esas técnicas de
afrontamiento. Esto no se puede conocer si es cierto o no al no haber usado una escala de
deseabilidad social en el cuestionario. Pero varios artículos como el de Cal, Ribeiro de Sá,
Glustak y Barreto (2015), indican que las personas que tienen una alta resiliencia presentan
una tasa más baja en depresión, ansiedad, incapacitación y somatización que son condiciones
frecuentes en los pacientes con enfermedades crónicas. Además, presentaban mejor calidad
de vida, comportamiento y promoción de la salud, lo cual es muy importante en un tratamiento
13
médico porque puede proporcionar un alto nivel de bienestar y una mejor adhesión al
tratamiento. Aunque podría deberse también a la falta de una muestra más representativa
También se ha observado que la mitad de la muestra no ha recibido tratamiento psicológico
durante su enfermedad, por lo que sería recomendable que esos pacientes tuvieran un apoyo
psicológico durante su enfermedad para poder mejorar el bienestar general del paciente, ya
que como comentaba Huertas et al. (2014) la depresión está estrechamente relacionada con
una falta de adherencia al tratamiento, contando además con otras problemáticas comunes
en estos pacientes como son la ansiedad y la incertidumbre acerca del futuro las cuales
afectan gravemente a la calidad de vida del paciente siendo estos problemas tratables con
intervención psicológica.
Como decían Luyckx, Tonelli y Stanifer (2018) se debería investigar y realizar más
estudios sobre qué variables son las que mejoran la calidad de vida en cualquier tratamiento
de una enfermedad renal crónica ya que se ha podido observar que los problemas comunes
que empeoran la calidad de vida de estos sujetos se podrían mejorar con la ayuda de una
intervención psicológica. Por lo que dadas las diferencias no significativas encontradas en
cuanto al tipo de tratamiento y en calidad de vida, es recomendable continuar realizando
estudios con muestras más grandes que permitan observar la posible asociación de varias
variables psicosociales como pueden ser la resiliencia, apoyo social y la adherencia con la
calidad de vida de estos sujetos. Se sugiere incluir otras variables psicológicas que han
demostrado cierta relación con la calidad de vida tales como expectativas de eficacia y
estados emocionales como ansiedad y depresión (Contreras, Esguerra, Espinosa, Gutiérrez
y Fajardo, 2006).
Finalmente, en cuanto a las limitaciones encontradas en la realización de este estudio
se pudo observar una alta deseabilidad social por parte de los sujetos debido a que, en el
pase de cuestionarios, varios comentaban sus molestias y dificultades por la enfermedad que
después no se veía reflejado en el cuestionario realizado. Además, algunos cuestionarios
fueron respondidos sin poner mucha atención debido a que lo rellenaban sin sentido o sin
leer, ya que se han encontrado cuestionarios que han respondido siempre a la misma
respuesta en todas las preguntas.
En general se ha conseguido poca muestra debido a la falta de participación por parte
de los usuarios de la asociación, cuando se les pedía que rellenaran el cuestionario estaban
dispuestos a realizarlo, pero cuando se ponían a escribir comenzaban a comentar la larga
extensión del cuestionario y que no comprendían porque tenían que rellenarlo ellos habiendo
explicado ya el propósito del estudio. Se puede comprender que los sujetos que están
recibiendo hemodiálisis y después iban a la asociación no les apeteciera mucho rellenar un
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cuestionario debido al cansancio ocasionado por la diálisis, o que las personas que iban de
pueblos lejos de alicante para el grupo de ayuda mutua no les apeteciera perder tiempo en
eso, pero es una asociación bastante grande a la que asisten pacientes de toda la provincia
de alicante y sólo se ha podido conseguir 19 sujetos. Por lo que el estudio no tiene mucha
validez debido a la muestra tan pequeña que se ha podido conseguir.
CONCLUSIÓN
El fin de esta investigación era encontrar qué variables son las que pueden modificar
la calidad de vida de un individuo con una enfermedad renal crónica y así poder fomentar
dichas variables para mejorar su calidad. En general estos pacientes poseen una calidad de
vida disminuida, por lo que sería interesante intentar aumentarla si se conocen cuales son las
variables que van a ayudarles.
Debido a las intervenciones quirúrgicas, a la alta proporción de medicamentos que se
deben tomar, una dieta restrictiva su calidad de vida física está bastante disminuida. En este
estudio se ha podido encontrar que una variable que puede mejorar esta calidad de vida es
fomentando la adherencia al tratamiento de estos pacientes, haciéndoles conscientes de lo
necesario que es que sigan las pautas médicas para poder así sobrevivir y no tener tantas
complicaciones médicas.
Se ha encontrado que el apoyo social es una variable que puede incrementar la calidad
de vida mental, en concreto el apoyo emocional y la interacción social, ya que son personas
que deben pasar bastante tiempo en el médico y en el hospital, realizando pruebas o diálisis,
por lo que seria interesante fomentar el apoyo social en estas personas y que interaccionen
con más gente fuera del ámbito sanitario, como podría ser el caso de la realización de una
excursión o de una merienda en el campo y así estarían un rato despejando la mente de sus
preocupaciones.
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