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Contaminacion Textil

La contaminación textil en Argentina es un grave problema ambiental, impulsado por el crecimiento de la industria que consume grandes cantidades de agua y energía, y genera residuos peligrosos. La moda rápida contribuye significativamente a este problema, desechando millones de prendas anualmente y exacerbando la explotación laboral. Se requieren prácticas más sostenibles y una mayor conciencia del consumidor para mitigar estos impactos negativos en el medio ambiente y en la sociedad.

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Contaminacion Textil

La contaminación textil en Argentina es un grave problema ambiental, impulsado por el crecimiento de la industria que consume grandes cantidades de agua y energía, y genera residuos peligrosos. La moda rápida contribuye significativamente a este problema, desechando millones de prendas anualmente y exacerbando la explotación laboral. Se requieren prácticas más sostenibles y una mayor conciencia del consumidor para mitigar estos impactos negativos en el medio ambiente y en la sociedad.

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La contaminación textil es un problema ambiental que afecta a muchos países, incluida Argentina.

La
industria textil es una de las principales fuentes de contaminación en términos de consumo de agua,
energía y emisiones de gases de efecto invernadero.

En Argentina, la industria textil ha experimentado un crecimiento significativo en las últimas décadas, lo


que ha llevado a un aumento en la producción de prendas de vestir y textiles en general. Sin embargo,
este crecimiento también ha generado una serie de impactos negativos en el medio ambiente.

Uno de los principales problemas asociados con la contaminación textil en Argentina es el consumo de
agua. La producción de textiles requiere grandes cantidades de agua para procesos como el teñido, el
lavado y el acabado de las prendas. El uso intensivo de agua conlleva el riesgo de contaminar los cuerpos
de agua locales con productos químicos tóxicos utilizados en estos procesos.

Además, la industria textil también genera grandes cantidades de residuos, como recortes de tela y
productos químicos utilizados en la producción. Estos residuos a menudo se desechan de manera
inapropiada, lo que puede tener un impacto negativo en el suelo y el agua.

En cuanto a las emisiones de gases de efecto invernadero, la producción y el transporte de textiles en


Argentina también contribuyen al cambio climático. La producción de fibras sintéticas, como el poliéster,
requiere grandes cantidades de energía y emite gases de efecto invernadero durante su fabricación.
Además, el transporte de textiles desde las fábricas hasta los puntos de venta también genera emisiones
significativas.

Para abordar estos problemas, es necesario fomentar prácticas más sostenibles en la industria textil
argentina. Esto implica implementar tecnologías más limpias y eficientes en el proceso de producción,
promover el uso responsable del agua y la energía, así como fomentar la reutilización y el reciclaje de
textiles.

Asimismo, es importante concienciar a los consumidores sobre la importancia de comprar ropa de


manera responsable, optando por prendas de calidad que duran más tiempo y reducen el consumo
impulsivo de moda. También es fundamental promover la moda ética y sostenible, que valora la
producción responsable y el respeto por los derechos laborales.

En los últimos años, ha habido un creciente interés en la moda sostenible en Argentina, con marcas
locales que se comprometen a producir de manera más consciente y transparente. Sin embargo, aún
queda mucho por hacer para abordar de manera integral el problema de la contaminación textil en el
país.

Fast fashion, conocida como "moda rápida" engloba gran parte de lo que es contaminación textil,
debido al consumo masivo por un público masivo. Esto debido al cambio constante de tendencias de
moda y con esto, la innovación de fabricación de prendas en cada temporada. La dinámica es la
siguiente; elaborar prendas con materiales y textiles de baja calidad para asegurar su bajo costo, lo que
conlleva a qué el público consuma de manera masiva y por ende, más contaminación textil debido a que
la mayoría de lo que no se vende, es llevado a vertederos o es quemado, liberando residuos tóxicos para
el medio ambiente.

En estadísticas generales, fast fashion desecha más de 50.000 millones de prendas por año. Por lo que
cada año crea más de 100.000 millones de vestuarios, lo suficiente para que cada habitante del mundo
reciba 14 prendas nuevas al año. Esto sumando a los cambios de tendencias y estilos, cada vez se va
innovando más lo que es la moda y la forma de vestirse, y las industrias textiles solo buscan adaptarse al
gusto público, por lo que elaboran sin cesar. Generando ademas de contaminación, explotación laboral.

La industria textil figura entre las cuatro industrias más contaminantes del planeta, el algodón es la fibra
natural más importante que se produce en el mundo. En nuestro país se cultiva en las provincias de
Chaco, Santiago del Estero, Santa Fe, Formosa, San Luis, Salta, Entre Ríos y Córdoba.

Argentina es uno de los países que más agroquímicos emplea por persona en el mundo. Numerosos
estudios científicos han detectado restos de glifosato y otros productos, en el aire, el agua que tomamos,
los alimentos, la ropa, los pañales y otros productos de higiene personal como toallas femeninas y
tampones. Además, lxs propixs trabajadores están expuestos a esa contaminación debido al uso de
productos químicos en los procesos de producción.

Los residuos de la industria textil, la segunda más contaminante del planeta, aún no cuentan con
políticas de gestión en Argentina que permitan realizar una separación de origen y evitar que toneladas
de ropa y descartes provenientes tanto de las fábricas como de casas particulares no terminen
formando parte de vertederos y basurales. Actualmente, los incipientes proyectos que buscan reciclar
este tipo de residuos se encuentran agrupados en cooperativas ligadas a la economía circular y
pequeñas empresas.

Los textiles pueden dividirse de muchas formas: tejidos de punto y planos, confeccionados con fibras
sintéticas y naturales. Si bien todos los residuos provenientes de la industria son potencialmente
reciclables, una cualidad los equipara: no tienen separación de origen del resto de Residuos Sólidos
Urbanos (RSU). Según la Agencia de Protección Ambiental (APRA) de la Ciudad de Buenos Aires, del total
de residuos textiles, únicamente la friselina es recolectada por los puntos verdes. En tanto, el
componente de materiales textiles ocupa el séptimo lugar dentro del flujo de residuos recolectados por
el servicio de higiene urbana de CABA, representando el 4,7% del total en 2015, según indicó el Estudio
de Calidad de los Residuos Sólidos Urbanos.

Asimismo, es posible diferenciar tres tipos de residuos textiles: aquellos provenientes de casas
particulares -denominados de «posconsumo»-, los descartes producidos por las industrias y aquellos
que fueron confeccionados para la venta pero por fallas en su fabricación no fueron comercializados
(«preconsumo»). A nivel mundial, se calcula que el 87% de las fibras que se usan para confeccionar la
ropa se incinera o va directo a un vertedero, mientras que el 60% se desecha antes de que se cumpla un
año desde su fabricación, según estimaciones del Banco Mundial.

Según la ONU, el sector textil origina, a nivel global, el 20% de las aguas residuales y es el responsable
del 10% de las emisiones de carbono. Por lo tanto, no resultaría difícil creer que en la fabricación de
unos jeans se requieran 3,781 litros de agua.
El aporte que esta colosal industria hace al cambio climático parece no detenerse. Al consumo masivo
de materias primas intervinientes en la elaboración de sus manufacturas, se le suma el de la energía, lo
que hace que su engranaje genere un alto impacto a través del uso del agua y la explotación de los
suelos.

El algodón como fibra natural y el poliéster y nylon, como exponentes de las sintéticas, se encuentran
dentro de las fibras más empleadas para la elaboración en este tipo de industria. En lo que respecta al
algodón, es la tercera clase de cultivo que más agua requiere. Por su parte, el poliéster y nylon al ser
realizados por medio de agregados químicos, generalmente derivados del petróleo, provocan una gran
cantidad de gases de efecto invernadero. Asimismo, como si esto no alcanzase, no son biodegradables,
ya que en el lavado de las prendas que contienen estas fibras se liberan microplásticos, los cuales
terminan, de alguna forma u otra, depositados en el mar. Una situación similar sucede con los tintes
instrumentados en este proceso: tiñen los cursos de agua adyacentes a las plantas de producción.

La popular fast fashion, que se traduce en consumo masivo de moda en un tiempo reducido, de bajo
costo y calidad, no hace otra cosa que acrecentar la gravedad de esta problemática ambiental. Esta
moda rápida genera un sinnúmero de desechos textiles sentenciados a convertirse en basura, ya que tan
sólo un pequeño porcentaje de ellos se recicla.

Como si con la contaminación resultante no bastara, la precariedad e informalidad laboral encuentra en


la industria textil otra oportunidad para propagarse como enfermedad entre los asalariados. Reproduce
un viejo modelo, tan vigente como las modas: mano de obra calificada barata con el fin de disminuir los
costos de producción, pero esto es a cambio de salarios bajos, jornadas de trabajo excesivas y
condiciones de trabajo, generalmente, deficientes.

Frente al escenario que diseña la industria textil surgen, como bocanadas de aire limpio, movimientos
como el de la moda sostenible o “slow-fashion”, cuyos criterios se fundamentan en un concepto de
moda sustentable, con escaso impacto ambiental.

Para ello, emplean fibras naturales orgánicas como la seda, el algodón, el lino, el bambú, el cáñamo, o
incluso fibras recicladas. Intentan minimizar el impacto ocasionado por medio de esta industria con el
uso de material reciclado y recuperado. Además, introducir mejoras sustanciales en el transporte de la
mercadería, así como en las condiciones laborales de los trabajadores.

En los últimos años, dentro del contexto de estos movimientos emergentes, las ferias americanas, en el
marco de la Economías Sociales, Solidarias y Populares, se convirtieron en verdaderas expresiones de la
Economía Circular. Con ellas, la idea de la sustentabilidad recobró sentido, así como la importancia de la
palabra “reutilizar” al fomentar la prolongación de la vida útil de los productos en el circuito que
propone su compraventa o consignación.
BIBLIOGRAFIA:

 [Link]

 [Link]
html

 [Link]
pa-nueva

 [Link]
a-industria-textil-da-una-tregua/

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