Enrique Valdearcos Guerrero Historia del Arte
La lechera de Burdeos
Francisco de Goya y Lucientes, 1627, Óleo sobre lienzo. 74 x 68 cm
Museo del Prado, en Madrid.
ANÁLISIS
Se trata de un
retrato de una figura
femenina, de forma
espontánea,
constituyendo una
pintura de género
enmarcada en la
tradición de las pinturas
de oficios que se
realizaban desde
mediados del siglo
XVII. No tiene paisaje,
el fondo es simple. Es
una obra bastante
sencilla.
Es óleo sobre
lienzo, en el que
aparece la mujer que le
llevaba la leche todas
las mañanas a su casa y
a la que finalmente
decide ofrecerle este
recuerdo. La
composición es sencilla,
rectangular/piramidal
ya que la mujer aparece
sentada (supuestamente
sobre una montura), hay
una línea curva
principal que la forma
el cuerpo de esa mujer, que está sentada levemente inclinada. Da sensación de ausencia de movimiento,
la mujer está tranquilamente sentada mirando a algún punto.
La obra representa a una mujer, que como se ha dicho antes, solía llevarle la leche a Goya. Está
sentada, con expresión tranquila, con cierta melancolía. Su tez es pálida, iluminada. Va vestida de una
especie de vestido-túnica, de color gris-verdoso, el color varía según la iluminación. Encima del vestido
tiene una especie de pequeño manto, de color marrón-beis claro. En la cabeza lleva el pelo recogido con
un pañuelo de tonalidades blancas, con un tratamiento pictórico similar a la vestimenta. En general, la
mujer aparece muy sencilla, sin elementos llamativos, transmite serenidad y poco dinamismo. El fondo
es claro, con matices azulados en la esquina superior derecha. A su lado encontramos un cántaro de
leche.
Los tonos grises y verdosos dominan armónicamente conjuntados, la pincelada es corta y aparece
la yuxtaposición de toques de color, tal y como bastantes años después harían los impresionistas, de
cuyos hallazgos es una clara anticipación. Su técnica en esta ocasión se basa en la aplicación de
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pinceladas muy pastosas y también muy largas, creando en la propia tela una atmósfera de luminosidad,
basada en los tonos azules, azules-verdosos y los blancos que contrastan con la calidez del rostro de
color rosáceo y el cabello castaño de la mujer.
Toda la tela está impregnada de un lirismo muy emotivo, bañado por una luz vibrante,
características que de alguna forma se están anticipando a lo que décadas más tarde será el movimiento
del Impresionismo. De hecho, muchos de los pintores franceses de finales del siglo XIX que llevaron a
cabo la pintura impresionista siempre contaron con la obra de Goya como uno de sus referentes.
La pincelada es suelta y libre, la mancha de color como trazo característico, los colores muy
empastados y los tonos grises y verdosos dominan armónicamente conjuntados. Pero hay dos aspectos
muy significativos en este cuadro: por una parte la aplicación de color en grandes manchas se realiza de
tal manera que los tonos se superponen unos a otros (yuxtaposición de toques de color), de modo que en
vez de mezclarse sobre el lienzo se mezclan en nuestra propia retina; y en segundo lugar, que ciertas
tonalidades cambian de color o lo intensifican cuando se trata de crear sombras o una mayor
luminosidad, tal y como bastantes años después harían los impresionistas.
La luz parece artificial, pero no se nota demasiado. Hay solamente un foco que ilumina
levemente todo el cuadro, lo que se dice que la luz se reparte de forma uniforme, sin crear contrastes ni
claroscuros. Goya busca dar un efecto de sencillez.
COMENTARIO
Viendo toda la obra de Goya, se deduce que es un pintor totalmente moderno, que toma todas las
influencias de los distintos estilos (Neoclasicismo, Romanticismo e incluso el Barroco) y esta obra en
concreto se anticipa en mucho tiempo a un montón de estilos que aparecerán más adelante. Queda claro
que Goya se adelanta al Romanticismo, al Expresionismo, al Impresionismo, etc. sentando bases para
nuevos movimientos artísticos.
Este retrato en el tamaño que hoy lo conocemos en realidad es un fragmento de lo que sería un
obra de mayores dimensiones. Por esa razón en la imagen no aparece ningún elemento que sirva para
reconocer a la mujer como una lechera, tal y como indica el título. En la obra total, se vería a una señora
montada en un caballo y aparecería rodeada por varios recipientes de leche, mientras atravesaba las
calles de Burdeos. Sin embargo, ese cuadro inicial fue recortado y hoy en día tan sólo contamos con este
bello retrato, casi como si fuera un busto desde un punto de vista lateral.
Esta obra está considerada la última obra de Goya, una de las más discutidas del pintor, cuya
autoría incluso se dio a una de sus hijas. Muestra una destreza técnica insuperable, colores claros y
luminosos, toques breves y quebrados. Es estilo de Goya en esta obra es de enorme soltura y libertad.
Siendo uno de los rasgos más destacables la gama cromática cálida, que antecede a las obras de
impresionistas como Renoir. Pintada en Burdeos, donde Goya se refugia tras haber sido acusado de
afrancesado, huyendo tanto de la Corte española como de sus propia enfermedad, que le hizo refugiarse
en la Quinta del Sordo. Goya contaba con 81 años de edad y esta tela de alguna forma es su particular
homenaje a la juventud y a la belleza femenina, sobre todo gracias al rostro dulce que nos presenta la
retratada y a la instintiva elegancia de su pose.
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