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La Violencia Juvenil

El documento analiza la violencia juvenil en relación con pandillas y barras bravas, destacando su impacto en la sociedad y la necesidad de estrategias de intervención. Se examinan las causas, manifestaciones y efectos de la violencia, así como la percepción pública y las estadísticas de criminalidad. Además, se proponen enfoques preventivos que involucran la educación y la psicología para abordar este fenómeno social.
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El documento analiza la violencia juvenil en relación con pandillas y barras bravas, destacando su impacto en la sociedad y la necesidad de estrategias de intervención. Se examinan las causas, manifestaciones y efectos de la violencia, así como la percepción pública y las estadísticas de criminalidad. Además, se proponen enfoques preventivos que involucran la educación y la psicología para abordar este fenómeno social.
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1

La violencia juvenil, las pandillas y las barras bravas

Mariel García, Kiara Gonzales, Nicole Huerta, Cristina Ibazeta,

Yomira Martel y Jorge Ríos

Facultad de Psicología, Universidad Nacional Hermilio Valdizán

3204: Psicología de la Violencia

Mg. Jesús Aurelio Calle Ilizarbe

21 de octubre de 2024
2

ÍNDICE

ÍNDICE ______________________________________________________________ 2

INTRODUCCIÓN _____________________________________________________ 4

1.2. Justificación ______________________________________________________ 5

CAPÍTULO II: MARCO TEÓRICO ______________________________________ 7

2.1. Violencia Juvenil __________________________________________________ 7

2.1.1. Datos y Cifras _________________________________________________ 7

2.2. Pandillas ________________________________________________________ 7

2.2.1. Clasificación de las Pandillas _____________________________________ 8

2.2.1.1. Pandillas irregulares. ________________________________________ 8

2.2.1.2. Pandillas transgresoras. ______________________________________ 9

2.2.1.3. Pandillas violentas. _________________________________________ 9

2.2.1.4. Pandillas criminales. ________________________________________ 9

2.3. Barras Bravas ___________________________________________________ 10

2.4. Teorías Sobre la Violencia Juvenil ___________________________________ 10

2.4.1. Teoría de la Tensión ___________________________________________ 10

2.4.2. Teoría del Aprendizaje Social ____________________________________ 12

CAPÍTULO III: CONTEXTO SOCIAL Y CULTURAL _____________________ 13

3.1. Factores Socioeconómicos__________________________________________ 13


3

3.2. Entorno Familiar _________________________________________________ 13

3.3. Cultura Barrial __________________________________________________ 14

CAPÍTULO IV: MANIFESTACIONES DE LA VIOLENCIA ________________ 16

4.1. Acciones Violentas de las Pandillas __________________________________ 16

4.2. Violencia en las Barras Bravas ______________________________________ 17

4.3. Estadísticas de la Criminalidad, Seguridad Ciudadana y Violencia _________ 20

4.3.1. Total de Denuncias por Comisión de Delitos Registradas ______________ 21

4.3.2. Denuncias Según Departamento __________________________________ 21

CAPÍTULO V: PERCEPCIÓN PÚBLICA Y EFECTOS EN LA SEGURIDAD

CIUDADANA ______________________________________________________________ 23

5.1. Percepción Pública _______________________________________________ 23

5.2. Efectos en la Seguridad Ciudadana___________________________________ 24

CAPÍTULO VI: ESTRATEGIAS DE PREVENCIÓN Y SOLUCIÓN _________ 25

6.1. Intervenciones Estatales ___________________________________________ 25

6.2. Programas Comunitarios __________________________________________ 27

6.3. Rol de la Educación y la Psicología para Prevenir la Violencia Juvenil ______ 30

CONCLUSIONES_____________________________________________________ 33

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ____________________________________ 35


4

INTRODUCCIÓN

En la actualidad, la violencia juvenil representa un problema de gran preocupación social,

especialmente en entornos urbanos donde se ha evidenciado una mayor incidencia de conflictos y

delitos asociados a grupos organizados. Esta situación llevó a que, en 1999, se promulgara la Ley

Contra el Pandillaje Pernicioso para controlar el aumento de la violencia relacionada con estos

grupos. En el decreto legislativo #899, esta ley define a las pandillas juveniles como “el grupo de

adolescentes mayores de 12 años y menores de 18 que se reúnen y actúan para agredir a terceras

personas, lesionar la integridad física o atentar contra la vida, dañar los bienes públicos o privados

u ocasionar desmanes que alteren el orden interno” (Alarcón, 2005).

Paralelamente, en el contexto latinoamericano, se observa el fenómeno de las “barras

bravas”, grupos organizados dentro de las hinchadas deportivas que también contribuyen al clima

de violencia. Caracterizados por incidentes violentos tanto dentro como fuera de los estadios

(Arboccó y O’Brien, 2013), estos grupos comparten con las pandillas juveniles una dinámica de

comportamiento que afecta tanto la seguridad pública como el bienestar de las comunidades en las

que operan. Así, el análisis de la violencia juvenil desde la perspectiva de las pandillas y las barras

bravas resulta fundamental para comprender sus causas, su impacto en la sociedad y las posibles

estrategias de intervención que promuevan una convivencia más pacífica y segura.

1.1. Objetivo General

Analizar los factores que contribuyen al surgimiento y la persistencia de la violencia juvenil

en las pandillas y barras bravas, así como su impacto en la sociedad, con el fin de identificar

estrategias que permitan reducir su incidencia y fomentar una convivencia más segura.
5

1.2. Justificación

El estudio de la violencia juvenil en el contexto de las pandillas y barras bravas es crucial

para comprender las causas y consecuencias de este fenómeno en la sociedad contemporánea. Esta

investigación resulta importante, ya que permite analizar los factores sociales, económicos y

culturales que influyen en la formación y perpetuación de estos grupos, así como los motivos por

los cuales tantos jóvenes deciden unirse a ellos. Este análisis es esencial, pues facilita el diseño de

estrategias de intervención efectivas y adecuadas para prevenir que la juventud caiga en conductas

violentas que amenazan tanto su bienestar como el de la comunidad.

La relevancia del tema se hace evidente al observar las estadísticas sobre jóvenes en

conflicto con la ley. En los centros juveniles del país, actualmente hay 1,862 jóvenes recluidos por

haber cometido alguna infracción entre los 14 y menos de 18 años; debido a su edad, estos jóvenes

se acogen a un régimen de responsabilidad penal especial, diferente al que se aplica a los adultos

(Olivera, 2024). Esta situación refleja la magnitud del problema y la necesidad de alternativas que

promuevan la rehabilitación y reintegración, en lugar de solo adoptar un enfoque punitivo.

Además, el análisis de la violencia generada por estos grupos es relevante porque

representa una amenaza directa para la seguridad pública y la cohesión social, afectando la calidad

de vida de las personas y planteando desafíos para las autoridades en términos de control y

prevención.

Por último, es importante resaltar que los estudios en ciencias sociales en América Latina,

desde la década de los ochenta, han transitado de examinar la participación de la juventud en

formas modernas de organización hacia el análisis de la exclusión, la marginación y la violencia

entre adolescentes, como reflejo de una crisis social creciente (Rama, 1986, como se citó en Mejía,

2015). En este sentido, la presente investigación también busca aportar un cambio positivo en la
6

percepción social de la juventud, entendiendo las razones de fondo que los llevan a involucrarse

en actividades violentas. Esto permitirá desarrollar alternativas constructivas que respondan a sus

necesidades de pertenencia e identidad de manera pacífica, contribuyendo a una convivencia más

armoniosa.
7

CAPÍTULO II: MARCO TEÓRICO

2.1. Violencia Juvenil

La OMS (2023) define la violencia juvenil como aquella que ocurre entre jóvenes de 10 a

29 años, quienes no tienen lazos familiares y pueden ser conocidos o desconocidos entre sí. Esta

forma de violencia suele manifestarse fuera del entorno familiar e incluye desde el acoso, tanto

físico como en línea, hasta peleas, agresiones sexuales, actos violentos graves asociados a pandillas

e incluso homicidios. Sus efectos van más allá de lo físico, provocando no solo lesiones y

discapacidades, sino también problemas de salud mental a largo plazo. Además, la violencia

juvenil incrementa las conductas de riesgo que pueden llevar a enfermedades crónicas y está

vinculada con altas tasas de abandono escolar, afectando el desarrollo cognitivo y limitando las

oportunidades de los jóvenes para contribuir a sus comunidades.

2.1.1. Datos y Cifras

Según la OMS (2023), más de 176,000 homicidios ocurren anualmente a nivel mundial

entre jóvenes de 15 a 29 años, lo que representa el 37% del total de homicidios registrados. Este

tipo de violencia es particularmente preocupante, ya que el homicidio se posiciona como la tercera

causa de muerte más común en este grupo de edad, con una mayoría significativa de las víctimas

siendo hombres. Además, por cada joven que pierde la vida, muchas más personas sufren lesiones

que requieren atención médica.

Las consecuencias de la violencia juvenil pueden ser severas y duraderas, afectando tanto

el desarrollo físico, como el bienestar psicológico de los jóvenes afectados.

2.2. Pandillas

Una pandilla juvenil se define como un grupo de jóvenes que comparten un territorio

específico, típicamente un barrio, donde desarrollan relaciones de compañerismo y socialización.


8

Según Villegas (2005), los integrantes de estas pandillas suelen ser vecinos que se reúnen en

lugares determinados, como esquinas o parques, y se identifican con su comunidad, defendiendo

su territorio de la invasión de pandillas rivales.

La violencia es un elemento central en la dinámica de las pandillas, ya que sus

interacciones, tanto internas como externas, están marcadas por actos agresivos, que pueden incluir

insultos, peleas y enfrentamientos mortales con grupos rivales.

En términos de organización, las pandillas juveniles presentan una estructura jerárquica

informal, donde existen: el líder o cabecilla (toma las decisiones del grupo), los miembros de base

(miembros del grupo con más o menos confianza con el líder, aportando ideas y opiniones, se les

asignan tareas específicas), los tirapiedras o pirañitas (niños cercanos a los pandilleros, utilizados

como espías para conseguir información de otros grupos). Estos miembros adoptan un conjunto

de normas y valores que enfatizan el honor y la lealtad, manifestando una identidad distintiva a

través de su estilo de vestir y su lenguaje.

2.2.1. Clasificación de las Pandillas

La clasificación de las pandillas juveniles permite entender mejor las distintas dinámicas,

motivaciones y niveles de criminalidad que caracterizan a estos grupos. Según la Secretaría

General de la Organización de los Estados Americanos (2007), las pandillas juveniles se agrupan

en cuatro categorías: pandillas irregulares, pandillas transgresoras, pandillas violentas y pandillas

criminales. Estas categorías se distinguen principalmente por su estructura, los tipos de delitos que

cometen, y su nivel de organización

2.2.1.1. Pandillas irregulares. También conocidas como “pandillas escolares”, son grupos

de adolescentes sin una estructura jerárquica definida. Su criminalidad suele limitarse a


9

enfrentamientos con pandillas rivales dentro del entorno escolar y barrial. Estas pandillas cometen

actos de intimidación y extorsión de menor escala. Aunque no tienen una finalidad criminal clara,

suelen operar a través de reuniones informales en escuelas o espacios públicos y pueden

evolucionar hacia formas más organizadas de pandillaje.

2.2.1.2. Pandillas transgresoras. Conocidas como “pandillas juveniles”, están más

organizadas y surgen en contextos de exclusión y pobreza. Estas pandillas establecen control sobre

territorios específicos y protegen sus zonas de manera violenta, enfrentándose a pandillas rivales.

Su criminalidad incluye peleas violentas, intimidación, y en ocasiones, extorsión dentro de sus

comunidades. A menudo, sus miembros usan drogas, portan armas ligeras y llevan a cabo delitos

menores como robos o vandalismo. Operan en sus barrios o comunidades, imponiendo sus propias

normas de control y pueden evolucionar hacia actividades delictivas de mayor nivel.

2.2.1.3. Pandillas violentas. Estas pandillas tienen una estructura jerárquica más compleja

y se organizan explícitamente con un objetivo violento. Entre ellas se encuentran las que operan

en zonas urbanas controlando territorios y enfrentándose con brutalidad hacia pandillas rivales y

las autoridades. Su criminalidad abarca homicidios, tráfico de drogas y armas, extorsión y

violencia severa en sus áreas de influencia. Su operación incluye una jerarquía establecida que

regula la entrada de nuevos miembros, quienes deben demostrar lealtad a través de actos violentos

o delictivos, y estas pandillas mantienen redes internas que permiten una gestión territorial muy

controlada.

2.2.1.4. Pandillas criminales. Son aquellas que han alcanzado un nivel avanzado de

organización y operan como grupos delictivos consolidados, involucrándose en actividades de alta

criminalidad como el tráfico de drogas, armas, personas, y redes de extorsión a nivel nacional e
10

internacional. Estas pandillas cuentan con estructuras jerárquicas complejas, con subdivisiones que

operan en diferentes regiones, y sus miembros suelen ser adultos jóvenes con experiencia delictiva.

2.3. Barras Bravas

Las barras bravas son agrupaciones de aficionados de un equipo de fútbol que, aunque su

propósito es animar a su equipo, a menudo lo hacen de manera violenta. Villegas (2005), señala

que estos grupos no solo se comportan de forma agresiva durante los partidos en el estadio, sino

que también suelen provocar desorden antes y después de los encuentros, asaltando a transeúntes

y causando daños a la propiedad pública y privada. Si bien existe una distinción entre barras bravas

y pandillas, es posible que los integrantes de pandillas se unan a las barras bravas en los días de

partido. No obstante, esta asociación es temporal, ya que, una vez finalizado el partido, los

pandilleros regresan a sus actividades habituales.

Las barras bravas tienen un fuerte impacto social, especialmente porque pueden generar

conflictos y violencia en el entorno de los eventos deportivos, lo que afecta la seguridad de todos

los presentes. Además, estos grupos tienden a construir una identidad propia muy marcada, donde

el sentido de pertenencia es intenso y muchos jóvenes se sienten atraídos hacia las barras porque

les ofrecen un lugar de apoyo y compañerismo, aunque también los expone a actitudes y

comportamientos agresivos. Esto hace que la presencia de las barras bravas en la sociedad sea

tanto un fenómeno cultural como un desafío en términos de convivencia y seguridad.

2.4. Teorías Sobre la Violencia Juvenil

2.4.1. Teoría de la Tensión

La teoría de la tensión, analizada por Marcelo Aebi (2013), propone que la violencia juvenil

puede surgir como respuesta a situaciones adversas que producen frustración y enojo. Este

enfoque, originado en el concepto de anomia de Émile Durkheim y desarrollado por Robert


11

Agnew, explica que la tensión emocional acumulada ante situaciones estresantes puede llevar a

los jóvenes a reaccionar de manera antisocial, como la delincuencia, o, en otros casos, de manera

prosocial, mediante actividades como deportes o pasatiempos. Según Agnew, existen tres grandes

fuentes de tensión en los jóvenes:

• La frustración al no poder alcanzar ciertos objetivos (como conseguir dinero o

reconocimiento).

• La presencia de estímulos negativos (como el maltrato o la discriminación).

• La pérdida de estímulos positivos que antes ofrecían apoyo emocional (como el

fallecimiento de un ser querido o el divorcio de los padres).

La tensión que surge de estos factores puede generar frustración y cólera, que a veces se

libera mediante actos delictivos, como el robo, lo cual puede darles a los jóvenes tanto la

independencia económica como el reconocimiento dentro de ciertos grupos.

Esta teoría también destaca que los jóvenes manejan la tensión de distintas formas:

mediante estrategias cognitivas (reinterpretando el problema), de comportamiento (realizando

acciones específicas) y emocionales (contrarrestando las emociones negativas). Por ejemplo, un

joven puede decidir ignorar ciertas situaciones, evitar amigos que influyan negativamente o, en

algunos casos, cometer un delito como una forma de liberar el enojo.

Aebi (2013), resalta que el riesgo de que un joven recurra a la delincuencia aumenta si

carece de habilidades de afrontamiento adecuadas, no cuenta con una red de apoyo familiar o

escolar, o está expuesto a compañeros con comportamientos delictivos que actúan como modelos.
12

2.4.2. Teoría del Aprendizaje Social

La teoría propuesta por Albert Bandura, plantea que las personas aprenden

comportamientos observando a otras, sin necesidad de haber vivido la situación de manera directa,

este tipo de aprendizaje se da sobre todo en un mundo lleno de ejemplos de cómo actuar, como los

medios de comunicación, donde los jóvenes ven comportamientos violentos en películas, series,

videojuegos e incluso en las redes sociales.

Cuando los jóvenes ven a otras personas comportarse de manera agresiva y no enfrentar

consecuencias negativas o incluso recibir recompensas por ello, pueden empezar a ver la violencia

como algo aceptable.

Además, Bandura habla sobre cómo los individuos pueden justificar sus acciones, aunque

sean malas. Esto significa que los jóvenes podrían pensar que no está mal lo que hicieron, incluso

si actuaron de manera violenta.

Esta teoría muestra cómo los jóvenes pueden aprender la violencia no solo de manera

directa, sino también observando a otros, ya sean personas cercanas o personajes en los medios.

Esto puede llevar a los jóvenes a pensar que la violencia es una forma aceptable de actuar, lo que

aumenta el riesgo de conductas agresivas.


13

CAPÍTULO III: CONTEXTO SOCIAL Y CULTURAL

3.1. Factores Socioeconómicos

La pobreza, el desempleo y la falta de oportunidades son factores críticos en la formación

de pandillas juveniles, especialmente en comunidades vulnerables. Según Hernández (2020), la

pobreza limita el acceso de los jóvenes a recursos básicos, como educación y servicios de salud,

lo cual reduce sus posibilidades de desarrollo personal y profesional. Esta falta de acceso y

oportunidades suele crear un sentimiento de exclusión y desesperanza, que a su vez puede llevar a

los jóvenes a buscar alternativas de apoyo y reconocimiento en grupos como las pandillas.

El desempleo juvenil es otro factor significativo. La falta de empleo no solo genera

problemas económicos, sino que también priva a los jóvenes de un propósito y sentido de logro

personal. Esto es particularmente grave en áreas donde la informalidad laboral es común y las

oportunidades para jóvenes de escasos recursos son limitadas. En este contexto, las pandillas

pueden representar una vía alternativa para obtener ingresos económicos, aunque sea mediante

actividades ilícitas.

Además, la falta de programas educativos y recreativos contribuye a que los jóvenes tengan

un mayor riesgo de involucrarse en actividades delictivas. En entornos de pobreza y exclusión, la

ausencia de instituciones de apoyo y de espacios recreativos o de capacitación profesional limita

las opciones de desarrollo para los jóvenes. Así, estos grupos terminan viendo en las pandillas un

espacio donde se les brinda cierto “estatus” y donde pueden sentirse útiles y valorados.

3.2. Entorno Familiar

El entorno familiar también juega un papel determinante en la conducta juvenil y en la

propensión a integrarse en pandillas. Familias que atraviesan situaciones de disfuncionalidad,

como violencia, abuso o abandono, generan un ambiente de inseguridad emocional en el que los
14

jóvenes no encuentran el apoyo y la guía necesarios. Esto, en muchos casos, lleva a que los

adolescentes busquen en las pandillas una especie de “familia sustituta” que les proporcione el

afecto y la aceptación que no encuentran en casa.

La ausencia de figuras parentales positivas es otro aspecto que contribuye a esta situación.

Cuando los jóvenes no cuentan con modelos a seguir que les enseñen valores y comportamientos

positivos, es más probable que se sientan atraídos por figuras de autoridad en las pandillas, quienes,

aunque promuevan conductas ilícitas, les ofrecen un sentido de lealtad y pertenencia. En este

contexto, la relación con el grupo se convierte en una forma de llenar el vacío afectivo dejado por

la falta de vínculos familiares sólidos.

Por otro lado, se destaca que el entorno familiar influye no solo en la estabilidad emocional

de los jóvenes, sino también en su percepción del sistema social. Familias que han experimentado

marginación pueden transmitir un sentimiento de desconfianza hacia las instituciones, lo cual

refuerza la idea de que las pandillas son una alternativa válida ante la falta de apoyo del sistema

formal.

3.3. Cultura Barrial

La cultura barrial y el sentido de identidad que se desarrolla en los barrios populares son

factores que también influyen en la formación de pandillas. La identidad barrial implica un sentido

de pertenencia a un espacio colectivo donde los individuos comparten experiencias, valores y

códigos culturales. Según Hernández (2020), esta identidad barrial puede fortalecer la cohesión

social, pero también puede generar un entorno donde la participación en pandillas es vista como

un acto de lealtad o incluso de protección comunitaria.


15

En muchos casos, los barrios populares están marginados del sistema económico y social,

lo cual refuerza una percepción de exclusión y resistencia ante las normas establecidas. Los

jóvenes que crecen en este ambiente tienden a ver en las pandillas una forma de reafirmar su

identidad y su pertenencia al barrio. Las pandillas no solo representan un grupo de apoyo, sino

también una especie de “micro-sociedad” donde los valores, normas y expectativas se ajustan a la

realidad del entorno.

Por último, la cultura barrial también crea una presión social para que los jóvenes se

integren en pandillas. En algunos barrios, pertenecer a una pandilla es casi una norma social, y

quienes no lo hacen pueden ser percibidos como ajenos a la comunidad. Así, los jóvenes enfrentan

una presión que los impulsa a unirse, ya sea por necesidad de aceptación o para protegerse dentro

del entorno donde viven.


16

CAPÍTULO IV: MANIFESTACIONES DE LA VIOLENCIA

4.1. Acciones Violentas de las Pandillas

La Victoria solicitará estado de emergencia al Ejecutivo ante ola de violencia desmedida

desatada entre sus calles

La situación de violencia en el distrito de La Victoria, Perú, ha alcanzado niveles

alarmantes, lo que ha llevado a las autoridades locales a solicitar al gobierno central la declaración

de un estado de emergencia. Este pedido surge en respuesta a una ola de violencia desmedida que

ha afectado gravemente la seguridad y la calidad de vida de los residentes.

En los últimos meses, La Victoria ha sido testigo de un incremento significativo en las

actividades delictivas, principalmente perpetradas por pandillas juveniles. Estas organizaciones

delictivas han estado involucradas en diversos actos violentos, que incluyen robos a mano armada,

enfrentamientos entre grupos rivales y agresiones físicas a transeúntes. Los robos se han vuelto

cada vez más comunes, afectando tanto a comerciantes como a ciudadanos que transitan por las

calles del distrito. Las pandillas no solo se limitan a asaltar a personas en la vía pública, sino que

también han atacado establecimientos comerciales, generando un ambiente de inseguridad que

permea la vida diaria.

Los enfrentamientos entre pandillas son otro aspecto preocupante de esta crisis. Estos

choques no solo resultan en lesiones graves para los involucrados, sino que también ponen en

riesgo a los inocentes que se encuentran en las cercanías. Las balaceras y peleas públicas han sido

reportadas con frecuencia, creando una atmósfera de miedo y ansiedad entre los residentes.
17

El impacto de esta violencia es profundo y multifacético. La comunidad se siente cada vez

más vulnerable, lo que ha llevado a muchas personas a modificar sus rutinas diarias y evitar ciertos

lugares por temor a ser víctimas de un delito. Además, el ambiente hostil ha afectado la economía

local; muchos comerciantes han visto disminuir sus ventas debido al miedo generalizado que

sienten los consumidores al salir.

La solicitud del estado de emergencia busca no solo aumentar la presencia policial en las

calles, sino también implementar medidas efectivas para desarticular estas pandillas y restaurar la

seguridad en La Victoria. Los líderes comunitarios y vecinos han expresado su desesperación ante

la falta de acciones contundentes por parte del gobierno para abordar esta crisis.

La violencia desatada por las pandillas en La Victoria representa un desafío significativo

para la comunidad, afectando su seguridad, economía y calidad de vida. La respuesta del gobierno

será crucial para revertir esta situación y garantizar un entorno más seguro para todos sus

habitantes.

4.2. Violencia en las Barras Bravas

‘Barras bravas’ peruanas: pasión, piconería y la inquietante sombra de la violencia

El incidente ocurrido a inicios del 2024, evidencia la pasión, piconería y la inquietante

sombra de la violencia de la mano de las conocidas “barras bravas”.

Elena Sandoval, en un artículo menciona que, el peruano olvida la mayoría de sus penas

cuando le toca jugar a la selección. Pero el fútbol no se resume en gritar goles y atesorar camisetas.

¿Qué sucede cuando en las calles y tribunas se desata la controversia y el caos? En el torneo local,

las ‘barras bravas’ comparten una historia cargada de pasión por el equipo de sus amores y trágicos

episodios. Sandoval, junto a Fernández y Mayta en el presente reportaje exploran y nos ayudan a
18

entender las tensiones generadas entre los clásicos rivales Universitario de Deportes y Alianza

Lima. Una reflexión que parte desde su último encuentro en noviembre.

A menos de diez minutos de acabar el partido entre Universitario y Alianza, Horacio

Calcaterra marcó el segundo gol para el equipo crema. La tribuna blanquiazul, calló. Y el silencio

terminó cuando un primer hincha lanzó una bengala al campo, luego siguiéndolos a otros. En

medio de la desesperación que se armó, los jugadores intentaron apagarlos. Los hinchas de la

blanquiazul no querían ser derrotados en su casa, en Matute, no siendo la primera vez que pasaba.

El partido terminó, Alianza perdió, luego las luces se apagaron y pareció importarles más el hecho

de evadir la humillación y las burlas que los 30 mil hinchas que asistieron esa noche.

Gabriel Rodríguez, camarógrafo de la Liga 1 Max que estuvo presente, apunta que la

violencia es una tendencia que se repite en la mayoría de eventos futbolísticos, más si son

encuentros entre grupos históricamente rivales como la “U” y Alianza. Todo empieza cuando el

equipo local pierde el dominio del balón y favorece al equipo oponente.

Sucesos similares a estos fueron motivo para que en el año 2013 se establezca la Ley 30037,

que previene y sanciona la entrada de pirotécnicos, bebidas alcohólicas, armas, entre otras

restricciones más. Es decir, el enfrentamiento de estas “barras” ya trajeron consecuencias negativas

en la integridad de los hinchas, siendo un punto que representa peligro. A pesar de ello, muchos

cuestionaban estas nuevas medidas, incluso sabiendo que, debido a ello, se desencadenan una serie

de incidentes violentos durante los partidos.

Incidentes como el homicidio de Walter Oyarce, joven aliancista, quien fue empujado de

un palco por hinchas de Universitario trajo medidas en el año 2014, quién se propuso que todo
19

clásico se juego en los estadios Matute y Monumental se dé únicamente con sus hinchas locales.

Desde entonces, todo enfrentamiento entre la blanquiazul y la crema ha seguido esta orden.

Sin embargo, durante estos años, otros hinchas han sufrido más agresiones. En el año 2019

y 2023, se presenciaron dos muertes en enfrentamientos entre barristas, no siendo los únicos, ya

que árbitros también han sufrido diversos tipos de agresiones.

Esto es lo que nos lleva a pensar, ¿por qué a pesar de tomar medidas legales, estos actos se

siguen suscitando? La existencia de tensiones, lo que conlleva a un desborde emocional de algunos

integrantes de las hinchadas, la presión y la necesidad de ganar, se manifiestan en insultos y golpes,

lo que desencadena agresiones mayores. Y como si no fuera suficiente el conflicto en las tribunas,

también se pueden evidencias estas barras en algunas zonas de nuestra capital, como Victoria y

Ate, que son distritos históricamente blanquiazules y cremas, respectivamente. Ello se evidencia

en las calles, donde se observan grafitis que expresan emblemas de Alianza Lima o la U. Sin

embargo, esta pasión deportiva de estas zonas muchas veces da paso a situaciones de conflicto. Si

algún hincha blanquiazul cruza las calles de un sector crema, este podría ser blanco de agresiones

físicas y verbales.

El existente vínculo entre la pasión, las barras y el rendimiento de los jugadores deja la

interrogante de si la violencia, tanto física como verbal, juegan un rol importante en la experiencia

del fútbol. Julio César Peche, psicólogo deportivo, que cuenta con 40 años de experiencia en el

fútbol profesional menciona que, para entender esta problemática es importante ver al hincha y al

jugador de manera individual. Nos asegura que la causa de estos comportamientos proviene de la

estructura familiar, los vínculos amicales y las distintas relaciones sociales que establecen con el

otro desde temprana edad. “Si una persona tiene una base saludable, las respuestas van a ser

conductas adecuadas a nivel social”. De ahí que la violencia en el fútbol pueda explicarse en
20

patrones de violencia aprendidos en casa. Entre los factores que generan enfrentamientos está la

incapacidad para tolerar una derrota, una conducta habitual de acuerdo con Peche. Al no asumirlos,

los líderes de las “barras bravas” comandan y llevan al grupo a manifestarse tras perder un partido,

si el líder de la hinchada reacciona de mala manera, los demás le seguirán.

El especialista, pudo observar que “En el equipo contrario predomina la destrucción del

otro porque de esa manera logra que su propia hinchada prevalezca” en base a violencia física y

verbal. Además, sostiene que toda acción violenta que sucede en las gradas se debe a una

descomposición social basada en la falta de respeto y tolerancia. En sus palabras, la cultura de la

rivalidad entre hinchadas contribuye a que comportamientos violentos sean aprendidos y

replicados por otros hinchas, por lo que es necesario un ambiente seguro y basado en el respeto

para el cese de las agresiones.

Según Peche, es una medida inadecuada que solo uno de las hinchadas estén presentes, si

no, ahondar en la problemática y trabajar en soluciones que promuevan el respeto dentro y fuera

de la cancha. No hay otra salida más que desaprender, es una tarea de las autoridades, de los

jugadores y, sobre todo, de los hinchas. Alentar no debería implicar la agresión a los demás. La

idea de la hinchada o llamadas “barras bravas” es entregar todo por ver campeón al equipo de sus

amores, ello debe ir acompañadas del respeto y empatía mutua, independientemente de quien

pueda salir campeón.

4.3. Estadísticas de la Criminalidad, Seguridad Ciudadana y Violencia

Las estadísticas de la criminalidad revelan que el país mantiene como una problemática

importante la inseguridad ciudadana, la cual afecta el derecho que todo individuo tiene a la vida,

a la libertad y a la seguridad. La criminalidad está constituida por los delitos denunciados ante las

autoridades policiales y se expresa en diversas modalidades. Por ello, es importante analizar los
21

diferentes aspectos circundantes de la delincuencia y criminalidad, con la finalidad de conocer la

incidencia, características y las zonas geográficas donde se genera esta situación de violencia

4.3.1. Total de Denuncias por Comisión de Delitos Registradas

Entre enero y marzo de 2021, se registraron 85 mil 622 denuncias por comisión de delitos

a nivel nacional, comparado con similar trimestre del año 2020, se observó una disminución de -

23,9% (26 mil 894).

4.3.2. Denuncias Según Departamento

En Lima Metropolitana, entre los meses de enero y marzo 2021, se registraron mayor

número de denuncias por comisión de delitos (26 mil 670) seguido de Arequipa (5 mil 428) y

Lambayeque (5 mil 248); mientras que, Huancavelica, Pasco, Moquegua y Madre de Dios
22

registraron menos de 1 mil denuncias cada uno. Los departamentos con mayor incremento

porcentual en el periodo enero-marzo 2021/enero-marzo 2020, fueron Huancavelica (10,3%), San

Martín (8,6%) y Cajamarca (7,3%). De otra parte, es preciso resaltar que la Provincia

Constitucional del Callao e Ica presentaron mayor disminución en el periodo de referencia.


23

CAPÍTULO V: PERCEPCIÓN PÚBLICA Y EFECTOS EN LA SEGURIDAD

CIUDADANA

El pensamiento de la población sobre estos grupos, moldeado en gran medida por los

medios de comunicación, tiende a centrarse en los episodios de violencia, reforzando la imagen de

que nos encontramos en constante peligro. Este enfoque, aunque basado en hechos reales, podría

contribuye a la estigmatización de los jóvenes de sectores vulnerables, reforzando una imagen de

amenaza constante que afecta tanto las políticas de seguridad como la vida cotidiana de los

ciudadanos (Sánchez, 2015). Lo que, a largo plazo, podría limitar las oportunidades de

intervención social y fomentar una creciente sensación de inseguridad en la población, que evita

espacios públicos por temor a la violencia.

5.1. Percepción Pública

En el contexto peruano, la percepción de las pandillas y las barras bravas se encuentra

marcada por un enfoque negativo en los medios de comunicación, ya que normalmente se asocia

directamente a agrupaciones con actos de violencia y vandalismo, generando un clima de

inseguridad entre la población. La cobertura mediática tiende a centrarse en los incidentes

violentos que involucran a estos grupos, lo cual refuerza estereotipos negativos y genera temor en

la sociedad. La representación mediática destaca principalmente los conflictos que surgen

alrededor de eventos deportivos, particularmente en el fútbol, donde se asocia a las barras bravas,

las cuales, según el poder judicial, podrían tener penas de entre seis y 35 años de cárcel según

gravedad del delito (Gobierno del Perú, 2024).

Asimismo, el estudio “Barras bravas y tiempos bravos: violencia en el fútbol peruano”,

publicado por la Universidad Científica del Sur, describe cómo las barras bravas han evolucionado

hasta convertirse en un fenómeno social complejo. Este análisis destaca que la violencia entre los
24

hinchas no solo es vista como una problemática del deporte, sino como un reflejo de problemáticas

sociales más profundas. En consecuencia, el público percibe a estas barras no solo como simples

seguidores deportivos, sino como entidades organizadas con comportamientos antisociales que

amenazan la paz pública (Arboccó de los Heros, 2015)

Los medios de comunicación, al enfocarse en estos aspectos, contribuyen a una percepción

estigmatizante que, en muchos casos, omite las causas subyacentes de la violencia, tales como la

exclusión social y la falta de oportunidades, factores que algunas investigaciones sugieren que son

fundamentales para entender la dinámica de las pandillas y barras bravas.

5.2. Efectos en la Seguridad Ciudadana

La violencia juvenil afecta de manera directa la vida cotidiana de los ciudadanos. Según el

informe del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), los delitos violentos, incluidos

los cometidos por jóvenes, continúan siendo una de las principales preocupaciones para la

ciudadanía, generando un impacto negativo tanto en la seguridad como en la calidad de vida de

los habitantes (INEI,2024)

Además, esta problemática se encuentra frecuentemente asociada con factores

socioeconómicos como la pobreza y la deserción escolar, siendo estos, los principales factores que

refuerzan los comportamientos delictivos entre los jóvenes.

En este contexto, se destaca la participación activa por parte de las familias y la comunidad,

ya que la falta de apoyo y supervisión por parte de los padres puede contribuir al deterioro del

comportamiento de los jóvenes, aumentándose la posibilidad de que se involucren en conductas

delictivas.
25

En términos de seguridad, las estadísticas también muestran que la violencia juvenil no

solo afecta a las víctimas directas, sino que también impacta negativamente la percepción de la

comunidad sobre su seguridad. La constante exposición a situaciones de violencia reduce la

confianza en las instituciones de seguridad y afecta la cohesión social.

CAPÍTULO VI: ESTRATEGIAS DE PREVENCIÓN Y SOLUCIÓN

6.1. Intervenciones Estatales

Políticas públicas implementadas para combatir la violencia juvenil.

La Política Nacional del Adolescente en Riesgo y en Conflicto con la Ley Penal al 2030,

implementada en Perú, surge como una iniciativa clave en el ámbito de la prevención de la

violencia juvenil y la promoción de la seguridad ciudadana. Esta política, establecida mediante el

Decreto Supremo Nº 009-2023-JUS, tiene como propósito principal reducir la participación de

adolescentes en actividades delictivas. Además, responde al mandato constitucional de proteger a

grupos vulnerables, incluidos los adolescentes en situaciones de riesgo, y de esta forma contribuir

a la disminución de la violencia juvenil, desde un enfoque integral que aborde tanto las causas

como los factores que predisponen a este sector a entrar en conflicto con la ley penal (Gobierno

del Perú, 2021).

Esta política fue aprobada con el objetivo de disminuir la involucración de adolescentes en

actividades antisociales, al mismo tiempo, ofrecerles servicios y recursos que favorezcan su

bienestar, promoviendo la reducción de comportamientos de riesgo, mediante una justicia juvenil

que garantice el cumplimiento de derechos y la posibilidad de una segunda oportunidad. Es decir,


26

la política no solo está dirigida a la prevención, sino también al tratamiento adecuado de aquellos

adolescentes que ya han incurrido en actos delictivos (Gobierno del Perú, 2021).

El Consejo Nacional de Política Criminal (CONAPOC) aportó, en el desarrollo de esta

política, con un diagnóstico del fenómeno criminal juvenil y recomendando lineamientos

específicos para combatirlo. Según informa este consejo, colabora con otras entidades

involucradas en el sistema de justicia y control social con una coordinación multisectorial que

permite unificar los esfuerzos del Estado y la sociedad civil en el tratamiento del conflicto juvenil

con la ley (Gobierno del Perú, 2021).

Como se mencionó, esta política representa una estrategia a largo plazo para reducir la

criminalidad juvenil, abordando las causas y condiciones que predisponen a los adolescentes a

involucrarse en actividades delictivas. Para lograr esto, se estableció tres objetivos prioritarios:

Reducir las condiciones de riesgo que incrementan la probabilidad de conductas infractoras

entre los adolescentes. Para ello, se fortalecerán espacios clave como la familia, la comunidad y

las instituciones educativas, transformándolos en ámbitos de apoyo y promoción de factores

protectores. (El Peruano, 2023)

Fortalecer el sistema de justicia penal juvenil, asegurando que los adolescentes en conflicto

con la ley reciban un tratamiento justo y respetuoso de sus derechos, en alineación con el Código

de Responsabilidad Penal de Adolescentes. Este objetivo también incluye potenciar estrategias de

justicia restaurativa y terapéutica, así como facilitar salidas alternativas al proceso judicial.

Apoyar la reinserción social de los adolescentes en conflicto con la ley penal mediante

programas de resocialización que favorezcan su integración a la vida familiar, educativa y

comunitaria (El Peruano, 2023a).


27

Para llevar a cabo estos objetivos, la política contempla 15 servicios esenciales orientados

a atender a los adolescentes en riesgo y en conflicto con la ley penal. Como por ejemplo, la

orientación y consejería integral en temas como el consumo de drogas, el fortalecimiento de

habilidades parentales, y programas de salud integral para adolescentes que incluyan la

identificación y gestión de factores de riesgo (El Peruano, 2023b).

La implementación y el seguimiento de esta política están a cargo del Ministerio de Justicia

y Derechos Humanos, que también coordina con otras entidades estatales, como el Ministerio de

Educación y el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, cada entidad involucrada debe

adecuar sus acciones conforme a esta política nacional y en función de sus competencias. En ese

sentido, se refleja que esta política propone un enfoque integral, y abarca tanto la prevención como

el tratamiento de la violencia juvenil. Es decir, busca intervenir en los entornos que rodean a los

jóvenes (familia, comunidad y entorno escolar) con el fin de reducir los factores de riesgo que

predisponen a la delincuencia, promoviendo así ambientes de apoyo que impulsen el desarrollo de

factores protectores. Además, se enfoca en fortalecer el sistema de justicia penal juvenil para

asegurar que los adolescentes reciban un trato justo y respetuoso de sus derechos, integrando

oportunidades de rehabilitación (El Peruano, 2023a).

6.2. Programas Comunitarios

Iniciativas que buscan integrar a los jóvenes en actividades constructivas.

Se han implementado varios programas comunitarios que buscan involucrar a los jóvenes

en actividades constructivas y fomentar su desarrollo en ambientes seguros y positivos. Entre estos

programas destaca la Estrategia Multisectorial Barrio Seguro, la cual fue reforzada en 2018 con el

compromiso del sector privado para financiar programas educativos y laborales. Mediante la

conformación del Patronato Barrio Seguro, empresas privadas como Telefónica del Perú, Backus,
28

Hermes Transportes Blindados, Entel y Antamina se comprometieron a apoyar a jóvenes de zonas

vulnerables al crimen mediante financiamiento de becas y programas laborales. La iniciativa

incluyó también la creación de comités de educación y control para asegurar que los beneficiarios

reciban seguimiento académico y acompañamiento en su desarrollo profesional (Ministerio del

Interior del Perú, 2018).

En 2020, la estrategia se amplió para incluir programas como Juega Vive, enfocado en la

promoción del deporte como medio para el fortalecimiento de habilidades de convivencia pacífica

y resiliencia en adolescentes de comunidades vulnerables. Este programa, que contó con la

participación de 386 jóvenes y la capacitación de 23 entrenadores en diversas zonas de Lima,

mostró mejoras en habilidades clave para la vida, tales como el autocontrol, la toma de decisiones,

la resolución de problemas y el pensamiento crítico. Además, contribuyó al desarrollo de

capacidades de comunicación, empatía y relaciones interpersonales en los participantes, aspectos

fundamentales para reducir el riesgo de que los jóvenes se involucren en actividades ilícitas

(Ministerio del Interior del Perú, 2020).

En 2024, el Programa Nacional de Centros Juveniles (PRONACEJ) organizó la actividad

“Lo Mejor de Nosotros: Jóvenes en Acción”, esta iniciativa se centró en mostrar los avances en la

intervención de adolescentes que cumplen medidas socioeducativas no privativas de libertad. El

evento incluyó un seminario académico, donde se discutieron los retos y logros en la rehabilitación

de estos adolescentes. Figuras como el juez Iván Saravia Quispe subrayaron los beneficios de las

medidas socioeducativas no privativas de libertad, que permiten la reintegración de los

adolescentes en sus comunidades bajo un sistema de libertad vigilada. Además, el asesor del

Programa Nacional de Empleo Jóvenes Productivos, Jesús Aliaga Baldeón, explicó cómo este

programa facilita la reinserción laboral de jóvenes en situación de vulnerabilidad, mediante una


29

capacitación laboral dual que atiende a personas entre 15 y 29 años (Programa Nacional de

Capacitación en Gestión de la Juventud, 2024a).

Otros aspectos abordados incluyeron las acciones de prevención del programa Barrio

Seguro, expuestas por Moisés Hurtado, quien explicó cómo estas iniciativas trabajan en la

recuperación de espacios y la reducción de la delincuencia juvenil en zonas vulnerables. Erickson

Pinto Cornejo, de la Dirección General de Intervenciones Estratégicas en Salud Pública, enfatizó

la importancia de la salud mental en jóvenes en conflicto con la ley, abordando la prevención del

consumo de sustancias y alcohol. El evento concluyó con una feria de emprendimientos y

productos elaborados por adolescentes de los SOAs y Centros Juveniles de Diagnóstico y

Rehabilitación, además de presentaciones artísticas que demostraron el progreso en el proceso de

resocialización juvenil. A través de esta actividad, se buscó sensibilizar a la comunidad sobre la

capacidad de transformación y reintegración de los jóvenes, reafirmando que la reinserción social

es posible (Programa Nacional de Capacitación en Gestión de la Juventud, 2024a).

En el contexto local, El Servicio de Orientación al Adolescente (SOA) Huánuco es un

programa diseñado para proporcionar atención integral a adolescentes que están bajo medidas

socioeducativas no privativas de libertad. Su objetivo principal es ofrecer un tratamiento

especializado y diferenciado a adolescentes que se encuentran en conflicto con la ley penal, sin

separarlos de su entorno socio-familiar. Este enfoque busca facilitar su rehabilitación y reinserción

social a través de programas educativos que les ayuden a desarrollar habilidades y mejorar su

comportamiento (Programa Nacional de Capacitación en Gestión de la Juventud, 2024b).

El SOA Huánuco ha implementado diversas acciones preventivas, incluyendo charlas

sobre control de impulsos y la prevención de la violencia. Estas actividades están orientadas a

equipar a los adolescentes con herramientas para manejar sus emociones y comportamientos de
30

manera más efectiva. Asimismo, en colaboración con la Oficina de la Policía Comunitaria de

Huánuco, se han realizado talleres informativos que fomentan la convivencia pacífica y la

resolución no violenta de conflictos (Programa Nacional de Capacitación en Gestión de la

Juventud, 2024b).

Un desarrollo significativo en la atención del SOA Huánuco fue la reciente colaboración

con el Centro de Salud Mental Comunitario Universitario (CSMCU) Dr. Jesús López Calderón,

donde se acordó proporcionar intervenciones especializadas y tratamientos diferenciados para

adolescentes en conflicto con la ley penal. Esta colaboración implica evaluaciones iniciales para

adaptar la atención a las necesidades y factores de riesgo específicos de cada joven (Programa

Nacional de Capacitación en Gestión de la Juventud, 2024b).

Además, en coordinación con el Centro Médico Illari de Huaura, el SOA Huánuco organizó

un taller sobre manejo del estrés en el entorno familiar, dirigido a los padres de los adolescentes.

Este taller tuvo como propósito dotar a los padres de habilidades parentales que les permitan

promover un ambiente familiar equilibrado y saludable (Programa Nacional de Capacitación en

Gestión de la Juventud, 2024b).

6.3. Rol de la Educación y la Psicología para Prevenir la Violencia Juvenil

La violencia juvenil está vinculada a factores sociales como la desigualdad y la falta de

inclusión, sus consecuencias impactan la salud física y mental, así como el rendimiento educativo

y futuro laboral de los jóvenes. Los programas educativos son esenciales para prevenirla, al

fomentar habilidades socioemocionales, resolución de conflictos y valores de igualdad y respeto.

Integrados en un enfoque multisectorial, estos programas pueden reducir los riesgos de pertenecer

a pandillas o grupos violentos, contribuyendo a una sociedad más pacífica e inclusiva (OPS, 2024).
31

En ese sentido, los programas educativos son fundamentales para prevenir la violencia

juvenil, ya que promueven habilidades socioemocionales esenciales, como la gestión de la ira, la

resolución de conflictos y la interacción positiva. Además, los programas que apoyan a los padres

en el desarrollo de habilidades de crianza positiva y los programas preescolares que fomentan

competencias académicas y sociales desde temprana edad son claves para intervenir de manera

preventiva. A su vez, la educación contribuye a reducir las desigualdades sociales y económicas,

abordando factores de riesgo como el bajo rendimiento escolar y la frustración derivada de la

pobreza, elementos que suelen desencadenar comportamientos violentos. Por tanto, la educación

no solo forma a los jóvenes, sino que también promueve comunidades más seguras y equitativas,

esenciales para la prevención de la violencia juvenil (OMS, 2024).

Asimismo, la psicología juega un rol esencial en la prevención de la violencia juvenil,

especialmente al intervenir en las realidades complejas de los jóvenes que viven en comunidades

marginalizadas y afectadas por altos niveles de violencia. Es crucial reconocer que las experiencias

violentas pueden generar efectos psicológicos profundos en los adolescentes, como la

desensibilización, el estrés crónico, y trastornos emocionales que refuerzan su involucramiento

tanto como víctimas como victimarios. En este sentido, los programas de psicología deben

enfocarse en el acompañamiento emocional y psicológico de los jóvenes, respetando sus tiempos

de avance y retrocesos, para promover su crecimiento personal y fortalecer sus capacidades de

autorregulación. Además, la psicología debe abordar las condiciones familiares y sociales que

favorecen la violencia, como la falta de modelos de referencia, relaciones familiares

disfuncionales, y la exclusión social, ayudando a los jóvenes a comprender y superar las

contradicciones de sus contextos. La intervención psicológica debe ser integral, evitando

patologizar y estigmatizar a los jóvenes, entonces, al trabajar en conjunto con la comunidad y otras
32

instituciones, la psicología puede fomentar el empoderamiento de los jóvenes, ayudándoles a

identificar y cambiar las dinámicas de violencia en sus vidas y en sus entornos (Cano Dávila,

2017).
33

CONCLUSIONES

La violencia juvenil, manifestada en la formación de pandillas y barras bravas, se ha

convertido en un problema alarmante en Perú, con un impacto considerable en la seguridad y la

cohesión social. Los hallazgos de esta monografía demuestran que la violencia juvenil no surge en

un vacío, sino que responde a una serie de factores interconectados, tales como la pobreza, la

exclusión social, la desintegración familiar y la falta de oportunidades educativas y laborales. En

un contexto donde muchos jóvenes buscan en estos grupos un sentido de pertenencia y

reconocimiento, la violencia se convierte en una expresión de su identidad y en un medio para

obtener estatus y respeto.

Esta problemática no solo afecta la seguridad pública, sino también el bienestar psicológico

y la cohesión social de las comunidades, generando un entorno de inseguridad y afectando la

percepción de paz en la sociedad. Las estadísticas muestran que los jóvenes involucrados en estos

actos a menudo provienen de contextos familiares disfuncionales, donde la falta de apoyo

emocional y la carencia de figuras paternas o maternas positivas facilitan la búsqueda de

pertenencia en estos grupos. Además, el fenómeno de las barras bravas muestra cómo el fanatismo

exacerbado puede actuar como catalizador de comportamientos agresivos, influenciado por

presiones culturales y la competencia entre hinchadas rivales.

Para abordar esta situación se requiere una intervención integral que atienda tanto las

causas como las manifestaciones de la violencia. Se sugiere reforzar las políticas públicas para

ofrecer programas de educación, capacitación y empleo para jóvenes en riesgo. También es crucial

fomentar la participación comunitaria en programas de inclusión social y actividades recreativas,

artísticas y deportivas que den a los jóvenes un espacio positivo donde desarrollar habilidades

sociales y emocionales. Desde el ámbito familiar, es necesario promover relaciones sólidas y


34

afectivas, ofreciendo apoyo en la crianza mediante talleres y capacitaciones que ayuden a los

padres a desarrollar habilidades de crianza positiva y a manejar conflictos familiares puede reducir

la predisposición de los jóvenes a buscar figuras de autoridad o pertenencia en grupos violentos.

Solo un esfuerzo coordinado entre estos sectores permitirá reducir la violencia juvenil,

promoviendo una juventud con mayores oportunidades y contribuyendo a un entorno más seguro

y pacífico.
35

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