Fallo
Fallo
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la falta de aplicación de la fórmula de Balthazard. Critica, además, la
procedencia del daño moral. Apela, asimismo, la imposición de las costas, la
aplicación de las tasas de la Cámara Nros. 2630 y 2658 invocando al respecto
el fallo Bonet y el punto de partida de los intereses.
4. Experta Aseguradora de Riesgos del Trabajo S.A. se queja de la
valoración efectuada en el decisorio a la pericial médica y de la no aplicación
del método de la capacidad restante. Esgrime además la inexistencia de
presupuestos que configuren su responsabilidad en el marco del derecho
común. Aduce en su postura que no ha sido demostrado debidamente el nexo
de causalidad entre las tareas realizadas y un supuesto incumplimiento por
parte de la aseguradora que hubiera propiciado el daño. Destaca en el punto
que la obligación de cumplir con las normas de seguridad e higiene está en
cabeza de los empleadores y no de las aseguradoras y que en la causa no se ha
demostrado que hubiera incumplido alguna obligación legal a ella impuesta en
base a la LRT. Critica la procedencia del daño moral, la aplicación de las tasas
de interés decididas en origen y el punto de inicio de tal extremo. Por última,
critica la regulación de honorarios efectuada en origen.
Para así decidir, el Juez de la anterior instancia explicó
respecto de la excepción de prescripción articulada que “…Respecto de la
excepción de prescripción interpuesta por la demandada Laboratorios
Certificados SA y su réplica de fs. 158, cabe señalar que según el art. 44,
inc.1º de la ley 24.557 las acciones derivadas de dicha ley “prescriben a los
dos años a contar de la fecha en que la prestación debió ser abonada o
prestada”, plazo temporal que coincide con lo previsto en el art. 256 LCT. Por
lo tanto, debe interpretarse como la fecha en que el trabajador tomó
conocimiento cierto de su incapacidad y por ello pudo iniciar el reclamo
pertinente para solicitar la reparación del daño producido, o en su caso, desde
que ceso la relación laboral para las enfermedades profesionales.
Por ello, según jurisprudencia coincidente al respecto, debe
estarse a la continuidad de la acción y no declarar su prescripción. En esa
inteligencia, advierto que la presente acción no se encuentra prescripta, ello
así por cuanto si contamos los dos años de la prescripción desde la fecha del
egreso verificado en pericial contable a fs. 654vta (1/12/2010) y si a ese
período le agregamos los 6 meses de suspensión por el trámite ante el Seclo –
ver fs. 3- según Plenario 312 de la CNAT, resulta indudable que a la fecha de
la interposición de la demanda (cfr. cargo de fs. 18vta, 29/04/2013) no había
transcurrido el plazo para tener por prescripta la acción. No soslayo por ello,
las cartas documento dirigidas por la aseguradora a la empleadora ante las
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denuncias de las dolencias y el resultado de aquellas (léase principalmente la
misiva de fecha 24/11/2010 de fs. 392 informada por la oficiada Correo
Argentino a fs. 399, que versa sobre el siniestro de fecha 21/01/2010); lo así
expuesto, es sin perjuicio de resaltar que la comunicación postal citada a fs.
138vta, quinto párrafo y referenciada por la interesada como glosada a fs. 25,
podría constituir en la hipótesis un presupuesto de interrupción como
oportunamente regulaba el Código Civil de Vélez Sarsfield al intimar por la
enfermedad profesional que denuncia. Desde tal perspectiva, corresponde
desestimar la excepción de prescripción interpuesta por la dicha…”
Despejada tal cuestión explicó que, en base a la prueba
testimonial, pericial técnica y médica producidas en la causa, existió
responsabilidad civil por los daños ocasionados en el aparato columnario del
trabajador y por las lesiones dérmicas constatadas - en tanto se demostraron las
tareas desencadenantes del daño. Así indicó que “…Conforme se extrae de las
declaraciones rendidas en autos, no hay dudas en cuanto a la mecánica en que
las tareas eran desarrolladas, las que requerían la realización de numerosos
movimientos repetitivos y muchas veces con excesivos esfuerzos por el peso de
los productos, sin que exista cuestionamiento alguno sobre las exposiciones
rendidas en cuanto a la manipulación de materias primas que podían ser
nocivas a la salud. Por lo tanto, cotejado lo así testificado con lo expuesto en
la demanda, me permiten concluir que se encuentra corroborada la mecánica
productora del daño, razón por la cual, no existiendo de otro elemento que le
reste valor probatorio a lo hasta aquí analizado, habré de tener por cumplida
la carga de acreditar los dichos de la demanda. En consecuencia, no hay
dudas que las patologías que porta la actora tienen un nexo de causal directo
con las tareas realizadas en favor de su empleadora, por lo que se encuentra
avalado el hallazgo médico realizado junto con la determinación de
incapacidad física a consecuencia del trabajo cumplido…”
Además, declaró la responsabilidad solidaria de la ART
citada con los alcances expuestos en tanto consideró que no median en autos
elementos que permitan concluir que la aseguradora de riesgos de trabajo dio
adecuado cumplimiento a sus deberes de prevención y asesoramiento. En tal
andarivel recogió la información vertida en el informe técnico que obra a fs.
540.
5. Efectuada una breve reseña de los agravios expuestos
por las partes, debo decir que del escrito inicial surge con claridad que en autos
el actor persigue la reparación en base a las enfermedades profesionales que
porta, que encuentran vinculación con las tareas de esfuerzo y con la
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manipulación de sustancias tóxicas que desarrolló para su empleador en las
condiciones ambientales expuestas y cuyos primeros síntomas comenzaron con
fecha 21.1.2010 recibiendo atención médica por su Obra social (v fs. 6)
En este contexto adelanto, que en el caso habré de
concordar con la solución adoptada por el magistrado de grado.
Digo esto por cuanto llega firme a esta instancia
revisora que lo aquí se pretende gira en torno a la presencia de enfermedades
profesionales vinculadas a las tareas en relación de dependencia desplegadas
para la aquí demandada y en torno a las condiciones ambientales a las que
estuviera expuesto el trabajador en el desarrollo de su cometido.
En tal contexto, coincido con lo decidido por el
sentenciante de grado en la resolución que obra a fs. 164 criticada por la
apelante en los términos que obran a fs. 180 en torno a la inexistencia de fecha
cierta y fehaciente de la toma de conocimiento de la incapacidad en tal
oportunidad. Por ello, ante la necesidad de la producción de las pruebas difirió
su tratamiento para la oportunidad prevista en el art. 95 de la L.O.
Desde tal perspectiva de análisis, advierto que la
apelante no se hace cargo de los fundamentos vertidos en el decisorio y en tal
sentido me expediré. (cfr. art. 116 L.O.)
En efecto, si bien aduce que conforme la misiva
obrante a fs. 25 dirigida a la aseguradora el propio reclamante da cuenta del
episodio traumático protagonizado con fecha 21.1.2010 y toma de referencia
dicha fecha para su planteo prescriptivo soslaya que tal comunicación tuvo
lugar con fecha 28.6.2011 que como se indicara en origen podría constituir en
la hipótesis un presupuesto de interrupción como oportunamente regulaba el
Código Civil de Vélez Sarsfield al intimar por las enfermedades profesionales
que denuncia.
Es cierto que la prescripción de las acciones fundadas
en la ley 24557 se rige por el art. 44 que en lo que aquí interesa prescribe que
“Las acciones derivadas de esta ley prescriben a los dos años a contar de la
fecha en que la prestación debió ser abonada o prestada y en todo caso, a los
dos años desde el cese de la relación laboral” por lo que la fecha en que la
prestación debió ser abonada o prestada es la que corresponde a la
determinación de la incapacidad por parte de la ART o en su caso de la
Comisión Médica, lo que no ocurrió en el caso.
En lo que se refiere específicamente a la
responsabilidad derivada de accidentes del trabajo, la Corte Suprema de
Justicia de la Nación ha dicho: En materia de accidentes de trabajo, lo correcto
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para el cálculo del plazo de prescripción es arrancar desde aquél hecho que
precisamente determina la incapacidad en forma fehaciente (Fallos: 306:337),
lo que requiere una apreciación objetiva del grado de incapacidad que ponga
de manifiesto el cabal conocimiento de su invalidez por parte del accidentado,
sin que pueda suplirse esta exigencia sobre bases inciertas que no demuestran
de manera concluyente que el trabajador dejó transcurrir los plazos legales
consciente de las afecciones que lo aquejaban (Fallos: 308:2077 y 311:2056).
Es decir para determinar el punto de partida de la
prescripción, el principio tradicional es que aquél comienza a correr cuando la
acción nace, ya que la jurisprudencia ha entendido que, lo que la ley
indemniza, no son enfermedades o lesiones, sino incapacidades definitivas, y
por esta razón, el cómputo del plazo de prescripción, se empieza a contar con la
existencia de estas últimas, ya que lo decisivo es que el trabajador tenga certeza
del daño o la razonable posibilidad de su conocimiento (Dictamen Nª 50.953,
del 11/8/2010 en autos “Arteaga, Muñoz Fidel c/ Saneamiento y Urbanización
S.A. s/ Accidente”, que fuera compartido por la Sala VI (SD 62.717, del
15/3/2011).
Bajo tales premisas y atendiendo a los términos del
agravio expuesto por el apelante, si bien es cierto que el plazo comienza a
correr desde que el daño es cierto y susceptible de apreciación, lo cierto es que
ese punto de partida, en el presente caso, fue el 1.12.2010, fecha de toma de
conocimiento de la incapacidad que, viene robustecida por haber sido el
momento en el cual se produjo el alejamiento de las condiciones laborales que
afectaron la salud del trabajador.
No obsta la conclusión que estoy delineando que
la aquí recurrente apuntara que la última exposición del actor al ambiente
laboral tuvo lugar cuando ocurrió el episodio de fecha 21.1.2010 y ello así con
base en lo apuntado en el informe contable de fs.654/659. Por el contrario,
advierto que en forma opuesta a lo manifestado por la recurrente del informe
de marras no obran las licencias laborales gozadas por el actor ni mucho menos
a partir de que momento se lo colocó en reserva de puesto.
Por lo demás, si la demandada pretendía una fecha
de toma de conocimiento anterior, era ella quien debía acreditarla, pues no es
responsabilidad de quien posee el derecho sino de quien invoca la extinción de
este por el transcurso del tiempo.
En función de todo lo hasta aquí expuesto, destaco
que tomando entonces la fecha del 1.12.2010 y computado a la misma- sin
perjuicio de mi opinión en el punto-los 6 meses de suspensión por el trámite
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ante el Seclo-–ver fs. 3- según Plenario 312 de la CNAT, cuestión que llega
firme a esta instancia revisora, resulta indudable que a la fecha de la
interposición de la demanda (cfr. cargo de fs. 18vta, 29/04/2013) que en la
causa no se ha operado prescripción alguna.
6. Zanjada tal cuestión, cabe analizar en forma
conjunta los agravios vertidos por las partes que apuntan a descalificar la
valoración efectuada en el decisorio a la pericial médica.
Al respecto, cabe señalar que la pericia médica es un
elemento de prueba más que debe ser apreciada y valorada, al igual que los
restantes de conformidad con las reglas de la sana crítica (cfr. arts. 386 y 477
del CPCCN) y en virtud de ello, el judicante tiene a su respecto, la misma
facultad de ponderación que le asiste para el análisis de los demás medios
probatorios, aunque adelanto que coincido con la valoración efectuada en
origen.
En efecto, el perito médico informó en su dictamen
pericial de fs. 305/314, luego de analizar los antecedentes del caso, los
estudios complementarios y el examen clínico que el actor desde el punto de
vista físico, es portador de: 1) Cervicoartrosis de tipo inculpable sobre la que se
instala una cervicobraquialgia post traumática con alteraciones clínicas y
radiográficas patología ésta que guarda relación con las tareas desarrolladas y
que lo incapacita en forma Parcial y Permanente en un 5(cinco)% de la T.O., 2)
Lesión de la rama vestibular y perceptiva del VIII par de etiología sistémica
(por diabetes) de tipo inculpable, 3) Dorso-lumboartrosis de etiología
inculpable sobre la que se instala una lumbalgia post traumática con
alteraciones clínicas y radiográficas que guarda relación con las tareas
desarrolladas para la empresa y que lo incapacitan en forma Parcial y
Permanente en un 5(cinco)% de la T.O., 4) OI: Pérdida visual por escotomas
totales con alteración de todo el campo visual, OD: Escotomas leves
generalizados patologías éstas debidas a su diabetes, siendo inculpables, 5)
Lesiones dérmicas tipo máculas por exposición a materiales tóxicos que
guardan relación con materiales tóxicos manipulados en la empresa y que lo
incapacita en forma Parcial y Permanente en un 5(cinco)% de la T.O., siendo
los factores de ponderación: 1- Dificultad para la realización de las tareas
habituales: Alta: 20% de 15% = 3% 2- Amerita recalificación: Sí 10% de 15%
= 1,5% 3- Edad del damnificado: 58 años 2% de 15% = 0,30%. Quantum
global de incapacidad Física: 19,80(Diecinueve con 80/100)% Parcial y
Permanente de la T.O….”.
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Frente a las objeciones efectuadas por los apelantes a la
valoración efectuada en torno a la pericial médica corresponde formular
algunas precisiones, sin soslayar que el idóneo efectuó las aclaraciones
pertinentes a fs. 319/321 y 326.
Si bien el cuestionamiento de la parte actora en su
memorial recursivo se exhibe como una mera disconformidad y no configura
una crítica concreta y razonable en los términos del art. 116 de la L.O. y 265
CPCCN cabe poner de relieve como lo deslizara el experto en su presentación
de fs. 320 que el informe médico de parte resulta ajeno al procedimiento que
aquí nos convoca, de lo que sigue que no puede en modo alguno prevalecer
sobre el dictamen oficial oportunamente ordenado y producido en autos.
No soslayo los planteos efectuados por la ex
empleadora y por la aseguradora en base a que en el presente debiera aplicarse
el método de la capacidad restante, pero el agravio no podrá prosperar.
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ellas se requiere que, cuando menos se opongan otros elementos no menos
convincentes (CSJN, 1/9/87, “D.,N.N.c/C., /E. J”, ED, 130-335; íd.8/9/92,
“Trafilam SAIC C/Galvalisi”, JA, 1993-III-52, secc. índice, n°89)
Si bien el juicio de causalidad es siempre jurídico, lo
concreto y relevante es que incumbe a los peritos como auxiliares de la justicia
el de establecer la existencia de la enfermedad y su posible etiología, es decir si
las causas invocadas por el trabajador pudieron ser aptas para generar dicho
daño y, en el caso, el perito dictaminó en forma concreta y concluyente que las
secuelas que padece están relacionadas con los hechos de autos descartando
asimismo aquellas que carecen de ese recaudo.
En definitiva, no encuentro razones para apartarme
de lo resuelto por el magistrado que me precede dado que el dictamen
elaborado por el perito médico -en el que se sustentó el juez de grado para
resolver del modo referido- tiene plena eficacia probatoria (cfr. arts. 386 y 477
del C.P.C.C.N.). Por otro lado, tampoco se ha alegado en forma fehaciente e
inequívoca algún error o el inadecuado uso que el perito ha hecho de su
conocimiento científico.
Por lo demás, cabe precisar que la regla “in dubio pro
operario” receptada por el art. 9 LCT, recae sobre la apreciación de la prueba y
se ubica en un contexto de incertidumbre o duda en relación a los hechos y a la
resolución de un caso judicial determinado. De conformidad con el texto de la
norma y en atención al marco del agravio bajo estudio, las cuestiones
planteadas en torno al informe pericial de parte, resultan ajenas al principio
protectorio invocado.
En consecuencia, por los motivos hasta aquí anotados
sugiero desestimar los agravios vertidos y confirmar la sentencia apelada en
estos aspectos.
7. En este contexto, no se discute ante esta instancia
revisora que el actor se desempeñó para la empleadora como operario, extremo
no discutido por ninguna de las partes. Lo que discute la empleadora es si la
tarea que desarrollaba implicaba, la manipulación de sustancias tóxicas
susceptibles de ocasionar el daño dérmico constatado y si la prueba aportada
resultó suficiente para determinar estas circunstancias.
Ello conlleva a la revisión de las pruebas
producidas en la causa a la luz de las reglas de la sana crítica (cfr. art. 386
C.P.C.C.N.), por las cuales me anticipo a señalar que los agravios no tendrán
favorable acogida en mi voto.
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Digo esto porque, de la lectura de los testimonios
brindados por todos los declarantes en la causa, el actor a lo largo del extenso
vínculo laboral desarrollaba labores que implicaban la realización de esfuerzos
físicos relevantes, y la manipulación de sustancias tóxicas, tal como lo
denunciara en el escrito inaugural.
Robustece lo expuesto los testimonios vertidos
por el Sr. Di Maria (fs. 631), el Sr. Diez ( fs.632),) y por el Sr. González (fs.
695) quienes concuerdan en señalar que el actor en su cometido laboral debía
elaborar productos que eran para mantenimiento industrial, ello así en el primer
piso del establecimiento. Así el testigo Diez da cuenta “…que les entregaban
barbijos, guantes y que los productos se identifican con el nombre químico…”
y Gonzalez afirma “…que el actor tiraba la materia prima en la mezcladora
de acuerdo a la orden dada …” ello así para la elaboración del producto y con
la manipulación de elementos químicos.
Tales testimonios corroboran la versión inicial
no sólo en orden a la manipulación de relevantes pesos para el desarrollo de las
tareas asignadas al actor sino también respecto de la manipulación de materias
primas susceptibles de reputárselas nocivas para la salud. Las declaraciones se
encuentran abonadas con la debida razón de sus dichos, esto es las
circunstancias de tiempo, modo y lugar que tornan verosímil el conocimiento
de los hechos por parte de los deponentes que coincide, insisto, con los hechos
expuestos en la demanda, y provienen de personas que han sido compañeros
del trabajo del actor y han tomado conocimiento directo de los hechos sobre los
que declararon, por lo no encuentro mérito para restarles a dichos testimonios
valor convictivo. (cfr. art. 386 del cpccn y 90 de la L.O.)
Esto guarda relación con la idea de que, si un mismo
factor aqueja a la comunidad de trabajo, y no pudiesen declarar los que se
vieron expuestos al mismo, los trabajadores no podrían ofrecer los testimonios
de sus compañeros de trabajo. El mismo sinsentido se produciría, si la patronal
no pudiera producir declaraciones de sus dependientes, por serlo al tiempo de
declarar.
En ambos casos, la vara es la misma: verificar con
mayor estrictez a esta clase de declarantes, teniendo en cuenta la coherencia
con los escritos introductorios y la de los testigos de la parte entre sí.
En efecto, cabe considerar que los testimonios son
válidos, porque resultan contestes y concordantes, entre sí y con los hechos
invocados en el inicio.
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Corresponde señalar, que no encuentro que de dichos
relatos se desprenda una animosidad en contra de la accionada o un interés en
el resultado del pleito con intención de beneficiar al accionante. Dicho esto,
habré de coincidir con el judicante de grado en orden a otorgarle a la prueba
testimonial plena eficacia probatoria y convictiva en los términos previstos por
los arts. 386 y 456 del CPCCN.
No soslayo por otra parte el informe técnico glosado
a fs. 476/550 - donde el perito ingeniero refirió la existencia de numerosos
incumplimientos, falta de elementos de seguridad, insuficiente y/o nula
capacitación y precariedad para la prestación del servicio frente al
requerimiento de tener que desplazar mercaderías de peso en forma constante
que eran movidos manualmente y en un ámbito laboral donde la actividad
principal es la fabricación y venta de productos químicos para la industria
automotriz, petrolera, metalúrgica, minero, alimenticia, frigorífica etc. entre
ellos los productos mencionados en la demanda (detergentes, removedores de
pintura etc.) .
Las consideraciones previas respaldan las
declaraciones testimoniales analizadas conforme las reglas de la sana crítica
(cfr. art. 386 C.P.C.C.N.) en tanto las mismas como se dijo emanaron de
quienes fueron compañeros de trabajo del actor y se desempeñaron juntamente
con aquél en el mismo tipo de tareas y sector, por lo que cabe otorgarles plena
eficacia probatoria en el tema en controversia (cfr. arts. 90 L.O. y 386 del
C.P.C.C.N.).
En definitiva y más allá de lo explicado, lo cierto es
que en forma opuesta a lo sostenido por el recurrente no vislumbro
insuficiencia probatoria alguna para determinar el nexo de causalidad requerido
por la norma en los términos del art. 1113 del CC antes citado.
En efecto, las pruebas aportadas, en conjunto, me
llevan a concluir que el daño padecido por el trabajador, efectivamente
constatado por el perito médico ante la presencia de incapacidad en la columna
lumbar y en la piel, fue ocasionado por las tareas desempeñadas en su ámbito
laboral ante el desempeño de posiciones viciosas y la manipulación de pesos
relevante y la exposición a sustancias tóxicas. Esto es el efecto de haber estado
expuesto al riesgo de la actividad por la cual debe responder el empleador –aun
así, hubiere demostrado su ausencia de culpa–, a menos que alegue la culpa de
la víctima o de un tercero por el que no deba responder, circunstancia no
evidenciada en la presente causa.
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El marco fáctico referido previamente, revela el
desarrollo de las tareas descriptas en forma rutinaria y repetitiva que obligó al
accionante a adoptar posiciones viciosas respecto a su columna vertebral y la
manipulación de sustancias tóxicas para la salud del trabajador, por lo que las
mismas se constituyen en un factor de causación en el ámbito de lo dispuesto
por el art. 1113 del Código Civil como causal eficiente en el desarrollo de la
incapacidad laboral del demandante en el ámbito de lo dispuesto por la norma
civil citada, por lo que el dueño o guardián de las cosas utilizadas durante el
desarrollo de las tareas descriptas y de las cuales se sirve, debe responder por la
creación del peligro potencial.
Cabe resaltar que las circunstancias en que dichas
tareas fueron prestadas implicaron esfuerzos relevantes, manipulación de
sustancias tóxicas y potencial riesgo ergonómico que actuaron eficazmente
como factores desencadenantes del resultado dañoso.
En tal orden de ideas, como reiteradamente se ha
establecido, la noción de cosa prevista en el art. 1113 del Código Civil no debe
atenerse al concepto estricto que surge del art. 2311 de dicho cuerpo legal, por
lo que a fin de evaluar la peligrosidad o riesgo y vicio de una cosa no
corresponde tener en cuenta su naturaleza sino especialmente la circunstancia
en que es utilizada la misma: “El vocablo cosa se extiende para abarcar, en la
actualidad las tareas específicas del trabajador y la actividad laboral toda. Si
a ello se agrega que cuando estas tareas pueden generar un resultado dañoso,
deben ser incorporadas al concepto de riesgosas, de donde se deriva que
deben quedar incluidas en las previsiones del art. 1113…” (SCJBA 29/9/04,
“Ferreira, Gustavo Raúl c/ Benito Roggio e Hijos y otra”).
Debe tenerse en cuenta por otra parte, que una
interpretación dinámica del art. 1113 del Código Civil -vigente al momento de
los hechos -extiende la responsabilidad por el riesgo de la cosa al riesgo de la
actividad desarrollada, intervenga o no una cosa, no obstante que en el caso,
tampoco puede negarse que la propia actividad laboral desarrollada con las
características descriptas por los testigos y por el perito ingeniero, constituye
una cosa riesgosa y peligrosa que actuó eficientemente en el desarrollo de la
incapacidad laboral padecida, en la medida que se produjo un daño que es
consecuencia de la organización del trabajo y de los riesgos ergonómicos por
manipulación de peso y sustancias tóxicas a los que fue expuesto el trabajador,
por cuanto encuentro adecuada la atribución de la causalidad a las condiciones
antes descriptas en su ámbito laboral con absoluta independencia de la
labilidad o resiliencia del sujeto afectado.
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Por ello, la existencia de elementos que
configuran los presupuestos de hecho que, en el marco de la acción civil,
permiten establecer la existencia de relación causal adecuada entre los daños a
la salud de un trabajador y el factor objetivo de responsabilidad -atribuible a la
coaccionada-, resulta debidamente demostrado, máxime cuando el precepto
consagra el factor objetivo del riesgo creado, determinándose que quien es
dueño o se sirve de cosas que, por su naturaleza o modo de empleo, generan
riesgos potenciales a terceros, debe responder por los daños que ellas originan.
Asimismo, es sabido que el deber de previsión (cfr.
arts. 75, 76 y 77 de la LCT) comprende la obligación del empleador de tomar
las medidas adecuadas conforme las condiciones especiales del trabajo para
evitar que el trabajador sufra daños en su persona o en sus bienes, existiendo en
la Ley de Contrato de Trabajo numerosas disposiciones que tienden a asegurar
la indemnidad del trabajador (cfr. arts. 4, 62, 63, 65, 66, 68, 70, 72), debiendo
el empleador adoptar medidas idóneas para tutelar la integridad psicofísica de
los trabajadores. En tal sentido, los arts. 4, 5 y 8 de la ley 19.587 prescriben
que el empleador debe adoptar las medidas sanitarias, precautorias, de tutela o
de cualquier otra índole que tengan por objeto prevenir, proteger, evitar los
riesgos de los distintos puestos de trabajo, obligaciones incumplidas en la causa
a poco que se advierta la modalidad del trabajo implementado.
En tal escenario, reitero, tampoco puede
prescindirse a los fines de la apreciación de la responsabilidad, del principio
objetivo que emana del art. 1113 párrafo segundo del Código Civil en el que se
funda la demanda. En ese contexto “Cuando la víctima es un trabajador
dependiente y el hecho que produjo el daño cuya indemnización se demanda
ocurrió en ocasión y lugar del servicio laboral que aquél prestaba a su
empleadora, basta que el damnificado pruebe el daño y el contacto con la cosa
dañosa para que quede a cargo de la demandada, como dueña y guardiana del
objeto riesgoso demostrar la culpa de la víctima o de un tercero por quien no
deba responder” (Insaurralde, Hilario c/ Aceros Bragado MB S.A. y otro s/
accidente acción civil) I110.XLV del 10/12/2013. Y en el caso, no se ha
invocado ni mucho menos acreditado la culpa de la víctima o de un tercero por
quien no debe responder.
A lo expuesto cabe agregar que el nuevo CCyCN regula
en su artículo 1.758 la cuestión aquí debatida. En tanto dicha norma dispone
que “toda persona responde por el daño causado por el riesgo o vicio de las
cosas o de las actividades que sean riesgosas o peligrosas por su naturaleza,
por los medios empleados o por las circunstancias de su realización”,
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agregando que la responsabilidad es objetiva, convalidando de esta forma, la
tesitura antes expuesta.
Por ello, entiendo, debe confirmarse este tramo de la
sentencia apelada.
8. Despejadas estas cuestiones, trataré los agravios
planteados por la ART en relación con la condena decidida en su contra,
siempre dentro de los límites demarcados por el apelante.
Ahora bien, tal como lo pusiera de manifiesto el
sentenciante que me precede, la parte actora manifestó que la ART no cumplió
con la obligación de procurar medidas protectorias y preventivas para
resguardar la integridad psicofísica del trabajador.
En este contexto, es que el Sr. Magistrado al decidir
responsabilizar a la aseguradora en virtud de lo dispuesto por el art. 1074 del
Código Civil, explicó que el perito ingeniero en su informe de fs. 476/ 550
indicó que no median en autos elementos que permitan concluir que la
aseguradora de riesgos de trabajo dio adecuado cumplimiento a sus deberes de
prevención y asesoramiento. Lo expuesto que no fuera mínimamente rebatido
por la encartada descarta de suyo que asumiera una conducta preventiva.
En tal sentido, indicó el magistrado de grado que
conforme dispone el art. 4º ley 24.557, la obligación de las aseguradoras de
riesgos del trabajo no se limita al cobro de pólizas y al pago de las prestaciones
dispuestas por la L.R.T., sino que se les ha impuesto el deber de prevenir
eficazmente los riesgos del trabajo, para lo cual deben implementar programas
de mejoramiento específicos, verificar su cumplimiento e informar los
incumplimientos a la Superintendencia de Riesgos de Trabajo.
Habida cuenta las características del infortunio, incumbía a
la aseguradora de riesgos de trabajo acreditar en autos el cumplimiento de las
obligaciones derivadas del deber de previsión precedentemente aludidas (art.
377 C.P.C.C.N.)
En este contexto, c abe recordar que en términos del art. 4.1
de la Ley de Riesgos del Trabajo, “los empleadores y los trabajadores
comprendidos en el ámbito de la LRT, así como las ART están obligados a
adoptar las medidas legalmente previstas para prevenir eficazmente los
riesgos del trabajo”, mientras que el apartado 4 del mismo artículo coloca en
cabeza de la ART el control de la ejecución del plan de acción que recomiende
y en su caso, la denuncia de los incumplimientos que verifique a la SRT. De
igual forma, el art. 31.1 inc. c) dispone que las ART deben promover la
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prevención de los riesgos e informar a la Superintendencia de Riesgos del
Trabajo acerca de los planes y programas exigidos a las empresas.
Así, cobra relevancia lo informado por el perito ingeniero a
fs. 476/550 respecto a la inexistencia de documentación que permitiera
acreditar la acción de prevención de la ART con relación al actor y su falta de
recomendaciones o posterior control de estas.
Enfatizo asimismo que sólo pudo constatarse una exigua
participación del actor en las capacitaciones que debían implementarse para
prevenir riesgos en base a las tareas que realizaba como operario de
producción ante la detección de factores de riesgos laborales con potencialidad
para ocasionar accidentes de trabajo o enfermedades profesionales, ya que se
encuentra en cabeza de la aseguradora, indicar un plan de acción y, luego,
controlar el mismo.
Ello determina el incumplimiento de su obligación legal ante la
falta de detección de factores de riesgos laborales que pudieran ocasionar
accidentes de trabajo o enfermedades profesionales, máxime si se tiene en
cuenta, el deber de obrar con prudencia que cabe a las ART ante la
previsibilidad de las consecuencias dañosas.
En este sentido, en tanto pesa sobre las aseguradoras el
cumplimiento de las obligaciones que resultan de los arts. 4 y 31 de la ley
24.557, su condena procede sólo en el caso que se demuestre una conducta
omisiva de ésta, que hubiere sido relevante en el desarrollo del nexo causal que
culminó en el accidente del trabajador o en la producción de la enfermedad, ya
que para la procedencia de la acción de derecho común debe probarse la
existencia de los presupuestos de responsabilidad civil que incluyen tanto el
acto ilícito y la imputación como la relación causal adecuada entre dichos
daños y la omisión o el cumplimiento deficiente de las obligaciones legales.
Por otro lado, no debe olvidarse tampoco que, en virtud del
principio basado en las cargas dinámicas probatorias, la aseguradora era quien
estaba en mejores condiciones de acreditar el cumplimiento de las obligaciones
que prevé la normativa que le resulta aplicable; pero las omisiones referidas
supra, obstan a que pueda verificarse el cumplimiento de estas.
En efecto, la aseguradora no aportó elemento probatorio alguno
que demuestre que cumplió con las normas antes mencionadas y establecidas
en la Ley de Riesgos del Trabajo. Cabe memorar al respecto que la Corte
Suprema de Justicia de la Nación en Fallos 324:2689 afirmó que cuando se
trata de situaciones complejas que no resultan ser de fácil comprobación, cobra
fundamental importancia el concepto de “la carga dinámica de la prueba” o
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“prueba compartida”, que hace recaer en quien se halla en mejor situación de
aportar los elementos tendientes a obtener la verdad objetiva el deber de
hacerlo
En la presente causa, demostrada una conducta omisiva por
parte de la ART que debía controlar las condiciones de trabajo y verificar
posibles riesgos en el desarrollo de esa labor, ante ello corresponde confirmar
este tramo de la sentencia de grado. (cfr. Arts. 512, 902, 1109 y 1074 del
Código Civil vigentes al momento en que se sucedieron los hechos).
En tal marco, resulta de aplicación la doctrina sentada por la
Corte Suprema de Justicia de la Nación en la causa “Torrillo, Atilio Amadeo y
otro c/ Gulf Gil Argentina S.A. y otro” del 31 de marzo de 2009 donde expuso
que la normativa citada permite inferir entonces, a diferencia de los sistemas
legales precedentes, que no sólo los empleadores están obligados a adoptar
medidas para prevenir los infortunios laborales, sino que las ART también son
sujetos pasivos de esta carga. Por eso dice la Corte Suprema” que las ART no
obstante “ser de entidades de derecho privado se destacan como sujetos
coadyuvantes para la realización plena en materia de prevención de
accidentes y enfermedades laborales, que es el objetivo principal de la ley
como lo expresa el artículo 1ero. cuando señala que “son objetivos de la Ley
sobre Riesgos del Trabajo (LRT) reducir la siniestralidad laboral a través de
la prevención de los riesgos derivados del trabajo”. (considerando 7mo del
voto de la mayoría).
Nuestro más Alto Tribunal estableció la posibilidad de
condenar civilmente a la ART respecto a los daños laborales, siempre “que se
demuestre que exista un nexo de causalidad adecuado (excluyente o no) entre
dichos daños y la omisión o cumplimiento deficiente” por parte de la ART de
sus deberes legales “ (considerando 8 del voto de la mayoría), determinando
que esta responsabilidad civil no se ve exonerada por el hecho de que las ART
no puedan obligar a las empleadoras aseguradas a cumplir las normas de
seguridad, ni impedir que éstas ejecuten determinados trabajos peligrosos al no
tener facultades sancionatorias. Lo relevante para la Corte de donde deriva la
responsabilidad civil indemnizatoria de las ART, es algo que “antecede a ello
esto es prevenir los incumplimientos” para que los riesgos puedan evitarse.
Además, pone de relieve que también pesa sobre la ART la obligación de
denunciar ante la SRT, los incumplimientos de sus aseguradas.
En definitiva y por lo expuesto, la condena impuesta a la ART
en aquel marco legal deberá mantenerse.
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8. Luego con respecto al daño moral que fuera apelado por ambos
sujetos que integran la parte demandada.
Toda vez que la acción instaurada involucra la petición de la
reparación integral del perjuicio padecido por el reclamante, considero que
debe confirmarse la condena por el resarcimiento del daño moral, según lo ha
reconocido la jurisprudencia uniforme de los tribunales que se consolida a
través de la doctrina legal de la sentencia plenaria Nro. 243 del 25/10/82 in re:
“Vieites, Eliseo c/ Ford Motor Argentina S.A.” en tanto es sabido que el daño
moral no requiere prueba especial y que los jueces gozan de un amplio criterio
para su determinación.
Por lo que teniendo en cuenta la naturaleza de las dolencias y las
circunstancias personales del actor, deviene adecuada la suma de $ 70.000
fijada en origen.
Por lo expuesto, las quejas de la empleadora y aseguradora en
el punto deberán ser desestimadas, toda vez que el monto de la indemnización
por daño moral, de $ 70.000 a valores de la fecha del infortunio (01/12/2010),
luce equitativo.
Por ello, debe confirmarse la decisión de grado en este aspecto.
9. Apela luego las accionadas, la fecha de inicio del cómputo de
los intereses; pero la queja no podrá prosperar.
Al respecto, cabe aclarar que la determinación de la incapacidad al
momento del alta médica o con posterioridad a la misma, no hace existir la
incapacidad sino que simplemente la declara, por lo que el daño es siempre
preexistente a ésta y en consecuencia el reconocimiento de pérdidas e intereses
corresponde desde el momento en que se produjo el daño, fecha en que por otra
parte se calcula la prestación. Siendo ello así el reconocimiento de pérdidas e
intereses corresponde desde el momento en que se produjo ese daño en tanto el
cómputo de los intereses debe hacerse desde el momento del evento dañoso,
hecho que da nacimiento a la obligación de indemnizar (cfr art. 1748 del CCC
antes art. 1083 Código Civil). Lo expuesto, me llevaa a que los agravios en el
punto no serán de recibo.
10. A continuación, ambos sujetos que integran la parte demandada
objetan la tasa de interés dispuesta con fundamento en las Actas 2601, 2630 y
2658 de esta CNAT, pues señalan que resultan excesivas e irrazonables. A tal
efecto citan el precedente “Bonet c/ Experta ART S.A. s/ accidente acción
civil”. Peticionan entonces, la revisión de dichas tasas y su morigeración.
Sin embargo, este segmento de su queja no podrá prosperar. Si
bien la Corte Suprema, en el precedente indicado por las recurrentes consideró
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que la sentencia que aplicó el Acta CNAT Nº 2601 a los rubros
indemnizatorios de una acción civil por accidente de trabajo debía dejarse sin
efecto, por considerar irrazonada su aplicación (conf. CS, 26/02/2019 “Bonet
Patricia G., por sí y en rep. de sus hijos menores c. Experta Aseguradora de
Riesgos del Trabajo Sociedad Anónima y otros s/ accidente – acción civil”).
En dicha causa el Máximo Tribunal consideró que los jueces tienen el deber de
ponderar de manera concreta el resultado al que se arribará mediante la
aplicación de la tasa de interés contenida en el Acta 2601 de esta Cámara y no
se trata de un caso que guarde analogía con el presente ya que allí se discutía la
aplicación automática de una tasa de interés que resultaba claramente
irrazonable en ese caso específico, considerando que se trataba de una
indemnización de naturaleza civil que fue fijada respecto de un accidente
ocurrido dieciséis años antes del dictado de la sentencia. En el caso, debe
confirmarse la aplicación de intereses conforme Actas de esta CNAT, toda vez
que no comparto los argumentos expuestos por la apelante, máxime si se tiene
en cuenta que el interés es el resultado de la mora.
Al existir mora, se deben intereses, y los mismos deben
calcularse a una tasa que no resulte ajena a las posibilidades de endeudamiento
del acreedor que debe proveer a un crédito de carácter alimentario. La tasa de
interés utilizada conforme Acta 2601 de fecha 21/5/2014 recomendó la
aplicación de la tasa nominal anual para préstamos personales de libre destino
para el plazo de 49 a 60 meses que utiliza el Banco Nación, desde que cada
importe se haya hecho exigible hasta su efectivo pago, y, cuando dicha tasa
dejó de publicarse, el criterio se mantuvo en el Acta N° 2630/16.
Es cierto que la tasa que como referencia adoptó la CNAT por
mayoría en el Acta 2601/2014 y posteriores no es obligatoria ni emana de un
Acuerdo Plenario pero el sentenciante de grado decidió voluntariamente
utilizarlas por compartir el criterio de los jueces que formaron aquella mayoría
de que resultaba la más equitativa para compensar al acreedor de los efectos de
la privación del capital por demora del deudor, para resarcir los daños
derivados de la mora, así como para mantener en lo posible el valor de la
indemnización frente al deterioro del signo monetario por la inflación que
aqueja la economía del país desde hace varios años.
Esta fue la idea que imperó en el acuerdo mayoritario de fecha 7
de septiembre de 2022 del cual surge el acta 2764 donde se dejó en claro que al
momento actual se genera una licuación del crédito al trabajador por el
transcurso del tiempo y la mora producido por el deudor, pero lo cierto es que
ante esta situación de aplicarse el criterio imperante en acta 2764 se estaría
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afectando el principio de reformatio impejus que formaría más gravosa la
situación del apelante.
De esa manera, considero que debe confirmarse la aplicación de
intereses conforme lo decidido en origen.
11. Atento lo resuelto precedentemente, el cuarto agravio
relativo a costas carece de sustento por mantenerse la condena de origen.
12. Los honorarios regulados en origen a los profesionales
intervinientes vienen apelados por la representación letrada de la aseguradora
por altos.
Empero, teniendo en cuenta la labor realizada, el valor del
litigio y las escalas aplicables (cf. Art. 38 de la L.O. y Ley 21839) entiendo que
los honorarios regulados a los profesionales intervinientes no resultan
desajustados por lo que también propicio su confirmación.
Respecto al planteo expresado por la demandada en relación
con los honorarios y la eventual aplicación de la ley 24.432, cabe aclarar que
no puede ser de recibo en esta instancia ya que ello constituye una excepción a
la ejecutoria que eventualmente pretendiera realizarse sobre la condenada en
costas. Por tanto, su tratamiento con la apelación de la sentencia ordinaria
resulta por lo menos prematuro e inadmisible en esta instancia del proceso.
Teniendo en cuenta la entidad de los agravios y el hecho
objetivo de la derrota, las costas de alzada deben ser impuestas a la parte
demandada recurrente que ha resultado vencida. (art. 68 del CPCCN).
Los honorarios de alzada se establecen en el 30% de lo que les
fuera regulado en origen (artículo 30 de la ley de honorarios).
LA DOCTORA BEATRIZ E. FERDMAN manifestó:
Que por análogos fundamentos adhiere al voto del Señor Juez de
Cámara preopinante.
En virtud de lo que surge del acuerdo que antecede, el
TRIBUNAL RESUELVE 1°) Confirmar la sentencia apelada en todo lo que
fue materia de recursos y agravios. 2°) Costas y honorarios de alzada como se
lo sugiere en los puntos 11 y 12 del primer voto de este acuerdo . 3°)
Regístrese, notifíquese, cúmplase con el art. 1 de la ley 26.856 Acordadas
C.S.J.N. 15/13 punto 4) y 24/13 y devuélvase. Con lo que terminó el acto,
firmando los señores jueces por ante mí, que doy fe. Se deja constancia que la
Dra. Andrea Érica García Vior no vota en virtud de lo dispuesto por el art 109
RJN.
ML
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Por ante mí
Juliana M. Cascelli
Secretaria de Cámara
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