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Lecturas para La Misa de Domingo Savio

En la primera lectura, el niño Samuel escucha la voz del Señor, pero no la reconoce hasta que Elí le instruye a responder. El Salmo destaca la importancia de seguir la voluntad de Dios y guardar sus mandamientos. En el Evangelio, Jesús realiza el milagro de alimentar a cinco mil hombres con cinco panes y dos peces, lo que lleva a la multitud a reconocerlo como el Profeta esperado.
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Lecturas para La Misa de Domingo Savio

En la primera lectura, el niño Samuel escucha la voz del Señor, pero no la reconoce hasta que Elí le instruye a responder. El Salmo destaca la importancia de seguir la voluntad de Dios y guardar sus mandamientos. En el Evangelio, Jesús realiza el milagro de alimentar a cinco mil hombres con cinco panes y dos peces, lo que lleva a la multitud a reconocerlo como el Profeta esperado.
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Primera lectura

Lectura del primer libro de Samuel (3, 1-10)


En aquellos días, el niño Samuel oficiaba ante el Señor con Elí. La palabra del
Señor era rara en aquel tiempo, y no abundaban las visiones. Un día Elí estaba
acostado en su habitación. Sus ojos empezaban a apagarse, y no podía ver.
Aun ardía la lámpara de Dios, y Samuel estaba acostado en el templo del
Señor, donde estaba el arca de Dios.
El Señor llamó a Samuel, y el respondió:
—«Aquí estoy.»
Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo:
—«Aquí estoy; vengo porque me has llamado.»
Respondió Elí:
—«No te he llamado; vuelve a acostarte.»
Samuel volvió a acostarse. Volvió a llamar el Señor a Samuel. Él se levantó y
fue a donde estaba Elí y le dijo:
—«Aquí estoy; vengo porque me has llamado.»
Respondió Elí:
—«No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte.»
Aun no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del
Señor. Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue a donde estaba Elí
y le dijo:
—«Aquí estoy; vengo porque me has llamado.»
Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel:
—«Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: “Habla, Señor, que tu
siervo te escucha.”»
Samuel fue y se acostó en su sitio. El Señor se presentó y le llamó como antes:
—«¡Samuel, Samuel!»
Él respondió: —«Habla, que tu siervo te escucha.»
Palabra de Dios.
Salmo responsorial salmo 118

Dichoso el que camina según la voluntad del Señor

¿Cómo podrá un joven andar honestamente?


Cumpliendo tus palabras.
Te busco de todo corazón,
no consientas que me desvíe de tus mandamientos.

En mi corazón escondo tus consignas,


así no pecaré contra ti.
Bendito eres, Señor,
enséñame tus leyes.

Tus preceptos son admirables


por eso los guarda mi alma.
La explicación de tu palabra ilumina,
da inteligencia a los ignorantes.

Mucha paz tienen los que guardan tus leyes


y nada los hace tropezar
aguardo tu salvación Señor
y cumplo tus mandatos.
Evangelio
† Lectura del santo evangelio según san Juan (6, 1-15)
En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de
Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque hablan visto los signos que hacía
con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus
discípulos.
Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos,
y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe:
—«¿Con que compraremos panes para que coman estos?»
Lo decía para tantearlo, pues bien sabia él lo que iba a hacer. Felipe le contestó:
—«Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un
pedazo.»
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice:
—«Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces;
pero, ¿qué es eso para tantos?»
Jesús dijo:
—«Digan a la gente que se siente en el suelo.»
Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos
cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los
que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando
se saciaron, dice a sus discípulos:
—«Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.»
Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de
cebada, que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el
signo que había hecho, decía:
—«Éste sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.»
Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró
otra vez a la montaña él solo.
Palabra del Señor.

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