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07-06-25 Decisiones en La Mesa Del Señor

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Decisiones en la Mesa del Señor

Apóstol German Ponce / Domingo, 6 de julio de 2025

Durante la Santa Cena, el Señor Jesús hizo una aseveración impactante a Sus
discípulos: les dijo que uno de ellos lo traicionaría. Lo interesante es que todos
respondieron con la misma pregunta: “¿Seré yo, Señor?”. Esto revela que cada uno
reconocía dentro de sí la posibilidad de fallar; todos sentían que podían tener una
semilla de traición en su corazón, todos sentían que en un momento u otro
pudieron haberle fallado al Señor Jesús, pero solamente Judas reveló tener un gran
problema.

Sin embargo, Judas respondió de manera distinta. No dijo: “¿Seré yo, Señor?”, sino:
“¿Seré yo, Maestro?”. Su respuesta revela distancia y falta de intimidad, porque no
lo reconoció como Señor, sino solo como maestro. Judas sabía lo que había hecho,
pero decidió mantener su postura. Fue una mala decisión nacida de un corazón ya
determinado a traicionar, le falló a su Señor entregándole a los judíos que lo querían
dañar.

1
1. Jesús- Llamado
Juan 1:43 Al día siguiente Jesús se propuso salir para Galilea, y encontró a Felipe,
y le dijo: Sígueme. 44 Felipe era de Betsaida, de la ciudad de Andrés y de Pedro.
45 Felipe encontró a Natanael y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió
Moisés en la ley, y también los profetas, a Jesús de Nazaret, el hijo de José. (LBLA)

El Señor Jesús se propuso, es decir, tomó una determinación en Su corazón.


Proponerse significa decidirse por adelantado, establecer con firmeza un curso de
acción. Es una convicción interna, un compromiso personal previo a cualquier
manifestación externa.

Jesús tomó esa decisión voluntaria antes de actuar. Se dirigió a Galilea no en busca
de multitudes, sino de una sola persona. Fue una planificación divina, específica.
Galilea era la región de Pedro y Andrés, pero también de Felipe y Natanael. En el
cielo, el Señor ya había determinado ir por Felipe. Eso es evangelismo intencional,
personal.

Si cada creyente hiciera evangelismo uno a uno, el Reino crecería rápidamente. No


necesitamos esperar multitudes para predicar; basta con alcanzar a uno. Jesús nos
mostró ese modelo.

Betsaida, por ejemplo, fue la aldea de donde Jesús sacó a un ciego y le ordenó que
no volviera. Él mismo dijo que si los milagros hechos allí se hubieran hecho en Tiro
y Sidón, esas ciudades se habrían arrepentido. Esto nos recuerda que no todos
responden igual, pero Jesús siguió enfocado en alcanzar al individuo.

Cuando usted se sienta a la Mesa del Señor y se propone algo, está tomando una
decisión espiritual voluntaria por adelantado. Si lo hace con convicción, como Jesús
lo hizo, lo va a lograr.

2
Jesús fue por uno, y cambió una ciudad; tú también puedes comenzar con
uno.

2. Josafat- Consúltar a Dios


2 Crónicas 20:3 Josafat tuvo temor, se propuso consultar al SEÑOR e hizo pregonar
ayuno en todo Judá. (RVA)

Josafat sintió temor al ver que un gran ejército venía contra él. A pesar de ser rey
de Judá e hijo de Dios, tuvo miedo de ser derrotado. Sin embargo, en medio del
temor, tomó una decisión sabia: proclamó ayuno en todo Judá. Hizo una
proposición de corazón para buscar al Señor, usando la herramienta espiritual del
ayuno. El cielo espera que proclamemos la verdad del Señor incluso en medio del
miedo.

El enemigo llegó hasta Hazezón Tamar —nombre que significa “división de la


palmera”—, también conocido como Engadi, que significa “fuente del cabrito”. El
cabrito, símbolo de rebelión, era una ofrenda que no agradaba a Dios; en Mateo
25, los cabritos son colocados a la izquierda. A veces, sentimos miedo a que se
dividan la familia, el ministerio o la empresa, pero cuando buscamos al Señor, Él
puede darnos victoria incluso en medio del caos.

Josafat y el pueblo tomaron una decisión espiritual: comenzaron a alabar al Señor


con vestiduras blancas, símbolo de santidad. Ellos no pelearon, solo adoraron. El
Señor confundió a sus enemigos, quienes se destruyeron entre sí.

Dios les había dicho que estuvieran quietos, y al consultar al Señor, tomaron la
decisión correcta. A veces, nuestras decisiones humanas nos inquietan, pero
cuando consultamos al Señor, Su paz gobierna nuestros pasos. Mientras estés
quieto, adora, y verás cómo Él vence a tus enemigos.

El temor se vence con búsqueda y adoración. Mientras estás quieto, alaba,


y Dios peleará por ti.

3
3. Pablo- Dar
2 Corintios 9:6 Y digo esto: El que siembra escasamente cosechará escasamente,
y el que siembra con generosidad también con generosidad cosechará. 7 Cada uno
dé como propuso en su corazón, no con tristeza ni por obligación porque Dios ama
al dador alegre. 8 Y poderoso es Dios para hacer que abunde en ustedes toda
gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo necesario,
abunden para toda buena obra; (RVA)

Cada uno debe dar según lo haya propuesto en su corazón; la ofrenda debe ser una
decisión planificada con antelación. En el Antiguo Testamento, las personas
preparaban su ofrenda desde casa: los más pudientes ofrecían bueyes o vacas;
otros, ovejas o corderos; quienes tenían menos, un palomino; y los más humildes,
un puñado de harina. Todos llevaban algo con intención y reverencia.

Cuando Jesús limpió el templo, expulsó a los vendedores de animales, porque estos
facilitaban ofrendas sin planificación ni devoción. El Señor desea una entrega que
nazca del corazón, no de la conveniencia. Dios da semilla al que siembra y pan al
que come; Él se encargará de proveer semilla a quien tenga el corazón dispuesto.

Algunos, lamentablemente, se comen la semilla y se quedan sin cosecha. La clave


está en planificar lo que se va a ofrendar. Hay un secreto en la abundancia: saber
vivir tanto en la escasez como en la prosperidad. David declaró: “No he visto justo
desamparado ni su simiente que mendigue pan”.

Una semilla de maíz produce muchas mazorcas, y cada mazorca contiene decenas
de nuevas semillas. Así funciona la multiplicación divina. Jesús mismo dijo: “Más
bienaventurado es dar que recibir”. La Iglesia está llamada a producir, no a pedir.

La ofrenda comienza con una decisión del corazón. La semilla que se


siembra con fe siempre trae multiplicación.

4
4. Job- Pacto con sús ojos
Job 31:1 Hice un pacto con mis ojos, ¿cómo podía entonces mirar a una virgen?
(LBLA)

Job 31:1 Yo siempre me propuse no mirar con deseos a ninguna jovencita. (BLS)

Job se enfrentó a una especie de Santa Cena: un momento de examen personal


profundo. Aunque tenía fama en el cielo, reconoció que había un problema en su
interior. Dios no se impresiona con lo externo; Él ama la verdad en lo íntimo. Job
deseaba buscar a Dios, pero luchaba con lo que veían sus ojos.

Pablo también reconoció su lucha interna: “Miserable de mí, porque lo bueno que
quiero hacer, no lo hago, y lo malo que no quiero, eso hago”. Descubrió que había
leyes en sus miembros que lo impulsaban al pecado.

Cuando uno le da libertad a sus ojos, se produce confusión y caída. Por eso, como
Job, debemos hacer un pacto con nuestros ojos para desear solo lo que es santo.
David cayó por mirar a Betsabé desde la azotea, y Sansón perdió su fuerza y su visión
por dejarse llevar por lo que veía.

El mismo Señor Jesús enseñó que si tu ojo derecho te es ocasión de caer, es mejor
quitarlo. También dijo que quien mira a una mujer para codiciarla ya ha cometido
adulterio en su corazón. Necesitamos ministrar nuestros ojos y manos, y buscar vivir
en santidad.

Lo esencial es tener un espíritu de santidad, buscar a Dios de todo corazón y poner


primero lo eterno. Entonces, lo demás será añadido.

El ojo sin dominio es puerta al pecado. Haz pacto con tu mirada y busca al
Señor con un corazón santo.

5
5. Uzías- Búscar a Dios
2 Crónicas 26:5 Se propuso buscar a Dios en los días de Zacarías, entendido en las
visiones de Dios; y en el tiempo en que buscó al SEÑOR, Dios lo prosperó. (LBLA)

Esto es tremendo: si queremos victoria, debemos consultar al Señor, como lo hizo


Josafat. Antes de tomar decisiones —como iniciar una carrera, aceptar un nuevo
trabajo o emprender un viaje— debemos buscar Su dirección. Cuando Josafat buscó
al Señor, fue prosperado; pero cuando no lo hizo, no tuvo éxito.

La prosperidad que viene de Dios está ligada a la comunión con Él. Dios quiere
bendecirnos, pero espera que lo pongamos en primer lugar y lo consultemos en
todo.

2 Crónicas 26:10 Edificó también torres en el desierto y excavó muchas cisternas,


porque tenía mucho ganado, tanto en las tierras bajas como en la llanura.
También tenía labradores y viñadores en la región montañosa y en los campos
fértiles porque amaba la tierra. (LBLA)

Uzías fue prosperado porque amaba la tierra que gobernaba. Si hablamos mal del
lugar donde vivimos, difícilmente veremos bendición, porque nuestras palabras
tienen poder. Incluso los ancianos que hablaban con sus plantas veían cómo crecían
hermosas: la creación responde a nuestras confesiones.

La tierra nos devolverá según lo que digamos de ella. En lugar de excusas, debemos
buscar al Señor con pasión, al punto de no poder dormir sin haber leído Su Palabra.
Entonces seremos prosperados en fe, en buenas obras, en gracia y también en lo
material.

Uzías reinó por 52 años, y mientras buscó al Señor, fue prosperado. Pero cuando se
hizo fuerte, se enalteció y falló. Su historia nos enseña que debemos proponernos
buscar a Dios con todo el corazón, en todo tiempo y con humildad constante.

6
Si buscas a Dios de corazón, Él hará que todo florezca a tu alrededor.

6. Salomon- Edificar
2 Crónicas 2:1 Salomón se propuso construir una casa al nombre del SEÑOR, y una
casa real para sí. (RVA)

Salomón se dedicó a edificar, y mientras lo hacía, Dios lo prosperó. Esa es la clave:


que todo lo que hagamos sea para edificación, no para orgullo ni vanidad. Mientras
Salomón mantuvo su enfoque en edificar conforme a la voluntad de Dios, fue
bendecido en gran manera.

En su juventud, pidió sabiduría, y Dios no solo se la concedió, sino que también


cumplió los sueños de su corazón. Así también, cuando buscamos primero a Dios,
Él hace realidad lo que anhelamos.

Dios prospera a los que edifican con propósito. Si lo buscas primero, Él


cumplirá tus sueños.

7. Daniel- No contaminarse
Daniel 1:8 Pero Daniel se propuso en su corazón no contaminarse con la ración de
la comida del rey ni con el vino que este bebía. Pidió, por tanto, al jefe de los
funcionarios que no fuera obligado a contaminarse. (RVA)

7
Daniel se propuso en su corazón no contaminarse con la cultura de Babilonia.
Aunque vivía en medio de un ambiente impuro, permaneció firme como los
flamencos que caminan entre el lodo pero no se ensucian.

Decidió alimentarse conforme a los principios de Dios, rechazando la comida del


rey. Al cabo de diez días, el Señor lo bendijo, y junto a sus compañeros, fue hallado
diez veces más sabio y fuerte que todos los demás.

La santidad en lo secreto trae recompensa pública. Si no te contaminas,


Dios te hará destacar.

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