Sotelo, gracias K.
Cross & Botton
Sotelo, gracias K. Cross & Botton
LANA’S WINGER
Sotelo, gracias K. Cross & Botton
Lana
El universo se divierte a mi costa.
No hay otra forma de explicar mi alocada reacción ante el
atractivo jugador de hockey. Es alto, moreno y guapísimo.
También está causando estragos en mi sistema nervioso.
Cuando acepté invitar a cenar al nuevo socio de mi hermano,
pensé que sería como cualquier otra aburrida reunión de
negocios. Entonces Jensen Sparks entra por la puerta y lo
cambia todo. No se puede negar nuestra atracción: chisporrotea
desde el momento en que nuestras manos se tocan y sé que mis
reglas de no mezclar nunca los negocios con el placer se han ido
al garete.
Lo que queríamos: atletas profesionales. Lo que tenemos:
locos con palos que lucen bien los colores del equipo, juegan
duro y aman más. Menos mal que estamos en Silver Spoon
Falls, porque estos guapos jugadores de hockey encajan a
la perfección.
¡Demos la bienvenida a los Falcons! Estos atletas están a
punto de jugar el partido más importante de todos: el
partido del amor. Y las atrevidas y curvilíneas mujeres de
Silver Spoon Falls no tienen intención de rendirse sin
luchar. ¡Que empiece el partido!
Sotelo, gracias K. Cross & Botton
Capítulo 1
JENSEN
No puedo creer que accediera a pasar una de mis dos únicas
noches libres con mi maldito nuevo socio. Jodido infierno. Empujo la
puerta del restaurante y siento el aire caliente golpeándome la cara.
—Me reuniré con Zane Costa. — le digo a la anfitriona. Como el equipo
tenía partido en Seattle anoche, he decidido matar dos pájaros de un
tiro y he quedado con mi nuevo socio mientras estoy en la ciudad. Con
suerte, podremos resolver los detalles de última hora para que pueda
volver a concentrarme en el hockey.
—Sígame, por favor. —Me dedica una sonrisa profesional y se
dirige al oscuro restaurante mientras la sigo. Cuando se detiene en
una mesa del fondo, parpadeo varias veces, contemplando a la mujer
más impresionante que he visto en mi vida. Su pelo rubio oscuro
cuelga en rizos alrededor de su delicada cara en forma de corazón,
tentándome a enredar las manos en los gruesos rizos y sujetarlos con
fuerza mientras la golpeo por detrás. Mi polla se convierte en piedra
cuando me planteo cancelar mi reunión de negocios para pasar una
noche con ella.
—Te has equivocado. — Pero cualquier día cenaré felizmente con
esta diosa en lugar de con el aburrido abogado.
Antes de que la anfitriona pueda responder, la diosa me dice: —
No hay ningún error, Sr. Sparks. Mi hermano no ha podido venir esta
noche y no ha querido cancelarlo en el último momento, ya que usted
solo estará en la ciudad un par de noches. — Luego se levanta y me
tiende la mano. —Así que estoy aquí en su lugar. Soy Lana Costa, la
socia legal de Zane.
Cuando las palmas de nuestras manos se juntan, el corazón me
da un vuelco en el pecho y mi polla casi hace un agujero en la parte
delantera de mis pantalones de vestir. Mientras miro fijamente sus
ojos violetas, veo motas doradas en su iris y me pregunto si es real.
Sotelo, gracias K. Cross & Botton
Quizá me he dado demasiados golpes en el hielo y mi mente está
evocando a mi mujer perfecta.
Me mira con una ceja levantada y sacudo la cabeza antes de
cogerle la mano. —Encantado de conocerte. —Los modales que mi
madre me ha inculcado a lo largo de los años entran en acción cuando
me llevo la mano a los labios. El aire que nos rodea se calienta y lucho
por resistir las ganas de echármela al hombro y largarme de este
restaurante de mala muerte. No sé de dónde vienen estos sentimientos
de locura, pero parece que no puedo controlarlos.
En un intento por controlar mi puto cuerpo, me siento y bebo un
buen trago del agua helada que hay en la mesa frente a mí. Cuando
aparece el camarero, pido una bebida fuerte. No suelo beber alcohol
durante la temporada de hockey, pero creo que encontrar al amor de
mi vida es una razón suficiente para hacer una excepción.
Cuando el camarero se va, mi diosa se gira hacia mí. —Zane me
ha dicho que eres propietario de varios edificios de apartamentos en
Silver Spoon Falls. — Su falsa sonrisa profesional me hace chasquear
los dientes de atrás mientras imagino todas las formas en que podría
borrarle la sonrisa de la cara. Empezaría por follarme su dulce coño
hasta que ambos estuviéramos demasiado cansados para hacer nada.
A mi polla le encanta la idea y me incita a seguir.
Ignoro al cabrón y saco la cabeza del culo. —Sí. — respondo,
diciéndome a mí mismo que dejaré que mi diosa tenga su pequeña
charla hasta que averigüe cómo manejar esta loca situación. Nunca
antes había sentido el impulso de dejar embarazada a una conocida
de negocios. —Mi carrera en el hockey no durará para siempre. —
Chico, eso es un eufemismo. Tengo la sensación de que cada partido
se cobra un peaje aún mayor en mi cuerpo de treinta y seis años, y he
encontrado algo que quiero muchísimo más que jugar al hockey.
Veo un destello de deseo en sus ojos violetas un segundo antes
de que lo disimule. —Es una actitud muy inteligente. — El muro
profesional que intenta levantar entre nosotros me resulta intolerable,
así que cruzo la mesa y cubro su mano con la mía.
—Gracias. —Sonrío y me llevo su suave mano a los labios. —
¿Por qué no me hablas de ti? —Quiero saberlo todo sobre mi futura
esposa.
Sotelo, gracias K. Cross & Botton
—No hay mucho que contar, y esta reunión no es sobre mí. —
Retira la mano. —Estoy aquí para ver si tienes alguna pregunta antes
de que Zane tenga los papeles finales redactados.
—Mi abogado y Zane se han encargado de todo eso. — Es por
eso que no tenía idea de por qué Zane insistió en esta cena.
—Oh. — Eso pareció quitarle un poco de aire a sus velas. —
Entonces lamento hacerte perder el tiempo con esta cena de reunión
innecesaria.
—Pasar la noche contigo no es una pérdida de mi tiempo. —
Planeo pasar cada segundo disponible con mi diosa una vez que la
convenza de que me dedique su tiempo. Por la terquedad de sus
hombros, sé que no me lo va a poner fácil.
Aprieto los dientes cuando me vuelve a dedicar una falsa sonrisa
profesional. —Claro.
—Me gustaría conocerte. — Estoy decidido a romper el
caparazón de reina de hielo que mi pequeña diosa ha envuelto
alrededor de su delicioso cuerpo.
Me mira en silencio durante unos segundos antes de suspirar.
—Soy abogada desde hace seis años. Estoy especializada en derecho
de sociedades. — Enumera su experiencia como si estuviéramos en
una maldita entrevista de trabajo, y eso no me sirve.
— ¿Qué haces para divertirte?— Sus ojos se abren de par en par
ante mi pregunta.
— ¿Divertirme? —Abre y cierra la boca en silencio durante unos
instantes. —No tengo mucho tiempo para divertirme.
Eso no va a funcionar para mí. Planeo cambiar eso muy pronto.
—Yo tampoco. — admito. —Entre mi horario de hockey y mantenerme
al día con mis propiedades en alquiler, me encuentro yendo sin parar.
— Pero veo que eso va a cambiar pronto. Por primera vez, por fin me
doy cuenta de lo que se siente al conocer a la persona que lo cambiará
todo en mi mundo.
Me paso el resto de la noche sacándole toda la información que
puedo. Cuando el camarero trae la cuenta, me doy cuenta de que me
queda poco tiempo. Antes de que pueda pagar, le doy mi tarjeta de
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crédito y me dirijo a ella. — ¿Quieres cenar conmigo mañana por la
noche? Uno de mis compañeros me ha hablado de un lugar italiano
estupendo no muy lejos de aquí.
—Ah. — Frunce el ceño y siento la tentación de besar las
pequeñas líneas que aparecen entre sus preciosos ojos. — ¿Tienes más
preguntas?
—No. —Le sonrío. —Esta noche ha sido una cena de negocios.
Mañana por la noche será una cita. — Se lo explico a mi diosa.
—No salgo con clientes.
—Soy el socio comercial de tu hermano, no un cliente. — le
recuerdo. —Y quiero salir contigo y conocerte.
—Mira. — Lana respira hondo. —Ahora mismo no tengo tiempo
para salir con nadie.
—No te estoy pidiendo que te cases conmigo. — Al menos no esta
noche. Esperaré al menos hasta nuestra segunda cita antes de
proponérselo. Veo que está a punto de negarse, así que saco la
artillería pesada. —Por favor. — le ruego. — ¿Qué daño puede hacer
una cita?
Parpadea varias veces y pienso furiosamente cómo convencerla.
—De acuerdo. — Sus ojos violetas se llenan de asombro cuando la
palabra sale de sus labios. —Tengo reuniones hasta las seis, así que
lo más pronto que puedo estar lista es a las siete. ¿Dónde nos vemos?
—Nos vemos mañana a las siete en Mario's, en la calle Doce. —
me apresuro a decir. Preferiría ir a recogerla, pero no quiero darle a mi
diosa más argumentos para negarse a verme.
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Capítulo 2
LANA
Parece que el día pasa a la velocidad de la luz. Apoyo la cabeza
en la silla y cierro los ojos, deseando despertarme mañana. —Feliz
viernes por la mañana. — Debra, la asistente que comparto con mi
hermano, entra en mi despacho y deja una taza de café sobre mi mesa.
Abro un ojo y la fulmino con la mirada. —Por favor, no me
recuerdes qué día es hoy. — No voy a mentir; su perpetua vivacidad
no ayuda a mejorar la situación.
—No lo haré, pero tengo que recordarte que le envíes un e-mail
a tu madre antes de que se vuelva loca. — Maldita sea. Saco mi
calendario y me doy cuenta de que han pasado tres días desde que
recibí el último correo de mi madre, y aún no he respondido.
—Dios mío. —Abro el correo y presiono responder. —Me va a
molestar por esto.
—Ya le ha enviado un mensaje a Zane, preguntándole qué te
pasa. — Debra se muerde el labio inferior para no reírse, y yo pongo
los ojos en blanco ante la absurda situación.
Cuando mi padre organizó un crucero de tres meses para su
cuarenta aniversario, mi madre intentó negarse a ir. Le preocupaba
que Zane y yo no pudiéramos sobrevivir tres meses sin ellos.
Tuvieron que hacerse muchas promesas por nuestra parte para
convencerla de que fuera. Al final, le prometí que me mantendría en
contacto con ella, pasara lo que pasara, y aceptó ir. Ahora, estoy
incumpliendo mi promesa, y mi madre no va a dejar que lo olvide.
—Le enviaré un correo electrónico ahora mismo. — Al menos,
tener algo que hacer me ayudará a ocupar la mente. Estoy escribiendo
el mensaje cuando se me ocurre algo. Levanto la vista y fulmino con
la mirada a mi asistente. —No te atrevas a decirle que tengo una cita.
— Las dos sabemos cómo le sentaría eso. —Si sospecha que tengo una
cita, dejará a papá y se irá a casa enseguida. — Desde que mi hermano
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se casó con Celine, mi madre se muere por que encuentre a mi alma
gemela, y se está impacientando por verme establecida.
—Tu madre solo quiere que seas feliz como lo son Zane y Celine.
— me recuerda Debra.
—Lo sé, pero me está volviendo loca. — Eso es quedarse corto.
Si mi madre tuviera idea de que estoy saliendo con Jensen Sparks,
enloquecería.
Mi asistente se sienta en el borde de mi escritorio y pregunta: —
¿Cómo puedo ayudarte a superar estos tiempos difíciles? — Ignoro el
sarcasmo de mi amiga y pido un deseo imposible.
—Hazme viajar en el tiempo hasta mañana por la mañana. — No
es una petición razonable, pero estoy desesperada. No puedo creer que
esté en esta situación. Debo haber perdido temporalmente la cabeza.
Esa es la única excusa que tengo para enamorarme del cliente de mi
hermano, que resulta ser un maldito jugador de hockey.
Cuando mi hermano/socio me pidió reunirme con Jensen
Sparks para cenar, acepté de inmediato. No es nada raro, sobre todo
desde que mi hermano conoció y se casó con su alma gemela.
Entonces entré en el restaurante y perdí la cabeza y
posiblemente el corazón. Yo, la señorita No tengo tiempo para lidiar
con un hombre, eché un vistazo a aquel jugador de hockey musculoso
y ardiente y perdí la cabeza.
—La mayoría de las mujeres darían un riñón por tener una cita
con Jensen Sparks. — Mientras Debra se abanica, me pregunto cómo
puedo arreglar esta situación antes de que las cosas se me vayan de
las manos.
—Esto no es una cita de verdad. — No tengo ni idea de cómo el
guapísimo jugador de hockey me convenció para salir con él por
segunda vez. Ah, sí. Me miró fijamente con el hambre brillando en sus
ojos marrones oscuros, y yo me doblé como un traje barato. Abrí la
boca para rechazar su invitación, pero en su lugar salió la palabra —
De acuerdo. — Mi acuerdo pareció escandalizarlo tanto como a mí,
pero no me permitió dar marcha atrás.
Sotelo, gracias K. Cross & Botton
Me digo a mí misma que prefiero pasar la noche como siempre,
acurrucada en el sofá con Rufus roncando feliz a mi lado, pero sé que
me estoy mintiendo.
Respiro hondo y me tranquilizo. Es hora de dejar de actuar como
una adolescente asustada. Le diré que he cambiado de opinión. —
Necesito que llames al Sr. Sparks y le informes que ha surgido una
emergencia de negocios y no puedo hacer la cena.
—Oh, diablos, no. — Debra sacude la cabeza enérgicamente. —
No vas a conseguir que haga tu trabajo sucio.
—Entonces lo haré yo misma. — gruño.
—Te arrepentirás si no vas y ves lo que pasa. — Odio cuando usa
su tono razonable conmigo.
—No puedo creer que accediera a esto. — Me cuesta admitir la
verdadera razón por la que no quiero ir a esta estúpida cita. —Se me
traba la lengua en las citas, y las cosas van cuesta abajo a partir de
ahí. — Es realmente vergonzoso. Puedo hacer llorar a un hombre
adulto en la sala del tribunal, pero en el momento en que me
encuentro en una situación romántica, mi adolescente interior toma
el control y las cosas se van al infierno muy rápido.
—Es hora de que superes esta loca aversión que tienes a las
citas. — Debra no ayuda. —Eres demasiado joven para conformarte
con noches en casa con tu perro.
— ¿Y de verdad crees que salir con el cliente de mi hermano es
la forma de entrar en citas? — Hay tantas cosas mal en este escenario.
Soy demasiado vieja para empezar a intentar aprender a tener citas.
Desde mis primeros intentos torpes en la universidad, decidí que
estaría mejor sola.
—No necesitas aprender a tener citas. — Debra sacude la cabeza,
ignorando el verdadero problema. —Sé tú misma y todo irá bien.
Además, Jensen Sparks es un socio, no un cliente.
Eso es realmente exagerado, pero Debra tiene razón. No va
contra las reglas salir con un socio, pero no es una buena idea. No
puedo creer que esto esté sucediendo. Cuando mi hermano invirtió en
propiedades de alquiler en Silver Spoon Falls, Texas, pensé que había
perdido la cabeza. Luego investigué un poco y me di cuenta de que el
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pequeño pueblo de Texas es una maldita mina de oro. La proporción
de residentes millonarios y multimillonarios es increíble. Es como si el
universo hubiera decidido sonreír a toda la población de Silver Spoon
Falls.
Y acepté cenar con uno de los millonarios. Uf.
A las siete en punto, entro en Mario's, diciéndome a mí misma
que cenaré algo rápido con el jugador de hockey y luego me largaré de
aquí.
Veo a Jensen junto a la barra y respiro hondo antes de
acercarme a él. —Buenas noches. — le digo.
—Hola, diosa. —Me sonríe antes de inclinarse para besarme. Mi
cerebro se apaga por completo cuando sus cálidos labios se mueven
sobre los míos. Cuando aprieta mi cuerpo contra su musculatura,
siento un cosquilleo en mis partes más femeninas. Mi mente se hace
papilla y me olvido de todo excepto de él.
Cuando se retira y apoya la frente en la mía, intento
recomponerme. —Me preocupaba que me dejaras plantado.
—Casi lo hago. — No puedo creer lo que he dicho. —Pero mi
asistente no llamó. — Dios mío, no puedo creer que haya dicho eso.
Cerrando los ojos, rezo para que el suelo se abra y me trague, pero no
pasa nada.
—Me alegro de que no lo hicieras. — Me coge de la mano y me
guía por el oscuro restaurante. —He reservado el comedor privado
para nosotros.
Oh, hombre. ¿Privado? ¿Como nosotros dos solos en una
habitación oscura? Estoy en muchos problemas.
—No tenías que pasar por todos esos problemas y gastos.
—No fue ninguna molestia y tú lo vales. — Me acerca una silla y
me dejo caer.
Sotelo, gracias K. Cross & Botton
Cuando me tiende una copa de vino, la cojo y sonrío. —Gracias.
— le digo antes de beber un gran sorbo, con la esperanza de que me
ayude a superar esta cita sin humillarme demasiado.
La primera parte de nuestra cita transcurre sorprendentemente
bien. Resulta que Jensen Sparks no es un deportista tonto. Es un
hombre de negocios inteligente y consumado, además de un atleta
profesional.
En algún momento, congeniamos. Pierdo lo que queda de mi
mente y de mi corazón y apago mis dudas. Es la única excusa que
tengo para no resistirme cuando acerca mi silla a la suya.
Me enreda los dedos en el pelo y me acerca la cabeza para
besarme. —Joder. No puedo resistirme.
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Capítulo 3
JENSEN
Esta chica me pertenece en cuerpo y alma. Una vocecita en el
fondo de mi mente me grita que vaya más despacio antes de que la
asuste, pero la ignoro.
Antes de que pueda contenerme, la levanto de su asiento, la
arrastro hasta mi regazo y cubro sus labios con los míos. La maldita
voz se hace más fuerte cuando le paso la lengua por el interior de la
boca.
Deslizo la mano por su costado y la meto bajo su sedosa camisa.
Cuando mi palma roza la parte delantera de su sedoso sujetador, su
pezón se endurece y lo rozo con un dedo. Lana suspira por mi nombre
y por fin encuentro fuerzas para retirarme, diciéndome a mí mismo
que quiero más de una noche. Apoyo la frente en la suya. —Tenemos
que parar ahora o voy a follarte en este maldito restaurante.
Se pone rígida entre mis brazos y se separa. — ¿Qué demonios
me pasa? — pregunta y se levanta. Mientras la miro, se pasea por la
mesa arreglándose la ropa. —No puedo creer que me haya comportado
como una idiota. — Continúa refunfuñando para sus adentros: —De
todos los movimientos estúpidos e idiotas.
—Espera un minuto, diosa. — Interrumpo su pequeña perorata.
—Te deseo más que a mi próximo aliento, pero no quiero precipitar las
cosas entre nosotros.
Cuando le cojo la mano, Lana se aparta de mí. —No hay nada
entre nosotros. — Me siento como si me hubieran golpeado entre los
ojos con un dos por cuatro mientras continúa. —Siento haber dejado
que las cosas se me fueran de las manos, pero esto no va a pasar.
—No voy a dejar que te escapes.
—No tienes elección. — Lana coge su bolso y se endereza. —
Gracias por la cena, pero no creo que tengamos motivos para seguir
viéndonos.
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Estás muy equivocada, diosa, pienso mientras se gira hacia la puerta.
Pero sé que quiero más de una noche con Lana, así que dejaré que se
vaya esta noche. Mañana, sin embargo, planeo lanzarme a cortejar a
mi diosa.
Durante la semana siguiente, le envío flores, chocolates lujosos
e incluso una pulsera de diamantes, pero mi diosa me devuelve todos
y cada uno de los regalos. Cada vez que devuelve algo, me enojo un
poco más.
— ¿Quién demonios se orinó en tus cereales? — refunfuña Atlas,
nuestro portero, mientras nos dirigimos a los vestuarios después de
un puto entrenamiento doloroso. Estoy cometiendo errores de novato
desde que mi mente no está en mi trabajo. Como uno de los más
veteranos y fiables del equipo, suelo ser imperturbable, pero las cosas
han cambiado.
—Vete a la mierda. — Ahora mismo no estoy de humor para
preocuparme por el hockey. Mi mente está demasiado ocupada
tratando de encontrar una manera de conquistar a mi diosa.
—Está con el síndrome premenstrual. —dice Colter, y me doy la
vuelta para despachar al hijo de puta.
—Quiero verte. — Grayson Marrow, nuestro entrenador jefe y
uno de mis mejores amigos, señala la puerta de su despacho. —
Tenemos que discutir qué demonios te pasa.
Entramos en su despacho y Gray cierra la puerta de un portazo.
— ¿Qué demonios pasa, Jensen?
—Estoy teniendo un mal día. — No estoy dispuesto a admitir
ante mi amigo que mi alma gemela no quiere saber absolutamente
nada de mí.
—Más bien una mala semana. — Se sienta detrás de su
escritorio y me mira en silencio durante unos minutos.
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— ¿Por qué no te tomas el resto de la semana libre? Me inventaré
algún motivo de mierda para incluirte en la lista de lesionados. — Es
agradable que mi amigo me cubra las espaldas, pero rechazo su oferta.
—Me sacaré la cabeza del culo. — le digo. —Solo necesito dormir
un poco. — Y convencer a mi diosa de que me dé la puta hora.
—Este es tu último aviso. —Puede que seamos amigos fuera del
hielo, pero Gray sigue siendo mi jefe y no se anda con rodeos. —Si no
estás en un mejor estado de ánimo, no te molestes en aparecer
mañana.
Terminé en el Park Avenue Bar ahogando mis penas por mi
chica. No es mi momento más brillante.
Estoy intentando pedir otro whisky cuando aparece Gray. —
¿Qué demonios te pasa?
Estoy demasiado borracho para lidiar con el imbécil. —Eso no es
de tu maldita incumbencia. Vete a casa y preocúpate de tu mujer y
déjame en paz.
El gorila imbécil de la puerta principal se acerca para meter las
narices en mis asuntos. —Te dije que estaba siendo una puta
amenaza. — le dice a Gray.
— ¿Puedes ayudarme a sacarlo de aquí?— Estos dos imbéciles
están hablando de mí como si fuera un jodido niño.
—Menos mal que Razor me paga tan bien. — El imbécil fornido
camina a mí alrededor. —Si vuelves a golpearme, te daré en el puto
culo.
No le tengo miedo al imbécil. Le saco el dedo y me alejo de la
barra. La maldita habitación nada a mi alrededor mientras me
balanceo sobre mis pies. —Vamos. — Cada uno me agarra de un
brazo. —Es hora de llevarte a casa antes de que te metas en
problemas.
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—Como quieras. — Se me revuelve el estómago cuando pierdo
toda la fuerza.
En mi último acto de desafío, dejo que los dos imbéciles me
arrastren las dos manzanas que me separan del coche de Gray.
—Podrías haber estacionado más cerca. — refunfuña el portero
a Gray.
—No hay plazas de estacionamiento más cerca. — Mi entrenador
se esfuerza por sostenerme con una mano mientras mete la mano en
el bolsillo para coger las llaves.
—Me lo debes. — gruñe Gray mientras el portero me empuja al
asiento del copiloto.
—Que te vaya bien. — gruñe el fornido imbécil antes de cerrarme
la puerta en las narices.
Golpeo la ventanilla y grito: —Vete a la mierda, feo hijo de puta.
— Me da igual sonar como un niño malcriado. —El bar es una mierda.
—Pues no vuelvas, imbécil. — me grita el portero a través de la
ventana y luego mira a mi alrededor. —Asegúrate de que no asoma la
cara por aquí en unas cuantas noches.
—Lo intentaré. — murmura mi entrenador mientras mi visión se
nubla.
Lo siguiente que recuerdo es que me despierto en el sofá
sudando a mares con una de mis mantas de lana encima. Me siento,
quito la maldita manta de una patada y una hoja de papel cae al suelo.
Me agacho y cojo la nota. Tardo un par de intentos en parpadear
y despejar la visión borrosa.
Las resacas no son excusa para faltar al entrenamiento. O aceptas mi
oferta de unos días libres o te arrastras hasta el entrenamiento.
G.
Me preparo una taza de café bien cargado y me siento en la
terraza a debatir mis opciones. En el fondo, sé que de ninguna manera
Sotelo, gracias K. Cross & Botton
voy a renunciar a mi diosa, así que supongo que tendré que encontrar
la manera de asegurarme de que ella siente lo mismo por mí.
Después de hacer la maleta, le envío un mensaje a Gray.
Yo: Voy a aceptar tu oferta.
Jefe imbécil: Ve a resolver tu mierda y vuelve con la cabeza bien puesta.
Yo: Puede que no vuelva al equipo.
Jefe imbécil: Jódeme. ¿Tú también?
Mi amigo acaba de encontrar su propia alma gemela, así que
debería entender de dónde vengo.
Yo: Sí, yo también.
Jefe imbécil: Mantenme al tanto de lo que pasa. Haremos que funcione.
Yo: Estoy en deuda contigo.
Jefe imbécil: Y algún día te cobraré.
No tengo ninguna duda de que lo hará. Mientras conduzco hacia
el aeropuerto, hago una lista mental de todo lo que tengo que hacer
para ganarme a mi chica. Mi pequeña diosa va a descubrir que no
puede deshacerse de mí fácilmente. En el peor de los casos, siempre
puedo recurrir al secuestro. Al menos tengo opciones.
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Capítulo 4
LANA
Estoy mirando fijamente la pantalla del ordenador cuando Debra
asoma la cabeza por la puerta de mi despacho y anuncia: —Ha llegado
tu entrega diaria. — No voy a mentir; siento un gran alivio cuando me
doy cuenta de que Jensen no me ha abandonado. Durante la primera
semana después de nuestra cita, envió algún tipo de regalo todos los
días, pero hace dos días dejaron de llegar las entregas y empecé a
preocuparme de que por fin me hubiera escuchado y se estuviera
rindiendo. Dios. Estoy perdiendo la cabeza por el jugador de hockey.
— ¿Podrías devolverlo, por favor?— Le pregunto, aunque no
estoy segura de que vaya a dejar que lo devuelva, sea lo que sea. Una
vocecita en el fondo de mi mente me insta a arriesgarme y ver qué pasa
entre nosotros. Me aterra lanzarme a algo con él, pero sé que me
arrepentiré para siempre si al menos no lo intento.
—No creo que esto sea retornable. — Debra se encoge de
hombros y mira por encima del hombro.
Levanto la vista del ordenador y frunzo el ceño. — ¿Qué quieres
decir?
—Quiere decir que no me iré hasta que aceptes volver a cenar
conmigo. — Jensen pasa junto a mi asistente y entra en mi despacho
como si fuera el dueño.
Me invade una mezcla de felicidad por volver a verlo y ganas de
quitarle la sonrisa arrogante de la cara. —Creí que había quedado
claro cuando te devolví todos tus regalos. — ¿Qué puedo decir? Me
alegro de verlo, pero no voy a dejar que me pisotee.
Sigue siendo jodidamente guapo. Recorro con la mirada su
enorme cuerpo y me doy cuenta de que lleva el pelo castaño un poco
más corto que hace una semana y de que empieza a tener barba en la
mandíbula cuadrada. Hoy lleva un polo azul claro ajustado a su
musculoso pecho y unos vaqueros desteñidos. Vaya. No sé cómo, pero
Sotelo, gracias K. Cross & Botton
está aún más bueno. Apenas puedo resistir las ganas de abanicarme
mientras me mira fijamente a los ojos.
—Hace calor aquí. — murmura Debra y sale al pasillo. —Voy por
algo de beber. ¿Te traigo algo?
—No, gracias. — Jensen no me quita los ojos de encima mientras
responde a mi asistente. —Tengo todo lo que necesito aquí mismo.
— ¿Estás aquí para otra reunión con mi hermano?
— ¿Estás siendo difícil a propósito, o solo quieres verme
retorcerme? — Jensen levanta una ceja.
—Soy abogado. Ser difícil es un requisito del trabajo. — ¿Qué
puedo decir? Crecer con un hermano insoportable y unos padres
sobreprotegidos me hizo aprender a defenderme en una discusión a
una edad temprana.
—Y la determinación es un requisito de mi trabajo. — Se acerca
y me coge la mano. —No voy a rendirme, diosa. — Suena más como
una promesa que como una amenaza. —Me robaste el maldito corazón
la primera noche que nos conocimos y ahora estás atrapada conmigo.
Se me derrite el corazón al oír sus palabras y estoy tentada de
lanzarme por él, pero primero tiene que saber algo. —Se me dan fatal
las relaciones. — Trago saliva y admito toda la vergonzosa verdad. —
De hecho, nunca he intentado tener una relación seria.
—Bueno, ya somos dos. Supongo que tendremos que resolver las
cosas juntos.
—Espera. — No puedo creer lo que estoy oyendo. —No puedes
convencerme de que no has tenido montones de relaciones.
—No he tenido tiempo para dedicarme a una relación. — Jensen
coloca sus dedos bajo mi barbilla y me levanta la cara para que lo mire
fijamente a los ojos, y es fácil ver la honestidad que brilla en sus ojos.
—Y tú eres la primera mujer que me ha interesado lo suficiente como
para intentarlo.
—De acuerdo. Intentemos esta relación. — Solo espero no acabar
con el corazón roto.
Sotelo, gracias K. Cross & Botton
Acordamos cenar en mi apartamento, y termino saliendo del
trabajo temprano para salir corriendo a comprar las provisiones para
nuestra comida. Por supuesto, las cosas no van según lo planeado, ya
que no puedo cocinar nada comestible, así que saco mi fiel pila de
menús y pido la cena para nosotros. A las ocho menos diez, me
apresuro a ordenar todo cuando suena el timbre.
—Más te vale portarte bien. — le digo a Rufus, y mi Rottweiler
de ciento treinta kilos pone los ojos en blanco antes de tumbarse en el
sofá.
Abro la puerta y miro a Jensen. —Llegas pronto.
—No podía esperar ni un momento más para verte. — Para ser
alguien sin experiencia en relaciones, sin duda sabe las palabras
adecuadas para hacerme desfallecer. —Esto es para ti.
Me tiende un enorme ramo de margaritas y me derrito. —Son
mis flores favoritas. — le digo y las llevo a la cocina en busca de un
jarrón.
—Lo sé. Te he investigado un poco. — Jensen me sigue hasta la
cocina.
— ¿Ah, sí?— Miro por encima del hombro y arqueo una ceja. —
¿Quién ha desvelado mis secretos?— Solo hay un puñado de personas
que me conocen lo suficiente como para saber que me encantan las
margaritas, así que las posibilidades son limitadas.
—No voy a revelar mis fuentes. — Sonríe y me estrecha en sus
brazos. Cuando sus labios cubren los míos, me derrito contra su duro
cuerpo y siento cómo su erección se endurece cada vez más contra mi
estómago. Oh, hombre.
Sotelo, gracias K. Cross & Botton
Capítulo 5
JENSEN
Deslizo la lengua por sus dulces labios y su sabor fluye a través
de mí. Espero que ir tan rápido no sea un error, pero necesito probarla
para seguir adelante mientras resolvemos las cosas. Ayer volé hasta
aquí preocupado porque no me diera ni la hora, pero sabía que tenía
que intentarlo, porque vivir sin Lana no es una opción. Planeo
tomarme las cosas con calma y disfrutar de nuestra primera cita de
verdad, pero mi puta polla no coopera y me cuesta mantenerla bajo
control.
Apartarme de ella es lo más difícil que he hecho nunca. Apoyo la
frente en la suya y gimo contra sus suaves labios. —Tenemos que ir
más despacio.
—Lo sé. —Sonríe, me rodea la nuca con su suave mano y me tira
de la cabeza hacia abajo. —Después de que me beses una vez más.
Un beso se convierte en muchos más y acabo devorando su dulce
boca como un hambriento. Cuando por fin salimos a tomar aire, doy
un paso atrás y respiro hondo varias veces, con la esperanza de calmar
las ganas de tirar su delicioso culito sobre el sofá y follármela hasta
que los dos estemos demasiado cansados para seguir luchando.
De repente, un dolor me atraviesa el pie y salto hacia atrás para
encontrarme con un enorme animal negro y dorado que me gruñe. —
¡Rufus! Deja de ser malo. — gruñe Lana. Y una mierda. El enorme
animal es en realidad un puto perro. Mi diosa me mira y sonríe. —Me
gustaría presentarte a Rufus, el otro hombre de mi vida.
Que me jodan. Es fácil ver que mi diosa adora a su feo perro, así
que supongo que tendré que ser amable con el cabrón. —Encantado
de conocerte, Rufus. — le digo y le doy al peludo idiota una pequeña
caricia en la cabeza. Veo que voy a tener que hablar largo y tendido
con mi peludo rival. Solo uno de nosotros puede ser el jefe aquí, y no
va a ser él.
Sotelo, gracias K. Cross & Botton
Después de pasarme las horas siguientes intentando evitar que
el peludo idiota me quitara tiempo para estar con mi diosa, me doy
cuenta de que estoy haciendo todo mal y decido cambiar las cosas.
Le doy un beso de buenas noches a mi chica antes de caer en la
tentación de quedarme y volver a mi hotel para investigar cómo
hacerme amigo de los perros.
Las noches siguientes, cada vez que vengo a ver a Lana, le traigo
una golosina nueva al peludo. Al final de la semana, tengo a Rufus
comiendo de mi mano. Literalmente.
—Me alegro mucho de que se hayan hecho amigos. — Lana se
sienta a mi lado en el sofá y los dos nos giramos para ver cómo Rufus
destroza el nuevo juguete para perros que acabo de regalarle.
—Haré lo que haga falta para hacerte feliz. Incluso si eso significa
jugar bien con tu bola de pelo demasiado grande. — La estrecho entre
mis brazos y le paso la lengua por la vena que late a un lado de su
dulce cuello. —Ahora que está ocupado, tengo la oportunidad de
hacerlo. — Cubro sus labios con los míos y la polla se me pone dura
como una piedra dentro de los vaqueros.
Lana gime y se coloca a horcajadas sobre mi regazo. Cuando su
suave vientre roza mi erección, los fuegos artificiales estallan tras mis
párpados cerrados y siento que pierdo el control. Rodeo con las manos
sus curvilíneas caderas y arrastro su dulce cuerpo hacia abajo para
apretar más su suavidad contra mi dolorida erección. Ambos gemimos
cuando deslizo la mano bajo su camiseta y la subo por su costado
hasta encontrar su dulce teta sin sujetador.
Paso el pulgar por el duro capullo mientras Lana me clava las
afiladas uñas en los hombros. El dolor se mezcla con el intenso placer
que me recorre y casi me corro en los vaqueros. Estoy a punto de
echarme atrás y frenar el ritmo cuando ella se introduce entre
nosotros y me desabrocha los vaqueros.
Sotelo, gracias K. Cross & Botton
—Estás jugando con fuego. — gimo mientras mi polla me ordena
que me calle de una puta vez y la deje hacer lo que quiera conmigo.
—Lo sé. —Mi diosa gime cuando le pellizco el pezón entre el
pulgar y el índice. —No puedo esperar más.
Apoyo la cabeza en el sofá y miro fijamente sus serios ojos
violetas. — ¿Estás segura? — ¿Qué demonios estoy haciendo? ¿Por
qué demonios intento convencerla de que no lo haga?
—Estoy segura. — Lana me da un fuerte apretón en la polla para
demostrar que está segura. —Ahora, deja de dar rodeos y fóllame.
Las sucias palabras que salen de la boca de mi diosa casi me
matan. —Una vez que lo hagamos, nunca te dejaré ir. — Necesito que
sepa que estoy dentro.
—Bien. Porque te patearía el trasero si descubriera que has
estado jugando conmigo. — Mi diosa no se anda con tonterías. Me
pasa el pulgar por la polla y tengo que pensar en estadísticas de
hockey para no correrme en su suave mano.
Le quito la camiseta por la cabeza y me siento a contemplar sus
curvas perfectas. —Joder. Eres tan hermosa.
Mi diosa me ayuda a pasarme la camiseta por la cabeza antes de
sonreírme. —Tú tampoco estás nada mal.
Me inclino y rodeo con mis labios uno de sus pezones mientras
ella desliza lentamente su mano por mi dura polla. Joder. Su suave
tacto casi me hace perder la cabeza mientras beso su pecho y presto
la misma atención al otro lado.
Antes de perder completamente el control, levanto su cuerpo
curvilíneo entre mis brazos y beso sus labios. —Vamos a llevarnos esto
al dormitorio. — Me niego a hacer el amor con mi alma gemela por
primera vez en un sofá incómodo con una bola de pelo demasiado
grande mirando.
—Date prisa. — gime mi diosa y me besa la base de la garganta
mientras avanzo a trompicones por el pasillo. Los malditos pantalones
se me bajan por las caderas y me cuesta moverme. —Te necesito. —
Joder. Casi tropiezo con mis propios pies al cerrar de una patada la
puerta del dormitorio.
Sotelo, gracias K. Cross & Botton
Pongo a Lana en pie y retrocedo para quitarme los vaqueros y los
calzoncillos de una patada. —Vaya. —Sus ojos violetas se agrandan y
casi se tragan su delicado rostro.
Me arrodillo frente a ella y le bajo los pantalones de yoga
elásticos por las piernas sedosas. Le doy un empujoncito a mi diosa y
se deja caer sobre la cama de volantes. —No te habría imaginado como
una chica de encaje rosa. — Sonrío contra su suave piel y le beso el
interior del muslo sedoso.
—Siempre he sido una chica femenina. —Suspira mientras sus
piernas tiemblan a mí alrededor. —Solo lo oculto en el trabajo. No
quiero que nadie piense que soy suave.
—Eres suave. — Toco su piel sedosa. —Y dulce. — Me inclino y
le muerdo suavemente la piel del muslo. —Y jodidamente preciosa. —
Paso la lengua por el centro de su coño cubierto de encaje. —Y toda
mía.
Me clava las uñas en la nuca y me arrastra hacia su cuerpo. Le
arranco las bragas y mi diosa se sienta sobre los codos para gruñir: —
Eran caras.
—Te compraré más. Diablos, te compraré toda la maldita fábrica.
— Prometería cualquier cosa ahora mismo para hacerla feliz. Cierro
los labios alrededor de su clítoris y chupo hasta que se deja caer sobre
la cama y arquea la espalda.
Mientras tiembla, vuelvo a sentarme sobre las rodillas y le abro
las piernas de par en par. Beso y mordisqueo el interior de uno de sus
sedosos muslos y luego desciendo por el otro lado. Cuando vuelvo a
su delicioso centro, mi chica me suplica que la toque.
Como no puedo resistirme, le meto un dedo hasta los nudillos
en su húmedo coño mientras devoro su dulce clítoris. Mi polla se pone
cada vez más dura cuando deslizo un segundo dedo junto al primero.
Deslizo los dedos un poco más adentro con cada embestida hasta que
mi chica se corre gritando mi nombre. Le meto la lengua hasta el fondo
del coño para saborear su orgasmo. Sus paredes internas se agitan en
torno a mi lengua mientras hago brotar otro pequeño clímax de su
delicioso cuerpo.
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Mientras su delicioso cuerpo tiembla, me abro paso besando sus
deliciosas curvas, mordisqueando ligeramente su suave piel por el
camino. Cuando llego a sus dulces tetas, beso y mordisqueo cada uno
de sus pezones. —Por favor. — me suplica.
— ¿Por favor qué? —Le paso la lengua por la suave piel de la
base del cuello.
—Por favor, fóllame. — gruñe y se mete entre nosotros para
rodearme la polla con la mano. Mientras desliza lentamente la mano
arriba y abajo, lucho contra las ganas de correrme en su mano.
Sabiendo que he llegado al límite de mi control, coloco mi polla
en su abertura y la miro fijamente a los ojos mientras me introduzco
lentamente en su dulce coño. Sus sedosas paredes internas se estiran
en torno a mi dureza mientras aprieto más con cada embestida.
Me clava las uñas en los hombros y me sujeta con fuerza
mientras empujo más deprisa.
Sotelo, gracias K. Cross & Botton
Capítulo 6
LANA
Oh mi... Cruzo los ojos tras los párpados cerrados mientras él
mete la mano entre nuestros cuerpos para frotarme el clítoris. No
tardo en levantar las caderas para recibir cada una de sus embestidas.
Estoy a punto de correrme por segunda vez cuando ralentiza sus
embestidas. —No pares. — le ruego mientras clavo mis dedos en sus
musculosas nalgas.
—No voy a parar. —Me besa el punto de la base del cuello que
me vuelve loca. —Solo voy un poco más despacio.
—No quiero ir más despacio. — Aprieto los músculos internos en
torno a su dureza para convencerlo.
—Joder. — gruñe contra mi nuca.
—Eso es. Fóllame. — Decido que es hora de tomar cartas en el
asunto y cojo desprevenido a mi atractivo jugador de hockey.
La nueva posición le permite deslizarse un poco más dentro de
mi coño. Mientras subo y bajo lentamente, su dura polla roza un
punto muy dentro de mí que envía chispas de electricidad por mi
columna.
Aumento lentamente el ritmo mientras él me acaricia las tetas.
Me pasa los pulgares por los pezones y siento otro clímax que me sube
desde los dedos de los pies. La habitación se oscurece a mi alrededor
y un enorme orgasmo me recorre el cuerpo.
Jensen grita mi nombre mientras una cálida humedad llena mi
coño. Me desplomo sobre su pecho mientras mi cuerpo se recupera
del placer. Me enreda la mano en el pelo y me levanta la cabeza para
que pueda mirarlo a los ojos. —Jodidamente te amo.
Sus palabras deberían asustarme, pero ya estoy demasiado
metida en esta relación. —También te amo. — No me importa que esto
esté pasando tan rápido. Mi hermano conoció y se casó con su alma
Sotelo, gracias K. Cross & Botton
gemela a las pocas semanas, así que sé que el amor a primera vista
existe. Solo que nunca pensé que me pasaría a mí.
—Gracias a Dios. —Sonríe y me baja para besarme. —No quería
tener que recurrir al plan B. — me dice cuando salimos a tomar aire.
— ¿Plan B? —No estoy segura de querer saber cuál era su plan
alternativo.
—Probablemente sea mejor que no lo sepas. — Se ríe y me abraza
contra su musculoso cuerpo.
Se me cierran los ojos cuando oigo a Rufus arañando la puerta.
—No parará hasta que lo dejemos entrar. — gimo contra el pecho de
Jensen.
—No me digas que la bola de pelo duerme aquí. — refunfuña y
se desliza fuera de la cama. —Vamos a tener que adiestrarlo para que
duerma en el sofá a partir de ahora. — Cuando abre la puerta, Rufus
entra corriendo y salta a los pies de la cama. —O mejor aún, le
compraré una lujosa cama para perros para que duerma en ella. — No
estoy segura de que mi mimado perro vaya a aceptar ninguna de las
dos opciones, pero dejaré que Jensen lo decida por sí mismo.
A la mañana siguiente, me despierto acurrucada contra Jensen
con mi perro mimado roncando suavemente a los pies de la cama.
—Buenos días, diosa. — Jensen me acerca para darme un beso
mientras Rufus se despierta y gimotea ruidosamente.
—Buenos días. — le sonrío. —Me encantaría quedarme aquí
contigo, pero Rufus tiene que salir.
Jensen se incorpora, mira a mi perro y se gira hacia mí. —
Quédate aquí y mantén la cama caliente mientras saco a la bola de
pelo afuera. — No puedo rechazar la oferta de quedarme bajo las
cálidas mantas mientras él cuida de mi mimado perro. Además, puedo
verlo caminar desnudo por el suelo. Casi me estallan los ovarios
Sotelo, gracias K. Cross & Botton
cuando se inclina y coge los vaqueros del suelo. Me muerdo el labio
para contener un gemido y veo cómo se pone los vaqueros. Los deja
desabrochados y llama a Rufus. —Vamos, bola de pelo. — Mi perro
mimado salta de la cama y lo sigue hasta la puerta.
—Vamos a hablar de tu horario y de algunas cosas más. — oigo
refunfuñar a Jensen mientras se dirigen al pasillo.
Digo que estoy enferma por primera vez y paso el día con Jensen
y Rufus. La única nube en mi cielo soleado es la idea de que Jensen
vuelva a su equipo. Sé que se acerca y me estoy preparando para
afrontar una relación a distancia, pero la idea de estar lejos de él
durante semanas me asusta.
Cuando llamo por tercer día consecutivo, mi hermano se
presenta en mi apartamento de improviso. — ¿Qué haces aquí?— Lo
mantengo de pie en el pasillo.
—Eso es lo que quiero saber. — Zane entra a empujones en mi
apartamento. —Me has dejado para que me ocupe de dos nuevos
clientes y un montón de papeleo. — En realidad no me siento mal, ya
que recuerdo que me hizo exactamente lo mismo cuando conoció y
decidió perseguir a Celine.
—He estado ocupada. — No pienso mantener mi relación con
Jensen en secreto. Si mi hermano tiene algún problema con ello, que
lo supere. O no. Realmente no me importa.
— ¿Ocupada?— Mi hermano mira por encima del hombro
cuando siento que Jensen se acerca por detrás. — ¿Con mi nuevo
socio?
—Sí. — responde Jensen por mí. —Y planeo ser tu cuñado
pronto.
Me doy la vuelta y lo miro fijamente, preguntándome si lo he oído
bien. — ¿Qué?— Me olvido por completo de mi hermano, que me mira
atentamente, mientras meto el dedo en el centro del musculoso pecho
de Jensen. —No recuerdo que me pidieras matrimonio. — le recuerdo.
—Tienes razón. — asiente Jensen y cae de rodillas. —Te amo
más que a nada en el mundo, y no voy a dejar que nada se interponga
en mi camino. Ni siquiera tu hermano. — oh mi… Mi corazón y mis
ovarios se derriten al mismo tiempo. — ¿Quieres casarte conmigo?
Sotelo, gracias K. Cross & Botton
Claro que me voy a casar con él, pero no pienso ponerle las cosas
fáciles durante los próximos cincuenta y tantos años. Veo que mi
hermano me observa atentamente por el rabillo del ojo y decido matar
dos pájaros de un tiro. —Te contestaré en cuanto me deshaga de mi
entrometido hermano.
— ¿Qué?— Zane ruge mientras lo empujo hacia la puerta
principal. —Para empezar, fui yo quien te emparejó con él. — balbucea
mi hermano. —Debería ver cómo respondes a su proposición.
—Pronto lo sabrás. — Le cierro la puerta en las narices y me doy
la vuelta para encontrar a Jensen justo detrás de mí. —Como se tomó
la molestia de emparejarnos, no tienes que preocuparte de que mi
hermano tenga problemas con nuestra relación.
—Es bueno saberlo. —Jensen me acerca. —Pero aún no has
respondido a mi pregunta.
—Oh. — Me doy golpecitos con el dedo en el labio inferior
lentamente. —Supongo que lo pensaré.
—A la mierda eso. — ruge Jensen y me arroja sobre su hombro.
—Sé cómo convencerte.
No soy estúpida. Veré cómo planea convencerme antes de
aceptar.
Sotelo, gracias K. Cross & Botton
Capítulo 7
JENSEN
Sé que mi diosa me está tomando el pelo, pero no me importa.
Cierro la puerta de una patada para que no entre la bola de pelo y dejo
caer su precioso culo sobre la cama antes de retroceder para
arrancarme la ropa.
Cuando se sienta y se desnuda lentamente, casi me trago la
maldita lengua. No sé cómo he tenido la suerte de encontrarla. —Te
amo. — Quiero que sepa que lo es todo para mí. —Y te vas a casar
conmigo.
—Ya veremos. — Está decidida a volverme loco. — ¿Por qué no
intentas convencerme?
—Espera, diosa. — Me arrastro sobre su cuerpo exquisito, y mi
polla se desliza por su suave piel, dejando un rastro de humedad. —
Estoy a punto de volarte la puta cabeza.
—Promesas, promesas.
—Eso es. — Me inclino y beso el lateral de su cuello antes de
arrastrar la delicada piel entre mis dientes, asegurándome de dejar mi
marca en su piel blanca como la leche. Su respiración se acelera
mientras exploro lentamente su delicioso cuerpo. Aprieta el edredón
rosa con volantes mientras ignoro mi polla dura como una roca y me
concentro en mostrarle a mi diosa todas las razones por las que
debería aceptar mi propuesta de matrimonio.
Cuando se impacienta y se interpone entre nosotros para rodear
mi polla con su suave mano, casi olvido mi objetivo. Mientras acaricia
lentamente mi erección, saco la cabeza del culo y redoblo mis
esfuerzos. Cubro sus suaves labios con los míos y la beso hasta que
ambos nos quedamos sin aliento.
Me tomo mi tiempo explorando, besando y mordisqueando casi
cada centímetro de su delicioso cuerpo antes de que mi control
empiece a ceder. Una vez que la tengo temblando debajo de mí, alineo
Sotelo, gracias K. Cross & Botton
mi polla con su abertura húmeda y empujo una vez hasta que estoy
hasta las pelotas.
De repente me doy cuenta de que esto va a acabar demasiado
rápido si no voy más despacio. Arrastro la polla lentamente por sus
estrechas paredes mientras recorro con la lengua el interior de su
boca, saboreando cada centímetro. Cada vez que aprieto a fondo, sus
músculos internos se aprietan en torno a mi polla. Cada gota de
sangre de mi cuerpo fluye directamente hacia mi erección mientras el
sonido de piel chocando contra piel llena la habitación que nos rodea.
Me abro paso a través de dos situaciones cercanas mientras
contengo mi propio orgasmo para asegurarme de que ella se corre
varias veces.
Sus sedosas paredes se aprietan en torno a mi polla y estoy
seguro de que la presión le va a dejar un moretón de mil demonios,
pero me da igual. Meto la mano entre los dos y le froto el clítoris con
fuerza, con la esperanza de arrancarle un orgasmo más a mi diosa.
Cuando echa la cabeza hacia atrás y grita mi nombre, suelto el
control y me corro con ella. Mientras mi semen se derrama en su coño,
me imagino a unos angelitos rubios iguales a su madre correteando
por la casa.
—Te amo. — gruño contra su piel sudorosa y ruedo sobre mi
espalda. Cuando la atraigo hacia mí, deja caer la cabeza sobre mi
pecho.
—También te amo. Y sí, me casaré contigo. — No me preocupaba
que me rechazara, pero las palabras siguen asentando algo en lo más
profundo de mí que ni siquiera sabía que estaba desquiciado.
— ¿Estás segura?— Levanto la mirada y pego una falsa
expresión de preocupación en mi rostro. —Porque no tengo ningún
problema en intentar convencerte si no estás segura.
—Oh. — Mi diosa parpadea el cansancio de sus ojos violetas y
me dedica una sonrisa calculadora. —No estaría de más que lo
intentaras una segunda vez. Para estar segura.
—Quiero que estés segura. — gruño y nos doy la vuelta. Me tomo
mi tiempo para besar su delicioso cuerpo. Cuando cierro los labios en
Sotelo, gracias K. Cross & Botton
torno a su clítoris, mi polla está dura como una roca y lista para seguir
convenciendo.
La froto contra las suaves sábanas y me concentro en hacer volar
la cabeza de mi diosa. Su dulce sabor casi me hace caer de rodillas y,
mientras deslizo la lengua en lo más profundo de su coño, froto el
pulgar en pequeños círculos alrededor de su clítoris, provocándola
hasta que se corre.
Sus deliciosas tetas me llaman, y me detengo a chupar cada uno
de sus pezones antes de guiar mi polla hasta su húmeda entrada. Me
deslizo lentamente en su dulce coño, centímetro a centímetro,
torturándonos a los dos. Sus músculos íntimos abrazan mi polla con
tanta fuerza que tengo que hacer una pausa y contar hasta cien para
no correrme antes de tiempo.
Pretendo que esta vez dure, pero mi diosa tiene otras ideas. Me
clava sus afiladas uñas en las nalgas y el dolor me vuelve loco. Bastan
unos cuantos empujones para que nos corramos juntos.
La arrastro contra mi cuerpo y miro al techo, esperando a que
mi respiración se normalice. —Estoy segura al cien por cien. —
murmura mi diosa junto a mi cuello.
— ¿Lo estás? Porque puedo seguir intentándolo si necesitas más
convencimiento. — me burlo. No hay forma de que consiga moverme
ahora mismo.
—Necesito un poco de tiempo para recuperarme, y luego puedes
volver a convencerme. — Apoya la cabeza en mi hombro y casi al
instante se queda dormida.
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Capítulo 8
LANA
Un par de días después de aceptar su proposición de
matrimonio, estoy sentada en el sofá junto a Jensen viendo una
película cuando por fin me animo a preguntarle qué piensa hacer con
su carrera de hockey. — ¿Cuándo piensas reincorporarte a tu equipo?
—He estado trabajando en algunas cosas. — Suspira. —El
entrenador del equipo es uno de mis mejores amigos. — Ya sé de su
estrecha amistad con Grayson Marrow. —Está planeando dejar el
puesto de entrenador jefe para quedarse en Silver Spoon Falls con su
mujer. — Eso es nuevo para mí. Lo último que supe es que el popular
entrenador estaba soltero. —Así que las negociaciones han sido un
poco inusuales, pero el propietario ha decidido liberarme de mi
contrato al final de esta temporada.
— ¿Dejas el hockey? — Me siento y sacudo la cabeza. —No
puedes renunciar a tu carrera por mí.
—No estoy renunciando a nada por ti. Estoy haciendo planes
para nuestro futuro. — Jensen me abraza fuerte. —Me estoy haciendo
mayor y el hockey es un deporte de jóvenes. Es hora de que deje el
hockey en el retrovisor. Además, tengo cosas mucho más importantes
en las que concentrarme a partir de ahora, como dejar embarazada a
mi preciosa diosa.
— ¿Estás seguro de que no vas a echar de menos la emoción del
hockey profesional?
—Estoy seguro de que no voy a echar de menos algo que
realmente no me gustaba en primer lugar. — insiste. —Agradezco
todas las oportunidades que me dio jugar al hockey, pero siempre supe
que era solo un trabajo.
Apoyo la cabeza en su hombro y suspiro. —Te amo.
—También te amo, diosa. ¿Por qué no nos escabullimos al
dormitorio y trabajamos en nuestro nuevo proyecto?
Sotelo, gracias K. Cross & Botton
—Me encanta cómo piensas. — Me río cuando Jensen se levanta
y me estrecha en sus brazos.
Unos días después, Jensen se marcha para ponerse al día con
su equipo en la carretera, y tanto Rufus como yo lo echamos
muchísimo de menos. No tardo en darme cuenta de lo mucho que me
ha cambiado amarlo. Mi trabajo solía ser mi vida, pero ahora es algo
que tengo que hacer para pasar el tiempo. Cuando Zane se casó con
Celine, redujo considerablemente sus horas de trabajo y yo me hice
cargo. Nuestro bufete tiene mucho éxito y es rentable, pero ya no es
mi principal objetivo.
Mi hermano no tardó en notar el cambio. Entra en mi despacho
y se sienta en la silla frente a mi mesa. — ¿Cuánto tiempo piensas
quedarte aquí deprimida?
Levanto la vista del contrato que llevo una hora mirando sin leer
y lo fulmino con la mirada. — ¿Cómo dices?
Mira el contrato que tengo sobre la mesa antes de mirarme a los
ojos. — ¿Qué te parece la oferta?
—No he terminado de leerla.
—Llevas toda la mañana mirándolo. Ya deberías haberla
memorizado. — No se equivoca, y estoy muy frustrada conmigo
misma.
—Mi corazón no está en ello. — Es inútil mentirle a mi hermano.
Es como un maldito detector de mentiras humano.
—Eso ya lo sé. — Hoy no se anda con rodeos. — ¿Por qué no te
tomas unos días libres y decides cómo vas a manejar las cosas?
Mi primer instinto es negarme, pero en el fondo de mi corazón sé
que mi hermano tiene razón. —Creo que es una buena idea. — sale de
mi boca, sorprendiéndonos a los dos.
Sotelo, gracias K. Cross & Botton
—Voy a reunirme con Jensen en Silver Spoon Falls cuando
vuelva de su viaje por carretera y ver el pueblo de primera mano. — El
alivio me atraviesa cuando tomo la decisión.
—Me parece una idea estupenda.
—Necesitamos contratar a un par de abogados nuevos para que
nos ayuden con el volumen de casos. — suelto antes de que pueda
cambiar de opinión.
—Totalmente de acuerdo. — Mi hermano se frota el labio inferior.
— ¿Por qué no planeas tu viaje a Silver Spoon Falls y yo empiezo a
buscar nuevos asociados?
—Gracias. — Me pongo de pie y me acerco a abrazar a mi
hermano.
—De nada. — Zane me sonríe y se gira para dirigirse a la puerta.
Se detiene con la mano en el pomo y se gira hacia mí. —Por cierto,
tienes que asegurarle a mamá que estás bien antes de que le dé un
ataque.
Vaya. He echado tanto de menos a Jensen que me había olvidado
por completo de mis padres. — ¿Crees que mamá y papá se van a
volver locos cuando se enteren de lo de Jensen?
—Claro que sí. — Zane me sonríe y sale por la puerta. —Sobre
todo si te mudas a Silver Spoon Falls.
Como volar en avión comercial con un gran Rottweiler es casi
imposible, acabo rogándole a Zane que se quede con Rufus. Me acerco
a la puerta de Zane y Celine, tirando de mi gran bebé detrás de mí. —
Vamos, Rufus. No tardaré mucho. — Instintivamente supo que algo
pasaba cuando lo llevé a mi todoterreno al amanecer.
Mi hermano abre la puerta de golpe y refunfuña: —Me debes una
buena.
Sotelo, gracias K. Cross & Botton
—Lo sé. —Mira por encima del hombro al pequeño Schnauzer
miniatura sentado en el último escalón. —Y se lo debes a Bennie.
Sabes que Rufus tortura a mi pobre perro.
Yo no lo llamaría tortura. Mi bebé mimado no comparte nada
bien. —Le traeré a Bennie una bolsa entera de sus golosinas favoritas
cuando vuelva a casa. — Le doy a Rufus un rápido beso en su peluda
cabeza y miro a Zane. No tengo mucho tiempo para coger el vuelo.
—Más te vale. — Mi hermano me abraza. —Y, joder, llámame
cuando llegues a Silver Spoon Falls.
—Lo haré. — prometo mientras vuelvo corriendo a mi
todoterreno.
Sotelo, gracias K. Cross & Botton
Capítulo 9
JENSEN
Ha sido el puto viaje por carretera más largo de mi vida. Me dirijo
directamente a mi casa, con la intención de ducharme y hacer la
maleta. Me quedan cuatro días para volver a la ciudad y pienso
pasarlos con mi diosa.
Estaciono en la entrada de mi casa y me llevo el susto de mi vida
cuando veo un pequeño todoterreno azul estacionado delante de mi
cabaña de madera de dos plantas, y ni siquiera me molesto en
estacionar en el garaje. Estaciono junto al vehículo y me bajo de un
salto.
Llego a la puerta principal, listo para patear traseros si alguien
ha irrumpido en mi casa, pero mi diosa abre la puerta,
sorprendiéndome muchísimo. —Sorpresa. — Sonríe y se lanza a mis
brazos.
— ¿Qué haces aquí? —Abrazo su delicioso cuerpo y siento que
mi corazón se tranquiliza por primera vez desde que la dejé. Dios, no
tengo ni idea de cómo voy a sobrevivir el resto de esta maldita
temporada de hockey.
—Quería darte una sorpresa. — Se echa hacia atrás, me sonríe
y divaga: —Y quería ver Silver Spoon Falls por mí misma. — La sigo
hasta mi casa. —Espero que no te importe, pero he utilizado la llave
que dejaste en mi apartamento para entrar en tu casa.
—Por supuesto, no me importa una mierda. Esta también es tu
casa. — Beso sus suaves labios y cierro la puerta de una patada. —
Voy a hacerte un recorrido muy extenso por nuestro dormitorio y luego
podremos hablar.
—Me encanta tu plan. —Lana sonríe mientras levanto su cuerpo
curvilíneo en brazos y subo corriendo las escaleras.
Cuando entro en mi dormitorio, pongo a mi diosa a sus pies y
ella busca mi cinturón. —Hay algo que quiero explorar. — Me baja
Sotelo, gracias K. Cross & Botton
rápidamente el pantalón de chándal y los bóxers por las piernas, y yo
me los quito de una patada mientras se arrodilla delante de mí.
—Explora. — consigo balbucear con los labios secos.
Mi diosa rodea mi polla con su suave mano y desliza lentamente
el pulgar por la cabeza. Echo la cabeza hacia atrás y gruño su nombre
cuando se inclina hacia delante para rodear la punta con sus suaves
labios.
—Joder, chúpame. — Estoy dispuesto a suplicar. Mi diosa
escucha mi súplica y chupa mi polla hasta el fondo de su garganta.
Me balanceo sobre los talones y cierro las rodillas mientras ella recorre
con la lengua la parte delantera de mi polla antes de rodear lentamente
la base con su suave mano. Cuando me aprieta con fuerza, casi me
corro.
Mi diosa acaricia lentamente mi polla mientras sus suaves labios
se cierran en torno a la punta. — ¿Me estás torturando a propósito?
—Me estremezco mientras chupa mi erección hasta el fondo de su
garganta. Mueve la cabeza y gime alrededor de mi polla, y yo pierdo el
puto control. Me pongo de pie y la levanto contra mi pecho. —No había
terminado. — refunfuña mientras la recuesto contra las mantas.
—No me voy a correr en tu garganta hasta que te haya dejado
embarazada. — gruño y veo cómo se arranca la camiseta y los
pantalones de yoga. —Soy un hijo de puta con suerte.
—Sí, lo eres. Ahora ven aquí para que pueda enseñarte lo
afortunado que eres.
No tiene que pedírmelo dos veces.
Pasamos toda la noche compensando los días que hemos estado
separados. El sol está saliendo por el horizonte antes de que
finalmente nos agotemos.
Sotelo, gracias K. Cross & Botton
El sonido de mi teléfono vibrando en la mesita de noche me
despierta un rato más tarde.
Lo cojo antes de que despierte a Lana y deslizo el dedo por la
pantalla para ver un mensaje de madrugada y una nueva llamada
perdida del hermano de mi diosa.
Zane: Por favor, dile a mi hermana que me llame.
Yo: Ahora mismo está durmiendo.
Zane: Son las tres de la tarde.
Yo: Puedo decir la hora.
Zane: Joder. Por favor, que me llame.
Yo: Lo haré cuando se despierte.
Dejo el teléfono en la mesita y salgo de la cama para prepararle
el desayuno a mi diosa.
Estoy cocinando huevos cuando sus suaves brazos me rodean la
cintura por detrás. —Buenos días.
Me giro entre sus brazos. —Más bien buenas tardes. — Al besar
sus suaves labios, se derrite contra mí y me olvido por completo de los
huevos que se están cocinando.
—Joder. — gruño y remuevo rápidamente los huevos antes de
que se quemen. —Espero que te gusten los huevos ligeramente
pasados.
—Tengo tanta hambre que podría comer casi cualquier cosa. —
Nos sirve un vaso de jugo de naranja a cada uno mientras termino los
huevos y el beicon.
De repente me doy cuenta de que falta algo. — ¿Qué hiciste con
la bola de pelo?
—Lo cuidan Zane y Celine. — Cuando menciona a su hermano,
me doy cuenta de que olvidé decirle que llamara al imbécil.
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—Eso me recuerda. — Más vale tarde que nunca. —Tu hermano
quiere saber de ti.
—Mierda. — Mi diosa se levanta de un salto y corre al vestíbulo.
Unos instantes después, vuelve rebuscando en su bolso. —Llegué aquí
y me dediqué a prepararme para tu regreso a casa y se me olvidó por
completo llamarlo.
—Me alegro de ser más importante que tu hermano.
—Eres más importante que nada. — Me siento y la subo a mi
regazo mientras llama a su hermano. Soy capaz de distinguir toda la
conversación desde su lado.
Cuando cuelga, me llevo a mi diosa arriba y practico con su
precioso culo.
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Capítulo 10
LANA
Cuando por fin tomamos aire, decido que es hora de contarle mis
planes a Jensen. —Tenemos que hablar de algunas cosas.
Se sienta en el sofá y me sube a su regazo. — ¿De qué quieres
hablar?
—Nuestros planes de futuro. —Me echo hacia atrás y lo miro
fijamente a los ojos. —No soporto estar lejos de ti, así que he hablado
con mi hermano. Vamos a contratar a un par de abogados nuevos para
que nos ayuden en la oficina. Eso me dejará libre para viajar contigo
hasta el final de la temporada. Si quieres que lo haga.
—Claro que quiero que viajes conmigo, pero no quiero que tu
carrera se resienta.
—He estado pensando mucho y he decidido que estoy lista para
un pequeño cambio en mi carrera. — Ayer llegué a este adorable
pueblo de Texas y al instante supe por qué a Jensen le gusta tanto. —
Quiero quedarme en Silver Spoon Falls contigo. — No lo he resuelto
todo, pero espero que Zane esté de acuerdo con que abramos un nuevo
bufete de abogados en la ciudad. Yo puedo encargarme de todos los
negocios de alquiler de Jensen, y los nuevos asociados que
contratemos en casa pueden hacerse cargo de mis clientes.
— ¿Estás segura de que quieres hacer eso? ¿Cómo funcionará?—
Jensen no parece convencido de que lo haya pensado bien.
—Yo me encargaré de tus propiedades en alquiler y tú pensarás
qué quieres hacer después del hockey. — Puede que no sea tan fácil
como suena, pero sé que vamos a hacer que funcione.
—Te amo jodidamente mucho. — Me acerca para besarme y me
olvido por completo de nuestra discusión.
—También te amo.
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Jensen se va a otra semana de partidos fuera de casa y yo me
quedo para terminar de poner en práctica nuestros planes. Luego me
dirijo a casa para supervisar a los de la mudanza mientras empacan
mi apartamento.
Una vez que todo está empacado, cargo a Rufus y me dirijo a mi
nuevo hogar en Silver Spoon Falls. Mi pobre bebé mimado no lleva
demasiado bien el viaje, y acabamos parando en casi todas las áreas
de descanso para dejarlo corretear.
Por fin llegamos a nuestra nueva casa a las dos de la mañana, y
ni siquiera me molesto en descargar el coche. Llevo a Rufus a dar un
paseo rápido por el enorme patio trasero y luego arrastro su trasero
haciendo pucheros hasta el dormitorio. Mi mimado perro se resiste
cuando intento convencerlo de que duerma en la nueva cama para
perros que le compró Jensen.
—Deberías probar tu nueva cama. Papi te va a obligar a dormir
en ella cuando llegue a casa. — refunfuño, y el gran Rottweiler hace
caso omiso de mi advertencia. Salta a la cama y se da la vuelta para
estirarse sobre el colchón. Ocupa fácilmente tres cuartas partes de la
enorme cama mientras yo me agarro al borde durante toda la noche.
La luz del sol que se cuela por las pesadas cortinas me despierta
demasiado temprano. Me doy la vuelta para reñir a mi perro por
ocupar toda la cama y me llevo el susto de mi vida. —Buenos días,
diosa. — Jensen me sonríe. —Estabas muerta para el mundo cuando
llegué anoche, así que te dejé dormir, pero hice que la bola de pelo
durmiera en su cama nueva. — Señala a Rufus, que está haciendo
pucheros en un rincón. —Puede que tenga que comprarle algunas
golosinas para compensar la injusticia de todo esto.
— ¿Cómo has conseguido que duerma en la cama del perro? —
Me impresiona que lo haya conseguido.
—Solo le recordé quién es el perro superior aquí.
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—Apuesto a que salió bien. — Me acurruco contra el costado de
Jensen y le pregunto: — ¿Qué haces en casa? Creía que estarías fuera
dos días más.
—Quería asegurarme de que llegaras a Silver Spoon Falls, así
que cogí el último vuelo anoche. — Me pasa la nariz por el punto
sensible bajo la oreja. —Tengo que volar a Dallas esta noche para
reunirme con el equipo. Mañana tenemos un entrenamiento temprano
antes del partido.
Odio la idea de que se marche otra vez, pero me recuerdo que
podré viajar con él cuando haya arreglado las cosas aquí.
Me lleva mucho más tiempo de lo que esperaba arreglar las
cosas. Para cuando instalo nuestras cosas en casa de Jensen, monto
una oficina provisional y encuentro una guardería para Rufus, la
temporada está llegando a su fin.
Estoy dando de comer a mi perro cuando suena el teléfono y la
cara sonriente de Jensen aparece en la pantalla.
—Hola, conejito. — contesto.
—Buenos días, diosa. ¿Cómo te va el día? — Su cálida voz me
envuelve.
—Estupendo. Tengo una cita con el abogado que representa al
complejo de apartamentos de Park Avenue después de comer. — Me
costó algunas maniobras, pero conseguí encontrar el holding
propietario del edificio abandonado que nos interesa comprar. El
edificio de tres plantas con quince unidades sería la inversión perfecta
para nuestra nueva empresa.
— ¿Has conseguido que Giant los investigue para asegurarte de
que es seguro? — Jensen es sobreprotector al máximo. Se vuelve loco
si intento conocer a alguien sin que su amigo lo investigue. Giant
Carmichael, miembro del Silver Spoon MC, posee una de las mejores
empresas de seguridad del país. He trabajado varias veces con él, pero
no lo había conocido en persona hasta que Jensen nos presentó.
Evidentemente, hay una cantidad impresionante de encuentros
amorosos en esta pequeña ciudad. De hecho, circula el rumor de que
el agua del pueblo es la responsable de todos los finales felices, pero
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no creo en cuentos de hadas, así que me limito a sonreír y asentir cada
vez que alguien saca el tema.
—Giant hizo un informe completo y el abogado está en regla. El
propietario del edificio murió sin herederos, así que el condado lo va a
vender. Si todo va bien con el abogado, organizaré una inspección y
una tasación, y entonces podremos hacer una oferta.
—Suena bien, diosa. — Oír su voz hace que lo eche más de
menos. —Joder. — gruñe Jensen, y puedo oírlo hablar con alguien al
otro lado de la línea. —Me tengo que ir. El nuevo entrenador ha
convocado una maldita reunión de equipo. Te amo. — Se me derrite el
corazón cada vez que mi conejito dice esas palabras.
—También te amo. Te llamaré una vez que revise el edificio.
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Capítulo 11
JENSEN
Después de la larga reunión, tenemos un entrenamiento extra y
son más de las nueve cuando vuelvo al hotel. Voy directo a mi
habitación y llamo a Lana. Me da un vuelco el corazón cuando me
salta el buzón de voz. Dejo un mensaje para que me llame y me
apresuro a escribirle un mensaje.
Yo: ¿Dónde estás?
Espero varios minutos, pero no aparece ningún puntito en la
pantalla. Joder. Después de lo que parece una maldita eternidad, me
desvisto y me meto en la ducha, diciéndome a mí mismo que
probablemente esté en el baño o paseando al perro y aún no haya visto
mi mensaje. Me doy la ducha más rápida de la historia, salgo y me
seco. El corazón se me oprime en el pecho mientras miro la pantalla
en blanco del móvil. Joder.
Subo la imagen de seguridad de mi cabaña y veo que la casa está
completamente a oscuras. Cuando compruebo los registros de
movimiento y veo que nadie ha estado ahí desde esta tarde, sé al
instante que algo va mal.
Después de llamar de nuevo a su teléfono y dejar que salte el
buzón de voz, marco su contraseña y escucho los mensajes. Joder.
Tiene seis mensajes de voz nuevos. Dos son estupideces, uno es de
Zane y los tres últimos son de Pooch Parlor y quieren saber por qué
no ha recogido a Rufus.
Sabiendo que necesito ayuda, respiro a través del pánico que
fluye por mi alma y marco el número de Giant.
—Es jodidamente tarde. Más te vale que sea una puta
emergencia.
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—Lana no está en casa. — suelto las únicas palabras que soy
capaz de decir con la garganta seca.
—No puedo creer que me llames después de las diez porque no
encuentras a tu jodida mujer. Es una mujer adulta. Tal vez salió a
cenar o algo así. — No se da cuenta de por qué estoy enloqueciendo.
Respiro hondo varias veces para controlarme y poder explicarle
la situación razonablemente. —No ha vuelto a casa desde que se fue a
su reunión de la tarde con el abogado que representa al condado, y no
ha recogido a la maldita bola de pelo de la guardería para perros.
Ahora, tengo su atención. — ¿Estás seguro?
—Revisé mi sistema de seguridad y escuché sus mensajes de voz.
—De acuerdo. — Gigante se hace cargo. —Vas a calmarte de una
puta vez porque asustarte no va a ayudar en nada. Voy a llamar al
abogado para ver qué ha pasado esta tarde. En cuanto sepa algo, te
llamo.
— ¿Qué se supone que tengo que hacer mientras tanto? — Odio
la maldita sensación de impotencia que me recorre ahora mismo.
—Coge el primer vuelo de regreso a Silver Spoon Falls y llama a
la línea de atención al cliente de Pooch Parlor para decirles que ha
pasado algo. Te llamaré pronto.
El imbécil me cuelga y me pongo en marcha. Es casi imposible
encontrar un vuelo a Houston a estas horas de la noche, así que Giant
se pone manos a la obra. Pide algunos favores, toma prestado el avión
privado del presidente de su club y lo envía a Dallas a recogerme. Cada
miembro de su MC es extremadamente rico, y el Presidente no es una
excepción. Es el CEO del mayor banco de inversiones de Texas, y no
solo posee un avión privado, sino que el MC posee un aeródromo
privado para que no tengamos que volar hasta Houston.
Estoy sentado en la pista esperando nuestro turno para
despegar cuando suena mi teléfono. Veo la cara de Giant y siento que
se me desploma el corazón. —Dime que sabes dónde está. — No me
importa sonar desesperado.
—El abogado tuvo que cancelar la cita con Lana. Le envió la llave
del edificio y le dijo que fuera a comprobarlo. — Giant no se anda con
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rodeos. —Estoy enviando a alguien al complejo de apartamentos
ahora.
—Mantenme informado. Debería aterrizar en menos de una
hora. — Gracias a Dios es un vuelo corto entre Dallas y Silver Spoon
Falls.
Soy un manojo de nervios cuando aterrizamos en Silver Spoon
Falls. En cuanto la azafata abre la puerta principal, salgo corriendo al
aire frío de la noche tejana.
Un todoterreno negro se detiene junto al avión y mi diosa sale
por la puerta del copiloto. Joder. Casi caigo de rodillas cuando siento
un gran alivio. — ¿Qué demonios ha pasado? ¿Estás bien? —Arrastro
su cuerpo suave y curvilíneo contra el mío y la beso antes de que
pueda responder a mis preguntas.
—Estoy bien. —Me rodea la cintura con sus suaves brazos y se
aferra a mí.
—El abogado canceló nuestra reunión pero me ofreció ir a ver el
complejo yo sola. No quería perder el tiempo, así que fui sola. — Si
alguien le pone una puta mano encima, mato al maldito imbécil. —
Estaba tan distraída que dejé sin querer el móvil en el coche cuando
entré. — Miro por encima de su cabeza y veo a Giant de pie en el lado
del conductor del todoterreno. —Todo iba bien hasta que me quedé
atascada en uno de los apartamentos de abajo.
— ¿Cómo te quedaste atascada? — Parpadeo varias veces,
intentando asimilar lo que está diciendo.
—La puerta se atascó cuando la cerré, y no importaba lo que
hiciera, no se abría. Probé todas las ventanas, pero tenían barrotes y
no pude encontrar una salida. — Joder. Eso suena aterrador.
—Me detuve frente al edificio de apartamentos y vi su coche, así
que forcé la puerta principal. Ella me oyó y empezó a gritar hasta que
encontré el apartamento en el que estaba atrapada. — explica Giant.
— ¿Estás bien?— Paso las manos por sus suaves curvas,
asegurándome de que está de una jodida pieza.
—Estoy bien. Un poco asustada por haberme pasado seis horas
encerrada en un apartamento vacío, pero no me ha pasado nada. —
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Menos mal. Sé que no viviría si le pasara algo a mi diosa. Tenerla en
mi vida es necesario para mi supervivencia.
La abrazo fuerte y miro por encima del hombro. —Gracias. — le
digo a Giant. —Te debo jodidamente mucho.
—Cuida de tu mujer. Luego te cobro.
Después de reasegurarle que el dueño de Pooch Parlor va a
cuidar bien de Rufus hasta mañana, me paso el resto de la noche
asegurándome de que Lana está viva y bien. Cuando los dos estamos
demasiado cansados para mover un músculo, me tumbo y la aprieto
contra mí. —Jodidamente te amo. — Su delicado aroma me envuelve
mientras paso las manos por su suave pelo. —Y tienes que
prometerme que nunca volverás a asustarme así.
—Es una promesa que haré encantada. — Apoya la barbilla en
mi pecho y me sonríe antes de coger mi mano y posarla sobre su suave
vientre. —Pero no puedo prometerte que nuestro pequeño no nos dé
alguno que otro susto.
Mi mente tarda unos segundos en asimilar lo que me está
diciendo. — ¿Qué quieres decir?— Miro su barriga y me imagino a
nuestro hijo creciendo dentro de ella. Una felicidad increíble me
recorre el alma.
Mi diosa me sonríe y asiento. —Sí, has conseguido dejarme
embarazada.
Joder. Casi golpeo el aire con el puño cuando me invade la
satisfacción. —Sabía que toda esa práctica extra valdría la pena. —
Me río y le doy la vuelta. Me inclino y le beso el punto bajo la oreja que
vuelve loca a mi diosa.
Me clava las uñas en la nuca mientras un escalofrío recorre su
cuerpo curvilíneo. Le paso la lengua por la clavícula y me pregunta: —
¿Por qué no practicamos un poco más? Para estar seguros. — Mi diosa
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inteligente, atrevida y preciosa lee la mente. Y es toda jodidamente
mía.
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Epílogo
LANA
Cinco años después…
— ¡Mami!— grita Eleanor y corre hacia mí cuando entro por la
puerta de atrás. Me inclino y le doy un beso en la mejilla a la mayor
mientras me cuenta su día. —Mary Elizabeth me ha robado el
rotulador rosa y la señora Harper me lo ha devuelto.
—Robó, pequeña, no robó. — Sacudo la cabeza mientras mi
esposo se aparta de los fogones y corrige suavemente a nuestra
testaruda hija.
—Ah, de acuerdo. —sacude la cabeza y continúa con su historia.
—Entonces Tommy se comió un crayón amarillo y lo vomitó sobre el
escritorio de Jana.
—Qué asco. — Jordan, nuestra hija de cuatro años, se estremece
al escuchar a su hermana mayor. —Recuerda, los lápices de colores
son para colorear, no para comer. — Señala con el dedo a Eleanor, y
mi esposo se da la vuelta para que las niñas no lo vean reírse. Con
once meses de diferencia, las niñas actúan como gemelas.
Saca los cubiertos del cajón y los deja sobre la encimera. — ¿Por
qué no van a poner la mesa mientras hablo con mamá? — Cuando las
niñas cogen los cubiertos y se dirigen al comedor, me coge en brazos.
—Hola, diosa. ¿Cómo te ha ido el día?
—Ocupado. — Eso es quedarse corto. Pasé la mañana con
nuestro contable repasando los pagos atrasados del alquiler, y luego
conseguí una canguro para poder llevar a mi esposo a la gran
inauguración del nuevo restaurante en el que hemos invertido. —No
lo olvides, tenemos la gran inauguración de Silver Spoon Brewery el
viernes por la noche.
— ¿Cómo podría olvidarlo? Puedo llevar a mi preciosa esposa a
pasar una noche en la ciudad. — Mueve las cejas. —Quizá podamos
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empezar a trabajar en nuestro próximo proyecto después de la
inauguración.
—Tal vez. — Los dos sabemos que voy a ceder e intentar tener el
niño que mi esposo se muere por tener. —Si eres un buen chico.
—Siempre soy un buen chico. — Me pega en el trasero y casi me
quemo. Nuestras dos hijas vuelven corriendo a la habitación y nos
interrumpen antes de que la cosa se ponga demasiado caliente. Mi
esposo les da tareas para la cena mientras yo subo a ponerme ropa
cómoda.
Después de su última temporada en la AHL, Jensen se dedicó a
remodelar nuestra casa para dejarla lista para nuestro primer hijo.
Incluso hizo que añadieran una gran oficina detrás del garaje para que
pudiéramos trabajar desde casa para seguir teniendo intimidad
cuando la necesitáramos. Cuando nació Eleanor, se ofreció voluntario
para ser el cuidador principal mientras yo me ocupaba de nuestro
negocio.
De alguna manera, hemos conseguido que esta situación tan
poco habitual funcione. A mi esposo le encanta ser amo de casa y
cuidar de las niñas, y a mí me encanta mi trabajo.
Los dos salimos ganando y la vida no podría ser mejor.
Fin…
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