1.
La gallina de los huevos de oro, de Esopo
El deseo obsesivo por conseguir cada vez más bienes y riquezas puede llevarnos a perder lo poco
que tenemos. Esta fábula de Esopo reflexiona sobre la importancia de valorar aquello que se
tiene, pues, la codicia puede llevarnos a la ruina.
Un granjero tenía una gallina que, cada día, ponía un huevo de oro. Un día, pensando que
encontraría dentro de ella una gran cantidad de oro, la mató.
Al abrirla, vio que por dentro no tenía nada, era igual que el resto de gallinas de su especie. De
modo que, por ser impaciente y querer conseguir más abundancia, acabó el mismo con las
riquezas que la gallina le daba.
Moraleja: Es conveniente estar contentos con lo que se tiene y huir de la insaciable codicia.
2. Los seis ciegos y el elefante
Este pequeño cuento, atribuido a un sufí persa del siglo XIII conocido como Rumi, tiene un
complejo trasfondo acerca de la naturaleza de las cosas. Nos permite reflexionar acerca de
la incapacidad de los seres humanos para comprender todos los planos de la realidad.
Además, también contiene una enseñanza acerca de la riqueza que supone tener diferentes
perspectivas sobre un mismo asunto. Valorar la diversidad de opiniones nos permite solucionar
problemas.
Había una vez seis hindúes ciegos de saber que quisieron conocer qué era un elefante. Como no
podían ver, quisieron averiguarlo a través del tacto.
El primero en indagar, llegó junto al elefante y se chocó con su duro lomo y dijo: “es duro y liso
como una pared”. El segundo, tocó el colmillo, y gritó: “ya veo, el elefante es tan agudo como una
lanza”.
El tercer hombre tocó la trompa y dijo: “Ya sé, el elefante es como una serpiente”. El cuarto tocó su
rodilla y dijo: “Veo que el elefante es como un árbol”. El quinto sabio se acercó a la oreja y dijo: “el
elefante es como un abanico”. Finalmente, el sexto tocó la cola del animal y dijo: “está claro que el
elefante es como una soga”.
Así es como los sabios comenzaron a discutir y pelearse por ver quién estaba en lo cierto. Cada uno
con su propia opinión, y todos tenían parte de razón, pero solo conocían un fragmento de la
realidad.
4. La taza de té
Este viejo cuento japonés nos advierte acerca de cómo los prejuicios pueden obstaculizar nuestro
proceso de aprendizaje.
Si realmente queremos aprender algo nuevo, debemos dejar a un lado esas opiniones y creencias
preconcebidas para así “llenarnos” de nuevo conocimiento.
Un profesor visitó a un anciano muy sabio con la intención de aprender de su conocimiento. El
viejo le abrió la puerta y, enseguida, el profesor comenzó a platicar de todo aquello que ya sabía.
El anciano escuchaba atento y el profesor no paraba de hablar intentando sorprender al sabio con
su conocimiento.
—¿Tomamos un té?— interrumpió el maestro zen.
—¡Claro! ¡Fantástico!— dijo el profesor.
El maestro empezó a llenar la taza del profesor y, cuando se había llenado, no paró. El té comenzó
a salirse de la taza.
—¿Qué haces?— le dijo el profesor— ¿No ves que la taza ya está llena?
El sabio respondió muy calmado, ilustrando la situación:
—Al igual que ocurre con la taza, tú estás lleno de tus propias opiniones, sabiduría y creencias. Si
quieres aprender algo nuevo, primero tendrás que vaciarte de ellas.
6. La piedra en el camino
La vida nos pone constantemente a prueba. Los obstáculos y los nuevos retos van apareciendo en
el camino.
Esta antigua parábola anónima nos permite reflexionar acerca de la importancia afrontar los
desafíos. Esquivar los obstáculos o tratar de culpar a otras personas no nos hace crecer. Las “rocas
en el camino” suelen ser siempre valiosas oportunidades de mejora y desarrollo personal.
Había una vez un rey que puso de forma intencionada una enorme piedra en una de las vías más
transitadas del reino. Después, se ocultó para ver cuáles eran las reacciones de los transeúntes.
Primero pasaron unos campesinos. En lugar de quitar la piedra, la rodearon. También transitaron
mercaderes y pueblerinos que también la esquivaron. Todos se quejaban de la suciedad que tenían
las carreteras.
Tiempo después pasó un lugareño que llevaba en su espalda una carga de hortalizas. Este, en lugar
de rodear la roca, se paró y la observó. Intentó moverla empujándola.
Pronto, el lugareño notó que algo había debajo de aquella piedra. Era una bolsa que contenía una
buena cantidad de monedas de oro. En ella pudo ver también una nota escrita por el rey que
decía: “Estas monedas son para la persona que se tome la molestia de mover la piedra del camino.
Firmado: El rey”.
7. El abuelo y el nieto, de los hermanos Grimm
En la obra de los hermanos Grimm encontramos algunos cuentos que, aunque son menos
populares, merece la pena leerlos por sus grandes enseñanzas.
Este cuento, protagonizado por los miembros de una familia, reflexiona sobre la importancia de
valorar, respetar y cuidad a nuestros seres queridos, especialmente, a nuestros mayores.
Había una vez un señor muy anciano que apenas podía ver. Cuando estaba en la mesa para comer,
no podía sostener la cuchara, dejaba caer la copa en el mantel, y algunas veces se le escapaba la
baba.
Su nuera y su propio hijo estaban muy enfadados con él y decidieron dejarlo en un rincón de un
cuarto, donde le llevaban su escasa comida en un plato viejo de barro.
El anciano no paraba de llorar y, con frecuencia, miraba triste hacia la mesa.
Un día, el abuelo se cayó al suelo y rompió el cuenco de sopa que apenas podía sostener con sus
propias manos. Entonces, su hijo y su nuera le compraron una cazuela de madera para evitar que
se rompiera.
Días después, su hijo y su nuera vieron a su niño de cuatro años, muy ocupado en reunir algunos
pedazos de cazuela que había en el suelo.
—¿Qué haces?—preguntó su padre.
—Una tartera para dar de comer a papá y a mamá cuando sean viejos— contestó el pequeño—.
El marido y la mujer se miraron por un momento sin decir palabra. Después rompieron a llorar, y
volvieron a poner al abuelo en la mesa. Desde ese momento, el abuelo comió siempre con ellos,
siendo tratado con mayor amabilidad.
8. La maceta vacía
Hay historias orientales que nos enseñan importantes valores. Este cuento tradicional chino nos da
toda una lección de honestidad. La transparencia que demuestra el protagonista de esta historia
con sus actos, nos enseña que la honestidad conduce al éxito.
Hace muchos siglos, en China, gobernaba un emperador muy sabio. Ya era anciano y no había
tenido hijos que heredaran su trono.
A este emperador le gustaba la jardinería, por eso, mandó traer a palacio a un grupo de niños y
niñas de diferentes provincias. A cada uno de ellos le daría una semilla y, quien trajera en un año
las flores más hermosas, heredaría el trono.
La mayoría de niños que acudieron a por las semillas eran hijos de familias nobles, a excepción de
uno, Ping, el de la provincia más pobre. Este había sido enviado por sus dotes como jardinero.
El joven Ping llegó a su casa y plantó la semilla en una maceta. La cuidó con mucho cariño durante
un tiempo, pero la planta no brotaba.
Llegó el día de presentar las plantas al emperador. Ping llevó su maceta vacía, mientras otros niños
tenían macetas con hermosas flores. El resto de niños se burlaban de él.
El emperador se acercó y dijo a los presentes:
—Sepan que todas las semillas que entregué eran infértiles. No podían dar flores. Ping es el único
que ha sido honesto y leal, por eso será el emperador.
Es así como Ping se convirtió en uno de los mejores emperadores del lugar. Siempre se preocupó
por su pueblo y gestionó su imperio con prudencia.
9. La mariposa y la luz de la llama, de Leonardo Da Vinci
Este relato, atribuido a Leonardo Da Vinci, advierte sobre no dejarse engañar por aquello que nos
fascina a primera vista, pues, las apariencias engañan. En esta parábola, la experiencia de una
mariposa simboliza a quienes se dejan llevar por la ambición, haciendo caso omiso de lo que
tienen a su alrededor
Una hermosa mariposa volaba feliz en un hermoso día de primavera.
—¡Qué día más bello hace hoy!— pensaba mientras admiraba un campo lleno de vivos colores.
De pronto, a lo lejos, vio una gran llama en una cabaña; era el fuego de una vela que jugaba con el
viento.
La mariposa no dudó en ir a ver la llama de cerca. De pronto, su alegría se transformó en desgracia,
pues sus alas empezaron a chamuscarse.
—¿Qué me está pasando?— pensó la mariposa.
El insecto retomó el vuelo como pudo, y se volvió a acercar a la luz para comprobar qué pasaba. De
repente, sus alas se consumieron por completo y cayó al suelo malherido.
Finalmente, la mariposa, dijo a la llama entre lágrimas:
—¡Engañosa maravilla! ¡Eres tan falsa como preciosa! Pensé que encontraría en ti la felicidad y, en
cambio, hallé la muerte.
10. El lobo herido y la oveja, de Esopo
Esopo, uno de los más reconocidos fabulistas de la Antigua Grecia, dejó como legado un cuantioso
número de historias de carácter moralizador, adaptadas posteriormente por otros autores.
Esta historia protagonizada por animales, advierte acerca de no confiar en los desconocidos,
aunque parezca que tienen buenas intenciones.
Un lobo estaba en mitad del camino cansado y hambriento. Había sido mordido por unos perros y
no podía levantarse.
Una oveja pasaba por allí, así que el lobo decidió pedirle que le llevara un poco de agua del río más
cercano:
—Si me traes agua para beber —dijo el lobo— yo mismo me encargaré de buscar mi comida.
—No pienses mal amigo, pero si te llevo el agua, después me comerás— dijo la oveja.
Moraleja: Prevé siempre el verdadero objetivo de las aparentemente inocentes propuestas de los
malhechores.
11. Los dos amigos, de Jean la Fontaine
A veces en la vida nos preguntamos qué es la verdadera amistad. Esta fábula de Jean la Fontaine
parece tener la respuesta, pues nos enseña que la amistad implica lealtad, generosidad y
compartir alegrías y penas. Supone una relación de compromiso y amor desinteresado que le
ofrecemos al otro.
Esta historia trata de dos amigos verdaderos. Lo que era de uno, también era del otro. Se tenían
aprecio y respeto mutuo.
Una noche, uno de los amigos se despertó asustado. Salió de la cama, se vistió rápidamente y se
fue a casa del otro.
Al llegar al lugar, golpeó tan fuerte la puerta que despertó a todos. El dueño de la casa salió con
una bolsa de dinero en la mano y le dijo a su amigo:
—Sé que no eres hombre de salir corriendo en plena noche sin motivos. Si has venido hasta aquí
es porque algo malo te sucede. Si has perdido tu dinero, aquí tienes, tómalo…
El visitante respondió:
—Agradezco que seas tan generoso, pero ese no ha sido el motivo de mi visita. Estaba durmiendo y
soñé que algo malo te sucedía y que la angustia te dominaba. Me preocupé mucho y tuve que
comprobar por mí mismo que nada te ocurría.
Así actúa un verdadero amigo. No espera que su compañero acuda a él, sino que, cuando supone
que algo sucede, le ofrece su ayuda de inmediato.
Moraleja: la amistad es estar atento a las necesidades del otro y tratar de ayudar a solucionarlas,
ser leal y generoso y compartir no solo las alegrías sino también las penas.
12. El adivino, de Esopo
Hay personas que acostumbran a entrometerse en la vida de los demás y cuestionar
constantemente sus decisiones. Sin embargo, no son capaces de manejar su propia vida.
Esta fábula de Esopo, nos advierte sobre no dejarse llevar por quienes dicen tener el don de
adivinar el futuro, pues solo pretenden lucrarse por ello.
Un adivino estaba trabajando en la plaza del pueblo cuando, de repente, se le acercó un hombre y
le advirtió de que las puertas de su casa estaban abiertas y que se habían llevado todo cuanto
tenía en su interior.
El adivino se sobresaltó y fue rápido a su casa para ver lo que había pasado. Uno de sus vecinos, al
verlo desesperado, le preguntó:
—Escucha, tú que aseguras que eres capaz de predecir lo que le sucederá a los demás, ¿por qué no
has adivinado lo que te sucedería a ti?
Moraleja: Nunca faltan personas que pretenden decir a los demás cómo actuar y, sin embargo, son
incapaces de manejar sus propios asuntos.
13. La pregunta
En la tradición popular sufí, destacó un importante personaje mitológico, que fue protagonista de
diferentes cuentos cortos. Estas pequeñas fábulas nacen con la intención de hacer reflexionar al
lector.
En este caso, Nasurdín y un compañero hacen reflexionar acerca de esa peculiar costumbre que
tenemos a veces de responder con una pregunta para evitar dar una respuesta.
Un día Nasurdín y un buen amigo caminaban mientras hablaban de temas profundos. De repente,
el compañero se paró y le miró diciendo:
—¿Por qué cada vez que te hago una pregunta me respondes con otra pregunta?
Nasurdín, sorprendido, se quedó inmóvil y respondió:
—¿Estás seguro de que hago eso?
14. La perra y su compañera, de Jean de la Fontaine
Jean de la Fontaine fue un reconocido fabulista francés del siglo XVII. Esta narración, protagonizada
por dos perras, advierte sobre la importancia de no confiar en cualquiera, ya que algunas personas
se aprovechan de la bondad o de los buenos gestos de otras.
Una perra de presa, que estaba esperando la llegada de sus cachorros, no tenía un lugar donde
cobijarse.
Pronto, consiguió que una compañera le dejara entrar en su cobijo por poco tiempo, hasta que
diera a luz a sus cachorros.
Al cabo de unos días, volvió su amiga, y con nuevos ruegos le pidió que prorrogase el plazo quince
días más. Los cachorros apenas andaban; y con estas otras razones, logró quedarse en el cubil de
su compañera.
Pasada la quincena, su amiga volvió para pedirle su casa, su hogar y su lecho. Esta vez la perra le
enseñó los dientes y le dijo:
—Saldré, con todos los míos, cuando me echéis de aquí.
Los cachorros ya eran mayores.
Moraleja: Si das algo a alguien que no lo merece, lo llorarás siempre. No recobrarás lo que prestas
a un pícaro, sin andar a palos. Si le alargas la mano, tomará el brazo.
16. El cántaro roto
En la tradición oral marroquí, encontramos cuentos populares llenos de sabiduría.
La historia de El cántaro roto, es una narración con una enseñanza tan bella como necesaria: es
importante querernos y valorarnos tal y como somos.
Hace mucho tiempo, en una pequeña aldea marroquí, existió un aguador que pasaba sus días
acarreando agua desde un pequeño manantial de las afueras, hasta las casas de los habitantes.
Llevaba dos cántaros. Uno era nuevo y otro ya tenía muchos años. Cada uno iba colocado en un
soporte de madera que portaba sobre sus hombros.
El cántaro viejo tenía una pequeña grieta a través de la cual se escapaba el agua. Por eso, cuando
el hombre llegaba a la aldea, apenas quedaba la mitad de agua en su interior.
El cántaro nuevo estaba muy orgulloso de sí mismo, ya que cumplía bien con su objetivo y no
derramaba ninguna gota de agua.
En cambio, el cántaro viejo se avergonzaba porque solo transportaba la mitad de agua. Un día
estaba tan triste que le dijo a su dueño:
— Me siento culpable por hacerte perder tiempo y dinero. No hago mi trabajo como debería,
porque tengo una pequeña raja por la que se escapa el agua. Entendería que no quisiera usarme
más.
El aguador respondió:
—Tienes que saber que, cada vez que regresamos a la aldea, te sitúo en el lado del sendero en el
que planto semillas de flores cada primavera.
El cántaro miró con asombro, mientras el aguador continuaba:
—El agua que se escapa no se pierde, ya que riega la tierra y permite que nazcan las flores más
bonitas de este lugar. Esto es gracias a ti.
Desde entonces, el viejo cántaro aprendió que debemos querernos como somos, pues todos
podemos aportar cosas buenas, con nuestras virtudes y defectos.
17. El problema
Existe una antigua leyenda budista que tiene una importante lección acerca de la resolución de
problemas. Antes de intentar solucionar alguna dificultad debemos entender bien cuál es el
problema, dejando a un lado las creencias, las apariencias y los prejuicios.
En esta historia, el discípulo que logró resolver el reto planteado por el Maestro es aquel que no se
dejó llevar por el aspecto de las cosas, sino por el problema.
Dice una vieja narración que un buen día, en un monasterio ubicado en una recóndita ladera,
murió uno de los guardianes más ancianos.
Después de hacerle rituales y darle una despedida, alguien debía asumir sus funciones. Debía
encontrarse al monje adecuado para hacer su trabajo.
Un día, el Gran Maestro citó a todos los discípulos del monasterio. En la sala donde tuvo lugar la
reunión, el Maestro puso encima de una mesa un jarrón de porcelana y una rosa amarilla muy
bella y dijo:
—He aquí el problema: quien logre resolverlo será el guardián de nuestro monasterio.
Todos se quedaron asombrados mirando aquella escena. ¿Qué representaría ese bello jarrón con
flores? ¿Cuál podría ser el enigma encerrado de tan delicada belleza? Demasiadas preguntas…
Después de un rato, uno de los discípulos se aventuró a dar una respuesta: sacó su espada y
rompió el jarrón de un golpe. Todos se quedaron pasmados ante el suceso, pero el Gran Maestre
dijo:
—Alguien se ha atrevido no solo a dar solución al problema, sino a eliminarlo. Honremos a nuestro
Guardián del Monasterio.
5. El burro flautista, de Tomás de Iriarte
Tomás de Iriarte fue uno de los más reconocidos fabulistas españoles, que vivió durante el siglo
XVIII. Entre sus narraciones, encontramos esta fábula en verso, una de las más conocidas del autor.
El hecho que probemos a hacer algo y salga a la primera no implica que ya tengamos todo
aprendido o seamos expertos en esa materia. El burro flautista nos enseña que siempre podemos
aprender algo nuevo, no debemos pensar que ya lo sabemos todo.
Esta fabulilla,
salga bien o mal,
me ha ocurrido ahora
por casualidad.
Cerca de unos prados
que hay en mi lugar,
pasaba un borrico
por casualidad.
Una flauta en ellos
halló, que un zagal
se dejó olvidada
por casualidad.
Acercóse a olerla
el dicho animal,
y dio un resoplido
por casualidad.
En la flauta el aire
se hubo de colar,
y sonó la flauta
por casualidad.
¡Oh!— dijo el borrico—,
¡que bien sé tocar!
¡Y dirían que es mala
la música asnal!
Moraleja:
Sin reglas del arte,
borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad.
15. El viejo y la muerte, de Félix María de Samaniego
Entre las creaciones del reconocido fabulista español Félix María de Samaniego, encontramos esa
fábula en verso, una versión de una historia atribuida a Esopo.
Se trata de una narración que alecciona acerca de lo importante de valorar la vida sin importar
cuantas dificultades tengamos en el camino. La vida siempre nos da algo positivo aun en las
situaciones más dolorosas.
Entre montes, por un áspero camino,
tropezando con una y otra piña,
iba un viejo cargado con su leña,
maldiciendo su mísero destino.
Al fin cayó, viéndose de suerte
que apenas levantarse ya podía
llamaba con colérica porfía,
una, dos y tres veces a la muerte.
Armada de guadaña, en esqueleto
la Parca se le ofrece en aquel punto:
pero el viejo, temiendo ser difunto,
lleno más de terror que de respeto,
Trémulo le decía balbuciente:
Yo, señora… Os llamé desesperado;
Pero… Acaba: ¿qué quieres, desdichado?
Que me cargues la leña solamente.
Moraleja: Tenga paciencia quien se cree infeliz,
Que aun en la situación más lamentable,
es la vida del hombre siempre amable.