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Menos Activismo

El autor reflexiona sobre su vida espiritual y la necesidad de una relación más cercana con Dios, enfatizando que el cristianismo se trata más de 'estar con Dios' que de 'trabajar para Dios'. Destaca la importancia de la oración y la intimidad con el Señor en un mundo lleno de distracciones y activismo. A través del testimonio de San Ignacio de Loyola, se ilustra cómo la vida activa y la vida contemplativa pueden coexistir, invitando a los lectores a profundizar en su relación con Dios.
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Menos Activismo

El autor reflexiona sobre su vida espiritual y la necesidad de una relación más cercana con Dios, enfatizando que el cristianismo se trata más de 'estar con Dios' que de 'trabajar para Dios'. Destaca la importancia de la oración y la intimidad con el Señor en un mundo lleno de distracciones y activismo. A través del testimonio de San Ignacio de Loyola, se ilustra cómo la vida activa y la vida contemplativa pueden coexistir, invitando a los lectores a profundizar en su relación con Dios.
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La Mejor Parte.

Desde hace unos días he estado pensando y reflexionando sobre mi vida


espiritual. ¿Cómo estoy?, ¿Dónde estoy?, Hacia dónde voy?

Y yendo un poco más profundo aún: ¿Siendo lo que soy, estoy contento y
feliz? ¿Estoy siendo la versión que Dios quiere que sea? ¿O puedo aún ser
mejor ser humano, mejor cristiano, mejor padre o madre para mis hijos,
mejor hermano para mis hermanos?

Desde hace unos meses atrás empecé a necesitar una mayor y mejor
relación con Dios; sentía que El Señor me estaba pidiendo más y que,
especialmente, yo necesitaba estar más cerca de El. Sentía que Dios quería
más de mí.

Pero muchos ruidos internos me lo impedían. Había muchas sustancias


dentro de mí, mucha ira y rabia por mis condiciones físicas limitantes, mucho
remordimiento por los pensamientos, palabras y acciones, etc.,
desordenadas y fuera de mi control; y como no poner en esa lista: el aguijón
clavado en mi carne desde hace décadas, que me había llevado a una
situación limítrofe con el caos y la anarquía físicas, emocionales y
espirituales.

Y me volví a mi Señor. Como niño recién nacido, indefenso, desvalido,


dependiente de El: Sentí que ¡Él tenía que tomar el control de mi vida!. Que
la brújula de mi vida debía siempre orientar al E, es decir a El Señor.

¡Sentí que más que trabajar para El, de lo que se trata la vida es de
“estar con El!

Recordé las palabras que recitaba Monseñor Rafael Mauricio Vargas citando
al Papa Pio XII sobre que debíamos de tener: “menos activismo y más
oración”.

En este mundo convulso, impaciente, tecnológico, donde todo es demasiado,


donde no sabemos tantas cosas que creemos saber, donde lo más
“necesario”, es satisfacer necesidades “urgentes” y muchas veces no
imprescindibles; y es en este mundo de la inmediatez del “para ahora mismo
si no puede ser antes”: es en esta única vida terrenal, en la que cada vez
tendemos a orar menos, a tener menos tiempo para la intimidad y la
contemplación del Altísimo.
Es, tal vez, más fácil que en otras épocas, tener las excusas/razones de estar
más ocupados en otras cosas, algunas importantes, otras más triviales; que
nos roban tiempo y energías para estar a los pies del divino maestro.

Quiero repetirlo pues para mí es vital: “de lo que trata el cristianismo no es


tanto el trabajar para Dios, sino estar con Dios” Porque de verdad, nosotros
podemos trabajar “para Dios” o al menos intentar trabajar para Dios sin
estar con Dios” Parece un contrasentido pero de verdad podemos dar de
nosotros, de lo que hemos leído, de lo que la vida nos ha enseñado, de
nuestros talentos naturales y sobrenaturales y podemos hasta dar frutos de
esta laboriosidad. Puedo “trabajar” para Dios, sin estar plenamente unido a
Él. Pero lo que es imposible es Estar con Dios y no trabajar para El. El
corazón henchido de su Amor, El alma volcada a su inspiración, el espíritu
siendo uno con el Santo Espíritu, los sentidos abiertos a sus soplos, etc., nos
mueve, nos descoloca, nos contraría (muchas veces); pero solo es estando
“En Dios, Por Dios y Para Dios”.

¿Quiénes tienen más de 35 años en esta Comunidad? ¿Quiénes tienen entre


30 y 35 años? ¿Quiénes entre 25 y 30? ¿Quiénes entre 20 y 25? ¿Quiénes
entre 15 y 20?, ¿Quiénes entre 10 y 15? ¿Quiénes entre 5 y 10? ¿Quiénes
entre 1 y 5 años en la Comunidad?

Wao, Wao, Wao: estoy en medio de casi santos…

Pero, a ti que llevas todos estos años en esta vida Comunitaria, y otros
tantos más (antes de llegar a la Comunidad, a ti te pregunto hoy y ahora:
¿Cuánto tiempo pasas a solas, en intimidad, en encuentro con el amado?
Ojalá pudieras expresar como dice la canción: “Dios está tan cerca de mí que
hasta lo puedo tocar…”

Hace poco escuché a alguien decir que: “lo más importante era que lo más
importante fuera siempre lo más importante”. Y yo me pregunto, qué puede
ser más importante que mi relación con mi Señor y mi Salvador”.

De esta relación íntima, pende todo lo demás. No hay nada más serio,
profundo e imprescindible para un cristiano que estar a los pies del Maestro.
Es el agua fresca que riega mi tierra, el oxígeno de mi espíritu, el alimento
de mis emociones…La Vida de mi vida.

Todos conocemos el pasaje de Marta y María. Está en el Evangelio según San


Lucas, en el capítulo 10, versos 38-42: “Siguiendo su camino, entraron en un
pueblo, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Tenía una hermana
llamada María, que se sentó a los pies del Señor y se quedó escuchando su
palabra.

Mientras tanto Marta estaba absorbida por los muchos quehaceres de la


casa. A cierto punto Marta se acercó a Jesús y le dijo: «Señor, ¿no te importa
que mi hermana me haya dejado sola para atender? Dile que me ayude.»

Pero el Señor le respondió: «Marta, Marta, tú andas preocupada y te pierdes


en mil cosas: una sola es necesaria. María ha elegido la mejor parte, que no
le será quitada.».

Y yo me digo y te digo hoy: ¡Ay, hermano, hermana, tus andas preocupado y


te pierdes en mil cosas, SOLA UNA ES NECESARIA! MARIA HA ELEGIDO LA
MEJOR PARTE, la que no le será quitada.

Dios nos libre de pensar que, como consecuencia de estas palabras del
Señor Jesús, la moraleja es no hacer nada, no trabajar en la expansión de su
reino y solamente escucharlo estando a sus pies (aunque reconocemos que
este puede ser un llamado súper especial, derramado sobre algunas almas
especiales); pero, la inmensa mayoría de las veces, Dios nos pide compartir
nuestras vidas de fe entre el SER (prioridad número 1) y el HACER (prioridad
número 2).

En una encuesta realizada entre 2019 y 2022 entre pastores evangélicos


apenas el 55% de ellos leía la biblia diariamente, 27% lo hacía varias veces a
la semana un 4% hacían una vez a la semana un 7% lo hacían unas pocas
veces al mes un 1% la cia una vez al mes y un 3% lo hacía unas pocas veces
al año y un 3% lo hacían menos frecuente aún.

El famoso Ora et labora (ora y trabaja) es una locución latina que expresa
la vocación y la vida monástica benedictina de alabanza a Dios junto con el
trabajo manual diario.

Debo de decir que, nuestra tentación es irnos a los extremos y que muy
frecuentemente, en este caso específico, nos decantarnos por el hacer. El
catecismo de nuestra iglesia católica, numeral 1726, nos recuerda que: En el
inconsciente de muchos cristianos, orar es una ocupación incompatible con
todo lo que tienen que hacer: no tienen tiempo.

Y en el numeral 1729 nos dice que: La dificultad habitual de la oración


es la distracción. En la oración vocal, la distracción puede referirse a las
palabras y al sentido de estas. La distracción, de un modo más profundo,
puede referirse a Aquél al que oramos, tanto en la oración vocal (litúrgica o
personal), como en la meditación y en la oración contemplativa.
Ya vamos entendiendo las razones que carcomen los cimientos de nuestra
herencia espiritual.

El Orgullo: No estar abierto a la posibilidad de que Dios quiera decir algo,

El Miedo: Temer escuchar a Dios hablar o a orar correctamente.

Los pecados inconfesos: No confesar los pecados en el corazón.

Falta de perdón: No entender el perdón de Dios.

Orar por egoísmo: Orar para gratificar los deseos mundanos.

Poca concentración: La mente divaga.

Indiferencia, autosuficiencia, impaciencia e insinceridad: Estas


actitudes pueden impedir orar.

Falta de conciencia de la necesidad: No tener una conciencia real de la


necesidad de orar.

Un hombre y una mujer que aspiren a la santidad, y que quieran colaborar


en la santidad de otros, deben de ser un hombre y una mujer de profunda
oración, de intimidad creciente en su presencia, recurrir al estar a “solas con
Dios” y saber estar con él en el silencio. Recordemos lo que dice San Pablo
en Corintios 2, 10-16: “Pero el hombre natural no percibe las cosas
que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede
entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio, el
hombre espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de
nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le
instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.

Testimonio

La oración no fue nunca su punto fuerte. Envuelto en las vanidades de este


mundo y consumido por un deseo inmenso de grandeza y fama. La visión de
este joven era convertirse en un gran soldado y un encantador de mujeres.
Pero al ser herido profundamente en una de sus piernas en batalla, le
practicaron múltiples cirugías en España, en un intento de salvar su pierna, y
así poder regresar a sus actividades de guerra, cosa que no sucedió.
Finalmente perdió una de sus piernas. causa de una herida de bala de cañón
durante la defensa del castillo de Pamplona en 1521: La bala de cañón
rompió la tibia derecha de San Ignacio en sus tercios medio y proximal, y le
causó lesiones en las partes blandas de la pierna izquierda, se sometió a dos
dolorosas cirugías sin anestesia y como consecuencia, Quedó cojo para
siempre, con una pierna más corta que la otra y un segmento óseo
sobresaliendo por debajo de la rodilla.

Mientras se encontraba recuperándose en un castillo familiar en Loyola, le


regalaron un libro sobre la Vida de los Santos. Al año siguiente, se marchó
como peregrino por las abadías benedictinas, donde permaneció por otro
año entre monjes, auspicios con los más pobres y en muchas ocasiones en
cuevas en las montañas para dedicarse a la oración. Era un tiempo oscuro
para El, se encontraba luchando con Dios y con su propio sentido de la duda
acerca de la posibilidad de una auténtica transformación. Pero hubo
también muchas experiencias místicas en sus oraciones que lo marcaron
profundamente. Experiencias que las anotaba en su diario.

Eventualmente retornó a París para completar su educación donde algunos


amigos ya estaban comprometidos unos con otros en un voto común de
pobreza y castidad. Eso fue sólo el principio pues en agosto de 1534 se
fundaba la compañía de Jesús, conocida en la actualidad como los jesuitas.
Íñigo, cambió su nombre al de Ignacio.

Cuando fueron en búsqueda de la aprobación papal para la creación de esta


nueva orden religiosa, saltaron a la luz muchos escépticos, debido a que los
jesuitas querían un rol activo en el mundo y no se removido de él. Ellos
querían encontrar a Dios en todas las cosas, practicar la contemplación en la
acción.

Su obra se extendió rápidamente y han pasado a ser de cerca de 1000


sacerdotes jesuitas al momento de su muerte, a ser más de 16000
sacerdotes jesuitas, repartidos en 112 países. El hombre que quería ser un
soldado y un noble se convirtió en el siervo de Dios abriendo escuelas y
orfanatos abriendo casas para rescatar prostitutas, etc., y sin embargo el
legado más extendido a lo largo del mundo de Ignacio de Loyola fue una
manera de orar que ayudaba a las personas encontrar a Dios en todas las
cosas. Él buscaba una espiritualidad que no buscaba apartar a los
monasterios del mundo pero que veía al mundo como un monasterio. En
un sentido Ignacio nos demuestra que la vida contemplativa y la vida activa
están orgánicamente conectadas y que puedes encontrar a Dios en ambas
cosas el rezo del examen (ejercicios ignacianos) hace que te detengas, que
hagas una pausa y que reflexiones sobre la presencia de Dios con nosotros y
de qué manera nosotros podemos participar con él o decidir no hacerlo. La
Revolución ignaciana fue la manera en que él y sus seguidores buscaron vivir
de una manera monástica en el mundo que les rodeaba.
Esto significa que aquí mismo en la iglesia en la que sirves ahora mismo, en
esta estación de tu vida y de tu ministerio, puedes conocer a Dios más
íntimamente. Tú puedes acercarte a Dios renovar tu intimidad con él y beber
profundamente del agua de la vida una nueva vez.

Esto es cierto y no porque nos hayamos hecho maestros de las prácticas


espirituales o del perfecto arte de la disciplina, sino porque ¡El Espíritu dice
“VEN” y la novia responde “VEN!; Y permitan que aquel que esté sediento
venga, dejen que todo el que desea reciba como regalo el agua que infunde
la vida. Apoc 22,17.

En fin, Hermanos, les exhorto, en el amor que les tengo, a adentrarnos en la


profundidad del corazón de nuestro Señor. Cuidémonos de la tentación del
activismo (incluso del activismo del trabajo en la vida cristiana), no
sucumbamos al pensamiento de que “siempre estamos con Dios” porque
estamos trabajando para Dios y esto nos garantiza estar en la presencia de
Dios y porque además Dios está siempre con nosotros.

Hermano, hermana, DIOS TE QUIERE A SUS PIES, saca un rato, en algún


momento de tu día, alábalo en espíritu y verdad, medita su palabra, y deja
que el Espíritu del Dios Viviente te hable, te conforte, te escudriñe, te
consuele, te muestre el camino, te levante, te anime, te forme, etc., según el
beneplácito de su divina voluntad.

Juan Carlos Vargas

13 de nov. de 24

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