TUMBAS QUE MIRAN HACIA EL SOL
CARLA ALONZO
La orfandad es un extraño
peso que me habita
y tengo miedo
por primera vez se estremece
mi suelo errante
la soledad
Esther Seligson
Como si mirara a través de una ventana rota, papá es este cristal por el que se conecta un
respirador, un electrocardiógrafo que guía mis oídos a una laguna cercana.
Podrías usar todo lo que posees para fabricar un delirio, pero quizás haya que decir:
la enfermedad en la 211 avanza sistemáticamente.
Ese órgano de la nostalgia ha perdido su tamaño original.
Con la orfandad que nos respalda volvamos al síntoma verdadero
al caos natural, a una llama ausente
funcionar por partes.
Déjame estar tres veranos en ti, hasta
recuperarme de los niños y las fuentes
de los deseos arrojados a las fuentes,
del cuerpo de todos transformándose
en figuras que atraviesan la noche.
Nos desprendíamos
como un hilo rojo
cortado con los
dientes.
En los lugares donde fuimos verdaderos deshojé las flores
entregué a cada quien un rostro
y tuve el deseo de que el destino me estallara en las manos
Me preparo para este momento
que son todos los momentos juntos desde siempre
y no hay pausa ni redención entre lo real y lo imaginario
y mi madre canta por mí palabras mágicas
que he convertido en esporas
y mi padre sosteniendo una botella de whisky
y soy todas las veces que miré a través de mi silencio
la tierra que excavamos en vez de emerger
y si no llegamos al lugar que pretendíamos
dónde enterraré nuestros caballos invisibles
nuestros puertos y los barcos
dónde voy a decirte
que no llegamos nunca
este camino es la deriva
es hoy
un puente seco
la piel resquebrajada de luciérnagas
finales donde algo nuestro se desprende
aunque hayamos conquistado
las formas de huir.
Ser invisible no es suficiente.
La cuenta regresiva,
el sentido del orden que desaparece.
Las estrellas fugaces
las volutas de humo,
no son suficientes.
Detenerse en medio del camino
y sentir el pulso de una paloma muerta.
No es suficiente
el mar de los ahogados,
o el campo de los suicidas.
Habría que morir de veras
cada día un poco
en ese lastre que provocamos.
En la angustia de alguien más
el desarraigo de una construcción que crece
mientras tú y yo perdemos
animales personas
vías para decirte
uniones, voluntad
un par de mentiras que no podrán salvarte
pero sí advertir
el abandono del aire,
los oídos que nunca prestamos
el sitio que nunca pudimos llenar
de testimonio.
Recorro esta cavidad inútil como quien aguza la madera, como quien teje la asfixia.
Si pudiera hacer una promesa, la haría por el yermo oculto en los abedules, por el
naufragio de la ira y el acantilado en el que repartimos nuestros ojos después de haber
perdido la sonrisa. La haría por las veces que intenté cuidarte, por cómo nos esforzamos
para ver entre lo oscuro, aunque no lleguemos al final de nuestra herida, y seamos sólo un
animal doméstico que amanece en virtud de la saciedad y el tiempo, en la sentencia de
otro cuerpo marcado por la luz.
Después decidí darme un tiempo lejos del perdón de los demás. Ningún instante es tan
verdadero como aquel que intento borrar en plena luz del día. No es que quiera deshacerme
de ti, es que no sé pronunciar ciertas gotas de lluvia, no sé mirarlas con delicadeza. Lo que
antes estaba lleno de deseos, es ahora una mínima razón, un pequeño agujero en la puerta del
mundo. Quién viene, quién pasa. Quién pide limosna y quién ofrece un poco de su agua, de
ese tan útil padecer que repartimos. Desconfío de mis sueños, pues ya conocen demasiado el
acto de esparcirse. Confío en lo que no habito porque no llego a ese balbuceo, porque aún
disfruto.
Por razones que aun no comprendo
la luz se invierte y crea imágenes
imágenes de lo que somos
lo que es posible que exista da otra
forma
La próxima vez que mire un árbol
voy a pensar en ti
en tu oficio de recibir la noche
de merecerla
Ese juego circular abriéndonos
como el brillo acendrado de la muerte
cuando no duele, pesa
busca su hilaridad.
¿Conoces este umbral, el inicio?
piedras acomodadas una sobre otra
una conquista sobre otro cuerpo más frágil
una idea vigente
el éxito
el fracaso
una poética
no
una apología
un ritmo propio para decir lo mínimo
reconciliarnos
antes de que nuestros ojos sean búnkers.
No eras tú el que me persuadía
en su propio cadáver
de la pira del amor
del tedio
lo prematuro de habituarse
a un pozo sin fondo
ideogramas para que vivas en mí
No te olvides de llevarme al subsuelo
No te olvides de llevarme al subsuelo.
Debes conocer mejor que yo esta ausencia. Aunque la mía mute y sea equiparable a los
glaciares que no vemos. Algo de ese deterioro está rondando en el aire y es ahora nuestro
recorrido. Tus preguntas son a veces mi respuesta. Tus preguntas llegan del azar, de la
diáspora, de frenar cualquier intento por descubrir el sitio indicado. Sé que vienes de haber
viajado solo, de intercambiar un desprendimiento, un espacio que creíste tuyo. Tomas lo que
puedes de mí como un huésped, tomas lo que puedes de mí sabiendo que puedes volver a
nuestra grieta, al ruido de esta ciudad.
Lo dejamos deformarse en la llanura / en precipicios para ser fugaces / en otro momento no
pude aprenderlo / no era tan simple lo simple / la desnudez a punto de crearse, una mirada sin
culpa, decir lo que se puede / más simple / hablar de los incendios en fábricas aledañas / un
televisor tu programa favorito / afuera los pronósticos nos rebasan, los cuchillos / fantasmas
elásticos / se extravían / en ese amor del que no puedo hablarte, porque no tengo derecho /
tan sólo veinticuatro horas multiplicándose / fuera de nuestro alcance
No hay nadie en este espacio / me siento llena / hinchada de esta borradura / en los desagües
donde se acumula mi rostro, repaso esta caída / y en cada piedra te echo de menos /para que
tú descanses y puedas dictar el comienzo hacia otra vida / tal vez hacia otro veneno / que los
demás no entenderían / no revelarían como tú / el odio.