TEMA 3: MODELO AGROEXPORTADOR
1870-1930 dentro del cual cabe el auge y la crisis, dándose en el mismo el modelo
agroexportador, este periodo esta caracterizado por la exportación de productos primarios
siendo estos el motor de la economía, por lo que la tasa de crecimiento de las exportaciones es
por encima de la tasa de producto de la economía.
En el último tercio del siglo XIX América Latina inicia un periodo de relativamente rápido
crecimiento económico, basado en una dinámica inserción en la economía internacional, el
proceso fue el resultado de factores externos e internos que se combinaron de diferente
forma generando distintos impactos en diferentes países y regiones.
FACTORES QUE LO POSIBILITARON:
Factores externos: Avance de la revolución industrial y 1º globalización capitalista
El primero estuvo asociado a la fuerte incidencia de la revolución de los transportes en el
comercio, que se tradujo en una reducción significativa de los costos del transporte,
interoceánico, fluvial, es decir, tanto marítimo como terrestre (barco a vapor, ferrocarril,
telégrafo, obras hidráulicas) y por ende acercó a las diferentes regiones en términos
económicos. A ello se unió la continua expansión de la demanda internacional de materias
primas y alimentos por parte del mundo industrializado.
Factores internos:
Los otros factores fueron los cambios político-institucionales que se procesaron en la mayoría
de los países latinoamericanos y que fueron principalmente de dos tipos:
En primer lugar, se realizaron avances importantes en las llamadas reformas económicas
liberales, que en el periodo anterior no habían terminado de producirse. En este plano
destacan la abolición final de la esclavitud, la creciente movilidad interna de la mano de obra,
la generación de un mercado de tierras que redujo significativamente diversas formas de
propiedad que limitaban su utilización y apropiación por la vía comercial Y la instalación de
sistemas fiscales que funcionaron de forma adecuada.
En segundo lugar, se consolidaron las estructuras de poder político, que generaron mayor
estabilidad institucional que en las décadas anteriores, aunque no en todos los países ni de
manera definitiva. En los casos en que ello se produjo, la mayoría de las veces fue de la mano
de la instalación de gobiernos autoritarios, que se preocuparon por asegurar el poder de las
élites frente a los sectores populares y no por proteger a estos últimos, e incluso a las propias
élites, de los abusos de quienes detentaban el poder del Estado. Y como resultado de esto se
consolidarían los estados nacionales que si bien no eliminan por completo los conflictos
externos ni internacionales si los reducen significativamente.
Por lo tanto, de la combinación de esos dos factores resulto un proceso de gran expansión de
las exportaciones Latinoamérica, que siguió siendo un sector pequeño tuvieron un fuerte pero
desigual poder de arrastre sobre el resto de las economías. El crecimiento también se vio
favorecido por un gran flujo de capitales desde el exterior y por masivas inmigraciones
europeas y, en menor medida, asiáticas, que se distribuyeron de manera muy desigual en el
territorio.
Durante este período, el crecimiento económico en América Latina tuvo un carácter extensivo,
basado en la expansión de la frontera agraria. Esto generó un marcado proceso de
diferenciación social y territorial, con un aumento de la brecha entre países ricos y pobres, así
como de la desigualdad interna.
El auge exportador impulsó la diversificación productiva en algunas regiones, favoreciendo la
industria manufacturera, las infraestructuras y los servicios financieros, además de acelerar la
urbanización. Hacia finales del período, países como Argentina y Uruguay estaban entre los de
mayores ingresos per cápita del mundo.
Sin embargo, este crecimiento se vio afectado por la crisis de 1929 y la Gran Depresión, que
expusieron desequilibrios económicos y transformaron el contexto internacional. La respuesta
de las economías latinoamericanas ante esta crisis marcaría el inicio de un nuevo modelo de
desarrollo, la industrialización dirigida por el Estado.
CARACTERISTICAS:
El complejo latifundio-minifundio y sus consecuencias:
Heterogeneidad estructural: estructura productiva especializada y heterogénea (sector
primario exportador reducido en el total)
Crecimiento extensivo: Se expresó en una ampliación de la frontera agraria, ocupándose
territorios antes no explotados. Éste fue el fenómeno que predominó en las regiones que
experimentaron el mayor crecimiento
Variable efecto de arrastre del sector exportador sobre el mercado interno
Subempleo estructural: Por baja productividad en los sectores mercado internistas
Dependencia productiva: La dependencia productiva se refiere a la alta concentración de las
economías latinoamericanas en la exportación de pocos productos primarios. La tabla muestra
cómo, en 1913, cada país dependía principalmente de uno o dos bienes para su inserción en el
mercado internacional, como el café en Brasil y Colombia, los nitratos en Chile o la plata en
México.
Esta dependencia significaba una vulnerabilidad económica, ya que cualquier caída en la
demanda o en los precios de estos productos impactaba gravemente las economías
nacionales. Además, reforzaba una estructura productiva poco diversificada, con escaso
desarrollo industrial y una fuerte influencia de los mercados externos.
Dependencia Comercial: La dependencia comercial se refiere a que las economías
latinoamericanas no solo estaban especializadas en pocos bienes de exportación, sino que
también dependían de un número reducido de países compradores, principalmente Estados
Unidos, Gran Bretaña, Alemania y Francia.
Esto significaba una vulnerabilidad doble: cualquier crisis en estos países o cambios en sus
políticas comerciales afectaban directamente las economías latinoamericanas. Además,
reforzaba una relación desigual, donde los países exportadores de materias primas dependían
de las decisiones y necesidades de las potencias industriales.
Dependencia Financiera: La dependencia financiera se refiere a la necesidad de capital
extranjero para sostener el crecimiento económico en América Latina. Gran parte de las
inversiones provenían de Reino Unido, Francia y, posteriormente, Estados Unidos, lo que
permitía financiar infraestructura, industrias y el desarrollo de ciertos sectores estratégicos.
Si bien estas inversiones impulsaban el crecimiento, generaban empleo y favorecían la
modernización, también tenían efectos negativos. Las empresas extranjeras controlaban
sectores clave de la economía, lo que limitaba la autonomía de los países y generaba una
explotación de recursos en función de los intereses de las potencias inversionistas, más que de
las necesidades locales.
La inmigración europea: Debido a que América latina absorbió casi el 20% de los 62 millones
de personas que emigraron de Europa y Asia entre 1820 y 1930
Desarrollo de la industria temprana:
-La urbanización y el crecimiento demográfico fueron impulsados por el auge de las
exportaciones agrícolas y ganaderas.
-La inmigración europea contribuyó con mano de obra y una mentalidad empresarial.
-Se aplicaron aranceles para recaudar impuestos y fomentar la producción local, aunque la
industria seguía subordinada a la exportación agropecuaria.
-Las élites oligárquicas invirtieron en industrias ligeras (textiles, calzado, tabaco, agroindustria),
pero no se desarrolló una industria pesada.
Servicios urbanos e infraestructura:
-Se mejoró la infraestructura para facilitar la exportación de productos agrícolas:
-Expansión del ferrocarril para conectar regiones productoras con puertos.
-Desarrollo de bancos y puertos para facilitar el comercio internacional.
-Introducción de tranvías y aguas corrientes en las ciudades como parte del proceso de
modernización urbana.
Consecuencias sociales y políticas:
-La concentración de la riqueza en las élites agroexportadoras generó desigualdades.
-El crecimiento urbano dio lugar a un movimiento obrero influenciado por ideologías como el
anarquismo y marxismo, que impulsaron demandas de mejores condiciones laborales.
-Se promovieron demandas de democratización, aunque en muchos países el poder seguía en
manos de las élites conservadoras.
LA POBLACION:
Aclaración de la conformación de los grupos:
Se analiza la evolución demográfica de América Latina durante el período de 1870 a 1929,
después de su Independencia, en este periodo, experimentó un crecimiento de la población
del 1.7% anual, mayor que la media mundial. Aun así, sigue siendo un continente con una
población relativamente pequeña.
El crecimiento poblacional no fue uniforme en todas las regiones. Los países del Grupo 3
crecieron más rápidamente que los del Grupo 1, a pesar de eso estas regiones siguieron
respondiendo en 1929 por el 40% de la población, el grupo 2 se expandió a un ritmo más
rápido y lo superó en términos de población. En torno a la primera Guerra Mundial se
produjeron cambios en la tendencia del periodo, aunque en términos generales, el crecimiento
de la población se aceleró entre 1913 y 1929, en los grupos 1 y 2, pero no en el 3, que
comenzó a desacelerar su crecimiento demográfico. Un factor que contribuyó a estas dispares
tasas de crecimiento fue la capacidad de atraer inmigración, ya que América latina absorbió la
quinta parte de los 62 millones que emigraron de Europa y Asia entre 1820 y 1930
Los países en los que la inmigración fue más importante fueron Argentina (en 1870-1929),
Uruguay (siglo XIX) y Cuba (siglo XX). Estos flujos migratorios fuero distintos a la introducción
de mano de obra esclava que afecto el crecimiento de la población del grupo 2 entre los S XVIII
y XIX hasta que finaliza la trata.
LAS EXPORTACIONES:
Este periodo fue caracterizado como el auge de las exportaciones, ya que no queda duda que
fue el desempeño del sector exportador el que marco el ritmo de la dinámica de crecimiento
general, esa dinámica exportadora se basa en bienes agropecuarios o mineros por lo que fue
prácticamente nulo el peso de otro tipo de bienes o servicios. El crecimiento exportador fue
muy rápido entre 1870-1874 y 1925-1929, a 4,2 % anual a precios constantes, esta gran
expansión del comercio latinoamericano fue una importante expansión a nivel mundial.
La expansión más espectacular fue la de Argentina desde la década de los setenta del siglo XIX
hasta la PGM, aunque con el paso del tiempo todos los países se beneficiaron de la mayor
integración de la economía, el desempeño fue dispar entre los distintos grupos ya que tenían
capacidades exportadoras fuertemente diferenciadas.
A través de los cuadros se puede observar el carácter primario de las exportaciones y su
concentración en bienes cuya competitividad se basa en el acceso a un conjunto limitado de
recursos naturales, lo que fue el rasgo estructural y central de la mayoría de economías
latinoamericanas , en base a esto se acuña el concepto “lotería de los productos básicos” el
cual alude a la suerte a la que está sujeta la capacidad exportadora, asociada a la manera en
que una dotación de recursos naturales se combina con los movimientos de la demanda
internacional por determinado tipo de bienes en un momento dado , donde la idea del azar
sugiere que no importa mucho lo que hagan los países su destino parece estar determinado
por sus recursos naturales y por fuerzas exógenas que no pueden controlar. Siguiendo este
punto de vista una región puede experimentar un gran auge, pero luego, por variaciones en la
demanda, en la competencia internacional o en la aparición de sustitutos, puede experimentar
un colapso. Por ejemplo: el guano en Perú, los nitratos en Chile o el caucho en Brasil.
Distintas corrientes de pensamiento ponen énfasis en la relación que existe entre las
estructuras productivas y el proceso de desarrollo económico donde es posible asociar
diferentes productos con niveles de desarrollo, donde los países más ricos producen bienes
ricos y los más pobres producen bienes pobres.
Siguiendo esta línea los países más ricos tienden a producir bienes típicos de economías
avanzadas, mientras que los países más pobres se especializan en productos de menor valor.
Esto se refleja en la exportación de bienes de clima templado (cereales, carne) y bienes
tropicales (café, azúcar).
Bienes de clima templado: Exportados por países con altos ingresos, compiten con
productores europeos con salarios altos, lo que genera mayor renta. La mejora en los
transportes permitió que países como Argentina se beneficiaran de este modelo.
Bienes tropicales: Exportados por países más pobres, enfrentan competencia con regiones
como Asia y África, donde los salarios son bajos. Esto limita la valorización de estos productos.
Minerales: Su distribución es más aleatoria, pues depende de la ubicación geológica. En
algunos casos, como los nitratos en Chile, un país puede tener una posición monopólica.
En conclusión, los países con mayores exportaciones per cápita suelen tener más población en
sectores competitivos y una mayor valorización de sus productos en el mercado global.
Por otro lado, las exportaciones latinoamericanas cambiaron significativamente. Productos
agropecuarios tradicionales como el azúcar y el caucho, y minerales como los metales
preciosos, nitratos y guano, perdieron relevancia. En su lugar, cobraron importancia el cobre,
el estaño, el petróleo y productos agropecuarios propios de economías más avanzadas, como
la lana, el trigo y la carne.
La evolución del comercio exterior estuvo marcada por la dependencia de los mercados
europeos y estadounidenses. Tras la Primera Guerra Mundial, la desaceleración europea
afectó las exportaciones, pero la demanda estadounidense ayudó a mitigar el impacto,
especialmente en América Central, el Caribe y México. Sin embargo, el proteccionismo
estadounidense representó un obstáculo para algunos productos, como el azúcar cubano.
Los avances tecnológicos jugaron un papel clave en la reducción de costos de transporte, y la
expansión de los ferrocarriles, lo que permitió que los productos latinoamericanos llegaran con
mayor facilidad a los mercados internacionales. No obstante, los términos de intercambio se
volvieron más volátiles y comenzaron a deteriorarse en los años 20, afectando la rentabilidad
de las exportaciones. Como respuesta, algunos países aplicaron regulaciones de mercado,
como Brasil con el café.
La clasificación de los países en tres grupos ayuda a entender sus diferencias en términos de
desarrollo y comercio exterior:
Grupo 1 (Bolivia, Guatemala, Ecuador, El Salvador, Honduras, México, Nicaragua y
Perú): Se basaban en estructuras económicas coloniales, con un sistema de hacienda
que mantenía una continuidad campesina.
Grupo 2 (Brasil, Costa Rica, Cuba, Panamá, República Dominicana y Venezuela): Se
expandieron más rápidamente, con economías en crecimiento dinámico.
Grupo 3 (Argentina, Uruguay y Chile): Fueron los países que más crecieron
demográficamente y lograron una mayor integración en el comercio internacional con
productos de alto valor, como los agropecuarios de clima templado.
La infraestructura ferroviaria creció de manera acelerada en América Latina, particularmente
en los países del Grupo 3, lo que les otorgó ventajas en transporte y comercio. Sin embargo, el
desarrollo no dependió solo de la cercanía a los mercados internacionales, sino también de
factores estructurales, políticos y tecnológicos.
Por lo que la evolución económica de América Latina en este periodo estuvo influenciada por
cambios en las exportaciones, la dependencia de [Link]. y Europa, la mejora en los transportes
y la inestabilidad de los términos de intercambio. Mientras algunos países lograron
beneficiarse del comercio global, otros enfrentaron dificultades debido a estructuras
económicas coloniales y fluctuaciones del mercado.
MERCADO INTERNO:
Hasta la década de 1920, el crecimiento económico de América Latina estuvo impulsado por
las exportaciones, que crecieron más rápido que el PIB y marcaron los ciclos de crecimiento.
Sin embargo, esto no significó que los sectores exportadores absorbieran la mayor parte de la
fuerza laboral ni que representaran una porción dominante del PIB. En la mayoría de los
países, las economías exportadoras coexistieron con estructuras rurales tradicionales, donde la
mayor parte de la población seguía una economía de subsistencia, la primera eran los
intercambios y la vida local y la segunda era la de los intercambios de mayor alance donde se
generaban.
El hecho de que las economías fueron lideradas por las exportaciones, en el sentido de que las
exportaciones estuvieron en el centro de esta dinámica de los mercados más amplios y la
acumulación de capital, no de que abarcara una proporción muy alta de la población, que en
muchos países latinoamericanos, sobre todos los más poblados, continuaron por mucho
tiempo bajo el signo de la vida local y su economía "elemental".
A pesar del auge exportador, más del 80% de la producción en América Latina se destinaba al
mercado interno, incluso al final del auge exportador (1925-1929). Esto es clave, ya que
muchas veces se ha sobreestimado la importancia del sector exportador en el conjunto de la
economía debido a la falta de datos.
Las diferencias entre los grupos de países fueron claras. El Grupo 1 tuvo un coeficiente de
apertura bajo, mientras que Cuba, Chile y Uruguay destacaron por su mayor orientación hacia
el comercio exterior debido a su menor tamaño. Sin embargo, tanto el Grupo 1 como el 3
experimentaron una desaceleración del crecimiento per cápita del mercado interno después
de 1910-1914, mientras que el Grupo 2 mostró un comportamiento distinto, probablemente
debido a la mejora del nivel de vida de los antiguos esclavos.
El coeficiente de exportaciones creció hasta 1925-1929 en general, pero en los Grupos 2 y 3 las
exportaciones perdieron dinamismo después de 1910-1914, haciendo que el mercado interno
creciera más rápido. El Grupo 1, por el contrario, siguió impulsado por el crecimiento
colombiano, aunque en México la Revolución provocó una fuerte contracción del mercado
interno.
El análisis de la relación entre exportaciones e importaciones muestra que, entre 1870 y 1929,
el crecimiento económico de América Latina estuvo condicionado por la demanda externa. Sin
embargo, entre 1913 y 1929, la demanda mundial se debilitó, afectando el crecimiento de la
región. En la mayoría de los países (especialmente en el Grupo 3), la elasticidad de la demanda
de sus exportaciones se redujo, limitando su desarrollo. Solo Venezuela y Colombia escaparon
de esta tendencia gracias al auge del petróleo y el café.
EL FORTALECIMIENTO DEL ESTADO
Durante este período, América Latina experimentó una creciente estabilidad política, aunque
muchas veces acompañada de gobiernos autoritarios. A pesar de que persistieron conflictos
internacionales, civiles y problemas de administración, se consolidaron relaciones sociales y
económicas más compatibles con el capitalismo. Este proceso de transformación fue gradual y
permitió la adopción de avances institucionales entre 1870 y 1914.
La consolidación del poder central de los Estados nacionales estuvo generalmente ligado a
gobiernos oligárquicos que articulaban los intereses de terratenientes, mineros, comerciantes,
banqueros y capital extranjero con agentes, partidos o caudillos políticos. Este nuevo orden
sacrificó mecanismos de control gubernamental en favor de mantener el poder y someter a los
sectores populares e incluso del poder de otras fracciones de las élites, en aras de asegurar el
poder frente a sectores populares subordinados. Según Halperin, los terratenientes perdieron
poder ante las élites comerciales y financieras, lo que configuró un nuevo "pacto colonial".
Brasil se mantuvo políticamente estable gracias a su monarquía ilustrada y la transición
pacífica a la república en 1889. Sin embargo, su crecimiento económico fue errático en el siglo
XIX, con desarrollos regionales dispares. No fue hasta principios del siglo XX que Sao Paulo
emergió como un centro de expansión cafetalera e industrialización, mientras que otras
regiones, como el Noreste y Río de Janeiro, entraron en declive.
Chile, por su parte, mantuvo una estabilidad institucional relativa, con un Estado fuerte y una
burocracia consolidada. La administración de Balmaceda implementó un modelo
intervencionista y nacionalista. La crisis de la década de 1870 llevó a Chile a la Guerra del
Pacífico, que le permitió anexar territorios ricos en nitratos.
México, tras un periodo de inestabilidad, experimentó un crecimiento significativo durante el
Porfiriato (1876-1910), basado en un gobierno autoritario. Sin embargo, la Revolución
Mexicana interrumpió este proceso y llevó a una fase de crecimiento lento hasta que se
restableció la estabilidad.
Venezuela y Guatemala también fueron gobernadas por dictadores que consolidaron el poder
del Estado, como Guzmán Blanco y Juan Vicente Gómez en Venezuela, y Justo Rufino Barrios y
Manuel Estrada Cabrera en Guatemala. En Argentina, el general Roca expandió la frontera
agraria en conflicto con los indígenas. Uruguay, en tanto, vivió un período de militarismo que
tecnificó el Estado y fortaleció su control territorial.
Incluso en países sin gobiernos autoritarios, la propiedad privada fue cada vez más respetada y
el "clima de negocios" se volvió favorable. Según Dye, muchos países lograron estabilidad
durante el auge exportador, pero la perdieron con la crisis de los años 30. No obstante,
conflictos como la Guerra de los Mil Días en Colombia (1899-1902) y la Revolución Mexicana
demostraron que la estabilidad no fue absoluta.
La relación entre estabilidad y crecimiento sigue en debate: algunos sostienen que los avances
institucionales permitieron el crecimiento, mientras que otros creen que la demanda
internacional y los menores costos de transporte fomentaron la estabilidad política. Lo cierto
es que ambos factores estuvieron estrechamente relacionados, y en términos generales, la
estabilidad institucional y el crecimiento económico avanzaron de la mano.
MERCADO DE TIERRA
Durante este período, la tierra siguió siendo el principal factor de producción en América
Latina, tanto para la agricultura como para la minería. El aumento de producción y
exportaciones latinoamericanas se basó en una fuerte expansión de las tierras puestas a
trabajar en el circuito comercial, ese aumento de la superficie tuvo tres factores principales:
1. Compra o apropiación por parte de particulares de tierras de dominio público.
2. Uso más eficiente de tierras pertenecientes a las tradicionales fincas y haciendas
3. Expropiación de tierras pertenecientes a las organizaciones religiosas y otras
corporaciones, y la disolución de los resguardos indígenas, en aquellos países donde
este proceso se llevó a cabo.
Las principales áreas de expansión fueron el norte de México y el sur de América del Sur. Pero
en todas las regiones centrales de México, América Central y en la zona andina de Sudamérica
se produjo una expansión hacia las fronteras, hacia zonas tropicales y hacia los llanos,
utilizando tierras antes no utilizadas para la producción de diferentes cultivos. Se dieron dos
modalidades: la producción de nuevos cultivos de exportación en la tierra de frontera (café en
Brasil, lana en la Patagonia, salitre en Chile) y el desplazamiento de la producción tradicional
hacia zonas marginales.
Se produjo una profunda transformación en el uso y propiedad de la tierra, impulsada por la
expansión de actividades agrícolas, mineras y de transporte, especialmente el ferrocarril. Esta
expansión se llevó a cabo mediante diversas formas institucionales, muchas de ellas
fraudulentas o desiguales, que facilitaron la concentración de tierras en manos de grandes
propietarios y empresas.
Uno de los principales mecanismos fue la concesión de tierras a compañías ferroviarias y
mineras, así como a empresas colonizadoras, lo que muchas veces derivó en apropiaciones
masivas de territorios, como ocurrió en el sur de Chile. También se vendieron tierras públicas a
precios bajos, en ocasiones en pequeñas parcelas (como en zonas cafeteras de Colombia y
Costa Rica), pero más comúnmente en grandes extensiones para terratenientes y capitalistas.
Además, un gran número de tierras fue simplemente ocupado y luego reclamado legalmente
por quienes ya tenían poder económico o político. Muchas de estas tierras estaban habitadas
por poblaciones locales, que quedaron incorporadas a las nuevas propiedades como fuerza de
trabajo en condiciones desiguales, generándose complejas relaciones sociales.
Aunque algunos pequeños y medianos campesinos accedieron a la tierra, lo más común fue su
apropiación por parte de élites tradicionales y emergentes (como comerciantes locales,
militares, caudillos o “indios ricos”), quienes reorientaron la producción hacia los mercados
internacionales. Esto aceleró la comercialización de la tierra y consolidó la inserción de la
región en la economía mundial.
El proceso se acentuó con las reformas liberales que debilitaron las propiedades eclesiásticas y
comunales (como en México, Colombia o Chile), facilitando aún más la concentración de
tierras. A menudo se eliminaron deudas de grandes propietarios con la Iglesia y se consolidó
un mercado de tierras manipulado por intereses políticos y económicos.
Con el avance del ferrocarril y otras vías de transporte, las tierras fértiles y bien ubicadas
aumentaron de valor, mientras que en muchas regiones se desplazó a poblaciones campesinas
hacia tierras marginales. A pesar de la persistencia de formas tradicionales de tenencia, la
lógica capitalista fue imponiéndose, transformando fincas y haciendas en unidades
comerciales más integradas al mercado global.
En definitiva, este proceso derivó en una fuerte concentración de tierras, la incorporación
desigual de actores sociales y la consolidación de una estructura agraria marcada por la
desigualdad y la orientación hacia la exportación.
MERCADO DE TRABAJO
La transición al capitalismo periférico, según Cardoso y Pérez Brignoli, transformó las
relaciones laborales en América Latina. Este cambio afectó tanto a formas coercitivas de
trabajo, como la esclavitud y el peonaje, como a la liberación de la mano de obra de las
comunidades campesinas e indígenas.
A pesar de la aparente abundancia de trabajadores, la mano de obra asalariada y móvil era
escasa debido a restricciones sociales y económicas. Las estructuras precapitalistas limitaban la
movilidad laboral, lo que hizo que el mercado de trabajo asalariado se consolidara solo
gradualmente. Con el crecimiento poblacional y la generación desigual de empleo, en el siglo
XX América Latina experimentaría una "oferta ilimitada de mano de obra", según W. Arthur
Lewis (1954).
Factores que influyeron en la configuración del mercado laboral:
1. Inmigración Europea: En el Cono Sur, la llegada masiva de inmigrantes favoreció el
desarrollo económico y la consolidación del trabajo asalariado. Además, la inmigración
transfirió tecnología y conocimientos organizacionales, lo que propició el surgimiento
temprano de movimientos laborales.
2. Otras Fuentes de Mano de Obra: La abolición de la esclavitud liberó trabajadores que
en algunos casos se integraron a las plantaciones de banano y azúcar o a la
construcción del Canal de Panamá, aunque muchos optaron por la independencia
económica. También se utilizó mano de obra china en condiciones de servidumbre en
Cuba y Perú.
3. Movilización Interna: En zonas donde la inmigración europea no era viable, se
dependió del desarrollo interno para generar trabajadores móviles. La estructura
social, los cultivos de exportación y las políticas económicas influyeron en la formación
de mercados laborales locales.
4. Pequeños Propietarios: Aunque en algunas regiones la producción campesina
contribuyó a la economía de exportación y al abastecimiento urbano, el predominio de
grandes propiedades limitó su impacto.
5. Mecanismos de Coacción Laboral: La movilidad de la fuerza de trabajo estuvo
restringida por mecanismos como el peonaje por deuda, la "tienda de raya" y el
"sistema de enganche". En regiones con alta población indígena, la coacción laboral
fue común, con movilización forzada para trabajar en haciendas u obras públicas.
En conclusión:
La esclavitud fue abolida en todos los países, aunque persistieron formas coercitivas de
trabajo.
No existía un mercado de trabajo unificado en la región; los mercados laborales
urbanos eran más flexibles que los rurales.
La tendencia de largo plazo fue hacia la expansión del trabajo asalariado y el aumento
gradual de los salarios reales.
Hubo grandes disparidades salariales entre distintas regiones y países. Argentina y
Uruguay lograron niveles de desarrollo relativamente altos, pero aun así quedaron
rezagados respecto a economías como Australia o Canadá.
Estas diferencias salariales y de calidad de vida reflejaban desigualdades en
productividad, organización social y acceso a la tecnología.
En definitiva, la configuración del mercado laboral latinoamericano fue un proceso complejo y
heterogéneo, influenciado por factores demográficos, económicos y sociales, con un desarrollo
desigual que condicionó las estrategias de crecimiento a lo largo del siglo XX.
LOS DISTINTOS ESCENARIOS DE LA VIDA RURAL
Los distintos escenarios de la vida rural en América Latina y sus transiciones al capitalismo
agrario, derivadas de las relaciones de propiedad de la tierra y del trabajo. Según Bauer (1991),
se identifican tres grandes escenarios en las zonas centrales de la colonización española:
1. Hacienda y comunidades campesinas: Se caracterizan por una relación estrecha entre
las haciendas coloniales y las comunidades indígenas, presentes en el centro de
México, las tierras altas de Guatemala y la región andina. Aunque inicialmente fueron
vistas como entidades feudales y autárquicas, con el tiempo se integraron a mercados
locales e internacionales, aunque sin convertirse en empresas capitalistas modernas.
La mano de obra campesina continuó ligada a la tierra y las comunidades indígenas
evolucionaron a organizaciones híbridas con influencias hispánicas. Las reformas
agrarias del siglo XX desafiaron la estructura de las haciendas, con variaciones
regionales en la transición al capitalismo.
2. Pequeña y mediana propiedad: Se presentó en regiones como la Sierra Alta de
Hidalgo, el Bajío mexicano, Costa Rica central, Antioquia y Caldas en Colombia,
Huancayo y Arequipa en Perú, Loja y Carchi en Ecuador, y San Felipe en Chile. Aunque
este sector tuvo interacción con la economía capitalista mediante la provisión de
alimentos a las ciudades y producción de bienes exportables, su impacto fue menor en
comparación con las grandes haciendas debido a la alta concentración de la tierra.
3. Gran propiedad y dependencia laboral: Este modelo se desarrolló en el norte de
México y el Valle Central de Chile, donde los hacendados monopolizaban la tierra y
sometían a los campesinos a formas de trabajo dependiente, como el inquilinato.
Durante el periodo, se observó una tendencia a la monetización de los contratos y
salarios, aunque se mantuvieron mecanismos de sujeción como el endeudamiento o la
entrega de tierras para autoconsumo. La expansión económica, la migración a las
ciudades y las actividades mineras generaron presiones que llevaron a mejoras
salariales en algunos casos.
Además de estos tres escenarios principales, se analizan las economías de plantación en zonas
tropicales, donde se implementaron diferentes estrategias para obtener mano de obra, como
la transformación de ex esclavos en asalariados, la migración interna de indígenas y mestizos, y
la inmigración extranjera (casos de los colonos italianos en Sao Paulo y los trabajadores de las
Indias Occidentales en Cuba). En Brasil, la crisis de la industria azucarera consolidó el poder de
los plantadores con bajos salarios y condiciones precarias. En Colombia, los esclavos
encontraron inicialmente oportunidades alternativas en las montañas, pero luego fueron Re
asimilados en el sistema de plantación.
El reclutamiento de campesinos serranos varió entre formas coercitivas (como en el norte
argentino) y migraciones voluntarias (como en la producción cafetera de Cundinamarca,
Colombia). En algunas regiones, el agro industrialización temprana impulsó mercados internos,
mientras que, en otras, como en las plantaciones azucareras de Perú, la tecnificación permitió
pagar salarios relativamente elevados para atraer trabajadores.
El caso de Sao Paulo es singular, ya que combinó inmigración europea con la producción
tropical de café. Inicialmente, se usó la aparcería, pero luego se adoptaron contratos salariales
mixtos con pagos en especie y acceso a tierras para cultivo de subsistencia, lo que atrajo a
inmigrantes campesinos.
En general, la expansión de la frontera agrícola en tierras templadas tuvo una gran dinámica
demográfica y económica, determinada por el acceso y concentración de la tierra. Esto definió
estructuras sociales con predominio de latifundios que empleaban mano de obra asalariada,
aunque también existió una clase media de propietarios que combinaba trabajo familiar con
empleados temporales.
Finalmente, investigaciones recientes han desafiado la visión simplista de un dominio absoluto
del latifundio en América Latina, señalando una mayor presencia de pequeña y mediana
propiedad agrícola y ganadera, en contraste con la distribución más equitativa de la tierra en
las colonias británicas de Norteamérica.
LOS CAPITALES EXTRANJEROS: PATRONES E IMPLICACIONES DE SU INESTABILIDAD
A lo largo del siglo XIX y principios del XX, América Latina experimentó una relación inestable
con los mercados financieros internacionales, caracterizada por ciclos de auge y crisis. Durante
ciertos períodos, los países accedían al crédito con facilidad, pero las crisis globales o
regionales interrumpían abruptamente estos flujos, generando dificultades en el pago de la
deuda externa y llevando a muchas naciones a la moratoria.
El primer ciclo de endeudamiento ocurrió tras la independencia, cuando los nuevos Estados
recurrieron a financiamiento externo para consolidar sus economías y sostener sus guerras. Sin
embargo, la falta de estabilidad política y la debilidad de sus estructuras fiscales hicieron que la
mayoría entrara en cesación de pagos rápidamente, con la excepción de Brasil. Durante la
segunda mitad del siglo XIX, nuevos periodos de acceso al crédito, especialmente entre 1860 y
1873, y luego entre 1880 y 1890, permitieron la expansión de infraestructuras como los
ferrocarriles. No obstante, la crisis financiera de 1873 y, más tarde, el colapso del Banco Baring
en 1890 afectaron gravemente a la región, llevando nuevamente a suspensiones de pagos y
reestructuraciones de deuda.
El financiamiento internacional siguió un patrón cíclico: tras cada crisis, los inversionistas
europeos reducían su exposición en América Latina, solo para regresar años más tarde con
nuevos préstamos y proyectos. Este fenómeno se repitió a comienzos del siglo XX, con un auge
del crédito entre 1900 y 1914, interrumpido por la Primera Guerra Mundial. Posteriormente,
en la década de 1920, se produjo un nuevo auge financiero, en el que Wall Street reemplazó a
Londres como principal fuente de financiamiento. Sin embargo, este flujo de capitales se
redujo drásticamente en 1928, incluso antes de la Gran Depresión de 1929, lo que sumió
nuevamente a la región en crisis.
Desde mediados del siglo XIX, Gran Bretaña fue el principal inversor en América Latina. Sus
capitales se destinaron principalmente a la compra de bonos gubernamentales, la inversión en
ferrocarriles y la minería, además de servir para refinanciar las deudas en moratoria. Con el
tiempo, la presencia británica se consolidó en los países del Cono Sur, mientras que Estados
Unidos comenzó a expandir su influencia en México, el Caribe y América Central. A principios
del siglo XX, con la caída de la inversión europea tras la Primera Guerra Mundial, el capital
estadounidense se convirtió en dominante en sectores clave como el petróleo, la minería, la
agricultura y los servicios públicos.
El acceso al crédito y la inversión extranjera no fueron uniformes en toda la región. Mientras
que países como Argentina, Brasil y México atrajeron grandes volúmenes de inversión, otras
naciones, especialmente las más pequeñas, tuvieron un acceso mucho más limitado. Además,
dentro de cada país, la distribución del capital se concentró en regiones con tierras fértiles y
cercanas a redes de transporte, lo que favoreció una estructura económica desigual.
En términos monetarios, la región enfrentó dificultades debido al sistema financiero
internacional basado en el patrón oro. Durante los periodos de crisis, la caída de los precios de
las materias primas coincidía con una reducción en los flujos de financiamiento externo, lo que
agravaba la fragilidad de las finanzas públicas y de la balanza de pagos. Muchos países
experimentaron episodios de inconvertibilidad monetaria y problemas de liquidez, que fueron
especialmente evidentes en Argentina, Brasil, Chile y Colombia. Por otro lado, países como
México, Bolivia y El Salvador, que permanecieron bajo el patrón plata hasta comienzos del
siglo XX, lograron cierta estabilidad debido a la depreciación de la plata frente al oro. Sin
embargo, la posterior adopción del patrón oro trajo consigo costos fiscales y ajustes
económicos que impactaron la producción y las exportaciones.
En conclusión, la historia financiera de América Latina en este período estuvo marcada por una
dependencia constante del capital extranjero, con ciclos recurrentes de auge y crisis. Aunque
la inversión extranjera permitió la modernización de infraestructuras y la expansión de
sectores estratégicos, también expuso a la región a una gran volatilidad. La transición de Gran
Bretaña a Estados Unidos como principal inversor consolidó la influencia de este último en la
economía latinoamericana, al tiempo que las crisis financieras y la adopción del patrón oro
afectaron el desarrollo sostenido de los países de la región.
LA ESTRUCTURA PRODUCTIVA Y SU DIVERSIFICACION
Durante el periodo de 1870 a 1929, el crecimiento económico en América Latina estuvo
impulsado por la expansión de las exportaciones, aunque el mercado interno siguió siendo
predominante y creció de manera más estable. Este desarrollo favoreció la urbanización, la
industrialización y la diversificación de la estructura productiva, acompañados por el
crecimiento del Estado y los servicios públicos.
La urbanización se intensificó, con un aumento significativo de la población en ciudades de
más de 20.000 habitantes. En 1930, el 30% de la población latinoamericana era urbana,
aunque con diferencias entre países. La expansión de las exportaciones impulsó la demanda de
servicios y la industria de la construcción, promoviendo el crecimiento de la clase media y de
los asalariados tanto públicos como privados. Las grandes ciudades se convirtieron en centros
de poder económico y político, a la vez que emergían sectores populares con demandas
propias.
Si bien la industrialización temprana no fue un fenómeno dominante, existió un desarrollo
industrial antes de la crisis de 1929. En los países más avanzados de la región, la industria
manufacturera representaba hasta el 16% del producto, alcanzando el 20% en Argentina. El
crecimiento industrial tuvo diversas fuentes: algunas industrias surgieron de manera
espontánea, aprovechando el crecimiento del mercado interno, mientras que otras se
beneficiaron de políticas proteccionistas o altos aranceles. Además, sectores exportadores
como la minería, el azúcar y la carne requerían cierto procesamiento industrial, lo que impulsó
la creación de industrias asociadas.
El crecimiento del mercado interno también generó una demanda de manufacturas que
favoreció la producción local en sectores como la cerveza, la construcción y la industria
editorial, aunque sin una transformación estructural profunda. La industria manufacturera
latinoamericana estaba dominada por pequeñas empresas, aunque coexistían con algunas
grandes compañías en sectores como el textil y la alimentación. Sin embargo, la fragmentación
y la falta de encadenamientos productivos limitaron el desarrollo industrial, y la competencia
con economías ya industrializadas dificultó la consolidación de un sector manufacturero
robusto. En consecuencia, aunque hubo un crecimiento industrial, no se puede hablar de una
industrialización plena, ya que la industria no llegó a convertirse en el motor del crecimiento
económico de la región.
La política económica: estructura tributaria, proteccionismo temprano y banca estatal
La política económica en América Latina durante el siglo XIX y principios del XX estuvo marcada
por una estructura tributaria basada en los aranceles aduaneros, un proteccionismo industrial
temprano y el desarrollo de la banca estatal. Aunque este período se caracterizó por la
influencia del liberalismo comercial, en la práctica los aranceles fueron elevados, situándose
entre los más altos del mundo, similares a los de Estados Unidos y Australasia.
La dificultad de establecer una tributación directa, especialmente en economías
agroexportadoras donde los terratenientes se oponían a gravar la tierra, llevó a que los
impuestos aduaneros fueran la principal fuente de ingresos fiscales. Además de su función
recaudatoria, estos aranceles también protegían la industria naciente, en un contexto donde la
expansión de las exportaciones no se consideraba incompatible con el proteccionismo. Países
como Brasil, Chile, Colombia y México aplicaron políticas proteccionistas mucho antes de la
industrialización dirigida por el Estado tras la Segunda Guerra Mundial.
La estructura arancelaria favorecía la producción de bienes industriales de bajo costo, y su
impacto variaba según la inflación y las fluctuaciones del tipo de cambio. Durante crisis
económicas, la devaluación y el aumento de los aranceles de valores incentivaban la
sustitución de importaciones. La Primera Guerra Mundial reforzó esta tendencia al dificultar la
importación de bienes manufacturados.
El desarrollo financiero también tuvo un papel clave en este proceso. Si bien el financiamiento
interno fue limitado y dependiente del crédito externo, algunos países avanzaron en la
creación de instituciones financieras estatales. Argentina y Brasil lideraron este proceso con la
fundación de bancos como el Banco de la Nación Argentina y el Banco do Brasil. Otros países
más pequeños, como Uruguay y Costa Rica, también establecieron bancos estatales
tempranamente. Estas instituciones no solo facilitaron el crédito, sino que, en ausencia de
bancos centrales, cumplieron funciones de regulación monetaria hasta la creación de estos
últimos en la década de 1920.
En definitiva, el modelo económico de la región combinó proteccionismo, expansión
exportadora y fortalecimiento del sector financiero con un rol activo del Estado, sentando las
bases para la posterior industrialización.
CRISIS DEL MODELO:
El modelo agroexportador concluye debido a dos choques:
[Link] primera guerra mundial que supuso el fin del orden que había regido la economía mundial
antes de la guerra: Hegemonía británica, comercio multilateral con tarifas aduaneras no muy
altas, sistema financiero internacional basado en el oro, con monedas convertibles, tipos de
cambio fijo y mecanismos automáticos para corregir desequilibrios externos.
La IGM tuvo intensos efectos sobre la economía de los países y sobre la evolución de la
economía internacional por varios años:
-Hubo esfuerzos frustrados por la reconstrucción de un orden internacional estable
-Período de Entreguerras: las más bajas tasas de crecimiento y comercio exterior crece por
debajo de producto
-Cambio en el comercio mundial: crece más lentamente que antes de la guerra y cada bloque
trata de retener sus socios comerciales
-Cambio en la hegemonía mundial DE Gran bretaña y Estado Unidos
-La moneda deja de ser convertible en todos los países durante la guerra
CAMBIOS EN LA ECONOMIA MUNDIAL DESPUES DE 1914:
-La guerra supuso una drástica transformación de la estructura productiva y el declive
económico, en términos relativos, de Europa, cuya participación en el PBI mundial decreció
después del conflicto.
-EEUU y Japón, nuevos competidores que ganaron espacios en el mercado internacional.
-EEUU emerge como potencia mundial, pero no cumple el papel de GB en la economía mundial
[Link] segundo choque es la crisis del 29, los países grandes comienzan a protegerse aún más, es
decir, replegarse al mercado interno. Esta segunda crisis afecta a América latina de modo que
hay una caída en el poder de compra de exportación y caída en los términos de intercambio
entrando así en crisis, aunque no cayo la tasa de interés de la deuda externa, pero si hubo un
déficit fiscal debido a la caída de ingreso fiscal por caída de IMP, es decir, un triple déficit.
Hubo dos mecanismos de difusión de la crisis:
Comercio exterior: reducción del volumen y de los precios
Monetaria y financiera: retiro masivo de capitales y suspensión del patrón oro
Depresión de la economía mundial: Proteccionismo y fin del comercio multilateral
Consecuencias de la crisis sobre América Latina:
-Dependencia y vulnerabilidad externa del modelo, fuerte exposición a los ciclos
-Impacto sobre los sistemas fiscales (altamente dependientes del comercio exterior, efectos
procíclicos)
-Ajuste automático del patrón-oro, no funcionaba en las economías de AL. Los desequilibrios
de la B de P debían corregirse con una reducción de las IMP, con el consiguiente efecto sobre
la caída del nivel de actividad interna. También, mediante el endeudamiento externo (gran
afluencia de capitales de USA, GB, Francia)
Comenzaron a cuidarse las divisas por lo que se tomaron medidas defensivas como:
-Abandono de la convertibilidad de la moneda
-Control de cambios en numerosos países
-Cesación del pago de la deuda externa
-Medidas restrictivas de las IMP
-Abandono de la ortodoxia monetaria
Resultados inmediatos:
Recuperación de todos los países a partir de 1932
Se recuperaron más tarde los países que se mantuvieron más tiempo aferrados a
políticas monetarias ortodoxas
Todos los países buscaron mantener el dinamismo del sector exportador (no hubo un
giro ideológico anti mercado externo)
Efectos de largo plazo:
Nuevas políticas económicas
innovación institucional, “experimentos”
Se aceleró el proceso de industrialización en numerosos países (proteccionismo desde
afuera, control de M desde adentro)
Cobró dinamismo el mercado interno
La industrialización es la etapa que le sigue a este modelo, ya que como respuesta a la crisis los
países comenzaron a cerrarse, lo que llevo a una respuesta por parte del estado.